AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 17 Abril 2004
A vueltas con Cataluña
Amando de Miguel Libertad Digital 17 Abril 2004

EL EJERCICIO PÚBLICO DE LA RAZÓN
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR
ABC 17 Abril 2004

Zapatero, investido gracias a Carod-Rovira y Llamazares
Luis María Anson La Razón  17 Abril 2004

Cien días
Editorial La Razón  17 Abril 2004

La más grave cuestión
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  17 Abril 2004

La mueca del terror
Cristina Losada Libertad Digital  17 Abril 2004

LA HORA DE LA VERDAD PARA RODRÍGUEZ ZAPATERO
Editorial ABC 17 Abril 2004

El traje que se quedó pequeño
Julián Lago La Razón  17 Abril 2004

La huella de Zapatero
TONIA ETXARRI El Correo 17 Abril 2004

LA GRATITUD
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 17 Abril 2004

Acebes, el mejor ministro de Interior
EDITORIAL Libertad Digital   17 Abril 2004

Bin Laden amenaza
Opinión El País  17 Abril 2004

Desmantelado en Francia el taller de electrónica de ETA
J. M. Zuloaga La Razón  17 Abril 2004

 

Errores y erratas
A vueltas con Cataluña
Amando de Miguel Libertad Digital 17 Abril 2004

No hay tu tía. Lo de Cataluña es una verdadera obsesión para los lectores del Principado que quiere ser República. El asunto suscita más rauxa (apasionamiento) que seny (buen sentido, sosiego).

Un catalán (cuyo nombre omito a petición suya) me señala que ha estado recientemente en Baden-Wurttenberg (o Suebia) donde se habla con naturalidad el suabo. Es una lengua con literatura propia, pero a nadie se le ocurre que pueda desplazar al alemán como lengua de comunicación. Aplica el caso al catalán. “El sumergirse (aquí lo llaman inmersión) en la lengua vernácula (catalana), con la esperanza de que esta se convierta en idioma universal, es tiempo perdido”. De acuerdo, pero ¿por qué ocultar el nombre de quien expresa esa opinión? Esa petición o exigencia de anonimato solo se encuentra en la posta que recibo de los catalanes. Por cierto, ¿para cuándo la transferencia del Servei de Correus? Propongo mejor lo de Posta Catalana; parece menos español.

José Artigas Puig (gracias por dar su nombre) me comunica desde Cataluña: “No encuentro ningún colegio público que me ofrezca la posibilidad de que mi hija reciba educación bilingüe”. Se entiende, en catalán y castellano; pues sí se podrá estudiar en alemán, francés o inglés. También hay en Cataluña colegios privados donde se pueda conservar el castellano, pero la cuestión está en la enseñanza pública, la que pagamos todos los españoles, sea cual fuere nuestra lengua doméstica. Estamos acostumbrados a que el Gobierno catalán (o el vasco) incumpla las leyes. ¿Cómo se podrá obligar a que la gente pague los impuestos o a que respete las señales de tráfico?

Horacio Silvestre, filólogo, me felicita por mi defensa de la lengua española frente al “legado de las taifas medievales, el cerrilismo paleto y guerra civilista del siglo XIX”, etc. Gracias, hombre. Yo también soy “filólogo”, esto es, “amigo de la razón o de la palabra”. La única objeción es que los reyes taifas por lo menos eran personas cultas, cosa que dudo de sus actuales herederos.

Francesc Serret Monner me trata familiarmente por el nombre de pila, “sin el Don, porque, como en catalán no se usa, no estoy acostumbrado y me suena difícil”. El “don” no es más que el apócope de “dóminus” (= señor); así que lo podemos emplear en todas las lenguas romances. Si decimos “señor” es lo mismo. Los abades de Montserrat se anteponen el “dom” que todavía suena mejor. También se dice Nostra Dona de Montserrat. Bueno, vamos a lo nuestro. Agradezco las palabras de afecto y felicitación del amigo Francesc. Sugiere que Carod-Rovira “dialogue” con Ben Laden. Tiene la duda de si el catalán es solo un dialecto. No, un dialecto sería el aranés o el leonés, pero el catalán es una lengua hecha y derecha con una literatura secular, lo mismo que el gallego o el castellano. Otra diferencia es que la lengua requiere que se haya unificado el modo de escribirla. El castellano lo hizo al final del siglo XV, con Nebrija. El catalán realiza esa reforma unificadora a finales del XIX y el vascuence lo logra en la segunda mitad del siglo XX. Es así. No hay ningún juicio de valor. Mi corresponsal termina dándome las gracias “por deleitarme continuamente con sus explicaciones y ese hablar claro que tanto echo de menos en mi tierra”. Pero ¿no quedamos en que en Cataluña se repite ese estupendo pleonasmo de clar i català? Algo ha cambiado en Cataluña para que se destierre la claridad. Por lo menos ya no se venden mucho las camisas claras.

