AGLI

Recortes de Prensa     Martes 16 Marzo 2004
LECCIONES SOBRE EL TERRORISMO
EDURNE URIARTE ABC 16 Marzo 2003

EL NACIONALISMO QUE VIENE
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 16 Marzo 2003

¿HAN LOGRADO LOS TERRORISTAS CAMBIAR EL CURSO DE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA
CHRISTOPHER COX  ABC 16 Marzo 2003

LA CUESTIÓN DE FONDO DEL 14-M (TERRORISMO Y DEMOCRACIA)
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC  16 Marzo 2003

LA HORA DE SANCHO PANZA
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 16 Marzo 2003

¿Quién pagará la factura
Lorenzo Contreras Estrella Digital 16 Marzo 2003

Todas las víctimas
Iñaki EZKERRA La Razón  16 Marzo 2003

Onda expansiva
José Javaloyes Estrella Digital  16 Marzo 2003

LAS ASIGNATURAS DEL CAMBIO
Editorial ABC 16 Marzo 2003

Tiempos duros
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 16 Marzo 2003

En clave gallega
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 16 Enero 2004

Sólo unas reflexiones
Cartas al Director ABC 16 Marzo 2003

Terrorífico y decisivo
Cartas al Director ABC 16 Marzo 2003

Movilización no espontánea
Cartas al Director ABC 16 Marzo 2003

Los detonadores usados en el 11-M fueron fabricados en una empresa de Vizcaya
ABC  16 Enero 2004

Australia recuerda a Zapatero que si España abandona Irak será una victoria para los terroristas
Agencias Libertad Digital  16 Marzo 2003

«Os váis a enterar, vamos a matar a un montón de madrileños»
Bilbao. Agencias ABC 16 Enero 2004


 

LECCIONES SOBRE EL TERRORISMO
EDURNE URIARTE ABC 16 Marzo 2003

Mucho me temo que la movilización antiterrorista está herida de gravedad en nuestro país tras la tragedia del 11-M. Porque es muy evidente que el vuelco electoral ha estado causado por la masacre del 11-M, y no precisamente por la supuesta manipulación informativa del Gobierno, sino por el miedo de muchos ciudadanos que han castigado al Gobierno con una lectura sobrecogedora desde el punto de vista de la movilización antiterrorista: el Gobierno es responsable en cierto grado de la matanza de Madrid porque apoyó la guerra de Irak y ha provocado la venganza de Al Qaeda.

Se ha desatado el pánico ante el terrorismo masivo e indiscriminado, y los terroristas han conseguido parte de sus objetivos con la extensión del terror y el desistimiento. Muchos ciudadanos han pensado que esto es lo que ocurre si se provoca a los terroristas. Retirémonos, no combatamos el terrorismo, no provoquemos a los terroristas, escondámonos, miremos hacia otro lado, comprendamos algunas razones últimas del terrorista… En último extremo, y aquí entramos en el efecto más demoledor, la culpabilidad se traslada del agresor hacia la víctima, en este caso, España, representada por su Gobierno.

Los efectos de esta reacción se sentirán en la movilización anti-ETA porque la lectura de los movilizados es obvia: si el Gobierno tiene una parte de responsabilidad por sus decisiones en política internacional, estamos obligados a extraer las mismas conclusiones para ETA, y todos estos años de maduración de la idea de que los etarras son culpables exclusivos de sus crímenes se van repentinamente a la papelera.

Y pensemos en las otras conclusiones preocupantes desde el punto de vista de la dinámica etarra. No hay que ser adivino para saber cuál es la lectura que hacen los etarras del 11-M: el terrorismo consigue sus objetivos; por ejemplo, puede lograr un vuelco electoral. La línea dura, la de los «cien muertos encima de la mesa», se ha reforzado con toda probabilidad, porque, sí, las sociedades a veces se rinden. Es decir, cuanto más terror, más posibilidades de un «final» negociado y dirigido por ETA.

Ciertamente, la orientación de la reacción social futura depende en buena medida de los líderes, políticos e intelectuales. El problema es que el panorama es muy preocupante en este terreno. Porque Rodríguez Zapatero tiene ante sí el mismo terrorismo que combatir, pero la cuestión es cómo lo va a gestionar con la losa de su actuación tras la masacre del 11-M.

Va a necesitar muchos, quizá imposibles, esfuerzos para convencernos de que no utilizó el terrorismo cuando estimuló la movilización ciudadana contra las sedes del PP. Tendrá que demostrar que realmente el Gobierno ocultó información. Y tendrá que clarificar cuál es su posición frente al terrorismo internacional y qué significa esa argumentación sobrecogedora de que el atentado del 11-M está relacionado con la posición del Gobierno en Irak.

Pero, además, Rodríguez Zapatero se encontrará con un liderazgo intelectual desanimado y desactivado en la lucha antiterrorista. Había costado mucho que la dinámica de la resistencia se impusiera a la dinámica del desistimiento en la movilización contra ETA. Y, repentinamente, la masacre del 11-M nos ha vuelto al pasado. Cuando Al Qaeda se ha diferenciado de ETA, la fibra moral del antiterrorismo ha sufrido un desgarro. Lo que vale para uno se trasladará inevitablemente al otro. Si uno tiene responsables externos y conviene huir, ¿por qué no aplicar las mismas conclusiones al otro?.

EL NACIONALISMO QUE VIENE
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 16 Marzo 2003

Las elecciones han despejado la incógnita planteadas acerca del lugar que ocuparán los nacionalismos periféricos durante los próximos años. Y la verdad es que el resultado es inquietante. Como ha sucedido con otros mensajes esenciales del PP, el de la amenaza nacionalista al sistema constitucional, cuyo máximo exponente es el plan Ibarretxe, no ha terminado de convencer al electorado. ¿Tal vez por el carácter excesivamente partidista que se le había reprochado por socialistas fuera de toda sospecha filonacionalista, como José Bono o Francisco Vázquez? En todo caso, la resistencia del nacionalismo vasco y el auge del catalán debe preocupar a todos los ciudadanos convencidos de que los nacionalismos étnicos y populistas representan un peligro muy grave para la convivencia y las libertades.

Hay, desde luego, un grave problema de comunicación de estas convicciones. El debilitamiento de ETA —cuyo auténtico papel en la matanza del día 11 sigue siendo inquietante— no se ha entendido como mérito gubernamental, y de resultas los electores no han premiado, sino todo lo contrario, al partido que la ha liderado. Los electores vascos se distancian de la firmeza de Jaime Mayor Oreja, y la línea socialista de Redondo Terreros se enfrenta a una mayor marginación en su partido, si ello es posible.

En Cataluña el tripartito maragalliano ha obtenido un apoyo clamoroso. La oferta de seguridad a cambio de insolidaridad y de más nacionalismo —eso es la tregua catalana pactada por Carod— ha sido premiada entusiásticamente. Además, el filonacionalismo de Maragall ha recibido el beneplácito electoral. Por lo tanto, la impregnación nacionalista de la izquierda puede seguir aumentando.

La bajada del PP en Cataluña y País Vasco, la subida de ERC, el respaldo a Maragall, el mantenimiento del PNV y EA, etcétera, no se explican enteramente por las reacciones emocionales derivadas de la matanza del jueves. Las tendencias centrífugas están a la vista y no van a desaparecer por sí solas. PSOE y PP deben rehacer sus deterioradas relaciones, poner a salvo lo esencial —Pacto Antiterrorista, Ley de Partidos— y mantener un entendimiento básico que frustre los chantajes nacionalistas venideros. Mejor será abandonar la idea narcisista de que un único partido puede monopolizar la verdad constitucional, y sobre todo el que tal verdad sea evidente para cualquiera de buena fe. Más bien habrá que aplicarse a conformar una mayoría constitucionalista que vincule a los principales partidos en los grandes temas.

