AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 11 Abril 2004
EL SILENCIO DEL TC ANTE EL PLAN IBARRETXE
Editorial ABC 11 Abril 2004

BALANCE DE UNA TRAGEDIA (I): ¿QUÉ SE VOTA O CÓMO SE PIENSA
JOSÉ VARELA ORTEGA  ABC 11 Abril 2004

CÓMO EVITAR OTRO 11-M
Por RAFAEL L. BARDAJÍ
ABC 11 Abril 2004

Un mes después del 11-M
Editorial La Razón  11 Abril 2004

Moratinos y el nuevo orden
Pablo Molina Libertad Digital  11 Abril 2004

Vuelco electoral por la tragedia (I)
J. M. G. Páramo La Razón  11 Abril 2004

EL MÓVIL DEL CRIMEN
Jaime CAMPMANY ABC 11 Abril 2004

El espejo roto
José María Carrascal La Razón  11 Abril 2004

La globalización democrática
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 11 Abril 2004

BREST-LITOVSK
Jon JUARISTI ABC 11 Abril 2004

PRIMAVERA EN PARÍS
José Antonio ZARZALEJOS ABC 11 Abril 2004

Se cumple un mes del 11-M: La célula terrorista que cometió la masacre está desmantelada
EFE Libertad Digital   11 Abril 2004



 

EL SILENCIO DEL TC ANTE EL PLAN IBARRETXE
Editorial ABC 11 Abril 2004

LA nueva legislatura que va a inaugurar el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tiene una agenda muy centrada en el modelo de Estado y en la revisión del pacto constitucional de 1978. Los nacionalistas catalanes y vascos y los federalistas del PSOE no han aguardado un minuto para exigir que la acción política del nuevo Ejecutivo se atenga a los compromisos adquiridos. No hay que esperar versiones edulcoradas de la polémica: una parte de la izquierda y el nacionalismo en su conjunto repudian las bases constitucionales del actual Estado. La ambición de nacionalistas y federalistas se ha entusiasmado con la victoria del PSOE y dan por llegado el tiempo en que la cosoberanía, la autodeterminación, el Estado plurinacional y demás contraseñas del discurso segregador entrarán en el Parlamento nacional. Además, es probable que tengan razón y que sea entonces cuando se despeje la duda, creciente día a día, sobre la actitud definitiva que tomará el PSOE sobre la cuestión nacional.

Uno de los problemas a los que habrá de enfrentarse ese gran debate que se avecina no se refiere a la calidad de los argumentos que puedan esgrimir PP y PSOE frente al Plan Ibarretxe, a la reforma «estatutaria» catalana o a las peligrosas fórmulas intermedias con que amenazan los especialistas del transversalismo con el PNV. Se refiere a la decepcionante actuación del Tribunal Constitucional en la tramitación del conflicto planteado por el Gobierno contra la propuesta de libre asociación del Ejecutivo nacionalista de Vitoria. No hay razón mínimamente aceptable que explique por qué el TC, después de seis meses, aún no ha resuelto el trámite -sólo el trámite, sin juicio sobre el fondo- de admitir el conflicto y suspender uno o ambos acuerdos impugnados (el del Gobierno vasco o el de la Cámara de Vitoria). En un debate como el suscitado por la propuesta soberanista, en el que se ha implicado el Gobierno de la Nación, el Parlamento vasco, la Diputación de Álava, el Gobierno Foral de Navarra, el Ministerio Fiscal, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, la oposición socialista y la opinión pública en su conjunto, ha tenido que ser el TC, el garante de la Constitución, el único órgano del Estado que ha guardado silencio, siendo el más obligado a pronunciarse, ofreciendo, en lugar de la respuesta debida conforme a sus competencias -cualquiera que fuera dicha respuesta-, un cultivo de especulaciones sobre disensiones internas, ambiciones personales e incapacidad resolutiva.

En las próximas semanas, el TC se renovará en un tercio de sus miembros. Dos serán nombrados por el Gobierno de Zapatero -justo castigo al exceso de confianza del Ejecutivo popular- y otros dos por el Consejo General del Poder Judicial. Nuevo TC, con nuevo presidente y con nuevo ambiente político. Además, el plan está en marcha y el PSOE ha entrado en juego del trueque por un sucedáneo; ha superado el trámite parlamentario de las enmiendas a la totalidad y la tentación de que, en estas circunstancias, su suspensión carece de sentido -o por similar argumento elusivo- es grande. Pero también es grande el coste que el sistema institucional está sufriendo porque el Tribunal que vela por la Constitución no ha respondido con la diligencia adecuada en una coyuntura de crisis sin precedentes. Habrá más, sin duda, y peores, pero ésta, por ser la primera, tenía el valor del precedente y habría servido para marcar las lindes de un debate en el que va a hacer falta apelar, con valentía política y rigor jurídico, a los conceptos básicos del orden constitucional.

BALANCE DE UNA TRAGEDIA (I): ¿QUÉ SE VOTA O CÓMO SE PIENSA?
JOSÉ VARELA ORTEGA  ABC 11 Abril 2004

La alternancia es la higiene de la democracia. Es, pues, perfectamente válido que la mayoría del electorado le haya tomado la palabra al señor Aznar y, además de cambiar de jinete al octavo año, haya decidido cambiar también de caballo. Por lo demás -y suponiendo que tal distinción tenga sentido-, un voto emocionado no es menos legítimo, ni tiene porqué resultar menos acertado, que otro razonado. La cuestión aquí no es qué se ha votado, sino cómo se ha pensado.

La versión más angélica de lo ocurrido la encontrarán ustedes bien resumida en la excelente columna de Javier Pradera en «El País»: el vuelco electoral no se produjo en «Tres días de marzo». Venía gestándose en las semanas precedentes. El debate más agrio, sin embargo, anuda la polémica entre el castigo a una manipulación de la información o, por el contrario, el resultado de una intoxicación de la opinión. Nada que no hayamos escuchado en ocasiones precedentes. La acusación por parte de los partidos de oposición de que el gobierno de turno manipula la TV pública es una constante desde que tenemos uso de razón democrática y, probablemente, se trate de una imputación tan cierta en 1996 como en el 2004. Sea como quiera, las inefables instrucciones telegráficas de la ministra de Exteriores convierten en verosímil la sospecha de que, al menos en ciertas instancias de la Administración saliente, cuajó la idea descabellada de plebiscitar a ETA -que siempre es más nuestro, nos va matando a mano y en pequeñas dosis, aunque lo haga en proporciones estadísticas- como el asesino electoralmente más favorable. Un caso interesante de profecía que se auto-cumple, si bien, como suele ocurrir en estos casos, de manera inversa a la planeada. Sin embargo, la proposición contraria -preferir ser víctimas de la ira de Alá, que siempre es más internacional y nos asesina en masa- tampoco aparece huérfana de fundamentos. Porque, claro, es plausible que uno tenga consigo móviles con los que difundir o recibir convocatorias de manifestaciones ilegales que interrumpen la reflexión -amen de condicionar el derecho de asociación y la libertad de expresión de un partido político-, pero las pancartas que aparecieron en esas concentraciones es ya más difícil de creer que uno las lleve «espontáneamente» en el bolsillo. Por lo demás, los disparates admiten bastante bien combinaciones contradictorias, aun cuando el que Al-Qaida le haya ganado la partida a ETA, y la intoxicación a la manipulación, poco ayude al consuelo de las víctimas y a la salud del sistema democrático.

