AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 29 Marzo 2004
Rumor de primavera
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 29 Marzo 2004

El reto autonómico
Editorial El Correo  29 Marzo 2004

«Él solo nos ganó»
Carlos Dávila La Razón  29 Marzo 2004

ETA y Al Qaida
La Razón 29 Marzo 2004

Hacia el cambio de régimen
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  29 Marzo 2004

La Constitución del 78 sigue vigente tras el 11-M y el 14-M
EDITORIAL Libertad Digital  29 Marzo 2004

¿Confiar en la ONU ¿Bromea
George Melloan Libertad Digital  29 Marzo 2004

11-M: NI CRIMEN NI CASTIGO
RAFAEL L. BARDAJÍ ABC 29 Marzo 2004

¿LEGISLATURA DE DIÁLOGO
GERMÁN YANKE ABC 29 Marzo 2004

REGRESO AL FELIPISMO
Jaime CAMPMANY ABC 29 Marzo 2004

Ejecuciones de primera y de segunda
GEES Libertad Digital  29 Marzo 2004

EL INFIERNO SEGÚN CAROD-ROVIRA
Valentí PUIG ABC 29 Marzo 2004

Selecciones autonómicas
Editorial La Razón  29 Marzo 2004

Cataluña suspende la Ley de Calidad que incluía un aumento de la enseñanza del castellano
EFE Libertad Digital  29 Marzo 2004
 
Rumor de primavera
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 29 Marzo 2004

Desde hace tiempo, al menos desde 1992, cuando llegan estas fechas comienza a circular el rumor de que ETA anunciará una tregua con motivo del Aberri Eguna. Nunca se sabe de dónde procede el rumor, ni en qué se basa, pero da algunas vueltas y se comenta en círculos políticos y periodísticos durante algunas semanas. Hasta que pasa el Aberri Eguna sin más novedad que la homilía anual de ETA, pero sin ninguna tregua. Al año siguiente, el ciclo se repite.

Este año el rumor ha llegado más lejos que de costumbre pues, aparte de reflejarse de forma marginal en la prensa nacional, se han hecho eco de él algunos medios internacionales como 'Liberation' o el 'Frankfurter Allgemeine Zeitung'. Pese a ello, la cosa no tiene más fundamento que en ocasiones anteriores, como ha recordado hace unos días Arnaldo Otegi.

No son pocos los periodistas extranjeros que andan estos días preguntándose qué efectos va a provocar en ETA la masacre del 11-M perpetrada por terroristas adscritos al fundamentalismo islámico. Se percibe que lo ocurrido en Madrid no puede resultar indiferente para estos otros terroristas adscritos al fundamentalismo nacionalista que llevan meses sin haber sido capaces de consumar un atentado.

No sabemos bien qué reflexión pueden estar haciendo los miembros de ETA, si es que están haciendo alguna. Tal vez piensen lo mismo que cuando el IRA se encaminó hacia el proceso de paz y renunció a las armas: que lo suyo, lo de ETA, no tenía nada que ver con lo de Irlanda y que debían seguir su camino de violencia. Tal vez se limiten a establecer una estrategia de atentados más selectiva, después de comprobar que la indiscriminación absoluta hacia la que se estaban acercando no la aceptan ni los más próximos a la banda. En todo caso, parece claro que el atentado de Madrid refuerza el rechazo a los crímenes terroristas, incluso entre la base social de ETA, lo que se convierte en una dificultad añadida para continuar atentando.

Todo esto, sin embargo, son especulaciones hechas desde fuera de la lógica de la banda terrorista. Sus últimas declaraciones y comunicados no aportan más luz al respecto. Si acaso, llama la atención las alusiones a las implicaciones internacionales del problema vasco que se contienen en los dos textos más recientes de ETA, aunque no se sabe si es pura retórica o es que la banda está pensando en adoptar alguna iniciativa en ese terreno. Hay que recordar que el pasado año la dirección de ETA intentó reunirse con el presidente del Parlamento Europeo. Por el momento, los rumores de tregua, como el cambio horario, sólo son signos de la llegada de la primavera.

El reto autonómico
Editorial El Correo  29 Marzo 2004

El regreso del PSOE al Gobierno de España coincide con un momento en el que el debate sobre el futuro del Estado autonómico ocupa un lugar sin precedentes en los últimos años. El derecho a la autonomía de nacionalidades y regiones consagrado en la Constitución dio paso a un sistema descentralizado, basado en la creación de entidades territoriales con capacidad legislativa. La solución autonómica respondía a la demanda planteada por los nacionalismos catalán y vasco, pero también al hecho de que el restablecimiento de la democracia requería la máxima aproximación de la Administración a los administrados. Veinticinco años después del inicio del proceso autonómico, el autogobierno de las distintas comunidades ha contribuido a superar la desigualdad histórica entre regiones.

Los sentimientos de pertenencia y las demandas de autogobierno describen un mapa desigual en España. En unas comunidades, la autonomía ha satisfecho aspiraciones que fueron tomando cuerpo con la puesta en marcha del autogobierno. En otras, la experiencia ha podido alentar una disposición a concebir como beneficioso un mayor nivel de autogobierno. La aparición de propuestas que, como el plan Ibarretxe, propugnan un drástico cambio de las reglas de juego en que se basa el Estado constitucional representa la posición extrema de un debate comprometido pero ineludible. Una de las razones que ha llevado tanto al Ejecutivo Aznar como a los anteriores gobiernos socialistas a postergar o soslayar el debate es que la apertura del mismo encuentra una difícil conclusión. Todo proceso basado en la transferencia de competencias de un poder en beneficio de otro tiende a resultar a la vez irreversible e inacabable.

Desde la 'Declaración de Santillana del Mar' y durante la prolongada campaña que terminaría dando la victoria a Rodríguez Zapatero, los socialistas han resumido su compromiso sobre el futuro de la España autonómica en torno a cuatro objetivos: la conversión del Senado en Cámara territorial; la mejora de la coordinación entre la Administración central y las autonómicas; la incorporación de las autonomías a la presencia española en instancias europeas y la eventual reforma de los estatutos siempre que se proceda por amplia mayoría y dentro de la Constitución. Tales propósitos pueden parecer razonables para una mayor armonización del hecho autonómico, en tanto que podrían contribuir a la participación responsable de las autonomías en la conformación de la voluntad general del Estado. Pero es dudoso que, por sí mismos, sean capaces de atajar el desafío planteado al Estado constitucional por quienes en Euskadi y Cataluña persiguen un objetivo soberanista que se sitúa fuera de toda lógica autonómica.

