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Recortes de Prensa     Sábado 27 Marzo 2004
 

 

 

TRES ERRORES
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 27 Marzo 2004

NUESTRO NOMBRE ES DEMOCRACIA
PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO ABC 27 Marzo 2004

La segunda transición
José García Domínguez Libertad Digital  27 Marzo 2004

El poso de la Guerra
Cristina Losada Libertad Digital  27 Marzo 2004

Contra Aznar vivíamos mejor»
José Clemente La Razón  27 Marzo 2004

EL CONFESO LLAMAZARES
Jaime CAMPMANY ABC 27 Marzo 2004

Aznar pide a Zapatero que plante cara a los que el 11-M declararon la guerra a España
EFE Libertad Digital  27 Marzo 2004

TRES ERRORES
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 27 Marzo 2004

NADA hay más importante que el inmenso dolor de las víctimas y la inmensa perversidad moral de sus asesinos. Todo lo demás pertenece a un orden jerárquico inferior. A la mayor matanza terrorista sufrida por España, y una de las más atroces de la historia, le han seguido tres gravísimos errores que vulneran los principios fundamentales de toda lucha antiterrorista. Y lo peor es que los tres han sido el resultado de una burda manipulación.

Primer error. Ante una agresión terrorista, un pueblo debe sentirla como propia y permanecer unido en torno a su Gobierno legítimo, culpar a los autores y a los responsables y exigir justicia. Aquí, un sector poderoso de la izquierda ha transferido, y con éxito, la responsabilidad a Aznar. Se diría que Al Qaida no es responsable (no obstante, las investigaciones sobre la autoría no han concluido) o que se trata de una especie de vengador justiciero islámico. Las acusaciones a Aznar han sido una explosión de vileza. Por lo demás, no deja de ser inconsecuente la pretensión de que el régimen de Irak no tuviera nada que ver con el terrorismo y, a la vez, interpretar las matanzas de Madrid como una represalia por la política de Aznar. La única culpa de los crímenes corresponde a los criminales.

Segundo error. Un principio fundamental de la lucha contra el terrorismo es no ceder jamás a las pretensiones de los terroristas. Ceder es claudicar y dar motivos para continuar asesinando. Y una forma de ceder es castigar al Gobierno después de un atentado. La fecha elegida por los terroristas revela su patente intención de influir en el proceso electoral. Por desgracia, han tenido éxito. Ya saben que, al menos en algún país occidental, las bombas cambian Gobiernos. Al fin y al cabo, ése es el fin que pretenden: la destrucción de nuestras democracias y de nuestra forma de vida pública.

TERCER error. Derivado del anterior. Consiste en cambiar la política como consecuencia de un atentado. En este caso, la política exterior y la alianza antiterrorista, concretamente anunciar la retirada de las tropas españolas destacadas en Irak. Ciertamente, el anuncio de Zapatero era muy anterior a la matanza. Pero, ahora que, cambiando su criterio, busca una fórmula legal que le impida tener que cumplir su promesa -cambian bruscamente su valoración sobre la tarea humanitaria y avalada por la ONU de nuestras tropas-, podía haber anunciado la permanencia de las tropas para evitar la impresión, por otra parte razonable, de que se cede al crimen. Si el terror cambia Gobiernos, puede cambiar las políticas. Quien puede lo más, puede lo menos.

AHORA lo urgente es demostrar que en España el terror no genera dividendos. Lo malo de este triple error nacido de la manipulación y del resentimiento es que revela graves deficiencias en el estado intelectual y moral de la opinión pública española. (Se trata de una generalización que, sin duda, no incluye a todos los ciudadanos; es sólo un estado de opinión dominante o muy presente). Desmoralizada, en el sentido originario del término, y, por lo tanto, desarmada moralmente ante los poderosos, no parece capaz de oponerse y resistir a quienes aspiran a reducirla a la pasividad o a movilizarla (ilegal e injustamente) en favor de sus intereses partidistas. Lo político es casi siempre superficial y secundario. Lo grave se oculta en el seno profundo de las sociedades. La degradación de los valores o la inversión de su jerarquía producen una sociedad sin alma, desalmada. No sólo los políticos deben hacer autocrítica.
 

