AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 19 Marzo 2004
Aznar
Alfonso Ussía La Razón  19 Marzo 2004

Imaz y la ‘prueba del algodón’
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Marzo 2004

No soy optimista
Pío Moa Libertad Digital  19 Marzo 2004

14-M: UNA VENTANA DE OPORTUNIDAD PARA EL NACIONALISMO
Mikel BUESA  ABC 19 Marzo 2004

Roma no paga traidores
Rubén Osuna Libertad Digital  19 Marzo 2004

Las razones del ministro
Editorial La Razón  19 Marzo 2004

¿Se irá Zapatero de Irak como Felipe de la OTAN
EDITORIAL Libertad Digital  19 Marzo 2004

UN AÑO DE TENSIONES INTERNACIONALES
EMILIO LAMO DE ESPINOSA ABC 19 Marzo 2004

El florero blindado
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  19 Marzo 2004

¡Política, ya!
Agapito Maestre Libertad Digital  19 Marzo 2004

El golpe
Cristina LÓPEZ SCHLICHTING La Razón  19 Marzo 2004

Zapatero y las tropas de Irak
GEES Libertad Digital  19 Marzo 2004

LA COBARDÍA O LA DEMAGOGIA
Jaime CAMPMANY ABC 19 Marzo 2004

Todos íbamos en el tren
Alejandro A. Tagliavini Libertad Digital  19 Marzo 2004

Quedarse
David Gistau La Razón  19 Marzo 2004

¡Estamos heróicos!
Pablo Molina Libertad Digital  19 Marzo 2004

Cambiar sobre Iraq
José Javaloyes Estrella Digital 19 Marzo 2004

¿Todos los terrorismos son iguales
RAFAEL AGUIRRE El Correo 19 Marzo 2004

Negar la evidencia
Ramón Pi El Ideal Gallego 19 Marzo 2004

LA VERDAD, TAMBIÉN DESPUÉS DE VOTAR
Editorial ABC 19 Marzo 2004

La zapatiesta
Amando de Miguel La Razón  19 Marzo 2004

La primera víctima
Ángel Cristóbal Montes La Razón  19 Marzo 2004

El Gobierno desclasifica informes del CNI para demostrar que informó puntualmente
EFE Libertad Digital  19 Marzo 2004

La Policía detiene en Oviedo al español que vendió la dinamita a los terroristas en Avilés
D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC 19 Marzo 2004
 

Aznar
Alfonso Ussía La Razón  19 Marzo 2004

Los terroristas lo sabían, e intentaron solucionar el problema que se les avecinaba. Pero la muerte que tenían preparada falló por un segundo. El muerto era José María Aznar, que salió del coche con un rasguño en la cabeza. Lo primero que hizo fue interesarse por el estado de salud de su conductor y sus escoltas. Los cretinos e irresponsables que hoy le llaman «asesino» jamás fueron objetivo principal de los criminales. País de tontos, y también de cobardes.

Santiago Amón, aquel sabio que se nos fue en un accidente aéreo, repetía constantemente que en España no cabía un tonto más. Santiago venía de la Izquierda culta que nada tiene que ver con los supuestos «intelectuales de izquierdas». A José María Aznar le gritan «asesino» una buena parte de los beneficiados por su política.

La ETA está de rebajas gracias a la política antiterrorista de Aznar y sus gobiernos. El ciudadano español despide a Aznar con destemplanza e injusticia. Pero nunca ha tenido mejor guardadas las espaldas y el futuro económicamente. Cuatro millones de puestos de trabajo creados durante su mandato, inversiones extranjeras, las pensiones aseguradas y la Seguridad Social con la caja repleta.

Los socialistas dejaron las arcas del Estado vacías, pero los tontos manipulables no recuerdan estos detalles. Los hay que nacen idiotas y tienen constantes recaídas.

Pero tengo para mí que el problema primordial de nuestra sociedad no es su necia desmemoria, sino la cobardía.

Por primera vez en la historia de las democracias europeas una organización terrorista vence en unas elecciones libres. Ni Zapatero ha ganado ni Rajoy ¬o Aznar¬, han sido vencidos. Gabriel Albiac, otro ejemplo de la Izquierda culta, lo ha escrito sin cautelas. Ha ganado Al Qaeda. El mismo terrorismo que acabó con la vida de cuatro mil personas en Nueva York se ha llevado por delante el futuro de doscientos inocentes en Madrid. Y ha triunfado.

Los cuatro mil muertos de Nueva York fueron enterrados mucho antes de que se iniciara la guerra en Iraq.

Cuando se desmoronaba una de las torres gemelas del «World Trade Center», una diputada comunista aplaudió entusiasmada ante un televisor del Congreso acompañando a su ovación con el grito ¬¿Lo tienen merecido!¬. Esta tipa, que hoy llama «asesino» a José María Aznar, probablemente musitó un ¬¿lástima!¬ cuando el entonces líder de la Oposición salió vivo del atentado etarra. Pero la estrategia de los manipuladores ha funcionado a la perfección.

Pocas personas más listas que Alfredo Pérez Rubalcaba, que tiene a sus órdenes al más poderoso grupo de información de España. Y entre la emoción, la cobardía y la memez, una nación libre ha ofrecido su soberanía a un perverso y devastador grupo terrorista.

Y para más delicia, la demagogia y la mentira han atrapado la mente de la ciudadanía, y los asesinos son Aznar y los populares. Hasta la suegra de Rajoy tuvo que soportar en su ciudad gallega la repetida caricia de «asesina» proferida por un piquete de indeseables perfectamente adiestrado.

Aznar ha sido un gran presidente del Gobierno. Antipático y distante. Pero no tonto ni cobarde. Mi gratitud y respeto en la despedida.

Imaz y la ‘prueba del algodón’
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Marzo 2004

Cunde la alarma en el PP. María San Gil, presidenta del partido en Guipúzcoa, se ha referido, en declaraciones de casi última hora, al riesgo de que el nuevo Gobierno socialista se rinda a la presión de Ibarretxe y su famoso plan, por el que nadie daba un duro, o un euro, ante la perspectiva de un triunfo electoral de Rajoy y, por tanto, de las tesis, postulados y criterios de José María Aznar. Ahora, con Zapatero triunfante y frotándose los ojos tras lo acontecido el 14 de marzo, ha trascendido la relativa euforia que anima a los nacionalistas vascos. Josu Jon Imaz, presidente del PNV, ha hablado de la posibilidad de que se abra nada menos que una “segunda transición” y, en consecuencia, un “reconocimiento jurídico-político de los hechos nacionales”, de tal manera que cristalice lo que ellos llaman “un proyecto común de Estado”. En teoría suena bien, pero eso es peligrosísimo. Consideran los dirigentes del PNV que la transición inaugurada en 1978, aunque fuese válida para España, “dejó una herida sin cerrar en la sociedad vasca”. ¡Una herida sin cerrar! Menudos términos dramáticos se aplican a una etapa política que permitió convertir el País Vasco, ahora llamado casi universalmente Euskadi bajo la caprichosa acuñación de Sabino Arana, en una realidad político-organizativa que ya quisieran para sí las grandes entidades territoriales de los grandes países europeos. ¿Qué dirían o dirán, si reparan en esta curiosa circunstancia, Escocia, País de Gales, Baviera, la Bretaña, la llamada Padania y otras concreciones geopolíticas que encarnan la pluralidad territorial europea? El propio Quebec, en Canadá, tendría motivos para admirarse de tanta exigencia y tanta reivindicación en un mundo que tiende a concentrarse.

Dice Imaz, tenido por moderado frente al recuerdo de Xavier Arzalluz, que los pactos que alumbraron la Constitución de 1978 y de los que los nacionalistas se lucraron incluso al precio de sostener que no los admitían aunque luego los asumieran por la vía del Estatuto de Guernica, algo tan “sorprendente” como esto: “Para cerrar esa herida es importante reabrir esos pactos que históricamente ha habido entre Euskadi y el Estado, desde el reconocimiento mutuo y el respeto a la voluntad de los ciudadanos de este país”. Como bien se sabe, “este país” nunca es para los nacionalistas España, sino “lo otro”.

De todos modos, algo ha cambiado aparentemente en el lenguaje nacionalista vasco. Las declaraciones de Imaz, concedidas a Euskal Telebista, aluden a una “vía de acuerdo” que pasaría por la referencia a la Constitución reconocedora de los “hechos nacionales”. El falso respeto a la Constitución sencillamente para liquidarla como instrumento de la cohesión y de la unidad que ella misma consagra y establece se esgrime con una escalofriante naturalidad.

La confusión tiende a crecer después de la victoria electoral socialista del 14-M. Mientras el secretario general del PSE, un tal López, dice que “se equivocan profundamente los que esperan un cambio de opinión sobre el Plan Ibarretxe”, Imaz insiste, sin llamarla ya referéndum de autodeterminación, en “una consulta ciudadana” como un acontecimiento que denomina “la prueba del algodón”, aunque anuncia que “cualquier otra propuesta será bien recibida por PNV, EA e IU”. O sea, que se permite hablar por IU. No está mal el avance unitario vasco a costa de la única izquierda española que se considera a sí misma auténtica.

14-M
No soy optimista
Pío Moa Libertad Digital  19 Marzo 2004

En conjunto, y salvo en Cataluña, Aznar ha dejado un excelente legado que tiene pocas probabilidades de sobrevivir. España ha renunciado a la senda de la prosperidad, la estabilidad y la democracia propuesta por el PP, bien es verdad que con un lenguaje mediocre y pesado. En cambio ha optado por la verborrea y la estupidez hechas política. No es de extrañar el jolgorio de quienes pactan con el terrorismo, de quienes nos han amenazado con “un drama” o con “un nuevo 1936”, de quienes protegen a las organizaciones terroristas y las subvencionan, de quienes no ocultan en lo más mínimo su intención de desmembrar España, de destruir la obra de muchos siglos de cultura y convivencia. Todos ellos están de enhorabuena. El caso recuerda al de Argentina: un país en principio rico y culto que no consigue escapar a la demagogia más necia. ¡Un misterio!

Uno podría albergar alguna esperanza al oír las primeras palabras de Zapatero, que no sonaban mal. Pero es una esperanza muy lejana. A veces algunos políticos de apariencia insignificante han dado la sorpresa de resultar auténticos estadistas en el poder, pero nada indica que éste vaya a ser el caso. Zapatero ha obtenido el gobierno mediante las elecciones más sucias y marrulleras de la historia del la democracia española, rompiendo las exigencias del juego democrático o utilizando a su favor a quienes las rompían, y en alianza con fuerzas siniestras que le exigirán el pago. Su vana y contradictoria charlatanería refleja al hombre vacuo y vanidoso que quiere conducir el carro del sol, como en el mito de Faetonte, y que puede perfectamente llevarnos a todos al descalabro. No soy optimista. No puedo serlo.

Las aspiraciones de los aliados del PSOE son abiertamente desestabilizadoras, suponen la legitimación del terrorismo (contra España todo vale, es el lema implícito en todos ellos) y por tanto el socavamiento más brutal de la legalidad democrática. Su propensión a la violencia y a imponer la ley de la calle han quedado sobradamente demostradas a lo largo del año pasado y en estos mismos comicios. Zapatero, si además de un iluso no es un loco como ellos, percibirá pronto en qué compañía ha alcanzado el poder. Su única salida, si no quiere llevar al país al desastre, será aliarse con el PP, que seguramente se comportará como una oposición cien veces más leal que la del propio Zapatero, desleal con algo más que con el gobierno, como cuando viajó a Marruecos a dar la razón al tirano. Pero veo en extremo difícil que esa colaboración se produzca. Es un hombre demasiado vano y falto de carácter para tal cosa. En un plano en principio menos dramático, recuerda el papel de otro Faetonte, Azaña, que también quiso frívolamente revolucionar España, llevar el carro del sol, sin tener la visión ni las cualidades precisas.

Cuando llegamos a estos extremos siempre volvemos la vista atrás y percibimos el cúmulo de frivolidades, oportunismos y sandeces que han salpicado la historia reciente de unos y otros, los proverbiales polvos que han llevado a estos lodos. No diré que me avergüenzo de ser español, como decían de ser franceses muchos del país vecino cuando Le Pen quedó segundo en las elecciones. Tampoco desespero de una reacción del buen sentido y la energía necesarios para salvar a la democracia española, aunque por el momento no asomen los indicios por ninguna parte. Me consuelo pensando que la situación es grave, pero no crítica, y que entre muchos, al no ser posible entre todos, lograremos superarla. Así sea.

