AGLI

Recortes de Prensa     Martes 9 Marzo 2004
Esta España nuestra
Carlos Dávila La Razón 9 Marzo 2004

LA MAYORÍA ABSOLUTA
JAIME CAMPMANY ABC 9 Marzo 2004

Elecciones con España al fondo
José María CARRASCAL La Razón  9 Marzo 2004

La cuestión central de Maragall
José García Domínguez Libertad Digital  9 Marzo 2004

Sin garantías de lealtad
Lorenzo Contreras La Razón  9 Marzo 2004

La película «Hay motivo»
Francisco Marhuenda La Razón  9 Marzo 2004

Razones de una victoria amplia
Antonio Martín Beaumont La Razón  9 Marzo 2004

Hablar o no hablar
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  9 Marzo 2004

PNV subliminal
Cartas al Director El Correo  9 Marzo 2004

Savater suspende por amenazas un acto en la Universidad de Tarragona
Víctor Fernández - Barcelona.- La Razón  9 Marzo 2004

Los golpes policiales y la firmeza política y judicial acorralan a ETA
MARÍA USÁN. Zaragoza Heraldo de Aragón 9 Marzo 2004

 
Esta España nuestra
Carlos Dávila La Razón 9 Marzo 2004

El odio que rezuman las declaraciones de Carod debería bastar al PSOE para apearse definitivamente de su compañía. Zapatero no obstante, llega a la última semana de campaña sin explicar por qué sus senadores catalanes serán compañeros en la Entesa toda la legislatura. De tan sobada parece una cuestión resuelta, pero ni es aún suficientemente conocida, ni resulta banal para el futuro de España. ¿De España?, ¿no es una exageración expresarse así? Pues no, no porque el PSOE viene asegurando que, de gobernar, empeñará sus esfuerzos en reformar el Senado hasta convertirlo en una estricta cámara de representación territorial. Si eso llegara a suceder, ¿qué España defenderían los senadores de la Entesa? Carod y los suyos, también los socialistas, ninguna. Por eso la cuestión inicial ni es baladí, ni está de más en esta coda de campaña. Por no irse muy lejos: el día 15, veinticuatro horas después de las elecciones, el Parlamento vasco comenzará debatir el plan Ibarreche. Ante eso, parece estúpido cerrar los ojos o tildar de agoreros (cuando no fascistas) a los que están-estamos preocupados por esta España nuestra.

El PSOE acomete la recta final sin aclaraciones y con algunas contribuciones de última hora francamente preocupantes. No es la menor entre ellas, la rebuznada de Patxi López, que ha dicho, sin enrojecer, que «personajes como Jaime Mayor está de sobra en el País Vasco». López se asemeja a Madrazo, el bodoque ¬esa es su principal característica¬ que por un coche oficial está ayudando a Ibarreche a desarmar quinientos años de historia común. Entre López y Madrazo no hay apenas diferencia, y ello sólo sería objeto de chanza si no fuera porque López es el jefe de un partido que en el País Vasco está obligado a enfrentarse con el separatismo.

La España moderada que deja Aznar con una insuperable elegancia está en juego el 14. Quien quiera ver en esta afirmación una llamada al miedo es sencillamente un estúpido. Los ejemplos segregacionistas menudean, mientras se crecen los corifeos de ETA que proclaman la necesidad de un cambio de régimen. De esta España nuestra, que crece unida muy por encima de Europa, decía un antiguo político liberal especialmente inteligente: «A ver si para una vez que vamos bien, vamos a joderla». Con perdón, esto es lo máximo que dilucidamos el 14.

LA MAYORÍA ABSOLUTA
JAIME CAMPMANY ABC 9 Marzo 2004

LOS últimos sondeos, las predicciones de los augures, o sea, ponen en berlina la mayoría absoluta de los peperos. Los augures más complacientes con Rajoy los dejan a uno, dos o tres escaños de los 176 necesarios para alcanzar la absoluta, y los augures más cabroncetes los dejan a siete, ocho o nueve diputados de diferencia. Y además los socialistas hablan de «remontada» y presumen de estar creciendo en votos. Zapatero ha llegado a decir que sólo les falta para ganar que el electorado les dé un «empujoncito». Y al pícaro de Carod-Rovira, en vista de esas noticias que nos daba Zapatero, le ha faltado tiempo para constituirse en ministro del Interior del gobierno rojelio. Zapatero habrá dado un respingo, pero el tripartito no se rompe.