Ababuyá Alencastro, desde San Luis (Colorado, USA) se lamenta de que el español pueda desaparecer en Cataluña si se cumple la actual política lingüística. Comparto sus temores, aunque confío en que la realidad se imponga a las leyes cicateras. Cataluña será la gran perjudicada si se erradica el español escrito de su vida pública y empresarial. Lo que pasa es que Cataluña es parte de España, es decir, parte de mí. ¿Lo entenderán así las camisas oscuras?

EL EJERCICIO PÚBLICO DE LA RAZÓN
por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR. Catedrático de Historia Contemporánea. Universidad de Deusto
ABC 17 Abril 2004

CUENTAN que hundido en la cárcel desde la que esperaba el patíbulo, rodeado por un silencio sólo roto por los cerrojos y los pasos de sus carceleros, Tomás Moro respondió a su hija, que le exhortaba a ceder, a darle la razón al Rey para salvar la cabeza, que él cedería con mucho gusto, pues no era cosa de pamemas morales, pues amaba la vida y también la buena mesa, pero «esta vez», añadía, «de verdad que no puedo».

Hay valores, como bien sabía Tomás Moro, que no se pueden negociar sino sólo defender; precisamente por eso son la sustancia fundamental, lo más importante de la vida; precisamente por eso se falsean en programas y discursos políticos, que caen con facilidad en la retórica o el sermón.

Se oye estos días alabar la política del consenso; se oyen y se leen muchos discursos sobre las excelentes virtudes del diálogo; se resalta el talante cívico de la calle, siempre al acecho, siempre vigilante, siempre ilustrada, siempre dispuesta a no dejarse arrastrar por el huracán caliente de los acontecimientos; incluso se oye criticar airadamente el rodillo de toda mayoría absoluta, carente, al parecer, de espíritu democrático -sea lo que se entienda por este término.

Es dudoso que las mayorías absolutas resulten en sí mismas asfixiantes y se conduzcan siempre con un lenguaje tajante e imperativo, del mismo modo que no es cierto que el consenso derive instantáneamente en una sociedad más libre, tolerante y adherida al sentir de la calle. La búsqueda de consenso puede dar estabilidad a un régimen, puede comportar desde luego una mayor flexibilidad en el reconocimiento de las voces ajenas y abrir ventanas a miradas y planes minoritarios, pero también entraña el riesgo de aguar los valores y las ideologías en la indiferencia y de que las minorías gobiernen como si fuesen mayorías. También puede ahogar el tronco y las raíces de los programas políticos que han recibido, en proporciones distintas, la confianza y el mandato de los ciudadanos, en una inmensa hojarasca de comadreo inútil, de chismografía efímera y malsana donde cualquier cosa parece intercambiable por cualquier otra y donde los votos se negocian por un procedimiento semejante al que se usa en las lonjas para negociar el pescado.

En la época de la Restauración había un pacto que daba estabilidad a la Monarquía de Alfonso XII, un sistema en el que entraban monárquicos y republicanos, izquierdas y derechas, pero era un sistema lleno de tópicos, de ratimagos, de frases hechas y de actitudes estudiadas; un sistema gelatinoso en el que el sufragio universal era intercambiable con el caciquismo y perdía sus rasgos; un sistema fosilizado, donde el voto del ciudadano resultaba irrelevante y en el que no quedaba más que los trucos del oficio. Cualquier cosa le parecía a la gente preferible a eso, y de ahí el éxito de Primo de Rivera cuando anunció que iba a acabar con los políticos profesionales.

Es cierto que en una sociedad plural resulta necesario mantener lo más abierto posible el espíritu de diálogo y de respeto a las diversidades políticas y culturales, pero también es cierto que la filosofía del consenso no debe trivializarse ni servir de lanza para sacar de escena a un adversario que defiende su programa y sus convicciones mediante procedimientos democráticos. La democracia es el régimen basado en el ejercicio público de la razón, no la manipulación insidiosa de la realidad. El ciudadano demócrata no es el que sólo acata la decisión mayoritaria, sino el que exige y ofrece razones acerca de los problemas comunes sobre los que toca decidir. La Constitución de 1978 es la expresión del consenso de los españoles, del pleno ejercicio de la soberanía del pueblo, del desarrollo de una nación de ciudadanos constituída en torno a unas normas fruto de un gran acuerdo.

Pero hoy se quiere subvertir el consenso radical de nuestra democracia y mediante la abolición del principio de soberanía nacional se pretende llevar a España a una fase revisionista cuyo objetivo es, como mínimo, el Estado confederal. Así lo entendieron todos los consejeros del Gobierno catalán que se negaron a prometer o jurar acatamiento al Rey y la Constitución cuando tomaron posesión de sus cargos en el gabinete de Maragall. El marco estatutario que se aceptó en 1978 se rechaza ahora porque las autonomías suponen la aceptación de la nación española y se quiere establecer un principio de desigualdad entre los españoles, indicando quiénes son otras cosas y, además, mejor.