14-M: UNA VENTANA DE OPORTUNIDAD PARA EL NACIONALISMO
Por Mikel BUESA,catedrático de la Universidad Complutense de Madrid ABC 19 Marzo 2004

Tzvetan Todorov concluye su Indagación sobre el siglo XX advirtiendo a quienes entramos en el tiempo actual que «vencido el totalitarismo, no se han apartado todos los peligros para la democracia», y señala, entre los más relevantes, la deriva identitaria que emerge de los nacionalismos «cuando la fidelidad a la identidad colectiva prevalece sobre los valores democráticos que son el individuo y la universalidad». Esa deriva ha encontrado en los resultados electorales del 14 de Marzo -sorpresivos y seguramente sesgados por la pasión emocional del momento- una ventana de oportunidad para su desarrollo, tanto en el País Vasco como en Cataluña, donde los partidos nacionalistas aspiran incluso a la secesión.

Las declaraciones no han esperado. Así, el presidente del PNV ha reclamado el diálogo sobre el plan Ibarretxe para estudiar «el encaje de Euskadi en un Estado plurinacional», a lo que el lehendakari ha añadido el objetivo de «buscar soluciones amables entre Euskadi y España», apelando asimismo a éstas como medio para dar por finalizado el terrorismo. También el líder de ERC ha recordado el «pacto suscrito con los socialistas», sin disimular sus aspiraciones independentistas. Y, con más moderación, CiU ha mostrado su predisposición a apoyar al futuro gobierno socialista si éste favorece la reforma del Estatuto de Autonomía, limita la contribución catalana a la financiación pública española y aumenta las inversiones estatales en Cataluña.

Cuál pueda ser la respuesta que, a este reto, vaya a dar el gobierno que presidirá Rodríguez Zapatero no se sabe. En su primera comparecencia pública, marcada por la imprecisión de sus propuestas -excepto, significativamente, con respecto a la retirada de las tropas de Irak-, el futuro presidente ha hablado del «diálogo y la cooperación» con sus homólogos autonómicos, ha aludido a la «cohesión territorial» -un eufemismo éste que puede acabar ocultando el posible menoscabo de los procedimientos fiscales de redistribución personal de la renta que se reflejan en el trasiego interregional de recursos- y se ha comprometido a «discutir la reforma de los Estatutos de Autonomía y el modelo de Estado». En estas condiciones, adelantar cualquier futurible acerca de cómo acabarán concretándose las cosas, puede ser aventurado. Pero si nos atenemos a los precedentes, la situación no puede ser más inquietante.

En efecto, la experiencia del Gobierno de Cataluña señala que el Partido Socialista no ha sido capaz de limitar la acción nacionalista -incluido el pacto entre ERC y ETA- y se ha comportado a remolque de los acontecimientos, sin llevar nunca la iniciativa. Por otra parte, ante el problema del ataque terrorista del 11-M, identificando su causa en la participación militar española en Irak, ese mismo partido ha optado por una retirada cuya lectura -a pesar de la megalómana pretensión de que, según Caldera, así «se abre un nuevo orden mundial»- no puede ser otra que la del desistimiento.

Abandonar ante la adversidad, retroceder ante la presión nacionalista, son las lecciones que se extraen de la experiencia reciente del partido llamado ahora a gobernar. Ello dimana tanto de su ambición de poder como de su objetiva debilidad para llegar a obtenerlo. Ambos factores, con un grupo parlamentario minoritario y unos posibles apoyos ocasionales situados, en su mayor parte, en los márgenes o incluso fuera de la aceptación del sistema constitucional, persistirán en la nueva legislatura. Por ello, al visualizar la deriva identitaria cuyo proyecto secesionista ya está sobre la arena política, sólo puedo evocar el aforismo que, en su Libro de los desórdenes, ha dejado reflejado Andrés Rábago: «Ya lo único seguro es la incertidumbre».

14-M
Roma no paga traidores
Rubén Osuna Libertad Digital  19 Marzo 2004

La victoria del PSOE se debe al éxito de la asociación de la segunda guerra de Irak y el atentado terrorista del 11 de marzo (cuyas circunstancias aún desconocemos casi por completo). Zapatero ha cometido el error de hacer pública su intención de repatriar las tropas de Irak después de las elecciones: es como tratar de nadar con una piedra al cuello (la promesa previa) y echarse otra.

Poco a poco Zapatero descubrirá la trampa infernal que supuso el atentado, y en la que está atrapado. Siempre cabrá la duda de hasta qué punto su victoria es producto de un chantaje terrorista. Es triste que un pueblo se deje llevar por el miedo como lo hemos hecho nosotros, y haga el ridículo ante todo el mundo víctima de un ataque histérico de pánico.

Estoy convencido de que la causa última de la alianza de España con Estados Unidos está en el único eje posible de la política exterior española a medio y largo plazo: la creciente amenaza marroquí. Traicionar a Estados Unidos ahora a la vista de todo el mundo nos deja expuestos ante esa amenaza y destroza totalmente toda orientación racional de nuestra política exterior. Es más, quienes se enfrentaron en su momento frontalmente a Estados Unidos tampoco querrán saber nada de nosotros en el futuro. Roma no paga traidores.

Retirando las tropas de pacificación de Irak, cosa que Zapatero tratará por todos los medios de evitar, estaremos diciendo a los terroristas (unos y otros) que los chantajes funcionan con el pueblo español, que somos incapaces de comprender y enfrentarnos a los problemas, que la cobardía es en nosotros patológica y que somos, como país, unos peleles en los que no se puede confiar. Y para romper la cadena de Occidente golpearán, no quepa duda, el eslabón más débil. Una y otra vez. Hasta romperlo por completo. Nos esperan cuatro años de humillaciones y agresiones, que tendremos que sufrir en solitario, pues de nuestros aliados potenciales sólo recibiremos desprecio. No quiero pensar en la situación que se crearía si el Rey de Marruecos decide aprovechar la ocasión, ni en la sobreexcitación tiburonesca de quienes quieren destruir España desde dentro ante la contemplación de un pueblo amnésico, fraccionado y acobardado.

Lo puedo decir más claro: estamos a merced de nuestros enemigos, interiores y exteriores, totalmente entregados y solos. Pero, ¿cómo va Zapatero a deslegitimar su victoria asumiendo la política exterior de Aznar y haciendo patente su uso miserable de una masacre brutal para ganar unas elecciones? La verdad es que no se cómo, pero no tiene otra salida.

Las razones del ministro
Editorial La Razón  19 Marzo 2004

Es de todo punto lógico que el Gobierno en funciones haya decidido desclasificar una parte de los documentos del Centro Nacional de Inteligencia como prueba de descargo de su política informativa en los primeros momentos de la matanza de Madrid. La decisión, que tiene pocos precedentes, es cierto, se justifica ante la gravedad de las acusaciones vertidas desde diversos sectores políticos y sociales, en algunos casos próximos al PSOE, de que se había intentado manipular a la opinión pública conscientemente con el fin espurio de ganar las elecciones. Acusación demasiado terrible si se tiene en cuenta que se hacía en medio de una de las mayores tragedias vividas por la sociedad española.

Con los datos e informes facilitados ayer por el ministro del Interior en funciones, Ángel Acebes, queda demostrado un primer hecho fundamental: que, al menos, durante seis horas clave, todos los informes oficiales que recibió el Gobierno apuntaban inequívocamente a que la autoría de la matanza era obra de la banda terrorista etarra. Sólo la revisión de una furgoneta encontrada en Alcalá de Henares por la mañana, y que fue extrañamente paseada de un centro policial a otro, dio la primera pista real de que podíamos estar ante un atentado de carácter islamista. El ministro del Interior comunicó a la opinión pública la apertura de esta segunda línea de investigación sobre las ocho y veinte de esa misma tarde. Unos minutos antes, el propio presidente del Gobierno, José María Aznar, había hecho lo propio con el candidato socialista, José Luis Rodríguez Zapatero.

Tal vez, se puede reprochar a los responsables políticos que se aferraran durante más tiempo del que hoy apreciamos como debido a la tesis de la autoría etarra. Pero en ningún caso se puede justificar el linchamiento emprendido por un sector de la izquierda de la figura del ministro. Es más, la presión de las inmediatas elecciones afectó por igual a los aparatos de los dos grandes partidos, aunque ya habrá tiempo para analizar cómo, en medio de la gran tragedia nacional, se permitieron algunos comportamientos claramente partidarios.
Las aguas deben volver a su cauce y la información documentada debe sustituir al rumor interesado. Ésa es la mejor virtud de la decisión gubernamental de desclasificar los papeles del CNI y hacer públicos otros documentos policiales y forenses que aclaran, al menos, una parte fundamental de lo que ocurrió en aquellos tres días de marzo.

19-III-2003
¿Se irá Zapatero de Irak como Felipe de la OTAN?
EDITORIAL Libertad Digital  19 Marzo 2004

Es innegable que el PSOE se comprometió a retirar los soldados españoles de Irak mucho antes de que lo exigieran los genocidas del 11-M. Esta brutal masacre terrorista debería, sin embargo, haber servido para que los socialistas asumieran de una vez que lo que están librando los aliados en Irak es una batalla para que el terror no vuelva a enseñorearse de aquel país. El PSOE, en lugar de reconsiderar el error, insistió en él y, tras difamar en un golpe mediático sin precedentes al Gobierno del PP, ha logrado ser el partido más votado y anunciar que llevará a cabo una propuesta de retirada que tanto satisface a sus mayoritarios votantes como a los autores de la masacre. Aunque ningún medio de comunicación se atreva a denunciarlo así, el PSOE ganó las elecciones contra todo pronóstico porque la mayoría de los españoles prefirió que el PSOE hiciera con la “resitencia iraquí” lo mismo que hizo Carod Rovira con la “resistencia vasca”: una tregua territorial.

Es una asignatura pendiente para la ciencia política el considerar si la célebre definición que daba Karl Popper para la democracia –“El conjunto de reglas que permiten el cambio de los gobernantes sin necesidad de usar la violencia"– es todavía válida para describir como democrático el porqué el PP perdió las elecciones tres días después de la masacre. La violencia no la ejercieron más que los terroristas, pero la oposición al PP la utilizó para sus fines propagandistas: “Esto os pasa por tener tropas en Irak”. Fueron estos mensajes los que lograron que el 14-M fuera una victoria para los responsables del 11-M. El terrorismo siempre sermonea, y no le faltaron medios radiofónicos y audiovisuales para hacerlo.

En nuestro país, mucho antes del secuestro de Miguel Ángel Blanco, habían partidos que reivindicaban la agrupación de presos etarras. Cuando ETA secuestró y amenazó con matar al joven edil exigiendo la reagrupación de marras, a nadie –incluidos los nacionalistas– se le ocurrió decir: “Esto le pasa a ese joven por la brutal política de dispersión de presos del Gobierno”. ETA despierta un coraje en la sociedad civil que lamentablemente no despiertan los terroristas islámicos.

En España, apenas ningún medio se atreve a hacer estas reflexiones. Pero en todas las democracias occidentales –incluidas las pocas que no respaldaron la intervención militar en Irak– se contempla con enorme preocupación la posibilidad de que los terroristas islámicos hayan visto confirmada la presunción de que pueden alterar la política de otros países de la misma forma en que el nuestro ha confirmado sus expectativas. La decisión de Zapatero de retirar las tropas que combaten el terror en Irak y cuyas víctimas –conviene insistir– son fundamentalmente iraquíes, va a incitar a todas las organizaciones terroristas que quieren reventar la transición de aquel país, a amenazar al resto de los aliados a hacer lo propio o incluso a hacer nuevas demandas bajo amenaza, como las que empiezan a hacerse en Francia respecto al velo islámico.

Aunque parezca un futurible paradójico, no hay que descartar que Chirac y Schröder –los nuevos patrones de nuestra política exterior– fuercen a Zapatero a correr juntos a la ONU para ver cómo se pueden sumar, disimulando o pintandose de azul, a las tropas que están en Irak gracias a la iniciativa de Bush, Blair y Aznar. Las señales que Zapatero ha enviado a los terroristas después de la matanza son demasiado caras de pagar para el resto del mundo libre. Para nosotros también.

UN AÑO DE TENSIONES INTERNACIONALES
por EMILIO LAMO DE ESPINOSA. Director del Real Instituto Elcano ABC 19 Marzo 2004

NO intentaré relatar qué ha ocurrido en el mundo tras doce meses del comienzo de la campaña de Irak. Sería largo y quizás tedioso. Trataré más bien de mirar al futuro y preguntarme qué hemos aprendido de la crisis de Irak. Y lo abordaré de modo casi telegráfico, intentando un breve resumen del estado del mundo en este turbulento comienzo del siglo XXI.

1.-La globalización de los años 90 ha generado un terrible déficit de gobernabilidad mundial. Todo está ya conectado con todo (Irak con Atocha), nada humano nos es ajeno y se hace imprescindible un mecanismo de gestión de numerosos problemas que sólo pueden abordarse a nivel global (por ejemplo, la proliferación de armas de destrucción masiva o el terrorismo). Pues bien, para esa gobernabilidad la ONU, que es imprescindible, es manifiestamente insuficiente. Un parlamento wesfaliano de 191 Estados supuestamente iguales no es el instrumento adecuado. La ONU tiene legitimidad universal pero ni es eficiente para decidir ni, lamentablemente, dispone de fuerza para cumplir sus resoluciones. Por ello se desató la crisis de Irak.

