AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 31 Marzo 2004
Partido Socialista del Odio Español
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 31 Marzo 2004

Irak: un escrito de quien no tiene palabra
EDITORIAL Libertad Digital  31 Marzo 2004

La pista marroquí del 11-M
Editorial La Razón  31 Marzo 2004

HUMILDAD Y AUSTERIDAD EN POLÍTICA
FERNANDO FERNÁNDEZ MÉNDEZ DE ANDÉS
ABC 31 Marzo 2004

La estrategia de la tensión
Editorial La Razón  31 Marzo 2004

Un tonto bastante listo, o viceversa
Pío Moa Libertad Digital  31 Marzo 2004

LAS TRIBULACIONES DEL TRIPARTITO
M. MARTÍN FERRAND ABC 31 Marzo 2004

Maragall pisa el terreno a Zapatero
Lorenzo Contreras Estrella Digital 31 Marzo 2004

Trabajar unidos
George Allen La Razón  31 Marzo 2004

Los excluidos
Francesc DE CARRERAS La Razón  31 Marzo 2004

A Paco de Carreras
Nota del Editor 31 Marzo 2004

¿Qué queda de nosotros
TONIA ETXARRI El Correo  31 Marzo 2004

La cena
Alfonso Ussía La Razón  31 Marzo 2004

El pleno municipal aprobará el topónimo La Coruña-A Coruña
Redacción / A Coruña El Ideal Gallego 31 Marzo 2004


 


 

Partido Socialista del Odio Español
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 31 Marzo 2004

Lo único que le queda ya de español al Partido Socialista es el odio. Odio a Aznar, odio a la derecha, odio al PP, odio a los que han sabido perder tan elegante como injustamente estas elecciones manchadas de sangre, odio a los que han sabido gobernar para elevar el nivel de los más pobres, odio a los que han sabido crear empleo, odio a los que no han robado, odio a los que no han matado, odio a los que, en fin, han demostrado ser mejores que ellos en todos los sentidos: moral, ético, político y social. Y que, además, no les odian a ellos. Eso es quizás lo que más odio les produce. Pero el que siembra, sin duda, recogerá.

Lo único que hasta ahora sabemos del atentado del 11-M es que le ha servido al PSOE para ganar las elecciones. La mayoría no se recatan en reconocerlo. Tampoco se recata Blanco en reconocer que ha sido Polanco la clave para manipular el dolor y el luto de los españoles en vísperas de la campaña electoral. Se inventaron islamistas suicidas, se inventaron una respuesta de Al-Qaida, no hablaron nunca de marroquíes (con lo que le gusta hacerlo a la Voz de Ab-Delkader) y, lo que acabará siendo más grave, supieron siempre antes que el Gobierno lo que estaba haciendo la policía con la investigación.

Como han llegado al poder en lo más parecido a un golpe de Estado político-mediático, culpando al Gobierno de los muertos de los marroquíes (a saber quién les organizó la masacre), es normal que multipliquen las insidias acusando al Gobierno sin ningún fundamento de haber “acariciado” la proclamación del Estado de excepción, que, lo mismo que el aplazamiento de las elecciones, hubiera podido ser perfectamente defendible.

Pero no existió y ellos lo saben. Sucede que así, en el mejor estilo soviético, ponen a la Derecha a la defensiva en lugar de soportar su ataque, como sería de rigor. Lo de Álvaro Cuesta, como antes lo de Tura, y lo de Almodóvar y lo de toda esta izquierda que vive del odio y para el odio, que no tiene más ideología que el odio, que no tiene más programa de Gobierno que el odio, y el odio a lo que es mejor que ellos, anuncia un futuro de linchamiento mediático y político de la Derecha como ésta no se ponga de una vez a defenderse de la única manera eficaz, que es atacando. Y la verdad, no sabe uno si el nuevo equipo de Rajoy es el más adecuado para algo distinto y políticamente mejor que meditar serenamente cómo poner la otra mejilla.

Irak: un escrito de quien no tiene palabra
EDITORIAL Libertad Digital  31 Marzo 2004

El Gobierno en funciones retrasó este lunes durante unas cuatro horas la orden de relevo de las tropas españoles en Irak hasta que el presidente del Ejecutivo logró que el secretario general del PSOE le enviara una carta dando su conformidad con esta operación.

Aznar ya reclamó a Zapatero, en la entrevista que mantuvieron el pasado miércoles, su conformidad escrita para este relevo de tropas que debe concluir el 21 de abril. Sin embargo, ocho horas después, el PSOE emitió un comunicado negando que Zapatero accediera a ese compromiso y señalando que no le correspondía al dirigente socialista pronunciarse sobre esa cuestión que atañe exclusivamente, según los socialistas, al gobierno en funciones. Al día siguiente, sin embargo, se conoció que el próximo ministro de Defensa socialista, José Bono, había comunicado en una nota al actual titular del departamento, Federico Trillo, que “no tenía inconveniente” en que se efectuaron los relevos.

Está visto que Aznar no le ha parecido bastante este "no pero sí" y que ha querido que el nuevo presidente del Gobierno se comprometa clara y personalmente en el “visto bueno”. Aznar ha hecho muy bien no dejando que Zapatero se escurra. En primer lugar, porque ya va siendo hora de que el dirigente socialista asuma los costes de su demagogia ante la cuestión iraquí. En segundo lugar, porque frente al PSOE, toda desconfianza es poca, vista la vileza y la felonía con la que sus portavoces y sus medios de comunicación se comportaron con el Gobierno legítimo de la nación tras el 11-M.

Mientras se creyó en la autoría de ETA, el PSOE corrió al abrigo del PP y apeló insistentemente a la “unidad de los demócratas” para que los españoles no recordarán sus pactos con Carod-Rovira. Recuérdese que, tras la masacre, en ningún momento el PP estuvo tentado de mentar esos pactos cuando todo apuntaba a ETA, sino que Rajoy dio por concluida la campaña electoral nada más conocerse la noticia de la matanza. Una vez, sin embargo, que se abrieron las sospechas de que los autores de la masacre podían ser de Al Qaida, en lugar de ETA, los socialistas empezaron a hablar de “responsabilidades políticas” del Gobierno, a acusar con Otegi a Aznar de “mentir” y a hacer suyo el sermón de los autores islamistas de la masacre: “Esto os pasa por la política de Aznar en Irak”.

