AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 8 Abril 2004

Mi mundo no es de este reino
Amando DE MIGUEL La Razón  8 Abril 2004
Dinamita en el Pacto
Ignacio Villa Libertad Digital  8 Abril 2004

¡Estamos en guerra!
Agapito Maestre Libertad Digital  8 Abril 2004

Irak: las tropas y el tiempo que haga falta
EDITORIAL Libertad Digital  8 Abril 2004

Segundo frente en Iraq
Editorial La Razón  8 Abril 2004

El insulto
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  8 Abril 2004

El eslabón más débil de Occidente
Eduardo DE PRADO La Razón  8 Abril 2004

Islam radical, guerra santa e inmolación
JOSÉ MARÍA MARDONES
El Correo  8 Abril 2004

Conexión iraní en Iraq
Alejandro Muñoz-Alonso La Razón  8 Abril 2004

Las facturas de Zapatero
Francisco Marhuenda La Razón  8 Abril 2004

Crema catalana
Amando de Miguel Libertad Digital  8 Abril 2004

Manifestación de Leganés
Cartas al Director ABC 8 Abril 2004

Chantaje terrorista
Cartas al Director ABC 8 Abril 2004

Rajoy ofrece ayuda al PSOE para frenar a los nacionalistas
C. M. La Razón  8 Abril 2004

PSE, PP y UA, contra la pretensión de Ibarreche de acabar con el modelo educativo en español
Redacción La Razón  8 Abril 2004



 

Mi mundo no es de este reino
Amando DE MIGUEL La Razón  8 Abril 2004

Ya es atrevimiento declarar enfáticamente que los españoles no tienen miedo ante el terrorismo, nunca lo han tenido. ¿Tan diferentes somos? No es posible que otros pueblos estén aterrorizados por el terrorismo y nosotros nos sintamos inmunes a ese sentimiento. La declaración valentona se hace para no reconocer que el inesperado triunfo electoral del 14 de marzo se debió en gran medida a una reacción visceral del electorado. No entiendo por qué hay que avergonzarse de la realidad. Algo así como un par de millones de españoles trataron de vencer el miedo a la matanza terrorista del 11 de marzo votando a quien no iban a votar. Mejor dicho, más que mover el voto en una dirección positiva, el miedo invencible les llevó a castigar al PP, a hacer de Aznar la víctima propiciatoria. El grito no era «musulmanes asesinos» (los de Ben Laden y asociados) sino «Aznar asesino». Curiosa inversión de los términos, pues, de todos los políticos eminentes, Aznar es el que ha estado más cerca de morir a manos de los terroristas. La víctima se torna en culpable; esa es la inversión que provoca el miedo colectivo, más aún cuando no se quiere reconocer su existencia.

Yo también he sentido miedo por la matanza del 11 de marzo. No me avergüenza reconocerlo. No distingo bien a unos terroristas de otros. Todos son de la misma calaña. No comprendo que los fundamentalistas musulmanes sean despreciables y, en cambio, haya que «dialogar» (ceder) con los integristas vascos, «nuestros hijos de puta», según la conocida expresión yanqui referida a los dictadores centroamericanos. Mi miedo en el acto electoral del 14 de marzo me llevó a reforzar mi voto a favor del PP. Por una razón: es el partido que se ha embarcado con mayor decisión en la lucha contra el terrorismo. Los que no reconozcan ese hecho no van a poder conjurar el pánico que interiormente les produce el terrorismo. No hay mayor miedo que negar el miedo. Recordarás la famosa frase de Franklin D. Roosevelt en 1933: «Lo único que nos debe dar miedo es el miedo mismo, es decir, el terror irracional e injustificado que paraliza el esfuerzo necesario para convertir la derrota en victoria». La célebre declaración proviene de una idea de Thoreau. Falsamente se suele atribuir a John F. Kennedy, pero sigamos. Me pierde la erudición.

Ahora que Aznar ha hecho su mutis por el foro (en este acto, en esta obra), puedo opinar sin que parezca halago al poder. Aznar pasará a la Historia como uno de los jefes de Gobierno más eminentes que ha tenido España. La prueba es que polariza la enemiga de la intelectualidad mediocre, de tantas personas que no alcanzan a vencer sus miedos de otra forma.

José María Aznar me recuerda algunos trazos de la biografía de Winston Churchill, aun siendo tan diferentes el uno del otro. El líder conservador inglés se empeñó en que sus compatriotas se embarcaran en la cruzada contra Hitler. En solemne declaración les dijo: «No tengo nada que ofreceros; solo sangre, fatigas, lágrimas y sudor». (Ignoro por qué se suprimen las «fatigas» de la traducción de la famosa frase al español). Al final, Hitler fue derrotado, fundamentalmente porque los estadounidenses ¬por segunda vez¬ se unieron a los aliados europeos. Pero el sacrificio fue tan inmenso para los ingleses, que necesitaron una víctima propiciatoria para conjurar sus «fatigas» en la crudelísima guerra. Contra todo pronóstico, en 1945 Churchill resultó derrotado en las elecciones. Años más tarde volvió al poder, pero esa es otra historia.

Aznar decidió romper la tradición española de varios siglos de aislamiento internacional. La España contemporánea ha sido una especie de Tibet europeo. Todavía son muchos los españoles del «no a la guerra» (como los ingleses en 1940). Pero Aznar forzó la decisión de participar con los aliados en la III Guerra Mundial, que no es otra que la guerra contra el terrorismo. La guerra debe ser la mínima necesaria, hasta el punto de que el ideal es siempre la paz cuanto antes. Eso lo saben muy bien los militares, que para eso estudian y se entrenan. El problema es cuando la alternativa a la guerra no es la paz sino ceder ante el enemigo, como pensó Churchill en 1940. Paradójicamente, esa cesión puede llevar a un conflicto interminable. No me vale la componenda de que los terroristas asesinen en otros países y no en el mío.

No me gustaría que mi Gobierno cediera ante el enemigo terrorista. Preferiría que siguiera en el bando de los aliados contra las bandas terroristas. Los terroristas suelen tener muchas reservas contra la libertad. La guerra contra el terrorismo es también el esfuerzo colectivo para que haya libertad en tantos pueblos donde no la hay. Si las tropas españolas están con los aliados en algunos países es para que haya libertad. Me gustaría que no desistieran de ese empeño. Bueno, los militares están a las órdenes del Gobierno. Eso está bien.

Sé que mis deseos chocan contra los sentimientos de muchos de mis compatriotas, aunque ellos no se llamarían así. Pero ¬qué le vamos a hacer¬ compartimos la misma patria, es decir, la tierra y la historia de los padres. No es algo que se pueda cambiar.