2.-Quien tiene la fuerza son los Estados Unidos y la unipolaridad del mundo es indiscutible. Sea cual sea el indicador de poder que utilicemos (territorio, población, ejército, economía, inteligencia, incluso lengua o cultura) el fin de la guerra fría deja un mundo poderosamente unipolar, quizás como nunca en la historia. La Unión Europea es una potencia económica (pero sin gobierno económico) y moral, pero no tiene presencia política unitaria, no es fácil que la tenga y, aunque la tuviera, no sería creíble pues carece de fuerza que la respalde. Por lo demás, ¿donde está escrito que un mundo bi o tri-polar es más seguro que uno unipolar? No es esa la enseñanza de la historia y recordemos la multipolaridad europea de 1648 a 1945, o la bipolaridad del mundo desde 1945 a 1989.

3.-Pero que el mundo sea unipolar no quiere decir que se pueda gestionar unilateralmente, e Irak lo pone de manifiesto. Lanzarse a una campaña militar sin legalidad es posible si se tiene legitimidad, como ocurrió en Kosovo. Pero hacerlo, además, sin legitimidad, es mucho más complejo y para ganar la paz los Estados Unidos necesitan a la ONU, a la UE, a la OTAN y a la Liga Árabe, al menos. De modo que Europa haría bien en acomodarse a la unipolaridad del mundo, e incluso celebrar que esa gran potencia es tan democrática como nosotros, si no más. Pero los Estados Unidos deben aprender a gestionar el mundo a través del derecho y multilateralmente. Por lo demás, no son los únicos que deben efectuar ese aprendizaje pues también Francia y Alemania deben aprender que la gestión de Europa no puede ser bi o tri-lateral por muy bi o tri-polar que sea la sociedad europea. Ni el directorio de la Casa Blanca es suficiente para el mundo, ni el eje París-Berlín lo es para Europa.

4.-Si las Naciones Unidas tienen la legalidad y la legitimidad, y los Estados Unidos la capacidad de hacerla efectiva, es necesario algo que articule esas dos variables para producir un multilateralismo efectivo, y ese algo sólo puede ser Europa. Que debe dejar de mirarse a sí misma para mirar alrededor y descubrir así que, más allá del orden jurídico de la Unión, hay un mundo hobbesiano donde la fuerza cuenta bastante más que el derecho. Debemos hacer un serio esfuerzo para sustituir los 15 mini-ejércitos westfalianos de que disponemos, magníficamente preparados para defender nuestros territorios de ataques que jamás se producirán, por capacidades operativas y útiles al mundo. Recordemos esa crucial idea de Hegel: sólo merece ser libre quien está dispuesto a arriesgar su vida en ello. ¿Está Europa en condiciones materiales y psicológicas de garantizar su seguridad o la del mundo?

5-Puede que los Estados Unidos sobrerreacionaran frente al 11-S, y desde luego no se combate el terrorismo con ejércitos sino con inteligencia. Pero es evidente que Europa infraestimó el terrorismo, y lo hemos aprendido del modo más doloroso. Hace tiempo que los Estados han perdido el monopolio de la violencia y cualquier grupo de fanáticos, con o sin armas de destrucción masiva, es capaz de causar tantas bajas como una acción bélica. Es la privatización de la guerra. Los europeos hemos sido insensatos al creer que la amenaza del terrorismo era un espantajo que no nos afectaba. Y con ese terrorismo, al igual que con el doméstico, todo intento de apaciguamiento alimenta a la bestia.

6.-A largo plazo, la mejor garantía para la gobernabilidad del mundo es la extensión de la democracia. Jamás las democracias se hacen la guerra, todos los Estados fallidos del mundo son totalitarios y no es casualidad que haya una altísima correlación entre democracia y prosperidad. Pues bien, la mancha negra de la tercera ola democratizadora la conforma el arco que, desde Mauritania, lleva hasta Indonesia, todos ellos países árabes o musulmanes. Los 21 países de la Liga Árabe tienen un PIB agregado inferior al de España. Y democratizar y desarrollar el mundo musulmán es la única solución a largo plazo frente al nuevo terrorismo suicida. Pero es una solución a largo plazo y mientras tanto tendremos que tomar otras medidas.

7.-Sin embargo, Irak ha sido un mal caso que sienta un mal precedente y, como dicen los anglosajones, bad cases make bad law. Un mal caso para la guerra preventiva, pues la amenaza no era inminente; un mal caso para el argumento del anti terrorismo por la ausencia de conexiones entre Sadam Husein y Al Quaeda; un mal caso para el argumento de la lucha contra la proliferación de armas de destrucción masiva, pues no han aparecido; y un mal caso para la injerencia humanitaria pues se ha hecho con escasa legitimidad. Pero las guerras se justifican, si acaso, por sus consecuencias, no por sus causas, y aún estamos a tiempo de que una mala guerra se transforme en una buena paz. La situación en Irak es mucho mejor de lo que dejan traslucir los informes de los medios de comunicación. Podría dar cientos de datos pero me limitaré a uno que recibí ayer mismo: un sondeo de Oxford Research International del pasado febrero en el que, preguntados los iraquíes cómo van las cosas de su vida, el 70% decían que bien o muy bien, y sólo el 29% que mal o muy mal. Y preguntados si estaban hoy mejor o peor que antes de la guerra, el 56% dicen que mejor y sólo el 18% que peor. Es posible que esa sea la causa por la que han asesinado a 200 madrileños, porque la reconstrucción de Irak va bien, no mal.

8.-Podría continuar, pero la conclusión final es, sin embargo, sencilla. El mundo necesita gobernabilidad y ésta no es esencialmente distinta de la interna a los Estados que se ha basado siempre en dos elementos: la fuerza del derecho y el derecho de la fuerza. El imperio de la ley de una parte, pero también, y en no menor medida, el monopolio de la violencia al servicio de esa ley. Del mismo modo que el orden interno se vuelve rápidamente anarquía tan pronto desparecen las fuerzas de policía, el orden internacional es anarquía sin la amenaza del uso de la fuerza. «Queremos que los tratados internacionales sean eficientes», asegura la Estrategia de Seguridad Europea. Pero inmediatamente añade: «Debemos estar preparados para actuar cuando las reglas son violadas». Cierto, debemos estarlo. Pero no lo estamos, ni en capacidades ni en firmeza de voluntad. Pensar que la fuerza es ya innecesaria es tanto como creer en el fin de la historia. Esa es, a mi entender, la principal enseñanza a extraer de la aún incierta campaña de Irak.

El florero blindado
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  19 Marzo 2004

Que Bono fuera Ministro del Interior en el Gobierno Zapatero, salido de las urnas pero extraído de la matanza del 11-M, ofrecía algunas garantías de formalidad y continuidad en la política antiterrorista y también para la seguridad de los ciudadanos desafectos, porque a la vista del odio patológico y la infamia sistemática que los rencorosos profesionales del PRISOE siguen vertiendo contra las víctimas políticas de su abyecta manipulación de la masacre, cabe temer con fundamento que volvamos a los tiempos de Manglano y de Roldán, de las fórmulas mafiosas instaladas en el corazón del Gobierno para machacar a la oposición política o periodística y siempre con la colaboración de grandes héroes de la justicia como El Pollo del Pinar. Claro que el luchador canario era una monjita de la caridad al lado del fiscal Bermejo, del que como amigo íntimo del preconizado Ministro de Justicia se habla ya como Fiscal General del Estado. Ante esas perspectivas de permanente Estado de Excepción contra la oposición, Bono suponía, ya digo, una cierta esperanza. La única, por cierto, junto a Miguel Sebastián, en un friso de ministrables de conocida mediocridad o de pavoroso sectarismo.

Pero también esa esperanza nos la ha hurtado Zapatero al llevarse a Bono no a un ministerio esencial como el de Interior sino al de Defensa, que sólo ha aparecido durante la campaña para anunciar que le iban a recortar el Presupuesto. Y cuya primera misión será ordenar la rendición formal de España ante el terrorismo islámico retirando nuestras tropas de Bagdad. Por lo visto, quieren a Bono delante de la bandera española porque saben que es la suya, pero para hacer una política antinacional mejor que pongan a Montilla. O a Moriles. O a Tura, esa señora de la que depende la policía de Cataluña y que ha sido capaz de decir que el Rey paró un golpe de Estado el sábado 13 de marzo y ahora salir con que se den “por no dichas sus palabras”. La única palabra que tiene que decir un político que se comporta así es “dimito”. Todo lo demás, sobra. Pero ¿cómo va a dimitir por calumniar al Gobierno legítimo de España y utilizar al Rey arteramente quien se sienta en el Gobierno con los contertulios de ETA en Perpiñán? (Por cierto, que empieza a ser ya escandaloso el silencio de la Zarzuela ante esta campaña contra el Gobierno legítimo de España, que, aunque en funciones, sigue siendo el de Aznar.)

Por eso era importante la presencia de Bono en un ministerio clave como Interior. Por eso se nos antoja un simple florero, aunque sea blindado, en el Ministerio de Defensa, salvo para calmar a los militares de las fechorías que piensan hacerles. Y que, si nos guiamos por la campaña electoral van a ser continuas. Como contra todos los españoles que no se avergüenzan de serlo, claro está, sólo que a los militares les van a doler más porque la servidumbre es poco llevadera cuando está ausente la grandeza. Nunca hemos sido particularmente devotos del presidente manchego, pero las cosas que está anunciando Zapatero para su gobierno son tan espeluznantes que, aunque sea por viejo y por diablo, Bono nos reconfortaba. También ese consuelo se nos hurta. A lo mejor vuelve a Interior, y ahora ya mandando del todo, Rafael Vera, en pago a las tareas que se le atribuyen –queremos suponer que sin fundamento– en la lúgubre epopeya desinformativa de los tres días atroces, desde el 11-M hasta el 14-M. Malo, muy malo es que no vaya Bono a Interior, porque seguramente irá otro muchísimo peor. Malo, muy malo es que vaya a Defensa, porque es señal de que quieren perpetrar y disimular cosas malísimas. Para florero blindado, mejor Rodríguez Ibarra. Al menos, se hubiera ayudado a Extremadura.

14-M
¡Política, ya!
Agapito Maestre Libertad Digital  19 Marzo 2004

Rodríguez Zapatero ha dicho que retirará las tropas españolas de Irak. La noticia ha conmocionado al mundo libre, incluso Kerry, el candidato demócrata a la presidencia de EEUU, ha criticado la medida, porque es una claudicación de las democracias ante el terrorismo. El fracaso de España es ya un fracaso universal. El PP, sin embargo, ha reaccionado con tanta tibieza al “anuncio” del líder del PSOE que deja perplejo a sus votantes. El PP debe dejarse de lloriqueos y lamentaciones por haber perdido las elecciones. No deber entretenerse con imbéciles, almodóvares y charranadas golpistas. Tiene que hacer política rápidamente. Tiene que explicar porqué las medidas anunciadas por el PSOE carecen de rigor y seriedad. Tiene que esforzarse en hacer pedagogía política. Tiene que “seguir” dando explicaciones a los ciudadanos sobre nuestra política internacional. Mostrar que sin esas opciones sería imposible nuestro actual bienestar. Tiene que convencer, pues, a quienes no le han votado que una nación libre, soberana y digna no puede crecer sobre las imposiciones terroristas. La sangre de los caídos es nuestro aliento democrático.

Porque el discurso del PSOE no puede ser más preocupante para los intereses de la Nación española, o sea, para los ciudadanos españoles, es necesario que el PP haga labor de oposición de modo inmediato, o sea, haga política, y se deje de mirar al ombligo porque ha perdido el poder. Muévanse con rapidez y arrinconen de una vez los perfiles bajos y electoralistas que les han conducido al fracaso. ¡Es la hora de la gran política! O sea, del ejercicio de la oposición. No es el momento de “diputadines” engominados esperando una poltrona. El PP no estará en el Gobierno de la Nación, pero tiene mucho poder. ¡Ejérzalo, ya! No espere a catarsis y metamorfosis para hacer genuina política. El PP tiene que enfrentarse ya a las medidas anunciadas por el PSOE. Al PP no le basta con decir que está en la oposición, sino que hay que explicar porqué es una barbaridad retirar las tropas de Irak y, sobre todo, porqué es casi un crimen de lesa majestad que el PSOE quiera renunciar al poder de España en Europa.

