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Recortes de Prensa     Lunes 15 Marzo 2004
La sucia victoria
José Clemente La Razón  15 Marzo 2004

DERROTA SIN NINGÚN ATENUANTE
BENIGNO PENDÁS ABC 15 Marzo 2004

Hoy son mayoría
EDITORIAL Libertad Digital  15 Marzo 2004

LA IZQUIERDA ATAPUERCA
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA  ABC 15 Marzo 2004

Azuzando el odio y el miedo
Cristina Losada Libertad Digital  15 Marzo 2004

LA EXPLOSIÓN DE LAS URNAS
Jaime CAM`PMANY ABC 15 Marzo 2004

Contribuciones a la derrota
Pío Moa Libertad Digital  15 Marzo 2004

Cambios de escena y de actores
José María Carrascal La Razón  15 Marzo 2004

Terrorismo
Carlos SEMPRÚN MAURA La Razón  15 Marzo 2004

El sueño de la paz
GEES Libertad Digital  15 Marzo 2004

Mi pancarta
Víctor Corcoba La Razón  15 Marzo 2004

Justificación del bien
Antonio García Trevijano La Razón  15 Marzo 2004

Se han retratado
Iñaki Ezkerra La Razón  15 Marzo 2004

Crónica de hiel y sangre
Rubén Osuna Libertad Digital  15 Marzo 2004

Cobardes
Borja Gracia Libertad Digital  15 Marzo 2004

Pruebas y contexto
José Javaloyes Estrella Digital 15 Marzo 2004

Los niños de la paz
Cristina Losada Libertad Digital  15 Marzo 2004

A pensar
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  15 Marzo 2004

La cuestión de la pedagogía
Pío Moa Libertad Digital  15 Marzo 2004

Un testimonio
Agustín Gómez Presas Libertad Digital  15 Marzo 2004

Al Qaida prefiere a ZP
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 15 Marzo 2004

Crímenes rentables
Cartas al Director ABC 15 Marzo 2004

Los autores de la matanza eran marroquíes
J. M. Zuloaga / R. L. Vargas La Razón  15 Marzo 2004

«Si golpeamos a España, la victoria socialista es casi segura»
L.M. Ariza La Razón  15 Marzo 2004

Ataques y acoso a los candidatos del PP
Redacción La Razón  15 Marzo 2004

La sede del PP en Culleredo amanece arrasada por el fuego
Redacción / Culleredo El Ideal Gallego 15 Marzo 2004
 

La sucia victoria
José Clemente La Razón  15 Marzo 2004

L as elecciones generales son la expresión más clara del ejercicio de la soberanía, que reside en el pueblo. Lo que éste decide va a misa. Eso es la democracia. Por tanto, en lógica democrática toca felicitar al PSOE, vencedor de las elecciones generales de ayer.

Pero la victoria socialista no es una victoria limpia, ganada a pulso, con programa y mensajes. ¿No! La victoria del PSOE es una victoria sucia, basada en el guerracivilismo, las formas antidemocráticas, la violencia y la falta de respeto al adversario.

Ya tienen lo que querían, el poder, el poder logrado con trampas y miedos, el poder arrebatado con malas artes y suciedad, con persecución del que no pertenece al clan. Una victoria que engendrará odios, facilitará limpiezas, destapará viejos rencores y germinará lo que en esta recta final de campaña se ha sembrado: la intolerancia. Los actores del «No a la guerra y del sí a ETA» serán contratados. Urdaci será despedido.

La España federal de Maragall vendrá como un todo y los estatutos serán reformados hasta el límite de romper la España de todos, la España de las oportunidades.

Ya no tienen excusa alguna los que defendieron el diálogo con los terroristas. Podrán hablar con ETA o Ben Laden tantas veces como quieran y aceptar lo que ellos les propongan, desde la independencia vasca a los «papeles para todos», de forma que en pocos años se hagan los dueños de Al Andalus.

Así, Chaves, podrá seguir gobernando mil años más, incluso después de muerto. Ya pueden parar el PHN, agrupar los presos vascos, cambiar la política del ladrillo, crear vivienda pública para los amigos y enviarnos al paro, especialmente, a todos aquellos que no escribimos al dictado.

DERROTA SIN NINGÚN ATENUANTE
BENIGNO PENDÁS ABC 15 Marzo 2004

El Partido Popular ha perdido las elecciones más tristes. Cuatro días para la historia. Masacre el 11-M. Expresión de la soberanía el día 12. Maniobras desleales el 13. Sorpresa y fracaso popular, ayer. La gente normal llora, ayuda, medita, exige, vota... Pero no ha entendido el riesgo que afecta a la idea y la realidad de España, titular única de la soberanía nacional que ha ejercido con firmeza en la calle y en las urnas. El peligro, como es obvio, deriva de una eventual hipoteca nacionalista: es hora de plantear la convención constitucional entre PP y PSOE que impida el intercambio de apoyos en la investidura por reformas constitucionales y estatutarias. El resultado es difícil de asimilar y no debe llamar a engaño. Tiempo habrá para el análisis, pero conviene apuntar ahora alguna hipótesis.

No basta la gestión eficaz ni la búsqueda magnética del centro. Hay que disputar día tras día la batalla de las ideas. Es preciso hablar claro y sin complejos. Pensemos en los efectos del atentado. Supongamos (aunque no es seguro) que sea obra del terrorismo islámico. Sin duda, el Gobierno ha sido transparente en la información, a pesar del tono «frentepopulista» de los actos del sábado. Pero la campaña del PP, atenazada por la prudencia, eludió el tema de Irak e incluso la posición de España en Europa.

¿Fue un acierto? Si se hubieran explicado las razones, la psicología colectiva habría percibido la tragedia de otra manera. ¿Acaso hay que comprar paz a los terroristas? ¿Somos así de cobardes? Si el argumento vale para Al Qaida, ¿por qué no para Eta? La técnica de jugar al mal menor nunca es positiva. Valga desde hoy mismo la experiencia. Por fortuna, en democracia siempre hay otra oportunidad.

Hoy son mayoría
EDITORIAL Libertad Digital  15 Marzo 2004

Tiempo habrá de analizar los apoyos a los que tendrá que recurrir José Luis Rodríguez Zapatero para lograr la mayoría que le otorgue la presidencia del Gobierno. De esa composición puede depender o no la continuidad de nuestro actual modelo constitucional. Ahora, sin embargo, sólo cabe comentar el monumental vuelco electoral que, contra todo pronóstico, ha dado la victoria al Partido Socialista por dieciséis escaños de diferencia sobre el Partido Popular.

Fuimos los primeros y tal vez los únicos que dimos la voz de alarma ante la campaña de perfil bajo llevada a cabo por los asesores del candidato popular. Sería, sin embargo, completamente injusto atribuir a esa falta de nervio electoral unos resultados tan inesperados para ellos como para nosotros.

Nosotros creemos que el intento de genocidio simbolizado en los 200 asesinados y más de mil heridos en el brutal ataque terrorista de Madrid, y la salvaje manipulación del Partido Socialista y sus dominantes medios de comunicación que han acusado al gobierno de ocultar información sobre la autoría de la masacre–Rubalcaba le acusaba literalmente de mentir la misma noche de la jornada de reflexión- han influido de forma decisiva para movilizar el voto a favor del Partido Socialista.

Tiempo habrá para saber con certeza quien está detrás de esta masacre. Lo que esta inalcanzada certeza ni ningún resultado electoral podrán refutar jamás es que Aznar ha sido en estos cuatro años el mayor y más combatiente opositor de esos terroristas que –sean quienes sean- han sembrado Madrid de cadáveres. Es la política del señor Aznar, ya sea la referente a Irak o al País Vasco, la que los terroristas han querido castigar. La mayoría de los españoles –no nos engañemos- han hecho lo mismo con su partido creyendo que así apaciguarán a la bestia.

Las urnas son sagradas y en Libertad Digital siempre aceptaremos su veredicto. Pero eso no significa que demos la razón a la mayoría. De hecho, hoy son mayoría los que no comparten nuestras razones.

LA IZQUIERDA ATAPUERCA
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Catedrático de Filosofía del DerechoUniversidad de La Coruña ABC 15 Marzo 2004

LA facción torva y resentida de la izquierda española, que, por fortuna, coexiste con otra izquierda ilustrada y veraz, acaba de renovar su predilección por el ejercicio de una especie de golpismo de salón con sucursal en las calles, especialmente en la madrileña de Génova.

Ha sido una perfecta simbiosis de mentira y violenta acción directa, cuyos fines presumibles eran la búsqueda de rentabilidad electoral en el terror y la deslegitimación de una eventual victoria del Partido Popular en las urnas. Es su peculiar contribución a las virtudes de la democracia participativa y al diálogo. Insultar es también una forma de hablar.

Apenas consumada la matanza de Madrid y una vez conocidos los poco creíbles, al menos entonces, indicios de una imputación islamista en los crímenes, conocidos por lo demás gracias a las informaciones del ministro del Interior, Ángel Acebes, el sector rabioso y resentido de la izquierda política y mediática española se aferró a la insidia. Naturalmente, sin prueba alguna. Que la realidad no te estropee un rentable argumento. Según ellos, el Gobierno ocultaba datos a los ciudadanos para obtener réditos electorales.

 Al parecer, en su cálculo perverso, una autoría de la ETA beneficiaba al Gobierno y arrojaba descrédito sobre los firmantes del tripartito catalán y, por ende, sobre Zapatero. Por el contrario, una autoría del terrorismo islámico podía convertirse en un magnífico argumento electoral: el Gobierno de Aznar pagaba en cadáveres inocentes el precio de su alianza con el imperio americano. Una macabra pero, al parecer, justa o justificada retribución. El último responsable de las matanzas era, pues, Aznar, quien, con su política sobre la guerra de Irak, nos situaba en el punto de mira de Al Qaida. En realidad, la mejor manera de eludir las amenazas del terrorismo es plegarse a ellas. Lo malo es el precio en indignidad que es preciso pagar.

Al menos, podían haber precedido sus insidias de una detenida condena del terrorismo islámico. Lo que hecho por la ETA sería pura barbarie, se convierte en las manos de Al Qaida casi en airada reacción comprensible ante la agresión de Aznar. Pura basura. Pero incluso entre la náusea es posible realizar algunas puntualizaciones.

No sólo el Gobierno, sino también la inmensa mayoría de la sociedad, incluida la izquierda, atribuyó desde el primer momento la autoría de la masacre de Madrid a la ETA. No hay que acudir a las hemerotecas. Es suficiente hojear los periódicos de anteayer. Huelga abundar en los indicios. Baste recordar las operaciones policiales que impidieron una matanza semejante en Chamartín o la que preparaban los detenidos en un pueblo de Cuenca. Y estas sospechas de la autoría de la ETA aún no se han desvanecido aunque se hayan atenuado.

No hay que olvidar, por lo demás, los lazos íntimos que se han ido anudando entre la banda y el terrorismo islámico, como analizaba Jon Juaristi ayer en estas páginas. Pero para la izquierda salvaje, la ETA nunca había llegado tan lejos y sólo mata «civiles».

El ministro del Interior no sólo no mentía ni ocultaba datos, al menos no se ha aportado no ya la menor prueba, ni siquiera el menor indicio, sino que informaba a los ciudadanos sobre las noticias de la investigación policial. En menos de cuarenta y ocho horas, conocíamos el descubrimiento de la furgoneta con los textos coránicos, el mensaje remitido a un diario árabe londinense y la detención de cinco personas vinculadas al mundo islámico y, según todos los indicios, relacionadas con los crímenes, aunque no en calidad de autores directos.

¿Qué ha ocultado, pues, a la opinión pública el ministro Acebes, hombre honrado y honorable? Nada ha quedado, por lo visto, de la negativa a utilizar el terrorismo como argumento electoral. Al parecer, no se podía hablar de la ETA en la campaña, ni siquiera de las alianzas de poder del PSOE en Cataluña. Tabú. Pero la prohibición cesa si se trata de Al Qaida y de la oportunidad de arrojar un poco de basura sobre el Gobierno de Aznar, hombre honrado y honorable. En este caso, se abre la cacería política y el pim-pam-pum. Todo vale contra la derecha.