¿HAN LOGRADO LOS TERRORISTAS CAMBIAR EL CURSO DE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA?
Por CHRISTOPHER COX Presidente del Comité de Seguridad Interior de la Cámara de Representantes de EstadosUnidos ABC 16 Marzo 2003

EN general se considera que la revelación de que probablemente Al-Qaida estuviera detrás de la matanza de cientos de personas en Madrid, justo antes de las elecciones del domingo, es el motivo de la inesperada victoria de los socialistas. Se dice que los resultados son reflejo de la reacción del electorado contra el fuerte apoyo del presidente del Gobierno, José María Aznar, a la guerra global contra el terrorismo. De ser así, también es reflejo de la reacción terrorista contra el firme apoyo de Aznar a los esfuerzos estadounidenses para destruir a Al-Qaida. «Esto es una respuesta a vuestra cooperación con los criminales de Bush y sus aliados», fue el mensaje de la cinta presuntamente de Al-Qaida que reventó las elecciones españolas. Así, el lema del último momento de los socialistas y la lógica de los terroristas para su sangrienta reacción coinciden. Fue la decisión del Gobierno español de estar al lado de Estados Unidos para combatir a los terroristas, especialmente, según la cinta, en Afganistán y también en Irak lo que tanto los socialistas como los terroristas alegan que ha hecho a Aznar culpable de las muertes de 200 conciudadanos.

Los sondeos anteriores al 11-M anticipaban un amplio triunfo del Partido Popular. Pero el sentimiento de los electores osciló fuertemente en las últimas horas por la sensación generalizada de que Aznar había arrastrado innecesariamente a España a las guerras de Estados Unidos, haciendo a los españoles merecedores de la sangrienta respuesta de Al-Qaida. De hecho, la alegación expresa de los socialistas durante el fin de semana era que si se demostraba que Al-Qaida es responsable de las bombas de los trenes, Aznar sería responsable por haberlas provocado. La política alternativa de los socialistas sería el diálogo: tratar con los terroristas por todos los medios disponibles, incluyendo la negociación.

Aznar no ha considerado jamás que España tuviera la opción de quedarse al margen de la guerra contra el terrorismo tras el 11-S. La historia de terror de España en manos de ETA le había hecho plenamente consciente de que la civilización debe enfrentarse al terrorismo. También sabía que España necesitaba la cooperación internacional en su lucha contra ETA. Cuando 3.000 civiles inocentes fueron asesinados en Nueva York, Filadelfia y Washington, supo instintivamente que su nación y Estados Unidos afrontaban un desafío común. El 11 de septiembre de 2001, Aznar ya había resuelto el dilema de si luchar o huir ante el terrorismo; sin embargo, gran parte de Estados Unidos, y la mayoría de España, no lo había resuelto. En los días que siguieron a los ataques aéreos millones de estadounidenses se angustiaban pensando si la espantosa muerte de tantos debía inevitablemente ir seguida por más violencia.

Es una respuesta natural y humana ante una violencia tan terrible el intentar, si fuera posible, ponerle fin. ¿Por qué arriesgarnos más provocándolos? Mejor esperar y ver qué pasa después. A lo mejor se van. Además, razonaban muchos, en realidad se trata de un problema de Oriente Medio. Sólo con dejar de apoyar a Israel nos dejarán en paz. Aún ahora, esa racionalización desesperada está atravesando España, pero, como en Estados Unidos, probablemente acabará dejando paso a la cruda realidad. Sin embargo, con la tragedia aún reciente, sin duda ha sido reconfortante para quienes lloraban la pérdida de sus seres queridos imaginar que, con el mero acto de la voluntad nacional, podría detenerse la violencia. Sin duda, las mismas esperanzas que tentaron a muchos estadounidenses después del 11-S subyacen tras las repentinas muestras de apoyo a la política socialista de retirada de la alianza ilimitada de España con las agresivas políticas contra el terrorismo de Estados Unidos.

Existe una diferencia significativa entre los atentados del 11-S en Estados Unidos y las bombas del 11-M en España. A diferencia de los atentados de Al-Qaida en Estados Unidos, los del pasado jueves en Madrid se produjeron tres días antes de las elecciones. Sus efectos fueron profundos. La utilización del terror, aparentemente con éxito, para alterar el curso de las elecciones españolas, consiguiendo precisamente el resultado apetecido anunciado en el vídeo de los terroristas, el rechazo a la política pro estadounidense del partido de Aznar, nos enseña una peligrosa lección. Los terroristas estarán convencidos de que su violencia ha funcionado. No hay forma de demostrar que no estén en lo cierto.

Una vez aprendida, no será fácil que la lección se limite a España. Ahora los terroristas no tienen que limitarse a intimidar individualmente a políticos o jueces con la violencia. En la mente de los seguidores de Al-Qaida, la población de naciones enteras, si se ve sometida a matanzas horribles inmediatamente antes de unas elecciones, podría ser manipulada para que votase a gobiernos que desaprueban la oposición armada al terrorismo.

Como consecuencia de la experiencia española, las mismas elecciones estadounidenses podrían ser consideradas como objetivo. El electorado español, y más aún su nuevo Gobierno socialista, afrontan ahora una larga reconciliación nacional con la nueva realidad que involuntariamente han contribuido a crear. El nuevo presidente español, Rodríguez Zapatero, tendrá que decidir si es realmente posible el «diálogo» en la guerra contra el terrorismo. Y lo más esencial, ¿cree sinceramente que su predecesor arrastró innecesariamente a España a una lucha que podía haber evitado? Puede que los socialistas españoles de base no quieran reconocer la profundidad de la infección de su país con Al-Qaida. Mohamed Atta mantuvo varias reuniones de alto nivel en Madrid para planificar los atentados del 11-S. Varias células de Al-Qaida han sido descubiertas en España. Con este telón de fondo es como hay que entender los atentados con bombas de la pasada semana.

Durante años, muchas naciones europeas han mantenido un pacto silencioso con los militantes islámicos, permitiéndoles moverse con seguridad siempre que estas naciones no se vieran atacadas. Esta podría ser ahora la política de España. Si, como dijo Edmund Burke, lo único necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada, entonces los socialistas españoles tendrán seguramente la oportunidad de entregar a Al-Qaida una victoria con enormes consecuencias para Estados Unidos y nuestros aliados. Pero hay también indicios de que Zapatero comprende las implicaciones de los acontecimientos extraordinarios que de forma tan improbable le han catapultado al centro de la atención mundial. La noche de su elección anunció que la «prioridad inmediata» de su gobierno será «combatir todas las formas de terrorismo». Si decide que España debe continuar siendo un incondicional en la lucha global contra el terrorismo, los terroristas habrán fracasado.

La versión íntegra de este artículo se publica hoy en The Wall Street Journal

LA CUESTIÓN DE FONDO DEL 14-M (TERRORISMO Y DEMOCRACIA)
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOSDirector de ABC  16 Marzo 2003

LA anécdota es el resultado electoral de ayer, la categoría es el mecanismo que lo ha desencadenado, porque la decisión en las urnas tiene un carácter relativo y contingente, revisable; pero las razones que lo han provocado son seguramente estructurales de la personalidad de la sociedad española, de su conciencia profunda, de sus temores y de sus aspiraciones. Sin intentar entender los resortes emotivos y racionales del vuelco electoral corremos el riesgo de la perplejidad y, a la postre, de la ignorancia sobre los orígenes de las reacciones sociales. Que el atentado terrorista de 11-M está en la raíz del comportamiento electoral mayoritario, parece estar fuera de toda duda. Caben múltiples, sin embargo, sobre el por qué los electores, en vez de arropar al Gobierno en una situación tan trágica y delicada, apuestan por la oposición cuando los elementos de fondo en el panorama nacional -la economía, el empleo, el progreso generalizado- auguraban una estabilidad en la confianza de los ciudadanos en los términos, siempre inseguros en su exactitud pero fiables en lo esencial, de las encuestas conocidas.

