AGLI

Recortes de Prensa     Martes 13 Abril 2004
Legitimidad y estupidez
GEES Libertad Digital  13 Abril 2004

SECUESTROS EN IRAK
Editorial ABC 13 Abril 2004

HIJOS DE ALÁ
Ignacio CAMACHO ABC 13 Abril 2004

EL AISLAMIENTO IMPOSIBLE
EDURNE URIARTE ABC 13 Abril 2004

El señor Caos
Cristina Losada Libertad Digital  13 Abril 2004

RECONOCIMIENTO A LA RESPUESTA POLICIAL
Editorial ABC 13 Abril 2004

Las nuevas amenazas de Eta
Editorial La Razón  13 Abril 2004

UN SUEÑO DE VERDUGOS
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 13 Abril 2004

¿Una tregua de ETA para cerrar el frente anti PP
EDITORIAL Libertad Digital  13 Abril 2004

¡Denunciar el crimen!
Pío Moa Libertad Digital  13 Abril 2004

‘Euskadi, del sueño a la vergüenza’
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 13 Abril 2004

Aberri-sala
Alfonso Ussía La Razón  13 Abril 2004

La primera factura
Lorenzo Contreras La Razón  13 Abril 2004

Un aberri polisémico
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 13 Abril 2004

¿Adiós al pacto antiterrorista
Gorka Etxebarría Libertad Digital  13 Abril 2004

Un estilo de oposición
Ignacio Villa Libertad Digital  13 Abril 2004

En torno a la reforma estatutaria
Ernesto Ladrón de Guevara La Razón  13 Abril 2004
 
Tropas en Irak
Legitimidad y estupidez
GEES Libertad Digital  13 Abril 2004

Los ideólogos del nuevo gobierno del PSOE ya se han puesto a trabajar para justificar la retirada del contingente español desplegado en Irak. Se dice, en un alarde de sofisticación, que se trataría de una decisión legítima. Y nadie se lo puede discutir, porque, dependiendo de la voluntad del gobierno de turno, sería tan legítima como la que se tomó en su día por Aznar de enviar las tropas a la zona. Constitucionalmente es el Ejecutivo el responsable de la política exterior y de seguridad de la nación. Al principio de legitimidad se le añade, no obstante, otra noción que ensombrece la capacidad intelectual de los nuevos fontaneros: la autonomía de decisión. Lo que habría que preservar, en su opinión, es la capacidad del gobierno socialista para adoptar las decisiones de manera libre. Es de suponer que asumen que José María Aznar tomó las suyas presionado, chantajeado y constreñido por fuerzas diabólicas externas.

Pero el problema de fondo de este planteamiento, que no puede calificarse más que de pueril, no es discutir ninguno de los dos conceptos, tan válidos para Zapatero como para los anteriores gobiernos, sino dejar de relieve que actuando legítimamente y de manera autónoma se pueden cometer estupideces, pues ambos principios no aseguran que lo que se decide sea correcto ni inteligente.

Imaginemos por un instante que las tesis de Chirac y Zapatero hubieran triunfado hace año y medio y que el derrocamiento de Saddam no hubiera tenido lugar. ¿Cuál sería la situación actual? Pues que medio mundo (del cual todo los occidentales) estaría altamente preocupado con un Saddam burlador del embargo y las sanciones y del que todos sospechaban estaba desarrollando armas de destrucción masiva. Existieran éstas finalmente o no, cosa que se puso en duda sólo tras el final formal de la guerra y nunca antes, la imagen que proyectaría ese Irak con Saddam cómodamente instalado en su sillón presidencial resultaría poco tranquilizadora en Teherán (que tendría que acelerar su programa nuclear) y en Israel (sometido a su amenaza directa), poco edificante en Corea del Norte (que asumiría que proliferar no conlleva costes) y en Libia. Por no hablar de la esponsorización directa del terrorismo suicida palestino. ¿Es eso lo que hubieran preferido los intelectuales orgánicos socialistas?

Cuando cambian las circunstancias hay, por fuerza, que modificar los análisis y las políticas. Y sin cuestionar la promesa electoral de retirar las tropas de Irak, parece poco razonable asirse a ese planteamiento tras todo lo sufrido por España desde el 11-M. Huir de Irak es legítimo y demuestra autonomía de decisión. No es cobardía, es simple y llanamente estupidez. ¿Cuál es el beneficio para Irak de nuestra retirada? ¿Cuál es el beneficio para España? De momento sólo se ven costes.    GEES: Grupo de Estudios Estratégicos

SECUESTROS EN IRAK
Editorial ABC 13 Abril 2004

EL terror es siempre, y por fuerza, descarnado. Las imágenes que nos llegan desde algún lugar en Irak, con ciudadanos de múltiples nacionalidades, civiles indefensos, no combatientes, sino en muchos casos trabajadores en la reconstrucción del país, secuestrados, violentados, atemorizados por encapuchados, que a la vez que ocultan sus rostros juegan con las vidas de sus víctimas, pone claramente de relieve la catadura moral de quienes muchos de entre nosotros insisten en llamar resistencia iraquí. Es de suponer que cualquier superviviente de la resistencia francesa contra el nazismo sentiría repugnancia al ver asociado su movimiento de liberación con lo que los asesinos hacen en Irak. Porque es obvio que no son resistentes, sino terroristas.

Y lo son porque se ceban en víctimas civiles, a las que no sólo someten a su voluntad, sino que instrumentan para chantajear a Gobiernos. Y es irrelevante para los secuestradores que estas Naciones no apoyaran la intervención militar. Tales son los casos de China o Alemania. Saben muy bien de la fuerza de las imágenes y el impacto que tiene el terror en los telespectadores. Y lo que buscan es, sencillamente, que la opinión pública allí donde puede expresarse, esto es, en las democracias liberales, hallen culpables a sus respectivos Gobiernos y no a ellos, los verdaderos responsables de la barbarie actual.

Ahora bien, los terroristas iraquíes no son una banda de delincuentes comunes. Sus objetivos son políticos, no buscan enriquecerse criminalmente, sino que cuentan con una estrategia bien medida y pensada y que se adapta al medio según evolucionan las circunstancias. En cualquier caso, son discípulos avezados de Sadam Husein, quien siempre dijo que las potencias occidentales no estarían dispuestas a un gran sacrificio en pérdidas humanas con tal de derrocarle. Se equivocó porque las fuerzas de la coalición supieron cómo deponerle sin exponerse a grandes bajas. Y el goteo constante de muertos desde el final formal de las hostilidades no ha conseguido tampoco disminuir el compromiso internacional con el nuevo Irak.

Ahora se nos ofrece la verdadera cara del terror en una nueva fase por impedir la lenta evolución hacia un autogobierno y la mejora de las condiciones de vida de los iraquíes. En cierta medida no deja de ser una buena noticia, pues el recurso al terror en Irak es el arma de la desesperación. Su lado oscuro, no obstante, es que exige una claridad moral y de principios que no siempre las democracias han sabido mantener. Pero el hecho es ése: hoy se libra una batalla muy importante contra el terrorismo en Irak y es más necesario que nunca derrotarlo allí donde se produce.