«Si pretendemos el triunfo en la gran contienda ideológica de esta época es preciso, sobre todo, que nos percatemos exactamente de cuál es nuestro credo», escribía Hayek . Sólo se respeta una determinada concepción del mundo si se la toma en serio hasta el fondo, si se enfrenta con rigor a la verdad que anuncia o a la capacidad o incapacidad de seguirla realmente. Declararse partidario de una ideología y luego, al calor de un impulso sentimental o un interés concreto diluirla es actuar al modo que lo hacía Zelig, aquel personaje imaginado por Woody Allen; aquel hombrecillo de la época de entreguerras; un advenedizo, una celebridad vacía de contenido que encajaba a la perfección en todas partes porque cambiaba totalmente de personalidad para adaptarse a cualquier ambiente. Leonard Zelig se convertía en uno de los más famosos habitantes de Manhattan: aparecía fotografiado entre los presidentes norteamericanos, intercambiaba golpes con el boxeador Jack Dempsey, si una noche se encontraba a alguien que le hablaba con entusiasmo de la mafia o de las candilejas esa misma noche se transformaba en Al Capone o se entrevistaba con el dramaturgo Eugene O´Neill y, cuando Hitler arengaba a sus partidarios en Nüremberg, allí estaba él también, en la plataforma de los oradores.

El arte de la política no tiene por qué ser el arte del camaleón En las democracias no todo tiene por qué ser negociable. Existen principios que no pueden dejarse de lado sin provocar el declive de la convivencia. Son estos el valor primario del individuo y la razón. Son también los valores fríos de la democracia: las formales garantías jurídicas, la observancia de las leyes y de las reglas.

El problema está en un malentendido sociologismo según el cual el gobierno y el derecho tendrían que adecuarse pasivamente al grito de la calle y en una gramática lingüística, conceptual y ética basada en palabras fetiche bien acogidas por el público. El problema reside en olvidar que un partido político es un canal de opinión pública que sólo hace justicia a su electorado si respeta el programa, no si lo pasa por la batidora para obtener un batiburrillo de consensos. El problema está en que cuando se habla de diálogo lo que se pretende, en realidad, es una negociación: el diálogo se establece para convencer o ser convencido con argumentos racionales mientras que la negociación es la pugna por la ganancia, aprovechándose de las circunstancias y sin excluir el chantaje. El diálogo, por ejemplo, con los políticos nacionalistas no lleva más que a una superposición de monólogos, porque su ideología es una religión secular y su patria no está escrita en el parlamento sino en la estrellas. El problema es que a veces el diálogo resulta superfluo.

Con todo lo humanista y hombre de diálogo que era, cuando los guardias le condujeron ante el Rey, Tomás Moro sintió que si aquel no se basa en una previa afinidad electiva o en una sustancial cercanía de puntos de vista resulta vano; advirtió que lo esencial se decide antes de la palabra, en los móviles que acercan y alejan inexorablemente a los hombres; se dio cuenta de que en el diálogo se convence sólo a quien previamente se presta a ser convencido.

Zapatero, investido gracias a Carod-Rovira y Llamazares
Luis María Anson de la Real Academia Española La Razón  17 Abril 2004

Las cosas son como son. José Luis Rodríguez Zapatero es ya presidente del Gobierno gracias al apoyo de los independentistas de Carod-Rovira y de los comunistas de Llamazares. En definitiva, lo mismo que Maragall en Cataluña, aunque el líder nacional ha arañado algunos votos más de partidos menores.

Izquierda Unida es una camelancia, una careta para enmascarar al Partido Comunista que electoralmente no tiene nada que hacer en ningún país de la Europa comunitaria y que, en casi todos, ha desaparecido formalmente. Hace cuarenta años el socialismo democrático no podía aliarse con el socialismo real, con el comunismo, de la misma manera que la democracia cristiana no podía hacerlo con la extrema derecha. No era aceptable desde el punto de vista democrático. Hoy, tras el derrumbe del muro de Berlín, las cosas han cambiado pero la alianza con los comunistas de Llamazares constituye una hipoteca considerable, bajo las sombras del revolucionarismo años treinta y la vociferación callejera.

Esquerra Republicana es un partido democrático que tiene derecho a defender, dentro del respeto a la Constitución y al procedimiento para reformarla, su posición política: la independencia de una región española, Cataluña. Pero se me escapa cómo se compagina eso con el programa de un partido nacional como el PSOE. Y, además, está la posición del líder de Esquerra, Carod-Rovira. Lo de menos, siendo grave, y tal vez un delito, es que negociara con Eta. Lo de más es lo que negoció. Siendo conseller en cap del Gobierno catalán, se trasladó a Perpiñan para entrevistarse con Josu Ternera, ese hombre de Estado. El resultado de la «negociación» fue el comunicado de Eta declarando la tregua en Cataluña pero no en el resto de España. Carod-Rovira dice que no pactó nada con Eta. No se lo cree ni él. Este periódico publicó un artículo suyo de hace trece años, con un planteamiento miserable. Se resume así: «Señores de Eta, matad en España, si es ésa vuestra estrategia, pero no en Cataluña porque Cataluña no es España». No, no le resultará cómodo a Zapatero caminar cogidito del brazo de Carod-Rovira y Llamazares.

