AGLI

Recortes de Prensa     Martes 30 Marzo 2004
El protectorado terrorista como política de Estado
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 30 Marzo 2004

¿UNA GRAN NACIÓN
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 30 Marzo 2004

VIENEN TIEMPOS FELICES
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 30 Marzo 2004

LA SEGUNDA VUELTA
Ignacio CAMACHO ABC 30 Marzo 2004

EL ESCÁNDALO DE LA REBELIÓN DE MARAGALL
LUIS IGNACIO PARADA ABC 30 Marzo 2004

La irresponsable responsabilidad de Zapatero
GEES Libertad Digital  30 Marzo 2004

El miedo vota
Carlos SEMPRÚN MAURA La Razón  30 Marzo 2004

FACTURAS A RODRÍGUEZ ZAPATERO
Editorial ABC 30 Marzo 2004

En torno a la reforma estatutaria
Ernesto Ladrón de Guevara La Razón  30 Marzo 2004

CATALUÑA, POR LIBRE
EDURNE URIARTE ABC 30 Marzo 2004

Blanco, gurú del marketing
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  30 Marzo 2004

El PSOE y la oposición
Agapito Maestre Libertad Digital  30 Marzo 2004

Cataluña avisa a Zapatero
Editorial El Ideal Gallego 30 Marzo 2004

¡Al suelo, que vienen los nuestros!
FERNANDO ÓNEGA La Voz 30 Marzo 2004

Admirable coherencia
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 30 Marzo 2004

¿Quién fue
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 30 Marzo 2004

La desconfianza del PP al PSOE
Francisco Marhuenda La Razón  30 Marzo 2004

PSOE: segunda oportunidad
Iñaki Ezkerra La Razón  30 Marzo 2004

El PSOE y el factor rojigualda
Lorenzo Contreras La Razón  30 Marzo 2004

Selecciones
Alfonso Ussía La Razón  30 Marzo 2004

El hockey
David Gistau La Razón  30 Marzo 2004

Terror e inmigración
Cartas al Director El Correo 30 Marzo 2004

Maragall se niega a aplicar la reforma educativa del PP
X.Siccardi - Barcelona.- La Razón  30 Marzo 2004


 

El protectorado terrorista como política de Estado
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 30 Marzo 2004

Una vez más hay que subrayar la coherencia de Carod Rovira, popularmente conocido como Rovireche, al plantearle al PSOE las fórmulas básicas de asociación que ya rigen en Cataluña y aspira a extender al resto de España, al menos mientras de España quede algún resto. El héroe de Perpiñán ha recordado en el País Vasco, precisamente donde más muertos han provocado sus contertulios etarras, que Zapatero se comprometió públicamente a aceptar cualquier reforma del Estatuto que saliera del Parlamento catalán, aunque supusiera cargarse la Constitución. Y espera que cumpla su palabra.

También ha recordado el caudillo separatista catalán que el Plan Ibarreche significa sustancialmente lo mismo que el Gobierno Tripartito de Cataluña, de forma que no resulta coherente ni lógico que el PSOE se oponga a él. Una aclaración que nos exime de insistir en lo que está a la vista de todos: que lo que pretenden Maragall y sus aliados es lo mismo que pretenden el PNV y los suyos: cargarse la Constitución precisamente en su piedra angular: que la soberanía reside en la nación española, “única e indivisible”, y en el pueblo español como sujeto político, que es justamente lo que tratan de fragmentar, pulverizar y sustituir Ibarreches y Rovireches en la Ley de Leyes.

De paso, Carod se ha jactado de reunirse con Otegui, el líder de lo que el Supremo considera una facción de ETA y por eso mismo ha ilegalizado, mientras no ha visto a nadie del PP porque “no tiene el gusto de conocer a ninguno”. Eso honra al PP, porque a los terroristas ya los conoce a todos y a sus cómplices también. Pero Carod, como la ETA, es coherente. Ahora que se acerca la investidura de Zapatero, el que tiene que aclararse de una vez es el PSOE. La propuesta de los separatistas a sus socios está clara: el protectorado terrorista (con ETA; con los “países árabes”, dicen ahora para referirse obviamente al terrorismo islámico) como política de Estado. Lo malo es que todo lo que ha hecho Zapatero desde el 11-M y, sobre todo, desde el 14-M apunta en esa misma dirección. Y cada vez tiene menos tiempo para rectificar.

¿UNA GRAN NACIÓN?
por FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS. de las Reales Academias Española y de la Historia ABC 30 Marzo 2004

JOSÉ María Aznar sacaba pecho diciendo eso de «Somos una gran nación». Un poco como Napoleón ante las Pirámides: «Cuarenta siglos nos contemplan». Pero, ya se ve, su ejército, como el de Napoleón, era insuficiente. El 11 y el 14 de Marzo trajeron la capitulación ante Al Qaida: los socialistas ya anuncian la retirada de Irak. Abdicamos del papel de guardianes de Occidente. Entre tanto, los de ERC, afortunadamente sólo ellos, capitulan ante ETA.

Pero no era sólo Aznar el que, ilusionadamente, decía eso. Y la verdad es que había hecho crecer a España y son injustas las campañas contra él (¿por qué tanto odio?). También fuera de España decían cosas parecidas. Por ejemplo, el 2 de febrero, «Newsweek» presentaba en portada «The Spanish way» y sugería que España podía ser un modelo para Europa. En España encontraba las más dinámicas instituciones financieras, el mayor crecimiento del empleo, el Foro Cultural de Barcelona. Y no más lejos que el 8 de marzo (¡tres días antes del once!) decía «Times» que «España conquista el mundo». Gastronomía, cine, negocios, arquitectura, deportes... Arzak, Adrià, Fernando Alonso, Florentino Pérez, Juanito Oiarzábal, Marcelino Botín, Calatrava, Muñoz Molina, Tamara Rojo, Alejandro Sanz, Almodóvar, algunos científicos. De educación y humanidades nada, claro. Todo bajo la égida de Aznar. «Una nación que hace pocas décadas estaba oprimida, hoy tiene nervio para ayudar a construir la Constitución europea y enviar tropas a Irak». Sic transit...

La España de Aznar y la de las revistas americanas contienen elementos de una gran nación. Y podrían añadirse muchísimos más, por ejemplo, en el terreno de la cultura, en el de la solidaridad ante el crimen, en el del funcionamiento, el día triste, de todos los servicios. En el del crecimiento en casi todo. Y sobre todo, está el trabajo del pueblo español, en las peores circunstancias. De tantos españoles de los que son símbolo los que viajaban en aquellos trenes.

¿Pero, somos una gran nación? A comienzos del siglo XXI y después de lo que hemos vivido nos tienta la autocrítica, o el masoquismo, si quieren, como tentaba a los regeneracionistas de comienzos del XX.

La verdad, estos días frenéticos nos ha puesto a todos mal cuerpo. A mí me hacen ver con ojos críticos, quizá demasiado, el espectáculo de nuestra democracia. De todos sus actores.

El PP, que ha tenido estos años méritos extraordinarios, ha hecho una campaña floja. Ya se ha dicho, yo querría insistir en su pasar de puntillas por el tema que una ruidosa clac había convertido en central: la guerra de Irak. No han sabido explicar que España no ha hecho esa guerra, está allí mínimamente y en misión pacífica, más bien simbólica, casi un paripé. Y que, fueran cualesquiera los errores de los americanos al lanzar esta guerra, de ellos hablé días atrás, era imperativo el responder a la agresión de los islamistas. Ya se ha visto lo peligrosos que son.

Y luego, yo no creo que los líderes del PP hayan mentido, pero es claro que interpretaron los hechos a partir de un wishful thinking o pensamiento interesado, que dicen. A partir de precedentes mal analizados y de conjeturas. Apretando el cerco de ETA, cerrándole la puerta principal, se olvidaron casi del otro enemigo, lo consideraron no existente. Y un comando se les coló por la puerta trasera e hizo un acto de guerra con un objetivo: echarlos del poder. Lo ha conseguido.

Ingenuidad, renuncia a presentar razones, exceso de confianza y mínimo de vigilancia: estas son sus faltas. Pero tampoco son de recibo muchas cosas de los socialistas. Eran insuficientes, tuvieron que dejarse arropar por grupos de reventadores nada democráticos. Y hay los otros. Resulta que ahora «Cultura contra la guerra» son nuestros ideólogos y Almodóvar nuestro Sócrates. Y los socialistas han tenido que aceptar pasivamente a los Maragales y Carodes, y a los del «diálogo» en el país Vasco. Dios les dé suerte. Me temo que tendrán que recordar a Aznar, contra el que han hecho campañas inmerecidas.

Y violaron en forma inadmisible el día de reflexión y lanzaron acusaciones sin sentido. En fin, después de todo, ganaron, aunque es bastante vergonzoso que haya sido Al Qaida quien les ha dado los votos que les faltaban. Hoy dan la imagen de una formación seria que nos dará un Gobierno serio. Solo que nace con tales hipotecas que muy hábil ha de ser para librarse de ellas. No les va a salir gratis el zafarse de ciertas demagogias.

Pero los partidos son sólo partidos y el sujeto de la democracia es el pueblo, sobre él revierte. He elogiado muchos de sus comportamientos. Pero, la verdad, que un atentado de Al Qaida haya dado millón y medio o más votos contra «la guerra de Irak», es preocupante. ¡Resulta que Al Qaida decide nuestras elecciones! Que, antes que la razón ha imperado, para esos electores, la emoción, que ha dado el éxito a propagandas interesadas. Cierto que esa fluctuación de votos ha sido, comparativamente, baja. Pero suficiente.

La verdad, un sector del pueblo español ha fallado. Si ahora nos retiramos de Irak, de nuestra misión pacífica en Irak, será un gran deshonor para España. Y más ahora en que, en el nivel internacional, se ha llegado a acuerdos, seguirán otros más, habrá una Constitución en Irak. Esperamos se nos evite todavía la gran vergüenza. No sería digna, ciertamente, de una gran nación. Una gran nación reacciona cuando es agredida, no se retira a la primera ofensiva.

