AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 13 Marzo 2004
España unida
Editorial La Razón 13 Marzo 2004

IGNORAR A ETA PARA DARLE LA RAZÓN
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 13 Marzo 2004

ESPAÑA CONTRA EL TERROR
Editorial ABC 13 Marzo 2004

El doble objetivo de ETA
Carlos Ruiz Miguel Libertad Digital  13 Marzo 2004

EL MAL
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 13 Marzo 2004

LOS AUTORES
Jaime CAMPMANY ABC 13 Marzo 2004

LAS CERTEZAS MORALES
José Antonio ZARZALEJOS ABC 13 Marzo 2004

Una hermosa lección
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  13 Marzo 2004

Sospechas, especulaciones y datos
Julián Lago La Razón  13 Marzo 2004

La calle y las urnas
Faustino F. Álvarez La Razón  13 Marzo 2004

Una eternidad hasta el 14-M
Lorenzo Contreras La Razón  13 Marzo 2004

Verdugos de la libertad
Matías Antolín La Razón  13 Marzo 2004

Ser madrileños
SANTIAGO GONZÁLEZ  El Correo  13 Marzo 2004

Madrid se quema
David Gistau La Razón  13 Marzo 2004

No seguir su juego
Cartas al Director El Correo  13 Marzo 2004

Ramón Armengol: «Desde el 11-S existen contactos entre ETA y otros grupos terroristas»
Carmen Gurruchaga La Razón  13 Marzo 2004

Sangre, dolor y lágrimas
M. J. ÁLVAREZ ABC 13 Marzo 2004

Histórica marcha en Madrid
J. Romero / D. Mazón La Razón  13 Marzo 2004

Más de un millón de gallegos claman contra el terrorismo en las calles
Redacción La Voz  13 Marzo 2004

Maragall rechaza pagar un pasaje a tres víctimas del terrorismo
J. Aguilar La Razón  13 Marzo 2004
 

España unida
Editorial La Razón 13 Marzo 2004

La comparecencia, ayer, del presidente del Gobierno, José María Aznar, no sirvió para que los ciudadanos conozcamos quién ordenó y quién llevó a cabo la matanza del jueves en Madrid. El Gobierno afirma que, en estos momentos, no puede descartar ni la implicación de la banda ETA en este atentado, ni que los autores de los asesinatos pudieran ser extremistas de origen islámico, pertenecientes o no a la red de Al Qaida. Según eso, lo que hoy parece más conveniente es dejar trabajar en libertad a las Fuerzas de Seguridad del Estado y, en lugar de enredarse aún más en la madeja creciente de rumores y medias tintas, no perder la perspectiva que supone la brutalidad del ataque sufrido por los españoles. Y es que, al margen por completo de posibles interpretaciones o utilizaciones torticeras de hechos tan brutales que han conmocionado a todo el mundo, si es ETA quien superó el jueves todas sus marcas de vesania, ello no haría en modo alguno buenos a los terroristas de Al Qaida. Si los islamistas no han atentado hasta ahora en España ello no les hace menos asesinos ni su actitud merece un desprecio menor.

Historial sangriento
Y lo mismo ocurre en caso contrario: si ETA no tuvo parte en la masacre, tampoco su organización criminal dejaría de serlo un ápice, pues conviene recordar sus planes frustrados por la Policía, y que llevaba sus mochilas bomba repletas con la sangre de un millar de víctimas inocentes que sólo querían vivir en paz y en libertad. Y es que es innegable que, en la España de hoy, donde un individuo como Otegui goza de la seguridad jurídica y la libertad sobrada para moverse a su antojo y permanecer en su escaño pese la ilegalización de su grupo, o dos etarras son puestos en libertad porque el imperio del Estado de Derecho les permite beneficiarse de errores en su proceso, el terrorismo carece de cualquier tipo, no ya de justificación, sino de simple explicación. Lo cierto es que todos los terrorismos carecen de justificación y, como sabemos hasta la saciedad desde el 11-S, coinciden en el asesinato de inocentes con matanzas indiscriminadas. Hemos insistido en estas páginas que aquel día terrible cambió el mundo y estamos desde entonces implicados en una subterránea guerra mundial de la que nadie puede considerarse neutral o creerse a salvo.

Manipulación electoral
Pero sería absurdo ignorar que este tipo de criminales mata simplemente por el placer de asesinar y que no busca dividir a los pueblos, doblegar sus voluntades por medio del terror y la siembra de la discordia. Por eso los atentados se han producido intencionadamente en plena campaña electoral, porque es evidente que de alguna forma buscan romper la tranquilidad democrática e incidir con su baño de sangre en la intención de voto de los españoles. Éste es el motivo de que hoy, más que nunca, resulte imprescindible mantener la serenidad, tal y como han reflejado, con magnífica exhibición de talante democrático, las últimas intervenciones de los candidatos del PP, y del PSOE, manteniéndose al margen de la tentación de servirse de esta desgracia como arma electoral, que sería tanto como dar una baza los terroristas en su sangriento intento de alterar los resultados de las elecciones generales de este domingo.

Respuesta del pueblo español
ETA, Al Qaida, o quien haya sido el bárbaro que ordenó la matanza, encontró una justa respuesta el mismo jueves, en la extraordinaria solidaridad, en el comportamiento, ejemplar y digno de la mayor de las admiraciones, de los españoles unidos ante una desgracia de dimensiones tan tremendas como la que nos ha tocado ahora sufrir. Ayer, en todas las ciudades los españoles se reunieron al mediodía, frente a sus centros de trabajo o en la misma calle, para recordar a las víctimas y hacer ver los terroristas que nada podrán contra nosotros. Y ya por la tarde, en impresionantes manifestaciones, pero sobre todo en el corazón de Madrid, el escenario de la masacre, dijimos en voz alta y de forma inconfundible que estamos unidos ente el crimen y dispuestos a todo para defender nuestra libertad, nuestra Constitución y nuestra convivencia, nuestro estilo de vida. Nuestra nación, en suma. Podemos sentirnos orgullosos de haber afrontado con éxito, en estos días de horror, de dolor compartido, un reto para la dignidad nacional.

Serenidad frente al terrorismo
Somos, como han recordado estos días tanto El Rey como el presidente del Gobierno y los principales líderes de los grandes partidos políticos, una gran nación, uno de los mejores países del mundo, que también en la desgracia es capaz de mantener la unidad y la serenidad.
Éstas son nuestras mejores armas para combatir el crimen, las que ayer desfilaron por las calles en una noche desapacible, cansadas de llorar y de sufrir por las víctimas, y las únicas que nunca podrá derrotar al terrorismo. Venga de donde venga.

IGNORAR A ETA PARA DARLE LA RAZÓN
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN Profesor de FilosofíaUniversidad del País Vasco ABC 13 Marzo 2004

LA propensión a subestimar el terrorismo como problema político y cultural es mucho más corriente de lo que algunos están dispuestos a reconocer, y esa subestimación concede a los terroristas resquicios de confianza e impunidad que acaban pagando sus víctimas. No son pocos los que piensan que tratar con ETA no es muy diferente a tratar con un club violento pero básicamente honrado, con el que se pueden cerrar acuerdos provechosos para ambas partes. Terroristas a exterminar son los islámicos, lo demás son «grupos violentos» con los que se puede y debe dialogar. La confusión de la CNN y de la BBC durante la tarde y noche del día 11 reflejaba perfectamente esa ceguera que mal puede llamarse «punto de vista». Dudaban de la responsabilidad etarra y preferían la autoría islámica porque eso resulta más congruente con su identificación de ETA como un «basque separatist group» -violento, pero no terrorista en sentido estricto-, y con la tendencia anglosajona a inflar la amenaza islámica prevista en el modelo conocido como «choque de civilizaciones».

Si la usual incomprensión de lo que significa ETA es tan inadmisible como fácil de comprender cuando asoma en medios de comunicación extranjeros, la cosa toma otro cariz cuando aparece en España. Solamente una mezcla variable de ignorancia o estupidez y mala fe puede justificar que se prefiera a priori la hipótesis islámica frente a la autoría de ETA en la matanza de Madrid. El triple atentado lleva la firma de ETA en el momento y la ciudad elegida, en el modus operandi general y, sobre todo, en los numerosos precedentes de acciones o intentos semejantes, alguno de ellos, por cierto, nunca reivindicados, como la matanza de la Calle del Correo de 1974 o sólo tardía y torticeramente reconocidos, como la de Hipercor. Por si fuera poco, ETA ha contado con tiempo de sobra para un desmentido tajante de su responsabilidad por los medios habituales, y no lo ha hecho.

Anteponer a todo esto la folletinesca aparición de una furgoneta robada con un casette islámico -francamente, sólo faltaba el turbante de Bin Laden- o la veloz reivindicación de dos grupos islamistas diferentes en un periódico islámico de Londres es, cuando menos, una interpretación contra la ley de la probabilidad. Como lo es pretender que ETA no es la autora del crimen porque, de haber querido cometerlo, lo habría hecho mucho antes, como ha proclamado Arnaldo Otegi, ese peculiar altavoz de una banda con la que dice no tener nada que ver aunque le susurra todos sus secretos. Cuando ETA quiera, si llega a querer, el portavoz autorizado de los matarifes explicará sus razones -perfectamente previsibles- para asesinar sin previo aviso a doscientos españoles y asimilados.

La única diferencia de la masacre del 11-M con otras anteriores cometidas por ETA radica en el número de víctimas conseguido. También parece que hay una nueva marca de explosivos, pero parece tonto negar a la banda la capacidad de innovar sus arsenales. Esta masacre no sorprende gran cosa, aunque estremece, a quienes están al corriente de lo que es y persigue ETA. Entre estos últimos no parece contarse el lehendakari Ibarretxe, cuya protesta de que semejantes asesinos no pueden ser vascos revela una manera de pensar particularmente siniestra. Primero, porque mira el crimen por el prisma del nacionalismo étnico, estimando que ningún vasco puede cometer unos crímenes que ETA, plenamente vasca cuando el PNV y EA pactaron en secreto con ella, ha cometido o intentado varias veces. Y segundo, porque degrada a otras víctimas de anteriores salvajadas que, por lo visto, sí que murieron a manos de vascos auténticos con mejores intenciones que éstos.