NUESTRO NOMBRE ES DEMOCRACIA
Por PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO Rector de la Universidad Rey Juan Carlos ABC 27 Marzo 2004

HOY más que nunca, transcurridos unos días desde los execrables atentados terroristas perpetrados en Madrid, nuestro nombre, el nombre de España, y el de todos y cada uno de sus atribulados, pero asimismo orgullosos ciudadanos, es el de democracia. En este momento nos vienen a la cabeza las apasionadas palabras con que Tucídides cantaba la famosa Oración Fúnebre de Pericles: «Nuestra Constitución se llama democracia porque el poder no está en manos de una minoría, sino en todo el pueblo». Por más que ciertas conductas, no hay duda, hayan ido más allá de las reglas de la correttezza costituzionale, y la explicación del sentido del voto haya estado muy predeterminado por una situación de anómala emotividad.

Si la finalidad del legendario discurso del estadista griego era entonces levantar el ánimo ateniense, con ocasión de los soldados caídos en el primer año de la gran guerra contra Esparta, en la actual España constitucional, nuestra voz no sólo debe servir de homenaje a las víctimas inocentes de tan brutal ignominia, y al más caluroso respaldo y condolencia a sus familiares, sino también para reiterar la convicción, tras la ejemplar muestra de ciudadanía del pueblo español, de la indiscutible supremacía, tanto moral como social, de su forma de organización de la res publica: la democracia. ¡Vox populi, vox sanctae!

Unas elecciones, las del catorce de marzo, el pridie idus martii, que confirman, una vez más, y ya van nueve ocasiones desde los primigenios comicios de 15 de junio de 1977, la madurez política de nuestra Nación y de un sistema de gobierno que se hilvana, ciudadano a ciudadano, sobre el parecer de la mayoría, pero con el necesario respeto simultáneo a las minorías. Unas elecciones, abrumadoramente participadas, que son la mejor constatación del respaldo unánime a nuestro legitimado modelo de convivencia codecidida desde nuestro Pacto constituyente de 1978.

Nación española y Democracia se exteriorizan, pues, como términos de entidad y expresión indefectiblemente vinculados. Una Nación, como apunta el mismo Preámbulo de nuestra Constitución, que desea «establecer una sociedad democrática avanzada», y que, frente a la barbarie de los violentos, colabora «en el fortalecimiento de las relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra». Nos estamos refiriendo a la venturosa consolidación de nuestro régimen constitucional, una forma de relacionarnos que nos afecta esencialmente como individuos y que preside el perfil de la propia condición humana en los Estados democráticos de Derecho. Una manera de regir los destinos públicos, que transforma la decisión singular de implicación en un colectivo acto de responsable ciudadanía.

¡Nosotros no estamos dispuestos a ser encadenados por las abyectas esposas del horror totalitario! ¡Nosotros somos los desafiantes sujetos de la mejor de las Españas posible, nacida y desarrollada a la luz, nunca mejor dicho, del ejercicio de la libertad civil! ¡Nosotros, el pueblo español, como en la Oración Fúnebre de Tucídides, somos los únicos y exclusivos titulares de la soberanía, y sobre ella, entre todos, tejemos nuestra vida en sociedad y erigimos paralelamente el existir y el funcionamiento diario de nuestras legítimas instituciones! ¡Frente al sórdido vacío y el horror del cegado terrorismo oponemos la más excelsa y limpia de las miradas de la condición humana! Por ello, los españoles nos negamos a aparecer como los sujetos pasivos -¡estamos vivos!- de la Capitale de la douleur que cantaba Paul Éluard. El propio Rey, en su mensaje del mismo once de marzo, lo recalcó espléndidamente: «Que no haya duda: el terrorismo nunca conseguirá sus objetivos: no conseguirá doblegar nuestra fe en la democracia».

