AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 5 Marzo 2004
Hacia la derrota total de Eta
Ángel Acebes La Razón  5 Marzo 2004

Gracias a la Guardia Civil
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 5 Marzo 2004

Campaña de maquillaje (y II)
AURELIO ARTETA
El Correo  5 Marzo 2004

LAS ALIANZAS
Jaime CAMPMANY ABC 5 Marzo 2004

Un triste recuerdo
Amando de Miguel La Razón  5 Marzo 2004

A ensanchar la distancia menguada
EDITORIAL Libertad Digital  5 Marzo 2004

¿Guerra injusta
Ángel Cristóbal Montes La Razón  5 Marzo 2004

¿El terrorismo no y la guerra sí
Cartas al Director ABC 5 Marzo 2004

La campaña de ERC
Cartas al Director ABC 5 Marzo 2004

Fernando Lázaro Carreter, el hombre que dio vida a las palabras
NURIA LABARI El Mundo 5 Marzo 2004

Sabio responsable, libre e independiente
MIGUEL ESCUDERO El Correo  5 Marzo 2004

Rajoy en Cataluña: Quien se alía con los extremistas acabará siendo extremista
Agencias Libertad Digital 5 Marzo 2004





 

Hacia la derrota total de Eta
Ángel Acebes La Razón  5 Marzo 2004

Hasta la caída del muro de Berlín, que ponía punto final a la guerra fría, la principal amenaza para el modelo de convivencia democrática procedía de un enfrentamiento bélico con los países de la antigua Unión Soviética. Ése era en aquellos años el tema permanente de atención en los medios de comunicación, e incluso en el cine y en la literatura.

Hoy las amenazas son otras y en mi opinión una sobresale por encima de las demás: el terrorismo. Estoy pensando en ETA, que a lo largo de poco más de tres décadas ha provocado casi mil muertos, cientos de heridos, miles de amenazados, coaccionados, aterrorizados y excluidos, y estoy pensando en todos los terrorismos, porque todos tienen un objetivo común, se presenten como se presenten. Bajo pretexto ideológico, religioso o reivindicación territorial, al final lo que hacen es atacar los derechos más esenciales, comenzando por la vida y la libertad, con un objetivo esencial: la destrucción del propio modelo de convivencia democrática, del Estado de Derecho.

Lo acabamos de ver hace bien poco cuando dos terroristas intentaban provocar una masacre en Madrid, con 536 kilos de explosivo que nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, en esta ocasión la Guardia Civil, consiguieron interceptar, deteniendo a sus portadores. Ese transporte mortífero nos enseña cómo prepara ETA su campaña electoral y cuál es su concepto de la democracia y de la propia vida. La actuación de la Guardia Civil pone de relieve cuál es el camino, el único camino, para acabar con ella.

No puede haber un solo día en que quienes nos dedicamos a la política olvidemos que en España, en el mundo, unos pocos dedican todos sus esfuerzos a imponer su política matando a los demás, y otros cuantos les acompañan multiplicando los daños terribles que se propician desde la operativa del terror, contribuyendo a generalizar el miedo y el dolor, provocando la exclusión de los adversarios, con el vano propósito de imponer por la fuerza lo que no consiguen por el apoyo democrático.

Cualquiera que sea la concepción de la democracia que se tenga, nadie puede considerar admisibles tales conductas. Ante ellas el Estado de Derecho tiene legitimidad plena, tanto desde la lucha contra el terror como desde la defensa de la democracia, para cerrar espacios de impunidad para acabar con la agresión ilegítima, para expulsar al terrorismo de la política y para evitar que el terrorismo se sirva de ella para obtener sus fines. Esta afirmación cobra estos días una desgraciada importancia capital.

No es posible sentarse a hablar con los terroristas para darles protagonismo cuando más lo necesitan o pagar un precio político a ETA para que deje de matar, porque es sencillamente una perversión de la democracia. Eso no podemos ni vamos a admitirlo.

He tenido ocasión de decirlo otras veces: el terrorismo y sus apoyos pueden ser reducidos y están siendo reducidos por procedimientos legales y democráticos. Sin disminuir un ápice el estándar colectivo de los derechos.

Para ello han de adoptarse todas las iniciativas que, siendo constitucionales y razonables, resulten eficaces. Contemplando además el terrorismo como el fenómeno de amplio espectro y múltiples terminales que realmente es. La respuesta del ordenamiento, claro está, ha de ser democrática y jurídicamente impecable. Y es tarea de todos, porque en la democracia, los límites de cada uno se reflejan sobre la calidad de la democracia en su conjunto y se vuelven así límites para todos.

Sólo cesará la amenaza del terrorismo, sólo los españoles podremos sentirnos seguros en cualquier lugar cuando ETA sea totalmente derrotada y sus pistoleros y los miembros de su entramado en prisión cumpliendo íntegramente sus condenas. Esta derrota vendrá por la vía de la eficacia policial y de la cooperación internacional, en especial con Francia, y también por la fortaleza social e institucional, a la que ha contribuido el Pacto por las libertades y contra el terrorismo; no vendrá de ningún Plan secesionista para romper España como el de Ibarretxe, ni de las propuestas independentistas de ERC, ni mucho menos de sentarse con ETA, de manera inmoral, perjudicando la lucha contra el terrorismo, aunque algunas actitudes no son una novedad, ya que les hemos visto a unos y a otros criticar cada medida que se adoptaba para ser más eficaces contra ETA.

A pesar del sufrimiento que nos provoca cada acción terrorista, de las amenazas de ETA y de las ayudas que algunos les dan, España no va a torcer un milímetro el ilusionante proyecto de libertad con el que nos introducimos en un nuevo siglo cargado de esperanzas.

