AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 26 Marzo 2004
Irak: Cómo darle la razón a Aznar sin que se note
EDITORIAL Libertad Digital  26 Marzo 2004

La izquierda liberticida
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  26 Marzo 2004

La manipulación del PSOE
Luis María ANSON La Razón  26 Marzo 2004

El día de irreflexión
Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital  26 Marzo 2004

LA «MANIFESTACIÓN DE LOS MÓVILES»
Jaime CAMPMANY ABC 26 Marzo 2004

No olvidemos nunca
Gregorio Robles La Razón  26 Marzo 2004

El alma imperialista
Gorka Etxebarría Libertad Digital  26 Marzo 2004

Satisfacción
Cristina Losada Libertad Digital  26 Marzo 2004

Con la bomba en la mochila
Armando Añel Libertad Digital  26 Marzo 2004

El Piqué vasco
Iñaki Ezkerra La Razón  26 Marzo 2004

Aznar: Sabemos quién mintió, quién manipuló, quién radió y quién televisó las concentraciones
Irak: Cómo darle la razón a Aznar sin que se note
EDITORIAL Libertad Digital  26 Marzo 2004

Al término de la reunión que han mantenido este miércoles Rodríguez Zapatero y Aznar, el Gobierno avanzó que el presidente en funciones había pedido a su sucesor que fijara una posición por escrito sobre el relevo de las tropas españolas en misión en Irak previsto para el 21 de abril, un asunto al que, según fuentes oficiales, accedió el líder del PSOE.

Ocho horas después de esa información, el partido socialista emitía un comunicado negando que Zapatero accediera a ese compromiso y recordando que en este período transitorio el Ejecutivo en funciones, según se contempla en la ley del Gobierno, tiene encomendado "el despacho ordinario de los asuntos públicos", por lo que no corresponde al líder del PSOE pronunciarse sobre el relevo del día 21 de abril del contingente español desplegado en Irak. Está visto que los socialistas no quieren pillarse los dedos ante una cuestion que parece que todavía no tienen decidida.

Zapatero -lo recordaremos siempre- ganó gracias al vuelco electoral que provocaron los dos centenares de muertos y mil heridos que los terroristas islámicos contrarios a la presencia aliada en Irak sembraron en Madrid y a los medios de comunicación que culparon de los muertos, no a los asesinos, sino al gobierno que los combatía. Pero si el PSOE sabe que debe su inesperada victoria a esos terroristas, también sabe que no debe beneficiarlos llevando a cabo esa retirada que tanto anhelan los autores de la masacre. Entre otras cosas porque, aunque Zapatero insistiera argumentando que él era partidario de esa retirada antes del atentado, uno no puede empecinarse en el error con la excusa de que cayó en él antes de que se evidenciara que estaba equivocado. ¿Cómo mantener ahora que los aliados no están combatiendo a los terroristas en Irak, si lo terroristas matan en Madrid para que los españoles no ayuden al resto de los aliados a combatirlos en Bagdad?

Comprendemos que los tontos útiles que tanto han ayudado a Prisa y al PSOE a convencer a una mayoría de españoles de que los aliados eran unos malvados ocupantes que combatían ilegalmente a una heroica resistencia –hubo quien comparó a los terroristas iraquíes con los españoles que luchaban contra Napoleón- se enfurezcan ahora temiendo que se haga realidad lo que sólo como posibilidad nosotros apuntábamos hace una semana: “¿Se va a ir Zapatero de Irak como González de la OTAN?”. Pero que no desesperen. No deben rechazar el acierto de mantener las tropas en Irak por temor a que quede en evidencia su error o la forma tan canalla con la que han logrado que las urnas rechacen a un gobierno tan buen gestor y honrado como el del PP.

Los que han manipulado y han forjado en el error a la opinión pública española respecto a Irak —tanto por convencimiento como por interés por derrocar al PP— pueden convencer ahora —y hasta convencerse ellos mismos— de que Zapatero, siguiendo la línea de Aznar, corrige la “equivocación” del presidente saliente. Los medios de comunicación pueden manipular y decir que el "error" de Aznar fue no querer implicar a la ONU, aunque esto sea una rotunda mentira. Sin embargo, ¿quién va a recordar que la presencia de tropas aliadas ya cuenta con el visto bueno de la ONU desde hace meses, a pesar de lo cual Zapatero se sigue oponiendo a ellas o por lo menos se ha opuesto hasta que ha ganado las elecciones? ¿Quién va a recordar que fue Francia la que, por sus intereses y negocios con Sadam, impidió que la ONU diera el visto bueno al derrocamiento militar del dictador? ¿Quién va a denunciar la impostura de quienes habiendo dejado solos al trio de las Azores les reprochen ahora no haber contado con ellos? Sólo nosotros, solos frente ante un dominio absoluto de los medios de quienes predicaron un error que ahora se trata de corregir sólo si no se nota.

Ahora parece que lo determinante para que muchos responsabilizaran a la política de Aznar de la matanza de Madrid es que el Gobierno del PP la llevara a cabo sin la futura resolución de la ONU, una futura resolución que sólo busca sumar a Zapatero a la empresa iniciada por Bush. Porque ¿qué resolución de la ONU que diera visto bueno al combate contra el terrorismo en Irak iba a ser una razón para que los terroristas no hubieran matado en Madrid? ¿Acaso lo que les ha indignado a los terroristas del 11-M es que Aznar les combatiera sin permiso de la ONU?

La izquierda liberticida
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  26 Marzo 2004

El futuro Presidente del Gobierno llega a la Moncloa con dos pesadísimos fardos a cuestas: la manipulación de la masacre del 11-M en vísperas de las elecciones, que le dio una victoria que nadie esperaba, y la instalación de la izquierda mayoritaria en los hábitos de la extrema izquierda, empezando por el de agredir a la derecha en sus sedes, en sus militantes y cargos públicos e incluso en las instituciones de Gobierno que legítimamente ocupan por elección de los ciudadanos. No sabemos si Zapatero, conseguido su propósito de acceder al poder a cualquier precio, abominará ahora de Pancartero, su doble o sosias insurgente. Lo que está claro es que la derrotada y destrozada Izquierda Unida y su todavía líder Llamazares quieren elevar a costumbre política la delincuencia común contra sus opositores políticos. Que hasta ahora han sido los del PP, pero que desde ahora pueden ser los del PSOE.

Frente a esta instalación de la violencia como argumento político para convencer a la opinión pública, que desde hace años es la técnica totalitaria de los nacionalistas en el País Vasco y ha empezado a ser también la de los separatistas en Cataluña, las facciones de izquierda del Poder Judicial han mostrado su identificación con los delincuentes y su negativa a perseguir los delitos.

No otra cosa es lo que ha proclamado el fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, el tristemente célebre Mena, al negarse a cumplir las instrucciones meramente rutinarias del Fiscal General del Estado para investigar las denuncias del PP contra los que cometieron delitos electorales y vulgares delitos comunes contra sus sedes en los dos días previos a las elecciones del 14-M.

