AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 11 Marzo 2004
Es la hora de la política
Agapito Maestre Libertad Digital  11 Marzo 2004

Asesinados por ser españoles
José María Marco Libertad Digital  11 Marzo 2004

Masacre en Madrid
Pablo Sebastián Estrella Digital 11 Marzo 2004

No sólo se ha acabado la campaña
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  11 Marzo 2004

La huella de ETA
Primo González Estrella Digital 11 Marzo 2004

Contra violencia, Democracia
M. Martín Ferrand Estrella Digital 11 Marzo 2004

Chechenización
José Javaloyes Estrella Digital 11 Marzo 2004

Un modelo de matar, clásico y moderno
Lorenzo Contreras Estrella Digital 11 Marzo 2004

Responsabilidades políticas
Alberto Recarte Libertad Digital  11 Marzo 2004

Amigos del terrorismo, 1
Pío Moa Libertad Digital  11 Marzo 2004

Masacre de ETA: 186 muertos y un millar de heridos en Madrid
Libertad Digital    11 Marzo 2004

Elecciones estratégicas
GEES Libertad Digital  11 Marzo 2004

Una culta patada en los genitales
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  11 Marzo 2004

Ojos que no ven
Cristina Losada Libertad Digital  11 Marzo 2004

A QUÉ LLAMAMOS ESPAÑA
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR  ABC 11 Marzo 2004

Jerarquía de urgencias
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 11 Marzo 2004

Campaña intelectual
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  11 Marzo 2004

Ya llegará el 15, ya
TONIA ETXARRI El Correo  11 Marzo 2004

En la Universidad
Cartas al Director ABC 11 Marzo 2004

Urquijo denuncia al Gobierno vasco por «adoctrinar» en el nacionalismo
J. J. SALDAÑA  ABC 11 Marzo 2004

 

11-M
Es la hora de la política
Agapito Maestre Libertad Digital  11 Marzo 2004

Estamos consternados. Pero aún nos queda memoria e inteligencia para preguntarle a los mal-nacidos que juegan a la política: ¿Dónde están los actores que no quisieron ponerse la pegatina de “ETA NO”? Hoy, cuando hayan visto la imágenes de los cuerpos destrozados, espero que hayan sentido vergüenza de que alguien los reconozca por su humanidad. ¡Son alimañas que desconocen lo que traen adentro las palabras solidaridad y compasión! Sus miserables actitudes ya no valen ni como abono para que crezcan los partidos políticos que los amparan. ¿Dónde están los “intelectuales” que hablan de miedo? Ellos son los que producen miedo porque quieren dialogar a toda costa con los nacionalistas. Hoy, toda esa gentuza, nos hablará de unidad, de ser una piña, etcétera para acabar con ETA. ¡Ratas! Salid a la calle, si tenéis valor, y mirad los rostros tristes de los españoles para que aprendáis qué es la dignidad.

España está de luto, pero no rendida. La muerte de los españoles nos traerá más vida. La sangre de las víctimas del 11-M de Madrid, de todas las víctimas de ETA durante su miserable historia, es el cimiento de la continuidad de España. La sangre de las víctimas de ETA es el argumento para terminar con los terroristas, los independentistas y los nacionalistas. Y porque la sangre de las víctimas es el fundamento de la democracia española, tenemos que pedirle explicaciones a quienes hablan, dialogan o gobiernan con quienes comparten los objetivos de ETA. Es el momento de la política, de pedir responsabilidades a quienes colaboran con los nacionalistas, a quienes defienden el diálogo con los terroristas, a quienes quieren terminar con España como nación. ¿Dónde está Carod que aún sigue hablando de dialogar con ETA? ¿Dónde hallar a los brivones que hablan de formas plurales para convivir con los nacionalistas y sus tutores terroristas?

El 11-M es un desafío a España como nación. Este desafío a España necesita una respuesta política terminante. Sí, en efecto, política, porque estamos en tiempo de hacer política, ¿para cuándo entonces?, ¿cuántos muertos necesitan los “políticos” nacionalistas y “pactictas” con el terrorismo y todos sus colaboradores para decir basta ya? Es el tiempo de la política, porque tenemos que rendir un homenaje a los españoles que han sido asesinados por “ser sólo españoles”. Es tiempo de política y de recuerdos. Tenemos que recordar las mentiras de los miserables que hablaban hasta ayer de pluralidad y diversidad para acabar con el terrorismo y embridar al nacionalismo. Hay que decirle a Zapatero que fije seriamente una posición con respecto al nacionalismo catalán y vasco.

Zapatero debería romper su candidatura al senado con ERC, primero; segundo, exigirle inmediatamente a Maragall que deje de gobernar con un partido independentista; y tercero, que no admita ninguna veleidad del socialismo vasco con los nacionalistas de Ibarreche. Y mañana, mejor que pasado, que se ponga a hablar en serio con el PP sobre el artículo 155 de la Constitución. ¡Fuera máscaras y viva la Constitución democrática!

11-M
Asesinados por ser españoles
José María Marco Libertad Digital  11 Marzo 2004

No hay motivo de justificación del terrorismo. No lo hay para ningún atentado terrorista, ni para quemar un cajero automático ni para la matanza que acaba de ocurrir en Madrid. Tampoco hay forma racional de entender lo que puede llevar a una persona a la locura de poner una bomba en un tren de cercanías a hora punta. Ninguna situación, ninguna idea, ninguna supuesta injusticia puede justificar ningún acto de terrorismo.

Todos deberíamos tener claro eso. Pero también debemos tener claro que las personas asesinadas en Madrid el 11 de marzo lo han sido por una razón: porque eran españolas. Puede que entre las víctimas haya personas que no lo fueran. Pero han sido muertos y mutilados y heridos porque vivían y trabajaban en España, porque hablan o hablaban español, porque vivían en España.

La brutalidad de los terroristas etarras no se dirige contra el género humano, ni contra el Otro, así con mayúscula, ni contra una fantasía creada por el fanatismo. Todo eso surge en nuestro país de una sola fuente: el odio a España. Y todos nosotros podemos ser víctimas del terrorismo no porque cojamos el metro o un tren de cercanías a una hora punta, sino por la misma razón por las que han sido asesinadas estas personas: porque somos españoles, porque vivimos en España, porque nuestro idioma es el español.

Hay lazos más hondos, de pura humanidad, que nos deben llevar a solidarizarnos, a expresar nuestra compasión y a ayudar en la medida de nuestras fuerzas a quienes han sufrido el zarpazo del terror esta mañana. Pero lo primero que nos une a quienes han muerto y a quienes sufren ahora es una palabra. Esa palabra es España. Pretender no saberlo, no decirlo, no manifestarlo de la forma en que esté en nuestra mano hacerlo es empezar a traicionar a nuestros compatriotas martirizados y mentirnos a nosotros mismos.

Masacre en Madrid
Pablo Sebastián Estrella Digital 11 Marzo 2004

La banda terrorista ETA ha perpetrado en Madrid el mayor atentado de su historia, con paquetes bombas distribuidos en tres trenes de cercanías de la capital en el momento de máxima ocupación y con la clara intención de producir, en vísperas de las elecciones generales del próximo domingo día 14, el mayor número de víctimas posibles siguiendo una estrategia que ya habían intentado días atrás cuando se detectaron maletas bomba en trenes que llegaban a Madrid procedentes del País Vasco, o cuando se detuvo en la provincia de Cuenca a un comando que transportaba una camioneta bomba para ser explosionada en la capital española.
Se trata de un atentado horrible comparable al ataque lanzado por el terrorismo islámico, el pasado 11 de septiembre, contra las ciudades de Washington y Nueva York, o por el terrorismo checheno en Moscú en los últimos meses. Con la diferencia de que, en este caso, además de buscar la muerte y el terror de los ciudadanos españoles, los autores de la masacre han pretendido a su vez dinamitar la vida democrática y la convivencia entre los españoles, usando como telón de fondo de su execrable acción la campaña electoral en curso y las divergencias políticas que en ella se han puesto de manifiesto.

El primero de sus objetivos, muerte, heridas, destrozos y terror, lo han conseguido, pero en el segundo de la destrucción democrática y de la convivencia ciudadana, han fracasado desde el inicio mismo del ataque terrorista como quedó firmemente acreditado por la primera reacción solidaria del pueblo de Madrid, de los pueblos de toda España, de todas las instituciones y todos los partidos políticos unidos en el dolor, la rabia y la determinación de, ahora mas que nunca, hacer frente a esta nueva oleada de terror que pone en evidencia la locura criminal y también la desesperación de una banda y de su entorno político y social, que vivía los peores momentos de su negra historia, tras los últimos éxitos policiales contra su organización y comandos y el aislamiento político y social de sus aliados.