Cien días
Editorial La Razón  17 Abril 2004

José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió ayer en el quinto presidente de la democracia española con el respaldo de 183 diputados y el único rechazo de los representantes del Partido Popular. Es, no hay que ocultarlo, una de las más altas mayorías alcanzadas por un candidato en sesión de investidura, pero es una mayoría que no responde a la realidad del Congreso de los Diputados. Detrás de esos votos hay nada menos que seis formaciones políticas, cuatro de ellas de carácter nacionalista, con intereses y, sobre todo, expectativas sobre el futuro del modelo territorial español muy divergentes. Como bien señalaba ayer el presidente de la Comunidad Autónoma de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, la sesión de investidura desdibujó la composición real del mapa parlamentario nacional al conceder un protagonismo excesivo a los nacionalismos que, sin embargo, representan menos del diez por ciento de los votos ciudadanos.

Mucho nos tememos que este desequilibrio va a condicionar el mandato de Zapatero por más que reitere sus apelaciones al diálogo. Pero, mientras tanto, el nuevo presidente del Gobierno español no puede menos que merecer todo nuestro respeto y la tradicional cortesía que establece la existencia de un plazo de cien días antes de entrar a valorar globalmente la gestión de quien empieza.

Cortesía que, sin embargo, no está reñida con la crítica puntual a aquellas actuaciones o actitudes que por su trascendencia lo merezcan. Y la primera se produjo ayer mismo, cuando en medio de las réplicas y contrarréplicas con los grupos minoritarios, el ya presidente del Gobierno no terminó de aclarar si pensaba negociar el Plan Ibarreche o, si por el contrario, se mantenía en la firmeza de sus anteriores declaraciones. Porque no podemos negar que el representante del Partido Nacionalista Vasco tenía, al menos, un punto de razón cuando se quejaba del diferente trato que se dispensaba a una formación, como ERC, que había expresado claramente su voluntad de llegar a la ruptura territorial del Estado. Situación ciertamente incoherente, pero que viene forzada por la realidad de la aritmética parlamentaria.

Porque, a los muchos desafíos y retos que tiene planteado el nuevo Gobierno, se añade el precio que tendrá que pagar por los apoyos de las minorías nacionalistas, tal y como hemos visto en el reparto de las mesas del Congreso y el Senado y en la distribución de las presidencias de las distintas comisiones de las Cámaras. Ese remedo de mercado persa, que, en cierto modo, desvirtúa el peso real de los votos de cada partido no augura nada bueno para el futuro inmediato.

Por eso, nos parece necesario traer a colación la última parte de la intervención de Mariano Rajoy quien, con sus 148 diputados, tiene la llave de las hipotéticas reformas constitucionales. Y es que el líder de la oposición tendió la mano al presidente del Gobierno para todo aquello que de verdad importe al futuro de la nación española.

Antiterrorismo
La más grave cuestión
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  17 Abril 2004

Lo único que me ha sugerido el discurso de ZP es un dicho catalán: d’on no n’hi ha, no en raja. Nada cabe extraer de la nada. En cuanto a Rajoy, comparto la rápida reflexión de los sagaces comentaristas de la Bitácora de Libertad Digital : lamentable fue que el líder popular eludiera el debate público con el de León, librándolo de su cantado destino de regente de un concesionario de automóviles. Lo peor es que el responsable nominal de la ideíta del “bajo perfil” parece que sigue en sus trece y aconseja más de lo mismo para las europeas.

Tras el lamento inútil, el reconocimiento de lo que es justo. Mariano Rajoy ha estado tan claro en el tema del terrorismo, la gran cuestión, que si al final el PSOE comete todos los errores que sus actitudes del último año –y sobre todo del último mes– nos hacen temer, no será porque los formadores de opinión y la ciudadanía en general no tengan las claves adecuadas de razonamiento o no cuente con la clara formulación de los imperativos morales con que el más grave desafío de nuestra historia reciente se debe abordar.

“Las libertades que amenazaba y amenaza el terrorismo de ETA son las mismas libertades que el terrorismo islamista quiere aniquilar”, ha dicho al inicio de su intervención. Ha pedido el refuerzo del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo y ha advertido contra los intentos de desvirtuarlo. Pero he aquí lo más importante: “Nunca se puede transmitir la sensación de que se toman decisiones políticas con el ánimo de evitar actos terroristas (...) porque los terroristas tomarán nota”. Cualquier estrategia contra el terrorismo debería partir de esta premisa.

Este es un punto crucial que exige su repetición, glosa y explicación incansable a la opinión pública. Debemos pedir a los responsables del único partido que puede hacer esta tarea que no den por descontado que se va a entender fácilmente. La verdad es que, si miramos a nuestro alrededor, encontraremos mucha gente de buena fe que no comprende, o que no está de acuerdo, con esta lógica. El temor, que todos sentimos, conduce a muchos a urgir o a comprender decisiones políticas que equivalen objetivamente a la claudicación o a la creación de condiciones de mayor vulnerabilidad al terrorismo. El PP debe insistir en esta argumentación, para lo cual, seguramente deberá alterar un posicionamiento político en esta materia demasiado emocional. Puede hacerlo porque cuenta con la fuerza moral de haberse enfrentado a los criminales con más dureza, y con más respeto a la ley, que nadie. Es ya el tiempo para la pura racionalidad, para la pedagogía estratégica, hasta que todos los ciudadanos de bien comprendan que la exposición al riesgo crece con cualquier medida que pueda ser interpretada como un signo de debilidad por los terroristas de cualquier signo o por los que extraen beneficios –también de cualquier signo- de su existencia.