No obstante, todo eso es lo de menos. Lo malo es que de la masacre y de las elecciones no ha salido un país consciente de una historia reciente de éxito espectacular, al que casi todos han contribuido a su manera desde hace ya más de medio siglo, un país ilusionado ante sus oportunidades, capaz de identificar sus problemas, unido por sus heridas y consciente de las gravísimas amenazas que le acechan. Ha ocurrido lo contrario: mayor tensión, acritud y enfrentamiento que nunca, insultos, reproches y recriminaciones. Es curioso y significativo que se intercambien acusaciones mutuas entre todos y contra todos, menos... contra los verdaderos culpables, los asesinos que han colocado los explosivos y las organizaciones que lo han planeado. Mientras, la realidad, la imagen del enemigo se desvanece de la representación pública, se le escapa entre los dedos del equívoco a un país dividido en una ceremonia de confusión, en el ejercicio freudiano del «mea culpa» y la búsqueda de una víctima con el que cumplir el rito judeo-cristiano del sacrificio propiciatorio.

Ya sabemos quién es culpable de las oportunidades perdidas, de los problemas que nos acucian y de los peligros que nos acechan: el señor Aznar. Tampoco es una teoría muy nueva. De un tiempo a esta parte, se ha instalado en una porción considerable de la opinión española la idea curiosa de que todo eran mieles hasta que llegó Aznar con su bigote para «tensionar» el ambiente. Vamos, pues, averiguando que los pulsos en Bruselas por fondos o por votos, los problemas en el Mediterráneo en general -y en el Estrecho en particular- por escoger un par de ejemplos al azar- son una consecuencia de los humores del señor Aznar. También hemos aprendido que los nacionalismos eran abiertos y dialogantes, tolerantes y respetuosos de los derechos individuales, tan celosos del pluralismo conseguido en el resto de España como practicantes del mismo dentro de sus propias autonomías hasta...que llegó el señor Aznar para radicalizarlos. La fantástica noción de que si uno se resiste a extender un cheque en blanco y entregarlo firmado es un intransigente, mientras que los que siempre cobran el talón sin descuentos son los dialogantes, resulta sorprendente pero está muy extendida.En su formulación más extrema, pero también más acabada, ya nos la explicaron con todo detalle algunos curitas nacionalistas con ocasión de la disolución de ETA cuando pirateaba con bandera Batasuna, una medida que, según los melifluos monseñores, tensionaría el ambiente. Al parecer, lo más piadoso era dejarlos hacer listas de «objetivos» con tranquilidad y sin empujones. Y, en efecto, si la policía dialoga con los asaltantes de bancos y llega a un acuerdo en el reparto del botín, se evitarían sofocos, carreras y disparos por las calles.

Nos dice el señor Zapatero -y dice bien- que la gente «espera políticos que nos digan la verdad». Pues, adelante y que empiecen por decirnos la más genérica de las verdades: la de que Aznar se va, pero la realidad se queda. De modo tal que el plan Ibarretxe no se retira. Se mantiene y prosigue su trayectoria hacia un referéndum que redefina el sujeto de soberanía. Que el PNV y Esquerra tienen mucho más interés en la disolución que en constitución alguna de España es una verdad ante la que no hay porqué rasgarse las vestiduras, en la medida que tiene más de melancólico que de trágico, pero conviene saberla y decirla para que no nos vendan por acuerdos lo que en realidad son etapas. También es verdad que la ley de Calidad de la Enseñanza -«dura lex», según algunos, «sed lex»- ni se acata ni se cumple y que los mismos que hoy celebran el revolcón de la ministra de Educación en funciones, lamentarán mañana la quiebra del Estado de Derecho. Como mañana también se necesitarán los votos -que en Niza se lograron a cambio de otras concesiones españolas ya hoy olvidadas y amortizadas- para los fondos de Bruselas y habrá que enfrentarse al cuello de botella de comunicaciones con Europa que los sucesivos gobiernos franceses tienen paralizadas antes de acceder el PP al Ejecutivo. No he leído ni conocido a nadie entre los euro-expertos, de Ullastres a Bastarreche, pasando por Raimundo Bassols, Ramón de Miguel o Javier Elorza, que describa las negociaciones en Bruselas como un camino de rosas y al autor de la Constitución europea como el más pro-español de nuestros vecinos, ni que deje de explicarnos que la cuadratura del círculo no está tanto en que españoles y polacos se empecinen en tener demasiados votos, como en que Francia -con mucho menos PIB y población- insista en mantener los mismos que Alemania. Como no es menos cierto que la exclusión de España e Italia del borrador franco-alemán de política exterior europea precede, que no sucede, a la carta Aznar-Berlusconi. Lo mismo que nos conviene saber que cuando el gobierno marroquí quiso traficar votos en el Consejo de Seguridad con que apoyar sus ambiciones coloniales en el Sahara por una amenaza de militarización en el Estrecho, fue el señor Powell -que no el de Villepin- quien nos prestó apoyo.

Nos lo prestó porque le interesaba, naturalmente. Conviene, pues, que nos expliquen bien y de verdad cuáles son nuestros intereses, más allá de una visión que identifica a los EE.UU. en general y a Texas en particular con las series televisivas de Falcon Crest, en lugar de hacerlo con la Universidad de Rice, o la Biblioteca de Austin -el mejor fondo bibliográfico iberoamericano que conozco, incluyendo los de Buenos Aires, México, Madrid y Berlín-. No tengo la impresión de que los gobiernos laicos e izquierdistas de la III República tuvieran una particular inclinación por la Rusia teocrática y autocrática de los Romanov, con la que, sin embargo, establecieron una estrecha alianza durante casi cuarenta años. Lo hicieron, es cierto, porque les convenía.

Los EE. UU. no son precisamente la Rusia zarista pero, en todo caso, tampoco en este trance se nos exige paladar sino sentido común. Basta con que nos interese una alianza con la potencia hegemónica que identifica al terrorismo como el mayor enemigo de las democracias, dice estar vitalmente interesada por una seguridad en el Estrecho y en ambas riberas del Mediterráneo -seguridad que, como quedó patéticamente demostrado en la ex Yugoslavia, es también la única capaz de garantizar- y lidera un mercado común pan-americano (TLC) donde tenemos unos 50.000 millones de dólares invertidos y al cual, más allá de la retórica, se ha sumado el mayor país de habla hispana (México), mientras hace cola el resto del subcontinente, empezando por Chile con su gobierno socialista al frente.

Todo eso, guste o disguste, es verdad simplemente porque forma parte de nuestra realidad. Como también lo es que, desde 1917, a los europeos nos ha ido mejor -a veces nos ha ido la vida en ello- manteniendo una estrecha alianza con los EE.UU., un hecho, lo formule Aznar o su jardinero, fácilmente contrastable, sin que por ello tengamos porqué votar al Partido Popular. Por el contrario, dedicarle a M. Chirac, que representa un país con un PIB parecido al del Estado de California, el doble de tiempo que el que se hace esperar al señor Powell, representante de la cuarta parte del PIB planetario, no refleja precisamente la verdadera imagen de la realidad de este mundo.

Se comprende que algunos de nuestros compatriotas europeos, que salen de un pasado hegemónico reciente, tengan algunos problemas psicológicos de adaptación al discreto papel que la relativa modestia de una realidad surgida de dos hecatombes fratricidas nos ha reservado a todos. Debemos también tener paciencia e indulgencia ante los intentos de recrear un pasado glorioso por medio del uso extensivo, abusivo en ocasiones, de la palabra Europa, en un conmovedor ejercicio para promocionar los intereses propios sin integrar los de los demás. Pero, aquellos que venimos de orígenes históricos recientes más modestos y quizá por ello seamos más realistas, hemos de resistirnos a sumarnos al coro de los enanos de la venta. Si de verdad se quiere jugar en serio otra vez a la política planetaria y recobrar una relación multilateral que tanto nos conviene a los europeos, pero evitando resucitar el fantasma totalitario que la hizo imprescindible en 1948, en lugar de voces y gestos desafiantes que agujereen un paraguas americano de seguridad para el cual carecemos hoy por hoy de alternativa, tendremos que diseñar una política internacional coherente que integre los principales intereses europeos, y no sólo los de unos pocos, y habremos de disminuir el creciente abismo económico, científico, tecnológico y militar que nos separan de los EE.UU.