HIJOS DE ALÁ
Por Ignacio CAMACHO ABC 13 Abril 2004

CUANDO los fanáticos suicidas de Al Qaida derribaron las Torres Gemelas, Oriana Fallaci dejó escrita una sentencia premonitoria de lo que iba a ocurrir en Europa: si en vez del World Trade Center hubiesen derribado la Torre de Pisa o la cúpula del Vaticano, vino a decir la veterana y provocadora periodista, en Italia la oposición le echaría la culpa al Gobierno. Eso es, exactamente, lo que ocurrió en España cuando los primos de Mohamed Atta volaron los trenes de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia. Con siniestro y paradójico estrambote: además de la oposición, fue el propio pueblo el que acabó confundiéndose de enemigo y descargando sobre sus gobernantes la responsabilidad del atentado.

A Oriana, la desmesurada, valiente e impulsiva Oriana, le cayó entonces encima todo el poder propagandístico del pensamiento políticamente correcto. Los paladines de la multiculturalidad, los arúspices del neopacifismo, los profetas de la equidistancia, saludaron con truenos inquisitoriales su impetuosa y vehemente requisitoria en defensa de la civilización frente a los que ella llamó «los hijos de Alá». Era evidente que «La rabia y el orgullo», el enérgico y apasionado libelo escrito bajo el shock del 11 de septiembre, contenía los habituales excesos propios de esta mujer arrebatada que de niña colaboraba con la resistencia antifascista y en su madurez se enamoró perdidamente de un terrorista griego. Pero bajo ese manto exaltado de energía combativa latía el eterno grito de Antígona, la voz de la heroína rebelde llamando al combate por los valores de una libertad amenazada.

Esa voz hiriente e incómoda que señala las verdades desnudas ha vuelto a sonar estos días con la impertinencia profética de quien circula a contracorriente de los principios confortables de la corrección biempensante. Y ha tronado en otro libro doloroso que denuncia la parálisis de Europa ante sus enemigos, la pasividad de Occidente frente a la cruzada teocrática de los musulmanes, la complicidad de nuestras democracias con quienes, aprovechando sus beneficios de acogida, conspiran para incubar otro huevo de la serpiente.

«Pregunto si los extranjeros tienen derecho a proclamar derechos que niegan los derechos de los ciudadanos», dice la Fallaci con lógica implacable que sacude los prejuicios de la xenofobia. «Pregunto qué tipo de libertad es la que establece lo que debo amar y lo que debo odiar, y, por consiguiente, si odio a los americanos y a los israelíes voy al Paraíso, y si no amo a los musulmanes, voy al infierno». Y se responde: una no-libertad, una burda, una farsa.

Nosotros lo sabemos, vaya si lo sabemos. Sabemos que la intransigencia nunca se da por satisfecha con nuestras concesiones. Lo vimos con los nacionalismos, a los que tratamos de apaciguar desde la transición a base de dejarles lo mejor del banquete autonómico y, ahora, después de servirse a gusto, se quieren levantar de la mesa escupiéndonos en el plato a los demás. Pero no aprendemos, y nos ponemos de rodillas ante la amenaza islamista creyendo que ahuyentaremos a los guerreros de la yihad.

Y hablamos de multiculturalismo con quienes pretenden destruir nuestra cultura. Y hablamos de respeto con quienes no respetan nuestra libertad. Y hablamos de tolerancia con quienes no conocen más ley que la del fanatismo. Y construimos otra Weimar de pusilanimidades ante quienes jamás se darán por contentos más que con la liquidación de la sociedad que, encima, los acoge y ampara en su diferencia. Por debilidad, por estupidez, o por las dos cosas. Ay, Oriana, intempestiva, indiscreta, admirable Oriana...      icamacho@abc.es

EL AISLAMIENTO IMPOSIBLE
EDURNE URIARTE ABC 13 Abril 2004

El triunfo socialista se ha sustentado en buena medida en una quimera cuyo sostenimiento es más difícil que nunca, la quimera del aislamiento de las democracias, de la Europa civilizada y autosuficiente, de la realización de la paz a través de su simple invocación.

Zapatero triunfa con la promesa del diálogo universal y de la paz precisamente cuando el 11-M nos muestra la intensidad del fanatismo y del odio de quienes nos han declarado la guerra, a nosotros, a Europa, a las democracias, y no sólo a Estados Unidos.

El nuevo Gobierno se enfrenta a un reto endiablado. Puede optar, y creo que lo hará, por la repetición del mensaje populista que le ha aupado al poder en la esperanza de que, momentáneamente, la realidad no ponga excesivamente en evidencia su simplismo y su falsedad. Me anticipo a su repetición en el discurso de Zapatero del próximo jueves: no a la guerra y sí a la paz, no al unilateralismo norteamericano y sí a la ONU, no al terrorismo y sí a «la comunidad de la inteligencia» para combatirlo. Nuevos deseos y vagas medidas inspiradas en los manuales pacifistas desarrollarán los eslóganes anteriores: el conflicto de Irak se solucionará cuando la ONU tome las riendas, las tropas españolas no están en Irak para combatir sino para reconstruir el país, hay que presionar al belicista Sharon para que acepte el diálogo y el terrorismo no se combate con guerras.

Pero he aquí que mientras nuestro futuro presidente prepara la exposición de tan civilizadas recetas, el fanatismo campa por sus anchas en Irak con una combinación de terroristas islámicos, radicales chiíes y partidarios de Sadam que rechazan la democracia, venga de Estados Unidos o de la ONU. No muy lejos, Arafat intenta acercar posiciones a Hamás. Y aquí, en Europa, las células de Al Qaeda se preparan para nuevas masacres, con un concepto de guerra muy diferente a la estrategia del terrorismo europeo del siglo XX. Zapatero quiere enfrentarse a la nueva guerra con las recetas democráticas de la vieja Europa.

Desea que la profundización democrática que ha prometido a los jóvenes postmaterialistas de la opulencia (más participación, más diálogo, más calidad de vida, paz…) pueda servir para todos los problemas. Quiere creer, como esos jóvenes que se manifiestan «contra la guerra y contra el terrorismo», que el problema del terrorismo es en buena medida el de la agresividad y el imperialismo norteamericanos. Espera que una España, una Europa, democrática y aislada sea suficiente para alejar todos los males. Pero Zapatero tiene en contra la realidad, la que ya le golpea duramente desde el mismo día 15, en Madrid, en Irak, en Europa. Como escribía José Varela Ortega el domingo, «Aznar se va, pero la realidad se queda». Y Zapatero, que fue elegido como un presidente para la quimera, tarde o temprano, tendrá que ser un presidente para la realidad.

Irak y los Medios
El señor Caos
Cristina Losada Libertad Digital  13 Abril 2004

El señor Caos, como sabe cualquier consumidor de información, es un visitante asiduo de los titulares. Los que hemos trabajado en las redacciones sabemos de sus virtudes para resolver las situaciones más variadas. Gracias a esa capacidad suya, Madrid cayó en sus amorfas garras tras los atentados del 11-M, aunque luego nos enteramos de que los servicios de emergencia habían funcionado admirablemente. Una de sus apariciones más conseguidas tuvo lugar el día del último gran apagón en Nueva York: mientras por televisión veíamos riadas de gente caminando a paso normal por las calles, los locutores decían que en la ciudad reinaba el caos. Nunca se desdijeron. Jamás lo hacen.