Es posible que las bombas asesinas en Atocha, el Pozo y Santa Eugenia hayan precipitado convulsamente una sensación latente de inseguridad y, lo más grave, de incomprensión colectiva acerca de la necesidad de padecer esa ansiedad. Acaso buena parte de la sociedad española habría necesitado un crecimiento en las responsabilidades internacionales de nuestro país más gradual, más inteligible y menos arriesgado. Las más de doscientas víctimas mortales de los atentados del 11-M se habrían convertido en la confirmación colectiva de esa percepción de riesgo que no ha llegado a entender el sacrificio de vidas inocentes en aras de principios y valores que se han interiorizado como demasiado abstractos y alejados. Los que afectan a la brutalidad terrorista de ETA se asumen como propios, ingrediente de una convivencia interior que trae causa de décadas y que reta constantemente al Estado democrático, pero ¿cabría esa resignación y esa tensión ética y social ante un terrorismo distinto y distante como es el islámico? La respuesta ha sido un no rotundo.

La confrontación que el islamismo fanático plantea -cuando tenemos otro doméstico que causa tan continuo sufrimiento- ha resultado inaceptable políticamente y el electorado ha indagado en la mejor forma de apaciguamiento y de autoprotección primando la opción socialista que, sobre el papel al menos, prometía movimientos y decisiones que podrían -es mucho suponer pero es lo que se ha supuesto- salvaguardar a España de esa amenaza que pende sobre el conjunto de las sociedades occidentales. No es muy distinto a lo que ha ocurrido en Cataluña: allí, los electores, probablemente nacionalistas, han premiado a la opción que ha formulado el planteamiento más apaciguador con el terrorismo de ETA. La sociedad española no ha resistido y quiere que nuestras tropas desaparezcan de Irak; que el nuevo Gobierno pacte con los nacionalistas aún a costa de concesiones de calibre; que nos dimensione de nuevo en una talla que no llame la atención en el concierto internacional y que ensaye fórmulas de conciliación que, aun cuando puedan no ser definitivas, proporcionen una aparente tranquilidad.

Se trata, creo, de la interferencia más diáfana del terrorismo en el libre funcionamiento de un sistema democrático, pleno de libertad y de garantías constitucionales. Con una deriva adicional igualmente grave: ha logrado sobreponerse a la credibilidad del Gobierno que -errores al margen, por abundantes que hayan podido ser- aventuró una hipótesis coherente en el contexto, en los antecedentes inmediatos y de la que participaron todos los representantes políticos -nacionalistas y no nacionalistas- y medios de comunicación de todas las tendencias. Bastó un indicio contradictorio con la autoría de la banda terrorista ETA, para que se abriese una corriente que, con dos centenares de muertos en el alma de la sociedad, fue un auténtico chorro de rebeldía que, alentada además, buscó la causa de la causa como causa del mal causado y la encontró en la política gubernamental.

Antes que al Ministro del Interior una buena parte de ciudadanos -más allá de una racionalidad difícil en momentos de altísima emotividad-, concedió crédito a una improbable carta reivindicativa en un periódico británico; al mensaje de autoría de un todavía no identificado terrorista islámico; al propio desmentido de ETA y, en definitiva, a un conjunto de indicios que, aunque no definitivos, servían para sostener una doble tesis: el Gobierno engaña y el atentado corresponde a un terrorismo islámico que nos retribuye con una masacre por nuestra participación en el conflicto de Irak. Sin demasiado tiempo para la reflexión, doloridos por unas imágenes de insoportable impiedad y lacerados por la posibilidad de nuevas embestidas terroristas, los electores siguieron el curso de una intuición autoprotectora de la que resultó una victoria socialista.

Es muy posible que no toda la explicación de lo sucedido pueda encerrarse en la argumentación precedente, pero sí lo esencial de lo acaecido. La sociedad no podemos inventarla y la política sólo -y es mucho- aspira a transformarla en un sentido positivo. Hacerlo implica la desagradable tarea de enfrentarle a los riesgos que comporta el mundo actual, el enclave de España en una parte del mundo, de sus servidumbres y de sus obligaciones. No hay Gobierno, ni el anterior ni el que forme el secretario general del PSOE, que pueda eludir encararse a los nuevos riesgos emergentes en este siglo que comenzó con el desafío más formidable al esquema vital y social de occidente: el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

Será importante saber quién perpetró la matanza del 11-M en Madrid, pero lo será mucho más la psicoterapia colectiva que ante esa guerra larvada que es el terrorismo -indiscriminado, cruel, fanático y destructor- habrá que desarrollar para que la sociedad detecte el origen del mal y acepte que la defensa de lo que somos y del futuro depende de un acto de determinación y, eventualmente, de sacrificio. Y como quiera que corresponderá al Gobierno socialista abordar esta terapia, no cabe sino una leal colaboración porque lo que está en juego no es un partido, ni una idea, ni un proyecto concreto, sino la convivencia digna y libre en una democracia que debe zafarse del miedo difuso y paralizante que expanden aquí y allá estos o aquellos terroristas. Esa ha sido la cuestión de fondo el 14-M y lo será por años para una sociedad atenazada inevitablemente por riesgos cada vez más acechantes.

LA HORA DE SANCHO PANZA
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 16 Marzo 2003

«¡VÁLGAME Dios! -dijo Sancho-. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?».

Realista, sanchopancesco, Zapatero ha sabido interpretar la nula predisposición de una gran parte de la ciudadanía española ante cualquier tipo de Causa que suponga riesgo o incertidumbre. Así que bastó con hacer girar la masacre del jueves 11 contra el PP para que se produjera una inflexión inimaginable en el electorado. Los estrategas del terrorismo habían calculado muy bien. La matanza se convirtió en victoria electoral.

Toda esta experiencia ¿significa una vuelta de la sociedad española al ensimismamiento? Desde luego. No hay posibilidades de representar un papel importante en la escena internacional sin pagar unos costes. Pero el pragmatismo que parece enseñorear los espíritus de la izquierda española tiene, además, otras consecuencias en política interior. Va a suponer un retroceso de siglos, la vuelta al taifismo. A partir de la filosofía del mínimo riesgo, por no decir nulo, la izquierda española está dispuesta a escapar a las confrontaciones que se derivan de las aspiraciones regionales. Los resultados electorales del 14-M no sólo son el exponente del ensimismamiento sino también la renuncia al proyecto común que representa España en cuanto éste también supone tensiones y sacrificios. La dimisión nacional que estamos viviendo y que viene aconsejando el PSOE es una rendición en toda regla a los nacionalismos en el País Vasco y Cataluña.

ENTRE los votantes propios y los ajenos, quince millones de ciudadanos están de acuerdo con Zapatero en que ha sido un gran error haberse embarcado en una «aventura» exterior, del mismo modo que lo es defender la idea de la Nación. Por esa razón, para el PSOE no hay que enfrentarse al terrorismo exterior y hay que dialogar con el interior. Si para acabar con ETA hay que trocear el territorio, se hace. Paz por territorios. Viva la paz.

Esta es la clase de realismo en la que militan los quince millones de españoles que han votado las opciones partidarias que lidera el PSOE. Tabla rasa de valores. Un pragmatismo que tratan de disimular con ropajes ideológicos que huelen a alcanfor.

CURIOSAMENTE, se está dando una inversión de los papeles tradicionales de la derecha y la izquierda. Mientras lo propio de ésta ha sido tradicionalmente el utopismo, ahora el PSOE se entrega al minimalismo moral cuando no a la asunción de la inmoralidad. Por el contrario, la derecha asume causas y misiones idealistas o quijotescas. Es, desde luego, el caso de Aznar y de Zapatero en política internacional y desde luego en la llamada política territorial. El PSOE se entrega a todas las opciones, dimite de todos los principios. Tan sólo le interesa el triunfo político aun cuando sea tan aventurado como el que acaba de tener el 14-M.

La sorpresa, la perplejidad casi, que han producido los resultados electorales quizá están impidiendo una lectura en profundidad de ellos. Quizá no se está valorando la artificialidad de aquéllos. Son, como he dicho, la consecuencia de la estrategia planteada por un tercero, en algún lugar del mundo o quizá de la propia España, pero no son el fruto natural de la política que venía haciendo el PSOE ni la que le corresponde a éste como partido. Por esa razón quizá sea conveniente escuchar a don Quijote cuando dice «Calla, amigo Sancho... que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza».

