AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 28 Marzo 2004
Zapatero: ¿Presidente por accidente
EDITORIAL Libertad Digital  28 Marzo 2004

El nuevo régimen
Amando de Miguel La Razón  28 Marzo 2004

LA GUERRA SECRETA DEL 11-M
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 28 Marzo 2004

AZNAR, MÁS ALLÁ DEL 14-M
Editorial ABC 28 Marzo 2004

ESPAÑA Y EL ISLAM
GONZALO ANES ABC 28 Marzo 2004

Europa y el terrorismo
Fernando de Salas La Razón  28 Marzo 2004

NOSOTROS CONTRA NOSOTROS
José Antonio ZARZALEJOS ABC 28 Marzo 2004

LAVAPIÉS
Jon JUARISTI ABC 28 Marzo 2004

Álava y el plan
RAMÓN RABANERA El Correo 28 Marzo 2004

Aznar: «El 11-M se declaró la guerra a España»
C. Morodo - Madrid.- La Razón  28 Marzo 2004

Un terrorista del brazo armado de Al-Fatah confirma que Arafat financia los atentados contra Israel
Agencias Libertad Digital   28 Marzo 2004
 

Zapatero: ¿Presidente por accidente?
EDITORIAL Libertad Digital  28 Marzo 2004

Por muchos y muy potentes que sean los medios y los altavoces de los que se sirven –o a los que sirven– los socialistas para "blanquear" la victoria del PSOE, el gobierno que forme Zapatero jamás podrá librarse de la mancha de haber llegado al poder gracias la manipulación, en los dos días previos a los comicios, de los sentimientos y de la información sobre el atentado terrorista más terrible que ha tenido lugar desde el 11-S. Esa será una tarea imposible, incluso para los prestidigitadores de la comunicación que, después de hacer surgir cadáveres de terroristas suicidas de sus micrófonos y de promover manifestaciones "espontáneas" ante las sedes del PP el día de reflexión, se atrevieron a exigir, con la untuosa hipocresía de los falsos predicadores, que el Gobierno dijera la verdad que en ningún momento ocultó.

González ha consumado su venganza contra el adversario al que ninguneó y que después le superó en todos los terrenos. Y ha conseguido que el mejor gobierno que ha tenido España en al menos un siglo abandone el poder a golpe de insultos, infamias e, incluso, agresiones. Para ello, los escribas y los fariseos de PRISA, los locutores con ínfulas de periodistas, los showman de la inmundicia en directo, el coro de totalitarios metidos a artistas y la tropa de nostálgicos del Gulag que apedrea sedes del PP a la voz de mando de los admiradores de Castro y de Sadam, todos ellos aliados con los sepultureros de la Constitución y los profesionales de la pancarta, han tenido que emplearse a fondo en los dos últimos años. A fuerza de repetir incesantemente sus consignas sectarias, sus bulos y sus intoxicaciones, crearon el caldo de cultivo adecuado para que la ira y el dolor por los atentados del 11-M se dirigieran, en lugar de a los terroristas, en contra del partido del Gobierno.

Consiguieron lo más fácil: llegar al poder. Ahora les queda lo más difícil: administrar su victoria. Una victoria inesperada, obtenida por un partido fuertemente dividido, con un liderazgo débil y en minoría parlamentaria. Un partido que había prometido lo inverosímil y su contrario con la esperanza, no de ganar las elecciones, sino de no sufrir una debacle electoral. Un partido cuyo programa –retirado, por cierto, de su web al día siguiente de las elecciones– era irrealizable sin poner en peligro la estabilidad del marco institucional y todo lo logrado en los últimos ocho años. Un partido con un líder que, en cuatro años de oposición, ha sido incapaz de elaborar un programa sólido y coherente y que tampoco ha sido capaz de reunir un equipo de gobierno sin recurrir a las viejas glorias del felipismo. Ellos sí que salieron del poder por sobrados "méritos" propios que nada tuvieron que ver con la administración honrada del dinero público, con la estricta observancia y respeto al Estado de Derecho en la lucha antiterrorista o con la transparencia que ahora exigen algunos de sus representantes más calificados, como Rubalcaba. Por no hablar, naturalmente, de los resultados de su gestión: 4 millones de parados, 7 por ciento de déficit público, quiebra técnica de la Seguridad Social, grosera politización de la Justicia, etc.

Zapatero tendrá que emplearse a fondo en demostrar a los ciudadanos que no volverán los tiempos de la arrogancia, el sectarismo y la corrupción de un PSOE que aspiró a crear un régimen. Que gobernará en interés de todos los españoles, y no sólo en el de sus amigos, clientes y chantajeadores, de dentro y de fuera de su partido. Zapatero tendrá ocasión de demostrar que en sus decisiones nada tendrán que ver las presiones de su grupo mediático favorito. Que su humildad no será obstáculo para poner freno a quienes anhelaban su llegada para enterrar la Constitución, ni tampoco para defender los intereses de España en Europa y en el mundo. Que luchará contra el terrorismo, nacional o internacional, con la misma energía que su antecesor. En definitiva, tendrá ocasión de demostrar que no va a ser presidente por accidente. Francamente, lo tiene bien difícil. Más aún con la dosis de felipismo reciclado –no sabemos si regenerado– que piensa inocular en su Gobierno. El primer examen, en las europeas de junio.

El nuevo régimen
Amando de Miguel La Razón  28 Marzo 2004

Lo dijo en broma (supongo) el factótum del Gobierno catalán: «Vamos hacia un nuevo régimen». Por lo mismo que en 1982 profetizó Alfonso Guerra que «a España no la iba a conocer ni la madre que la parió». Por lo menos entonces se podía hablar de España.

La fórmula para gobernar «el conjunto del Estado» es ahora la de «en solitario con acuerdos puntuales». Se puede traducir pro «desacuerdos sostenidos». Es lo que podríamos llamar la dieta política mediterránea, pues se ha intentado en Israel, Italia o Baleares. En todos los casos ha sido un pequeño desastre, valga el oxímoron para disculpar un poco a los políticos bienintencionados. En la práctica, los «acuerdos puntuales» significan pequeños vetos. Ya lo verás.