Quizá no adviertan que, ante su actitud, alguien podría llegar a pensar que la eventual irrupción de Al Qaida en la campaña electoral española podría interpretarse como una preferencia por la victoria de Zapatero. Doble vara: silencio sobre la ETA y griterío sobre Al Qaida. Como escribía ayer en ABC César Alonso de los Ríos, la misma izquierda que negaba verosimilitud a la amenaza terrorista islámica se aferra ahora a su presunta evidencia. Y todo por pura conveniencia electoral. La sangre inocente cotiza en las urnas. El resentimiento y el odio suelen conducir al declive moral. No otra cosa cabía esperar de ese sector de la izquierda que, cuando el mundo democrático y liberal se declaraba berlinés, él seguía siendo devoto moscovita. Lo peor no es quizá el golpe bajo preelectoral, el juego sucio, sino la voluntad de enturbiar las horas limpias del dolor español.

Con estos barros ideológicos, sólo era posible desembocar en los lodos violentos de la algarada manifestante sobre la sede del PP en Madrid y en el insulto elevado a la categoría de bella arte electoral, en flagrante vulneración de la legislación electoral. Así lo ha reconocido la Junta Electoral Central que declaró ilegales las protestas y trasladó a la Fiscalía las denuncias de Rajoy. La estrategia no podía ser más clara. Si cuela, cabría arañar un puñado de votos indecisos, acaso decisivos. Si no cuela, queda abonado el terreno para una deslegitimación del triunfo popular en las urnas. O ganamos o perdemos injustamente. Sucio, demasiado sucio. Pero, acaso, también demasiado evidente para pasar inadvertido a la percepción ciudadana. El deslegitimador queda deslegitimado. Tampoco hay en esto nada nuevo. Los dos triunfos electorales de Aznar fueron saludados con el mismo «fair play», con pareja elegancia, con semejante saber perder. Por este camino, cierta izquierda española que embiste más que piensa retrocede en la historia no ya a los tristes días de la Revolución de Asturias sino a la lejana prehistoria de Atapuerca.

Azuzando el odio y el miedo
Cristina Losada Libertad Digital  15 Marzo 2004

Ganen o pierdan las elecciones, los dirigentes del PSOE y sus amigos y socios nacionalistas tendrán que llevar para siempre el estigma de haberse servido de las doscientas víctimas a las que honraba el viernes toda España, para intentar inclinar a su favor la balanza electoral. No les importará mucho a quienes de entre ellos sólo ambicionan el poder. Para ese género, el fin siempre justifica los medios. Además, han estado entrenándose un año y pico en la misma y macabra táctica: cargarle los muertos al partido en el gobierno. Los muertos y las catástrofes. Una parte de la población les ha seguido, encantada de encontrar chivos expiatorios que fueran de derechas. Y ahora no se han parado en barras. Nunca habían dispuesto de tal montón de cadáveres para sembrar la cizaña y azuzar el voto del odio y el miedo, y lo han hecho.

La gente de izquierdas y nacionalista, bajo la guía del conglomerado político-mediático que ha tomado sus riendas, se ha deslizado por tal pendiente moral que cuando parecía que era ETA la autora de la masacre estaba medrosa y prudente, y cuando ha podido conectarla con el apoyo del gobierno a la intervención en Irak, se ha puesto a dar saltos. Sus dirigentes se apresuraron entonces a extraerle al atentado todos los “beneficios” que objetivamente les ofrece, que no son pocos. Culpabilizar al PP de la masacre se convirtió en la consigna central de la que era jornada de reflexión, pero fue de agitación y propaganda. Poco respetaron “la unidad de los demócratas” que sus jefes habían predicado para la galería.

Oriana Fallaci decía en La rabia y el orgullo que en Estados Unidos, el 11-S unió a todos contra el terrorismo y alrededor de su presidente, pero que en Europa, a un atentado así, seguiría el enfrentamiento, la riña y el navajeo. Fallaci no andaba muy errada. Los españoles respondimos unidos, en la calle, con tremenda indignación, a la masacre de Madrid. Pero con nosotros también iban los expertos en demagogia y manipulación, que han alimentado en su tribu un odio al PP mil veces superior al odio que dicen sentir por los terroristas.

Los mismos que acaban de acusar al gobierno de mentir sobre el atentado, casi beatifican a ETA, y culpan a Aznar, una vez más, de los muertos, son los que un rato antes pedían histéricos que no se utilizara electoralmente el atentado, ni la reunión de Carod con la ETA ni la detención de los de la furgoneta llena de explosivos. El terrorismo, decían, debía quedar al margen de la contienda electoral. No han resistido ni unas horas la tentación de arrojarle los cadáveres al PP.

En el año 2000, la campaña electoral concluyó con una frase pronunciada por un periodista, compendio del pensamiento de nuestra intelligentsia de izquierdas: votar al PP era votar a los asesinos de García Lorca. En el 2004, la izquierda y los nacionalistas, tal vez porque la muerte ha acompañado tanto a sus ideologías, se han engolfado de nuevo en la sangre.

LA EXPLOSIÓN DE LAS URNAS
Por Jaime CAM`PMANY ABC 15 Marzo 2004

LAS urnas también han estallado. Porque esto que ha sucedido ayer no se puede definir como un vuelco. Ha sido una explosión. En las últimas horas ya se podía intuir un cambio muy apreciable en la tendencia de voto, pero no parece que nadie se atreviera a aventurar un cambio tan espectacular como se ha producido a la hora en que escribo estas líneas de urgencia, con más de un ochenta por ciento de votos escrutados. Es lógico pensar que los cambios hasta las cifras definitivas serán irrelevantes en el dibujo esencial del Parlamento, de difícil solución por otra parte.

Estas elecciones han sido sin duda las más atípicas y anómalas de la historia de nuestra democracia. Pocos días antes de que los españoles nos acercáramos a las urnas, las ocas sagradas, o sea, los sondeos electorales señalaban que el Partido Popular se encontraba ocho o diez puntos por encima del Partido Socialista e instalado en una mayoría absoluta más o menos holgada. De ahí se ha pasado en veinticuatro horas a unas cifras que indican la pérdida clara de las elecciones por muchos votos y muchos escaños.

La masacre del jueves 11-M ha destrozado también aquella mayoría absoluta que andaba sólo en la predicción de los sondeos. La campaña de la izquierda se apresuró a convertir el atentado y la incertidumbre de su autoría en un castigo de los islamitas de Al Qaeda por la actitud de nuestro Gobierno en la guerra de Iraq, y en un encono de su reproche del pueblo por lo que llamaban la sumisión de España ante Estados Unidos y el servilismo de Aznar ante Bush. En la grandiosa manifestación del viernes ya aparecieron pancartas alusivas al «No a la guerra» con el propósito indudable de convertir el rechazo al terrorismo en una continuación de aquellas manifestaciones en las que Zapatero y Llamazares llevaban, juntos, las pancartas.

Al día siguiente, llegaron los acosos ante las sedes del Partido Popular, las algaradas donde prevalecían los gritos de «Asesinos, asesinos», y las manifestaciones de los líderes socialistas y comunistas, convocadas por organizaciones de la extrema radical desde los teléfonos celulares, que hicieron de la jornada de reflexión un tiempo para las acusaciones falsas y las concentraciones partidistas. Ni siquiera cesaron esas muestras de hostilidad cuando los líderes populares se acercaron a las urnas, y tanto Aznar como Rajoy tuvieron que votar bajo una descarga de insultos. Pero esto ya no es historia de urnas sino de tribus. En cambio, Zapatero mostraba la cara serena, amable y civilizada de unas elecciones ejemplares. No se puede negar que la estrategia podrá parecer cínica y detestable, pero ha sido eficaz.

Enfrente, los socialistas han encontrado la seriedad responsable de un ministro del Interior que daba información constante acerca de la autoría del atentado mientras era tercamente acusado de todo lo contrario, y sobre todo una campaña plana y falta de cualquier entusiasmo. El PP se ha comportado en esta partida electoral como la ciudad alegre y confiada. Dicen que de las urnas, a veces, salen sapos y culebras. Para el PP, en este caso, han salido dragones y dinosaurios. Y para el Partido Socialista, el Hada madrina.

Contribuciones a la derrota
Pío Moa Libertad Digital  15 Marzo 2004

En estos momentos me gustaría poder decir que todo lo que he escrito sobre el PSOE estaba dictado por la pasión y era más o menos falso. Pero no. El PSOE no sólo tiene una historia nefasta, sino que lleva tiempo empeorado en la mala vía. Casi hubiera sido preferible que ganara por mayoría absoluta para que, al menos, mermase su dependencia de los partidos nacionalistas. Pero no va a ser así. Las tendencias antidemocráticas y antiespañolas, siempre presentes en el PSOE, difícilmente dejarán de acentuarse, a no ser que una sensación del peligro le lleve a apoyarse en el PP para las cuestiones importantes. Aun así, Cataluña se va a presentar como el gran problema, sumado al de Vascongadas. Porque, no debe olvidarse, el partido de Maragall no es realmente el PSOE. Es otro partido, de corte nacionalista. Y aunque Zapatero ha empezado con palabras conciliadoras, el socialismo español está más radicalizado que en los últimos años, y también más dividido internamente.

Se dice que al resultado de una batalla contribuyen tanto el vencedor como el vencido. Sobre los méritos del vencedor no hace falta hablar: se han basado en la demagogia más agresiva y desvergonzada, confirmando que en España la izquierda sigue siendo extrema. Pero ésta no tendría por qué haber triunfado si no le hubiera ayudado tanto el PP. Ya señalamos algunos en diversos artículos anteriores la increíble estupidez de negarse al debate cara a cara, de presentarse en el mismo plano que el PSOE, el plano de las promesas sin apenas referencias a los logros del pasado. El PSOE sólo podía prometer, porque su pasado es nefasto, y al PP le habría bastado comparar insistentemente ambos pasados para abrir los ojos a muchos, en especial a los jóvenes. Pero no. ZP ha sabido tomar la iniciativa y atraerse a buena parte de los nuevos votantes, frente a la inane respuesta de su contrincante.

El golpe decisivo tiene que ver con la guerra de Iraq. El PP creía que la guerra apenas tendría influencia y que el PSOE cometía un error al recordarla. También aquí ha sido insuficiente, a lo largo de estos meses, la explicación del PP, que, con la excepción de Aznar y pocos más, mostró una cobardía excepcional en su momento y después intentó simplemente olvidar el asunto. La guerra podría haber tenido, de todas formas, una incidencia secundaria si no hubiera sido por el salvaje atentado, tan bien aprovechado por la izquierda contra un PP que se ha defendido tan mal, perdiendo lamentablemente, una vez más, la iniciativa. Le hubiera bastado, en vez de lamentarse de las calumnias y agresiones, con haber señalado con claridad y firmeza que el atentado se dirigía contra España y contra la democracia, causa común de la ETA y Al Qaida, y que quienes pretendían exculpar a la ETA y presentar a Al Qaida como víctima y al PP como asesino, actuaban como cómplices del terrorismo, recordando de paso los métodos de los gobiernos del PSOE al respecto.

Pero los dirigentes derechistas, al margen de su mala explicación previa de la guerra de Iraq, han tenido miedo a “crispar” la situación replicando con la dureza necesaria y poniendo a la defensiva a los acusadores. No se han percatado aún de que, por mucha mansedumbre que mostrasen y mucha información que suministrasen, iban a ser tachados igualmente de asesinos, franquistas, autoritarios, mentirosos y crispadores. Han ignorado la capacidad de la demagogia para enturbiar la percepción de millones de personas. Le conviene a esta gente repasar la historia de la CEDA, que conserva cierta actualidad, como estamos viendo.

El PP representaba en estas elecciones los intereses de la democracia y de la unidad de España. Los representaba, pero no ha sabido defenderlos bien. ¿Vale la pena recordar ahora estas cosas? No se trata de caer en recriminaciones, sino de señalar errores, quizá corregibles. Entender el pasado ayuda a afrontar el futuro.