Mientras, ejercitemos la humildad que nos recomienda el próximo presidente del Gobierno. La misma que desarrolla Dominique Moïsi --conocido por su oposición a la intervención en Irak, casi tan famoso por sus conocimientos internacionales como por su arrogancia en un país caritativo con el ademán- quien, en un alarde de humildad intelectual, anima a los europeos a admitir algunas verdades que hasta ahora nos hemos resistido a reconocer: que «no es la América de Bush nuestro enemigo, si no la barbarie» fundamentalista dirigida contra «las democracias occidentales, independientemente de sus relaciones con Washington», que nos enfrentamos a una realidad pavorosa y global que nos ha golpeado antes de Irak y nos seguirá amenazando después, que hay países que financian y entrenan a los terroristas y otros sometidos a regímenes tiránicos y totalitarios que se han dotado de armamento atómico con capacidad balística o están a punto de hacerlo. Sustituir la falta de explicación por la equivocación será un mal negocio electoral. Evitemos, pues, conclusiones precipitadas y decisiones erradas a raíz de la tragedia de Madrid. Digamos la verdad, toda la verdad, y no confundamos las cosas: la retirada de Irak disminuirá apoyos sin reducir riesgos.

CÓMO EVITAR OTRO 11-M
Por RAFAEL L. BARDAJÍ Subdirector del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos
ABC 11 Abril 2004

EN seguridad y estrategia hay una máxima que ha perdurado por los siglos de los siglos: «conoce a tu enemigo tanto como a ti mismo». Al menos si se aspira a adelantarse a desagradables sorpresas y poder salir victorioso de un enfrentamiento no deseado. Y esta máxima sigue siendo válida para el caso del terrorismo islámico. Para evitar otro 11-M como el vivido en Madrid (o un 11-S en Estados Unidos, valga el caso) hay que comprender en primer lugar la lógica de Al Qaeda, sus objetivos, su resolución. Afortunadamente Bin Laden y sus secuaces no nos lo ponen difícil, pues hay muy poca o ninguna disonancia entre lo que escriben, proclaman y hacen. Y por más que durante toda una década la comunidad de inteligencia occidental no le haya prestado la debida atención, más preocupada con otras cosas, la verdad está ahí fuera.

La ambición del islamismo radical -y de Al Qaeda a su cabeza- es reconstruir el Islam bajo una forma fundamentalista religiosa. Y por tierra del Islam comprenden desde Al Andalus a Filipinas, pasando por Uzbekistán, Nigeria y Malasia, sin olvidar Marruecos, Kosovo o Indonesia. Todo eso formaría parte consustancial del nuevo califato. Para lograr ese objetivo global, Al Qaeda ha puesto en pie una estrategia coherente: quiere acabar con los regímenes árabes corruptos del Golfo, principalmente Arabia Saudí por custodiar sus lugares santos. Y para ello necesita doblegar antes la voluntad occidental de cuantos prestan su apoyo a dichos regímenes, principalmente Norteamérica, en quien ven, además, el corazón de todos los males de la sociedad occidental. El 11-S le salió mal a Bin Laden porque en lugar de obtener lo que buscaba, unos Estados Unidos doblegados y vencidos a su antojo, obtuvo un país que hacía de la guerra contra el terror el núcleo de su política, interna e internacional. Bin Laden nunca esperó tener que huir precipitadamente de su residencia en las afueras de Kandahar al sur de Afganistán. Sin embargo, los miembros de Al Qaeda podrían estar pensando hoy que el 11-M sí les ha salido bien, sobre todo si interpretan, como parece evidente que están haciendo, que la retirada del contingente español en Irak se debe a su golpe mortal y a sus constantes amenazas.

Bin Laden no es un criminal cualquiera. No encabeza una banda de gánsters o delincuentes. Representa e inspira una ideología totalitaria, como en su día lo fue el nazismo o el comunismo, que no ve ni entiende ninguna capacidad de coexistencia pacífica con nuestra forma de vida, con la capacidad del individuo para elegir libremente su destino, con los parabienes de la economía de libre mercado o con un sistema político representativo y separado de los asuntos religiosos. Por eso luchar contra él, sus seguidores y su causa no es una simple cuestión de eficacia policial. Perseguirle policialmente no es suficiente porque para derrotar al terrorismo hay que llevar la guerra a su territorio. Y lo antes posible. Esperar, a la defensiva, a detener a quienes perpetran los atentados, ya no es una opción.

Conocer al enemigo que tenemos enfrente, al mismo tiempo que entre nosotros, es necesario para poder luchar contra él con una estrategia adecuada y con los medios necesarios. Lo primero que hay que reconocer es que la amenaza de Al Qaeda es global y que, por lo tanto, la única respuesta que se le puede dar es, necesariamente, multinacional. Nadie podrá vencer por sí mismo a Bin Laden y, a la inversa, nadie podrá escapar de Bin Laden por mucho que se lo proponga o desee. Él ha lanzado una guerra global en la que no hay sitio para neutrales.

Lo segundo es reconocer que hay que dar una respuesta no sólo multinacional, sino simultánea. El terror de Al Qaeda así lo es y esa es la única forma posible de vencerlo. Frente a la tendencia secuencial occidental, la respuesta debe ser otra. Esperar a arreglar los problemas de Afganistán o de Irak, por ejemplo, para combatir las causas últimas del terrorismo islámico o la proliferación de sistemas de destrucción masiva sería un error catastrófico pues el terrorismo no espera, golpea aquí y allá sin conmiseración.

Ahora bien, la guerra contra el terrorismo, para ganarse -y se puede ganar-- tiene que saber discriminar. Aunque no hay cristianos o judíos que se vistan con cinturones de dinamita, no se debe plantear como una lucha entre religiones, porque no lo es. El enemigo son los terroristas, quienes les educan con sus mensajes sobre el Islam radical y violento (y eso incluye todas aquellas mezquitas que así enseñan, desde Madrid a Pakistán, pasando por Boston y París) y aquellos gobiernos que les ayudan, albergan o apoyan. Por lo tanto no es una lucha contra los millones de musulmanes que viven su vida pacíficamente y que rechazan el recurso a la violencia , sino contra quienes dan cobertura y ayudan a los grupos terroristas, como Irán y Siria; una lucha para forzar a que se persigan eficazmente a los terroristas islámicos en países musulmanes, como Egipto, Pakistán y Marruecos, así como para poner fin al patrocinio del wahabismo religioso que está detrás del Islam radical y violento de donde sale quienes atentan y matan a nuestros conciudadanos, como hace Arabia Saudí.

Los Estados Unidos están poniendo en pie una gran propuesta de transformación esencial del mundo árabe y musulmán, bajo la denominación de Iniciativa del Gran Oriente Medio y que busca, en pocas palabras, secularizar, desarrollar económicamente y liberalizar políticamente a todos esos países que van de Marruecos a Afganistán. La base es la creencia de que sin liberalización, riqueza y apertura política el mundo islámico será incapaz de frenar el fenómeno del terrorismo jihadista. Porque sea una iniciativa norteamericana no tiene por qué rechazarse de manera automática, al contrario. Los Estados Unidos son los únicos aliados fiables y capaces en la lucha contra el terror. Simplemente están buscando hacer lo que tanto se les ha dicho que hagan, que junto a una estrategia militar el terrorismo se combate también luchando contra sus causas últimas. Y estas causas, no nos confundamos, están en la manera en cómo se conducen los gobiernos de la zona, que no permiten las libertades imprescindibles para que las personas y la economía se desarrollen y que no ofrecen más que desesperación y frustración en lugar de ilusión y esperanza.

