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Recortes de Prensa     Domingo 14 Marzo 2004
Nada esencial ha cambiado: estamos con el Gobierno y contra el terrorismo
EDITORIAL Libertad Digital 14 Marzo 2004

Votar libres e informados
Editorial La Razón  14 Marzo 2004

Días de infamia
Enrique de Diego Libertad Digital  14 Marzo 2004

PROPÓSITO DESLEGITIMADOR
José Antonio ZARZALEJOS ABC 14 Marzo 2004

MARX Y MAHOMA
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 14 Marzo 2004

EL «ERROR MARAGALL»
Jaime CAMPMANY ABC 14 Marzo 2004

Estatutos versus Constitución
José Clemente La Razón  14 Marzo 2004

Pobre España
Martín-Miguel Rubio Esteban La Razón  14 Marzo 2004

La desfachatez de la izquierda
Francisco Marhuenda La Razón  14 Marzo 2004

Prisión perpetua para terroristas
José Luis Manzanares Estrella Digital 14 Marzo 2004

Dos tareas necesarias
Luis de Velasco Estrella Digital 14 Marzo 2004

Pagar o no pagar
Santiago Martín La Razón  14 Marzo 2004

Enfermos no, fanáticos
EDORTA ELIZAGARATE  El Correo  14 Marzo 2004

Despolitizar el terrorismo
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ  El Correo  14 Marzo 2004

Hipocresía
Cartas al Director El Correo  14 Marzo 2004

«El objetivo común de ETA y Al Qaida es matar la democracia»
Javier Gómez La Razón  14 Marzo 2004


 

Nada esencial ha cambiado: estamos con el Gobierno y contra el terrorismo
EDITORIAL Libertad Digital 14 Marzo 2004

Sea cual sea el resultado de las urnas, sea cual sea el reflejo en el voto de la conmoción popular provocada por la masacre del 11-M, nada esencial ha cambiado tras la espectacular investigación policial que en sesenta horas ha sido capaz de descubrir pistas que apuntan a terroristas marroquíes ligados con Al-Qaeda como posibles autores de la masacre. Las razones por las que la Izquierda en general y el imperio prisaico muy en particular negaba la autoría más razonable, la de ETA, era deslegitimar al Gobierno y al PP ante las urnas y prevenir un voto de castigo contra el PSOE por sus complicidades con los socios de la ETA en Estella y Perpiñán. Las razones por las que muchos defendimos y defendemos la actuación del Gobierno en este caso y las hipótesis que desde el principio sostuvo como lógicas son igualmente evidentes: porque lo eran, porque es el Gobierno legítimo de España y porque no hay nada sustancialmente distinto entre una masacre provocada por ETA en Chamartín y una masacre provocada por los islamistas en Atocha, salvo que los muertos de esta última pueden arrojarlos los caínes de Ferraz y de Gran Vía a los pies de Aznar. Razón de más para defender al presidente del Gobierno frente a tan abyecta conspiración. Razón de más para defender al PP del golpismo desatado en una izquierda que se ha apresurado a deslegitimar las elecciones si las pierde. Como de costumbre. Acaso más que nunca, pero como siempre.

Los datos revelados por el Ministerio del Interior nos obligan a una sola rectificación: admitimos que hemos sido demasiado duros con Ángel Acebes, cuya angustia en estos días ha debido ser terrible, pero cuyo comportamiento informativo, transparente hasta extremos muy perjudiciales para su partido, arroja un saldo finalmente positivo para el sistema, para el Gobierno y, sin duda, para su conciencia. No es poca cosa cuando no se sabe qué puede salir hoy de las urnas. No lo es saber que en el Gobierno hay gente timorata de puro decente y no audaz de puro canalla. De Corcuera y Belloch a Mayor y Acebes (pasando por Rajoy) la diferencia moral es... insalvable. Cuando la Izquierda acusa a la Derecha de mentir es porque no concibe que en política se pueda hacer otra cosa. Porque ella no hace otra cosa. “La mentira puede ser una herramienta revolucionaria”, decía Lenin. ¡Se lo van a contar a Rubalcaba!

Nuestro editorial de anteayer se titulaba: “Fue ETA; pero si hubiera sido Al Qaeda, ¿qué?”. Podemos invertirlo y mantenerlo: “Ha sido Al Qaeda, pero si hubiera sido ETA, ¿qué?”. Las víctimas siguen siendo víctimas y el crimen sigue siendo crimen, maten los asesinos en nombre de Alá o de Euskal Herria. Desde el 11-S, Occidente está en guerra contra el terrorismo islámico, por eso defendemos toda actuación nacional e internacional que conduzca a su destrucción. No se puede estar contra el terrorismo en Madrid y no en Manhattan. Quien se somete al protectorado etarra en Cataluña es tan vil y tan estúpido como el que busca un protectorado terrorista islámico para toda España a cambio de abandonar la alianza con los países a los que odian los islamistas: Estados Unidos, Israel, Gran Bretaña... y España. Ben Laden, antes de la guerra de Irak, ya reivindicaba Al Andalus, o sea, España, como hace el terrorismo islámico marroquí que se estrenó en el atentado contra la Casa de España en Casablanca. No hay alternativa a la de la lucha implacable contra los que quieren destruirnos: destruirlos. No sabemos lo que hoy dirán las urnas pero nosotros seguiremos diciendo lo mismo: estamos con el Gobierno legítimo de España y contra el terrorismo. Y estaremos con cualquier otro Gobierno legítimo que luche contra cualquier terrorismo. Ayer, hoy y pasado mañana.

Votar libres e informados
Editorial La Razón  14 Marzo 2004

El extraordinario trabajo de investigación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ha permitido, dos días después de los atentados, poner a disposición judicial a los primeros implicados en la matanza. Se trata de tres ciudadanos marroquíes y dos indios (otros dos españoles de origen indio están siendo interrogados), cuya pista fue hallada gracias al teléfono móvil descubierto en uno de los explosivos sin estallar. Parece que todos ellos están implicados en la falsificación y venta del teléfono y su tarjeta. Esto, indudablemente, apunta hacia la pista islamista y confirma que los expertos acertaban al tenerla en cuenta entre el amplio abanico de posibilidades que se abrió en los primeros momentos.

Gracias a la experta investigación, hoy los españoles estamos mejor informados y podemos acudir a las urnas sin la incertidumbre de no saber en realidad quién quería asesinarnos. Pero también, al margen de los merecidísimos elogios que es obligado hacer a las Fuerzas de Seguridad, conviene agradecer al Gobierno su sinceridad y su pronta información a los ciudadanos, por la importancia del momento electoral. Ante la insidia de quienes han acusado al Ejecutivo de ocultar información a los ciudadanos, y que ayer mismo hacían uso electoralista de las acusaciones y trataban de sacar provecho con manifestaciones frente a sedes del PP, el ministro del Interior, Ángel Acebes, ha demostrado que decía la verdad y que, por fortuna, los españoles tenemos un Gobierno decente que no ha esperado, como se acusaba, hasta después de las elecciones para dar cuenta de las investigaciones.

Eficacia y rapidez
Hubiera sido preferible conocer estos hechos el mismo jueves, y que que la campaña electoral no haya sufrido las incertidumbres del caso. Pero lo cierto es que muy pocas veces puede una fuerza policial en todo el mundo demostrar la eficacia de la española. La rapidez de la investigación así lo avala y es de resaltar que, a pesar de la imprescindible reserva que se debe guardar en estos casos para no poner a los terroristas en alerta innecesaria, los ciudadanos hemos sido informados de hechos relevantes con una prontitud desacostumbrada en estos casos.