Ésta es la izquierda golpista, en su tronco parlamentario y en su rama judicial. El PP tiene que poner a Zapatero ante la disyuntiva de repudiar y combatir a los extremistas con los que hasta hace poco se manifestaba en la calle o vaciar de contenido las instituciones representativas y dar por muerto el Estado de Derecho.

No hay alternativa: o la izquierda que quiere disfrutar del poder legal persigue a la izquierda golpista o la derecha tendrá que actuar en consecuencia. Casi diez millones de españoles lo exigen. Y no sobrevivirá la democracia en España si esa legítima exigencia no obtiene pronta e inequívoca respuesta. Tan grave como esto. Tan sencillo como esto.

La manipulación del PSOE
Luis María ANSON La Razón  26 Marzo 2004
de la Real Academia Española

Ha sido al revés. Ahora que el tiempo permite analizar con sosiego lo que ocurrió entre el 11 y el 14 de marzo, lo que queda claro es la limpieza de actuación del Gobierno del PP y la descarada manipulación de los muertos y el terror por parte del PSOE y el grupo mediático que lo apoya, y al que deben los socialistas su victoria electoral.

Fue, en fin, un golpe maestro de la mano mediática más sólida que hay en España. Ante la reacción estática del PP, el PSOE maniobró en la sombra y lo hizo a placer. Manipuló, intoxicó, irrumpió indirectamente y de forma antidemocrática en el hogar de los españoles durante el día de reflexión, y lo alteró todo gracias a la inteligencia con que fueron manejados los medios de comunicación adictos frente al PP de Aznar y Rajoy, que en ocho años no han sido capaces de poner en marcha un grupo de medios cohesionados. El PSOE se dio cuenta enseguida de que podía morder carne y saltó como un felino sobre la presa, mientras sus rivales permanecían agazapados y entumecidos, incapaces de dar réplica a la mentira, a la intoxicación, a la invención del kamikaze, arma de destrucción masiva que tampoco aparecerá.

No resulta fácil ahora decir todo esto. Pero es la pura verdad. Aquí no ha habido otra manipulación de los muertos, del terror, de la consternación general, de la ingenuidad juvenil que la realizada por los sabios expertos con que cuenta el PSOE.

14-M
El día de irreflexión
Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital  26 Marzo 2004

Lo que paso el 13 de marzo –el día de reflexión– es inconcebible en una democracia. Esos hechos no es que invaliden los resultados electorales del día siguiente, pero ayudan a entender el clima de tensión que se vivió en esos días y el vuelco electoral que se produjo. Hace bien la fiscalía en investigarlo. Los hechos en sí son una infracción de nuestra legislación electoral. Pero sin entrar en mayor medida en el apartado sancionador –las sanciones que pueden imponerse son de una multa de unos 1800 € como máximo y una posible pena de prisión de hasta 6 meses, que en la práctica quedaría reducida a otra pena de multa, y, en el caso de los cargos públicos, pueden encontrarse con el añadido de suspensión o inhabilitación especial en su condición de empleo o cargo público-, el plano político es el más destacable.

Una democracia se sustenta en unas elecciones, que han de realizarse bajo unas reglas, y estas reglas se han incumplido. Y si se demuestra que este incumplimiento se ha producido instigado por miembros o personas cercanas al PSOE –el sentido común nos dice que miembros del Partido Popular no parece que organizaran las manifestaciones frente a sus sedes–, el lógico juego de una democracia, con elecciones libres cada 4 años, se ha podido ver truncado. Así, el gobierno que nazca de las urnas del 14 de marzo ya, de inicio, parte de unas elecciones ganadas desde el engaño a la ciudadanía, sin contar que sus promesas electorales partían de una más que previsible derrota electoral. Ya veremos lo que pasa con las tropas estacionadas en Irak, pero también con los posibles acuerdos a los que habrá de llegar con socios como los republicanos. ¿O cree realmente ZP que podrá mantenerse durante 4 años con acuerdos puntuales –una vez el PP, otra ERC y otra con no se sabe quien, sin dar nada a cambio? Si esta es la idea el futuro de esta legislatura se presenta corto y movido.

Pero estos hechos nos enseñan también varios apartados a tener en cuenta. No hay que minusvalorar al enemigo –Al Qaeda, con ese terrible atentado– ni al adversario político –los debates electorales tienen que ser necesarios en toda consulta electoral–, pero también hay que reseñar el poder de convocatoria de los medios de comunicación y de las nuevas formas de relacionarse de la gente -el uso de la red y de los móviles, práctica común para la mayor parte de la población, ha de ser tenido en cuenta-. Una nueva forma de hacer campaña electoral y de organizar manifestaciones espontáneas ha surgido, es necesario que se mantenga en unos parámetros de respeto al adversario y al proceso electoral. Otra cosa es contradecir uno de los puntos esenciales de una democracia: la existencia de unas elecciones libres. ¿Nos imaginamos futuras elecciones con “manifestaciones espontáneas”, convocadas solas, el día de reflexión? Hecha esta reflexión, no cabe más que aceptar el resultado electoral, con resignación unos y con alegría otros, pero todos –quiero creer– con vergüenza por lo ocurrido en la jornada de reflexión. ¿O fue de irreflexión?

LA «MANIFESTACIÓN DE LOS MÓVILES»
Por Jaime CAMPMANY ABC 26 Marzo 2004

EL Partido Popular presentó el sábado, 13-M, ante la Junta Electoral Central, una denuncia de las manifestaciones de asedio a numerosas sedes del partido y los insultos lanzados públicamente contra sus dirigentes. Los medios de comunicación, especialmente los del grupo Prisa, daban noticia de tales manifestaciones insistiendo en su carácter de «espontáneas». En realidad era una manifestación múltiple, repetida en muchas ciudades, y convocada gracias a los teléfonos portátiles, a veces pagados por organismos oficiales. Era una manifestación que quizá pase a la historia de las ingeniosas picardías electorales con el nombre de «la manifestación de los móviles», o «la manifestación del pásalo», que era la palabra convenida para finalizar el mensaje.

No hace falta ser Jiménez de Asúa para considerar que todas aquellas manifestaciones, asedios, agresiones e insultos en el día de reflexión inmediatamente anterior a las elecciones, constituyen probablemente otros tantos delitos. Parece razonable e impecablemente democrático poner aquellos sucesos que estaban alterando el orden y el sosiego necesarios durante la jornada de reflexión en conocimiento de la Junta Electoral Central. ¿De quién, si no? ¿O habría sido mejor movilizar hacia las concentraciones a otros grupos de manifestantes contrarios, y el que más chifle, capador? ¿Acaso vamos a ejercitarnos en la costumbre de ganar las elecciones en la calle, a pancartas, a insultos o a golpes, en vez de a votos en las urnas?

Las Fuerzas de Seguridad se mantuvieron prudentemente alejadas de toda decisión de intervenir, aunque a veces las alteraciones del orden, las provocaciones y agresiones lo aconsejaran. Pero si el «ejército» combatiente de uno de los dos partidos en liza se hubiese encontrado con otro «ejército» político enfrente, la intervención de la policía hubiese sido tan justificada como necesaria, y las calles de España se hubiesen convertido en campo de Agramante en vez de un pacífico paisaje de urnas. Aquellos vociferantes «espontáneos» de la «manifestación de los móviles» estuvieron a punto de convertir las elecciones en una tambarimba de democracia bananera. Menos mal que el PP sufrió las agresiones, los acosos y los insultos con paciencia de santo Job y se limitó a presentar la denuncia ante la Junta Electoral Central. Y menos mal que a sus jóvenes militantes no se les hincharon las narices. Lo mejor es desear que a Zapatero no lo despidan así sus adversarios políticos.

