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Recortes de Prensa     Viernes 16 Abril 2004

 

La tentación de Ben Laden
Editorial La Razón  16 Abril 2004

UNA CINTA ENVENENADA
Enrique SERBETO ABC 16 Abril 2004

Dónde está Josu Ternera
Matías Antolín La Razón  16 Abril 2004

Los peajes de Zapatero
Editorial La Razón  16 Abril 2004

PÁSELO, SEÑOR RODRÍGUEZ
Carlos HERRERA ABC 16 Abril 2004

El enigma Zapatero y la investidura de Rajoy
Jorge Vilches Libertad Digital  16 Abril 2004

Más allá de los talantes
Aleix Vidal-Quadras La Razón  16 Abril 2004

Detenidos en Francia tres etarras del aparato logístico de ETA
Bayona. Agencias ABC 16 Abril 2004
 

La tentación de Ben Laden
Editorial La Razón  16 Abril 2004

Un nuevo comunicado, en principio grabado por el propio Ben Laden, en el que ofrece una «tregua» a los países europeos que rompan sus compromisos y retiren sus tropas de Iraq y Afganistán, constituye un peligroso misil disparado contra el corazón del sistema democrático occidental y contra la unidad de acción ante el terrorismo internacional. Ben Laden reivindica con su habitual imprecisión los atentados del 11-M y trata en su mensaje de romper nuestros lazos con Washington: quien está junto a EE UU sufrirá el dolor y la muerte, y Madrid es el ejemplo, pero no atentará contra los que abandonen a su suerte a los estadounidenses.

Es éste uno de los más claros ejemplos que definen al terrorismo internacional y su perverso sistema de obtención de resultados, aterrorizando a los ciudadanos hasta propiciar su rendición moral. Un paso previo a la imposición de sus fines, en este caso la recuperación del imperio musulmán. Y hay que recordar, porque él mismo se encargó de especificarlo, que su sueño incluye la vuelta de Al Ándalus (España) al islam.

Si alguien podía albergar alguna duda sobre de la necesidad de mantener la alianza contra el terrorismo, de cualquier signo, Ben Laden las ha despejado todas. Ante su tentación de falsa paz sólo cabe responder con firmeza y reforzando la alianza en esta guerra mundial en la defensa de la libertad.

UNA CINTA ENVENENADA
Por Enrique SERBETO ABC 16 Abril 2004

PUEDE que haya sido Bin Laden o puede que este misterioso asesino haga como El Cid en la leyenda y salga al campo de batalla después de muerto. Poco importa ya. La dimensión planetaria de la amenaza que afronta Occidente se demuestra claramente con el hecho de que con una inocente cinta magnetofónica se puede lanzar un torpedo contra la línea de flotación de la alianza transatlántica y forzar una reacción de las cancillerías europeas. La nebulosa del «yihadismo» islámico ha aprendido rápidamente dónde están los puntos débiles de su enemigo y ataca donde cree que puede abrir una brecha: «divide y vencerás». Es de suponer que las perversas mentes que se empeñan en lanzar a una parte del mundo musulmán hacia el abismo no necesitaban inspiración de nadie para imaginar estos medios de apretar el torniquete sobre los gobiernos democráticos de Europa, pero es un hecho que en estos momentos en varias capitales están esperando atentamente a ver lo que haga o deje de hacer el nuevo presidente del Gobierno español. En una comparación puramente abstracta, José Luis Rodríguez Zapatero se encuentra en la misma tesitura que estaba Lenin en la I Guerra Mundial, cuando al llegar al poder en 1917 optó por la llamada «paz separada» con Alemania, dejando solos a todos los demás aliados europeos. Aquel primer «decreto de la paz» del poder soviético pareció complacer a una sociedad cansada de batallas, pero por otro lado alargó el conflicto en Europa Occidental y contribuyó a dejar la puerta abierta para la II Guerra Mundial, de la que Rusia sería pocos años después víctima principal.