En las elecciones del 14-M, uno de cada diez votantes respaldó alternativas que se reclaman nacionalistas. Sería un error considerar que la disposición a mayores cotas de autogobierno que de forma desigual se da en las comunidades queda reducida a esa décima parte de voluntades nacionalistas. Parece indudable que la inclinación política y ciudadana a la elevación de los techos autonómicos constituye una consecuencia del autogobierno percibido como realidad beneficiosa. Pero igual de erróneo sería que el ánimo reformador de Zapatero pretendiera, como objetivo central, colmar el insaciable apetito de quienes ya han dado muestras de despreciar las soluciones constitucionalistas, por ambiciosas que sean éstas.

La displicente respuesta del PNV a la propuesta del socialismo vasco de explorar las posibilidades de reforma del Estatuto de Gernika previa renuncia al plan Ibarretxe es demasiado elocuente como para que el PSE-EE vuelva a cometer el desliz de referirse a la eventualidad de una modificación estatutaria como solución «intermedia». Por otra parte, el riesgo de que ERC eleve sus exigencias a medida que el PP participe en la revisión parlamentaria del Estatuto catalán podría desbaratar el ya difícil equilibrio en el que se asienta la gobernabilidad en Cataluña, habida cuenta además del soberanismo presente en el primer grupo del Parlamento autonómico hoy en la oposición: CiU.

El dibujo futuro de la España autonómica precisa el más amplio consenso. Y necesita integrar en dicho consenso propuestas y actores comprometidos con la continuidad del modelo de convivencia consagrado en la Constitución y en la versión inicial de los estatutos. El éxito de las iniciativas que emprendan el Gobierno y el partido de Zapatero dependerá de la disposición del PP al entendimiento en materia autonómica. En caso contrario, la sucesión de dinámicas de reforma estatutaria que tengan su origen en los distintos parlamentos autonómicos corre el riesgo de desembocar en un caos centrífugo que acabaría afectando a la cohesión interna de los dos grandes partidos y cuyo horizonte resultaría tan incierto como inquietante. La obligada normalización en las relaciones institucionales entre el Gobierno que forme Zapatero y los ejecutivos autonómicos no debería ocultar, especialmente en el caso vasco, la persistencia de profundas divergencias y, sobre todo, de intenciones empecinadas en la búsqueda de una salida unilateral, acorde con las aspiraciones soberanistas e irreconciliable con el funcionamiento armonioso del Estado de las autonomías.

«Él solo nos ganó»
Carlos Dávila La Razón  29 Marzo 2004

P oco a poco, pero con suficiente rapidez, se van conociendo los entresijos políticos de los tres días que cambiaron España, del jueves, viernes y sábado de este trascendental marzo que felizmente se va entre nieves tardías y lluvias frías. La reconstrucción es compleja y el nivel de las mentiras roza el máximo permitido, pero algunas confidencias permiten hallar claves para la pregunta que aún hoy se hacen algunos dirigentes del Partido Popular: ¿Cómo fue posible aquello? La interrogante no se centra en el terrible atentado, aunque de su preparación ya hay una constancia y otra preocupante cuestión.

La primera es que sólo una mente maléfica, pero perfectamente lúcida, pudo disponer tan perfecta hecatombe, que los aprehendidos en el barrio moro de Lavapiés son únicamente soldados repugnantes de un ejército mutinacional presidido, más o menos, por Ben Laden. Pero el asunto que ahora más intriga es cómo se pudo sustraer la dinamita en la cantera de un país que controla, hasta el último gramo, el explosivo que se fabrica aquí. ¿Cómo se realizó el robo?, ¿quién lo hizo?, ¿con qué complicidad?, ¿por qué nunca se denunció?

Pero de la política vamos a hablar o, mejor, de las heces políticas que se derramaron en aquellos tres días que cambiaron España. Mientras el Partido Popular aún creía el sábado por la mañana que en tiempos de turbulencia el electorado no le daría la espalda, el Partido Socialista no sólo arañaba esperanzas, sino que preparaba afanosamente el triunfo. El viernes por la noche y en un restaurante de Majadahonda, dos altos dirigentes del partido de Zapatero que ahora no figuran en la lista de su Gobierno, pero que serán ejecutivos en esta legislatura, cenaban con un antiguo colaborador de Felipe González. A los postres, sonó un teléfono, y uno de ellos, el que pasa por ser más ducho, se levantó, sostuvo una enjundiosa conversación con su interlocutor, volvió a la mesa, y proclamó: «Era la juez Level; me ha confirmado que ha sido Al Qaeda», y añadió sin disimular sus satisfacción: «Se puede decir que hemos ganado las elecciones». Corrían ya los primeros minutos del sábado de reflexión, y los informantes del cronista aseguran que los comensales celebraron la ocurrencia con cava y que después se retiraron, no sin antes urdir la confección del programa de actos del citado sábado.

Otro informante anónimo del cronista, suspendido ahora en el Partido Socialista, pero conocedor muy antiguo de Zapatero, sugiere que el comensal que departió telefónicamente con la juez gala encargada del terrorismo, fue el mismo que se aposentó durante largas horas de aquel sábado, en el despacho de uno de los más importantes directivos de Prisa, y que desde tan privilegiada atalaya pudo seguir, al minuto, la compleja trama que en las últimas horas de aquel día iba cercando las sedes del Partido Popular. Seguir aquellos movimientos, quizá espolearlos, y, con toda seguridad, conocer sin demora la operación de presión informativa que condujo la SER.
 
Llamazares ya ha reconocido, con impudicia extrema, que él fue uno de los organizadores de aquella asonada inconstitucional, es mucho más difícil que nuestro personaje haga lo mismo; su elevada estatura política, su enorme inteligencia para la torsión, no le abocarán a un acto como el del aún líder de Izquierda Unida. Únicamente alguien habituado a boxear en los cuadriláteros más hostiles pudo aconsejar a Zapatero, con tan gran acierto que se abstuviera de comparecer en la televisión en aquella noche tras conocer la intervención de Mariano Rajoy.

El elegido para aquella réplica que ya ha hecho historia fue Alfredo Pérez Rubalcaba, que bordó el papel, que fue el encargado de ejercer la última terapia de convencimiento sobre los indecisos que dieron la victoria al Partido Socialista. Como asegura un diputado del Partido Popular: «Solo Rubalcaba es capaz de provocar una emboscada así, poniendo cara de inocente mientras nos sumía a nosotros en la mentira pertinaz». «El solo ¬termina¬ nos ganó».