Si fuera verdad que el PSOE va a destacar como primordiales el terrorismo y la cuestión nacional, lo lógico es que gobernara con acuerdos sostenidos del PP. Pero eso es imposible porque los adversarios se odian. Los líderes están lejos de sus bases.

Si la lucha contra el terrorismo supone la fórmula catalana («antes de matar, tenéis que mirar el mapa»), extensible a toda España, me opongo. El terrorismo es una amenaza mundial. La discusión de si son de la ETA o de Al Qaeda es como la de los galgos o los podencos.

Es extraño que la primera medida anunciada por Zapatero, nada más ganar las elecciones, fuera la de retirar las tropas de Iraq. Ha contravenido un sano principio del Derecho Internacional por el que los Gobiernos empiezan por respetar los acuerdos internacionales. ¿Pues no habrá cosas urgentes que cambiar dentro de la vida nacional! ¿Habráse visto expedición menos destructiva que la de las tropas españolas en Iraq?

El nuevo régimen se anunció de manera implícita en el primer discurso del Zapatero electo. No hubo alusión al Rey. ¿Significa ese olvido que va a contar mucho la menudencia de Ezquerra Republicana? No me gustaría. Sus mandamases son la representación personal de todo lo que detesto, aunque mi opinión no cuente nada fuera de esta columnilla.

Se agradece la apelación de Zapatero al nuevo talante humilde para gobernar. Esperemos que no se discrimine a las personas por su filiación política en posiciones que no sean de estricto Gobierno. Por ejemplo, los del PP nombraron para altos cargos a personas vinculadas al PSOE, y eso está muy bien como contrapeso. Así han prosperado bajo el PP Moratinos o Enrique Múgica, entre otros; gente de orden, después de todo.

Se ha comparado este nuevo régimen con el que apuntó en 1931 o en 1982. La ventaja de la situación actual es que ahora nos alojamos en una coyuntura de bonanza económica. No la dilapiden, por Dios. También en 1931 o en 1982 el vuelco electoral consistió en votar contra lo anterior. Mala cosa es; genera resentimiento. De lo cual andamos bastante sobrados en España.

LA GUERRA SECRETA DEL 11-M
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 28 Marzo 2004

ANTE la avalancha informativa sobre el 11-M me permito hacer alguna recomendación a aquéllos que deseen aproximarse a la personalidad política de los criminales que planearon el atentado: deben imponerse una actitud de duda metódica y, por tanto, deben estar dispuestos a rectificar cuando así lo aconsejen los hechos. Desde luego yo dejaría a un lado la batalla entre los medios, entre los partidos y entre aquéllos y éstos... Ése es un material de una gran riqueza no tanto para dar con las claves políticas del atentados, cuanto para saber cómo se llegó a modificar la opinión pública y, con ella, la voluntad del electorado.

La búsqueda de la verdad pasa por analizar los hechos de forma respetuosa. Otra cosa es investigar en la tragedia con fines propagandísticos.

De algunos de los hechos ya hemos hablado. Me refiero a la elección de la fecha del atentado en vísperas de las elecciones; a las pistas proporcionadas por los diseñadores del plan (la furgoneta con detonadores, la cinta con versos coránicos, la mochila y el móvil...) y destinadas a imponer una determinada interpretación de la operación. Llama la atención como dato revelador la forma chapucera con la que actuaron los criminales, así como su condición social y humana. Al decir de los expertos la escasísima preocupación de los terroristas por mantener unas normas mínimas de seguridad revela no sólo las detenciones en catarata, sino el carácter improvisado de una banda destinada por sus contratantes al desastre una vez cumplido el objetivo criminal...

CON todos estos datos en la mano, es lógico pensar que estamos ante un brazo ejecutor condenado por los propios cerebros del plan criminal. Así, pues, lo que nos debe interesar en relación con las claves políticas del atentado es más bien la personalidad de estos cerebros, ciertamente sofisticados. Y en este punto hay que estar abiertos. No tenemos derecho a descartar hipótesis, siempre que éstas vengan impuestas por la lógica. En este sentido, es obligado atender a las consecuencias políticas de la masacre...

En primer lugar, el 11-M ha modificado de forma radical la política exterior española en relación con la Unión Europea y con Estados Unidos. Por supuesto no me refiero a los lugares comunes a los que nos tienen acostumbrados estos días algunos políticos europeos cuando nos hablan de un antes y un después del 11-M por lo que se refiere al terrorismo. Hablo del desplazamiento de nuestro país del primer plano (foto de las Azores) y de la ruptura de una forma europea de entender el atlantismo. Hablo del golpe dado a la coalición EE.UU.-Gran Bretaña-España y del triunfo del eje franco-alemán. La despedida de Aznar en la UE el viernes pasado ha dejado un hueco a partir del cual ya no será posible concebir hechos como la carta que firmaron los jefes de Gobierno antes de la guerra de Irak y que pusieron en jaque la hegemonía franco-alemana.

EN segundo lugar, el atentado del 11-M ha favorecido la carrera de los «confederales» hacia el reconocimiento de Cataluña, País Vasco y Galicia como naciones. La rapidez y la euforia con la que celebraron los nacionalistas la derrota del PP (o la victoria del PSOE) y sus prisas por recuperar sus asuntos pendientes -el Plan Ibarretxe, el nuevo Estatuto, la reforma del Senado en cámara confederal...- hablan mucho del signo del atentado y de la interpretación que se hizo de él. La reunión de GAL-EUS-CA en Madrid quiso tener un valor simbólico.

A la luz de estas consecuencias, resultaría tan cómoco como temerario descartar a ETA, del mismo modo que por salud mental convendría no llevar adelante ciertas sospechas. Tiempo al tiempo.