Los españoles estamos convencidos de la necesidad de preservar e impulsar, con la acción decidida de todo el colectivo nacional, la vida cívica, por lo demás tan difícilmente alcanzada. De la pertinencia de suscribir y amparar la dignidad moral de la democracia constitucional. Una democracia que nos auxilia además hoy a despertar del lógico anonadamiento provocado por el degradado desafío terrorista. Un sistema político, el de la democracia, es cierto, sometido a la servidumbre de la libertad, éste es su condicionante, pero también su grandeza. Una forma de coexistir en libertad que, al engrandecer la ciudad, nos enaltece como ciudadanos. Hoy aspiramos a construir, como en su momento la ciudad de Atenas, nuestra «escuela de la Hélade». Una «escuela democrática» donde, como en los tiempos de la época dorada de la capital ateniense, la ley es igual para todos (isonomia) y la participación política es idéntica en los asuntos públicos (isegoria) y en el poder político (isocratia).

No es el cometido de estas reflexiones entrar a analizar las razones del vuelco electoral acontecido: sí la dimensión del atentado sufrido; sí los estertores de la Guerra de Iraq; sí el miedo ciudadano a asumir otra forma de terrorismo; sí la manera de gestionar la crisis producida, etc. Sean cuales quiera las causas, ya llegará el momento de escudriñarlas con detenimiento, parece haber en ello algo consustancial a la misma forma de ordenación democrática; un modelo de convivencia en el que, como señalaba el mismísimo Winston Churchill, nos aguardan sorpresas todos los días, donde un minuto de tiempo es una eternidad, y donde nada está ganado de antemano.

El propio Chuchill tuvo ocasión de constatarlo directamente, y del modo seguramente más injusto, cuando, tras dirigir con extraordinario coraje la resistencia de su pueblo y de los Estados libres, perdería, finalizada la Guerra, las elecciones del mes de julio de 1945. Sorprendentemente, y tras impeler la victoria en Europa, era derrotado por un amplio resultado en Gran Bretaña. Pero su testamento político, todavía hoy, es una referencia, por su clarividencia y generosidad: «La decisión del pueblo británico ha quedado patente en los votos... Inmensas responsabilidades en el extranjero y en la Nación recaen sobre el nuevo Gobierno, y todos debemos esperar que sepan cargar con ellas. Sólo me queda expresar al pueblo británico por el que he actuado en estos años llenos de peligros, mi profunda gratitud por el firme e inquebrantable apoyo que me han dado durante mi tarea, y por las muchas expresiones de bondad que ha mostrado».

La España que vivimos afronta, lo sabemos bien, significativos retos: la defensa de la cohesión nacional y del marco constitucional, nuestro protagonismo en política internacional, la consolidación del desarrollo económico y, por supuesto, el mantenimiento de la lucha contra el terrorismo. En ello estamos todos apremiados, como ciudadanos, a respaldar al nuevo Ejecutivo nacido de las urnas. Y mientras, estoy convencido, el tiempo situará al saliente presidente del Gobierno, como ya ha sucedido antes, en las mejores páginas de la más reciente historia de España.

PSOE
La segunda transición
José García Domínguez Libertad Digital  27 Marzo 2004

Sólo se puede entender reparando en que los hermanos Izquierdo –los de Puerto Hurraco– fueron detenidos el día de autos con el carné del PSOE en el bolsillo. Me refiero, claro, al aluvión de resentimiento y afán de revancha a cuatro columnas y doble espacio que, después del 14 de Marzo, sigue anegando cada mañana la sección de opinión del diario de la crema de la intelectualidad progresista. Si se encontrase el método técnico para desalinizarlo, ese caudal de bilis que no dejan de vomitar ilustres catedráticos y doctos jurisconsultos sería suficiente para resolver con creces el problema hidráulico del Levante, con el consiguiente ahorro de las costosas inversiones que requerirá el PHN. Y es que la amargura que destila la victoria socialista y su vitriólica celebración están poniendo crudamente de manifiesto una de las grandes carencias de la democracia española: la tarea inconclusa de intentar civilizar a la izquierda.

Desde la jornada de reflexión, sabemos que la modernidad no es más que un levísimo barniz que se adhiere con dificultad a la superficie arisca de cierta España cejijunta que en el último cuarto de siglo únicamente ha aprendido a utilizar las funciones de un teléfono móvil. Con esa España firmó un contrato moral Rodríguez Zapatero cuando lanzó a las calles a los hijos de la LOGSE, para intentar dar un golpe de Estado con la coartada de que se había hundido un barco en el curso de una tormenta. El futuro presidente añadió nuevas cláusulas al pacto al volver a usarlos como fuerza de choque contra la legitimidad del Ejecutivo durante la intervención aliada en Irak.