Dinamita en el Pacto
Ignacio Villa Libertad Digital  8 Abril 2004

Lo que era una evidencia política se está convirtiendo en una realidad con pruebas contantes y sonantes. La gran campaña de aislamiento del Partido Popular que el Partido Socialista ha emprendido tras el 14 de marzo no es una estrategia más o menos pasajera. Ese aislamiento obsesivo y revanchista va ser el núcleo central de la política del Gobierno socialista durante esta legislatura. En el fondo, esta actitud contra todo lo que signifique Partido Popular es ya una coartada para poder sobrevivir –siempre malamente– a las muchas hipotecas políticas de Zapatero y a la multitud de promesas electorales que no van a poder cumplir, desde ningún punto de vista.

Rodríguez Zapatero se ha encontrado tal avalancha de "patatas calientes" que se le ha hecho imprescindible la búsqueda de un asidero para refugiarse. Y lo ha encontrado en un gran frente "anti-PP", que va a ser utilizado para todo y para todos. No faltan muchos días para que tengamos que escuchar que el motivo de todos nuestros males es el Partido Popular. ¿LLueve?, la culpa es del PP. ¿Hace calor?, el culpable es Aznar. ¿Hace frío?, muy fácil, el motivo serán los ocho años de Gobierno popular. Pase lo que pase, todo se debe a "la intransigencia, a la tozudez o la torpeza" del Partido Popular. Al paso que vamos, el Gobierno socialista de Zapatero, de quién sabemos sus nombres pero poco más, va a utilizar como su gran argumentación una visión negativa de la "herencia del PP". Algo que no se corresponde a la realidad y que demuestra una gran pobreza programática y política.

Esta actitud, que de por sí ya es muy grave, esconde algo todavía peor: la incapacidad de mantener una política seria y reconocida internacionalmente en Irak, y la constancia de que el Partido Socialista pretende dinamitar el Pacto Antiterrorista para ceder ante los nacionalismos. Sobre esta última cuestión, la realidad se impone por días a cualquier análisis. Desde el PSOE se está creando un estado de opinión que transmite que el actual Pacto por las Libertades está superado por la aparición del terrorismo islámico, y que por lo tanto hay que abrirlo a todos los partidos del arco parlamentario. Y la pregunta salta de forma inmediata: esa irrupción del terrorismo integrista en España, ¿supone abrir la puerta al PNV y a ERC que buscan con fórmulas diversas el acercamiento a la banda terrorista ETA?. ¿Qué tiene que ver que se hable de terrorismo, para ceder ante los que han pactado con los terroristas de ETA? ¿Alguien puede "tragarse" esta falsa estrategia socialista, que sólo busca apoyos parlamentarios de los nacionalistas?

Es evidente que los atentados del 11 de marzo abren una nueva puerta del terrorismo, pero también es cierto que los mecanismos del Estado están preparados para hacer frente a los ataques, vengan de donde vengan. En todo caso el entendimiento deberá ser de los dos grandes partidos -PP y PSOE- a la luz del Pacto Antiterrorista, sin abrir la puerta a aquellos partidos que han pactado con los terroristas etarras buscando una recompensa política. Estos partidos, no hay ninguna duda, tienen nombres y apellidos; me estoy refiriendo al PNV y a ERC. Zapatero no sabe que hacer con esta nueva situación. El que tanto ha cacareado ser el impulsor de ese Pacto, ahora está dispuesto a dinamitarlo por la vía de los hechos. Abrir el Pacto a los partidos que han buscado el juego político con los terroristas, es cargarse el Pacto. Y eso el PSOE, lo sabe. Por eso busca desesperadamente la confrontación con el PP. Una salida sin justificación política y que le pasará -en poco tiempo- su correspondiente factura política.

Asuntos internos
¡Estamos en guerra!
Agapito Maestre Libertad Digital  8 Abril 2004

Hay gentes que no han querido enterarse de que estamos en guerra, por los menos, desde el 11-S de 2001. Son unos mentirosos que merecen mi repudio. Nadie los va a sacar jamás de su error, simplemente porque ellos no creen en el error sino en la mentira. Si hubiera sido por error, podríamos discutir con ellos, pero al mentiroso sólo cabe someterlo a vergüenza y culpa. Los errores pueden discutirse, incluso rebatirse, pero la mentira hay que despreciarla. El error siempre contiene un afán de verdad. A veces, el error no es sino una hipérbole de la verdad. Un gran error siempre es un estímulo para la ejercitación de la razón. El saber progresa por la corrección permanente del error. La verdad no sería viable sin previo error. Sin embargo, hay dogmáticos y mentirosos que no están dispuestos a discutir errores, según ellos, porque todas las “ideas” son respetables. Pobres gentes, niegan la posibilidad del desarrollo intelectual y, de paso, mancillan la base de la moralidad: el respeto a la persona. Confunden la libre discusión de las ideas con las personas que las defienden.

El relativismo moral es tan idiota como malo. Entre estos relativistas algunos dan un paso más. Y no contentos con “respetar” cualquier opinión bárbara, quieren que si la barbaridad es mantenida por una mayoría, tenga que seguir seguida por el resto. Pues bien, mi posición es sencilla, primero, respetaré siempre a las personas y combatiré sus ideas si erróneas me parecen; segundo, jamás me dejaré someter a la dictaduras de las mayorías; tercero, siempre distinguiré entre la opinión pública, hija de un juicio prudencial variable según los acontecimientos y circunstancias de la vida, y la conciencia nacional, resultado de juicios ciertos basados en principios inmutables de la nación, por ejemplo, España no es nación de naciones sino la única nación.

Y porque sólo discuto errores que estimo altamente, jamás discutiré con quien aún no se haya enterado de que estamos en una guerra que el fundamentalismo islámico declaró hace años a Occidente. Tampoco le presto la más mínima atención a los “ideologemas” y falsificaciones de los partidos, si no me sirven para desprestigiar a quienes los utilizan. Desprecio, pues, a quienes culpan al PP de los muertos de Madrid y Leganés. Mil razonamientos podría dar mostrando la falsedad del aserto, pero todos serían inútiles para deshacer una mentira. No estamos ante opiniones más o menos discutibles, como se empeñan en mantener algunos “distanciados” de la verdad, sino una añagaza del PSOE para acceder al poder. Un engaño deliberado que el PSOE, si EEUU no lo remedia, seguirá utilizando para ganar las próximas elecciones europeas. Mientras tanto, esperemos que el PP deje de debelar errores para denunciar mentiras.

Irak: las tropas y el tiempo que haga falta
EDITORIAL Libertad Digital  8 Abril 2004

Aunque el portavoz de la coalición militar aliada en Irak, el general Mark Kimmitt, ha asegurado confiado que las tropas aliadas derrotarán a los adeptos armados del fanático y criminal clérigo chií Muqtada al-Sadr, nos resulta evidente la necesidad del envío de más tropas para consolidar la transición política y combatir el terrorismo islámico.