AZNAR, MÁS ALLÁ DEL 14-M
Editorial ABC 28 Marzo 2004

SON muchos los motivos que tenían ayer miles de simpatizantes y militantes del PP, concentrados en Vista Alegre, para agradecer a Aznar y a sus gobiernos los saldos de su gestión al frente de España durante ocho años. Negarles el derecho a expresarlo o enturbiar su libertad de expresión con equivalencias malévolas con los tumultos de la jornada de reflexión -tal y como se ha hecho en estos días- son actitudes intelectuales tan inadmisibles como las que promovieron la jornada negra del 13-M. Hay más de nueve millones y medio de españoles legitimados para hacerse muchas preguntas y esperar otras tantas respuestas, pero, sobre todo, para exigir que se les respete como la base de un proyecto político que no precisa de grandes juicios históricos para ganar un veredicto favorable. Es el balance de las presidencias de José María Aznar lo que tienen derecho a que no quede sepultado en tres días que encadenaron el terror, la conmoción y la derrota, tras los cuales se desmoronaron las expectativas primaverales de una sucesión que habría culminado con una victoria renovada del PP.

Todo lo sucedido tiene poco que ver con la justicia y mucho con el peso de las percepciones subjetivas y las emociones. La fotografía de España presenta un país económicamente fuerte y financieramente saneado; con problemas de desempleo femenino y con precariedad laboral, simultáneas a unas tasas de paro en cotas mínimas históricas y unas cifras de afiliación a la Seguridad Social incomparables. Las instituciones democráticas y el orden constitucional han sido reforzados frente a su mayor amenaza, el terrorismo de ETA, y vindicados frente a los nacionalismos, cuya reacción no ha sido, como se dice, una respuesta inevitable a la falta de diálogo, sino a la negativa responsable de Aznar de seguir cediendo a sus pretensiones.

Aznar no ha hecho más nacionalistas. Sólo los ha descubierto y las razones de su «crispación» estarán pronto sobre la mesa de Zapatero, como la negativa del PNV a negociar una reforma estatutaria con el PSE. Fuera de nuestras fronteras, España es -hasta ahora- un interlocutor emergente, activo y con voz propia. Se verá cuando el PSOE compruebe que no hay otra opción de seguridad que el vínculo atlántico; que el eje franco-alemán impone sus condiciones, duras e innegociables, como corresponde a dos potencias con graves problemas estructurales, aliviadas por dejar de sufrir el contrapeso español; que renunciar al poder y a la influencia de Niza es una temeridad cuando está en puertas la ampliación de la Unión y la negociación de la nueva Constitución; que Naciones Unidas no dirá nada nuevo sobre Irak que no haya dicho ya en las resoluciones 1483, 1500 y 1511; que España no saldrá de la «lista negra» del terrorismo islamista por amparar la posible continuidad de sus tropas en Irak con una resolución del Consejo de Seguridad.

El error del PP ha sido muy anterior al 11-M, ajeno al contenido de sus resultados, y tiene que ver fundamentalmente con las maneras empleadas para ejercer su liderazgo. Ha sido, ante todo, un error de comunicación con la sociedad, de falta de empatía con los ciudadanos, especialmente con aquéllos que, de corazón, nunca votarían a un partido de derechas, pero habrían estado dispuestos a seguir racionalizando sus sentimientos en función de sus intereses. Para estos ciudadanos, el éxito del PP se convirtió en una cumbre demasiado alta para escuchar bien los mensajes. El exceso de confianza y una arrogancia creciente eximieron a los dirigentes populares de trabajarse en la calle su crédito político. El peor análisis fue creer que bastaban las estadísticas del INE y el tono de soflama, con la torpe colaboración de RTVE, para seguir anclados en el voto del ciudadano. La bondad y la claridad de sus ideas -antiterrorismo, unidad nacional, responsabilidad internacional, rigor económico- era compatible con discursos cargados de mayor amabilidad. Hablar, no gritar; proponer, no ordenar; sugerir, no forzar. Al PP le faltó calidez en la gestión de su éxito y en ocasiones confió más en la eficacia de sus arengas que en el valor de sus convicciones.

Sin duda, el liderazgo de Aznar, más que ningún otro, necesita amplia perspectiva para situar en sus justos términos su dimensión como político excepcional que es, en la historia de España y en la Europa actual, y el reproche objetivo que merecen sus errores de actitud hacia la sociedad española en estos últimos cuatro años. Aznar ha demostrado ser un político sin dobleces ni intereses ocultos. Austero de forma y fondo, rocoso en la defensa de sus convicciones, el mejor presidente de la democracia española fue, sin embargo, huraño en la administración de afectos y esquivo en la cordialidad. Tachas que no son menores, porque han incidido en la merma de imagen del presidente Aznar, pero también de ocho años de trabajo político encomiable.

ESPAÑA Y EL ISLAM
Por GONZALO ANES Director de la Real Academia de la Historia ABC 28 Marzo 2004

LAS actitudes de los integristas del Islam en estos últimos años han sido motivo de reflexión y de estudio, por la novedad que implica el comportamiento de los asesinos suicidas y por los miles de víctimas que han provocado y provocan cada día.

Los esplendores del Islam en los siglos VIII a XI coincidieron con la penuria de metales preciosos en la Europa cristiana, con dificultades para los intercambios y con unos niveles de desarrollo cultural inferiores a los musulmanes. Hoy la situación es la inversa, por lo que interesa plantear cuáles fueron las causas de la divergencia en la evolución, especialmente en España por haber luchado los reinos cristianos contra el Islam, durante ocho siglos, constituyéndose así en valladar de Europa frente a los impulsos expansivos de los mahometanos.