En lugar de pasar a respaldar sin fisuras la política del Gobierno en Irak —eso hicieron temporalmente, respecto a la política de dispersión de los presos, hasta los nacionalistas, cuando ETA, para acabar con ella, secuestró y asesinó a Miguel Angel Blanco- los socialistas mantuvieron tras el 11-M como suyos los objetivos de los terroristas islámicos. Y esos objetivos no eran otros que castigar al gobierno del PP por haber respaldado a Bush y exigir la retirada de Irak de las tropas españolas.

Conscientes de que esa retirada de tropas supone conceder maniobra política a los terroristas y vistas las presiones que desde el exterior denuncian como irresponsable la actitud de Zapatero, los socialistas tal vez ahora barajen la posibilidad de modificar su punto de vista sobre la presencia española en Irak.

Es positivo que el PSOE, según Bono, no vea ahora “inconvenientes” a ese reemplazo de tropas. Ojalá tampoco vea inconvenientes en futuros reemplazos y admita, de una vez por todas, la clamorosa necesidad de proteger a los iraquíes y su transición política de los zarpazos del terrorismo islamista.

Sin embargo, sería una candidez imperdonable del gobierno saliente dar por hecha ya esa vuelta a la cordura, a la sensatez y a la responsabilidad de quien va a sucederle al frente del Gobierno. Los soldados españoles que tratan de pacificar Irak arriesgan sus vidas, y no hay que descontar futuros ataques de los terroristas que los tengan por objetivo. Si Zapatero y toda la oposición de izquierdas ha lanzado contra el Gobierno los asesinados en Madrid, ¿estamos seguros de que no volverían a hacerlo si se produjeran bajas en Irak en el tiempo que queda hasta que se releve el Gobierno?

Con gente tan desleal y capaz de alcanzar los altísimos grados de infamia como los que van a ocupar de forma tan cainita el futuro gobierno de España, toda precaución es poca. Y Aznar ha hecho bien exigiendo a Zapatero que, al menos en esto, deje por escrito que no va eludir su responsabilidad.

La pista marroquí del 11-M
Editorial La Razón  31 Marzo 2004

Menos de tres semanas después de la matanza del 11-M, los investigadores españoles parecen haber dado ya con la clave de los atentados. El ministro del Interior en funciones, Ángel Acebes, vinculó ayer a alguno de los detenidos con el denominado Grupo Islámico Combatiente Marroquí (vinculado a la red de Al Qaida y al grupo iraquí Ansar al Islam), ya tristemente conocido en nuestro país como autor de los atentados del pasado mes de mayo en la ciudad marroquí de Casablanca, uno de ellos contra la Casa de España, en los que perecieron 45 personas, cuatro de nacionalidad española.

No se descartan otras posibles relaciones entre grupos terroristas que operan en todo el mundo y, de hecho, las investigaciones de los servicios de seguridad del Estado han ampliado sus objetivos a Marruecos, Alemania y el Reino Unido. El trabajo, excelente, de los encargados de la investigación, junto a las 23 detenciones practicadas en los últimos días, ha permitido situar a un siniestro personaje, vinculado directamente con Ben Laden y su franquicia del terrorismo internacional, en el vértice de la pirámide del 11-M: se trata de un marroquí, Abdel Karim El Mejjati, alias «Abu Elyas», viejo conocido de la Gendarmería alauita y uno de los terroristas más buscados en todo el mundo. Se sabe que habla varios idiomas y puede pasar perfectamente por un occidental. Como un camaleón, es capaz de seguir los pasos del «Chacal» y cruzar impunemente las fronteras más vigiladas. Se piensa que estuvo en España días antes de los atentados y que fue él quien dió el visto bueno a la matanza.
Su pista lleva directamente a Al Qaida, pues el Grupo Islámico Combatiente recibió en 1998 el visto bueno de Osama Ben Laden antes de ser constituido en Gran Bretaña. También se busca a «Abu Elyas», como autor del atentado de la ciudad saudí de Al Mohaya, y por su vinculación con el jordano Mohammad Al Zarqawi, alias «Abu Musab», jefe de Al Qaida en Iraq y uno de los máximos responsables de la organización terrorista Ansar al Islam, que actúa, con atentados especialmente sangrientos, en Iraq.

Los investigadores han comenzado a levantar el velo que cubría una densa red de grupos y organizaciones que responden a un mismo patrón: practican un islamismo extremista, tienen vinculaciones directas o indirectas con Ben Laden y Al Qaida, y su misión es causar el mayor dolor posible. La lucha es compleja pues obliga a superar barreras como el idioma y la capacidad de estos asesinos para permanecer «dormidos» o inactivos durante años, o su sistema de ocultarse entre las colonias de musulmanes en todo el mundo. Se tardará en levantar toda la trama pero, al menos por el trabajo realizado, parece que los agentes españoles están en el buen camino y que estamos más cerca de conocer la verdad sobre quién ordenó el 11-S.

HUMILDAD Y AUSTERIDAD EN POLÍTICA
por FERNANDO FERNÁNDEZ MÉNDEZ DE ANDÉS. Rector de la Universidad Europea de Madrid/
ABC 31 Marzo 2004

DECÍA Maquiavelo que la apariencia de virtud era necesaria en el príncipe. Más aún en la era democrática en la que la cercanía a los electores, la identificación humana con el candidato, está en el origen de la decisión de otorgarle nuestra confianza en forma de voto. Esa es, por cierto, la gran ventaja de las circunscripciones unipersonales a la británica; un sistema electoral que sugiero no olvidar en la segunda transición constituyente abierta por el triunfo del partido socialista. Un sistema necesariamente mayoritario pero cuya proporcionalidad se puede reforzar tanto como se desee con el complemento de una circunscripción nacional única. Y un sistema perfectamente compatible con el modelo autonómico, y hasta con el federalismo, como nos recordó recientemente el presidente extremeño, aunque la inoportunidad de sus declaraciones y la forma un poco desabrida de las mismas le restasen la consideración debida.

El candidato socialista a la presidencia del gobierno ha pedido a sus potenciales colaboradores que sean austeros y humildes. Como entiendo que las formas en democracia lo son todo, permítaseme que le mantenga el tratamiento de candidato, precisamente porque ya ha habido demasiados excesos antidemocráticos. El resultado de las elecciones del 14 de marzo es absolutamente legítimo, como tuve ocasión de insistir antes de conocer el ganador. Por cierto, el resultado contrario lo hubiera sido exactamente igual. Pero la legitimidad que otorgan once de millones de votos no puede estar reñida con un análisis sosegado pero crítico de las circunstancias que concurrieron al mismo. He dudado mucho antes de poner por escrito unas reflexiones personales, sin duda sesgadas, sobre los trágicos acontecimientos que nos llevaron a este resultado, pero un reciente artículo, como siempre lúcido, de mi admirado colega Gregorio Peces Barba en El País, ha precipitado mi voluntad. Una decisión ayudada también por las declaraciones de Rodríguez Zapatero en las que acepta todas las interpretaciones posibles menos la del miedo, a la que califica de indecente.