La pista parece apuntar, pues, a los extremistas islámicos, vinculados a salafistas próximos a Al Qaida del mismo tipo de los que atentaron ya contra un restaurante español en Casablanca. Pero si el Ministerio del Interior nos ha dicho la verdad, y así lo parece hasta el momento, a los investigadores les queda aún mucho camino por recorrer hasta aclarar todo el asunto. Es posible que ETA no sea responsable de este atentado, lo que significa, ni más ni menos, que los islamistas han acertado donde ellos fracasaron, y bien que lo intentaron con atentados extremadamente similares al perpetrado el jueves en Madrid, felizmente frustrados por las Fuerzas de Seguridad.

Investigación abierta
Lo cierto es que la investigación está abierta y tampoco cabe descartar nada por ahora, ni siquiera el conocimiento o colaboración etarra en la matanza, por lejano que pueda parecer. Sería bueno hacer caso de las llamadas a la prudencia efectuadas por el Ministerio del Interior, cuando afirma que la Policía mantiene aún abiertas otras líneas de investigación, quizás las mismas que apuntaron a ETA en los primeros momentos, como así los expresaron en sus intervenciones los representantes del Gobierno de España y del Ejecutivo vasco del PNV.

Aún cuando no conozcamos toda la trama, hoy disponemos de más información, de más libertad, para acudir a la urnas y elegir a los 350 diputados y a los 208 senadores del Parlamento español y determinar el Gobierno en España para los próximos cuatro años. No cabe la menor duda de que las circunstancias no son la mejores, y que la matanza planea sobre una jornada que no debería ser otra cosa que la gran fiesta de la democracia. Pero así debe ser, a pesar del luto, porque ningún terrorista debería poder influir en nuestra decisión a la hora de votar.
Cuando se planea un crimen tan brutal en un período electoral, es evidente que los autores buscan alterar el sistema democrático y dañarlo con la mayor intensidad posible. Ese es su único fin, porque el Estado de libertades es su gran enemigo, ya se trate de países libres como España, Francia y Estados Unidos, o de naciones en vía de serlo como Iraq o Afganistán. De ahí que hoy la única respuesta posible sea la de acudir a los colegios electorales para reafirmarnos en nuestras convicciones democráticas.

Las históricas manifestaciones del viernes fueron el reflejo de un pueblo digno y responsable, que sabe quién es su enemigo y sale a las calles para, en orden impresionante, mostrar su rechazo. Esa misma ejemplaridad, esa misma responsabilidad cívica y solidaria que causa admiración en el resto del mundo, es la que hoy cabe reproducir en la jornada electoral. Sería conveniente que este ejercicio de libertad lo fuese en el más amplio sentido de la palabra y que todos pudiéramos hoy votar con al misma convicción, con la misma elección que teníamos hecha en el amanecer del jueves, cuando estalló la primera de las bombas. No hay que olvidar que lo que está en juego es la marcha de las cosas en España y que sobre la mesa hay opciones bien diferentes y que de nuestro voto depende que la nación avance en una o en otra dirección.

Días de infamia
Enrique de Diego Libertad Digital  14 Marzo 2004

La coincidencia en el dígito 11 del día y las dimensiones de la masacre, han hecho que un diario abriera su portada sobre el atentado de Madrid con el título “el día de la infamia”. Pero mientras el 11 S fue, en buena medida, una sorpresa, el 11 de marzo no ha sido otra cosa que la culminación de las infamias que cada día se vierten y se perpetran en nuestra querida España.

No tienen ninguna duda mis fuentes de la lucha contraterrorista respecto a la autoría de ETA de la carnicería de Atocha, Santa Eugenia y Pozo del Tío Raimundo, en este Madrid mártir y tan diabolizado –por ciudad abierta y españolísima– por el nacionalismo y los nacionalistas. Mas, como todas las hipótesis han de ser investigadas, y de ello se prevalen algunos para la ceremonia de la confusión, voy a asumir el riesgo de decir lo obvio en primera persona: los psicópatas asesinos son etarras, han sido formados en las escuelas del odio, son el producto de las infamias cotidianas en cuyo medio ambiente sobrevivimos.

El 24 de diciembre lo intentaron en trenes y en Chamartín, tras reunirse con Carod dieron un comunicado de tregua en Cataluña que era, en su lenguaje, la amenaza de actuar de inmediato y en gran escala. Hace pocos días se detuvo una caravana de la muerte en el pueblo de Cañaveras. Nada más pedirle el carnet de conducir el etarra se desmoronó se dio a conocer e informó de la carga de su furgoneta. Tenía consignas imprecisas pero una orden clara: actuar en Madrid. La hipótesis es que a ETA el atentado se le ha ido de las manos. La nueva generación es torpe y sanguinaria, y la mezcla nos mantiene en el orden moral de los asesinos y nos lleva al estilo de los carniceros. Un par de cachorros, con los explosivos en las manos, han querido hacer méritos e historia demostrando de lo que son capaces, de llenar de muerte y dolor a familias de bien.

La cuestión no es tanto si ha sido ETA o no, sino por qué toda una serie de españoles –algunos a su pesar– “necesitan” que no haya sido ETA, empezando por Josu Jon Imaz y por el inefable secretario de organización del PSOE, José Blanco. Porque siendo los terroristas los únicos responsables de los crímenes, vivimos en la infamia cotidiana. La infamia del mantenimiento del tripartido en Cataluña, por ejemplo. La infamia del plan Ibarretxe. La infamia de las subvenciones del Gobierno vasco a la banda terrorista Eta. La infamia de libros de texto oficiales en los que se ensalza y se pone como modelo a los asesinos. La infamia de empresarios que pagan a ETA. La constante infamia de Madrazo y de Llamazares, comparsas y lacayos del nacionalismo étnico. La infamia de los actores y actrices españoles situando el riesgo contra la libertad de expresión ¡en las víctimas del terrorismo! La infamia de Maragall refiriéndose a Madrid con el mismo desprecio reivindicativo que Arzalluz. Las infamias de las ikastolas donde se enseña a odiar al resto de españoles y de escuelas catalanas donde Bargalló quiere que se haga otro tanto. La infamia cotidiana, para no seguir, de tanta irresponsabilidad gratuita.

La unión de los demócratas pasaba por la fortaleza democrática y el rechazo a negociar con el terror. La rompió primero el PNV, con Estella-Lizarra. La ha roto en los últimos tiempos, el PSOE, al dictado de Esquerra Republicana de Cataluña, por necesidades del guión maragaliano. Nunca hemos tenido una izquierda más infame, más hundida en la infamia. El día de la infamia no ha sido otra cosa que la suma de las pequeñas y grandes infamias con las que convivimos, que han tomado carta de naturaleza entre nosotros. Vivimos de milagro entre tanta infamia... porque no íbamos en los trenes de la muerte.

PROPÓSITO DESLEGITIMADOR
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 14 Marzo 2004

HAY una izquierda intelectual y mediática de pensamiento débil y pequeño burgués que, instalada en los mecanismos informativos y en las trincheras de papel, ha logrado manejar como a guiñoles a los representantes de la izquierda política, subordinándolos con sus bulas, sus veredictos, sus cánones, sus obsesiones, sus filias y sus fobias a una dictadura ideológica y estratégica que ha atenazado su desenvolvimiento autocrítico y su soberanía de decisión. El resultado es una izquierda política inerme e inerte, subsidiaria de los peores recursos del pasado -la pancarta, la consigna, la subversión dialéctica- y que se apoya en la muleta de los nacionalismos étnicos y culturales para evitar la apariencia de cojeo y desfallecimiento. La jornada de ayer, democráticamente sucia, es el ejemplo más expresivo de la inanidad de los líderes partidistas de la izquierda y de la hiperactividad irresponsable del gauchismo sin más compromiso que el de sus propias obsesiones.