La acción defensiva de las comunidades cristianas de las cordilleras cantábrica y pirenaica, en el segundo decenio del siglo VIII, frente a los musulmanes invasores, se concretó después en un movimiento de avance hacia el sur, impulsado por un ideal. El cobrar conciencia de la «pérdida de España» y de la necesidad de recuperación dio aliento a la reconquista, empresa común de los cristianos desde el reino de Asturias, los condados pirenaicos y la «marca hispánica» que habría de convertirse en condado de Barcelona. Ortega pensaba que no podía recibir el nombre de reconquista una acción que se mantuviera durante ocho siglos. Quizá no fuera consciente de las dificultades que tuvieron siempre los cristianos para proseguir y para asegurar su avance hacia el sur. Don Claudio Sánchez-Albornoz, gran conocedor de la historia medieval de España, vio la empresa reconquistadora, multisecular en su duración, como caso único en el pasado europeo, ya que no tiene equivalente en ninguna comunidad histórica occidental.

La frontera entre los reinos cristianos y Al-Andalus fue siempre difusa. Se situó más al sur con mayor rapidez cuando los cristianos pudieron aprovecharse de las discordias internas de los musulmanes o cuando consiguieron el avance y ocupar más espacios de los previsibles, a causa de una gran victoria. Los retrocesos fueron siempre la contrapartida de los avances, después de las reorganizaciones en Al-Andalus o por la llegada de nuevas masas islámicas, procedentes de África, ya que reforzaban las posibilidades combativas sarracenas. Así ocurrió siempre, desde el tercer decenio del siglo VIII hasta 1340, cuando se libró la batalla del Salado. Después, se atenuó la acción reconquistadora -y hasta experimentó un letargo secular-, aunque siguió la pugna, sin avances en la frontera, para reanudarse con inesperados bríos en las acciones guerreras que culminaron con la conquista de Granada.

Desde los tiempos de Alfonso II de Asturias que reinó entre los siglos VIII y IX, comenzó a afirmarse la idea de reconquista. Con Alfonso III, la lucha contra los musulmanes se fundó en la idea de la «salvación de España» y de restaurar la unidad perdida de la época visigoda. La idea imperial fue resultado de querer fundar en el reino de León la preeminencia sobre los demás reinos cristianos, por considerarlo sucesor del reino visigodo.

Los reinos cristianos de la península ibérica recibieron influencias culturales y políticas de allende los Pirineos. El goticismo político generado en el reino astur leonés se insertó en una sociedad de cultura mozárabe. Se ejercieron influencias transpirenaicas, consistentes en intercambios culturales y económicos, intensificadas con las peregrinaciones a Santiago de Compostela. También recibieron y transmitieron las de Al-Andalus, consistentes en novedades técnicas, planteamientos filosóficos y conocimientos científicos. Desde la España cristiana, las influencias recibidas del Islam fueron transmitidas a otras tierras del occidente europeo. Lo asimilado por los islamitas de la herencia grecolatina en obras de Platón, de Aristóteles, de Euclides y de tantos otros autores clásicos, traducidas al árabe desde el siglo IX, se transmitió desde Toledo a todo el occidente cristiano. También se recibieron y se propagaron en toda la cristiandad los conocimientos astronómicos, matemáticos, médicos y filosóficos arábigos. Las obras de Averroes y de Maimónides se difundieron, desde la España cristiana, en tierras ultrapirenaicas, contribuyendo así al que se puede denominar primer renacimiento europeo en el siglo XIII.

La evolución política, económica y social de la Europa cristiana tendió a diferenciarse progresivamente de la experimentada por las comunidades islámicas. En los reinos cristianos del occidente europeo, la separación entre religión y política, a pesar de la tensión nunca resuelta entre el poder espiritual y el temporal, facilitó que se formaran instituciones como las cortes, desde fechas tan tempranas como el año 1188, en el reino de León, al convocar Alfonso IX a una curia regia plena a nobles, eclesiásticos y representantes populares.

La capacidad creadora y el espíritu innovador, fomentados por la libertad de iniciativa condujeron a que, con las nuevas técnicas y los inventos, creciera la economía y el bienestar general de las poblaciones.

El estancamiento en las comunidades musulmanas no sólo se perpetuó desde la baja Edad Media en todo el Islam, sino que se produjo una involución motivada por cómo interpretaron el Corán extremistas religiosos que son también dirigentes políticos.

Hay versículos del Corán que incitan a vengarse del insumiso y a exterminar al incrédulo y en los que Alá es presentado como señor de la venganza, y se declara que su maldición caerá sobre los infieles. Por eso se incita, en el Corán, a combatir en nombre de Alá a quienes no compartan el credo mahometano y a matarlos allí donde se les encuentre.

Se ha querido presentar al islamismo como una secta judaica, equiparable al cristianismo. Aunque se trate de una religión monoteísta esa equiparación no es válida en el presente. El evangelio tiene un gran número de pasajes en los que se exalta la comprensión del otro y la tolerancia, y que indujeron con el tiempo, a pesar de persecuciones por motivos de religión, a la coexistencia fomentada por la libertad de cultos. Realidad muy contraria a la que provocan los sentimientos de venganza y crueldad y muerte que han de sufrir quienes no comparten el credo islámico que se defiende. La lectura comparada de los evangelios y del Corán es útil para entender la evolución histórica de las comunidades cristianas, en las que se tendió a «dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César», lo que condujo a la separación de la religión y la política. Así, lo espiritual quedó claramente delimitado de lo que corresponde al gobierno y a la existencia material de la comunidad política.

En el islam, religión y política no se separaron. El Corán contiene las esencias de la práctica religiosa mahometana. Se le ve también como código para el gobierno político y para la orientación de las conductas de los particulares. El involucionismo que experimenta un número creciente de islamitas constituye un serio problema para la coexistencia con los fieles de Alá. Hay un número creciente de fundamentalistas dispuestos a exterminar a quienes definen ellos como adversarios, autoinmolándose por estar dispuestos a morir matando.

Novedad terrible ésta, descubierta en nuestros días, y ante la que carecemos de defensas por no conseguir entender cómo es posible que se den tales casos de desprecio de la propia vida, en tantos asesinos-suicidas. Esperemos que, como ha ocurrido siempre, ante la eficacia de las acciones ofensivas se descubran los procedimientos de defensa.

