AGLI

Recortes de Prensa     Martes 6 Abril 2004
¡QUÉ ES LA GUERRA, IDIOTAS!
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 6 Abril 2004

PSOE e IU actúan como cómplices del terror
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  6 Abril 2004

Lamentable manipulación
Editorial La Razón  6 Abril 2004

Incógnitas
Luis María ANSON La Razón  6 Abril 2004

La derrota del PP no tiene efectos antiterroristas
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 6 Abril 2004

¿Segunda transición o adiós definitivo
José María CARRASCAL La Razón  6 Abril 2004

En funciones y de vacaciones
EDITORIAL Libertad Digital  6 Abril 2004

Que se maten por Alá
Bruno AGUILERA La Razón  6 Abril 2004

Españoles a nuestro pesar
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 6 Abril 2004

Tragedia y mercenarios
Agapito Maestre Libertad Digital  6 Abril 2004

Posturas frente al terrorismo
José Clemente La Razón  6 Abril 2004

Bailar con la más fea
Lorenzo Contreras La Razón  6 Abril 2004

LOS AMIGOS Y LOS ENEMIGOS
M. MARTÍN FERRAND ABC 6 Abril 2004

VUELVEN LAS TROPAS
Jaime CAMPMANY ABC 6 Abril 2004

El tamaño no lo es todo
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 6 Abril 2004

TERROR SIN FRONTERAS
Editorial ABC 6 Abril 2004

POLVORÍN IRAQUÍ
Editorial ABC 6 Abril 2004

Al-Qaida y ETA
KEPA AULESTIA El Correo 6 Abril 2004

¿TIEMPO DE ANARQUÍA
JOSÉ LUIS GARCÍA GARRIDO ABC 6 Abril 2004

La Ley debe cumplirse
Carlos Vidal Prado Libertad Digital  6 Abril 2004

Rajoy advierte de que ceder al chantaje de los terroristas sería un error colosal
LUIS AYLLÓN ABC 6 Abril 2004

Carrascal se muestra «pesimista» respecto al futuro del Estado de las Autonomías
C. David Carrón La Razón  6 Abril 2004
 
¡QUÉ ES LA GUERRA, IDIOTAS!
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 6 Abril 2004

LA letra ha entrado, desgraciadamente, con sangre. Creían que el terrorismo islamista y la nueva guerra pertenecían al discurso de la distracción. Se negaron a entender que los ataques a las Torres Gemelas y al Pentágono eran algo más que una humillación para los símbolos financiero y militar de Estados Unidos. Ha habido una especial resistencia por parte de intelectuales y políticos a tomar en serio la amenaza del fundamentalismo islamista: pensaban que con ello se aprovechaban las tensiones con los inmigrantes con el fin de fomentar el patriotismo. Cualquier alusión a la «guerra santa» se interpretaba como un apoyo a las tesis de Samuel P. Huntington en «El choque de civilizaciones» y así la izquierda volvía a caer en uno de los errores más groseros, que es la defensa del multiculturalismo como solución para la convivencia. Una vez más la izquierda caía en la trampa de los nacionalismos etnicistas que fundamentalmente consiste en poner por delante la defensa de los derechos de los grupos frente a los derechos de los individuos, es decir, a la sustitución de la nación por «una maraña de nacionalidades enfrentadas» (Theodore Roosevelt).

Encastillados en sus falsas ideas sobre la forma de integrar a los inmigrantes y ciegos ante el resurgimiento del integrismo islamista, intelectuales y políticos de izquierda no han querido percatarse del nuevo tipo de guerra que aparece el 11 de septiembre tanto por sus diferencias con la tradicional (desaparición de fronteras y de todo tipo de convenciones) como por la vuelta a las viejas motivaciones religiosas y culturales que la explican. Una guerra total y sin cuartel, de la que resultaría temerario excluir un ataque nuclear o químico.

LA reacción ha sido especialmente obtusa porque pensaban que la crítica al islamismo podía representar una defensa indirecta del imperialismo americano, al que consideran responsable de los hechos que están en la base de esta contestación árabe: los desequilibrios económicos en el mundo. A ello se refiere siempre Zapatero cuando dice que la mejor forma de luchar contra el terrorismo es eliminar las raíces que lo explican. Ignora la condición del islamismo, desconoce la incapacidad de las minorías árabes para gobernar sus sociedades y termina por dar la razón a los terroristas.

ENTRE las justificaciones de «la guerra santa» como invento occidental y las acusaciones a todos aquellos que han seguido las consignas de Bush hemos llegado hasta hoy, hasta la masacre del 11 de marzo. ¿Servirá esta dolorosísima tragedia para que estas mentalidades terminen por darse cuenta de que no son broma las amenazas a «judíos y cristianos» y de que, como señala Robert Kagan en «Poder y debilidad», la defensa de Europa no es posible sin una política común con Estados Unidos? Me temo que la aversión a este país es tal que muchos seguirán manteniendo las tesis de histriones como Carlos Fuentes que yo criticaba el domingo. Porque no de otra manera se puede calificar a quien ha llegado a definir la sociedad norteamericana como una síntesis más perversa que el estalinismo y el nazismo juntos, si bien podrá desaparecer en cuanto Bush pierda las elecciones. Hay que ser un trasto intelectual para concebir que el sistema totalitario más peligroso que conocieron los siglos tiene elecciones libres, oposición democrática y alternancia.

El comunicado enviado por Al Qaida al ABC ¿permitirá que sigan practicando tantos ciudadanos españoles la política del avestruz?

Aún les queda un último parapeto: se resisten a pensar que ETA pueda estar implicada en las acciones de Al Qaida. Si nos descuidamos, querrán meterla en el Pacto Antiterrorista.

PSOE e IU actúan como cómplices del terror
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  6 Abril 2004

Ha sido todavía más obsceno que la manipulación del 13-M. Ha mostrado, todavía más a las claras, la verdadera faz de la izquierda española, incapaz de grandeza, de sacrificio, de visión de Gobierno, de sentido de la Nación y de la más mínima cautela en asuntos de Estado. PSOE y PCE han actuado en Leganés (con los farsantes contra la guerra como burladero móvil) que están dispuestos a actuar como brazo político y publicitario de los terroristas. Sin vergüenza. Sin escrúpulos. Sin que Zapatero haya desautorizado al alcalde de Leganés, del PSOE.

Si Al-Qaeda tuviera en España un partido político al modo batasuno, ¿qué habría hecho? Pues lo natural y lógico: manifestarse lamentando los muertos y pidiendo la retirada de las tropas de Irak y Afganistán (es decir, la deserción del campo occidental por parte de España); subrayar en la calle con alharacas populistas lo que remitía al ABC como condiciones para dejar de matar españoles "como queramos y cuando queramos": retirada de las tropas, rendición ante el terrorismo islámico y preparación psicológica de la opinión pública española para futuras concesiones a cambio de la "paz", que no es sino colaboración con los suicidas criminales y criminosos, con los siniestros ejércitos de Alá.

Pero Al-Qaeda no necesita en España un partido capitulacionista, antiamericano y antioccidental porque ya existe: la Izquierda del "No a la guerra", la obscena sumisión a los terroristas del PSOE e IU, que cargan además al PP con la responsabilidad de los muertos, moros o cristianos. Rajoy no va a tener más remedio que ponerse serio tirando a heroico, porque no le van a dejar más remedio. No puede haber consenso con el partido político de Al-Qaeda y eso es, a efectos políticos y de opinión pública, el partido del "No a la guerra" y "Sí al pacto con Ben Laden", es decir, la base política y parlamentaria de Rodríguez Zapatero . Perpiñán ya llega hasta Leganés. Y Leganés está demasiado lejos de Móstoles. Del de 1808, claro está.

Lamentable manipulación
Editorial La Razón  6 Abril 2004

Hay que entender el disgusto de los representantes del Partido Popular de Madrid, que han decidido desautorizar la manifestación convocada ayer por el Ayuntamiento socialista de Leganés. Y es que lo que debía ser una demostración de unidad frente al terrorismo y una muestra de apoyo y agradecimiento a la abnegada labor de nuestras Fuerzas de Seguridad, se había convertido en un alegato partidista que, para mayor escarnio, justificaba, aunque fuera indirectamente, a los sanguinarios autores de la matanza del 11 de marzo.