Ni parece que sea propio de una gran nación ese fraccionalismo galopante que sufrimos, sin paralelo en el mundo occidental. Nuestras Autonomías nos han llenado de tabiques y de despilfarro. Y lo concedido al «hecho diferencial» (no tan importante, la verdad) en Cataluña, el País Vasco, Galicia, para nada ha servido, piden más y más y más. Buen problema para los socialistas y para todos. El miedo es que las concesiones lo que logren al final sea provocar nuevas concesiones. Es dudoso, mientras arrastremos ese problema, que seamos una gran nación.

Y hay el absurdo sistema electoral, que favorece a formaciones mínimas, distorsiona la voluntad popular y todo el sistema, lo hace inmanejable.

Y hay tantas cosas más que nos hacen dudar. Ese tratar de vivir gozando y aturdiéndose, aplazando, haciendo como que no se ve. Tanto absentismo y bajo rendimiento en el trabajo, tanta apariencia, tanto derroche, tanto vivir en plena fiesta tratando de eludir la responsabilidad, tanto trepa. Tanto preferir una educación de nivel bajo, rehuyendo el esfuerzo. Ceder sin pudor ante cualquier presión. La envidia. El odio.

Y nos hace dudar, también, el trato que nos dan por ahí fuera. Algo hemos ganado en presencia y en prestigio, algo quedará. Y éramos los aliados que sacaban la cara por los americanos, les aliviábamos de la sensación de aislamiento. Pero cualquiera que haya trabajado en la Ciencia y las Humanidades sabe que, en su fuero íntimo, los anglosajones siguen considerándonos de segunda. Nos lanzan miradas de benevolencia, pero procuran no vernos.

Yo no reprocho a Aznar su sueño que, después de todo, contenía elementos de realidad. Pero, después del sueño, vemos ahora en torno nuestro una potencia más bien mediana. Disminuida en la esfera internacional y con un problema interno que es grave. Y sin demasiada decisión para afrontarlo. Quizá la negociación pueda realizarse sin que cueste excesivas concesiones. Pero quedará el temor de no terminar nunca, por más lastre que se suelte.

Entre tanto, España vive bien, la gente prefiere disfrutar y olvidar problemas. Renuncia al papel de gran potencia, que comporta sacrificios y responsabilidades. Cambia el Gobierno y se acabó. Pero no se acabó, los problemas siguen ahí. Pasada la hora emotiva, habrá que afrontarlos.

VIENEN TIEMPOS FELICES
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 30 Marzo 2004

SABÍAMOS que el PP iba a enfrentarse con una legislatura muy dura incluso en el caso de que ganara las elecciones con mayoría absoluta. ¿Sería Rajoy un presidente con suficientes agallas para responder al Plan Ibarretxe y al nuevo Estatuto catalán?

Si se planteaba el futuro con tanto dramatismo en la hipótesis de que el PP llegara al poder, ¿por qué razón tendrían que ser distintas las cosas, ahora, con Zapatero en La Moncloa? Hay ciertamente un cambio. Lo que con el PP habría sido confrontación, con el PSOE serán felicidades. Del 155 de la Constitución al chalaneo institucional. Los socialistas conjuran los problemas negándolos. Ese mix étnico compuesto por patas negras y charnegos que son Maragall, Montilla, Patxi López y Eguiguren, esa quinta columna del nacionalismo, está desbordando estos días a Carod-Rovira y J. J. Imaz. Los del PSC advierten a Zapatero que no se limite a administrar el triunfo electoral y que haga realidad las cuatro naciones. Patxi López y Eguiguren han tenido la genial idea de proponer un referéndum sobre el futuro del País Vasco. O sea, que Zapatero haga desde Madrid la tarea de Ibarretxe. Se brinda en los batzokis. Corre el cava en Vic y mejora el champán en Perpiñán. Por fin, un Estado simpático, que diría aquel niño que creció en un cuartel de guardias civiles...

Así que lo que iba a ser espadas en alto en el caso de que triunfara el PP será diálogo y negociación con el PSOE. Quizá esto fue lo que intuyó el día 14, después de la horrenda matanza, nuestra regalona juventud y los seiscientos mil ciudadanos que habían votado al PP en el 2000. ¿Por qué tanto sentimiento trágico? ¿Por qué el quijotismo de Aznar y su empeño de meter a España en empresas internacionales arriesgadas y en defender una nación que detestan tantos centenares de miles de ciudadanos?

SIN entrar en prospecciones políticas, el hecho es que el PSOE es consideraro por una gran parte del electorado como el gestor ideal del prágmatismo, de las soluciones cómodas, del amoralismo. En definitiva, un partido «simpático», con un dirigente simpático y un programa abierto y lo suficientemente contradictorio como para evitar conflictos y desgarramientos sociales... Y no sólo en relación con la cuestión nacional, sino con todo tipo de problemas. Por ejemplo, en conversación con Esther Esteban, Pepiño Blanco ha adelantado que si hay que tener déficits económicos para ser felices, se tendrán. Nada de dogmatismos presupuestarios. Blanco nos promete un futuro tan feliz como inquietante. Si hay que gastar, se hará. Esta es la voluntad del Gobierno que llega. Méndez y Fidalgo campearán en las praderas laborales que estarán al cuidado de Caldera, frío ante los peligros de deslocalización de las multinacionales y la bajada de los afiliados a la Seguridad Social. Ya Solbes nos aconsejó en su día planes de pensiones.

N O ha comenzado a gobernar Zapatero y ya estamos con barra libre desde el punto de vista de la «moral y buenas costumbres»: aborto a voluntad, elevación a matrimonio de las parejas de homosexuales, desregulación de la investigación genética, guerra a la enseñanza de la Religión... Del patrimonio de la izquierda tan sólo queda el ideal hedonista. ¿Puede haber mejor revolución? Estamos en las vísperas de unos nuevos tiempos. Atrás queda la seriedad hosca y doctrinal del PP. También la tragedia. Por delante, un presidente simpático, un partido simpático y cada uno en su simpática singularidad.

LA SEGUNDA VUELTA
Por Ignacio CAMACHO ABC 30 Marzo 2004

HA advertido Felipe (González, claro) a los suyos de que las elecciones europeas pueden convertirse para el PP en una segunda vuelta del 14-M. Viejo zorro como es, lástima que le ciegue el rencor, el antiguo gran demiurgo se apercibe de que el éxito de Zapatero le debe demasiado a la sacudida de la masacre, y llama al PSOE a mantener la guardia alta para que la convocatoria de junio no ponga en entredicho las condiciones de la victoria. Eso es, exactamente, lo que ocurriría si ganase el Partido Popular: una especie de revancha moral que minaría notablemente el crédito político del nuevo Gobierno.

Las elecciones europeas carecen de interés ciudadano salvo en la medida en que puedan extrapolarse a la política interior. El Parlamento de Bruselas-Estrasburgo no sólo tiene pocas competencias políticas, sino que hasta que se defina la nueva Constitución de la UE es más bien un lugar donde colocar, bien retribuidos, a los excedentes humanos de la vida partidaria. Pero suelen servir como termómetro de la temperatura nacional; así ocurrió durante la agonía del felipismo, en 1994, cuando el PP las ganó demostrando que su asalto al poder era una realidad cuantitativamente posible.

Las de junio van a resultar, inevitablemente, no una segunda vuelta, pero sí un test político. El voto por correo del 14-M, cerrado cuatro días antes de la matanza de los trenes, atestigua una relación de fuerzas bien distinta a la que salió de las urnas, un hecho lógico porque lógico es que el país votase en estado de «shock» después de la tragedia. Eso no invalida ni deslegitima el triunfo de Zapatero, pero lo explica, y sobre todo explica la derrota del PP; resulta infantil, y de un torpe voluntarismo, negar la influencia de la conmoción nacional que provocó el atentado.

Por eso es evidente que las europeas van a representar un instrumento para medir el estado real de la opinión pública, una vez sedimentados los efectos de la sacudida del 11-M. Sería una ingenuidad pensar que el PP las va a ganar de calle; es difícil que la ciudadanía se rectifique tan pronto a sí misma, máxime en plena euforia política de un poder socialista que en esas fechas estará recién estrenado. Sí puede ocurrir que el margen entre los dos grandes partidos se apriete, sin descartar un nuevo descalabro «popular» que situaría a Mariano Rajoy ante una empinada cuesta arriba para recomponer su maltrecho liderazgo.

Para que se cumpla esa función termométrica es imprescindible que la figura de Aznar se aleje de la escena; su candidatura, rechazada por él mismo la pasada semana, equivaldría a plantear esas elecciones como un innecesario plebiscito. (Otro asunto es que al ex presidente le conviniese un blindaje parlamentario, un cortafuegos penal ante una probable intentona de pasarlo por el banquillo a cuenta de la guerra de Irak; pero su gallardía le impedirá apelar a esa baza defensiva). Los comicios de junio deben ser el primer examen para el PP de Rajoy, no el último del PP de Aznar. Sólo así se sabrá hasta qué punto estamos ante una posibilidad de realternancia a medio plazo o ante una travesía del desierto.

En cualquier caso, los resultados de junio dependerán de nuevo del grado de movilización ciudadana. Al PP le conviene ir de puntillas para que se relaje el cabreo que lo echó del Gobierno el día 14, porque su electorado sí está rabioso por la derrota y siente ganas de resarcirse. Por eso González, que tiene muchos tiros dados, ha levantado la voz de alarma. Sabe que Zapatero ganó de penalty en el último minuto, y que, aunque ese resultado es inamovible, queda un partido de simbólica revancha.     icamacho@abc.es

EL ESCÁNDALO DE LA REBELIÓN DE MARAGALL
LUIS IGNACIO PARADA ABC 30 Marzo 2004

CUESTA trabajo creer que el Gobierno de la Generalidad de Cataluña haya tomado ayer la iniciativa de suspender la aplicación de la Ley de Calidad ante la «incertidumbre» originada en torno a esa norma tras el vuelco electoral y a la espera de la reforma que pueda llevar a cabo su propio partido. El Gobierno presidido por Maragall considera que no tiene sentido empezar a aplicar una norma cuya modificación es una de las prioridades del próximo Ejecutivo socialista. No es sólo una puñalada política a Rodríguez Zapatero antes de su investidura. Tampoco una cesión a las presiones de sus socios ERC e IU que forman el tripartito. Ni una rebelión póstuma contra el Gobierno del PP en funciones que impuso su mayoría absoluta para promulgar aquella ley. Es una flagrante vulneración de la legislación Estatal puesto que se trata de una Ley Orgánica. Si esa provocación se mantiene habrá de terminar en el Tribunal Constitucional a requerimiento del propio PSOE cuando esté en el poder.