La hipótesis islámica resulta una bendición inesperada en ciertas especulaciones electorales. Suponiendo que un número suficiente de electores fueran poco más que un conjunto de esclavos de emociones elementales orientadas por la propaganda, su voto podría cambiar en función de la firma atribuida a las bombas. Así, de ser la carnicería obra de ETA, podía beneficiar al partido del gobierno, mientras que la autoría islamista ayudaría a la oposición. En el último caso, los partidarios de Zapatero redoblarían la denuncia contra Aznar por implicarnos en la guerra de Irak, convertida en causa última de la matanza aunque eso signifique, de paso, admitir que el Irak de Sadam y el terrorismo islámico mantenían algún vínculo funcional.

Algunos dicen que el terrorismo es un fenómeno incomprensible y por tanto ajeno a cualquier previsión y explicación lógica, pero lo usan como un instrumento arrojadizo contra sus adversarios políticos, degradados al rango de enemigos irreconciliables. La idea es que el gobierno incita a los locos a cometer locuras, por ejemplo invadiendo Irak o acosando al pobre nacionalismo vasco. Metidos en el dominio de la sospecha paranoica, todo lo que se haga o deje de hacerse queda contaminado por la atribución de intenciones espurias. Es sospechoso tanto que se detenga a los terroristas como que no se consiga detenerlos; se insinúa que jueces y policías actúan a las órdenes del gobierno; se sugiere que personas y grupos perseguidos por ETA inventan un enemigo de papel para vivir del cuento y explotar (crucemos los dedos para que no sea literalmente) una celebridad inmerecida. El artículo de Juan Luis Cebrián publicado en «El País» del 12 de marzo ofrece un acabado ejemplo de esta siembra de la sospecha, denunciando a quienes «han convertido el terrorismo y sus secuelas (sic) en campo de batalla e instrumento a utilizar en la liza por el poder o el protagonismo social». Aunque, como si ello se siguiera de lo anterior, el autor acaba llamando a votar el domingo para cambiar el gobierno actual, oscuro culpable de lo sucedido.

En un Estado democrático es sencillamente imposible impedir todos los intentos de atentado, ni siquiera esta matanza. Si un grupo con medios se empeña, acabará por conseguirla si insiste lo suficiente. Porque dejar en un tren unas mochilas explosivas y hacer mutis es mucho más sencillo que pegar un tiro en la nuca a una persona avisada y protegida. Lo casi milagroso es que esta clase de atentados salvajes se hayan frustrado tantas veces sucesivas. Es verdad que no cabe descartar ninguna autoría distinta a la de ETA hasta que no se detenga a los autores o se acumulen pruebas irrefutables. Pero sería terrible que algo tan improbable absolviera a ETA como grupo terrorista «bueno», que como mucho mata de cuarenta en cuarenta y, por tanto, es digna de estima y diálogo, mientras se denigra a sus víctimas por aprovecharse de la persecución y se acusa al PP de motivar los actos terroristas con errores presuntos o comprobados. De paso, la retorsión de los argumentos para perjudicar al PP y a los grupos cívicos más firmes contra el terrorismo puede convertir a la ETA exonerada de responsabilidad directa en la masacre en una ETA acusada injustamente y, por tanto, con razones de su parte. En ese caso, el 11-M de Madrid serviría para que el terrorismo nacionalista vasco consiguiera un triunfo histórico a costa de la muerte y el sufrimiento de miles de conciudadanos ajenos a la lucha partidista. Y toda esa vileza, claro está, en nombre de una hueca «unidad democrática» sin consecuencia práctica alguna.

ESPAÑA CONTRA EL TERROR
Editorial ABC 13 Marzo 2004

LA sociedad española ha respondido nuevamente con excepcional generosidad al llamamiento del Gobierno para movilizarse contra el terrorismo. Por las calles de las ciudades españolas discurrieron manifestaciones «abrumadoras» de ciudadanos que demostraron tener muy claramente definidas sus prioridades en estos momentos: repudio radical del terrorismo, solidaridad con las víctimas y apoyo a la Constitución. Partidos, sindicatos, instituciones sociales, la Iglesia, todos se unieron para sellar una resistencia invencible frente al terror. Fueron la continuación del sentimiento colectivo de empatía que el mismo día de los atentados llenó España de unidad y fortaleza para superar juntos y en pie la más sangrienta agresión terrorista. El terrorismo puso a prueba a los madrileños y éstos supieron reaccionar de manera ejemplar, volcándose en la donación de sangre, prestando sus vehículos para el traslado de víctimas, no ahorrando una sola muestra de afecto y dolor compartidos. También las instituciones afrontaron la crisis terrorista con una excelente y rápida disposición de recursos materiales y medios humanos. A pesar del inevitable desconcierto inicial, los heridos fueron rápidamente evacuados y derivados a diversos centros hospitalarios, lo que evitó el colapso en su atención inmediata. El registro de fallecidos y heridos, una vez identificados, ha limitado la angustiosa incertidumbre de los familiares sobre el destino de aquéllos. Todos, ciudadanos e instituciones, han hecho posible que la tragedia se viva con la dignidad que distingue a las sociedades fuertes y organizadas. El recuerdo de las víctimas del 11-M será también el de una nación que supo honrarlas y que se demostró a sí misma tener la entereza suficiente para ganar al terrorismo la guerra del desistimiento y la claudicación.

ESTA invocación de la fuerza de la sociedad española, presente ayer en los cientos de miles de españoles que se manifestaron contra el terror, ha sido constante en la también abrumadora reacción internacional, rematada de forma muy significativa con la presencia en la concentración que tuvo lugar en Madrid, de los primeros ministros de Italia, Francia y Portugal, los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Bélgica y Marruecos y del presidente de la Comisión Europea, entre otros líderes y representantes extranjeros. Sólo en Barcelona hubo que lamentar los insultos proferidos por un grupo de radicales contra Rato y Piqué, que se vieron obligados a abandonar la marcha. El rechazo a los atentados caracterizó las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y del Parlamento de Bruselas, el mensaje del presidente de Estados Unidos y la alocución de Su Santidad Juan Pablo II. Este 11-S europeo ha reactivado la solidaridad internacional, demostrando que, por encima de las discrepancias entre Gobiernos por sus políticas exteriores o por sus planteamientos en la seguridad colectiva, la comunidad democrática se siente agredida en su conjunto cuando uno de sus Estados sufre la emboscada del terrorismo. También ellos han tenido muy claras las prioridades del momento.

NUNCA se está suficientemente preparado para una tragedia de la magnitud que tuvo la cadena de atentados del 11-M. Costará mucho tiempo convivir con el hecho irreversible de que, en la capital de España, 200 personas fueron vilmente asesinadas en unos minutos. Pero el terror no puede paralizar a la sociedad, ni a sus instituciones, cuya misión principal en estas circunstancias es dar confianza, soportar el ánimo de los ciudadanos y asumir todas las decisiones que exija el curso de los acontecimientos. El Gobierno de Aznar no ha eludido ninguna de estas responsabilidades. En apenas 36 horas, el jefe del Ejecutivo ha comparecido en dos ocasiones ante los medios de comunicación, y el ministro del Interior, Ángel Acebes, en tres. Sus informaciones a la opinión pública han sido coherentes con la provisionalidad de los datos: realismo y cautela. Cautela porque Acebes ha insistido en que no se descarta la autoría de ninguna organización, asumiendo el riesgo de la incertidumbre. Realismo, porque señalar a ETA como primer sospechoso del atentado múltiple no es ninguna temeridad, sino la constatación de meras obviedades. En España, desde hace más de treinta años, el terrorismo es etarra y su disposición a matar en mayor o menor cantidad no ha dependido de frenos morales sino de análisis coyunturales. La cafetería de la calle Correos, el Hipercor de Barcelona o los cuarteles de Vich, Zaragoza o Santa Pola son la prueba de cargo contra la supuesta «proporcionalidad» de los atentados etarras, cuidadosamente excluyentes de bajas «civiles», según sus apologistas. El que quiera, que compare el crédito del Gobierno de Aznar con el crédito que merece ETA y, bajo su responsabilidad, que decida a quién creer, aun cuando la banda terrorista haya desmentido tardíamente a través de «Gara» -y si el comunicado es auténtico- su responsabilidad en los atentados. No sería la primera vez que ETA esquiva las consecuencias imprevistas de sus atentados ni su supuesto desmentido anula el valor más que indiciario de los planes conocidos de la banda, empeñada en atacar la capital de España desde el tren. Es irresponsable diluir de golpe el recuerdo de la masacre que ETA pretendía causar en Chamartín la pasada Nochebuena y olvidarse de la desesperación de una banda terrorista que había ido de fracaso en fracaso. Sea o no finalmente la autora de los atentados, siempre será una irresponsabilidad pensar que la ferocidad de ETA tiene límites.

El doble objetivo de ETA
Carlos Ruiz Miguel Libertad Digital  13 Marzo 2004

El brutal atentado de ETA del 11 de marzo de 2004 constituye la última oportunidad de ETA de conseguir sus objetivos. Y para conseguir esos objetivos resulta imprescindible derrotar al PP y abrir la posibilidad de un gobierno en el que puedan entrar el partido de Carod Rovira y quienes aún no se han atrevido a confesar que comparten su misma estrategia.

El primer objetivo de ETA ha sido señalado poco después de producirse la masacre: ETA, para poder condicionar las decisiones políticas necesita que España esté aterrorizada. Una vez que el enemigo esté aterrorizado, podrá ofrecer la “paz” a cambio de poner fin al terror. Si los enemigos de ETA dejamos de tenerla miedo, ETA actuará en vano.

Pero hay un segundo objetivo para ETA y sus cómplices. No basta con aterrorizar... hace falta que aquellos sectores políticos más fácilmente aterrorizables estén en el poder. Si estos sectores políticos débiles alcanzaran el poder, el objetivo de la negociación sería más fácil de conseguir.

La infamia del 11-M ha sido diseñada para conseguir los dos objetivos. El primero, el terror, lo ha pretendido conseguir al realizar la acción más salvaje de la historia de España y una de las más crueles de toda Europa: un crimen masivo, indiscriminado y despiadado. El segundo objetivo lo pretende obtener haciendo creer que la autoría del crimen es de un grupo islámico que supuestamente ataca a España por su participación en la lucha contra el terrorismo islamista. Con esta intoxicación pretenden ETA y sus cómplices que el PP pierda las elecciones y alcancen el poder los grupos más “comprensivos” con la negociación con ETA (y lo ocurrido hace unas semanas nos dice quienes se han mostrado tan “comprensivos”). En esta trampa acaba de caer el ministro Acebes en la tarde del 11-M, después de haberla sorteado hábilmente en el mediodía. Hay que decirlo claramente: la existencia de una cinta con versos del Corán grabados es una trampa absolutamente burda que sólo puede ser creída por quienes estén dispuestos a creer cualquier cosa. Cualquiera puede grabar esa cinta para desviar la atención. ETA lo acaba de hacer. Es su enésima mentira. Su enésima trampa. ¿Será la última? La respuesta la tendrán las urnas el 14 de marzo.