No se puede aceptar de ninguna manera la existencia de razones, excusas, motivos o justificaciones para un acto terrorista. Y eso es lo que, aun sin pretenderlo, se trasluce del comunicado consensuado por el alcalde de la localidad madrileña en el que se invoca la guerra de Iraq como origen de nuestra tragedia y se apela a la retirada de las tropas españolas allí destacadas.

Pero es que, además, los redactores del comunicado demuestran que no han aprendido nada. Porque mientras se exige la retirada de Iraq, el futuro presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anuncia que reforzará nuestra presencia militar en Afganistán, donde también se libra la guerra contra el terror y donde tiene su refugio Osama Ben Laden, el instigador de las matanzas.

Incógnitas
Luis María ANSON La Razón  6 Abril 2004
de la Real Academia Española

Como me lo contaron lo cuento. Está claro que Al Qaida es responsable del 11-M. Pero, en algún sector de los servicios españoles de inteligencia, se empieza a considerar que no es sólo Al Qaida ni la respuesta a la participación española en la guerra de Iraq, como hemos creído casi todos, lo que motivó los atroces atentados de Atocha. Se habla ya abiertamente de ciertos grupos marroquíes relacionados con los tenebrosos servicios secretos de aquel país y de alguna otra nación. Algunos extremistas en contacto con esos servicios secretos actúan a veces al margen de sus Gobiernos. En tal supuesto, se eligió la fecha y el calibre del atentado para, manejando a unos terroristas, provocar un vuelco electoral y desplazar del Gobierno a un partido hostil a la política que determinadas instancias internacionales quieren para el Estrecho y el Sahara.

Todo esto que me cuentan es una especulación como tantas otras que ahora circulan fluidamente. ¿Por qué me hago eco de ella sin respaldarla personalmente, ya que es evidente que ningún Gobierno de un país serio puede tener responsabilidad en la atrocidad del 11-M? Por lo mismo que piensa el lector sagaz. Porque hay muchos datos de difícil explicación. Porque los mares de la política internacional son especialmente procelosos y, cuando se navega en ellos, ningún rumbo se puede descartar.

La derrota del PP no tiene efectos antiterroristas
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 6 Abril 2004

El tremendo mazazo que recibió Madrid el pasado 11-M, la masacre de Atocha, Santa Eugenia y El Pozo del Tío Raimundo, fue interpretado por algunos oráculos de urgencia como una reacción del terrorismo islámico a la presencia de efectivos militares españoles en el escenario iraquí. Más aún: no faltaron quienes vieron en aquellas mochilas asesinas un efecto siguiente a la causa, escenificada en las Azores, de la alianza entre José María Aznar y George Bush. Lo cierto es que, tras la masacre, el PP perdió las elecciones y, a pesar de la promesa de José Luis Rodríguez Zapatero de retirar esos efectivos del Iraq, los terroristas islámicos, llamémosles como queramos, no han rebajado su saña. Sólo la suerte ha impedido una nueva catástrofe en el AVE que une Madrid con Sevilla, Leganés acaba de ser escenario de nuevas explosiones, esta vez suicidas, debidas a su autoría. Más lejos, la base española de Nayaf acaba de conocer un violento ataque que le ha costado la vida a un soldado salvadoreño y a otro norteamericano sin que, por suerte, haya bajas españolas.

No conviene tratar de entender el fenómeno terrorista, ni el etarra ni el musulmán ni ninguno otro, dentro del prisma de la lógica y la decencia moral. El código que lleva a unos desalmados a atentar contra gentes inocentes, a colocar bombas indiscriminadas o a darle tiros en la nuca a cualquier paisano escapa del territorio de la razón tradicional para ser parte, con toda propiedad, de lo verdaderamente subversivo. El fin de los terroristas, de todos ellos, es acabar, en todo o en parte, con lo que llamamos orden y civilización occidentales. La defensa de una fe, la proclama de la independencia o cualquiera otra formulación noble no deja de ser una coartada, un envoltorio, para sus más siniestras intenciones.

De haber sido cierta la hipótesis de que el terrorismo islámico aterrizaba en España como “castigo” a Aznar y al Partido Popular, supuesto para el que hay que retorcer en demasía cualquier código ético, los hechos han demostrado ya, en sólo unos días, lo equivocado del planteamiento. Cualquier terrorista, por su propia definición, no es un demócrata ni entiende la libertad —¡ni la de vivir!— como un valor cotizable y, en consecuencia, sólo pretende el desorden, la muerte y el caos. Confía en la debilidad de sus víctimas.

El PP ya no constituye, fuera del poder, un “objetivo” para los terroristas islámicos y, sin embargo, sus acciones dinamiteras continúan. Si la actitud del PSOE fue, en su momento, algo más que una pirueta instrumental en vísperas electorales, ahora es el momento de rectificar y afinar la puntería. Puede hablarse con toda propiedad, independientemente de los aciertos y/o las torpezas occidentales, de una rebelión del mundo islámico
—su parte más fanatizada, cuando menos— contra el mundo y los valores de Occidente. No es un asunto coyuntural ni de circunstancias.

Constituye parte, no menor, del problema la indefensión militar que padece Europa después de priorizar otros puntos de su destino y, junto a ella, la facilidad de infiltración en un Continente de fronteras abiertas y valores democráticos.

Ante ese peligro cierto hay que actuar con inteligencia y decisión, no con proclamas de progresismo rancio, discursos de ONG y posturitas de pacifismo bien intencionado. Tenemos ahí, acechante, un enemigo emboscado.

¿Segunda transición o adiós definitivo?
José María CARRASCAL La Razón  6 Abril 2004

Bajo el expresivo e incluso atrayente título de «Por una segunda transición democrática y plurinacional», los líderes de tres partidos nacionalistas, Esquerra Republicana, Eusko Alkartasuna y la Chunta Aragonesista, han difundido un manifiesto que por su calado, trascendencia e intenciones merece más atención de la que ha tenido.

¿Por qué se ha puesto sordina a las aspiraciones de tres partidos que, aunque minoritarios, desempeñan un importante papel en la política de sus respectivas Autonomías, y por ende, en la nacional? Pues por cautela, si no miedo. Hay que empezar a reconocer que la política española está sembrada de temores, que vienen de muy lejos, posiblemente de aquellos tiempos en los que decir lo que uno pensaba podía llevarle a la hoguera. Es por lo que se silencia lo que no conviene y se obvia lo políticamente incorrecto. Y eso lo hacen todos, o casi todos, con la consecuencia de que los pocos que hablan claro y fuerte avanzan posiciones sin encontrar apenas resistencia. El manifiesto de que hablamos es igualmente inconveniente a un PSOE que puede necesitar la ayuda de los firmantes, como al PP que, impotente, los ha visto crecer bajo su mandato. Pero esta pusilanimidad de los dos grandes no quita un ápice de importancia a los tres pequeños. Al revés, la magnífica. Y no vamos a ser nosotros quienes pasemos por alto tal documento.

Se trata de un claro manifiesto de intenciones ¬cosa que siempre hay que agradecer¬, aunque fundado en supuestos que quebrantan tanto la realidad objetiva como el marco constitucional vigente. Por lo pronto, habla de «naciones» ¬«el papel al que tienen derecho nuestras naciones» dice textualmente¬, cuando la Constitución admite sólo «nacionalidades», reservando el término Nación, sólo para España. Luego, habla de «pueblos» dentro de España, cuando la Constitución alude a sólo un pueblo, el español, detentor de la soberanía nacional. Por último, concede a los parlamentos autonómicos derechos y poderes para decidir por su cuenta, al margen del Parlamento español. Resumiendo: se suplanta la presente estructura del Estado español por un conjunto de naciones que, a través de sus parlamentos, decidirán tanto su futuro como sus relaciones con las demás. Hemos abandonado el Estado de las Autonomías, para entrar de lleno en el de las Soberanías.