Rehenes de Ben Laden
La mueca del terror
Cristina Losada Libertad Digital  17 Abril 2004

En Berlín, en la exposición Topografía del Terror, sita en las ruinas de una sede del poder nazi, hay una fotografía de un asesinato de civiles perpetrado, creo recordar, en Lituania, en 1941. Tres hombres están de rodillas en el suelo y tras ellos, de pie, cuatro soldados alemanes les apuntan con sus revólveres. Unas palas atestiguan que a los prisioneros se les obliga a cavar sus propias tumbas. Uno de los soldados que va a disparar el tiro en la nuca ríe abiertamente.

La risa del verdugo nazi antes de proceder a su faena favorita nace del mismo tronco que la alegría que sintieron algunos musulmanes, y otros que en su día fueron cristianos, tras los atentados del 11-S, y seguramente después de todas las demás masacres, incluida la de Madrid. El mismo del que brotan las celebraciones de los de ETA cada vez que sus sicarios asesinan. Para explicarlo, hace décadas hubiéramos hablado sin rebozo del “mal”, pero estamos en Europa, y ya no formamos con los simples que aún llaman al pan, pan y al vino, vino.

La foto me ha venido a la memoria tras el asesinato (ejecución, dicen los medios) del italiano Fabrizio Quattrocchi a manos de quienes lo habían secuestrado en Irak. Al Yazira recibió el vídeo, pero no lo emitió porque era “horrible”. Como no confío en los buenos sentimientos de la cadena árabe, sospecho que pensaron que la difusión de la atroz escena podía encender la indignación de los europeos. Tal vez. En todo caso, sé que prefieren que la indignación se cebe en los políticos que “nos han metido en el avispero iraquí”.

Eso mismo quiere el capo terrorista, y multimillonario, Ben Laden. “Son vuestros políticos los que envían a vuestros hijos a matar y a morir pese a vuestra oposición a la guerra”, decía en su último mensaje. Un mensaje cuidadosamente elaborado, con denuncia de las “multinacionales” incluida, para caerle bien a la izquierda europea, sobre todo, a la extrema (y a la extrema derecha).

El asesinato del rehén italiano ha individualizado el terror, que suele difuminarse en la multiplicidad de muertos en los atentados. Algo similar ocurrió cuando la ETA secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco. Por si alguien no sabía de quiénes se hablaba cuando se hacía referencia a “la resistencia iraquí”, émula, según decían, de heroicas rebeliones de otrora, el asesinato de Quattrochhi debía aclarárselo. Claro que será difícil si no lo habían hecho antes los atentados contra las comisarías, los hoteles, los restaurantes, los que pasaran por allí y hasta contra la ONU, esa organización que Ben Laden define como “un instrumento criminal”.

Camus dice que el fascismo, vertiente irracional del nihilismo, representa la exaltación del verdugo por el verdugo mismo, y el comunismo, que sería la vertiente racional, la exaltación del verdugo por las víctimas. El terrorismo islámico (qué le vamos a hacer, cometen sus infamias en nombre del Islam) combina rasgos de ambos. Los asesinos de Fabrizio son el terror nazi, puro y duro. Como los nazis, también Ben Laden culpa y persigue a los judíos, y acaba exterminando a todo el que disiente. Pero el saudí pretende, además, que las víctimas le den la razón. Ya sabe que en el mundo democrático hay voluntades predispuestas: a convertirse, y convertirnos, en rehenes de Ben Laden. Será inútil recordarles que los que no vieron, cuando era tiempo, la mueca del terror hitleriano, pagaron muy caro su deseo de paz a cualquier precio.

LA HORA DE LA VERDAD PARA RODRÍGUEZ ZAPATERO
Editorial ABC 17 Abril 2004

LA legislatura que inauguró ayer la investidura de Rodríguez Zapatero como presidente de Gobierno tiene dos certezas: la primera es que se va a plantear la reforma -«limitada», dijo Zapatero- de la Constitución y la segunda es que se van a abordar las reformas de los Estatutos de Autonomía. Quedaron así consagrados los dos compromisos que exigían los nacionalistas y el PSC para abrir la segunda transición, en la que, como dictaminó Maragall, era posible «releer» la Constitución para quitarle «lo que sobra» y, además, sin «la hipoteca del PP». Es posible matizar este diagnóstico recalcando que Rodríguez Zapatero, por un lado, y el conglomerado nacionalista-federalista, por otro, se referían a cosas distintas. Es posible, pero no sería incompatible, teniendo en cuenta que la experiencia de Zapatero, como secretario general del PSOE, le ha retratado siempre por detrás de los acontecimientos en su partido. Si ahora no va a ser así, mejor para su gobierno y para el país, porque sería importante que, esta vez, Zapatero acreditara su capacidad para controlar los procesos políticos que ha puesto en marcha. Lo cierto es que ya está en el Parlamento el debate sobre la reforma constitucional y la reforma estatutaria, de la que los socios de investidura de Zapatero -todos los socios, fueran por acción o por omisión- sólo esperan la instauración de un modelo asimétrico de la organización territorial del Estado y, por tanto, de los poderes autonómicos.