EL MAL
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 13 Marzo 2004

LA presencia del mal en estado puro, sin mezcla ni atenuantes, aterra. No podemos comprenderlo y, renegando del mundo, podemos llegar a interpelar a Dios y a su aparente silencio. Y, sin embargo, no es un misterio. El mal nace de los avatares del albedrío humano, de su uso perverso. Pues si no hubiera posibilidad de obrar mal, tampoco la habría de obrar bien. El bien y el mal se necesitan como el anverso y el reverso de la moral. Si no fueran posibles los terroristas, tampoco lo sería Teresa de Calcuta. Un autómata no puede ser malo, pero tampoco bueno. Aún así, nos espanta y sobrecoge la humanidad ausente en los terroristas. Los terroristas son los hombres sin atributos. Aristóteles escribió que «para descubrir qué es natural, hemos de estudiar los seres que se mantienen fieles a su naturaleza y no aquellos que han sido corrompidos». Entre estos últimos se encuentran, sin duda, los terroristas. Pueden ser ellos redimidos de su mal, pero éste pervivirá toda la eternidad. El perdón es infinito, pero no puede impedir que lo que sucedió deje de haber sucedido. Toda ignominia como toda bondad son eternas. Acaso el infierno consista en la imperecedera conciencia del mal que hemos cometido.

Ante el horror que los perversos sembraron en Madrid es fácil sucumbir al desánimo y pensar que tanto sufrimiento es absurdo e inútil. Es una idea comprensible, casi natural, pero equivocada. Como afirmó paradójicamente C. S. Lewis, no vivimos en el mejor de los mundos posibles, pero acaso vivamos en el único posible. Aquellos que no alcancen a creer que el dolor sea un elemento necesario para la redención humana, al menos quizá puedan aceptar que sirve de ocasión para la exhibición de la grandeza del hombre.

DEBEMOS poder seguir viviendo después de Atocha. Sobre la atroz carnicería, se eleva la nobleza de los corazones de miles y miles de personas, acaso habitualmente egoístas y mezquinas, que, ante situaciones límite, son capaces de acciones de una generosidad sublime. Ni la esperanza es absurda, ni el dolor inútil. Los terroristas pueden matar los cuerpos, pero no el heroísmo y la nobleza de las almas.

Quede para mejor ocasión la evaluación política de las reacciones y la determinación de culpabilidades y complicidades. Quede para otra ocasión la crítica a una buena parte de los dirigentes políticos, y de los medios de comunicación y sus profesionales, que no están a la altura de los ciudadanos, como no lo estuvieron en otras horas dolorosas de la historia de España.

PUEDE esperar la denuncia de la rastrera altura de miras de quienes anteponen sus intereses y poltronas a la verdad y la justicia, y de aquellos devotos de un diálogo imposible entre los doscientos muertos y sus matarifes. También puede esperar la crítica de la mezquindad de quienes se aferran a otra hipótesis que la de la autoría de la ETA, como si la banda no fuera capaz de algo así, y acaso pensando que la eventual e improbable autoría islamista podría ser esgrimida contra Aznar y el PP. Como si la masacre madrileña pudiera justificarse por la actitud del Gobierno español en la guerra de Irak. Hay que exigir a los políticos que acierten a escuchar la voz unánime y masiva que ayer proclamó el pueblo español y, acaso también, a que continúen el camino emprendido por el actual Gobierno y desarrollen los mecanismos legales para combatir el terrorismo. El Estado de Derecho tiene límites pero no hemos topado aún con ellos. Ya habrá quizá tiempo. De momento, se trata sólo de atisbar la luz de la esperanza bajo las tinieblas del terror.

LOS AUTORES
Por Jaime CAMPMANY ABC 13 Marzo 2004

CUALQUIER opinión que en este momento se aventure acerca de los autores de la masacre de Madrid tiene por fuerza que ser pura especulación y no certeza indubitable. Pero escuchadas todas las opiniones, también las políticamente interesadas; examinadas todas las circunstancias, y sobre todo analizadas todas las informaciones, incluida la negativa de la Eta, no encuentro sospecha fundada ni indicio vehemente para descargar a la banda etarra de la formidable responsabilidad de esta matanza. Sigo en eso la posición realista y racional del ministro Acebes.

«Necesitamos echar cien muertos sobre la mesa para obligar al Gobierno a negociar con nosotros», vino a decir una simpática caperucita etarra. Y empezaron a fallar atentados, porque ya sabemos que la banda se encuentra acosada, desquiciada, desnortada. Falló sobre todo el intento abortado en Guadalajara con los quinientos kilos de explosivo. Para calcular lo que hubiera sido ese atentado, por fortuna frustrado, basta pensar que los cien kilos de la masacre de los trenes ha producido doscientos muertos y mil heridos.

La Eta necesitaba una matanza de grandes proporciones antes de las urnas de mañana, y ahí la tenemos. Quien primero desvió la atención de la banda etarra hacia un grupo terrorista islámico fue Arnaldo Otegui. Coño, Otegui. Qué casualidad, hombre. Y enseguida comenzó la explotación política de una especie que todavía no tenía visos de noticia. Antes, cuando fueron descubiertos los quinientos kilos de explosivo y se reconoció a los dos etarras que los transportaban, nuestros socialistas predicaron la unión de todas las fuerzas políticas contra el terrorismo y pidieron a gritos que nadie utilizara las acciones etarras con fines partidistas y electoralistas. La consigna de Rubalcaba era: «Que Carod no nos jeringue las elecciones más de lo que ya las tenemos jeringadas».

Pero cuando circuló la noticia de la sospechosa carta publicada en un periódico inglés; cuando apareció la furgoneta con los detonadores y la cinta con versículos del Corán; cuando se encontró en uno de los trenes del atentado una bolsa llena de explosivo que no había estallado, y ahora más, con la llamada de la Eta a «Gara», nuestros socialistas cambian de táctica, y Pepiño Blanco llegó a acusar al Gobierno de ocultar información por interés político. Acusó de ocultar información al mismo ministro que había ofrecido lealmente los datos que sembraban la duda y que obligaban a investigar diversas pistas hasta alcanzar una certeza segura.

Algunos colegas y algunos medios de información se lanzaron con entusiasmo detrás de la versión islámica. Que nos matara el Islam y no la Eta era lo nuevo, lo inesperado, y era, sobre todo, lo que permitía achacar la terrible masacre a una venganza contra Aznar y su Gobierno por el asunto de Iraq. Carod y sus aliados pasaban al olvido y ahí estaba Aznar para recibir los garrotazos de Cristobita. Claro está que hasta ahora, con la investigación sin acabar, todo es posible. Incluso es posible que la verdad me estropee otro artículo mucho más claro que este.

LAS CERTEZAS MORALES
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 13 Marzo 2004

HOY, sábado, a cuarenta y ocho horas del más terrible y letal atentado terrorista sufrido en España y a sólo veinticuatro de la jornada electoral, es el momento de mantener nítidas determinadas certezas sin despreciar -todo lo contrario- algunas dudas. Es una certeza luminosa y definitiva la emergencia pública y explícita de la fibra moral, cívica, de los millones de españoles que ayer -recordando aquel julio de 1997 impreso en la memoria colectiva- se echaron a la calle para estar «con las víctimas, con la Constitución y por la derrota del terrorismo». El depósito ético y democrático de esa arrolladora presencia ciudadana en las calles es el presupuesto ineludible y rotundo de cualquier valoración acerca de lo que, trágicamente, está ocurriendo en nuestro país. Las dudas sobre la autoría de los atentados del 11-M no se han comportado como un factor disuasivo en la motivación popular, expresando así una lección moral de proporciones similares a los brutales crímenes perpetrado el pasado jueves. Y lo que sucedió ayer en Barcelona -donde una minoría, otra vez, arrebató el derecho democrático de los dirigentes del PP- es esa terrible excepción que confirma la regla. El sectarismo siempre grita -y, además, arremete- más que la tolerancia.

Otra certeza, esta vez doble, es igualmente esencial. La banda terrorista ETA -sea o no la autora de la masacre de Madrid- es una máquina criminal que ha asesinado de todas las maneras posibles, con la crueldad más inhumana, con la indiscriminación más inmisericorde, el cinismo más cruel y con la constancia más sangrienta. Ha perpetrado atentados masivos provocando víctimas de toda condición -niños, mujeres embarazadas, funcionarios, políticos, policías, militares-; ha asesinado con gelidez y mediante un tiro en la nuca, con la víctima arrodillada y de espaldas, previo secuestro, sin adarme de conmiseración. Ha encerrado en vida a humanos que han llegado a enloquecer después de expoliarlos. Ha destruido, chantajeado y coaccionado a todo aquel que se resistiese -incluso en silencio- a sus designios terroristas. El esfuerzo de algunos por redimirle en estos compases fatales del 11-M es tan despreciable como las connivencias de que la banda se ha ido valiendo, entresacadas, a veces, de las contradicciones de una clase política de baja talla moral y de determinados medios de comunicación atenazados por intereses coyunturales y sectarios. Ni ETA sería más terrorista de lo que es porque hubiese perpetrado los atentados de Madrid -lo cuantitativo y lo cualitativo es una dimensión que no sirve para un veredicto ético sino para colmar abruptamente el espanto colectivo-, ni dejaría de serlo si las «otras líneas de investigación» en las que trabajan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado deparan responsabilidades diferentes a las que ahora aparecen como más probables.

La monstruosidad de la masacre de Madrid -y aquí está la clave de la cuestión-, de ser atribuida definitivamente a ETA, acaba con ella y con su red terrorista, instalada también en la sociedad vasca y desactiva la coartada largamente elaborada por los parásitos del terror. Carlos Martínez Gorriarán, en la Tercera de ABC de hoy, refresca la memoria de atentados que crearon «contradicciones» a ETA y a sus cómplices. La historia no suele mentir y tiende a reproducirse cuando sus protagonistas son eriales humanos como los terroristas y sus cómplices. La certeza de la naturaleza terrorista y criminal de ETA es, pues, tan inapelable como el carácter imperativo de creer y de secundar al Gobierno legítimo de la Nación y, por lo tanto, de depender de las versiones que sobre el atentado proporcione que, en último término, serán adveradas por los Tribunales de Justicia. Y a esa versión nos atenemos en estas páginas, porque así consumamos un acto de fidelidad democrática que nos es exigible por responsabilidad social y por convicción de principios.