En días pasados, el señor Caos tomó posesión de Irak en nombre de los ejércitos de los medios de comunicación. El fuego de las hogueras iraquíes se atizó a la vez en varios frentes, y desde las grandes cadenas de televisión hasta los periódicos locales, todos llamaron al señor Caos para que los sacara del apuro. Se apreciaba que muchos le daban una efusiva bienvenida. Al fondo se oía el rumor: ¡abajo el tirano! No refiriéndose a Sadam, derrocado hace un año. No nos confundamos de enemigo. Sadam, al menos, tenía la decencia de no enseñarle al mundo los cadáveres. Por algún error suyo vimos algunos kurdos gaseados. Pero los medios, y en eso han destacado los españoles, no aprovecharon su caída para mostrarnos los restos que quedaron de sus orgías de sangre. No hay que cebarse con el perdedor.

Milagrosamente, de un día para otro, el señor Caos se fue de Irak. Corriendo, como suele hacer. Tal vez ha tenido algo que ver en ello el general Mark Kimmit, que en durante el reinado del caos, tuvo siempre el aspecto de señor Orden. Las hogueras se mantienen, mas su fuego no se extendió como la pólvora. La prensa acude a otros clásicos para describir la situación, ¡qué le vamos a hacer! Los partes de Kimmit son demasiado informativos, aburridos, fragmentarios. Y muchos medios no viven de la información sino de la sensación. La dificultad estriba en que la sensación es un producto perecedero: hay que cambiarlo enseguida. La ventaja es que imprime huellas emocionales más que racionales. La siguiente nos hace olvidar la primera. En un instante, el Apocalipsis se convierte en Génesis, y todos contentos.

Pero el señor Caos no se enseñorea de Irak sólo por el afán de sensaciones de la prensa. En este conflicto, como en otros pasados, la imparcialidad brilla por su ausencia. Si se habla sólo del caos, y se silencia lo que se va poniendo en orden, es para apuntalar el juicio previo y castigar al “verdadero enemigo”, el de la Casa Blanca.

Estados Unidos perdió la guerra de Vietnam, en buena medida, porque perdió la batalla de la propaganda. No está claro que hayan aprendido toda la lección sus dirigentes. La tragedia no es que los americanos y sus aliados pierdan una guerra, sino lo que ello comporta: que un pueblo pierda la ocasión de prosperar en libertad y caiga en manos de quienes masacrarán sin piedad, sin luz y sin taquígrafos. Lo sabemos: sus atrocidades ocuparán en los medios, ese pequeño espacio que en ellos se reserva para el mal inevitable.

RECONOCIMIENTO A LA RESPUESTA POLICIAL
Editorial ABC 13 Abril 2004

EL terrorismo integrista demostró con el 11-S en Estados Unidos y con el 11-M en Madrid que la prevención absoluta es una utopía en Estados democráticos y de Derecho, obligados a preservar la seguridad de sus ciudadanos en un complejo equilibrio con sus libertades y derechos. Pero también es cierto que las Fuerzas de Seguridad españolas, y especialmente el Cuerpo Nacional de Policía, han demostrado una capacidad de respuesta extraordinaria, que ha permitido la detención de veintinueve sospechosos. El trabajo de la Comisaría General de Información ha sido, en este sentido, modélico. En menos de un mes, la trama nacional de los atentados del 11-M ha sido desmantelada y el avance de las investigaciones comienza a desvelar las conexiones internacionales de los asesinos de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia, lo que aboca a una intensa colaboración con cuerpos policiales y servicios de inteligencia extranjeros. Ninguna sorpresa, desde luego, en la internacionalización del 11-M, perpetrado por un terrorismo que basa su eficacia en la cooperación y transferencia de fondos, logística y terroristas entre grupos locales, bajo la cobertura ideológica y estratégica de Al Qaida. Es la constatación de que hay un terrorismo internacional cuyos objetivos trascienden la nacionalidad de las víctimas o el lugar del atentado.

Como ha sucedido con el terrorismo etarra en los últimos años, las Fuerzas de Seguridad españolas han hecho tras el 11-M una demostración internacional de su eficacia. El reconocimiento de esta excelente tarea fue el motivo de la audiencia concedida ayer por Don Juan Carlos al ministro del Interior en funciones, Ángel Acebes, y a diversos responsables policiales. Su Majestad transmitió un sentimiento generalizado de gratitud, más intenso por el recuerdo al inspector de los GEO Javier Torrontera, asesinado por los terroristas que se suicidaron en Leganés al hacer estallar los explosivos que almacenaban para futuros atentados. La puesta a disposición judicial de los responsables inmediatos del macroatentado del 11-M es la reacción que corresponde a un Estado sometido al imperio de la ley y, por eso, las Fuerzas de Seguridad y el Ministerio del Interior han cumplido con su obligación, dando la seguridad a la sociedad española de que no habrá impunidad para este crimen brutal. La venganza es un sentimiento repudiable, pero todo Estado debe asegurar la aplicación de la justicia. Para el futuro, el 11-M ha roto muchas inocencias e impuesto deberes ineludibles para impedir, en lo posible, la comisión de nuevos atentados. Deberes que han de asumirse con el menor coste posible para las libertades y los derechos individuales, pero aprovechando hasta el último límite de las garantías constitucionales. Podemos congratularnos de que sin necesidad de medidas de excepción, el Estado ha sabido perseguir y detener a los responsables de la mayor agresión terrorista sufrida por España.

Sin embargo, no es sólo la eficacia policial el mérito que la sociedad española ha de apreciar en la reacción posterior a los atentados del 11-M. El esfuerzo de los cuerpos policiales aumenta su valor como expresión de un compromiso colectivo que se hizo presente de forma espontánea, en unos casos, y perfectamente planificado, en otros, en los momentos inmediatamente posteriores al estallido de las mochilas bomba. Sus Majestades los Reyes también expresaron ayer su reconocimiento para quienes participaron con entrega en la atención y evacuación de las víctimas, en las personas de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y del alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón.

Todas las sociedades buscan en tragedias como la de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia motivos para superarse. La española tiene ante sí tantas razones para hacerlo como policías, bomberos, sanitarios, vecinos, jueces, fiscales, forenses, funerarios y voluntarios han participado y participan en la reparación de la profunda herida que abrió el 11-M.

Las nuevas amenazas de Eta

Editorial La Razón  13 Abril 2004

La situación política generada por el vuelco electoral del 14-M ha afectado con especial incidencia al Gobierno nacionalista del País Vasco, donde el partido que preside Imaz se debate entre el continuismo radical que significa el Plan Ibarreche o la posibilidad de reeditar el viejo pacto con el PSOE y despertar de esa forma la ira de los jefes de ETA que, en pleno proceso de «reflexión interna» forzada por el cerco policial, amenazan con actuar, con atentar, contra los nacionalistas por desviarse del camino de la «construcción del Estado vasco».
Como ya se dicho, el Aberri Eguna fue este año ciertamente moderado en sus formas, como si el PNV hubiera querido tender nuevos puentes con el Partido Socialista y ante todo con la prometida política de diálogo y de reforma constitucional de José Luis Rodríguez Zapatero. La opción del pacto podría suponer, en este sentido, insistir públicamente en el objetivo de constituir una nación vasca con todas sus competencias tal y como marca el proyecto del lendakari, aceptada en el seno de la UE, pero negociar mientras tanto con el Gobierno de Zapatero la redacción de un nuevo Estatuto de Guernica que sería lo más próxima posible a la autodeterminación.