Corresponde a esos emboscados de la sedicente izquierda intelectual y mediática -desde el micrófono o desde las páginas- el más que dudoso honor de enturbiar hasta límites de indignidad las horas más trágicas de la historia democrática de España. No satisfechos con alentar todo tipo de brutalidades dialécticas -según las cuales el Gobierno estaría engañando a la sociedad, dando pábulo a versiones alucinantes sobre la realidad de intentonas terroristas, y negando el carácter democrático del Gabinete y su partido- han trabajado como estajanovistas en las últimas horas para preparar el discurso deslegitimador del dictamen de las urnas de esta noche si acaso éste encumbra de nuevo al Partido Popular a las responsabilidades del Gobierno de España.

No aceptaron, ni en 1996 ni en 2000, las consecutivas victorias electorales de José María Aznar -«franquito», «charlotín», «falangista»- al que han tratado como a un intruso en el usufructo del poder cuya propiedad les corresponde y que adjudican como absolutistas ilustrados -«todo para el pueblo pero sin el pueblo»- sólo a los dóciles y a los dependientes de su alimento ideológico. Ni una palabra de reproche a los que insultaron e intentaron agredir a Rodrigo Rato y Josep Piqué en Barcelona; mohín hipócrita cuando las sedes del PP fueron asaltadas y arrasadas en los días previos -hace un año- a la guerra de Irak; ni una reprimenda -todo lo contrario, fueron instigados y publicitados por ellos- a los que ayer, jornada de reflexión, se manifestaron de la peor manera, coactivamente, ante la sede central del partido del Gobierno en Madrid. Tampoco han encontrado motivos -«Hay motivo» han rodado ahora en cortometrajes, cuando el terrorismo de Estado y la corrupción desatada y desafiante quedaron sin cineasta que los inmortalizase- para zaherir siquiera a los que desde hace cuarenta años han asesinado de todas las maneras y en estos días, aparentemente reconvertidos, se refieren cínicamente a la «barbarie» del pasado jueves en Madrid. La excelsitud de la hipocresía.

Están preparando, bien se ve, un lunes de derrota electoral para convertirlo en un lunes de deslegitimación si la victoria popular fuese el designio de los electores y no han dudado en utilizar la propia transparencia del Gobierno en las investigaciones sobre los brutales atentados del 11-M, que ayer a través del ministro Ángel Acebes resultó plena y convincente, para arrojársela a la cara, exasperados y ansiosos de que la colaboración de España con Estados Unidos y Gran Bretaña en el conflicto de Irak pase una factura, a poder ser impagable, al Ejecutivo. El viernes, algunos de los representantes de estos cromagnones del gauchismo intentaron y no lograron una manifestación «alternativa». El sábado, violando las convenciones democráticas más elementales, instigaron a un puñado de miles a gritarle a Aznar su condición de «asesino». Un acto de rencor, de venganza ramplona y, seguramente, de temor, al que ellos pusieron altavoz e imagen mientras contemplaban el espectáculo desde la indolente comodidad sabatina del más rancio izquierdismo de salón.

MARX Y MAHOMA
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 14 Marzo 2004

Alas siete de la tarde del 11 el ministro Acebes abría la posibilidad de la vía islamista en la autoría de la masacre. Su gesto quedaba como una prueba de la honradez que le ha acompañado siempre. Y, ¿por qué no tendría que anunciar ante los periodistas que había sido localizada una furgoneta con unos detonadores y una cinta magnética con versos coránicos? ¿Por qué habría que ocultar la personalidad de los criminales? El presidente del Gobierno venía advirtiendo desde antes de los atentados del 11 de septiembre que había una guerra no convencional con los fundamentalistas islamistas, que todo el terrorismo es uno, que las organizaciones dedicadas al crimen tienen relaciones orgánicas.

Modestamente debo señalar que yo he escrito a raíz del 11-S en este diario y de modo más amplio en la revista «Leer» artículos sobre la nueva situación en la que está comprometida la paz internacional. Un tipo de guerra no previsto por Clausewitz, sin fronteras, sin enfrentamientos formales de Estados, sin declaraciones de guerra, sin Estados mayores localizables y con aliados invisibles, con unas posibilidades tecnológicas inimaginables y con más puntos de vulnerabilidad que nunca. Los expertos señalan los ferrocarriles como el punto más débil y más sensible...

La guerra de nuevo tipo comenzó hace tiempo e hizo cambiar las estrategias de las organizaciones terroristas que venían trabajando con lo que podríamos llamar recursos artesanales. ETA es una de ellas.

¿Por qué tendría que negar el ministro Acebes o el jefe de Gobierno esta realidad que había sido no sólo reconocida sino anunciada y que, sin embargo, había sido negada de forma sistemática por la oposición y, más concretamente, por el Partido Socialista y sus intelectuales inorgánicos?

EL jueves 11 habría sido una inmensa irresponsabilidad por parte del Gobierno cerrar toda posibilidad a la autoría de ETA y quedarse tan sólo con la de Al Qaida o cualquier otra organización islamista. Acebes dio la información que tenía y que, por cierto, dio pábulo a nuevas y más fuertes sospechas. Pero el Gobierno cumplía. E investigaba. Y seguía las pistas de los criminales.

Se le ha pedido al Gobierno eficacia. Pues bien, hay detenidos. Pero, sobre todo, hay transparencia. ¿Cabe, por eso, desechar la autoría de ETA, compartida? Durante estas últimas horas corría la versión de una autoría compartida por la parte más dura de la cúpula de ETA, la que jamás querría entrar en cualquier tipo de tregua, y que habría mantenido reservas respecto a sus planes temerosa de que la información pudiera llegar a la Policía española como había ocurrido con los planes previstos para la Nochebuena. Esta fracción etarra habría desbordado al resto de ETA, como sucedió con el atentado de la calle Correo, en Madrid, y con el cometido contra Hipercor en Barcelona en 1987. Nuestra experiencia es desgraciadamente «rica» en este sentido. El asesinato de Carrero Blanco fue realizado por ETA, pero nadie ha conseguido eliminar todavía las sospechas sobre la participación, más o menos activa, de otras voluntades en aquel magnicidio.

LA sociedad española es suficientemente inteligente como para estar abierta a cualquier conclusión. Es la lucha contra el Terror lo que le importa, sea el de ETA o el de cualquier otra organización o de ambas. Llama, eso sí, la atención que determinados políticos y comentaristas, renuentes siempre a las hipótesis de atentados llevados a cabo por organizaciones fundamentalistas, se sientan ahora tan proclives a esta hipótesis. Los que nunca quisieron creer en las posibles connivencias de Al Qaida y ETA, sino que, por el contrario, opinaron siempre que Aznar trataba de utilizar la peligrosidad del fundamentalismo islámico para resolver los problemas interiores... Cuántas veces hemos leído y oído que Aznar se dedicaba a meter miedo a los españoles con posibles atentados de Al Qaida o grupos similares. Ahora, sin embargo, necesitan el terrorismo externo. Miserable oportunismo.

La verdad importa. La verdad en este caso nos hará doblemente libres.

EL «ERROR MARAGALL»
Por Jaime CAMPMANY ABC 14 Marzo 2004

PRONTO, muy pronto, hemos empezado a pagar caro el grave error de Pasqual Maragall, es decir, del socialismo catalán, al pactar con un sujeto político indeseable, políticamente indeseable, Esquerra Republicana de Catalunya, dirigida por un delirante imprevisible como Josep Lluís Carod-Rovira.

Y ese error, inmenso error, no es sólo de Maragall y del socialismo catalán, sino que alcanza de lleno a Rodríguez Zapatero y a todo el socialismo español: a Zapatero, por permitir y autorizar, y a los más ilustres socialistas por quejarse de ello con la boca pequeña, y en definitiva por sacrificar una actitud de obligada firmeza e intransigencia a los intereses de las elecciones cercanas. Lo que se ha producido en el partido socialista no se puede llamar unión, sino componenda o conchabanza.