El secretario de Defensa Donald Rumsfeld ha anunciado que el Estado Mayor “estudia enviar contingentes adicionales de tropas”, mientras se ha excusado por no haberlas enviado antes con argumentos tan poco consistentes como el de decir que, tanto él como el presidente, George Bush, preguntan con frecuencia a los mandos en Irak si necesitan más tropas. "Es a ellos a quienes escuchamos cuando se trata de tomar estas decisiones. Ellos decidirán lo que necesiten, y recibirán lo que necesiten".

Nos negamos a creer que hayan sido los propios mandos militares destacados en Irak los que hayan denegado la oferta de recibir refuerzos. Pero con independencia de ello, lo cierto es que desde el Pentágono se aseguró, antes de la intervención militar, que no se escatimarían esfuerzos en la posguerra iraquí afirmando que se desplegarían hasta 250.000 soldados y que se llevaría a cabo una transición similar a la que salvaguardó la ocupación aliada de Japón, iniciada en 1945 y concluida siete años después.

Actualmente hay en Irak un total de 135.000 soldados estadounidenses y desde Washington no se está inculcando a la opinión pública la necesidad de una larga estancia de las tropas tras el traspaso de soberanía fechado para el próximo mes de junio.

Aunque el Gobierno provisional iraquí –al igual que los sondeos celebrados entre la población civil- son los primeros interesados en que las fuerzas aliadas permanezcan el mayor tiempo posible, no hay que minusvalorar el impacto de la propaganda terrorista y de los sectores más integristas, que es, de hecho, la misma que propagan la mayoría de los medios de comunicación en los países occidentales: “La población iraquí resiste a sus ocupantes”, cuando en realidad son los terroristas los que están masacrando a los civiles y a los aliados que tratan de protegerlos. La revuelta del sector más fanático y liberticida de la población chií, no hay que negarlo, es ahora otro obstáculo para la transición que se suma a las intervenciones del terrorismo de Al Qaeda. Una razón más para recuperar la determinación y el ejemplo de lo que se hizo en Japón a partir de 1945. El mundo libre —y no sólo EE UU— se juega en Irak tanto o más que entonces.

Segundo frente en Iraq
Editorial La Razón  8 Abril 2004

El dramático incremento de los combates en Iraq, los más sangrientos desde que el presidente Bush dio por terminadas las principales operaciones militares tras la caída de Bagdad, pueden hacernos perder la perspectiva de la situación real del país y llevarnos a análisis precipitados. Por ello, lo primero que hay que dejar claro es que las tropas de la coalición internacional desplegadas en las provincias del centro y sur del país, es decir, las de mayoría chií, nunca han controlado el territorio más que nominalmente. El auténtico poder residía en los comités locales y en los jefes de tribus, organizados en torno a un complejo sistema de alianzas y de reparto de influencias. Es en ese caldo de cultivo donde venía haciéndose cada vez más fuerte el sector más radical del chiismo, liderado por Al-Sadr y articulado en torno al llamado ejército del Madhi.

Ha sido, pues, la decisión de cortar de una manera firme el avance integrista, que no auguraba nada bueno, lo que ha provocado la sublevación en esas zonas, hasta ahora consideradas «tranquilas». Como era de prever, la Policía iraquí abandonó sus puestos en cuanto se cruzaron los primeros disparos y parece difícil que las tropas no norteamericanas de la coalición, entre ellas la Brigada «Plus Ultra», bajo mando español, estén dispuestas a enfrentarse en una batalla casa por casa para recuperar las zonas perdidas. De hecho, el contingente ucraniano ha sido el primero en retirarse de su área de operaciones, mientras los mandos españoles negocian con el comité de notables el cese de la violencia. Los italianos se han mostrado más activos, pero tras un enfrentamiento muy duro con los seguidores de Al Sadr han decidido establecerse en sus posiciones. También los británicos, en Basora, han llegado a un acuerdo con las autoridades locales, aunque allí la influencia de los radicales chiíes es mucho menor.

No es mala la política de «contención» de los aliados «menores», como demuestra el que el gran ayatolá Alí Sistani, líder religioso de la mayoría de los chiés, haya hecho un llamamiento a la calma, desautorizando a la minoría radical. Si se evita el contagio de la violencia, algo a lo que no contribuyen precisamente los «mercenarios» occidentales de gatillo demasiado fácil, es posible que las aguas vuelvan a su cauce y que la derrota de las milicias del Madhi sea completa.

Mientras, los norteamericanos libran nuevas batallas en los frentes habituales del centro y del norte del país, donde la mayoría sunni, apoyada por combatientes islámicos y terroristas de Al Qaeda, mantiene la resistencia desde el principio. Es ahí donde se han desarrollado las últimas operaciones, con el bombardeo de una mezquita en Faluya, y es donde están empeñadas la mayor parte de las fuerzas estadounidenses.

Es preciso evitar, por lo tanto, la unión de los dos frentes que, entre otros peligros, supondría el estallido de una guerra civil que haría imposible la transición política.

Antiamericanismo en televisión
El insulto
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  8 Abril 2004

El presentador del late night show más rentable de España, tras exculpar por adelantado a su cadena, dijo mirando fijamente a la cámara: “George W. Bush es un hijo de p...”. No se le calentó la boca, lo dijo serenamente. Preví una avalancha de críticas contra el señor Sardá. Entre los digitales y el papel leo una decena de periódicos al día; si alguien ha hecho referencia a esta ofensa al presidente de un estado amigo y aliado, se me ha escapado. No sé qué resulta más significativo, el agravio o la falta de reacción.

El público aplaudió a rabiar, pero esa gente no representa a la sociedad española. Si así fuera, cuatro de cada diez serían votantes del PP y habrían desaprobado ostensiblemente la injuria, y una parte indeterminada del resto se habría abstenido de aplaudir, espero. Crecido por el éxito, el presentador no dio señales de avergonzarse de su bufonada de valiente que se encara con el fantasma del hombre más poderoso del planeta. Aunque a Bush no le alcance el aguijón, quizá algún compatriota suyo estaría viendo el programa.