En cualquier caso, la transformación del mundo del Islam llevará décadas más que años y dependerá, sobre todo, de la propia voluntad de los musulmanes el lograrlo. Pero eso no puede ser un obstáculo para que, mientras ese día llega, nuestros gobiernos hagan cuanto esté en sus manos para luchar y vencer a los terroristas y a quienes les apoyan. Y para eso hay que saber cómo luchar apropiadamente. El esquema con el que los españoles veníamos trabajando ha saltado por los aires el 11-M, como el norteamericano quebró con el 11-S.

Errar es de humanos, pero confiar en que los errores se resuelven por sí solos es ponernos ante un riesgo excesivamente elevado. Por eso, a la vez que se hace lo indecible, en todos los niveles, del policial al judicial, pasando por la inteligencia y las fuerzas armadas, hay que saber porqué se falló y qué hacer para evitar más fallos. En Estados Unidos el ejercicio de las lecciones aprendidas o no aprendidas está plenamente en marcha. A lo mejor no sería nada malo que en nuestro país algo similar tuviera lugar. Es la mejor ayuda que se le puede prestar a quienes fallaron y a las víctimas del terrorismo. Y mientras tanto, no olvidemos que las concesiones al terrorismo no suelen ser interpretadas como actos de magnanimidad, sino de debilidad y que ésta incita a más chantajes y mayor violencia.

Un mes después del 11-M
Editorial La Razón  11 Abril 2004

Un mes después del 11-M los españoles no hemos logrado todavía superar la conmoción de la matanza y los acontecimientos, con especial incidencia en las Elecciones Generales, que siguieron a la brutalidad de los atentados. Hace sólo una semana, en Leganés, la trágica muerte de un miembro de los Geo y el suicidio colectivo de siete de los terroristas autores de la masacre nos devolvieron a los peores momentos. Un mes no ha bastado, ni podía bastar, para poder reflexionar con serenidad sobre lo ocurrido ni para recuperar la tranquilidad perdida por la fuerza de las bombas y la escalada de miedo al terrorismo que se extiende por toda Europa. Con todo, lo cierto es que desde los partidos, aún alterados por el vuelco electoral, se habla de la necesidad de pasar página cuanto antes y reordenar la filas para hacer frente a una amenaza que no va a cesar por mucho que lo deseemos, aunque ya sepamos que nuestros policías son muy capaces de afrontar el desafío.

Tiene razón Ana Botella, la esposa del aún presidente en funciones del Gobierno y concejala del Ayuntamiento de Madrid, cuando afirma, en una entrevista con Carmen Gurruchaga que hoy publica LA RAZÓN, que en la lucha contra el terrorismo tiene el nuevo Gobierno socialista su mayor reto. Ana Botella recuerda cómo la política de firmeza ante el terrorismo etarra, la decidida y contundente actuación del Estado de Derecho, de sus Fuerzas de Seguridad, ha logrado llevar a ETA a sus peores momentos, hasta el punto de que hoy se puede afirmar con rotundidad que está más débil que nunca. Por eso está convencida de que la única forma de vencer al terrorismo, sea cual sea, «es luchar todos juntos contra él. Mi reflexión ahora es que los responsables políticos deben afrontar el terrorismo con la misma firmeza y decisión con la que lo han afrontado mi marido y sus gobiernos en estos años».

Los españoles hemos aprendido tristemente, con la pérdida de un millar de vidas sacrificadas, que ceder siquiera parcialmente al chantaje de los terroristas sólo asegura más dolor en el futuro. Y eso es válido también en el panorama internacional, donde la amenaza integrista a todos nos alcanza, sin más motivo que el de pertenecer a un mismo mundo libre. Vivimos inmersos, aún sin sentirlo realmente, en una nueva y extraña guerra mundial en la que Iraq es sólo un escenario más, una batalla que hoy presenta unos resultados lamentables pues en lugar de traer la paz y reconstrucción prometidas, revela violencia renacida y menos esperanzas. Por eso es muy importante conocer, cuanto antes mejor, cuál será la política antiterrorista del nuevo Gobierno y su posición en el concierto internacional en general, y ante el caso de Iraq en particular.

Porque un mes después del 11-M somos ya conscientes de que España está en el punto de mira de Al Qaida, y de que la solidaridad del resto de los europeos implica que ellos también saben que podrían haber sufrido el ataque.

Blogoscopio
Moratinos y el nuevo orden
Pablo Molina Libertad Digital  11 Abril 2004

Tras la reciente victoria electoral del PSOE, uno de sus estadistas con mayor peso internacional, Jesús Caldera, anunció el advenimiento de un nuevo orden mundial. También lo hicieron en su día personajes tan nefastos para Europa como Wilson, Hitler o Stalin. Una tarea de estas dimensiones requiere el concurso de sabios muñidores como Miguel Angel Moratinos, canciller in pectore, bien conocido por sus simpáticas fotografías siempre del brazo de Arafat, mientras con toda seguridad le amonestaba severamente por la mala costumbre de mandar a sus fieles a reventarse en los autobuses y los restaurantes israelíes, tal y como corresponde al responsable de la política de la UE en Oriente Medio.

La nueva doctrina calderil en materia de relaciones internacionales fue esbozada en un artículo de Moratinos publicado recientemente en el Wall Street Journal. Pero esto no era más que una primera aproximación. El pasado cuatro de abril, el corpus doctrinal de la nueva política española fue desvelado en las páginas del Diario Montañés. Cómo será la cosa que hasta en las bitácoras de otros países se han hecho eco del mismo.

“Hace un año se inició una guerra ilegal e inmoral. Una guerra planteada por sus promotores como un conflicto entre el bien y el mal. Una guerra cuyo fundamento y justificación fue una sarta de mentiras y una acumulación de despropósitos”. ¿Chomsky?, ¿Ramonet?, ¿Llamazares?. No, señores, ninguno de ellos. Es Miguel Angel Moratinos, que así comienza su famoso artículo. Con esta tarjeta de visita, el lector puede ir haciéndose a la idea de que el nuevo orden cósmico prometido empieza asomando por el flanco siniestro. Sin este ejercicio de introspección previa, la belleza y la satisfacción intelectual que ofrece la prosa de Moratinos apenas puede vislumbrarse.

En algunos casos se destaca la facilidad para la metáfora de nuestro futuro Ministro de Asuntos Exteriores. En otros son un poco más irreverentes: “El artículo del próximo Ministro de Asuntos Exteriores Miguel Angel Moratinos —ex-palmero oficial de la UE ante Arafat— demuestra un nivel de bilis y de mendacidad muy preocupante de ver en un alto representante del gobierno.”

Finalmente otros se solazan con las nuevas afirmaciones de Moratinos, en las que su conocimiento de la alta geopolítica y el inveterado antisionismo consustancial a la izquierda europea producen alhajas progresistas como la que sigue: “Al-Qaeda no será derrotada hasta que se produzca una solución pacífica del conflicto Israelí-Palestino”. “Cosas como ésta —añade el autor de esta bitácora— son las que me hacen tan difícil concentrarme en otros asuntos. Cosas como ésta me hacen empezar a odiar a los idiotas que piensan que los problemas del mundo acabarían sólo con que los palestinos tuvieran su propio estado. Tengo una noticia para ti, Moro-tinos: El terrorismo continuará con Israel y sin Israel, incluso después de que los palestinos tengan su Estado. Al tiempo.”

La política exterior de ZP ha hecho feliz, por fin, a la masa marxistoide devenida neo-pacifista, que aún piensa que la paz se consigue saliendo a las calles al grito de “paz”, o el sedicente “no a la guerra”, con una flor en la mano y silbando canciones de John Lennon. El siguiente paso, ya se ve venir, será emular a Trotsky: “Ni paz ni guerra”. No se han enterado aún de que por cada pacifista que arroja sus armas al suelo, hay diez terroristas dispuestos a empuñarlas para acabar con él. Sólo cabe esperar que el precio a pagar durante el proceso de aprendizaje no resulte demasiado alto.