Para justificar tal travestismo, los firmantes del manifiesto tienen que valerse de argucias no menos engañosas: desacreditar la transición, menoscabar el Estado de las Autonomías, rebajar nuestra democracia y falsificar la realidad. Sostienen que «las circunstancias particulares al finalizar la dictadura trajeron una democracia disminuida» a nuestro país, dando lugar a un Estados de las Autonomías restringido, que a estas alturas ha quedado totalmente desfasado. Olvidando que si bien es verdad que tras la muerte de Franco existía la amenaza de un golpe de Estado ¬que se dio y fue superado¬, existía también la mala conciencia de los franquistas reciclados, que les hizo hacer concesiones a los nacionalistas que unos políticos sin ese lastre nunca hubieran hecho. La realidad es que la transición fue un consenso entre fuerzas políticas de muy distinta procedencia, empeñadas en pasar de la dictadura a la democracia sin traumas. Con concesiones por todas partes, siendo muy difícil decir quién dio más. Igualmente incuestionable resulta que nuestra democracia es tan amplia como cualquiera de las de nuestro entorno. La mejor prueba es que permite hablar y actuar a quienes así la denigran. Si hay un lugar hoy en España donde la democracia no se practica plenamente es el País Vasco, gobernado precisamente por uno de los partidos firmantes del manifiesto. Si ese es el modelo que intentan imponer en todo el territorio, Dios nos coja confesados.

Los tres partidos en cuestión han encontrado en el PP la coartada ideal para su tesis, exagerando su forma de gobernar hasta extremos que nada tienen que ver con la realidad. Hablar, como hacen, de «restricción de libertades ciudadanas» y de «amenaza al marco constitucional», cuando son ellos quienes intentan dinamitarlo, no es una exageración, es una falacia, como puede comprobar cuantos viven en este país. Que a Aznar le faltó tacto y le sobró soberbia, que ha pagado muy caro, nadie lo discute. Pero comparar su mandato con el de Franco, prometer ayuda para «iniciar este proceso de democratización» y enarbolar la bandera de «una segunda transición que refuerce las libertades y los derechos sociales» es, sencillamente, un timo, ya que los únicos derechos y libertades que quieren reforzar esos nacionalistas son los suyos, como estamos viendo en todas aquellas comunidades donde alcanzan el poder. Sin respetar para nada los derechos y libertades de quienes no piensan como ellos y transgrediendo de la manera más burda las normas y marcos legales que nos hemos dado entre todos. Aznar ha podido equivocarse en muchas cosas, empezando por olvidar que, en democracia, gobernar no es sólo mandar, sino también convencer. Pero nunca se salió de la legalidad, como se están saliendo cada dos por tres sus críticos nacionalistas. Él trataba de imponer estrictamente el Estado de las Autonomías.

Que es, a fin de cuentas, el quid de la cuestión. ¿Estamos de acuerdo con ese Estado o no? Por cuanto vemos y oímos, quienes no están de acuerdo con él son los nacionalistas, que hacen cuanto está en su mano para socavarlo, incluido la distorsión, la deslegitimación y las amenazas. Si, las amenazas. El manifiesto acaba con una advertencia al gobierno del PSOE: «Esperemos que esté a la altura de las circunstancias en esta segunda oportunidad para el cambio que le ha dado el electorado». No sabíamos que el 14-M se decidiese una segunda transición.

En funciones y de vacaciones
EDITORIAL Libertad Digital  6 Abril 2004

A escasas tres semanas del mayor atentado terrorista de nuestra Historia, España ha vuelto a ser este fin de semana centro de atención mundial por las nuevas intentonas del terrorismo islamista. Como bien saben los lectores, a la voladura fallida de un AVE, le siguió la voladura del piso de Leganés donde fue asesinado un geo al inmolarse varios responsables del 11-M. Por lo visto, los terroristas últimaban nuevas masacres. Para colmo, al ultimátum que Al-Qaeda ha dado al Gobierno español para que saque nuestras tropas de Irak y Afganistán, le ha seguido este lunes el asalto a tiro limpio al cuartel español de Nayaf por parte de radicales chiíes armados que trataban de excarcelar al clérigo Mustafá al-Yacubi, representante del enloquecido líder radical chií Muqtada al-Sadr, y detenido por su implicación en el asesinato hace un año del imán moderado Al Joei.

Pues bien. Ante estas noticias de enorme y dramática envergadura, cabe destacar el clamoroso silencio que están manteniendo los máximos representantes del PSOE y del PP, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Nos daría hasta la impresión de una especie de vacío de poder, si no fuera por las declaraciones del ministro del Interior, Ángel Acebes; si bien estas no tienen más trasfondo político que el limitarse a informar de las pesquisas policiales.

Daría la impresión de que el problema que plantea el terrorismo islámico supera a nuestras élites políticas —y a no pocas mediáticas— que están esperando no se sabe muy bien a qué para informarnos de cómo piensan afrontar este reto ineludible que con tanta crudeza y tanta sangre tenemos planteado. Los ciudadanos tampoco encuentran directrices claras en la prensa, a pesar de la evidencia, ya inexorable, de que, querámoslo o no, estamos en guerra con el terrorismo islámico.

La prensa partidaria de la retirada de nuestras tropas sigue a piñón fijo en su objetivo, a pesar de ser el mismo que reivindican los autores de las masacres en Irak y en España. Lean el comunicado de Al-Qaeda que publica este lunes ABC y verán, jerga islámica aparte, el mismo diagnostico de situación que han hecho —y todavía hacen— algunos de nuestros medios de comunicación. Bien es cierto que los medios que respaldan a Zapatero siguen ahora su misma ambigüedad calculada, sin que sepamos con claridad que reclaman exactamente ellos y nuestro futuro presidente de Gobierno a la ONU para que cambien las razones éticas o estratégicas de nuestra presencia o retirada de Irak. Eso, por no hablar de su silencio respecto a las nuevas medidas que se han de tomar en el interior de nuestras fronteras.

ABC y La Razón sí se muestran reacios a la retirada de las tropas que exigen los terroristas, pero lo hacen con cierta timidez, como si no estuvieran seguros de contradecir con eso las nuevas directrices del PP. Suponemos que el Partido Popular seguirá defendiendo en la oposición la presencia militar para combatir al terrorismo en Irak y que exigirá a nuestro Gobierno más filtros y control en la inmigración magrebí. Aunque confiamos en que será así, no podemos dejar de constatar que la única voz que desde el PP ha denigrado claramente como irresponsable la retirada de tropas ha sido la de Aznar. Lo máximo que ha dicho Rajoy tras el 11 y el 14 –M es que el PP respaldará la política antiterrorista del futuro Gobierno, cuando en realidad aun no se sabe cómo piensa afrontarla Rodríguez Zapatero.

En fin, que la amenaza sigue ahí, y nuestros dirigentes políticos parece que se han ido de vacaciones.

Que se maten por Alá
Bruno AGUILERA La Razón  6 Abril 2004

Hace tiempo que lo de estos moros cabrones pasó de castaño a oscuro, hasta un punto en el que la corrección política, el respeto a las minorías y a los derechos humanos, y todo eso que queda tan bien en una democracia, ha dejado de tener vigencia con unos asesinos desalmados que confunden a Dios con el diablo y cuya ignorancia supina les ha impedido darse cuenta de ello. Al menos hasta que la diñan y cuando esperan entrar en el paraíso se encuentran de bruces con don Pedro Botero que se ensaña con ellos, momento en el que se dan cuenta de que los muláh les han engañado como al chino ese que se explosionó en Leganés. Eso sí, para entonces es demasiado tarde para ellos y sobre todo para las pobres víctimas de su fanatismo irracional. De ahí que comprensiblemente la ciudadanía empiece a pedir a gritos en la calle el restablecimiento de la pena de muerte para estos locos sanguinarios y la deportación inmediata de todo musulmán que pertenezca a un grupo radical. Eso sí a cobro revertido y a Arabia Saudita donde por lo visto entrenan y financian a todos estos hijos de puta, ahora que Sadam Hussein se ha quedado sin blanca.

En la obra más conocida del entrañable Pedro Muñoz Seca, me refiero a la popular «Venganza de Don Mendo», había un pasaje famoso que nos sabíamos de memoria quienes íbamos al colegio en los sesenta. En el texto en cuestión el moro de turno suplicaba: -no me mates por Alá, a lo que el cristiano respondía: ¬qué por Alá, por aquí, antes de darle matarile al mahometano. Cierto que eran tiempos en los que lo de la reconquista estaba bien visto, y no como ahora que hasta en los manuales escolares se avergüenzan de que nuestros antepasados echasen a los moros de España, sin tener en cuenta que ellos habían empezado con la historia de la guerra santa y que los visigodos habían llegado primero. Hoy nuestros pontífices ya no están por la labor de predicar la cruzada contra el infiel pero los moros sí que siguen matando a diestro y siniestro a españoles inocentes sin importarles si son o no cristianos. Y la verdad es que dan ganas de remangarse y de decir «a por ellos» si no fuera porque llevamos la friolera de 27 años de Estado de derecho, sin contar con que en nuestra tradición cristiana lo de matar sigue siendo pecado, como subrayó recientemente el papa en Iraq.