No sería extraño que los augures estuviesen en lo cierto, porque esta campaña electoral es un espectáculo de «todos contra Tebas». El denominador común de todas las campañas electorales es el empeño de evitar la mayoría absoluta del PP. También aquí, Zapatero ha llegado a decir (qué cosas ha llegado a decir Zapatero) que la mayoría absoluta para Rajoy sería como darle un talonario de cheques a un timador. Ya que parece inevitable la victoria de los populares, al menos que pierdan la mayoría absoluta. Ese es el deseo general, el deseo de todos, excepto —obviamente— el de los populares.

Con las elecciones perdidas, la última esperanza de Zapatero consiste en esa victoria amarga de hacer perder la mayoría absoluta a sus adversarios, con lo que ello supone de incomodidad para lograr una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar: el pacto con Coalición Canaria o el más costoso con Convergencia i Unió. Ya ha dicho Durán Lleida, antes aún de que salga de las urnas la situación de minoría mayoritaria, que el pacto parlamentario con CiU le saldría caro al PP. Bueno, como siempre. Cuando la «gobernabilidad del país» pasa por el entendimiento con los catalanistas, ya se sabe que el Gobierno ha de pagar un precio. Eso viene sucediendo desde que Adolfo Suárez tenía que pactar con ellos algún artículo de la Constitución. Bueno, se trata de un partido «pragmático». Natural.

La perdida de la mayoría absoluta del partido que ahora la disfruta es un futurible, no ya posible, sino probable. La campaña en contra del PP desencadenada por los medios de comunicación del «imperio Polanco», «El País», la Ser, Canal Plus y lo que David Gistau llama «la nueva checa de Bellas Artes» logrará sin duda algún resultado en las urnas negativo para los peperos. El perro terminará por morder la mano de quien le da la comida. Y a esa campaña se unen otras banderas, como la importantísima de Telecinco. Y es que la política mediática del PP ha sido generalmente desastrosa. ¡Ah, si Álvarez-Cascos hablara!

Por otra parte, hay algunos que piensan que cuanto más se ponga en duda una nueva mayoría absoluta del PP, mucho mejor para terminar por conseguirla. El defecto o el vicio electoral de la derecha, del centro, del centro-derecha, vamos, de lo que no es rojerío, es la pereza para ir a votar. Siempre piensa que le va a labrar el campo san Isidro. Y a veces no le dejan ni el arado.

Elecciones con España al fondo
José María CARRASCAL La Razón  9 Marzo 2004

Los dos prometen mejorar las pensiones, reducir los impuestos, crear más puestos de trabajo, aumentar la oferta de vivienda, acortar las listas de espera en los hospitales, promover la investigación, combatir la delincuencia, moverse en el centro del espectro político. Y aunque sabemos que las promesas electorales se hacen para no cumplirlas, lo primero que se le ocurre a uno es preguntarse si tenemos dos candidatos gemelos, dos programas semejantes. La respuesta, naturalmente, es no.

Hay diferencias entre ellos, y grandes. Me atrevería a decir que las más grandes desde aquellas primeras elecciones con que se estrenó nuestra democracia. En las siguientes, las diferencias eran más de personas que de programas, de forma más que de fondo. Reinaba todavía en ellas el consenso alcanzado durante la transición de que tanto la vieja derecha como la vieja izquierda españolas tenían que moderarse, recortando sus reivindicaciones más extremas. El estilo podía variar, pero existía un acuerdo tácito sobre una serie de temas fundamentales que afectaban al país. Empezando por el país mismo.

En estas elecciones, por el contrario, tengo la impresión de que, pese a que las promesas en los mítines son casi las mismas, ese consenso básico se ha roto y los dos candidatos ofrecen dos visiones de España, no voy a decir opuestas, pero sí distintas. Rajoy propone seguir con el Estado de las Autonomías tal como fue diseñado, sin introducir en él cambios sustanciales. Zapatero propone un marco más amplio, una reforma de los actuales estatutos, que podría extenderse a la propia constitución. Uno y otro lo dicen abiertamente. «Como hemos ido bien hasta ahora, debemos continuar por el mismo camino», es el mensaje subliminal del PP. «Como estamos teniendo tanto problemas territoriales, debemos realizar cambios profundos», reza el del PSOE. Ya me dirán ustedes si no es diferencia. Más que todas las semejanzas apuntadas arriba. No nos estamos jugando el cocido, el puesto de trabajo, la operación de cadera o las próximas vacaciones. Nos estamos jugando el modelo de España. Creíamos haber llegado a un acuerdo sobre el mismo, y resulta que seguimos discutiendo sobre él, ¿y de qué forma! Nada menos que convirtiéndose en el telón de fondo de estas elecciones.

