AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 24 Marzo 2004
Criminales buenos y malos
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  24 Marzo 2004

AL QAIDA ESTÁ AQUÍ
VALENTÍ PUIG ABC 24 Marzo 2004

LAS AMISTADES PELIGROSAS
Jaime CAMPMANY ABC 24 Marzo 2004

Ideas fijas
Pío Moa Libertad Digital  24 Marzo 2004

APRENDER DE LOS ERRORES
Florentino PORTERO ABC 24 Marzo 2004

El valor
David Gistau La Razón  24 Marzo 2004

Solvencia frente a insolencia
Ignacio Villa Libertad Digital  24 Marzo 2004

Cruce de líneas
José Javaloyes Estrella Digital  24 Marzo 2004

La senda de la claudicación
Román Cendoya La Razón  24 Marzo 2004

ZAPATERO Y LA POLÍTICA DE ALIANZAS CRUZADAS
Editorial ABC 24 Marzo 2004

El día de los micrófonos infames
José Clemente La Razón  24 Marzo 2004

Israel no se rinde
Lucrecio Libertad Digital  24 Marzo 2004

13-M: el golpe de una estructura organizada
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  24 Marzo 2004

ZP, profesor de Lógica
José García Domínguez Libertad Digital  24 Marzo 2004

El tormentoso camino al poder
Jorge Vilches Libertad Digital  24 Marzo 2004

Contra el terror
CARLOS G. REIGOSA La Voz 24 Marzo 2004

Al Qaida sobre una urna
Andrés MONTERO GÓMEZ La Razón  24 Marzo 2004

Unidad frente al terrorismo
Cartas al Director ABC 24 Marzo 2004

Al lehendakari
Nino Muñoz Vitoria-Gasteiz  El Correo 24 Marzo 2004

 

Criminales buenos y malos
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  24 Marzo 2004

Las sensaciones y el desgarro que en este momento abruman a los familiares de las 190 personas asesinadas el jueves 11 de marzo en Madrid, a los 1.500 heridos y a las decenas de miles de personas afectadas por la masacre son idénticas a las que durante treinta largos años han experimentado los familiares de las casi mil personas asesinadas por la organización terrorista ETA, los cuatro mil heridos provocados por estos criminales y los miles de personas que han visto cómo cambiaban sus vidas después de resultar afectadas por el terrorismo nacionalista vasco. Son sentimientos y certezas parejos, aunque la percepción de la sociedad sea diferente: en el caso de Madrid ha sido un espanto en forma de riada; en el caso del terrorismo nacionalista, el espanto ha sido una tortura por dosis, alargada en el tiempo. En el caso de Madrid ha habido el bálsamo de una emocionante respuesta social, humana, ciudadana, política; en el caso del terrorismo nacionalista, los crímenes se han producido con el dolor añadido de la soledad, la incomprensión, el insulto y la crítica a las víctimas hasta hace muy poco tiempo.

En esta situación de conmoción duradera, de infinita tristeza y dolor por la muerte masiva, algunos sentimos la necesidad de ver algo positivo: ojalá a partir de ahora la percepción que los ciudadanos españoles -vascos incluidos- tengan del terrorismo, de sus consecuencias, fieramente humanas y también políticas, no precise de más explicaciones. Ojalá, a partir de ahora, nadie tenga siquiera una brizna de comprensión o justificación para quienes asesinan de forma industrial, sea de golpe o por porciones. Ojalá, a partir de ahora, aquéllos que han justificado el terrorismo nacionalista se den cuenta de las dimensiones verdaderas de la muerte, porque 190 muertes de golpe no pueden hacer buenos a los que han asesinado a casi mil por entregas; más bien al contrario, deben servir para que quede clara su verdadera faz de una vez por todas y para todos. Ojalá, en fin, los que se han espantado con esta masacre ya no puedan alegar ignorancia sobre lo que es el terrorismo: muerte, dolor, sufrimiento. Lo que hemos visto en Madrid en un día, lo que hemos visto en toda España durante treinta años.

Ha sido significativo ver cómo líderes nacionalistas sostenían, en las horas inmediatas a la masacre, que se sentirían liberados -como si se quitaran una losa de encima, decían midiendo mucho sus palabras- en el caso de que ETA no resultara ser la autora de la masacre. Lo cierto es que desde Ibarretxe hasta Saramago, desde Imaz o Balza hasta gentes que siempre han apoyado a ETA, todos ellos vieron como verosímil el que ETA hubiera cometido el crimen. Digamos que el grupo terrorista tiene una acreditada trayectoria criminal, suficiente cúmulo de antecedentes penales como para que se viera factible que hubiera llevado a cabo la matanza. Esta percepción también la tuvimos otros muchos, alejados del nacionalismo, lo cual viene a corroborar que gentes muy distintas coincidimos en pensar que ETA era capaz de semejante barbarie. Sencillamente porque ya la había cometido antes, aunque no todos se hubieran dado cuenta de ello.

Malo sería que a partir de ahora los interesados en tratar de presentar a los criminales de toda la vida como bandidos buenos se salieran con la suya: si 190 asesinados han hecho ver a algunos la verdadera dimensión del terrorismo, no tienen más que imaginarse la conmoción que habrían sufrido si hubieran visto asesinadas de golpe a mil personas, las que ha asesinado el terrorismo nacionalista vasco. Ojalá los pocos que quedaban en la inopia se hayan caído, por fin, del guindo.

Conviene también dejar claro que el único responsable del atentado terrorista es, siempre, el que lo comete. Obviedad que, como otras, ha costado años dejar sentada en España y que parece que hay que volver a explicar ahora. Durante demasiado tiempo ha funcionado en nuestro país la mentirosa teoría del contexto, según la cual los crímenes de ETA han sido culpa de las víctimas, responsabilidad del franquismo, de la UCD, de los gobiernos socialistas o de Aznar; en ningún caso de los criminales de ETA, que parecían matar porque no les quedaba más remedio y asesinaban al parecer en un gesto de solidaridad bondadosa. El terrorismo nacionalista, y algunos de sus mariachis, se han empleado a fondo durante años en despejar sus culpas a corner y en hacer recaer en los asesinados, y en quienes les defendíamos, una inventada y tramposa culpabilidad. Caso extremo de maldad y caradura que, sin embargo, ha embaucado a bastantes durante demasiados años. De manera que la responsabilidad de los 190 asesinados recae exclusivamente en quienes han puesto las bombas, en quienes han organizado el crimen; como la responsabilidad de la masacre que se llevó por delante la vida de tres mil personas en las torres gemelas sólo puede ser achacada a los criminales que cometieron la matanza, o la responsabilidad de las 168 personas asesinadas en Oklahoma, en 1995, es, en exclusiva, del criminal Timothy Mc Veigh, que se declaró autor del atentado. Los asesinos siempre se adornan en su supuesta y abnegada bondad y echan la culpa a los otros, sean los otros quienes fueran. En nuestro caso hemos visto también cómo se recurría a todo tipo de artimañas para establecer la culpa en el asesinado. Lo cierto es que no hay contexto, coartada o justificación para el asesinato, y menos aún para el asesinato en masa, porque de lo contrario nadie sería culpable de nada y ya sabemos que eso no es cierto. Rodeemos de cariño a las víctimas y no nos dejemos engañar por los criminales

AL QAIDA ESTÁ AQUÍ
Por VALENTÍ PUIG ABC 24 Marzo 2004

MÁS bien se peca de contención expresiva al afirmar que Al Qaida es una presencia maligna, destructiva y opresora. Europa tiene miedo y España ha quedado profundamente empapada con el dolor insostenible del 11 de marzo. Ahora sería un error catastrófico pensar que Al Qaida deja de existir porque las elecciones generales han conllevado un cambio de gobierno en España, del mismo modo que se espera del nuevo gobierno que -sin descartar la hipótesis de una conexión entre ETA y Al Qaida - prosiga de la forma más eficaz la lucha contra las redes de una organización terrorista tan capaz de adaptarse al terreno, estar al acecho y proceder a mutaciones de comportamiento muy aceleradas.