Lo curioso de este tema es el peloteo. La Junta le envió la denuncia el Fiscal General, quien la remitió a los Fiscales Jefes de los Tribunales Superiores de Justicia para que estos a su vez la hicieran llegar a los jueces de guardia. Y además, llega el fiscal del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, José María Mena, y dice que la investigación de los sucesos del 13 de marzo es «inoportuna». DRAE. «Inoportuno. Fuera de tiempo o de propósito». Olé los fiscales con sandunga.

No olvidemos nunca
Gregorio Robles La Razón  26 Marzo 2004

Desde el 11-M no levanto cabeza. Y eso que nadie de mi entorno ha sufrido el atentado. No quiero ni imaginarme lo que sería si un familiar o un amigo hubiese ido en esos vagones destrozados. Supongo que también influirá el hecho de que mi madre murió hace unos meses, y que por ello mi tono vital es bastante más bajo que el ordinario. El caso es que esta mañana, cuando he visto por la televisión el funeral de Estado en La Almudena, no he podido contener la ansiedad que me atenaza la garganta desde hace días y he roto a llorar. Me da algo de vergüenza decirlo en un periódico, pero me lo permito porque creo que a muchos nos está pasando lo mismo. No se trata de un problema mío o de un número reducido de personas. Son miles y miles las que experimentan este sentimiento sordo y contenido, esta tensión en el pecho a mitad de camino entre la rabia, la impotencia y la tristeza. Si los desalmados criminales que han cometido esta canallada pretendían, aparte de sus fines políticos, hundirnos en la depresión, es evidente que por el momento lo han conseguido. He empezado esta columna un montón de veces. No he sido capaz de reflejar en palabras mi estado espiritual, y siento que tampoco ahora lo consigo. El lenguaje no es suficiente para sacar de dentro lo que sentimos. Quizás tan sólo la música sea el instrumento de comunicación adecuado. Puede que por eso, ante los cantos del coro de la catedral, me he venido abajo.

Deberíamos estar acostumbrados al zarpazo del terror, tener piel de elefante ante la crueldad de las bombas, de los tiros en la nuca, de los actos más viles. Desde una perspectiva racional todos los terrorismos son iguales, ya que pretenden lo mismo: destruirnos. Los terroristas, de cualquier banda que sean, persiguen nuestra rendición. No se busquen explicaciones más sofisticadas. No se dé vueltas a sus pretendidas intenciones, a sus eventuales motivos.

No quiero entrar en el tema político, porque cuando pienso en él todavía me hundo más. Sólo sé que éstos de ahora han asesinado de la forma más repugnante y cobarde a seres humanos cualesquiera por el mero hecho de que estaban allí. Ha sido como un accidente de aviación, pero con la diferencia de que son personas como nosotros las que, cegadas por el odio, han planeado y ejecutado a sabiendas la brutal acción.

Cuando asesinan los que todos sabemos, año tras año, hacen exactamente lo mismo en pequeñas dosis. Nuestro sentido de humanidad se encuentra tan deteriorado que tenemos una percepción psíquica diferente, como si fuera más tolerable el asesinato continuado en pequeñas cantidades que el cometido de golpe a gran escala. Hoy sólo he pensado en las víctimas. En las personas que han muerto y en las que han sobrevivido. En las que hemos sobrevivido. ¿Por qué han muerto ellos y no nosotros? No lo sé. Nadie lo sabe. No hay respuesta. Lo que sí sabemos es que dentro de algún tiempo nos habremos olvidado. Dicen que la salud nos lo exige. Sin embargo, ahí está parte del mal. No tenemos derecho a olvidar. Nunca hemos tenido derecho a olvidar. Mucho menos, a mirar para otro lado, a permitir que se manipule con el miedo, con el dolor.

La televisión, en lugar de darnos los bodrios basura, debería emitir todas las semanas del año un programa sobre el terrorismo, sobre lo que pasó en este y aquel atentado, sobre las personas que quedaron inválidas, incapaces de valerse por sí mismas, sobre sus mujeres y maridos, sus padres e hijos, sobre su actual trabajo. Estamos viviendo una guerra que se libra en un campo de batalla muy peculiar: el de la vida cotidiana, que todo lo absorbe y todo lo anula. Somos muy dados a correr un tupido velo y dejar de ver aquello que nos golpea el alma con fuerza casi irresistible. Pero ya se acabó el tiempo de vivir tranquilos. Hemos visto demasiado. Hemos reprimido demasiados sentimientos.

Tenemos el deber colectivo de no olvidar, de levantar cabeza, de no eludir nuestra responsabilidad. En ese asunto no puede haber posiciones tibias ni matices ideológicos. El terror es el enemigo de todos, es el monstruo de mil cabezas que amenaza nuestra existencia. Las víctimas son el testimonio vivo de esa amenaza, son el símbolo de una sociedad desgarrada, son nuestra conciencia colectiva. Abracémoslas siempre con cariño. No las olvidemos nunca.

Nacionalismo catalán
El alma imperialista
Gorka Etxebarría Libertad Digital  26 Marzo 2004

Cada día que pasa, muchos nos preguntamos qué sería de nuestras vidas sin el amable, inteligente, sosegado y prudente Carod Rovira. Con la impasible seguridad de quien está siempre en lo cierto, Carod se ha dedicado a vender su idea de Cataluña por Valencia. Como de costumbre, ha mostrado su veta sensible hacia la diversidad cultural y ha ofrecido la sempiterna idea de los “paisos catalans”.

La querencia de los nacionalistas por la extensión de sus fronteras quizá date de los tiempos de Bismarck pero curiosamente también se puede apreciar en los nacionalistas vascos tan obsesionados con Navarra como con el sur de Francia (“Iparralde”). Si Carod se dedica a defender el colonialismo como tácitamente lo hace también el lehendakari en su “Plan” al mencionar la necesidad de que Euskadi tenga relaciones exteriores con Navarra e Iparralde, a los no nacionalistas se les puede plantear una cuestión políticamente incorrecta: ¿por qué critican el imperialismo español cuando ellos viven pensando en la extensión de sus fronteras para conseguir la grandeza de sus naciones?.

Como de costumbre, los nacionalistas se quejan de los defectos ajenos cuando primero, no son tales ya que no se puede hablar de “imperialismo español” con la “normalización lingüística” y la descentralización existente y segundo, por cuando su propósito real no es sólo la secesión sino la anexión de otros territorios. Si Carod o Ibarretxe consiguieran llevar a cabo sus sedicentes planes de autodeterminación, el siguiente paso sería absorber de una forma u otra a Valencia y a Navarra respectivamente porque el proyecto de construcción nacional de estos señores feudales, es siempre imperialista.