En efecto, grave es lo de Irak, pero es aún mucho peor que el PSOE por mor de bajos intereses partidistas –aumento de diputados en el Parlamento Europeo, prebendas a los socialistas en el seno de su Internacional y cosas de semejantes jaez- renuncie al poder que España ha conseguido en Europa después de muchas luchas y sufrimientos. España en Europa es grande entre los grandes y no debe jamás renunciar a ello. Si Rodríguez Zapatero quiere ponerse a las ordenes de Francia y Alemania, el PP tiene que decirle que hay millones de españoles, incluidos los propios socialistas antes de las elecciones, que queremos mantener el Tratado de Niza, porque España en el Consejo de Ministros de la UE tiene el mismo poder de veto que Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña. Abandonar nuestras posiciones en Europa por un plato de lentejas, porque el número de eurodiputados atribuido a España pase de 50 a 60, es una ignominia. El PP entero, y no sólo Mariano Rajoy, deben salir a todas partes y gritar contra lo anunciado por Moratinos, Barón y otras yerbas. ¡Señores del PP, por favor, hagan de una vez política!

El golpe
Cristina LÓPEZ SCHLICHTING La Razón  19 Marzo 2004

Ha dicho Pedro Almodóvar que la derecha quiso dar un golpe de estado la víspera de las elecciones. Habló ante periodistas de todo el mundo que acudían a la presentación de su última película. Así que sus palabras han sido rebotadas desde Nueva York a París con la autoridad de un talento cinematográfico que tiene en su haber el premio Bafta del cine británico, el César francés, varios Globos de Oro y dos Oscar.

Zapatero ha subrayado que estas declaraciones «no tienen el más mínimo fundamento» pero la insidia está sembrada. Ayer apoyaron el criterio del cineasta la plataforma Cultura contra la Guerra (¿!) y, desde las instituciones, la consejera de Interior del Gobierno catalán, la socialista Montserrat Tura.

Después de un cuarto de siglo de democracia lo menos que cabe decir es que es una injusticia. Pero lo que muchos atribuyen a una salida de tono del artista es fruto del profundo enfrentamiento que se vive estos días en España. Los terroristas han conseguido su objetivo. En pleno cierre de campaña electoral, el brutal atentado del 11-M ha enfrentado a la derecha y a la izquierda con una virulencia que no se recuerda desde la guerra civil. El dolor era enorme, las emociones estaban disparadas y, en semejante caldo de cultivo, una eficaz labor de agitación y propaganda ha encontrado el chivo expiatorio en el Partido Popular.

Es verdad que la derecha empezaba a notar el desgaste del poder y que Aznar se había enfrentado a la opinión pública mayoritaria ¬incluida la mía¬ en la guerra de Irak. También lo es que Mariano Rajoy demostró su bisoñería frente al joven Zapatero que, paradójicamente, tenía más experiencia como candidato electoral. Pero el Gobierno arrastraba el tirón de cuatro millones y medio de puestos de trabajo creados, déficit cero, bajada de las hipotecas, reforma de una ley de enseñanza (la LOGSE) que ha fracasado estrepitosamente y éxito sin precedentes en la lucha contra ETA.

El vuelco electoral sólo se explica a la luz del tremendo atentado del 11M y de una eficaz canalización del espanto colectivo hacia las urnas. Lo ocurrido el pasado fin de semana pasará a los manuales de la historia de la propaganda. La maniobra comenzó el mismo jueves, cuando sólo Otegui se había atrevido a afirmar que el culpable no era la banda terrorista española. Nadie lo creyó, por supuesto. Primero, porque el modus operandi recordaba a los intentos de atentado recientes y, segundo, porque Otegui es un canalla.

Cuando la policía encontraba, horas después, una furgoneta con detonadores y una cinta en árabe lo lógico hubiese sido prudencia y silencio. Ningún Gobierno occidental hubiese salido por la tele a contar las pistas de la investigación. Pero miembros del sector de izquierdas de la policía filtraron la información a los medios de Polanco, que a su vez amenazaron al Ejecutivo: «O lo decís vosotros, o lo soltamos nosotros». Comenzó entonces una carrera extraña y enloquecida en que la Ser se adelantaba a las informaciones del ministerio del Interior y Acebes convocaba una y otra vez ruedas de prensa para calmar a la opinión, excitada por una oposición que acusaba al Gobierno de mentir.

El sábado José Blanco, secretario de organización del PSOE, y José Montilla, cabeza de lista de los socialistas por Barcelona, acusaron públicamente de manipulación. La tensión se mascaba en el aire y un policía nacional mató a tiros a un simpatizante de Batasuna que se negó a poner un crespón negro en su establecimiento de Pamplona.

Entre las ocho y las nueve del sábado, respondiendo a una convocatoria organizada a través de teléfonos móviles e internet, miles de personas se congregaron por toda España ante las sedes del PP. Era la jornada de reflexión electoral y, arrostrando la ilegalidad, gritaban contra Aznar, su partido y los Estados Unidos. Esa misma noche Alfredo Pérez Rubalcaba remachaba: «Los ciudadanos españoles se merecen un Gobierno que no les mienta». Repito que era la jornada de reflexión. Los medios de Prisa actuaron de espoleta. La Ser interrumpió la programación para emitir un especial en el que los pesos pesados de la cadena, con Carlos Llamas y Carlos Carnicero a la cabeza, comentaron con satisfacción las movilizaciones e informaron constantemente de la localización de las mismas. Canal Plus repicaba los acontecimientos.

A las seis de la madrugada, tres horas antes de que abriesen los colegios electorales, la sede del PP en Culleredo (La Coruña) fue incendiada.

La votación el domingo se realizó en estado de conmoción. A mediodía Acebes anunciaba la aparición de un vídeo con la reivindicación del atentado y felicitaba a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. La respuesta de la Ser fue ratificar que conocían de antemano la información. El resultado electoral lo conocen los lectores y es el preludio de una legislatura muy delicada para España.

Desde el lunes llaman oyentes a la Cope para afirmar que se arrepienten de un voto emitido en un momento de rabia. El PP ha reaccionado con una calma ejemplar, felicitando al PSOE, garantizando su apoyo en asuntos de Estado y, sobre todo, asegurando una transferencia de poderes rápida y eficaz.

Cuando los simpatizantes populares, en un rapto de mimetismo y de impotencia, acudieron a manifestarse el miércoles frente a las sedes del PP, el partido los mandó a su casa. No era el momento de destapar la caja de los truenos recurriendo a algaradas callejeras peligrosas. La posición de buena parte de la base cultural de la izquierda viene, sin embargo, en dirección bien distinta y está ejemplificada en Pedro Almodóvar. El director de cine no sólo considera que el PP ha dado un golpe de estado, sino que ha declarado abiertamente que «con Zapatero volvemos a la libertad y la democracia». Exactamente la misma incapacidad para reconocer la legitimidad democrática de la derecha que demostró en 1933 la izquierda cuando la CEDA ganó las elecciones. No, no ha sido la derecha la golpista.

14-M
Zapatero y las tropas de Irak
GEES Libertad Digital  19 Marzo 2004

El candidato electo José Luis Rodríguez Zapatero sigue declarando que retirará las tropas españolas de Irak si para el 30 de junio la ONU no asume el control político de la transición iraquí. Está en su derecho. Pero debería pensar en, al menos dos cosas: si de verdad cree que nuestra presencia en Irak está detrás de los horribles ataques del 11-M, que sea la ONU o la coalición internacional la que ejerza la dirección en Irak les da igual a los terroristas y que, por tanto, si nuestras tropas continúan allí bajo bandera ONU el riesgo de un nuevo ataque en suelo español lejos de disminuir se habrá agrandado. Por una razón muy sencilla: el mensaje que han captado los Bin Laden del fundamentalismo islámico es muy simple y sencillo, con 200 muertos logramos derrocar al PP y hacer que el PSOE gobierne y cumpla su promesa de salir de Irak. Al Qaeda cree ya que ha logrado esa victoria. Frustrarles ahora sería causa de más venganza, no de apaciguamiento.

Pero si se retira finalmente, como todavía dice, porque no se dan las condiciones en las que vagamente piensa, el mensaje interpretado por Al Qaeda no deja de ser pavoroso: podemos influir en las decisiones políticas de los occidentales y aislar más a los americanos. Inconscientemente se les estaría incitando a golpear a nuestros aliados. Tal vez Japón, tal vez Londres, tal vez Roma.

Es más, hay un tercer dilema generado por las palabras de Zapatero, la vulnerabilidad que les ha creado a nuestras tropas en Irak. Si los terroristas atisban una mínima vacilación de aquí al 30 de junio, y en el convencimiento de que ya han doblegado una vez a la mayoría de los votantes y al PSOE, intentarán golpearles para acelerar su retirada.

Y todo ello en medio de la perplejidad explicativa de la teoría socialista, sostenida durante meses y arrojada contra los populares entre el 11 y el 14 de marzo, de que Irak y Al Qaeda no tienen nada que ver. ¿Cómo decirles ahora a los españoles que sí, que los terroristas sí vinculan el destino de Irak a su propio futuro y proyecto político?

La prensa internacional ha sido muy generosa tachando de Chamberlain apaciguador a Rodríguez Zapatero, pero es un hecho que la política del apaciguamiento con los terroristas está implícita en la práctica socialista de los últimos tiempos (sin mencionar el tristemente famoso tripartito catalán). Y eso abre dos nuevos interrogantes. Uno para nosotros los españoles, porque seremos los que lo vivamos en directo: ¿qué va a ser de nosotros cuando los terroristas no se den por apaciguados? El Gobierno de Aznar ha caído por el uso partidista que ha hecho el PSOE de las víctimas del 11-M. Por nuestro bien, que el nuevo Gobierno del PSOE no caiga por 2000 en lugar de 201 muertos.

La segunda cuestión es de índole internacional. ¿cómo lidiar no ya con los terroristas sino con los apaciguadores? Si el PP, Londres y Washington, a fin de evitar una catástrofe nacional e internacional, buscan un acomodo con el Madrid de ZP, y se sacan de la chistera de la ONU una cobertura suficiente para los deseos socialistas, ¿qué creen ustedes que pensará Bin Laden al respecto? Peor, ¿qué creen que buscará Bin Laden sacarnos a continuación?

En lugar de prometer imposibles o engañarnos con falsas seguridades, la honestidad que tanto se atribuye el líder del PSOE les debería llevare a hacer el discurso que no hace: que España vive en el riesgo y que haga lo que haga en el exterior la vulnerabilidad sólo se reducirá si refuerza las medidas de protección de nuestro suelo, si persigue una mayor firmeza antiterrorista de la UE y si, por mucho que le pese, le ayudan los americanos. Todo lo demás es retórica de quien nunca se pensó en el poder. Pero ya lo está y ahora debe asumir esa pesada carga. Y cuanto antes mejor.     GEES: Grupo de Estudios Estratégicos.

LA COBARDÍA O LA DEMAGOGIA
Por Jaime CAMPMANY ABC 19 Marzo 2004

HAY un artículo en el «New York Times» de ayer firmado por Thomas L. Friedman con motivo de la decisión de Zapatero (ya decisión de España) de retirar de Iraq las tropas españolas en fecha cercana. El columnista termina su artículo con un recuerdo que le despabila la actitud española, con el recuerdo de aquella frase terrible que pronunció Winston Churchill cuando los delegados de su país regresaron de Munich después de firmar el pacto con Hitler: «Os dieron a elegir entre la deshonra y la guerra. Elegisteis la deshonra y tendréis la guerra».

O sea, que Friedman nos vaticina de alguna manera que si nos traemos las tropas que tenemos en Iraq, nos cubriremos de deshonra y no nos libraremos de la guerra. Qué simpático. La verdad es que la guerra del terrorismo ya la disfrutamos en España desde hace treinta años, sin necesidad de que nos la ganemos en Iraq, y sin otro motivo que el de empeñarnos en que España sea España tal y como está constituida hace cinco siglos, y no ese mapa roto que quieren algunos delirantes. Hay que reconocer que en los éxitos que ha logrado el gobierno de Aznar en esa guerra, buena parte del mérito le corresponde a Norteamérica y al presidente Bush.

Pero parece que quien verdaderamente puede encontrarse en la necesidad de elegir entre el deshonor y la guerra es la patria de Friedman y no la mía, es decir Estados Unidos y no España. A Iraq, las tropas españolas no fueron a guerrear sino a pacificar. Ni siquiera fueron a expulsar de su sillón a un tirano, sino a ayudar a instalar una democracia después de consumada la expulsión. Y como España otras muchas naciones libres. ¿Que eso se hizo ante una invitación del país más poderoso de la tierra, de ese país al que muchos llamamos, con cierto retintín, «imperio»? Pues, claro. No nos iban a poner en esa situación de elección el principado de Mónaco, Andorra o San Marino.