La suspensión de la campaña electoral por parte de las fuerzas políticas es una prueba de unidad de acción contra el terror, pero en ningún caso debe ir acompaña de la suspensión de la fecha electoral como pretenden los terroristas para así alterar el orden democrático del que había sido excluido, meses atrás, su brazo político Batasuna desde donde se ha querido imputar a comandos árabes la ciega andanada criminal de ETA, con el argumento de que ETA siempre avisa, repugnante consuelo y excusa, porque eso no es cierto como lo prueban los mas de 800 muertos - ahora cerca de millar- de sus múltiples atentado. ¿Avisan cuando dan un tiro en la nuca de un inocente?

La respuesta a semejante masacre está siendo y debe ser unánime de toda España, y así se han expresado la totalidad de los partidos y líderes democráticos. Y esa unidad se está viendo y se va a reflejar en estos días, pero también debe de tener otras consecuencias institucionales y por supuesto políticas, especialmente en el País Vasco donde sus gobernantes han tomado en los últimos años iniciativas que lejos de velar por la convivencia ciudadana, han provocado fracturas importantes, como las que se desprenden del llamado Plan Ibarretxe, que luego ETA y su brazo político o social, han manipulado y utilizado para dar cobertura a su acción criminal.

La disparatada entrevista del líder de Esquerra Republicana con dirigentes de ETA a principios de año ha quedado en evidencia definitiva, por mas que insista Carod Rovira en su intento de pacificación. Pero esa disparatada entrevista y la posterior tregua de ETA en Cataluña, ha servido a los criminales para avanzar en la ruptura del tejido social y político de España, y no podemos de ninguna manera consentir que se abra una brecha entre Cataluña y el resto de España, ni lo van a permitir los catalanes y resto de españoles, y mucho menos vamos a consentir que se abra en Cataluña una fractura social como la que ya existe en el País Vasco.

Este es el momento del dolor, de la reacción policial y judicial contra ETA y sus terroristas, y sobre todo de la unidad de España y de todos los españoles. Y ojalá que esta acción desesperada de ETA confirme, al menos en la ámbito de la convivencia y la unidad de los españoles, su rotundo fracaso y el inicio de un tiempo nuevo y mejor. El que incluirá, sin lugar a dudas, dentro y fuera de España - y en el País Vasco de manera especial -el fin de la banda terrorista y de su entorno político y social.

La masacre de Madrid tiene aires de terrorífica traca final de una banda cercada y reducida a su mínima expresión. Esperemos que muy pronto esa pequeña infraestructura de terror y su apoyo social que aún tienen queden reducidos a la nada, como justa consecuencia criminal de su último y sangriento estertor.

11-M
No sólo se ha acabado la campaña
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  11 Marzo 2004

Esta densa red de dolor que ha cubierto la nación es el capítulo final de la última estrategia del terror, que ha durado algo más de tres meses. La estrategia crepuscular de ETA, que se inicia con su legitimación a través de un acuerdo con un alto representante institucional con cuya formación política comparte fines, una oportunidad dorada para los asesinos; que continúa con la masiva presencia de las siglas, posiciones e intereses de ambas partes en los medios; que culmina con lo que cualquier observador despejado temía: una masacre masiva e indiscriminada que sacude el país con una violencia desconocida desde la guerra civil.

Esta sangre de marzo es la consecuencia lógica del regalo que un fundamentalista visionario convertido en presidente autonómico en funciones le hizo a ETA. Que la reunión de Perpiñán y la matanza de Madrid, que marcará nuestras vidas, son los dos extremos de la misma estrategia de los enemigos de España y de la libertad es una obviedad que no admite discusión. El cómplice necesario, con docenas de cadáveres aún esparcidos por los suelos, ha dicho que algunos lo estaban deseando. Si no se refiere a quienes lo han hecho, que parece que no, entonces está intentando que en vez de mirar hacia los autores miremos hacia otro sitio, lo cual equivale a escupir sobre los muertos y los heridos, sobre sus familiares y amigos, sobre todos los españoles de bien, que como un solo hombre corrieron a dar su sangre a los centros de transfusión móviles como una metáfora viva de identificación con las víctimas.

Con el derramamiento y con la entrega de la sangre abundante y generosa de España se ha terminado prematuramente la campaña electoral. Como se demostrará mañana cuando millones de españoles tomen las calles, también se han terminado muchas otras cosas. Entre ellas, la presunción de inocencia de los que han despejado para los asesinos las vías muertas hacia las tres estaciones de Madrid, la justificación de quienes alojan en su gobierno a los que abrieron el primer capítulo de la tragedia y les dan cabida en sus listas electorales, la paciencia con los que dudaron de las detenciones de Cuenca y con los que todos los días equiparan a las víctimas con los verdugos. Si los socios de los interlocutores de los terroristas se equivocaron, que corrijan ahora. Que no se limiten a decir que hoy todos somos madrileños. Su dolor será sincero, pero debe ir acompañado de acciones muy concretas. Si no corrigen el error, sus condenas serán vanas, sus condolencias serán huecas. A muchos no nos engañaron nunca sus socios de gobierno. ¿A quién van a engañar ahora?

La huella de ETA
Primo González Estrella Digital 11 Marzo 2004

ETA ha dejado su huella en la casi totalidad de los procesos electorales que se han desarrollado en la España democrática. Para este del año 2004, novena cita de los españoles con las urnas para elegir un nuevo Congreso en el que posiblemente la representación de los grupos nacionalistas iba a alcanzar su máxima expresión numérica, ha querido hacerse visible de forma especialmente cruel. De la perplejidad que esta aparición parece haber provocado incluso entre las propias filas de la izquierda abertzale puede ser buena prueba la declaración realizada a mediodía por el dirigente Arnaldo Otegi, al atribuir este acto criminal a la “resistencia árabe”. Una declaración que tanto puede responder a un intento de distanciarse del aparato militar de la banda para marcar bien las diferencias como de un manifiesto despiste. Una tercera alternativa, tendente a desviar la atención hacia terceros, parece sencillamente impropia de una persona civilizada.

El atentado contra los trenes de cercanías que procedentes de la periferia madrileña llegan cada mañana, abarrotados de personas, al epicentro de la capital, pasará a la Historia como el asesinato colectivo e indiscriminado más sangriento de cuantos ha cometido la banda terrorista vasca en su macabro historial. No se ha producido aún confirmación oficial de la autoría del esta criminal acción, pero los precedentes cercanos ya habían alertado sobre la inminencia de una acción de amplias proporciones en la capital antes de la cita electoral. La reciente detención en Cuenca de dos jóvenes fundamentalistas con más de media tonelada de explosivos camino de Madrid hace escasas fechas ya nos puso sobre alerta de que las intenciones de la banda estaban orientadas en esta ocasión a realizar un golpe de proporciones descomunales. Los estrategas de ETA no sólo querían hacer escuchar su macabro discurso en la campaña electoral. Querían, a la vista de lo que se intuía de las detenciones en Cuenca y de lo que por desgracia ha sucedido este 11 de marzo, dar un golpe sonado y de proporciones sin precedentes, sembrando la muerte y el dolor en varios centenares de familias de toda clase y condición, seguramente también de todas las ideologías y de la casi totalidad de las opciones políticas que el domingo expresarán su decisión en las urnas. Es de suponer y esperar (más lo segundo que lo primero) que este atentado no modifique de forma sustancial las expectativas de voto en las urnas.

Este atentado se produce en vísperas de la jornada de reflexión de los españoles, fijada para pasado mañana sábado. Resulta inútil y quizás también imposible hacer una lectura política del terrorismo y, en particular, del terrorismo de ETA. Hace ya bastante tiempo que este tipo de lecturas ofrece conclusiones muy opacas y desde luego siniestras. Han generado, por lo general, más unión entre los demócratas que fisuras, aunque estas últimas también se han hecho presentes en alguna ocasión.

La más reciente, desde luego, la que suscitó la reciente visita del político independentista catalán Carod Rovira a dirigentes de la banda en suelo francés, de cuyo contenido, conclusiones e incluso participantes el señor Carod no nos ha dado excesivas referencias. Hemos tenido que contentarnos con las especulaciones y desde luego con las intoxicaciones, bien numerosas (sucede siempre que hay déficit de información) pero carentes por lo general de verosimilitud. Si lamentable ha sido la iniciativa del dirigente catalán más decepcionante ha sido su conducta ulterior, privándonos a los ciudadanos de toda explicación o información sobre el asunto, hecho especialmente criticable en una persona que con frecuencia ha pregonado la transparencia en sus declaraciones políticas. La primera ocasión que ha tenido para practicar con el ejemplo ha hecho justamente lo contrario. Carod seguía afirmando ayer su convicción de la necesidad de hablar con ETA para negociar no se sabe muy bien qué.