Ahora más que nunca, Europa y Estados Unidos deben estar juntos para resolver este conflicto, no hay otra opción frente a quienes quieren que cedamos al chantaje del miedo. Por algo han comprendido los terroristas que la cohesión del bloque Occidental es la principal fuente de nuestra fuerza. Por algo están intentando dinamitarla.

Dónde está Josu Ternera?
Matías Antolín es periodista La Razón  16 Abril 2004

Enviscado por mi tozudez, sigo haciendo apología del antiterrorismo, aunque ETA se acabó. Los cachorros de ETA ya nunca serán leones. El tren de la muerte conducido por Al Qaeda ha roto las agujas de los raíles etarras, ha descarrilado. La lucha armada está ya en vía muerta. En cuanto pase la resaca de las últimas detenciones en Francia con «Mobutu» a la cabeza, comunicarán un alto el fuego, que será el definitivo. Sin embargo, en el proyecto Ibarretxe se plantea la secesión como objetivo a alcanzar a corto plazo. Más de veinte años lleva el nacionalismo vasco de poder fáctico, manejando los hilos de la cultura-economía-terrorismo.

Arzalluz era experto en fomentar el miedo-odio y la falta de libertad plena en todos los habitantes de la comunidad autónoma vasca, reafirmando, como me comentó un día un vasco de pura cepa en Mondragón, su enfermedad más profunda: la yoyitis aguda: primero yo, después yo, y si queda algo para mí y mis adeptos me lo quedo también, porque soy yo el salvador de la patria vasca. Josu Jon Imaz tiene otro talante. No es lo mismo.

ETA sabe que ha llegado el momento de enterrar su hacha y la serpiente no seguirá enroscándose en la democracia para asfixiar la libertad. ETA está dispuesta a abandonar las armas. Si ETA no mata, no existe. Dudo que cometa más atentados. Sin embargo, ¿dónde está Josu Ternera? Puedo decir y digo que este etarra ha estado reorganizando, desde su escapada, lo que ellos llaman «la organización». Conozco a Josu Ternera. Le he visto tomando vinos por los bares y he cruzado con él la mirada varias veces en el penal de Nanclares de la Oca cuando iba a a visitar a Juan Manuel Soares Gamboa (uno de los ex etarras que más ha hecho para que el peso de la ley caiga sobre ese impresentable sujeto). Josu Ternera amenazó de muerte a Soares Gamboa, y tuvieron que cambiarle de prisión. Es un tipo de mente fría, de forzada sonrisa, de mirada huidiza-cobarde; es un criminal que condenó a muerte a cientos de ciudadanos. A los verdugos como Ternera se les reconoce fácilmente, tienen cara de miedo. Me preocupaba, hasta el 11 de marzo, que existiera un relevo familiar en las filas de ETA. He visto desfilar por los juzgados a muchos hijos de militantes históricos que estaban acusados de terrorismo.

Posiblemente hayan crecido vecinos al resentimiento por conocer a sus padres en el exilio o en la cárcel, si no en el cementerio. Tal vez les han idealizado o mitificado hasta el paroxismo. Hoy, si aún no son miembros de algún «comando letal», se mueven entre la cantera. Estos jóvenes jabatos del terror se han visto obligados a vivir muchos años en una especie de «zulos»; han tenido un universo muy cerrado, siempre con la huida en los talones, siempre al margen de la ley, en la clandestinidad. Quizá esto ha marcado su destino. Espero que no sea el suyo un camino sin retorno.

Por otro lado, ETA tiene «secuestrados» a sus arrepentidos. Muchos ex-etarras, refugiados en Sudamérica o Centroamérica, quieren volver a España y reinsertarse en nuestra sociedad, pero son «rehenes» de la banda. No quieren que el Gobierno español les utilice como símbolo de debilidad de la organización terrorista. Como lo único que se les ofrece es ir a la cárcel, optan por quedarse allende fronteras a la espera de que prescriban sus delitos. ETA también acalla a los presos disidentes. La mayoría son tratados psicológicamente por médicos abertzales para reconducirlos a la ortodoxia etarra. Les dicen que sus críticas son fruto de una «depresión transitoria». Así intentan apagar el «foco de disidencia» que anida en la militancia encarcelada.