No es una rabieta catalanista, una sublevación contra el incremento de las horas de enseñanza del castellano o el inglés, que «amenazan» la inmersión lingüística. Tampoco es un desacuerdo sobre la desaparición de las alternativas a la religión, los nuevos itinerarios, los sistemas de evaluación o el coste de la implantación de la Ley. Es, presuntamente, un delito perfectamente tipificado: la obligación de cumplir y hacer cumplir las leyes. Otra cosa diferente es que la Constitución Española, en el artículo 149 entre otros, no reserve expresamente al Estado la competencia exclusiva de la Educación y la Enseñanza. Sólo el punto 5 del artículo 27 dice: «Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza.» Esa «programación general» podría ser un argumento insuficiente en un previsible conflicto constitucional ante tan escandalosa rebelión.

11-M
La irresponsable responsabilidad de Zapatero
GEES Libertad Digital  30 Marzo 2004

Si usted fuera Ben Laden, ¿a quién preferiría atacar? ¿A Inglaterra, muy vinculada con Bush en la guerra de Irak, combatiente en la misma, parte de las fuerzas de la coalición, pero con el acuerdo básico entre el Gobierno laborista y la oposición del partido conservador de que la guerra era necesaria, y justa y que el Reino Unido hizo bien luchando en ella y sin la menor fisura sobre su compromiso en la post-guerra o, por el contrario, a un socio destacado de Bush, que no participó en el combate pero que tiene tropas desplegadas en Irak y que no contó ni cuenta con el consenso político y social que respalde la acción del Gobierno y cuya oposición promete sacar las tropas de Irak en cuanto llegue al gobierno? La respuesta sale por su propia lógica: a la segunda opción. ¿Y cuál es? España.

Desde las filas socialistas, se culpa a la posición del Gobierno de Aznar hacia Irak como causa última del atentado terrorista del 11-M. Sin embargo, no dicen que la alineación de Aznar con Bush, o Madrid con Washington, como se prefiera, no es una condición suficiente pues, como ya se ha dicho, Londres era más aguerrida que Madrid y más cercana a Estados Unidos, dada su relación especial históricamente consolidada. Tan consolidada como que un Tony Blair laborista no se apartara ni un milímetro de un conservador revolucionario como George W. Bush.

La clave de los terribles atentados de Madrid no se encuentra en lo que hizo o dejó de hacer el Gobierno, sino en la falta de un consenso nacional sobre Irak y la debilidad añadida que el PSOE introdujo jugando en todo momento a la contra, en un intento de explotar electoralmente el tema de la guerra, como se vio en mayo pasado, y como se ha vuelto a ver con las generales de marzo. Oponerse a la guerra era su mejor autopista para llegar a la Moncloa. Claro que, al precio de abrir una vulnerabilidad a los ojos de Al Qaeda que ningún otro socio de Washington tenía. Y la prueba está en que no han volado el metro de Londres, porque con eso no quebraban ni al gobierno de Blair ni a la coalición. Con el 11-M, han conseguido derrocar a un gobierno en España y, con un poco de suerte, romper la coalición. Y todo por un eslogan electoral: sacar las tropas de Irak. El próximo presidente, el señor Rodríguez Zapatero debería reflexionar sobre sus palabras y promesas y aceptar la parte de culpa que le corresponde.     GEES: Grupo de Estudios Estratégicos.

El miedo vota
Carlos SEMPRÚN MAURA La Razón  30 Marzo 2004

No me escandaliza una victoria electoral del PSOE, aunque este partido, y sobre todo su líder, no me parecen rebosar de inteligencia. Desde la muerte de Franco España ha vivido bajo diferentes gobiernos, presididos por Suárez (olvidemos púdicamente a Arias Navarro), Calvo Sotelo, González y Aznar (sin lugar a dudas, el mejor de todos), y en cuanto a Zapatero, ya está calificado como «pacifista muniqués», en «Le Figaro» (17/3) por Alexander Adler, uno de los nuevos consejeros de Chirac. Pero bueno, España, y es lo esencial, ha progresado mucho durante estos años, se ha afianzado la democracia, ha mejorado la economía y el bienestar de los españoles. ¿Todo va bien, por lo tanto?

Pues, no, todo va mal, porque este voto no obedece a uno de los fundamentos de la democracia, o sea la alternancia, este voto no significa que los electores estén convencidos de que el PSOE en el Gobierno (con sus aliados que serán probablemente ERC e IU, o sea, la repanocha), va a conseguir el pleno empleo, reducir aún más los impuestos, lograr el mejor sistema de sanidad del mundo y hasta acabar con ETA, no, en absoluto, no se trata de eso, es el miedo el que ha votado, es el miedo el que ha ganado las elecciones.

Los tremendos atentados del jueves 11, han provocado, lógicamente, indignación y dolor, pero sobre todo miedo, y esto se ha demostrado en un voto de castigo contra Aznar «por habernos metido en estos líos, que conducen a atentados». Los culpables del crimen no serían los terroristas, sería Aznar, y echándole a este, piensan que obtendrán paz y tranquilidad eternas para España.

Un tal aquelarre del pensamiento, o mejor dicho de la emoción, no es cosa nueva, ni siquiera exclusivamente española, a esa cobardía se la califica a veces de «síndrome de Estocolmo». Si te arrodillas ante tus asesinos, puede que te perdonen la vida. La cuestión es saber si un país de rodillas es un país de verdad. He notado como los odios siguen concentrándose en Aznar, que no era candidato, pero pese a este detalle simbólico más grave me parece que buena parte de la prensa, y no sólo española, afirme tranquilamente que se ha tumbado a Aznar ¬siempre Aznar¬ porque había mentido acusando a ETA del crimen, pero señores, todos pensamos que era ETA, que además, ya había preparado semejantes atentados, que la Guardia Civil logró impedir en el último momento. Hasta Carod-Rovira declaró que ese atentado demostraba (?) la necesidad de negociar con ETA. Claro, que lo que pueda decir ese señor, cómplice de ETA, no tiene la menor importancia.

Desde la primera comparecencia de Aznar por televisión le oí decir que pensaba que era ETA pero que no excluía ninguna otra pista ¿Cómo decirlo más claro? Dejémonos de los supuestos disimulos y mentiras del Gobierno y vayamos al grano, porque desgraciadamente si los electores, echando a Aznar, se creen que han terminado con el terrorismo, es exactamente lo contrario de lo que va a ocurrir. Y esto, hasta el Gobierno francés, el más anti USA y pro Sadam de todos los gobiernos europeos , lo ha entendido, e intenta aumentar las medidas de seguridad en su país.

Este éxito de los terroristas, sangriento, rotundo, que ha matado a más de doscientas personas y ha ganado las elecciones, alguien con dos dedos de frente ¿se va a creer que anuncia el fin del terrorismo en nuestro país o en Europa? Cuando ese tipo de fanáticos obtiene ese tipo de éxito, evidentemente no se vuelven a cas para leer el Corán, o las obras completas de Sabino Arana en inglés, porque aún nadie me ha convencido de que ETA nada tiene que ver con los atentados de Atocha. Este tipo de fanáticos ya está preparando el próximo en Londres, París o en Roma.

Y puesto que los electores han castigado no es la disminución del paro, o la mejoría económica, sino la posición del Gobierno de Aznar frente a la «crisis iraquí» que nos valen atentados, quiero decir tranquilamente que es lo mejor que ha hecho Aznar y, a parte de Otegui, Rovira y Zapatero, por obligación profesional muchos españoles se darán cuenta de ello, dentro de poco.

Como lo ha escrito Jean d Ormesson, después de tantos otros, los atentados de Madrid, tan cercanos a los del 11 de septiembre en los EE UU, y sin citar a todos los demás, Casablanca. Estambul, Túnez y un larguísimo y trágico etcétera, significan que ha comenzado la 4ª Guerra Mundial. Una guerra diferente, una guerra sin ejércitos, ni trincheras, una guerra de la que ni Julio César, ni Napoleón Bonaparte, ni Clausewitz nada ha escrito. Pero una guerra.

Que se la califique de «guerra de religiones» o de «guerra de civilizaciones» a mí me da lo mismo, no soy religioso y apenas civilizado, pero sí soy, o creo ser, demócrata, y yo la calificaría de guerra de defensa de la democracia, esa vieja tía coja y roñosa que, sin embargo, ha vencido a Hitler, a Stalin, a Mao y que pese a la cobardía española, vencerá a los locos de Alá.

La guerra de Iraq, pese a todas las propagandas y a su impopularidad, constituye un episodio de esa guerra, un episodio inconcluso, pero necesario. La tiranía se ha derrumbado, se ha detenido al tirano Sadam Husein, Libia y otros «países terroristas» se tambalean, y en este reciente acto de la tragedia universa, España desempeñó un papel modesto, infinitamente más modesto que el del Reino Unido, un papel equiparable al de Polonia, Hungría o Australia, para no citar a otros países, pero un papel al menos decente, y es precisamente por eso que el PP ha perdido las elecciones. Cabe preguntarse si vale la pena seguir escribiendo para ciegos, hablando con sordos y discutiendo con autistas. Porque si Aznar es un asesino fascista, como se grita estos días en Madrid ¿Qué seré yo? ¿Un comunista?