Nada parece indicar que si en los últimos 30 años la democracia española, con Gobiernos de distinto color, ha dado la espalda sistemáticamente a todo diálogo con los violentos vaya ahora a cambiar de parecer. Algunos recuerdan en las últimas horas alguna declaración de destacados dirigentes etarras cuando aludían a la necesidad de poner más de 100 muertos sobre la mesa para obligar al Gobierno a negociar. Una hipótesis que, si siempre ha sido rechazada, ahora resulta mucho más lejana que nunca.

La historia de las declaraciones y especulaciones sobre ETA y su presumible final ha sido rica en teorías. Pero hay una que, formulada en los albores del problema, quizás tenga ahora más validez que nunca. Fue pronunciada por un ministro del Gobierno español cuando, tras uno de los muchos golpes a la banda terrorista, alguien le preguntó si se podía hablar del fin de ETA. El ministro respondió diciendo que lo creía bastante improbable pero que el final de ETA iba a estar precedido por algunos atentados especialmente crueles y sanguinarios porque una organización que ha practicado la lucha armada acaba en manos de gente enormemente radicalizada, con escasa preparación y capaz de cometer las mayores brutalidades. La predicción no deja de resultarnos algo familiar a la vista de lo sucedido en los últimos meses y, desde luego, cuando contemplamos el impresionante atentado de este 11 de marzo. El hecho de que, contraviniendo una conducta que ha sido bastante habitual, casi norma, en la banda, estos atentados no hayan estado precedidos por ninguna llamada telefónica, es un dato bastante significativo y que da para pensar, ya que ha multiplicado los efectos devastadores de la acción criminal, añadiendo una cruel dosis de indiscriminación al colectivo de víctimas, además de incrementar su número hasta niveles que difícilmente resultarán soportables para una mente civilizada, por muy sectarias y radicales que sean sus ideas y sus objetivos políticos.

Unos objetivos que quedan definitivamente marcados, y desde luego descalificados, tras este sangriento atentado, que dificultará seriamente los progresos de los nacionalismos democráticos en España para un periodo de tiempo desgraciadamente largo. Alguien ha tenido a lo largo del día de hoy la tentación de afirmar que en la Historia española contemporánea siempre habrá un antes y un después del 11 de Marzo de 2004. Quizás no le falte razón.

Contra violencia, Democracia
M. Martín Ferrand Estrella Digital 11 Marzo 2004

¡Canallas!. Nos han asesinado a doce docenas de vecinos. Gente común y sencilla que, tempranito, acudía a sus puestos de trabajo, a ganarse una vida que han perdido por las bombas terroristas. Otros cuantos más están heridos y muchos de consideración. Hace falta ser muy mal nacido para poder explicar algo así; pero lo suyo, ante tan grave circunstancia, es no perder la serenidad.

Los etarras se han personado en la campaña electoral. Su pregón de muerte constituye el mayor atentado terrorista de la historia de Europa y eso, naturalmente, no puede quedar impune. Exige una reacción enérgica y rotunda. La Estación de Atocha debe convertirse en la estación final de ETA y todo su asesino aventurerismo. La policía, las policías, ya están en ello.

Nos corresponde a nosotros, ciudadanos rasos, expresar la oportuna repulsa, la condena cívica, que merece una barbarie semejante y esa no puede, no debe, ser otra que la enérgica afirmación democrática. ETA ha querido alterar una convocatoria electoral en la que los ciudadanos españoles, pacíficamente, pretendemos designar a nuestros representantes en el Congreso y el Senado y no debe salirse con la suya. Lo democrático, lo cívico, lo útil es acudir a las urnas el próximo 14M.

Contra violencia, democracia. Una participación récord en los comicios del domingo es la respuesta más clara, más evidente, que ETA, sus amigos y mentores, puede recibir de una ciudadanía agredida.

Chechenización
José Javaloyes Estrella Digital 11 Marzo 2004

No ha sido la masacre de Madrid, perpetrada en los trenes de cercanías a la hora en que fluyen colmados de la hermosa gente que acude al trabajo, una simple variante técnica del terrorismo etarra, vistas las dificultades que encontraban para llegar con sus cargas de muerte al centro urbano.
No ha sido una simple alternativa táctica o logística, sino un salto estratégico en el proceso etarra de su degradación organizativa y perversión moral.

Ha sobrevenido la chechenización de la miseria vasca, del racismo sabiniano pasado por los odres del leninismo revolucionario. Han ido a los espacios de masas humanas apretadas, como en Moscú y como en Israel. Pero sin el peaje brutal de la auto - inmolación de los terroristas.

Para eso les ha faltado a los asesinos dos cosas: la teología del fanatismo islámico – pues sus viveros primordiales fueron las sacristías – y la capacidad de pagar con la propia vida su opción terrorista. En términos de especie, terrorismo como el islámico, chechenio o palestino, pero supremamente enmerdado de cobardía.

Un modelo de matar, clásico y moderno
Lorenzo Contreras Estrella Digital 11 Marzo 2004

ETA puede haber muerto matando, tal es la magnitud de la repugnancia y rechazo que inspira su comportamiento criminal, especialmente agravado con los atentados de Madrid. En todo caso, la banda prolonga su agonía con la tragedia de sus víctimas. Ha sido una agresión a España. La fecha del 11-M pasa a la historia como uno de los episodios más luctuosos y abominables de la trayectoria etarra. Una organización que se dice de izquierda y, por tanto, en teoría tendría que ser sensible al daño social, se acaba de cebar en los humildes que desde Guadalajara y Alcalá de Henares se incorporaba a su trabajo en Madrid.

La peligrosidad de ETA es proporcional a su debilidad. Está en razón directa. En tal circunstancia desaparece en su mentalidad cualquier sentido de la acción selectiva. Va al bulto, sin contemplaciones ni avisos previos. El modelo es clásico, pero también moderno, en cuanto evoca el terrorismo ciego de chechenos, islámicos y otros productores de violencia. Voladura de edificios, voladura de trenes o lo que haga falta para cumplir los más siniestros designios.

La jornada de reflexión electoral se adelanta y se triplica. No va a ser un día. Van a ser tres, hasta el domingo 14. Se ha dicho que la campaña electoral ha terminado y así lo han anunciado algunos partidos. Pero no es tal. Simplemente la campaña se ha transformado. Las comparecencias públicas de los líderes de las distintas formaciones son, ya se está viendo, prolongaciones monotemáticas de las posturas políticas. Se trata de asumir el luto de la manera más eficaz posible. La dificultad de este extraño e imprevisto final de campaña estriba en evitar que las reacciones puedan interpretarse como electoralistas. Pero inevitablemente lo son, condolencias aparte. Incluso la circunspección y la expresión de los sentimientos en calve más neutralizada y humana se convierten en mensajes muy delicados.

La declaración institucional prevista no hubo sido inmediata. Esto ha obligado a madrugar políticamente a los distintos representantes de los partidos, incluidos en primer lugar los candidatos principales de esas formaciones. Y los conceptos clave, en medio de anuncios de cancelación de actividades electorales, han sido esgrimidos en direcciones inequívocas. Necesidad de unidad de todos en la lucha común contraterrorista, pero al mismo tiempo matices reveladores de subyacentes críticas, que en medio del luto no parece conveniente exteriorizar de modo oportunista. Mariano Rajoy, al comparecer ante la Prensa en la sede del PP, ha puesto de relieve el concepto de “lo español” como principal objetivo afectado por la agresión terrorista. Es decir, esgrimió la idea clave de la campaña del PP, del mismo modo que Zapatero, al insistir en la idea de la unidad de todos y en el protagonismo del PSOE, y de él mismo, en la gestación del Pacto Antiterrorista y por las Libertades, reivindicaba una de los méritos principales del partido socialista.

La gran expectativa electoral, ante la llegada del 14-M, se centra, por supuesto, en Cataluña, donde la respuesta del electorado a Carod-Rovira, el hombre que se entrevistó en Perpiñán con la dirección de ETA y con los innegables sanguinarios que son y han sido históricamente Mikel Albizu “Antza” y Josu Ternera, este último acusado de inspirar en su día la matanza de Hipercor en Barcelona, pone a prueba la consistencia del “seny” catalán después de los atentados de Madrid, y, sobre todo, sirve para valorar el grado de solidaridad de una parte importante de la sociedad catalana con el pueblo de otra comunidad autónoma, la madrileña. La exención de Cataluña como objetivo etarra, después de este 11-M, es un regalo envenenado del destino, a favor de empedernidos criminales y no precisamente un motivo de gloria para Cataluña y mucho menos para su “protector”, el dialogante Carod-Rovira.