Aclaro, para que nadie se llame a engaño, que hago esta constatación, apenas discutible y apenas disimulable, con toda preocupación y hasta con pena. No es bueno que uno de los dos grandes partidos de nuestra democracia caiga en una equivocación tan peligrosa. Es como tirarse de cabeza a una piscina sin agua. Aquí, Maragall y el socialismo catalán, y con ellos Zapatero y el socialismo español, se han tirado a la piscina vacía desde el trampolín de la Generalitat. El costalazo ha sido de padre y muy señor mío, y ahora comprobamos los huesos rotos y las magulladuras.

El incidente surgido con la presencia en la manifestación contra el terrorismo del vicepresidente del Gobierno, Rodrigo Rato, y de Josep Piqué no tendría mayor gravedad si no fuera porque denota una situación que muy pocas veces en la Historia se ha podido observar en Cataluña: el triunfo del insulto, la exclusión y el odio en la confrontación política. En un momento en que todas las fuerzas políticas abandonaban lógicas y legítimas diferencias para unirse frente a la violencia del terrorismo, los barceloneses han pateado su seny habitual y han permitido que un grupo de energúmenos imponga su conducta, su mala educación y su inhóspita actitud sobre el criterio educado y hospitalario de la mayoría, quiero creer que sobre el criterio educado y hospitalario de la mayoría. A esa misma hora, el pueblo de Madrid recibía con aplausos a Jordi Pujol y a Durán Lleida, incorporados generosamente a la manifestación emocionante de los dos millones de madrileños.

Tengo para mí que esa grosera descortesía no hubiese sido posible, o habría sido sofocada inmediatamente, si no se hubiera elevado al pequeño grupo republicano y separatista al Gobierno de Cataluña, y si no se hubiese situado a sus dirigentes muy por encima de lo que merece la exigua aceptación popular obtenida en las urnas. La exaltación por parte de los socialistas de ese pequeño grupo político ha permitido ya la elevación de un separatista muy minoritario e irrelevante a la Presidencia del Parlament; la visita de Carod a los etarras en Perpiñán llevando la representación de la Presidencia de la Generalitat; la autopromoción de este mismo delirante nada menos que a ministro del Interior de un improbable «gobierno Zapatero», etc. Y este desaguisado no ha hecho sino empezar.

Estatutos versus Constitución
José Clemente La Razón  14 Marzo 2004

Con apenas 15 días de diferencia, los catalanes han salido en dos ocasiones a la calle para protestar contra el terrorismo. La primera de ellas, que acabó resultando un fracaso, fue para rechazar la tregua acotada de ETA al territorio de Cataluña. La segunda, el pasado viernes y hasta ahora considerada como la mayor manifestación jamás vivida en esa comunidad, fue para mostrar el rechazo al terrorismo y la solidaridad con las víctimas del atentado de Madrid.

Ambas manifestaciones han discurrido bajo pancartas distintas, pero mientras en la primera se reclamaba un nuevo Estatuto, en la segunda desaparecía el término Constitución que sí estuvo, y bien presente, en el resto de manifestaciones de España.

Luego, ¿qué está pasando en Cataluña? ¿Por qué esa aversión hacia la Carta Magna que nos ha permitido vivir en cohesión y concordia los últimos 25 años? ¿Asistimos, como dicen algunos, a la «batasunización» de la política catalana y a la «ulsterización» del País Vasco y Cataluña?

Sea acertado o no ese pronóstico sobre lo que ocurre en ambas comunidades no deja de ser curioso, si acaso no todo un síntoma, que la demanda de un nuevo Estatuto discurra de modo paralelo a la supresión cuando no ocultación de toda referencia a nuestra Ley de Leyes.

Y en ello, los partidos democráticos tienen una gran responsabilidad. Ibarreche, de un lado, y Maragall, del otro, deberían aclarar cuál es su punto de encaje con nuestra Constitución, si es que lo hay. Y si no lo hubiera, que en el caso vasco está claro que no lo hay, deberían decirlo también para saber a qué atenernos.

Llegados a este extremo, cabe decir también que Maragall tiene una responsabilidad histórica entre sus manos. O toma el camino que le indican Carod-Rovira y los suyos, y por tanto el enfrentamiento estaría servido en no demasiado tiempo, o se dirige por la senda constitucional, en la que también se encuentra el resto del PSOE, y deja a los radicales en su delirio tremendista. El resto es como saltar una hoguera de san Juan con una lata de gasolina en la mano.

Pobre España
Martín-Miguel Rubio Esteban La Razón  14 Marzo 2004

No es pobre España porque sus enemigos maten a sus hijos cuando van a trabajar o a estudiar desde Guadalajara, desde la ciudad de Cervantes o desde el Pozo del Tío Raimundo ¬¿dónde estás ahora, dulce padre Llanos, consolador de los afligidos?¬, pues el morir sus hijos a manos de nuestros enemigos ha ocurrido otras muchas veces, sino porque sus políticos parecen de esos pastores mariquitas, finísimos, que no paran de llorar en la Arcadia del gran Jakobo Sannazzaro, el mejor poeta bucólico después de Teócrito y Virgilio, por las putitas de siempre. El corazón de España sangra a chorros que desbordan todos los cauces, y su dolor infinito nos recuerda ahora aquello de «Madrid, corazón de España,/ Madrid que todo lo sientes,/ Madrid que nunca se diga/ y que nunca se comente/ que en el corazón de España/ la sangre se volvió nieve». Tampoco ahora se dirá. Nuestros brazos y nuestras bocas lo impedirán. Tenemos el corazón enterrado en Madrid, y la sangre de Madrid le hace llorar mansamente, interminablemente. Y recuerda también a aquel Byron leído en Madrid, bajo la protectora sombra del almez de El Abuelo en el Botánico: «Ah, Spain! how sad will be thy reckonnig-day!». Porque efectivamente se acerca el Día de la Justicia a los enemigos de España, todos esos miserables viejos conocidos por todos los españoles.

El gobierno salido de las urnas hoy debe jurar por la patria ante todos los españoles la puesta a disposición judicial de todos y cada uno de los criminales que directa o indirectamente, por inducción, planificación, adoctrinamiento o acción han intervenido en esta matanza de compatriotas y, si no fuera posible llevarlos ante los jueces, su eliminación física. ¿Que los manes de España lo persigan si no lo hace! Otros estados más pequeños que el nuestro lo han hecho. Ahí está mi querido Israel, primera línea de Occidente ante la bárbara algarabía, o la misma Holanda con los criminales japoneses. Ya basta de llorar, ya hemos llorado bastante en las manifestaciones que han llenado las calles y plazas de España, ante las pantalla de la televisión, ante las fotos de la prensa que están pidiendo justicia. España entera se ha levantado con un llanto de rabia y dignidad desolada que exige a los gobernates que gobiernen, que piensen más en nosotros que en sus mezquinos intereses de cuota de poder estatal, de reparto de sillas en el gobierno central, en los gobiernos autónomos o en los ayuntamientos.

Nosotros podemos llorar y llorar, hasta ahogar nuestra impotencia en el opio de las lágrimas, pero el gobierno de España no, el gobierno debe actuar con contundencia, con la cabeza helada por una decisión inapelable y una mano de hierro que debe descargar sin miedo, sin el falso cálculo del pusilánime. ¿Nos están matando, joder! ¿Que nos han matado! ¿Es que no ha llegado aún el olor a sangre a La Moncloa o a La Zarzuela? La sangre de Madrid reclama ser vengada. No merecemos el título de «españoles» si esta sangre no se lava con la sangre de nuestros enemigos. Tanto da que los enemigos sean etarras que fundamentalistas islámicos ¬por cierto: ¿se puede ser musulmán y no ser fundamentalista?¬, pues que son lo mismo, bestias de la superstición.