Cambios de escena y de actores
José María Carrascal La Razón  15 Marzo 2004

Todos hemos cumplido con nuestro deber, los médicos, los sanitarios, los bomberos, los policías, los informadores, el público en general, acudiendo a la manifestación, votando en masa. Ahora le toca el turno a los políticos. El pueblo ha dictado su veredicto. El deber de los políticos es ejecutarlo.

¿Qué ha dicho el pueblo español? Pues ha dicho que no está contento con sus actuales dirigentes. Que les retira el cheque en blanco que les había extendido hace cuatro años. Que, en fin, quiere un cambio en su cabeza. Algo sorprendente si nos limitamos a cifras y fríos análisis de la situación. España ha dejado en la mitad su nivel de paro de hace ocho años, mantiene un crecimiento superior al de sus vecinos y tiene a ETA contra las cuerdas. Un récord impresionante para cualquier Gobierno.

¿Cómo ha podido retirársele la confianza? La explicación sólo puede estar en los últimos y dramáticos acontecimientos, que han estremecido el país de punta a punta, produciendo un voto emocional, un voto de rabia, de indignación, que fue a incidir directamente en el Gobierno. Para decirlo de forma muy esquemática y por lo tanto muy burda, muchos españoles han atribuido los 200 muertos de Madrid a la participación en la guerra de Iraq.
Y como el responsable de esa participación es Aznar, quien ha pagado los platos rotos es Rajoy, su sucesor. Es posible que en estos momentos, si el desencanto no nubla su cabeza, Aznar esté maldiciendo la mayoría absoluta de 2000. Mejor que hubiese seguido gobernando en la incómoda pero sólida compañía de CiU, que le hubiese impedido meterse en aquella aventura, convirtiendo su salida de escena de triunfador en vencido. Aunque él era el primero en conocer los riesgos a que se exponía. Aunque puede que la altura esplendorosa en que se encontraba le impidiese verlos.

Pero no es este el momento de rebobinar el hilo de los acontecimientos ni de lanzarnos a especulaciones históricas. Bastante trabajo tenemos con desentrañar el mensaje que el pueblo español ha dejado en las urnas. Un mensaje claro, aunque no fácil. Quiere un cambio, pero ni siquiera lo más evidente del mismo es sencillo. No hay duda de que la inmensa mayoría de los españoles quiere que cese nuestro envolvimiento en Iraq. Rodríguez Zapatero ha prometido traerse las tropas.

Pero traérselas sin más las tropas sería tanto como claudicar ante el terrorismo, animarle a seguir matando, demostrarle que con bombas puede lograr sus objetivos. Y no hay que olvidar que los terrorismos se autoalimentan. Teniendo uno en casa, tal vez fuera el peor de los mensajes. Por lo que convendría esperar, por lo menos al 30 de junio, cuando en Iraq está prevista la transferencia de poderes, mientras se vuelcan todos nuestros esfuerzos diplomáticos para que aquella crisis se internacionalice. Algo que, a estas alturas, hasta el propio Bush ansía.

Y ese es sólo el menor de los problemas que esperan a un Gobierno Zapatero. Un Gobierno que nace con enormes hipotecas. La primera, el estar formado por fuerzas cuyo único nexo de unión era echar al PP del poder. Lo demás son diferencias. PSOE e IU, aunque en el mismo espectro ideológico, tienen modelos económicos distintos. Los socialistas defienden una economía mucho más liberal que los comunistas, con rebajas de impuestos que estos rechazan. Armonizar sus posturas no será fácil. Y no hablemos ya de entronque con los nacionalistas del ala radical, como Carod-Rovira. En Cataluña han podido hacerlo, no sin traumas, gracias a que aquello es Cataluña y a que Maragall es más catalán que socialista.

En el Gobierno del Estado va a ser mucho más difícil, pues Zapatero tendrá que contar con aquellas alas del partido no dispuestas a renunciar a la «españolidad» del mismo ni a hacer concesiones que pongan en peligro la unidad de la nación. Es verdad que el poder, y el dinero que trae consigo, une mucho. Pero no menos es cierto que las uniones contra natura, y la de constitucionalistas y anticonstitucionalistas lo es, suelen durar poco, aparte de traer enormes dolores de cabeza. Eso por no hablar de las promesas que ha hecho Zapatero en pensiones, viviendas, impuestos, educación, infraestructuras y prácticamente todos los campos de la vida nacional, sin decirnos cómo las financiará, que tomamos como lo que son: como meras promesas electorales.

Nada de eso, sin embargo, rebaja la importancia de su hazaña. Partiendo desde muy detrás, frente a un Gobierno que parecía tenerlo todo a su favor en la economía y la lucha antiterrorista, ha logrado no sólo aguantar el tipo, sino también batirle en diversos campos. En verdad que le ha ayudado la antipatía personal que generaba Aznar con su forma de llevar la política, la arriesgada apuesta que hizo en Iraq y,en último término, ese atentado que puso en evidencia lo equivocado de la misma. Pero hay que reconocer su tesón sin desfallecimientos, su fe en sí mismo, su confianza en la victoria final.
Ahora sólo falta que, en el caso de que logre formar Gobierno, tenga el mismo tesón y la misma suerte para conducir este país dividido por luchas partidistas, cada vez más compartimentalizado por sus nacionalismos internos, desconfiado ante la clase política y desorientado ante el futuro que le espera.

Terrorismo
Carlos SEMPRÚN MAURA La Razón  15 Marzo 2004

Escribo estas líneas mientras los españoles están votando ¬yo ya voté, por correo¬, y enviaré el fax sin conocer los resultados. Son elecciones que se desarrollan en una situación trágica, y eso también se nota en París, en donde se comentó tanto la amplitud del horror, como la amplitud de la respuesta ciudadana. No es cosa frecuente que un primer ministro francés desfile en Madrid, entre Aznar y Zapatero, para protestar contra el terrorismo y solidarizarse con el pueblo español. He notado, sin embargo, una peculiariedad de los medios galos, eco y reflejo de la miseria de la prensa española. Cuando la pista etarra parecía la más evidente, se expresaron inquietudes sobre si iba a favorecer al PP en estas elecciones. Porque la mayoría de los medios franceses es anti PP, los unos por solidaridad con el PSOE, los otros por «chiraquismo», ya que Aznar se negó a seguir los delirios bonapartistas de Chirac y manifestó su solidaridad con la democracia, contra las tiranías, y apoyó mucho más modestamente a Bush que Blair.

A partir del momento en que la pista del terrorismo islámico cobró consistencia, la mayoría de estos medios lanzó una campaña de infundios, acusando a nuestro Gobierno de haber disimulado o mentido, considerando a los «pobres vascos» como víctimas del Gobierno y otros disparates. Una vez más, el buque almirante de la mentira socialburócrata, «Le Monde», primo hermano de «El País», afirmó, sin pruebas, que la pista islámica era la única, y que eso era cojonudo, porque podía castigar electoralmente al PP, debido a su actitud en la «crisis iraquí». Las víctimas desaparecían y sólo importaba la derrota del PP. Pero este cinismo inmoral que pretende hacer responsable de los crímenes no a los terroristas, sino a un gobierno que lucha contra el terrorismo está cediendo el paso al pánico. Porque si se confirma que es la internacional terrorista islámica quien ha cometido esa matanza, ¿qué sentido tiene que se detengan en Atocha? Si su coartada es la «agresión» contra Iraq, Londres, mucho más comprometida, y cualquier otra ciudad europea, sin hablar de USA, pueden ser las próximas víctimas. Y vemos cómo su alegría ante una posible derrota del PP se convierte en pánico, por si explota una bomba en Versalles.

El sueño de la paz
GEES Libertad Digital  15 Marzo 2004

El impacto psicológico producido por el 11-M ha determinado el resultado de las Elecciones Generales. Las tensiones contenidas por el papel jugado por España durante el conflicto de Iraq, avivadas irresponsablemente por el Partido Socialista, han estallado tras desatarse las sospechas de que Al Qaeda estaba detrás de los actos terroristas. El mensaje de que se podía haber evitado si Aznar no nos hubiera arrastrado a Iraq ha calado entre la ciudadanía, que ha expresado con sus votos el rechazo a una política que nunca entendió.

Cuando todavía no ha terminado el recuento quisiéramos llamar la atención sobre una serie de elementos que consideramos importantes.

1. Los españoles han retirado su confianza al PP porque buscan garantizar su seguridad. Creen que rehuyendo los problemas se pueden evitar sus consecuencias. No entienden que el islamismo radical es hoy una gran amenaza para todos nosotros por no haber actuado antes, por la inacción de las administraciones de Clinton cuando era evidente que se estaba desarrollando una compleja y peligrosa red terrorista. España es un objetivo para el islamismo con intervención en Iraq o sin ella. La persecución a sus celulas, nuestra presencia en Afganistán y, sobre todo, nuestro modelo democrático suponen para ellos una agresión intolerable. Podremos rehuir compromisos diplomáticos, podremos evitar estar presentes en misiones de distinto tipo, pero la amenaza seguirá allí por mucho que no queramos verla y acabaremos sufriendo sus consecuencias.

2. El Partido Popular realizó una política coherente con los intereses de España en materia de política exterior y actuó con una energía y un valor ejemplares. Pero trató de rehuir los posibles reveses electorales evitando dar demasiadas explicaciones. Si la cuestión de Iraq tenía un coste limitado, el éxito de las restantes políticas aseguraría la victoria electoral. La estrategia podía parecer correcta, pero el coste no fue limitado. El 11-M la ciudadanía no estaba preparada para comprender la situación en la que se encontraba porque nadie se lo había explicado. El PP gestionó bien, entendió bien cuáles eran sus deberes pero no intentó convencer. Hizo exactamente lo contrario que los gobiernos norteamericano y británico, que emplearon meses en explicar lo que iban a hacer. Ese esfuerzo por evitar los temas delicados, hizo vulnerable su posición en el momento en que hubo que afrontar una tragedia. Esta es una lección que no se debe olvidar. En democracia sólo ganando el apoyo de los ciudadanos en el terreno de los principios y valores se pueden sustentar políticas en el medio y largo plazo.

3. La sociedad española es libre de elegir el gobierno que considere más oportuno, pero no por eso deja de ser responsable de sus actos. El castigo infligido al Partido Popular y el triunfo del discurso socialista son un indiscutible éxito de las tácticas terroristas. Hemos enviado un claro mensaje tanto a ETA como a quien esté detrás del 11-M: el terrorismo funciona. El miedo ciega y los ciudadanos buscan una salida de emergencia aunque sólo exista en su imaginación. ETA ha comprobado que su pacto regional en Cataluña ha cumplido sus objetivos. Los islamistas, responsables o no de lo ocurrido, han podido constatar que los españoles están dispuestos a plegarse a parte de sus exigencias con tal de evitar futuros golpes. Involuntariamente, los ciudadanos españoles han dado en estas elecciones un importante respaldo a las estrategias del terror.

Ni la democracia ni la paz son derechos naturales sino logros de la voluntad humana. Nadie nos las va a regalar. Las tenemos que ganar todos los días. Si olvidamos que sólo mediante la responsabilidad y el sacrificio las podremos mantener, acabaremos pagando una factura aún más alta.

GEES: Grupo de Estudios Estratégicos.

Mi pancarta
Víctor Corcoba La Razón  15 Marzo 2004

Siempre bajo el deseo de la paz y la armonía que no llega al mundo. Persistentemente escribimos sobre la concordia, cuando antes del último renglón, el desacuerdo nos alcanza, la conciliación que no responde. La cuestión es que viven por nosotros. Estamos hipotecados de por vida a no vivir en el silencio. Nos falta pureza de savia y sabiduría de alma. Sobran impurezas de religiones y cultos. Andamos escasos de justicias y rectitudes. Descuidados en el aseo de las manos limpias, de labios honestos y conciencia recta, nos visita la intranquilidad. Por ello, creo necesario persistir en la búsqueda del sosiego, sosegar las fronteras con nuestras salves de amor, sin condiciones, y acondicionar la tierra con una buena dosis de afecto. Lo sabemos, es la eterna lección de historia a través de nuestra historia humana, la suprema aspiración de toda persona, la de encontrar la paz y sentirse bien, atmósfera que no puede darse si no se acata un mínimo de sentido común y orden natural.