Así que mucho me temo que para liquidar a los de Al Qaida no haya más solución que la de fomentarles la autoinmolación en solitario, dado que los muftís aseguran al suicida un billete al paraíso en primera clase. Que conste que no sólo se trata de evitar que nos maten sino también de impedir que se generalice en Occidente la idea de que el Islam es una religión espeluznante. Porque de seguir con este ritmo de atrocidades fácil es que acabemos perdiendo los nervios y nos liemos a guantazos con las masas de musulmanes pacíficos y sensatos, que los hay y muchos. La solución: pagarles a los desquiciados del turbante verde y del alfanje un viaje a la Meca para que tras reconciliarse con su altísimo se reúnan en las afueras de la ciudad santa con el último modelo de cinturón explosivo y allí mismo se revienten con dirección al Edén. Para que se maten por Alá pero desde luego no por aquí.

Españoles a nuestro pesar
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 6 Abril 2004

PARAFRASEO el título de un extraordinario libro de José María Calleja, Héroes a su pesar, para tratar de entender lo que nos está pasando. Y como si escribiera por impulso de un automatismo inconsciente, encuentro que las claves de nuestro dilemas políticos y morales son los mismos que atravesaron los primeros resistentes contra el terror en el País Vasco.

José María, periodista valiente y persona entrañable, escribió un primer libro sobre el tema, Contra la barbarie , para desbrozar todas las mixtificaciones y complicidades objetivas con un terrorismo que destrozaba las vidas de hombres y mujeres concretos, con nombres y apellidos, a través de sistemas y apoyaturas institucionales sólo concebibles desde la óptica totalitaria. Después nos dio otro testimonio en clave microsocial, Arriba Euskadi , la vida cotidiana en el País Vasco, para despertar las conciencias dormidas de los que aún les queda algo de humanidad y para respaldar a los que sufren la agresión del terror y la incomprensión social.

Hoy lo recuerdo no sólo porque está viviendo el dolor íntimo y la angustia ante la incertidumbre de la recuperación de un hijo adolescente accidentado; sino porque los que viven con escolta por luchar por la dignidad, los solidarios de verdad con las víctimas, son los que pueden inspirarnos frente al terrorismo.

Nosotros ya hemos votado, han pasado las elecciones, pero los problemas con el terrorismo no se han terminado. Nos han visto débiles y divididos, contemplan como ya antes de la formación del nuevo gobierno, vascos y catalanes aprovechan para avanzar en el independentismo fáctico. Los que se van están siendo culpabilizados y rematados simbólicamente para que no puedan volver a levantar cabeza electoral. Los que llegan andan dubitativos, también en política exterior. Sólo atienden los temas más superficiales. Podríamos salir de Irak si no se dan algunos requisitos formales, y los nuevos gobernantes no saben muy bien que hacer con Afganistán.

El electorado anda muy revuelto, confusos unos, provisionalmente alegres otros, inquietos los más, sin faltar una amplia minoría triste. Pero no se aprecia verdadera esperanza ni una clara voluntad de país. Nos hemos descubierto como españoles en la negatividad, el eslabón más débil en la geoestrategia de los fanáticos desalmados. Y no podemos huir de los desafíos, ni cambiar nuestra posición el mapa, ni salir de la historia del siglo XXI.

En este momento crucial no se detecta un verdadero nacionalismo español como voluntad colectiva. Era una superestructura formal del pasado, sin cuajar en una decisión concreta de acción común. Pero al igual que para el País Vasco, como ha mostrado José María Calleja, el único camino está en la unidad democrática y constitucional frente a la agresión exterior y a la división interior. Como las víctimas vascas que no eligieron su heroísmo, nosotros estamos condenados a convertirnos en españoles a nuestro pesar.

Asuntos internos
Tragedia y mercenarios
Agapito Maestre Libertad Digital  6 Abril 2004

Aceptemos de frente la realidad: la nación española está cuestionada. Así lo han querido los votantes socialistas, comunistas y nacionalistas. El estaribel democrático se tambalea. La legislatura que se abre es trágica. La democracia sólo será una fórmula retórica. Un modo para ocultar el desmantelamiento de la España democrática. La oleada de nihilismo que invade España favorecerá la destrucción. Aunque procede del Sur, será debidamente manipulado en el Norte y Este de la península para hacernos creer que los españoles ya no quieren a España. Además de estúpido, el nihilismo en manos de los nacionalistas es criminal.

La tragedia se cierne sobre España, primero, porque los resultados electorales son sospechosos desde cualquier punto de vista que los miremos. La sangre jamás es buena consejera. Segundo, porque el bloque formado por socialistas, nacionalistas y comunistas no quieren un cambio de política sino de régimen. La libertad e igualdad de los españoles ante la ley quieren supeditarlas al Estado asimétrico y ventajista de una regiones sobre otras. Tercero, porque el desmontaje de la nación democrática se llevará a cabo tanto desde las instituciones como desde la calle. Rodríguez Zapatero sabe que ha llegado al poder por ponerse a la cabeza de la manifestación y en ella va a seguir para mantenerse. La palabra de las instituciones será sustituida por el insulto y la agresión matona de la calle. Cuarto, porque la oposición, el PP, será estigmatizada por haber provocado lo que el nuevo Gobierno hará: destruir el Estado-nación, España.

Pero ya no es tiempo de quejarse, de lamentarse plañideramente, contra una sociedad nihilista incapaz de vislumbrar qué es una nación democrática y libre. Es la hora de enfrentarse a quienes legitiman la destrucción de España. Ya no es tiempo de seguir desasnando a espíritus majaderos sobre la cuestión de la nación española. Es la hora de llamarles por su nombre: mercenarios, esa especie intermedia entre el hombre normal y el salvaje separatista. Es la hora, pues, de llamar cobardes a los cientos de mercenarios que pueblan España.

Hay mercenarios por todas partes y en todos los estratos de la sociedad, pero en la primera etapa de la legislatura los más insoportables serán los periodistas. Están a cientos por las redacciones de los periódicos. El mercenario-periodista ya ha comenzado su huida. Lo noto por todas partes, porque calla y no reprende. El silencio del mercenario-periodista es cruel, porque viendo lo males de la época le falta valentía por temor al desagrado del poderoso o al rechazo de las masas. Esclavos de la palabra halagadora y de la mundanidad más plebeya son la escoria del sistema democrático. Lo más grave es que el mercenario-periodista es útil y, a veces, necesario. Pero es un triste oficio.

Posturas frente al terrorismo
José Clemente La Razón  6 Abril 2004

La presencia de islamistas radicales en nuestro país no es nueva. Precisamente el Gobierno de Aznar se ha distinguido a lo largo de estos años y, especialmente después del 11-S en New York, por su especial virulencia con las llamadas «células durmientes» de Al Qaida, comandos que, según los expertos, entran en acción con una sola llamada de los jefes integristas. Hay ciertos sectores de nuestra izquierda local que sostienen la teoría de que si el Gobierno no hubiera entrado en la guerra contra los terroristas ahora no sufriríamos sus consecuencias.

Esta tesis, además de inmoral, es perversa, pues durante muchos años hemos criticado, y esa izquierda la primera, el escaso apoyo de Francia a la lucha contra ETA. Hemos criticado, ha criticado esa misma izquierda, que nuestros vecinos fueran el santuario etarra y eso dificultara la lucha contra los terroristas.

Cuando el mundo entero observa impotente la capacidad del terror en el atentado de las torres gemelas, algo empieza a moverse en los gobiernos occidentales. Unos países optan por acercarse a los terroristas para evitar sus efectos. Grave error aceptar ese chantaje. Otros, como España, se ponen decididamente del lado de las víctimas y contra el terror, sea del signo que sea. Y eso trae graves consecuencias que deben ser asumidas con entereza, pues quienes aplaudieron la acción de Al Qaida son ahora sus prisioneros. Menos mal que hay gente que sigue en pie, mirando a los ojos de los malos.