ETA y Al Qaida
LR 29 Marzo 2004

El profesor de Ciencia Política de la Universidad Juan Carlos I, Fernando Reinares, autor de «Terrorismo global», un libro de enorme actualidad, acaba de analizar muy intensamente el atentado del pasado día 11 de marzo, y sobre su autoría, Reinares ha emitido una conclusión sugestiva. Ha dicho: «No es ni mucho menos descartable que se haya producido una colusión, un pacto con daño a terceros, entre ETA y Al Qaeda. No puede ser que ETA haya quedado, tras todo esto, como una organización terrorista buena, incapaz de una acción como ésta».

Hacia el cambio de régimen
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  29 Marzo 2004

El PSOE y sus aliados se encaminan abiertamente, antes incluso de formar Gobierno, hacia un cambio de régimen cuya radicalidad es sólo comparable a la del Gobierno del PSOE de Largo Caballero y Negrín, que incluía el enfeudamiento a Stalin y a la URSS. Sin embargo, en aquella pérdida objetiva de la soberanía nacional se mantenía al menos la idea de España, bien que asociada a la soberanía popular y de clase, a la dictadura del proletariado, eufemismo de un poder totalitario y, por ende, antinacional. Pero pese a su condición cainita y a querer destruir a media España seguía identificándose como español. Ese es el gran cambio del siglo XX al XXI: la Izquierda ya no cree en una España, la suya; no cree en ninguna España, porque en el fondo piensa o siente —y no le falta razón— que la única España real es la de la Derecha. No la única posible pero sí la única real, auténtica, verosímil, cierta.

A la Derecha la une, por encima de todo, junto a valores clásicos como la familia, la propiedad, la religión y la libertad individual, la idea de España. A la izquierda de ZP y el PFFR (Poder Fáctico Fácilmente Reconocible) esos valores les repugnan y esa idea les estorba para conseguir su propósito, que es instalarse en el Poder por tiempo indefinido y en el dominio social por tiempo ilimitado. Para ello cuentan hoy con unos aliados de ocasión pero que ven, desde otros intereses, la misma ocasión de destruir España destruyendo al PP.

Y España, como construcción jurídica, política, histórica y moral, tiene hoy una plasmación que es el régimen constitucional, asentado en la soberanía de la nación española “única e indivisible”, raíz legitimadora de cualquier poder en España desde las Cortes de Cádiz. Eso es lo que los separatistas vergonzantes como Eguiguren o desvergonzados como Maragall, representativos de la Izquierda política supuestamente española, plantean junto a los separatistas de siempre, como PNV y ERC, que los ven como socios inmediatos para la destrucción de España y posibles piezas para estructurar socialmente sus futuros Estados independientes.

Podría decirse que ese es el reto de Zapatero, la dificultad esencial a la que deberá hacer frente; pero es bastante probable que acabe siendo su proyecto.

La Constitución del 78 sigue vigente tras el 11-M y el 14-M
EDITORIAL Libertad Digital  29 Marzo 2004

Al margen del debate abierto sobre la legitimidad de la victoria del PSOE en las elecciones del 14-M, es necesario recordar que tan importante como la "legitimidad de origen" del poder es su "legitimidad de ejercicio". Zapatero tiene margen más que suficiente para poder desempeñarlo sin necesidad de violar la ley. El próximo presidente de Gobierno tiene a su alrededor partidos más nacionalistas y menos nacionalistas que el PSOE. También podría encontrar apoyos puntuales tanto a su derecha como a su izquierda. Zapatero tiene, pues, margen más que suficiente para no sentirse rehén del discurso radical y anticonstitucional que le ha servido de compañero de viaje hasta llegar a la Moncloa.

Ahora bien, la peligrosísima debilidad que hace ya tanto tiempo detectamos en el candidato socialista, era y es de índole moral, de esa clase de debilidad que nace de la inconsciencia de tu propia fortaleza. Por eso, aunque Zapatero tenga posibilidad de dejar en la estacada muchas de las esperanzas que su victoria ha despertado tanto a su izquierda como en el nacionalismo independentista, es más que dudoso de que sea consciente de ello.

La designación de Solbes como nuevo ministro de Economía —uno de los dirigentes socialistas que más ha reconocido la labor del PP en estos años- podría hacernos pensar que algo de eso intente hacer Zapatero respecto a la política económica. Ya veremos en que queda.

Sin embargo, nada apunta –todo lo contrario- a que Zapatero vaya a atreverse a dejar insatisfechas las demandas de los nacionalistas que, tras traicionar el consenso constitucional, le reclaman ahora reformas en los Estatutos de Autonomía que claramente violan nuestra Carta Magna.

Hay que reconocer que los resultados electorales del 14-M permitirían ahora a los socialistas aprobar en Cortes Generales los referéndum autonómicos que los independentistas les reclaman tanto en el País Vasco como en Cataluña para dejar atrás sus actuales Estatutos de Autonomía. Ahora bien, una cosa es que sus partidarios tengan escaños suficientes para autorizar el referéndum sobre la reforma estatutaria y otra, muy distinta, la potestad de declararla constitucional. Esto último compete exclusivamente al Tribunal Constitucional.

Aunque no quisiéramos quitar gravedad al atropello jurídico llevado a cabo con la expropiación de Rumasa, el Tribunal Constitucional cometería un atropello de muchísima mayor envergadura que aquel si declarara ahora constitucionales una reformas estatutarias que tan claramente niegan la nación española, sujeto histórico, político y jurídico en el que se sustenta nuestra Ley de Leyes.

Aunque a Maragall le guste hablar de Cataluña como “nación” y referirse a “los pueblos de España”; aunque Eguiguren también hable ahora del País Vasco como "nación" y diga que "Zapatero asumirá lo que decidan los vascos”, la Constitución lo deja muy claro ya desde su artículo 1 de su título preliminar al afirmar que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Y eso por no hablar de la solidaridad fiscal, la distribución de competencias entre Estado y autonomias y muchas otras cuestiones por las que las reformas estatutarias planteadas entran en colisión frontal y directa con nuestra Carta Magna.

Tal vez conscientes de esa colisión y de la imposibilidad de que, con nuestra Constitución vigente, el Tribunal Constitucional acepté al pulpo como animal de compañía, desde el PSC y el PSPV se quiere cambiar la Carta Magna.

Maragall ha manifestado este fin de semana que Zapatero “no se puede limitar a administrar la continuidad” constitucional, por lo que le ha pedido una "nueva lectura de los textos fundamentales" y decidir "qué sigue vigente, qué estorba y qué hay que añadir a lo aprobado hace 25 años".

La Constitución permite su reforma, sí, pero exige, tal y como dice su artículo 167, que los proyectos sean “aprobados por una mayoría de tres quintos en cada una de las Cámaras”. Sólo el PP tiene mayoría simple en el Senado y 148 escaños en el Congreso por lo que la única forma que tendría el PSOE de seguir su viaje con los independentistas sería el estar dispuesto a violar la Ley. Eso, o convencer al PP de que es muy poco "centrista" o muy "crispante" el seguir en solitario aferrándose a la legalidad vigente...