La paz no llega porque andamos contrarios a su lenguaje. La hemos bautizado de sucedáneos, hasta prostituir su auténtico sabor a integridad. Es cierto, todos hablamos de la paz, la tenemos en la boca, pero no pasa por el corazón. Somos voceros de la paz. Pero no crean que la paz es un amor imposible, es viable, hay que poseerla y gustarse con ella, consigo mismo, para luego sembrarla en los demás. Nadie puede dar lo que no tiene. El abecedario de las armas, y todos los países están armados hasta los dientes, no debería ser una forma de solucionar los problemas. Hoy más que nunca, siento la urgencia de ponerle remedio a tanta brutalidad que recibo a cada paso que camino. Lo han dicho desde deportistas a millones de personas que han pedido la derrota del terrorismo.

Promover la verdad como fuerza de la paz es un buen trabajo para encontrar el horizonte de la tranquilidad. Jamás puede calmarnos la mentira. Cuidado, a veces llega solapadamente, y nos acecha. Hemos de estar alerta, con los pies en la tierra y el corazón en el cielo, ésta es mi convicción, porque la verdad fortalece la avenencia desde dentro, y un clima de sinceridad más auténtico. No se puede impulsar cultura contra la guerra convocando marchas violentas. Si se debe suscitar personas libres en una sociedad que propugna la libertad como una de sus valores superiores. Una libertad que es herida, cuando las relaciones entre las personas se abonan de odios y venganzas, sobre el derecho del más fuerte, sobre la actitud de poderes dominantes y sobre improperios navajeros. La paz no puede llegar, cuando el diálogo entre caminantes no es posible, y se pretende rubricar alianzas a golpe de talón. Resulta asombroso que todo se compre y se venda, cuando para ser más libre, lo único que hace falta es ser consciente de las exigencias del bien común.

La paz del mundo depende, en cierto modo y manera, del mejor conocimiento que tengamos los unos de los otros. Pienso que necesitamos promotores de paz, que vivan en esa quietud del verso más níveo, en un clima de respeto a los demás, sin distancia y con acogida, a través de un espíritu desprendido, de acercarse a los valores de las diferentes culturas. Se han perdido tantos diálogos y se han ganado tantas guerras inútiles por falta de intercambio de ideas que continúa siendo un absurdo cerrarse en banda, no aceptar las diferencias y especificidades de cada cual. El lenguaje del corazón es lo único que puede curarnos de egoísmos y soberbias. Mediante sus latidos, poesía pura, la persona se torna sensible a los valores eternos del bien, que tanto nos enternecen; a la justicia, que tanto nos asegura en seguridad jurídica; a la fraternidad, que tanto nos hermana en hermandad; a la paz, que tanto nos engrandece como seres humanos.

El desconcierto y barahúnda que vive el mundo actual, en parte, se debe a los desórdenes del corazón, que nos lo han robado, cuando no maltratado e injuriado, violado por violencias que nos matan la persona que llevamos dentro, la identidad de ser ciudadanos de vida. Las vicisitudes históricas nos enseñan que la cimentación de la unión en favor de la paz, no puede prescindir, pues, del arquitecto de un orden, el nativo, paraíso que nos pacifica y purifica. Propongo el cimiento del verso, con permiso del lector: ¿Bienhallados a la paz! ¿Bienhallados en la paz! ¿A la paz... y en la paz... del mundo!

Justificación del bien
Antonio García Trevijano La Razón  15 Marzo 2004

España todavía conserva energías de generosidad social que otros pueblos de su misma civilización material casi agotaron con el absorbente egotismo del bienestar individual, salvo en las grandes catástrofes naturales. La reacción extensiva del bien derrochado por la totalidad, más impresionante que la acción infrahumana terrorista, ha diluido en la pleamar de la sociedad la intensidad del mal absoluto sufrido por algunos.

Pero la necesidad de una justificación racional del bien no la suscita la amplitud del movimiento compasivo que, al fin y al cabo, tiene explicación natural. Lo inédito en el mundo industrializado está en que la compasión general haya respondido a una pregunta sobre la teodicea del mal, que no tiene justificación en el mejor de los mundos posibles. Las respuestas optimistas o pesimistas de los tiempos ilustrados no pueden satisfacer a las masas huérfanas de Dios que se encuentran instaladas en el bienestar social como en una finca heredada.

Desde el holocausto, aquella pregunta clásica dejó de tener sentido. Y ningún pensador ha osado invertir la cuestión para hallar la respuesta. ¿Cómo justificar el bien cuando la tecnología ha dado al poder sin control una capacidad ilimitada de procurar el mal? ¿Por qué la voluntad de poder insatisfecha no nos causa todo el sufrimiento de que sería capaz? Cuenta Maquiavelo que el condotiero Colleoni dijo a la corte veneciana que aún le adulaba en su lecho de muerte: «No volváis a dar el poder a un general, siempre os he tenido a mi merced, y si os causé males eso no fue nada en comparación con el daño que pude haberos hecho».

Al servicio de la ambición de poder nacionalista, la tecnología del terror hace precaria la duración del bienestar por la grandiosidad de la memoria del mal. Conmovidos por la tragedia aparentemente gratuita de Atocha, millones de españoles enarbolaron pancartas preguntando por qué. La cantidad de dolor no legitima la pregunta. La inocencia de las víctimas tampoco. Las guerras causan males mayores en la población civil y, sin embargo, no levantan respuestas a preguntas que nadie formula. Masas de españoles han preguntado por qué y para qué el terrorismo necesita cosechar periódicas matanzas de inocentes. Ignoran que el terrorismo permanente no busca complacencias en la carnicería de almas, ni un lenitivo a su desesperación nacional, sino el sabor de una victoria política en la guerra nacionalista que no puede iniciar ni acabar porque la sabe perdida. Ignoraban que en su porqué colectivo estaba la respuesta.

El mito responde a preguntas sobre hechos de existencia nacional, y no sobre hechos de experiencia nacionalista. Los españoles han hecho mítica la pregunta acerca de la posibilidad histórica del bien con la racionalidad existencial de una respuesta nacional antinacionalista. Así comenzó la civilización helenista de lo bárbaro. El pensamiento filosófico nació para adecuar la pregunta a la respuesta, y no a la inversa. Madrid ha cohonestado la pregunta ontológica sobre la condición sustantiva del bien, con la respuesta metafísica de la necesidad del mal tras el anuncio de Zaratustra de la muerte de Dios en las puertas de la modernidad. El superhombre tecnológico aumentó la potencia de la voluntad de poder sin disminuir la cruel tribalidad de la ambición nacionalista.

Lo sucedido en España es un acontecimiento histórico ejemplar. No la enormidad de la muchedumbre pacífica. Eso puede deslumbrar al periodista y a la clase política. Tampoco la circunstancial sintonía de las autoridades de oficio con los elevados sentimientos de la plebe. Eso puede engañar a los ilusos burócratas del poder. Lo original y genuino está en el hecho de que la sencilla pregunta popular, ¿por qué?, no precede ni antecede, sino que va entrañada en la formidable respuesta antinacionalista. La pregunta ha sido contestada. Es la primera acción política digna que los españoles acometen en masa desde el fin de la guerra civil.

Se han retratado
Iñaki Ezkerra La Razón  15 Marzo 2004

Nos retratamos en los momentos críticos, en esas horas de turbulencia y confusión en las que el infame cree que sus canalladas van a quedar impunes. Durante la noche del 23-F dio la cara por la democracia quien menos te lo esperabas (siempre me acuerdo de Vestringe), mientras Garaikoetxea huía como las ratas sin sospechar que ya siempre sería recordado por eso.

Durante la noche española del 13 al 14 de marzo de este 2004 bisiesto uno no dejó de acordarse de aquella otra noche del golpe y de todas las noches inicuas de la Historia en las que los lobos se desprendieron de la falsa piel de cordero que los cubría y mostraron sus pupilas inyectadas en sangre y sus babeantes fauces. Sinceramente, uno nunca hubiera pensado que podía llegar a lo que ha llegado la Oposición de este país para intentar hacerse con el poder. Cómo olvidar ya esa revancha paragolpista de la SER aprovechando el dolor por los muertos y los heridos de Madrid, echando más leña al fuego de los trenes de la muerte y todo el ácido que podía sobre las heridas de los corazones españoles. Cómo olvidarse de la cacerolada de Barcelona y de las consignas de quemar las sedes del PP; de Pérez Rubalcaba llamando mentiroso a un Gobierno que el mismo viernes había informado de esos versículos del Corán hallados en una mochila que cuestionaban la autoría de ETA; de un PSOE que jamás amagó esa transparencia cuando gobernó y que ahora exigía saberlo todo en sesenta horas aun a riesgo de hacer peligrar la investigación y que echaba a su gente a la calle rompiendo la jornada de reflexión; cómo olvidar de esa noche la patética imagen de Madina ante una subdelegación del Gobierno, despojando de sentido democrático a su sacrificio, atentando contra sí mismo.

Se han retratado todos en esa noche de lobos y en esos tres días de ratas y de buitres: Ibarretxe clamando por una unidad democrática que él ha roto; el delincuente Azkárraga instando al fiscal general a que actúe contra el Gobierno; Imaz celebrando que no fuera ETA; Errazti ofendida porque se había pensado en ETA; Otegi llorando estos muertos porque quizá no los han matado los suyos. Noche en que se les vieron los colmillos a todos los lobos de nuestras sierras y se revelaron todas las alianzas y las venganzas para derrocar al Gobierno más decente que ha tenido España, los colmillos del felipismo, los nacionalismos y un izquierdismo cainita que no cree en la izquierda, los colmillos retorcidos y babosos del peor Neguri y de todas las élites económicas que han perdido poder en estos años, los tritones, las erinias, los grifos, las gorgonas, harpías, grayas, ogros mitológicos Cuando escribo esta columna no sé cómo se retratará el pueblo español en estas elecciones, pero queda en las hemerotecas la imagen noble del ministro Acebes dando los datos que podían perjudicar a su partido. En él está retratada la dignidad y la civilización en medio de la pesadilla.

14-M
Crónica de hiel y sangre
Rubén Osuna Libertad Digital  15 Marzo 2004

Estas elecciones han dejado un sabor de boca muy amargo. No sólo por el atentado, sino también por las horas que siguieron.

En un principio todo el mundo, incluido Ibarreche, dio por sentado que había sido ETA la responsable. Sus recientes intentos de provocar una masacre en Madrid así lo indicaban. Pero Otegi declaró públicamente que ETA no estaba implicada, y que los causantes habían sido componentes de Al-Qaeda.

Nada apuntaba en esa dirección entonces, pero la maquinaria mediática de PRISA (el diario El País y la cadena SER) pusieron en marcha el ventilador de basura. Siguiendo a rajatabla el manual de manipulación de Goebbels, según el cual una mentira repetida mil veces es una verdad, empezaron a dar por sentado que se trataba de un caso de terrorismo islámico. También deslizaron desde el principio la consigna política, que cerraba el círculo: el Gobierno miente, ellos son los responsables últimos de lo que ha ocurrido y lo están ocultando. Muchos "progres" se felicitaban, con las víctimas aún calientes, del "fin del PP". El caramelo de sangre y de veneno estaba ya en los labios del PSOE. Éste empezó a titubear. Sin duda se sintió tentado, pero temía meter la pata y hundirse, mientras que PRISA escurriría el bulto, como siempre, impunemente. Pero de alguien como Zapatero no se pueden esperar grandes cosas, ni éticas ni inteligentes, y al final hicieron un cálculo y entraron poco a poco en el juego empujados por la codicia y la idea de que, hasta ese momento, la probabilidad de una victoria del PP con mayoría absoluta era bastante elevada.