Sé que este artículo es el trabajo más antipolítico que jamás he escrito, pero tiene el enorme valor de latir en él algo de lo que siente mi pueblo en sus masivas manifestaciones, y que, creo, se traduce simplemente a transparente sentido común. No han sido asesinadas personalidades, no han sido masacrados grandes dignatarios, ni príncipes ni princesas. Ha sido asesinado algo más grande, algo más esencial, algo que sostiene nuestra Historia. Ha sido asesinada España el 11 de marzo. Tanto nos ha acostumbrado a la muerte de compatriotas de toda condición la barbarie nacionalista que hasta en esta matanza somos mariconamente correctos. Pero yo no quiero serlo.

«Yace aquí el pueblo que pasó y se queda,/ mejido al barro que le da sustento;/ la historia en tanto por el mundo rueda,/ la lleva el viento...»
No te olvidaré jamás, pueblo mío, masacrado en unos trenes cuando el sol de España te llevaba a laborar y a amar. No te olvidaremos los que aquí quedamos.

La desfachatez de la izquierda
Francisco Marhuenda La Razón  14 Marzo 2004

La izquierda sociológica ha mostrado estos días su auténtico rostro. Es el del resentimiento y el rencor. No ha podido aguantarse y está intentando instrumentalizar la matanza de Madrid para obtener réditos electorales. La verdad es que lo siento, porque es un mal estilo de hacer política. Las críticas, asegurando que sólo se pide saber, tienen la evidente finalidad de desgastar al PP ante la cita electoral de hoy. Los medios de comunicación de la izquierda llevan tres días, inasequibles al desaliento y fieles a su fervor partidista, con insinuaciones contra el Gobierno. No pierden oportunidad en unir el atentado con la guerra de Iraq, para responsabilizar a Aznar como miembro del «trío de la Azores», que por cierto eran cuatro ya que no incluyen al primer ministro de Portugal.

Al terrorismo islámico le importa muy poco Iraq. No es más que una excusa en su cruzada contra las democracias y con el fin de imponer el integrismo islámico como modelo de Estado en todo Oriente Medio. Es falso que seamos blanco porque se apoyó el conflicto contra el dictador Sadam Husein. Como lo es que España participara en una guerra. Ni un solo soldado participó en la liberación de Iraq. La labor que realizan actualmente nuestras Fuerzas Armadas es humanitaria con el objetivo de garantizar la seguridad de la población y el proceso hacia la democracia.

Esto le importa muy poco a la izquierda que, con la desfachatez que le ha caracterizado desde los difíciles años de la Transición, sólo busca un buen resultado electoral. La política de comunicación del Gobierno ha sido ejemplar, algo que tiene mérito porque ha sido uno de sus puntos negros. Ha sido capaz de coordinar con eficacia una situación tan impensable como compleja. Es imposible imaginar la tarea titánica que tuvo que hacer frente el ministro del Interior, Ángel Acebes, y su equipo para coordinar todos los operativos. Y a pesar tienen la desfachatez de criticarlo.

Prisión perpetua para terroristas
José Luis Manzanares Estrella Digital 14 Marzo 2004

El eslogan turístico de “España es diferente” fue aplicable durante décadas a nuestra lucha contra el terrorismo. Sólo en los últimos años se ha ido consolidando una actitud más firme, en línea con lo que debía esperarse de un país realmente unido y sin complejos. Y aún así, sigue habiendo beneficiarios políticos del crimen (los recogedores de nueces), progresistas de guardarropía y otros personajes que por las razones que sean están mas cerca del ultraizquierdismo de una banda asesina que de un régimen democrático entendido a la manera occidental, es decir, no como en las viejas repúblicas “democráticas” del Este, su llorado punto de referencia.

En España, durante mucho tiempo, los cadáveres de las víctimas de ETA desaparecían por la puerta de atrás como testigos molestos en una política de paños calientes. En España, durante mucho tiempo, la iglesia nacionalista vasca estuvo -¿sólo en pretérito?- más cerca de los pobres hijos descarriados por culpa de Madrid que de sus víctimas. En España, ha habido y continúa habiendo un nacionalismo de doble lenguaje. Se condena de palabra a la organización terrorista, pero se pacta con ella porque se persiguen idénticos fines. Son los mismos que procuran entorpecer por todos los medios la derrota definitiva de sus compañeros de viaje. Los que llegaron al esperpento de colocar a un líder de ETA, “Josu Ternera”, en la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco. Ese individuo siniestro cuyo voto permitió a Ibarreche ser lendakari de su Comunidad Autónoma. Pedirán la desaparición de la Audiencia Nacional y les delatará el gesto si se consigue una extradición, se endurecen las penas o se combate el entorno político de ETA. Se opondrán a la ilegalización de Batasuna y desobedecerán al propio Tribunal Supremo. No se unirán a la lucha contra los etarras para, acabada la pesadilla, poner limpiamente sobre la mesa sus demandas. Prefieren lanzar el ultimátum mientras que se mantiene la presión del terror.

En España, hasta hoy, destacadas personalidades públicas se sienten honradas con el premio Sabino Arana, ese iluminado racista que, precursor de Adolfo Hitler, está en el origen del terrorismo etarra. En España, los farsantes que nunca protestaron contra el totalitarismo comunista ni lamentaron sus decenas de millones de muertos se ponen chapitas y pegatinas contra la guerra en Irak -donde los españoles no han disparado un sólo tiro- pero no contra los etarras que asesinan a sus compatriotas (ellos se han ganado su particular salvoconducto). En España, el Código Penal del progresista biministro Belloch consideró que la apología del terrorismo carecía de relevancia penal, facilitando así los homenajes públicos al asesino convertido en héroe y nombrado hijo predilecto de su pueblo, con calle dedicada y danzas típicas. En una parte de España, la quema de la bandera nacional se convirtió en un pasatiempo.

En España, el Tribunal Constitucional -con el voto particular en contra de los magistrados Mendizábal Allende y Vicente Conde- anuló una sentencia del Tribunal Supremo condenando a los miembros de Herri Batasuna por colaboración con banda armada. Se reconocía que la pena era legal, pero se la estimaba excesiva. Sería desproporcionada por el escaso desvalor de la conducta sancionada: ejercer de portavoz público para una banda con casi mil asesinatos a sus espaldas. ¿Habrá cambiado aquel sentido de la proporcionalidad tras la última masacre? El ciudadano sabe que las penas de los” tironeros de bolso” y los vendedores de una papelina de hachís nunca recibieron tanta atención.

En España, las manifestaciones contra la banda terrorista suelen llevar pancartas o carteles muy comedidos -“ETA no” o “Paz ya”-, en lugar del rotundo “ETA asesinos”, como si se temiera caer en la descortesía o, lo que sería peor, la provocación. También se alzan manos blancas, algo más propio de una representación escénica frente a un enemigo sensible que del rechazo radical a un hatajo de alimañas. En España hay quien, sin necesidad de ser nacionalista, busca la equidistancia entre la banda y el gobierno legítimo que la combate con escrupuloso respeto de la legalidad. Y en España, hay algún político que pese a ofrecer comprensión y apoyo logístico a ETA para lograr la impunidad de los suyos, sigue disfrutando de reconocimientos oficiales.