11-M
Responsabilidades políticas
Alberto Recarte Libertad Digital  11 Marzo 2004

En la estrategia de lucha contra ETA, los gobiernos de José María Aznar han sido perfectamente conscientes de que, para ganar, necesitaban aislarla políticamente y derrotarla policialmente. Lo primero se había logrado con una activa política nacional e internacional, que se ha plasmado en la condena y rechazo al terrorismo, y sus apoyos políticos, por parte de las instituciones europeas, de los gobiernos europeos más reticentes –como el belga– y con el apoyo incondicional de Estados Unidos. A nivel nacional, el gobierno solicitó y logró del Tribunal Supremo la ilegalización de Batasuna y explicó claramente al PNV que iba a hacer respetar la Constitución, costara lo que costase.

En esa tesitura, Carod se entrevista con ETA y rompe la estrategia de aislamiento político. Nada extraordinario por parte de alguien que tiene antecedentes de apoyo a Terra Lliure y que comulga con fines y, no sabemos hasta qué punto, incluso, con los medios; siempre, naturalmente, que los atentados no ocurran en Cataluña.

Una vez más en la historia de la democracia en España, el PSOE no estuvo a la altura de las circunstancias y traicionó la Constitución, como hizo en 1934 y como hizo en los meses –operación de acoso y derribo de Suárez– anteriores al golpe de estado de Tejero. Ahora, el traidor es Maragall, el cual, primero, se niega a desprenderse de Carod, para aceptar después su sustitución por otro miembro de Esquerra, que nunca rectificó la posición política que significó el encuentro de Carod con ETA. La responsabilidad llega hasta Rodríguez Zapatero, máximo dirigente del PSOE, quien, en una muestra de oportunismo político y falta de ética, pretende que no ha pasado nada, que lo ocurrido en el tripartito catalán es un tema menor; incluso que es una maniobra política del PP para influir en la campaña, filtrando la entrevista y no deteniendo –pudiendo haberlo hecho– a la cúpula de ETA, según declaraciones de “rencor” González.

ETA, naturalmente, se da cuenta de que con la ayuda de Esquerra, la abstención del PSC, el posicionamiento anticonstitucional de la Izquierda Unida de Madrazo y la siempre inestimable colaboración del PNV, tiene una oportunidad. Vuelve a tener relevancia política. Sólo le faltaba volver a atemorizar, lo que habría hecho en cualquier caso, con Esquerra o sin ella. Falla en una primera ocasión, cuando la guardia civil detiene la furgoneta con más de 500 kilos de dinamita en Cuenca, pero tiene éxito, ahora, con el atentado más sangriento de la historia de España.

En los próximos días tendremos que soportar el llamamiento a la unidad política de los responsables de partidos como ERC, PSC, IU y PNV, que proclamarán su oposición al terrorismo. El PSOE de Zapatero –por su parte– no podrá librarse de lo que significa la candidatura conjunta al senado de ERC y PSC en Cataluña. Me refiero al PSOE de Zapatero, porque conservo la esperanza de que dentro de ese partido haya otros dirigentes con ética y principios constitucionales, que sean capaces de comprender hasta dónde alcanza la responsabilidad que implica ser la oposición oficial en un régimen democrático.

Las ansias de poder de los políticos de los partidos del pacto anti PP, derrotados en la urnas o que, habiendo ganado, quieren apoderarse de competencias que no les pertenecen, han sido instrumentalizadas, una vez más, por ETA. Que el resultado político inmediato sea un retroceso político en las elecciones de sus aliados –y los que dialogan con ellos, o consienten que otros pacten con ellos– no les afecta. Su planteamiento es una locura a la camboyana a largo plazo.

Por supuesto que necesitamos un PSOE responsable y unido para asegurar la estabilidad política española. Pero no hay demsiados indicios como para ser optimista en relación con ese apoyo en los difíciles años que se avecinan. Lo que necesitamos, en cualquier caso, es que, si el PP gana las elecciones, se comporte como un partido unido, coherente y disciplinado, dispuesto a aplicar la Constitución. Si Rajoy lo consigue, podrá gobernar hasta desanimar, definitivamente, a los que históricamente han pretendido alcanzar el poder sin respetar la Constitución.

11-M
Amigos del terrorismo, 1
Pío Moa Libertad Digital  11 Marzo 2004

Curiosamente, el terrorismo llegó a España con algún retraso, y cuando se conocían los atentados anarquistas en Rusia, en Francia y en otros países, a finales del siglo XIX, algunos creían que actos tan cobardes y brutales serían imposibles en España, dada nuestra idiosincrasia noble y quijotesca. Enorme error. El terrorismo ha influido en la historia de España del siglo XX más, probablemente, que en ningún otro país occidental, más aún que en Rusia. Fue el principal cáncer de la Restauración, el obstáculo mayor a la plena democratización impresa en los postulados liberales de ese régimen, y la causa más determinante de su final hundimiento.

El terrorismo anarquista actuó de tres maneras, cuya combinación, aunque probablemente no deliberada, resultó muy efectiva. En primer lugar, mediante el pistolerismo y el atentado indiscriminado. Casi todas las historias servidas desde hace mucho tiempo hablan del pistolerismo de la patronal en Cataluña, del Sindicato Libre, etc., pero omiten que se trató de una respuesta al pistolerismo previo de la CNT, que no admitía competencia sindical. De ese terrorismo incesante e insufrible hace Cambó –que también estuvo a punto de ser asesinado– la causa principal de la caída de la Restauración y la consiguiente dictadura de Primo de Rivera.

Pero la caída de aquel régimen no habría sido posible sin un debilitamiento causado, en gran medida, por un segundo método del terror: el asesinato “selectivo” de personalidades como Cánovas, Canalejas o Dato. Los tres forman con Maura (y quizá con Sagasta), que también estuvo a punto de perder la vida, el grupo de políticos más capaces de aquel régimen, donde ciertamente abundaban mucho más los mediocres e intrigantes sin elevación alguna, tipo Romanones. Los tres estadistas dejaron un vacío irreemplazable, y la presión de una amenaza permanente sobre los demás. Un régimen privado de hombres de talla política y moral difícilmente sabrá encarar los retos que se le presenten. De esto no suelen hablar las historias, pero es una evidencia.

El tercer método del terrorismo ha sido la campaña de propaganda, la confusión intencionada, la provocación sistemática, en cuyo juego han entrado una y otra vez políticos y partidos dispuestos a sacar rentas de la sangre vertida por otros. Un ejemplo: En 1905, Alfonso XIII sufrió en París un atentado, del que salió ileso. El autor, posiblemente Morral, autor luego de la masacre de la calle Mayor de Madrid, no fue habido, aunque sí algunos cómplices. En el proceso, los implicados negaron su culpa y acusaron al gobierno español de haber montado la “provocación”, para inducir a las autoridades francesas a perseguir a la colonia de anarquistas españoles en París. Lerroux, que también tenía alguna implicación, por su relación con el pedagogo terrorista Ferrer Guardia, explicó al juez francés cómo la policía española había hecho “los preparativos indispensables” para el atentado, cosa muy lógica pues dicha policía era “la heredera de la Inquisición”. Uno de los cómplices, Vallina, relata triunfalmente el desfile ante el estrado de “numerosos hombres ilustres, políticos y literatos” solidarizándose con los criminales. El jurado declaró inocentes a los acusados, y la sala “estalló en aplausos”. Así, el atentado se redondeaba con una burla demoledora de la “justicia burguesa”; y el apoyo de los “hombres ilustres” –que, obviamente, no temían sufrir atentados– reafirmaba a los terroristas en sus convicciones.

El método fue básicamente el mismo en la gigantesca campaña de 1909, en Europa y América, por la ejecución de Ferrer Guardia, complicado, como inductor y organizador, en varios de los atentados más siniestros de la época. La campaña fue movida por todas las izquierdas y por la masonería (Ferrer era masón), presentando al siniestro individuo como “el nuevo Galileo” y “el educador de España”, víctima, como siempre, de “la Inquisición”, la “España negra” y demás tópicos de amplia circulación. El resultado político sería el apartamiento de Maura por un rey demasiado impresionable, y con ello un nuevo naufragio en la evolución ordenada del régimen.