Sepa el adlátere de La Trinca que George W. Bush merece, sobre el resto de jefes de estado, un respeto adicional: el de quien encabeza la primera democracia del mundo, cronológica y fácticamente. Es el primer inquilino de la Casa Blanca que habla nuestro idioma, y sus muestras de afecto hacia España han sido múltiples. Su país nos apoyó, frente a uno de sus aliados históricos, en el único conflicto que hemos tenido en muchas décadas. Y esto algo tan importante que parece mentira que se le escape a tanta gente; la ocupación del islote de Perejil por Marruecos sólo le puede parecer una insignificancia a quien no sepa una palabra de historia contemporánea e ignore las pretensiones del vecino africano sobre Ceuta, Melilla y las Canarias. La nación que preside George W. Bush ha salvado varias veces a Europa del totalitarismo y la barbarie y ha entregado la sangre de muchos miles de sus jóvenes por ello, además de haber garantizado la supervivencia de las democracias occidentales durante la Guerra Fría. Es un gran país de gente emprendedora y generosa, y aunque a algunos la persona de su actual presidente pueda no gustarles, ostenta la máxima representación de su admirable nación, igual que el Rey Juan Carlos I simboliza la nuestra sin que por ello nos haya de parecer siempre formidable.

España se ha revelado en el último mes como objetivo prioritario del terrorismo islamista. Nuestra única esperanza de mantener segura a la población, íntegro el territorio y a salvo la dignidad, es continuar siendo aliados privilegiados de los Estados Unidos y compartir con ellos visión y estrategia contra el terrorismo internacional. Una esperanza que ya se está diluyendo a consecuencia del antiamericanismo botarate de toda nuestra izquierda. Insultar gravemente en televisión al presidente de los Estados Unidos de América para conseguir unos segundos de aplausos degradantes no es sólo un recurso actoral lamentable. Es alimentar activamente, desde una plataforma pública, un odio gratuito e injusto contra el único amigo con el que podremos contar cuando las cosas se pongan todavía más feas. Salvo que los socialistas, en el gobierno, se sigan comportando como el público de Crónicas Marcianas.

El eslabón más débil de Occidente
Eduardo DE PRADO La Razón  8 Abril 2004

El domingo día 4 de abril pasado leí con comprensible interés una Primera de José Antonio Vera, director de LA RAZÓN, sobre un libro de José María Carrascal en el que se sostiene, según el resumen de Vera, que España es una nación inacabada.

Me gusta más y prefiero la expresión que utilizo personalmente desde hace varios años, en la que defino a España como «Una nación a medio hacer».

Las dos terceras partes del escrito de José Antonio Vera están dedicadas a resumir la tesis de Carrascal y me parecieron impecables, con lo que estoy diciendo que me pareció muy bien el resumen y que coincido con todo lo que se dice del libro que no he leído, según el resumen mencionado.

De pronto, y de forma absolutamente sorprendente Vera nos lleva, a continuación, en la última parte de su tribuna, a un razonamiento que rompe con todo lo anterior, es decir que no sigue una lógica elemental.
Dice que Europa nos salvará, que Europa salva a España. Me quedé de piedra. Sí, porque si la tesis es que España es una nación inconclusa, a medio hacer, inacabada, y que ello se agrava en esta hora con los separatismos, independentismos, nacionalismos y soberanismos interiores, que amenazan su continuidad, lo que alcanza a proponer Vera para salvar España es ni más ni menos que la Unión Europea (la UE) que es justamente la otra cara de la misma moneda, la que le faltaba a España para dejar de existir como Nación soberana.

Aparentemente, se nos dice, ésa es la solución y se defiende que Europa nos salvará porque la Unión es la Europa de los Estados (y se suele insistir al llegar aquí, casi siempre, con el consabido «no se olvide que ». )
Pero si «pérdida de España» es la tesis y son las interminables negociaciones de traspasos de competencias hacia las autonomías regidas por quienes dicen ya abiertamente que o no creen en España, o que su objetivo es acabar con el sistema, y que van a plantear la salida de España de una o varias partes de su territorio, pérdida de España y de soberanía es el envío de competencias y de soberanía hacia Bruselas, para que mañana entre Francia y Alemania la administren a su antojo, como ya amenazan con hacer.

La salvación de la gallinos ¬es un decir¬, se nos vendría a proponer en esos razonamientos, no consiste ya en que no se las coma la zorra. Consiste en que nosotros mismos les retorzamos el pescuezo a las gallinas, porque si «muerto el perro se acabó la rabia», es evidente que si dejamos de tener gallinas, dejaremos de tener que oír sus quejas y lamentos guturales contra la presencia amenazadora de la zorra.

Si alguien quiere mayor prueba del problema que tenemos y que tiene España, que es una Nación a medio hacer, vean esta de Vera, la cual en la «solución» que propone, «solución» que sin duda sería definitiva, incluye la piqueta que ha de acabar de derruir el Edificio Nacional que los separatismos y soberanismos regional/nacionalistas quieren dinamitar.

Hay muchos elementos que nos llevan a tener que conceder que España es hoy el eslabón más débil de Occidente. El Islam lo sabe. Nosotros también.

No quisiera hablar de anécdotas, si no de categorías, pero los hechos concretos suelen ser a veces muy buenos ejemplos de aquellos principios generales. Ayer, sin ir más lejos, una mujer llamada Pilar Bardem leía un comunicado tras la manifestación de Leganés contra el Terrorismo islamista que podría haber sido asumido por cualquier islamista, radical o no: el Islam puede determinar la Política Internacional, incluso la Interior, de un Estado Soberano como es España, y nadie se escandaliza aquí.

Poco más tarde desde la hondas de la COPE, una tertuliana de «La linterna», sostenía que España no puede ni debe limitar el acceso a los inmigrantes del Magreb y en concreto de Marruecos porque eso sería racismo, y nuestra Carta Magna prohíbe discriminar por razones de sexo, raza o religión.

En este contexto inquietante, la Asociación de Marroquíes en España hace comunicados diciendo y pidiendo que no se incluya a toda la Inmigración en sentimientos de rechazo. De tal manera que los marroquíes organizados en España se convierten de facto en portavoces de «toda la Inmigración en España», incluida la procedente de Hispanoamérica: de Ecuador, Argentina, Perú, Cuba, Santo Domingo México, etc., etc., etc., igual que la del resto de Europa, incluida la Europa románica.

Es como para volverse zombi.

España es el eslabón débil de Occidente porque tiene un déficit tremendo de Identidad nacional, muy serio, muy grave.

Si los redactores del manifiesto leído por Pilar Bardem en Leganés hubieran tenido conciencia muy clara y muy firme, de partida y reconocida, de su identidad nacional (española); de la realidad geográfica e histórica concreta en la que están (Castilla y Castilla dentro de España; Madrid dentro de Castilla) desde la firmeza de la propia identidad ¬España, Occidente¬, su propuesta de tolerancia, acogida, libertad con seguridad, Derechos Humanos, hubiera sido creíble. Al no ser así, todo eso que se leyó suena a puro entreguismo, a miedo y en cierta forma cobardía y claudicación.