Si ETA busca la destrucción de España, Al Qaida parece haber iniciado una ofensiva para libanizar Europa. Es un candor de alto riesgo ignorar que Bin Laden se propuso la reconquista de España mucho antes de la intervención aliada en Irak: para su regresión atroz al Califato, el totalitarismo islamista se alía con la alta tecnología, la espingarda cede el paso al terror de la era digital. Anteriores a la intervención en Irak, las amenazas de Bin Laden a España se refieren al sueño dorado del Islam, el Al Andalus que concluyó tras la conquista de Granada. Dimana de la patología extrema del antioccidentalismo y de la revancha del terror contra un mundo que alguien como Bin Laden ve corrompido por la libertad. Es en el mundo rarefacto y exaltado de las «madrasas» donde se propaga la teología del terror.

La infraestructura de Al Qaida en España no es una realidad menor. Tres meses antes del atentado contra las Torres Gemelas de Manhattan, la policía española detuvo en Alicante al algerino Bensakhira, a quien se consideraba el lugarteniente de Osama bin Laden en Europa. En julio de aquel 2001 los pilotos-suicida que iban a demoler las torres de Manhattan se reunían en Tarragona. Mohamed Atta estuvo aquí. El sirio con pasaporte español Imad Eddin Barakat oficiaba como jefe de la célula española de Al Qaida . Bin Laden dio la orden de ataque por el teléfono satelitar Ogara Network, desde entonces desconectado. En España las detenciones después del 11-S fueron numerosas y se hizo patente que la organización terrorista de Bin Laden mantenía ramificaciones insospechadas y plenamente operativas. Así llegamos a la desolación y la furia del 11 de marzo, de la mano del totalitarismo teocrático. Otro teléfono de la muerte habrá servido para sentenciar las vidas de doscientos ciudadanos en Madrid. Bin Laden maneja sus finanzas por internet, recluta nuevos terroristas, busca la adhesión de pilotos y personal de vuelo, puja en los mercados de armamento nuclear, químico y biológico.

Al otro lado del estrecho de Gibraltar, Osama bin Laden ha otorgado franquicia al Grupo Islamista Combatiente Marroquí o a la Salafiya Djiihadija. Atentaron en Casablanca hace casi un año y actualmente son una pista clave en la matanza del 11-M. Todos viven para la guerra santa y muchos estuvieron en la guerra de Afganistán, junto a Bin Laden. La mayoría de sospechosos identificados por las policías europeas procede del norte de Africa, aunque parece ser que su conexión efectiva con el fanatismo radical se produce por lo general después de llegar a Europa.

El totalitarismo islamista se fundamenta en la logística de un terrorismo sin fronteras. Constituye una flagrante declaración de guerra contra los valores y en definitiva contra la existencia de Occidente. Esa es una ofensiva a la que los Estados han de responder con la inteligencia y la fuerza pero -como dice André Glucksmann, imprescindible «mâitre à penser» en época de tanto amedrentamiento intelectual- lo esencial de la batalla está en las mentes de todos los ciudadanos: que expresen claramente que no se dejarán aterrorizar. España, Europa, el mundo entero: Al Qaida ha atentado en los cuatro puntos cardinales. Al constatar hasta donde han podido llegar las cosas, hoy lo más acertado sería abreviar los prolegómenos para articular una globalización de la seguridad frente a organizaciones terroristas que como Al Qaida -según algunos expertos- tienen naturaleza de protoplasma flexible, amorfo, móvil, nómada, transnacional, global, desterritorializado, dinámico e imprevisible.

En unos días se reunieron en Bruselas los principales líderes políticos de la Unión Europea para hablar de terrorismo: vale más tarde que nunca. Es un signo positivo que la OTAN haya incrementado sus patrullas antiterroristas en aguas del Mediterráneo con un perímetro que incluye la España oriental, el sur de Francia y la Italia occidental, así como Túnez y Argelia. Se prevé la adopción de una cláusula de «solidaridad» que obligue a los socios a asistir al país-miembro que sea objeto de un ataque terrorista aunque hasta hora la solidaridad ante el riesgo no ha sido el rasgo más específico de la Europa política. Está en no pocas mentes la idea de instituir un «pool» de servicios de inteligencia que opte a operar a escala europea. Son decisiones de urgencia, tan necesarias como un mensaje nítido de no ceder ante la extorsión sanguinaria de Al Qaida . Si la Unión Europea entra en pánico ante la operatividad del «Komitern» islamista mostrada en el macroatentado de Madrid, habremos ingresado en una etapa de nuevas fronteras, de populismos xenófobos, de incertidumbre económica, de grandes recelos, de inanición política y de rendición moral. Va a padecer el equilibrio entre libertad y seguridad. Sería la Europa-rehén, castigada por haber sido la Europa de la Ilustración y de las catedrales.

Respecto a la posición anunciada por Rodríguez Zapatero, un editorial del semanario norteamericano «The New Republic» argumenta: «Al Qaida quiere que las tropas aliadas se vayan de Irak ; España no debe aparecer como que está haciendo lo que Al Qaida quiere. Los Estados Unidos y Gran Bretaña deben cumplir con su parte para dar a Zapatero la cobertura política que necesita para hacerse atrás de su promesa electoral. Francia y Rusia deben hacer lo mismo. Han de trabajar con rapidez para elaborar con efectividad una resolución del Consejo de Seguridad que refuerza el «placet» de las Naciones Unidas a los esfuerzos de la coalición». Estamos exactamente en esta fase y gobernar no es lo mismo que estar en la oposición. Lo sabe incluso Bin Laden y nosotros sabemos que Al Qaida está aquí.

LAS AMISTADES PELIGROSAS
Por Jaime CAMPMANY ABC 24 Marzo 2004

LO peor de lo que le sucede a Zapatero, que se mantiene a pata coja sobre una mayoría minoritaria, no es que tenga enfrente un partido de nueve millones de votantes y de políticos claramente mejor preparados que los suyos. Lo peor de todo es que, para formar gobierno, tendrá que contar con sus amigos, y sus amigos son todos ellos «liassons dangereux», amistades peligrosas. Y además tiene el enemigo dentro.

El enemigo principal de Zapatero se llama Maragall, que ha llevado al socialismo a la trampa saducea del tripartito. Pasqual Maragall se ha situado muy lindamente fuera de la más elemental disciplina de partido, y desde esa posición intenta además imponer su criterio. Está ensayando así en el Partido Socialista lo que aspira hacer con España desde Cataluña. Maragall opina y obra por su cuenta y riesgo, y mantiene junto a sí a los separatistas catalanes, cada día más envalentonados, y a ese Carod-Rovira que parece atacado de delirium tremens, que pide ser ministro del Interior para seguir hablando con los etarras, que ha pactado estrategias conjuntas con el sector rabioso del nacionalismo vasco y que propone meter a Batasuna en un pacto antiterrorista, que es como meter al demonio en una cruzada contra el Infierno.

El delirante y sus esquetarras republicanos disponen de ocho escaños en el Congreso de los Diputados, ocho escaños que pueden serle imprescindibles a Zapatero en algún momento de la legislatura, y cuyo precio lo pondrá Carod por las nubes. No se comprarán por tres pesetas como aquellos que compraba el conde de Romanones, y ni siquiera podrán ser comprados por dinero. Se venderán por unas concesiones políticas inadmisibles para los españoles, sean o no socialistas. Los nacionalistas vascos, por boca del lehendakari, ya han anunciado su propósito de cambiar sus votos por Plan Ibarreche. Y es de temer que los votos que los peneuvistas del Plan y los catalanes del «mapa» acudan en socorro de Zapatero cogiditos de la mano y con la misma letra de la canción para pedir el aguinaldo.

Ya veremos el petitum que presentan los comunistas de Llamazares, abrasados y casi extintos como grupo parlamentario por culpa del voto útil. Cuando sean necesarios, intentarán obviamente magnificar su ayuda. Ya están acostumbrados a pedir a estos socialistas (con Felipe González no había caso) el sol, la luna y las estrellas, y ya les dio una vez el firmamento entero por obra y gracia del pródigo Rafael Simancas, a quien tuvo que incapacitar por ello el electorado. Eusko Alkartasuna, el Partido Andalucista y el Bloque Gallego se han quedado en nada, aunque ya se sabe que el grano que no hace granero ayuda al compañero, y el Bloque ya ha adelantado alguna exigencia difícil de satisfacer.