Poco antes, en 1907, el terrorismo había gozado de un éxito crucial cuando toda la izquierda, más el Partido Liberal, hicieron causa común y echaron abajo una ley antiterrorista presentada por Maura. Naturalmente, la campaña contra la ley invocaba los derechos y libertades (de los asesinos, claro, eso no se decía). Observa Cambó: “Después, gobiernos liberales y republicanos tuvieron que hacer aprobar proyectos mucho más rigurosos para mantener el orden público y salvar al respectivo régimen”.

Así, contra la ingenua confianza en el carácter caballeresco español –que sin duda existe, pero no tan extendido– el terrorismo prendió con fuerza en nuestro país y, lo más siniestro, contó en todo momento con un vasta cohorte de amigos y benefactores, unos por extraerle beneficios políticos, otros por admiración hacia quienes hacían lo que ellos hubieran deseado y no osaban, muchos por frivolidad. Sin esos numerosos amigos y cómplices más o menos encubiertos, el terrorismo podría haber sido aislado eficazmente a tiempo, y España haberse evitado muchos males.

Y hoy la historia se repite. Creo del mayor interés repasar estos precedentes, porque solemos tener mala memoria histórica, lo cual nos impide aprender de la experiencia y nos lleva a repetir constantemente los errores. El reto que nos plantea ahora mismo el terrorismo nacionalista vasco, que probablemente se aliará, si no lo ha hecho ya, con el islámico, y goza de la “comprensión” del PNV y del nacionalismo catalán, y de la actitud ambigua del PSOE de Zapatero, va a exigir una gran claridad de ideas, un gran tesón y una gran firmeza, si no queremos que nuestra libertad vuelva a hundirse por tercera vez en menos de un siglo.

TRECE EXPLOSIONES SUCESIVAS
Masacre de ETA: 186 muertos y un millar de heridos en Madrid
No hubo aviso previo. Casi de forma simultánea, poco antes de las ocho de la mañana, se produjeron hasta trece explosiones de bombas colocadas en cuatro trenes de cercanías que llegaban a las estaciones de Atocha, Santa Eugenia y El Pozo del Tío Raimundo. ETA buscaba provocar una masacre y lo ha conseguido. Ya hay al menos 186 víctimas mortales y más de mil heridos.
Libertad Digital    11 Marzo 2004

La cifra de muertos asciende a 186 y la de heridos superaba los mil, según los equipos judiciales desplazados a los lugares de los atentados. Así lo indicaron a Efe fuentes de la Audiencia Nacional, que están reforzados por efectivos de los juzgados de Instrucción de Madrid.

Los terroristas colocaron 13 mochilas llenas de explosivo "titadine" en vagones de cuatro trenes de cercanías del madrileño corredor de Henares, correspondiente a la línea C-2, que une Madrid y Guadalajara.

El presidente del Gobierno, José María Aznar, compareció a las 14:45 h. de la tarde. Dijo que el 11 de marzo "ya tiene su lugar en la historia de la infamia" y añadió que "no olvidaremos" de lo ocurrido en esta fecha. Elogió las muestras de solidaridad de los ciudadanos y la labor de las fuerzas de seguridad y de los servicios sanitarios. "Los terroristas han pretendido provocar todo el daño posible. Se trata de un ataque masivo. Han matado a muchas personas por el hecho de ser españoles", recordó Aznar.

Acebes y la intoxicación de Otegi
Una hora antes, el ministro, Ángel Acebes, fue el encargado de dar los detalles sobre los atentados. Según explicó, se produjeron trece explosiones –incluidas tres bombas-trampa que fueron detonadas por la Policía– a partir de las 7:39 h. de la mañana. Eran mochilas-bomba con 15 kilos de titadine cada una, el explosivo que usa ETA habitualmente, según Interior. La Policía busca a dos individuos que habrían subido y bajado de varios trenes en la estación de cercanías de Alcalá de Henares entre las 7:00 y las 7:10 h. de la mañana. (Investigación)

El ministro Acebes ha dejado claro que los autores de la masacre han sido los terroristas de ETA y ha llamado "miserable" a Arnaldo Otegi por intentar "intoxicar", desviando la atención de los asesinos etarras. El portavoz de Batasuna-ETA había intentado trasladar la culpa a "la resistencia árabe" y el diario Gara incluso informó de que el Ministerio del Interior había recibido una llamada reivindicando el atentado por parte de terroristas islámicos. Interior ha desmentido categóricamente esta información de Gara.

Listado de heridos en la web de Interior
Los cuerpos de las víctimas se están trasladando al pabellón VI de IFEMA, en el Parque Ferial Juan Carlos I. Los heridos fueron trasladados en ambulancias, autobuses, coches de policía y particulares, a los principales hospitales de Madrid. Poco después se involucraron el resto de centros sanitarios públicos de la capital y algunos de poblaciones cercanas, como Guadalajara, debido al elevado número de víctimas.

El Ministerio del Interior ha publicado en su página de Internet una lista provisional con los nombres de los heridos y los hospitales en los que permanecen ingresados. 

PP-PSOE
Elecciones estratégicas
GEES Libertad Digital  11 Marzo 2004

Las próximas elecciones generales del domingo no son inocuas para el futuro de España en el mundo: por un lado, la victoria del Partido Popular garantiza una continuidad en el fondo, aunque Rajoy sea distinto de Aznar en las formas, mientras que una hipotética victoria de Zapatero plantea un corte radical con cuanto se ha hecho en los últimos años.

El PSOE parte de una doble premisa falsa: que estar cerca de los Estados Unidos es malo para los intereses de España y que la única relación sensata con Washington sólo es posible desde la paridad y la igualdad estratégica. Su premisa es falsa en primer lugar porque España no sólo no ha pagado ningún coste por estar cerca Aznar de George W. Bush, sino todo lo contrario. Hoy somos capaces de parar los pies a Francia cuando así nos interesa en el seno de la UE, podemos aliarnos con el Reino Unido y otros socios para el desarrollo de la agenda de Lisboa y en Washington se descuelga el teléfono cuando llamamos, tanto para hablar de Venezuela como de Marruecos o el Oriente Medio. Lejos de ser vistos como una potencia mediocre, sin posición y meramente seguidista, a España se la considera una nación con criterio y que defiende sus intereses.

Pero también es falsa su segunda parte: no es posible igualarse a Estados Unidos. Para bien o para mal vivimos en una era unipolar y nada hace pensar que esa situación vaya a cambiar a corto plazo. Washington tiene la capacidad, la voluntad y la visión para determinar la agenda internacional de los próximos años y nadie en el mundo cuenta con los recursos para modificar esto. Cuando los socialistas haban de una Europa de más de 400 millones, con una participación en el comercio mundial igual a la de América tienden a olvidar que la noción de Norteamérica desdibuja el hecho de que los Estados Unidos son una única nación, mientras que nosotros los europeos seguimos siendo más de 30 y que, a diferencia de lo normal en la teoría de conjuntos, el todo aquí es inferior a la suma de las partes. Si no, ¿cómo explicar que la UE esté discutiendo tener una fuerza de 15 mil efectivos lista en el 2007, cuando Londres envió 45 mil a Irak el pasado año?

A lo que aspiran los dirigentes del PSOE no es a una independencia nacional española, sino a sustituir una relación privilegiada con Washington por una dependencia histórica de Francia. Es verdad que los “afrancesados” han sido vistos en nuestra peculiar historia nacional como elementos progresistas –de modernización en el XIX y democráticos bajo Franco-, pero Francia ya no representa ni la bandera de la libertad ni la del progreso, sino más bien todo lo contrario. Francia sucumbe a sus estructuras burocráticas, estatistas y arcaicas. No hace falta comulgar con la división de Rumsfeld entre la vieja y la nueva Europa para darse cuenta de que el juego en nuestro continente ha mutado profundamente en el último quinquenio.

En ese sentido, la España de Aznar ha experimentado dos fenómenos concomitantes: por un lado, ha hecho sus deberes domésticos y hoy goza de un dinamismo que ya quisieran para sí nuestros vecinos más próximos; por otro, se ha ido colocando en un puesto más visible y responsable frente a los retos internacionales. Y ambas cosas juntas han permito adentrarse con valor y eficacia en el mundo de la globalización. España no sólo ha aumentado de talla de camiseta, sino que ahora debe vestirse con una ropa no sólo más grande sino de mayor calidad. Porque estamos en otro club, en otro nivel. Y eso parece darles miedo a los responsables del PSOE.