La mayoría de presos apuestan de forma clara y rotunda por el fin de la lucha armada y la unidad nacionalista. Defienden un «alto el fuego» definitivo de la banda terrorista. Conozco a José Luis Álvarez Santa Cristina «Txelis». Me consta que si hubiera seguido dirigiendo ETA, hoy habrían desaparecido estas siglas. Hace años que me carteo con Txelis, sé cómo piensa. Pienso que habría que buscar una salida inteligente a estos casos. Se haría mucho daño a ETA con sus disidentes fuera de prisión. La actitud valiente de Juan Manuel Soares Gamboa, desmitificando a sus antiguos compañeros y quitándoles la capucha de su cobardía, ha sido uno de los más duros «atentados» que ha sufrido ETA.

Muchos arrepentidos como Pertur o Yoyes han sido asesinados por salir de esa secta/mafia sangrienta. Durante casi cuarenta años, las pistolas etarras de estos dementes oligofrénicos han convertido el nacionalismo vasco en Euskadifrenia, una enfermedad mental. ETA está derrotada. Está decidida a no seguir matando. ¿Son incapaces las fuerzas de seguridad de detener al que hoy es el número uno de ETA: Josu Ternera? Me consta que está deseando huir de la clandestinidad. No se rendirá, pero agradecerá que le detengan porque ETA ha muerto. Adiós, ETA, agur.

Los peajes de Zapatero
Editorial La Razón  16 Abril 2004

A yer, en el Congreso de los Diputados, asistimos a un debate parlamentario de altura entre el candidato a la Presidencia del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el jefe de la oposición, Mariano Rajoy. Más allá de las formas, en ocasiones de gran brillantez por parte de ambos, hay que referirse al fondo de las ideas expresadas. Y en este campo, hay que reconocer que el representante del Partido Popular tenía muchas mejores cartas y las supo jugar con éxito.

El discurso de investidura de Zapatero venía marcado, obligadamente, por la necesidad de conseguir el respaldo de una formación política nacionalista, como Esquerra Republicana de Catalunya, que defiende un modelo de Estado muy diferente al propugnado por la inmensa mayoría de los votantes socialistas y que, además, mantiene su oposición al concepto de lucha antiterrorista que plasmaron el PSOE y el PP en el pacto por las libertades y en la Ley de Partidos. Y sobre ese peaje, Mariano Rajoy centró una intervención amable e irónica en la superficie, pero de una gran dureza conceptual de fondo. Tal es así, que en algún momento de la réplica, Rodríguez Zapetero se vio asaltado por los viejos reflejos de quien ha estado en la oposición y pasó a interpelar retóricamente al representante popular en un significativo, aunque breve, cambio de papeles.

No podía ser otra, por otro lado, la estrategia opositora del PP y, en cierto modo, también de Convergencia i Unió. Porque sobre dos de los principales asuntos de Estado en discusión, la reforma de la Constitución y la de los Estatutos de Autonomía, el candidato socialista no tenía más respuesta que la de ofrecer su disposición a un diálogo político lo más amplio posible para conseguir un consenso reformador, siempre dentro de la Constitución. «Maravillosas palabras», en expresión del catalán Durán i LLeida, pero de difícil traducción en los hechos.