Poca humildad y austeridad hay, sino más bien prepotencia, en las palabras del rector de la universidad Carlos III, que considera el resultado de las elecciones una manifestación de la grandeza de la democracia y de la libertad del hombre, sugiriendo, a sensu contrario, que de haber ganado el partido popular lo habría hecho la arrogancia y la manipulación. Mi querido amigo Gregorio se excede también un poco en su elegía al candidato, que nos recuerda unas líneas que Maquiavelo, firmando como Francesco Soderini, escribió sobre César Borgia: «este señor es muy espléndido y munífico, y tan animoso en las armas que no hay cosa tan grande que no le parezca pequeña, y por obtener gloria y adquirir estado jamás descansa ni conoce fatiga o peligro». Divertimentos cultistas aparte, hagamos caso al candidato y seamos humildes y austeros en la interpretación de los resultados y de las causas que condujeron al mismo.

La barbarie que se apoderó temporalmente de Madrid la mañana del 11 de marzo alteró todas las previsiones electorales. Es un hecho cierto e indiscutible. Como lo es que muy pocos supieron resistirse a la tentación de obtener beneficio electoral de esa misma barbarie. No lo hizo el gobierno; no lo hizo la oposición; ni lo hicieron los medios de comunicación. No es un escándalo; no hay nada de lo que avergonzarse; lo mismo hubiera pasado en cualquier otro país. Era un cataclismo en un momento especialmente crítico: 72 horas antes de unas elecciones en las que unos apostaron por la mayoría absoluta y otros temieron un desastre electoral que los arrojara a la oposición testimonial. Pero por favor que nadie se haga el ingenuo y nos de lecciones morales. La democracia fue puesta en cuestión y salió fortalecida, independientemente del resultado electoral y sólo con algunos pecadillos.

Ni antes del 14-M vivíamos en un régimen de opresión y censura intolerable, pese a los excesos surrealistas de Almodóvar, ni ahora se abre un oasis de libertad y democracia que ilumina a todo occidente. El sectarismo es siempre una tentación y se oyen voces, afortunadamente detenidas, que claman revancha. Mi buen amigo Gregorio cita dos anécdotas personales, universitarias, que le hicieron participar de esa toma de conciencia colectiva de que había llegado el momento del cambio. Permíteme Gregorio que te conteste que son varias las anécdotas personales que como rector de una universidad privada me provocan una profunda inquietud sobre la arrogancia y exclusivismo con el que algunos han entendido el cambio. En una legislatura que se proclama orientada a la productividad, la ciencia y la investigación, se quiere ceñir sistemáticamente el debate a la defensa de la educación pública, y no a la calidad de la educación y del acceso a la misma. Pero quizás soy un anglosajón irrecuperable para el nuevo consenso europeo, que considera que lo verdaderamente público son las sociedades anónimas, o los medios de comunicación que se financian con las contribuciones voluntarias de sus oyentes, lectores o suscriptores, y no a través de la captura del Boletín Oficial del Estado.

Pero volvamos a las hechos y a sus interpretaciones. Con todo el respeto y la humildad de la que soy capaz me atrevo a sugerir que el resultado electoral debe mucho a una reacción comprensible de miedo y aislacionismo. Las atroces y sangrientas imágenes provocaron que los españoles nos preguntáramos el por qué de tanto sufrimiento. Y la respuesta simple, sencilla, que muchos españoles encontraron a mano, una vez confirmada la hipótesis del fundamentalismo islámico, es que la culpa la tenía el presidente Aznar por haber estado en las Azores. Como una mente sencilla y crédula de las que habla el rector Peces Barba, yo creo que así fue y así pasó. Y así se produjo el vuelco electoral.

La falta de credibilidad del gobierno por su equivocada política de comunicación no contribuyó a aumentar las posibilidades electorales de los populares; como tampoco la habilidad demostrada por quienes, ahora sí, consideraban necesario conocer a los responsables materiales de los atentados antes de ir a votar. Pero también los universitarios y los medios de comunicación, y los que escribimos o hablamos en ellos, debemos ser más humildes y conscientes de nuestra marginalidad ante la potencia emocional de las ideas simples. Aznar es responsable por meternos en Irak. Aunque los atentados de Al Qaeda del 11 de septiembre sean anteriores a la invasión, aunque las tropas españolas no hayan participado en la guerra sino en la posterior pacificación o ocupación, que esa es otra discusión.

Algunas mentes simples seguimos pensado que el atlantismo es una buena opción para España; una opción legítima que complementa la realidad europea y mediterránea, con la vocación transoceánica y americana. Una opción que aumenta el peso negociador que la Europa establecida está dispuesta a conceder a un país mediano al que le va bien y cuya influencia creciente incomoda el status quo comunitario. Hay quien piensa que nos va mejor aceptando la realidad franco alemana y plegándonos a ella; también es legítimo, pero no creo que evidente. Los dramáticos actos de barbarie cometidos en el corazón de Madrid, y en el de todos los madrileños, han removido los cimientos de nuestra presencia internacional. No creo indecente decir que el miedo ha hecho despertar el aislacionismo secular del pueblo español, sólo parcialmente dormido desde el desastre del noventa y ocho. Más bien creo que es una lección que tenemos que superar en aras de la madurez democrática.

La estrategia de la tensión
Editorial La Razón  31 Marzo 2004

Nada ha pasado todavía, porque nada ha sido plasmado por escrito, ni se han tomado decisiones que tengan carácter administrativo. De hecho, los portavoces del Consejo General del Poder Judicial se han limitado a recordar al Gobierno en funciones el deber y el derecho que le asiste de denunciar a los Tribunales de Justicia cualquier actuación de carácter positivo que suponga el incumplimiento de la ley. Por ello, las declaraciones de los responsables educativos de Cataluña, País Vasco y Canarias, «suspendiendo la aplicación» de una Ley Orgánica, aprobada reglamentariamente por el Congreso de los Diputados, sólo puede inscribirse en la estrategia de la tensión que mantienen algunos sectores nacionalistas con indiscutible constancia. Para el PP, a quien tanto se ha acusado de crispar las relaciones con los gobiernos de las comunidades autónomas, lo ocurrido tiene algo de justicia poética. Al fin y al cabo, todavía no ha tomado posesión el nuevo gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando ya se le presiona desde Cataluña y el País Vasco en una clara dirección.