Vuelco electoral por la tragedia (I)
J. M. G. Páramo La Razón  11 Abril 2004

A las 5:00 de la tarde del día de reflexión sonó mi móvil. Pensaba, apenado, por mi temor a perder la mayoría absoluta, deseable para resolver la crisis actual. El timbre me arrojó a un océano agitado. La oratoria emocional de ZP había reducido la distancia al candidato del PP. La información telefónica acentuó mi temor hasta pensar en un vuelco de los comicios a favor de quienes criticaban el uso electoral del terrorismo, la retención informativa, la ilegalidad que, en definitiva, usaron ellos y dio la vuelta al resultado. Recordé al Sr. Blanco, quien, sin pruebas, había afirmado la retención por el PP en la línea informativa.

En la manifestación millonaria previa proliferaron pegatinas de «¿Guerra no!» En estos pensamientos llamé inmediatamente, a las 5:00, a un cargo del PP para referir los detalles (que, después, se conocieron por los medios de comunicación del 14, 15, 16 y siguientes. Para mí era muy grave). Se trataba de culpar al PP de la trágica masacre, provocando la ruina de expectativas, por su apoyo a la guerra contra el terrorismo y a la de Iraq, adelgazando la complejidad de la política exterior y de las múltiples razones que convertían, así, en dogma, un silogismo simple alejado de la verdad compleja.

La «culpa es del PP por la guerra» y Aznar es «un asesino». Esta grave y engañosa simplificación, dicha en términos emocionales, llegó a la calumnia y persuadió. «Lo falso que es tenido por verdadero opera como verdadero», según un famoso sociólogo interaccionista. La complejidad de todo lo real, y más la de la política, exterior, se presta a que se acepte como bueno lo simplemente verosímil. Unir guerra y culpabilidad corresponde a personas sólo sensibles a lo simple seriamente amputado de «toda la verdad».

No fuimos a la guerra, no hicimos la guerra; no disparamos un solo tiro, el apoyo de España no decidió nada de lo que ya estaba decidido, nosotros nos comprometimos sólo a colaborar en la reconstrucción del país tras la guerra que hacían otros.

El atentado, espantosamente trágico, benefició, sin espontaneidad, al PSOE. En el 11-M, el PSOE no ganaba. En el 13-14-M comenzó el remonte con la ayuda de gente de IU y pro-socialistas. La operación se había montado muy bien para que no apareciera la responsabilidad directa de los jerarcas conocidos del PSOE. Dada la fecundidad de Lenin y de Gramsci, el asunto estaba muy claro para los que decidieron alentar y votar, y castigar al PP. La fertilidad en crear medios ilícitos para fines lícitos es el abc de los revolucionarios. Decir que el gobierno no mienta y que no apoye la campaña en el terrorismo ha hecho que el PSOE apoyado por el terrorismo y el engaño técnico consiguiese un vuelco absolutamente impredecible para rojos y azules. La libertad de expresión no debiera inmunizar la calumnia, la injuria, la contumelia y engaño de hechos referidos a culpabilidades verosímiles no verificadas.

No voy a ver ya las actitudes marxistas desde Pablo Iglesias en 1888 ni su amenaza velada en el Parlamento de la supresión física de adversarios, ni vuelvo al GAL. Recuerdo solamente: 1909, Pacto del Pardo ¬Galdós e Iglesias¬, la Semana Trágica, la revolución de 1917 ¬Besteiro y Prieto¬, el barullo precedente a la dictadura de Primo de Rivera y la colaboración con ella. Es delicado dar credenciales de demócrata pero desde el 31 al 33, las elecciones «inaugurales» de la República fueron perdidas por socialistas y republicanos en una proporción de 5 a 20. El único sitio donde la revolución del 34 arraigó fue en la ciudad de Oviedo y alrededores con una locura asoladora. Dictadura del 39, 75 muertos y represión. Por si fuera poco, después de una oscuridad tranquila de los militantes del PSOE, muy pocos de los cuales fueron gravemente reprimidos. La izquierda operó con la «feliz» ocurrencia, en 1975, de exigir la ruptura total con el Régimen y recomendar la abstención en la Ley de Reforma Política en realidad la Transición y la reforma radical se hizo por consenso ofrecido por residentes y ex-franquistas. Obviamente no menciono el empate técnico en la votación del Frente Popular en la cual la adscripción del «centro» eliminaba a frente-populares. Hubo malos tratos a algunas personas desapareciendo actas.

A la vista de la llamada recibida a las 5:00 de la tarde del día de reflexión de un amigo adscribible a la izquierda que me informó por cuestión de conciencia. El contacto con alguien de la ejecutiva electoral del PP comprobada de mi fuente, lo comuniqué a quien no lo sabía. En efecto, repetí ¬con toda la fidelidad posible¬ la información de las movilizaciones ante las sedes, con los móviles, internet y eslogans, que todos hemos conocido por emisoras y periódicos correctos o deformantes. Cuando colgué el teléfono me hice el propósito de volver a llamar a las 7:00 para saber cómo iban las cosas. Y hasta esa hora estuve pensando, con asombro, que, en cuanto líder, ZP usaba una retórica sensibilizante cuyo buen efecto se veía en los ojos y los aplausos de la gente. Pensé también que el optimismo de la campaña socialista, a pesar de todas las encuestas, sugería, tenía algo en la manga. Distrajeron al personal con la «película» de los directores de la «cultureta». Estas convocatorias sólo se habían hecho antes con fines lúdicos, sin mucho éxito. Cuando los mensajes se cargan de política en una marea alta de sentimientos, ¿podía haberse ya pensado para la campaña?

Es el título de un trabajo lúcido de R.L. Bardají publicado el domingo 29 de marzo de 2004, su inspiración dostoieskiana niega fundamento al «crimen y castigo» al gobierno de José María Aznar por apoyar el cumplimiento de las resoluciones con la ONU, el derrocamiento de Sadam Husein. Repito, no participamos en la guerra sino en la reconstrucción de los abatidos junto a más Estados-Nación.

Ben Laden cree en Alá; no es un increyente, un laico. Camus sólo creía en los que creen. Hay dioses que se avergüenzan de sus «fieles». Lo que desea el terrorismo islámico es reinar en Arabia Saudí, derrotar a todos los infieles e islamizar a el mundo. Su estrategia en la Guerra Santa es matar a los infieles en Afganistán, Pakistan, USA, Marruecos, España... desde sus cuevas con los cerebros escurridizos y los talibanes de la guerra con EE UU y sus aliados. No le importa el mal que el capitalismo o el socialismo hacen. Quien ofrezca un blanco abatible, rentable, alevoso... El juego de la retirada de tropas de la lucha anti-terrorista y sea una diana rentable y fácil será beneficiado con un atentado o una acción favorable a los que dañan en occidente. El PP en España tenía a todos contra ella.

Ben Laden tiene redes de muchos países, directivos itinerantes. El atentado se llevó a cabo con 100 kilos de explosivo. ¿Quién agradeció al Gobierno del PP, a la la Guardia Civil la intervención de 530 kilos destinados a la estación de Chamartín? ¿Una catástrofe cinco veces mayor a la de Atocha? Ben Laden es un monstruo histórico, un criminal de guerra. Bastan ejecutores como Zougan, Fakhet y compañeros y dos coches con 100 kilos de Goma-2. El culpable es el creyente fundamentalista y su estado mayor. Los que castigaron al PP ignoran la complejidad, y la culpa, los delitos de los gobiernos fascinados por la jihad (Guerra Santa).

EL MÓVIL DEL CRIMEN
Por Jaime CAMPMANY ABC 11 Abril 2004

LA investigación acerca de las circunstancias del crimen horrendo del 11-Marzo nos traerá tal vez algunos datos insospechados que obligarán a rectificar las primeras, precipitadas e interesadas interpretaciones. Quizá queden al descubierto con mayor evidencia de la que ahora se perfila algunas intenciones políticamente detestables y moralmente infames.