En la hipótesis de que los socialistas llegaran al poder en estas elecciones, las opciones estratégicas de España no variarían, porque en gran medida no dependen de nosotros, sino de fenómenos globales que no podemos controlar (como el terrorismo o los propios Estados Unidos), pero la forma de encararlas sí sería muy distinta. Escuchando a los socialistas vuelve la España del olivar, volcada sobre nosotros mismos y la España romántica, aquella que quiere hacer el bien sembrando de limosnas el mundo a costa de nuestro propio progreso. Zapatero quiere vivir en el país de las maravillas, como Alicia, pero la realidad es que vivimos en un mundo que todavía se parece más a la jungla. Lo malo de sus propuestas es que nos van a comer a nosotros primero.     GEES: Grupo de Estudios Estratégicos

La campaña de los cómicos
Una culta patada en los genitales
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  11 Marzo 2004

Ese ataque íntimo que Almodóvar promete al PP, a sus seiscientos mil militantes y a sus diez millones de votantes, debería hacernos reflexionar. Ya sé que la reflexión no parece lo más apropiado ante una patada en los genitales. Lo suyo sería pararla y devolvérsela con doblete a los agresores, parias de la tierra que cobran centenares de veces más que usted, lector, y que yo, modesto columnista. A diferencia de nosotros, que sobrevivimos porque hay quien requiere nuestros servicios, la mayoría de ellos serían inviables sin subvenciones. Los demás, a aguantarse y a pagar. El privilegio se explica porque los que están a punto de patearnos desde la cultura, contribuyen decisivamente a la civilización. Nosotros, no. Ni con bufetes de abogados, ni con bares, ni con ferreterías, ni con nada. Ni siquiera con libros, que no son cultura.

La mayoría de obras que dirigen e interpretan los antibelicistas que acaban de denunciar a Aznar en la Haya pintándolo como un comeniños, son el resultado de una peculiar suma. Se escoge el guión de un analfabeto funcional cargado de prejuicios e incapaz de construir un personaje y contar una historia suspendiendo la incredulidad (aquí ellos no me siguen porque no han leído a Coleridge y se creen que Borges es una marca de aceite). Se pone un director que ni siquiera sería recibido por la secretaria del ayudante del adjunto del gerente interino de una productora de verdad, americana (de las que esperan que la gente vaya a ver sus películas voluntariamente). En el reparto, unos cuantos abajofirmantes profesionales (salvo que se trate de condenar a la ETA), para que sobreactúen, blasfemen, jadeen y, a poder ser, defequen. Como título, un solecismo y... ¡zas! ¡subvención! No habría ningún problema con sus bodrios si no mediara el sablazo y no se subieran al atalaya de la ética cada dos por tres.

Los diecisiete millones de trabajadores de la próspera España de principios del siglo XXI, sin aspavientos, se comportan a diario con más ética que los opulentos perdonavidas que en rueda de prensa han entrado en campaña, han denunciado al presidente del gobierno en campaña y van a difundir propaganda electoral en campaña. Lo ve hasta TV3, que no emitirá su mensaje político antes del 14 M.

Almodóvar ha descrito exactamente el sentido podogenital de todo esto, no hay que llamarse a engaño. Y ahora que ya hemos reflexionado, ¿qué mejor que devolverles la patada en la entrepierna que más les duele (supongo), y dejamos de una vez, de verdad, sus salas vacías? A ver si así los buenos profesionales del sector les ponen las pilas a estos altaneros succionadores del erario, endiosados, parásitos y exhibicionistas. Lo digo sin acritud, como decía el otro.

Zapatero y el terrorista
Ojos que no ven
Cristina Losada Libertad Digital  11 Marzo 2004

ZP es un par de ojos. Su dueño no debería haber permitido que se los alabaran. Pero él sonreía cuando le daban voces de ¡guapo! y ¡qué ojos!, voces que cuando son femeninas nos producen a algunas cierta vergüenza ajena, y finalmente ha hecho de los ojos un valor político y electoral. Hay que reconocer que algo avanzamos desde los tiempos en que a Felipe se le pedía un hijo a gritos. Algo, no mucho. Yo me encuentro los ojos de ZP cada vez que abro mi servidor de internet, en una foto perfecta que elimina los defectos más visibles, a saber, la frente dilatada y la barbilla huidiza. Los ojos, que suele llevar algo desorbitados, aparecen ahí en su justa medida. Pero, ¿le sirven para algo?

Zapatero dijo que si viera con esos ojos al terrorista Antxon por la calle, no le miraría a la cara. Hubo muchos chistes porque Rajoy declaró, en la misma entrevista, que él compraba el “Marca”, cosa que le ha servido para resolver más de un mitin a los candidatos socialistas aquí y allá. Pero aquella respuesta de ZP, que acaba de recordar y empeorar Carmen Chacón, es mucho más preocupante. Lo de menos es que Antxon esté o no esté buscado por la policía. Lo inquietante es que un español, aspirante a presidente del gobierno para más, al imaginarse ante un capo de la banda que asesina, amenaza y destruye vidas y libertades, en lugar de plantarle una mirada de basilisco, vaya y aparte la vista.

Sin duda quiso que fuera gesto de desprecio, pero revela debilidad. Guarda similitud con ese “mirar para otro lado” que define la infausta actitud que tanto ha contribuido a reforzar el poder del terror. Se desvía la mirada porque uno no aprueba lo que ve, pero tampoco se atreve a desaprobarlo del todo. El individuo no quiere tomar postura y opta por no mirar la realidad que lo pone entre la espada y la pared. Unos por miedo, otros porque encuentran cierta justificación a los actos de violencia, los que apartan la mirada no han hecho sino darles ínfulas a los asesinos de ETA y sus cómplices (y primos de otros lares) para que se comporten con la chulería y la brutalidad de las bandas nazis. Si a los matones no se les hace frente, y hay que empezar por mirarles a la cara, se crecen y se comen el mundo. Cualquier chaval lo sabe.

A pesar de su aspecto de mosquita muerta, ZP ha demostrado que tiene garras. No estamos ante un líder que no sepa lo que es la confrontación y que rehuya el cuerpo a cuerpo con el adversario. Con el PP lo ha buscado muchas veces. Es más, cuando ha pedido un debate pre-electoral con Rajoy y éste no quiso, declaró: “No se atreve a un debate público conmigo porque no podría aguantar mirarme a los ojos si le pregunto dónde están las armas de destrucción masiva”.

Zapatero sabe lo que significa mirar a los ojos. Pero no se le ocurre hacer ese gesto, que haría frente a Rajoy, ante un jefe de la banda etarra. Fue un error, pero los errores muestran de qué pie cojea uno. Zapatero no debería cojear del mismo pie que tantos miembros del elenco “progresista”, que apartan la mirada de la realidad del terrorismo, quieren evitar la confrontación y confían en el diálogo. Bueno, eso con ciertos terrorismos. Si la ETA fuera de declarada filiación neonazi, los dialogantes de hoy pedirían palo y sólo palo. Y hasta puede que ZP, si se topara en la calle con uno de sus jefes, le dijera algo fuerte a la cara.

A QUÉ LLAMAMOS ESPAÑA
Por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZARCatedrático de Historia ContemporáneaUniversidad de Deusto ABC 11 Marzo 2004

ES la historia inevitable de estos días. Por las calles y los mentideros de Madrid, por el mitín y la prensa de Barcelona, por Bilbao y La Coruña y un poco por toda España, circula a estas horas un murmullo en tono misterioso: que el espíritu de José Antonio Primo de Rivera se ha estado paseando, patriotismo constitucional mediante, por las estancias de La Moncloa, que la situación de España es penosísima, que la libertad de expresión va muy mal, tan mal que de ganar la derecha las elecciones daría comienzo el desguace final de la democracia y España seguiría rumbo hacia una dictadura uniformista, centralizadora y clerical. La estrategia, señalada en sus términos más descarnados, descansa en la creación de un panorama de crispación ciudadana de la que se hace responsable a su víctima principal, que es el partido en el gobierno.

Los archiveros del ocaso, celuloide en mano, alzan sus voces guerracivilistas, asumen lemas trasnochados, descongelan fantasmas que habían permanecido en el frigorífico durante décadas y tratan de recluir a sus adversarios en el espacio del neofranquismo. Lo grave de este coro sustancialmente monótono, que canta más o menos la misma canción y no permite que se la ponga en entredicho, no sólo descansa en los rencores atávicos que despierta sino, sobre todo, en la imagen negativa que proyectan de una democracia y una Constitución que ya están lo suficientemente asaeteadas por los nacionalismos periféricos. Eso de que la izquierda se aficione a jugar a los grises en la España actual es peor que un infantilismo: es senilidad incurable. Lanzar al aire la asociación entre la gestión de Aznar y un supuesto retorno a la España de Franco crea, además, un ritmo de deslegitimación del adversario político que deteriora la esencia misma de la democracia, pues ésta consiste en el continuo esfuerzo, que no llega nunca a conclusiones definitivas, de distinguir entre posiciones contrapuestas, incluso duramente contrapuestas, pero con el mismo derecho a expresarse y enfrentarse libremente, y posiciones que, necesariamente, no hay otro remedio que excluir de ese diálogo y esa confrontación libres -léase aquí juglares de la barbarie terrorista.