Cuando para algunos nunca es oportuno tomar las decisiones necesarias, cuando nunca se atina con las soluciones que se proponen, cuando se avisa de que todas las medidas no harán otra cosa que favorecer en el fondo a los violentos, cuando nada hay que hacer que no sea meramente cosmético para superar la brutal e inhumana división entre víctimas y verdugos, es sencillamente que nada quiere hacerse y nada se quiere que hagamos los demás.

Partimos de la convicción de que la apertura a la razón moral sólo puede venir de la resistencia activa, del compromiso sin reserva con las víctimas y con los que a diario ponen en riesgo su vida, y de la voluntad real y firme de derrotar al terrorismo, negando cualquier comprensión hacia sus crímenes. No vamos a reducir la lucha por la democracia y contra el terror a la resistencia heroica individual de miles de hombres y mujeres. Y ello porque creemos, en fin, que no compartir todo lo anterior es, en definitiva, negar la democracia, dejar a una comunidad sin horizonte ni esperanza y traicionar a un pueblo.

Por todo ello, con el apoyo de los ciudadanos, vamos a continuar con decisión y firmeza en el camino marcado.

Gracias a la Guardia Civil
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 5 Marzo 2004

LA GUARDIA CIVIL ha impedido una matanza en Madrid. Es la tercera ocasión, en los últimos cuatro años, en que este cuerpo o la Policía Nacional impiden que los criminales consigan sus objetivos, tanto más disparatados y mortíferos cuanto mayor es su debilidad. Decenas, quizás centenares, de ciudadanos madrileños disfrutan hoy de la vida; de no haber mediado la eficacia policial, hoy estarían muertos o llorando a sus muertos. La furgoneta bomba trasladada por dos criminales, que hasta ahora no estaban fichados por la policía, se iba a hacer explotar en una zona en la que tienen sus rotativas los diarios La Razón y Abc , según han contado los criminales de forma compulsiva.

El asesino que viajaba en la primera furgoneta se ha derrotado de saque y ha largado toda la información, incluida la referente a la furgoneta con el explosivo que iba detrás de él, nada más ser parado por la Guardia Civil, en el momento en el que los funcionarios le pedían la documentación, sin necesidad de ser siquiera trasladado a la comisaría. Hay en esta urgencia por cantar de forma voluntaria otro síntoma de estado terminal.

Lo más relevante es que la policía española le tiene tomada la medida a los criminales y cada vez que intentan una masacre -en diciembre de 1999, en diciembre del 2003 y ahora- son detenidos con las manos en la masa. Una forma de actuar que refleja hasta qué punto la policía dispone de información muy cualificada sobre los planes de los criminales. Los terroristas acrecientan con esta detención su estado de paranoia. Nadie se fía del otro, todos temen que el de al lado trabaje para la policía, que sea el responsable de la filtración de la información. Este clima se ha traducido en la expulsión de algunos etarras de la organización, con la consiguiente irritación entre los marginados. En fin, todo esto demuestra cuán eficaz es la vía policial, refleja de forma práctica las ventajas de golpear en ese flanco, cada vez más débil, y calla definitivamente al coro de casandras que cada vez que había una operación policial contra los criminales salía a coro a rasgarse las vestiduras mientras decía: no es esto, no es esto.

Pero claro, este éxito policial que no sabemos cuántas vidas ha salvado, se produce después de que un político impresentable, soberbio, incapaz de la más leve autocrítica, pretendiera una jugada insolidaria y reaccionaria: maten ustedes fuera de Cataluña, en lo que este individuo no llama el resto de España. No nos cuesta mucho imaginarnos el destrozo que hubiera causado la furgoneta con quinientos kilos de explosivos; en esa hipótesis, ¿se imaginan la que se hubiera preparado, políticamente, en el caso de producirse la explosión?, ¿cómo hubiera quedado este politicastro, al que cada vez le quedan menos días para acabar en Crónicas marcianas , por muchos votos que pueda sacar el próximo 14 de marzo?

La operación policial demuestra más cosas. Por ejemplo, que aquí la única dictadura que existe es la de los terroristas; que tienen razón los que sitúan al terrorismo entre nuestros principales problemas, que operaciones como las del botarate reaccionario solamente sirven para que los criminales se justifiquen a sí mismos y encuentren en las razones de los demás argumentos para seguir enviando furgonetas de la muerte.

Una vez más asistimos a la ceremonia de la confusión, ahora lo importante no es que la Guardia Civil haya detenido a los criminales con las manos en la masa y haya impedido la masacre, ahora la noticia es lo que haya dicho el ministro del Interior o la actitud del conjunto del Gobierno. De la misma forma que el culpable de la conversación con los criminales es quien asistió a ella, el único culpable de la masacre frustrada son los asesinos y todos los ciudadanos bien nacidos debemos agradecer a la Guardia Civil su trabajo, cosa que no he visto hacer, por supuesto, al coro de los que emplean una artillería verbal mucho más gruesa para referirse al Gobierno que para hablar de los criminales.

Campaña de maquillaje (y II)
AURELIO ARTETA/CATEDRÁTICO DE FIOLOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA DE LA UPV/EHU
El Correo  5 Marzo 2004

En el artículo anterior procuré mostrar los tramposos ejercicios de maquillaje a los que se entrega el Gobierno vasco en su campaña sobre las víctimas del terrorismo. Añadiré ahora que tantas capas de crema facial, además de adecentar en lo posible el rostro de una Euskadi a la que podamos mirar sin excesiva vergüenza, pretenden ciertos objetivos finales. Uno diría que sectarios.