Quedan los votos de Convergencia i Unió y de Coalición Canaria, que habrían sido los aliados naturales del PP en caso de que las elecciones hubiesen producido unas matemáticas parlamentarias a la viceversa de las actuales. No parece fácil que todas las propuestas legislativas de este felipismo resurrecto puedan ser aceptadas por esos dos partidos. Oscuro e incierto se presenta el reinado de Witiza.

PP
Ideas fijas
Pío Moa Libertad Digital  24 Marzo 2004

En los análisis que haga el PP sobre las elecciones no faltará la idea de que el error decisivo consistió en haber perdido “el centro”, a causa de la decisión de apoyar la guerra de Irak. Con esa decisión, Aznar se habría distanciado de la opinión pública y caído en el “aislamiento de la Moncloa”. Este punto de vista me parece inútil porque la corrección del supuesto error es imposible. A mi juicio, el error estuvo más bien en no haber explicado adecuada y machaconamente una decisión tan arriesgada, una vez se tomó. En no poner a la defensiva a quienes apoyan o son indiferentes a guerras mucho más sangrientas, pero rechazaron ésta por aversión a la democracia y a Occidente, para ellos sinónimo de “imperialismo”, como afirmaba la propaganda soviética ¡todavía tan efectiva! En estas cuestiones lo peor es quedarse a medias, y el PP no sólo se ha quedado a medias, ha trabajado contra sí misma. Las televisiones oficiales y los medios afines mantuvieron sobre Iraq e Israel, entonces y en todo momento, una línea desinformativa prácticamente igual a la del PSOE.

Como observaba Rodríguez Herrera en su Carta abierta, el gran déficit del PP ha sido la batalla de las ideas. Al parecer predominan en su seno quienes creen suficiente la política, y esperan que la gente se convenza por el balance técnico de una gestión. Un buen balance político es, por supuesto, indispensable, pero no suficiente, como sabe la izquierda desde tiempo inmemorial. Lo primero que hizo el PSOE cuando llegó al poder, recuérdese, fue precisamente instrumentalizar la televisión en pro de su visión de la historia y de la sociedad actual, basada en muy buena medida en la teoría de la lucha de clases. Y su propaganda ha calado tanto que la misma derecha la ha aceptado en parte, y jamás le ha opuesto una crítica clara y resuelta, salvo en círculos restringidos.

Un amigo me ha hecho notar cómo, en general, la izquierda ha ganado las elecciones cuando la participación ciudadana ha sido alta. Esto significa que una gran masa de población puede ser poco afecta al PSOE o a los partidos nacionalistas, pero en ningún caso votará al PP. Puede renunciar a veces, por asqueo, a votar a la izquierda o a los nacionalistas, pero no transferirá su voto a la derecha nacional. Y no lo hará porque una propaganda martilleante, a lo largo de casi treinta años, ha grabado en su mente algunas ideas fijas sobre la derecha: ésta representa a los ricos, a los pijos, es “anticatalana”, o “antivasca”, incluso antiespañola, porque su patriotismo residiría en su cuenta bancaria, estaría vendida al imperialismo yanki, y nunca habría dejado de ser “facha”.

Demasiados millones de personas están influidos por esas ideas fijas, a las cuales contribuye también cierta versión demagógica del catolicismo. Siendo así, por muy bien que lo haga el PP siempre será mirado con sospecha, y ningún error le será perdonado, mientras que al PSOE le ocurre lo contrario. En consecuencia, la derecha sólo podría gobernar cuando los fallos de la izquierda fueran tan grandes que desanimaran de votar a sus simpatizantes. Mala perspectiva, porque históricamente y ahora mismo, la izquierda ha demostrado su talante antidemocrático y su proclividad a la violencia.

Según algunos, se trata de “un hecho sociológico” inevitable, con el que habría que contar. Pero ese hecho sociológico no tiene nada de irreversible, si se entiende dónde está su raíz. Y su raíz está mucho menos en la masiva difusión de las ideas izquierdistas que en la falta de respuesta adecuada a ellas. Creo innecesario poner ejemplos. Este fallo, al revés que el apoyo a la guerra contra Sadam, sí puede corregirse en el futuro.

No sabemos si ahora van a cambiar las cosas. Quizá prevalezca en el PP el análisis contrario, el argumento de que la batalla de las ideas perjudica, “crispa” la situación y asusta al “centro”. No me extrañaría nada. En todo caso, si sucede de otro modo, dicho partido se encontrará con que el fruto de estos ocho años, casi totalmente desaprovechados en ese terreno, será una drástica reducción de las posibilidades de llegar a la población: el “invierno mediático” previsto por Jiménez Losantos. La izquierda no va a tener la timidez ni los escrúpulos del PP a la hora de adoctrinar a las masas. La corrección, aunque muy necesaria, va a exigir un gran esfuerzo.

APRENDER DE LOS ERRORES
Por Florentino PORTERO ABC 24 Marzo 2004

Nadie puede devolver la vida a las víctimas de los atentados terroristas del 11-S, pero Estados Unidos será un país más unido, más fuerte y más capaz de adaptarse al nuevo entorno estratégico si analiza en profundidad y saca las consecuencias correctas de aquella tragedia. En una democracia esa reflexión debe hacerse, sobre todo, en la sede del poder legislativo y desde allí nos llegan los ecos del intenso debate que desde hace años se viene desarrollando sobre los fallos y aciertos de las políticas seguidas.

La Administración Clinton valoró seriamente la amenaza, pero en ese tema, como en tantos otros, no pasó de las palabras. El equipo de Bush dio prioridad a otros problemas, aunque tras la tragedia demostró coraje y asumió grandes riesgos políticos para mejorar la seguridad de su país. Su mensaje caló, pero con el tiempo la ciudadanía empezó a no entender la relación entre islamismo radical e Irak, lo que se ha visto agravado por la no aparición de los arsenales de armas de destrucción masiva. Los servicios de inteligencia habían realizado un excelente trabajo teórico al definir las características de la amenaza terrorista, pero demostraron una alarmante ineptitud para combatirla, atrapados en un espíritu burocrático y faltos de analistas especializados en el Islam.

El mundo civilizado se encuentra ante una seria amenaza, que caracterizará las próximas décadas. La capacidad de las democracias occidentales, y de Estados Unidos en concreto, para combatirla depende de que los ciudadanos entiendan su naturaleza y asuman una estrategia en el largo plazo. Eso sólo se puede lograr después de una reflexión en profundidad sobre cuáles fueron los fallos que se cometieron y de una seria labor pedagógica de las fuerzas políticas para preparar a la ciudadanía. Su ausencia o el uso partidista de la política de seguridad sólo lograrán debilitar la cohesión social y facilitar el camino para los objetivos de las organizaciones terroristas.

El valor
David Gistau La Razón  24 Marzo 2004

El valor es una cualidad aristocrática. Tanto es así que, según Aristóteles, las democracias no deben consentir a los héroes ¬ni por tanto el valor como principio¬ porque una sola excelencia individual opacando al resto impide la igualdad. En ese sentido, el advenimiento de Zetapé no amenaza la igualdad dentro de la mediocridad de masa orteguiana en que se basa la estabilidad de la democracia española, que no se consiente el valor ¬ni por tanto la excelencia¬ ni aun cuando le matan a doscientos. La americana es la única democracia que ha fundado una nueva Edad de los Héroes sin por ello acabar en el totalitarismo, que es lo que le ha ocurrido a Alemania cada vez que ha intentado lo mismo.

Refiriéndose a nosotros, un congresista de Bush ha dicho que no esperaba tamaña cobardía de un país de cuya valentía da prueba «esa cosa de los toros». Según Agustín de Foxá, «esa cosa de los toros», que consiste en que un caballero con espada y escuderos se enfrenta a un dragón, no representa el carácter actual de la democracia española, pues es la reminiscencia aristocrática de una nación, España, que clausuró su propia Edad de los Héroes con la muerte en batalla de Juan de Austria, último de los españoles que «todo lo sufrían en cualquier asalto, sólo no sufrían que les hablaran alto». Ni que les mataran a doscientos, que después de Atocha don Juan de Austria no se habría retirado de ninguna parte y aun habría ahorcado por cobardía ante el enemigo a cualquiera que lo hubiera sugerido, así fuera un tertuliano de la Ser.