¿Quién pagará la factura?
Lorenzo Contreras Estrella Digital 16 Marzo 2003

Maldición, estamos rodeados. Islámicos sospechosos en el barrio madrileño de Tetuán. Islámicos no menos sospechosos en el barrio madrileño de Lavapiés. La calamidad potencial en marcha. El PP ha perdido las elecciones y debe pagar sus culpas por la pésima orientación de su campaña electoral en los tramos finales. Pero si un partido y un presidente del Gobierno han asestado grandes golpes al terrorismo, ésos han sido el PP y José María Aznar. A ver quién niega esta evidencia. Y a ver quién se atreve a creer que José Luis Rodríguez Zaaptero será capaz de mantener con las organizaciones terroristas de cualquier tipo, islámicas o vascas, el mismo grado de presión y de acorralamiento. Para Aznar, saliente y desacreditado por razones de última hora, tiene que funcionar también en esta despedida el beneficio de la duda. Se equivocó en su estrategia informativa, pero ¿erró del todo en su estrategia antiterrorista? Probabalemente, no.

Es posible que no haya merecido tanto baldón final. La agencia France-Press ha difundido la imagen desconcertada de José María Anar y Mariano Rajoy en su comparecencia de despedida tras la confirmación de la derrota en la madrugada del lunes. Uno mira hacia un lado y otro hacia el opuesto. Y la agencia provoca este comentario que leemos en el periódico Deia bajo el título “¿Quién paga la factura?”. He aquí el texto: “Aznar y Rajoy dirigen sus miradas a puntos opuestos de la sala donde el ex candidato y ex aspirante a presidente del Gobierno trató de explicar la debacle. Es como si uno y otro trataran de buscar a alguien que pague la factura de Iraq. No lo hallarán. Ellos mismos han sido los paganos”.

Es verdad: han sido los paganos. Pero sus enemigos vascos, nacionalistas abertzales, han hecho decir en titulares del periódico Gara lo siguiente: “El 11-M derrota al PP y da la victoria al PSOE, que necsitará acuerdos para gobernar”. Cierto también. Ha sido Al Qaeda y su barbarie el factor determinante de esa derrota, no el mérito de Rodríguez Zapatero, auqnue no se le pueda negar ninguno. Y no menos cierto es que Zapatero “necesitará acuerdos para gobernar”. Ahí está la gran cuestión pendiente. Es decir, en qué va a consistir el precio de tales acuerdos. Todo inquietante. Empezando por el éxito de Carod-Rovira al frente de Esquerra Republicana de Cataluña. El líder republicano, el personaje que se entendió con la plana mayor de ETA para declarar a Cataluña exenta de terrorismo etarra, ha hecho llegar a Zapatero este mensaje: “Hay que abrir una segunda transición hacia un Estado plural”.

Al final habrá algún motivo para lamentarse. Cuando Arnaldo Otegi dice, como portavoz de los abertzales ex batasunos, que “emplazamos a Zapatero para que inicie un proceso de negociación política”, ¿qué quiere significar? ¿Una negociación con ETA? Obsérvese el carácter de este emplazamiento en términos literales: “Para que (Zapatero) abra un proceso de negociación política que nos devuelva la autodeterminación”.

Pero, ¿cuándo tuvieron ese derecho conquistado y en práctica? Los abertzales, con ETA detrás y sus cargas de dinamita interceptadas, consideran —son palabras del propio Otegi— que “desde nuestra memoria histórica no tenemos ninguna confianza en el PSOE”. Y el dirigente ha añadido que Zapatero “de una vez por todas se instale en el Gobierno y en el sillón de la Moncloa alguien con la talla de estadista suficiente para abrir un proceso de negociación política (...) nos devuelva la dignidad, la autodeterminación y (...) a todos y cada uno de los prisioneros políticos de este país”. De acuerdo, por supuesto, siempre que ellos, los etarras y sus cómplices, sean capaces de devolver a sus familias a todos y cada uno de los muertos causados por sus atentados desde hace más de treinta años.

Todas las víctimas
Iñaki EZKERRA La Razón  16 Marzo 2003

Fue la misma noche de la entrega de los Goyas en la que la Asociación de Víctimas del Terrorismo se concentró para pedir al cine español que se pronunciara contra ETA como lo había hecho contra la guerra de Iraq. Fue la noche en que no pocos representantes de ese cine les dieron la espalda a esas víctimas y las llamaron fascistas y enemigas de la libertad de expresión. Sonsoles, mi mujer, que es de Madrid y había ido a visitar a su familia, no quiso perderse aquella concentración en la que las víctimas iban a ejercer su propio derecho a expresarse y me comentó después por teléfono con tristeza: «¿Puedes creer que cuando Luis Portero ha empezado a leer el comunicado de la AVT se han largado todos los medios de comunicación? Ya no es sólo el País Vasco. Es España la que no tiene remedio».

Lo que ha sucedido después de aquella noche en este país, lo que ha sucedido en estos últimos días prueba que ésa no fue sólo una triste anécdota sino el síntoma de una gravísima enfermedad nacional. Aznar se equivocó yendo a esa guerra de Bush con tanto entusiasmo, como se equivocó en otras cosas, pero la solución a ese error no puede ser en ningún momento hablar de las víctimas de los atentados de Madrid como si no tuvieran que ver nada con las anteriores de ETA. La solución no es hacer buena a ETA porque «siempre avisa cuando va a matar» y porque de momento no se hayan encontrado pruebas de su relación con el atentado del jueves ni es tampoco hacer a Aznar malo y responsable del terrorismo islámico porque sí haya pruebas de éste. Esa solución no ampara a las víctimas de ETA ni a las del integrismo islámico sino que desampara a unas y otras. Lo que puede arropar a todas las víctimas, las de ayer y las de anteayer, es dar el sentido que no tiene a su tragedia. Es convertir su sacrificio en un paso hacia la libertad. Si ese paso se da hacia la cobardía y la claudicación se les niega el futuro a las víctimas, se atenta por segunda vez contra ellas.

En las elecciones del 14-M se ha castigado al Gobierno de Aznar. Se le ha castigado no por amor a las víctimas del 11-M sino por miedo a sus verdugos. Y la lectura que ya han hecho ETA y el nacionalismo totalitario de este vergonzoso vuelco electoral, o sea del poder que tienen las bombas, es bastante temible para Zapatero, para Madrid, para el País Vasco, para Cataluña y para todos nosotros. Por explotar el temor a Al Qaida el PSOE e IU acaban de resucitar a ETA de sus cenizas y al moribundo Plan Ibarretxe. Decía Maragall que si no se le hacía caso «la tragedia estaba servida». Ahora sí que va estar servida la tragedia y precisamente por haberle hecho caso.

En efecto, España no tiene remedio. Ahora pueden entender los que no lo entendían por qué el terrorismo ha durado tanto en el País Vasco, por qué las fiestas populares continuaban después de que alguien fuese asesinado. Miren las expresiones de alegría del PSOE en la noche electoral. Son la evidencia de la naturaleza ominosa de su triunfo. ¿Dónde estaba el dolor por las víctimas de Madrid? ¿Son normales todas esas sonrisas radiantes tras las desgarradas jornadas que hemos vivido?