Hacen bien los representantes socialistas en llamar a la calma y en advertir que, por el momento, todo se reduce a las palabras, aunque algunas, como la de la consejera vasca, vayan mucho más allá de la desobediencia a una ley del Parlamento. Pero, si es así, aún se entiende menos la actitud de CC, ERC y del PNV, aunque entre las mismas haya claros matices, pues mientras la consejera catalana plantea la suspensión de la reforma; desde el País Vasco se propone nada menos que legislar a espaldas del Congreso de los Diputados.

Era sabido que el próximo Gobierno pensaba reformar la nueva Ley educativa promovida por el PP y que, como la LOGSE socialista, fue aprobada sin consenso. Bastaba con esperar unos meses para que se promulgara el correspondiente decreto de suspensión cautelar de los artículos en discusión, evitando crispaciones innecesarias. Pero no ha sido así. Ahora, lo más urgente es tranquilizar a los padres y profesores; a los editores de libros de texto y a las Universidades, que no saben a qué atenerse con respecto al próximo curso académico.

Historia e historiadores
Un tonto bastante listo, o viceversa
Pío Moa Libertad Digital  31 Marzo 2004

“Eres tonto, Tusell, hasta el cogote/ ¿hasta el cogote sólo? Mas, ¿qué digo? / Tonto hasta la punta del ombligo…” Y así seguían los versos, hasta catorce, debidos a la inspiración de Jaime Campmany, creo, aunque no estoy seguro. ¡Hombre!, está claro que el sonetista exageraba, llevado de su desamor –justificado o no, ahí no entro– al personaje. Pues si bien es cierto que ni sus más incondicionales amigos atribuirán al profesional historiador una agudeza fuera de lo común en el campo académico, nadie le negará una listeza bien notable para estar donde hay que estar, donde manan las fuentes del favor político y las subvenciones.

Tusell, y no sólo él, ha entendido el mensaje, o uno de los mensajes, de las pasadas elecciones: los nacionalismos periféricos van a tener un protagonismo de primer orden. Lógicamente, el sabio profesor ha decidido hacérseles simpático, para lo cual nada mejor que atacar a quienes, en nombre de la democracia y la unidad de España, nos oponemos a ellos. Hace poco publicó la fundación FAES un libro con el título no muy afortunado de “España, un hecho”, recogiendo conferencias de diversos autores, desde Durán Lleida hasta César Alonso de los Ríos, pasando por un servidor y otros, y ahora lo comenta Tusell en La Vanguardia. La única intervención que el ilustre historiador encuentra de su gusto es la de Durán, lo cual no estoy seguro de si el gustado debería tomar como un cumplido.

Los demás autores, a juicio de nuestra lumbrera, defendemos un “neoespañolismo cañí”. No está mal la cosa, se ve que el hombre ha hecho un esfuerzo. Y ha ido más lejos, con inesperada agilidad mental: entronca ese neoespañolismo con el “marxismo cañí” de tiempos no tan remotos. El neoespañolismo recuerda, dice él, a aquel marxismo, del cual, en su autorizada opinión, procedemos algunos. No está mal, digo, pero se ve que el amigo Tusell anda algo flojo de memoria histórica, con ser ésta reciente. En España, el gran promotor del “marxismo cañí”, y precisamente en el terreno historiográfico, ha sido Tuñón de Lara, a quien nuestro profesional historiador ha organizado algún homenaje universitario, bien subvencionado, como puede suponerse.

Para el marxismo, la historiografía constituye ante todo un arma de propaganda en la lucha de clases, y Tuñón organizó esa propaganda como una verdadera industria. Tusell no entendía algo tan elemental, porque sus conocimientos del marxismo, cañí o no, alcanzan un nivel muy bajo, según testimonian sus libros. En eso parece tonto. Pero, y ahí demuestra su listeza, comprendió enseguida el provecho académico-pecuniario extraíble de una industria que sigue contaminando la historiografía universitaria, con rentable repercusión en los medios de masas.

Lo mismo cabe decir de sus simpatías por los nacionalismos vasco y catalán. Tusell afirma: “Si España no tuvo democracia estable no fue por culpa de los nacionalismos. Éstos nacieron de la toma de conciencia de la pluralidad y en su inmensa mayor parte están vinculados a la muy a menudo endeble tradición democrática colectiva de los españoles”. Los nacionalismos no fueron, ciertamente, los únicos causantes de la inestabilidad democrática española, pero contribuyeron a ella, en concomitancia y a veces en alianza con grupos revolucionarios, sin exceptuar el terrorismo anarquista. Y no nacieron de ninguna “conciencia de la pluralidad”, sino del deseo de acabar con España. Como en el caso del marxismo, nuestro lince no ha leído lo más elemental, esto es, a los principales doctrinarios de los nacionalismos vasco y catalán. A estas alturas uno no se sorprende ya de nada con ciertos “historiadores profesionales”.

Y si los nacionalismos no están ligados a ninguna tradición “colectiva de los españoles”, tampoco lo están a la democracia, al menos a la democracia hoy reconocida, la liberal. Ni han mejorado desde los disparates de Prat de la Riba o la vesania de Arana. Sus actuales prácticas paratotalitarias en Vascongadas y Cataluña han dejado en ruinas la democracia en la primera, y asedian en la segunda el pluralismo que exigen para el resto de España. El periódico orienta a los lectores sobre el artículo de Tusell: “Está naciendo un “neoespañolismo cañí” que a quien ofende es a una España capaz de albergar distintas sensibilidades y culturas”. Donde las distintas sensibilidades y culturas corren serio peligro es, justamente, donde dominan el PNV, o CiU, o la Esquerra-PSE. Salta a la vista de quien no quiera cerrar los ojos que esos nacionalistas aspiran a destruir la Constitución y la unidad nacional, porque ellos mismos lo dicen con palabras y con hechos. Salta a la vista que el PNV protege a la ETA y la subvenciona directa o indirectamente, e intenta sacar provecho de la violencia que finge condenar; y que algo por el estilo están haciendo los Pérez o Carod o como se llame, y su amigo Maragall. Si Tusell no viera estas cosas podríamos concluir que es tonto, pero sospecho que se pasa de listo.