Bailar con la más fea
Lorenzo Contreras La Razón  6 Abril 2004

Si hay que conceder credibilidad al comunicado que se atribuye a Al Qaeda y en el que reclama, en términos de ultimátum, la salida de las tropas españolas de Iraq y Afganistán, ya cabe decir que el futuro de nuestra tranquilidad y seguridad no parece depender del cumplimiento de unas condiciones para librar a España de los riesgos del terrorismo islámico. La supuesta nota está pasada de fecha en cuanto a plazos y no alude para nada a la promesa del futuro presidente del Gobierno español sobre evacuación del contingente militar destacado en Diwaniya. Si a esto se añade que el propósito «compensatorio» sería, según Zapatero, reforzar la presencia de fuerzas españolas en Afganistán, la sensación de amenaza no se disipa.

Por exigencias del realismo, conviene aceptar que hemos de convivir con el terror, ahora no sólo etarra. En términos populares podríamos decir que nos ha tocado bailar con la más fea. El fanatismo fundamentalista está entre nosotros, infiltrados pasando en muchos casos ¬al menos los suficientes¬ por un asentamiento inmigratorio normal con papeles o anormal sin papeles. No se trata de crear alarmas, sino de estar razonablemente precavidos, uniendo esfuerzos políticos y ciudadanos, nada se diga de las fuerzas de seguridad, que según el diseño que Zapatero acaba de pergeñar para su futuro Ejecutivo confía ese esencial cuidado ministerial a un magistrado, paisano suyo, procedente del Consejo General del Poder Judicial y que se llama José Antonio Alonso.

Ya se sabe que para ese puesto se había previsto la titularidad de José Bono, hasta ahora presidente de Castilla-La Mancha, misteriosamente desplazado a Defensa, según dicen a petición propia, aunque eso dista de estar claro. De todos modos, según el cariz que toman los acontecimientos, la militarización de la seguridad no es descartable, justo cuando, paradójicamente, se habla de debilitar a la Guardia Civil privándola en todo o en parte de su estatuto tradicional. La supresión de la clásica pareja ya resulta de por sí una absurda economía de personas en la distribución del despliegue. A fin de cuentas, la eficacia es un concepto clave.

Por supuesto que la mayor eficacia no depende de nosotros, sino de un cambio en la alta política internacional, empezando por la sustitución de Bush en la Casa Blanca y por la caída de Sharon en Tel Aviv. Algunas situaciones probablemente se aliviarían. Pero ni uno ni otro están en verdadero peligro. A Bush no le faltará la gran ayuda financiera-electoral de la industria del armamento. Dicen que se reserva una gran baza. ¿La captura de Ben Laden? No vaya a ser el final del fanatismo y el comienzo de lo mismo.

LOS AMIGOS Y LOS ENEMIGOS
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 6 Abril 2004

EN unos pocos años, y no sólo como consecuencia de la discutible participación española en el conflicto iraquí, hemos pasado de «la tradicional amistad hispano-árabe», una hermosa farsa, a ser «un país infiel en zona de guerra», una tragedia. Cuando ETA, gracias a la eficacia policial y la cooperación internacional, parece decaída en su saña terrorista y asesina, surge entre nosotros, llámese como se quiera, el peligro del terrorismo islámico y, desde el 11-M, vivimos el luto y la pena de sus efectos. Las amenazas terroristas, sea cual fuere el fanatismo que las ilumina, presentan siempre la inquietud de un enemigo oculto, emboscado, que es capaz de convertir en víctimas a quienes le distinguen con su hospitalidad y amparo. Ésa es su máxima perversión moral y tiende a cursar con el riesgo y el error de los recelos generalizados frente a todos aquellos que, por vascos o por musulmanes, pueden ser entendidos como parte del mal, como próximos o simpatizantes de los auténticamente desalmados.

Unos amigos míos, gentes de bien y de orden, han despedido a una pobre chica marroquí que les asistía, satisfactoriamente, en los trabajos domésticos. Es un síntoma más, especialmente perverso, del miedo que los terroristas han inoculado entre los españoles. El desprecio al diferente, tan propio de una sociedad ensimismada, es un ataque a la inteligencia; pero el salto cualitativo que conduce al odio, o al temor, a esas diferencias puede provocar, y provoca, efectos morales y cívicos tan poco deseables como las bombas que manejan algunos, sólo algunos, de esos que no son, ni en las costumbres ni en la fe, como nosotros.

Interpretar esta nueva situación, capaz de convulsionar los supuestos de la convivencia intercultural, interracial e interreligiosa tradicionales en España como un mero efecto de la presencia de tropas españolas en Iraq es quedarse en la superficie del problema. Discutiremos durante toda la Legislatura que ahora comienza sobre los aciertos o los errores, en fondo y forma, de las alianzas establecidas entre José María Aznar y George Bush, pero ésa no es la cuestión. Es el desarrollo y la pujanza del mundo occidental, en el que nos encuadramos, lo que sirve de espoleta a la sañuda explosión del Tercer Mundo que, en el péndulo de la Historia, se mueve ahora con el impulso de la fe musulmana.

Retirar los efectivos destacados en Iraq, según las promesas electorales de Rodríguez Zapatero, puede estar muy bien -yo no lo tengo tan claro- como síntoma de unas políticas, de Exterior y Defensa, diferenciadas de las anteriores; pero eso no erradicará el riesgo ya establecido del terrorismo islámico y, por el contrario, puede distanciarnos de la protección y/o ayuda del gran gendarme de Washington, el único con fuerza y organización del defensivamente desatendido mundo al que pertenecemos. No sabemos dónde está el enemigo, pero sí quienes son los amigos potenciales.

VUELVEN LAS TROPAS
Por Jaime CAMPMANY ABC 6 Abril 2004

QUE no se preocupen los rojelios. Pueden permanecer tranquilos en espera sosegada y segura. Vuelven las tropas. En la campaña electoral, Rodríguez Zapatero prometió clara y repetidamente que traería las tropas españolas que tenemos en Iraq. Y Rodríguez Zapatero es un hombre de honor.

En la palabra de Zapatero al prometer el regreso de las tropas españolas, no sólo de Iraq, sino seguramente también de Afganistán, se puede confiar. Afirmémosla con el mismo énfasis que Shakespeare puso en boca de Marco Antonio en su famoso discurso contra Bruto después del asesinato de César. Volverán las tropas. Y Zapatero es un hombre de honor.

Colin Powell, sin duda en nombre del presidente Bush, ha solicitado a Rodríguez Zapatero que reconsidere su decisión de evacuar de Iraq las tropas que allí tiene España en misión pacificadora. Pero esta es una promesa hecha por Zapatero antes de las elecciones y antes de la matanza del 11-M. No cabe reconsideración alguna. Volverán las tropas antes de la fecha límite que ha señalado el propio Zapatero, porque Zapatero es un hombre de honor.

Sí, ya sabemos que hay algunas naciones que esperan una rectificación por parte de España, porque la decisión de sacar las tropas de Iraq acarreará peticiones para que los respectivos gobiernos sigan el ejemplo y provocará disensiones políticas internas. Todo es inútil. Rodríguez Zapatero prometió sacar nuestras tropas de aquella lejana tierra de Iraq, en donde a España no se le ha perdido nada, y Rodríguez Zapatero es un hombre de honor.

El Gobierno de Iraq también ha pedido al presidente electo del Gobierno de España que vuelva de su propósito y no retire de allí el pequeño y simbólico ejército que allí tenemos. Pide que no sólo no lo retire, sino que active su colaboración para mantener el orden y la paz. Petición es esa imposible de satisfacer. Zapatero tiene empeñada su palabra, y Zapatero, a ver si se enteran, es un hombre de honor.

Por las cancillerías de medio mundo, militares, políticos y diplomáticos buscan soluciones para que España no inicie la retirada de tropas de diversas naciones que participan en la pacificación de Iraq. Se pretende evitar lo que podría ser una peligrosa desbandada que dejaría a aquel pueblo en manos de los terroristas y de las facciones políticas violentas, enfrentadas a muerte. Es una búsqueda inútil. Nada conseguirán de Zapatero, porque Zapatero -¡que lo oiga el mundo!- es un hombre de honor.

Los soldaditos españoles destacados en Iraq y en Afganistán esperan con natural impaciencia que llegue el día en que Rodríguez Zapatero, después de ser investido presidente del Gobierno en el Congreso, entre en La Moncloa, dé posesión a sus ministros y ordene al de Defensa que se traiga inmediatamente las tropas de Iraq. Y eso hará Zapatero porque es un hombre de honor.