Por de pronto, parece cierto que la decisión de perpetrar en España, y por precisar más, seguramente en Madrid, un espectacular y sangriento atentado con muchas pérdidas humanas y capaz de producir un gran estruendo en todo el mundo, era un proyecto elaborado antes del claro apoyo de España a Estados Unidos en su propósito de invadir Iraq. Para entendernos, antes de que se dibujara en el mapa internacional el llamado «triángulo de las Azores». Es probable que la presencia de Aznar junto a Bush, acompañado de Blair, como representante del Reino Unido, eterno e incondicional aliado de Norteamérica, fuese un tanto sorprendente y quizá desmesurada. Puede que no, que ese fue un hecho que admite diversas y encontradas interpretaciones.

Desde luego, la izquierda explotó aquella fotografía de las Azores de una manera abusiva y sin ahorrar acusaciones e infamias. Felipe González puso a España a favor de Estados Unidos en la guerra del Golfo, aunque sin retratarse con nadie. Bien es verdad que la derecha española pone generalmente el interés de la Nación por encima de los de su partido. De aquel «OTAN, de entrada NO» de Felipe, pasamos a entrar en la Alianza y a que el socialista Javier Solana apareciese en su secretaría general. Y nadie explotó políticamente la fotografía de Narcís Serra visitando el barco español en el Golfo y balanceándose sobre la cubierta con sus pies planos.

Claro está que las novedades que traiga la investigación exhaustiva del 11-Marzo no servirán ya para que el PP llore sobre la leche derramada, y en ese aspecto resultan irrelevantes. Pero serán muy útiles para conocer las querellas que el fanatismo islámico conserva contra España y poder medir el peligro que corremos frente al terrorismo de Al Qaeda y sus cómplices y ramificaciones. Y para tener conciencia de que ese peligro nos acecha, gobierne en España quien gobierne, populares o socialistas, y ocupe la Moncloa Aznar o Zapatero.

¿Que cuáles son las querellas que guarda el terror islámico contra España? Pues aquí quiero ver a los analistas políticos, sociales, religiosos, etcétera. Échenles ustedes un galgo. Quién sabe si todavía les duele la expulsión de las razas musulmanes de Al Andalus, la derrota del califato de Abderrahmán III, la conversión en catedral cristiana de la mezquita de Córdoba, las más grandiosa de Occidente, o más recientemente en nuestra presencia en la guerra del Golfo, o simplemente nuestra pertenencia al Occidente rico, civilizado, libre y cristiano. El caso es que estamos en el punto de mira del terrible Bin Laden y de su siniestra organización Al Qaeda. Y este preocupante hecho no tiene su origen en la política de Aznar. Viene de más lejos. Ignorarlo es suicida.

El espejo roto
José María Carrascal La Razón  11 Abril 2004

Lo más curioso y significativo de los terroristas islámicos que han llenado Madrid de sangre es que no pertenecían al proletariado de sus respectivos países, sino a las clases medias y altas, con educación y posibilidades. Que, en fin, no han llegado en patera, sino en avión y vivían no en barracas, sino en buenos pisos. Algo que vale tanto para «el tunecino» como para Atta, el celebro del 11 de septiembre, estudiante de ingeniería en Hamburgo, hijo de una familia acomodada egipcia, como la mayoría de sus cómplices saudíes y yeminitas. O el propio Ben Laden, millonario y terrorista de profesión.

Es lo primero que tenemos que tener en cuenta al trazar una estrategia frente a ellos. El terrorismo islámico no es producto de la pobreza, sino del resentimiento, de la frustración y del fanatismo de buena parte de sus elites, que, al entrar en contacto con el mundo occidental, reaccionan con rencor asesino contra él. Frente a la inmensa mayoría de los que vienen, movidos por el afán de mejorar su nivel de vida, de encontrar más oportunidades y de proporcionar un futuro a sus hijos. Es verdad que buena parte de ellos no desean abandonar sus usos y tradiciones. Pero la mayoría se las arregla para ajustarse a las normas de vida que aquí imperan y es de esperar que, en un par de generaciones, su integración se complete, como ha ocurrido con gentes procedentes de otras culturas muy distantes.

El chico musulmán de clase media o alta que llega a Occidente para cursar una carrera, en cambio, pasa de privilegiado que era a ciudadano del montón o incluso de segunda, lo que puede significar un «shock» para los más vulnerables de ellos. Ve la aplastante superioridad material occidental, conoce a mujeres que se consideran igual ¬de ahí que rechace el trato con ellas o se busque una compañera de su fe¬ y busca la redención en una vuelta a sus raíces espirituales, en la pureza del Islam, en un desesperado intento de revivir los tiempos en que éste era superior a Occidente. En otras palabras, Occidente es el espejo en el que el fundamentalista islámico ve reflejada su pobreza, su retraso, su impotencia. Y trata de romperlo, para que ningún musulmán, ningún árabe vuelva a mirarse en él. Dos son los focos del mismo: esos jóvenes profesionales que resienten la superioridad occidental y los imanes, los clérigos que ven amenazadas sus prerrogativas con el avance de una sociedad laica estilo occidental en el seno de la suya. Hay que vigilar, pues, mezquitas y aulas, que en el Islam suelen ir juntas. Allí es donde germina el odio y la furia destructiva contra nuestra sociedad libre y democrática. Lo que tampoco es tan distinto del terrorismo de ETA, que se cuece en escuelas y sacristías. Aunque esa es otra historia. ¿O es la misma?

La globalización democrática
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 11 Abril 2004

LA CULPA de lo que está pasando la tiene el progreso en las técnicas y medios de comunicación. Sin prensa, radio y televisión, los desfavorecidos de la tierra no sabrían que en otros mundos las gentes pueden votar y prosperar con independencia de sexo, clase, raza, estudios, ideología o religión. Como siempre, detrás están los norteamericanos, que ya en siglo XVII parieron la democracia constitucional referencial para todo el mundo. Como sus parientes ingleses, nunca supieron lo que era una dictadura en su país, ni fueron invadidos por ningún otro Estado.

En el siglo XX salvaron dos veces a Europa de lo que Eric Nolte llamó sus guerras civiles , e impidieron que retrocediese a las tinieblas de las botas absolutistas y dictatoriales.

En su segunda mitad plantaron cara al comunismo, una de las mayores mentiras de la historia, que al final, como escribió François Furet, se disolvió por su propia incapacidad para competir con los que llamaban tigres de papel.

El modelo científico americano dio lugar a la revolución informática del siglo XX y creó las bases del crecimiento y el bienestar moderno. También ayudó Japón, tras la derrota militar de su imperialismo militarista y con la mano de hierro del general MacArthur. Aún tardó siete años en imponerles una constitución democrática. Y finalizando la pasada centuria, EE.?UU. dio a luz Internet, la mayor revolución moderna de las comunicaciones, un verdadero instrumento de liberación personal a escala mundial. Para mayor escarnio, se trató de una innovación del ejército yanki, que como narra Manuel Castells, fue donada para generalizado uso civil, tanto en los propios Estados Unidos como en el resto del mundo.

Los talibanes en Afganistán impedían al pueblo escuchar la radio y ver la televisión; ya no digamos conectarse a Internet. Fidel Castro tiene prohibida la libre conexión a la web ; al igual que la oligarquía dominante china. En los países árabes y en la mayor parte de los países de la tierra, que forman mayoría en la idealizada ONU, no existe libertad de información.

Una persona sin conocimientos, con la mente manipulada, es la materia prima idónea para perpetuar las sociedades cerradas, para condenar a la mayoría de los seres humanos a la condición de cosas para los privilegiados. Para todos los gobiernos autoritarios de la mayoría de las naciones, el gran enemigo a batir son los Estados Unidos y las democracias occidentales. Un contraejemplo a evitar. Están asustados por la posibilidad de una globalización democrática y han concebido la estrategia terrorista contra los pilares democráticos de siempre, EE.?UU. e Inglaterra, junto al resto de los países libres, para impedir que su modelo de vida llegue a sus territorios. Vivimos una guerra política global. La militar, como apuntaba Klausewitz, es la continuación de la política por otros medios. Será larga, el 11-S no ha sido más que su comienzo.