Como hoy en día todo lo malo es de derechas y todo lo bueno de izquierdas, tendremos que decir que, dado que tanto Carod como Ibarretxe se tienen por izquierdistas, el imperialismo es de izquierdas. ¿Será entonces moralmente legítimo imponer el euskera y el catalán, la nación vasca y la catalana a los navarros y valencianos respectivamente?.

Hay motivos
Satisfacción
Cristina Losada Libertad Digital  26 Marzo 2004

Uno de los pocos motivos de satisfacción que me procura la victoria electoral del PSOE, aparte del fin del machismo prometido por Zapatero -creo que para el pasado día 16, pero vamos a darle algo más de tiempo- es la convicción de que, a partir de ahora, las desgracias que ocurran en España volverán a ser accidentes, catástrofes naturales, o indeseados frutos de errores, terribles y penosos, sí, pero inevitables.

Reconozco que este contento mío puede que no lo comparta un amplio sector de la población española: los que pudieran haberse acostumbrado a disponer de ese magnífico chivo expiatorio que era el gobierno del Partido Popular. Tan magnífico que hubo que inventarlo. Pues bien, esas personas deberán afrontar ahora sin esa ayuda psicológica gratuita, y colectiva terapia liberadora, las pruebas difíciles que nos vaya sirviendo el futuro.

A quienes se sorprenden del vuelco electoral provocado por los atentados del 11-M, conviene recordarles que, en esa conmoción, el Partido Socialista recogió la cosecha de algo que había ido sembrando de forma constante en los últimos años: la imagen de un gobierno mentiroso y culpable. De un gobierno que para tapar su culpa, mentía, y por mentir, aumentaba su culpa. Sin el 11-M no habría recogido la mies, pero sin la siembra previa tampoco.

Los socialistas, unidos a los nacionalistas en este asalto, habían optado por intentar recuperar el poder no con la paciente labor del que trata de ganarse la confianza del votante, sino socavando y minando la que los ciudadanos tuvieran en el gobierno. Y el del PP, gustara más o menos, gozaba de un grado notable de confianza por su buena gestión económica, la básica honradez de su administración, y el éxito de una política antiterrorista hecha con medios legales.

Ante un currículo así, la oposición lo tenía difícil, dada la naturaleza, por lo general conservadora, del electorado. Por lo que la prisa (y Prisa) condujeron a Zapatero a olvidarse de la “oposición tranquila” y empezar la bronca. A partir de ahí conocemos el guión. Mentirosos y culpables, fue la divisa. El ensayo general de esta estrategia de demolición lo deparó el azar: el accidente del Prestige. No hubo muertos, pero ya se probó la utilidad del aspecto necrófilo (el luto, el “entierro del mar”, la bandera gallega teñida de negro).

Los que entonces vimos de cerca la marea de demagogia pudimos percatarnos de la eficacia de un mensaje tan simple como astuto. Ante la desgracia, una parte del pueblo soberano se enrabieta y quiere descargar su furia. Y aquellos para los que el gobierno ocupa, como dice Tocqueville, el lugar de la Providencia -y son muchos en España- estarán encantados de linchar al gobernante. La oposición sólo tuvo que echar leña. En el caso del Prestige, el paso del tiempo aplacó el fuego. Tras el 11-M no hubo tiempo, y hubo, en cambio, doscientas víctimas mortales.

Pero esta primitiva satisfacción de los instintos está a punto de tocar a su fin. Se acaba la era del porco governo y comienza la del gobierno bienhechor. La potencia mediática de que disponga, que será casi toda la existente, se empleará en convencernos de que nada de lo malo que ocurra es culpa de él. Aunque más retorcido, será otro motivo de satisfacción verlo. Como ver de “palmeros” a los que iban de “rebeldes”.

Terrorismo e ideología
Con la bomba en la mochila
Armando Añel Libertad Digital  26 Marzo 2004

El fundamentalismo islámico, el terrorismo antiglobalización y la izquierda totalitaria –el totalitarismo de derechas, felizmente, pasó a la historia hace ya más de medio siglo– no sólo comparten métodos o señales de humo, sino, sobre todo, raíz común. Llámese Guevara o Bin Laden, paraíso celestial o distribución equitativa de la riqueza, la abstracción a la que el fanatismo militante rinde culto carece de matices porque es infalible y excluyente, porque se escurre en referentes de lo ideológico más hermético. Esto ya sea en su formato religioso o algunas de sus modalidades postmodernas, particularmente enrevesadas cuando reincorporan la perorata nacionalista o el elemento de clases –las bajas, la desposeída... ¿la intelectual, la académica?– y se parapetan tras ellos.

La ideología es una máquina de rechazar los hechos, argumenta atinadamente Jean Francois Revel, y el avance de la modernidad y su representación más acabada, la globalización, comporta una carga de realidad insoportable para los fundamentalismos postmodernos. La variedad, sinónimo de individualidad allí donde sienta cabeza, horroriza a quienes contemplan el mundo tras las gafas de sol de la dependencia ideológica. Ello explica que el niño palestino detenido hace pocos días en un puesto de control israelí, mientras transportaba –suicida involuntario– explosivos en su mochila, estuviera a punto de saltar por los aires para mayor gloria de Mahoma, Arafat o el terrorismo antiglobalización, llevándose por delante multitud de vidas tan inocentes como la suya: la raíz común está marcada por el desprecio al individuo concreto y la sacralización de lo religioso, lo ideológico o lo nacionalista. Por esta vía, el fundamentalismo, el totalitarismo y sus ramificaciones, entrocan con el ideario de la izquierda tradicional, colectivista y arcaica.

Enclaustrada en el palacio de cristal de la palabra, embriagada por los cantos de sirena de lo políticamente correcto, la progresía sirve a los intereses de los fundamentalismos postmodernos involuntaria y obstinadamente, con la meticulosidad de la tuerca horadada por el tornillo. Demasiado ocupada en denostar la responsabilidad individual y a su símbolo cimero, los Estados Unidos, es incapaz de ver por dónde van los tiros, y en ocasiones hasta los provoca –la masacre de Madrid, inmediatamente previa a las elecciones generales, demuestra que más que castigar a España se pretendía llevar al poder al antiamericanismo al uso, harto reconocible en la figura de José Luis Rodríguez Zapatero–. Sin imaginarlo siquiera, la izquierda tradicional acude al puesto de control de la modernidad con la bomba a cuestas. Como el niño de la mochila.

El Piqué vasco
Iñaki Ezkerra La Razón  26 Marzo 2004

Por hacer eso que suele llamarse «una lectura positiva de los acontecimientos», uno reconoce que hay algo bueno que ha tenido el 14-M. Ha dejado por fin en ridículo a quienes desde el PP o sus aledaños demandaban el advenimiento de un «Piqué vasco». Tras el batacazo que el Piqué original, o sea el catalán, se ha pegado en las últimas generales obteniendo sólo seis diputados ¬cinco menos que en las anteriores y once menos que los que consiguió Alejo Vidal-Quadras en su día¬ parece que no es muy prudente seguir aconsejando la exportación al País Vasco de semejante paradigma. Y más si se tiene en cuenta que fue el País Vasco en realidad el que lo exportó primero a Cataluña y que hablar de la necesidad de un «Piqué vasco» era un ejercicio de desmemoria y de inexactitud históricas pues en todo caso debía hablarse de Piqué como «el Jáuregui catalán», es decir del político del PP que siguió en Cataluña los pasos claudicantes y fracasados del político del PSE-EE en Euskadi.