Por fin conseguido el objetivo del Poder, ellos continúan tomando a Al Qaeda y a ETA por dos respetables ONG, y ZP sigue confundiendo a la OTAN con la UNICEF, pero son discrepancias secundarias. Lo sustantivo es la perfecta sintonía entre el próximo líder de la octava potencia económica del mundo y absolutamente todos los antisistema que no quieren enterarse de que el Muro de Berlín cayó en 1989, ni de que Franco murió en la cama en noviembre del año 75 del siglo pasado.

El suicida de los tres calzoncillos fue la última gran superproducción de la factoría de la realidad virtual desde la que estos días claman venganza algunos de los papás de esos hijos de la ira que han hecho suyas las calles. Pero lo que promocionan ahora los tribunos del pensamiento único con sus jaculatorias es un serial por capítulos. Se trata de un remake adaptado a los nuevos tiempos de un viejo éxito de la casa que llevaba por título El bienio negro, y que aún hoy sigue generando ingresos por derechos de reproducción.

Se trata de ofrecer a ese gran público, ya ducho en el asalto impune a las sedes del PP, el argumento que explique que la derecha no está legitimada para gobernar. Ni antes, ni ahora, ni después, ni nunca. En entregas posteriores, a la audiencia le será revelado que la nación no es más que la coraza que esos usurpadores idearon para suplantar a los únicos y verdaderos representantes de la voluntad general. Y en el último capítulo, se explicará del modo más didáctico posible que esa invención espuria de ningún modo debe seguir ejerciendo la soberanía sobre territorios que, a diferencia de ella, sí son reales. Con una butaca reservada para ZP en el palco de honor, todos están invitados ya al gran estreno. ¿El título del culebrón?: La segunda transición.

Artículo en NYT
El poso de la Guerra
Cristina Losada Libertad Digital  27 Marzo 2004

¿Resuena en España algún eco de la guerra civil? En la prensa extranjera se han publicado estos días varios artículos que tratan esa cuestión, a tenor de lo ocurrido entre el 11-M y el 14-M. Uno de los primeros que la abordó fue el historiador Antonio Feros, en un excelente artículo sobre la influencia de la memoria de la guerra civil en la política española ("Civil war still haunts Spanish politics", New York Times, 20-03-04). El profesor Feros ofrecía una base argumental para entender por qué un conflicto ocurrido hace casi setenta años sigue siendo “punto de referencia” en nuestra política, y presentaba distintas opiniones tanto sobre ese aspecto como sobre la interpretación de la guerra, que existen en España.

Pese a que la mayoría de los españoles ha consignado la guerra al pasado, y lo hizo antes ya de que llegara la democracia, “lo del 36” no ha dejado de estar presente en nuestro teatro político. Es comprensible que un suceso traumático como aquel deje un poso en la vida política de un país, y no se puede descartar que el poso vuelva a enturbiar las aguas. En la medida en que la guerra se instale, no como suceso histórico a analizar y debatir desde la perspectiva de que pertenece al pasado, sino como arma del combate político presente, aumentará la probabilidad de que así sea.

Desde la Transición, ha sido la izquierda la más interesada en mantener a la guerra civil “operativa” en el escenario político. Lógicamente, puesto que extrae de su interpretación de lo sucedido, tanto legitimidad para ella misma como deslegitimación para la derecha. El profesor Feros recogía este punto de vista citando un artículo mío (“Por qué mis amigos no quieren revisar sus ideas sobre la guerra civil”, La Ilustración Liberal nº 17).

Pero también señalaba yo allí otra ventaja más coyuntural que le reporta a la izquierda su versión de la guerra, y que explica, en parte, el “desentierro” de los últimos años: le permite “sanar” el daño provocado por su larga estancia en el poder. Los abusos cometidos por el PSOE en sus trece años de gobierno fracturaron la confianza en él; darle nuevo lustre y publicidad al pasado glorioso y mítico de la izquierda era un modo de recuperar prestigio, y de reagrupar a su base social.