Y las familias de los soldaditos, aún con más ansiedad que ellos, rezan y confían en que Rodríguez Zapatero, se pongan como se pongan por ahí fuera, cumpla su palabra como un hombre de honor.

El tamaño no lo es todo
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 6 Abril 2004

Una tregua permanente hace casi todo posible», decía el presidente de los socialistas vascos hace diez días. Se trataba, sin duda, de un buen deseo, aunque improbable. Por una parte, ETA no parece dispuesta a ello, a juzgar por las bombas lapa y las mochilas que encontró la Policía en el apartamento de Bagneres de Vigores, durante la operación en la que se detuvo a 'Mobutu'. Por otra, hablar de tregua permanente es un oxímoron, como «un silencio atronador», «la música callada» o «una luminosa oscuridad».

El tamaño no lo es todo, importa más la duración. De ahí que sea necesario fijar a la tregua su característica temporal. Una tregua permanente sería simplemente la paz. Es comprensible que Udalbiltza incurra en tautologías evidentes al respecto: «El respeto y defensa de todos los derechos humanos para todas las personas, la no violencia, el diálogo y el ejercicio del derecho de autodeterminación del pueblo vasco de manera pacífica, libre y democrática son las bases que garantizarán la pacificación y normalización de nuestro pueblo». Es evidente que la no violencia y el ejercicio pacífico de los derechos garantizan la pacificación. Lo de la normalización ya es otro cantar. O sea, que una tregua no puede ser permanente so pena de perder sustancia como tal para transformarse en otra cosa. Tampoco puede ser muy corta; entonces sería ultimátum o amenaza.

El tiempo pasará, cantaba Sam, el pianista de Rick's en Casablanca. Pasa y a velocidad de vértigo. No hace un mes estábamos en campaña electoral y desde entonces, más que sucederse se han amontonado los acontecimientos: el terrorismo islamista ha insistido dos veces más, una de ellas fallida, tras la masacre de Madrid. El cartero siempre llama dos veces y en ocasiones, tres. Esto debería curar a algunos de nuestros dirigentes de una banalidad sentimental, la de quitarse un peso al enterarse de que no había sido ETA la autora del atentado. Las tropas españolas en Irak fueron atacadas el domingo por milicias chiíes, lo que no se sabe cómo afectará a la promesa del futuro presidente de repatriarlas. Los nacionalistas catalanes y vascos saludan el triunfo de Zapatero declarando la suspensión de la LOCE; ya están planteadas las reivindicaciones de selecciones deportivas catalanas y vascas y las reformas de los estatutos catalán y andaluz, con sus agencias tributarias. La reforma del Estatuto de Gernika le fue ofrecida al PNV, pero Josu Jon, que el domingo exigía a los socialistas «poner el contador a cero», se olvidaba una semana antes de su vieja promesa del folio en blanco y se empeñaba en el plan Ibarretxe. Todo esto y algo más antes de empezar la legislatura. Se nos va a quedar corta para tanto tajo, ya verán.

TERROR SIN FRONTERAS
Editorial ABC 6 Abril 2004

LOS terroristas pueden querer justificar su causa por múltiples razones, la opresión imperialista americana en el mundo, la tiranía laica francesa que prohíbe el uso del velo en las escuelas, las creencias religiosas sobre las que se fundamenta Israel o la presencia de España en Irak y Afganistán. En lo que se refiere a buscar excusas no se quedan cortos. Pero lo único que ponen de relieve con su afán es que el fundamentalismo islámico hoy es una «World Wide Web» del terror. Aún peor, lo sigue siendo tres años después del 11-S y, como estamos siendo testigos, sus militantes, quienes le prestan apoyo para sus operaciones y aquéllos que instigan o incendian las mentes con sus soflamas religiosas, se mueven como pez en el agua en nuestra sociedad, desde Lisboa a Manila, pasando por Madrid, París, Londres, Hamburgo y Roma. Las últimas detenciones practicadas en Francia lo ponen otra vez en evidencia. Como también lo hiciera hace unos días la Policía británica desmantelando un comando terrorista en Inglaterra.

La red terrorista es global porque sus fines son globales, la creación de una república islámica fundamentalista en un nuevo califato cuya extensión cubra desde el Atlántico hasta el Pacífico, recreación de un sueño perdido pero, sobre todo, de un sueño por venir: la derrota del mundo laico y decadente. En ese sentido, el terror global islamista no sólo no conoce más fronteras que las que les impongan sus capacidades de actuación, sino que afecta por igual a Estados Unidos y a Europa, sociedades a sus ojos pervertidas y perversoras, así como al mundo occidental y al islámico en general, pues sus regímenes son corruptos, títeres en muchos casos de los norteamericanos, según su peculiar visión. De hecho, la gran victoria de Al Qaida vendrá de la mano de la revolución islámica que acabe con la Familia Real saudí.

Frente a un terror global en sus objetivos, alcance y medios, no cabe respuesta nacional autónoma alguna. Es una auténtica estupidez pensar que un país solo puede hacer frente y vencer este nuevo terrorismo, como igual lo es creer que un país puede escaparse unilateralmente de sus garras. La guerra que ellos nos plantean no conoce ni treguas ni santuarios. Pero lo que están dejando muy claro es que bajo una sopa de siglas, de grupos en constante metamorfosis, se oculta una estrategia coherente, consistente y de mayor alcance. El terror en Marruecos no es un problema nacional, como el 11-M no es un asunto exclusivamente español. Al menos si se quiere luchar con eficacia contra el terror sin fronteras.

POLVORÍN IRAQUÍ
Editorial ABC 6 Abril 2004

LAS noticias que llegan desde Irak en los últimos tiempos no pueden ser más alarmantes. Ya sean los suníes acribillando y descuartizando civiles norteamericanos en Faluya, los chiíes enfrentándose a tiros en Nayaf a las tropas españolas o los atentados diarios en el Kurdistán, da la impresión de que el país está a punto de arder por los cuatro costados. El predicador chií Moqtada al Sadr es bien conocido de los militares españoles destinados en Irak, a los que recibió el día de su llegada, en julio pasado, con uno de sus apocalípticos sermones en la mezquita de Kufa. Desde entonces no ha dejado de alentar el levantamiento de los civiles chiíes, ha boicoteado cualquier intento de consenso en Bagdad y ha pedido públicamente a sus seguidores que se alisten en lo que él llama «El Ejército del Mahdi» (El Profeta).

Detener a este personaje, que por si fuera poco parece estar directamente involucrado en el asesinato de un imam rival (rival por moderado), parecería una decisión de sentido común. Pero haciéndolo, las fuerzas de la coalición pueden contribuir a crear un mártir de los extremistas. La mayor parte del apoyo que ha cosechado se debe al descontento de la población con los magros resultados de la política de reconstrucción del país. Un año esperando a que se restablezca el agua y la electricidad y a que florezca la vida económica se ha hecho muy largo para millones de desheredados chiíes, que son fáciles presas para los argumentos del radicalismo. Con Sadam vivían entre la basura, con la ocupación lo mismo; es difícil encontrar argumentos para pedir calma a esas legiones sin educación ni hábitos sociales constructivos. Las fuerzas de la coalición deben emitir una señal inequívoca de firmeza en estos momentos de turbulencias, pero sin olvidarse de mantener la suficiente flexibilidad para evitar que lo que ahora es una llamarada, se convierta en un pavoroso incendio. Las tropas españolas están en la primera línea de este conflicto y deberán poner de nuevo a prueba las cualidades que les han hecho célebres en otras misiones de paz.

Al-Qaida y ETA
KEPA AULESTIA El Correo 6 Abril 2004
 
La sanguinaria irrupción de Al-Qaida en España ha abierto una enorme interrogante sobre la actuación futura del terrorismo islamista y sus consecuencias en Europa. Pero también respecto a su incidencia en la evolución del terrorismo de ETA. La 'europeización' del terrorismo islamista no supone únicamente la traslación de sus atentados a nuestro continente. Representa sobre todo el riesgo de una mutación que convierta su propósito de destruir el orden democrático occidental en un tentáculo capaz de inmiscuirse en las relaciones sociales, políticas y económicas de los europeos. El término nihilista no es del todo apropiado para calificar la naturaleza precisa del terrorismo islamista de la red Al-Qaida. Pero, a falta de otro más idóneo, sirve para subrayar la intención eminentemente destructiva de su acción, sin que la misma persiga objetivos inmediatos de orden político.