Donde Friedman se equivoca de medio a medio es en atribuir a «contemporización», que mejor traduciríamos como «cobardía» la decisión de Zapatero, que, como digo, ya es la de España. Esa decisión no la tomó Zapatero después de la matanza del 11-M ni por el miedo a que siguieran estallando mochilas en los trenes españoles. Lo de Iraq no es una huida sino una decisión política más o menos afortunada. Aquí, en España, en esta tierra de invasiones constantes y de luchas sin término contra extraños y entre vecinos, de cobardes, tenemos poca producción. Cuando salen algunos, enseguida hay alguien que dice aquello de «tate, tate, folloncicos» que anda hasta en los romanceros.

Que conste que a mi me parece que España no debe dar un triste ejemplo para que el mundo libre abandone aquello y lo deje a la buena de Alá. Es una decisión errónea. Una vez que Norteamérica e Inglaterra organizaron allí el pollo, todos debemos colaborar en poner paz donde ha habido guerra y en llevar libertad donde hubo esclavitud. Lo de irnos de Iraq no es cobardía; es demagogia. Zapatero, aunque sólo fuera por leonés, no es un cobarde. Ahí es un demagogo. No aliviaba el miedo, sino que buscaba votos.

11-M
Todos íbamos en el tren
Alejandro A. Tagliavini Libertad Digital  19 Marzo 2004

ETA o Al Qaeda, me da lo mismo. ¿Que ETA no tiene suicidas? No se matarán a sí mismos en el acto, pero qué más da. Pero, hay dos temas aquí, el terrorista y el apoyo “popular” que recibe.

Los terroristas necesitan un psiquiatra. ¿Qué convicciones tienen? ¿Políticas, religiosas, dinero o simplemente placer? En general, cuando estos grupos son organizados y están entrenados, tienen una ideología fundamentalista y una psicología de grupo muy primitiva, que los protege de culpa. Desde su ideología "están acelerando la llegada del nuevo mundo, de paz y sin conflictos ni enemigos, idealizado, donde todos sean como ellos: musulmanes, nazis o comunistas, por ejemplo", dice Henry Pollak, psiquiatra psicoanalista. Estas son razones superficiales, sobre las que operan fundamentos más profundos: paranoia, narcisismo, sadismo y megalomanía, son algunas de las características, presentes especialmente en los líderes. Los rasgos psicopáticos son una condición para liderar, mientras que los niveles más bajos presentan ansiedad flotante y difusión de la personalidad.

Ahora, ¿por qué hay zonas en dónde el terrorismo tiene más apoyo? Sin duda tiene que ver con la existencia de estos líderes psicópatas, pero también con las condiciones “ambientales”. No es casual que en lugares como Medio Oriente y Latinoamérica, es decir, en lugares pobres, el terrorismo tenga más auge. Días atrás recibí uno de esos correos electrónicos en cadena: “analicemos las siguientes reglas de estricto cumplimiento: prohibido tomar bebidas alcohólicas y los bares, prohibida la televisión e Internet, prohibidos los deportes, estadios, fiestas, prohibido tocar bocina, prohibido comer carne de chancho, prohibida la música y la radio. Comer solamente con la mano derecha”. Y como si esto fuera poco: arena por todos lados, harapos en vez de ropa, gritos de agonía de un enfermo que no tiene un médico, no te puedes afeitar, ni duchar, el asado es carne de burro cocinada sobre bosta de camello, las mujeres tienen que usar vestidos que parecen bolsas y velos todo el tiempo. A tu esposa te la elige otro. De pronto, te dicen que cuando mueres vas al paraíso y tienes todo lo que soñaste. ¿No te suicidarías?

Definitivamente, cuando la persona está satisfecha con su vida, precisamente porque puede a través de su natural libre albedrío buscar su vocación, no tendrá actitudes violentas; por el contrario, será propulsor de vida. Pero si violentamente lo coartan y no lo dejan desarrollarse, entonces, por algún lugar estallará. Las fallas de la democracia se curan con más democracia, las de la libertad con más libertad, en definitiva, como dice la teología católica, el mal se cura con bien. Más aun, la causa eficiente, dice la metafísica, es precisamente Dios, es decir, el bien.

Es una incoherencia lógica el pretender que con mal se pueda lograr bien porque, precisamente, el mal no existe por sí mismo (no podría tener existencia algo que es destrucción) sino que es ausencia de bien, consecuentemente, poniendo bien allí donde hay mal es como se combate el mal. Por el absurdo, como el mal es destrucción, si llegara a ser absoluto, se destruiría a sí mismo, desapareciendo el mal. Pero, agrega la escolástica, la violencia es siempre contraria al orden natural, ergo, lo destruye, es decir, es el mal.

Así, en los países en dónde (además de la existencia de estos líderes psicópatas) las personas son coactivamente (violentamente) reprimidas por el Estado, en la medida en que lo sean, serán proclives al terrorismo. Dejemos de lado el caso extremo de Cuba, en dónde el terrorismo es el mismo Estado, esto sucede en Medio Oriente. De manera que el mejor combate contra el terrorismo en cualquier parte del mundo es dar libertad a las personas al máximo posible, cuanto más libres, menos posibilidades de que florezca el terrorismo. ¿Es esto lo que se está haciendo en Irak, en Medio Oriente?      © AIPE     Alejandro A. Tagliavini, miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas).

Quedarse
David Gistau La Razón  19 Marzo 2004

No había que ir a Azores, pero hay que quedarse en Iraq. De entrada, y esto sólo podemos decirlo desde el 11-M, no antes, porque no se debe plegar una bandera cuando te la han manchado de sangre. Es ésta una cuestión de honra, y según Agustín de Foxá, la honra es para el carácter español una razón más sólida que la razón. A los gobiernos, como a las cárceles, no se debe llegar mostrando debilidad o estarás condenado a agacharte a recoger el jabón durante toda la condena, o la legislatura. Y Zetapé parece empeñado en que su primera decisión de Estado sea una que cabe ser interpretada como una cobardía en la que se renuncia a la honra. Le han manchado de sangre la bandera y él la pliega. Encauzados todos los odios y todos los afanes de venganza contra Aznar, todavía no le he oído decir cómo piensa hacer justicia a nuestros muertos, quién va a salir a por Ben Laden, dónde están nuestras SAS, nuestros Deltas, nuestro Mossad. Si no tenemos ninguna unidad comparable a ésas, la ocasión exige que sea creada. Pero lo que urde Zetapé es desmantelar la Guardia Civil para meternos a jipis.

Además, la invasión de Iraq es un hecho consumado que ya no tiene remedio. No se trata ahora de participar en ello, sino de decir presente y contribuir a la hazaña de la reconstrucción, de la estabilización, proyecto cuyo éxito Occidente necesita para que no perdure allí una grieta que socava nuestros cimientos. Ante ese desafío, que no es ya el de la guerra, sino el de la construcción de la paz, España debe decir presente, y no replegarse como ha sido su costumbre durante todo el siglo XX, durante el cual jamás hemos sido el Hércules capaz de cargar con los trabajos, con las misiones. Durante el cual hemos sido una nación intrascendente y carente de posición. Hay que escuchar a los militares que están en Iraq. Ellos quieren quedarse, porque saben que, acabada la guerra, hay una misión honorable que cumplir, hay una cita con la historia a la que acudir. Lo demás es agacharse a recoger el jabón, con Chirac en las duchas relamiéndose porque nos la va a endilgar.

14-M
¡Estamos heróicos!
Pablo Molina Libertad Digital  19 Marzo 2004

“Somos una gran nación”, afirmaba Aznar la tarde del 11-M; y decía bien pues muy pocos países pueden acreditar a lo largo de su historia una hoja de servicios en defensa de la civilización cristiana occidental como España, que incluye episodios gloriosos como el de Lepanto aunque algunos dirigentes socialistas, con su solvencia habitual, aún no se hayan enterado de la victoria de 1571. Los herederos de la nación que evitó en su día la conquista musulmana de occidente hemos dado una nueva lección al mundo civilizado con nuestra actuación tras el genocidio del pasado 11 de marzo, pero esta vez bastante menos heroica. La blogosfera internacional lamenta esta defección moral española, y de forma casi unánime sus autores coinciden en que los resultados electorales del 14 de marzo son una victoria para el terrorismo islámico.

Al-Qaeda ya especulaba hace tiempo con las posibles consecuencias de una intervención terrorista en nuestro país justo antes de las elecciones. “Pensamos que el gobierno español no aguantará más de dos o tres ataques a lo sumo antes de verse forzado a retirarse por la presión popular”. Por desgracia no se equivocaban.

Andrew Sullivan hace un interesante análisis de lo ocurrido en las elecciones españolas “(...) Pero hay una gran ironía: Si la brigada de apaciguamiento realmente cree que la guerra para deponer a Sadam está y estaba completamente desconectada de la guerra contra al-Qaeda, entonces ¿por qué al-Qaeda responde atacando a España?; si los dos asuntos están completamente desconectados, ¿por qué hace al-Qaeda esa conexión?. La respuesta es obvia: la derrota de los Talibanes y de la dictadura de Sadam fueron los dos mayores golpes a la causa del terror islámico. Destruyeron un estado cliente de al-Qaeda y un potencial refugio para terroristas y armas de destrucción masiva. Por tanto, es de vital importancia para los islamistas atacar a quienes apoyan ambas guerras. Tiene todo el sentido. Y en la victoria electoral de los socialistas, al Qaeda ha obtenido más incluso de lo que podrían soñar. Han eliminado un gobierno que lucha contra el terrorismo por otro que intenta apaciguarlo. Por si fuera poco, de paso han asesinado a un par de cientos de infieles”.

En otra bitácora se comenta el razonamiento perverso que ha podido dar lugar al vuelco electoral del pasado domingo. “Los muertos —se dice— fueron causados por las políticas de Aznar. Si no hubiera apoyado a los americanos, los atentados probablemente no hubieran ocurrido, así que castiguemos a Aznar y enviemos a los políticos el mensaje de que tengan esto en cuenta para ocasiones siguientes.

Pero si eso es así, entonces ¿no demuestra esto que no podemos permitir que nuestra política sea vetada por otras naciones?. Después de todo, si estamos de acuerdo en que no podemos hacer lo que creemos correcto y necesario para la seguridad nacional mientras que alguien como Inglaterra, Francia, Rusia o China opongan su veto, entonces nuestros enemigos pueden paralizarnos simplemente influyendo en un país extranjero”.

Jay Bryant, por su parte también insiste en la tesis de que el principal beneficiario de las elecciones del 14-M es al-Qaeda. “Los españoles han dejado que al-Qaeda decida quien debe gobernar en su país. (...) Y lo más importante de todo, ningunas elecciones en el mundo están ahora a salvo de la violenta irrupción de los terroristas. Habiendo comprobado su éxito, los osamitas con toda seguridad repetirán su táctica de nuevo, quizás incluso en Norteamérica. Desde el 11 de septiembre de 2001, los Estados Unidos han seguido una política basada en el supuesto de que el mundo o capitula ante el terrorismo o lo extirpa de raíz. Pero las fuerzas de apaciguamiento se han adueñado del Partido Demócrata y también del recientemente victorioso Partido Socialista Español”.

Hay otros análisis aún más pesimistas. “El resultado de las elecciones españolas del pasado 14 de marzo es la peor noticia desde que la jihad contra la civilización empezó hace más de una década. Mas de la décima parte del electorado en una de las principales democracias occidentales ha demostrado que los asesinatos masivos son rentables, y por consiguiente invitan a que ocurran más aún. Los Estados de Unidos pierden un aliado principal, y el combate contra el terrorismo islámico ha sufrido un gran perjuicio”.

Y otros aún más demoledores, y no por ello menos certeros. “Un español que decidió cambiar su voto en reacción a los atentados dijo al Times: “Los socialistas sacarán nuestras tropas de Iraq y al-Qaeda se olvidará de España, así que estaremos menos atemorizados”. ¡A esto se le llama espíritu luchador¡. Si el grupo terrorista vasco mata a más personas, España seguramente les dará también todo lo que ellos quieran. (...) Antes de tomar posesión del cargo gracias al apoyo a las políticas que favorecen a los terroristas de al-Qaeda, y refiriéndose a las próximas elecciones norteamericanas, el candidato apaciguador Zapatero dijo: “quiero que gane Kerry”. Kerry cuenta también con el apoyo del dictador norcoreano Kim Jong II, que retransmite los discursos del candidato demócrata por Radio Pyongyang con comentarios favorables. Por tanto, ahora Kerry tiene dos líderes europeos que le apoyan. Un socialista apaciguador del terrorismo y un marxista asesino de masas que se viste como Bea Arthur”.

El PSOE nos promete tras su victoria electoral el advenimiento de un nuevo orden mundial. De momento Zapatero, atenazado “por el complejo de Munich”, ya ha prometido desmarcarse del vínculo trasatlántico, abrazar el armisticio que le ofrece Ben Laden y declarar con orgullo que será el presidente de la España liberada de Vichy. La política no descansa, ni siquiera cuando se ocupan de ella ideólogos y gentes de buenos sentimientos. Por eso, hoy como siempre, es un buen momento para echar una mirada al siglo pasado y extraer alguna consecuencia práctica.