En contraste, y en lo que puede considerarse el mayor acierto de Mariano Rajoy, la intervención del líder popular tuvo la virtud de fijar claramente y desde el principio sus posiciones de partida: apoyo total y sin ambages en la lucha antiterrorista, tal y como recoge el espíritu del pacto por las libertades, y respaldo en aquellas modificaciones constitucionales y de los estatutos que no supongan una disminución de las atribuciones del Estado o una derivación asimétrica del modelo autonómico. En ambos casos, Mariano Rajoy le recordó que los votos del Partido Popular son imprescindibles para conseguir la mayoría agravada necesaria para acometer cualquier «retoque» de nuestra Carta Magna. Pero, quizás, lo más importante de su intervención fue el consejo de que no acometiera una reforma sin estar seguro de que podrá terminarla.

Ante esta insistente coherencia en unos principios políticos, poco pueden representar los continuos llamamientos al diálogo y al talante negociador hechos por Zapatero, puesto que ni el diálogo ni el talante son un fin en sí mismos.

Cuando menos, el candidato socialista despejó dos dudas: la supensión de la Ley de Calidad en la Enseñanza y la muerte, por decreto ley, del proyecto del Trasvase del Ebro. El resto de las incógnitas, como la vuelta de las tropas de Iraq antes del 30 de junio, sigue pendiente de una realidad incuestionable nacida de su mayoría minoritaria.

PÁSELO, SEÑOR RODRÍGUEZ
Por Carlos HERRERA ABC 16 Abril 2004

DÍGAME, Rodríguez, ¿dónde tengo que firmar? Sí, sí, a firmar todo lo que usted proclamó en su intervención primera, eso del diálogo, la búsqueda de acuerdos, lo de hacer del Parlamento el eje de la política nacional, lo de leer El Quijote, lo de elevar a nuestros cineastas a los altares civiles, lo de hacer muchas casas y muy económicas, lo de respetar la Constitución, lo de llevarnos armónicamente con la vieja Europa. Mientras firmo, dígame, eso sí, cuánto me va a costar y cómo lo va a hacer, quién va a ser el que se lleve la tajada gorda del pastel nacional y si los malos van a seguir siendo malos o si con la incorporación de algunos al «escenario dialogante» vamos a tener que cambiar de opinión sobre ellos y sus amigos.

Dígame, «Uve-E» -que es como leyó lo de Vuestra Excelencia la secretaria del Congreso, sin necesidad de ser carne de Logse-, cuál será la reforma del Senado, que es algo de lo que se viene hablando desde que yo era un muchacho y que aún nadie ha explicado en qué consiste, ni siquiera usted cuando ha respondido a un Rajoy que a estas alturas debe estar lamentando la idiotez de no querer realizar debates televisivos. Otra cosa: ¿los estatutos que habrán de reformarse lo serán atendiendo a la Constitución ya renovada o en función de la que conocemos ahora mismo?

Más dudas: la angelical fraternidad económica que usted anuncia entre todas las Comunidades Autónomas, ¿va a quedarse en los titulares habitualmente demagógicos con los que despachan la cuestión sus conmilitones o, por el contrario, unas aprovecharán mejor que otras el hecho de ser hijos de patrias menores de mucha más historia y enjundia? Firmo todas las generalidades paradisíacas que ha brindado en su primera y bien educada intervención, todas, de la cruz a la raya, pero me pregunto un tanto inquieto si comparten su santidad sus demás grupos aliados en asuntos de calado tan considerable como la lucha contra el terrorismo (por cierto, es mentira que su próximo ministro de Seguridad limitara sus críticas a la ley de partidos a las reformas que se aprobaron en el Congreso: a su buen amigo Alonso no le gusta que se ilegalice a Batasuna, tan claro como eso).

A algunos nos inquieta que haya dicho usted que «luchará» contra el terrorismo de ETA pero que «evitará» el terrorismo internacional. No entiendo bien la diferencia. En cualquier caso, ¿cómo no estar de acuerdo con algo tan estupendo como la «convivencia territorial»? ¿Cómo no aplaudir el concepto de «reforma consensuada para el progreso»? ¿Cómo no suscribir el ámbito de «permanente diálogo institucional»? ¿Qué español de buena fe no va a querer exactamente eso mismo?