El apoyo de ETA al Plan Ibarretxe es muy anterior al que Zapatero pueda, por contentar a Rovira, brindarle ahora al lehendakari. Y es que con que Zapatero satisfaga a Al Qaida en Irak, a nuestra democracia ya se le está exigiendo bastante...

Irak
¿Confiar en la ONU? ¿Bromea?
George Melloan Libertad Digital  29 Marzo 2004

Poco despueés de que EEUU y el Reino Unido invadieran Irak, el secretario general Kofi Annan dijo en la ONU: “hay muchos descontentos en este edificio”. Ahora sabemos por qué. ¿Quién mejor que él sabía del nuevo peligro para la reputación de la ONU si los archivos privados de Sadam Husein eran revelados al público?

Se sabía que Sadam había corrompido al inmenso programa Petróleo por Alimentos de la ONU, pero el alcance de la corrupción no fue de conocimiento público hasta que la lista de los amigos de Sadam se dio a conocer hace poco. Como informó Therese Raphael del Wall Street Journal la semana pasada, el mismo director del programa de la ONU, Benon Sevan, aparece en la lista y se descubrió una carta en el ministerio de Petróleo de Irak implicándolo aún más en los juegos sucios de Sadam.

Había mucha gente involucrada con Sadam, lo cual explica la oposición a la guerra en Irak de Rusia, de Francia y hasta de algunos círculos en EEUU. Al gobierno de Bush se le acusó de “unilateralismo”, con lo que se quería decir que no obtuvo la aprobación final de la ONU antes de la invasión. Aparentemente esos críticos jamás se detuvieron a pensar que Vladimir Putin y Jacques Chirac estaban practicando su propio unilateralismo con el muy poco respetable propósito de evitar pasar vergüenza.

Los dignatarios de la ONU tratan de excusarse diciendo que ellos sólo administraban un programa defectuoso diseñado por el Consejo de Seguridad. Le daba a Sadam la oportunidad de evadir las sanciones al dejarlo decidir quién compraba el petróleo a Irak y quién suplía los alimentos y medicinas. Desde luego que el gangster iraquí logró ponerle la mano a miles de millones de dólares de los contratos por unos 100 mil millones de dólares que se permitieron durante el ya terminado programa.

Pero eso no excusa a la ONU frente a los investigadores de Irak y de EEUU, quienes van a averiguar más sobre el manejo del programa. Van a querer saber por qué la ONU recibía una comisión por manejar tan mal el programa. Se van a conocer muchos juegos sucios.

Y como estamos en año de elecciones en EEUU, parte del debate es si nuestro país debe adherirse totalmente al “multilateralismo” al afrontar problemas mundiales. Bill Clinton creía que sí, razón por la cual los problemas se acumularon durante sus ocho años. John Kerry parece pensar igual, aunque este político se las ingenia para defender posiciones opuestas según le conviene.

Bush, el año pasado, estaba bajo una inmensa presión de conseguir la aprobación del Consejo de Seguridad antes de ir a la guerra con Irak. Avanzó en ese sentido todo lo que pudo, pero sin permitir que Francia, Rusia y Annan lo obligaran a abandonar su plan. Eso era lo que sus críticos deseaban, aunque de lograrlo probablemente lo hubieran acusado de indeciso.

La guerra mostró el inmenso poder militar de EEUU. El salvajismo de Sadam fue revelado con el descubrimiento de fosas comunes. Sabemos que logró corromper a la ONU y a destacados políticos de los países miembros. En otras palabras, el mundo luce diferente hoy a lo que parecía hace un año.

Hoy sabemos que “múltilateralismo” (proceder a través de la ONU) no resuelve sino que esconde los problemas. EEUU, que encabezó el establecimiento de los organismos multilaterales como la ONU, el FMI, el Banco Mundial, la OTAN y varios más después de la Segunda Guerra, tiene todavía que guiarlos con mano dura medio siglo más tarde.

No es fácil en el caso de la ONU, convertida en el centro del debate político sobre la guerra fría. En la Asamblea General, taimados dictadores lograron dominar a las democracias, comprobado por la presencia de Libia, Cuba y otros de la misma calaña en la Comisión de Derechos Humanos. La UNESCO en París se corrompió tanto que EEUU y el Reino Unido se retiraron a mediados de los 80. EEUU se reincorporó recientemente. La Organización para la Agricultura y la Alimentación de la ONU en Roma adoptó una pseudociencia opuesta a la tecnología moderna y a la ingeniería genética que aumenta las cosechas. La pseudociencia del Programa Ambiental inventó la amenaza del recalentamiento, un ardid para imponerle impuestos a las naciones industrializadas y empobrecerlas. Un cuerpo creado para mantener el orden mundial ha permitido genocidios, como los de Camboya y Ruanda, sin castigos.

Son muchos los multilateralismos de ese tipo. Pero a pesar de los fracasos, la ONU tiene cierta utilidad. Da a los líderes la protección de la ley internacional cuando tienen que utilizar la fuerza para eliminar alguna amenaza a la paz mundial. EEUU, como la nación más poderosa, es el líder, pero la ONU presta un conveniente paraguas a los demás.

La obvia conclusión es que EEUU no tiene otra opción que mostrar el camino. Con todos sus fracasos, la ONU es a veces útil, pero nunca un sustituto. Como tampoco lo es esa idea favorita de la izquierda, el “multilateralismo”.     © AIPE   George Melloan es Columnista del Wall Street Journal, diario que publicó originalmente este artículo y autorizó la traducción de AIPE.

11-M: NI CRIMEN NI CASTIGO
RAFAEL L. BARDAJÍ ABC 29 Marzo 2004

Cuando se produjeron los atentados del 11-S en Nueva York y Washington, mucha gente quiso ver en aquella tragedia un castigo por los muchos errores cometidos por los gobiernos americanos en el mundo. Cuando hemos sufrido en nuestras propias carnes la brutalidad del terrorismo islámico el pasado 11 de marzo, también ha habido quien ha pensado y dicho que era el castigo que se le imponía al pueblo español por haber participado en la guerra de Irak.

Nada más falaz en ambas ocasiones. Ni Al Qaeda atacó sin compasión a los americanos por lo malo que hacen en el mundo, ni causó el horror y la muerte en Madrid porque el Gobierno de José María Aznar apoyase el cumplimiento de las resoluciones de la ONU y el derrocamiento de Sadam.