Cambiar sobre Iraq
José Javaloyes Estrella Digital 19 Marzo 2004

No asamos y ya pringamos. La petición de J. F. Kerry, el candidato demócrata a la Casa Blanca, a José Luis Rodríguez Zapatero, para que no retire las tropas españolas que se encuentran en Iraq es anticipada muestra de lo que espera a las promesas electorales contenidas en el programa del Partido Socialista Obrero Español.

Cuando todavía es presidente electo, ZP se encuentra ya con un embolado de primera magnitud, para el que encontrará limitado apoyo en el eje franco-alemán por el que ha optado casi en régimen de cheque en blanco. Posiblemente sea más fácil cuadrar el círculo que meter la política exterior en una pancarta. Las síntesis expresivas tienen su sitio en la literatura, muy especialmente en la oratoria y la retórica; pero resultan de muy difícil encaje en la política. Y de entre todas las políticas, en la política exterior.

Cuando en muy pocas palabras se dice todo es que, a efectos prácticos, no se ha dicho nada. O sea, que no se puede sostener ni cumplir lo afirmado o prometido. El “no a la guerra” corre veloz a cumplir la misma suerte que el “No a la OTAN”. Son simplificaciones electoralmente rentables pero, diplomáticamente, poco menos que imposibles. Refluyen por los atajos de la memoria imágenes centrales de las elecciones de 1982, cuando implosionó la UCD, pese al mérito enorme de haber conducido desde el Gobierno la fase más ardua de la transición. Ahora como entonces. El grapado de las emociones colectivas del 11-M al carrusel de las imágenes de todo un año con el “no a la guerra” (de Iraq) ha traído la menos esperable derrota electoral de un Gobierno que consiguió despegar a España del paro y de la mediocridad en los estándares europeos de vida y bienestar.

La fortuna retórica sirve más para la demolición del contrario que para la construcción de lo propio. Pero así son las cosas en democracia: quien más chifla, capador, y los demás que arreen. Será injusto, pero resulta de la libertad. Y la falta de libertad, como la falta de orden, es la injusticia mayor de todas.

Cuando el debate se complica de verdad es cuando desborda los límites del grupo nacional que discute y elige. O sea, en el momento en que la materia discutida pertenece al más amplio universo de la política exterior. Así, cuando Kerry suscribe y reitera la petición de Bush, pone en evidencia la mucha limitación y la enorme dificultad que supone un cambio en diplomacia.

Trajo el cambio y el salto de Aznar hacia el eje anglo-americano, por el comportamiento francés en la crisis del Perejil, el bloqueo del proceso constitucional europeo. Lo mismo que en otro orden de magnitud política, la victoria socialista del 82 trajo el sí a la OTAN. No hay cambio diplomático que prospere si no existe causa suficiente, en términos de política nacional o en el orden de las relaciones internacionales previamente establecidas. Si el cambio en política nacional ha venido más por una causa eficiente que por una causa suficiente, el cambio en política internacional corre en busca de una causa suficiente y eficiente.

Esperemos a ver ahora qué dicen en París y Berlín a los ruegos de Kerry. Está Schroeder —que ganó las elecciones con su “no a la guerra”— muy interesado en recomponer la relación con Washington, tanto da con el de Bush, que hizo la guerra y aguanta como puede la posguerra, o con el de Kerry, que dijo sí a la guerra y después se opuso a ella. ZP habrá de correr hacia su rectificación aunque en la carrera pierda, por la izquierda, su escudero y su peana.     jose@javaloyes.net

¿Todos los terrorismos son iguales?
RAFAEL AGUIRRE El Correo 19 Marzo 2004

El 11-M marca un hito histórico y la sociedad española tiene ahora que saber afrontar sus consecuencias adecuadamente. Lo primero que sentimos aquel día fue una conmoción intensa y emocionada ante la atrocidad sin sentido, ante el dolor desgarrador, pero también ante el torrente de solidaridad que se volcó de mil formas con las víctimas. En las situaciones críticas sale a la luz lo más hondo del ser humano, lo que a todos nos une y, en esos momentos, no nos interesan ideologías ni nacionalidades: es un ser humano, nos sentimos su hermano.

Detrás de cada muerto y herido hemos ido descubriendo una red de afectos, de relaciones y proyectos, insustituibles y muchos rotos para siempre. Parece como que se nos abren los ojos y descubrimos lo más elemental, pero también lo más importante: el valor irreductible de cada persona humana. Esta catástrofe debe servirnos para ganar en humanidad; que permanezcan y se consoliden las reacciones de ayuda y solidaridad; que las discrepancias políticas no sean tan mezquinas y las ideológicas no prevalezcan sobre el valor de cada persona, siempre concreta. Tenemos que tejer una red de cercanía, memoria y ayuda permanente en torno a las víctimas. Sólo el apoyo y la cercanía humana hacen posible sobrevivir cuando todo parece que se hunde. Que la reacción no sea de patrioterismo histérico, ni de un afán absolutizador de la seguridad que avasalle la libertad; que no se produzca la criminalización del musulmán ni del árabe. Peligros muy reales que acechan a las sociedades occidentales y que la norteamericana no ha sabido siempre evitar.

Surgían también preguntas inapelables, aunque parecían atropellos al respeto debido a las víctimas: ¿Quién ha sido? Muchas veces la pregunta real era otra: ¿Quién desearíamos que haya sido? Se iban dando informaciones oficiales dosificadas y, sobre todo, orientadas para que la opinión pública mirase en determinada dirección por intereses partidistas. Buena parte de la ciudadanía se percató de la operación y reaccionó con indignación.

En un primer momento prácticamente todos, incluido el lehendakari Ibarretxe, pensamos que era obra de ETA. Y esto es bien significativo de la convicción generalizada sobre la degeneración moral de la banda, sobre su fanatismo y sobre su mermada capacidad operativa (atentar indiscriminadamente es más fácil que hacerlo contra objetivos selectos y protegidos). Otegi aseguró con rotundidad que esta atribución era falsa, lo que avala la convicción de que el grupo que encabeza está orgánicamente muy bien relacionado con ETA. Pero Otegi no sólo se desmarcó, sino que condenó el atentado, lo que me parece de enorme trascendencia. Sin anteojeras y sin disciplina política respecto a los criminales, percibe la inhumanidad desnuda de la masacre terrorista. Y esto no tiene marcha atrás. ¿Será capaz de no condenar futuros atentados etarras? Porque es imposible considerar que detrás de la violencia de ETA laten más razones que las que alegan los terroristas islámicos.

Pero la acción terrorista no tiene nada que ver con la política. Esto plantea la gran cuestión: ¿Todos los terrorismos son iguales? Cuestión compleja y decisiva cuando la sociedad española y europea caen en la cuenta, con sobresalto y dolor, de que somos objetivo directo del terrorismo organizado por el fundamentalismo islámico.

En mi opinión, es una simplificación meter todos los terrorismos en el mismo saco, porque impide la aplicación de terapias que tienen que ser parcialmente diferentes; pero es verdad que todos los terrorismos comparten un amplio denominador común, lo que explica la compleja red de colaboraciones que se dan, con frecuencia, entre formas que aparentemente legitiman de maneras muy distintas sus barbaridades.

El terrorismo implica siempre una ideología fanática que reacciona ante supuestos problemas políticos -más o menos reales o graves- absolutizando una causa en cuyo nombre amenaza y atenta contra personas desprevenidas, indefensas y que nada o muy poco tienen que ver con el supuesto conflicto, con el fin de amedrentar y doblegar a toda la sociedad. El terrorismo en todos los casos considera a las personas medios para conseguir sus fines. Antes de matar fríamente a una persona inocente y desprevenida hay que dar una serie de pasos: convertirla en chivo expiatorio de todos los males, eliminarla simbólicamente y estigmatizarla lingüísticamente (son españoles, txakurras, moros, judíos, cruzados...).

Otra característica común a todos los terrorismos es el carácter totalitario, excluyente y liberticida de su ideología. Puede ser la nación vasca, existente desde tiempo inmemorial y portadora de unos derechos históricos, que están por encima de todo orden jurídico y democrático; o puede ser la quimera teocrática basada en una particular interpretación del Islam, que justifica el aniquilamiento de los infieles.

Tan erróneo sería buscar causas políticas para el terrorismo de ETA como hacer responsable a la política de Aznar respecto a Irak (con la que yo me he manifestado radicalmente disconforme por razones morales, políticas y de ceguera histórica) del atentado islamista del 11-M. La ruptura de los diques de la racionalidad y de los sentimientos humanos más elementales, base del terrorismo, exige siempre una fuerza ideológica endógena que alimente el fanatismo necesario para tan destructiva tarea.

Las democracias deben combatir el terrorismo -precisamente por lo que tienen en común- con medidas policiales, judiciales y legislativas. Pero no basta: el terrorismo exige normalmente ser abordado desde diversas perspectivas. Y los tratamientos deben ser diferenciados, porque los terrorismos también son distintos, porque sus bases ideológicas, sus complicidades sociales y las sociedades sobre las que actúan no son iguales. Sabido es que los ejemplos son traidores, pero arriesgo uno por si sirve para aclarar la cuestión.

Pienso que el terrorismo etarra exige una peculiar labor educativa: enseñar a jerarquizar los valores, proporcionar una visión crítica y no mítica de la historia, criticar el victimismo y los supuestos ideológicos de nacionalismo radical. Algunos no hemos dudado nunca de la oposición al terrorismo del nacionalismo mayoritario, pero nos parecía que no está por la labor de enfrentarse con sus raíces ideológicas.

El terrorismo islamista nos pone ante un peligro infinitamente mayor. Al fin y al cabo, ETA es en Europa un anacronismo residual y premoderno, aunque, quizá por eso, especialmente indignante y doloroso. Pero ahora tenemos delante un terrorismo con una estructura internacional y bien financiada, y que cuenta con una ideología capaz de inflamar multitudes; y, sobre todo, que explota un contencioso histórico de muy hondas raíces, el que se expresa plásticamente en la cruz y la media luna, y que la política occidental, sobre todo norteamericana, lleva muchos años alimentando con una ceguera pasmosa de las complejidades culturales de los problemas políticos del Próximo y Medio Oriente.

El terrorismo islámico tiene causas endógenas de difícil tratamiento: una determinada ideología islámica, que está muy lejos de confrontarse con la razón crítica y de asumir el principio social de la tolerancia y que, para colmo, cuenta con una red asistencial muy eficaz y hasta con regímenes corruptos que la apoyan. La nefasta política norteamericana, a la que tan absurdamente se apuntó el último Gobierno español, no es en absoluto la causa del terrorismo islámico, pero echa todos los días leña al fuego en el que éste busca cobijo y complicidad.

Y para afrontar el terrorismo -el nuestro y el que nos viene de afuera- lo primero es privarlo de soporte social, dejarlo desnudo, para combatirlo sin complejos, pero, eso sí, salvaguardando la libertad, que es precisamente lo que todo terrorismo quiere eliminar.

Negar la evidencia
Ramón Pi El Ideal Gallego 19 Marzo 2004

Es conmovedora la insistencia con que, desde la última terminal mediática hasta el mismo Zapatero en persona, se nos pretende convencer ahora de que no hay ninguna relación entre lo ocurrido los días 11, 12 y 13 de marzo y la votación celebrada el 14. El futuro presidente dice que la victoria del PSOE se ha debido a las ansias de cambio que experimentaba la sociedad española; Javier Pradera sostiene en “El País” que los escaños perdidos por el PP son demasiados para que eso se haya producido en sólo cuatro días. Son dos botones de muestra, pero hay más: este discurso asombroso forma parte de lo que “hay que decir”.

Como Pradera me parece hombre inteligente y Zapatero un político intuitivo, tengo la obligación de pensar que no se creen lo que dicen, porque es una negación de la evidencia demasiado grosera, y no voy a insultarlos de este modo. Pero por las mismas razones he de preguntarme por qué se exponen a tan serio desprestigio entre los que conservan alguna capacidad de discurrir. ¿Puro sectarismo? No creo. ¿Vanidad que se resiste a aceptar la gigantesca carambola? Tal vez algo haya de eso, pero tampoco me parece que haya sido el factor decisivo.

Más bien me inclino a pensar que los socialistas necesitan desvincular las elecciones del impacto de los atentados, en primer lugar porque han percibido que aceptar la sola relación entre el acto terrorista (y su manipulación) y las elecciones significa abrazar el repugnante discurso de Carod-Rovira: Señores terroristas, yo no quiero que atenten en ninguna parte. Pero si atentan, que no sea en nuestra casa. Por otra parte, no pueden prolongar más de lo indispensable la escandalosa traslación de la responsabilidad del atentado a la víctima, al modo como hizo aquella sentencia que absolvió al violador porque la violada llevaba unos vaqueros ajustados. Eso funcionó para ganar, pero ya no más.