Cabe deducir que Bin Laden y sus seguidores aspiran a implantar regímenes rigoristas en los países cuya población se orienta mayoritariamente hacia el Islam, al tiempo que tratan de vengarse de la postración a la que los musulmanes pueden sentirse sometidos por la civilización occidental castigándola con un baño de sangre. Pero su 'europeización' podría conllevar un cierto cambio de paradigma, de modo que el objetivo final de la liquidación de Occidente acabara siendo compatible con la penetración del terrorismo islamista en el juego político más propio precisamente del terrorismo occidental.

La polémica sobre si todos los terrorismos son o no lo mismo resulta tan estéril como contraproducente. En especial porque ambas afirmaciones contienen una parte de verdad. Por ejemplo, todos los terrorismos son igualmente oportunistas. Tratan de perpetuarse adecuándose a las circunstancias, retorciendo creencias o planteamientos políticos, induciendo en las víctimas sentimientos de culpa y enredando a los observadores en la interpretación de los enigmas que encierran. La 'europeización' de Al-Qaida está comportando todo eso y más.

Si nos atenemos a lo que los portavoces del integrismo terrorista dicen de sí mismos, habría que concluir que los motivos de su barbarie se encuentran en el conflicto palestino-israelí o en la más reciente ocupación de Irak. O en las medidas adoptadas por la Administración francesa para evitar la utilización de signos que reflejen las creencias individuales en los centros educativos. Pero ésas no son las causas, sino la justificación de sus intenciones previas. Sin embargo, la paulatina incorporación de referencias netamente políticas a los citados pronunciamientos podría reflejar síntomas de una mutación europeizante en el nihilismo inicial del terrorismo islamista.

La naturaleza instintiva del terrorismo es capaz de percibir con nitidez los efectos que provocan sus atentados. Una sociedad libre es, por definición, una sociedad en la que las contradicciones se hacen patentes. La brutalidad terrorista tiende a modelar o exacerbar esas contradicciones hasta convertirlas en fisuras por las que penetrar en la conciencia colectiva. La 'europeización' del terrorismo islamista puede provocar, al mismo tiempo, prejuicios culturales y reacciones de autoinculpación, respuestas totalitarias e ingenuas búsquedas de las raíces del terrorismo, réplicas globales y actitudes huidizas por parte de grupos de ciudadanos o de determinados países.

ETA negó su participación en los atentados del 11 de marzo evitando pronunciarse sobre ellos. Simplemente los denominó «acción». Eso y su falta de énfasis a la hora de desentenderse de la masacre de Madrid atestiguaron que no quería traicionarse con un juicio crítico hacia el asesinato en masa, al tiempo que intentaba restarle trascendencia a lo acontecido. Ante el nuevo panorama provocado por Al-Qaida, ETA tratará de aprovecharse de aquellas facetas que considere que le convienen, mientras se esfuerza en sortear aquellas otras que le resulten negativas. Le conviene la sensación de caos e incertidumbre, en la medida en que puede atribuirlos a la crisis de un sistema de valores y representación que también pretende destruir. Le conviene que haya voces que expresen distinciones morales entre el 'terrorismo indiscriminado' y la 'lucha armada selectiva' aunque es improbable que ETA entre en esas disquisiciones. Y le conviene que los esfuerzos en la prevención y en la persecución del terrorismo islamista acaben procurándole cierto respiro.

Pero, por otra parte, la sombra de Al-Qaida resulta agobiante para ETA. La crueldad de su ejecutoria evoca, agrandándola, la propia crueldad etarra. Sabe que las actividades del terrorismo vasco pueden acabar empequeñecidas o subsumidas en el terror global. Como sabe que la posibilidad de que su violencia sea mencionada por el nacionalismo gobernante como argumento añadido para operar cambios políticos será también menor. Y en un espacio territorial tan estrecho el refuerzo de los dispositivos antiterroristas, lejos de aflojar el cerco que padece, va a incidir en su ya mermada capacidad operativa.

A pesar de ello la inercia etarra intentará seguir justificando el asesinato como instrumento para alcanzar una Euskal Herria independiente que apuntale sus fronteras integrando a Euskadi, Navarra y el País Vasco francés. Incluso habrá quien, como reacción a tan inesperada competencia en el campo terrorista, trate de sustraer dicho territorio al Al-Andalus reivindicado por la nostalgia integrista como ámbito natural de la época más gloriosa del expansionismo musulmán. Sólo falta que, emulando la actitud de ETA respecto a Cataluña, la trama correspondiente de Al-Qaida anuncie una tregua restringida a Euskal Herria.

¿TIEMPO DE ANARQUÍA?
JOSÉ LUIS GARCÍA GARRIDO ABC 6 Abril 2004

Como seguramente a muchos españoles, entre los que me gustaría contabilizar al todavía candidato a la presidencia del Gobierno, me ha dejado perplejo la decisión tomada en Cataluña de dictaminar el incumplimiento de una ley vigente. Se trata de la LOCE, pero lo mismo podía haber sido la del impuesto sobre la renta, tan desagradable ella; la de tráfico, recientemente aprobada, o la de inmigración, muy discutida por algunos. Aparte de una barbaridad jurídico-administrativa, esto constituye una invitación a que cada reyerzuelo o reyerzuela autonómica, municipal o institucional haga de su capa un sayo y dictamine lo que le salga de las narices, propias o subordinadas. Se inicia así el nuevo estilo de gobierno que se nos ha recientemente anunciado, y se inicia por lo que personalmente más nos duele a algunos: la educación, la pobre educación, que, total, siempre es la más apta para hacer de gaseosa (los experimentos, con gaseosa). Ya se ve por dónde va a ir aquello de la «prioridad de las prioridades».

Aparte de la cruzada laica, parece claro que está rápidamente organizándose la cruzada igualitarista, contra los itinerarios o contra cualquier forma de diferenciación que aparezca en el horizonte escolar, por tímida y pazguata que sea. Qué curioso: algunos nacionalistas que a nivel del Estado y a voz en grito defienden su «hecho diferencial» son, a la vez, furibundos defensores de un igualitarismo nacionalista, especialmente en lo que a los componentes formativos se refiere. Hay que darles a todos la misma cocina casera, bien casera por cierto.

¿Y todo para qué? ¿Qué es lo que de hecho van a poder cambiar? Les llamarán de otra manera, pero no van a tener más remedio que instaurar en la escuela secundaria procedimientos de tratamiento diversificado a unos escolares que realmente son diversos entre sí. O lo hacen, o harán el más sonoro ridículo en el ámbito internacional, además de acumular fracasos escolares sin número. No es eso, con todo, lo preocupante. Lo preocupante es que se comience socavando de manera tan burda uno de los pilares básicos del ordenamiento educativo, desde los niveles más amplios (el Estado) hasta los más reducidos (cada escuela, cada familia): el principio de autoridad. Se trata quizá de resucitar a Ferrer i Guardia. Eso sí que es mirar a lo lejos, hacia el futuro. Que Santa Lucía les conserve la vista.

Insumisión autonómica a la LOCE
La Ley debe cumplirse
Carlos Vidal Prado Libertad Digital  6 Abril 2004

Creía que en un Estado de Derecho las normas se aprueban para ser cumplidas. Creía que las garantías que se prevén en una democracia para proteger los derechos de los ciudadanos, salvaguardar la publicidad de la actuación política y proporcionar un mínimo de seguridad jurídica debían ser respetadas. Creía que aquellas personas que desempeñan responsabilidades públicas eran las primeras llamadas a cumplir ejemplarmente la normativa que regula sus actuaciones. Pero parece que algo está cambiando en España. El "uso alternativo del Derecho", tan defendido desde sectores de la izquierda, está alcanzando ya límites insospechados. La "interpretación flexible de las normas" se está convirtiendo, lisa y llanamente, en la justificación de su incumplimiento. Pensemos en las normas que regulan el día de reflexión previo a las elecciones, en las que se refieren a la constitución de Grupos parlamentarios en las Cámaras, y en la Ley Orgánica de Calidad de la Educación. Espero que los cambios anunciados no sean tan radicales como para que nuestro Estado de Derecho deje de serlo.