FACTURAS A RODRÍGUEZ ZAPATERO
Editorial ABC 30 Marzo 2004

DESDE Cataluña al País Vasco, el socialismo está trabando un discurso que empieza a competir con el de los respectivos nacionalismos, al menos en la utilización de conceptos básicos y reivindicaciones de baja intensidad -y no tan baja-. La fórmula del tripartito catalán se ha convertido en la referencia del socialismo vasco y a Rodríguez Zapatero no le hace falta que sean Carod-Rovira o Imaz los que empiecen a mover el árbol constitucional. Son los suyos quienes, desde una asimetría complaciente, pero insolidaria -porque su resultado es la desigualdad entre los españoles-, le están planteando directamente el eufemismo de la segunda transición, que consiste, como ya le ha expuesto Maragall, en quitar de la Constitución lo que sobra.

A lo que se enfrenta Rodríguez Zapatero, su gobierno y todos los españoles en su conjunto es a una propuesta de la izquierda española que se apropia de la estrategia tradicional de los nacionalismos: considerar que ha caducado el pacto provisional que se alcanzó en la Constitución de 1978 y que ha de ser sustituido por los principios de una izquierda federalista o confederal. Las palabras son cada vez más claras porque ya empiezan a estar acompañadas por hechos inequívocos. Si el dirigente socialista vasco Jesús Eguiguren afirma que no hace cuestión de considerar al pueblo vasco como «nación», aparte de hacer pública su ignorancia sobre conceptos fundamentales del derecho constitucional, está cediendo un activo fundamental de la Constitución al discurso nacionalista, que sí sabe, y perfectamente además, el gran valor que tiene el término «nación», muy distinto de las «nacionalidades» previstas en el Título Preliminar de la Constitución. Basta leer el Plan Ibarretxe. Lo mismo sucede cuando Maragall aplaude la existencia de selecciones catalanas, hecho aparentemente inocuo pero muy significativo para la exteriorización internacional de un proceso de desvinculación respecto de lo español. La derogación singular en Cataluña de la ampliación de horas de enseñanza del castellano, decidida por la consejera de Educación de la Generalidad, es, en este mismo contexto, un avance más en una estrategia que marcha paso a paso y con determinación hacia un nuevo modelo de Estado, implantado por la vía de hecho y de la suplantación del Gobierno y del Parlamento nacionales.

Las apelaciones al marco constitucional con las que desde el PSOE se pretende contrapesar las ambiciones de estos protonacionalistas del socialismo, más que eficaces e integradoras -aparte de poco imperativas, si no provienen de su secretario general- , revelan las enormes tensiones que esperan al nuevo gobierno de Rodríguez Zapatero. Son muchas voces, con partituras distintas. Los propósitos iniciales de Rodríguez Zapatero estaban orientados a la estabilidad de la «España plural» y a atender las necesidades cotidianas de los ciudadanos. Ni una cosa ni otra se encuentran en unas propuestas cuya aplicación sólo es posible si el PSOE emprende no una nueva transición, sino una demolición controlada de aspectos fundamentales del consenso constitucional. Por eso Maragall insiste en que el PSOE está libre de la hipoteca del PP, único obstáculo al proceso de desconstitucionalización. Esta invitación envenenada que lanza a Rodríguez Zapatero es la antítesis del diálogo y la unidad que han presidido su mensaje electoral y, desde luego, garantizan cualquier escenario político excepto el de la estabilidad y la cohesión. El papel que debe jugar el PP está cada vez más claro, porque representa una parte sustancial de la sociedad española que resulta arrinconada y despreciada en los planes de los federalistas periféricos del PSOE: firme oposición al desmantelamiento de la Constitución y ofrecimiento sincero a Rodríguez Zapatero, si lo quiere, para crear acuerdos estables sobre el modelo de Estado y la unidad nacional.

En torno a la reforma estatutaria
Ernesto Ladrón de Guevara es portavoz de Unidad Alavesa La Razón  30 Marzo 2004

El Partido Socialista ha ofrecido al PNV una reforma estatutaria, para ¬en teoría¬ profundizar más en el autogobierno. Desconozco cómo, con respeto al actual marco constitucional, se puede profundizar más aún en un soberanismo que ¬de facto¬ a día de hoy produce una quiebra en la unidad del Estado. PSOE y nacionalistas desconocen que también existe la posibilidad de reformar los Estatutos, e incluso la forma de Estado, en sentido inverso al que se pretende, y con el mismo grado de consenso, aunque formándolo con otros agentes políticos y sociales.

La Adicional 1ª de la Constitución actualiza los derechos forales, y reconoce los derechos históricos que los ubica en el ámbito de los territorios forales.

No podía ser de otra manera, puesto que hasta 1936 en que se constituye un ámbito de autogobierno que trascendía los territorios forales y los superaba, no ha existido ni jurídica, ni administrativa, ni como entidad de carácter histórico, otra realidad que la contemplada en las diferentes actualizaciones de los fueros y de las instituciones en las que se encarnaban éstos.

Por otra parte, la disposición derogatoria 2ª de la C.E. establece la derogación de la Ley de 25 de octubre de 1839 por la que, con Espartero, se adecuaban los fueros y los confirmaba «sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía». Esta derogatoria es absurda puesto que mediante aquella ley se trataba de superar el Antiguo Régimen del Absolutismo monárquico que hacía que España no tuviera códigos jurídicos unitarios ni estructura territorial de Estado como, de hecho, había ya en el siglo XVIII en algunos países de Europa, o, en los estados modernos que fueron los liberales del siglo XIX. Se hizo esa ley, tal como citan prestigiosos autores como Coro Rubio, el profesor Artola o Pérez Núñez, para poder adecuar los fueros al Estado-Nación de corte liberal que por primera vez se instauraba, desde el intento del constitucionalismo en 1812.

Pero el intento de atraer al PNV a la causa constitucionalista posibilitó la inclusión de esta derogatoria absurda, que no ha tenido ninguna eficacia real y que sólo ha servido para dar alas al nacionalismo, sin que éste haga, hasta ahora, ninguna renuncia ni gesto de integración en el proyecto común de los vascos en España.Todo lo contrario. A la luz está cuál es la situación en la actualidad: con un Plan Ibarreche que ni tan siquiera ante la actitud amable del Partido Socialista de reformar el Estatuto de Guernica, están dispuestos a retirar.

Yo quiero decir que si se abre el melón se abre para todo, y que la Reforma puede hacerse en dirección a la independencia de Euskadi o para reformar la estructura del Estado hacia un modelo simétrico; o, por qué no, para posibilitar un Estatuto de Autonomía propio para Álava. Lo que no nos vale es que nos hagan trampas y que sólo se admita el diálogo o la reforma cuando se hace bajo unas premisas y no cuando se hacen otras igualmente legítimas o, incluso, más desde un enfoque histórico.

Por otra parte, el artículo 37 del Estatuto de Autonomía de Guernica reconoce y preserva el régimen jurídico privativo de cada territorio foral. Y lo hace por cuanto que la Comunidad Autónoma se constituye sobre la base de los derechos históricos forales ¬únicos existentes¬. Y por tanto la Comunidad Autónoma se configura en una forma federal en la que al tiempo que se recuperan los seculares parlamentos y gobiernos forales, se construyen instituciones y competencias de ámbito común para el conjunto de la Comunidad Autónoma vasca. Ése es el motivo y la causa de que el Parlamento Vasco se configure en un sistema paritario de representación en el que cada territorio tiene el mismo número de representantes que los otros ámbitos forales, independientemente de su población.

Por eso ese artículo, en su punto segundo establece que «lo dispuesto en el presente Estatuto no supondrá alteración de la naturaleza del régimen foral específico o de las competencias de los regímenes privativos de cada Territorio Foral». Lo cual es un reconocimiento de su personalidad y núcleo intangible de foralidad. Por otra parte, se señala ¬entre otras cosas¬ la capacidad de los territorios históricos para el desarrollo normativo y la ejecución ¬dentro de su territorio¬ de lo establecido en la Ley de Territorios Históricos. Estamos pues, ante una estructura compleja para dar cabida a lo dispuesto en la Adicional 1ª de la C.E.

Si acudimos a lo contemplado en la conocida como Ley de Territorios Históricos (LTH), ésta explica en su exposición de motivos, en su párrafo primero, la justificación de la vertebración institucional para acomodar los derechos históricos a la configuración de un marco de autogobierno nuevo: el del País Vasco. Dice: «Uno de los aspectos más importantes del desarrollo legislativo del Estatuto de Autonomía consiste en la vertebración política de Euskadi, lo que plantea, a su vez, la necesidad de conjugar las existencias derivadas de una organización político-administrativa nueva con el respeto a los regímenes jurídico privativos y competencias de sus Territorios Históricos».

Y el artículo 1°, punto segundo, dice que «de acuerdo con su tradición histórica, son órganos Forales de los Territorios Históricos sus respectivas Juntas Generales y Diputaciones».

Es por tanto evidente que nos encontramos ante una estructura jurídico e institucional compleja, donde coexisten un Parlamento con capacidad legislativa, el vasco, con otros tres parlamentos forales con capacidad normativa, que superan en su concepción la idea de corporaciones locales, reguladas por la Ley de Régimen local.

El artículo 162-1 a) de la C.E. dice que están legitimados para interponer recurso de inconstitucionalidad, ¬entre otros¬ las asambleas parlamentarias de las comunidades autónomas.

Es evidente que este artículo fue pensado para las comunidades autónomas de Régimen Común, sin contemplar las especificidades de la Comunidad vasca.

Por otra parte, resulta injusta la situación de los llamados territorios históricos vascos al no tener mecanismo jurisdiccional de protección de sus competencias y derechos, más allá de la vía contencioso-administrativa, ante posibles abusos de poder cometidos por las instituciones comunes del País Vasco, es decir, por su Parlamento o Gobierno.

Lo vimos claramente cuando el diputado general en nombre y representación del Consejo de Diputados tuvo que recurrir ante la instancia contencioso-administrativa el llamado Estatuto de Libre Asociación (Plan Ibarreche) al no disponer de posibilidad de hacerlo ante el Constitucional. Y eso es una injusticia flagrante.