Es cierto que, en todo debate político, suele construirse una imagen del oponente que favorezca la propia posición. Es cierto que, en plena campaña electoral, pueden producirse deformaciones interesadas, pero lo que no debería ocurrir nunca es esa malformación que sitúa al adversario político fuera del ámbito que ha elegido, en el que es visto por una parte muy abundante de la ciudadanía y que, además, le corresponde por sus propias propuestas programáticas y por sus referencias ideológicas. La confrontación de los proyectos políticos puede ser de extraordinaria dureza -¿o no lo era, por ejemplo, la que separaba a los laboristas de los conservadores británicos en los años ochenta?-, pero no estamos hablando de eso, sino de una colocación del adversario fuera de los límites de la democracia.

Cuando se dice que PNV y Ezquerra Republicana buscan salirse de la Constitución y hacer de España una nueva versión del Imperio Austrohúngaro referéndum en mano, no se hace más que subrayar lo que estos partidos plantean abiertamente ante sus militantes y electores, que creen con la boca abierta todas las bucólicas historias que les predicaron Prat de la Riba y Sabino Arana en sus años fogosos y en las quimeras mágicas que ahora les pinta el verbo desenfrenado de Ibarretxe y Carod Rovira. Cuando, sin embargo, se dice que el Partido Popular es por sus orígenes, orientación política, talante, estilo y referentes internacionales un partido de extrema derecha, no sólo se está falseando la realidad, sino que se está poniendo en grave riesgo la salud política de España. Ver las elecciones como un plebiscito sobre la democracia o convertir a los votantes del Partido Popular en ciudadanos contrarios a las libertades debería servir para desautorizar a determinados ámbitos intelectuales tan dados a esos desahogos y para manifestar el deterioro de la política, que permite que el único partido que defiende el régimen constitucional en su integridad sea presentado, a todos los efectos, como un partido antidemócrata y antisistema.

El equívoco deriva, en el fondo, del falso debate entre los defensores del Estado autonómico y los defensores de la España plural; de confundir nacionalismo con diversidad; de esa creciente tendencia a desprestigiar el Estado contraponiendo por un lado los localismos de la periferia y por otro y, sobre todo, el gobierno central, de donde proceden todos los males. Se podía esperar de la izquierda que plantease problemas reales, que ofreciese nuevas perspectivas sociales, que reivindicase el valor primario del laicismo como libertad ante la manía de idolatrar o desacralizar, pero nuestros izquierdistas siguen a vueltas con la matemática regional, tratando de demostrar lo progresista que resulta eso de que cada una de las grandes autonomías amplíe sus competencias a voluntad, sin preocuparse de lo que pueda quedar de Estado una vez que regionalistas y nacionalistas se sientan, al fin, cómodos.

Lo paradójico de todo esto es que la defensa de la España plural sólo puede realizarse desde el marco autonómico y no desde la retórica de los localismos que desean su disolución de forma cada vez más visceral y furibunda; desde la vindicación de la Constitución, que es el lugar en el que la ciudadanía se reconoce a sí misma como conjunto, donde halla un paisaje cívico y el individuo de carne y hueso puede cultivar libre y personalmente sus sentimientos, sus valores calientes, y no desde la cerrazón particularista. Los nacionalistas catalanes y vascos, que dicen defender una España plural no hacen tal cosa, como bien se demuestra en su obsesiva referencia al difuso Estado español o su condescendiente propuesta de hacer encajar los valores absolutos de Cataluña y Euskadi en esa fantasía clerical, desposeída de pueblo, a la que, según parece, los franquistas de nuevo cuño llaman España. Los nacionalistas de la periferia, que pueden estar muy satisfechos de haber hallado en los partidos de izquierda unos aliados sumisos y bien dispuestos a identificar descentralización con progreso y libertad, no defienden ninguna España plural por el mero hecho de que nadie puede defender algo en lo que no se cree o que se considera inexistente. En realidad defienden algo muy distinto a la pluralidad: la absolutización de identidades radicales y homogéneas. De ahí que toda esa diversidad que exigen a los gobiernos de Madrid la esquiven rápidamente cuando alguien la propone en las Comunidades Autónomas donde gobiernan y donde el uniformismo que se está creando sería declarado una agresión al derecho común de las gentes si se impusiera como manera de organizar la cultura española. Difícilmente puede existir una España plural, si no es plural en cada una de las zonas que la constituyen

La diversidad es un bien frágil. Si se absolutiza se convierte en frontera y negación. La diversidad no se define con palabras altisonantes ni cantando a coro un himno nacional. La diversidad, vivida espontáneamente, con naturalidad, no necesita de arsenales. Es como la libertad que baja hasta los individuos concretos, que está en sus casas, en sus vidas diarias, estimulándolos para que se desarrollen plenamente y para que levanten la voz contra la intolerancia y la injusticia. La diversidad de España nada tiene que ver con la obsesión por la propia identidad de nuestros nacionalistas periféricos o el delirio descentralizador al que parece abocada nuestra izquierda. Lo esencial, lo que define la idea de la España plural es que a todos nos anime el firme propósito de estar juntos en un proyecto común que nos permita superar las exigencias telúricas y reivindicar los valores fríos de la democracia. Sugerir que los defensores de esta España son los responsables de las tragedias del pasado o fascistas emboscados puede servir para sugestionarse uno mismo, y caer en el lenguaje de la melancolía. En el fondo no es más que un signo de la calamitosa ineptitud para mirar la realidad, aceptarla tal como es, y negarse a envejecer en los estrechos vaqueros del 68.

Jerarquía de urgencias
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 11 Marzo 2004

ENTIENDO que el terrorismo no sólo representa una amenaza para aquéllos que lo sufren directamente sino para toda la democracia española, que es la única que en Europa, quizás por excesivamente garantista y generosa, convive con esa rémora y -más insultante, si cabe- con sus democráticos albaceas empecinados en llegar al poder a cualquier precio. Ahora bien, le molesta mucho a la oposición, tanto a la oficialmente política como a la oficiosamente periodística, el énfasis que ponen el Gobierno y el PP en denunciar y combatir el terrorismo. Aducen que mayores problemas padece España, y compendian de ello una larga lista. Desde el coste de la vivienda (culpa del PP tanto aquí como en Londres), pasando por el paro (que no existía hace ocho años), el accidente del Yak-42 (porque los ucranianos son tan malos pilotos que los contratan para apagar incendios incluso en las autonomías gobernadas por el PSOE), la guerra de Irak (a la que España no envió ni un soldado a combatir), las malas relaciones con Europa (por no aceptar ya una Constitución hermosísima, en technicolor y pantalla panorámica, y no lustrarles con mayor brío las botas a los mandamases), la seguridad ciudadana y la delincuencia (que no se ve en el resto de Europa), demografía y pensiones (que están garantizadas por veinte años), la inmigración (por no darle a cada recién llegado un puesto de trabajo, una casa y tres novias), el Plan Hidrológico Nacional (preferible es llevar el agua a Barcelona desde el Ródano aunque reciba los residuos de seis -¡sí, seis!- centrales nucleares) y hasta si a la Parrala le gusta el vino o si los gays deben casarse de calle o de largo.

Pero en todo ese minucioso compendio lo único que está claro es que aun siendo cierto que hay muchas cuestiones en las que el PP debe ganarse la credibilidad, no lo es menos que en otras la oposición la ha perdido completamente. Y al hablar de la oposición no me refiero solamente al principal de sus partidos sino también al núcleo duro de su plataforma mediática, que en prensa y radio ha descendido a un nivel tal de sectarismo rasante que únicamente siendo descerebrado seguidor pueden tomarse por argumentos sus inconmensurables ruedas de molino. Todos los problemas reseñados, y otros incluso más acuciantes e intensos, los viven las demás democracias europeas, pero es en España donde el terrorismo constituye un problema específico, una sinrazón flagrante, una abyección constante. En la jerarquía de urgencias que afectan al buen funcionamiento de España hay que arremeter sin piedad contra una izquierda que, arropada en el confort moral, gesta sus traiciones so capa de consenso y diálogo a todos los niveles entre los que no cabe olvidar los muy recientes con el nacionalismo xenófobo y antiespañol que representa ERC. Porque no es humo de pajas que en plena campaña electoral Savater haya tenido que cancelar un acto académico en la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona por las presiones de los radicales afiliados a la Coordinadora d'Estudiants dels Països Catalans.