Al PNV le fue extraordinariamente bien con su antiguo pacto con el socialismo, hasta el punto de que logró (Carlos Garaicoechea) la primera Presidencia de la Autonomía vasca, cuando fue el PSOE el que más votos obtuvo. No cabe extrañarse de que, vista la campaña electoral del PSOE, con su «todo a 17», se pueda advertir desde las filas del nacionalismo vasco que ya no existe un muro contra el que estrellarse una y otra vez con un proyecto estatutario que desborda la Constitución.

Lo malo de esta estrategia es que no gusta nada a la dirección de ETA. La banda terrorista vive hoy, como es más que evidente, los peores momentos de su historia. La eficacia policial y judicial es máxima en España y en Francia. Sus comandos y sus jefes operativos caen una y otra vez en manos de la Policía. Con alguna triste excepción, los atentados se cuentan por fracasos y la histeria y el recelo se han apoderado de una organización volcada en la búsqueda de «chivatos», pues sólo a ellos atribuyen el éxito del Estado de Derecho.

En estas condiciones, a la banda mafiosa no le viene nada bien un acercamiento del PNV al PSOE «españolista». Si ya antes de las elecciones se debatió en la dirección de ETA la posibilidad, rechazada por escaso margen, de atentar contra el PNV por su tibieza en la lucha por la independencia, el pacto con el PSOE cambiaría las cosas y haría realidad la amenaza. ETA no está dispuesta a quedar aún más aislada en su propio terreno. Imaz lo sabe, sin que hayan hecho falta las advertencias de Otegui y quizás por eso exige ahora lo imposible: que el PSOE reniegue previamente del Pacto contra el Terrorismo que tan buenos resultados está dando en la lucha contra ETA, y que el propio Rodríguez Zapatero impulsó.

UN SUEÑO DE VERDUGOS
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 13 Abril 2004

MÁS de un intelectual nacionalista vasco ha confesado que el 11 de marzo llegó a tener miedo de que la masacre pudiera inducir al Gobierno a desencadenar una ola represiva, un «nuevo genocidio», por emplear sus palabras. De estas declaraciones no se sabe si llama más la atención la mala conciencia del que colabora con el Terror o su necesidad de que exista un partido -español y de derechas- capaz de llevar a cabo tal empresa. Es lógico que los colaboracionistas del Terror llegaran a sentirse concernidos en aquellas horas en las que pareció que la autoría de la masacre correspondía a ETA. Menos lógico es que hablen con distancia de una posible oleada de Terror precisamente aquéllos que aceptan el imperio de éste en el País Vasco. En realidad, al confesar su temor a un cambio de la situación, reconocen que pasarían a convertirse en víctimas ellos que, de momento, tienen sus culos sentados encima de un millar de cadáveres y la mitad de la sociedad vasca.

Medem o Atxaga, o gentes así, son muy dueños de sentir zozobra en momentos tan terribles como el 11 de marzo. No en vano tienen relaciones privilegiadas con el Terror. Pero yendo a la segunda de las cuestiones que acabo de plantear, ¿con qué derecho achacan voluntad de venganza a quienes, hoy por hoy, no han dejado de ser víctimas reales? Resulta escalofriante la inmoralidad de unos intelectuales vascos que se permiten el lujo de dormir a pierna suelta todos los días gracias a su servilismo ante el Terror e intentan curar su mala conciencia convirtiendo a los perseguidos en perseguidores. ¿Tienen miedo a la rebelión de las víctimas? Temen la posibilidad de que se convierta en torturador el que está sufriendo cotidianamente las sevicias. Hablan de que puedan sufrir genocidio quienes lo están imponiendo hoy por hoy, los que se aplican con todos sus sentidos a perseguir por razones étnicas a otros, esa banda de kuklusklan que dirige la comunidad euskaldún. Los perseguidores pretenden que padezcamos con ellos una eventual persecución, lo que les daría oxígeno para seguir colaborando con el Terror.

HAY que ser depravado para exhibir un mal imaginario precisamente el día en que perdieron su vida doscientas personas, en el que otros dos mil fueron heridos por la garra del terrorismo y todos sufríamos con ellos y sus familias.

Ahora nos enteramos de que aquella mañana del 11 de marzo temieron por su seguridad los instalados en el País Vasco. Se les pasó por la mente que podría tomarse la venganza el partido cuyos militantes vienen siendo sacrificados sin que escritores y artistas como Medem o Atxaga levanten una ceja. Ahora bien, admitiendo que los colaboracionistas de ETA hubieran podido tener aquel 11 de marzo un ataque de miedo como confiesan ahora, ¿por qué siguen exhibiendolo una vez que pudieron comprobar que no hubo represalias por parte de las furias derechistas y españolistas?

DEL mismo modo que les sucede a las izquierdas, los nacionalistas no soportan el hecho de que el PP haya gobernado con arreglo al más estricto Estado de Derecho durante dos legislaturas, ni que entre aquellos días de prueba del 11 al 14 de marzo el PP supiera aguantar las embestidas provocadoras de la Oposición y reconociera la legitimidad de los resultados electorales. Como los socialistas, los nacionalistas no pueden admitir que la derecha española no responda a una imagen autoritaria y represiva. ¿Cómo si no podrían justificar su colaboración con el terrorismo, y no ya respecto al pasado y a las razones que según ellos se derivan de la Guerra Civil y sus consecuencias inmediatas, sino respecto al presente? Los Medem y Atxaga son incapaces de concebir un partido español democrático. Eso les sitúa en su espacio real, al lado del Terror, junto a los verdugos. Víctimas imaginarias aquel 11 de marzo, hoy siguen donde solían mientras el PP perdía el poder tres días más tarde.

¿Una tregua de ETA para cerrar el frente anti PP?
EDITORIAL Libertad Digital  13 Abril 2004

El ministro en funciones y secretario general adjunto del PP, Ángel Acebes, ha demandado a José Luis Rodríguez Zapatero, una respuesta ante las ofertas de apoyo lanzadas desde ERC o el PNV para saber si el futuro presidente del Gobierno "se va a comprometer con el tenor literal del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo". Mientras tanto, el PSOE, por boca del presidente del Senado, Javier Rojo ha dicho, por supuesto, que el pacto no se romperá sino que "se adaptará", mientras que José Blanco asegura que la unión es "contra el terrorismo, y contra nadie más". Vamos, lo mismo que dijeron los nacionalistas respecto del Pacto de Ajuría Enea antes, durante y después del Pacto de Estella.

Desde el PP, más que preguntar a Zapatero si se va a comprometer con un Pacto antiterrorista que desde el PSOE ya se ha violado en numerables ocasiones, se debería hacer más pedagogía antiterrorista, y leer un día sí y el otro también lo que venía a defender ese pacto, que textualmente denunciaba en su preámbulo “el fracaso de la estrategia promovida por el PNV y por EA, que abandonaron el Pacto de Ajuria Enea para, de acuerdo con ETA y EH, poner un precio político al abandono de la violencia. Ese precio consistía en la imposición de la autodeterminación para llegar a la independencia del País Vasco”.

El PP debe recordar insistentemente —y si no es mucha molestia, con Rajoy a la cabeza— que, frente a una posible y futura incorporación del resto de los partidos, los firmantes del Pacto por las Libertades fueron muy claros al advertir que “la recuperación plena de esa unidad para luchar contra el terrorismo debe llevarse a cabo en torno a la Constitución y el Estatuto de Guernica, espacio de encuentro de la gran mayoría de los ciudadanos vascos”.