Pero listo o tonto, observará un lector incauto, tiene derecho a exponer sus tesis y a defenderlas en un debate intelectual abierto con las tesis discrepantes. Claro. Esto no sólo es democrático, sino, sobre todo, intelectualmente honesto. Y quizá por eso Tusell trata precisamente de evitarlo. Si algo detesta él, es exponer sus ideas a la crítica. No llama al libre debate, sino a la censura: “Conviene que todos tengan en cuenta que estas ideas (las opuestas a las suyas) circulan con aparente impunidad y, para mí, notorio peligro”. El llamamiento a no dejar “impune” la “peligrosa” circulación de ideas distintas de las suyas lo viene repitiendo con insistencia este inquisidor extraviado. Llegados aquí, uno vuelve a preguntarse si Tusell es tonto o listo. Desde luego, conoce muy bien la endeblez de sus tesis en una discusión libre, y por eso propone acallar a quienes las desafíen. En eso muestra listeza. Pero al mismo tiempo pone de relieve, como un perfecto bobo, la falsedad de sus pretensiones de democracia y altura intelectual. No obstante, sabe muy bien que ciertos conocidos “poderes fácticos” pueden ejercer una censura bastante eficaz, y por lo tanto podrían salirse entre todos con la suya: vuelve a ser listo. En fin, no sabe uno a qué carta quedarse. Y apenas extraña su gusto por los nacionalistas periféricos, porque coincide con ellos en métodos y aspiraciones liberticidas.

Un detalle final: este honrado caballerete siempre me alude como “antiguo miembro del Grapo”, aunque no venga a cuento para nada. También aquí resulta tonto y listillo a un tiempo. Tonto, porque pone de relieve su bajeza intelectual y personal, y listo porque emplea esa argucia para dificultar que se me conceda la palabra. El mismo pretexto ha empleado para negarse a debatir conmigo en dos programas de televisión. Obviamente, mentía. El individuo se muestra muy comprensivo hacia el PNV, y, por tanto, hacia el diálogo en torno a los chantajes de los terroristas actuales; en cambio dice no querer dialogar en torno a cuestiones historiográficas con quien abandonó hace mucho tiempo la violencia. El terrorismo, se nota, no le inspira tanta repulsión como pretende. Ni a él ni al PNV, a Carod o a Maragall

LAS TRIBULACIONES DEL TRIPARTITO
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 31 Marzo 2004

EL trifauce Gobierno tripartito de Cataluña ha superado ya sus primeros cien días de existencia y la potente trinidad que lo encabeza, tan nacionalista ella, está en un tris de paralizar el hasta ahora continuado y deseable desarrollo de la Autonomía. Todo se le vuelven triquiñuelas y gestos para poder demostrar al noventa por ciento de los catalanes que, en más o en menos, votan nacionalista que sus acciones van encaminadas a incrementar el esplendor de las cuatro provincias cuatribarradas; pero los hechos no apuntan en esa dirección y podría decirse que empiezan a triturar los logros alcanzados en el largo Gobierno de CiU.

Que, por ejemplo, el departamento de Enseñanza de la Generalitat -controlado, por cierto, por ERC- haya decidido unilateralmente suspender la aplicación de la Ley de Calidad de la Enseñanza, que debiera entrar en vigor el próximo curso, es, además de una insolencia frente al Gobierno del Estado, un motor para el retroceso catalán. Mal está que los alumnos puedan superar el curso a pesar de su ignorancia, que no estudien Religión o que no deban superar una reválida; pero no ampliar, como prescribe esa Ley, las horas lectivas aplicadas a la enseñanza del idioma castellano es una temeridad que traerá con el tiempo el aislamiento de Cataluña. El catalán es parte fundamental de su identidad nacional; pero el castellano, que cada día se habla menos y peor en el imperio de Pasqual Maragall, es uno de los dos grandes idiomas de comunicación en el mundo.

Otro de los puntos fuertes del tripartito, constante en sus dibujos demagógicos con pretensión social, es la gran obra de la Consejería de Comercio, Turismo y Consumo: un proyecto de ley de horarios comerciales que rebajará de 90 a 72 horas semanales el tiempo de apertura de los comercios y limitará a 8 el máximo de festivos trabajados. Una reducción cercana al 10 por ciento de la oferta comercial vigente, en sentido contrario de lo que se lleva por el mundo, reducirá el flujo mercantil del territorio. Añádasele a tan sociales planteamientos la mal contenida fuga de grandes empresas multinacionales, el incremento de las pensiones o la fiebre por la construcción de varios millares de viviendas de protección social -la cuadratura del círculo de la sopa de letras que gobierna en Cataluña- y tendremos, ojalá me equivoque, el proyecto de una catástrofe económica.

Conviene seguir con atención el fenómeno del tripartito, que, sin duda, es muy de izquierdas y muy progresista, porque más bien parece la obra de un grupito de trincapiñones que, al margen de su anacronismo nacionalista, trilla una sólida realidad económica -superior a la de la media española e igual a la europea- camino de su destrucción. Tan triste realidad puede servir de aviso generalizado si, como parece, José Luis Rodríguez Zapatero es sensible, junto con su tripulación de Gobierno, a seguir el ejemplo del trío catalán.

Maragall pisa el terreno a Zapatero
Lorenzo Contreras Estrella Digital 31 Marzo 2004

A José Luis Rodríguez Zapatero han empezado a ponerle los cuernos, políticamente hablando, en su propio mundo ideológico o partidista. El PSOE y su inminente Gobierno, sobre todo este último, han recibido una fraternal zancadilla del PSC maragalliano y, por tanto, del Gobierno autonómico que ahora preside el ex alcalde de Barcelona. La Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza ha sido suspendida en su aplicación por la Generalitat, sin esperar a la investidura presidencial de Zapatero. Como éste había anunciado que se opondría a la vigencia de esa Ley, los fraternos socialistas catalanes, entreverados de ecólogos y republicanos de ERC, se han adelantado a la decisión futura de Madrid y han hecho naufragar de antemano, al menos en Cataluña, una Ley orgánica votada y aprobada en las Cortes Generales. De esta manera no habrá verdadera oportunidad para Zapatero de corregir determinados aspectos de tal normativa, si es que a última hora le daba por pensar en su perfeccionamiento y no en su “erradicación” del panorama educativo. Maragall le ha ahorrado cualquier duda, dándole una lección de rapidez. Esto quiere decir que el actual molt honorable se tomó el brazo del socio ante la mano que éste le tendía. De paso colocaba a José Montilla en el Gobierno central con la cartera de Industria a su cargo, según las previsiones. Montilla, charnego de pro, ya no estará en las cercanías del PSC, en cuya organización ha venido ocupando la vicesecretaría primera. Habría que investigar si las relaciones Maragall-Montilla eran lo buenas que parecían o han parecido hasta el terremoto electoral del 14-M.