Con el batacazo de Piqué en el 14-M fracasa asimismo de manera flagrante una estrategia que ha tenido mucho prestigio para los mismos analistas políticos que se han inventado la demanda del «Piqué vasco» y que jalearon hace años hasta la irresponsabilidad al «Jáuregui vasquista». Esa estrategia tenía por nombre otra expresión que se pretendía feliz y que estaba igualmente condenada al desastre: «enfriar el nacionalismo». En realidad Piqué, y antes Jáuregui, no eran sino la plasmación y la consecuencia fáctica de la aplicación de estos criterios de la ingeniería termodinámica a la política que ¬se supone¬ debía hacerse frente a los secesionismos periféricos.

 «Es preciso enfriar los nacionalismos» decía alguien con mirada perspicaz en medio de cualquier debate televisivo e inmediatamente se le concedía un reconocimiento y una credibilidad absolutas por lo que se presentaba como la apoteosis de la inteligencia, del pragmatismo y del sentido del Estado cuando no era más que lo que deseaban escuchar nuestra comodidad y nuestro miedo.

«Enfriar los nacionalismos » No sabían quienes decían eso que los nacionalismos son refractarios al efecto del hielo y que se calientan solos porque tienen estufa y horno propios. No imaginaban que de tanto seguir esa incuestionable consigna; de tanto intentar enfriar el fuego nos íbamos a acabar enfriando nosotros. No sospechaban que nos íbamos a coger un resfriado de aquí te espero o ¬peor aún¬ que se nos iba a quedar la cara de peces fríos y de muertos que ya tenían ellos, los apóstoles de esa doctrina de la gelidez, de esa frigidez supersticiosa que les parece la repera ante los independentismos incendiarios.

Se habla estos días de «la campaña plana» que ha hecho el PP en estas elecciones inolvidables, pero la solución no estaba en poner hoy «relieves» sino ayer un poco de «calor humano».

MIENTRAS ZAPATERO EXCLUYE EL 13-M DE SU DISCURSO
Aznar: "Sabemos quién mintió, quién manipuló, quién radió y quién televisó las concentraciones"
Mientras Zapatero excluía de su análisis electoral los hechos sucedidos durante la jornada de reflexión, Aznar –desde Bruselas– ha vuelto a entrar de lleno en la cuestión. "Sabemos quién mintió, quién manipuló, sabemos quién afirmó contra las pruebas y quién contribuyo a organizar las manifestaciones contra el PP, quién radió y quién televisó las concentraciones". Además, se preguntó "qué ocurriría si las sedes del Partido Comunista de Llamazares en la próxima convocatoria fuesen rodeadas por 5.000 personas".
 Libertad Digital   26 Marzo 2004

Ante los miembros del Comité Federal del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero expuso lo que será el "nuevo talante" de su gobierno y realizó un análisis de casi todos los acontecimientos ocurridos desde que se produjeron los atentados del fatídico 11 de marzo.

Zapatero dijo que el jueves fue "el día de la solidaridad", en referencia a la actuación de los ciudadanos que ayudaron a las víctimas de los atentados. El viernes, "el día del valor", por la afluencia de los millones de españoles en todas las manifestaciones que se celebraron en el país. "Y el domingo, el día de la democracia", concluyó Zapatero. Pero, ¿y el sábado? Zapatero no quiso entrar en la polémica por las manifestaciones a las sedes del PP, la actuación de cierto "poder fáctico" y la intervención de Alfredo Pérez Rubalcaba en la jornada de reflexión acusando al Gobierno de mentir. Simplemente, el líder del PSOE decidió borrar del calendario el 13 de marzo.

Tras la intervención de Zapatero explicando los nuevos modos que llegarán con el PSOE, llegó el turno del ex presidente Felipe González. El ex líder de los socialistas dedicó su intervención a alertar a sus compañeros de que una eventual mayoría del PP en las próximas elecciones europeas provocaría que los populares intentaran demostrar que los resultados del 14-M no hubieran sido iguales en otras circunstancias "y ese toro hay que pararlo".

A varios kilómetros de allí y dos horas después, el presidente en funciones, José María Aznar, intervenía en rueda de prensa tras concluir el Consejo Europeo y volvió a ser preguntado por los hechos ocurridos en los días posteriores al 11-M y por la gestión de la información por parte del Gobierno. Aznar fue claro en su respuesta, aunque, una vez más, sin poner nombres y apellidos: "Sabemos quien mintió, quien manipuló, sabemos quien afirmó contra las pruebas y quien contribuyó a organizar las manifestaciones contra el PP, quien radió y quien televisó las concentraciones". "Hay quien se ha dado por aludido, pregúnteles a ellos pero no me pregunte a mi", añadió.

Otra periodista volvió a incidir en el tema y preguntó a Aznar si ante unas "manifestaciones de ese relieve los medios no debían haber informado". El presidente del Gobierno declaró: "Para mí es una cosa evidente, hay quien puede entender que en la jornada de reflexión se pueden concentrar ante la sede de un partido y llamar a sus dirigentes asesinos". "Hay alguien incluso que lo ha declarado", dijo el jefe del Ejecutivo en referencia al líder de IU, Gaspar Llamazares. En este sentido, Aznar pidió a los periodistas que se plantearan "qué ocurriría si las sedes del Partido Comunista de Llamazares en la próxima convocatoria fuesen rodeadas por 5.000 personas y lo mismo que a él a otras". Además, afirmó que "en democracia las formas han de ser respetadas y cuando se violentan hay que decirlo".
Sobre la pregunta de si influyeron los hechos ocurridos el 11 de marzo en las elecciones, Aznar declaró: "La respuesta es que sí, cuánta, no le puedo decir". Para terminar, el jefe del Gobierno en funciones dejó claro que no se presentará a las elecciones europeas por el PP y elogió a su amigo Tony Blair del que dijo que es uno de los "dirigentes europeos que merece la pena".

ESPAÑA, EUROPA, EE.UU.
Por ANTONIO GARRIGUES WALKER Jurista ABC 26 Marzo 2004

NO es esta la primera vez que España tiene que enfrentarse al dilema de elegir entre priorizar sus relaciones con Europa o con los EE.UU.. Sucedió ya con la firma de los Convenios de Ayuda y Defensa con los EE.UU. de 26 de septiembre de 1953 y se repitió la situación diez años más tarde con motivo de la negociación para renovar esos acuerdos. El 7 de mayo de 1963 nuestro Embajador en Washington, Antonio Garrigues Díaz-Cañabate, dirigió una carta al entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Castiella, en la que recomendaba firmemente la renovación de los citados acuerdos con las dos condiciones siguientes: «En primer lugar elevar el rango de los Tratados, si no en la letra y en la denominación -lo que, como sabes, obligaría a intervenir al Poder Legislativo, siempre incierto- sí de hecho, obteniendo un verdadero pie de igualdad con Estados Unidos, como el que concede a los otros aliados europeos. En segundo lugar, hacerlo de modo que la alianza americana no nos aísle de Europa, como de hecho ha ocurrido desde 1953, sino al contrario, nos enlace con ella y concretamente con los dos países que más nos interesan -independientemente de Gran Bretaña, que es un caso aparte- es decir, Francia y Alemania».