Es evidente, sin embargo, que los nacionalistas desde entonces —ahí está, sin irnos más lejos, la celebración el pasado domingo del Aberri Eguna— no han abandonado, sino que han hecho todavía más explícitas sus demandas soberanistas, en una nueva y clara confrontación con los actuales estatutos de autonomía y con la Constitución española. Sólo que ahora, a los planes de Ibarretxe se le ha sumado los de Maragall.

El “precio político” para que ETA deje de matar sigue ahí, y si no, que se lo pregunten a los terroristas y al socio de Maragall respecto a la tregua en Cataluña o respecto a la futura tregua que ETA pudiera ofrecer ahora a Zapatero.

Todavía es pronto para la infamia de responsabilizar al PP de los muertos de ETA, como se le ha responsabilizado de los asesinatos de Al Qaida. Pero espérense a que llegue una nueva tregua de ETA, y ya verán como no falta quien culpe al “inmovilismo” del PP y a su "crispante" rechazo al “diálogo”, del riesgo de que los terroristas vuelvan a matar. Lo que no nos cabe ninguna duda es que los galgos van a querer hacer suya la victoria de los podencos del 11-M. Y no faltaran conejos que les ayuden.

El terrorismo y sus apoyos
¡Denunciar el crimen!
Pío Moa Libertad Digital  13 Abril 2004

Los intentos de asesinar a Jiménez Losantos, a Ansón y a Gloria Lomana responden a una larguísima tradición de ataques de la izquierda, en España, a la vida y a la libertad de expresión de las personas. No toda la izquierda ha sido así, cierto, pero en ella los Besteiro casi siempre han llevado las de perder. Ya recordé en otro artículo cómo desde principios del siglo XX el terrorismo había sido una parte esencial de la actuación de la izquierda en su vertiente ácrata, y con cobertura y apoyo moral en la restante. Con el anarquismo, mientras su acción se dirigiera contra la derecha, fueron muy comprensivos también el nacionalismo catalán (incluso Cambó llegó a una ocasional alianza de hecho con él), o cretinos del estilo de Romanones. Y durante la república, para qué hablar. No sólo los anarquistas insistieron en sus atentados, sino que se les sumaron los socialistas. Contra una imagen radicalmente falsa, pero difundida machaconamente por historiadores tan falsos a su vez como Preston, Juliá y compañía, no fue la Falange la que inició el duelo terrorista en 1934, sino justamente el PSOE. Y el terrorismo que ha ensombrecido nuestra democracia actual ha procedido en un noventa por ciento de la izquierda y del nacionalismo vasco.

Ahora, con la manchada victoria electoral socialista, toda esa izquierda está que baila. Su odio a la libertad de expresión ajena, manifiesta en la vulneración del derecho de réplica en sus periódicos, en sus llamamientos a la censura, en la liquidación, por medio de mil bellaquerías, de órganos de expresión desafectos, etc., adquiere su mayor calidad delictiva en atentados como este último. La reacción a él tendría que ser extremadamente viva, pero veremos que la izquierda procurará disimular. Hace años, unos nacionalistas catalanes secuestraron a Federico y le dieron un tiro en la rodilla “como advertencia”. Se trataba de nacionalistas “radicales”. ¿Qué hicieron entonces los que pasaban por moderados, los de Pujol y compañía? Procuraron la mejor cobertura posible a sus hermanos de ideas, restando importancia al crimen, e incluso celebrándolo con gracietas y bromas. Para su turbia mentalidad, la víctima lo tenía merecido, por haber desafiado las cutres y ruines concepciones de Cataluña que ellos quieren imponer. Por lo demás, varios periodistas han pagado con la vida su oposición al nacionalismo vasco.

Me parece muy importante que este nuevo atentado no pase como si nada anormal hubiera ocurrido. Dice Federico que se trata de “gajes del oficio”. Y lo son, en países donde van camino de hacerse habituales la violencia, la manipulación, la histeria y la hipocresía de los amigos del diálogo con los asesinos. Precisamente por eso, quienes no nos resignamos a tal destino para España debemos movilizarnos y denunciar sin tregua los hechos. Porque estos atentados nos atacan a todos en lo más profundo, en lo más vital. No debemos consentir que se vuelvan “normales” .

‘Euskadi, del sueño a la vergüenza’
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 13 Abril 2004

Ediciones B, y en su nombre Carlos Martínez Gorriarán, Fernando Savater y Mayte Pagazaurtundua, presentarán mañana, en la Casa de América, un libro, elaborado por ¡Basta ya!, iniciativa ciudadana, con el título que encabeza estas líneas. Es, como reza su portada, una “guía útil del drama vasco”.

He ojeado —y hojeado— Euskadi, del sueño a la vergüenza con urgencia profesional, con más prisa de la que merecen sus 370 páginas; pero puedo anticipar que el libro es, además de oportuno, riguroso y certero en el diagnóstico de una enfermedad que, con otras de la familia nacionalista, compromete seriamente el futuro de España, de todo el Estado, y pondrá a prueba la capacidad de Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

La obra no cuenta nada nuevo, desconocido, para quienes tanto por razones cívicas como profesionales venimos, desde hace tiempo, mirando con atención el panorama político y social del País Vasco; pero tiene el gran valor, cuasi enciclopédico, de ordenar bien las materias y, sin olvidar los antecedentes históricos, vistos sin la fantasmagoría fanática propia del nacionalismo rampante, sistematizar de manera inteligente los distintos epígrafes del problema.

Tras considerar el País Vasco como “una democracia en peligro”, la obra se divide en cinco grandes epígrafes: “Política, Historia y Cultura en el País Vasco”; “Crisis, Revolución Industrial y cambios políticos”; “Aparición y evolución del nacionalismo vasco“; “ETA o el negocio del terror”, y “Democracia y terrorismo: la respuesta cívica”. Se complementa todo ello con una docena de anexos, desde el pacto de Ajuria Enea a la pastoral “Preparar la paz”. El conjunto final es revelador de un proceso en el que “el sueño de una Euskadi compartida por todos los vascos” se convierte “en motivo de dolor, muerte y persecución para miles de personas dentro y fuera de Euskadi”.

Mientras, durante el fin de semana, ojeaba este notable trabajo de ¡Basta ya!, me llegó la noticia de la intervención de Josu Jon Imaz en la celebración del Aberri Eguna y la supeditación de un hipotético apoyo del PNV a Rodríguez Zapatero en función de que el PSOE rompa el Pacto Antiterrorista que tiene suscrito con el PP. Si se considera que ésa fue la mejor iniciativa del próximo presidente del Gobierno en sus días de oposición, veremos que la “nueva apariencia” del partido decano del nacionalismo vasco tiene mucho de tramposa.

Zapatero, por sí mismo y por sus conmilitones en el País Vasco, tiene conocimiento sobrado del problema; pero, aunque ande en el trance de la preparación de su difícil discurso de investidura, enriquecería sus propias conclusiones con un vistazo a este libro que comento. Su valor compilatorio ayuda al análisis porque la obra, como si se tratara de un mosaico, compone sin excesivo apasionamiento el panorama muy preciso de una realidad que, por activa o por pasiva, nos afecta a todos seriamente.

Superar con inteligencia y sin debilidad el problema actual de los nacionalismos españoles es, sin duda, el primero de los retos que le corresponden al nuevo Gobierno del PSOE. Solos o en compañía de otros.