Primero se busca la 'concentración' de toda la culpa, de cuantos males padece esta sociedad, en esa banda terrorista que amenaza atentar contra nuestra vida y derechos. Su símbolo sería la bala. Fuera de lugar queda entonces toda pregunta acerca de la complicidad de los nacionalistas, gobernantes o radicales, con la banda armada: complicidad o connivencia directa, como el Pacto de Estella, o indirecta, como revelan innumerables políticas conjuntas encaminadas a la construcción nacional. Después se emprende una inicua 'difuminación' de la responsabilidad político-moral entre todos los ciudadanos, igual que si no hubiera diferencia entre ellos en el modo como han consentido o adornado esta situación. Tal representa el lápiz de labios. Así se llega, por último, al 'ocultamiento' de la responsabilidad propia e incomparablemente mayor de unos partidos nacionalistas instalados en el Gobierno durante un cuarto de siglo. Y estas tremendas conclusiones no es que se desprendan sin esfuerzo del anuncio en cuestión; están expresamente enunciadas por el señor Ibarretxe al estrenar la campaña.

Un futuro como el pasado
¿Cómo explicarse la súbita conversión oficial en esta materia? Ante el reproche de que las instituciones vascas han reaccionado con enorme tardanza en favor de las víctimas, vienen las frases hechas que apenas encubren la falta de reconocimiento de la propia culpa. «Todos debemos aprender del pasado», replicará a la defensiva el lehendakari. Cierto, aunque llama la atención que gentes tan aficionadas a inventarse míticos y remotos pasados tarden decenios en afrontar pasados mucho más recientes y conocidos. Pero, una vez más, ¿acaso 'todos' debemos aprender de nuestro pretérito político con la misma urgencia, como si cada cual cargáramos con parecido fardo de colaboración o mutismo culpables a nuestras espaldas? Y para aprender del pasado, ¿no será preciso aprestarse a reparar lo que la memoria colectiva nos recuerde de sufrimiento injusto? ¿Acaso podrá obtener alguna enseñanza del pasado quien, por si acaso y de antemano, rechaza asumir la parte de responsabilidad que le corresponda en ese caudal de sufrimiento? En esta marrullera política de escaparate, admitir culpas y pedir perdones serían gestos de debilidad ante el adversario. Que los muertos entierren a los muertos; y con mayor razón, por cierto, unos muertos que apenas eran de los míos...

Parece claro que el principal interés del lehendakari no es satisfacer la justicia anamnética (o por la memoria), ésa que pretende devolver -ya que no su vida truncada- al menos su dignidad o su verdad a las víctimas injustas del pasado. Ahora «se trata de mirar al futuro», anuncia. ¿Y qué futuro nos aguarda a todos, si las víctimas carecen de porvenir mientras se les rehúse la confesión del daño que les causaron? No es cosa sencilla la de mirar, un acto que descubre un paisaje u otro según la orientación que adopte la mirada; veremos el futuro conforme hayamos interpretado el pasado y estemos encarando el presente. Es aquí donde el escamoteo de su compromiso por parte de los nacionalistas no permite hacerse ilusiones. Si probaran a acercarse a las víctimas y aliviar su dolor..., no estarían empeñados en preparar un futuro desde los mismos presupuestos políticos que originaron aquellas víctimas en el pasado.

Despolitizar los crímenes políticos
Con vistas a diluir las particulares responsabilidades políticas hacia las víctimas, nada mejor que despolitizar toda responsabilidad de los crímenes. Por eso nos advierte Ibarretxe de que el Gobierno vasco ha querido sacar esta cuestión del «circuito político y electoral en que había entrado». Presenta así como un gesto noble lo que resulta a todas luces una maniobra deshonesta y tramposa.

Pues hemos de politizar lo que es político y el de las víctimas del terrorismo es un problema esencialmente político. Han sido y son hechas víctimas desde un proyecto público que algunos convecinos desean para nuestra comunidad, alardeando de unos hipotéticos derechos, en nombre de un presunto Pueblo; en suma, con vistas a nuestro supuesto bien colectivo. Sus matadores no son ni unos locos de atar ni unos vulgares criminales, sino unos criminales movidos por creencias y aspiraciones políticas. Ya eso sólo convierte a sus presas en víctimas mayores y más graves que las víctimas privadas; por contraste con cualquier delito particular, este delito público nos interpela como ciudadanos. De suerte que, al tiempo que condenamos una empresa política cuyo avance -¿en democracia!- exige un coste de tantas víctimas, hemos de declarar también la injusticia de los principios normativos y la concepción del bien común invocados por el asesino.

Además de inevitable, será incluso conveniente que ese tratamiento político fuera partidista. ¿Significa esto que los partidos con más pérdidas personales habrían de obtener réditos políticos proporcionales a su sangría? Significa sobre todo que la reflexión sobre las víctimas tendría que servir para mostrar qué parte de la ciudadanía vasca y qué clase de conciencia colectiva, aun en plena vigencia de las libertades civiles, han sido condenadas al sacrificio y cuáles otras han sacado tajada de ese sacrificio. Y así, para aprender de qué parte se halla con mayor probabilidad entre nosotros el programa civil más acorde con el principio democrático. Esto no gustará a todos, naturalmente, pero cada palo habrá de aguantar su vela.

El partidismo del olvido
Al prohibir este partidismo necesario, el nacionalista escoge otro mucho más sucio y soterrado. «Las diferentes opciones políticas -pregona el lehendakari- no pueden ser un impedimento para que podamos defender juntos a las víctimas», y ello de nuevo recubre con una vitola de ecuánime disposición lo que es otro engaño. Las diferentes opciones políticas ni pueden ni deben defender juntos a las víctimas, mientras no se proclame por todo lo alto que las responsabilidades de cada una respecto de las víctimas son también diferentes. En lugar del borrón y cuenta nueva, algunas deben hacer examen de conciencia y propósito de la enmienda con más premura que otras. Es verdad que a favor de la amnesia cuentan con nuevas generaciones olvidadizas y el paso del tiempo, que todo lo cura y cicatriza, pero eso sería contar con la pura y simple inmoralidad.