Se debería articular una fórmula que permita a las Juntas Generales de los territorios forales vascos recurrir ante el Constitucional para defenderse ante los abusos que se cometan contra la foralidad por las instituciones centralistas nacionalistas.

CATALUÑA, POR LIBRE
EDURNE URIARTE ABC 30 Marzo 2004

Si José Luis Rodríguez Zapatero no actúa con contundencia ante el desafío del Gobierno catalán, se dibujan preocupantes nubarrones sobre el futuro de la estabilidad institucional de nuestro país. Porque si la consejera de Educación del tripartito catalán puede suspender la aplicación de una ley porque no le gusta, porque no acepta la mayoría del PP que la aprobó y porque espera que los socialistas la cambien, cualquier Gobierno autónomo puede encontrar razones para saltarse las leyes aprobadas por las Cortes. Lo de menos en este caso es el contenido de la ley suspendida. Lo inquietante es este «ámbito catalán de decisión» que pasa por encima de la voluntad de las Cortes Generales.

El problema es que el futuro presidente del Gobierno parte de unas limitaciones que no permiten ser muy optimistas. En primer lugar, hasta ahora no ha demostrado su capacidad para imponer sus decisiones, y muy especialmente con el Gobierno catalán. Tras la crisis Carod-Rovira, Maragall hizo lo que le pareció, no lo que le pidió Zapatero.
Ahora una consejera decreta la suspensión de la aplicación de una ley, probablemente para comenzar a poner en práctica lo que afirmó Maragall en el Consejo Nacional del PSC del domingo, que Cataluña está en condiciones de determinar los contenidos, los acentos, las personas y las prioridades de la gobernación de España.

Algunos pensaban que el nuevo poder de Zapatero le permitiría controlar la anterior capacidad de condicionamiento del PSC. Pero, de momento, las exigencias, las iniciativas y los desafíos son todos del PSC.

En parte, y aquí está el segundo problema, porque el propio PSOE ha alimentado esa dinámica con su campaña electoral, ésa que ha centrado la responsabilidad del descontento nacionalista en el PP. Marta Cid, la Consejera de Educación, ha recogido el guante victimista y ha proclamado su rebeldía y la deslegitimación de una ley que fue aprobada por la mayoría del Congreso y del Senado porque, interpreta, si la mayoría es del Partido Popular, es «unilateral».

Hay una tercera razón para el pesimismo, y es que Rodríguez Zapatero parte de una receta equivocada para problema nacionalista. Ni siquiera ha sido investido y el Gobierno Vasco ya le ha dicho que no le interesa su oferta de diálogo para la reforma del Estatuto y que sigue adelante con el Plan Ibarretxe.

No han pasado quince días de su triunfo electoral, y el Gobierno catalán ha cometido un acto de profunda deslealtad, no ya con el Gobierno saliente, sino con el suyo. Porque ni ha esperado a las iniciativas del nuevo Gobierno ni, sobre todo, a las decisiones de las Cortes, sino que ha indicado a ambas instituciones del Estado lo que espera que hagan para que tenga a bien aplicar la ley. Y José Luis Rodríguez Zapatero quizá ha comenzado a preguntarse si el «diálogo» socialista no alimenta el descontento nacionalista tanto al menos como la «inflexibilidad» del PP.

PSOE
Blanco, gurú del marketing
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  30 Marzo 2004

Los profesionales del márketing político se pueden ahorrar el seminario que les va a dar Pepiño Blanco, el informe de consultoría y hasta la llamada de teléfono. He aquí la metodología: para darle un vuelco al electorado cuarenta y ocho horas antes de unos comicios hay que infringir la ley, echarse a la calle la jornada de reflexión, rodear las sedes del adversario, inventarse pruebas contra él, difundir consignas calumniosas por televisión, radio, Internet y teléfonos móviles, y, por fin, usar a algún imbécil que dé la cara para denunciar ante la prensa un intento de golpe de estado. Es decir, basta con dar un golpe mientras se acusa al otro de querer darlo.

Los clientes americanos del gurú de Palas de Rei, una vez entiendan la estrategia (When you say correto, you mean correct, that’s right?) se van a llevar un chasco morrocotudo: el golpismo no está en su tradición, al punto que el inglés carece de un término para designar la histórica receta socialista y tiene que echar mano del francés coup d’État.

A los alumnos americanos que se apunten al seminario de Blanco (Marketing político de ejecución súbita multimedia orientada a objetivos inmediatos sería un buen título), les sonará el contenido a coup d’État, cogerán un diccionario y, tras maravillarse de la variedad de términos españoles para lo que ellos no pueden nombrar en su idioma, le preguntarán al profesor: “Isn’t it a golpe, asonada, levantamiento, pronunciamiento, alzamiento?” “Para nada, para nada –responderá el secretario de organización del partido de Largo, de Prieto, de Negrín, de García Altadell, de De Mora y de Felipe González–, eso son cosas de la derecha, un golpe es lo que quería organizar el gobierno del PP precisamente... ¡ay, no!... que al final lo hemos negado... los golpes son cosas de la derecha, y el PP es la derecha, y no digo más. La izquierda española no da golpes de mano porque representa la tradición democrática.”

Herederos al cabo del nominalismo medieval, se resistirán los alumnos anglosajones a llamarle a las cosas de la realidad lo que no son y a no llamarles lo que son, y darán por malgastada la matrícula. Pepiño Blanco debería buscarse los alumnos o clientes en la platónica, realista y esencialista Francia, nuestro nuevo referente internacional, donde los universales no precisan de los hechos, tan vulgares, tan incómodos, tan merecedores de olvido.

Asuntos internos
El PSOE y la oposición
Agapito Maestre Libertad Digital  30 Marzo 2004

No nos engañemos, el PSOE intentará borrar a la oposición, o mejor, al principal partido de la oposición, el PP, de la política española. Los otros, los partidos nacionalistas y similares, no serán “oposición”, porque los socialistas irán a todas partes cogidos del brazo con ellos para cambiar el actual sistema político. La nación democrática española tal y como la conocemos desaparecerá, porque los nacionalistas y los socialistas impondrán un cambio de régimen. No será necesario que Rodríguez Zapatero decida los cambios, sino sólo que logre plegarse a las exigencias de los nacionalistas. La inanidad tiene sus ventajas. Para que esta operación se lleve a cabo con éxito, el PSOE sólo tendrá que actualizar el grito de Lenin, que dicho sea de paso, su antiguo Secretario General y los medios de comunicación afines al partido siguen practicando con renovados y exitosos esfuerzos. Zapatero puede, pues, seguir tranquilamente utilizando palabras retóricas sobre la “humildad” de la gobernabilidad de España, mientras sus correligionarios se encargan de poner al día el famoso grito de Lenin.

Me refiero al grito que el revolucionario ruso utilizó, en 1921, contra los demócratas del alzamiento de Kronstadt, aquellos famosos luchadores a favor de una “tercera revolución” apoyada en elecciones libres. Ese grito volverá a ser para el PSOE la consigna de la próxima legislatura. Vale la pena recordar las palabras de Lenin, porque será el leitmotiv principal para acabar con el régimen democrático, según fue establecido en la Constitución española de 1978. Además, los socialistas ya lo vienen practicando con gran éxito en Cataluña y en el País Vasco. Ojalá me equivoque, pero ya verán como el PSOE desconsiderará al PP, cuando éste critique las políticas socialistas por seguir a pies juntillas las exigencias de nacionalistas, terroristas y, por supuesto, las del eje franco-alemán. Será precisamente entonces, cuando oiremos los fatídicos argumentos de Lenin: “Con palabras como ´libertad de crítica` no nos engañarán... No necesitamos ahora ninguna oposición, compañeros, no es el tiempo para ello. Aquí o allá con el fusil, pero no con una oposición. Esto es el resultado de una situación objetiva, de si están conformes o no... Y pienso que la asamblea del Partido debe sacar la conclusión final de que ahora la oposición ha terminado de una vez por todas, ¡estamos cansados de la oposición.”

Será, en efecto, este horroroso grito final de la perorata de Lenin, “¡estamos cansados de la oposición!”, la principal dificultad que tendrá que superar la democracia española en la próxima legislatura. Mientras tanto, no olvidemos que el grito ya ha tenido efectos contrastables: cientos de sedes del PP han sido asediadas y asaltadas durante la campaña contra la guerra de Irak; en plena jornada de reflexión, e incluso el mismo día de las votaciones, no se ha dejado de hacer campaña contra el PP frente a sus sedes o contra sus líderes a la puerta de los colegios electorales; se ha firmado un pacto entre los socialistas y otros partidos para dejar al margen al PP en Cataluña y en el resto de España, y así sumen y sigan... Porque el PSOE ha demostrado en el último año que no tiene adversarios políticos, sino sólo enemigos, no cesará ni un sólo día en su empeño de destruir a su oposición. La política del PSOE en las instituciones democráticas ha sido tan débil como pobres eran sus argumentos intelectuales, sin embargo, nadie podrá negar a la vista de sus éxitos en Cataluña, Andalucía y País Vasco, que sus campañas de agitación y propaganda en las calles han tenido efectos letales para el PP.

En fin, si el PSOE no ha querido cerrar filas con el Gobierno de la Nación, cuando éste ha sido golpeado por el terrorismo internacional, el de ETA incluido, como hubiera sido de esperar de una oposición civilizada – acaso puede alguien imaginar a los demócratas americanos culpando a los republicanos del atentado contra las torres gemelas -, entonces nadie espere que el PSOE conceda lo más mínimo al PP en la oposición. Lo más probable es que los socialistas, como ya hiciera Stalin en su época, sigan aplicando la táctica leninista para construir a su alrededor un sistema ideológico que legitime una confederación extraña de Estados. Aplicarán, pues, al pie de la letra el grito: “¡Estamos cansados de oposición!” El campo de prueba, la consigna del tripartito catalán, o sea, el “todos contra el PP”, ha tenido un éxito extraordinario. Lo más grave es que el nihilismo de un sector de la sociedad española seguirá aplaudiendo el grito totalitario de Lenin.