Como todos los debates de principios, éste puede reducirse a términos muy elementales. Aquella Nación de nacionalidades, aquel Estado de las Autonomías que quedó plasmado en la Constitución de 1978, ¿nos sirve todavía? El PP, y sospecho que bastantes socialistas, piensan que sí, que sigue siendo un buen marco para conjugar la pluralidad y la unidad de España. Todo lo más, haciendo algún retoque aquí y allá, que no afecten a lo esencial del proyecto. Los nacionalistas, en cambio, creen que no, que ese marco se ha quedado demasiado estrecho, que se necesita ampliarlo para dar cabida en él a sus plenas aspiraciones nacionales. Hasta donde llegan esas aspiraciones no lo han dicho con exactitud, aunque Ibarretxe lo ha apuntado con su proyecto de «Estado libre asociado» mientras los catalanes se limitan a exigir un nuevo Estatuto, con más poderes tantos internos como externos.

Tratándose de nacionalistas, es natural. Su última meta es la independencia, en otro caso no serían nacionalistas. Lo nuevo, y lo grave, es que por lo menos parte de los socialistas apoyan sus tesis. Y entre ellos se encuentra su candidato a la presidencia del gobierno, Rodríguez Zapatero. De todas las declaraciones contundentes que he escuchado en los últimos días, y miren ustedes que las ha habido, la que más me ha impresionado, fue la que hizo Maragall en Bruselas, en plena crisis Carod: «Si Zapatero gana las elecciones, habrá nuevo Estatuto para Cataluña». Lo dijo con tanta convicción que, una de dos, o Zapatero se lo había prometido o tenía la seguridad de convencerle de ello. A la postre es lo mismo. Si gana Rodríguez Zapatero, se abrirá de nuevo el melón autonómico. Y esas son palabras mayores. Nos pondremos a discutir de nuevo qué es España, en qué consiste, qué estructura interna debe tener. Que seamos capaces de llegar a un acuerdo sobre ello, como lo fuimos en 1978 ya es otro cantar.
Mi opinión es que no, que lo no seremos. Las circunstancias son otras y las reivindicaciones nacionalistas de otra naturaleza. Ya no piden autonomía. La autonomía la tienen y se les ha quedado pequeña. Piden soberanía. Y la soberanía es indivisible. Pertenece al pueblo español en su conjunto. En el momento que intenta fraccionarse, adiós España. España y otras muchas cosas, pues entre las primeras que saltarían por el aire me temo sea el propio PSOE, que no por nada lleva en sus siglas el calificativo de Español.

José Luis Rodríguez Zapatero cree que puede compaginar su programa con el de los nacionalistas. Es más, está convencido de que la única forma de conjugar la unidad de España con su pluralidad es ampliar el marco del Estado de las Autonomías, para dar cabida en él a las nuevas reivindicaciones de los que ve como socios. Cómo lo va a conseguir no nos lo ha dicho, pero el experimento en Cataluña no ha sido, de entrada, precisamente un éxito. Ampliado a nivel de Estado, francamente, no soy capaz de imaginarme en dónde acabará. Y pienso que otro tanto ocurriría a la mayoría de los españoles, empezando por el propio Zapatero. Lo peor de todo es que ésta no es una de esas promesas electorales, como la de las pensiones o la rebaja de impuestos, que aunque no se cumplan no pasa nada. Esta es una promesa en la que nos jugamos el país. En cualquier caso, que hay diferencias entre las ofertas electorales no puede negarlo nadie. Y grandes.