El nacionalismo vasco, en definitiva, ha de saber que no vale jugar con dos barajas, proteger a los amenazados y a la vez amparar a ésos que hoy mismo volverían gustosamente a amenazarlos. Que no tiene legitimidad alguna para arrogarse la defensa de las víctimas cruentas de hoy quien está dispuesto a crear numerosas víctimas incruentas mañana. Pues no sólo se violan los derechos humanos cuando es ETA la que acosa, sino también -otros derechos- cuando un proyecto político de secesión pretende que la mitad menos uno de los vascos quede a merced de la mitad más uno. Entonces es el propio Gobierno quien amenaza a sus ciudadanos.

LAS ALIANZAS
Por Jaime CAMPMANY ABC 5 Marzo 2004

RESULTAN curiosos, y a veces risibles, los equilibrios dialécticos, los circunloquios, los eufemismos y los recovecos lingüísticos que se gastan los partidos políticos para rechazar de antemano posibles alianzas poselectorales, pero intentando al mismo tiempo dejarse abierto un portillo por si acaso esa alianza fuese necesaria para participar en el gozo del poder. Es natural. Primero el «no» para disputarse los votos, y luego el «sí» para juntarlos y sentarse en el Gobierno. Las alianzas se firman generalmente con los afines, y los afines tienen que pescar sus votos en el mismo estanque.

Habréis oído a Durán Lleida, ambiguo y sinuoso como corresponde a todo democristiano que se precie, que ha brincado como empujado por un resorte para negar su disposición al entendimiento con los populares tan pronto como se ha apuntado la posibilidad de que el PP forme alianza con CiU y hasta participe en un previsible gobierno del PP, sea o no necesaria la aportación de los escaños catalanistas. Bien es verdad que Pujol siempre ha rechazado la aportación de un «convergente» para un ministerio en el Gobierno de España, aunque ha favorecido desde fuera la «gobernabilidad» del Estado. Ya veremos si aquello sigue lo mismo con Artur Mas.

Gaspar Llamazares vive durante las campañas una pequeña tragedia esquizofrénica. Por un lado, casi todas sus posibilidades de tocar poder y participar en el festín del gobierno pasan necesariamente por el Partido Socialista. Socialistas y comunistas siguen siendo, después de los años y de los avatares de la Historia, aliados naturales. Se encuentran esos dos partidos condenados a aliarse cuando el PSOE no alcanza la mayoría absoluta, lo mismo en el Gobierno de España, de una Comunidad o de un Ayuntamiento.

El drama empieza a la hora de buscar votos porque los de unos y los de otros saltan en el mismo caladero. Hay que ver la crueldad con que Felipe González trataba a Izquierda Unida en los dorados años felipistas de las mayorías absolutas. IU no era necesaria, y lo mejor que les podía pasar a los socialistas era que todo siguiera igual para no estar obligados a compartir el pastel. Bajo Llamazares, ha crecido la voracidad de los comunistas ante el poder, y basta con recordar la lujuria con el PNV para gobernar el País Vasco, que eso sí que es un ¡compromiso histórico!, y sus maniobras en Cataluña para entrar en el tripartito.

Lo más descacharrante que hemos oído en materia de alianzas lo ha propuesto, ¿cómo no?, Josep Lluís Carod-Rovira. El líder de Esquerra Republicana se ha ofrecido para formar gobierno «en Madrid» del brazo del PSOE y de Convergencia. Toma nísperos, toma del frasco, Carrasco, y toma higos, Pepa, que se agusanan. De ahí saldría un gobierno, saldría un revoltijo, una morondanga, un batiburrillo o un zarangollo. Convergentes de centro, democristianos meapilas, socialistas de federalismo asimétrico o de café para todos, y entre ellos para hacer los volatines y dar las volteretas los republicanos rojelios y separatistas. Hala, Apeles for ministro.

Un triste recuerdo
Amando de Miguel La Razón  5 Marzo 2004

Era la mañanita transparente del 19 de junio de 1987. La recuerdo muy bien porque ese día empezaba mi colaboración en la tertulia mañanera de Radio Nacional de España. Estaba a un paso de mi casa y de la facultad, así que el desplazamiento era mínimo. La tertulia la dirigía José Cavero, el mejor lector de periódicos que ha habido nunca. Conservo el afecto por el leonés. Empezó la tertulia comentando los menudos sucesos políticos del día, como es sólito. Interrumpió el ritmo de la sosegada conversación un teletipo sobrecogedor.

En el Hipercor de Barcelona acababa de explotar una bomba. Había docenas de víctimas. Era la emoción de la radio en directo. Cavero logró hablar por teléfono con Maragall, el alcalde de la ciudad. El burgomaestre trató de minimizar el asunto, hablando de «un accidente». Lo interrumpí: «¿Cómo un accidente? ¿Dirá usted un salvaje atentado terrorista?» El hombre saltó como si le hubiera mentado al abuelo. «Yo digo que es un accidente y no hay más que hablar». Repliqué: «Pues sería mejor pensar que estamos ante un nuevo acto de la barbarie de los terroristas vascos». Redarguyó el alcalde: «Y yo le repito que ha sido un accidente». La cosa continuó con las impresiones que iba transmitiendo el corresponsal a pie de suceso. Después de la intervención de Maragall, los tertulianos nos explayamos con el horror del atentado de esa mañana.

A la salida de la tertulia, me indicaron que diera mis datos en la oficina. De momento iban a servir para que, al día siguiente, pudiera recoger el tarjetón necesario para aparcar el coche en el recinto de RNE. Al llegar a casa, después de la clase, me encontré una llamada en el contestador (entonces no había móviles). Era de Cavero: «Que me dicen de arriba que mejor no recojas mañana el tarjetón del aparcamiento. Bueno, no sé cómo explicártelo, me indican que no puedes seguir en la tertulia.