En tercer lugar, no pueden admitir la cobardía inmoral de culpar a Aznar de los atentados acusándolo de haber despertado a la bestia con su alineamiento con EEUU y el Reino Unido en la guerra de Irak (a la que Aznar envió cero soldados, y que dijeron entonces no tenía nada que ver con la lucha contra Al Qaeda). Pero a esta tentación han sucumbido no pocos votantes. ¿Cómo iba a ser de otro modo, si ni siquiera los obispos vascos, en su tristemente célebre pastoral conjunta, se pronunciaron contra la Ley de Partidos Políticos usando el mismo ruin argumento, y anunciando grandes desastres terroristas si se aprobaba?

LA VERDAD, TAMBIÉN DESPUÉS DE VOTAR
Editorial ABC 19 Marzo 2004

DURANTE la tarde y noche de la jornada de reflexión, miles de personas cercaron las sedes del Partido Popular, coreando la consigna «queremos la verdad antes de votar». Esta capciosa petición ya encerraba la conclusión de que el Gobierno había mentido al imputar a ETA la autoría del 11-M y que el precio de su mentira habría de pagarlo en las urnas, junto con su culpa política por una matanza que respondería al apoyo prestado a Estados Unidos en la intervención militar en Irak. La ecuación -mentira y culpa- estaba extendiéndose con éxito cercano a la metástasis, porque liberaba la rabia y el dolor causados por el atentado terrorista. De forma subliminal, la progresión de indicios sobre la responsabilidad de grupos integristas islámicos fue activando otras motivaciones de voto contra el PP que hasta entonces estaban silenciadas en el ánimo de muchos electores.

Pero la verdad, como imperativo ético, no se amortiza con el resultado electoral ni consiente ser reducida a la condición de arma arrojadiza, menos aún cuando el fin -derrotar al PP- ha justificado la utilización de medios de acusación y agitación que han empañado la imagen de España, como si fuera una democracia presa del golpismo y la mentira. En estas condiciones, la disyuntiva a la que se ha enfrentado el Gobierno estaba planteada en términos radicalmente excluyentes: o se engañó deliberadamente o se actuó de buena fe. La desclasificación de informes del Centro Nacional de Inteligencia y la aportación de otros documentos policiales y forenses responden a una necesidad crítica del Gobierno. Entre el error y la mentira o el engaño, entre la ocultación y la buena fe, entre el silencio doloso y la responsabilidad institucional media un abismo.

AHORA es el momento de recordar que a las pocas horas de cometerse el atentado ya se propaló la existencia de un terrorista suicida entre las víctimas. El informe de la directora del Instituto Anatómico Forense de Madrid lo desmiente tajantemente. También se anunció la existencia de informes del CNI que consideraban la autoría de Al Qaida al «99,99 por ciento». Acebes presentó los informes emitidos por el CNI. El primero fue elaborado el mismo día del atentado terrorista y en su encabezamiento daba por «casi segura» la autoría de ETA, justificándola a continuación con siete razones en las que no había reserva alguna hacia la banda etarra. Ningún Gobierno responsable habría desatendido el criterio de su servicio de información, menos aún en materia antiterrorista. Forzado por las circunstancias a informar, el Ejecutivo popular no lo hizo basándose en intuiciones o sospechas, sino en el análisis de sus servicios de inteligencia, que contemplaban el «modus operandi» y los antecedentes inmediatos de atentados frustrados, es decir, datos objetivos, para concluir que la autoría era etarra.

HACIENDO una retrospección crítica -con la cautela que esto exige para no caer en el ventajismo-, el Gobierno pudo haber incurrido en un exceso de presencia, en un apremio informativo a la opinión pública, terreno abonado para un énfasis que la astucia, más que la prudencia, habría aconsejado posponer. Sin embargo, también habría sido demoledor -más todavía- haber impuesto un silencio informativo, que es el protocolo que cualquier Ejecutivo democrático, en las mismas condiciones, habría aplicado inmediatamente después del atentado. ¿Qué se habría dicho del Gobierno si hubiera actuado de este modo? Cualquier opción habría conducido al mismo resultado, salvo que finalmente hubiera sido ETA. En todo caso, el error en el procedimiento o en el discurso es una cosa muy distinta de haber mentido, de haber suplantado la autoría de Al Qaida por la de ETA, que es lo que se le imputó al Ejecutivo. Mientras no se demuestre la contrario, el Consejo de Ministros puso ayer sobre la mesa documentos que prueban que el Gobierno no engañó cuando atribuyó inicialmente el atentado a la banda etarra, ni cuando en la noche del 11-M anunció la apertura de una nueva línea de investigación para la hipótesis islamista, ni cuando en los días sucesivos fue informando de los nuevos indicios a medida que iban apareciendo.

El ruido de la polémica ha sido ensordecedor, pero hay otras verdades que se abren paso, como la eficacia excepcional del Cuerpo Nacional de Policía, que, en una semana, ha resuelto policialmente los atentados, al menos en lo que se refiere a los responsables más próximos a su ejecución. El desafío terrorista se ha ampliado con la incorporación del integrismo islamista violento. La matanza no pudo evitarse, pero quedan a salvo la certeza de que la justicia se aplicará a sus autores y la confianza de que PP y PSOE mantendrán su acuerdo en una política de Estado frente al terrorismo.

Tras el 11-M, la propaganda de la calumnia detonó en las urnas la responsabilidad política del Gobierno y del Partido Popular por la gestión de la crisis, pero también concurrió, como catalizador, con otros factores larvados y latentes, que sería un error adjudicar al atentado terrorista y a una supuesta actitud de desistimiento frente al terrorismo. Ha sido el mecanismo implacable de la democracia, cuya aritmética se forma, como debe ser, con la suma de votos, no de razones. Pero la verdad también existe después de las urnas.

La zapatiesta
Amando de Miguel La Razón  19 Marzo 2004

Dios, la que se armó con el holocausto de Madrid, el del infausto 11 de marzo. El alboroto fue tal que los resultados electorales dieron el vuelco, el remolino. Muchos españoles sintieron la necesidad de encontrar una víctima propiciatoria a quien transferir su dolor y echar las culpas. Nadie mejor que Aznar. Votaron contra él los de todos los partidos más que a favor de sus respectivos candidatos. Se repitió el «Maura, no» de hace casi un siglo. Sobre todo los sedicentes intelectuales necesitan ese chivo expiatorio para lavar sus insuficiencias culturales, las de ellos. Lo tengo visto, Aznar embelesa negativamente a esos hoplitas de la cultura subvencionada.

A la izquierda le faltan metas objetivas que proponer y que no hayan sido aceptadas por la derecha (que a sí misma se llama centro, para mayor confusión). En cuyo caso se alza la enseña del antinorteamericanismo.

La gran paradoja del triunfo electoral de los socialistas es que durante toda la campaña repitieron el apotegma de «no hay que utilizar el terrorismo como arma electoral». Sin embargo, la victoria en las elecciones vino por la reacción visceral después de la matanza terrorista del 11 de marzo. Había que votar en contra. Aznar y su mujer votaron bajo el coro de los gritos: «Asesinos». Sí, fueron unos pocos, pero el argumento de que la matanza del día 11 era una consecuencia de la política de Aznar se repitió por parte de los líderes socialistas. Qué casualidad, el mismo argumento lo sacó a relucir el comunicado de la ETA y también el de Al Qaeda. Extraña coincidencia. Como lo es el hecho de que, de todos los dirigentes políticos, Aznar es el único que estuvo a punto de ser asesinado.

Alabo el buen sentido de Zapatero cuando dice que va a defender la Constitución y va a perseguir a los terroristas. Pero ¿lo podrá hacer con soltura si se alía con los nacionalistas? Es más, dice también el de León que va a reforzar la colaboración internacional. ¿Lo hará retirando las tropas de Iraq? Se rompería el principio áureo de «pacta sunt servanda». Es decir, un Gobierno debe respetar los pactos internacionales del Gobierno anterior.

Sea cual fuere el Gobierno que se forme para esta legislatura, una cosa es evidente: el terrorismo va a ser la cuestión primordial. Sólo si el Gobierno se apresta a resolver ese problema podremos asegurar que «nos hemos merecido la España mejor de todos juntos». Para ello es imprescindible que el PSOE vuelva a ser un partido realmente nacional. La cosa es difícil, pues ahora hasta las carreteras nacionales dejan de serlo. Hay una ley de oro en las democracias. A saber, cuando los partidos se hacen nacionales, tienden hacia la moderación. Pero funciona otra ley complementaria, una ley de hierro. Dice así: los partidos nacionalistas tienden a la radicalización. El PSOE debe elegir entre ser verdaderamente nacional o gobernar con los nacionalistas, como lo hace en Cataluña.

La primera víctima
Ángel Cristóbal Montes es catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza La Razón  19 Marzo 2004

Vamos a suponer, en un rapto de locura, que el Plan Ibarretxe saliese adelante y se implantase la libre asociación de Euskadi con España, algo que devendría inevitablemente a corto plazo en la independencia de ese territorio y su configuración como nuevo Estado soberano. Vamos a obviar todos los inconvenientes y problemas internos y externos, a olvidarnos de juegos normativos, de voluntades electorales, de reclamos históricos, y a no apreciar ninguna de las circunstancias que podrían-deberían parar en seco el mencionado plan, incluido el artículo 155 de la Constitución. Y vamos a estimar sobre el papel que al calor de la iniciativa del PNV ha llegado a plasmarse una nueva unidad política soberana: el Estado vasco.

En ese marco parece natural considerar que antes y después de alcanzar la independencia el PNV sería el principal referente gubernamental, incluso reforzado respecto a la actual situación, pues semejante éxito político habría propiciado un importante crecimiento electoral a su favor. Tendríamos, pues, un Estado recién nacido, una mayoría de ciudadanos vascos orgullosos y un vigoroso Gobierno vasco en solitario o presidido por un PNV fuerte, triunfante y feliz por el éxito de su aventura. Pero, ¿qué ocurriría el día después?

La lógica de las cosas parece sugerirnos que si ETA-Batasuna durante más de treinta años había impuesto la lucha armada y el reinado del terror buscando la independencia de Euskadi, lograda ésta, la paz se impondría, cesaría la violencia y en adelante no se daría otra lucha que la legítima lucha política con respeto a las reglas y al juego democrático mayoría-minoría. Un final plenamente feliz y un universo político, prescindiendo de la ética, hasta coherente, pues al PNV le habría servido el movimiento terrorista para alcanzar la independencia y éste habría conseguido a través del PNV lo que nunca habría logrado con el solo empuje de las armas. A la manera de las guerras de liberación del Tercer Mundo, un partido y un grupo de combatientes accedería a la libertad.

¿Ocurrirían las cosas realmente así? Haría falta ser crédulo e ingenuo para pensarlo. Claro que ETA-Batasuna ha buscado siempre la independencia de Euskadi, pero ¿para ponérsela en bandeja al PNV compitiendo con él en elecciones limpias que nunca podría ganarlas? De ninguna manera. ETA-Batasuna desea no sólo la soberanía vasca sino también el gobierno en solitario, la implantación de un peculiar Estado que además de libre sea marxista radical, integrista y revolucionario, esto es, totalitario. Una especie de renacida Albania de Hoxa que rompería lazos con un entorno corrompido y decadente, establecería altas cotas de «pureza» en todos los órdenes, prescindiría de la parafernalia democrática y daría lugar a un mundo vasco auténtico, limpio, eglógico y aislado.

En consecuencia, la independencia de Euskadi no traería consigo la paz, la desaparición de ETA-Batasuna y sus métodos violentos, sino antes bien su reforzamiento y expectativas crecidas. Mientras antes luchaba contra el Estado español, un formidable enemigo que, sin embargo, nunca logró derrotarla plenamente, ahora lucharía en un pequeño Estado vasco, contra un partido de la tierra, el PNV, con una ciudadanía expurgada (el exilio por la independencia habría sido muy fuerte) y complaciente, y con una capacidad de terror, manipulación y dirigismo notablemente incrementada. El resultado de esa lucha no es dudoso: habría toma violenta del poder del Estado (puch), el gobierno del PNV sería abatido y Euskadi caería en sus manos como fruta madura.

Ésta ha sido siempre la historia de los movimientos totalitarios y también la de quienes creyeron que podían convivir y aun servirse de ellos sin peligro. Paradójicamente, el PNV sería la primera víctima en el nuevo Estado vasco y el enemigo por excelencia a batir por ETA-Batasuna en su búsqueda de la Arcadia Euskalduna. Ibarretxe haría bien si leyese con calma «Los orígenes del totalitarismo» de la gran politóloga judeoalemana Hannah Arendt; a lo mejor cambiaba algunos de sus planteamientos.