Dice que va a sacar a España de la foto de las Azores: ¿en qué se traduce exactamente? Dice que arreglará el problema del agua, pero aún no sé si transvasará o no agua del Ebro dentro de sus retoques a las infraestructuras. Todo queda pospuesto a la presentación de los correspondientes decretos leyes: no obstante, ¿no podría adelantar algo? Adelante si va a bajar los impuestos. Adelante si eso de que «la realidad autonómica tendrá reflejo en las reformas constitucionales» quiere decir que no pesarán más unos que otros. Entiendo que, visto donde estaba usted hace cuatro meses y en qué condiciones, lo que hizo y dijo ayer sea lo máximo que puede hacer y decir, pero, más allá de regeneracionismos idílicos, los ciudadanos tenemos derecho a la única palabra que le ha faltado en sus intervenciones: concreción.

Ha construido un discurso con cuatro palabras: solidaridad, cohesión, talante y diálogo, diálogo hasta la extenuación. Pero, más allá de ejercicios florales, nada más. Le suplico que, en cuanto esté dispuesto a ampliar datos, los elabore y los proporcione. En cuanto lo sepa, páselo, Rodríguez, páselo.   cherrera@andalucia.net

El primer debate parlamentario
El enigma Zapatero y la investidura de Rajoy
Jorge Vilches Libertad Digital  16 Abril 2004

Después del debate de investidura lo que ha quedado más claro es que no sabemos qué Gobierno vamos a tener, pero sí qué oposición. Y es que Zapatero ha hecho un discurso como si aún estuviera en la oposición. No ha variado el programa con el que acudió a las elecciones, y esto, al contrario de lo que le puede parecer a algún zapaterista, no es propio de un debate de investidura, de un presidente de Gobierno ni de un partido gubernamental. Toda nación, en una sesión de este tipo, está atenta a las propuestas, capacidad, soltura y autoridad del hombre en el que ha depositado su confianza. ¿Alguien se imagina a Tony Blair contestando a His Majesty’s Opposition con otras preguntas o proclamas de pancarta? ¿O a Schröder pidiendo el voto de la mayoría del Bundestag sin explicar cómo y cuándo va a cambiar la Constitución?

El diálogo no es un programa de gobierno, es solamente un instrumento. El talante no es talento, hay que llenarlo de contenido político. En su discurso de investidura, Zapatero ha dejado tantos cabos sueltos que a la dificultad de una legislatura en la que los nacionalistas, crecidos y orgullosos, no cesarán en su ansía secesionista, se sumarán los largos procesos de negociación de todos y cada uno de los movimientos, actos y proyectos legislativos de este Gobierno.

Los socialistas de Zapatero creyeron tanto en su derrota electoral en el año 2004 que, desde dos años antes, decidieron hacer un frente común con los nacionalistas para derrotar al PP. "Diálogo" se convirtió en la palabra que sustituyó a la ardua y conflictiva elaboración de un programa concreto de gobierno que, claramente, habría traído muchos problemas dentro del PSOE. Ante cualquier problema o conflicto, la solución socialista era el socorrido llamamiento al “diálogo”, sin más propuesta, o bien la negación de la acción del Gobierno Aznar. Esto es admisible, siendo benévolo, dentro de su estilo de oposición, pero impropio de un discurso de investidura.

No se trata ya de los dos minutos dedicados a la economía, o a la falta de concreción en las propuestas, sino que se ha limitado casi exclusivamente a decir que va a deshacer todo lo que pueda de la última legislatura. Esta “contrarreforma” no creo que sea suficiente ni siquiera para los votantes socialistas, y deja entrever que no serán los ministros del PSOE los que determinarán las líneas fundamentales de su actuación. Es triste que Zapatero haga depender la estabilidad de su Gobierno de partidos que, a grandes líneas, son antisistema, pues son independentistas y republicanos.