Nación inconclusa. Si la tertuliana de la COPE tuviera muy clara y expresa su Identidad nacional española, desde la serenidad y la firmeza se puede ofrecer a los marroquíes y a todos los magrebíes la posibilidad de entrar en España cuando a España le parezca bien, en función de una planificación y de los Intereses Nacionales españoles y la solidaridad. Como no es así, comete la enormidad de, más que insinuar afirmar, que la Constitución Española, que sólo proporciona obligaciones a los nacionales de España, estaría dando derechos a todos los ciudadanos del orbe, por cuanto prohibiría que seleccionemos y elijamos libre y soberanamente inmigración; que prefiramos a Ecuador a Maruecos, Hispanoamérica a El Magreb, y que nos gusten más los que hablan Español y comparten nuestra historia desde hace 500 años que los árabes, algunos de ellos muy amenazantes.

Eso supone, ni más ni menos, aceptar que la Inmigración extranjera esté determinando de forma definitiva la política del Gobierno de España «por mandato Constitucional» sin que los españoles debamos hacer nada por evitarlo.

Esto es el disloque.

España es el eslabón más débil de Occidente por su falta de identidad nacional. Por su renuncia a conocer su propia historia y por el desprecio de los valores y principios sobre los que se fue creando a partir de 711 y se creó a partir de finales del siglo XV como estado, reino unitario y luego nación política en el XIX.
Una cuarta parte de España, que son 10 millones sobre poco más de 40, no quiere ser española, trabaja contra la nación española.

De lo que queda, una mitad considera que la Historia de España no es muy edificante, no se siente vinculada a ella ni la asume y si bien cree que el hecho nacional es tolerable, ello ocurre y es así siempre que ese hecho nacional NO sea el español. Ellos/ellas no son nacionalista ni siquiera nacionales de nada ni de nadie y se limitan a «tolerar», «acoger», «posibilitar», desde la propia falta de Identidad nacional, que otros sí tenga nación, algunas veces incluso contra la propia nación España.

Lo que queda, después de todas esta restas, es bien poco. Poco más de un tercio de los hasta hace poco apenas 40 millones de de españoles.

El problema de Occidente son sus eslabones débiles, y España es el principal.

No se si España estará o no a tiempo de salvar su unidad nacional, de preservar un mínimo común denominador de su estado unitario.

Las fuerzas disgregadoras son poderosísimas ente nosotros. Las fuerzas nacionales, españolas, despreciadoras de la Historia y la realidad de España, considerables.

Demasiada gente progre, supermoderna, superliberal, supertolerante, en España defendiendo los derechos de los pueblos a existir, pero el de «los otros», porque no tienen la madurez política y nacional identitaria suficiente para reconocerse a sí mismos como Nación Española, como españoles y españolas.

Especialmente en Castilla, incapaces de reconocerse como castellanos y castellanas de Castilla dentro de la realidad superior España. «Nosotros somos ciudadanos del mundo», mienten, cuando es evidente que es lo único que no somos. No somos portugueses, ni franceses, ni marroquíes, ni italianos, ni argelinos: españoles y españolas somos.

En 1996 al cumplirse los 30 años, escribí contra aquel infame libro de Jordi Pujol i Soley de 1966 en el que llegó a decir de los andaluces y las andaluzas que eran «hombres y mujeres a medio hacer».
Me dolía como español, como castellano, como castellano de León (doblemente castellanos, dijo alguien) y por lo tanto leonés, y amigo de los andaluces.

Sin embargo, con dolor y ciertas dosis de humildad, creo hoy que hay una parte de verdad en la aseveración de Jordi Pujol de 1966. Pero que somos los españoles y las españolas de todas las regiones de la patria los que con frecuencia dan (damos) muestras de ser una nación a medio hacer, una nación inacabada, mujeres y hombres a medio hacer.

Me duele. Lo siento. Lucho contra ello. Me «sabe mal» tener que reconocerlo, porque no me gusta tener que dar la razón a Pujol i Soley, pero creo que en buena media es así.

Islam radical, guerra santa e inmolación
JOSÉ MARÍA MARDONES/FILÓSOFO DEL CENTRO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
El Correo  8 Abril 2004

Los tremendos sucesos del 11-M en Madrid nos dan qué pensar más allá de las emociones desatadas ante la tragedia de las víctimas y la amenaza que se cierne sobre todos los ciudadanos. ¿Por qué matan los que matan, se preguntaban insistentemente muchas personas? ¿Por qué mueren matando e invocando a Alá? Las respuestas ya no tienen la lejanía ni la asepsia de los hechos vistos en televisión relativos a Israel o a cualquier otra parte del mundo. Están cercanos a nosotros mismos y nos afectan en sentimientos y actitudes.

Comencemos diciendo que las explicaciones no hay que buscarlas indagando en el Corán. Por más explicaciones que se hagan de los lugares donde se cita la yihad, por más que se aporte la evidencia histórica de la tolerancia islámica durante siglos, hoy estamos ante unas minorías que la interpretan de la forma más radical, fanática y desesperada. Los ataques suicidas, el terrorismo bestial, la autoinmolación, de los que es un exponente lo sucedido en Madrid, es producto del islamismo occidental europeo. Ésta es la tesis de un estudioso como Olivier Roy. Tiene la ventaja y el atractivo racional de que se centra no en un tipo de exégesis religiosa, sino en un análisis social, que no desconoce lo religioso.

La exégesis de los textos religiosos, lo sabemos por experiencia cristiana, da para interpretaciones presuntamente correctas y hasta para sus contrarias. No es el camino de dilucidar ni explicar el problema. Pero si miramos hacia algunas de las condiciones socio-religiosas de los integrantes de estos grupos, como, por ejemplo, los componentes de los atentados suicidas contra las Torres Gemelas, comienzan a aclarársenos las cosas. Eran hijos de buenas familias de Oriente Próximo 'occidentalizadas', que bebían alcohol, iban a las discotecas, etcétera. Vinieron a hacer estudios técnicos a Europa. Parece que nunca tuvieron especial formación ni literaria, ni de estudios teológicos o filósoficos islámicos. Sin embargo, experimentaron una reislamización en Occidente, en Europa. La mayoría de los pilotos suicidas tuvo una experiencia de conversión, un auténtico 'born again' o nuevo nacimiento a la fe islámica en una mezquita de Aix-la-Chapelle, en Francia. No les valía la tradición de sus padres y abuelos, se trata de una visión radical, de un islamismo neofundamentalista y violento políticamente.