Elecciones
La "cuestión central" de Maragall
José García Domínguez Libertad Digital  9 Marzo 2004

A estas alturas de la campaña ya parece incuestionable que Zapatero va a contar con el apoyo irrevocable de Leo Bassi y de Carod Rovira para formar Gobierno. De todos modos, no hay que descartar que le lluevan nuevas adhesiones de última hora. Sin ir más lejos, Pasqual Maragall insinuaba ayer en El País que, llegado el momento de la verdad, los diputados de su partido podrían acabar decantándose por del lado del PSOe. Así, en el artículo que firmaba el presidente de la Generalitat, llegaban a tal extremo los guiños de complicidad hacia la organización que eligiera a Josep Borrell candidato a dirigir España, que incluso atribuía al Partido Socialista cierto “parentesco” con el actual Gobierno de Cataluña.

Maragall parece decidido a abandonar su actitud de escrupuloso respeto al principio de no injerencia en los asuntos ajenos a los Països Catalans, el imperativo que lo mantiene tan ostensiblemente al margen de la movilización frenética de todos los demás ante las elecciones de Madrid. Por lo visto, el factor que estaría inclinando las preferencias del President hacia el candidato de la Oposición sería, según reconoce, el presunto menor afecto por la Constitución de éste en relación al que atribuye a Mariano Rajoy. Es el suyo un diagnóstico del que se puede decir cualquier cosa, menos que no esté marcado por la modestia socrática que hace inconfundibles todas sus sentencias. De ese modo, y siempre situando el análisis en el terreno de las emociones primarias, lo que llama “el apego” de los populares a la Carta Magna lo atribuye a “la desconfianza”. Sin embargo, simple y venial “inmadurez” motivaría los reparos que identifica en el PSOE ante su proyecto de acabar con ella.

Tampoco nos hurta el artículo esas frecuentísimas tormentas de ideas que se desarrollan dentro de la cabeza del que lo firma y que los catalanes, acostumbrados como estamos a los desperfectos que suelen acarrearnos sus turbulencias, solemos llamar maragalladas. Porque, contra toda lógica, empieza asegurando que el favor que han hecho a la ETA sus compañeros de coalición electoral al Senado es “impagable”. Sin solución de continuidad pasa a repetir otra vez la falsedad de esos imaginarios “pueblos de España de los que habla la Constitución”. Inventa luego que los barceloneses, tras es asesinato de Lluch, nos manifestamos por el diálogo, rebajándonos a todos los que estuvimos allí en silencio a la altura de Gemma Nierga. Antes, había recordado la “ingenuidad” de Carod, y olvidado por enésima vez la de los jóvenes que gritan vivas a Terra Lliure en sus mítines. Reconoce más tarde que “el ambiente se ha encanallado hasta extremos nunca vistos” (lo publicaba el mismo día que un fulano que cobra de gacetillas subvencionadas por la Generalitat colocaba en todas las librerías de Cataluña un panfleto marcando con dianas a colaboradores de este periódico, entre otros). Y ese clima lo atribuye a… Aznar.

Pero, contra lo que pudiera imaginar el mareado lector, de lo que nos quiere hablar es de una “cuestión central” en la política española: “la viabilidad del sistema de partidos actual para reflejar y resolver esa parte de los problemas de fondo que se refiere a la distribución del poder”. Y como es una cuestión central, no dice nada más del asunto. Prefiere acabar anunciando que Zapatero va a tener mucho trabajo y que “Cataluña va a estar ahí”. No explica dónde estará el PSC. Estudiando la “cuestión central”, seguramente.

Sin garantías de lealtad
Lorenzo Contreras La Razón  9 Marzo 2004

Se sospechaba y se confirma: la mayoría absoluta, esa es la cuestión. Los constantes sondeos y encuestas que ahora terminan para que la opinión pura y dura tenga su oportunidad de ir reflexionando, ponen en duda que esa mayoría llegue a estar al alcance del PP. Durante la precampaña y la campaña, que ahora da sus últimos latigazos, parece haberse notado un gradual paso de la confianza «popular» hacia una mayor cautela que ha ido degenerando en recelo. Aquel toque de trompeta aznarista en favor de la «caña» ha ido convirtiendo a Rajoy de conferenciante en pulcro y casi tímido mitinero que comprendió la utilidad de prescindir del «señoras y señores» en las comparecencias públicas, aunque sigue dando las gracias en plan cortés cuando sus incondicionales gritan «presidente, presidente». Zapatero, que no ha demostrado ser gran cosa, ha ido creciendo en posibilidades más o menos intuídas, al compás de los días, mientras Aznar, transformado en «sparring» de su pupilo Rajoy, se peleaba con su sombra ¬nunca mejor dicho¬ en las ocasiones que se reservó para echar una mano al candidato.