BREST-LITOVSK
Por Jon JUARISTI ABC 11 Abril 2004

HAY quien pretende que, de producirse la retirada española de Irak, no podría bajo ningún concepto hablarse de una cesión ante los terroristas, puesto que la misma figuraba en el programa del PSOE mucho antes del 11-M. Que esta tesis se haya difundido y exista alguien que se la tome tan en serio como para divulgarla en diarios de gran tirada demuestra que la situación es preocupante. Y no me refiero a la situación general del país, ya de por sí delicada, sino a la situación mental de la izquierda.

Conscientemente o no (le podemos conceder el beneficio de la duda), el PSOE adoptó desde el pasado año una estrategia que parecía diseñada por un leninista pirado. En efecto, el derrotismo revolucionario -llámese pacifismo a ultranza o desarme unilateral- fue, como es sabido, un invento bolchevique que funcionó con bastante eficacia entre febrero y octubre de 1917 y se convirtió en la fórmula milagrosa que los partidos comunistas de los países occidentales emplearon, durante los años de la guerra fría, para debilitar el sistema defensivo del mundo libre, deslegitimar a sus gobiernos y crear condiciones para la insurrección que los llevaría al poder según el modelo establecido por el abuelo Vladimiro (que no acabó de resultar infalible porque, descontando el carnaval incruento del mayo francés, todas las insurrecciones europeas de la época tuvieron lugar en desdichadas naciones del bloque soviético y fueron ahogadas en sangre e himnos internacionalistas por los tanques y coros del Ejército ruso).

La otra pata de la estrategia leninista consistía en trabar alianzas con los movimientos nacionalistas de los pueblos oprimidos por el imperio zarista. En la fase revolucionaria, tales movimientos, a pesar de su carácter burgués, podían echar una mano en el derribo del Estado de la burguesía imperialista. Después ya se vería qué hacer con ellos: ancha es Siberia, pensaba, cargada de razón (hegeliana), la vanguardia del proletariado. Los partidos comunistas occidentales no insistieron demasiado en este segundo aspecto, acaso porque los movimientos irredentistas de sus respectivos países, escamados por la forma eficacísima en que los soviéticos habían solucionado los problemas de letones, tártaros, chechenos, etcétera, se echaron en los amorosos brazos de Hitler, para el que cazaron con denuedo rojos y judíos. Hubo una sola excepción a este general desinterés comunista por los pequeños nacionalismos europeos, pero, como es tan sencillo adivinar cuál fue, me da vergüenza mencionarla.

Derrotismo y mano tendida a los nacionalismos, sin embargo, no fueron suficientes para el triunfo de la revolución soviética. Durante los tres primeros años de la Gran Guerra, los bolcheviques no concitaron grandes simpatías en la población. Hizo falta una situación especialmente aflictiva -que vendría dada, desde la primavera de 1916, por el hundimiento de los frentes ante la ofensiva alemana y por la negativa de Kerensky a retirar las tropas, un año después, para que cambiase el signo de la historia-. La combinación de la estrategia derrotista con la angustia colectiva dio la victoria a Lenin. Pero hay un tercer factor que resultó decisivo para consolidarla: Brest-Litovsk. El lento y complicado acuerdo de paz con Alemania no evitaría a los comunistas los desastres de la guerra civil ni la intervención aliada, pero les garantizó un período de relativo alivio hasta el verano de 1918, durante el cual pudieron sentar las bases del Estado soviético y organizar el Ejército Rojo.

En la estrategia leninista lenificada de la izquierda española falta Brest-Litovsk. No hay con quien pactar, salvo con uno mismo, y, siendo los problemas que definen la presente situación claramente exógenos, no pueden ser resueltos por la buena voluntad y buenos sentimientos del pueblo español. Mucho me temo que empiecen a proliferar los vendedores de crecepelo mágico, como ese señor marroquí que ha propuesto al futuro e inminente Gobierno la sustitución, en las mezquitas de España, del clero musulmán wahabí a sueldo de los saudíes por pacíficos imanes malekitas. Con cargo al Presupuesto, por supuesto.

PRIMAVERA EN PARÍS
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 11 Abril 2004

PARÍS es una ciudad sin papeleras. Han sido sustituidas por bolsones de plástico transparente sujetos en cinchas metálicas que permiten observar si en su interior algún desalmado ha depositado un artefacto explosivo. En algunas calles, ni siquiera bolsas. Las papeleras han sido extirpadas como en el Bulevar Haussman, por el que discurría el pasado lunes la comitiva de la Reina de Inglaterra en dirección a la Plaza de la Concordia para ser recibida allí por el presidente de la República, y dar comienzo así a los breves actos de conmemoración del centenario de la Entente Cordiale entre Gran Bretaña y Francia. Isabel II, literalmente expuesta en un vehículo acristalado y arropada hasta la cintura con una manta escocesa, saludaba con desmayo a los pocos parisinos que desde la acera le aplaudían con una sobriedad gélida. Los actos del centenario, casi folclóricos y muy rituales, no escalaron a los grandes titulares de la prensa de París. Más atentos al enorme malestar con el clima de inseguridad colectiva, los medios galos se tomaron el desplazamiento de la Soberana a beneficio de inventario, aunque con una punta de inquietud: por si la alarma general no fuese bastante, la protección de Isabel II venía a añadir desasosiego en una ciudad que parecería haber sido el escenario de la tragedia del 11-M madrileño.

En el Campo de Marte, en los Campos Elíseos, en los alrededores del Louvre, el Ejército patrulla metralleta en ristre; en el Metro se han multiplicado las cámaras de vigilancia y parejas de policía frecuentan los andenes. París está más oscuro que nunca y sus calles y avenidas han abandonado su pulcritud de antaño. Mientras, Chirac empuja a Raffarin a abrasarse definitivamente en una gestión imposible, encarga a su ex ministro de Exteriores, Dominique de Villepin, a demostrar en Interior que su antiamericanismo da buenos resultados en la prevención del terrorismo, en tanto que Sarkozy se afana en rehabilitar una economía cuyo dinamismo decae.

París es hoy el eco más auténtico en Europa de los atentados de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia. El tablero más cierto -por representativo- en el que se representa indisimuladamente el temor colectivo a que se vuelva a producir una catástrofe de las dimensiones de la de Madrid. Francia no ha enviado tropas a Irak; tampoco apoyó a EE.UU. y Gran Bretaña en el Consejo de Seguridad, y Chirac acaba de regresar de Moscú, donde ha avalado a un reelegido Putin tras unos comicios escandalosamente favorables al ex funcionario del KGB. Revel y Glucksmann -ahora también Nicolas Baverez- son voces más atendidas y consideradas que antes. No creen los franceses, a tenor de lo que publican sus medios, que su política antiatlantista les exima de un 11-M o de un episodio tan trágicoy sobrecogedor como el del suicidio colectivo de Leganés. Tampoco que sus vías férreas no sean depositarias de los artilugios criminales de los fanáticos. Parecen haber comprendido con extraordinaria rapidez que las invocadas «causas» del terrorismo islámico son sólo pretextos, como lo eran los de ETA, que, pese a esa celebrada colaboración hispano-francesa, acumulaba sin inmutarse un arsenal letal en los pies de la República con destino a España.

Todo va encajando en un puzle analítico que precipita la opinión de que se acabaron los días de vino y rosas europeos. El paisaje urbano de París es ya otro. Inmigrantes norteafricanos de segunda y tercera generación, pero que siguen inmolando los corderos en las bañeras de sus domicilios durante el Ramadán; naturales de la India y Pakistán que sirven en restaurantes y cafeterías manejando apenas un par de docenas de frases en francés; y subsaharianos que trafican con horribles miniaturas de la Tour Eiffel y driblan con astucia a la Policía con intenciones requisitorias.