Pero la España de Zetapé no consiente al héroe porque la humilla la comparación y por eso ha desterrado el valor como principio aristocrático incompatible con el advenimiento de la canalla. Zetapé no es que sufra que le hablen alto. Es que se come sin parpadear hasta los zambombazos y luego arría bandera. Bienvenidos a la Edad Democrática. Antes de entrar, dejen en el guardarropa el orgullo, que nos van a dar collejas, por cobardes, hasta los mapuches.

Aznar en Tele 5
Solvencia frente a insolencia
Ignacio Villa Libertad Digital  24 Marzo 2004

La entrevista a la que se ha sometido el presidente Aznar en la cadena de televisión Tele 5 ha servido para que el Jefe del Ejecutivo –en funciones– dejara claro, para tantos y tantos que se han dejado engañar, que José María Aznar es un político solvente, coherente, recto y serio. Unos calificativos que, por desgracia, no son habituales en la vida política española. Aznar se va del poder, lo hace de una forma que nadie había previsto, pero se va por la puerta grande de la consistencia política. El presidente del Gobierno está muy afectado por todo lo que ha pasado, es algo que salta a la vista; pero, por encima de las cornadas, Aznar ha mantenido hasta el final su entereza política. Y eso no pasará desapercibido a los ciudadanos españoles.

Aznar ha acudido a Tele 5 en su primera entrevista después de la derrota electoral. Es verdad que esa cadena de televisión no es territorio amigo para el dirigente popular, pero también es cierto que este presidente del Gobierno se crece ante las dificultades. Y así ha pasado la noche del lunes. Aznar, ante la insolencia del entrevistador, se fue creciendo. Supo transmitir los mensajes que pretendía y en ningún momento se dejo acorralar por una batería de preguntas que más que intencionalidad periodística, llevaban una buena dosis de bilis política. Ante el intento de acoso sufrido, apareció el Aznar contundente y seguro que tantas veces hemos visto. Algunos pensaron que iban a encontrar a un Aznar derrotado y grogy, y se encontraron a un Aznar de alto nivel político, que responde ante las dificultades y que se engrandece ante las injusticias. Y es que algunos han confundido lo que debería ser una entrevista incómoda con una entrevista insolente. Y, con esa torpeza, lo que han conseguido es toparse con el mejor Aznar.

La realidad es que, con el paso del tiempo, las cosas van quedando en su sitio. ¡Y eso que sólo han pasado unos días! A este paso, en unas pocas semanas, todo saldrá a la luz. Y aunque las maquinarias socialistas están a pleno funcionamiento, la verdad, antes o después, saldrá a flote. El Gobierno de Aznar no ha mentido en los atentados del 11 de marzo; y el presidente del Gobierno no merece irse de mala manera. Aznar ha sido un excelente presidente del Gobierno, así lo ha demostrado durante ocho años. Y desde luego, todos aquellos que no han digerido aún la derrota del felipismo no van a conseguir lo que quieren, por mucho que enciendan el ventilador. Los que en política se mueven por odios, por rencores y por insolencias terminan siendo víctimas de sus propias miserias. No tardaremos mucho tiempo en verlo.

Cruce de líneas
José Javaloyes Estrella Digital  24 Marzo 2004

Dos líneas o dos ondas, tanto da, se cruzan sobre el haz quemante de la actualidad terrorista. Es la más reciente la del terrorismo de Estado, que se acaba de llevar por delante esa fragilidad física en que ardía la iluminada fuerza del jeque Yasin: síntesis del nacionalismo palestino y el integrismo islámico, expedidor de pasaportes al Paraíso de Alá para los terroristas suicidas contra Israel. La otra onda perteneciente a este fenómeno de brutalidad globalizada es la que llega sobre los gobiernos de la Unión Europea. Se sienten éstos, además de disconformes con la liquidación “extrajudicial” del dirigente palestino, enfrascados en el debate sobre los términos y respecto a los límites en que debe producirse el necesario flujo de datos policiales de relevancia para la lucha antiterrorista.

La institucionalización de estos intercambios informativos, como no podía de ser de otro modo, choca con la reserva de británicos y franceses, cuando señalan los límites impuestos por las respectivas capacidades nacionales de información. Unos estados tienen sistemas de inteligencia en el exterior y otros carecen de ellos. Los flujos informativos sobre terrorismo tienen en consecuencia, como se han adelantado a exponer en Bruselas los ministros de Asuntos Exteriores de Francia y Gran Bretaña, topes estructurales, con un significado económico —por lo que cuesta mantener los servicios de Inteligencia en el exterior— y de soberanía, por cuanto lo principal de esa información sensible sobre terrorismo se viene a identificar con las prioridades de la defensa nacional.

El terrorismo ha revuelto los esquemas, en medida significativa, de la diplomacia y de la defensa. No podía ser de otra manera, desde la brutalidad suprema de sus actuales manifestaciones, porque el terrorismo está ya indiscutiblemente conceptualizado como continuación de la guerra por otros medios. Lo cual tiene muy poco que ver con la actual política norteamericana de aplicar la guerra contra el terrorismo en términos militares convencionales, como si la guerra que hace el terrorismo guardara semejanza con la guerra clásica.

La belicosidad terrorista es nueva y nueva debe ser también la definición de “enemigo” que el terrorismo representa. El terrorista de ahora es un enemigo nuevo, distinto del que existió desde la segunda mitad del siglo XIX hasta principios del siglo XX. Viene de la religión, obviamente, el terrorismo islámico; y de modo menos obvio y claro viene, a efectos prácticos, el terrorismo de base nacionalista, puesto que se hace del sentimiento de grupo una suerte de religión secularizada, tal como puede ser el nacionalismo de ETA y tal como el propio sionismo en ignición que profesa la política de Sharon, con su terrorismo de Estado contra los palestinos. Hace unas horas contra el jeque Yasin y no se descarta que pueda serlo contra Arafat en un determinado momento.

La necesidad de combatir el terrorismo para extirparlo obliga a esfuerzos de reflexión que vayan más allá de los enfoques convencionales y, por supuesto, contra las manipulaciones políticas de todo tipo a las que el terrorismo tanto se presta. Al respecto, puede estarse abriendo ya una nueva grieta en el entendimiento y los consensos atlánticos sobre los criterios de seguridad nacional y colectiva. El debate interno que se abre paso en EEUU, referido a lo que se ha hecho después del 11-S, promete dar mucho de sí. Especialmente en el presente marco de campaña presidencial.      jose@javaloyes.net

La senda de la claudicación
Román Cendoya La Razón  24 Marzo 2004

España lleva un tiempo instalada en la claudicación. Carod claudicó ante ETA. Maragall claudicó ante Carod. Zapatero claudicó ante Maragall y muchos españoles han claudicado ante el ataque brutal del terrorismo. La claudicación sólo sirve para reforzar al exigente, al terrorista, al chantajista. La claudicación es la forma cómoda de hacer política. No hay principios, excepto el de conseguir poder, y la táctica sustituye a la ideología.

Lo fácil sustituye a lo difícil. La retirada de los militares españoles de Iraq es lo fácil. La victoria del PSOE es legítima, tan legítima como su promesa electoral de retirar de Iraq a los militares españoles destacados en misión humanitaria. El problema de la ejecución de su promesa es que Zapatero y el PSOE no quieren reconocer que el atentado terrorista alteró el resultado electoral. Lo fácil es mantener la promesa y no valorar lo que supone el ataque terrorista. La promesa electoral debe ser revisada. Cambiar esa promesa no tiene ningún paralelismo con el timo de la OTAN. El cambio supondría iniciar el gobierno desde el realismo y abandonar la claudicación como pauta de comportamiento. Lo malo es que la claudicación continúa cuando se ofrece al PNV llegar a un «punto intermedio». ¿Dónde está el punto intermedio? El nazionalismo sabe que en la claudicación su radicalidad es conquista. ETA también lo sabe.

ZAPATERO Y LA POLÍTICA DE ALIANZAS CRUZADAS
Editorial ABC 24 Marzo 2004

LA complejidad de los equilibrios internos del PSOE y de su política de alianzas empieza a asomar nítidamente con motivo de la ronda de encuentros que han abierto los socialistas para pactar la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero. La explicación de que el líder socialista no esperaba ganar y por eso se embarcó en compromisos que no podría cumplir resulta poco convincente. Pero aunque fuera cierta, tampoco sería excusable de la responsabilidad contraída por Rodríguez Zapatero con partidos y facciones de su partido que ahora reclaman el pronto pago de los compromisos asumidos.