Si la Ley de Calidad no llevara en su texto una potenciación de la enseñanza del castellano (español más bien) en las escuelas y sólo tratara, en el plano conflictivo, de eliminar la enseñanza de la religión, con la circunstancia añadida de fomentar la ignorancia en materia religiosa sobre cualquier confesión, podría pensarse en criterios no compartidos por los laicos socialistas respecto a los populares. Pero el aumento de las horas lectivas del idioma oficial del Estado, de enseñanza obligatoria según la Constitución, suma a la cuestión un elemento puramente político. Si la Ley de Calidad planteó y plantea todavía ese mayor índice de intensificación de la enseñanza del castellano no ha sido por molestar a los catalanes, a los nacionalistas y a los “federalistas” que pretenden pasar por no nacionalistas, sino porque se viene registrando un déficit en los niveles de aprendizaje del idioma obligatorio de ámbito estatal. Conviene recordar el contenido del artículo tercero de la Constitución: “1) El castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. 2) Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos. 3) La riqueza de las modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección”.

No parece que el concepto de “especial respeto y protección” sea una referencia vacua, sino una precisión realizada por el legislador constituyente en previsión de que ese “patrimonio cultural” (que está garantizado en lo que afecta al catalán y al vasco, por ejemplo) no sea respetado en su integridad. En su integridad y de manera especial.

Trabajar unidos
George Allen es senador republicano de Estados Unidos por el Estado de Virginia y preside la Subcomisión para Asuntos Europeos de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos La Razón  31 Marzo 2004

España está de luto. Estados Unidos conoce ese dolor y está decidido a ayudar a España a superar la terrible tragedia ocurrida en las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia y llevar a los terroristas ante la justicia.
El valor del pueblo español, que ya ha sufrido muchísimos actos terroristas, refuerza nuestra determinación de cooperar con el nuevo gobierno español en la lucha contra esta pesadilla y promover nuestros intereses comunes. Dichos intereses, que trascienden los cambios de gobierno, constituyen los sólidos cimientos de la relación entre Estados Unidos y España, y no se ven afectados por los nuevos caminos que toma la política.
Parece oportuno repasar dichos intereses, pero primero debemos cumplir una obligación para con un amigo. La solidaridad y la ayuda ofrecidas por el Gobierno de José María Aznar, la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, y, a través de ellos, todo el pueblo español, fueron una vital fuente de esperanza para el pueblo estadounidense cuando nuestro país vivió los difíciles momentos que siguieron a los atentados de septiembre de 2001.

Sería un descuido por nuestra parte permitir que este capítulo de las relaciones entre Estados Unidos y España se cerrara sin reconocer la ayuda del Gobierno de Aznar, la ayuda de España, prestada sin reservas cuando más la necesitábamos. El pueblo español, en un ejercicio de democracia, se ha expresado. Pronto se abrirá un nuevo capítulo en su historia política, un capítulo nacido durante la tragedia y que corresponde escribir a los españoles, no a nosotros.

Está por ver lo que ello significará para nuestras relaciones bilaterales, pero ya hay cosas que podemos decir con certeza. La seguridad de nuestras familias, la seguridad de las personas en sus países, sus ciudades, sus hogares y sus lugares de trabajo; un mundo más limpio y más sano; la mejor educación posible para nuestros hijos y un futuro de oportunidades. Todos estos objetivos pueden ser alcanzados, si seguimos trabajando juntos.
Ya contamos con una larga trayectoria de éxitos en nuestros esfuerzos comunes en la lucha contra el terrorismo, en la aplicación de la ley y en defensa. Hablemos claro: no dudamos de la continuidad del compromiso de España en estos temas, ni en la cooperación con Estados Unidos y sus aliados en Europa y en otras partes del mundo para promoverlas.

Trabajando juntos, España y Estados Unidos han hecho mucho para crear un mundo mejor fuera de nuestras fronteras no sólo para garantizar que todos logren los beneficios de la libertad y de la prosperidad económica, sino siendo cada vez más conscientes de que nuestros esfuerzos ayudan a reforzar la lucha contra el terrorismo.
La importante contribución de España en este sentido es bien conocida en el Hemisferio Occidental, y también es conocida y apreciada en otros lugares, como los Balcanes e Iraq.

El pueblo español aún está de luto. No es el momento de iniciar un diálogo sobre las medidas que corresponde tomar en Iraq. Entendemos que la opinión pública española tenga su propia sobre la diferencia entre la guerra internacional contra el terrorismo y la amenaza para la paz y la seguridad en el mundo que suponía Sadam Husein. Respetamos el derecho a discrepar.

Pero vamos a aprovechar esta oportunidad para dirigirnos, con el debido respeto, a las familias de los españoles que han arriesgado su vida en Iraq y de los once españoles que murieron como consecuencia de su participación en esta misión.

Creemos que, gracias a su sacrificio y al de muchos estadounidenses, Iraq es hoy un lugar más libre que hace un año. El pueblo estadounidense no olvidará la ayuda brindada por España.

Mientras España se adapta a su nuevo gobierno, las víctimas de los atentados del 11-M serán recordadas con aflicción, tristeza y determinación. A medida que nuestro gobierno vaya conociendo a sus nuevos líderes y, como esperamos, entable rápidamente una relación fructífera basada en el respeto, los valores democráticos compartidos y los intereses comunes, también tendremos presentes las pérdidas que han sufrido.

Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, en su discurso pronunciado el 11 de marzo en el Palacio de la Zarzuela, dijo estas profundas palabras: «En estas horas de inmenso dolor, los españoles estamos llamados, más que nunca, a reafirmar nuestra determinación de acabar con la violencia terrorista».

Los estadounidenses también estamos preparados para responder a esta conmovedora llamada del deber. Estamos impacientes por continuar, junto con España y su nuevo presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, la difícil, dolorosa y necesaria labor de poner coto a la terrible fuerza que ha destrozado la vida de tantos seres queridos.

Los excluidos
Francesc DE CARRERAS La Razón  31 Marzo 2004

Quiénes son catalanes? La respuesta oficial es: «Son catalanes todos aquellos que viven y trabajan en Catalunya». Sin embargo, para los que tienen una idea excluyente de Catalunya, ello no basta: hay que dar más pruebas.

En los momentos más triunfales del largo reinado convergente, se decía que además de vivir y trabajar en Catalunya era necesario tener «voluntad de ser» catalán. ¿Cómo se averiguaba esta imprecisa voluntad de ser? Era bastante sencillo: bastaba con hablar en catalán y no votar a ningún partido de ámbito español. Estos dos requisitos garantizaban la catalanidad, permitían adquirir la confortable sensación de formar parte de la comunidad, pasar a ser «uno de los nuestros» y no quedar excluido. Pero lo tiempos cambian, por lo menos en apariencia. El esplendor convergente ha decaído, son tiempos de tripartito y el modelo ha cambiado.