Por lo visto, Maragall ha hablado con la Miró y la ha presionado para que tú salgas de la casa». Pilar Miró era a la sazón la directora general de RTVE. Extraña reacción la del alcalde Maragall. En lugar de disculparse por su obcecación, mataba al pobre mensajero.

Ahora se puede decir que su resistencia a aceptar que ETA podía atentar en Cataluña iba a ser coherente con su futura trayectoria política. Desde luego, sería una grave calumnia sostener que la cabezonería de considerar el atentado como un accidente obedecía a una ingesta generosa de etanol. No cabría la «exceptio veritatis», pues era la hora del desayuno. Lo que sí se puede concluir es que, sin menoscabo para su dignidad de burgomaestre, Maragall demostró entonces la sagacidad de un topo soñoliento. ¿Y pensar que yo le había dado mi voto años atrás! Desde luego, qué perspicacia la mía y qué sentido de la oportunidad. He pensado muchas veces que en algún archivador de RNE debe de haber un viejo tarjetón con mi nombre y con la matrícula del coche que feneció hace muchos años.

A ensanchar la distancia menguada
EDITORIAL Libertad Digital  5 Marzo 2004

Según los sondeos que ha publicado este jueves El Mundo y el CIS, el PP podría conservar la mayoría absoluta, aunque perdería entre seis y once diputados respecto a las generales del 2000. Para hacer una comparación más cercana de la evolución en la intención de voto, hay que recordar que, según la encuesta realizada por Sigma-Dos, el PP aventajaba en diciembre al PSOE en 11,1 puntos, distancia que se recortó en enero situándose en los 10,7 puntos, para quedar reducida ahora en los 6,2. No obstante, hay que señalar que, aunque haya sido de forma muy tardía, Mariano Rajoy ha empezado a reaccionar y a poner nervio electoral, y no hay que descartar, que el candidato popular se convierta en un vendedor que esté a la altura del buen paño que él mismo ha ayudado a confeccionar, aunque, como candidato, lo haya mantenido tanto tiempo en el arca.

En cualquier caso, ha sido un error esperar tanto. Si esta reacción tardía no es una rectificación, sino que forma parte de una estrategia premeditada, el error es doble. Porque si bien en circunstancias estables, hay que reservar el acento para el final de campaña, no se puede mantener un discurso plano al margen de la gravedad de los acontecimientos que pueden sobrevenir antes de llegar a esa recta final. Y en el PSOE se han sucedido de forma escalonada y de una extrema gravedad. Desde que Zapatero saliera con algo tan disparatado como proponer 17 tribunales Supremos y 17 agencias tributarias o respaldando un referéndum ilegal contra la soberanía de las Cortes generales si se celebraba en Cataluña, el perfil del candidato del PP no fue entonces ni siquiera bajo, sino nulo; las únicas réplicas procedieron de Aznar, de los ministros afectados y de algún notable del PSOE que aun esperaba que Zapatero no sobreviviría al frente del partido tras las próximas elecciones. ¿Y que ha dicho Rajoy para que los españoles nos sintamos orgullosos del derrocamiento de Sadam? ¿Y qué dijo Rajoy al saberse que el dirigente de los independentistas que van en listas conjuntas con el PSOE pedía a ETA lo que le pidió? ¿Y qué dijo Rajoy cuando ETA anunció que concedía a Carod Rovira lo que este le había pedido hasta por escrito?

Hemos visto a Zapatero ondear con desfachatez en los mitines el documento del Pacto Antiterrorista, sin ver a Rajoy, Avui en mano, leyendo lo que le pedían a ETA los socios de Zapatero. Tampoco los veremos cara a cara en un debate, desaprovechando además el magnífico regate en corto que mostraba cuando era ministro el candidato popular .

Pero, en fin, Rajoy ha reaccionado positivamente, y cómo no faltarán los que den por buenos hasta sus errores pasados de campaña, con tal de que no tenga que depender de nadie para gobernar, tranquilizaremos a los empiristas de turno que le asesoran, diciéndoles que sí, que creemos probable que su buen paño lo compre una mayoría absoluta, y todavía más holgada que la que le regatean los últimos sondeos. ¿Satisfechos? Nosotros estaremos aliviados, pero no satisfechos si no logra algo que puede – o por lo menos, pudo- estar en su mano como es que el destino de Zapatero sea el mismo que el que tuvo que correr, con menos motivo, el derrotado contrincante de Aznar.

¿Guerra injusta?
Ángel Cristóbal Montes, catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza  La Razón  5 Marzo 2004

En una de las últimas apariciones en la televisión qatarí, en las que un supuesto o real Osama Bin Laden lanza todo tipo de exabruptos, despropósitos y amenazas, deslizó un comentario sobre la reciente guerra de Iraq calificándola de «guerra injusta». De entrada dos consideraciones elementales: primera, que un hombre sobre cuya conciencia pesan algunos de los peores crímenes que ha conocido la aciaga historia de la humanidad hable de «guerra injusta» suena, por lo menos, a sarcasmo, a burla, y segunda, que la expresión que usa es exactamente la misma que tanto bienpensante progresista, derrotista e ingenuo utiliza en Occidente, pero esto último forma parte de nuestro sino (Revel).

Parece obvio que a estas alturas, tras el siglo XX, «uno de los más mezquinos crueles y sangrientos de la historia de la humanidad» (Drucker), y en las puertas del siglo XIX que no se anuncia, ni mucho menos, mejor, traer a la palestra las nociones de «guerra caballerosa, diplomática o versallesca» o las teorías de Grocio, Thomasio, Wolf, Puffendorff, Suárez o Vitoria sobre guerras justas e injustas, puede suponer un interesante ejercicio intelectual, pero con poca o ninguna conexión con las cosas que realmente ocurren entre nosotros desde hace casi un siglo: doctrinas y Estados totalitarios (bolchevismo, fascismos, nazismo), y movimientos terroristas (el actual islamista) sin parangón en la historia de la violencia ciega, inhumana y sanguinaria.