Bin Laden, como otros monstruos de la Historia, tiene la rara peculiaridad de escribir sus planes por adelantado. Lo que ocurre es que eso es una característica tan rara que nadie se la toma en serio. Pero lo ha venido diciendo y repitiendo desde hace quince años hasta la saciedad: quiere derrocar a la familia real saudí e instaurar una república islámica; quiere expandir el islamismo fundamentalista hasta reconstruir el califato, desde Al Andalus a Filipinas; quiere derrotar a los infieles, judíos y cruzados —por utilizar su terminología— por la fuerza e imponernos su ley.

Y para ello necesita varias cosas, entre otras expulsar a los Estados Unidos del Golfo (en el 2001 asestando un golpe mortal el 11-S, hoy luchando contra la reconstrucción y democratización de Irak), romper la cohesión de la coalición internacional (el 11-M en España) y, en suma, quebrar la voluntad de resistirse a sus designios.

Sadam era para Bin Laden un peón más en su juego (lo mismo que pensaba Sadam de Bin Laden dicho sea de paso) y su caída le era irrelevante. Lo que no le resulta irrelevante es que el Irak post-Sadam, el nuevo Irak, sea una sociedad desarrollada, libre y que respete las formas democráticas. El dictador carnicero de Bagdad no era un ejemplo para las masas musulmanas, un Irak rico y en paz sí que lo puede ser.

Frente a las élites corruptas de los países árabes hasta ahora sólo se ha opuesto el radicalismo islámico. Un Irak con libertades y elecciones abre una vía de cambio y esperanza totalmente distinta para toda la región y se convertiría en la antítesis de lo que Al Qaeda persigue. Por eso Bin Laden lucha hoy en Irak. Y para ganar esa batalla sabe que la mejor manera es aislar a los Estados Unidos de sus socios y aliados y revivir a escala occidental lo que Vietnam fue para América en su día. Bin Laden golpea a la ONU y a italianos en Irak, entre otros, y golpea a España en su propio suelo.

El 11-M no puede verse ni analizarse como una foto fija, sino como un fotograma de una larga película de horror que es, en realidad, lo que es la estrategia de Al Qaeda. Y por eso no es un castigo —o no lo es primordialmente—, sino que los españoles hemos sido instrumentados porque en su guerra representábamos el eslabón más débil, el más fácil de atacar y el que mayores beneficios podría reportarle.

Nos guste o no, esa es la realidad que emerge de las investigaciones. Y no debe asustarnos reconocer por qué España era el eslabón más débil: porque la política del Gobierno del Partido Popular no contaba con apoyos sociales en este tema pero también porque desde la oposición se había dicho por activa y por pasiva que se retirarían las tropas de Irak si llegaban al poder. Tanto lo uno como lo otro eran dos flancos abiertos de vulnerabilidad y Al Qaeda ha sabido aprovecharlos.

Si se ven, por tanto, los ataques del pasado día 11 como un momento de una secuencia, la siguiente implicación es que no nos encontramos ante un hecho delictivo cualquiera, sino ante un acto criminal de una guerra que no conoce fronteras geográficas ni morales y en la que en las relaciones entre fieles (los terroristas) e infieles (nosotros) cabe todo, incluida la extinción. Es un acto de guerra por su motivación, por sus consecuencias e implicaciones y, porque como decía Clausewitz, la guerra no es sino el enfrentamiento de voluntades, la política por otros medios. El Islam confunde, sobre todo en sus manifestaciones más radicales, religión y política, pero eso no puede cegarnos sobre lo que tenemos enfrente. Y es importante que reconozcamos que estamos en guerra porque nos la han declarado por ser distintos, laicos, ricos y exitosos, porque la respuesta que se debe dar a un combatiente no es la misma que la que se da a un criminal.

El terrorismo exige prevención y anticipación. Y se ha dicho hasta la saciedad que el mejor instrumento para librar esta guerra es la información y la inteligencia.
Sin duda elementos imprescindibles, pero, como hemos visto y vivido dramáticamente en estos días, no suficientes. Y no son suficientes porque cuando fallan y no son capaces de frustrar un atentado, contentarse con gestionar las consecuencias del mismo es una incitación a un nuevo golpe terrorista. Es verdad, la Policía española y la Guardia Civil ya han arrestado a varios sospechosos del 11-M, pero todo apunta a que los cerebros detrás de esta agresión no están ya en suelo español y que, desinteresados de la suerte de sus compinches ejecutores, estarán ya ideando su próxima matanza.

Se puede confiar en la Policía del país donde se encuentren, pero hay que ser conscientes de que en grandes partes del mundo islámico la autoridad del Estado es a todas luces insuficiente para garantizar que los responsables últimos de los atentados van a ser perseguidos y encarcelados, cuando no se da una connivencia o pasividad con estos elementos del terror.

De ahí que junto a los instrumentos de prevención el Gobierno tenga la obligación moral y política de contar con elementos de represalia. En gran medida la victoria sobre el terrorismo será posible si se persigue con todos los medios disponibles a los cerebros del terror, se encuentren donde se encuentren. Estados Unidos lo hizo en Afganistán, pero ahora la cabeza es más difícil de atacar porque se parapeta bajo una cierta deslocalización.

Pero supongamos que el CNI o los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado llegasen a identificar a los directores y estrategas del 11-M y que los localizaran, valga el caso, en Irak. ¿No tendría el Gobierno español que movilizar a nuestras tropas y agentes allí desplegados para capturarlos?

El terrorismo global nos plantea retos para los que a duras penas estamos preparados. Es más, si resulta tan eficaz es porque sabe aprovecharse de nuestras contradicciones. Mientras no nos demos cuenta de que el combate contra el terror islámico no lo vamos a ganar en casa, nos estamos condenando a perderlo aquí, desgraciadamente.

Ojalá el 11-M hubiera sido un castigo, porque entonces ya no tendríamos de qué volver a preocuparnos, habríamos pagado una costosísima penitencia. Pero no lo ha sido —los terroristas se han limitado a explotar una oportunidad— y mientras el terror siga vivo, nosotros seguiremos en peligro. Ya lo dijo Bin Laden: «Ustedes aman la vida, nosotros la muerte».

¿LEGISLATURA DE DIÁLOGO?
GERMÁN YANKE ABC 29 Marzo 2004

El PSOE insiste estos días en que su futuro Gobierno va a ser el del diálogo. Ha sido la referencia constante desde la noche de la jornada electoral y se ha pretendido confrontarla con la última legislatura del PP que, según esta versión, habría estado presidida por el enfrentamiento, por la «imposición» desde la mayoría absoluta de determinadas políticas.

El diálogo puede ser una actitud personal y política y también una añagaza. En ninguno de los dos casos debería convertirse en un sistema que, aunque suene a paradójico a los superficiales, desvirtúe lo que Unamuno llamaba «la conversación que nos mantiene unidos» y que no es sino el correcto funcionamiento de las instituciones democráticas.