Los profesores Santos Juliá y Paloma Aguilar indicaron a Fores que si bien el PSOE vinculó al PP al franquismo -y con ello al bando que “aplastó la democracia”- en las campañas electorales de 1993 y 1996, no lo hizo en la del 2000. Pero si no agitó tanto el fantasma del doberman y la derechona, no fue porque lo enterrara definitivamente, sino porque en el 2000 ya había gobernado durante cuatro años la derecha y no había pasado nada de lo que había hecho temer la propaganda de la izquierda: el tema ya no era útil. Pero lo sería poco después.

Fue bajo el primer gobierno del PP cuando empezó a tomar fuerza un movimiento por la “recuperación de la memoria histórica”, que promovía actividades como la excavación de fosas, que bien podían haberse realizado mucho antes. También fue cobrando vigor la tesis de que la Transición había sido “amnésica” y que era hora de “hacer justicia”, cosa que sorprendía que no se hubiera hecho ya. Y fue en el 2003, a las dos décadas de finiquitado el franquismo, cuando se plantea en las Cortes una condena de sus crímenes, y se organiza un Congreso de víctimas. No es de extrañar que uno de los asistentes declarara: “Parece increíble que haya habido que esperar 25 años”. No lo parecía, lo era.

La revitalización del tema de la guerra civil durante los últimos años adquiere sentido, en mi opinión, si se interpreta como parte de una estrategia para la recuperación del poder por el PSOE. Ante la dificultad de hincarle el diente a la labor de gobierno del PP, la dirección socialista opta por convertirlo en bestia negra. A la creación del monstruo contribuye vincularlo al bando que “asesinó a García Lorca” e identificarlo con la “derecha genéticamente antidemocrática”, o “fascista y asesina”, de toda la vida. Es por ello que la guerra civil regresa al primer plano de la escena.

El PSOE, junto con otros partidos de izquierda y los nacionalistas periféricos, apostó por exacerbar la polarización, dividiendo el campo entre unos “buenos” y “malos”, que corresponden a los viejos bandos de la guerra. De momento, eso ha permitido que minorías agresivas –hasta ahora, sólo de izquierdas- puedan marcar el clima político e influir en la situación, como con el insólito acoso a las sedes del PP el día antes de las elecciones.

El profesor Enrique Moradiellos, según recogía Fores en su artículo, advertía que “el uso de la guerra civil para interpretar el presente es muy peligroso”. En mi opinión, el peligro radica en que se convierta en arma política, que es lo que da pie a que se introduzca en el análisis. En manos de los partidos que la usan está que se entierre definitivamente el hacha de la guerra.

Contra Aznar vivíamos mejor»
José Clemente La Razón  27 Marzo 2004

El PSOE ha ganado las elecciones generales de carambola. Y las ha ganado, además, con un programa de oposición, no de gobierno. Ahora, le tocará lidiar a su electorado con promesas de difícil cumplimiento que, a buen seguro, le provocará algún que otro desgaste. De hecho, en determinados círculos socialistas ya empieza a correr aquel viejo eslogan de los desencantados de la Transición: «Contra Aznar vivíamos mejor», que tan bien resume la frustración de un cambio posiblemente más precipitado que deseado. Zapatero llega al poder y en su primer encuentro con los líderes mundiales empieza a saborear el regusto amargo de muchas promesas que quedan bien para la campaña de un partido de la oposición, pero que molestan sobremanera cuando se han de gestionar desde la cúspide del poder.

El retorno de las tropas españolas destacadas en Iraq, por cierto, en misiones de pacificación y ayuda humanitaria, se ha convertido ya en un peligroso asunto de Estado del que ya veremos cómo sale el PSOE, pues el «no nos defraudes» de los concentrados en Ferraz el 14-M pesa como la losa de la OTAN, a la que se llegó «de entrada, no» y se salió trasquilado.

Pues bien, si la presencia española en Iraq ya es uno de los conflictos que quitan horas de sueño al futuro presidente del Gobierno, no menos lo es el asunto del PHN. ¿Qué fácil era decir durante la campaña que no al agua en Aragón y Cataluña! ¿Qué difícil resulta ahora para el gobernante no tener en cuenta la integridad territorial de España, sus gentes, sus necesidades y su cohesión!