Olivier Roy ha seguido a los jóvenes que se reislamizan en los barrios periféricos de las ciudades europeas, concretamente francesas, jóvenes, a menudo, de la segunda generación de inmigrantes. Su conversión al Islam y su radicalización no les lleva a la lucha del GIA argelino o a Palestina, les impusa hacia Al-Qaida. Estos jóvenes parece que fueron los autores del atentado de Casablanca en Marruecos, donde murieron 45 personas. Se dicen, como los autores del atentado del 11-M en Madrid, pertenecientes al Grupo Islámico Combatiente Marroquí. Los datos que nos han proporcionado los medios de información acerca de algunos de los responsables de los atentados de Madrid, autoinmolados, responden al mismo cliché: Serhane Ben Adelmajid, llamado 'el Tunecino', llegó a España hace ocho años para cursar la carrera de Ciencias Económicas en la Autónoma de Madrid. Dejó los estudios y trabajaba en una inmobiliaria. Según sus conocidos, tenía una visión fanática y distorsionada de la religión. Desde hacía algún tiempo sus creencias se habían radicalizado.

Son muchas las reflexiones a las que nos incitan estos datos. La conversión de estos muchachos se hace en un clima que hay que considerar en general de esinculturación. Es un fenómeno individual más que colectivo. Si hasta ahora la reislamización predominante en Occidente eran las conversiones hacia un Islam de tipo sufista, de base intelectual y mística, en este momento estamos ante lo que se denomina un tipo de conversión de protesta. Una reislamización que se orienta hacia la protesta militante y mortífera contra los enemigos del Islam

Llegados aquí habría que introducir inevitablemente elementos de nuestra situación política globalizada: el desfallecimiento utópico e ideológico en Occidente, el vacío de perspectivas, la fractura social vivida en la inmigración, el resentimiento contra la colonización occidental y contra la política experior norteamericana en Palestina y su reciente intervención en Afganistán e Irak. Un conjunto de aspectos históricos y actuales que son interpretados como agravios contra el Islam.

Llama la atención este panislamismo agresivo que encontramos casi únicamente en los comunicados de Al-Qaida, que es quien propicia el llamado Frente Mundial para la Guerra Santa contra Judíos y Cruzados. Esta visión unificada del Islam no responde a la realidad ni a la poderosa influencia de las diversas tradiciones y hasta nacionalidades. Únicamente en los medios desestructurados de los barrios de inmigrantes árabes, en medio de una sociedad occidental donde no les resulta fácil la integración, se propicia una reislamización que pierde las raíces concretas de su tradiciones y hace del ideal islámico general una comunidad hacia la que se dirigen sus anhelos.

De estas breves consideraciones sobre la reislamización en Europa y el radicalismo islámico se desprenden muchas y graves consecuencias. Retengamos algo que habría que evitar en nuestras sociedades: la reacción visceral que criminalice a toda la comunidad islámica o marroquí por los sangrientos atentados de Madrid. Un rechazo indiscriminado de los inmigrantes, además de muy injusto, crearía una atmósfera propicia para que, de nuevo, se incuben los huevos del fanatismo entre los jóvenes islámicos que se sentirán rechazados. El radicalismo islámico lanza así un desafío no sólo de hostilidad terrorista, de comprensión distorsionada de una religión y un Dios, sino también de un comportamiento social de cara a la integración social y al carácter mismo de nuestras denominadas sociedades democráticas, multiculturales y abiertas.

Conexión iraní en Iraq
Alejandro Muñoz-Alonso La Razón  8 Abril 2004

Desde que hace ahora un año terminó oficialmente ¬sólo oficialmente¬ la guerra, se sabe que eran varios y diversos los frentes de resistencia que se oponían a la ocupación de Iraq por los americanos y sus aliados. A los elementos del régimen de Sadam, concentrados sobre todo en el llamado «triángulo suní» hubo que añadir muy pronto los fundamentalistas o «yihadistas», conectados de una u otra forma con Al Qaida, que, procedentes del exterior, han querido hacer de Iraq el campo de batalla contra los «infieles».

Pero lo cierto es que, tanto los kurdos al norte como la mayoría chií, que sigue al gran Ayatolá Sistani, han venido dando muestras de moderación y adaptación a la nueva situación e incluso de colaboración con las fuerzas de la coalición. Pero esto se ha roto con la rebelión del grupo minoritario chií que dirige Moqtada al Sadr, opuesto a al Sistani y que tiene el apoyo y la ayuda de los ayatolas iraníes, en cuyo régimen piensa como modelo para Iraq. Para Teherán, el eventual establecimiento de una democracia en el país vecino sería una mala noticia y por eso está dispuesto a hacer lo que sea para impedirlo. No deja de ser significativo que, a diferencia de Al Sistani, Al Sadr no sólo no usa nunca en sus proclamas la palabra «democracia» sino que se ha definido como «el brazo de Hizbulá y Hamas que golpea en Iraq».

Todo esto ocurre, además, cuando se acerca indefectiblemente la fecha del 30 de junio momento en el que, según lo previsto, se debería entregar la administración de Iraq a un «legítimo gobierno iraquí». La fecha no ha cambiado pero los planes no están bien definidos, lo que deja en el aire una perceptible sensación de incertidumbre e improvisación. Y se detecta un patente deseo de los americanos de soltar la patata caliente, no se sabe muy bien a quién ni cómo, lo que se traduce en una apariencia de debilidad, cuyo efecto es animar a los rebeldes y violentos.

Algo parecido se puede decir de quienes siguen apelando a la ONU como una supuesta varita mágica para arreglar la situación, precisamente en unos días en los que se recuerda su ineficacia en Ruanda por no volver a recordar Bosnia. Lo que está claro es que la retirada de las tropas, en cuanto muestra de indiscutible debilidad, sólo serviría para dejar a Iraq sumido en la guerra civil. Los nuevos responsables de la política exterior española deberían leer ¬y entender¬ al gran arabista Bernard Lewis.

Las facturas de Zapatero
Francisco Marhuenda La Razón  8 Abril 2004

Una vez completados los preceptivos trámites constitucionales, Zapatero defenderá su candidatura a la presidencia del Gobierno en el Congreso de los Diputados y la superará sin ninguna dificultad, como estaba previsto, en la primera votación. El líder del PSOE cuenta con el apoyo de IU-ICV y ERC, aunque puede sumar más votos del resto de formaciones que hasta el momento sólo han anunciado que se abstendrán. Como es razonable, el PP será el único que vote en contra. Una vez cumplida la liturgia, ahora llega una etapa tan interesante como apasionante. Con el discurso de Zapatero durante el debate de investidura sabremos cuántas promesas electorales se quedarán por el camino, aunque su mayoría es más que suficiente para que las pueda cumplir todas.

Tras la euforia socialista por la victoria, algo lógico por lo imprevista, ahora deberá lidiar con las exigencias de los nacionalistas y mostrar la fórmula mágica que permita que ERC renuncie a sus planteamientos independentistas o que Ibarreche retire su plan. Hasta ahora hemos escuchado la cansina cantinela de que todo era culpa de Aznar y el PP. Las tensiones de los nacionalistas eran por una falta de diálogo, aunque no sabemos a qué está dispuesto a renunciar el PSOE para calmar al PNV, ERC o CiU. En el País Vasco, por ejemplo, los socialistas han intentado marcar distancias con el PP pero no han encontrado la vía para que se retire el Plan Ibarreche. La crítica es fácil, pero lo difícil es gobernar.