AHORA bien, la difusa ambientación que dio Rodríguez Zapatero a sus intervenciones y el entusiasmo de los republicanos catalanes a cuestiones significativas pero de eficacia limitada, como la mención del catalán en la futura Constitución Europea, abona la impresión de que durante la investidura no se dijo todo lo que había que decir. Los hechos, los tozudos hechos, trasladaron al Congreso de los Diputados un trasunto fiel del tripartito catalán, abrumador en la cordialidad de Zapatero con Puigcercós y Llamazares y efectivo en la votación de investidura. Este entendimiento, sin renuncia a la ambición endémica de los independentistas de ERC por la ruptura con España, no encaja en la «reforma limitada de la Constitución», salvo que, en lo tocante a la cuestión autonómica o nueva asimetría, no estén pensando en la modificación del texto constitucional, sino en el sistemático vaciamiento del Estado por la vía del artículo 150.2, que permite la transferencia o delegación a las Comunidades Autónomas del ejercicio de facultades correspondientes a materias cuya titularidad es del Estado. Nadie puede descartar que, encelados en la revisión del orden sucesorio a la Corona o en la modificación del Senado, la verdadera reforma constitucional no se sustancie con enmiendas al texto literal de la Constitución, sino con el trasvase -éste sí- de funciones del Estado a las autonomías. Para este fin, para aprobar las leyes orgánicas -«extraestatutarias», como precisaba el profesor García de Enterría en una reciente Tercera- del artículo 150.2 sí basta la relectura de la Constitución, volviéndola contra sí misma, y sí es prescindible el PP. Las dos astutas condiciones de Maragall.

LA novedad radical de este nuevo periodo histórico, revisionista del acuerdo constitucional, no es el discurso reivindicativo nacionalista ni la adición del socialismo catalán, descontados antes del 14-M, sino la placidez aparente con que Rodríguez Zapatero y el PSOE se han prestado a facilitar la realización de esas o parecidas aspiraciones. Esta actitud del Gobierno socialista no implicaría, por sí misma, riesgos graves ni inevitables para el interés general si incluyera el aprendizaje de los errores cometidos con los nacionalismos en la primera transición. Veinticinco años después de haber dado al País Vasco y Cataluña, por voluntad constituyente del pueblo español, la institucionalización más amplia de su autogobierno en toda su historia, la reapertura del debate constitucional -mejor habría que decir reconstituyente- debería hacerse en todos los sentidos que aconseja la experiencia de este cuarto de siglo. Rodríguez Zapatero anunció una España tan cómoda para los nacionalistas que éstos aparcarían sus aspiraciones independentistas. Tan feliz pronóstico, casi adolescente, sólo puede provocar los mejores deseos, pero habría qué preguntarse cuándo se exigirá a determinados nacionalismos que dejen de ser incómodos para España, porque si no habrá que saber cuál es el precio de la comodidad nacionalista. Ábrase, si así se quiere, el debate constitucional, pero para todo y para todos, resolviendo la cuestión nacional sin ahondar en los errores de la primer transición, y a los que exigen más de España -más aún, después de todo- exíjales Rodríguez Zapatero, si puede y quiere, definitiva lealtad a la unidad nacional y a la integridad constitucional, porque lo que están diciendo es que su objetivo final es la independencia, anunciando terceras y sucesivas transiciones. Si la Constitución es revisable, también deben serlo los postulados nacionalistas, minoritarios en el conjunto nacional, que es lo único que permanece petrificado desde 1978, cuando no desde el siglo XIX.

El traje que se quedó pequeño
Julián Lago La Razón  17 Abril 2004

Qué bueno, que sí, que nos parece muy bien que Zapatero, ya presidente, se reitere en sus compromisos electorales, que es lo que corresponde. O lo que es lo mismo, que nada hemos de objetarle en cuanto a su propósito de cumplir con el mandato de las urnas. A saber, la retirada de las tropas de Iraq, y el plan ley integral contra la violencia de género, y el aborto libre, y el matrimonio entre homosexuales, y las viviendas para jóvenes a 16.000 euros, y la leche bendita, que no se trata de eso.

De lo que se trata es de que nada de ello resulta comparable con la reforma de la Constitución anunciada por Zapatero, todo lo limitada que se quiera, cuya modificación afecta a la sociedad en su conjunto, y no sólo a una parte. Desde luego, nadie podrá negarnos que durante veinticinco años nuestra Ley de Leyes ha funcionado modélicamente como lugar de encuentro de todos los españoles, salvo para aquellos que se empeñaron en jodernos la marrana, ya nos entienden ustedes.

No obstante, todo parece indicar que aquel traje de 1977, hecho a la medida de un tiempo, una necesidad y un contexto, ha ido desenhebrándose por las sisas, a punto de que las costuras puedan saltarnos por los aires cualquier día de estos. Cierto es que la estrategia del soberanismo pasa precisamente por tirar y tirar de las mangas, que es la cosa en que están, a ver si las mangas se desprenden del traje.