Si eso es la izquierda, la izquierda es una mierda. Qué placer da realmente no estar entre los vencedores de estas elecciones, las más tramposas y vergonzosas de nuestra democracia. Qué bien hemos hecho las cosas los que nos salimos del PCE, los que luego apoyamos al PSOE durante años pero decidimos retirarle nuestro apoyo. A veces tuvimos dudas y pensamos que quizá nos equivocábamos y estábamos siendo injustos, que quizá los árboles feos no nos dejaban ver el hermoso bosque, pero no era así. Por fin queda claro que no es que el bosque fuese feo sino sencillamente monstruoso. Qué dolor produce pero también qué serenidad moral no tener que ver nada con todo este «golpe de Estado electoral», con este «Gobierno de la bomba» que España acaba de ganarse a pulso y que para nuestra desgracia no es fruto de la confusión de un día; con esa sucia victoria, tan sucia como la guerra que ese partido hizo contra ETA. Está visto que éstos no han aprendido nada, que no les ha servido de nada pasar a la oposición. La irónica diferencia entre las elecciones generales de 1996 y las del 2004 está en que en aquellas España castigó a sus gobernantes por corruptos y en éstas los ha castigado por honestos.

No se puede pensar honestamente en los más de doscientos muertos y en los mil quinientos heridos de los atentados de Madrid sino se piensa al mismo tiempo en el millar de muertos y en los seis mil heridos que les precedieron y en nombre de los cuales Luis Portero leyó aquella dura noche de los Goyas su comunicado para nadie. Han pasado ya seis días de las explosiones de Madrid y los partidos, los analistas políticos y los articulistas seguimos todavía buscando palabras para calificar lo incalificable, pero la respuesta para el dolor por lo que sucede hoy está en las palabras nacidas del dolor por lo que sucedió ayer. Si nos tapamos los oídos ante esas palabras; si no buscamos la raíz del problema; si seguimos sin entender que ese problema está precisamente en la confianza del terrorista en modificar la realidad con su violencia y en que la sociedad no sepa desmentir esa confianza; si nos quedamos hoy sólo con nuestro miedo insolidario y con lo anecdótico de la tragedia, habrá más víctimas mañana. Si los votos del 14-M significan que la miedosa España de Zapatero no sabe ni contesta al terror que castigó a la España de Aznar, ¿habrá que entender que no se perseguirá a los culpables para evitar más bombas en represalia por sus detenciones y que por eso el PSOE ha perdido repentinamente el interés de preguntar por ellos? No es grave que un partido pierda unas elecciones. Lo que es grave es que una nación pierda su dignidad y, con el de las víctimas, su futuro.

Onda expansiva
José Javaloyes Estrella Digital  16 Marzo 2003

La onda expansiva del 11-M, sumada al rebote del efecto Iraq, se ha llevado por delante al Gobierno del Partido Popular. El terrorismo como problema desbordaba varias veces la cumplida respuesta de la gestión de José María Aznar frente al problema del empleo. Ese brevísimo lapso temporal entre la mañana de la matanza y la mañana de las urnas ha evidenciado las respectivas capacidades: la del PSOE para gestionar los problemas, frente a la del PP para conducir las soluciones. De no ser por el síndrome de miedo insuperable que anidaba en el consciente colectivo de la mayoría —tan eficazmente laboreado—, pocas veces se habría hecho más evidente eso de que la democracia, de suyo, es un régimen de opinión. Oportuno, en consecuencia, es recordar aquella distinción aristotélica entre doxa u opinión, y episteme o conocimiento cierto.

La ingeniería mediática, a la que ha sido tan ajena la gestión del PP —operando sobre niveles más profundos que la política—, estableció un puente de miedo, amasado en falsa culpabilidad, entre la catástrofe terrorista y la catastrófica decisión de endosar la política angloamericana que llevaba a la guerra de Iraq. Y por ese puente circuló el doble efecto. Se sumaron las dos ondas y colapsó el crédito electoral del partido gobernante. La transgresión desde la izquierda del pacto de suspensión de la campaña electoral, por medio del trabajo sucio contra las sedes del PP, con manifestaciones como las del sábado (jornada de reflexión) en la calle Génova y réplicas en régimen de mitin de cierre de campaña, como la intervención de Pérez Rubalcaba respondiendo a la comparecencia de Rajoy que denunciaba los acosos ilegales, abundaron en los efectos derivados de la conexión establecida entre el 11-M y el error de Iraq.

Hay que reparar ahora, más allá de las consideraciones sobre la posible deriva de gobierno desde el de los populares al populismo, en las alternativas que se abren a la política exterior española; tanto da decir que sobre Iraq o que en la relación global entre España y Estados Unidos. Si Colin Powell “confía” en que el nuevo Gobierno no retire las tropas que se encuentran allí (que se retirarán el 30 de junio —anuncia Rodríguez Zapatero— si hasta entonces no media un mandato de Naciones Unidas), ¿quién puede confiar en que no se retiren las posiciones mantenidas por los gobiernos de Aznar en el teatro político de la Unión Europea, especialmente en el concreto debate del Tratado Constitucional?

Más allá de las sintonías y de las ideologías, de las simpatías y el gusto de cada Gabinete, está la cuestión de si se va a renunciar a la firmeza ante el nuevo reparto del poder político en la UE que pretende el eje franco-alemán y que contradice lo convenido en el Tratado de Niza. También en el marco formal de los debates europeos habrá que considerar, desde ahora mismo, la eventualidad de que se reduzca la distancia con París y Berlín para financiar las promesas de “política social” hechas durante la campaña. Pues en el asunto del equilibrio fiscal pactado en la Cumbre de Lisboa tanto comparecen frías cuestiones de números como calientes preferencias —de los socialdemócratas— por el reparto de recursos antes que por la generación de éstos.

Pero, con todo, una de las cuestiones críticas habrá de ser la de la armonización de las políticas antiterroristas dentro de la Unión Europea. Más allá de los Pirineos la percepción del problema circula preferentemente por el riesgo que representa el islamismo violento. Esa postura coincide con la apuesta política del PSOE y de Izquierda Unida tras del atentado. La sensibilidad europea es mucho menor frente a la idea de que ETA estuviera en el centro causal del 11-M. Estos sangrientos idus de Marzo, generadores de una monumental confusión en el miedo, han permitido desmontar al Gobierno del PP y premiar a los partidos nacionalistas. Electoralmente, los beneficiarios objetivos.    jose@javaloyes.net

LAS ASIGNATURAS DEL CAMBIO
Editorial ABC 16 Marzo 2003

SI el nuevo Gobierno del PSOE no goza de un período de asentamiento tranquilo después de su constitución no será porque la oposición popular le niegue el protocolario periodo de gracia, sino por la inmediatez que el propio Rodríguez Zapatero ha impuesto a la aplicación de muchas de sus promesas electorales. Lejos de ser un problema, la confrontación a corto plazo de la acción política de gobierno con el respeto a su programa electoral será una magnífica ocasión para que el PSOE exponga no su voluntad de cambio, sino el rumbo y el realismo del cambio que ofreció desde la oposición. Sería bueno, por tanto, dejar ya cancelados los mitos sobre las transiciones entre gobiernos de distinto signo, que tratan a los nuevos gobernantes como si fueran unos recién llegados que tienen que acostumbrarse al paisaje. Ninguna de las grandes cuestiones de España ha escapado al debate político y social -pese al oscurantismo que se reprochó a los Gobiernos del PP- y el PSOE los conoce bien, por muchos y variados motivos, y que podrá abordar con la generosidad que le demanden sus compromisos gracias al buen estado financiero en que se hallan las arcas públicas.

AYER mismo, en rueda de prensa y con un discurso muy templado en las formas y suave en el fondo, Rodríguez Zapatero se refirió a diversos compromisos asumidos durante su tiempo de oposición y en campaña electoral. Uno de los más inmediatos es la retirada de las tropas españolas desplegadas en Irak, si antes del 30 de junio Naciones Unidas no toma el control del país. Al margen de que esta insistencia es muy coherente con su promesa electoral, tampoco habría sido inoportuno que Rodríguez Zapatero madurara esta decisión desde el ejercicio efectivo del gobierno, dándose a sí mismo una perspectiva de la que ahora carece y que luego será imprescindible, porque es una decisión que, desde cualquier punto de vista, marcará a España. Quien crea que la salida de Irak representa sólo el coste de un desaire a Bush, demuestra no saber cuál es el momento que atraviesa la comunidad internacional en sus compromisos multilaterales ni respeta la complejidad de un proyecto -democratización de Irak, pacificación de la región, eliminación de amenazas para la seguridad colectiva- en el que están comprometidas las principales democracias occidentales, con importantes pero aisladas y endogámicas excepciones. Y en la retina quedará la imagen de unos que se quedan, otros que llegan y nosotros que nos vamos, buscando no se sabe qué prestigio internacional o qué acto de dignidad nacional. Las esperanzas en la comprensión de John Kerry resultan pueriles.