Ahora, para ser catalán, entiéndase, «catalán de los buenos», basta un solo requisito: no ser del PP. La exclusión sigue.

Naturalmente, todo ello se da con mucha mayor intensidad en el mundo de la política que en el de la sociedad. Por lo general, los ciudadanos, afortunadamente, suelen ignorar lo que vota el vecino. Sus simpatías o antipatías ¬o sus indiferencias¬ suelen estar motivadas por razones ajenas a la política, con frecuencia más peligrosas. No olvidemos el solapado racismo, cuyas chispas estallan a veces de forma alarmante. Pero los antagonismos que la política produce no tienen un reflejo directo en las relaciones entre las personas. Sí lo tienen, en cambio, en las esferas oficiales o públicas, allí donde la política tiene una presencia inmediata y constante. En este campo, la situación en Catalunya no es ejemplar: ni lo ha sido en el pasado ni lo es ahora.

En efecto, la clase política catalana ha aceptado tácitamente una muy peligrosa distinción: adversarios y enemigos. Los adversarios compiten entre sí, son rivales en las luchas políticas pero pertenecen al mismo club. A los enemigos se les ha situado, o se les intenta situar, fuera de las fronteras: son de los otros, no de los nuestros. Se les ha excluido de la catalanidad y, con ello, se ha vulnerado la democracia.

Las señales de alerta empezaron a sonar hace ya tiempo. En las elecciones locales del pasado mayo, los candidatos del PP sufrieron agresiones públicas y el resto de fuerzas políticas permaneció impávido y, en ocasiones, vino a decir más o menos veladamente que se lo habían ganado. Que una fuerza política sufra incidentes de este tipo es preocupante pero no es grave si la mayoría social ¬y las demás fuerzas políticas en primer lugar¬ sabe reaccionar a tiempo. Pero no se reaccionó y en los últimos meses, en las dos recientes campañas electorales, las tensiones han aumentado.

Ciertamente, algunas actitudes y declaraciones públicas de dirigentes populares no han ayudado a que el clima mejorara. Por ejemplo, las críticas desde el resto de España al lamentable caso Carod han llegado a ser tan exageradas que, seguramente, han producido el efecto contrario al pretendido. Pero estas actitudes no justifican, en modo alguno, el trato que se les ha dado, de forma insistente y reiterada, desde el lado contrario: «franquistas», «neofalangistas» y «fascistas» han sido términos empleados habitualmente para referirse a los miembros del Partido Popular. Ello sería comprensible en pintadas de pared, en pancartas más o menos exaltadas o en determinados grupos de manifestantes. Pero estos adjetivos han sido utilizados por algunos primeros espadas de los demás partidos en declaraciones a la prensa, por ciertos columnistas normalmente ponderados y, a diario, por tertulianos habituales.

Todos ellos saben perfectamente que el PP es obviamente un partido conservador, un partido de centro-derecha que ha tenido actitudes autoritarias ¬como las tuvieron también el PSOE y CiU en sus buenos tiempos de mayorías absolutas¬, y que el tono arrogante de su líder roza o sobrepasa lo insoportable. Pero saben también que el PP no es, en modo alguno y afortunadamente, un partido fascista, franquista o neofalangista y si utilizan estos términos claramente peyorativos no es para atacar de manera legítima al adversario, sino para descalificarlo como partido demócrata, para convertirlo en enemigo. Con ello se rebasan los límites de la democracia: se excluye al otro.

Bajo este tenso ambiente, llegamos al viernes antes de las elecciones, anonadados todavía por el terrible atentado del jueves. Durante la gran manifestación de rechazo a la violencia y de solidaridad con las víctimas, un grupo de manifestantes insulta, increpa e intenta agredir a los dirigentes catalanes del PP que participan en la marcha. A su lado, los dirigentes de los demás partidos catalanes permanecen impávidos. Los populares deben escaparse, amparados por las fuerzas de orden público. Pero sucede algo más grave: ninguna autoridad política ¬allí estaban todas¬ les defiende, ninguna declara a la prensa su tajante condena, ninguna les transmite su solidaridad, ni en las siguientes horas, ni en los siguientes días. Son los del PP, no son de los nuestros. Pienso en Stefan Zweig, pienso en un judío de Viena, Praga, Berlín o Varsovia, durante los años treinta. Quizás exagero, quizás no.

Deberíamos todos reflexionar un poco. No es cuestión de derechas e izquierdas, es cuestión de reglas, de las reglas ¬algunas no escritas¬ de la democracia. Estamos jugando con ellas.

A Paco de Carreras
Nota del Editor 31 Marzo 2004

Con todo afecto me voy a permitir saltarme el fondo de la cuestión y centrarme en lo superfluo. Si D. Francisco escribe en el idioma común español, lo lógico es que utilice la versión española de su nombre y por la misma razón, Cataluña,  y C y U.

¿Qué queda de nosotros?
TONIA ETXARRI El Correo  31 Marzo 2004

La verdad es que la reacción que manifestó Aznar a la carta de Zapatero, dando luz verde al relevo de las tropas en Irak, sonó a puntillazo. Habló de «falta de madurez» de quien le va a suceder como presidente de Gobierno, ocho años después de que los socialistas le hubieran despreciado como líder. Así es que hoy contra ti, mañana contra mí. Será «la mierda de la política» como se lamentaba la mujer de un soldado a punto de partir para Irak, pero mientras se sigan produciendo esas ansias de revancha, de ajuste de cuentas y de falta de humildad de quienes se llegan a creer que el mundo, antes de llegar ellos, prácticamente no existía, estaremos tirando piedras sobre nuestro propio tejado. Los mismos que se llenan la boca de apelaciones al respeto a las normas democráticas, son los primeros que incurren en su incumplimiento.

Cuando todavía se libra un debate perverso acerca de los derechos de libertad de expresión en la jornada de reflexión, a pesar de que el artículo 144 de la ley electoral considera delito manifestarse ese día, los 'listillos' de ERC del tripartito catalán quieren empezar a actuar por su cuenta. Ya. Sin consultas, ni diálogos. Ni teniendo en cuenta a Maragall al que le recuerdan constantemente que ha llegado a presidir la Generalitat gracias a ellos. Y si ese trato le dan al líder socialista, qué decir del nulo caso que están dispuestos a hacer a Carmen Chacón cuando les recomienda que esperen el tiempo reglamentario para suspender unilateralmente leyes, como la de la Calidad de la Enseñanza, que aunque no les gusten, de momento, deberían cumplirlas.