Quien siembra vientos, recoge tempestades o, quien mucho habla, mucho yerra o, de aquellos polvos, estos lodos, que dice nuestro refranero. ZP y los suyos tendrán que hacer equilibrismo político para no repeler a las masas que el 13-M trataron de reventar la democracia y el día siguiente le advirtieron que no fallara. «El poder no me cambiará», dijo ZP con voz de no creérselo demasiado. Pero le cambie o no le cambie, su política no podrá ser la prometida y eso marca a fuego al elector y al elegido.

EL CONFESO LLAMAZARES
Por Jaime CAMPMANY ABC 27 Marzo 2004

GASPAR Llamazares, comunista, diputado a Cortes, coordinador de Izquierda Unida y jefe de esa coalición política, jaquetón, farruco o retador, y tal vez delincuente declarado, ha confesado de modo espontáneo haber participado en la convocatoria de manifestaciones ilegales y acosos a las sedes del PP durante la jornada de reflexión de las recientes elecciones. Esas convocatorias, si no fueran delito, que probablemente lo son, presentan indicios vehementes de serlo. Gaspar Llamazares se jacta de haberlas perpetrado y desafía a la Justicia a que se atreva a perseguirlo.

Que persigan o no persigan fiscales y jueces a Gaspar Llamares por sus actos ilegales es cosa que me trae al fresco, por no decir que me la refanfinfla. Cualquier peripecia penal del insigne político, a mí, jaspe. Además, siempre habrá juristas que discutan, quizá con buen éxito, que esos actos que han realizado comunistas y socialistas en la víspera electoral no son delitos sino expresión libre de opiniones amparada por la Constitución. A Llamazares, ya lo verán ustedes, no faltarán ropones que ignoren su conducta y bacigalupos que la eximan de culpa y hasta que la exalten si se tercia.

Pero conste que mientras los ropones no lleguen en su defensa, el tal Llamazares es eso que se llama en derecho penal un «confeso». Ya sé que jamás llegará a «convicto», porque aquí la Justicia se encuentra muy trufada de política, y estamos ante un caso de bravuconería política en estado puro. Como ya han sido descubiertas algunas personalidades públicas que desde sus cargos cooperaron en la convocatoria de las manifestaciones ilegales, se trata de diluir y extender las responsabilidades, de modo que resulte imposible en la práctica el castigo de los desaprensivos. «-¿Quién mató al gobernador? -Fuenteovejuna, señor». Lo que sucede es que en este caso, al gobernador no lo ha matado Fuenteovejuna, sino el barrio más indeseable de Fuenteovejuna.

Lo que verdaderamente me importa de la conducta y el desafío de Llamazares es el daño hecho a la democracia, la mala educación democrática, la predicación pública de la violencia, la falta de respeto a la ley, el asedio, el grito, y el denuesto usado todo ello como catapulta electoral. Ya sé que no cabe en este punto llevar demasiado lejos la extrañeza. Al fin y al cabo, Gaspar Llamazares aprendió democracia en Cuba, a la vera de Fidel Castro, y siempre que habla o que actúa parece que está bajando de Sierra Maestra a las órdenes del Comandante. En la izquierda española, socialdemocracia la hay, pero nada más que la que arde.

Este problema que todavía aflige a la democracia española es una vieja tentación de querer ganar, unos con la algarada, la revuelta o la revolución, y otros con el cuartelazo, lo que no se ha logrado ganar pacíficamente en las urnas. Y encima, llega el camarada comunista y como corresponde a su doctrina, se encara a los jueces y les desafía tan guapamente: «He sido yo, sí señores. ¿Qué pasa?» Y hay quien le aplaude y le ríe la gracia. Ya ven. En Celtiberia, la democracia es un largo aprendizaje y un difícil heroísmo.