Buena parte de lo que se oye, se escribe, se dice en estas horas -tantas afirmaciones miserables, tantas insidias, tanto argumento rastrero y odioso-, ensucia a sus autores de vuelo bajo a los que importa que mañana los electores se enfrenten a las urnas desconcertados por las dudas e inquietudes. Pues bien: frente a ellas -algunas legítimas, otras inoculadas aviesamente- deben emerger las certezas morales que, a diferencia de las de naturaleza política e ideológica, son las que permanecen y trascienden.

Una hermosa lección
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  13 Marzo 2004

Algo habremos avanzado si después de la masacre de Madrid los nacionalistas vascos y catalanes destierran de su vocabulario la palabra Madrid como sinónimo del mal. Algo positivo habrá brotado de este paisaje de muerte y dolor, si cuando pase un mes la percepción que esos nacionalistas tienen de la 'idea Madrid', se aproxime algo a la realidad. Algo emocionante habrá ocurrido, si todos los que veían a Madrid con recelo o con odio, se dieran cuenta de que esta ciudad, sus habitantes, han escrito una de las páginas más emocionantes de la solidaridad, de la generosidad, del cariño, de lo que mejor hay en el ser humano. Sin alharacas, sin estridencias, sin autobombo, con naturalidad, los madrileños se han conmovido con el espanto de la muerte en masa, han llenado de sangre los cuerpos exangües por el terror y han salido a la calle para devolver, con coraje cívico, espíritu de convivencia y amor por la libertad, el mayor golpe de odio que se ha sufrido en España después de la Guerra Civil.

En los días previos a esta matanza hemos asistido, dolidos e incrédulos, a una campaña creciente de ataques contra las víctimas del terrorismo, se les ha querido arrebatar el plus de legitimidad que tan trabajosamente, durante tantos años, les habíamos dado y se habían labrado. Se les ha querido retirar del centro del debate político, cuando todos sabemos, o deberíamos saber, que la temperatura democrática de una sociedad se mide por cómo trata a las víctimas provocadas por quienes quieren matar la libertad.

En las jornadas anteriores a la masacre han arreciado las críticas a Madrid, la identificación -xenófoba, profundamente reaccionaria- de Madrid, capital de España, como síntesis del mal, como objetivo a batir, como lugar en el que se cuecen todas las cosas malas que ocurren en España, palabra prohibida en la jerigonza nacionalista.

Pues bien, Madrid es lo que se ha visto en éste ya inolvidable 11-M: gente que madruga y va a trabajar en transporte público, gente -en este caso, humilde en su mayoría- que emplea horas al día en llegar a sus puestos de trabajo, inmigrantes en busca de su pan, gente que organiza el caos y se entrega a la tarea de salvar vidas, de atemperar heridas, internas y externas, gente que bloquea los lugares donde hay que donar sangre hasta saturar con la suya, generosamente, para restituir la que otros han arrebatado brutalmente, gente -médicos, enfermeras, voluntarios- que han salvado vidas sin darse una pizca de importancia. Madrid, no tiene hoy un millón de muertos, pero tiene el espanto que provoca la muerte planificada de forma industrial.

Este éxtasis del odio, ésta entronización del terror, tiene que fructificar en una nueva mirada de los nacionalistas vascos y catalanes al resto de los españoles, en un cambio de sensibilidad, en el destierro, ahora y para siempre, del tópico xenófobo que presenta a una ciudad, a Madrid, a la idea de España, como símbolo del mal. Esa idea es una pura invención, una muletilla cómoda para seguir echando la culpa a los demás cuando cada uno debe de ser responsable de sus propios problemas y cualquiera, con un mínimo de madurez, debe saber que es imposible que la culpa de los males propios las tengan siempre los otros.

Madrid es hoy una ciudad dolida y serena. Madrid es un modelo de cómo reaccionar, milimétricamente, escrupulosamente, dentro de la democracia, después del espasmo del espanto, y debería ser percibida, a partir de ahora, como lo que es: un ejemplo de civismo, de calidad humana, de generosidad. Desterremos para siempre ese odio que inventa un Madrid que no existe. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

Sospechas, especulaciones y datos
Julián Lago La Razón  13 Marzo 2004

Es que hay que tener ganas de joder, y perdonen ustedes, con dos centenares de muertos y Dios sabe cuántos heridos graves en lista de espera, para sostener que sí, que el diálogo sigue siendo un instrumento para acabar con la barbarie, tal cual ha declarado Carod. Lo que no ha aclarado el dirigente de Esquerra Republicana es con qué asesinos hay que dialogar, si con «Josu Ternera» o, mismamente, con los autores materiales de la masacre del tren de la muerte. ¿En qué cabeza, con dos dedos de frente, claro, cabe semejante dislate?

De modo y manera que vale ya de tantas frivolidades, por no utilizar otros adjetivos más contundentes, en esta hora de inmenso dolor colectivo en que el terrorismo no ha perseguido sino aguar la fiesta de la democracia, a tres días vista de las elecciones. No nos parece una casualidad que, cuarenta y ocho horas antes del execrable atentado, unos encapuchados hayan repartido por las calles de San Sebastián unos panfletos con el siguiente mensaje: «14-M. Los intereses españoles, en el punto de mira. Sabotea a Renfe. España, no». Vamos, verdes y con asas.

Por supuesto que cada cual es muy libre de dudar sobre la autoría de los hechos, pero no estaría de más recordar que el grupo fundamentalista, el mismo, que reivindica ahora el tren de la muerte reivindicó, sin tener nada que ver con la cosa, el atentado de Estambul o el famoso apagón de Nueva York, lo cual ya es un dato, por lo pronto. Lo que no es un dato, pero sí una sospecha, son las declaraciones de Otegui, a escasas horas de la masacre, exculpando a sus compañeros etarras.

O lo que es lo mismo, «excutatio non petita, acusatio manifesta», que diría un clásico. Tampoco, cuando lo de Hipercor, Eta asumió de inmediato la acción criminal para evitar que la sociedad quisiera lincharlos. Así que se puede especular cuanto se quiera sobre el comunicado reivindicativo de los hijos esos de su madre, o sobre la cinta grabada con invocaciones coránicas encontrada en una furgoneta, detalle este que conocemos gracias a la transparencia informativa del ministro ángel Acebes.

Dicho lo dicho, igualmente podría pensarse que tal pista podría responder perfectamente una coartada de despiste para los trabajos de investigación. Desde luego, los etarras detenidos en Cuenca la Nochebuena no iban cargados de caramelos, y eso no ofrece ninguna duda, sino de explosivos cuyo destino era hacer volar por los aires la estación de Chamartín, por no referirnos a una de las últimas detenciones a etarras, cuyas aviesas intenciones son las que son: matar sin distinción de edad, sexo o condición, que son muchos ya los atentados cometidos contra mujeres, embarazadas incluso, niños y por supuesto civiles. Para qué más pruebas, que todo lo demás son ganas de especular, y por especular que no quede.

La calle y las urnas
Faustino F. Álvarez La Razón  13 Marzo 2004

La España que ayer salió a la calle con el clamor de ríos embravecidos, la de los minutos de silencio, las manifestaciones multitudinarias, las pancartas unánimes y los lazos negros es lo mejor de este país, históricamente tan autoflagelado por sus falsos complejos y paisanaje grande, todo corazón, cuando hay que ponerse al lado de las víctimas, junto a la vida y contra la muerte. Tantas investigaciones, polémicas y divagaciones sobre el ser de España a través de la Historia, y todo lo que somos se pudo ver con claridad y sentir muy hondo en la jornada de ayer, cuando la conmoción inicial daba paso al vacío, y cuando la angustia se convirtió en grito contra cualquier terrorismo, que todos son uno y el mismo.

La segunda oportunidad para decirles a la cara a los asesinos que, pese a tanto dolor, no van a cercenar nuestra libertad ni nuestro sentimiento de nación unida la tenemos mañana, domingo, en las urnas. Si los mítines y otros actos de la campaña fueron suspendidos, con buen criterio, tras la masacre de Madrid, nadie podrá evitar que hoy sea la jornada de reflexión incluso bajo los rescoldos de la pena. Si después de la respuesta cívica de ayer mañana los comicios registrasen el índice más alto de participación de la democracia española, la respuesta a los terroristas sería muy clara: sólo tenemos miedo al propio miedo, y no vamos a tolerar que las bombas ocupen el lugar de las urnas.

Hay que arrancar la pereza o el escepticismo o el desencanto en esta hora: el mero hecho de acudir a votar, cada uno a la fuerza política que desee, sin chantajes ni presiones, es una demostración de robustez en las convicciones democráticas. La reflexión es muy sencilla: hay que hacer todo lo contrario de lo que promueven e interesa a los etarras, y especialmente tras el atentado del 11-M y, además, en las primeras elecciones generales en las que no han podido participar formaciones abertzales afines a los terroristas. Quien se quede en casa en la jornada del domingo no se hará favor alguno a sí mismo, ni a la colectividad de los españoles de cualquier ideología, ni a esas víctimas del terrorismo que de una forma tan desgarradora nos han conmovido a todos en estos días. Saltar de lo emotivo a lo racional, y también abandonar la condición de espectadores para asumir la de implicados, es una forma de ser libre.

La tragedia de Madrid ha hecho que la pena haya alcanzado el Everest de los más de mil asesinados por el terrorismo desde los iniciales atentados de los años sesenta. Los últimos coletazos de la serpiente, lo mismo da que sola o en compañía de otros reptiles, pueden ser tremendos. Sólo la unidad, el respeto mutuo y la Constitución nos hacen fuertes frente a la barbarie. Si ayer fue un gran día de coraje, mañana lo debe ser de responsabilidad.

Una eternidad hasta el 14-M
Lorenzo Contreras La Razón  13 Marzo 2004

Les ha venido Dios a ver. Es decir, Alá. La instalación de la duda en el mundo de las interpretaciones sobre la autoría de los atentados terroristas de Madrid ha redimido, para algunos sectores de opinión, a ETA de sus negras responsabilidades. La verdad todavía no es firme a la escala en que los efectos políticos se producen. Hay una sospechosa sombra intencional que se concreta en esta pregunta: ¿Por qué tres días antes del 14 de marzo? ¿Pensaba Al Qaeda en hacerle el juego a la banda o ha sido todo una siniestra casualidad?