Aberri-sala
Alfonso Ussía La Razón  13 Abril 2004

El mal tiempo impidió que el «aberri eguna» se celebrara en las alavesas campas de Salburúa, donde Arzallus, durante tantos años, lució elegantes zapatillas deportivas y blancos calcetines. Para esta edición, con los cielos vascongados cargados de aguanieve, la organización contrató un pabellón deportivo en los que se juega al fútbol-sala. Un Arzallus retirado y con la misma expresión de enfado de siempre, se situó en la tribuna entre la militancia. Las señoras del PNV no son como las mujeres de Batasuna, que huelen mal hasta por el televisor.

Ellas se visten con austera elegancia, como si los tiempos volaran hacia atrás y tuvieran cita de merienda en «Ayestarán» o «Garibay Tea Room». Quedaba bien Arzallus entre sus mujeres, que le hacían poco caso, al menos aparentemente. Seguían ellas con atención las palabras encendidas de Josu Jon Imaz, que defendía el Plan Ibarreche con controlada efervescencia. El dirigente nacionalista aprovechó la romería en local cerrado para exigir a Zapatero que rompiera el Pacto Antiterrorista que firmó con el Partido Popular. Los aplausos de Arzallus a Imaz tuvieron calor islandés. Un observador de Reijkyavik los habría calificado de «excesivamente fríos».

Ibarreche dijo lo de siempre. Ibarreche es como el padre Zubimendi, que oficiaba cuando yo era niño en «Las Esclavas» de Ondarreta. Al final, siempre terminaba hablando del Sexto Mandamiento, aunque iniciara su homilía refiriéndose al Hijo Pródigo. Voz tronante y sobreactuación en los gestos: «¿Vosotras, pecadoras jóvenes, que usáis biquini, y enseñáis ombligo, y del ombligo se va a lo que se ha ido siempre, marranazas!».

Para Ibarreche, su Plan es como el Sexto para el padre Zubimendi. Está tan obsesionado que empieza a aburrir a sus partidarios. Porque el «aberri eguna» ha perdido mucho sin Arzallus en la tribuna. El jubilado jamás aburría. Dominio de la plática y del escenario. Josu Jon Imaz e Ibarreche, a su lado, parecen novicios. No se sentía cómodo Arzallus. El «aitona» sólo se siente a gusto cuando habla, cuando usa de su insuperable capacidad para decir barbaridades. Pero su público se lo pasaba bien, que es de lo que se trata. En este tipo de romerías lo importante es la diversión, no el contenido de los discursos. Un buen payasete llega más que un orador medido.

Y Josu Jon Imaz se mide en exceso, posiblemente porque no se siente seguro ante una buena parte de los militantes nacionalistas. En la sombra, Arzallus sigue mandando, y entre canción de cuna a su nieto y el cuidado de la huerta, recibe a Eguíbar y le ordena que divida. Nadie divide como él. Si fuera patrón de una trainera, la proa iría por un lado y la popa por otro. En fin, que lo dicho y oído en el «aberri eguna» es, más o menos, lo mismo que se seguirá diciendo y oyendo dentro de veinte años. Pero con más aburrimiento. El principal ocupante de una silla de pista en este «aberri-sala» se aburrió de lo lindo. Mejor ser un canalla que un tostón.

La primera factura
Lorenzo Contreras La Razón  13 Abril 2004

La clave de lo manifestado por Josu Jon Imaz en el Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca) no hay que rastrearla en sus palabras durante el acto público de Bilbao, sino en sus declaraciones al diario nacionalista «Deia» veinticuatro horas antes. El sucesor de Arzalluz en la presidencia del PNV llegó a decir: «La sociedad vasca no aceptaría que llegásemos a un acuerdo de gobernabilidad con el PSOE por cuatro transferencias y dos infraestructuras». Todo un síntoma del maximalismo que nutre la ambición política separadora de este hombre, curiosamente celebrado por su «moderación» frente a las actitudes «crispadas» de su antecesor en Sabin Etxea.

Cuando Imaz pone como precio de su apoyo a la investidura de Zapatero y a la consiguiente mejora de relaciones con los socialistas «el desligue» de éstos del Pacto Antiterrorista firmado con el PP de Aznar, no hace otra cosa que asomar una alarmante oreja, eso sí, con la mejora tonal que siempre acompaña el estilo sacristanesco de los grandes intolerantes que aspiran a no parecerlo. Arzalluz, con su jesuitismo jupiterino, no engañaba a nadie. Apostar por la sinceridad de Imaz es hoy por hoy una temeraria opción. Dice el presidente nacionalista, o al menos lo da a entender, que primero es preciso estar a los términos del discurso parlamentario zapaterista. Una sabia desconfianza que reclama en justa reciprocidad aplicar una dosis de la misma medicina a cuanto formula el máximo dirigente del PNV. Por ejemplo, cuando en un curioso desliz verbal (o tal parece) declara a «Deia» que para construir la convivencia en Euskadi «tenemos que tratar de fortalecer las complicidades entre el conjunto de fuerzas políticas».

«Complicidades» es una palabra sospechosa, sobre todo si no se vence la tentación de pensar que el señor Imaz, cada vez que habla de «normalización» y «acuerdo de fondo», no aclara lo que esos conceptos encierran y la cantidad de «cómplices» que le prepara a Zapatero, su hipotético compañero de viaje en la ardua empresa de construir un País Vasco «normalizado».

Parece conveniente ejercitarse en el arte de la hermenéutica política. Imaz le ha girado a Zapatero, una letra de vencimiento fijo. O, si se prefiere, la primera factura de la concordia. Con suavidad de maneras le ha recordado el cuento de las lentejas. Esto es lo que hay y no hay otra cosa. Sólo que en el trueque no da la impresión de que vaya a ser incluido el sacrificio del Plan Ibarreche. Lo que vale son las complicidades fecundas, porque ¬«Deia», 11 de abril¬ «querer forzar al otro a que retire sus planteamientos no responde a lo que debe ser un nuevo clima...».

Un aberri polisémico
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 13 Abril 2004

El documento del PNV ante el Aberri Eguna, aunque no tan colorista como el de 2003, tenía un punto extravagante. ¿Puede un manifiesto de ahora mismo no citar a ETA por su nombre, no referirse a los atentados del 11-M, ni valorar el resultado de las elecciones generales? Puede. ¿Puede Arzalluz anunciar una posible tregua etarra diciendo que «hay una labor de cocina muy fuerte y yo no puedo negar que haya gente trabajando en la cocina», para criticar en la misma frase a los políticos que hablan en público de estas cuestiones?: «Todo lo que sea anunciar cosas en público o ante la prensa lo único que hace es estropearlas». Él lo hizo en la radio pública vasca.

El nuevo presidente Imaz insistía en su propuesta asimétrica para entenderse con el PSOE: «Tienen que poner el contador a cero». Josu Jon exige a Zapatero que «se desligue» del pacto antiterrorista, como si éste fuera una maquinación del Maligno en la que los socialistas se dejaron liar como pardillos. Pero no es verdad. El Pacto por las Libertades fue una de las mejores aportaciones de Zapatero en tanto que jefe de la oposición, como recuerda casi todo el mundo, supongo, un compromiso entre los dos partidos que pueden gobernar España. Los socialistas no pueden enterrarlo ni siquiera de forma vergonzante, so pretexto de renegociarlo con otras fuerzas políticas ¿EA, ERC y el PNV? Bueno, no creo que pueda hacerlo Zapatero (no nos falles). ¿O sí?