Éste es el carril por el que discurre la exigencia planteada por Pascual Maragall de establecer una «codirección» en el gobierno de Zapatero, una especie de bicefalia con el socialismo catalán, que no admite, por supuesto, reciprocidad. ¿Se excede Maragall en sus pretensiones políticas? No a la luz del discurso del PSOE en los últimos meses, escrupuloso en la política de no injerencia en los «asuntos internos» del socialismo catalán y, por extensión, del tripartito de Cataluña, aunque son evidentes las ondas expansivas que se han sentido en toda España cada vez que la crisis se apuntaba en la coalición nacionalista y de izquierda que lidera Maragall. Fue Rodríguez Zapatero quien resumió la situación cuando en las autonómicas catalanas se comprometió a aceptar el proyecto de reforma estatutaria, tal y como fuera aprobado por el Parlamento catalán. Calibrara o no en ese momento el alcance de sus palabras, Carod-Rovira se las recordó ayer, con tono despectivo hacia unas Cortes Generales que, a su juicio, poco tendrán que hacer para aprobar el nuevo Estatuto.

No son meras palabras, sino actitudes políticas que implican una inflexión en el rumbo constitucional abierto en 1978. Rodríguez Zapatero se enfrenta a la tarea de encajar estos incómodos compromisos centrífugos en una acción de gobierno que, por definición, está orientada al interés general de la nación. Su fuerza parlamentaria -164 escaños- es suficiente para gobernar sin ataduras excesivas y su autoridad política personal ha ganado autonomía y peso específico, más allá de las contribuciones, muy estimables, sin duda, del socialismo catalán.

Pero si el PSC pensó que sería el eje decisivo del socialismo en su conjunto, los resultados del 14-M han amortiguado tanta expectativa. Fuerte, sí, pero no decisivo hasta el extremo de que Rodríguez Zapatero tenga que vivir en un permanente estado de resignación. Antes bien, es Maragall quien ha de lidiar con un socio crecido, Esquerra Republicana de Cataluña, alimentado por un pacto de coalición que segrega al PSC del socialismo español en el Parlamento nacional e impone la exclusión de todo diálogo con el PP, es decir, con el partido de la oposición que representa a más de nueve millones y medio de españoles.

El silencio no es la respuesta que merece ERC si propone un nuevo pacto de Ajuria Enea con Batasuna o emplaza a Zapatero a deshacerse de barones como Francisco Vázquez, Rodríguez Ibarra o José Bono.

Esta conflictividad política no es un juego floral, sino exigencias de un socio de gobierno con pretensiones de subordinar el Parlamento nacional al cumplimiento de un acuerdo de coalición para un Gobierno autonómico. La sugerente capacidad de diálogo de Rodríguez Zapatero no debe estar reñida con el rechazo firme y decidido a esta cascada de demandas y recomendaciones plenamente inasumibles.

El día de los micrófonos infames
José Clemente La Razón  24 Marzo 2004

La jornada de reflexión del 13-M pasará a la historia como el día de los micrófonos infames. Ese día, la cadena SER enterró los códigos de deontología profesional escritos en nuestro país por distintos colegios y asociaciones de prensa, muchos de ellos dominados y manipulados por profesionales con carné del PSOE.

Decía días atrás en otra Cresta del Gallo que a los instigadores de la asonada del 13-M acabaremos por descubrirlos. A todos. Tenemos los periodistas decentes la obligación de poner esa trama al descubierto y también el deber de explicar a los ciudadanos lo que ocurrió y quiénes lo materializaron. Acabaremos por conocerlos a todos sin excepción y les denunciaremos públicamente como violadores de un proceso electoral, como sicarios a sueldo de un partido y unas empresas que asaltaron la jornada de reflexión como se asalta a una niña pequeña en un callejón oscuro.

Quienes violaron las leyes electorales para favorecer un vuelco electoral que no podía darse de ninguna otra manera serán puestos negro sobre blanco. Los delincuentes que participaron en ese golpe de estado, los dirigentes del PSOE, IU, ERC y militantes sindicales afines que fueron vistos en las inmediaciones de las sedes del PP atacadas, serán denunciados para que todos sepamos quiénes son y a qué se dedican personal y profesionalmente hablando. Porque usaron la mentira como instrumento y la injuria como método. ¿No pasarán! ¿No debemos dejarles pasar!

Hamas
Israel no se rinde
Lucrecio Libertad Digital  24 Marzo 2004

No hay vías intermedias. En una guerra, se vence o se es vencido. Y hacer retóricas humanitarias con eso es peor que obsceno: es asesino.

Nada se parece más a las imágenes de hierros retorcidos y cadáveres mutilados del 11 de marzo en las estaciones de Atocha y del Pozo del Tío Raimundo que las imágenes de hierros retorcidos y cadáveres mutilados que han ido dejando los terroristas suicidas de Hamas en los autobuses israelíes, en estos últimos años. Idéntico es el método, porque idénticas son las concepciones de los ejecutores: todo infiel merece ser aniquilado. Mucho antes de que ese fuera el método de los seguidores de Bin Laden, lo fue de los del Jeque Yasssin. Y, antes aún, esa visión bestial del mundo, para la cual nada es humano si no participa de la propia religión, define un modelo absolutamente específico del monoteísmo: el Islam. No habrá paz mientras el Islam exista. Por más que los peores necios, entre nosotros, jueguen a ocultárselo.

Un sociedad viva responde a un ataque militar con un respuesta militar. Si dispone de los medios materiales, aniquila al enemigo. Si no, trata de contenerlo. Tras la declaración de guerra del 11 de septiembre, Estados Unidos respondió con la única lógica eficaz en tiempos de guerra: aniquilación de Al Qaeda, allá donde se asentaran sus bases y sus finanzas. Afganistán e Irak han sido pasos importantes en la estrategia de una guerra que será larga, pero que puede y debe ser ganada. Puede y debe, porque, de no serlo, todo nuestro universo, material como cultural, quedaría destruido por una teocracia feudal perfectamente animalizada. A la permanente matanza provocada por los terroristas suicidas de Hamas, Israel ha respondido con la única lógica militar eficiente: ejecutar a su jefe operativo.

Nada se parece más a las imágenes de hierros retorcidos y cadáveres mutilados del 11 de marzo en las estaciones de Atocha y del Pozo del Tío Raimundo que las imágenes de hierros retorcidos y cadáveres mutilados que han ido dejando los terroristas suicidas de Hamas en los autobuses israelíes, en estos últimos años. Israel lucha y devuelve golpe sobre golpe, desde hace ya medio siglo. España se rinde, por referéndum, a la primera embestida de los asesinos. Es la única diferencia.

No hay vías intermedias. Se vence o se es vencido. Israel o España.

Elecciones Generales
13-M: el golpe de una estructura organizada
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  24 Marzo 2004

No deberíamos renunciar a saber cómo se organizó el golpe de mano del 13 M, jornada de reflexión violada por representantes de la izquierda, canales de televisión y la mayor cadena de emisoras de radio del país, a mayor gloria de su brazo político. Lo que hicieron los medios convencionales ha sido diseccionado en gran medida por el diario El Mundo, y basta cotejar su timing con los papeles desclasificados del CNI para desmontar la principal acusación que se lanzó contra el gobierno el día del golpe de mano. Quien insista en que el gobierno mentía, miente.

Especial interés presentan Internet y los teléfonos móviles. La red de redes ha servido de formidable coartada para muchos. Rubalcaba, que protagonizó el acto más grave del día, dice ahora que sus fuentes fueron los diarios digitales, lo que incluye sus foros. De esos espacios incontrolados surgieron piezas anónimas que la radio ofreció como noticias y calumnias que reprodujo, entre otros, un sujeto lamentable ante la prensa internacional. Dar pábulo a las excrecencias de los foros de Internet es un arma que agota muy pronto su potencial, al no poder confirmarse el contenido, pero cuando todo se juega a una carta en cuestión de horas, su fuerza puede ser demoledora, como ahora sabemos. Nótese que cualquiera puede introducir un bulo en un foro para citarlo inmediatamente. Cuando llegan las pruebas de su falsedad, el intoxicador ya ha logrado su objetivo y además queda impune.