Cataluña avisa a Zapatero
Editorial El Ideal Gallego 30 Marzo 2004

Los socialistas catalanes -y, por supuesto, el resto del tripartito- parecen tener muy claro que lo suyo es cogobernar con Zapatero. Así de simple. Si una norma no les gusta, amparándose en una promesa electoral de derogación, optan por no aplicarla. La cuestión es que a la consejera de Educación catalana, Marta Cid, de ERC, le desagrada la Ley de Calidad de la Enseñanza que tenía que entrar en vigor el próximo curso. Y la política ha decidido, valiéndose de que Zapatero había manifestado su intención de dejarla sin efecto, que en Cataluña no se aplica. Además, Cid, haciendo gala de su guerrero apellido, no duda en arremeter contra los socialistas a los que acusa de irresponsables por haber permitido que transcurrieran quince días de desde su victoria y no anular el texto. Es posible que la mujer no tenga ni idea de los plazos de constitución de las Cortes. Al fin y al cabo, ya demostró, con su decisión, el poco respeto que tiene por la legalidad. Eso sí, seguro que los malos estudiantes catalanes agradecen que, sólo ellos, puedan seguir pasando de curso pese a suspender.

¡Al suelo, que vienen los nuestros!
FERNANDO ÓNEGA La Voz 30 Marzo 2004

RODRÍGUEZ ZAPATERO tendría que mandar a sus fieles catalanes el recado del Rey Prudente: «Sosegaos». El líder socialista todavía tardará dos semanas en ser investido presidente, pero ya tiene al cobrador del frac en su puerta preguntando qué hay de lo suyo. Pasqual Maragall parece tener muchas prisas, auténticas urgencias, por cobrar los votos que Cataluña le ha dado al PSOE en las últimas elecciones.

Lo estamos viendo en una decisión y en unas palabras. La decisión es suspender en Cataluña la Ley de Calidad de la Enseñanza, después de que el PSOE anunció su retirada. Es lo mismo que pide en Galicia el BNG, pero con una diferencia: en Cataluña la suspensión es automática, porque lo decide el Gobierno de la Generalitat. No estoy capacitado por juzgar si es legal que un gobierno autónomo deje de aplicar una ley simplemente porque se anuncia su reforma. Pero es, desde luego, poco correcto. Y, tratándose de la Ley de Calidad de la Enseñanza, transmite vibraciones de urgencia por apartarse de una norma que busca la cohesión educativa.

Las palabras son las de un Maragall que acaba de pedir «una nueva lectura de los textos fundamentales», es decir, de la Constitución, y reclama caminar ya por la senda federal. Como José Blanco se ha visto obligado a responder diciendo que sólo está previsto reformar el Senado, ya tenemos un aparente motivo de discordia interna. Suave, pequeño; pero en el aspecto más sensible, que es el de la concepción del modelo de Estado; y dicho justo cuando el Partido Popular ha reclamado para sí el papel de guardián de ese modelo, precisamente porque algún político catalán podría reclamar esas deudas. El PP pensaba en Carod-Rovira; pero ha sido el propio Maragall quien le hace ese regalo.

A la vista de esto, parece que el señor Zapatero debe prepararse para leer cada mañana los periódicos con un «¡al suelo, que vienen los nuestros!». Nadie le discute a Pasqual Maragall que haga valer su poderío en Madrid. Nadie le puede discutir su concepción del Estado y que trate de ponerla en marcha, ahora que tiene poder. Pero, leñe, dénle a Rodríguez Zapatero tiempo a respirar. Déjenle, por lo menos, que pase la investidura, dé posesión a sus ministros y empiece a gobernar. Permítanle que adopte las primeras decisiones en el ámbito de la seguridad o la vivienda, que a lo mejor son más urgentes que la revisión constitucional. Y, sobre todo, permítanle que se siente en la Moncloa. Si sus propios amigos, compañeros o socios le empiezan a poner ya chinchetas en el asiento, lo único que hacen es anunciar una legislatura turbulenta. De momento, y pensando en la investidura, Maragall ya le ha regalado medio discurso de réplica a Mariano Rajoy.

Admirable coherencia
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 30 Marzo 2004

Tal vez los socialistas vascos no estuvieron finos al ofrecer una reforma del Estatuto al PNV antes de que el nuevo presidente del Gobierno haya tomado tal iniciativa. La oferta tampoco cuenta con una resolución congresual o, al menos, un comité nacional que la avale. 'Más Estatuto' no quería decir 'Otro Estatuto', sino, precisamente, más de lo mismo.

Hemos podido saber esta semana que la respuesta negativa del PNV ha sido considerada «decepcionante» por los socialistas. En este punto es preciso romper una lanza o al menos, el palo de una escoba en favor del partido-guía. Si hay un adjetivo que no cuadra a los jeltzales es, precisamente, éste. Son de una coherencia estricta, ejemplar, y los socialistas vascos han sido testigos privilegiados de ello. Tal vez recuerden la contribución del PSE a la gobernabilidad con un pacto de legislatura en 1985, con un gobierno de coalición en 1987, cuya presidencia cedieron a Ardanza a pesar de contar con dos escaños más.

Decepcionante pudo ser que en febrero de 1990 el PNV pactara con la oposición una resolución autodeterminista. Decepcionante pudo parecerles (nos) que en la siguiente legislatura, el PNV cambiase de alianzas para formar un gobierno tripartito con EA y EE. Aquel ejecutivo ilusionante duró ocho meses. Ardanza lo liquidó cuando EA aprobó junto a HB mociones a favor de la autodeterminación en algunos ayuntamientos, -vivir para ver- así que en otoño de 1991 los socialistas entraron a cubrir el hueco que había dejado EA y aquí paz y después gloria hasta noviembre del 96, en que Arzalluz infirió a los socialistas la ofensa más hiriente, con el más acabado gesto de desdén: «Hemos tenido que taparnos los ojos, los oídos y hasta la nariz para gobernar con estos».

Después vinieron: el verano del 98, en que el PNV y EA negociaron con ETA un pacto excluyente hacia «las fuerzas cuyo objetivo es la destrucción de Euskal Herria y la construcción de España (PP y PSOE)»; la ruptura del acuerdo con el PSE, el pacto de Lizarra, la tregua de ETA, la ruptura de la tregua y el plan Ibarretxe que su autor no tuvo a bien negociar siquiera con sus socios de gobierno. El lehendakari se negó a reunirse con Zapatero cuando éste anunció que quería criticar su plan y el nuevo presidente del EBB declaró, integrador y dialogante, su intención de contar con todos «para impulsar el plan Ibarretxe». Tal vez la oferta socialista sea un gesto de astucia para desenmascarar al PNV y demostrar que no desea verdaderamente el diálogo, sino más nacionalismo. No sé si hacía falta. El partido-guía se había retratado por última vez con el 'Sí, quiero más' de su campaña. De ninguna manera puede decirse que estemos ante un comportamiento decepcionante, no me lo 'criminalicen'.

¿Quién fue?
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 30 Marzo 2004

EN ASUNTOS de terrorismo, los servicios secretos no tienen como principal finalidad cometer atentados muy sofisticados técnicamente, que también, sino modular la acción escogiendo el contexto adecuado para obtener el resultado político perseguido. Otra característica de los servicios secretos -o de inteligencia, como a veces se les llama- es la de hacer ejecutar los atentados por profesionales a sueldo que no saben para quien trabajan u organizaciones políticas o religiosas manipuladas, al tiempo que van dejando un rosario de pistas falsas para confundir a los investigadores. En eso consiste la famosa «inteligencia».

Respecto al 11-M, a simple vista todo apunta hacia una facción islamista, y sin negar la autoría material puede que sólo sea pura apariencia. Incluso aceptando que los propios autores materiales creyeran de buena fe que actuaban para vengar la toma de Perejil o la invasión de Irak, es difícil negar que la finalidad última de los atentados era influir en la votación del 14-M. Evidentemente, de ello no tiene la culpa el PSOE, y los atentados sólo consiguieron su objetivo, una especie de golpe de Estado electoral con oculta intervención extranjera, gracias a la impericia del PP, si bien las cosas se planificaron con tal precisión que los errores informativos del Gobierno, en un primer tiempo, fueron inevitables y la perseverancia en los mismos casi natural.

Esto es, no queda descartado que las demasiado fácilmente frustradas acciones de ETA que precedieron al atentado fueran parte del cebo que debía inducir al Gobierno a endosarle machaconamente la autoría. En segundo lugar, cuando el Gobierno picó el anzuelo aparecieron asimismo demasiado oportunamente las pruebas, furgoneta y mochilas, que llevaron a dar casi inmediatamente con los ejecutores, a los que además se relacionó fácilmente con Al Qaida por uno de los participantes, más fichado que Durruti. Ésta no es la forma de trabajar de Al Qaida.

Tampoco es normal la celeridad con la que ETA negó la autoría dada la situación de debilidad en la que aparentemente se encontraba; quiero decir, no le hubiera venido nada mal que aún se la creyera tan fuerte (cuanto más aterrorice más fuerte es) y si posteriormente le conviniera desmentirlo siempre habría tiempo. Por el contrario, le convino negar sin dilación la autoría para influir en el voto. Entiéndaseme, quizás el PSOE hubiera ganado igual pero así ganó con mayor facilidad.