Europa y el terrorismo
Fernando de Salas es rector de la Sociedad de Estudios Internacionales (SEI) Presidente de la Fundación Española de Estudios Internacionales (FEDEI) La Razón  28 Marzo 2004

La ciudad de Madrid ha celebrado importantes actos relacionados con el sangriento atentado del 11 de marzo de 2004, con la finalidad de expresar su dolor a las víctimas del terrorismo y a sus familiares. Mostraron su solidaridad las demás ciudades y pueblos españoles con la asistencia de los Alcaldes de los principales Ayuntamientos, que declararon sentirse «Todos Madrileños». El solemne funeral de Estado del miércoles 24 en la Catedral de la Almudena, presidido por la Familia Real, con asistencia de 15 jefes de Estado y de los familiares de las víctimas, tuvo un impresionante desarrollo, que impactó especialmente a los Jefes de Estado y de Gobierno. Y el jueves 25 Madrid, representada por la Presidenta de la Comunidad y su alcalde, dio las gracias a las 7.000 personas, pertenecientes a instituciones públicas y privadas, que acudieron a socorrer a los heridos y a enterrar a los muertos.

El terrorismo ha golpeado brutalmente a Madrid, a España, a Europa y al resto del mundo. El 11-M es ya una fecha histórica mundial que marca un antes y un después de la vulnerabilidad de Europa ante el terrorismo.
Para sancionar los acuerdos del Consejo de Ministros de Justicia e Interior, celebrado en Bruselas el 19 de marzo, los mandatarios europeos han asistido los días 25 y 26 de marzo al Consejo Europeo de Bruselas. Temas prioritarios han sido la Cooperación Antiterrorista y la Constitución Europea para impulsar su aprobación.
Las medidas antiterroristas adoptadas con anterioridad al 11-M y que figuran recogidas en cinco artículos del Proyecto de Constitución Europea, son las siguientes:

Art. 42: Cláusula de Solidaridad. Prevenir el riesgo de terrorismo en el territorio de la Unión.
Art. III- 49: Prevención contra la delincuencia organizada, terrorismo y tráfico de seres humanos.
Art. III-172: Cooperación judicial en materia penal. El terrorismo es el primer ámbito delictivo.
Art. III-177: Cooperación policial. Misión del Europol en contra del terrorismo.
Art. III-210: Política de Seguridad y Defensa. Recurrir a medios civiles y militares para la lucha contra el terrorismo.

Estas medidas tuvieron éxito al impedir en España que se realizaran atentados, como los preparados por ETA para llevarlos a cabo en Madrid, en Navidades de 2003 y el 29 de febrero de 2004, con 535 kilos de explosivo para causar una matanza el día 1 de marzo. Y puede ser que abortaran o dificultaran otros atentados en otras partes que no han sido divulgadas. Pero a pesar de estas medidas antiterroristas, tuvo lugar el 11-M, y en consecuencia, la Unión Europea se siente hoy amenazada y vulnerable ante las acciones terroristas.

Al analizar las causas de este fallo, los analistas las atribuyen a las dificultades que la lucha antiterrorista encuentra en la Unión Europea, debidas a la existencia de compartimentos estancos. Los mandatarios europeos están decididos a paliar estas dos principales lagunas: la ausencia de intercambios entre los servicios de información, los cuerpos y fuerzas de seguridad y el poder judicial de los Estados miembros. Y también los retrasos en poner en práctica los medios e instrumentos ya existentes, tales como: la Orden europea de arresto y captura; una definición marco del terrorismo; una decisión marco sobre el blanqueo de dinero; y el Eurojust.
Para salvar estas deficiencias, los Jefes de Estado y de Gobierno han creado un «Plan de Seguridad» para realizar una coordinación más eficaz y un mejor cumplimiento de la normativa antiterrorista por parte de los Estados miembros, los 15 de hoy y los 25 desde el 1 de mayo.

Considero que las líneas de acción básicas del Plan de Seguridad adoptado, para que tengan el elevado rango que merecen y facilitar su cumplimiento por los Estados miembros, deben ser incorporadas en la futura Constitución, con la finalidad de mejorar los cinco artículos existentes en aras de la eficacia.

También existe en el texto de la Constitución otra laguna: el término xenofobia, como odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros. Solo se menciona lograr evitar la marginación social y la discriminación entre los «Objetivos de la Unión» (art. 3). Propusimos a «la Conferencia Intergubernamental «Futurum» de la Unión Europea» (12-11-2003) incluir la xenofobia hacia los inmigrantes procedentes de otros países, de otras regiones del mismo Estado o de Estados miembros.

El Consejo Europeo de Bruselas tiene la oportunidad de incluir en la Constitución, tanto los nuevos acuerdos sobre terrorismo como el término xenofobia. Si así lo hace, se facilitará la lucha antiterrorista y las penas a imponer a quienes cometan este tipo de agresiones.

NOSOTROS CONTRA NOSOTROS
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 28 Marzo 2004

MIENTRAS sigamos despedazándonos simulando que es crítica lo que, en realidad, es una venganza en caliente, no vamos a salir de la espiral trágica del 11-M y de sus consecuencias. Se está produciendo un colosal ajuste de cuentas que discurre en ámbitos distintos, mientras el análisis de la realidad auténtica -lo que ocurrió, por qué ocurrió, quiénes son los culpables, qué debemos hacer para enfrentarnos al desafío, cómo será nuestro futuro- se aplaza a que el «enemigo» interior, el de al lado, el vecino, el que antes era adversario y ahora es un monstruo de perversidades, caiga exhausto y vencido sin posibilidad de recuperación. Seguimos en punto muerto y cada paso aparente es un enfangamiento más profundo. Estamos inmersos en una lucha entre nosotros sin reparar en que en la balconada de enfrente los que pueden destruirnos contemplan un espectáculo que supera todas sus más taimadas expectativas.