La LOCE y todos los Decretos que la desarrollan se han dictado al amparo del artículo 149.1.30 de la CE, que habilita a la Administración central del Estado para aprobar la normativa básica que afecte al sistema educativo español. En numerosas ocasiones se ha referido nuestro Tribunal Constitucional al ejercicio de esta competencia, y ha afirmado que el calificativo de "básico" tiene la finalidad de "asegurar, en aras de intereses generales superiores a los de las Comunidades Autónomas, un común denominador normativo". Es más, las competencias estatales pueden no agotarse con la fijación de las bases, sino que también pueden comprender la de coordinación del sistema educativo. Las Comunidades Autónomas, en consecuencia, están obligadas a aplicar la normativa básica estatal, y sólo podrán desarrollarla en el marco previsto en las disposiciones que la conforman.

Muchos de los compromisos que asumió el PSOE se formularon en la confianza de que no iba a llegar a formar Gobierno. Pero si ahora quiere respetar todo lo que se dijo al frente de las manifestaciones callejeras, debería modificar esta normativa básica, y tendrá que presentar un Proyecto de Ley Orgánica en el Parlamento, que requerirá su aprobación final por mayoría absoluta del Congreso después de un procedimiento que incluye su paso por el Senado y que duraría, como mínimo, dos meses. Entre tanto, lo único que podría hacer es modificar o derogar alguno de los Decretos de desarrollo de la Ley, por medio de la aprobación de otro Decreto por el nuevo Gobierno. Mientras esto no suceda, cualquier ciudadano español está vinculado por esta normativa y, con mucha más razón, alguien que ocupa un cargo en el Consejo de Gobierno de una Comunidad Autónoma. El incumplimiento de una ley que, como en este caso, puede causar perjuicios a terceros, lleva consigo responsabilidades jurídicas, no sólo civiles sino incluso penales, además de las responsabilidades políticas que deberían depurarse en los órganos legislativos autonómicos.     Carlos Vidal Prado es profesor titular de Derecho Constitucional en la UNED.

Rajoy advierte de que ceder al chantaje de los terroristas sería un error colosal
LUIS AYLLÓN ABC 6 Abril 2004

MADRID. El secretario general del PP, Mariano Rajoy, subrayó ayer que pretender buscar razones o explicaciones políticas al terrorismo «es un error de colosales proporciones» y que no se puede ceder a sus exigencias.

Rajoy, que acababa de participar en una reunión del Comité de Dirección del PP, se refería así al comunicado enviado a ABC por el grupo islamista armado autodenominado «Ansar al Qaida en Europa». en el que amenazan con más matanzas si no se retiran las tropas españolas de Irak y de Afganistán.

El secretario general de los populares insistió en que «no es bueno ceder nunca a las peticiones de los terroristas» y recordó que esa es la actitud que se ha mantenido en España en los últimos años. «Podríamos irnos de un lado a otro -afirmó-, y al día siguiente pedirían una cosa distinta».

Principal prioridad
Rajoy reafirmó que la lucha antiterrorista seguirá siendo para el PP «la principal prioridad en la vida pública» y que su partido dará un apoyo «pleno, total y absoluto» al nuevo Gobierno en esa tarea, en el marco del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo. Precisó que el apoyo ofrecido se extenderá a todas aquellas medidas que se adopten «sin más límites que el cumplimiento de la ley».

El dirigente popular se mostró convencido de que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero mantendrá las líneas de trabajo en la vertiente policial, en la cooperación internacional y en las reformas legales para lograr una mayor eficacia, pero advirtió de que «con el terrorismo no se puede hablar, ni dialogar, ni pactar. ni pagar ningún precio político».

Pacto Antiterrorista
Sobre si la Comisión de Seguimiento del Pacto debe ser convocada con carácter urgente como ha pedido la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Rajoy indicó que corresponderá hacerlo al nuevo Ejecutivo, pero expresó su disposición a acudir. También se mostró abierto a la incorporación de otros grupos parlamentarios, pero puntualizó que el problema para ello no es una cuestión de formas sino de contenido «porque hay partidos en las Cortes -recordó- que no comparten la política acordada por PP y PSOE en lucha contra el entorno del terrorismo o que apoyan el diálogo con los terroristas».

«Lo importante -enfatizó- es que el hecho de que cambie el Gobierno no cambie la política antiterrorista».

Rajoy indicó que esta posición del PP será fijada en el debate de investidura e instó a todos los grupos a que hagan lo mismo.

El secretario general del PP señaló que en la reunión celebrada por el Comité de Dirección habían sido analizados los acontecimientos del pasado fin de semana en Leganés, y transmitió sus condolencias y las de su partido a la familia de Francisco Javier Torronteras, el miembro de los GEO que resultó muerto.

Igualmente, deseó una pronta recuperación a los policías heridos y felicitó a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado por la operación en Leganés, por su actuación al evitar el atentado del AVE y por las detenciones de miembros de ETA.

Aprovechó para pedir a los españoles que confíen en las Fuerzas de Seguridad, en las Instituciones y en la Ley, a pesar de que se vivan «momentos difíciles que pueden generar dudas a muchas personas», dijo, al tiempo que sentenció: «La decencia va a ganar esta batalla».

Carrascal se muestra «pesimista» respecto al futuro del Estado de las Autonomías
El periodista presentó ayer su nuevo libro «España, la nación inacabada»
C. David Carrón La Razón  6 Abril 2004

Madrid- «Si el Estado de las autonomías se toma como de fin de trayecto, habremos resuelto nuestro problema territorial; si se toma como una estación intermedia, malo, porque pasaremos al estado de las soberanías; y la soberanía es indivisible». Ésta fue la advertencia con la que finalizó ayer el periodista y escritor José María Carrascal la conferencia que pronunció en el Casino de Madrid para presentar su nuevo libro: «España, la nación inacabada» (Planeta). El reconocido articulista y colaborador de «LA RAZÓN» admitió que respecto al futuro de las reivindicaciones nacionalistas «el libro es pesimista, aunque suelo ser optimista en todo, no puedo olvidar que soy nieto del 98». El autor expresó su temor a que «si no sentimos la diversidad de nuestro país como propia y no como ajena», entonces, «el Estado de las autonomías habrá servido para desarticular España». Carrascal realizó un análisis cronológico en el que trató de dar respuesta a la cuestión de «por qué uno de los estados más antiguos de Europa tiene tantos problemas como nación».

Durante su discurso, analizó desde la época ibérica hasta el siglo XX, que definió como «caótico y sangriento». Se detuvo especialmente en el Imperio Romano («España es un producto de Roma ¬asegura¬, pero era una provincia, no una nación»), la Edad Media («la corona prestó más atención al Imperio que a la cohesión interior», supone una de las principales tesis del ensayo) y en la Restauración borbónica («comienza con la alternancia de poder como en los países modernos, pero era una farsa», subraya). El que fuera durante años corresponsal en Nueva York explicó que «España, una nación inacabada» nació de su anterior libro, «Cartas españolas a mi mujer», en el que narraba de manera sintética la historia de nuestro país a su esposa, que nació en Alemania. Durante esa experiencia se preguntó el porqué de la escasa cohesión interna de nuestra nación y ha buceado en la historia para hallar algunas de las causas. También se ha servido para este análisis de sus muchos años en el extranjero y de la visión que fuera tienen de nosotros. Teniendo en cuenta estas razones, el periodista admite que «lo español existe, así que España debe existir de alguna manera. Lo que ocurre es que los españoles no somos capaces de articularnos».

Carrascal estuvo acompañado en este acto de presentación por el presidente del Casino madrileño, Manuel García-Miranda y Rivas y por el catedrático Luis Suárez, quien acudió en representación de la Real Academia de la Historia. García-Miranda elogió al periodista por ocuparse de uno de los problemas más acuciantes del «viejo solar hispánico». Suárez destacó del ensayo que su autor se ha preguntado «¿Qué es España?, con una actitud de historiador ¬porque parte siempre del tiempo presente¬, de periodista ¬qué pasó para que ocurra esto ahora¬ y de ensayista ¬porque intenta dar respuesta¬». El historiador entroncó el concepto de «España inacabada» de Carrascal con el de «España invertebrada» de Ortega y Gasset, aunque quiso precisar que «inacabada no quiere decir que no exista, sino que no se ha rematado totalmente».

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