Irak no será la única referencia de la política exterior de Rodríguez Zapatero, porque está anunciada, vaporosamente, la recomposición de relaciones con Marruecos, Iberoamérica y, por supuesto, la Unión Europea, en el bien entendido de que la alternativa europeísta del PSOE a la política de Aznar -plasmada institucionalmente en el peso decisivo de España establecido en el Tratado de Niza- sólo puede ser la aproximación al eje franco-alemán. Esta opción, legítima pero escasamente productiva en el pasado, implicará revisar la posición de España ante el Plan de Estabilidad y variar el criterio sobre el reparto de poder en la futura Convención europea, de lo que hasta ahora sólo se han hecho propuestas que perjudican a España y privilegian a Francia y Alemania en una situación histórica que se caracteriza por la revisión de los liderazgos internacionales que están emergiendo frente a otros, caducos unos, excluyentes otros. España no debe renunciar al que había alcanzado.

En el plano interno, cohesión nacional, terrorismo y nacionalismo copan la agenda política del futuro gobierno, cuyas eficaces recetas también pudieron haber sido propuestas en estos años de leal oposición, con lo bien que le habrían venido al país. Las reformas estatutarias asoman en el horizonte simulando verdaderas revisiones de la Constitución. Comprometido con el Estatuto que salga aprobado del Parlamento catalán, Rodríguez Zapatero tendrá que reubicarse ante el nacionalismo vasco, a lo que se verá forzado por los buenos resultados del Partido Socialista de Euskadi, más satisfecho por desbancar al PP del segundo puesto que por empatar a escaños con el PNV. Y todo será pronto.

RODRÍGUEZ Zapatero también ha ofrecido diálogo, integración y unidad contra ETA, objetivos para los que sólo cabe desearle el mayor éxito posible y confiar en que la genética de ciertos nacionalismos cambie de aquí al momento de abrir las negociaciones, porque, a la vista de su trayectoria, será complicado alcanzar un pacto que respete la Constitución -salvo que éste se interpre ad hoc- e integrar en la unidad antiterrorista a quienes sistemáticamente se han opuesto a todas las reformas legales contra ETA y su entorno, pactadas por el Gobierno popular con el PSOE.

La otra opción, diluir el Pacto Antiterrorista en una mera declaración de intenciones sin exigencias ni compromisos políticos, es mejor no contemplarla.

Tiempos duros
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 16 Marzo 2003

Una de las promesas electorales que ha reformulado Zapatero después del triunfo es la de hacer volver a las tropas españolas en Irak antes del 30 de junio si la ONU no ha tomado para entonces cartas en el asunto. Hay una larga tradición de promesas de campaña condenadas al archivo de temas pendientes, especialmente en los asuntos relacionados con la seguridad. Seguramente les suenan el eslogan 'OTAN, de entrada, no' y la promesa de Felipe González de sacar a España del tratado con una minoría simple del Congreso. Tres años después convocaba un referéndum para quedarnos. Fuimos muchos los ciudadanos que forzamos nuestras convicciones y votamos 'sí' por temor a que la victoria del 'no' sólo pudiera ser gestionada por alguno de sus valedores y tuviéramos que elegir a Antonio Gala presidente del Gobierno.

¿Recuerdan la seriedad y reiteración con la que Aznar prometió la desclasificación de los papeles del CESID? Aquella tenaz voluntad de transparencia decayó en su primer consejo de ministros.

No es improbable que a Zapatero pudiera pasarle algo parecido con la promesa de traer las tropas de nuevo a casa, lo que supondría un cambio en nuestras alianzas internacionales. Cabe preguntarse qué pasaría si Marruecos, tras detectar la ausencia del amigo americano, repitiera la operación de Perejil en Ceuta y Melilla. Podríamos llegar a tener un conflicto armado mucho más cerca y no parece muy realista esperar que en tal caso nos echase una manita Francia. ZP, que ha ganado las elecciones con holgura y brillantez, se enfrenta a un panorama lleno de incógnitas y marcado por el terrible atentado que convirtió a Madrid en la capital del mundo.

Aunque el narcisismo de nuestros nacionalistas haya sentido un desahogo con la autoría de Al-Qaida, - «me he quitado una losa de encima», Josu Jon dixit,- el resto de los ciudadanos y los agentes económicos normales hemos sentido que nos echaban otra, más pesada aún que la anterior. La guerra de Al-Qaida es contra Occidente, no contra los aliados de la guerra irakí. A veces puede ser contra países islámicos, como Indonesia, que occidentalizan sus costumbres por medio del turismo, el comercio y otras actividades perversas. Bali no estuvo en la foto de las Azores y sufrió un atentado tan cruento como el nuestro. Ni siquiera Bush había estado en las Azores, ni había iniciado las guerras de Afganistán e Irak antes del ataque a las torres gemelas. La vuelta de las tropas no nos garantiza nada. Si el terrorismo islámico reforzara su impresión de que España es el eslabón más débil de Occidente, -ya apuntada, al parecer, en alguno de sus informes-, deberíamos estar preparados para vivir tiempos aún más duros. Que el nuevo gobierno no se equivoque y que tenga mucha suerte. Nos va la vida en ello.

En clave gallega
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 16 Enero 2004

EL GRAN PROBLEMA político de España sigue siendo el nacionalismo. Es el nacionalismo periférico el que, en sus múltiples versiones, impide que España se presente unida frente a los enemigos. Por ello, sería saludable que Galicia diese ejemplo al resto de España, ya desde ahora, de que es posible una alianza estratégica entre socialistas y populares con vistas a aislar al nacionalismo.

Pero tengo la impresión de que los socialistas gallegos muestran a veces una notable incomprensión, e incluso hostilidad, hacia las tesis que defiende el PP y consideran sin embargo más asumibles e incluso defendibles las de los nacionalistas. Me sorprende, pues los populares, como los socialistas, por la propia sangre derramada (no es el caso del BNG), se han hecho merecedores en toda Europa de reconocida raigambre democrática, tanta y tan firme que son asesinados en el País Vasco y fuera de allí defendiendo la Constitución, y contribuyen con sus opiniones y su praxis a desbrozar el enmarañado terreno de la convivencia.

Obsérvese que no deberían ser merecedores de esos rechazos viscerales, rayando el odio, toda vez que participan en el esfuerzo cívico, aplicado con mayor o menor acierto, encaminado al procomún. Es evidente que los populares, a la par que los demás, nunca han roto las vías del diálogo y han sido partidarios de negociaciones transaccionales pero no hasta el punto de pactar y aliarse con quienes son inductores de la demolición constitucional al tiempo que usufructuarios de la misma. ¿Es esto lo que molesta a los socialistas? ¿Acaso quienes se oponen a la cainita ingeniería constitucional planteada so capa de federalismo asimétrico son los vectores del centralismo más trasnochado? Si ese es el reproche, si de esto se trata, conviene ir al fondo del asunto.

Cae de cajón que la sociedad gallega se divide políticamente entre nacionalistas antiespañoles -minoritarios aunque cansinamente victimistas- y el resto. No existe ese eslabón perdido, ese espacio político entre unos y otros, con una conciencia equidistante de ambas posiciones, al que parecen pertenecer los socialistas, y cuyos márgenes, por cierto, son incapaces de definir y deslindar con rigurosa precisión. Ahora bien, lo que sí existe de forma mayoritariamente aplastante dentro de la corriente no nacionalista es el regionalismo cultural, desgraciadamente caído en desuso en la izquierda por culpa de la demagogia del radicalismo pequeño burgués de los nacionalistas que lo han arrumbado y vilipendiado contando, en parte, con la voluntariosa ayuda de algunos socialistas. Que menoscaban así los fundamentos entrañables del entorno social en el que se enraízan los principios básicos de nuestro combate político como gallegos y como españoles: una región gallega donde dé gusto vivir en una nación española que nos ayuda a vivir.