Cuando el día de la tragedia, el ya imperecedero 11-M para la historia de España y del terrorismo universal, Juan José Ibarreche compareció ante las cámaras, su mortal palidez reflejaba probablemente algo más que una sensibilidad humana herida por la dimensión de la catástrofe. En ese momento, el «lehendakari» veía en el aire, en el aire de la voladura, su famoso Plan. Era un presumible daño colateral de la agresión terrorista con sello etarra.

Con el paso de las horas y el enfriamiento producido por la incertidumbre de las causas y de las autorías, las interpretaciones inicialmente firmes han ido zozobrando. Desde luego, todo es terrorismo y todo responde a la ofensiva general contra sus efectos y manifestaciones. El problema es el cambio cualitativo experimentado en la visión global del acontecimiento. A ETA, en esta situación, le basta con el silencio y con la consideración ambigua. Obsérvese el evasivo estilo de su órgano oficioso «Gara», sucesor de «Egin», en un editorial sintético de primera página: «La masacre cometida ayer en Madrid es una barbaridad inadmisible, sea cual sea su autoría».

Es la primera vez que una acción atribuida a ETA recibe una condena desde el mundo abertzale. Antes, Arnaldo Otegui, portavoz de la ilegalizada Batasuna, había derramado sobre la atrocidad de Madrid lágrimas de cocodrilo, como si los nuevos muertos fuesen de otra índole que las clásicas víctimas de la banda.

De aquí al 14 de marzo, sólo dos días, media una eternidad. Una eternidad de horas. Se trata posiblemente de reinterpretar el sentido de los hechos. Los valores de Wall Street se han tambaleado o simplemente se han ido a la baja. No parecía verosímil que algún día una tragedia española acabara siendo, de algún modo, una tragedia americana, al menos a nivel financiero y bursátil. Ni que un suceso español, por muy grave que fuese, mereciera las primeras páginas de los más importantes periódicos del mundo. Desde la Guerra Civil española no ocurría nada parecido. ¿A quién teme el mundo occidental? ¿A ETA o a Al Qaeda?

Verdugos de la libertad
Matías Antolín La Razón  13 Marzo 2004

Hoy los autores del drama no son Shakespeare, Sófocles o Esquilo, son los terroristas. Los asesinos brindarán con nuestras lágrimas. El terrorismo es una guerra psicológica, por eso quieren fomentar el miedo. Compruebo que hay pánico y miedo ante los nuevos peligros que se han extendido tras el fatídico 11 de septiembre de 2001.

Aún no sé si la culebra que rodea un hacha subió en el tren de la muerte o si fue el fundamentalismo islamista. «Soy de ETA y vengo a matarte. Agur»- «Alá es grande». ¿Dirían algo así los asesinos antes de asesinar indiscriminadamente a tantas personas? Aún navego en el nebuloso terreno de las hipótesis, porque todavía dudo, con perdón, que haya sido ETA la autora de esta masacre. Si es así, cuando algunos teníamos todas las respuestas al terrorismo vasco la banda nos ha cambiado las preguntas. La perra que parió a ETA sé que está en celo. Disparan sin apuntar, caiga quien caiga. En ETA nadie dimite, los puestos son vitalicios.

El sanguinario etarra del trístemente célebre «comando Madrid», Ignacio Aracama «Makario», cuando un policía le preguntó: «¿Cuántos muertos lleva sobre sus espaldas?», contestó: «Ningún soldado cuenta los muertos que hace en una guerra». Si bien es cierto que la pancarta y el programa de ETA es matar, el fanatismo del terrorismo islámico también es juez y verdugo.

El terrorismo siempre tiene miedo a la libertad y para decirnos que está vivo, mata. A ver cuándo estos malditos terroristas se quitan las capuchas con ojales para mirada asesina porque los ojos no sirven de nada a un cerebro vacío. ETA (Exaltación de Tarados Antiespañoles) siempre ha querido convertir España en un charco de sangre. El terrorismo fanático islámico también ha amenazado a nuestro país. Yo creo que no ha sido ETA la autora, aunque me consta que esta banda no tiene cabeza, si acaso algunos cabecillas que tienen prohibido pensar. En esta banda nadie dimite; sólo es preciso ser más bestia. Si son culpables, diré que después de abrir una fosa común, ETA ha cavado su tumba.

La libertad no necesita verdugos. ¿Sólo nos queda esperar al próximo muerto? ¿ETA para siempre? ¿La amenaza árabe está apuntando contra nosotros? ¿La paz empieza nunca? ¿No hay ahí fuera alguna idea política para acabar con esas bandas de asesinos? Da náuseas seguir escribiendo, con la nuca al desnudo, de esta jauría criminal. ETA es una olla a presión que se ha cocinado durante cuatro décadas en su propio vapor: el nacionalismo fundamentalista. ETA puede ahogarse, si así lo ha elegido, pero que no nos salpique de sangre. Quizá han vuelto a Madrid (insisto, permítanme que lo dude), aunque algunos nunca pensamos que se habían ido.

Ningún tipo de terrorismo va a acabar con la democracia, pero ha destrozado muchas familias. Los terroristas, si no matan, no existen. Uno se siente atado en un nudo de dolor. Un día más hemos escuchado la canción del verdugo (no sé si con letra y música de la ETA o de la Otra). Somos notarios del terror. Cuando escribes sobre/contra terrorismo, ya no sabes si lo haces para prorrogar la vida o para prologar tu propia muerte. La sangre que derraman no ahoga nuestra voz. El terror no aspira a vencer, sólo quiere demostrar que no puede ser vencido, que es capaz de sobrevivir a la presión policial.

Insólito atentado. El más sangriento de nuestra historia del terror. Este grupo de fanáticos armados de sinrazón es una cuadrilla de asesinos donde no hay inteligentes que deliberen y son los necios del cogote quienes deciden el crimen. No hay lucha de liberación, hay una tropa de fundamentalistas letales que hacen terrorismo. Hay que devolver a estos salvapatrias a su realidad auténtica: son un Club de asesinos con flaco pensamiento y gorda estupidez. Mientras una neurosis de miedo y represión feroz recorre la médula social madrileña, los terroristas coleccionan crímenes y no tienen ninguno repetido. Sus pistoleros ya no apuntan, sólo disparan. El rostro de un terrorista incluso puede ser cínicamente humano; muchos acuden cada día a su trabajo, saludan a sus vecinos, ceden el paso en el ascensor, celebran a tu lado los goles de su equipo...Van disfrazados de seres humanos. No pienso, mato, luego existo, es el lema de los terroristas. Si nadie lo remedia, seguiré opinando contra estos asalariados del crimen; hay que acabar con el terrorismo juntando palabras, no contando cadáveres. Tengan cuidado ahí fuera.

Ser madrileños
SANTIAGO GONZÁLEZ  El Correo  13 Marzo 2004

El pasado jueves, cuando empezábamos a asomarnos al horror, almas bienpensantes forzaban la elasticidad del gentilicio: «Hoy todos somos madrileños». Madrid era el jueves y también el viernes y hoy, sábado, «capital del dolor», como escribió el poeta. También lo fue de la gloria, la capital de la solidaridad y del coraje cívico, la ciudad resistente de las canciones populares cuando la guerra: 'Madrid que bien resiste, mamita mía, los bombardeos'.

Madrid es también una metonimia del mal en el lenguaje nacionalista: «Madrid no entiende otro lenguaje que el de la fuerza», dijo el anterior presidente del PNV. «Iturgaiz es un joven servil hacia Madrid», definió Francesco Cossiga, amigo del corrupto presidente de Parmalat, en cuyo avión vino a recoger el premio 'amigo de los vascos'. Decir que hoy somos todos madrileños es una propuesta bienintencionada, aunque improbable. Lástima que el periodo de gracia sólo dure 24 horas, que es lo que viene a durar el alivio de luto tras un atentado, justo el tiempo que se necesita para recomponer la figura y volver a las mismas mezquinas rencillas de todos los días. Habría que esforzarse para ser madrileños (y madrileñas, claro) de ahora en adelante, por lo menos mientras les dura el dolor a las víctimas del horror que nos estalló el jueves en Madrid.

La empatía es una virtud que no es compatible con el sentimiento efímero y requiere espacios amplios para su desarrollo. Tanto como la humanidad entera. Eso era lo que trató de expresar hace cuatro siglos el poeta John Donne: «La muerte de todo hombre me disminuye porque formo parte de la humanidad. Por eso, no preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti».

Pero a las 24 horas de los hechos ya empezaban a aflorar actitudes bastante menos universales. El ente autorreferente se empeñó con admirable tenacidad en defender la autoría de Al-Qaida. Nadie estaba ayer en condiciones de argumentar con rotundidad a favor o en contra, pero llamaba la atención que presentaran como prueba concluyente la increíble reivindicación al periódico 'Al-Quds-Al-Arabi' y mostraban a la cámara la portada del 'Daily Mirror', campeón de los tabloides: 'Al-Qaida: Fuimos nosotros', como si se tratase del 'Financial Times', paradigma de la seriedad.

No se podía entender bien el porqué de tanto empeño. El horror es el mismo en ambas hipótesis, pero la posibilidad de que haya sido el terrorismo islámico es mucho más inquietante para el futuro. A ETA se sabe cómo hacerle frente; a lo otro, no. ¿Habrá algún interés electoral en ello? No lo creo. Como sabemos todos los que vemos ETB, el electoralismo es un vicio que practica en solitario el Partido Popular. Uno de los invitados de la televisión autonómica lo explicaba ayer: «Sentí un alivio porque no han sido compatriotas míos». Un día más tarde ya no éramos madrileños y parecía más relevante el hecho de compartir el gentilicio con «nuestros» terroristas que el sufrimiento de las víctimas. Seamos madrileños hoy también.

Madrid se quema
David Gistau La Razón  13 Marzo 2004

Ignoro si los hijos de puta que nos han hecho esto son talibanes o taliboinas. Ignoro si es una consecuencia del complejo de pene chico que Aznar fue a curarse a Azores o de la guerra civil subterránea que estamos librando desde hace más de tres décadas. Pero de una cosa sí estoy seguro: ha hecho falta que doscientos de los nuestros mueran descuartizados para que un catalán, Pascual Maragall, diga «Hoy somos todos madrileños». Porque los catalanes como Maragall, y los vascos como Ibarreche, suelen decir de Madrid para justificar el falso victimismo del que viven que nuestra ciudad viene a ser como una especie de Mordor fascista desde el cual un ojo maligno oprime las bucólicas aldeas de la Comarca.