Se han dado en la España de los últimos años grandes pasos contra el terrorismo (alguien debería explicar por qué no se dieron antes), pero aún se mantiene la paradoja de que, precisamente el país europeo que más lo padece renuncie a la pena de prisión perpétua. No sé -si no es como efecto residual de un retroprogresismo de salón, carente de respaldo popular pero afianzado en ciertos medios de comunicación y determinados ámbitos de una discutible intelectualidad- por qué aquí seguimos haciendo ascos a lo que nadie discute en Francia, Italia, Alemania, Austria, el Reino Unido y un larguísimo etcétera. Se diría que la vida vale menos en España que en el resto de la Unión Europea. El terrorista que asesina más allá de los Pirineos a una sola persona es condenado a prisión perpétua, pero en España no, aunque los cadáveres se cuenten por centenares.

Creo que a las familias de las víctimas mortales -ahora que tanto se habla de las víctimas- les gustaría saber que el destino de los asesinos es la prisión perpétua y no sólo un complicado sistema de ejecución de penas temporales. Sepa el lector que esta equiparación a nivel europeo no se postula por primera vez al socaire de la última masacre, sino que es una demanda expuesta de palabra y por escrito durante treinta años, incluso cuando la mera mención de lo vigente en las grandes democracias europeas -con independencia del color de sus gobiernos- era ya políticamente incorrecto. Y sepa también que el terror es uno y que cuanto aquí se dice vale por igual para ETA que para Al Quaeda.

Tal vez convenga recordar ahora -yo soy penalista y sólo quiero aportar mi granito de arena en lo que conozco- que puede darse un paso más en la puesta a punto de nuestro ordenamiento jurídico para combatir mejor el terrorismo o, al menos, para satisfacción de las víctimas dentro de lo que la justicia exige. Claro que los de siempre dirán que no son buenas las reformas en caliente. Luego, cuando se vaya apagando el recuerdo de la tragedia, dirán que ya no hacen falta. Y así hasta la próxima. ¿Por qué?

Dos tareas necesarias
Luis de Velasco Estrella Digital 14 Marzo 2004

Una vez más, el ínclito Ibarretxe se equivoca cuando afirma que “no son vascos, son alimañas”. La frase adecuada es “son alimañas vascas”, para desgracia de los muchos vascos que no los apoyan y del resto de españoles. Son, además, hijos de un caldo de cultivo que los enseña, los alecciona, los jalea y los mitifica y vitorea. No vienen de la nada ni del vacío. Son hijos de esa intolerancia que mata o que no deja vivir a muchos que deben ir con escolta o que deben mirar a ambos lados cuando salen a la calle o en los bajos del coche. O que, incluso, no pueden salir a la calle. Reflexionemos sobre esto.

Qué posibilidad de diálogo hay con éstos o con quienes comparten no sus procedimientos pero sí sus fines y esperan de este modo obtener un precio político por el final de la barbarie? Ninguna. ¿Dialogar acerca de qué? Más aún: ¿negociar? Eso del diálogo y de la negociación queda como muy democrático, pero seamos serios: cualquier atisbo o indicio de que ello es posible, lo único que hace es fortalecer al enemigo, que piensa que cuantos más muerte y dolor cause, mayor será su fuerza en esa posible mesa negociadora.

Hay dos tareas prioritarias. De un lado, proseguir con la política de labor policial, de cooperación internacional y de aplicación estricta del Estado de Derecho a los compinches de la banda terrorista. De otro, una labor imprescindible de saneamiento integral que exige desalojar por la fuerza de las urnas al PNV. Difícil porque son muchos años de presupuesto controlado, de clientelas y de corrupción.

La terrible conmoción del atentado llega, y es lógico, un poco atenuada a Nueva York. Pienso lo mismo que pensaba antes del mismo y del, lamentablemente, próximo. No es asunto emocional. Mañana, a las 13.00 horas de Nueva York (las 19.00 en la Península), nos concentraremos españoles de aquí en apoyo de las víctimas y los suyos y en rechazo a la barbarie que no quiere acabar pero que, algún día, será derrotada.

Pagar o no pagar
Santiago Martín La Razón  14 Marzo 2004

Tras el atentado, la cuestión principal parece haberse fijado en la autoría. Para muchos, estimulados por algunos políticos, no es lo mismo que los asesinos sean fanáticos vascos o fanáticos musulmanes. Creo que este es un planteamiento equivocado. La cuestión principal no es la de quién ha sido, sino por qué ha sido. Y la respuesta a esta cuestión es sólo una, al margen de la autoría: nos han puesto las bombas por no pagar y para meternos el miedo en el cuerpo y que paguemos.

Pagar o no pagar, ésa es la cuestión.
Porque, si decidimos pagar, habremos acabado con el terrorismo, sea de ETA o de Al Qaeda. Si pagamos lo que ETA pide, ya no pondrán bombas, y lo mismo ocurrirá si accedemos a lo que reclaman los islamistas radicales. Pero si decidimos no pagar, tendremos que enfrentarnos al terrorismo, sea cual sea su rostro.

Y no podemos pensar que debemos pagar a unos y no a otros. No podemos creer que debemos ser firmes ante ETA y dejar a Estados Unidos a solas con Al Qaeda, para que nos maten unos pero no nos maten los otros. Primero, porque sería lo mismo que darle la razón a Carod Rovira, que pactó que mataran en Madrid pero no en Barcelona; en el fondo, estaríamos diciendo: maten ustedes en Nueva York pero no en Madrid. Segundo, porque cuando dobleguen a Estados Unidos vendrán a por nosotros, como irán a por todos los demás, al margen de la postura que hayan adoptado. ¿O no intentaron volar el Vaticano, a pesar de haber sido el Papa el más firme opositor a la guerra de Iraq?

Pagar o no pagar el impuesto terrorista, ésa es la cuestión. Y como no vamos a pagar, ni a ETA ni a Al Qaeda, lo mejor es estar unidos a todos los que, en el resto del mundo, han decidido vivir con dignidad aunque eso les suponga sufrir las consecuencias terribles de onces de septiembre o de onces de marzo.

En todo caso, lo que no se puede consentir es el electoralismo inmoral que ha llevado a cabo la izquierda con motivo del atentado. Un electoralismo que ha sembrado el odio y que estalló contra Rato en Barcelona o contra la sede del PP en Madrid. No sólo pactan con terroristas, sino que alientan la violencia con tal de conseguir votos.

Enfermos no, fanáticos
EDORTA ELIZAGARATE/PSIQUIATRA El Correo  14 Marzo 2004

La forma que tiene el terrorista de construirse una realidad representa uno de los elementos fundamentales de su ideología. A la pregunta sobre si son personas patológicamente perturbadas las que han ocasionado la matanza de Madrid, he de responder negativamente. En las filas del terrorismo se juntan dos clases de personas: por un lado, psicópatas con una absoluta indiferencia hacia el dolor que generan y con una absoluta falta de empatía;y por otro lado, y que me interesa mucho más resaltar, verdaderas personalidades fanáticas. En nuestro caso, el terrorismo etarra -como señaló en su día Enrique Echeburúa-- se nutre tanto en sus ejecutores como en sus acólitos de prejuicios etnicistas que constituyen ideas sobrevaloradas, de igual modo que su fe patriótica y su militancia política. En otros casos, la idea sobrevalorada tiene características religiosas. En la historia existen casos de personas que, llegadas, al poder llevaron el mismo prejuicio para perpetrar los más execrables crímenes.

Hitler no fue nunca un paranoico, sino un fanático con una idea sobrevalorada de su raza donde se ancló el antisemitismo. Los fanáticos y sus voceros se creen en un derecho cuasimístico de sus propios destinos en el que pueden imponer sus ideas, sentirse depositarios de trascendencia y de ahí creerse vanguardia y elite. Y me refiero a ellos y a los que los apoyan. Cualquier asomo de culpa del dolor que generan queda absolutamente borrado con dicha ideología. Uno queda indemne con tales ideas totalitarias. Las personalidades fanáticas se caracterizan por una actitud sumisa hacia las autoridades morales del grupo y por supuesto tienen una rígida adherencia a valores convencionales que en este caso están resumidos en que el extraño es el depositario de todos los males propios. Cuando se viola alguno de estos valores hay una disposición evidente al castigo, y ejemplos no faltan incluso con sangre.