Las encuestas son frías y probablemente cumplen encargos que fabrican un clima. Se trata de movilizar a las respectivas clientelas electorales. La realidad aguarda su momento al final de tanto derroche verbal y de tanta retórica. Es la palabra última la que vale, como es obvio. Pero si esa palabra no es mayoría absoluta para el PP ¬cabría decir lo mismo si el PSOE tuviese opciones verdaderas de alcanzarla¬, ya sabemos quiénes se alzarán con los beneficios. La pluralidad resultante suena bonito, pero esconde un desenlace feo si los rentistas de unos votos generosos intentan comerciar con ellos fuera de la lealtad constitucional. Es la deslealtad, demasiado segura por desgracia, la que hace del 14-M una delicada, por no decir peligrosa, coyuntura. No hace falta que Aznar barra para su casa con argumentos parecidos, ni que Rajoy le secunde en la misma dirección. Es el sentido común quien invita a creer que los desleales ¬no es necesario citarlos¬ practicarán grietas en el edificio nacional en nombre, eso sí, de la más sana y elevada convivencia.

No hay nacionalismos buenos sin una normativa que los discipline. No es cosa de regresar a las «taifas». El gran pacto fue la Constitución del 78, que luego resultó ser un edificio sin tejado y con demasiadas ventanas. Por una de ellas, el artículo 150.2 (véase), cobró aire, no de patio de vecindad para el moderno edificio pretendido, sino incluso de vertedero, la milagrosa fórmula convivencial de la España diseñada «ad pompam et ostentationem», en el artículo segundo de la llamada Carta Magna.

La película «Hay motivo»
Francisco Marhuenda La Razón  9 Marzo 2004

Los intelectuales de izquierdas, por cierto muy bien pagados gracias a las subvenciones del erario público, han presentado su película «Hay motivo». Pedro Almodovar definió muy bien el objetivo de esta muestra de sectarismo y manipulación: «Una patada en los genitales del partido en el poder».

De lo único que sí hay motivo es para no votar al PSOE. Es algo sobre lo que no tengo ninguna duda, porque el enredo monumental que significaría un gobierno débil controlado por Carod-Rovira y Llamazares sería un gran retroceso para la etapa de crecimiento económico y social que vive España.

A esto hay que añadir el objetivo secesionista de ERC y PNV, socios imprescindibles para un pacto que permitiera a Zapatero alcanzar la Presidencia del Gobierno. Es cierto que todo parece indicar que Rajoy podrá gobernar con una mayoría suficiente y no dependerá de las veleidades nacionalistas. En cualquier caso, deberá mostrar la eficacia y capacidad de diálogo que ha mostrado a lo largo de su carrera.

Esa actitud hay que mantenerla, incluso, con aquellos que realizan productos de tan escasa calidad y partidismo como la película «Hay motivo». La diferencia entre el PP y esos intelectuales está en el escrupuloso respeto al adversario y la libertad de expresión. La izquierda sociológica tiene por costumbre el insulto y el dogmatismo. La zafia ridiculización del adversario es una constante que enmascaran detrás de la libertad de expresión. Esto ha permitido excesos variopintos o comparaciones insultantes, por ejemplo, de Aznar con Franco o Hitler. No importa, la nueva etapa que abrirá Rajoy debe caracterizarse por la capacidad de diálogo que mostró con estos intelectuales cuando era ministro de Educación y Cultura. Nunca el cine ha estado tan apoyado, a pesar de las discrepancias ideológicas, como en los años en que ha gobernado el PP. No importa que lo único que quieran sea dar «una patada en los genitales».

Razones de una victoria amplia
Antonio Martín Beaumont La Razón  9 Marzo 2004

Nadie discute que el PP será de nuevo el primer partido de España el próximo domingo. Muchos, y no precisamente sólo fieles del partido de Mariano Rajoy, dan a éste como vencedor seguro y como más que probable líder de una nueva mayoría absoluta. Quizá por eso la «prudente» campaña electoral del PP. Todo el pescado está vendido, dicen; pero a mí me queda la duda de si se habrá vendido demasiado pronto y se le ha dejado correr demasiado solo la banda a Zapatero seguros de tenerlo todo bajo control.