Lo que suelen decir es que desde Madrid se crispa el ambiente, se levanta el frentismo, se agrede, se inventa lo que los progres de la izquierda española, cómplices sin ni siquiera saberlo del secesionismo dinamitero, han dado en llamar «españolitis». Pero la «españolitis» no vuela trenes. La «españolitis» sólo cuelga en los balcones banderas ¬sí, esa bandera marginal, la española¬ con crespones negros para honrar a sus muertos. La «españolitis» sólo intenta levantarse y continuar en medio de un paisaje después de la batalla, entre piras funerarias y dolor.

Yo no quiero que hoy sea madrileño quien cada día contribuye a satanizar mi ciudad hasta crear la sensación de que nos merecemos que nos vuelen los trenes con la más sencilla de nuestra gente dentro. Porque no eran orcos fascistas, eran gente. Recuerdo, cuando yo vivía en Barcelona, que en las tabernas carodianas, raholianas, filoetarras, la muchachada cantaba una canción cuyo estribillo decía: «Madrid se quema». Pues ya está: en verdad Madrid se quema. Disfrutad del espectáculo con una lira como Nerón. Pero no digáis que sois nosotros. No, después de habernos satanizado durante décadas sólo porque necesitábais un falso verdugo con el que fingiros víctimas.

No seguir su juego
Feliciano Ruiz/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo  13 Marzo 2004

¿Cuándo ETA se ha conformado con matar? Si puede, además, remata. Pone la bomba que mata primero y, cerca, la disimulada; para que cuando se investigue la explosión, se caiga en otra trampa letal. La del 11 M consiguió lo que se proponía: matar a mansalva. ¿Cuál es la bomba trampa? ¿La que espera para rematar? Su espoleta a tiempos está fijada en el día 14. Si consigue que culpemos de la masacre de Madrid al terrorismo islámico, esta segunda bomba tramposa explotará en las urnas del 14-M. Por otra parte, tampoco sería extraño que ambos terrorismos, el de ETA y el islámico, actuaran al alimón y fuesen socios en este 'negocio'. Que cada cual, pues, eche sus cuentas. No nos dejemos llevar al huerto por semejante par de hortelanos. No sigamos su juego. Y los políticos, con respecto a las víctimas, que de verdad acaben la campaña. Hasta ahora lo único que han hecho es cambiar su argumento. Están, tristemente, jugando la sangrienta pelota puesta en la cancha por los terroristas. Contra el voleo de derecha de que si ETA, zurdazo (o abertzalazo) de que si Al-Qaida. Y el responsable, horrorizado y atónito.

Ramón Armengol: «Desde el 11-S existen contactos entre ETA y otros grupos terroristas»
Carmen Gurruchaga La Razón  13 Marzo 2004

Madrid. ¬ ¿Qué significado tiene este brutal atentado ocurrido en Madrid el 11 de marzo?
¬ Que nos han globalizado. El domingo va a ser la primera elección global que se hace en España. Es como una especie de trasunto de lo que sucedió en EE UU, porque veremos qué tipo de elección se hace después de un salto cualitativo tan importante.

¬ ¿Qué puede motivar a unos integrantes de un grupo terrorista a subirse a un tren, en este caso, ver a unos seres humanos y dejar una bomba que sabe que les va a matar?
¬ El desprecio de la vida humana frente a una absolutización de una supuesta causa ya sea étnica o religiosa. Es anteponer el objetivo final a cualquier consideración de tipo moral o de cualquier derecho humano. Lo que se llama el desprecio de la vida humana y del ser humano, frente a las causas pretendidamente absolutas.

¬ Hay una diferencia esencial entre los terroristas occidentales y los árabes. Los primeros jamás se autoinmolan, al contrario, tienen muchísimo cuidado en preservar sus vidas....
¬ Eso corresponde a que europeos y árabes tienen dos mentalidades distintas. Las religiones monoteístas en su periodo inicial exculpan la muerte por profesión de la fé y una perversión de ese holocausto de la vida por la fe, es matar. Los mártires cristianos jamás han querido convertir a sus verdugos en verdugos. En cambio, en la religión islámica, está aceptado inmolarse por una causa. El islamismo, cuando se politiza y se cree que la causa es Dios, la muerte es un combate. Mahoma fue un líder militar, político y religioso y, en cambio, Cristo fue una víctima. La diferencia está en que el mártir se inmola y el guerrillero de Dios no sólo se inmola sino que mata a los demás tranquilamente.

¬ Terroristas procedentes de culturas tan diferentes, ¿pueden colaborar en un momento concreto, comprar en los mismos sitios?
¬ Desde el 11 de septiembre está clarísimo que igual que existen redes internacionales de tráfico de estupefacientes o armas y que todos ellos se conocen, aunque son rivales entre sí, también existe una internacional terrorista. El 11 de septiembre nos hizo comprender las dimensiones del fenómeno terrorista y que entre ellos existen contactos y que igual que los estados tienen sus alianzas.

¬ ¿Alianzas coyunturales?
¬ Pueden ser coyunturales, pero convertirse en algo más estable. Hay que pensar que el mundo global no es sólo el mercado abierto, sino que también hay un mundo global secreto.

¬ Hace un año se publicó que el grupo palestino «Hamas» había utilizado explosivo robado por ETA en Francia, ¿es posible que esa ayuda mutua haya continuado hasta hoy?
¬ No sólo es posible sino que hay que pensar que tal como se ha ido delimitando el juego de las fuerzas desde el año 2000, las religiones no tienen que ser la base de la lucha de civilizaciones, hay unos movimientos de tipo religioso político que tienen a unos «enemigos» de otra cultura como principal objetivo. Y si encuentran aliados dentro de ese mundo para poder extender sus acciones. Si piden ayuda se la darán por aquello de que «los enemigos de mis enemigos, son mis amigos».

¬ ¿Aunque el objetivo de uno y otro no tengan nada que ver?
¬ Per o en la estrategia global, pueden tenerla. ETA ha tenido en décadas anteriores una serie de apoyos que no eran islámicos, pero desde el 11 de septiembre, se encuentra cada vez más acosada por las policías francesa y española y tiene un sector duro que va a la desesperada y además, provocó que el presidente Aznar tuviera muy claro que había que luchar contra el terrorismo. El 11 de septiembre Aznar coincide en el punto de vista con el presidente norteamericano y, con ello, consigue que el campo exterior de ETA se estreche muchísimo.

¬ ¿En occidente se asimila de forma errónea islamismo con terrorismo islámico?
¬ Si, porque de un sentimiento difuso de indignación y de rechazo de occidente que hay en el mundo árabe, a llegar a la acción terrorista y al combate traidor, hay una enorme distancia.

¬ ¿El terrorismo árabe es la nueva modalidad de guerra de estos países que militarmente no pueden enfrentarse a EE UU?
¬ Indudablemente. Comprenden que como estructura militar no tienen nada que hacer, porque nadie discute la primacía de EE UU en ese aspecto. Ellos lo saben y utilizan la subversión globalizada y eso les permite pensar en términos de guerra santa. Lo plantean como una guerra y en la guerra hay mil excusas para actuar con trampas, con engaños.... y esto les disculpa.

Sangre, dolor y lágrimas
M. J. ÁLVAREZ ABC 13 Marzo 2004

Un campo de batalla. Los vagones de la muerte, abiertos en canal, mostraban ayer las tripas del holocausto vivido en la estación del Pozo de Vallecas. El olor a cera y a flores sustituyó al de la pólvora y carne chamuscada. Imposible despertar ante tanto horror

MADRID. Una película congelada. Una estación fantasma y autómatas que vienen y van, ausentes 24 horas después, sin poder digerir aún, y por siempre, toda la dimensión del genocidio que sacudió ayer Madrid, España, el mundo... La estación de Renfe del Pozo del Tío Raimundo, en el barrio de Entrevías, es el vivo ejemplo de la desolación. Sus vecinos aún no han despertado del letargo del terror. Dos mochilas cargadas de odio, dos brutales sacudidas, y 67 vidas sesgadas, borradas de un plumazo por la sinrazón de la barbarie terrorista.

Como corderos en el matadero
¿ETA, Al Qaida? «¿Acaso importa? ¿Qué culpa tenían las víctimas y los cientos de heridos y mutilados que tomaron un tren ignorando que eran carne de cañón, que iban al matadero?», recalca Antonio, absorto. El mediodía de ayer en Vallecas no se parece en nada al del infame 11-M... ni a ningún otro. Hasta el cielo llora por el reguero de cadáveres y masacrados que emprendieron el jueves un viaje que conducía a la muerte. El ambiente es irreal, fantasmagórico. Transcurre a cámara lenta. Como en una película muda, pero a todo color: el de la sangre, el del dolor contenido, el de las lágrimas que no se derraman, y se atragantan en el pecho, y el gris del firmamento que, como en un espejo, refleja toda la magnitud del holocausto.

Los gritos del silencio
El ulular de las sirenas de bomberos, policías y ambulancias siguen martilleando los oídos. Hoy tanto silencio estremece. El olor a cera de las velas y de las flores que, espontáneamente, han ido colocando los vecinos y alumnos de los múltiples centros educativos que rodean los dos accesos al apeadero, sustituyó al de la pólvora y carne chamuscada. Al olor a muerte y destrucción. Y el ajetreo y las carreras de los sanitarios, los agentes de la Policía, bomberos y periodistas, han dado paso al letargo. La atmósfera es irreal. Parece el escenario de una película de «gore». Los vagones de la muerte, el cuarto y el quinto, abiertos en canal, han sido retirados de las vías, y muestran las tripas del holocausto vivido en la ratonera en la que se convirtieron para sus ocupantes. Son los mudos testigos de una tragedia inenarrable.