"CON EL PP NO PODRÁ NINGÚN MANIPULADOR"
Aznar pide a Zapatero que plante cara a los que el 11-M declararon la guerra a España
En un Palacio de Vistalegre abarrotado y con un público entregado que no ha dejado de lanzar mensajes de apoyo al presidente del Gobierno en funciones, Aznar ha apelado a la responsabilidad del PSOE para que no pague la factura que le quieren pasar los radicales ni se "baje del autobús de la lucha internacional" ante los que "declararon la guerra contra España". Sobre los resultados del 14-M, no habla de derrota sino de "contratiempo electoral".
EFE Libertad Digital  27 Marzo 2004

Con el calor de cerca de veinte mil simpatizantes del PP, Aznar ha lanzado su mensaje más claro desde que Zapatero anunció su intención de retirar a las tropas españolas destacadas en Irak. España no puede bajarse "del autobús en la lucha contra el terrorismo" y por eso ha recordado al futuro presidente del Gobierno que "no nos tenemos que ir de ningún sitio" sino que, como hizo EEUU tras el 11-S, ahora hay que "plantarle cara" al terrorismo. La firmeza y la responsabilidad, ha dicho Aznar, debe ser la repuesta a los "grupos terroristas de carácter islámico y fanáticos que declararon la guerra a España". Por eso ha pedido "por favor" al futuro Gobierno que "haga lo que debe"

"Le deseo en ello toda la suerte del mundo, le digo que va a tener todo el apoyo del mundo, pero le digo que, por favor, España no se baje del autobús de la lucha contra el terrorismo", insistió Aznar, para quien "ha llegado el momento de la responsabilidad y de la verdad" y de adoptar las decisiones correctas. En este sentido ha matizado que es muy distinto situarse detrás de una pancarta y sumarse a la lucha internacional contra el terrorismo.

"No nos tenemos que ir de ningún sitio, tenemos que afrontar las situaciones y tenemos que decirles a los terroristas, como hicimos aquí (en referencia a ETA) que vais a estar en prisión, vais a ser juzgados y condenados y vamos a acabar con vosotros", agregó entre aplausos de los miles de asistentes al acto. Su discurso giró en torno a los socialistas, a los que adelantó que si "rectifican" tendrán "la comprensión" del PP. También les garantizó que contarán con el respaldo de los "populares" si deciden no pagar "la factura" que le quieran pasar algunos "radicales".

14-M: Contratiempo electoral
Aznar no ha querido hablar de derrota el 14-M. Los resultados, ha dicho, son "un contratiempo electoral" y su primer reto tras pasar a la oposición serán las elecciones europeas del 13 de junio. Al frente del partido seguirá estando Mariano Rajoy, al que ha definido como "un tío listo", que ha contado con el apoyo de todo el partido y lo seguirá haciendo "en próximos tiempos". Pese a que se había barajado la posibilidad de que el PP hiciera oficial el nombre de su cabeza de lista para los comicios europeos, no ha habido la más mínima referencia al candidato. En el partido esperan a que se despeje la incógnita de si Rato ocupará la presidencia del FMI para elaborar unas listas en las que figurará Ana Mato, que dejará su cargo como coordinadora de Organización.

"Como decía Don Quijote, en peores sitios nos hemos visto, Sancho", ha dicho Aznar aunque ha subrayado que lo que no va a aceptar el PP es la calumnia pese a que con motivo de los atentados de Madrid hay personas que "han mentido, mienten y saben que están mintiendo". Pero con el PP "no podrá ningún manipulador". También ha reclamado para su partido el derecho de que el mensaje del PP llegue "limpiamente" a los ciudadanos.

"Ni escándalos, ni deudas ni corrupción"
El presidente del Gobierno en funciones ha advertido al PSOE de que no busque debajo de las alfombras porque "va a perder el tiempo". Sólo hay un país con las cuentas claras, mejor que el de 1996 y respetado internacionalmente. "No va encontrar ni escándalos, ni deudas, ni corrupción".

Sobre el talante del partido en la oposición, ha adelantado irónicamente que el PP no pedirá a los socialistas que cumplan su programa porque "es mejor que no lo hagan". También ha recordado que "lo que no dejamos es rencor, porque nos vamos llenos de esperanza". Su principal deseo es que la gente pueda decir muchas veces una frase que le criticaban a él: "España va bien, y cuanto mejor, mejor".

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