En este sentido, colocar el diálogo en el frontispicio de la acción de gobierno resulta, como principio, un tanto sospechoso. ¿Se dialogará con las pequeñas formaciones, a menudo nada democráticas, que de vez en cuando convulsionan algunas poblaciones? ¿Se dialogará con quienes vulneran la legislación vigente en vez de sostener el Estado de Derecho? ¿Para contraponer el nuevo Gobierno a los anteriores del PP se dialogará buscando un punto intermedio en vez de cambiar desde el Parlamento, como ya se ha anunciado, la legislación educativa? ¿Volverán las tropas de Irak, como se prometió y se ratifica ahora, o se dialogará con el señor Rajoy para, en vez de imponer una decisión, encontrar un terreno de «unidad democrática»?

Estas preguntas, y muchas otras que podrían formularse a continuación, revelan que el diálogo como principio se desliza con facilidad hacia el absurdo o la añagaza. Decir que no es parte de la política, tanto por la defensa de una ideología como por el respeto a los elementos básicos de un Estado de Derecho.

Y el PSOE, con la legitimidad que le da el resultado electoral, ha señalado ya, como es lógico, algunos asuntos en los que se propone decirlo. Cuando el candidato del PP le pidió a José Luis Rodríguez Zapatero, en plena campaña, que explicara sus principios, éste los dibujó con un no tras otro.

El PSOE se va a encontrar, a la vuelta de un par de semanas, con un país en el que hay muchas cosas que funcionan bien. Pero también con graves cuestiones que harán de la legislatura un momento decisivo, sobre todo por la necesaria batalla contra el terrorismo y el reto, en ocasiones antidemocrático, que pretenden plantear los nacionalismos. Sería conveniente aclarar si «el diálogo» se refiere, ya que no a otras, a estos particulares asuntos. Maragall ha señalado este fin de semana que el diálogo es ese y ha apuntado a quién se le debe negar: si su tripartito se formó contra el PP, ahora la política debe ser sin la «hipoteca» de ese partido.

En el País Vasco se ofrece al PNV un «punto intermedio» entre las propuestas socialistas y el totalitario Plan Ibarretxe y se celebra que el resultado electoral no obligue ya a un pacto, o al menos diálogo, con los conservadores del PP. ¿Es esto realmente diálogo? ¿O se trata de un sucedáneo en el que la comodidad de determinados apoyos vale más que el sacrificio de los principios? ¿O es una añagaza? Habrá que esperar pero, por el momento, pueden las sospechas.

REGRESO AL FELIPISMO
Por Jaime CAMPMANY ABC 29 Marzo 2004

ESTO que se está pergeñando es un gobierno felipista más que zapaterista. Hasta el «segundo» Jesús Caldera, en quien Zapatero tiene o tenía puestas todas sus complacencias, ha debido desalojar, uno tras otro, los dos sillones de las vicepresidencias para dejarlos libres al acomodo de los tafanarios de María Teresa Fernández de la Vega y de Pedro Solbes. Las listas de ministrables que se publican se hallan esmaltadas de felipistas o de felipismo. Hasta se ha cumplido en esta ocasión la señal anticipada de la catástrofe, que ya se dio en 1982. Y es que hasta ahora tenemos mala suerte con las victorias electorales socialistas. Las anuncia un suceso desastroso. En el año 82, fue el tejerazo, y ahora, en el 2004, la masacre. Culpas de la derecha, o sea.

Además, el felipismo llega rodeado de misterios y de preguntas sin respuesta. Se han escrito varios libros y muchas páginas en la prensa sobre el golpe de Estado de Tejero, su gestación, las tramas superpuestas, la conspiración civil y otras muchas circunstancias, y la verdad es que todavía restan muchos puntos oscuros en aquel acontecimiento que propició inesperadamente el triunfo electoral de Felipe González y la ascensión del felipismo al poder, donde permaneció durante catorce años.

En esta ocasión, la catástrofe previa ha sido más terrible y luctuosa, y la victoria electoral ha sido más inesperada. En 1982 parecía preparada con anticipación: la dimisión todavía inexplicada de Adolfo Suárez, la renuncia de Calvo-Sotelo a encabezar la candidatura, el trompeteo atronador de todos los heraldos que anunciaban el triunfo socialista, y hasta el cuidado escrupuloso con que se programó la fecha electoral ante el anunciado viaje del Papa. Ahora, las manifestaciones y las campañas de la oposición con ocasión del hundimiento del «Prestige» y del «No a la guerra» no habían logrado inclinar significativamente los sondeos hacia la opción del cambio. Sólo la explotación, en algunos casos indecente, de los muertos de la masacre y la atribución injusta de la responsabilidad del atentado logró a última hora dar la vuelta a la tortilla electoral. A Felipe González, como al Dios del Sinaí en la oratoria grandilocuente de Emilio Castelar, «el rayo le precede, el trueno le acompaña».

La estrategia, incluidas las concentraciones, la información diferente y opuesta de que disponían, quizá con idéntico origen, por un lado el Gobierno y por otro el Estado Mayor socialista, el «Antes de votar queremos la verdad» y la gran operación del «Pásalo», supuso un alarde de improvisación tan urgente como acertada; tan acertada como si fuese producto de una estrategia elaborada con tiempo y con estudio. Sin duda, todo aquello fue pensamiento, palabra y obra de Pérez Rubalcaba, el hombre que cuando hablaba de su famoso «comando» mostraba su teléfono móvil, y el milagrero que tenía Felipe González para llevar a cabo sus propósitos más difíciles y sutiles. Felipismo puro al servicio del zapaterismo de bambi. Tengo para mí que lo que se nos viene encima tras estas elecciones no es un cambio ni un relevo generacional. Es el regreso del felipismo.

Combate contra Hamas
Ejecuciones de primera y de segunda
GEES Libertad Digital  29 Marzo 2004

La ejecución del jeque Yasín por parte de las Fuerzas Armadas israelíes desató el lógico debate internacional. Por un lado estaba la disputa en torno al cumplimiento o no de lo establecido en el Derecho Internacional. Mientras para unos el combate al terrorismo debe hacerse desde el respeto a la ley, para otros esta particular forma de usar la fuerza requiere de un tratamiento especial, aún no reconocido por el Derecho Público. Por otro lado estaba la discusión sobre la inteligencia del acto, sobre sus aspectos más estratégicos. Un sector de los analistas considera que la desaparición violenta del máximo responsable del grupo terrorista Hamas, de credo islamista y rechazo sin fisuras a la existencia del estado de Israel, no mejora su seguridad sino que radicaliza a las masas árabes y ciega el camino para el proceso de paz. Por el contrario, otros creen que el combate contra estas organizaciones requiere de la acción continua, poniendo a sus dirigentes a la defensiva, dificultando la organización de nuevos ataques y no dejando resquicios a la esperanza de que sus acciones lograrán minar la moral de la sociedad israelí para plegarse a sus chantajes.