Lo ha escrito André Glucksmann en su último ensayo («Occidente contra Occidente») con un personalísimo estilo: «¿Quién es amigo? ¿Quién es enemigo? ¿Quiénes somos «nosotros»? Se ha entablado ruidosamente un gran debate estratégico que va a dominar la década que viene. Atrevámonos a cortar en vivo, a meditar con franqueza lo que nos enfrenta y a formular sin titubeos lo que todavía nos une. Si no, en cuanto se habla de «Europa», de «terrorismo», «violencia», «paz», «seguridad», «libertad»... prevalece de nuevo la cacofonía y se alimenta el fuego».

Conviene, creo, seguir el consejo del intelectual francés y desembarazarnos de esta guerra fratricida. Porque ni unos ni otros -hayan ganado o perdido- han sido los asesinos del 11-M. Que, a más de matar, querían que sucediese, quizá, algo de lo que está sucediendo, protagonizado, además, por el nuevo «nihilismo» occidental inoculado por los sanitarios de un progresismo devastador que pone en tela de juicio, sofocado por la duda, cualquier parámetro de los que definen nuestra convivencia, de nuestra forma de ser. Si desde dentro se zarandea el carácter democrático de un Gobierno y de un partido; si se somete a recelo la legitimidad de una victoria electoral; si se injuria y vapulea -esa venganza en caliente tan ramplona- a un presidente del Gobierno que ha contraído méritos incuestionables, con errores que también lo son pero que no se encuentran en el terreno de su integridad personal y política; si se llega a impugnar la representación pública de la creencia confesional mayoritaria en la sociedad española en unos funerales de Estado; si a las dos semanas de las elecciones se enfrenta a la opinión pública a la terapia «progresista» de liberalizar la disposición de la vida en sus primeros estadios; si la religión es expulsada airadamente de las urnas en las que es normativamente opcional, es que se ha optado por el peor de los rumbos, por la alternativa más traumática y destructora.

Este Occidente que se contrapone a otro Occidente, este nosotros contra nosotros, esta silente autodestrucción del «todos» como colectivo ¿a dónde nos lleva? Se está gestando una terrible enfermedad que consiste en el propósito de trasladar a una parte de la sociedad española la interiorización de un síndrome de inferioridad moral que le conduzca al silencio, a la aceptación de su indigencia ética. Glucksmann recuerda que en Francia Sadam tenía más aceptación entre sus compatriotas que Bush (página 42 de la obra citada) y en España no faltan quienes desean que pueda ocurrir lo mismo si así consiguen satanizar el «imperio».

Vuelvo -y termino- con las reflexiones del ensayista galo: «Los europeos se enfrentan a partir de ahora no ya al adversario absoluto y único propio de la guerra fría, sino a una adversidad polimorfa no menos implacable. Yo la llamo nihilismo. Hitler ha muerto, Stalin está enterrado, pero proliferan los exterminadores. No olvidemos que casi la mitad de la humanidad ha celebrado más o menos discretamente la hazaña de Mohammed Atta. El porvenir está en suspenso. Para existir, Europa debe superar ese desafío posnuclear. Con -y no contra- Estados Unidos. No se trata de escoger entre multipolaridad o hegemonía, sino entre nihilismo y civilización».

LAVAPIÉS
Por Jon JUARISTI ABC 28 Marzo 2004

ESTALLIDO de una bomba en una elegante cafetería de Argel. Escenas de muerte y pánico. Una manifestación de colonos franceses enfurecidos recorre las calles. En su camino encuentran a un pequeño argelino que vende periódicos. Lo golpean con saña. Inolvidable gesto de dolor en el rostro del niño.

Se trata de una secuencia de La batalla de Argel (1966), de Gillo Pontercorvo, que conmovió a mi generación. Juan Goytisolo barrunta linchamientos similares en España, pero no se contenta con advertir del peligro de que tales hechos sucedan. Afirma además que, según las informaciones de que dispone, algunos desmanes de este tipo ya habrían tenido lugar tras conocerse la detención de los terroristas marroquíes. Pero pasan los días y la España xenófoba que nuestro flagelo literario fustiga, como las famosas armas de destrucción masiva, no aparece por parte alguna, y menos aún en Lavapiés, donde se ha incubado la serpiente.

Los más recientes reportajes televisivos sobre el barrio revelan, por el contrario, una insólita tranquilidad. Incluso alivio de buena parte del vecindario ante el incremento de la vigilancia policial, lo que indica a las claras que no sólo los ricos estiman la seguridad: las víctimas del 11 de marzo eran en su mayoría, no hace falta recordarlo, trabajadores, muchos de ellos inmigrantes. Un marroquí se queja ante las cámaras de la frecuencia con que ahora le exigen mostrar sus papeles y debo admitir que sus protestas me dejan tan frío como las jeremíadas de Goytisolo. Si la presencia de la Policía en Lavapiés hubiera sido tan abultada como hoy hace tan sólo unas semanas, quizá dos centenares de conciudadanos seguirían vivos. Madrid ha dejado de ser una ciudad alegre y confiada, pero no se ha convertido en la caverna racista de nuestro delirante Juan Sin Tierra.

En realidad, no parece que el islamismo preocupe a los españoles mucho más que el mes pasado. El país entero lleva camino de transformarse en una inmensa ONG resuelta a restaurar la ucrónica convivencia amorosa de las Dos Culturas y a enmendarle la plana a Samuel Huntington, que, para colmo, nos ha salido rana. Hablo de las Dos Culturas y no de las Tres, porque lo de la Judía suena a chiste. Por supuesto, a estas alturas, es tabú acordarse del imán de Fuengirola, pero las tertulias radiofónicas han estado echando humo durante toda la semana a propósito de los judíos, un humo que huele a pira inquisitorial (ni siquiera se han tomado la molestia, faltaría más, de distinguir entre israelíes y judíos en general). Saramago ritorna vincitore y Hamas, que también nos ha indultado, ha pasado a ser una organización política respetable. El jeque Yassin, un sádico gamberro antisemita cuyas apariciones ante la prensa preludiaban siempre un reguero de cuerpos destrozados en las calles de Jerusalén, Tel-Aviv o Haifa, forma hoy parte del martirologio cívico hispano. Nada de esto dejaba de ser previsible en la resaca misma de la noche electoral: una vez consumada la rendición ante al-Qaeda, el puesto de enemigo de la humanidad quedaba vacante en la imaginación española. Lo han ocupado, sin transición, todos aquellos países que tienen problemas con los musulmanes: Estados Unidos, claro está. Israel, como es de rigor. Y, no podía ser menos, la Serbia irremisiblemente genocida a la que nunca se reconocerá, por fuertes que sean las evidencias, la condición de nación agredida y masacrada en Kosovo por la mafia albanesa que intenta controlar un trecho del corredor de la droga.