Rajoy parecía, a la luz de la palabras y maneras de Zapatero, el hombre de la investidura. Contundente, como hubiéramos querido verle en toda la campaña electoral, enumeró los aciertos del Gobierno popular y las indefiniciones de un Zapatero que, cariacontecido, improvisaba respuestas propias de la oposición, no de un hombre de gobierno. Enfangando en el taumatúrgico "diálogo", Zapatero ha sido incapaz de conferir la confianza que es deseable en un candidato a presidente de Gobierno.

El líder del PP mostró que su partido va a cumplir con suma dureza el estricto papel de oposición leal. Rajoy hizo gala en sus intervenciones de que va a seguir el modelo opositor que desarrolló Aznar en la última legislatura de González: persistencia, vigilancia, propuestas y equipo de gobierno alternativo. Incluso, con el savoir faire de los hombres de Estado, tendió la mano a Zapatero ante las dificultades que, a no tardar, encontrará en los trueques constitucionales que el socialista se ha comprometido a hacer.

La institución de la oposición ha sido, desde mediados del siglo XIX, uno de los elementos básicos para el buen funcionamiento del gobierno representativo. La sesión de investidura ha mostrado que en España hay una oposición con todas las características propias de los opositores leales en las democracias históricas. Queda por ver qué Gobierno tenemos.

Más allá de los talantes
Aleix Vidal-Quadras La Razón  16 Abril 2004

Los talantes respectivos fueron uno de los temas reiteradamente presentes en el debate de ayer entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, pero una vez hecha patente la evidencia de que ambos ejercitan modos distintos a los que caracterizaron el cuatrienio anterior, otras son las cuestiones que merecen ser resaltadas de su interesante interacción dialéctica. Aunque el candidato a presidente no se desenvolvió mal del todo, no pudo desprenderse de esa sensación que transmite de inseguridad y de deseo algo pusilánime de contentar a todo el mundo. En cuanto al líder de la oposición, demostró un dominio muy claro de la tribuna y un repertorio de recursos parlamentarios netamente superior al del aspirante a La Moncloa. Zapatero rehuyó la precisión en sus respuestas a las preguntas clave que le formuló el secretario general del Partido Popular y sus intentos de descolocar a su rival con trucos fáciles, como la lectura de la propuesta del PP en 1996 de reforma del Senado o el reciente voto del grupo popular en el Parlamento canario sobre la creación de una Agenda Tributaria autonómica, no hicieron mella en la contundencia de los requerimientos de Rajoy.

Es obvio que la situación de 1996 no admite comparación con la actual. En aquellos momentos, los nacionalistas catalanes y vascos exhibían una actitud conciliadora y una aparente mansedumbre que no tienen nada que ver con el Plan Ibarretxe, el proyecto de nuevo Estatuto de Convergencia i Unió o el retorcido maridaje entre el PSC y Esquerra Republicana. No es lo mismo cerrar un pacto de legislatura con partidos que se mueven en sus pretensiones dentro del marco constitucional que depender de formaciones que ya han manifestado sin ambages su rechazo frontal al gran acuerdo civil de 1978 y su decidido propósito de acabar con España como proyecto colectivo. Ha llovido mucho en los últimos ocho años y establecer analogías entre el escenario existente cuando Aznar se sometió a su primera investidura y la insurrección abierta contra el ordenamiento vigente de los que ahora apoyan la candidatura de Zapatero es simplemente cerrar los ojos a una realidad que, no por incómoda, es menos tangible.

Además, hubo en la primera respuesta de Zapatero un reproche que Rajoy hizo bien en ignorar, pero que revela que los buenos modales y la suavidad de las formas son compatibles con el cinismo más descarnado. Echarle en cara al PP la utilización del terrorismo como arma política después de los episodios vividos por el Gobierno saliente en los dos días posteriores al 11-M demuestra una inmoralidad tan profunda que abre inquietantes perspectivas sobre nuestro futuro como país a partir de la toma de posesión del ganador de las elecciones. En cualquier caso, el PP puede respirar tranquilo porque su nuevo jefe de filas, además de mostrar buen talante, ha dado con creces la talla requerida.