Subsiste un aspecto que no se ha analizado suficientemente pero que yo considero muy importante: el lugar. Según la tregua de ETA convirtiendo a Cataluña en un protectorado, y en consonancia con los movimientos frustrados de dinamita hacia Madrid, todo daba a entender que de producirse un atentado en la capital de España sólo podría tratarse de ETA. Sin embargo, esto no es congruente con la autoría islamista. Puesto que todo el mundo esperaba un atentado en Madrid, y nadie en Barcelona, lo lógico es que los islamistas actuaran en Barcelona: gozarían de la ventaja de ejecutarlo con menos vigilancia y la sorpresa permitiría el repliegue a Francia en una hora. Ahora bien, desde el primer minuto se habría sabido que no había sido ETA y el Gobierno hubiera artillado la estrategia informativa ad hoc . Por tanto, sólo un servicio secreto con capacidad para introducirse en los medios islamistas marroquíes y de terroristas vascos tenía la suficiente perspectiva organizativa para manipular a su guisa a los actores directos e indirectos de la masacre -sin necesidad de conectar a los unos con los otros- y crear el ambiente que propiciara la consecución del fin último. Queda la pregunta clave: ¿a qué país extranjero beneficia el cambio de gobierno?

La desconfianza del PP al PSOE
Francisco Marhuenda La Razón  30 Marzo 2004

Es evidente que lo sucedido en los últimos días de la campaña ha consagrado un profundo clima de desconfianza entre el PSOE y el PP. Al lamentable espectáculo de la jornada de reflexión se unen los desencuentros que se han vivido en esta legislatura y que reflejan el mal estilo de una oposición que lo ha instrumentalizado todo. Es cierto que le ha salido bien a Zapatero, pero no contará con una oposición fácil. Un viejo dicho dice que quien siembra vientos recoge tempestades y a la izquierda que ahora está tan contenta se le puede helar la sonrisa.

Zapatero tenía y tiene un grave problema con sus socios en Cataluña, tanto con el PSC como con los independentistas de Carod-Rovira. No ha formado todavía gobierno y Maragall le ha pedido cambios en la Constitución, la consejera Cid ha anunciado que no aplicarán la Ley de Calidad en la Enseñanza y lo de las selecciones deportivas catalanas irá a más. Todo un estreno en una legislatura que la izquierda sociológica contempla como una panacea.

Es comprensible que el PP no esté dispuesto a colaborar, salvo en temas capitales, con un partido que ha sido tan desleal. No se trata de la normal confrontación política, sino que se han vertido acusaciones muy graves y se excitaron los ánimos para modificar una clara tendencia electora que hubiera llevado a una victoria de los populares. Es cierto que Aznar ha cometido errores, sobre todo en el talante y la comunicación, pero no creo que la historia le trate mal como pretende la izquierda.

Mientras González perdió las elecciones envuelto en escándalos de corrupción, Aznar no quiso presentarse para un tercer mandato y cumplió el compromiso que adquirió en 1996. La masacre del 11-M y la posterior derrota en las urnas del PP es un colofón negativo para un mandato lleno de aciertos, aunque la mezquindad de la izquierda pretende que todo fue un fracaso y se minimizan los éxitos en política económica como si no le correspondieran.

PSOE: segunda oportunidad
Iñaki Ezkerra La Razón  30 Marzo 2004

Frente a la inundación terrorista de la barca social hay dos actitudes que han caracterizado y dividido tradicionalmente al mundo democrático: la de limitarse a usar cubos para extraer el agua filtrada en la amenazada embarcación y la de añadir a ese elemental recurso de urgencia el más difícil y de verdadera importancia que es el de taponar directamente los agujeros por los cuales ese agua se filtra y se va a seguir filtrando por muchos cubos que se usen o por grande que sea el tamaño de éstos.

Taponar los agujeros de la embarcación no es otra cosa que ilegalizar el brazo político de ETA, impedir su presencia en las instituciones, cercenar sin reservas toda posible vía de influencia en el entramado político, sociológico, económico y cultural, cerrar todas sus grifos de financiación y desmontar toda su cobertura ideológica, ir, en fin, a esa raíz del mal que son las propias grietas abiertas en las tablas de la lancha. Esto es ¬y hay que reconocérselo¬ lo que ha intentado hacer el partido de Aznar en los años en los que ha gobernado así como lo que le ha ganado la adhesión de sectores constitucionalistas ajenos a su ideología y procedentes del PSOE o sus aledaños.

A estas alturas de la inundación quedarse únicamente en el recurso de los cubos para vaciar la barca de agua o dejar ésta al nivel justo que le permita a dicha barca seguir flotando es mucho más que una táctica errada. Es ya una doctrina política, ética y estética, un elaborado estilo de vivir el drama vasco, una confesión religiosa por la cual se puede llegar a luchar con más ilusión, rabia y ahínco contra los paisanos amenazados que militan en otro partido constitucionalista que contra ETA (el caso Madina), una forma insobornable de reaccionar ante al terror, de padecerlo y combatirlo, de ser y estar en la infamia que ha adoptado diferentes modos a lo largo de tres décadas, una cultura que ayer se llamó Euskadiko Ezkerra, luego «giro vasquista» y ahora Elkarri pero que por encima de las etiquetas promueve la «oblicuidad» frente a la cuestión terrorista, todo camino que evite abordar frontalmente el problema: desde la negociación o el entreguismo a la guerra sucia y muy a menudo -aunque resulte paradójico- los tres caminos al mismo tiempo. Si la dirección del PSOE eligió esa oblicuidad de lo peor, está claro que el nacionalismo la prefiere a la guerra limpia del PP.

Con su regreso al poder se abre para el PSOE una segunda oportunidad, la ocasión de rectificar los viejos errores. Si en vez de aprovecharla persevera en su limitado recurso de los cubos; si se dedica a sabotear y desmantelar toda la labor que se ha hecho de debilitar el terrorismo y cerrar las ranuras del bote democrático; si esta legislatura es la del fortalecimiento de ETA, aunque esa fuera la factura más barata que pagase por besar al nacionalismo, el PSOE tendrá que dar cuenta de ello.

El PSOE y el factor rojigualda
Lorenzo Contreras La Razón  30 Marzo 2004

El «totum revolutum» organizado por el 14-M está produciendo lógico efectos en los partidos políticos. Aparte del resultado principal, concretamente la derrota del PP y, por tanto, la de Rajoy más la entrada de Aznar en el juicio de la historia y en un incómodo túnel del tiempo, ha causado un tremendo socavón a Izquierda Unida.

Simultáneamente está deparando conmociones internas en el propio PSOE, cuyas «extensiones regionales» quedan a la expectativa de lo que Zapatero emprenda. Los socialistas vascos no parecen del todo felices con el espíritu dialogante del líder vencedor, dado que temen convertirse más que nunca, o como nunca, en sucursal de Ferraz. Es decir, sospechan que el neoentendimiento del PSOE, versión Madrid, con el PNV, puede producirse demasiado a sus expensas. Y, a su vez, las tentaciones de Ibarreche e Imaz a Zapatero confirman estas aprensiones. Va para dos semanas que el sucesor de Arzalluz soñó en alto con una «segunda transición» que sustituya a la de 1978, cuya validez admitió sólo para España, pero no para la sociedad vasca, en la que, según Imaz, habría dejado «una herida sin cerrar».

En entrevista concedida a Euskal Telebista, el flamante presidente del PNV manifestó que esa «herida» sólo podrá cerrarse con «un proyecto común de Estado». Y al líder socialista vasco, Pachi López, le faltó tiempo para preguntar públicamente qué se pretende con tal iniciativa. Lo sabe de sobra, como su correligionario Jesús Eguiguren, cuya alarma actual se expresa con el verbo «puentear», cuya traducción más conocida es «ningunear». O sea, el PSE aspira a ser el interlocutor básico de los nacionalistas, quizá no tanto para sacar del error a quienes esperan que Ibarreche cambie de opinión sobre su famoso plan como para ser ellos, los socialistas del PSE, quienes comercien políticamente con las concesiones, que según Iturgaiz, el presidente del PP vasco, ya no hablan de «más Estatuto», sino de «otro Estatuto» avalado por en referéndum.

Si estas son las primeras escaramuzas de la etapa zapaterista, ya se verá cuáles puedan ser las definitivas. Y resulta difícil hacerse ilusiones con la posibilidad de que las voces socialistas que responden a la «E» de las siglas del partido vayan a resonar cuando llegue la hora de los excesos concesivos. José Bono, el de los «caladeros de la derecha» donde no hizo falta pescar para ganar el 14-M, puede darse por neutralizado bajo el abrigo de su nuevo poder ministerial. Y Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que por cierto no asistió a la penúltima reunión del comité federal, es un motor que ya no funciona con gasolina, sino con gasóleo. La última esperanza rojigualda podría ser Paco Vázquez. ¿Lo será?

Selecciones
Alfonso Ussía La Razón  30 Marzo 2004

Años llevan dando la tabarra los nacionalistas con las «selecciones nacionales» deportivas de las autonomías. Ahora, una trampa legal y un dirigente traidor han abierto la puerta a la ridiculez. Selección de Cataluña en hockey sobre patines. El fútbol y el resto de los deportes olímpicos son la obsesión. Afirman, y es cierto, que Inglaterra compite contra Escocia e Irlanda del Norte. Sucede que el futbol nació en Inglaterra, y contra alguien tenían que jugar. Además, tanto Escocia como Irlanda del Norte tienen sus propios campeonatos de Liga. Llega la Olimpiada, y la competición se reserva a los Estados. Entonces la selección inglesa, escocesa y norirlandesa, junto al País de Gales, se reúnen como Reino Unido.

Si la trampa legal existe, también las normas ¬por ejemplo¬ de la FIFA. Si hay selección de Cataluña o de Euskadi, no podrán jugar la Liga española. No creo que al Barça le seduzca la idea de cambiar al Real Madrid, al Atlético, al Deportivo o al Valencia como rivales y fuente de ingresos, por el Martorell, el Tarrasa o el San Feliú del Llobregat. Lo mismo en el País Vasco. «Gran partido de rivalidad. Athletic Club de Bilbao contra el Rentería». Lo que no pueden pretender los nacionalistas y fundamentalistas de la separación y la etnia es tener todo. La Liga en España y selección propia. Con un «Barça-Granollers» a ver quién es el guapo que paga la nómina de Ronaldinho.

En el fondo, como en todo lo innecesario, este impulso nacionalista está impregnado de cursilería y aldeanismo.