Y ahora vamos con los móviles. Teóricamente, un mensaje espontáneo puede difundirse de acuerdo con un crecimiento exponencial. Pero el 13 M, los mensajes que convocaban a la gente ante las sedes del PP no pudieron seguir esa pauta. Por varios motivos: se extendieron demasiado deprisa, en demasiados lugares a la vez, y su resultado presentó demasiadas coincidencias. Las mismas consignas, las mismas pancartas, la simultaneidad, permiten inducir la existencia de una estructura organizada. Una iniciativa espontánea sólo habría funcionado en alguna capital, y las consignas habrían sido diferentes; la extensión de la protesta no habría sido ni tan eficaz ni tan eficiente. Hizo falta un grupo organizado de emisores y, sobre todo, algo imposible de improvisar: una buena base de datos de “conectores” (personas que enlazan con mucha gente a la vez). Sobre “conectores”, es obligado consultar The Tipping Point, de Malcolm Gladwell. Nuestros compañeros Daniel Rodríguez Herrera y David de Ugarte saben mucho más que yo de esto.

Josep Piqué podría tener informaciones valiosas que quizá algún día revele, pues señaló a los socialistas, y en concreto a sus Juventudes, como organizadores del acoso a la sede catalana del PP. Por eso le pidió a Pasqual Maragall que emitiera un mensaje de calma. El presidente de la Generalitat lo negó todo.

PSOE
ZP, profesor de Lógica
José García Domínguez Libertad Digital  24 Marzo 2004

Estamos de celebraciones. No pasa un día sin que algún hispanófobo visceral emita un comunicado felicitándose por la victoria de Rodríguez Zapatero y, de paso, le exija nuevos gestos de valentía. Ése de colocar una enorme diana sobre todos los gobiernos democráticos de Occidente, que no obedecen nunca a los terroristas ni les otorgan jamás bazas políticas, ha generado auténtico entusiasmo en el club de fans de ZP cuya presidencia parecen disputarse Carod, la ETA, Fidel Castro y el marroquí de Al Qaeda que, tras saberse procesado por 190 asesinatos, únicamente estaba interesado en saber quién había ganado las elecciones. Todos ellos aparentan depositar grandes esperanzas en el nuevo e insólito talante que el joven estadista ha acreditado con su propósito de repatriar las tropas y abandonar a los iraquíes a su suerte. “Hay motivos”, deben razonan los repentinos entusiastas del presidente Zapatero. A lo peor, no yerran en su euforia desmedida.

Coincide el anuncio de nuestra huida de Irak con la insinuación de que España podría reforzar el contingente de tropas en Afganistán. Si se confirma eso, será la mejor prueba de que volvemos de cabeza al despotismo iletrado de González y los hermanos Guerra. Constituiría una prueba incluso más concluyente que el hecho de que alguien como Jesús Caldera pueda llegar a la vicepresidencia de un país que cuenta con luz eléctrica, caminos asfaltados y bibliotecas públicas en todo su territorio.

Porque la lógica implacable sobre la que se asentaría esa decisión sería la siguiente. Los socialistas apoyaron la intervención en Afganistán contra Al Qaeda, ya que estuvieron de acuerdo con el Gobierno en atribuir al terrorismo islamista la autoría del ataque a nuestros aliados, los Estados Unidos. Los socialistas discreparon del Gobierno en la segunda guerra contra Sadam Husein porque consideraban que éste no tenía nada que ver con el terrorismo internacional, y en concreto con Al Qaeda. A continuación, Al Qaeda lanza un ataque terrorista contra España, y los socialistas establecen entonces una relación de causalidad directa entre el atentado y el apoyo español al derrocamiento del genocida iraquí que no tenía nada que ver con el terrorismo internacional, y en concreto con Al Qaeda. En consecuencia, para evitar ser víctimas de nuevas agresiones por parte del integrismo islámico, Zapatero enviará más soldados a luchar directamente contra Ben Laden y el mulá tuerto en Afganistán. Podría ser la versión abreviada de una tesis doctoral pergeñada en comandita por Torrente y Almodóvar, pero es la doctrina de seguridad nacional de ese chico de León que empezará a gobernar este país dentro de un mes.

Tras doscientos años de sometimiento de nuestra política exterior a Francia, UCD abrió el camino para que empezásemos a existir en el mundo con la adhesión de España a la OTAN. Más tarde, el PSOE escenificó la charlotada de hacer creer que nos retiraríamos para que los Estados Unidos no nos pudieran volver a tomar en serio durante trece años. Luego, tras dos legislaturas de cooperación leal con Norteamérica, como por arte de magia, Marruecos empezó a respetarnos y ETA a agonizar. Ocurrió hasta el 14-M, el glorioso día que se alumbró el “nuevo orden mundial” que van a diseñar ZP, Moratinos y Pepiño Blanco. Durante el reinado de Felipe González, sus bufones de corte cometían peliculitas sobre Carlos III sólo por adularlo. Con lo que se nos viene encima, bien harían los vasallos de su heredero si empezasen a buscar urgentemente por el Rastro todas las biografías de Godoy que allí queden. Más pronto que tarde las necesitarán.

14-M
El tormentoso camino al poder
Jorge Vilches Libertad Digital  24 Marzo 2004

Al tiempo que se van alejando los terribles días que acongojaron a España, el horizonte se despeja y permite un análisis un poco más sosegado de las elecciones del 14-M y de su entorno. La impresión es que era crucial determinar antes de dicha fecha quién era el grupo terrorista que atentó en Madrid, pero por una razón política bien ajena a la justicia. Existía toda una armazón argumental para responsabilizar al PP o deslegitimar su posible victoria electoral, con el objetivo explícito de crear una opinión pública favorable al voto al PSOE. El problema que ha suscitado su puesta en práctica es que ha puesto en vigencia unos métodos y un discurso que, a medio plazo, pondrán en serios apuros al Gobierno Zapatero.

El discurso contra el PP estaba servido desde hacía mucho tiempo. Durante años, la estrategia de la prensa progresista ha sido afirmar que el PP ha utilizado el terrorismo para ganar votos. Incluso se dijo que “ETA vota al PP” y que existen “amenazados profesionales”. El PNV y la izquierda periodística compartieron el análisis de la situación: en la “cuestión de Euskadi”, dijeron, había dos polos, uno era ETA y el otro el PP. Adoptaron la equidistancia, pues era una posición cómoda que permitía la condena del atentado y la crítica al Gobierno. El término mágico y falso de “diálogo”, que encubre siempre una cesión frente al terror, quisieron presentarlo como una vía entre la barbarie etarra y, atención, la defensa de la ley que hacía el Gobierno popular.

No bastó que Zapatero patrocinara un pacto por las libertades y el terrorismo, o que los éxitos policiales casi aniquilaran a la banda asesina. ETA, decían, era el producto de un conflicto político sin solución policial, y Aznar un hombre “prepotente” y “antipático” empeñado en crispar a los españoles. La izquierda política no dudó entonces de calificar al presidente del Gobierno de “autoritario”, “autista”, “absolutista” o “despótico”. Y después salió la “gente de la cultura”, antiamericanos que suspiran por recoger algún día un óscar, diciendo que no había libertad de expresión. En definitiva, la consigna era que si ETA seguía en activo era porque el Gobierno se negaba a dialogar.

La guerra de Afganistán y, sobre todo, la de Irak, proporcionaron a la izquierda la parte del discurso que les quedaba. La derecha de siempre, no hay otra, bebía los vientos por seguir al imperialismo yanqui, y rompía la “vieja Europa”. La manipulación llegaba a identificar al Viejo Continente con Alemania, Francia y Bélgica –justo los que se oponían a la guerra-, como si España, Italia, Holanda, Gran Bretaña o Grecia no hubieran aportado nada a la civilización occidental. El argumento, pintiparado para las víctimas de la LOGSE, era que Aznar, Bush y Blair cambiaban “sangre por petróleo”. Alentaron entonces una campaña de acoso, insultos, agresiones y ataques a sedes populares que duró más de un mes. No faltaron los incidentes bochornosos en el Congreso de los Diputados, con carteles, camisetas y voces, más propios del Parlamento coreano que de uno occidental.