En Lavapiés hay paz entre moros y cristianos. Reina en toda España la armonía interétnica y el multiculturalismo. Pronto los niños muslimes recibirán en nuestros colegios públicos su medio ordenador u ordenador y medio correspondiente y aprenderán a escribir en español tecleando mi Mahoma me ama, amo a mi Mahoma. O sea que menos lobos, Caperucita.

Álava y el plan
RAMÓN RABANERA/DIPUTADO GENERAL DE ÁLAVA El Correo 28 Marzo 2004

Después de las elecciones generales del pasado 14 de marzo se ha iniciado el debate sobre el plan Ibarretxe en el Parlamento vasco. Son conocidas las discrepancias que desde la Diputación foral de Álava se han mostrado respecto a dicho plan, que ignora la singularidad foral del territorio alavés. Ahí está nuestra demanda ante el Contencioso Administrativo por la falta de audiencia que se ha dado a nuestra Diputación y por lo que, entendemos, se trata de un fraude de ley que pretende realizar una modificación constitucional mediante una vía habilitada, tan sólo, para reformar el Estatuto.

La mayoritaria oposición con la que el texto del lehendakari Ibarretxe ha sido recibido en el Parlamento vasco hace pensar que el trámite parlamentario seguirá por la misma ruta de irregularidades con las que nació, con ausencia de adecuación a los principios jurídicos de legalidad, legitimación y actos reglados.

No obstante, también conocemos la incorporación de una posibilidad de cambio estatutario, con la que el Partido Socialista de Euskadi ha invitado al Partido Nacionalista Vasco. No cabe duda de que sin conocer cuáles son las modificaciones estatutarias que plantean los socialistas no es posible argumentar ni en su favor ni en su contra. Aún así, creo que cualquier debate a este respecto debe tener en cuenta que el pacto estatutario ya había sido alcanzado y que no debe ser una deslealtad hacia el mismo por parte de los nacionalistas lo que dé lugar a una reformulación del texto de Gernika.

Aceptar la revisión del pacto sería tanto como admitir que ese nuevo Estatuto tendría una vigencia limitada a una nueva deslealtad y que, tras su desarrollo, nos pudiéramos encontrar ante un nuevo plan que, con un nuevo nombre, dé un paso más hacia el objetivo soberanista confesado por los nacionalistas.

¿Hacia dónde va el cambio estatutario? Dudo de que las propuestas que puedan llegar estén orientadas a reafirmar la foralidad y la identidad de cada una de las provincias vascas. No ha sido ésa la forma de actuar del nacionalismo, que desde su fractura, en los años 80, ha derivado hacia una progresiva centralización del poder y, consecuentemente, hacia una paulatina pérdida de peso en el entramado institucional para las diputaciones y los ayuntamientos. Temo que las propuestas no estén orientadas a salvaguardar la diversidad existente en el seno de la Comunidad Autónoma Vasca.

En tanto en cuanto me corresponda ejercer la responsabilidad de diputado general de Álava, tengo la firme decisión de defender la idea de la foralidad alavesa y la identidad política que nos corresponde desde hace siglos.

En primer lugar, mediante la defensa de la legalidad, tanto en lo referente a los procedimientos como en el espíritu de las leyes. Muy especialmente en la defensa de la Disposición Adicional Primera de la Constitución, que reconoce como origen de la Comunidad Autónoma Vasca los derechos históricos de los tres territorios que la componen. Un reconocimiento que significa la aceptación de la foralidad y que, en la medida en que esté vigente la actual Constitución, hace irrevocables los Fueros de nuestro territorio.

En segundo lugar, mediante la defensa de unas ideas políticas. Tengo la firme convicción de que los alaveses, más allá de sus preferencias dentro del abanico político, coinciden en este sentimiento de pertenencia a una comunidad autónoma, como es Euskadi, pero con una singularidad avalada por nuestra historia y por nuestras diferencias con respecto a Vizcaya y Guipúzcoa.

Si, efectivamente, es así, creo que cualquier iniciativa que pretenda modificar el marco jurídico actual no puede ignorar esta situación, que, de despreciarse, nos llevaría a una situación de difícil resolución.

Si España ha tenido y tiene la firme voluntad de aceptar la diversidad, como lo certifica el alto grado de descentralización alcanzado en los poderes públicos y en la Administración, el País Vasco, no puede pasar por alto la diversidad que se da en el seno de esta comunidad autónoma, que es tan acusada como la que hay entre el País Vasco y el resto de España.

Aznar: «El 11-M se declaró la guerra a España»
Exige a Zapatero que no se baje del «autobús» de la lucha antiterrorista
Señala que no hubo una derrota sino un «contratiempo electoral» y llama a cerrar filas con Rajoy
Ofrece al PSOE la ayuda del PP frente a los nacionalistas
José María Aznar insufló ayer ánimos a sus simpatizantes ante el pase a la oposición en un multitudinario acto que quedó convertido en un ejercicio de loa a la gestión propia y de denostación de algunos medios de comunicación (Grupo Prisa). El presidente del Gobierno en funciones no habló de derrota sino de «contratiempo», aunque llamó eso sí a los suyos a mirar a la «realidad de frente» y admitir la victoria del PSOE. Proclamó su orgullo por el país que deja y exigió a José Luis Rodríguez Zapatero que no se baje del «autobús» de la lucha antiterrorista que dirige EE UU porque el 11-M se ha declarado la «guerra a España». «No dejamos escándalos, ni deudas, ni papeles escondidos, ni corrupción, ni rencor».
C. Morodo - Madrid.- La Razón  28 Marzo 2004