Desde aquellas fechas hasta hoy han pasado muchas y muy buenas cosas. Se ha recuperado y consolidado la democracia, nos hemos integrado plenamente en Europa y se ha producido una admirable modernización de nuestra vida económica, social y cultural. Lo hemos hecho bien todos y todo, con calidad, incluso con excelencia. La guerra de Iraq -¡maldita y deplorable guerra!- ha vuelto, sin embargo, a complicarnos tanto la convivencia ciudadana como la estabilidad institucional y política. Volvemos al viejo dilema entre Europa y los EE.UU.. Volvemos a poner a prueba, peligrosamente, nuestra sensatez colectiva.

Yo me opuse reiteradamente y de forma inequívoca desde esta misma Tercera de ABC, tanto a la invasión de Iraq como a la decisión de alinearnos de manera absoluta con la posición americana en cuanto ello pudiera afectar negativamente a nuestra relación con Europa. En todo eso coincidí -y pienso que sigo coincidiendo- con una gran mayoría de los ciudadanos españoles. Pero ante los hechos consumados, es decir, la invasión y la alineación de España, no es necesario ni conveniente, reaccionar -como si de una cuestión de principios se tratara- con otros hechos consumados de diferente signo al igual que no sería lógico ni inteligente compensar los errores ajenos añadiendo los propios. Cuanto menos, habrá que pensarlo con cuidado, con objetividad y sobre todo anteponiendo el interés real de España a cualquier otro.

Y en estos momentos el interés real de España parece claro: mejorar substancialmente su relación con Europa y mantener la excelente relación actual, la mejor en toda nuestra historia, con los EE.UU.. Será más o menos difícil y complicado hacerlo, pero eso es exactamente lo que hay que hacer. No tenemos porqué enfrentarnos con el país más poderoso del mundo para poder cambiar el signo de nuestra relación con Europa. Sería una equivocación gravísima que podemos y debemos evitar a pesar de todos los pesares que se puedan poner en la balanza contraria. Es decir, a pesar de que la invasión pudo y debió ser evitada; a pesar de las graves incompetencias que se han puesto de manifiesto durante y después de la invasión; a pesar de que ya parece claro que el gobierno americano y el gobierno inglés manipularon de forma interesada las pruebas sobre posesión de armas de destrucción masiva y las conexiones terroristas; a pesar del daño que su peculiar equipo de ideólogos ha producido a la convivencia global desacreditando y descalificando a las Naciones Unidas; a pesar de haber generado una profunda y peligrosa división en Europa aislando y castigando al eje franco-alemán; a pesar de poner en peligro la relación atlántica; a pesar de haber incumplido su promesa de adoptar posturas menos sectarias y mucho más comprometidas en la crisis, cada vez más profunda y dramática, del Oriente Medio; a pesar de sus continuas resistencias a las instituciones multilaterales y globales; a pesar de la forma -muy alejada de toda humildad- con la que, al fin, ha pedido la colaboración internacional.

A pesar de todo lo anterior y de cualesquiera otros pesares, es, en efecto preciso que, el mundo occidental en su conjunto, más Rusia y China, colaboren decididamente con los EE.UU. a salir de unas encrucijadas sumamente complejas (Iraq y Oriente Medio) que si no se controlan pronto en alguna forma pueden colocarnos a todos en situación de grave riesgo, en auténtico peligro, porque estamos «fabricando» a marchas forzadas, en jornadas de tres turnos, odios, fanatismos y fanáticos que acabarán siendo absolutamente incontrolables, auténticas armas de destrucción masiva. Francia y Alemania ya han iniciado -aunque sea con reservas- un proceso de acercamiento a los EE.UU. y no tendría mucho sentido que España iniciara, a solas, el proceso contrario.

José Luis Rodríguez Zapatero -un hombre que está en condiciones de ser un gran presidente, un hombre que cree en las formas y en las buenas maneras- tiene mucha y buena razón al proclamar la necesidad de «corregir el rumbo de la política internacional» y es ahí justamente donde España puede cumplir un papel muy significativo en este momento histórico. Gracias a todos los gobiernos democráticos anteriores y gracias en concreto a los gobiernos presididos por José María Aznar, hemos alcanzado un alto crédito como nación seria y cumplidora y tenemos una inmejorable capacidad de diálogo con todos los países del mundo. Somos un ejemplo de éxito político y además hemos sufrido el terrorismo tanto el interior como el exterior lo cual nos da experiencia y autoridad moral. Esta situación nos va a permitir moderar actitudes, buscar y arbitrar soluciones y sobre todo ayudar a que se genere un clima distinto.

La corrección del rumbo que reclama el presidente electo, pasa por una clave: mejorar a fondo la relación entre Europa y EE.UU.. Eso va a requerir, por parte europea que el eje franco-alemán, en crisis económica y con debilidad política, se dé cuenta de que para seguir siendo el eje esencial de Europa tendrá que evitar la tentación de dar lecciones permanentes de ética a los EE.UU. o de ponerle condiciones de cumplimiento imposible o de reclamar sólo para ellos mismos todo el protagonismo y todo el poder europeo. Francia y Alemania tendrán que aceptar que con esas tácticas se han quedado solos, aislados y sin capacidad de respuesta. Europa tiene que estar presente en las crisis actuales con una voz fuerte y bien consensuada. Sin Europa no hay solución civilizada a los problemas del mundo y sin los EE.UU. no hay solución posible. Vigorizar y dar sentido concreto a la relación atlántica es la solución obvia y la obligación más urgente. Sólo así se podrá crear con paciencia y con tino, un nuevo orden capaz de dirigir esta era de la globalización. En ese nuevo orden, EE.UU. -que tiene la mayoría absoluta de los poderes de la tierra- ejercerán una influencia decisiva, y eso es algo que habrá que asumir sin reservas, pero por el bien del mundo y por su propio bien tendrán que renunciar a la ley del más fuerte como guía básica de conducta y a su torpe convicción de que ellos y sólo ellos están en condiciones de arreglar este caótico mundo y en concreto erradicar el terrorismo -su único enemigo exterior- de la faz de la tierra. El «fracaso esplendoroso» de Iraq les ha hecho ver que es necesario internacionalizar el conflicto y permitir a la ONU que asuma ahora la responsabilidad que debió tener desde un principio. Se ha dicho que EE.UU. llega a las soluciones correctas después de haber intentado antes todas las equivocadas. Sea o no verdad, alegrémonos de que ya estén en el buen camino y evitemos que una promesa electoral se convierta en un remedio peor que la enfermedad.