El tono de la campaña invita a la duda, porque si bien la presión de los medios ha sido fortísima, también ha sido evidente el cansancio de los ciudadanos. Los políticos no han conseguido ilusionar tanto como habrían deseado, aunque el miedo crece en todas direcciones. José María Aznar, en su discreta y ejemplar campaña ha advertido contra el exceso de confianza y ha diagnosticado los riesgos de un zarpazo socialista. El PSOE y sus actuales dirigentes están dispuestos a aceptar un cambio de régimen como el que promueven los independentistas y los comunistas. Si hay un resquicio para permitir esa combinación se renovará en Madrid y en Vitoria el tripartito de Barcelona, y con eso habrá terminado la democracia constitucional tal y como hoy la conocemos.

Zapatero, pancarta en mano, sabe bien que una coalición imposible es la única alternativa al PP para llegar a La Moncloa. Puede ser que el PP haya cometido errores, y de hecho los ha cometido, pero comparar la España de hoy con la de 1996 es el mejor acto de propaganda electoral. Entrando en balances, es necesario comparar la España de 2003 con los resultados en 2007 de un hipotético Gobierno Zapatero - Maragall - Carod - Llamazares - Ibarretxe. Riesgos evidentes de fractura económica y social. Papeles para todos, sean inmigrantes legales e ilegales. Quiebra de la Seguridad Social, y quiebra de la unidad española, con la admisión más o menos disimulada del derecho de ciertas comunidades autónomas a la secesión. Nadie discute el derecho de Zapatero a presentarse, a vencer y a gobernar si le corresponde. Pero una cosa es un PSOE sensato y otra bien distinta, el circo en que se ha convertido la oposición.

Hablar o no hablar
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  9 Marzo 2004

Fernando Savater tenía que haber participado ayer en un encuentro de escritores que se iba a celebrar en la Universidad Rovira i Virgili, de Tarragona. El catedrático donostiarra fue avisado el viernes por la Delegación del Gobierno en Cataluña de que se habían puesto carteles en los que se llamaba a no permitirle la entrada y a boicotear el acto.

Había precedentes. El 28 de febrero del año pasado Savater fue agredido en el aula magna de la Universidad de Barcelona en la que se disponía presentar la edición de las obras completas de Giordano Bruno. Antes los mismos grupos, Coordinadora de Estudiantes de los Países Catalanes y Alternativa Estel, habían reventado los actos en los que iban a hablar Jon Juaristi y Aleix Vidal Quadras. Unos días más tarde, el rector Tugores,-lástima que Borges no haya vivido para añadir un capítulo con su nombre a 'Historia universal de la infamia',- negó a Gotzone Mora la misma aula magna en la que fue agredido el filósofo donostiarra y en la que sí habían podido expresarse Arnaldo Otegi y Pepe Rei.

Ayer, en Tarragona, entre la posibilidad de entrar en un recinto universitario protegido por la fuerza pública y la alternativa de desafiar a cuerpo gentil a aquella turba, Savater optó por no acudir, explicando la razón en una carta al director del encuentro, con el ruego de que fuese leída a los asistentes.

Ayer, en la misma Rovira i Virgili en la que no pudo hablar Fernando Savater, sí se celebró un pertinente acto conmemorativo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora en el que intervino la mujer del conseller en cap de la Generalitat, Josep Bargalló. ¿Ven cómo parlant la gent s'entén? Ya se encargan los Boixos Nois de la universidad catalana de no dejar que parle gente a la que no quiere que se la entienda. Fernando Savater, un suponer. Y Maragall, ¿qué piensa de esto?