El terrorista posee, como he señalado, una mística determinación del destino del individuo y una creencia en primitivas y hereditarias teorías. No es ajeno a su pensamiento la preocupación con aspectos de dominación-sumisión en las relaciones humanas, y el cinismo con respecto a la naturaleza humana es otra de las características de la personalidad fanática. En situaciones de dominio político de una idea totalitaria se buscan sujetos con rasgos típicos como la ya citada adhesión inquebrantable e inflexible a una idea, la intolerancia a la ambigüedad y una visión dicotómica y categorial de la realidad: o buenos o malos, o amigos o enemigos

La inteligencia se basa en muchos parámetros y uno de ellos es la llamada inteligencia introspectiva y relacional. Varios autores han formulado que el estilo cognitivo que se muestra en la actitud de la gente hacia los estímulos sociales determina su propensión a adherirse a prejuicios. Más inclinadas hacia los prejuicios están las personas que tienen tendencia a reducir información compleja en pocos elementos, y por ello ignoran sutiles pero cruciales diferencias entre los estímulos individuales. El dogmatismo en cuanto cerradas e invariables creencias ha sido también mencionado como un estilo cognitivo que está arraigado frecuentemente con unos prejuicios etnicistas altos. De acuerdo con el cuerpo sustancial de investigación, las habilidades cognitivas mostradas en los tests de inteligencia de las personas que se adscriben a estos planteamientos -estudios publicados midiendo actitudes étnicas en un suburbio de Boston y publicados en la década de los 70- son pobres y están acompañadas de la aceptación y el mantenimiento con mayor facilidad de los prejuicios etnonacionales. En otras palabras, más altas habilidades intelectuales parece que retardan el acceso a los prejuicios etnicistas.

Pero, más allá de las capacidades intelectuales, hay otro término que varía entre los diversos adeptos, y estoy hablando de la miseria moral. Para alejarnos de sus manifestaciones, que no son otras que una pseudoidentificación con el agresor, y cuyos ejemplos son la pretendida sorpresa sobre la autoría del atentado o la simple valoración de tertuliano político de tercera división que se lamenta sobre todo de una posible ganancia de una formación política, nos queda a nosotros una fibra moral que transmitir. Me estoy refiriendo a que la comprensión de las similitudes es una tarea pedagógica y ética mucho más compleja intelectualmente que la comprensión de las diferencias. Y por último recuerden que existe en nuestra sociedad un fascismo quinta columna con prejuicios etnicistas que abraza la doctrina de la raza superior humillada.

Despolitizar el terrorismo
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ /PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA DE LA VIOLENCIA El Correo  14 Marzo 2004

Aunque la autoría del asesinato en masa de Madrid no se aclarará del todo hasta pasadas las elecciones generales, no opino que atribuyendo los asesinatos a ETA erráramos tanto, al menos en el sustrato básico del fenómeno. Los atentados de Madrid nos enseñan, sobre todo, que el terrorismo es un fenómeno global y uniforme tenga las siglas que tenga por disfraz. Cualquier terrorismo es exactamente igual que otro, en el fondo. Los asesinatos que pudieran haberse cometido bajo el rubro de Al-Qaida pueden muy bien ser el reflejo de atentados de ETA en el futuro o de aquellas caravanas de muerte frustradas en el pasado. No perdamos esta eventualidad de vista.

A veces nos dejamos desorientar por los contextos en los que el terrorismo se inscribe y perdemos de vista la verdadera dimensión de su naturaleza criminal. Los atentados, los asesinatos, de personas individuales o de un conjunto de ciudadanos masacrados, nos revelan terca y trágicamente la realidad que nutre el comportamiento terrorista. En España, pero sobre todo en Euskadi, llevamos varias décadas distraídos en determinados factores esenciales sobre la real personalidad de la banda terrorista ETA. Del mismo modo, en multitud de escenarios de fanatismo islamista se reside en la incapacidad de contemplar al crimen contra la Humanidad que se esconde tras cualquier disfraz ideológico bajo el que Al-Qaida pretenda ocultarse.

En España, ETA ha puesto todo los medios para generar esta desorientación. Desde que varios jóvenes vascos se agruparon en la decisión de asaltar, amenazar, mutilar y asesinar a la sociedad española abanderando un aparataje ideológico ficticio para implantar en Euskadi un sistema etnicista y totalitario, las diversas estructuras dispuestas por ETA han estado dedicadas a asesinar, pero sembrando a la vez el desconcierto sobre nuestra percepción sobre esos productos netamente criminales que son los homicidios. Desde tejer una tela de orgánulos sociales que van desde la violación torticera del euskera, pasando por un granado montaje para anestesiar a los familiares de los asesinos encarcelados, hasta llegar a empresas para blanquear dinero de extorsiones y, sobre todo, a un partido de disfraz político infiltrado en el sistema democrático, ETA ha contaminado Euskadi con un manto vírico de propaganda que, hasta fechas bien recientes, ha logrado confundir a una parte medio incauta medio indiferente de la población. La parasitacion del ideario del nacionalismo independentista ha sido, además, el eje sobre el que una banda criminal ha sustentado su proyección como 'grupo que utiliza la violencia con fines políticos'. Ya es tiempo de que cambiemos esa percepción, de que la desterremos para siempre de la concepción global que tiene la sociedad española de aquellos fenómenos de criminalidad que en ella se producen.

Al igual que los grupúsculos en red que forman Al-Qaida, ETA no es una banda armada, sino un grupo criminal organizado. El asesinato en masa de Madrid no es más que la trágica y sangrienta traducción de esa personalidad netamente criminal. Lo político en ETA o lo tortuosamente religioso en Al-Qaida no son más que instrumentaciones para justificar asesinatos, igual que cualquier criminal en serie elabora todo un entramado mental más o menos complejo para justificar la aniquilación sistematizada de vidas humanas. La coincidencia o no de ETA con postulados independentistas responde al mismo oportunismo criminal que convierte a una persona en víctima de un atentado. Bien es cierto que, con gravísimos accesos de ceguera irresponsable, partidos como el PNV y personajes como Carod Rovira han alimentado de alguna u otra forma el desvarío fabricado por los asesinos de ETA. Sin embargo, a pesar de los profundos errores cometidos de cuya evaluación se encargará la Historia para tristeza de las víctimas, es momento de detenerse y encauzar el camino adecuado para la total criminalizacion de ETA.

Desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco, fundamentalmente, pocos restan en la sociedad española que no tengan claro que la única característica definitoria de ETA es su raigambre criminal. Es significativo que el pueblo haya llamado a la unidad a través de una voz que siempre ha simbolizado la hermandad de los españoles en los momentos de crisis de nuestra aún breve historia democrática: Su Majestad el Rey nos ha recordado que hemos de afrontar la amenaza desde una unidad libre de mezquindades políticas. Ahora es necesario que las formaciones parlamentarias, regionales y nacionales se pongan a la altura de sus ciudadanos y de su Rey y despoliticen definitivamente a ETA. En este proceso de despolitización deberían confluir el tratamiento de ETA como fenómeno criminal, y no como un síntoma de ningún conflicto histórico en Euskadi y la inquebrantable unidad de la política democrática. La despolitización no perseguiría dejar al terrorismo fuera de las decisiones políticas, sino, precisamente, hacer de esas decisiones instrumentos de Estado desprovistos de sectarismos.