París podría ser Madrid y Madrid, París. Ésta es una nueva realidad y un tiempo distinto porque los velos puede que ya no estén en las escuelas de la República, pero se han centuplicado en las calles. Y hay miedo. Un miedo que entrega cuotas de poder a Le Pen en Francia y que en España está a la expectativa para que no lo gestione por el momento un correligionario ideológico del ultra galo. Cuando en una democracia el temor es más evidente y tangible que la libertad, como ocurre en París en esta primavera fría y desapacible, el riesgo comienza a resultar demasiado considerable.

SE PLANEÓ ANTES DE QUE ESPAÑA APOYARA LA GUERRA DE IRAK
Se cumple un mes del 11-M: La célula terrorista que cometió la masacre está desmantelada
Un mes después del 11-M en Madrid, la Policía tiene ya descabezado al núcleo central del grupo que perpetró los atentados e investiga los lazos de los terroristas con Al-Qaeda. Entre las 27 personas detenidas hasta el momento tras los atentados, de las que 17 se encuentran en prisión, y los seis o siete terroristas que se suicidaron en Leganés se encuentran los "cabecillas" de la masacre en la que fueron asesinadas 191 muertes.
EFE Libertad Digital   11 Abril 2004

Pese al rápido avance de la investigación, los agentes se enfrentan ahora a una fase "complicada y difícil" porque no descartan que, al fallecer o ser detenidos los principales integrantes de la célula autora de los atentados de la capital, otras "células durmientes" que pudieran estar radicadas en España intenten activarse ahora para relevarles en la "yihad" (guerra santa).

Las fuerzas de seguridad trabajan intensamente "desde el "jueves negro" que sufrió la capital, cuando diez de las trece mochilas que colocaron los terroristas con un total de 120 kilos de dinamita Goma 2 ECO explosionaron en cuatro trenes de cercanías, en las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia. La Policía ha estado apoyada en las labores de seguridad por miembros de las policías locales y autonómicas y de las Fuerzas Armadas ante la permanencia del riesgo terrorista.

La Comisión Delegada para Situaciones de Crisis acordó el pasado 17 de marzo ampliar las medidas de seguridad en España ante la permanencia de este riesgo, que complementan al plan de prevención en materia de terrorismo que tenía ya activado el Gobierno, con el objetivo de reforzar la seguridad de los lugares de afluencia masiva de personas. Se reforzó la seguridad de lugares como estaciones de tren, aeropuertos o acontecimientos deportivos; la protección de intereses estratégicos y "sensibles", como las fronteras y espacios aéreos y marítimos, y se incrementaron los controles en servicios básicos como los transportes, infraestructuras, telecomunicaciones y energía.

El mismo día de los atentados, los investigadores encontraron las primeras pistas de esta trama. Se localizó una furgoneta que posiblemente utilizaron tres de los autores de la masacre en las cercanías de la estación de Alcalá de Henares y en su interior una cinta de casete en árabe con versículos del Corán, y restos de explosivo y detonadores de cobre del mismo tipo que los utilizados en los atentados. Pocas horas después, en la madrugada del viernes, los agentes hallaron el hilo conductor de buena parte de las detenciones que se produjeron posteriormente: una bolsa de deportes con ese tipo de dinamita plástica, que no llegó a estallar, un detonador, y un móvil cuya tarjeta prepago condujo a los investigadores a las primeras detenciones, tres marroquíes y dos indios.

Entre los primeros se encuentra Jamal Zougam, una de las personas que reclutó el coordinador del 11-M Serhane Ben Abdelmajid, "El Tunecino", a principios de 2003 para atentar en España. Zougam, que figura entre los al menos cinco autores materiales de la masacre (los otros son Mohamed Chaoui, Mohamed Bekkali, Abderrahim Zbakh y Basel Ghayoun, acusados de 191 asesinatos terroristas consumados, de otros 1.430 en grado de tentativa y de cuatro delitos de estragos terroristas), se encargó de comprar a los dos indios las tarjetas que se insertaron en los móviles para conectarlos a los detonadores de las bombas. A partir de estas tres detenciones, se sucedieron otras, entre ellas la del español José Emilio Suárez Trashorras, quien facilitó la dinamita empleada a cambio de droga, una de las principales fuentes de financiación de los terroristas, y dinero.

Las detenciones han estado acompañadas de registros, como el realizado el pasado 26 de marzo en una finca ubicada en el término municipal de Chinchón, cerca de Morata de Tajuña, donde los agentes localizaron el lugar donde se prepararon las mochilas bomba. La casa está en una zona aislada pero bien comunicada por carretera, a unos 45 de Alcalá de Henares. Esta estación, uno de los nudos ferroviarios por los que transcurren las líneas que sufrieron los atentados, pudo ser la utilizada por los terroristas para introducirse en los trenes.

Para el hallazgo de la casa de Chinchón, también fueron decisivos los móviles, al igual que ocurrió el pasado 4 de marzo para la localización del piso de Leganés. Seis o siete terroristas islámicos (las pruebas de ADN lo determinarán) decidieron suicidarse en un piso al verse acorralados por la Policía. Hicieron estallar entre 15 y 20 kilos de explosivos cuando los GEO intentaban entrar en la casa. Uno de ellos, Francisco Javier Torronteras, perdió la vida. Tras la explosión, se hallaron 200 detonadores de cobre y dos mochilas con unos diez kilos de dinamita Goma 2 ECO.

Entre los terroristas muertos están los dos cerebros del 11-M, "El Tunecino" y Jamal Ahmidan, "El Chino". Una semana antes de morir habían grabado un vídeo, en el que decían hablar en nombre de las Brigadas Al Mufti y Ansar Al-Qaeda, y amenazaban con nuevos atentados si en una semana España no retiraba sus tropas de Irak y Afganistán. La intención de los suicidas era difundir el vídeo tras cometer un nuevo atentado, que preparaban de "forma inminente" para esta Semana Santa.

Antes lo habían vuelto a intentar al colocar una bomba en la vía del AVE entre Madrid y Sevilla, en la localidad toledana de Mocejón. El artefacto estaba ya listo cuando fue descubierto por una persona. Únicamente le faltaba el iniciador. Los agentes sospechan que los terroristas abandonaron precipitadamente el lugar al verse sorprendidos. El hallazgo de la bomba motivó que el Gobierno en funciones pusiera en marcha un dispositivo especial de seguridad para revisar toda la vía del AVE y activar un dispositivo de vigilancia permanente de los lugares más sensibles de esa línea.

La Policía continúa con las pesquisas para dar con el entramado del 11-M, sus vínculos con Al-Qaeda, busca posibles ramificaciones de la célula autora de la masacre y "peina" varias localidades del sur de Madrid y el Corredor del Henares por si los terroristas contaban con una segunda vivienda, en la que podría refugiarse algún huido.

Es el caso de Amer Azizi, "Othman Al Andalusí", al que la Policía busca desde octubre de 2001 y que ahora relaciona con el 11-M. Es el jefe operativo de Al-Qaeda en Europa y la persona a la que "El Tunecino" recurrió para que le facilita terroristas que atentaran en España. El primer contacto entre ambos tuvo lugar a finales de 2002 y principios de 2003, lo que demuestra que los planes de la masacre empezaron a concretarse mucho antes de que España apoyara la guerra de Irak. Argumento este que muchos utilizaron para justificar la masacre y "montar" la campaña contra el Gobierno de Aznar en las horas previas a las elecciones del 14-M.

Azizi dio el visto bueno a los planes terroristas de "El Tunecino" y le puso en contacto con Jamal Zougam pero no pudo facilitarle más terroristas experimentados porque estaban detenidos en Guantánamo o habían sido fichados tras la intervención militar de EEUU en Afganistán.

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