Durante los ochenta y principios de los noventa no existían tensiones significativas con los nacionalistas no porque gobernara González sino debido a que se construía el Estado de las Autonomías. En el momento en que el modelo se completó surgieron los planes soberanistas en Cataluña y el País Vasco. El PNV llegó con su particular hoja de ruta de máximos, que Aznar no pudo asumir, y al poco tuvimos el pacto trampa de Estella. En Cataluña se produjo un proceso mimético con CiU y ERC, con una carrera por ver quién es más nacionalista. La Declaración de Barcelona marcaba claramente el camino y surgió en 1998 cuando no había crispación en las relaciones del PP con los nacionalismos. Carod ha dejado claro que no se conforma con la reforma del Senado. Zapatero ha firmado muchas facturas y ahora le toca pagarlas.

Errores y erratas
Crema catalana
Amando de Miguel Libertad Digital  8 Abril 2004

Encuentro a muchos lectores verdaderamente irritados por mis presuntos ataques a la lengua catalana o a Cataluña. Hay que ser imbécil para atacar a un idioma o a un pueblo. No creo que pueda ser yo tan miserable. Intentaré explicarme una vez más. Para empezar, personalmente considero que el gallego, el vasco o el catalán son parte de mi patrimonio cultural, además del castellano, que es mi lengua materna.

Pedro Andreu echa en cara a los castellanoparlantes que no pronunciemos la elle final de Maragall. Qué le vamos a hacer. En castellano no suele haber palabras terminadas en elle, por lo que ese sonido nos resulta difícil. Por lo mismo nos cuesta pronunciar la ese líquida (Spain). No es ningún desdoro. A muchos canarios, andaluces e iberoamericanos les da pereza pronunciar la zeta. No por eso dejamos de entendernos. Es absurdo pretender que todo el mundo maneje todos los sonidos posibles.

Francesc Xavier Gómez Expósito se molesta en enviarme una larga misiva a pesar de que “(usted) no suele ser Santo de mi devoción”. Don Francesc Xavier es un producto de la normalización lingüística catalana. Estudió en un colegio con “inmersión lingüística” y se siente orgulloso de tal hazaña. “Jamás he dado clases de ninguna materia en Castellano”. Solo Ciencias Naturales, porque al profesor “Don Severiano, pobre, le daba algo de vergüenza hablar en Castellano”. Con sus padres habla castellano y gallego. “Jamás he increpado a una persona por no dirigirse a mí en el idioma que yo quiero y no cambio de lengua por el hecho de que la otra persona se dirija [a mí] en una diferente [a la mía], si yo sé que el interlocutor entiende la mía”. He corregido las faltas gramaticales de las citas, aunque respeto el capricho de las mayúsculas. Él mismo reconoce que no sabe escribir bien el castellano. Mérito tiene si nunca se lo enseñaron. Espero que mi corresponsal tenga un buen trabajo, pues fuera de Cataluña, en España, sería difícil que encontrar un empleo proporcional a sus conocimientos, visto que el castellano no lo sabe escribir. Siento lo que él no siente, que ha perdido una lengua de comunicación internacional cuando era la familiar.

Ramón Guillón Barrera, de San Joan d’Alacant, me envía un verdadero memorial sobre la lengua catalana. De lo escrito por mi, deduce que considero “la lengua catalana como una lengua de segundo orden” y que la “tildo de carácter local”. El hombre me proporciona una lista de autores que son glorias de la Literatura catalana, desde Joanot Martorell hasta Terenci Moix, Josep Pla, Baltasar Porcel y “un larguísimo etcétera”. Mi querido corresponsal: no tiene usted que demostrar que ha habido una larga serie de autores que han escrito en catalán. Le advierto, sin embargo, que casi todos han escrito también en castellano. Es una decisión coherente con la realidad social. No es que el catalán sea de segundo orden moral o estético. Simplemente, el castellano tiene mucha mayor difusión en el mundo. Los autores que escriben en castellano se ven mucho más traducidos a los otros idiomas de comunicación internacional que los que escriben en catalán. La Literatura catalana es muy notable, pero la castellana o española lo es mucho más. Repito que no hay ninguna superioridad moral o estética en esa comparación. La verdad es que las Literaturas francesa, inglesa o alemana son todavía más influyentes en el mundo que la castellana o española. Esa afirmación no es ningún demérito para mi lengua materna. Todas las lenguas son estimables, especialmente para sus hablantes.

Manifestación de Leganés
Cartas al Director ABC 8 Abril 2004

Un conocido mío de Leganés me comentaba que lo que ocurrió la tarde-noche del lunes 5 en esta localidad no tenía nombre. Que un alcalde aprovechara el dolor de sus propios vecinos, víctimas de un brutal atentado terrorista, en que muchas familias se quedaron sin casa, para celebrar un acto político fue deleznable. Con el pretexto de decirle no al terrorismo y de solidarizarse con las víctimas, el máximo representante del pueblo leganense convocó a sus vecinos, la mayoría de los cuales no salían de su asombro al ver cómo los manifestantes más ruidosos no eran de Leganés. Se cantaban soflamas en contra del Gobierno en funciones (no contra los terroristas) y se insultaba a los votantes del partido mayoritario en Leganés. Esto se veía venir, ya que la asociación de vecinos de Leganés norte, barrio donde se produjo el atentado, rehusó acudir al acto propagandístico (al igual que otras asociaciones) del alcalde. Al día siguiente convocaron una manifestación silenciosa frente a la estación de Renfe de Zarzaquemada, en contra del terrorismo y en favor de las víctimas. Ese día se celebró la auténtica manifestación; la pantomima había sido el día anterior. No es la primera vez, de todas formas, que Pérez Ráez intenta politizar un acto público, aunque sí es la primera vez que lo hace con tan mal gusto. Ya el pregón de las fiestas de Nuestra Señora del Butarque intentó convertirlo en un acto del «no a la guerra», ante el abucheo del público asistente. Ese tipo de actuaciones no son ni de izquierdas, ni de derechas, son de personas mezquinas y ruines, independientemente de cuál sea su ideología.   Álvaro Alonso. Pamplona.