El veto norteamericano en el Consejo de Seguridad a un proyecto de resolución presentado por Argelia que condenaba la acción ha reconducido el debate hacia la responsabilidad de las grandes potencias, en especial de Estados Unidos y de las naciones de la Unión Europea, en la evolución del conflicto. Así, medios no sospechosos de padecer un antinorteamericanismo primario consideran que el veto ejercido por el gobierno de Washington envía señales peligrosas a Oriente Medio: que Israel puede seguir actuando fuera de la ley y que los árabes serán tratados como ciudadanos de segunda por la potencia hegemónica.

El uso de bombas para eliminar dirigentes terroristas -bien portadas por un misil, bien a través de un medio estático- no es nuevo, aunque no parece que cuente con un suficiente respaldo legal. Para poder entrar a valorar estas cuestiones deberíamos tener en cuenta algunos hechos ocurridos en estos últimos años.

El Gobierno ruso ha ejecutado a importantes dirigentes chechenos mediante estos sistemas en distintos momentos y en distintos lugares, tanto dentro como fuera del territorio de soberanía, el último hace escasas semanas.

El Gobierno norteamericano eliminó mediante un misil a un grupo de terroristas de la organización Al-Qaeda en Yemen, sin tratar de detener su vehículo y capturar a sus ocupantes.

La comisión que en el Capitolio estudia las responsabilidades por lo sucedido el 11-S parece estar llegando a la conclusión de que los presidentes Clinton y Bush no aprovecharon todas las oportunidades a su alcance para ejecutar a Osama ben Laden mediante el lanzamiento de un misil. El senador y aspirante a la presidencia John Kerry ha criticado duramente al presidente Bush por esta falta de decisión. Crítica que ha sido bien recibida por los medios de comunicación europeos, en cuyas redacciones parecen encontrarse pocos simpatizantes del actual presidente.

Es evidente que la sociedad internacional tiene que debatir y tomar posición ante hechos tan importantes como la ejecución del jeque Yasín, tan evidente como que no están claras las consecuencias que su eliminación pueda tener para el futuro de la región. Pero lo que no parece admisible es que exijamos a unos estados lo que no exigimos a otros.

Si las denominadas “ejecuciones extrajudiciales” son inadmisibles y requieren de resoluciones condenatorias del Consejo de Seguridad, habrá que hacerlo en todos los casos ¿Por qué quienes se escandalizan cuando es Israel el ejecutor no denuncian el comportamiento de Rusia o de Estados Unidos cuando son ellos los responsables? ¿Por qué Argelia no presentó un proyecto de resolución condenatorio cuando Estados Unidos ejecutó a los miembros de Al-Qaeda en Yemen o Rusia hizo lo mismo con los dirigentes chechenos? La respuesta es sencilla. El problema no está donde se dice. A los críticos no les preocupa tanto el cómo sino el qué. Lo de menos es la forma de la ejecución. Lo importante es que se ha descabezado un grupo terrorista palestino con el que muchos creen que habrá que entenderse para reconducir la situación. Pero explicar esto es más complicado, resulta mucho más fácil criticar a Israel.

Denunciar a Estados Unidos y a Israel por el devenir de la crisis de Oriente Medio es fácil y reconfortante. Para los europeos resulta mucho más difícil ser coherentes, aún a riesgo de seguir desacreditando el Consejo de Seguridad. Nuestra exquisita moral acepta perfectamente el doble rasero.

Caso aparte es el de Rusia. Quien no tiene reparos en utilizar estos métodos para eliminar a dirigentes chechenos se considera con la autoridad moral suficiente para condenar a Israel por hacer lo mismo ¿Hasta cuándo vamos a estar dispuestos a escuchar lecciones de democracia y derecho internacional de un estado que tantos ejemplos da de su violación?

EL INFIERNO SEGÚN CAROD-ROVIRA
Por Valentí PUIG ABC 29 Marzo 2004

UN filósofo de otro tiempo dijo que el infierno son los otros, pero hay quien dice que el infierno está en cada cual. En su día ya fue rechazada la doctrina de los «ubiquitaristas» por sostener que el condenado al infierno quedaba libre para andar a sus anchas por el universo entero, pero cargando con su castigo eterno. En tiempos de más lectura, se sabía que en la «Divina Comedia» Virgilio guía a Dante hasta el crepitar interminable de las hogueras del infierno. Allí, en el séptimo círculo, Dante reconoce a Farinatadegli, un notable patriota florentino.

Josep Lluís Carod-Rovira se manifiesta rotundamente agnóstico, pero ha estado diciendo que «si existe el cielo, seguro que el señor Rouco Varela no va de ningún modo». Al político republicano-independentista no le place la política de medios de comunicación que, a su entender, tutela la Conferencia Episcopal Española presidida por el cardenal Rouco Varela: «Este señor hace política de partido, mintiendo, poniendo toda una carga ideológica que coincide con lo más reaccionario que hay en el Estado español». Insiste Carod contra la Conferencia Episcopal: «Esta gente tiene una responsabilidad enorme por haber creado un estado de opinión y de enfrentamiento, en lugar de un clima de diálogo, de conocimiento mutuo, sin perjuicios». Quizás estemos ante una reaparición postmoderna o estrictamente antropológica del viejo pintoresquismo anticlerical, tan extremado en los orígenes del republicanismo y paulatinamente arrumbado por la evolución de la sociedad y el impacto impresionante del Concilio Vaticano II en España.

NO es casual que los lectores del «Financial Times» hayan votado al Papa Juan Pablo II como europeo más influyente del siglo, ni que exista un hondo debate sobre la oportunidad de dejar constancia del legado cristiano en el preámbulo del Tratado Constitucional de la Unión Europea. Por contraste, los historiadores tienen sabido el comunicado del presidente del comité revolucionario de Mataró al rector de la parroquia con motivo de la Semana Trágica: «Considerando que el establecimiento que usted dirige no expende artículos de primera necesidad, se servirá usted cerrarlo a partir de mañana y mantenerlo cerrado hasta que reciba nuevas instrucciones». A los heroicos come-curas que en días de cuaresma asistían a los banquetes de promiscuación para comer carne y pescado en una misma comida, seguramente, no se les negó tan radicalmente el acceso a los cielos que Carod-Rovira le rehusa al cardenal Rouco Varela. Es el castigo por contribuir -según Carod- a crear opinión «de una manera malévola y perversa». Los teólogos ya nos dicen que en el infierno los condenados no hallan jamás la paz ni el descanso, para siempre a rastras con el dolor de pérdida. Seguramente por todo eso, Esquerra Republicana se ha apresurado ostentosamente a poner en cuestión los derechos de los padres en la escuela concertada.