Porque, díganme, queridos amigos socialistas, si ustedes no son nacionalistas ni centralistas supongo que serán, por exclusión, regionalistas. Y puesto que es así, puesto que la inmensa mayoría de los gallegos que votan al PP y al PSdeG son regionalistas, ¿no sería más sensato políticamente, más honrado y más atinado decantarse con claridad por una acción que no indujera a confusión a los votantes que ven en las alianzas contra natura que se sustancian entre el PSG y el BNG un aval a esta organización, garantizando su regionalismo, cuando en realidad está atravesada por furibundas pulsiones independentistas y sectarias? De eso algo sabe Pérez Mariño, que lo sufrió en propia carne, y yo al menos nunca aceptaré el cobijo que el BNG depara al nacionalismo antiespañol allanando el camino del ahormamiento guerracivilista de una juventud a la que enclaustra en el gueto psicológico e intelectual del cainismo.

La Constitución española es hoy por hoy una ley que no ahorma rígida e irrevocablemente la realidad sobre la que se aplica, sino que permite alumbrar el único orden jurídico concreto que es viable: el que nace de la convicción social dominante en Galicia y España, compartida por populares y socialistas y a la que se oponen los nacionalistas antiespañoles. Por ello, sin entrar en otras consideraciones, va siendo hora de que el socialismo gallego vacíe sus alforjas de reticencias y tienda puentes, incluso de afecto, hacia la orilla fraterna de los populares. Lo mismo vale, en sentido polar, de los populares hacia sus hermanos constitucionalistas.

Sólo unas reflexiones
Cartas al Director ABC 16 Marzo 2003

Quiero realizar una serie de preguntas sobre lo sucedido en los últimos días en España: ¿Qué puede justificar unos hechos como los del pasado 11 de marzo? ¿Cómo se puede culpar a un Gobierno por los actos cometidos por un grupo de cobardes sanguinarios? ¿Quién es el responsable: el que comete los asesinatos o el que intenta evitar que hechos como éstos se produzcan? Una vez que ha pasado el día de las elecciones, ¿dónde están todas esas personas que pedían respuestas sobre lo sucedido y acusaban al Gobierno de ocultar información? O tal vez sea que hoy ya no le interesa a nadie saber «quién ha sido», ¿ya no importa?

Si antes del día 11 se daba ganador al PP en las elecciones generales, ¿nos hemos dejado manipular por los terroristas hasta el punto de variar nuestra intención de voto? ¿No es esto una doble «victoria» para ETA, Al Qaida o para ambos?

Por último, me gustaría enviar un beso para todas aquellas personas que han sufrido de cerca esta tragedia y espero que los heridos se recuperen cuanto antes.   Sonia García Alcalde.    Madrid.

Terrorífico y decisivo
Cartas al Director ABC 16 Marzo 2003

Un terrorífico y oportuno atentado, de manos de todavía no se sabe bien quién, ha sido capaz de manipular en su beneficio la capacidad de discernimiento de los españoles a la hora de elegir a sus gobernantes. Los asesinos estarán bien contentos: con el horror se cambian las cosas. Dicho y hecho. El Partido Popular, antes del 11-M, estaba sufriendo su castigo, acertado o no, pero democrático, en las encuestas. El español analizaba, serena y cabalmente, la situación social, económica y política de la nación y meditaba su futura decisión en las urnas. Pero una matanza indiscriminada de inocentes tres días antes del sufragio hace que las mentes se bloqueen y pasen al primer plano los corazones. Y los corazones no razonan. La información ponzoñosa de algunos medios de comunicación, los gritos a pie de sede de unos pocos desalmados y frases oportunistas en la jornada de

reflexión, contribuyeron a acentuar la rabia de los españoles por la masacre, haciendo al Gobierno único responsable. El sentir solidario de las concentraciones del 12 de marzo se transformó en un odio injusto y castigador en sólo unas pocas horas. El PSOE no debe estar orgulloso de esta victoria inesperada, pues no es fruto de una serena reflexión por parte del electorado. Nada más lejos de la realidad. Y aún hay que averiguar cuál es el terrorismo -si es que hay verdadera distinción entre ellos- que se oculta detrás de este macabro crimen. Queda la incógnita en manos de este nuevo gobierno del que esperamos respuestas.   Begoña Banacloche Palao.   Madrid.

Movilización no espontánea
Cartas al Director ABC 16 Marzo 2003

Hasta la fecha yo creía que mis grandes desgracias eran dos: ser minusválido (con ese motivo ya se me publicó una carta en ABC) y ser primo de Julio Medem (la defensa de nuestro común apellido fue en la edición del 28/9/2003 y luego sufrí las consecuentes presiones de sus hermanos). En estos días he descubierto que se puede ser mucho más desdichado.

Soy madrileño, de nacimiento, de convicción: español.

El jueves mataron a 200 de nuestros vecinos, me da igual que fueran nacidos, venidos o traídos, madrileños porque aquí vivían de su trabajo y los madrileños sólo pedimos unas manos abiertas y nobles para acoger a los nuestros. Ésa es la tercera gran desgracia por la que hoy me lamento.

La cuarta me hace sentir la vileza, la bajeza, de la que algunos son capaces de servirse. A media tarde he cumplido con mi obligación, más sentida que nunca, de votar. Sin cambiar de silla de ruedas me he dirigido al Juzgado de Guardia de Plaza de Castilla para denunciar a alguien que yo consideraba mi amigo, a un alto cargo del PSOE de Guadalajara, a Cristóbal López Malo, porque la víspera, día de reflexión, día de profundo luto, dolor y silencio para algunos (yo me incluyo), me remitió un «sms» responsabilizando a Aznar de la matanza y conminándome a difundirlo. Esa misma noche se quemaron sedes del PP. Puedo probar que el PSOE, algunos al menos, estaban detrás de la movilización.

Nos hará falta mucho tiempo para asumir la masacre del 11, tenemos cuatro años para averiguar si el voto de los terroristas ha sido el que nos convenía. Lloro por mis vecinos muertos. De corazón: lloro por España.

Juan Medem. Madrid.

Los detonadores usados en el 11-M fueron fabricados en una empresa de Vizcaya
ABC  16 Enero 2004

MADRID.Las investigaciones abiertas para identificar y detener a los autores de la matanza perpetrada en Madrid el pasado día 11 todavía no han llegado a conclusiones definitivas. Así, pese a la detención de tres marroquíes y dos indios, la Policía no ha descartado por completo la hipótesis de una implicación de ETA, ya que, por ejemplo, los detonadores proceden de una fábrica ubicada en la localidad vizcaína de Galdácano.

Además, de momento no se ha podido demostrar que los tres marroquíes arrestados tengan más implicación que la compra y manipulación de los teléfonos móviles. Lo cierto es que al no haber aportado ningún dato relevante en los interrogatorios, todavía no hay pistas sólidas sobre los autores e inductores del bárbaro crimen.

Como ya adelantó ABC, el teléfono móvil y su tarjeta correspondiente hallada en la mochila con explosivos que quedó intacta en la estación de El Pozo del Tío Raimundo fueron adquiridos en el municipio de Alcorcón. A partir de este dato la Policía llegó al establecimiento que regentan los dos indios arrestados. Preguntados sobre si conocían a la persona o personas a las que vendieron el móvil, respondieron que se trataba de un cliente habitual que con frecuencia acudía a su establecimiento para comprar este tipo de material. De esta manera, los investigadores conocieron la identidad de los tres marroquíes y procedieron a su detención. Fue uno de los arrestados el que compró el teléfono hallado en la estación de tren de El Pozo del Tío Raimundo y no se descarta que también adquiriera el resto de los utilizados en la matanza del 11-M.