A muchos nos causa inquietud, además de pena y asco, la falta de arrojo moral ante el terrorismo que, por supuesto, algunos pretenden subsanar con meras condenaciones retóricas... pero ampliamente compensadas con descarada oposición a la panoplia de medidas legales, y eficacísimas, desarrolladas desde el Gobierno del PP. Cae muy lejos de mi intención una crítica detallada de la irresponsabilidad en la que con más frecuencia de la deseable incurre la oposición; no obstante, si en la jerarquía de urgencias predomina resolver, antes que el problema del terrorismo, el paro, la carestía de la vivienda, o la seguridad ciudadana, mejor sería volver al franquismo, porque en esa época se consiguió el pleno empleo, la vivienda estaba barata y se podía dejar la puerta de casa abierta sin que entraran a robar.

Campaña intelectual
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  11 Marzo 2004

Trescientos escritores y artistas, que son la crema de la intelectualidad, han firmado un manifiesto electoral, 'Cambio de rumbo'. Primera inexactitud. Lo que piden en realidad es un cambio de tripulación: «que se constituya un nuevo Gobierno ». Puede que los firmantes acordaran encargar la pieza al más ágrafo de la peña, porque el escrito está cuajado de errores sintácticos, tal como subraya al por menor y con gracia Arcadi Espada en sus 'Diarios 2004' (www. arcadi. espasa.com).

Si empiezan así los intelectuales, cómo extrañarse de que el alcalde popular de Toledo haya brillado con luz propia en el manejo de la analogía tonta: «(la Constitución) no se puede poner en riesgo por el hecho de tener un gobierno en una Comunidad Autónoma.(...) No hay que olvidar que Hitler también ganó unas elecciones y luego hizo lo que hizo». ¿Auschwitz? ¿la guerra? ¿casarse con Eva Braun? ¿suicidarse? Cómo no disculpar la explicación que la candidata socialista Aran-tza Mendizabal daba ayer mismo sobre el lío vasco: «La propaganda del PP ha convertido en incompatibles dos conceptos: Euskadi y España. ( ) El PP ha radicalizado al nacionalismo hasta situarlo en el pacto de Lizarra o en el plan Ibarretxe».

Menos mal que no es catedrática de Historia Contemporánea. No estaría de más que alguien de su partido, más versado, le explicara que el PNV se fue a Lizarra él solito, por su propio pie, en la misma legislatura en la que apoyaba a Aznar en Madrid y que, al iniciar su negociación con ETA, en el verano del 98, todavía era socio del PSE-EE en el Gobierno de Vitoria. Ya en este plan, Pastor ha acusado al PP de ser «corresponsable» de la violencia contra las mujeres. Debe de ser la vertiginosa afición de los deudos del ahorcado a mencionar la soga.

Ya llegará el 15, ya
TONIA ETXARRI El Correo  11 Marzo 2004

No será por falta de constancia. Pero no hay forma de que a los nacionalistas vascos se les haga caso en esta contienda. El lehendakari recurre, incluso, a la metáfora de los tortazos para seguir con su discurso del diálogo hasta el amanecer. Pero, ni caso. Al PP y PSOE sólo les interesa el plan soberanista de 'pasadilla' , para esta campaña y le vienen a decir a Ibarretxe, con su descarte del debate electoral, que aguarde su turno.

Que si hay que arremeter contra los nacionalistas excluyentes, el primo Carod les da más carnaza y les enfrenta directamente, al partido del gobierno popular y al socialista que aspira a la alternancia, en una bronca de la que por cierto se escurre Zapatero. Por mucho que se haya metido el delegado del Gobierno Carlos Urquijo en el barrizal del histórico término de Euskal Herria en una jugada torpe que sólo ha provocado dar un minuto de gloria a la consejera de Educación del Gobierno vasco, el epicentro está en otro lugar. Más concreto estuvo el socialista Huertas hablando de su pensión, y la de todos, para dejar claro que ese sistema sólo lo garantiza el Estado y lo demás son aventuras. Pero la gran confrontación deja arrinconado al PNV, y no digamos a EA.

Y los ilegalizados de Batasuna se están quedando tan marginados que se han dado una vueltecita por Ginebra para hablar de la violación de derechos humanos. Ironías de la política vasca. Pero como toda campaña acaba, ya llegará el día 15, ya. Eso piensan en Sabin Etxea. Y para entonces, y después de que Egibar haya tomado nota de los resultados, empieza el debate en el Parlamento de las enmiendas a la totalidad del PP y PSE contra el plan Ibarretxe, que es lo único, de lo más, que le preocupa el Gobierno vasco.

En la Universidad
Cartas al Director ABC 11 Marzo 2004

La presión a la que estamos sometidos los simpatizantes del PP en algunas universidades alcanza niveles insospechados. La propia Universidad, que debiera ser la panacea de la tolerancia y la libertad ideológica, es, en mi caso, un lugar hostil, donde mis ideas se ven atacadas, reprimidas. Domina por tanto la tiranía de la izquierda. Una izquierda que boicotea actos, que insulta a los que piensan diferente, que incluso llega a agredir a quienes creemos que es posible un país libre, seguro y próspero. Es la izquierda que se hace llamar tolerante, democrática, depositaria y defensora de los derechos fundamentales, es aquélla que pacta con amigos del terrorismo y que dice tener un modelo de gobierno justo, plural e integrador.     Saturnino Martínez Verdú. Madrid.

Urquijo denuncia al Gobierno vasco por «adoctrinar» en el nacionalismo
J. J. SALDAÑA  ABC 11 Marzo 2004

VITORIA. Entre acusaciones de «inquisidor» y «odio feroz» a lo vasco por parte del Ejecutivo de Ibarretxe, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Carlos Urquijo, hizo público un estudio sobre algunos libros de texto en las escuelas vascas, cuyos contenidos «no respetan la legalidad» y tratan de «adoctrinar en clave nacionalista» a niños de entre 6 y 12 años.

Para Urquijo, se trata de unos hechos «muy graves» que, según manifestó, no está dispuesto a dejar pasar «porque estemos en campaña electoral». Se trata de «hacer cumplir la ley», subrayó. El delegado del Gobierno salió así al paso de las acusaciones de la consejera de Educación, Ánjeles Iztueta, que, además de tachar su queja de «electoralista», replicó que el Ejecutivo autonómico mantendrá el término de «Euskal Herria», porque, según argumentó, no es sólo un término histórico que existe como «concepto político», sino que «también es científico». En esta línea, Iztueta anunció que harán «oídos sordos» al requerimiento formulado por Urquijo a Ibarretxe al que el pasado 25 de febrero le dio un mes de plazo para retirar estos libros «que no respetan el marco jurídico y se falsifica la historia» para ajustarse a los términos del ideario nacionalista, «y que los mitos y deseos sustituyan a la realidad».

Informe en la abogacía del Estado
Ante la postura de Iztueta -que se mostró también ofendida por la decisión de Urquijo de enviar a la Alta Inspección de Educación a visitar el colegio vizcaíno Velázquez de Basuari por no impartir enseñanza en castellano-, éste anunció que pondrá el informe en manos de la Abogacía del Estado «para que presente el recurso pertinente de manera que se reponga la legalidad».

La denuncia del delegado del Gobierno se ciñe a libros de texto de las editoriales Erein, Elkarlanean e Ibaizabal, aprobados por el departamento vasco de Educación en los que el referente es una mítica «Euskal Herria» sin contexto en España e integrada por siete territorios, sin que en los mapas aparezca ninguna separación entre la Comunidad Autónoma Vasca, Navarra y Francia. En función de estos libros, los niños de entre ocho y nueve años, por ejemplo, apenas serían capaces de situar al País Vasco en España, pero sí en Europa o en el mundo: se les enseña, por ejemplo, que «Euskal Herria es un territorio de Europa» , y que «la Península Ibérica está al sur de Euskal Herria» sin llegar a hablar de su pertenencia a España. También se inculca a los niños de entre 10 y 11 años, que el euskera es la lengua de este territorio y que «un pueblo mantiene su identidad mientras conserva su lengua».

Desde el sindicato UGT del País Vasco, Luis Santiso expresó su solidaridad con el delegado del Gobierno y declaró que «está bien que se empiece a velar por los intereses de los ciudadanos», al tiempo que añadió que su sindicato no entendía por qué hasta ahora el Ministerio de Educación «no tomaba cartas en el asunto» en lo referido al País Vasco.

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