Y el momento cumbre llegó cuando no se encontraron las armas de destrucción masiva en Irak. La consigna fue: “El Gobierno miente, el Gobierno miente”. No importó que Aznar y Palacio dijeran que el Gabinete español había seguido los informes proporcionados por la inteligencia estadounidense, y que el objetivo no era sólo encontrar tales armas, sino acabar con un régimen dictatorial y genocida que acogía y fomentaba el terrorismo.

La caída de Sadam fue rápida, y muy a pesar de algunos oráculos periodísticos que esperaban un “nuevo Vietnam”. Los primeros conatos de resistencia de los mujaidines de Sadam sirvieron para que la izquierda dijera que las “tropas de ocupación”, en lugar de acabar con el terrorismo, lo fomentaban. Y terció Ben Laden, que señaló a los países occidentales, al igual que había hecho antes cientos de veces, como objetivo de sus acciones. En definitiva, el mensaje era que el apoyo de Aznar a la guerra ponía a España en el punto de mira del terrorismo islámico.

De esta manera, y recapitulando, si ETA hubiera perpetrado el atentado del 11-M, la prensa progresista, la “gente de la cultura” y la izquierda política habrían dicho que los “etarras votan a Rajoy”, aprestándose a continuación a deslegitimar por anticipado la victoria popular, achacándola a la utilización del terrorismo. En su discurso aparecería el PP tan culpable como ETA, por no dialogar, poniendo como contraejemplo el protectorado que Carod-Rovira ha conseguido para Cataluña. Pero los asesinos resultaron ser un grupo terrorista islámico, y el Gobierno hizo lo que cualquier Ejecutivo en un país democrático avanzado: seguir las indicaciones de los especialistas. No le importó a la izquierda que las comparecencias de Acebes fueran frecuentes, pues ni siquiera les habría valido una retransmisión televisada de la investigación. Era la oportunidad para continuar con los eslóganes del “No a la guerra” y el acoso físico a personas y sedes populares. En la misma jornada de reflexión, se acusó al PP de mentir, manipular y ocultar datos, e incluso de querer dar un golpe de Estado.

Esta estrategia global contra los populares se ha basado en un discurso, en definitiva, que cuestiona el carácter democrático del Gobierno cuando éste no atiende a determinadas reivindicaciones. Pero además, la izquierda política ha justificado los excesos callejeros y las ilegalidades en las manifestaciones, además de regalar sus oídos y de prometer todo aquello que creía que podía reportarle votos. La movilización callejera -no confundir con la cívica o ciudadana-, es un elemento que, desbocado, imbuido de victoria, se cree legitimado para exigir cualquier cosa. El partido que en democracia llega al poder gracias, entre otras cosas, a poner en cuestión la legitimidad de las instituciones y las decisiones legales del Ministerio que derrota, acaba siendo víctima de ese discurso y esos métodos, a manos de los mismos que le auparon al Gobierno.

Contra el terror
CARLOS G. REIGOSA La Voz 24 Marzo 2004

LOS PARTIDOS políticos españoles no han dejado de manifestarse inequívocamente contra el terrorismo. Incluso es posible que en una futura revisión del pacto antiterrorista suscrito por el PP y el PSOE se sumen otros partidos estatales o no estatales. La magnitud de la matanza de Madrid no ha dejado margen para dudas. Y en Europa está ocurriendo algo similar, como quedó claro en la reunión de ministros del Interior del viernes en Bruselas.

Nadie se siente libre de la barbarie, y la coincidencia es general: el terrorismo encarna un enemigo totalitario y enloquecido contra el que hay que luchar continua y coordinadamente. Se pueden adoptar medidas para mitigar sus causas, pero, cuando se trata de una realidad como la de Al Qaida, las posibilidades se reducen a una lucha sin cuartel. Hay quien sostiene que la paz en Oriente Próximo o una solución acertada en Irak dotaría a los Estados musulmanes de más posibilidades contra el islamismo integrista. Pero esto, a corto plazo, ¿es algo más que un buen deseo?

La realidad es que hemos entrado en la dialéctica libertad-seguridad, con la particularidad de que para defender la primera (que sufre claro menoscabo) es necesario apuntalar la segunda. ¿Seguridad a qué precio? A cualquier precio. Con la consiguiente degradación intelectual, porque la primera parte del análisis («¿por qué surge este terrorismo bárbaro y salvaje?») ya no es la cuestión principal. La verdadera cuestión es cómo librarse de él, cómo anticiparse a sus zarpazos, cómo impedir que golpee nuestras democracias condicionando su funcionamiento? ¿Cómo evitar que nos inocule el miedo en el metro o en un supermercado? ¿Cómo convivir con él mientras no es derrotado? ¿Y cómo combatirlo con éxito hasta lograr su erradicación?

Estados Unidos y Europa saben que no están a salvo. Ya no importa si han estado o están a favor de la guerra de Irak o en contra. No importa si van a colaborar o no en la búsqueda de una solución a los problemas de la zona. Hay sutilezas que ya no marcan la diferencia. El enemigo no se va a parar ante ninguna de ellas. Ahora lo sabemos todos. Y es una triste noticia, porque nuestras libertades pueden menguar indeseablemente.

Al Qaida sobre una urna
Andrés MONTERO GÓMEZ La Razón  24 Marzo 2004

Probablemente escasos españoles reflexionaron acerca del mensaje que transmitían al terrorismo islamista cambiando la orientación de su voto tras los atentados del 11-M en Madrid. El PSOE fue el vencedor de los comicios, a costa de la intención de un voto que, el jueves 10 de marzo, se orientaba mayoritariamente hacia el PP. Ignoramos si la banda de asesinos islamistas pretendía influir en la conducta de voto de la ciudadanía española al herirla mortalmente con sus atentados. Los resultados electorales, confrontados con las expectativas previas, parecen ofrecer no obstante una clara impresión acerca de que los atentados incidieron en la conducta de elección popular.

Los ciudadanos no se han equivocado. La residencia de la soberanía en el pueblo español previene de errores. Esa legitimidad no ignora, empero, la circunstancia de que cualquier tipo de decisión está condicionado por toda una serie de factores contextuales que humanizan la libertad rodeándola de atenuantes personales, familiares y sociales. Pues cuando el votante ejerce su derecho de sufragio libre y secreto lo hace ejecutando un proceso de toma de decisiones. Ese proceso es más o menos complejo dependiendo de los factores que en cada momento entren en juego en la conformación de la conducta final de elección. Las formaciones políticas conocen muy bien la motilidad que acompaña a esas decisiones. Por eso tienen sentido las campanas electorales, donde entran en escena toda una serie de estudiadas tácticas de seducción y persuasión destinadas a terciar en la cavilación del ciudadano. La presentación programática, aunque se presente como primaria, es secundaria. Los partidos en campaña buscan encarrilar al votante indeciso y arañar por desgaste a descontentos de fidelidades ajenas.

Apelar al miedo
Buena parte de la persuasión es emocional. No es extraño que los candidatos apelen al miedo. Miedo a que otros suban los impuestos, a que bajen las pensiones, a que se recorten beneficios, a que se introduzca inestabilidad. En psicología de la persuasión, la vía emocional se conoce como la opción más segura para lograr cambios de opinión rápidos, pero que se mantienen con debilidad en el medio y largo plazo. En cambio, las persuasiones argumentativas son más costosas de conquistar aunque más estables de sustentar en el tiempo. Los estrategas políticos conocen estas máximas, de manera que se concentran en persuadir por la emoción para posteriormente, una vez camelado el voto, intentar consolidar la posición seduciendo a través de los hechos durante los cuatro primeros años de mandato. Las emociones son uno de esos factores que inciden en la complejidad de la conducta de elección del ciudadano.

El miedo es una emoción primaria. También lo es la ira. La conmoción en cambio es una derivación de emociones, muy caladas de procesos de razonamiento, de actitudes y de juicios de valor. Tras el atentado, muchas familias madrileñas experimentaron miedo y numerosos conciudadanos de España lo interiorizaron por identificación empática. La inmensa mayoría de la población, en los primeros compases tras los atentados, etiquetaron la autoría del asesinato en masa. Atribuyeron a ETA el crimen contra la humanidad que acababa de cometerse. Fue una secuencia inmediata de atribución causal, basada en la proximidad y en la experiencia acumulada por cientos de víctimas y miles de familiares en España. Cuando se produce un suceso traumático, tras el miedo y la conmoción, llega la evaluación de la situación por parte de los individuos, la necesidad de comprender mínimamente aquello que está ocurriendo a fin de procesar emocionalmente el impacto del trauma. Durante las horas posteriores a los atentados, la adjudicación de la responsabilidad criminal a ETA está tan inscrita en la lógica humana que incluso sujetos tan inhumanos como los afectos al entorno de ETA soltarían el intestino, o celebrarían enfermizamente, ante la convicción de que la banda había perpetrado la masacre.