El día siguiente, viernes, seguíamos sin saber gran cosa, aparte de la negativa reiterada de ETA, a veces a través de portavoces insospechados (el PNV, por ejemplo), y reivindicaciones poco creíbles de grupos terroristas islámicos. Las evidencias que se fueron acumulando apuntaban más bien a una trampa política de ETA. Pero PRISA había ido introduciendo poco a poco "noticias" falsas, como el kamikaze o las tempranas observaciones de "fuentes de la investigación", deslizando subrepticiamente el veneno de la acusación contra el Gobierno que, claro está, no confirmaba los indicios que PRISA "desvelaba". La consigna había conseguido calar, y durante la manifestación de Madrid (tarde del viernes) muchos se sentían ya lo suficientemente arropados como para silvar, abuchear y mostrar carteles en los que se insultaba al Gobierno y se le culpaba de la masacre. En otras ciudades los dirigentes del PP incluso tuvieron que protegerse de intentos de agresión. Fue el caso de Barcelona.

El sábado, el tercer día, jornada de reflexión, el Gobierno pasó de considerar varias líneas de investigación simultáneas, con prioridad para la que apuntaba a ETA, a dar prioridad al terrorismo islámico. Así lo hicieron saber públicamente. Hubo detenciones. Por primera vez se disponía de un hilo del que empezar a tirar de forma segura, pero que aún no sabemos adónde nos llevará. Para entonces las sedes del PP habían sido acosadas y Rubalcaba, ese ex-miembro de los Gobiernos terroristas del PSOE, había formalizado las acusaciones disparadas por PRISA contra el Gobierno los días previos en un discurso televisivo con el que pedía el voto para el PSOE, violando claramente la Ley. El PSOE, a pocas horas de las elecciones, se la jugaba soltando un golpe que el PP no podía ya devolver sin legitimar la golfada del PSOE saltándose ellos también la Ley. Rajoy se limitó a pedir por televisión que cesase el acoso a las sedes del PP por parte de grupos que respondían a una convocatoria que se hizo circular a través de mensajes a móviles, violando también gravemente la Ley.

El caso es que el domingo, día de las elecciones, se ha sabido algo más: el grupo terrorista parece ser el mismo que atentó contra la Casa de España en Casablanca hace no mucho tiempo, antes de la segunda Guerra de Irak. Se sigue investigando, y no se descartan conexiones entre este grupo terrorista islámico y ETA o Al-Qaeda, pero tampoco se sabe si las ha habido ni en qué grado. Tanto el Gobierno como los ciudadanos estamos empezando a conocer las circunstancias del atentado.

La pretendida conexión entre el atentado y la segunda guerra de Irak es dudosa todavía pero, aunque se confirmara, culpar al Gobierno es una canallada. Desde el 11 de septiembre, y aún antes, estamos inmersos en una guerra terrorista a escala planetaria, y la excusa para atentar en España puede ser la primera o la segunda guerra de Irak, Ceuta y Melilla, Palestina o las detenciones de terroristas islámicos en suelo español después del 11S (alarmantemente cuantiosas, por cierto). El objetivo último del terrorismo islámico es dividir y desestabilizar Occidente y la excusa es lo de menos.

Esta semana nuestro país ha sufrido dos zarpazos: el terrorista y el político. Es sumamente doloroso, preocupante y repugnante contemplar cómo un partido (y sus socios totalitaristas) aprovechan una masacre para tratar de volcar un resultado electoral en el último momento, con nulo respeto por las víctimas, por la verdad, la Ley y la trascendencia de unas elecciones democráticas. Esta pasada semana dejará en muchos un regusto amargo, por muchos motivos. Que nos sirva al menos para aprender, y que no se olvide.

11-M
Cobardes
Borja Gracia Libertad Digital  15 Marzo 2004

“Aznar asesino,” “Iraq invadida por asesinos y en Madrid mueren obreros,” “PP = Terrorismo,” “Aznar cobarde tu eres el culpable,” “Vosotros fascistas sois los terroristas,” “Gracias Aznar por la guerra de Iraq, consecuencia: 200 muertos.” Estos y otros gritos acusando al gobierno de mentir y pidiendo la ‘verdad’ se podían oír y leer en las ‘pacíficas’ y ‘espontáneas’ manifestaciones frente a diferentes sedes del PP que se han producido en el día de reflexión y que me llevan, sin conocer los resultados electorales, a estas reflexiones. Son dos los argumentos, uno, que el gobierno miente imputando a ETA la autoría con fines electorales. Otro, que los atentados son consecuencia de la participación española en la guerra de Iraq y que sin ésta se podían haber evitado.

Dedicaré un solo párrafo a la primera acusación, ya que por repetida no deja de ser menos falsa. Basta recordar que fue el Ministro Acebes el que informó de una nueva línea de investigación tras el hallazgo de nuevas pistas antes de comunicado o filtración alguna. A partir de entonces tomó forma la posibilidad del fundamentalismo islámico. Es por tanto el propio ministro el que anunciaba esa posibilidad el día de los atentados y no pasaban ni sesenta horas cuando se producían y anunciaban las primeras detenciones que no favorecerían las tesis manipuladoras del gobierno.

Los que acusan de manipular, muchos de ellos siniestramente necesitados de que no sea ETA el causante de los atentados, ‘informaban’ de la participación en los mismos de, al menos, un terrorista suicida. Son ellos los que acusaban al gobierno de manipular y mentir por centrar inicialmente la investigación en ETA. Para estos acusadores no resultaba verosímil pensar que un atentado en Madrid esencialmente idéntico a uno frustrado hace un par de meses en la estación de Atocha tuviera los mismos autores, los que llevan matando en España muchos años, ETA. Obviemos también que fueron Ibarrtexe y Carod-Rovira los que creyeron a ETA autora del atentado con mayor vehemencia en esos momentos, y que a ninguno de ellos ese hecho le hacía cambiar el rumbo político. El gobierno no nos manipuló, todo pensamos inicialmente, y como es lógico, en ETA. Los que manipularon en ese momento con noticias falsas, como la del suicida, fueron los que necesitaban y deseaban que no fuera ETA.

La segunda de las acusaciones es más grave. Existe un debate legítimo sobre la guerra de Iraq, con argumentos tanto a favor como en contra. No es legítimo el centrar ese debate en acusaciones falsas de manipulación, mentira y conspiración. En definitiva, la deslegitimación permanente del adversario que hicieron algunos de los que se oponían a la guerra de Iraq no es aceptable (más aún si al que se trataba de deslegitimar era a un gobierno elegido con más de diez millones de votos). En Inglaterra ha quedado demostrado por el juez Hutton que la gran falsedad no fueron los argumentos que el gobierno británico usó para apoyar la guerra, sino las acusaciones de falsedad que desde distintos medios se hicieron. La BBC mintió para poder acusar al gobierno de mentir. Esto no forma parte del debate legítimo que debería existir en países democráticos.

Sí forma parte del debate legítimo sobre la guerra de Iraq el argumento de que por encima de cualquier otra razón, España no debía haber apoyado la guerra para evitar ser objetivo del terrorismo islámico. No por cobarde, y es mezquinamente cobarde, deja de ser legítimo. Algunos de los que mantienen esta posición son los que acusan ahora a Aznar, y por extensión a todos los que apoyamos la guerra, de asesinos. Cuando Jaime Mayor y José María Aznar implementaron una política de democrática intransigencia frente a ETA y sus cómplices en todos los ámbitos, eran conscientes de que la respuesta de ETA no sería sino la que fue, la que siempre es, el asesinato.

Siguiendo esa dinámica tenebrosa, ambos son los asesinos de, entre otros, muchos concejales de su propio partido en el País Vasco que murieron en la ofensiva etarra. También son asesinos los policías que liberaron a José Antonio Ortega Lara, pues esa liberación produjo la respuesta de ETA en forma, de nuevo, del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Son asesinos también los que en periodo de ‘tregua’ terrorista detienen etarras en una clara provocación y son héroes de la paz los que, por el contrario, pedían ‘contraprestaciones políticas’ a los terroristas por la detención de etarras en Francia durante la penúltima ‘tregua’.

Si los que así argumentan fueran coherentes habrían llamado asesino a Aznar desde hace mucho tiempo por su política antiterrorista. Así lo hacen, implícitamente, los que definen el problema vasco como un conflicto entre dos partes, ambas en falta, que se solucionaría dialogando. Pero cuando hablan de ETA no pueden ser tan explícitos, porque la cercanía de ese terrorismo nos revelaría su cobardía sin disimulos.

Si hay que tener contentos a los terroristas islámicos para que no nos asesinen ¿porqué hay que incomodar a los terroristas de ETA que nos asesinan igualmente? La coherencia debería llevarles a explicar las implicaciones de su cobardía en cuanto a lucha antiterrorista en España, frente a ETA, se refiere. No lo harán, como no llevarán nunca un cartel con ETA NO. Son mezquinos, pero, sobre todo, son muy cobardes.

Pruebas y contexto
José Javaloyes Estrella Digital 15 Marzo 2004

No es irrelevante, desde ningún punto de vista, el debate sobre la autoría de la matanza de Madrid. De evidenciarse, de modo concluyente o no, que fuera Al Qaeda, existiría una base de imputación/conexión entre el 1l-M y la guerra de Iraq. De ahí en adelante se inferirían, de modo implícito, cargos contra la política del Gobierno al respecto.

El efecto rebote era electoralmente descontable. Aunque también lo mismo se podría entender en sentido contrario: la guerra contra el terrorismo estaba sobradamente justificada, pudiéndose desprender de ello, entonces, conclusiones favorables al Gobierno de Aznar. Pero el propósito de la oposición, al margen de sus logros en las urnas, no ha sido otro que el de capitalizar electoralmente las protestas contra la guerra. Su lema podría haber sido: “Por la pancarta, al poder”.

Se habría operado, entonces, un efecto rebote: electoralmente descontable. La tesis que atribuye la autoría al terrorismo islámico se ha basado en pruebas tan llamativas como problemáticas. Por orden de aparición: declaración de Arnaldo Otegi atribuyendo a una organización árabe la autoría del atentado múltiple; una cinta en árabe con versículos del Corán encontrada junto a detonadores en la furgoneta presumiblemente utilizada por los terroristas; cartas de supuestas organizaciones islamistas que ya han reclamado, sin base, la autoría en incidentes y otros atentados; detención de tres marroquíes y dos indostánicos relacionados con el teléfono celular que había en la última de las mochilas-bomba halladas sin estallar; el comunicado con la grabación en árabe reclamando la autoría. Junto a esas pruebas indiciarias —ninguna suficiente—, la percepción general en Occidente de que Al Qaeda hacía de España, con el 11-M, su cabeza de playa para introducir la guerra terrorista en Europa.

Por el contrario, la tesis —o hipótesis central— del Gobierno se estriba en inapelables datos de contexto: 30 años de actividad etarra en España, aunque ello no descartase la eventualidad de un terrorismo de importación; atentado que se logró evitar pocas semanas antes con la detención en Cuenca de dos etarras que transportaban 400 kilos de explosivos, y tenían instrucciones de atentar en el Corredor del Henares; intentos simétricos, en la Nochevieja del 2002 y la Nochebuena del 2003, de atentar en trenes y en la estación de Chamartín; presunción de que la cinta fuera un cebo informativo, en el que los etarras se apoyarían ex post. A la naturaleza indiciaria, no concluyente, de las pruebas se contrapone la insuficiencia del contexto como soporte de una evidencia plena y rotunda, aunque fragmentaria.

Son los textos y su contexto. Éste y aquellos conforman todavía el escenario en el que prosigue la investigación policial, se han producido las imputaciones y se han enmarcado las elecciones. Pero las hipótesis siguen. Junto a las primeras, esencialmente alternativas, se abren paso las complementarias.

Toma cuerpo la idea de la colaboración, de una acción conjunta entre ETA y el extremismo islámico, desde la relación histórica establecida en los campos de adiestramiento, durante la Guerra Fría, en Argelia, Libia y Yemen.