APUNTABAN A UN ATENTADO DE ETA QUE GENERARA "GRAN CONVULSIÓN"
El Gobierno desclasifica informes del CNI para demostrar que informó puntualmente
El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) informó al Gobierno a las 15.51 horas del pasado día 11 tras los atentados de Madrid que "se considera casi seguro que ETA es la autora de estos atentados". El informe exponía que la banda buscaba la misma "gran convulsión" que generó en 1997 el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco y que desencadenó el Pacto de Estella. El Gobierno ha desclasificado los informe del CNI para reponder a la "campaña de difamación".
EFE Libertad Digital  19 Marzo 2004

El documento expone las primeras conclusiones de los servicios de inteligencia españoles sobre la autoría y consecuencias de la cadena de acciones terroristas "a la espera de que la investigación policial extraiga datos concretos y concluyentes".

La primera conclusión del citado informe es que "se considera casi seguro que la organización terrorista ETA es la autora de los atentados", hipótesis avalada por seis circunstancias. Entre ellas, el que ETA "quiere repetir la estrategia utilizada en el año 1997 con el secuestro y posterior asesinato de Miguel Angel Blanco". "En aquellos momentos, la banda terrorista, que también atravesaba una difícil situación, aunque menos profunda que la actual, quiso encontrar una salida generando una gran convulsión con el atentado contra el concejal popular", agrega el informe.

"Con el impacto social que aquella ejecución anunciada ocasionó, ETA considera que consiguió sus propósitos, pues dirigentes nacionalistas vascos comenzaron a hablar pocas semanas después con representantes de Herri Batasuna, conversaciones que posibilitaron la firma del Pacto de Lizarra en 1998", argumenta el CNI. También se apoya en "la precaria situación de ETA" y expone que "ni las próximas y multitudinarias manifestaciones de repulsa ni la difícil situación en que coloca a sus organizaciones afines son un impedimento para que la dirección etarra haya decidido materializar esta acción criminal, persuadida de que pasado poco tiempo serán mayoritarias las voces a favor de una solución dialogada del 'conflicto vasco'".

Faltaba el suicida para atribuírselos a Al Qaeda
El CNI señalaba que "no puede afirmarse que alguna organización ligada a la Yihad internacional pudiera ser responsable de la ejecución de estos atentados" e indicaba que, "pese a existir ciertas similitudes en cuanto a los procedimientos utilizados y el objetivo genérico atacado -medios de transporte públicos- por los realizados por grupos terroristas islámicos radicales, las coincidencias son lógicas en un atentado de esta magnitud". "Falta una de las huellas más significativas de este tipo de atentados: el terrorista suicida. La circunstancia de que hoy se cumplan exactamente tres años y medio (sic) del 11-S en Estados Unidos no tiene ninguna relevancia o significado para los grupos terroristas islámicos", recalca.

Asimismo, el Ejecutivo divulgó la carta remitida el martes por la directora del Instituto Anatómico Forense de Madrid, Carmen Baladía, al director general de Relaciones con la Administración de Justicia, Carlos Lesmes, en la que le informaba del resultado de las 192 autopsias practicadas hasta ese momento. En esa misiva, Baladía aseguraba que "en ningún caso se han encontrado datos o signos indiciarios con base científica que permitan suponer la existencia de un suicida entre las víctimas".

El comunicado de Abu Hafs
Otro informe del CNI desclasificado analiza el comunicado enviado por las Brigadas Abu Hafs Al Masri al diario árabe editado en Londres Al Quds en el que reivindicaba la autoría de los atentados. En sus conclusiones, el CNI dice que "resulta altamente probable que el comunicado de reivindicación haya sido efectuado por una persona efectivamente vinculada a la Yihad internacional, pero carente del predicamento suficiente en la organización como para hablar en su nombre".

"Sus conocimientos de los textos, religiosos e históricos en que se basa el islamismo radical están claramente implícitos en el texto del comunicado", según las conclusiones, en las que se añade que "las referencias a España también demuestran un conocimiento suficiente de la historia y realidad española como para deducir la residencia en España actual o pasada del autor del comunicado". Por todo ello, según el CNI, "esta reivindicación pudiera haber sido efectuada utilizando textos de anteriores reivindicaciones, incluso falsas o no suficientemente contrastadas, pero, en cualquier caso, dudosas".

El hallazgo de la furgoneta
El Gobierno también ha distribuido el informe del subdirector general operativo de la Policía, Pedro Díaz Pintado, en el que detalla el hallazgo de la furgoneta Renault Kangoo en la que se hallaron siete detonadores y una cinta de casete con versículos del Corán en árabe, además de restos de explosivos, lo que provocó que se abriera una segunda línea de investigación. Se explica en el informe que la furgoneta fue encontrada en torno a las 11.00 horas del día de los atentados en Alcalá de Henares y sobre las 15.30 horas, después de ser inspeccionada por un perro adiestrado, llegó al Complejo Policial de Canillas, donde se procedió a su inspección y fueron hallados los objetos citados.

También se hizo pública este jueves la comunicación que la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, remitió a diversas embajadas y consulados españoles en la que les informaba de que Acebes había "confirmado la autoría de ETA", basándose en "el explosivo utilizado y el patrón utilizado" en los atentados. La ministra emplazaba a los diplomáticos a "aprovechar aquellas ocasiones que se le presenten para confirmar la autoría de ETA de estos brutales atentados, ayudando a disipar así cualquier tipo de duda que ciertas partes interesadas puedan querer hacer surgir en torno a quién está detrás de estos atentados".

El ministro del Interior, Angel Acebes, dijo este jueves que el Consejo de Ministros ha tomado la decisión de desclasificar los informes del CNI para poder acreditar "la veracidad de las afirmaciones del Gobierno en todo momento" sobre la posible autoría de los atentados.

La Policía detiene en Oviedo al español que vendió la dinamita a los terroristas en Avilés
Además de 110 kilogramos de goma 2, el español capturado vendió a los criminales los detonadores, que corresponden a una modalidad que se utiliza en las canteras
D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC 19 Marzo 2004

MADRID. Ya está detenida la persona que vendió la dinamita a los autores de la matanza del 11-M. Se trata de un hombre, de nacionalidad española, que fue arrestado ayer en Oviedo. La goma-2. modelo eco, -se calcula que unos 110 kilos- fue adquirida el pasado mes de febrero en Avilés por unos individuos marroquíes, que también compraron a la misma persona los detonadores. Además de este arresto, en la noche del pasado miércoles la Policía realizó otros cuatro, tres en Alcalá de Henares y uno en Madrid. Uno de estos últimos habría participado de forma directa en los atentados. De confirmarse esta sospecha, el nombre del capturado se sumaría al de Jamal Zougam, a quien también se considera autor material de la matanza. Al mismo tiempo, los investigadores creen tener identificados al resto de autores materiales. Serían cuatro individuos a los que la Policía no ha podido detener al encontrarse huidos de sus respectivos domicilios. No obstante, se piensa que ninguno de ellos ha conseguido salir de Madrid, por lo que se cree que aún permanecen escondidos en diferentes barrios de la ciudad o en localidades limítrofes.

Ayer, cuando se cumplía una semana del salvaje atentado, las Fuerzas de Seguridad ya tenían prácticamente encajadas las piezas de la investigación que, sin descanso, están desarrollando. Así, agentes policiales creen que la célula que cometió la matanza podría estar integrada por unos doce individuos, de los que seis habrían intervenido directamente en los atentados. Ya no les cabe duda alguna de que todos ellos son activistas de una facción radical del extremista Grupo Islámico de Combatientes Marroquí, autor de los atentados cometidos en mayo del año pasado en Casablanca, entre ellos el perpetrado contra la Casa de España.

Los investigadores consideran que el responsable de la célula recibió la orden de llevar a cabo los atentados en Madrid por boca de un jefe del Grupo Islámico de Combatientes o bien por alguno de los coordinadores en Europa de la red terrorista de Osama bin Laden. Este cabecilla habría fijado la fecha -antes de las elecciones del 14-M, ya que está claro que el cometido de los terroristas era desestabilizar la democracia española-, pero no así el objetivo directo de los atentados ni su procedimiento. Las fuentes consultadas creen que el método y los lugares fueron «cosa» de los miembros de la célula. Es decir, eligieron, como suele ser habitual entre los terroristas, la zona que más podían conocer y el «modus operandi» que menos dificultades presentaba.

Por ello, en medios de la investigación se apunta que en las citas y reuniones que tuvieron para preparar la matanza, uno o dos miembros de la célula fueron los que «aportaron la idea» de colocar las bombas en trenes de cercanías procedentes de la zona Este. Habrían hecho esta «aportación» porque conocían, y luego reconfirmarían, que en el intervalo de quince minutos salen a diario de la estación de Alcalá de Henares -tres de las últimas detenciones se realizaron en esta ciudad- cuatro trenes que tienen por destino Atocha. Además era fácil, como los trágicos hechos han puesto de manifiesto, introducir en los vagones las bolsas de viaje en las que se ocultaban las bombas.

Los investigadores están convencidos de que todos los artefactos, cada uno de ellos contenía unos ocho kilos de dinamita goma-2 reforzada con clavos, fueron introducidos en los trenes en la estación de Alcalá de Henares. Las dejaron junto a otros efectos de viaje para no levantar sospechas y luego se bajaron. Por ello, desde un primer momento se descartó que uno de los cadávares correspondiera a un kamikaze.

Para llegar a los aledaños de la estación de Alcalá de Henares, la Policía cree que los terroristas utilizaron dos vehículos: la furgoneta «Kangoo» hallada horas después de la matanza y otro que no ha sido localizado. Los investigadores mantienen esta teoría ya que la persona que les informó de la presencia sospechosa de la furgoneta dijo que en su interior sólo vio a tres individuos, por lo que se cree que el resto de terroristas tuvieron que llegar a bordo de otro vehículo. Ayer, ABC informó de que la furgoneta localizada no tenía ninguna de sus cerarduras forzada; más aún, sus llaves fueron encontradas en su interior, así como las del domicilio de su propietario, quien denunció la sustracción de su vehículo el 27 de febrero pasado.

Cómo y dónde los criminales se hicieron con la dinamita era otra línea de investigación que después de intensas horas de trabajo está ya explorada. De hecho, ayer en Oviedo fue detenido un hombre de nacionalidad española bajo la acusación de haber vendido en Avilés a los terroristas la dinamita, en concreto 110 kilogramos de goma-2, modelo eco. Los terroristas adquirieron también allí los detonadores que están revestidos de cobre y que son los que habitualmente se utilizan en las canteras.

Respecto a las bombas, los especialistas afirman que no tienen «ningún misterio» y que su confección es «sencilla» para cualquier persona que esté relacionada con la delincuencia terrorista. A los investigadores ni siquiera les ha llamado la atención la utilización de móviles como temporizadores, ya que es un procedimiento de sobra conocido y utilizado por activistas de Al Qaida.

Y fue precisamente un teléfono el que llevó a la Policía a practicar las primeras detenciones, el pasado sábado. La numeración de la tarjeta activa colocada en el móvil que había en la bomba que no estalló en la estación de El Pozo condujo a los agentes a Alcorcón. Allí, los dos indios, Vinay Kohly y Suresh Kumas, que regentan un establecimiento de decomiso, tenían como «cliente habitual» a Jamal Zougam. Este marroquí, cuyo nombre era de sobra conocido por la Policía, había comprado recientemente una partida de tarjetas activa y 14 teléfonos. Los agentes se dirigieron al locutorio que tenía en la calle Tribulete y allí mismo fue detenido junto a su hermanastro Mohamed Chaoui y su empleado Mohamed Bekkali.

Las declaraciones de Zougam en el sentido de que había vendido a no sabe quién las tarjetas que adquirió en Alcorcón no encajaban con los datos que iba obteniendo la Policía en los diferentes frentes de investigación que mantiene abiertos. A ello se unen otros datos, como sus estrechas relaciones con «Abu Dahdah», hoy en prisión como presunto responsable de la red Al Qaida en España y por sus conexiones con individuos que están acusados de haber cometido los atentados de Casablanca. De hecho, se tuvo conocimiento de que Zougam salió de Marruecos con destino a España -lleva residiendo aquí catorce años- días después de estas acciones criminales.

Prueba en el locutorio de Zougam
Si la Policía sospecha que Zougam intervino en la matanza del 14-M, del locutorio que regentaba en Lavapiés han surgido las pistas que desembocaron en la noche del miércoles en la detención de cinco personas, tres en Alcalá de Henares, una en Madrid y otra en Oviedo. En concreto se halló una anotación de un número de teléfono correspondiente a uno de los detenidos que podría probar su participación directa en los atentados.

Pese a que aún quedan por detener cuatro terroristas, los investigadores se manifiestan satisfechos del curso de sus indagaciones. Pero al tiempo destacan que la prudencia y la cautela son también armas eficaces para dar con el paradero de los asesinos y saber de dónde partió la orden.

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