Conocemos, por tanto, los riesgos que supone la apertura de una reforma constitucional, de cualquier reforma constitucional, que se sabe cómo empieza pero no cómo concluye, pero aún así la consideramos inaplazable. ¿Que todo ello puede acabar redefiniendo el modelo de Estado? Probablemente, y eso nos tememos, aunque por otro lado resulte tranquilizador para nosotros que en la presidencia del Senado, es decir en el escenario mismo de las reformas, esté Javier Rojo, nada de sospechoso en cuanto a veleidades no constitucionalistas, por cierto, sino más bien todo lo contrario.

Dicho lo dicho, resulta lógico que los nacionalismos, extremos o mediopensionistas, que da igual para lo que hablamos, difícilmente se bajen del burro en que se han subido. Pero, como lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible, que decía Guerra, algo habrá que hacer, mayormente socialistas y populares, para reconducir la actual situación, la cual no nos lleva a parte alguna. Verbigracia, que ha de perderse el miedo al miedo, mayormente porque la Constitución, y los estatutos no constituyen el mismo lugar de encuentro que fueron hace un cuarto de siglo.

O sea, que con mucho tiento, eso sí, habrá que sentarse para saber hasta dónde pueden estirarse las mangas del traje, porque seguir instalados en la bronca permanente, como ahora, no hay Estado que lo aguante, pensamos nosotros, a lo mejor ingenuamente.

La huella de Zapatero
TONIA ETXARRI El Correo 17 Abril 2004

Quizá los nuevos diputados no lo recordaran, o no lo supieran, pero los inicios de Zapatero, hace cuatro años, como secretario general del PSOE fueron especialmente duros y con marcado acento vasco por culpa del terrorismo. ETA se estaba ensañando con los cargos socialistas y populares. Y el recién elegido dirigente del PSOE tuvo que recorrer un verdadero vía crucis, entonces de la mano de Redondo, por las calles de Euskadi para acompañar en el dolor a las familias de Jáuregui, Elexpe o Priede, entre otros. No es que viera el dolor ajeno; lo sufrió en sus propias carnes porque los terroristas estaban eliminando a los suyos con excusas ideológicas. Quizá por eso se entendía su alusión, en la sesión de su investidura, a que tiene una huella provocada por el sufrimiento de la gente amenazada en el País Vasco. Una huella que le ha marcado, como él mismo reconocía, y que parecía servir de motor para impulsar sus prioridades a la hora de afrontar el bloqueo político de Euskadi. De todos sus interlocutores parlamentarios nacionalistas, el intercambio con el PNV, que sigue inmóvil con el plan Ibarretxe, fue el más agrio. Y el más contundente. Tanto que seguramente Arzalluz tendrá que retirar su impresión de que se trata de un político «demasiado blando».

El susto se lo llevó el nacionalista Erkoreka al escuchar de Zapatero no sólo que el PNV debe respetar las reglas del juego (siguió con especial atención el proceso de las escaramuzas parlamentarias de Atutxa para evitar aplicar la sentencia sobre el grupo de la ilegalizada Batasuna) sino que invitaba al lehendakari a una rectificación de su plan. ¿Qué atrevimiento!, pensaban algunos nacionalistas. Primera lección: ser dialogante no significa ser pardillo; como tampoco significa que los demás pasen por el aro del convocante. Resulta que Zapatero quiere dialogar, pero con proyectos que no excluyan a la mitad de la ciudadanía vasca. Segunda lección: pedir rectificación es un derecho democrático. Así se lo dijo a Lasagabaster (EA) que, por cierto, defendió con más vehemencia que el portavoz del PNV el plan Ibarretxe.

El nuevo presidente del Gobierno español se mantiene con distancia respecto a las exigencias de los nacionalistas vascos, pero, y ahí viene lo nuevo, «con predisposición». Qué contrariedad para quienes se habían instalado en la excusa de la confrontación con el Gobierno anterior. Ahora ya no está el Partido Popular para culparle de todas nuestras desgracias. El nuevo talante de Zapatero es de diálogo con firmeza. Con esto no contaban. Porque decir que «si no hay respeto por las leyes y los procedimientos habrá una respuesta democrática» no da pie a decir que se trata de una amenaza o que mantiene una actitud «crispadora» ¿no? Habrá que pasar los deberes a limpio. Las diputadas de EA y de Nafarroa Bai, Lasagabaster y Barkos, ya han cogido la nueva onda. A Erkoreka (PNV) le está costando bastante más.