Teniendo en cuenta que por efecto perverso de la guerra contra el terrorismo, tras del 11-S, luego de la contienda de Afganistán, y sobre todo después de la Iraq, se ha producido una reversión de las conflictivas relaciones entre islamismo y nacionalismo, dentro y fuera del mundo árabe, y dentro y fuera del mundo islámico.

El catalizador de ese proceso ha sido la reacción norteamericana contra el terrorismo islámico, al igual que la polarización antiamericana del islamismo radical sobrevino después de la movilización militar, por EEUU y sus aliados del Golfo, de los voluntarios musulmanes, en forma de Yihad o guerra santa, contra la ocupación soviética de Afganistán. Los “afganos” son llamados los combatientes islámicos de aquella contienda y “Afgani” es el nombre elegido por el comunicante del sábado que se autodefine como “jefe de Al Qaeda” en Europa.

Igual que la peste negra que asoló Europa mediado el siglo XIV arrancó del Asia Central, tras del asedio de la ciudad de Caffa, en la península de Crimea, la peste terrorista viraría ahora desde el ámbito del Asia central y media hacia Occidente. Virus de refuerzo y savia nueva para la agotada cepa del etarrismo, trufado y controlado ya por las policías de Occidente. Si no hicieron ellos mismos el atentado fue porque no pudieron. Pero el proyecto y el propósito eran suyos.

El integrismo islámico presenta ahora flancos de colaboración y ofertas de sinergia para un integrismo nazi-leninista como el de ETA. Especialmente cuando la presión policial de dentro y fuera de España, los barridos electrónicos que anulan su operatividad y el fracaso tres veces repetido en su asalto a Madrid para el “gran golpe”, le pueden haber llevado a llamar a los salafistas de Marruecos como en el 711 llamaron a los de Tariq los partidarios de Ardobasto. Permitáseme insistir: el proyecto del atentado ferroviario en Madrid era de ETA; los atentados fallidos, de ETA también. Lo suyo sería, en cualquier caso, algo más que cooperación necesaria.

14-M
Los niños de la paz
Cristina Losada Libertad Digital  15 Marzo 2004

La mayoría de los españoles ha penalizado al PP por su apoyo a la guerra contra el régimen de Sadam. No sabemos qué inclinó más el voto, si la idea de que el atentado fue un castigo por apoyar a EEUU en Irak, o la de que el gobierno manipuló los datos sobre la autoría, acusación urdida sin contemplaciones, y aprovechando la torpeza del PP, por el conglomerado político-mediático que llamamos, para abreviar, izquierda. Lo que sí sabemos es que la mayoría votó en el sentido que más puede beneficiar a quienes utilizan el terror para imponer su voluntad. Como esto suena duro, hay que explicarlo.

Si confrontada con atentados que se presentan como represalia por la participación en ciertas acciones, la mayoría de los habitantes de un país retira su apoyo al gobierno que las ha abanderado, y lo ofrece a quienes se han distinguido por su oposición a ellas, el “mensaje” que les llega a los terroristas es claro: sus golpes pueden tener éxito. Pueden amedrentar a la población, conseguir que crea que estará segura si su país no les provoca: si no se busca líos, versión más presentable, para la propia conciencia, que el “sálvese quien pueda” que es en rigor. Y esa población pondrá en el gobierno a quienes menos “crispen” (molesten) a los de las bombas.

Desde luego, quienes tramaron la masacre de Madrid supieron golpear en el momento y del modo que más podía causar ese efecto. Sean quienes sean los ejecutores, los que los dirigen, y alguien los dirige, no son tontos. En España han dado un golpe maestro. El gobierno español que más firme y eficazmente ha luchado contra el terrorismo, ha sido castigado por los votantes. La posición de España en el frente antiterrorista internacional se rodea de incógnitas. Y, al mismo tiempo, aparece la incertidumbre sobre el futuro de la nación, al haber ganado un PSOE hipotecado con los nacionalistas, cuyas demandas de secesión más o menos maquillada van a encontrar un acomodo que era impensable con el PP.

España lleva más de treinta años soportando el acoso del terror. Debíamos, en teoría, estar mejor pertrechados ideológica y emocionalmente ante él. No es así. El discurso anti-terrorista que ha impregnado a la sociedad española se ha demostrado simple y endeble, incapaz de superar un desafío como la masacre del 11-M. Muchos aún ven el terrorismo como una locura sin sentido, y están ciegos a los objetivos que persigue y al chantaje que representa. Otros lo atribuyen a agravios más o menos justificados, y creen que resolviéndolos y con buen talante, mejorarían las cosas. O prefieren tragarse esos placebos antes que afrontar una realidad muy dura.

Suele decirse que la sociedad vasca está enferma, porque gran parte de ella ha aceptado hasta cierto punto, y con todas las excusas que se ha ido inventado, el chantaje del terror. Pues bien, la mayoría del resto de españoles no son distintos de la mayoría de los vascos. Ni de los catalanes que han votado a ERC, encantados de que Carod les haya contratado un “seguro de vida”. En España, mal que nos pese, son hoy más los que creen que el modo de combatir el terrorismo es andar por la vida con la ramita de olivo y dos canciones de los Beatles: “All we need is love” y “Give peace a chance”. Han ganado los niños de la paz, criados en una Jauja que suponen indestructible, con unas ideas de parvulario sobre la realidad del mundo. Que Dios nos coja confesados.

14-M
A pensar
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  15 Marzo 2004

Hoy, una vez han barrido al PP, parece que ha dejado de importarles el estado de las investigaciones de la masacre del 11 M. Mientras se jugaba con el voto del pánico y de la indignación, mientras el poderosísimo conglomerado político-mediático de la izquierda y el nacionalismo encauzaba la ira para que fuera a parar toda al Partido Popular, la presión sobre el gobierno exigiendo transparencia era tal que nunca antes se había visto a un ministro del Interior compartir de ese modo, en tiempo real, el estado de una investigación policial con la opinión pública. Pero era una reacción condenada al fracaso, porque el conglomerado había decidido que el gobierno mentía, que se reservaba información. Nada puede hacerse contra una consigna esparcida, aventada con tanta fuerza. Lo siguiente era enseñar los dientes, violar la jornada de reflexión, utilizar las posibilidades de la sociedad red, los e-mails, los mensajes de móvil, subirse a la lógica del crecimiento exponencial sin respetar los mínimos democráticos el día antes de unas elecciones generales. Y plantar a la gente delante de las sedes del Partido Popular, y darle la cobertura mediática conveniente para que España, pobre España, visualizara un desahogo, una salida a la rabia contenida desde la mañana negra del jueves.

Gobiernos autonómicos, como el de Extremadura, webs de partidos, como la de Izquierda Unida y cadenas de televisión que tomaban partido en vez de informar, que provocaban la afluencia de gente ante las sedes del PP más que reflejarla, pusieron la guinda a la jornada ¡de reflexión! Mariano Rajoy intentó sin éxito que el resto de líderes políticos desautorizara esa toma ilegal de las calles. Recurrió a la Junta Electoral, que efectivamente se pronunció sobre la ilegalidad. ¿Y qué? Nada. Lo de siempre. La derecha aterida, sobrecogida y encerrada en casa, combinando el dolor con el estupor, el estupor con el miedo, el miedo con la indignación y la indignación con el sentido de la responsabilidad. Hacer como si todo fuera normal. Y a votar mientras todo el país veía cómo el candidato Rajoy era insultado en su colegio electoral. Y a reconocer sin ambages el triunfo electoral de Zapatero. Y a preguntarse ahora cómo es posible pasar de la mayoría absoluta a la oposición, a preguntarse por qué se volvieron contra el gobierno los sentimientos desatados por un monstruoso acto terrorista tras haber demostrado ser la opción política que más clara y duramente se ha enfrentado al terrorismo. A pensar por qué en la sociedad de las redes y de la inmediatez el PP decidió que, aparte de Rajoy, ningún candidato podía tener una web propia. A pensar qué hacen bien los demás para, haciendo mal todo lo demás, triunfen. A pensar qué hace mal el PP para, a pesar de hacer bien todo lo demás, lo coaccionen, lo acobarden, lo insulten y lo venzan. A pensar.

14-M
La cuestión de la pedagogía
Pío Moa Libertad Digital  15 Marzo 2004

Estoy convencido de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, y que al pueblo español, a todos nosotros, puede irnos muy mal con la disparatada elección reciente. Esperemos que el daño no sea irreparable. Pero dicho esto, hemos de preguntarnos: ¿cuál es la causa profunda de una situación en que tantos millones de personas se han dejado arrastrar por la provocación y las conductas tan claramente antidemocráticas de unos partidos que en algunos casos rondan y en otros caen abiertamente en lo gangsteril?

A mi juicio se trata en gran medida de un problema de pedagogía. En otro artículo me preguntaba por qué tanta gente seguía votando al PSOE pese a las continuas fechorías de este partido. La respuesta era la identificación de millones de personas con un esquema de pensamiento de “pobres-ricos”, “trabajadores-explotadores”, “los nuestros-los capitalistas” o “los imperialistas”.

Ese esquema ha llevado a mucha gente a seguir a los amigos del terrorismo cuando acusaban de asesino al PP –que ha defendido con notable éxito la libertad y la vida de la población contra los terroristas–, y a exculpar a los verdaderos asesinos porque éstos, queda implicado, se defienden “del imperialismo”.

Tal forma de pensar, o de no pensar, procede de la ideología marxista de la lucha de clases, mucho menos superada de lo que algunos quieren creer, y es sumamente peligrosa, por antidemocrática y socavadora de la convivencia civil.

Esa ideología ha calado en mucha gente, no siempre de izquierdas, ni mucho menos, hasta presentársele como la evidencia misma. Un fenómeno tan extendido no se entendería sin tener en cuenta una actividad fundamental en la izquierda y a la que la derecha apenas ha prestado atención: la “pedagogía” socialista. Apenas el PSOE llegó al poder en 1982, cuando se aplicó intensamente a difundir esas ideas, partiendo, muy significativamente de la guerra civil.

Los no tan jóvenes recordarán aquella serie de la televisión, masivamente seguida, sobre dicha guerra, e inspirada por Tuñón de Lara, un viejo y resabiado stalinista. La serie fue sólo el comienzo, y la falsificación radical de la historia se convirtió en un muro maestro de un montaje ideológico y político con mil derivaciones y aplicaciones. La izquierda era la virtuosa y democrática defensora del “pueblo” frente a una oligarquía violentamente rapaz, oscurantista, enemiga de la libertad y del progreso.

Actualmente, concedían generosamente los “progresistas”, la cosa no es tan terrible, porque hay una derecha algo más “civilizada” que la antigua, capaz de admitir, más o menos, sus culpas “de clase”; pero aun así inclinada, no debía olvidarse, a recaer en sus malignas esencias. Esa derecha debía ser vigilada, tenida a raya con el látigo del recuerdo de sus crímenes y la acusación de “franquismo” en cuanto se desmandara. Su puesto estaba en una saludable oposición.

Ha sido y sigue siendo inmenso el éxito de esa bazofia intelectual, repetida de mil formas y desde los más variados medios de difusión, incluidos los derechistas. Porque la derecha, en el poder durante ocho años, ha sido incapaz de criticar adecuadamente esos esquemas, y de oponerles un modo de pensar realmente democrático. En realidad, ni siquiera se lo ha propuesto. Ha hecho algunos esfuerzos aquí y allá, nada desdeñables, pero totalmente insuficientes y ni de lejos capaces de calar en “las amplias masas populares”, por decirlo con la antigua jerigonza marxista.

Las elecciones últimas demuestran que la democracia en España está mal consolidada. Y lo seguirá estando mientras no se entienda que la competencia política debe ir completada con “la lucha ideológica”, como la llamaban los comunistas, y en este caso más bien una lucha antiideológica. Porque mientras la pedagogía totalitaria de la lucha de clases siga deformando en la mentalidad de millones de personas, el peligro subsistirá.