La Fundación Buesa exige a los partidos respeto a las víctimas en sus proyectos
Pide que el «falso alivio» que muchos vascos sintieron tras el 11-M no sirva «para anestesiar las conciencias»
LUIS SALA/VITORIA El Correo 26 Marzo 2004

«Cualquier proyecto de convivencia, para ser moral, deberá respetar la memoria de las víctimas; para ser legítimo, deberá plantearse en condiciones de igualdad y libertad de todos los participantes; y para ser legal, deberá cumplir las reglas de juego preestablecidas, que en democracia se plasman en las normas legítimamente aprobadas».

Éste es el mensaje central que Natividad Rodríguez, viuda de Fernando Buesa, en su condición de presidenta de la fundación que lleva el nombre del político socialista asesinado por ETA, llevó ayer al Parlamento vasco. Lo hizo en la ponencia encargada de analizar la situación y necesidades de las víctimas del terrorismo y no estuvo sola en su comparecencia. Le acompañaban, entre otros miembros de la fundación, el ex alcalde de Vitoria, José Ángel Cuerda, y el ex diputado general de Álava, Emilio Guevara.

Dos semanas después de los atentados de Madrid, Natividad Rodríguez habló de la sensación de «falso alivio» que muchos vascos sintieron al conocer que la masacre de Atocha no era obra de ETA. Una sensación que, a su juicio, «no puede servir para que se vuelvan a anestesiar las conciencias» y se actúe «como si nada hubiera sucedido» antes del 11-M. «No podemos olvidar que, aunque no haya sido ETA la autora material de esta masacre, podía haberlo sido», argumentó. «De una vez por todas debemos entender que a todos los terrorismos los une el fanatismo, que se manifiesta de diversas formas pero comparte la misma raíz totalitaria».

La viuda de Fernando Buesa recordó que en Euskadi «tenemos nuestro propio tren con 922 víctimas, una realidad no menos terrible porque se haya producido a lo largo del tiempo». Por eso mismo, reclamó el esfuerzo de todos los partidos para no permitir que «este tren reanude su marcha de dolor y muerte».

En su intervención ante los parlamentarios no faltaron las quejas y las peticiones. Exigió que las víctimas no sean «utilizadas como mercancía política» y, en este sentido, recordó que la fundación que preside denunció la emisión en TVE y Telemadrid de la película 'Asesinato en febrero' el sábado anterior a las elecciones generales, «porque entendía que existía una evidente intencionalidad partidista en esa medida».

Al mismo tiempo, y más que nunca después del 11 de marzo, reclamó para las víctimas del terrorismo un lugar central en el debate político, porque «nadie puede entender la política vasca de los últimos años sin la existencia de una sociedad profundamente atemorizada por la actividad asesina de ETA».

Sostuvo que «quienes no comparten la ideología totalitaria del nacionalismo radical vasco» y ejercen la política en Euskadi se ven obligados a pagar «el injusto peaje del miedo, el acoso, la hostilidad y la falta de libertad». Una situación de la que muchas familias sólo logran librarse «alejándose de cuando en cuando, aunque sea a comunidades limítrofes, para respirar un poco de aire fresco y recuperar dosis de energía para poder continuar».

Natividad Rodríguez lamentó la «evidente falta de empatía con el dolor de las víctimas» que percibe en la sociedad vasca. En concreto, denunció que muchos ayuntamientos e instituciones se escuden en «argumentos puramente formales o de tipo procedimental» para no solidarizarse con ellas. Las víctimas, añadió, «siguen necesitadas de cercanía», y agradecen, «más si cabe», el apoyo de quien piensa diferente.

"No acepto la pretensión de incluir comarcas aragonesas en una nación catalana"
El presidente del Ejecutivo rechazó ayer cualquier plan de anexión sobre el territorio aragonés tras ser preguntado por el líder del PP.
J. M.Zaragoza Heraldo de Aragón 26 Marzo 2004

El presidente del Ejecutivo rechazó ayer de manera contundente la pretensión de determinados sectores catalanistas de incluir cinco comarcas aragonesas en una hipotética nación catalana. "Ni lo comparto, ni lo acepto, ni tiene nada que ver con la Constitución, ni con los Estatutos de Aragón y Cataluña, ni con nuestra historia remota ni presente".

Iglesias se posicionó de esta manera tras ser preguntado por el presidente del PP en Aragón, Gustavo Alcalde, quien le acusó de, hasta ahora, "frivolizar" con este asunto.

El presidente aragonés señaló que "es una cuestión muy sensible" y destacó que "no conozco a ningún alcalde, concejal o ciudadano en esas comarcas que dude de dónde pertenece, después de muchas etapas de lejanía".

Además, resaltó que este planteamiento anexionista "no tiene sólo que ver con ERC, también con CiU, partido al que ha apoyado el PP".

Iglesias detalló la posición del Ejecutivo aragonés ante este asunto: "No activar el problema". A su juicio, la actitud crítica del Partido Popular respecto a ERC "consigue que ese partido pase de uno a ocho diputados". Por esto, instó a "no hacer política con estas cosas".

Por su parte, Alcalde criticó la anterior intervención de Iglesias sobre este asunto, en la que irónicamente señaló que "no veo tropas ni tanques". Le acusó de "frivolizar, cuando diferentes informaciones han demostrado que la página web de ERC incluye parte de Aragón en los "Països catalans"".

El presidente del PP censuró a Iglesias que "siempre ve expolios y agravios en las actuaciones del PP, pero en este asunto no mostró ni un murmullo de queja, dio la callada por respuesta".

Alcalde relacionó además la eurorregión que propone Maragall con la propuesta nacionalista de "Països catalans". "Forma parte de los delirios de grandeza de Pasqual Maragall", señaló. Además, expuso en rueda de prensa diferentes informaciones de la prensa catalana en la que, según indicó, se relaciona a Iglesias con una fundación pancatalanista.

Por otra parte, las juventudes del PAR, el Rolde Choben, criticó "la intención de ERC de defender los "Països Catalans" en el Congreso de los Diputados". Además, defendieron "la integridad territorial de Aragón".
"Sin actividad en Aragón"

El presidente de CHA, Bizén Fuster, aclaró que ERC "no incluye en su programa electoral ni ha promovido en ninguna institución" ninguna medida relacionada con estas comarcas aragonesas. Explicó que mientras la formación catalana sí desarrolla actividad política en Baleares o en la Comunidad Valenciana, este partido nunca ha desarrollado ningún tipo de actividad en Aragón. También señaló que la mención a este territorio como aspiración para una parte de la "nación catalana" "sólo se realizó en una declaración en 1993".

El valor político de la verdad
A. DOMINGO MORATALLA JOSÉ IBARROLA/PROFESOR DE FILOSOFÍA DEL DERECHO, MORAL Y POLÍTICA. UNIVERSIDAD DE VALENCIA El Correo 26 Marzo 2004

A medida que comienzan a serenarse los ánimos tras la masacre terrorista del 11-M y después de la victoria de ZP en las elecciones del 14-M, todos estamos llamados a situarnos con serenidad en el nuevo escenario político. No será una tarea fácil porque las agendas no estaban preparadas para representarse en un escenario donde no sólo desconocemos el fondo en el que aparecerán las nuevas figuras, sino la consistencia de los argumentos. Son días para no olvidar el valor político de la verdad.