El mismo Josu Jon que hace tres meses proponía afrontar el debate a partir de «folio en blanco», quiere un diálogo en el que el nuevo gobierno ponga «el contador a cero» mientras su partido no se apea del plan Ibarretxe, instrumento «imprescindible y estratégico» para el presente y el futuro. ¿Podría considerarse que el plan Ibarretxe es un folio en blanco para recuperar la convivencia? Sí, a condición de que lo leamos con ojos muy benevolentes y pongamos el carro delante de los bueyes: fue la actitud intolerante del PP la que llevó al PNV a pactar con ETA, a Lizarra y a su secuela, que es el plan Ibarretxe. Todo esto sucedió, recordémoslo, a mitad de la legislatura durante la cual Anasagasti se jactaba en su columna de que sus «cinco votitos» ayudaban a Aznar a aprobar sus presupuestos.

El mismo Ibarretxe que el 9 de septiembre pasado rechazó sentarse a una mesa con el secretario general del PSOE si éste sólo pensaba transmitirle que su iniciativa era un «desastre que divide a la sociedad y que no va a apoyarla», dijo entonces: «Yo no quiero estar para eso con Zapatero ni con los socialistas». Ibarretxe volvió a mostrar el domingo la portentosa polisemia de su discurso: no puede olvidar, según explicó, que fue Zapatero quien rechazó reunirse con él. ¿Qué quieren decir las palabras? Depende de lo que convenga en el país de Humpty Dumpty.

PP-PSOE
¿Adiós al pacto antiterrorista?
Gorka Etxebarría Libertad Digital  13 Abril 2004

Hace unos días, Josu Jon Imaz se retrataba claramente. Dice que no quiere el Pacto Antiterrorista. Los motivos que aduce resultan cuando menos apasionantes: Este pacto “no es contra el terrorismo, sino contra la mayoría social vasca y contra el nacionalismo democrático” y “cita seis veces a PNV y EA por cuatro a ETA”.

Al parecer lo que le molesta al Sr. Imaz es que, en dicho acuerdo, se diga claramente que “ha quedado de manifiesto el fracaso de la estrategia promovida por el PNV y por EA, que abandonaron el Pacto de Ajuria Enea para, de acuerdo con ETA y EH, poner un precio político al abandono de la violencia. Ese precio consistía en la imposición de la autodeterminación para llegar a la independencia del País Vasco”. Resumiendo, resulta “odioso” que el PP y el PSOE negaran cualquier pacto con cualquiera de los partidos nacionalistas mientras que éstos no rompieran con Batasuna.

Por lo que sabemos, el partido de Imaz ha seguido apoyando a Batasuna en dos frentes: el de la ilegalización de Batasuna y el cierre de “Egunkaria”. En el primero de los casos, el Consejo de Europa a través del Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dejado claro que la demanda del Gobierno Vasco contra la ilegalización de Batasuna no se sostiene. En cuanto al caso Egunkaria, el PNV ha criticado que se torturara al director del diario (demanda que ha sido sobreseída por carecer de pruebas suficientes) y por si no fuera poco ha sostenido que el propósito del cierre no es otro que impedir el avance del euskera.

Imaz quiere demoler el pacto obligando al PSOE a que se desdiga y no siga en él. Para el PNV este pacto es un obstáculo a sus pretensiones. Si hay negociación, el PNV obtendría un doble rédito: la paz mediante su insistencia en el diálogo, presentarse como interlocutor en el proceso y apuntarse el tanto al tiempo que se ejecutaría el Plan Ibarretxe. Recordemos que este augusto plan es una clara muestra del derecho de autodeterminación para que Euskadi decida si quiere seguir en España “a su forma” (Estado confederado con representación diplomática y real en la Unión Europea, poder judicial propio…). Previendo este escenario, el Pacto Antiterrorista se pronunciaba de esta guisa: “afirmamos públicamente que de la violencia terrorista no se extraerá, en ningún caso, ventaja o rédito político alguno” porque “la paz, la convivencia libre y el respeto a los derechos humanos son valores no negociables”.

El Sr. Imaz, a pesar de su moderación y educación exquisita, es más de lo mismo y pretende empezar a cobrar el peaje por su apoyo a Zapatero. El precio es alto aunque se pague en cómodas mensualidades y se vista para la ocasión como si de una boda se tratara. Pero la pendiente sinuosa sobre la que discurre el viaje de Zapatero hacia la Moncloa pasando por Las Cortes tiene en cada esquina un pedigüeño con su victimismo y aureola antifranquista como señuelo.

El presidente del Senado, Javier Rojo, ha señalado que el PSOE no tiene intención de eliminar el pacto, sino, en todo caso, "fortalecerlo, mejorarlo y adaptarlo a la realidad de hoy". Por su parte, José Blanco ha añadido que la política antiterrorista no debe limitarse a los dos grandes partidos, lo cual viene a abrir la brecha del consenso y por supuesto la desnaturalización del Pacto Antiterrorista.

Parece que Zapatero va a acabar dejando solo al PP en el Pacto Antiterrorista, lo cual es claramente un doble error. Permitirá al PP presentase al electorado como la única fuerza coherente en la lucha contra el terrorismo y dejará al PSOE a merced del nacionalismo con la pérdida de votos que esta decisión supondrá. Aunque, visto lo visto en el 11-M, quizá hasta ganen votos. España es así. Mientras, en la Sabin Etxea (la Fundación del PNV en honor a su fundador, Sabino Arana) se frotan las manos. La legislatura está en sus… ¿garras?. Y hay más de un masoquista en el PSOE.

PP
Un estilo de oposición
Ignacio Villa Libertad Digital  13 Abril 2004

En el arranque de una semana clave, por la celebración del Debate de Investidura, el Partido Popular comienza a marcar lo que deberá ser su territorio en el trabajo de oposición. El próximo sábado cuando José Luis Rodríguez Zapatero jure su cargo ante el Rey se ejecutará, por parte del PP, el abandono del poder. Desde ese momento ya no habrá excusas de ningún tipo para realizar una oposición construtiva y leal, pero también constante e incansable. El PP vuelve a la oposición; el tiempo que permanezca en ella dependerá en buena parte de su tozudez y de su empuje en estos próximos meses.

Precisamente el Debate de Investidura deberá marcar en buena medida la "clase" de oposición que los populares pretenden hacer. El fondo es muy importante, pero los formas también hay que tenerlas en cuenta. En la oposición tendrán que trabajar de forma bien diferente al poder.

Insistiendo en las cuestiones centrales con fuerza y con convicción. Sabiendo que en la oposición el descanso no puede existir. En este sentido, el anuncio realizado por Mariano Rajoy sobre las tres grandes cuestiones que va a exigir a Zapatero en la Investidura tienen muy buena pinta. Es imprescindible saber que piensa el futuro presidente del Gobierno en tres asuntos capitales: la Constitución y los Estatutos, el Pacto por las Libertades y la política económica. Ya no valen palabras vacías o frases más o menos ingeniosas. El jueves Zapatero deberá exponer, con pelos y señales, un programa de Gobierno que se pueda cumplir, con concreción y con plazos de compromiso. Zapatero se encuentra ante su hora de la verdad. Ya no hay escondites posibles y por lo tanto deberá hacer frente a sus promesas electorales.