PNV subliminal
Juan Luis de León Azcárate/Bilbao Cartas al Director El Correo  9 Marzo 2004

He visto los carteles de propaganda electoral del PNV en español y en euskera. El lema enfrenta un 'Sí' ('al respeto a la identidad vasca', 'a todas las ideas', 'a decidir nuestro propio futuro') a un 'No' (que niega todo lo anterior). Se entiende así que el PNV, el 'Sí', apuesta por lo vasco (por supuesto, en clave nacionalista) frente a aquello que pueda representar lo antivasco, el 'No'. Pero el cartel en euskera no traduce todas las frases al euskera, como cabría esperar. El 'Sí' se convierte en 'Bai', pero el 'No' permanece inmutable y no se transforma en 'Ez'. ¿Por qué? Porque el PNV quiere presentar a todo lo 'español' (el 'No') como 'españolista' y antivasco. Un lenguaje subliminal que implícitamente insulta a los vascos no nacionalistas negándoles su condición de buenos vascos (no así a los cómplices políticos de ETA). ¿Pero no nos decían que el plan Ibarretxe era el plan del diálogo y la convivencia?

Savater suspende por amenazas un acto en la Universidad de Tarragona
Desde hacía una semana, grupos radicales anunciaron el boicot al escritor
El XI Encuentro de Escritores, que se celebra en la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, se quedó ayer sin la presencia de uno de sus principales ponentes, Fernando Savater. En una nota enviada al organizador de este acto, el profesor José María Fernández, Savater definía las amenazas recibidas por grupos radicales como «una agresión contra la libertad de expresión y la universidad se tendría que pronunciar».
«Matones intransigentes». Así define Savater a aquellos que le amenazaron
Víctor Fernández - Barcelona.- La Razón  9 Marzo 2004

«Este es un día negro para la vida de la cultura en Tarragona». De esta manera resumía José María Fernández, organizador del XI Encuentro de Escritores, que se celebra en la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, lo que supone la suspensión de la conferencia que tenía previsto impartir Fernando Savater a causa de las amenazas de grupos radicales. El filósofo y escritor donostiarra anunció ayer, mediante un comunicado, su ausencia en el acto porque «no estoy dispuesto a enfrentarme a un grupo de radicales, más o menos estudiantes, que han decidido boicotear mi intervención». El filósofo añade en su carta que «es a vosotros, alumnos y profesores de la URV, a quienes corresponde valorar el hecho de que en una sociedad democrática como la que compartimos sea un grupo de matones intransigentes quienes decidan a quiénes podéis o no escuchar y, por lo tanto, la agresión es tanto contra vosotros como contra mi».

Silencio como respuesta
Fernández, en declaraciones a este diario, confirmó este extremo y denunció que hace una semana notificó al rectorado la existencia de estas amenazas. «Me dieron la callada por respuesta. Entiendo que en previsión de lo que finalmente ha sucedido, la URV debería haber asumido algún tipo de responsabili- dad», afirmó Fernández.

La llamada Coordinadora d Estudiants dels Països Catalans i l Alternativa Estel, un grupo formado por universitarios radicales independentistas, emitió la pasada semana un comunicado en el que afirmaban que el acto significaba «el uso de la universidad pública catalana como plataforma propagandística del españolismo más rancio y radical». En el citado texto, la coordinadora consideraba «inoportuna» la asistencia de Savater, «dada la vinculación de este personaje con el fórum manipulador de opinión Basta ya ».

José María Fernández comentó que la Delegación del Gobierno en Tarragona había aconsejado a Savater su no asistencia a las jornadas por «problemas de seguridad»: «Yo le insistí y le rogué que viniera y que no hiciera caso de los carteles, porque estoy completamente seguro de que no iba a pasar nada, pero él me confesó que su escolta personal le había aconsejado que no viniera ya que sufrió otro ataque reciente en Barcelona», apunta Fernández. Para el organizador del acto, en el que el autor debía impartir una conferencia sobre educación y literatura, el riesgo era que se volvieran a repetir los actos vandálicos que tuvieron lugar el 28 de febrero del pasado año en la Universidad de Barcelona y donde Savater fue agredido.

El tripartito
«Me parece vergonzoso que se monten este tipo de historias a partir de veladas amenazas. Estos grupos se han crecido en Cataluña con el tripartito y la historia no es esto», destacó el responsable del Encuentro de Escritores, que a lo largo de su historia ha visto pasar a nombres como Terenci Moix, Espido Freire o Juan Manuel de Prada.
En declaraciones a Efe, Savater dijo ayer que en Cataluña sólo ha tenido «problemas» en sus intervenciones en los recintos universitarios. El filósofo recordó que «no quería entrar acompañado por los Geos en una universidad, ni tampoco acudir sólo para sufrir una agresión física, como ya ocurrió el año pasado en la Universidad Central de Barcelona».