En la teoría política contemporánea hay un debate sobre el papel que la verdad y la justicia desempeñan en la vida pública. El equipo de los liberales prefiere construir un sistema democrático mediante una teoría de la justicia y no mediante una teoría de la verdad. En sociedades modernas, abiertas y tolerantes, la vida pública no puede estar presidida por la verdad -que es una cualidad de los sistemas de pensamiento, de la vida teórica-, sino por la justicia, valor propio de la razón práctica y con el que conciliar intereses contrapuestos, organizar la vida pública y distribuir recursos escasos. Es el equipo de John Rawls y Ronald Dworkin, donde la verdad es siempre desplazada por la justicia, donde está muy claro que la verdad es una preocupación propia del liberalismo filosófico o metafísico y la justicia, una preocupación del liberalismo político.

Frente a éstos, el equipo de los comunitaristas recuerda a los liberales que la justicia tiene los pies de barro si no está edificada sobre la verdad. El mejor favor que se les puede hacer a las sociedades modernas, abiertas y tolerantes no es dejar de lado la preocupación por la verdad, sino colocarla en primer plano. La intolerancia, el dogmatismo y el fanatismo no se combaten privatizando las convicciones 'metafísicas' sino poniéndolas a prueba a través de las argumentaciones públicas. Es el equipo de Alasdair MacIntyre y Charles Taylor, donde no hay miedo a la 'metafísica' porque no hay una sociedad justa si no se ha tejido con los mimbres de la verdad.

Aunque las posiciones no sean tan nítidas, sí son importantes para hacer un balance de lo que nos está sucediendo. Primero, porque la masacre del 11-M rompió lo que los liberales llaman «equilibrio reflexivo» en la vida institucional. Los acontecimientos de ese día, como ya había sucedido el 11-S del año 2001, anunciaban el retorno de Hobbes y una psicologización de la vida política donde la gestión del miedo y la búsqueda de seguridad desplazarían la gestión de las responsabilidades y una serena reflexión pública.

La ruptura de este «equilibrio reflexivo» se percibió en las manifestaciones del 12-M cuando algunos grupos aplicaron al Gobierno el principio de sospecha en lugar de aplicarle el principio de confianza. Las comparecencias del ministro no conseguían restablecer ese equilibrio por dos razones muy sencillas. Primera, porque la simple sospecha de que un gobierno miente tiene más capacidad movilizadora que cualquier programa político. Segunda, porque después de una legislatura marcada por el 'Prestige', la guerra o las llamadas contrarreformas educativas, las nuevas generaciones estaban entrenadas para la movilización. El crédito en las declaraciones de un gobierno -sea del color que sea- no es flor de un día, es el resultado de políticas informativas basadas en la transparencia responsable, el pluralismo deliberativo y la sinceridad de los comunicadores.

En segundo lugar, porque la masacre desafiaba a quienes estábamos dispuestos a tomarnos los derechos 'en serio'. Para todos los terroristas, el derecho y sus principios tienen un valor instrumental, son herramientas al servicio de una 'causa primera', de una pretendida verdad luminosa, escatológica y milenaria. Esos días aparecieron en la vida pública muchos profesionales de la trivialización del derecho que no sólo planteaban el bombardeo de Irak como contrario al derecho internacional, sino que despreciaban el significado que la ley electoral atribuye a la jornada de reflexión convocando a una despiadada desobediencia callejera.

Algunos se creían que estas convocatorias partían de la sociedad civil ahora ciegamente organizada a través del teléfono móvil y que, por tanto, aunque no suponían tomarse en serio el derecho, sí suponían tomarse en serio la ciudadanía. Flaco favor le hicieron a la ética cívica, a los valores democráticos y a las reglas del juego limpio quienes se manifiestan gregariamente contra las sedes de los partidos políticos (en este caso el PP), quienes convocan a la desobediencia callejera y quienes después del 14-M se han enorgullecido públicamente de ello.

En tercer lugar, nos esperan tiempos donde poner en marcha lo que el equipo liberal ha llamado «consenso entrecruzado». A pesar de lo que muchos piensan, no serán tiempos fáciles para el diálogo político si éste lo entendemos como simple negociación legislativa. Serán tiempos para el diálogo político si éste no lo entendemos retóricamente como horizonte verbal para la estabilidad institucional que necesitan los ciudadanos, sino como disposición para construir una nueva cultura política donde las tradiciones tienen que circular, cruzarse y ponerse a prueba. Consensuar no es negociar nombramientos, modificar artículos en un proyecto de ley o construir enmiendas transaccionales que permitan obtener mayorías cualificadas.

El nuevo consenso no puede construirse con los mimbres del dogmatismo, el escepticismo o el relativismo. Se conseguirá con la frágil memoria de los propios programas, la débil coherencia de las propias tradiciones y, lo que es más importante aún, desterrando de la vida pública el emotivismo moral donde la verdad de los argumentos no está en su ajuste o correspondencia con la realidad sino en la capacidad emotiva de los personajes que los emiten, sean políticos o artistas, científicos o sindicalistas. Será fruto de la responsabilidad porque a partidos, militantes y ciudadanos nos ha llegado lo que en retórica taurina llamamos «la hora de la verdad».

Galeusca
Carmen Martínez Castro La Razón  26 Marzo 2004

Entre el duelo del 11-M, las quinielas del nuevo Gobierno y los insólitos lamentos de Prisa por el «acoso intolerable» al que está siendo sometido, ha pasado casi inadvertida la presentación de la rediviva Galeusca. Mas y Durán, Imaz y Quintana se plantaron en la capital para recordarnos que sigue vigente un acuerdo cuyo único objetivo es superar el actual modelo territorial. Los nuevos rostros de los viejos nacionalismos se han hecho las fotos de rigor y se han felicitado por el escenario alumbrado en las elecciones. Todo muy previsible: doble brindis ¬por la derrota del PP y el fin de las mayorías absolutas¬, declaración de intenciones y un término para la reflexión: Galeusca.

Ya no se habla de la Declaración de Barcelona para referirse al pacto nacionalista. Los nuevos tiempos traen el acrónimo de Galicia, Euskadi y Cataluña al mercado de los conceptos de uso diario.

Es difícil establecer qué cálculos políticos han llevado a PNV, CiU y BNG a desempolvar, precisamente ahora, un término que nos remite al periodo más dramático de nuestra Historia reciente, los prolegómenos de la Guerra Civil. Resulta paradójico. Lo primero que hacen los sucesores de los líderes nacionalistas que protagonizaron la transición ha sido ponerse a buscar referentes en la Segunda República. La mejor de las interpretaciones es que estamos ante un rasgo de bisoñez o simple nerviosismo.

PNV, BNG y ¬especialmente¬ CiU, necesitaban urgentemente un gesto que les devuelva el protagonismo perdido ante ERC, la nueva «starlette» nacionalista. Cada uno de los nacionalistas está realizando su digestión de los resultados electorales y todo parece indicar que unos y otros van a entrar en la puja y la escalada rupturista. A Zapatero y a Montilla les tocará lidiar ese toro, y ahora ya no vale el «todos contra el PP».

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