El próximo jueves, Zapatero dejará en evidencia sus hipotecas y sus cheques en blanco en cuestiones como la reforma de los Estatutos de autonomía o el futuro del Pacto Antiterrorista. Y precisamente el trabajo de Mariano Rajoy consistirá en abrir a la luz pública las muchas limitaciones políticas del futuro Jefe del Ejecutivo. Mariano Rajoy tiene una excelente oportunidad de aprovechar la Investidura de Zapatero para marcar con claridad lo que tiene que ser el territorio de la oposición. Pero especialmente el jueves deberá de marcar cual tiene que ser el estilo de hacer oposición por parte del Partido Popular. Las muchas debilidades de Zapatero se van hacer visibles para muchos ciudadanos; Rajoy, por su parte, deberá marcar su parcela con claridad y energía. Si lo hace como él sabe, el contraste está asegurado.

El jueves será el primer escaparate para la oposición del PP. Un escaparate muy importante para marcar toda una legislatura.

En torno a la reforma estatutaria
Ernesto Ladrón de Guevara es portavoz de Unidad Alavesa y procurador (*) La Razón  13 Abril 2004

El Partido Socialista ha ofrecido al PNV una reforma estatutaria para ¬en teoría¬ profundizar más en el autogobierno. Desconozco cómo, con respeto al actual marco constitucional, se puede profundizar más aún en un soberanismo que ¬de facto¬ a día de hoy produce una quiebra en la unidad del Estado. PSOE y nacionalistas desconocen que también existe la posibilidad de reformar los Estatutos, e incluso la forma de Estado, en sentido inverso al que se pretende, y con el mismo grado de consenso, aunque formándolo con otros agentes políticos y sociales.

La Adicional 1ª de la Constitución actualiza los derechos forales y reconoce los derechos históricos, que los ubica en el ámbito de los territorios forales.

No podía ser de otra manera, puesto que hasta 1936 en que se constituye un ámbito de autogobierno que trascendía los territorios forales y los superaba, no ha existido ni jurídica, ni administrativa, ni como entidad de carácter histórico, otra realidad que la contemplada en las diferentes actualizaciones de los fueros y de las instituciones en las que se encarnaban éstos.

Por otra parte, la disposición derogatoria 2ª de la C.E. establece la derogación de la Ley de 25 de octubre de 1839 por la que, con Espartero, se adecuaban los fueros y los confirmaba «sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía». Esta derogatoria es absurda puesto que mediante aquella ley se trataba de superar el Antiguo Régimen del Absolutismo monárquico que hacía que España no tuviera códigos jurídicos unitarios ni estructura territorial de Estado como, de hecho, había ya en el siglo XVIII en algunos países de Europa, o, en los Estados modernos que fueron los liberales del siglo XIX. Se hizo esa ley, tal como citan prestigiosos autores como Coro Rubio, el profesor Artola o Pérez Núñez, para poder adecuar los fueros al Estado-Nación de corte liberal que por primera vez se instauraba, desde el intento del constitucionalismo en 1812.

Pero el intento de atraer al PNV a la causa constitucionalista posibilitó la inclusión de esta derogatoria absurda, que no ha tenido ninguna eficacia real y que sólo ha servido para dar alas al nacionalismo, sin que éste haga, hasta ahora, ninguna renuncia ni gesto de integración en el proyecto común de los vascos en España.
Todo lo contrario. A la luz está cuál es la situación en la actualidad: con un Plan Ibarretxe que ni tan siquiera ante la actitud amable del Partido Socialista de reformar el Estatuto de Guernica, están dispuestos a retirar.
Yo quiero decir que si se abre el melón se abre para todo, y que la Reforma puede hacerse en dirección a la independencia de Euskadi o para reformar la estructura del Estado hacia un modelo simétrico; o, por qué no, para posibilitar un Estatuto de Autonomía propio para Álava. Lo que no nos vale es que nos hagan trampas y que sólo se admita el diálogo o la reforma cuando se hace bajo unas premisas y no cuando se hacen otras igualmente legítimas o, incluso, más desde un enfoque histórico.

Por otra parte, el artículo 37 del Estatuto de Autonomía de Guernica reconoce y preserva el régimen jurídico privativo de cada territorio foral. Y lo hace por cuanto que la Comunidad Autónoma se constituye sobre la base de los derechos históricos forales ¬únicos existentes¬. Y por tanto la Comunidad Autónoma se configura en una forma federal en la que al tiempo que se recuperan los seculares parlamentos y gobiernos forales, se construyen instituciones y competencias de ámbito común para el conjunto de la Comunidad Autónoma vasca. Ese es el motivo y la causa de que el Parlamento vasco se configure en un sistema paritario de representación en el que cada territorio tiene el mismo número de representantes que los otros ámbitos forales, independientemente de su población.

Por eso ese artículo, en su punto segundo, establece que «lo dispuesto en el presente estatuto no supondrá alteración de la naturaleza del régimen foral específico o de las competencias de los regímenes privativos de cada territorio foral». Lo cual es un reconocimiento de su personalidad y núcleo intangible de foralidad. Por otra parte, se señala ¬entre otras cosas¬ la capacidad de los territorios históricos para el desarrollo normativo y la ejecución ¬dentro de su territorio¬ de lo establecido en la Ley de Territorios Históricos. Estamos, pues, ante una estructura compleja para dar cabida a lo dispuesto en la Adicional 1ª de la C.E.

Si acudimos a lo contemplado en la conocida como Ley de Territorios Históricos (LTH), ésta explica en su exposición de motivos, en su párrafo primero, la justificación de la vertebración institucional para acomodar los derechos históricos a la configuración de un marco de autogobierno nuevo: el del País Vasco. Dice: «Uno de los aspectos más importantes del desarrollo legislativo del Estatuto de Autonomía consiste en la vertebración política de Euskadi, lo que plantea, a su vez, la necesidad de conjugar las existencias derivadas de una organización político-administrativa nueva con el respeto a los regímenes jurídico privativos y competencias de sus Territorios Históricos».

Y el artículo 1°, punto segundo, dice que «de acuerdo con su tradición histórica, son Órganos Forales de los Territorios Históricos sus respectivas Juntas Generales y Diputaciones».

Es por tanto evidente que nos encontramos ante una estructura jurídico e institucional compleja, donde coexisten un Parlamento con capacidad legislativa, el Vasco, con otros tres parlamentos forales con capacidad normativa, que superan en su concepción la idea de corporaciones locales, reguladas por la Ley de Régimen local.
El artículo 162-1 a) de la C.E. dice que están legitimados para interponer recurso de inconstitucionalidad, ¬entre otros¬ las asambleas parlamentarias de las comunidades autónomas.

Es evidente que este artículo fue pensado para las comunidades autónomas de Régimen Común, sin contemplar las especificidades de la Comunidad vasca.

Por otra parte, resulta injusta la situación de los llamados territorios históricos vascos al no tener mecanismo jurisdiccional de protección de sus competencias y derechos, más allá de la vía contencioso-administrativa, ante posibles abusos de poder cometidos por las instituciones comunes del País Vasco, es decir, por su Parlamento o Gobierno.

Lo vimos claramente cuando el diputado general en nombre y representación del Consejo de Diputados tuvo que recurrir ante la instancia contencioso-administrativa el llamado Estatuto de Libre Asociación (Plan Ibarretxe) al no disponer de posibilidad de hacerlo ante el Constitucional. Y eso es una injusticia flagrante.

Se debería articular una fórmula que permita a las Juntas Generales de los territorios forales vascos recurrir ante el Constitucional para defenderse ante los abusos que se cometan contra la foralidad por las instituciones centralistas nacionalistas.      (*) en Juntas Generales de Álava
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