No tiene explicación que el PNV, por mor de profundizar en un autonomismo secesionista, resulte hirientemente ambiguo en su posicionamiento, no sólo con respecto a ETA sino con relación a todo el entramado que ETA ha construido para desorientarnos. Con las familias de Madrid sufriendo, no es asumible que nadie recurra a planteamientos de diálogo con asesinos sistemáticos. En una democracia moderna, es inviable que los representantes de la soberanía popular no sean capaces de acordar un pacto común que establezca un claro alineamiento frente a la amenaza criminal, priorizado por encima de cualquier interés partidista. Las elecciones de hoy tienen que servir para que los ciudadanos voten por un gobierno y un parlamento y para que ese ejecutivo, inmediatamente después de constituirse, convoque al resto de partidos, sin exclusión, a un pacto de Estado integral frente al terrorismo, un pacto político para despolitizar a ETA y afrontarla policial, judicial y criminológicamente.

Hipocresía
Edurne Zarraoa Gabikagogeaskoa/Getxo-Vizcaya Cartas al Director El Correo  14 Marzo 2004

Que, después de semejante monstruosidad, Otegi, Rovira, Madrazo, Ibarretxe, Azkarraga e Imaz estén rezando para que no haya sido ETA, y que estén dándole vueltas a si los matarifes son vascos o no, me parece un insulto, uno más, a nuestra inteligencia. ¿Hay terroristas buenos y malos? ¿Los vascos-vascos que mataron a las mil personas antes eran mejores porque eran de los suyos? ¿Por eso había que defenderles? ¿Por eso se sientan junto a ellos y se aprovechan de sus votos? ¿Por eso pusieron a 'Josu Ternera' en la Comisión de derechos humanos del Parlamento? Los vascos que gracias a su hipocresía aún no conocemos la libertad nos avergonzamos de ello y no lo olvidaremos, así que no nos insulten. No hay terroristas buenos y malos, ni 'de los nuestros y de los otros'; sólo asesinos. Ustedes lo saben y llevan 30 años mirando para otro lado.

«El objetivo común de ETA y Al Qaida es matar la democracia»
El filósofo André Glucksmann asegura que el 11-M «es una forma de dividir a los que tienen el placer de vivir, nosotros, de los que tienen el placer de matar, ellos»
Fue uno de los pocos franceses en afirmar que era más importante oponerse a Sadam Hussein que a Geroge W. Bush. El pensador francés Andre Glucksmann, que acaba de publicar en España su libro «Occidente contra Occcidente» (Taurus), asegura en esta entrevista a LA RAZÓN que la matanza del 11-M deriva del nihilismo, y no del Islam, como «una estrategia positiva de crueldad». Es el mal por el mal, afirma, la destrucción sinmás ideología que la destrucción.
Javier Gómez La Razón  14 Marzo 2004

París- Sus opiniones encienden la polémica con suma facilidad. Profesor de Filosofía, ex maoísta y crítico con el marxismo, autor de libros como «La estupidez: ideologías del posmodernismo» y «El undécimo mandamiento». La máquina de pensar del filósofo francés André Glucksmann (66 años) lleva más de tres décadas deshaciendo el nudo moral de la violencia, intentando desentrañar esos intrincados y secretos lazos que ahogaron Madrid el pasado miércoles. «Conmocionado» como todos por la violencia irracional del atentado múltiple, «nihilista» la define él, nadie podrá achacarle, sin embargo, no haber predicho las trágicas reverberaciones que provocaría el estruendo del 11-S, como hizo en su último libro, «Dostoievski en Manhattan».

-¿Dostoievski se ha mudado de Manhattan a Atocha?
-Sin ninguna duda, pero no lo digo yo. Es algo asumido por todos: lo ocurrido en los atentados de Madrid es el 11-S de Europa. Y verifica lo que escribí tras el horrible atentado de Nueva York. La nueva violencia nihilista supera el marco del Islam y, sobre todo, no tiene únicamente en su diana al enemigo americano, como pretendían algunos.

Sin fronteras
-¿Quiere decir que estamos todos amenazados por esta nueva violencia?
-Por desgracia, sí. Es el nuevo destino del planeta.

-¿Cambiaría su análisis el que se tratase de ETA o que fuese Al Qaida?
-Lo más terrible es que haya algo de común entre las dos hipótesis que se manejan. Que existan argumentos sobre la responsabilidad de ETA, y se encuentren otros que puedan explicar la autoría de Al Qaida demuestra que el terrorismo nihilista no tiene fronteras, ni ideológicas ni políticas. Su único denominador común es matar la democracia sea como sea. Al margen de que luego la policía determine quién es el culpable, filosófica y socialmente es inquietante que puedan ser tanto unos como otros.

-¿Cómo interpreta la reacción de la sociedad española?
-Los españoles han reaccionado ejemplarmente después de la matanza. Deben expresar lo que han sentido, porque la exteriorización del pensamiento sucede a la de los sentimientos y ya habrá tiempo para ella.

-Los neoyorquinos mostraron su solidaridad con las víctimas de diferentes maneras, pero no hubo manifestaciones organizadas en todo el país, como anteayer en España. ¿Estas iniciativas masivas de la sociedad permiten exorcizar mejor el mal de la violencia?
-Creo que sí, porque es toda la sociedad quien se siente atacada, aunque el número de víctimas sea limitado. Es una forma de dividir a los que tienen el placer de vivir, nosotros, de los que tienen el placer de matar, ellos.

-¿Ha entrado el mundo en un periodo de ruptura con el siglo XXI?
-Si algo caracteriza lo que bien podríamos denominar un «nuevo mundo» es un fenómeno desconocido y planetario: el terrorismo sin fronteras. Durante la guerra de Vietnam, los comunistas aterrorizaban, ergo practicaban el terrorismo, a su propia población, pero no ponían bombas en los Estados Unidos. George W. Bush lo explicó como un «eje del mal», aunque se equivocó en el concepto, porque no se trata de un eje sino de una red. Pakistán, mayoritariamente musulmán, ha reconocido que vendió tecnología atómica a un régimen estalinista como Corea del Norte, a otro chií como Irán y a Libia. ¿Qué tienen en común todos estos países?

-¿Qué otros rasgos definen este nuevo terrorismo?
-El terrorismo es la actividad amenazante de un hombre armado frente a otro hombre desarmado. Poco importa que sea de parte de unos clandestinos como ETA, o de un ejército, como las tropas rusas en Chechenia, que matan indiscriminadamente a la población civil, mujeres y niños, o asolan ciudades como Grozni, de una manera que no había visto Europa desde Hitler en Varsovia.

Resistencia
-¿Qué armas de defensa le quedan a una sociedad?
-En ocasiones, tendrá que ser policiales, en otras, militares (como las invasiones de Afganistán y de Iraq), pero lo esencial de la batalla está en las cabezas de todos los ciudadanos. Que expresen claramente que no se dejarán aterrorizar. La lucha de las mujeres iraníes o afganas que se niegan a que su religión las aterrorice también puede ser calificada de lucha antiterrorista.

-Perdone una pregunta algo simple para terminar la entrevista, ¿el mal tiene límites?
-En todas las sociedades a lo largo de la Historia se ha enseñado a la gente a limitar la violencia, a que no se puede matar a quien sea y como sea. Las cosas han cambiado. Hoy, dos tercios del planeta están tan desestructurados que en ellos hay gente capaz de matar por una casa, una mujer o sólo por placer. Un amigo, el escritor alemán Hans Christophe Buch, estuvo hace poco en Liberia. Hablaba con un chaval de trece años, líder de una banda, y le preguntó: «¿No tienes miedo de matar a tu hermana o a tu madre?» «Why not?» (¿Por qué no?) fue la respuesta.
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