Aznar dio ayer a los casi 17.000 enfebrecidos militantes del PP que abarrotaban el Palacio de Vistalegre el remedio necesario para restañar las heridas dejadas por el resultado de las generales y el paso a la oposición. Fiel a sí mismo, a su carácter sequerón y a esa pose de altivez ¬«hemos hecho este acto porque queremos y nos vamos a seguir reuniendo todas las veces que nos apetezca»¬, y sin renunciar además a ninguna de sus convicciones, se sirvió del baño de multitudes organizado por su formación para resarcirse sin autocrítica de los «agravios» por la gestión del 11-M, y para animar al respetable proclamando el futuro de un PP unido alrededor de la figura de Mariano Rajoy y «sin dejar a nadie en la cuneta». (Precisamente, el mayor temor ante la nueva etapa que se abre es el de ver si se es capaz de mantener en voz soterrada, como ha sido la tónica en la era Aznar, las disensiones internas). «Como diría Don Quijote, en peores nos hemos visto amigo Sancho», afirmó citando a Cervantes nada más empezar a hablar, por ciento en el lugar de honor de cierre, y no antes de Rajoy como ha venido haciendo desde que se certificó en septiembre pasado la sucesión.

«Mirar la realidad de frente»
Como prólogo antes de entrar en el tono más combativo, el presidente en funciones reconoció la victoria socialista y llamó a los suyos a mirar a «la realidad de frente» y a asumir sus nuevas responsabilidades en la oposición. Eso sí, a la derrota en las urnas del pasado día 14 la dejó eufemísticamente definida como un mero «contratiempo electoral».

Entre buenos deseos, y mano tendida a los socialistas en asuntos de Estado, dejó el gran envite a José Luis Rodríguez Zapatero sembrando dudas sobre su firmeza en la batalla internacional contra el terrorismo. Los atentados del 11-M han sido ¬proclamó¬ una «declaración de guerra contra España» de grupos terroristas de carácter islámico y fanático, y, por extensión, a todo el mundo occidental, como ya ocurrió el 11 de septiembre de 2001 con los ataques en Nueva York y Washington. Recordó que entonces él asumió las obligaciones propias de un país que sabe qué es el terrorismo, y que pasan por «plantarle cara».

«Ahora, es el próximo presidente Rodríguez Zapatero quien tiene que hacerse cargo de esta situación después del 11-M. Le deseo toda la suerte y todo el apoyo, pero le pido que España no se baje del autobús en la lucha contra el terrorismo». «No miremos para otro lado, no pensemos que escondiendo la cabeza bajo el ala estaremos mejor». «No nos tenemos que ir de ningún sitio (en alusión a la retirada de las tropas de Iraq), tenemos que afrontar las situaciones y tenemos que decirles a los terroristas, como hicimos aquí, que vais a estar en prisión, vais a ser juzgados y vamos a acabar con vosotros».

Críticas a algunos medios
Aznar ofreció al PSOE la ayuda de su partido en política exterior, en la defensa del pacto constitucional y en la lucha antiterrorista, y con aguda ironía puntualizó a renglón seguido que esa disposición es aún mayor si por medio está evitar que los socialistas tengan que pagar sus facturas a «algún radical o extremista de los que llevan en el coche». Con un resquemor que no pudo evitar que aflorase a la luz, aludió a las «mentiras» y a la estrategia de presión que se instrumentalizó desde determinados ámbitos políticos y mediáticos en los días previos a las elecciones valiéndose de los atentados de Madrid. «No vamos a aceptar lecciones de democracia de nadie», «el PP tiene derecho a trasmitir su mensaje honradamente, limpiamente y a pedir que llegue honradamente a los oídos de los españoles» (en alusión a la Cadena Ser), etc.

En el acto de ayer, con tintes de homenaje y, al tiempo, de desagravio por la «manipulación» de ciertos medios (Grupo Prisa) que los militantes populares entienden que acompañó a la derrota electoral, quedó también el balance. «Me siento satisfecho, honrado y orgulloso por poder entregar el Gobierno de España con la cabeza alta, la conciencia limpia y las manos bien abiertas». «Algunos vienen pensando más que en trabajar en ver qué encuentran debajo de la alfombra. Van a perder el tiempo, no dejamos escándalos, ni deudas, ni papeles escondidos, ni corrupción, y sobre todo no dejamos rencor».

El presidente se afanó especialmente en reivindicar el papel que ha alcanzado España en el ámbito internacional durante sus mandatos.

ENTREGA DINERO A TRAVÉS DE SU ASESOR FINANCIERO
Un terrorista del brazo armado de Al-Fatah confirma que Arafat financia los atentados contra Israel
Un terrorista de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, el brazo armado del partido Al-Fatah de Arafat, ha reconocido tras ser detenido que el presidente palestino le facilitó sumas de dinero para comprar armamento y perpetrar atentados contra Israel en Cisjordania.
Agencias Libertad Digital   28 Marzo 2004

El arrestado Raaf Mansur, natural de la región Nablús, fue detenido por el Ejército a finales de febrero como responsable de una célula terrorista de las Brigadas que ha perpetrado atentados en las zonas de Nablús y Jenin.

El diario israelí Haaretz publica este domingo que en su domicilio se confiscaron cartas destinadas a Arafat en las que pedía dinero para financiar los atentados terroristas. También que Mansur confesó al servicio de seguridad interior (Shin Bet) que sus peticiones obtuvieron respuesta y logró pagos mensuales de unos 1.350 euros. Las investigaciones han logrado determinar que esas entregas de dinero seguían produciéndose en el momento de su detención.

Mansur reconoció en el interrogatorio que el dinero se entregaba a través del asesor financiero del presidente de la Autoridad Palestina, con el que se encontró varias veces en Nablús. Mansur le facilitó una lista de los miembros de su célula terrorista y, tras verificarlos, aceptó facilitar los fondos.
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