11-M
Un testimonio
Agustín Gómez Presas Libertad Digital  15 Marzo 2004

Este artículo lo ha enviado a Libertad Digital un familiar de unas de las 200 personas asesinadas en los atentados de Madrid.

El Golpe
Permítanme una elucubración, tan sólo a título de hipótesis y con el innoble afán de poner un poco más de desorden en el caos, al fin y al cabo me lo puedo permitir, ya que un miembro de mi familia ha perdido la vida (y un ojo, y un brazo, y un trozo de cráneo) en el atentado de Santa Eugenia: ¿podrían estar el Plan Ibarreche y ETA, hombro con hombro, detrás de la carnicería ocurrida en Madrid?, ¿con qué fin, bajo qué concepto?

Ofrezco varios ingredientes para enriquecer tan descabellados asertos. El primero, por supuesto, es el criterio de la oportunidad política: dado que las encuestas no auguraban una remontada suficiente de la izquierda colegiada (PSOE-IU-ERC), sólo un suceso de extraordinaria gravedad, a tres días de las elecciones, podía movilizar al electorado hasta el punto de dar un vuelco a la situación. El nacionalismo vasco se beneficiaría enormemente de un cambio de tornas en el gobierno salido de las urnas, ya que un ejecutivo de izquierdas siempre sería más proclive a transigir con el Plan Ibarreche que otro con ideas claras y menos susceptible de hacer de la política comercio. El primer efecto, movilizar a todo el electorado y particularmente al de izquierdas, desalentado por la ramplonería de la oferta electoral de una izquierda en descomposición, ya se habría conseguido.

El segundo es el criterio de la ductilidad de la sensibilidad social: explotados hasta la saciedad los principales recursos electoralistas de la oposición durante la legislatura que toca a su fin, y conscientes de la imposibilidad física de hundir un Prestige en la Puerta del Sol (hasta ahí llega la inteligencia del etarra unicejo), una masacre de Al Qaeda que supusiera la cristalización de los riesgos creados por nuestra intervención en la Guerra de Irak, merecería un gravísimo castigo electoral al Gobierno, con olvido de cualquier otra consideración programática.

Bastaría una cinta con mensajes coránicos en una furgoneta robada, estratégicamente abandonada en un lugar público bien accesible para facilitar su rápido hallazgo, una carta reivindicativa de este horror escrita en árabe, con sospechoso estilo de soflama antiaznarista y dos fulminantes desmentidos de Batasuna y de la propia ¿ETA?, contra toda costumbre y tan rápido como fue posible, para poner en marcha cuanto antes el efecto disolvente de las encuestas electorales. El resultado equivaldría a un golpe de estado, el primero del siglo XXI, el único tipo de golpe de estado posible en una democracia occidental, transformado el histórico "ruido de sables" en pieza de museo. Un golpe de estado mediático, por la vía de modificar la intención de voto introduciendo un elemento espurio en el juicio electoral de los votantes. Sin duda, la oposición y su guardia pretoriana mediática, entrarían al trapo de inmediato.

Este panorama de impostura y fingimiento, de todo a cualquier precio, del mal en estado puro, mal metafísico e insuperable, lógicamente no es más que la paranoia del pariente de una víctima de los ataques del 11-M, miembro de una familia desolada y perdida que transforma su indignación y dolor en acusaciones sin el más elemental fundamento, ¿o no?

Al Qaida prefiere a ZP
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 15 Marzo 2004

EN UN RELATO de Borges los servicios secretos asesinan a una persona para indicar el nombre de la ciudad que hay que bombardear. El 11-M se ha bombardeado una ciudad para mostrar qué candidato se prefiere. Además del de los Ibarreche, Rovireche, Llamazares, Quintana, Maragall, Balbás, etcétera, ZP ha resultado ser también el presidente de Gobierno preferido de Bin Laden, Marruecos y quizás de algún importante país europeo añorante de la docilidad felipista. Todos ellos buenos amigos de España como es bien conocido.

Los optimistas pensábamos que, de no mediar algún cambio político institucional que lo evitara, a la histórica nación española no le quedaban ya muchas legislaturas, pero los acontecimientos se aceleran y si la Providencia no lo remedia, ya que nuestra lamentable clase política es incapaz de hacerlo, puede que hayamos iniciado el principio del fin. Parece que se ha votado más con la emoción que con la razón y esto es muy peligroso.

En este jardín que pretendía ser un vergel pero ha sido agostado por el fanatismo y la estupidez humanas, también los senderos se bifurcan como en el relato borgiano, y aquí veremos lo que puede dar de sí ZP, hasta ahora caracterizado por la ambigüedad y la falta de autoridad, de modo que mucho nos tememos que si el nuevo Gobierno no actúa con extraordinaria lucidez y enérgica voluntad vamos a iniciar un camino divergente del occidental que nos va retrotraer al pasado más tenebroso de nuestra historia.

Después del 11-M vendrán el Plan Ibarreche, el de Maragall, otras agresiones de Marruecos, la crisis económica... Los síntomas presentes son penosos, vale todo: las repetidas llamadas al linchamiento del PP violando la jornada de reflexión, en forma de manifestaciones espontáneas que recuerdan las de las masas ignaras excitadas por la reacción contra el ilustrado Esquilache, el modernizador cosmopolita que tenía la osada pretensión de que se lavara la gente.

Queda pedir al PP que no se desmoralice y no se descomponga, puesto que la España liberal mantiene en ellos sus esperanzas. Aznar, que ha sido un político honrado, aunque seguramente se ha equivocado al tratar a España como un país anglosajón con firmes criterios democráticos y occidentales no merecía haber sido cazado a traición como el caballero de Olmedo.

Crímenes rentables
Cartas al Director ABC 15 Marzo 2004

Como cualquier persona con corazón, sentí un profundo dolor, incluso físico, el jueves 11. Pero el miedo no vino hasta el sábado 13, cuando demasiados necios, al parecer incapaces de dedicar esa jornada -o cualquier otra- a la reflexión, se echaron a la calle para culpar de los atentados fundamentalistas a su Gobierno democrático. Para colmo de intoxicaciones, lo hicieron en nombre del pueblo, que sin tan indeseables intermediarios acababa de manifestarse en sentido diametralmente opuesto el día anterior. En la manifestación del pueblo, éste se preguntaba angustiado el porqué de un crimen tan abyecto. Pues ya tenemos la respuesta que buscábamos: los terroristas existen y sus crímenes son rentables porque nunca faltan cobardes dispuestos a justificarlos. El dolor no debe nublar la necesaria lucidez: ¿qué otra interpretación pueden tener pancartas tan miserables como «Las bombas sobre Irak estallan en Madrid», que firmaría el mismísimo Bin Laden? Claro que a muchos de estos ignorantes Osama les parecerá una especie de Che Guevara con turbante. Pero se equivocan dramáticamente cuando le conceden el privilegio de dictarnos la política exterior. Al menos yo no hui de mi querida pero inhabitable Guipúzcoa natal para asistir impasible a la batasunización de la izquierda acomplejada y paranoica en este Madrid libre y abierto donde me siento -¡ay!- mejor que en casa. Sé que no me van a escuchar, que me tildarán de «facha», como hicieron el sábado cuando les interpelé (¡qué hastío intentar razonar con quien sólo alcanza a repetir «madrazadas»!). También sé que no les importa vulnerar en su provecho las reglas de nuestra democracia (burguesa e imperfecta, pero la mejor arma que tenemos contra el terror). Quizá si hubieran hecho algo por instaurarla, dudarían antes de ponerla en peligro. ¿Hará falta explicar que es momento de enfrentarse a los asesinos, no a las instituciones?    Moisés Ramírez.   Madrid.

Los autores de la matanza eran marroquíes
Las Fuerzas de Seguridad creen que la célula criminal que cometió los atentados del jueves está integrada por individuos que fueron reclutados y entrenados en el país alauí
Se investiga cómo consiguieron los explosivos de fabricación española
Las Fuerzas de Seguridad del Estado creen, en función de las investigaciones que ya han realizado, que todos los terroristas que participaron en los atentados del pasado jueves en Madrid son de nacionalidad marroquí ¬país en el que fueron reclutados y entrenados algunos de ellos¬ y que recibieron el apoyo logístico de individuos de esta nacionalidad afincados ya en España, según han informado a LA RAZÓN fuentes de la lucha antiterrorista. Las pesquisas se centran en determinar cómo y dónde los asesinos consiguieron hacerse con la dinamita de fabricación española Goma 2 con la que perpetraron las acciones criminales, ya que, habitualmente, estos grupos suelen utilizar explosivos de fabricación propia.
J. M. Zuloaga / R. L. Vargas La Razón  15 Marzo 2004

Madrid- Las investigaciones, tal y como precisó ayer el ministro del Interior, Ángel Acebes, van a ser «largas y complejas». No obstante, las fuentes consultadas consideran que en breve, gracias a los datos aportados por testigos presenciales y por los marroquíes ya detenidos, podrían ser identificados algunos de los autores de la matanza.

Los detenidos, Jamal Zougam, nacido en Tánger el 5 de octubre de 1973; Mohamed Chaoui, nacido el 26 de junio de 1969 también en Tánger y obrero de profesión; y Mohamed Bakali Boutaliha, nacido el 5 de junio de 1972 en Tetuán y mecánico de profesión; a los que se ha aplicado la legislación antiterrorista, permanecían ayer en dependencias policiales y, según ha trascendido, alguno de ellos podría estar aportando importantes datos para la investigación. Según explicó Acebes, alguno de estos tres sujetos tiene antecedentes policiales y judiciales por delitos de lesiones, receptación y participación en algún homicidio. Respecto a este último delito, que se habría cometido en nuestro país, el ministro explicó que las Fuerzas de Seguridad están investigando el grado de implicación del detenido.

Investigación. Las pesquisas se centran en esclarecer dos aspectos fundamentales: quién y en qué circunstancias formó las células terroristas en Marruecos, dónde fueron reclutados y entrenados sus integrantes, cómo llegaron hasta nuestro país ¬no se descarta que hayan utilizado las vías ilegales de inmigración¬ y de quién partió la orden para la comisión de los atentados. El segundo aspecto sería determinar cómo y dónde fueron aquiridos o robados los explosivos de fabricación española utilizados en las acciones criminales del jueves.

El hecho de que el individuo que aparecía en el vídeo depositado en las proximidades de la Mezquita de Madrid tuviera acento marroquí pone de manifiesto, según las citadas fuentes, que los terroristas no han tratado en ningún momento de ocultar su origen. La proximidad del país alauí a España habría sido, en cualquier caso, uno de los factores determinantes para que los organizadores de los atentados reclutaran allí a los terroristas.

Por lo que respecta a los explosivos, ha llamado poderosamente la atención a los investigadores que se haya utilizado uno ya fabricado, en este caso en España y que se vende en Marruecos, y que los terroristas hayan roto, en este caso, su norma habitual de actuación que consiste en elaborar las sustancias con que componen los artefactos de manera artesanal.

Lo que ha quedado claro, en principio, es que los atentados del jueves fueron preparados minuciosamente, de forma casi «militar», sin que los terroristas cometiesen más fallos que la no explosión de una de las mochilas bomba. Eso supone que al menos parte de la célula criminal ha estado en España, en la zona de Alcalá de Henares y en las estaciones de donde partieron los trenes, el tiempo suficiente para preparar los atentados.

Infraestructura. Dado el escaso tiempo que medió entre la colocación de los artefactos y su explosión, los investigadores dan como seguro que los asesinos cuentan con una infraestructura, que ellos consideran segura, en una zona no muy alejada a la estación de ferrocarril de Alcalá de Henares, aunque, dado el tiempo transcurrido, tampoco se puede descartar que alguno haya podido viajar a otras zonas.