Hasta el cielo vierte sus lágrimas
A las doce, a ambos lados de los accesos a la estación de Cercanías, cientos de personas guardan los quince minutos de silencio, un silencio sepulcral, desgarrador que atruena y desgarra por sí sólo. Grita el rechazo a la barbarie terrorista, a la infamia, a la impotencia, a la conmoción sin límites, a las emociones imposibles de ser digeridas, a una pesadilla sin fin. «¡¡¡Asesinos, así no se gana una lucha!!!», reza una pancarta, colocada en el paso subterráneo de Renfe. Es el homenaje que rinden a los muertos los ciudadanos anónimos, de todas las edades, de todos los rostros, de todos los colores: blancos, amarillos, tostados... Lazos negros sobre tela blanca. Crespones negros sobre negros balcones. Flores, velas, estampas de santos, vírgenes, dibujos infantiles... y hasta coronas de comercios de la zona con mensajes como éste: «Con todas las víctimas del terrorismo». «¡Lo fácil es segar una vida, con lo difícil que es crearla!», «¡¡¡No a ETA. No al terror!!!», chillan los carteles improvisados de aliento a las víctimas inocentes de la matanza y de sus familiares y amigos. Todo se moja con la fina lluvia, como se mojan los ojos, húmedos por la emoción. La Policía, que aún tiene acordonado el perímetro de la estación, permite que el tributo se traslade a cubierto.

«Todos tienen nombre»
Manos blancas, manos limpias, manos grandes y pequeñas recogen uno por uno hasta el último pedazo de papel, la última rosa... Y los poemas. «Me faltan 200 hermanos. Me habéis herido más de mil veces. No más estadísticas. Todos tienen nombre. Te echaremos de menos Javier. Aparece pronto Berta».

En la estación fantasma, despoblada de vida, sólo se escuchan los sonidos de los altavoces de Renfe, y de los operarios que retiran escombros, y de las máquinas que limpian, y de los pasos de la policía científica que busca los minúsculos trozos de la papilla humana, jirones de carne que pertenecieron a alguien; aún están en el andén, en la cubierta de la estación, junto a los cristales rotos, pedazos de goma, hierro... pero la vida sigue, y la esperanza. «Tenemos que seguir sonriendo. Mirar al futuro. Para que jamás vuelva a repetirse algo así».

Histórica marcha en Madrid
Más de dos millones de personas colapsan la capital de España contra el terrorismo, con el Príncipe de Asturias a la cabeza. Aznar, Calvo Sotelo, Raffarin, Berlusconi y Prodi, al frente de la marcha. Hubo referencias a la guerra y a ETA
J. Romero / D. Mazón La Razón  13 Marzo 2004

Madrid- El centro de Madrid se vistió ayer de luto. Todas las marquesinas publicitarias del Paseo de la Castellana estaba vacías: los habituales carteles publicitarios se habían sustituido por crespones negros y la mayoría de balcones y edificios que enmarcan el centro neurálgico de la capital se cubrieron de banderas españolas en solidaridad con los 199 muertos y los casi 1.500 heridos que provocaron los brutales atentados del pasado jueves. Este escenario acompañó durante más de dos horas a los dos millones trescientos mil ciudadanos ¬ según cifras de la Delegación del Gobierno¬ que se echaron a la calle para gritar «No al terrorismo».
Pero Madrid se quedó pequeño. Desde una hora antes del inicio previsto de la marcha, a la siete de la tarde, el recorrido marcado por la organización ¬desde la Plaza Colón hasta la estación de Atocha¬ era un hormiguero de hombres y mujeres de todas las edades que, haciendo frente a la intensa lluvia, se unían a la manifestación convocada por el Gobierno y respaldada de forma unánime por todos los partidos políticos.

El colapso de las carreteras de acceso a la ciudad retrasó en media hora el comienzo de la marcha. Con un sepulcral silencio Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, las Infantas, el presidente del Ejecutivo central, José María Aznar y los principales líderes políticos y sociales del país fueron llegando en un incesante «goteo» a la cabecera situada junto al edificio de Correos en las proximidades de la plaza de la Cibeles. En sus manos, una pancarta ¬de 30 metros de ancho¬ con el texto «Con las víctimas, con la Constitución, por la derrota del terrorismo». Entre los primeros en unirse a la protesta ciudadana, el candidato del Partido Popular a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy, y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. La amplía lista de personalidades la completaron Don Felipe, Doña Elena y Doña Cristina que llegaron junto a Aznar y el presidente de Portugal, Durao Barroso. Los máximos representantes de las instituciones españolas estuvieron arropados también por mandatarios internacionales y sus delegaciones en España.

El lema inicial había sido acordado el pasado jueves por la noche por representantes de los agentes sociales, políticos y sindicales de la Comunidad de Madrid en una reunión celebrada en la Delegación del Gobierno, en la que también se decidió que no hubiese comunicado final.

Una tensa calma acompañaba los minutos previos al inicio de la marcha. Los madrileños, haciendo gala de un civismo ejemplar, aguardaban en silencio. Unos y otros se miraban, bajo los miles de paraguas, con indignación. Rabia que se hizo aún más patente cuando, tras escuetos saludos entre los políticos, la cabecera echó a andar.
Gritos como «¿Quién ha sido?», «Para votar, queremos la verdad», «Asesinos», «En ese tren íbamos todos» o «No está lloviendo, Madrid está llorando» marcaron la que se ha convertido en la manifestación más multitudinaria celebrada en la capital en la democracia.

Con anterioridad, Madrid vivió otras masivas concentraciones, como la del viernes 27 de febrero de 1981, con motivo del 23-F, que congregó a 1,7 millones de españoles; la del 14 de julio de 1997, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, que sumó a más de un millón de personas; y la del 15 de febrero del pasado año que, contra la guerra de Iraq, concentró también a más de un millón de personas.

Los gritos se hicieron más amargos cuando la marcha avistó la estación de Atocha.
Pancartas de protesta en varios idiomas, banderas de varios países, manos blancas en alto, multitud de velas encendidas y miles de paraguas negros, de luto, configuraban el paisaje.

Había todo tipo de lemas. Casi todos aludían al terrorismo y al dolor e indignación que han causado en los españoles los atentados del jueves: «ayer morimos todos»; «no podréis matar nuestra libertad»; «no nos habéis desunido, nos habéis unido más»; «dónde están vuestros corazones»; «por la paz, contra el terrorismo»... Con todo, también se portaron carteles contra ETA: «garrote vil a las ratas asesinas de ETA»; «para ETA, la perpetua», o «contra el separatismo terrorista». Otras estaban escritas en distintos idiomas, incluso en chino. Y se contaban bastantes enseñas, sobre todo de Colombia y Ecuador. Además, distintas asociaciones vecinales se encargaron de llevar crespones negros para rapartirlos y cubos con pintura blanca para que la gente se pintase la manos.

Las caras lo decían todo: llantos de rabia, pinturas con símbolos de la paz y, ante todo, tristeza figuraban en los rostros de los madrileños

En Atocha, ni comunicados, ni canutazos. Los políticos optaron por quedar en un segundo plano para dejar paso a los aplausos en recuerdo de las víctimas de la infamia terrorista.

Los madrileños utilizaron masivamente el transporte público, que fue gratuito en toda la Comunidad de Madrid desde la cuatro hasta las once de la noche. La medida comprendió todos los transportes públicos de la Comunidad: el Metro, las líneas regulares de la EMT, los autobuses interurbanos y los trenes de Cercanías de la región. Asimismo, se reforzó durante todo el día la frecuencia de paso de todos los transportes como si se tratara de hora punta.

En el caso del Metro, el incremento del servicio llegó hasta el 48,39 por ciento, en las horas de la manifestación, con 90 trenes más en las líneas, especialmente en las que llegaron al centro de la capital. En cuanto a los transportes en superficie, los autobuses interurbanos se reforzaron todo el día en un 12 por ciento, llegando a un incremento del 30 por ciento en los servicios que atienden el Corredor del Henares, el más afectado por el atentado del jueves. Por último, la EMT fue reforzada en las líneas del eje Vicálvaro-Vallecas-Atocha hasta un 40 por ciento, con 25 autobuses más, al ser una zona en la que los servicios de RENFE no se habían reanudado. Además, se implantó un servicio entre las estaciones de Entrevías y Méndez Álvaro, y se aumentaron los autobuses que recorren el Paseo de la Castellana. En total, Renfe transportó ayer en sus trenes de cercanías, entre las siete de la tarde y las once de la noche, a 800.000 viajeros.

Distintos sectores de la Comunidad de Madrid decidieron cerrar sus instalaciones comerciales para favorecer la mayor participación posible en la manifestación, que más que una manifestación se convirtió en una concentración. No cabía un alfiler en el centro de Madrid.

El Ayuntamiento puso en marcha a partir de las cinco de la tarde un dispositivo sanitario, en el que intervinieron 75 personas, para dar cobertura a la protesta. El dispositivo estuvo compuesto por tres unidades de soporte vital avanzado, situadas en las plazas de Colón y de Atocha y en la Puerta del Sol. Además, en el plan preventivo organizado se habilitaron tres unidades básicas, dos puestos médicos avanzados y dos vehículos de intervención rápida. El civismo ayudó a que no se produjesen apenas intervenciones de gravedad.

Durante la marcha, el servicio municipal de urgencias de Madrid atendió a un total de 164 personas, de las cuales doce fueron trasladadas a centros hospitalarios, aunque ninguna reviste gravedad, según informaron fuentes del Samur-Protección Civil.

La mayoría de las intervenciones fueron motivadas por desmayos, crisis de ansiedad, fracturas, contusiones de carácter leve como por ejemplo torceduras de tobillo e hipoglucemias. Las mismas fuentes indicaron que durante la manifestación se produjeron lesiones sin importancia a causa de los paraguas.

Un total de 375 médicos, enfermeros y técnicos de emergencias, muchos de ellos voluntarios, divididos en tres zonas ¬, Colón y Atocha¬, cada una de ellas con un puesto médico avanzado (hospital de campaña), formaron el dispositivo durante la manifestación, que fue coordinado por un puesto instalado en las proximidades del Museo Reina Sofía y contó con 35 ambulancias de distintos tipos y vehículos de coordinación.

Al margen de la realidad más sensible, en la marcha también se dieron algunas notas curiosas como que entre los manifestantes no faltó una pareja de recién casados, ella vestida de blanco y él de traje, que mostraron su solidaridad con las víctimas y su repulsa a los atentados.