EL anatema laicista y la excomunión republicana invocan una rancia subcultura que incluso el impetuoso Giovanni Guareschi se tomó con transigencia y humor en sus historias de Don Camilo. Ahí tenemos a mano otro paralelismo entre la retórica anticlerical de Don Alejandro Lerroux y los derroteros de Josep Lluís Carod-Rovira. Por lo demás, hay que tenerle mucha malquerencia a alguien para negarle el cielo, aunque se crea que no existe. Queda para todos el purgatorio, lugar donde el justo se sacude la caspa del pecado venial y aguarda un tiempo hasta que le abran las puertas del cielo. Lo más curioso de Carod-Rovira es que en Perpiñán se arrimó confiadamente a uno de los círculos del infierno y todavía no ha dicho si se enteró de algo.   vpuig@abc.es

Selecciones autonómicas
Editorial La Razón  29 Marzo 2004

La alegría de los grupos nacionalistas vascos y catalanes por el hecho de que una federación internacional de patinaje admita que su asociada catalana pueda disputar pruebas internacionales, es tan sólo un hecho aislado, por cuanto hablamos de deportes no olímpicos, comparables con la colombofilia o las carreras de galgos. Es, sin duda, un símbolo que choca con una realidad: los deportes olímpicos, desde el futbol a la vela, son competencia del Comité Olímpico Internacional (COI) y éste sólo admite un Comité nacional por cada país reconocido por la Comunidad Internacional, que es tanto como decir por la ONU.

Es cierto que existió un momento en el que bastaba con disponer de cinco federaciones con carácter internacional para aspirar a un comité nacional propio, pero esta norma cambió antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 precisamente para evitar que pudiera participar Gibraltar, que lo pretendía. Y quienes echan las campanas al vuelo, y piden incluso la modificación de los respectivos Estatutos de Autonomía para formalizar las selecciones nacionales vascas y catalanas se limitan, o bien a confundir a los ciudadanos y otorgar falsas esperanzas, o bien a escenificar un acto de autodeterminación nacional en un campo tan poco oportuno como el deporte.

Es bueno recordar, además, que si ya la FIFA rechaza, con razones de peso, a federaciones regionales, mucho menos podrán triunfar ante un organismo independiente como el COI, donde se recuerda con amargura el daño que la política ha ocasionado tantas veces al deporte.

DEBÍA ENTRAR EN VIGOR EL PRÓXIMO CURSO
Cataluña suspende la Ley de Calidad que incluía un aumento de la enseñanza del castellano
La consejera de Enseñanza de la Generalidad de Cataluña y miembro de ERC, Marta Cid, ha anunciado este lunes que se ha decidido suspender la aplicación de los preceptos de la Ley de Calidad que debían entrar en vigor el próximo curso, entre ellos el incremento de las horas de enseñanza del castellano, a la espera de la reforma o derogación de esta norma.
EFE Libertad Digital   29 Marzo 2004

La consejera de Enseñanza, Marta Cid, ha informado en conferencia de prensa de que con esta medida pretende dar respuesta a la "incertidumbre" originada en torno a la aplicación de esta ley tras la victoria electoral del PSOE, que ya ha anunciado también que piensa paralizar su aplicación.

El gobierno catalán pide al futuro ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero una moratoria mínima de dos años de la aplicación de la Ley de Calidad y la derogación de los decretos que la despliegan para buscar un consenso con la comunidad educativa y las comunidades autónomas sobre el futuro marco educativo en España.

Marta Cid ha destacado que mantener la aplicación de la LOCE (Ley Orgánica de Calidad de la Educación) "no beneficia a nadie", hubiera provocado "muchos inconvenientes" y "dificultaría posibles cambios en el futuro", lo que la ha convencido a optar por esta suspensión ya que "no podemos actuar como si nada hubiera pasado", en referencia a la derrota electoral del PP.

Para justificar también esta decisión, la consejera ha subrayado que la Ley de Calidad es una norma aprobada de manera "unilateral" por el PP y "contestada" por toda la comunidad educativa, y que supone "un grave retroceso en el proceso integrador del sistema educativo", además de "no respetar la pluralidad lingüística" de España e "invadir las competencias del gobierno catalán". El departamento de Enseñanza ya ha dado instrucciones para que no se publiquen los nuevos currículos previstos en la LOCE, entre ellos el que ampliaba las horas de enseñanza del castellano, lo que permitirá, según ha destacado Marta Cid, mantener el programa de inmersión lingüística en catalán, que estaba amenazado.

La suspensión de la aplicación de los decretos de la ley supondrá también, de momento, aplazar los nuevos itinerarios para la ESO (Educación Secundaria Obligatoria), la prueba de bachillerato y el nuevo sistema de evaluación de los alumnos, que obligaba a repetir curso si se suspendían más de dos asignaturas. Este departamento ha paralizado además los cambios sobre la enseñanza de la Religión, que continuará siendo una asignatura voluntaria para los niños y de oferta obligatoria para los centros, así como los que afectaban a la elección del director de centro.

La Generalidad sí mantendrá algunas novedades que contemplaba la Ley de Calidad para el próximo curso, como la introducción del inglés en el ciclo de educación primaria y el compromiso de incrementar las subvenciones públicas para P-4 y P-5 porque considera que son "objetivos de calidad". De esta manera, el próximo curso, además de concertarse el nivel de P-3 (tres años), se incrementará hasta un 50 por ciento el de P-4, y se llegará al 30 por ciento en el de P-5 para que "ninguna familia tenga que hacer frente a un incremento de su gasto previsto". El 90 por ciento de las solicitudes de concierto en estas etapas serán aceptadas por la consejería, que denegará aquellas que "no respondan a las necesidades de escolarización del municipio o zona". Cid también se ha reafirmado en la intención de incrementar el número de profesores para el próximo curso, en especial en los centros que viven situaciones "más críticas".

La consejera ha instado al PSOE y a los futuros responsables de educación del Gobierno a "establecer urgentemente un marco de diálogo y a empezar a planificar para aprobar un nuevo sistema educativo respetuoso con la realidad plurinacional" y que garantice "una educación de calidad". Este departamento de la Generalidad, que controla ERC, considera positiva la voluntad expresada por el PSOE de aprobar lo antes posible una moratoria del calendario de aplicación de la LOCE, aunque la consellera es partidaria de su derogación y no sólo de su reforma.
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