Otra cosa es establecer selecciones autonómicas con capacidad competitiva internacional en especialidades deportivas de nueva creación. En las islas Molucas, la Republik Maluku Selatán, ha irrumpido con una fuerza impresionante un deporte con gran futuro. Las canicas sobre grava. Su nombre internacional no es otro que «Hand-kaniks». El problema es que los moluqueños nos sacan años de ventaja en el virtuosismo del «hand-kaniks», y hay auténticos virgueros en sus principales equipos. Pero todo es cuestión de planificación responsable y ayudas económicas. Las canicas sobre grava tienen un reglamento parecido a la petanca. Se diferencia del deporte nacional de los jubilados franceses en el lanzamiento. La petanca se hace por el aire, mientras que la canica hay que impulsarla por un suelo de gravilla que dificulta en grado sumo la puntería. Para anotar un punto es imprescindible que la canica quede a una distancia menor a los cinco centímetros de la bola de reclamo, y a pesar de la calidad de los «hand-kanikers» moluqueños, el resultado final de cero a cero es frecuente. En tales casos, se juega una prórroga de cinco horas sobre las diez del tiempo reglamentado.

En este tipo de nuevos deportes pueden perfectamente competir las selecciones catalana y vasca sin abrir heridas ni herir recaudaciones y susceptibilidades. Ya estoy leyendo la noticia. «Jugarán la Final Four de canicas sobre grava, las islas Molucas, Euskadi, Trupinia y Cataluña». Y todos contentos.

El hockey
David Gistau La Razón  30 Marzo 2004

El deporte, sobre todo el fútbol pero no sólo, es desde hace algo más de un siglo el remedo lúdico de las guerras. No por casualidad, en las canchas se prolongan odios y rencores que en algún momento de la historia se saldaron en un campo de batalla. Y por tanto, también ahí, en las canchas, hay orgullos nacionales que se hinchan a través de la victoria deportiva como si se tratase de una militar. El resultado es el mismo: la chusma recibiendo con confeti a quien regresa para ser paseado en triunfo, qué más da que vuelvan de liberar París o de ganar un Mundial, la consecuencia psicológica es idéntica y da un patriotismo subidito de auto-estima.

Los nacionalismos periféricos, que, salvo en el caso de Eta, todavía no se animan a citar a España en el campo de batalla ¬prefieren la conspiración al choque¬, hace tiempo que pretenden competir en el deporte con sus propias banderas. Ahora que lo han conseguido en el hockey, por fin van a cumplir una vieja aspiración que antes sólo tenía lugar en los Clásicos de Madrí y Barsa: enfrentarse a España en lo que no será un partido, sino el remedo lúdico de una batalla. Conseguir una victoria deportiva que, en lo que concierne a motivación del orgullo nacional, tenga en la chusma las mismas consecuencias que una victoria militar.

El siglo XX, que sobre todo en su segunda mitad convirtió el pacifismo en convención intelectual, es el primero en el que las naciones buscan la cohesión de su identidad a través del deporte y no de la guerra. Esta misma cohesión sin necesidad de entrar en guerra es la que busca ahora el aldeanismo periférico con su asalto al poder.

Por supuesto, apuntan al fútbol, porque el hockey es un deporte intrascendente escogido para abrir una grieta con la que se pretende llegar al fútbol. Sólo nos faltaría, para cagarnos el orgullo español, que Cataluña pasase de cuartos en su primer intento en un Mundial. Entonces sí que ya no les paraba nadie, subiditos de auto-estima hasta la victoria final.

Terror e inmigración
Augusto Jenaro Garrido/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 30 Marzo 2004

«Quos dei volunt perdere primus cecant» (A quienes los dioses quieren perder primero les ciegan). El viejo proverbio latino debe estar apareciéndoseles como un reproche a los que han pretendido relacionar el macrocrimen de Madrid con la guerra de Irak. Las investigaciones de la Policía están descubriendo que los terroristas no son iraquíes, palestinos o árabes, sino marroquíes. Y habrán recordado que fueron marroquíes los que asesinaron a 99 personas en la Casa de España de Casablanca y que, meses antes de la guerra de Irak, Marruecos lanzó la agresión militar de Perejil. La Policía también ha descubierto que quien robó los explosivos en Asturias es un minero español y que no está claro que la cantera informara oportunamente del robo. Va siendo hora de que se investigue la 'quinta columna' introducida en las pateras de inmigrantes ilegales, sobre los cuales se nos dan informaciones desconcertantes: la televisión nos muestra a individuos jóvenes y robustos, y los comentaristas, en convencernos de que son gentes famélicas y depauperadas.

Maragall se niega a aplicar la reforma educativa del PP
La Generalitat suspende la puesta en marcha de la Ley de Calidad que protege el castellano hasta que Zapatero la reforme o la derogue
Del Castillo denuncia que la medida desafía al Estado de Derecho
Los libreros catalanes temen las pérdidas
La consejera de Educación de la Generalitat, Marta Cid, anunció ayer la suspensión de la aplicación de la LOCE, adelantándose así a la voluntad del PSOE de derogar o reformar la ley. Cid argumentó que la LOCE ataca «la pluralidad lingüística», las competencias en educación del gobierno catalán, y que fue aprobada sin consenso. Como respuesta, la ministra en funciones de Educación, Cultura y Deporte, Pilar del Castillo, reclamó al PSOE que impida esta decisión de la Generalitat porque «es una transgresión clara y flagrante de la legalidad» del Estado de Derecho. Los libreros catalanes, por su parte, ya habían comenzado a elaborar los textos del nuevo curso, con lo que parte de las inversiones están perdidas.
X.Siccardi - Barcelona.- La Razón  30 Marzo 2004

La consejera de Educación de la Generalitat, Marta Cid, anunció ayer la suspensión de la aplicación de los preceptos de la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) a la espera de su derogación o reforma anunciada por José Luis Rodríguez Zapatero, e instó al Gobierno a que se posicione «con claridad sobre sus intenciones inmediatas y de futuro» sobre esta normativa.

A juicio de la consejera, que afirmó que los responsables de Educación de otras Comunidades Autónomas también plantean abrir un debate sobre esta ley, la LOCE es «una losa sobre nuestro sistema educativo por ser una ley que ha sido elaborada de manera unilateral y representa un grave retroceso respecto a los planteamientos educativos y sociales integradores que debe representar nuestra legislación educativa». Además, mantiene, esta ley «no respeta la pluralidad lingüística» y vulnera las competencias del gobierno catalán.

La solución planteada por Cid serviría para «permitir recomponer el necesario consenso político y social que requiere todo sistema educativo», algo que fue criticado por sindicatos docentes como USOC, que recriminaron a Cid «actuar sin el consenso que tanto ha reclamado» y «politizar la enseñanza hasta el punto de que las leyes se borran de un plumazo con la llegada del nuevo Gobierno, perjudicando a los centros escolares, que ya tienen sus programas definidos».

De esta forma, la consejería ha decidido «no publicar el nuevo despliegue curricular» para no alterarlo con «sucesivas modificaciones no siempre justificadas por razones académicas», lo que hará que las estructuras educativas se mantengan, lo que comportará mantener un aspecto polémico de la aplicación de la esta ley en Cataluña, como es el número de horas dedicadas al catalán, que la LOCE estima en dos mientras la Generalitat opta por cuatro. Según Cid, los alumnos no se examinarán de la reválida y tampoco estarán sujetos a repetir curso si suspenden más de dos asignaturas, como indica la ley. La consejera afirmó, también, que a partir del curso próximo pondrá en marcha el inicio de la enseñanza del inglés ¬aspecto que mantiene de la LOCE¬ en el ciclo inicial de educación primaria y reforzará la plantilla de profesores especialmente en los centros con una situación «más crítica».

Respecto a los conciertos, señaló para el próximo curso concertará el P-3, incrementará las subvenciones hasta el 50 por ciento en P-4, y mantendrá las ayudas del 30 por ciento en P-5. Al respecto, añadió que la consejería prevé responder afirmativamente al 90 por ciento de las solicitudes de nuevos conciertos para P-3, quedando descartadas las que no responden a las necesidades de escolarización del municipio o a la zona escolar correspondiente. En lo referente a religión, Cid dijo que esta materia será voluntaria ¬es decir, no evaluable¬ y que su aprendizaje, junto a su alternativa, se continuará realizando «como hasta ahora».

Por su parte, la ministra de Educación, Cultura y Deporte en funciones, Pilar del Castillo, solicitó ayer al PSOE que impida la decisión de la Generalitat de no aplicar las medidas de la LOCE previstas para el próximo curso. Del Castillo cree que se trata de una «transgresión clara y flagrante de legalidad» del Estado de Derecho. «Es un disparate mayúsculo y una falta de responsabilidad», dijo a Europa Press la ministra, que señaló al PSOE como «principal responsable» de esta idea «lesiva» para el sistema educativo, por lo que reclamó a los socialistas, como futuro Gobierno, demostrar su responsabilidad impidiendo que se lleve a cabo. En este sentido, Del Castillo recalcó que la LOCE fue aprobada mediante «todos los instrumentos y con todos los requisitos pertinentes», con lo que «no hay razón que justifique» la decisión del la Generalitat.

Por su parte, la diputada de CiU Irene Rigau advirtió a Cid que «sólo el Gobierno puede suspender la aplicación de la ley ya que «no puede ejercer atribuciones que no le corresponden», dijo a través de un comunicado, añadiendo que determinadas decisiones «pueden provocar situaciones de ilegalidad en los centros», como la decisión de no aplicar la Prueba General de Bachillerato. El responsable de la comisión de libros de texto del Gremio de Editores de Cataluña, Frederic Rahola, explicó que algunas editoriales ya habían empezado a trabajar según los currículos de la LOCE, por lo que algunas deberán deshacerse del material avanzado. Los libros «aún no están publicados», señaló Rahola, aunque una docena de editoriales ya habían empezado a elaborar los textos de los cerca de 50 libros en los que trabajaban. Algunas de ellas ya se prepararon al posible cambio de currículos, pero parte de las inversiones están perdidas.

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