En silencio. A primeras horas, las concentraciones alcanzaron tintes especialmente emotivos en los lugares donde los terroristas sembraron la muerte y el espanto. Centenares de personas se congregaron en silencio en la estación de Santa Eugenia, ante la ofrenda de flores y velas que desde la noche del jueves recuerda a las 16 víctimas allí asesinadas. También la estación del Pozo del Tío Raimundo acogió la repulsa silenciosa de un centenar de personas.En las inmediaciones, los alumnos de un colegio de infantil y primaria se concentraban en solidaridad con las víctimas de los atentados, entre las que se encuentra la madre de uno de sus compañeros.
En Alcalá de Henares, el punto de partida de los trenes en los que los terroristas colocaron los explosivos, varios miles de personas llenaron la plaza de Cervantes, para mostrar su condena a los atentados. En la estación de Atocha se congregaron también centenares de manifestantes, aunque el acto de repulsa fue interrumpido por una falsa amenaza de bomba. La mayoría de los trenes pararon asimismo quince minutos en las estaciones en las que se encontraban a mediodía.

Solidaridad del mundo de la cultura. El mundo de la cultura expresó rotundamente su solidaridad con las víctimas. La consternación y las lágrimas se hicieron visibles en los rostros de los trabajadores de la Biblioteca Nacional, a los que los terroristas privaron ayer de tres de sus compañeros, además del hijo de uno de ellos, que viajaban en los trenes siniestrados, al igual que dos obreros que trabajan en las obras de reparación de la fachada, que resultaron heridos.

Museos y bibliotecas cerraron también sus puertas durante quince minutos. Ante el Teatro Real, que ha suspendido sus representaciones, se concentraron, técnicos, cantantes, músicos y personal administrativo. Los rodajes de tres películas, actualmente en marcha en Madrid, quedaron interrumpidos durante el cuarto de hora de silencio, al igual que los de series de televisión como «Cuéntame», «Los Serrano», «Casi perfectos» o «7 vidas».

Una vez más, los actores de la «Plataforma Cultura contra la Guerra» volvieron a desmarcarse de las protestas y se desplazaron del lema que encabezaba la manifestación para secundar una pancarta junto a dirigentes de Izquierda Unida como Fausto Fernández e Inés Sabanés.

También la televisión y la prensa. Por su parte, los trabajadores de radio, televisión y prensa, entre ellos los de «LA RAZÓN», secundaron las protestas, mientras que colegios y universidades se sumaron a las silenciosas muestras de repulsa. Más de 12.000 personas se congregaron en los principales centros, facultades y rectorados, donde se recordó a los miembros de la comunidad universitaria muertos o heridos en los atentados.

El tráfico quedó interrumpido en muchas calles y plazas de la capital, entre ellas la de Cibeles, en las que el silencio sólo quedó roto por el eco de algunas sirenas.

La concentración más nutrida se registró en la Puerta del Sol, con la presencia de varios millares de personas, entre las que se encontraba la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. A unas decenas de metros, en la Plaza de la Villa se congregaron los trabajadores del Ayuntamiento, y numerosos miembros del equipo de gobierno municipal junto al alcalde, Alberto Ruiz Gallardón.

Los paros fueron ampliamente seguidos en los centros hospitalarios. En el 12 de Octubre, el hospital en el que aún permanecen ingresados 72 heridos, varios familiares de las víctimas de los atentados se sumaron a la protesta silenciosa de los trabajadores, que llevaban en la solapa lazos negros para expresar su condena a los crímenes, lazos que también podían verse en las ventanas del centro hospitalario, al igual que en las de millares de viviendas de todo Madrid.

También los trabajadores de la Justicia expresaron con el silencio su repulsa a los atentados. El ministro de Justicia, José María Michavila se unió a mediodía, en la calle, a los trabajadores de su departamento. A las puertas de la Audiencia Nacional se concentraron viandantes, funcionarios, fiscales y magistrados, entre ellos el juez Juan del Olmo, encargado de la investigación de los atentados.

Los paros se reprodujeron también en las inmediaciones del Tribunal Constitucional y en el Tribunal Supremo.
La convocatoria de quince minutos de paro se hizo asimismo patente en las zonas comerciales de la capital, donde los consumidores y los trabajadores de las tiendas salieron a la calle y siguieron la protesta en silencio.
Muchos de los establecimientos echaron los cierres y apagaron las luces, mientras sus trabajadores salían a la calle para sumarse a los minutos de silencio. Minutos que tan sólo eran rotos por aplausos cerrados en recuerdo de las víctimas de los atentados del pasado jueves.

Y como punto final a los paros, los madrileños respondieron con sus silencios y sus gritos a la barbarie terrorista. La jornada de ayer fue la demostración de dolor y solidaridad más multitudinaria de España. Madrid se convirtió en un clamor unánime contra la infamia y sus ciudadanos dieron una vez más una lección de civismo.

LA RESPUESTA EN GALICIA
Más de un millón de gallegos claman contra el terrorismo en las calles
Varias ciudades y pueblos vivieron las manifestaciones más multitudinarias de su historia
Dos mil personas asistieron a un funeral por las víctimas en la catedral de Santiago
Una marea humana inundó los dos kilómetros y medio de recorrido en Vigo
Paros en empresas y cierre de numerosos comercios durante más de una hora
Redacción La Voz  13 Marzo 2004

Casi la mitad de los gallegos salieron ayer masivamente a la calle para manifestarse en contra del terrorismo y dejar su impronta en lo que se considera una de las movilizaciones populares más importantes de de Galicia.

El cierre del comercio, incluidas las grandes superficies, de museos como el CGAC de Santiago o el Marco de Vigo, la suspensión de clases en las universidades y las facilidades para el transporte incidieron en la participación masiva contra el brutal atentado de Madrid.

Sólo la afluencia en las ciudades superó el millón de personas y consiguió que Vigo, A Coruña o Ferrol vivieran las concentraciones más multitudinarias de su historia.

Tampoco las localidades más pequeñas se quedaron cortas y en la mayoría de los casos superaron sus propias marcas de asistencia. Es lo que sucedió en el municipio pontevedrés de Lalín, dónde no se conocía una participación como la de ayer, calculada en cuatro mil personas.

Ni el atentado contra el concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, ni la marea negra ocasionada por el hundimiento del Prestige, ni la guerra de Irak, habían reunido a cuatrocientas mil personas en Vigo como congregó ayer la protesta contra el terrorismo, la más multitudinaria de Galicia, como suele ser habitual. La participación no sólo de los vigueses, sino de vecinos de otras localidades limítrofes, consiguió que se superara la cifra de habitantes de la ciudad, en torno a los trescientos mil.

Frases y consignas
«Nadie pondrá precio a nuestra libertad», «nos sentimos ciudadanos madrileños», «no a los que quieren someter nuestra voluntad», «sí a la convivencia, a la pluralidad, a la libertad y al Esado de derecho», «condenamos los atentados y manifestamos nuestro compromiso con la libertad y la democracia». Fueron algunas de las frases y consignas coreadas por los participantes en las manifestaciones. Tampoco faltaron los nostálgicos que recurrieron a «Nunca Máis» o a «No a la guerra».

En algunos municipios como O Barco de Valdeorras optaron por la originalidad y por sugerencia del alcalde acudieron a la manifestación con ramos de flores con la intención de enviarlas por tren de madrugada a las víctimas de los atentados.

La cifra de 20.000 personas que participaron en la manifestación de Vilagarcía de Arousa es comparable con la de protestas contra el narcotráfico.

Conselleiros, diputados, alcaldes, la presencia de políticos fue masiva, sobre todo en las grandes ciudades, así como de sindicalistas y gente del mundo de la cultura.

Poco antes del inicio de la manifestación, el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, ofició una misa funeral en la catedral a la que asistieron más de dos mil personas en solidaridad con las víctimas y familiares.

El arzobispo afirmó que «ninguna situación de injusticia, ningún sentimiento de frustración, ninguna filosofía o religión puede justificar actos terroristas». Barrio pidió la «conversión de los violentos, de los que los apoyan, justifican y encubren».

Los miles de ciudadanos anónimos que protagonizaron las protestas de ayer no ocultaron su ira y mostraron su indignación al margen de la autoría de los atentados, en la que algunos se enfrascaron.

Si bien en muchos casos los vecinos de pequeñas poblaciones se trasladaron a las ciudades más próximas, en otros muchos optaron por organizar sus propias proetstas y manifestaciones locales o comarcales, como sucedió en O Morrazo.

Maragall rechaza pagar un pasaje a tres víctimas del terrorismo
J. Aguilar La Razón  13 Marzo 2004

Madrid- El secretario de Presidencia de la Generalitat de Cataluña, José Luis García Bragado, se negó el jueves a costear cinco pasajes de avión para que dos psicólogas del Gabinete de Sara Bosch y tres víctimas del terrorismo (Roberto Manrique y José Vargas, víctimas del atentado de ETA en Hipercor en 1987, y Rosa Lores, víctima del atentado de la ultraderecha contra la sede de «El Papus», en 1977) se desplazaran a Madrid para asesorar a familiares y víctimas del atentado terrorista en tres estaciones de Renfe en Madrid.

Tras la concentración que tuvo lugar en la Plaza de Sant Jaume, en Barcelona, Manrique ¬que es presidente de la Asociación Catalana de Víctimas del Terrorismo¬, Lores y Vargas ¬militante del PSC¬ se reunieron con García Bragado para exponerle la necesidad de viajar a Madrid y de que la Generalitat pagara los billetes de avión.
«Como Maragall estaba muy ocupado, nos recibió este señor», afirmó Vargas a LA RAZÓN, y añadió: «Le solicitamos, si tenia a bien, un compromiso por su parte para ayudarnos en nuestro viaje a Madrid para ayudar a las víctimas del atentado». La idea de los tres era pagarse el viaje y que la Generalitat les subvencionara el billete de avión, ya que no tienen ningún tipo de ayuda.

La respuesta de García Bragado, según Vargas, fue «No, porque no tenemos firmado ningún convenio». Los solicitantes le propusieron plantear el convenio la semana siguiente y que aceptaran el compromiso de pagar los billetes, una vez suscrito el acuerdo. La negativa fue la única respuesta, argumentada, además, en que no había presupuesto para ello.

Al final, las dos psicólogas viajaron en coche con destino a Madrid para poder prestar sus servicios en la morgue instalada en el pabellón número seis del recinto ferial de Ifema.

Lares le espetó al secretario de presidencia que «había estado toda la vida abandonada hasta que la asociación se había ocupado de ella, y que sentía mucha pena de lo que había sucedido en la entrevista». Mientras, Vargas ya ha decidido darse de baja en el PSC y no votarles mañana, como tenía previsto. «Después de lo que ha pasado, no quiero saber nada del Partido Socialista de Catalunya; creo que no voy a votar a nadie y, si mucho me apuras, creo que voy a votar hasta el PP», aseveró indignada la víctima del atentado de Hipercor.
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