Sadam Husein y su régimen totalitario constituían el peor ejemplo de desprecio, «ad intra», de los derechos y valores humanos elementales, y «ad extra», de la paz entre naciones, del respeto a las fronteras y del sometimiento mínimo a los requerimientos de ese Derecho internacional, escuálido y vulnerable casi sin castigo, que pretende regir la vida externa de los pueblos. Masacró, gaseó, aterró y golpeó sin piedad a muchísimos iraquíes por razón de etnia, religión, política, simple inhumanidad o vesania del déspota, y como «buen» totalitario y en la misma senda por la que discurrieron tantos conquistadores enloquecidos atacó a Irán y peleó con ella durante ocho años, invadió y se anexionó Kuwait, transformándolo en su dieciséis provincia, bombardeó con cohetes a Israel y, probablemente, sin la presencia y resolución americano-británica en Oriente Medio se habría adueñado y esclavizado a la mayor parte del mismo.

Ése fue el hombre y ése fue el régimen. Atacar, derrotar al tirano y a su odioso sistema, ¿es una guerra injusta? Si se parte de la base de que toda guerra es inhumana, cruel y contraria a estricta razón, la respuesta debería ser positiva. Pero si partimos de que la condición humana, individual y colectiva, la historia (Popper) y el reino de la voluntad (Nietzsche) son lo que son, la respuesta puede ser perfectamente negativa. Derrocar a un hombre y a su entramado político-policial-militar que conculcaban todas y cada una de las exigencias de una vida interna y externa mínimamente respetable, puede sonar a timoratos, derrotistas y entreguistas como un acto de imperio intolerable, de arrogancia y prepotencia, pero lo cierto es que puede entenderse como conveniente y aun necesaria extirpación de un miembro gangrenado y en extremo agresivo. ¿O acaso se olvida que Sadam entregaba 5.000 dólares a la familia de cada terrorista palestino que asesinaba indiscriminadamente?

Claro que cabe formular dos preguntas: ¿por qué ese tirano y no otros de los que pueblan el mundo? y, ¿por qué Estados Unidos y Gran Bretaña y no la ONU? Ambas tienen cumplida respuesta. El derrocado, dentro de los muchos de oprobio que ofenden a la humanidad, no era un régimen cualquiera, pues había motivado ya una primera intervención internacional, amenazaba a sus vecinos y se sabía que si no era atacado él atacaría. La vía de la ONU se intentó «ad nauseam», pero pudieron más los intereses mezquinos de los tres principales acreedores de Husein, defectos estructurales de Naciones Unidas y celos y recelos respecto a USA. Y al mundo anglosajón, una vez más, no le quedó más remedio que enfrentar el desafío y el peligro reales. ¿Ojalá que por muchos años podamos seguir contando con tan especiales guardianes colectivos, a pesar de los lamentos de la «progresía»!

¿El terrorismo no y la guerra sí?
Cartas al Director ABC 5 Marzo 2004

El terrorismo es, junto con el paro, el principal problema de España y es absolutamente lógico que en campaña electoral los distintos partidos hablen de cómo afrontar el terrorismo. Sin embargo, el PSOE para ocultar los escarceos de su socio Carod con ETA y los éxitos de la lucha antiterrorista de los últimos años dice que no se puede «utilizar electoralmente el terrorismo».

La campaña del PSOE ha dejado de lado los problemas reales de España, como el terrorismo y el paro, para convertirse en poca cosa más que la utilización electoral y demagógica de una guerra a 15.000 kilómetros, el accidente de un avión y el hundimiento de un barco.   Carmen Martínez.   Tarragona.

La campaña de ERC
Cartas al Director ABC 5 Marzo 2004

He visto en televisión el anuncio de la campaña electoral de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). En primer lugar, sale el anagrama del NO-DO y se escucha su música. Las primeras imágenes, a las que critica, son las del izado de la bandera española en Madrid. Que en la capital de España se ice la bandera del país les parece mal, pero no lo es para ellos que en todos los edificios dependientes de la Generalitat de Cataluña ondee única y exclusivamente la bandera catalana, algo que es inconstitucional.

Las siguientes imágenes son de la toma de Perejil. El Ejército de un país extranjero se posiciona en una parte de España y nuestro Ejército, cumpliendo con su deber, va a ese territorio para que las fuerzas ocupantes se retiren, y ellos lo critican, llamando despectivamente a los soldados «el glorioso ejército español». Y así continúa la cuña... Acabado el NO-DO sale el representante del partido diciendo que el Gobierno de España es el Gobierno de la derecha, y que por ello es antidemocrático. Si así fuere, a ellos no se les habría permitido ni rodar ese anuncio ni mucho menos emitirlo por televisión. Dice a continuación que el Gobierno actual de España es antisocial, ¿en qué sentido? Si es en la ayuda de quienes necesitan cuidados especiales, yo no lo veo así. Los recursos de los servicios sociales los tienen transferidos los Gobiernos de las Comunidades Autónomas. Por lo tanto, si en Cataluña van mal, a nadie pueden culpar. Y para terminar ponen la puntilla diciendo que el Gobierno de Aznar es anticatalán. Como se ve, no tienen remedio, eso es patológico, pero lo peor es que esa idea se la están inculcando en las escuelas a las nuevas generaciones, y eso es lo más peligroso que a todos nos pueda pasar.  Roberto Calderón Evia. Blanes (Gerona).

Fernando Lázaro Carreter, el hombre que dio vida a las palabras
NURIA LABARI El Mundo 5 Marzo 2004

MADRID.- El lingüista y ex director de la Real Academia Española Fernando Lázaro Carreter falleció a los 80 años de edad en la madrileña clínica de La Concepción. Sin él la lengua española se ha quedado un poco huérfana y la Real Academia ha perdido, literalmente, un padre.