Precedentes
La hipótesis de una conexión o implicación de ETA con grupos de origen islámico sólo constituiría una parcial sorpresa para los investigadores, ya que, aunque no muchos, hay precedentes. Así, la banda colaboró con militantes del MIR chileno en el secuestro del empresario Emiliano Revilla. Más recientemente, participó con activistas bretones en el robo de dinamita en un polvorín de Plévin. Además, el etarra Gregorio Jiménez Morales, «Pistolas», intervino en un complot atribuido a los sandinistas para asesinar en Costa Rica a Edén Pastora, «Comandante Cero». Asimismo, el etarra Francisco Arriarán murió en las filas de la guerrilla salvadoreña.

Ninguna de las implicaciones de la banda con estos hechos fueron reivindicadas por ETA y en algunos casos, como en el frustrado plan para acabar con la vida del «comandante Cero», lo desmintió.

¿Zougam estaba en el tren?
Por su parte, desde diferentes medios se señalaba ayer que uno de los usuarios del tren de cercanías que estalló en Atocha, y que resultó ileso, ha reconocido en fotos a Jamal Zougam, uno de los tres marroquíes detenido, como uno de los individuos que viajaba con él en el mismo vagón. Incluso dice recordarle apoyado en la pared del convoy.

Otras dos personas habrían reconocido también fotográficamente a dos individuos de origen marroquí, a quienes se busca después de comprobarse que no se encuentran en sus domicilios habituales. Uno de ellos habría participado en campañas llevadas a cabo por la red Al Qaida en Chechenia y Bosnia. Por otra parte, fuentes policiales procedentes de Francia aludían a un jordano, llamado Abou Mosad al Fakaui, integrante del «comando» islamista Sar al Islam, como el encargado de ordenar la matanza del pasado 11 de marzo. Estas fuentes le sitúan actualmente en el Kurdistán iraquí.

Mientras, el ministro del Interior, Ángel Acebes, tras comentar que las investigaciones han entrado en una fase que aconseja prudencia para que la Policía pueda trabajar, anunció que «en breve» se celebrará una cumbre de los servicios de información europeos para contrastar datos y diseñar estrategias contra el terrorismo.

LLAMAMIENTO DE ITALIA, RUMANÍA, POLONIA Y CHEQUIA
Australia recuerda a Zapatero que si España abandona Irak será una "victoria para los terroristas"
Durante una visita a la embajada española en Camberra, Alexander Downer, ministro australiano de Asuntos Exteriores, pidió al futuro presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, que no retire las tropas españolas de Irak porque dicha medida podría interpretarse como "una victoria de los terroristas". Por su parte, Polonia y Rumanía solicitan a Zapatero que no abandone Irak hasta que la seguridad esté restablecida. Mientras, Italia reclama "fidelidad al espíritu de la OTAN".
Agencias Libertad Digital  16 Marzo 2003

En la visita a la embajada española, difundida por la cadena de televisión ABC, Alexander Downer se entrevistó con varios diplomáticos españoles, a quienes expresó sus condolencias por los atentados terroristas del 11-M en Madrid.

El titular de Exteriores australiano también les pidió que transmitiesen sus felicitaciones al ganador de las elecciones generales, José Luis Rodríguez Zapatero. Asimismo, les solicitó que transmitieran a la próxima Administración la importancia de la participación de España en la lucha antiterrorista.

Según ABC, a la salida de la reunión Alexander Downer dijo que había pedido a los diplomáticos españoles que transmitieran al próximo presidente que "esperábamos que no retirasen las tropas españolas de Irak, que es enormemente importante que la comunidad internacional envíe un mensaje fuerte a la red terrorista Al-Qaeda, si este ataque es responsabilidad de Al-Qaeda, y que no debemos debilitarnos frente al terrorismo". Downer consideró que una eventual retirada de los 1.300 soldados españoles presentes en Irak "será interpretada en algunas partes del mundo como una gran victoria para los terroristas que cometieron la atrocidad del 11 de marzo".

Polonia, República Checa, Italia y Rumanía piden mantener las tropas
Los ministerios de Asuntos Exteriores de Italia, Polonia y Rumanía han considerado que el nuevo Gobierno español debe analizar a fondo sus próximas decisiones sobre el contingente de soldados que mantiene desplegados en Irak.

En Bruselas, el portavoz del Ministerio polaco de Asuntos Exteriores, Boguslaw Majewsk, ha insistido en que España debe quedarse en Irak "hasta que la seguridad esté restablecida". El funcionario del país que lidera la división multinacional de soldados en territorio iraquí ha precisado que Varsovia espera que "el proceso de estabilización permita a todas las fuerzas (extranjeras) retirarse".

Sobre la nueva postura de España, el ministro italiano de Exteriores, Franco Frattini, se ha limitado a reclamar al próximo Gobierno español su "fidelidad" al "espíritu de la Organización del Tratado del Atlántico". En el mismo sentido se ha pronunciado el canciller rumano, Mircea Geona, al mostrarse convencido de que "España seguirá siendo un promotor de la construcción europea y un aliado fundamental en el marco de la OTAN". Destacó también que la ONU deberá encontrar una forma jurídica aceptable que haga posible la transferencia del poder en Irak. Finalmente, dijo que "no podemos dejar a Irak y a los iraquíes sin una presencia militar que asegure un mínimo de seguridad".

Por su parte, el Gobierno de coalición checo y la principal fuerza de oposición son unánimes en la decisión de mantener la presencia de la República Checa en Irak, para contribuir al proceso de estabilidad en el país árabe y no dar argumentos de debilidad a los terroristas. "Si Europa se retirara de Irak y le dejara preso de fuerzas subversivas y en situación de inestabilidad, supondría una grave amenaza para la seguridad", dice el primer ministro, Vladimir Spidla, en el diario Pravo.

El ministro de Asuntos Exteriores, el democristiano Cyril Svoboda, señaló asimismo que "no hay motivo para hacer concesiones al terrorismo", y el titular de Interior, el socialdemócrata Stanislav Gross, añadió que "la retirada daría a entender a los terroristas que ese tipo de atentados -en alusión a los perpetrados el 11 de marzo en Madrid- son un medio eficaz de presión".

un argelino detenido en enero
«Os váis a enterar, vamos a matar a un montón de madrileños»
Bilbao. Agencias ABC 16 Enero 2004

El magrebí detenido esta mañana por la Ertzaintza en San Sebastián es un ciudadano argelino que ha vivido en varios lugares de España, entre ellos Madrid y Almería, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas. El arresto se produjo después de que agentes de la Ertzaintza recordaran cómo el detenido habló a mediados de enero de una matanza en la capital de España, en tono de amenaza, llegando a mencionar la zona de Atocha.

Las mismas fuentes precisaron que el detenido aún se encuentra en dependencias de la Ertzaintza en San Sebastián. La Policía autonómica se ha puesto en contacto con el juez de guardia de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, y éste ha pedido que le sean remitidos los indicios por escrito de su posible participación en los atentados del 11-M para decidir si es necesario interrogarle.

A mediados del pasado mes de enero una patrulla de la Ertzaintza fue alertada por unos vecinos de San Sebastián de un posible delito de tráfico de drogas. Cuando los agentes acudieron al lugar de los hechos e identificó a unos ciudadanos de origen magrebí, uno de ellos dijo a los agentes: "Os vais a enterar, vamos a matar a un montón de madrileños, vamos a llenar las calles de La Castellana de muertos", e incluso hizo alusión a Atocha.

Los ertzainas no le dieron entonces importancia, pero, después de los atentados, se acordaron de aquella conversación, lo comunicaron a sus mandos y el viernes a primera hora el Departamento de Interior del Gobierno vasco trasladó los datos al Ministerio, el Centro Nacional de Inteligencia y la Policía Nacional. Los agentes comenzaron la búsqueda de esta persona, lograron localizarla ayer y procedieron a su detención, tras interrogarle.

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