La colonia marroquí es una de las más numerosas que hay en España y, por lo tanto, sus integrantes pasan casi inadvertidos entre la población española, donde ya no llama la atención su presencia. Cuentan con numerosos pisos, negocios y una importante red de mezquitas, algunas de ellas clandestinas, según las citadas fuentes. De hecho, hay zonas en deteminadas ciudades que aparecen prácticamente controladas por la población marroquí donde, por lo tanto, resulta muy difícil seguir la pista de determinados individuos. A este respecto, la colaboración, que desde el primer momento ha ofrecido Marruecos con el envío de expertos antiterroristas, se considera fundamental para la buena marcha de las investigaciones. También policías españoles viajarán al país vecino para avanzar en la investigación.

Acebes también informó del estado de los heridos en los atentados. Ayer no se produjo ningún fallecimiento, por lo que el número de muertos sigue siendo de 200, mientras que permanecen ingresadas en los hospitales 252 personas: 19 en estado crítico, 36 muy graves, 114 graves y 16 leves.

«Si golpeamos a España, la victoria socialista es casi segura»
Un documento de 50 páginas en árabe publicado en internet en diciembre de 2003 por grupos extremistas habla de atentados contra las fuerzas españolas presentes en Iraq antes de las elecciones
Dedica ocho páginas a analizar la política exterior de Aznar Relación con Al qaida. El libro, titulado «El Jihad iraquí, esperanzas y riesgos: análisis de la realidad y visiones de futuro, y escalones a seguir en el camino del bendito Jihad», fue puesto en la red por grupos islámicos a través de un organismo bautizado como «Instituto de Información en apoyo del pueblo iraquí, Centro de Servicios de los mujaidines», asegura a este diario el profesor Scott Atran, un antropólogo en lingüística que además es un experto en terrorismo suicida y religión de Oriente Medio.
Mientras prosiguen las investigaciones para determinar la autoría de los brutales ataques terroristas del pasado jueves en Madrid que han conmocionado a toda España, este periódico tuvo acceso a un documento escrito en árabe por grupos mujaidines de Qa´idat al-Jihad gracias a un experto norteamericano en terrorismo en el que se dedican varias páginas a analizar la política española y su implicación en la pasada guerra contra Iraq. El documento fue publicado en diciembre de 2003 y hace referencias explícitas a la «conveniencia» de golpear a las «fuerzas españolas» en ese país teniendo en cuenta las elecciones de marzo para influir en los resultados. El documento no habla de ataques a Madrid o a la población civil.
L.M. Ariza La Razón  15 Marzo 2004

Madrid- «Por lo tanto, lo que decimos es que, para obligar a las fuerzas españolas a retirarse de Iraq, la resistencia debería unir fuerzas para realizar ataques dañinos contra sus tropas. Estos ataques se verán acompañados por una campaña de propaganda que debe presentar lo que es la realidad en Iraq. Y es una obligación el explotar las siguientes elecciones generales que tendrán lugar en España en marzo de 2004.

Creemos que el Gobierno Español no podrá resistir más de dos o tres ataques como mucho, después de los cuáles se verá obligado a retirarse, como resultado de la presión popular. Si sus tropas permanecieran en Iraq después de los ataques, la victoria del partido socialista está casi asegurada, y la retirada de las fuerzas españolas figurarían en su programa electoral.
La retirada de las fuerzas españolas o italianas de Iraq producirían una presión tremenda en la presencia británica (en Iraq), una presión que Tony Blair no sería capaz de contrarrestar.

Y, en consecuencia, las fichas de dominó caerían con rapidez. Por lo tanto, el problema básico que permanece es cómo tumbar la primera ficha».
Esto que leen ustedes es un extracto traducido del inglés de un libro de 50 páginas en árabe publicado en internet por grupos islamistas en diciembre de 2003, dos meses y medio antes de los brutales atentados terroristas en Madrid que han conmocionado a toda España.

Atran investiga en la Universidad de Michigan en Ann Arbor (EE UU) y dirige el departamento de investigación del «Centre National de la Recherche Scientifique» ubicado en París (Francia). Es autor del libro «En los Dioses confiamos; el paisaje evolutivo de la Religión» Y nos matiza otro dato interesante. «El título Centro de Servicios es una paráfrasis del significado original de Al-Qaida («La Base»), tal y como era en Afganistán a finales de los años ochenta».

El documento, asegura este experto, dedica ocho páginas a España. «Incluye un detallado análisis de la política española, las ambiciones personales del presidente José María Aznar, y el balance político entre la derecha y la izquierda en referencia a las elecciones al parlamento del 14 de marzo de 2004».

Los párrafos mencionados, escritos o puestos en conocimiento en internet hace dos meses y medio, destilan una predicción macabra, aunque no arrojan pista alguna, hay que insistir de forma muy clara a este respecto, sobre un atentado en Madrid ni ataques a la población civil en España. No demuestra que sus autores sean los responsables de la barbarie. Pero de su análisis se desprende que España estaba en el punto de mira.

«La coordinación de las bombas tiene todas las características de un ataque del Jihad (guerra santa). Esto no descarta la posibilidad de que ETA haya aprendido a copiar sus técnicas, aunque seriamente pongo en duda que ETA y los partidarios del Jihad unan fuerzas», asegura Atran.

¿Estamos hablando directamente de Al Qaida en relación con lo acontecido en Madrid? No en el sentido de que los atentados haya sido ordenado personalmente por Ben Laden, Al Zawahiri o cualquiera de los 20 miembros del núcleo duro de esta organización terrorista, opina este experto. Quizá se esté produciendo un fenómeno por el que surgen muchos grupos que actúan y «hablan en el nombre de Al Qaida».

Cita al grupo Ansar al-Islam en Iraq y los denominados Lashkar-eghanvi y Jais-e-Muhammed en Pakistán que mataron más de 200 personas en el día santo de Ashura para los Chiíes, y añade que Ben Laden decidió en 1996 no atacar a los Chiíes.

Estos grupos regionales habrían aprendido las reglas de Al qaida para extender el terror: reclutar operativos de un nivel alto y con mucha motivación, cooperación con grupos de otros países, ataques a los intereses norteamericanos y de sus aliados, elección de objetivos civiles, más fáciles que los militares, y uso de tecnología civil como arma, lo que incluye fertilizantes, hardware para las bombas, el uso de aviones, camiones y trenes para liberarlas, y el uso de internet para la coordinación y mando.

Ataques y acoso a los candidatos del PP
José María Aznar, Mariano Rajoy y Carlos Iturgaiz fueron increpados en sus colegios electorales en un clima muy crispado
José María Aznar, con gesto serio, y su esposa, Ana Botella, con lágrimas en los ojos, en el momento de ejercer su derecho al voto en Madrid
Redacción La Razón  15 Marzo 2004

Madrid- Las protestas y concentraciones ante la sede central del Partido Popular en Madrid y varias sedes provinciales que se sucedieron en la madrugada del domingo, dieron paso ayer a nuevos incidentes, mientras algunos de sus dirigentes, entre ellos el presidente del Gobierno, José María Aznar, y el candidato del Partido Popular a la Presidencia del Ejecutivo, Mariano Rajoy, eran increpados a la salida de los colegios donde ejercieron su derecho al voto.

La sede popular en la localidad coruñesa de Culleredo fue objeto de un incendio provocado que produjo «importantes daños materiales». En Cádiz, la Policía detuvo a un joven que arrojó huevos contra la sede del PP, al tiempo que profería diversos insultos. En Barcelona, otro joven fue arrestado por lanzar piedras y botellas contra la Policía que protegía la sede popular. En Badalona, varios colegios electorales amanecieron con pintadas contra el PP y en Baracaldo, el edificio que alberga a esa formación fue rociado con pintura amarilla y roja. El Partido Popular denunció esas actuaciones. El director general de la Policía, Agustín Díaz de Mera, lamentó los ataques contra sedes del PP que, dijo, «derivan de la irresponsabilidad acreditada de algunas organizaciones» durante la jornada de reflexión.

El PP de Ceuta denunció ante la Junta Electoral que desde el teléfono móvil de la candidata socialista al Senado se enviaron mensajes alentando a la celebración de una cacerolada frente a la sede popular.

Durante la jornada electoral, varios dirigentes populares sufrieron también insultos cuando acudieron a votar. En Madrid, el presidente del Gobierno, José María Aznar, fue recibido a las puertas de su colegio electoral con vítores e insultos. El jefe del Ejecutivo afirmó: «acabo de votar y pido a los españoles que hagan lo mismo». Mientras, unos simpatizantes del PP se enfrentaban a los manifestantes que portaban pancartas con alusiones a la paz.

«Fanáticos». Aznar declaró, entre vítores por parte de sus seguidores y algunas increpaciones por parte de algunos ciudadanos de «manipuladores», que «ningún grupo de fanáticos impedirán que los españoles vivan en libertad y expresen lo que creen con absoluta confianza». Ana Botella, la esposa del Presidente, se mostró emocionada y con lágrimas en los ojos a la hora de votar.

El candidato del PP a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy, escuchó también gritos de descontento cuando se dirigía a las urnas. «Vosotros fascistas, sois los terroristas», le espetó un hombre. «No es un día para hacer declaraciones», respondió el candidato. Sin alterar el gesto ante la imprecación, Rajoy añadió que «nos acordamos todos de lo que ha pasado en los últimos días y son unas elecciones que producen una sensación de dolor muy grande. Todos mirando al futuro lo podemos superar».

La flema del candidato no impidió que prosiguieran nuevas increpaciones. «Pinocho» y «mentiroso» fueron otros insultos que recibió por parte de varias personas que acusaron al Ejecutivo de manipulación informativa sobre la autoría de los actos terroristas en Madrid.

El presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, también hubo de hacer frente a algunos insultos. Tras haber depositado su voto, fue tachado de «asesino» por dos personas que portaban papeletas de la izquierda abertzale. Iturgaiz les contestó que los asesinos eran ellos. «Vosotros sois los asesinos, miraros a la cara», respondió.

El vicesecretario general del PP y portavoz en el Ayuntamiento de Bilbao, Antonio Basagoiti, denunció que apoderados de su formación «están recibiendo insultos y llamadas de asesinos por parte de apoderados del PNV», en algunos colegios electorales de Vizcaya.

Basagoiti aseguró, además, que en algunos colegios había «miembros de la deslegalizada Batasuna en las puertas, acosando a los votantes y a los apoderados del PP». Basagoiti aseguró que esa situación «está provocada por declaraciones irresponsables de algunos políticos, como Imaz o Madrazo».

También la presidenta del PP de Guipúzcoa, María San Gil, recibió ayer insultos de «asesina» y «fascista» en dos colegios electorales de San Sebastián, a los que acudió a visitar a los interventores.

La sede del PP en Culleredo amanece arrasada por el fuego
Redacción / Culleredo El Ideal Gallego 15 Marzo 2004

La sede del Partido Popular de Culleredo quedó destrozada por las llamas
La sede del Partido Popular del municipio de Culleredo apareció ayer por la mañana destrozada por las llamas. Según agentes de la Guardia Civil, el fuego fue provocado por una bengala arrojada por varios individuos que atentaron a las seis de la madrugada contra esta oficina ubicada en la calle de Electro.

El fuego dejó el interior de la oficina local totalmente destrozada y causó importantes daños materiales. La bengala, fue previamente rociada con líquido inflamable, según informaron.

El Partido Popular, a través de un comunicado, condenó los hechos que, en su opinión, “sólo tienen como objetivo intimidar y manipular el voto democrático de todos los españoles”. Los populares hicieron un llamamiento a la serenidad.

Julio Sacristán condena el suceso
El alcalde de Culleredo, el socialista Julio Sacristán, mostró su condenó los hechos nada más enterarse de la noticia. Sacristán manifestó su repulsa y explicó que se trataba d de una gamberrada sin justificación.

Ofreció la solidaridad tanto del equipo de gobierno como del Partido Socialista de Culleredo hacia los populares y expresó que hechos como este no ayudan para nada al talante democrático que debe imperar en la sociedad.

El regidor cullerdense acudió a primera hora de la mañana, antes de que abriesen los colegios, a la sede del PP para interesarse por lo sucedido y conversar con dirigentes del PP para expresarles su apoyo. No es la primera vez que la sede sufre un ataque de estas características.

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