Equivocación del Gobierno
Cuando las atribuciones de la población hacia ETA estaban conformándose, variopintos líderes políticos reforzaron la orientación de la ciudadanía. Presidente del gobierno y ministro del Interior adjudican la matanza a ETA. Tal vez la obnubilación es comprensible desde la vorágine de los acontecimientos, pero evaluando desde la distancia estimo que el gobierno se equivocó, en línea coherente con lo que le ha venido ocurriendo durante su mandato, en la mejor estrategia de comunicación acerca de un hecho de grave trascendencia social. No quisiera insinuar que hubo pulsiones electorales, pero lo cierto es que era del todo innecesario obcecarse en hacer saliente a ETA en todo momento. La población ya recurrió a esa opción, que no tenía que ser reforzada para convertirse en la atribución abrazada por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Si el gobierno se hubiera limitado, sencillamente, a imitar el sentido de la medida de su Majestad el Rey, que de nuevo se erigió en símbolo de unidad y estabilidad de España, tal vez la posterior cascada de asociaciones mentales en la población hubiera tenido un sentido menos tendencial del que observamos. De nuevo faltó política de Estado y sobró mucho partidismo, aunque lavado quizás por el desconcierto. A partir de ahí, el espectáculo de la clase política fue lamentable in crescendo.

Determinados grupos de interés transmitieron y maximizaron la sensación de que el gobierno estaba no sólo ocultando información sino embaucando a la población sobre los atentados. A medida que indicios y piezas de evidencia dirigían las evaluaciones de autoría hacia bandas de asesinos islamistas, fueron emergiendo automáticamente las asociaciones mentales que vinculaban causalmente apoyo y participación española en la guerra de Iraq y elección de Madrid como escenario de revancha del terrorismo islamista.

En una población que se había manifestado tercamente en contra de la intervención militar en Iraq, el germen de la culpabilización al gabinete Aznar, al propio Aznar, por lo acontecido fructificó regado por una corriente de opinión que decididamente se involucró en el peligroso juego de trazar equidistancia entre terroristas y un gobierno democrático.

Al igual que ocurre con el escenario de Euskadi, un determinado sector extremo de la política española difundió por todos los medios la idea de que Aznar era el culpable de los atentados por habernos metido en una guerra, asumiendo ese sector en su totalidad el mensaje del grupo terrorista que estaba reivindicando los asesinatos. En Euskadi, la misma «trouppe» equidistante se ha astillado las sienes emponzoñando el ambiente con desvaríos sobre la ausencia de democracia que ha promovido el gabinete Aznar. De nuevo, el mismo mensaje que ETA viene rumiando los últimos decenios cuando asesina a alguien de un tiro en la nuca.

Con todo, el gobierno se empantanó en su propia trampa de comunicación, en la idéntica dudosa gestión del aparato de comunicación de la que han venido adoleciendo los dos mandatos populares. Si desde el gobierno no se hubiera accionado con tanta vehemencia irreflexiva la carta de ETA, la asociación mental en la población entre guerra-revancha terrorista-culpabilidad de Aznar habría estado desprovista de un contexto que potenció exponencialmente la hostilidad del ciudadano: la sensación de que el gobierno promovía la culpabilidad de ETA, y evadía las atribuciones a Al Qaida, con propósitos electorales.

Y es evidente que este contexto fue tendenciosamente azuzado por el resto de dedicados a desalojar a Aznar de la Moncloa. Al final, al atardecer de la jornada de reflexión del sábado 12, cuando los homicidas ya estaban señalados en el círculo islamista, los españoles ya habrían configurado la asociación entre implicación en la guerra de Iraq y elección homicida del terrorismo islamista, pero sin el maleado efecto de la desinformación, el desplazamiento del voto no habría sido tan acusado.

Sesgar libertades
La conducta de voto de los españoles en la jornada del 14-M fue compleja. La propia acción de ejercer el derecho de sufragio adoptó propiedades catárticas, de terapia de autoafirmación ante una criminalidad que pretendía sesgar libertades. Desde esta perspectiva se entiende el sensible aumento de participación. Ciudadanos que podrían haber sido asesinados, o que se identifican con ellos, reafirman votando su libertad de ser, eligiendo, que es la expresión de la libertad por antonomasia. Sin embargo, el condicionamiento emocional del voto desatendió por completo el efecto de alimentación paralelo de la intencionalidad terrorista. La viñeta del diario francés «Le Monde» del día del triunfo socialista mostraba a un Bin Laden sentado en una urna y columpiándose sobre la nariz de Aznar. Nada más gráficamente declarativo.

Unidad frente al terrorismo
Cartas al Director ABC 24 Marzo 2004
Aunque nunca debió de estar en la reunión de las Azores, el hecho de responsabilizar a Aznar de las muertes de Madrid por su apoyo a la guerra de Irak es una canallada que retrata a quien la enuncia. Supone un intento de «justificar» tan horrendo crimen, un retorno al «por algo será» que sufrieron vergonzosamente muchas víctimas durante años. Si Bin Laden decide atacar a los países de la OTAN, ¿haremos culpable a Felipe González por ser quien nos metió en esa alianza militar? Por ese mismo razonamiento, también Otegi responsabiliza al Estado español cada vez que ETA comete un atentado. Claro, la culpa no es del criminal que pone el coche bomba, sino de los españolitos que nos negamos a darles la independencia. Si cedemos al chantaje, no hay muertos, ¡así de sencillo!

Todos debemos estar unidos ante el terrorismo, sea del signo que sea, que mata sin ninguna justificación porque está dirigido por unos salvajes que deben pasar el resto de sus vidas entre rejas.    José Luis Morales.    Zaragoza.

Al lehendakari
Nino Muñoz Vitoria-Gasteiz  El Correo 24 Marzo 2004

Dice el lehendakari que ahora se abre una oportunidad política para la paz. Cada día cualquier responsable político tiene que aprovechar cualquier oportunidad para la paz. Pero de todas maneras, lehendakari, lo mejor para la paz es no favorecer, consentir, dar oportunidades ni 'razones' a quienes declaran la guerra. Dice que para lograr la paz «hay que negociar sin condiciones». No. No se puede dialogar sobre planteamientos políticos antidemocráticos con intolerantes, totalitarios o genocidas, ni con quienes encubren o ayudan a asesinos. Su plan, lehendakari, no genera guerra pero no contribuye a la paz porque divide y enfrenta. Ya tenemos la Constitución como plan para la libertad.

Lehendakari, no se buscan oportunidades para la paz señalando a Madrid como sinónimo del mal; cuando se dice que el Pacto Antiterrorista es un Pacto contra la Libertad; cuando se antepone pueblo, patria o etnia a los derechos individuales; cuando se cataloga a vascos buenos o malos por el Rh o por su forma de pensar: cuando en lugar de combatir a los totalitarios se hace frente común y se pacta con ellos.

La tragedia, lehendakari, comienza a gestarse cuando a una niña de 11 años le abuchean al decir que se siente primero española y después vasca, cuando se impide la bandera española o se ahoga el modelo A, cuando se inocula resentimiento o se justifican asesinatos «porque algo habrá hecho», cuando los intransigentes tienen cobertura moral, política, económica e ideológica. Claro, lehendakari, tenemos otra oportunidad, derecho y razones siempre para la paz, no la aprovechemos de forma tramposa o deshonesta. Para lograr la paz sobran ambigüedades, victimismos y equidistancias. Es necesario, lehendakari, educar en el respeto, la aceptación, el entendimiento y la convivencia. Es necesario el compromiso ciudadano, el máximo reconocimiento a las víctimas, la unidad contra el terrorismo y el reconocimiento por los responsables políticos de sus responsabilidades por la falta de seguridad y de libertad, y por no aprovechar o truncar las oportunidades para la paz.

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