"Elogiar la palabra es como elogiarnos a nosotros mismos, porque la palabra es la materia básica para entender lo humano", decía el maestro. Y, de ser así, pocos elogios se pueden decir del fallecido artesano del lenguaje, que no fabricara él mismo en vida. Porque su amor por las palabras le convirtió en un ser vitalista en contacto constante con el mundo. De hecho, Fernando Lázaro Carreter (Zaragoza, 1923) es de los pocos académicos cuya pasión por el conocimiento lo ha sumergido en el mundo, en lugar de elevarlo sobre él.

No es casualidad que Lázaro Carreter sea un académico conocido y leído por todo el mundo. Varias generaciones de españoles hemos aprendido a expresarnos gracias a sus manuales de Lengua y Literatura de Anaya. Sus dardos asesinos contra tantos errores lingüísticos han sonrojado a más de dos. Maestro de filólogos y responsable del rejuvenecimiento de la Real Académica desde una sensata madurez, Lázaro Carreter fue certeramente definido por Francisco Umbral como “el más escritor de los filólogos y el más filólogo de los escritores”.

El académico del pueblo
En los últimos años no se cansó de denunciar la “anemia idiomática” que atraviesa nuestro idioma, debida según el académico a que desde la escuela se ensalza la vulgaridad y se persigue la excelencia. Porque no hay que olvidar que, si bien es muy conocida la infatigable afición del académico de recrearse en vulgarismos para sustituirlos por la voz correcta –como legado nos queda ‘El dardo en la palabra’ -, a Lázaro Carreter nunca le molestó la originalidad del pueblo, las expresiones inéditas de la gente que le parecían pepitas de oro en medio del idioma. Y detestó la excelencia cursi que no hace otra cosa que empobrecer el idioma.

Pero la popularidad de Lázaro Carreter –poco común para un académico-, no es casual. Se licenció en Filosofía y Letras en Zaragoza y en Filología Románica por la Universidad Complutense de Madrid (1945). En 1949 tenía ya la cátedra de Lingüística General y Crítica Literaria en la Universidad de Salamanca, donde sería Decano de Filosofía y Letras años después. En 1972 consiguió la cátedra de Lengua Española en la Universidad Autónoma de Madrid. Ese mismo año, la Real Academia Española le designó académico de número, pasando a ocupar el sillón R, vacante por la muerte de Luis Martínez Kleiser.

Un trabajo histórico
Su trabajo ha sido galardonado con el Premio Aznar de Periodismo, el Premio Mariano de Cavia (1984), el Premio Internacional Menéndez Pelayo (1994) y Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes (1996). Era doctor 'Honoris Causa' por las Universidades de Zaragoza (marzo de 1985), Salamanca (enero de 1986), Autónoma de Madrid (febrero de 1988), Valladolid (enero de 1993), La Laguna (febrero de 1994) y Universidad de La Coruña (junio de 1997).

Pero su aportación “histórica” ha sido la que realizó al frente de la Real Academia Española, de la que fue elegido director en 1991 por mayoría absoluta, en sustitución de Manuel Alvar. Un trabajo que desempeñó durante siete años y en el que tuvo un objetivo claro: conservar "la unidad del español y la calidad de uso".

Predicciones de un maestro
Labor en la que avanzó pero que no dejó concluida. Sus últimas predicciones para el futuro podrían describirse como claroscuros. Pensaba que el español podría alcanzar una gran potencia en el futuro, pero no se sentía de asegurarlo. Así, pese a los 35 millones de personas que hablan español en EE UU, aseguraba Lázaro Carreter que la situación «no va a variar mucho en un plazo medio», y que, en todo caso, serían los inmigrantes de tercera generación los encargados de darle un empujón definitivo.

Igualmente, se mostró siempre preocupado por las Comunidades Autónomas bilingües en España. Le inquietaba la inmersión cultural que se potencia en Comunidades como Cataluña o el País Vasco y entendía que un bilingüismo cordial pasaba en ambos casos por un descenso de la tensión política.

No cabe duda de que el espacio que ha dejado Fernado Lázaro Carreter ha quedado vacío. No hay quien pueda tomar el relevo de su entusiasmo, su capacidad de trabajo y su dedicación a la lengua. Pero aún en ese vacío deja un tesoro valioso: su curiosidad inagotable por la palabra no se ha ido con él. Nos la regaló.

Sabio responsable, libre e independiente
MIGUEL ESCUDERO El Correo  5 Marzo 2004

Muchos se confunden, pero su nombre propio era Fernando. Opinaba que la preservación de nuestras libertades dependía de la ilustración de la ciudadanía. Aunque declarara que no había actuado en política por falta de convicciones, pienso que era por plenitud de unas pocas convicciones propias. Él creía que el despliegue de cultura garantizaba mejor la existencia de un pueblo moderno que la formación de un poderoso ejército. Según dijo, el destino de España depende de la lengua española y no al revés.

Hace diez años, Lázaro recibió el primer Premio Blanquerna; al año siguiente, el segundo fue concedido a Adolfo Suárez. La Generalitat quería reconocer con ese galardón el afán de promocionar el afecto por Cataluña. Blanquerna es un personaje de ficción, símbolo del noble cristiano, inventado en 1285 por el pensador franciscano Ramón Llull. En la entrega del galardón, Lázaro dijo que siempre que el poder político interviene sobre las lenguas se crean conflictos y rivalidades entre ellas, y pidió gestos de concordia que contagien a los ciudadanos. No se mordía la lengua. Era un sabio responsable, libre e independiente.