Chantaje terrorista
Cartas al Director ABC 8 Abril 2004

El ataque terrorista del 11-M, junto con la colocación de una bomba en las vías del AVE y el suicidio de varios terroristas en Leganés, debería hacernos caer en la cuenta de que nos encontramos ante un peligro de unas dimensiones muchísimo superiores al hecho de retirar o no las tropas de Irak. El ultimátum lanzado para que se retiren nuestras tropas de Irak y Afganistán no es sino una reclamación de los terroristas islámicos, como lo ha sido de los terroristas etarras la agrupación de sus presos, pero ésa no es la solución para alcanzar el fin de la violencia. Los que salen a la calle con cartelitos de «no a la guerra» y con insultos hacia el Gobierno de Aznar, en las circunstancias gravísimas en las que nos encontramos, es que no se están enterando del problema de fondo: los terroristas de Al Qaida están determinados a masacrar la civilización de Occidente, y España es parte de esa civilización. Nuestra respuesta debería de ser de firme determinación a que eso no ocurra desde la unidad y la democracia, y no desviando las culpas a quien ha apostado con responsabilidad heroica por la lucha sin cuartel frente al terrorismo.    Pilar López García.    Pamplona.

Rajoy ofrece ayuda al PSOE para frenar a los nacionalistas
Confirma el voto en contra en la investidura, pero garantiza una oposición «leal y exigente»
Mariano Rajoy confirmó ayer que su partido votará en contra de la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero porque su intención es ser leal desde la oposición a su programa. Tendió la mano a los socialistas para hacer «cosas sensatas y de sentido común» en problemas como el territorial.
C. M. La Razón  8 Abril 2004

Madrid- Su Majestad el Rey don Juan Carlos recibió ayer en audiencia al secretario general del PP dentro de la ronda de consultas con los dirigentes de los partidos que han obtenido representación en el Congreso, con el fin de conocer su posición en la investidura del próximo presidente del Gobierno. Rajoy compareció ante la Prensa después de que José Luis Rodríguez Zapatero hubiera entrado ya en el Palacio de la Zarzuela, pero de la conversación mantenida con el Monarca no dio ningún dato a los informadores que le esperaban, limitándose a confirmar el «no» previsible de su partido a la investidura del «número uno» socialista.

De la sesión fotográfica previa a la conversación privada quedó registrado el intercambio cordial de palabras entre don Juan Carlos y el líder de los populares con motivo de las malos augurios metereólogicos ante las vacaciones de Semana Santa.

Ya en la rueda de prensa, Rajoy justificó el rechazo de su partido a respaldar la investidura de Rodríguez Zapatero en su vocación de ser fiel al programa electoral con el que concurrió a las generales, y que «ha contado con el respaldo de casi diez millones de españoles».

Mantener la estabilidad.
El PP garantiza una oposición «leal, constructiva y exigente» de acuerdo a su programa, y colaboración para que España mantenga una situación de estabilidad constitucional e institucional. «Trabajaré para que eso sea así y ojalá sea así. En los temas que importan a la mayoría de los españoles, y que se ajusten a lo que es nuestro programa, seremos leales con el Gobierno; en los demás, también seremos leales ejerciendo una labor muy importante como es la oposición». Rajoy ofreció especialmente cooperación a Rodríguez Zapatero en la defensa del modelo de Estado ante la agudización de la presión nacionalista que se avecina en la próxima legislatura, y se mostró seguro de que, «más tarde o más temprano», los socialistas se verán abocados a recurrir a su formación para afrontar el problema territorial.

«Para hacer cosas sensatas y de sentido común estará el PP, y estoy convencido de que más tarde o más temprano se pedirá al PP que colabore para hacer esas cosas sensatas y de sentido común».

Pacto antiterrorista.
Subrayó, por otra parte, su rechazo a introducir modificaciones en el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, ni siquiera bajo el argumento de adaptarlo a la nueva amenaza integrista. «Todos los terrorismos son iguales». «El pacto actual es bueno, sin duda tendremos que ser mejores, más eficaces y habrá que adoptar medidas operativas que nos hagan resolver mejor los problemas que plantea el terrorismo, pero [el pacto] contiene principios muy arraigados en el conjunto de la sociedad y no precisa de modificaciones en este momento».

Su postura en la nueva legislatura se ceñirá a defender los principios que guiaron la política antiterrorista durante la etapa de gobierno del PP, y que «han sido compartidos por los socialistas». «Nos gustaría que lo que era bueno para el PSOE hasta hoy lo siga siendo en el futuro».

El secretario general destacó al tiempo que el pacto anti-ETA está abierto de manera permanente a las adhesiones de todos aquellos que se muestren de acuerdo con su letra.

Grandes problemas. Por último, mostró su confianza en que la legislatura que ahora comienza sea «buena», y en que España sea capaz de afrontar problemas como el terrorismo y siga creando empleo y convergiendo con Europa.

PSE, PP y UA, contra la pretensión de Ibarreche de acabar con el modelo educativo en español
Redacción La Razón  8 Abril 2004

Bilbao- El PSE y el PP de Euskadi han criticado la decisión «unilateral» de la consejera vasca de Educación, Anjeles lztueta, de incorporar una asignatura más en euskera al modelo A. Los socialistas y populares lamentan que la consejera haya eludido el consenso en esta materia educativa. El parlamentario vasco del PP, Iñaki Oyarzabal, ha afirmado que el anuncio de la consejera «supone un intento unilateral de romper el consenso legal que representa el actual sistema de modelos lingüísticos en la enseñanza pública vasca y un intento de cargarse el modelo A», de enseñanza en castellano con asignatura de euskera.

Para la socialista Isabel Celaá, es lamentable que los planes de la consejera se hayan dado a conocer antes a la Prensa que al Parlamento vasco, una actitud que ha calificado de «falta de respeto» a las instituciones democráticas. Tanto el PP como el PSE han coincidido en que cualquier modificación del sistema educativo vasco requiere de «un altísimo grado de consenso» y no del «ordeno y mando» y la «frivolidad» de Anjeles lztueta, en palabras de la parlamentaria socialista. Celaá también ha denunciado «las amenazas apenas veladas a los profesores no euskaldunizados, a quienes se insinúa que van a ser nuevamente reubicados en el sistema educativo».

El PP se ha preguntado también por qué en esta reforma se opta por reforzar el euskera en el modelo A «y no se piensa, asimismo, en reforzar el castellano en el D».

Por su parte, el portavoz de Unidad Alavesa, Ernesto Ladrón de Guevara, ha denunciado la «progresiva extinción programada del modelo A» puesta en marcha, a su juicio, por Iztueta. En un comunicado, la formación foralista ha afirmado que la titular de Educación «inaugura otro proceso más en el acoso a lo que queda de la comunidad educativa que opta, por legítimo derecho, a la enseñanza en lengua materna». Según el dirigente de UA la planificación educativa programada «es un paso para convertir el modelo A en B (bilingüe) y finalmente en D (únicamente en euskera) como ya sucedió en el propio modelo B.

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