La Coordinadora d Estudiants dels Països Catalans i l Alternativa Estel emitió ayer un nuevo comunicado en el que, bajo el título «las gaviotas contraatacan», criticaban demagógicamente la ausencia de Savater, pese a que era lo que había demandado en sus pancartas y pasquines: «la suspensión de este acto responde a la voluntad de la extrema derecha española en criminalizar a los movimientos sociales y la sociedad catalana».
Por otra parte, ayer Savater presentó en Barcelona su último libro, «El gran fraude» (El País-Aguilar), que finalmente tuvo lugar en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) ya que ninguna librería tenía capacidad para acoger el acto debido al despliegue de seguridad que acompaña los movimientos del filósofo amenazado por los terroristas.

La coz de la intolerancia
El organizador del ciclo, que sufría ayer también la baja del filósofo riojano Gustavo Bueno por enfermedad, se mostraba ayer desolado: «Me han destrozado mi trabajo de 6 meses de cara al público y a todas las personas que tenían ganas de escucharle, creo que es un auténtico atentado al pensamiento y me parece muy, muy triste», asegura Fernández .

Savater, con respecto al boicot que se había anunciado para el día de ayer, afirma que «no hay ningún honor en ser coceado por un burro».

Los golpes policiales y la firmeza política y judicial acorralan a ETA
La Ley de Partidos permitió la ilegalización de Batasuna, el brazo político de la banda.
MARÍA USÁN. Zaragoza Heraldo de Aragón 9 Marzo 2004

Acorralada. Tal vez esta palabra sea la que mejor resuma la situación en la que se encuentra ETA, tras una legislatura donde ha recibido, sin duda, los golpes más duros. Unos golpes que no se circunscriben a lo que son la desarticulación de comandos y detención de etarras, sino que se extienden a ámbitos igualmente importantes como son dejar a los terroristas sin altavoces políticos y asfixiar sus fuentes de financiación.

La lucha antiterrorista ha sido una de las prioridades del Gobierno de Aznar. El Gabinete "popular" sacó adelante en 2002 la Ley de Partidos Políticos, una herramienta que ha permitido la ilegalización de Batasuna. La disolución del brazo político de ETA fue pareja a la actuación de la Justicia. Coincidiendo con la ilegalización, el magistrado Baltasar Garzón decretó la suspensión de las actividades de la formación "abertzale", con el consiguiente cierre de sus sedes y sus "herriko tabernas". Así pues, como consecuencia de la entrada en vigor de la Ley de Partidos, la antigua Batasuna sólo tiene representación en la Cámara de Vitoria. Ahí Sozialistas Abertzaleak (SA) mantiene su grupo tras la negativa de los partidos que conforman el tripartito (PNV, EA, IU/EB) a acatar la orden de disolución ordenada por el Supremo. Un contencioso que evidencia el pulso que mantiene el Gobierno vasco con el central y que tiene como telón de fondo el plan Ibarretxe.

El que la antigua Batasuna no tenga representación en Ayuntamientos, Diputaciones y Parlamentos lleva parejo primero, que ETA no tenga altavoces públicos donde difundir su doctrina terrorista y, segundo, que se le haya cortado el grifo de las subvenciones y partidas económicas que tenía Batasuna como fuerza política, con la lógica merma para la financiación de las actividades delictivas de ETA. Sin partido político, la izquierda "abertzale" teme que su base electoral se diluya y se decante hacia PNV o EA.

Por otro lado, ETA lleva dos años de fracasos. La banda ha visto cómo van cayendo sus comandos y cómo sus planes son abortados gracias a la actuación de las Fuerzas de Seguridad del Estado.
Colaboración internacional

A estos golpes policiales ha contribuido la estrecha colaboración internacional impulsada tras los atentados del 11-S en EE UU. Sin embargo, ETA actúa siempre que puede y estos días lo ha vuelto a intentar sin éxito. La detención de dos etarras con más de 500 kilos de explosivos ha frustrado el que iba a ser uno de sus atentados más importantes.

Previamente ETA ya había irrumpido en la campaña electoral con el anuncio de una tregua para Cataluña, tras la reunión con el republicano Carod-Rovira. Un encuentro que ha contribuido a aumentar la crispación política que existe en torno al terrorismo.

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