Del 'salto' de las reglas del juego se sabe mucho en Euskadi; especialmente en el Parlamento vasco donde el lehendakari sigue aferrado a su plan y deja que le regalen el oído algunos dirigentes socialistas con expresiones como «el ámbito vasco de decisión» que tan familiar le suenan. Desde que llegó Ibarretxe a Ajuria Enea se ha implantado la esquizofrenia entre el diálogo que se predica y que no se practica. Las propuestas de los socialistas son para los nacionalistas ' puras rebajas' ya que ellos hace tiempo que se desprendieron del autonomismo. Ahí está Otegi para recordarlo que en un intento de no quedarse solo ha convocado a «los demócratas vascos» a manifestarse el próximo sábado. Lo que tendremos que ver todavía.

En Llodio el PNV ha hecho de portavoz de una iniciativa de la ilegalizada Batasuna vulnerando la Ley de Partidos. ¿Qué ocurrirá con el Gobierno socialista con esa norma que en su día suscribieron PP y PSOE? Zapatero, antes de saber que iba a ganar, prometió mantenerlo tal cual. Es más, llegó a decir que el PNV se había autoexcluido de la firma al haber suscrito el Pacto de Lizarra. Pero las cosas han cambiado. Así es que ni se pierdan el próximo capítulo ni pierdan de vista al ministro de Seguridad del Gobierno socialista.

La cena
Alfonso Ussía La Razón  31 Marzo 2004

El Viejo de San Sebastián es barrio cambiante. Por las mañanas, mercado y muelle pesquero. Abundan los establecimientos de «Efectos Navales», y huele a sal y pescado fresco. Al mediodía, los bares de tapas dominan el ambiente. En algunos de ellos, los forasteros son recibidos con recelo. Sus paredes las cubren viejas fotografías sepias de traineras triunfantes, pelotaris legendarios, pescadores antiguos y carteles de terroristas presos. No son recomendables estancias prolongadas en los referidos tugurios, sobre todo si los forasteros tienen aspecto de personas normales. Por la tarde, el Viejo es tomado por los aspirantes a etarras, ahora más calmados que años atrás gracias a la política antiterrorista del Gobierno vencido. Y por la noche ¬«a la noche» dicen por allá¬, es necesario adoptar cautelas y medidas de seguridad para deambular por sus calles.

Porque en el Viejo donostiarra, desde el púlpito marinero y sagrado de Santa María del Coro a la plaza de la Constitución puede cualquier paseante decente toparse con individuos de baja estofa y peor calaña, rodeados siempre de fornidos guardaespaldas que les aseguran sus integridades físicas. Absurda medida de amparo, por cuanto sólo ellos son los inductores de la violencia. Es decir, que los amigos de los etarras llevan escolta para guardarse de ellos mismos.

Una decena de escoltas vigilaba, dos noches hace, los movimientos de la gente a las puertas de un conocido restaurante. En su interior, charlaban amigablemente y compartían menestra del tiempo, cocochas de merluza, cuajada casera y vino de la Rioja, dos individuos de cuidado. El jefe político de la banda etarra, Arnaldo Otegui, y el presidente en funciones de la Generalidad de Cataluña, Pepe Carod-Rovira. Intercambiaban sonrisas, ideas y planes de futuro. A Carod-Rovira le gustan una barbaridad esas cenas y esos amigos.

Y ahí es donde va a cambiar la lucha antiterrorista. ¿Cómo va a luchar el próximo Gobierno del PSOE contra el terrorismo, si su socio principal en la Generalidad y probable aliado en el Parlamento de Madrid cena con los terroristas? ¿Se lucha contra el terrorismo comiendo cocochas con los terroristas? Probablemente tenga preparada una respuesta contundente y convincente Pepiño Blanco, pero en tanto llega, sea respetado mi derecho a la duda.

Claro, que en esta España de locos que nos quieren trocear, la ETA ha pasado a ser para algunos una banda terrorista amable y bondadosa. Algún insensato ha llegado a pedir perdón a los criminales etarras por haber pensado que fueron ellos los autores de la masacre de Madrid. Así es de frívola e insoportable una parte de nuestra clase política. La que considera normal y lógico que Carod-Rovira, el principal socio de los socialistas, se reúna en el Viejo de San Sebastián para cenar y brindar con quien del terrorismo étnico y su defensa ha hecho la justificación de su vida.

Vázquez se apoyará en la Ley de Grandes Ciudades para zanjar los problemas jurídicos
El pleno municipal aprobará el topónimo La Coruña-A Coruña
Redacción / A Coruña El Ideal Gallego 31 Marzo 2004

La propuesta que Francisco Vázquez elevará al pleno responde a la norma que el Ayuntamiento mantiene desde hace años en su imagen corporativa

Francisco Vázquez recurrirá a la Ley de Grandes Ciudades para tratar de zanjar la polémica que arrastra en torno al topónimo. La nueva normativa permite que el pleno municipal decida sobre el nombre oficial de la ciudad, siempre y cuando el acuerdo cuente con el respaldo de la mayoría absoluta, y no de dos tercios de los concejales como hasta ahora.

Desde la publicación de la ley, se especulaba con la posibilidad de que el alcalde aprovechase la circunstancia para recuperar la polémica y tantas veces demandada ele. No obstante, Vázquez ha decidido actuar en consecuencia con la norma que sigue el Ayuntamiento: utilizar La Coruña en comunicaciones y escritos redactados en castellano, y A Coruña cuando se expresa en gallego, según manifestó el alcalde a la cadena Cope.

La Ley de Grandes Ciudades, que entró en vigor el pasado uno de enero, establece un plazo de seis meses para aplicar la prerrogativa, que saldría adelante con el respaldo de los catorce concejales socialistas -de un total de 27-, sin necesidad de contar con el apoyo de los grupos del PP y BNG.

El artículo 22.2 de la Ley de Grandes Ciudades, en su apartado b, dice textualmente: “Corresponden, en todo caso, al pleno las siguientes atribuciones: (…) La alteración de la capitalidad del municipio y el cambio de nombre de éste o de aquellas entidades y la adopción o modificación de su bandera, enseña o escudo”. La propia Ley, en el artículo 47, insiste en la potestad del pleno para alterar la denominación del ayuntamiento.

Vázquez ha encargado a los técnicos municipales la redacción de la propuesta, que será debatida y aprobada antes del 30 de junio. Una vez transcurrido este plazo, la decisión será inapelable.

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