Dotado de un gran sentido del humor y de afable ironía, buscaba con paciencia ridiculizar el lenguaje atildado de quienes se desviven por pasar por más finos, más cultos y actuales, gentes que «adoran lo escarolado y lo curvilíneo; su mejor cifra para unir dos puntos es el ocho». Alertaba contra una corriente de trivialidad imparable que genera grave daño al futuro del país, y entre escéptico y esperanzado nos pedía en sus artículos de prensa estar atentos a lo que decimos y a lo que no decimos. ¿Por qué se tergiversan las palabras y se propaga la confusión?

Quizá nos deban recordar que «no se puede» culpabilizar, sino culpar. Pero si nos paramos a pensar, todos veremos que es insensato hablar de autosuicidio, o de injerencia en problemas ajenos. En 1977 aseguró que «no habrá democracia mientras unos sepan expresarse satisfactoriamente y otros no; mientras unos comprendan y otros no; mientras el eslogan pueda sustituir al razonamiento articulado que se somete a ciudadanos verdaderamente libres porque tienen adiestrado el espíritu para entender y hacerse entender». Gracias, maestro. Hasta siempre.

Rajoy en Cataluña: "Quien se alía con los extremistas acabará siendo extremista"

El candidato del PP ha estado en Tarragona, donde el jueves ardió una sede del PP, y en Reus, donde el partido no encuentra quien le alquile un local por los continuos sabotajes que sufrieron durante la guerra de Irak. Para mostrar lo que podría ocurrir si el PP no gobierna tras el 14-M, Mariano Rajoy dijo no saber de qué serían ministros Carod, Llamazares o Anasagasti.
Agencias Libertad Digital 5 Marzo 2004

A mitad de campaña, el candidato del PP, Mariano Rajoy, acudió este viernes a dos actos en Tarragona y Reus. Precisamente en estas dos localidades, los sabotajes a las sedes del PP reflejan la anormalidad política que se vive en Cataluña.

En Tarragona, en un acto junto al presidente del PP de Cataluña, Josep Piqué, en el Hotel Imperia Tarraco, recogida por la agencia EFE, el líder del PP advirtió de que quien se alía con extremistas "acabará siendo extremista", subrayó que los "aficionados" no pueden dedicarse a la política antiterrorista y que la sociedad también tiene la responsabilidad de cuestionar lo que está pasando.

Más tarde, Rajoy planteaba la misma argumentación en un almuerzo con empresarios de la Fundación Grasol en Reus ante los que subrayó su determinación por "mantener las mejores relaciones posibles con la Generalitat" si llega a la Presidencia. Eso sí, advirtió, "una cosa es mantener buenas relaciones y otra es hacer lo que estime oportuno y conveniente una persona determinada; y eso, no lo haré", en referencia a propuestas dirigidas a "retocar toda la arquitectura institucional y cambiar las reglas del juego".

La alternativa al PP, "un disparate de colosales dimensiones"
En cuanto a la posibilidad de que tras las elecciones se configure una coalición en torno al PSOE, Rajoy aprovechó la rapidez con la que Zapatero asigna carteras ministeriales y la ironía de Rodrigo Rato completando ese hipotético Gobierno: "No sé si Carod será ministro de Interior, tampoco sé las responsabilidades que pueda asumir Llamazares, ignoro de qué vaya a ser ministro el señor Anasagasti o el señor Labordeta; lo único que sé es que la alternativa que se plantea es ésa, y eso lo saben todos los españoles", dijo.

Y esa coalición, continuó, "es un riesgo serio para la economía española, y sería un disparate de colosales dimensiones optar por una coalición de esas características que nos haría retroceder en el tiempo". Sobre la influencia que puedan estar ejerciendo sobre el PSOE sus socios de gobierno en la Generalitat, dijo que "extremista -y torpe- es quien hace el disparate de reunirse con ETA, extremista es quien quiere separar a Cataluña de España, quien enseña una llave a un presidente de la Generalitat y le dice '¡oye chaval, tú dependes de mi!'

"Y acabará siendo extremista quien se alía con los extremistas", dijo Rajoy, para quien "ésa es lisa y llanamente la verdad. También advirtió contra quienes "juegan a decir que aquí está un partido y aquí está el otro, y aquí estamos los buenos que nos hemos colocado en el medio" y subrayó que "eso es una colosal falsedad" ya que el único partido de centro que se presenta a las elecciones es el PP.

"Aficionados" en la lucha contra el terrorismo
En cuanto a la lucha antiterrorista, Rajoy subrayó que precisa "mucha determinación, mucho coraje, muchas ganas, y tener criterio claro y mantenerlo en el tiempo", por lo que "los aficionados no pueden dedicarse a estas cosas" ya que "no se le pueden dar bazas, carta ni vida a una organización terrorista que está pasando por sus momentos más difíciles".

Fue entonces cuando defendió la posibilidad de criticar "lo que no me gusta", reprochó a quienes lanzan acusaciones de "linchamiento mediático" cuando son criticados -en referencia a Carod Rovira- y señaló que "los países no los hacen los gobiernos no las administraciones, los hace la gente, la sociedad, los hacemos entre todos".

Las sedes del PP catalán, objetivo de los radicales
La madrugada del pasado jueves, la sede tarraconense de la calle Ibiza apareció incendiada y con un fuerte olor a gasolina en su interior. La puerta es metálica y los cristales de seguridad por lo que los saboteadores introdujeron gasolina al interior y la prendieron fuego. Horas más tarde, la presencia policial evitó un nuevo ataque de un grupo de unos 15 jóvenes con insignias independentistas que se dirigían hacia la sede.

En Reus la situación es aún peor. El PP ni siquiera tiene sede porque el propietario del anterior despacho se negó a renovar el contrato. La razón es bien sencilla: los continuos ataques, sobre todo durante las protestas por la guerra de Irak. Varios testigos confirmaron a Libertad Digital que en la antigua sede de la calle Sant Joan era habitual convivir con pintadas, huevos y hasta excrementos arrojados contra la fachada.

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