Descubierto un taller donde preparaban explosivos
Detenidos en Francia tres etarras del aparato logístico de ETA
Bayona. Agencias ABC 16 Abril 2004

Efectivos de la policía francesa han descubierto esta mañana el taller de electrónica de ETA y detenido a tres personas que se encargaban del funcionamiento de esta estructura de la organización terrorista, según han informado fuentes relacionadas con la investigación. Las identidades de los tres presuntos miembros de ETA pertenecer al subaparato de electrónica de la organización terrorista son las siguientes: Inocente Soria, Iñigo Elicegi y José Luis Campos Barrandiaran, informaron fuentes próximas a la investigación en Francia.

El taller, donde se elaboraban mandos a distancia y todos los componentes electrónicos utilizados para la fabricación de artefactos explosivos, se encontraba oculto en una vivienda situada en el casco urbano de la localidad de Chatellerault, (Departamento de Vienne) a unos cuarenta kilómetros al norte de Poitiers.

La operación ha sido llevada a cabo a primera hora de esta mañana por agentes de la Policía Judicial que han irrumpido en la vivienda deteniendo a los tres presuntos etarras que se encontraban en su interior. La casa era utilizada como el taller electrónico de ETA encuadrado dentro
del "aparato logístico" que el pasado día 2 sufrió un duro golpe al ser detenidos sus dos máximos responsables, Félix Ignacio Esparza Luri, 'Ana', y Félix Alberto López de la Calle, 'Mobutu'. El desmantelamiento del taller donde se montan todos los componentes imprescindibles para la fabricación de bombas se une a la reciente localización de la fábrica en la que la banda terrorista producía los explosivos y montaba granadas. La fábrica estaba ubicada en un caserón de la localidad de Saint Michel, muy próxima a la frontera navarra.

Los tres presuntos miembros de ETA detenidos esta mañana en Francia están acusados de ser los responsables de las compras de material y de confeccionar artefactos en el taller electrónico de la banda terrorista, según informaron fuentes relacionadas con la investigación.

Los detenidos han sido identificados como José Luis Campo Barandiaran, de 46 años, natural de San Sebastián, Iñigo Elicegui Erviti, de 33 años, natural de la localidad navarra de Goizueta, e Inocente Soria Valderrana, de 54 años, natural en la localidad de Cabeza de Buey (Badajoz). Según las fuentes consultadas, Campo Barandiaran y Soria Valderrama eran los encargados de realizar las compras del material necesario para la fabricación de artefactos, mientras que Elicegui era el responsable directo del taller que se encargaba de la manipulación y elaboración de los componentes electrónicos utilizados en las bombas.

Elicegui está considerado por la policía como el sucesor de Ignacio Santesteban Goikoetxea, "Einstein", considerado el jefe del 'subaparato electrónico' hasta su detención en septiembre de 2000 en el curso de una operación en la que fue desmantelado todo el 'aparato logístico'. José Luis Campo Barandiaran, por su parte, está acusado de haber formado parte de un comando 'legal" denominado "Ernio" en 1981. Los miembros del grupo huyeron a Francia en 1982 sin haber llegado a cometer ningún atentado.

Tanto Campo como Soria están acusados de haber sido encargados de grupos de reserva en Francia durante una etapa antes de convertirse en responsables de compras de material para la organización. La operación policial en la que han sido detenidos ha sido el resultado de una investigación conjunta llevada a cabo por los servicios de información de la Policía francesa (RG) y la Guardia Civil. El desmantelamiento del taller electrónico de ETA se produce dos semanas después de que ambos cuerpos policiales capturaran a los responsables del "aparato logístico" de la banda y descubrieran la fábrica donde se elaboraban explosivos y granadas.

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