LA GRATITUD
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 17 Abril 2004

SALVO los profesionales del pasteleo, y estos sólo durante cortos períodos de tiempo, no hay hombre público que pueda contentar a todos, y sólo muy pocos consiguen satisfacer a la mayoría. Para intentar trazar un balance justo de una gestión política, empresa siempre afectada por el subjetivismo, no hay mejor camino que la comparación entre la herencia recibida y la entregada. José María Aznar devuelve una España mejor que la que recibió, al menos en las siguientes partidas fundamentales: la situación económica y el bienestar general (de un país de parados hemos pasado a ser un país de inmigrantes); la defensa de la Constitución y de las instituciones democráticas ante la ofensiva totalitaria; la lucha contra el terrorismo (a pesar del 11 de marzo); la presencia e influencia de España en el mundo; la protección de principios y valores muy asentados en las creencias de muchos ciudadanos, no, ciertamente, en la porción más ruidosa de la sociedad; y el intento, sólo logrado en parte, de corregir los desmanes perpetrados en el pasado contra la educación de los ciudadanos. Incluso ha legado un excelente sucesor en la dirección de su partido. Claro que ha cometido errores, mas quien esté libre de culpa que esgrima el primer argumento. Por lo demás, esos errores no impiden el saldo positivo del balance. Quien deja una España mejor que la que recibió merece, si no me equivoco, el respeto y la gratitud de los ciudadanos. Por lo menos, reciba, con estas líneas, los míos.

ADEMÁS, y a falta de «talante», carisma y simpatía, nos ha dejado el ejemplo de algunas virtudes cívicas, como la seriedad, la coherencia, la fidelidad a sus convicciones y a lo que estimó que eran sus deberes, aunque su cumplimiento le reportara odio e impopularidad, y la limitación voluntaria de los mandatos, cuando gozaba de mayoría absoluta y de buenas expectativas para renovarla. Y, sin embargo, abandona el poder rodeado por el odio y el rencor de muchos de sus rivales y de buena parte de la opinión pública. Distingo, por supuesto, entre las críticas razonables, muchas de ellas merecidas, y el odio y el resentimiento. En política, ámbito superficial de la vida social, lo aparente es real. Acaso subestimó Aznar la fuerza de la envidia y sobrevaloró su capacidad para convencer a la opinión pública. Pero el balance que la historia haga de su gestión de gobierno no será el que quieren ahora imponer sus enemigos.

ACASO algún lector atento y crítico opondrá, entre otras cosas, que no es posible defender la bondad de su herencia al menos, entre otras, por dos razones. La primera, los criminales atentados del 11 de marzo. La segunda, la exasperación de los separatismos. A lo primero, convendría recordar que nadie ha imputado a Suárez y a González la responsabilidad por los crímenes terroristas cometidos durante sus gobiernos. No veo por qué habría que cambiar el criterio con Aznar. Pero incluso aplicando el baremo, lo cierto es que ninguna legislatura democrática como esta última ha logrado mayores éxitos en la lucha contra la ETA. Sobre lo segundo, el tiempo dirá si el nuevo Gobierno consigue fabricar un bálsamo para el secesionismo. De momento, ha obtenido para su investidura el apoyo de un partido separatista y republicano. Por si esto fuera poco, Aznar ha respondido a la infamia de un sector de la izquierda con una irreprochable aceptación de la legitimidad de la derrota electoral y con un impecable traspaso de poderes. Vayan, pues, con estas palabras, mi gratitud, a la espera del juicio, inexorable y justo, del tiempo.

Acebes, el mejor ministro de Interior
EDITORIAL Libertad Digital   17 Abril 2004

Ángel Acebes, una de las figuras más sobresalientes de los gobiernos del PP, también ha sido víctima, por desgracia, de esa escandalosa ingratitud ‑recordada recientemente por Aznar‑ con que las grandes naciones pagan a veces a sus servidores más destacados. El ya ex ministro de Interior será recordado como el hombre que puso a la ETA contra las cuerdas. Y por ello, merece pasar a la Historia como uno de los mejores y más eficaces defensores de la libertad y del Estado de Derecho que ha tenido España. Sus méritos lo justifican sobradamente.

En su etapa como Ministro de Justicia (marzo de 2000-julio de 2002) consiguió llevar a cabo algo que, desde la Transición, se creía imposible y se juzgaba contraproducente: la ilegalización del brazo político de la ETA. La Ley de Partidos se aprobó en las Cortes, con un consenso abrumadoramente mayoritario (tuvo el apoyo del PP, del PSOE, de CiU y de Coalición Canaria, el 95% de los votos). Y no sólo no se cumplieron los siniestros e interesados vaticinios de los nacionalistas vascos “moderados”. Antes al contrario, la nueva Ley de Partidos ha permitido erradicar a la banda terrorista ETA de las tribunas políticas, ha puesto fin al terrorismo callejero (la kale borroka) y le ha cerrado a la banda las fuentes de financiación “legales”.

En su etapa como Ministro de Interior (desde julio de 2002 hasta el día de hoy) las detenciones de etarras, especialmente los que forman parte de la cúpula dirigente, y los numerosos golpes policiales a la estructura logística de ETA en España y en Francia –como el que tuvo lugar ayer, con la detención de los etarras encargados de fabricar la electrónica de los artefactos explosivos‑ han descabezado varias veces a la banda terrorista y han reducido su capacidad de atentar a mínimos históricos. Bajo la dirección de Acebes, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado han evitado varias masacres de magnitud comparable a la del 11-M en las Navidades de 2002 y 2003. Una de ellas recientemente, en febrero de este mismo año, cuando la Guardia Civil interceptó en Cuenca, en ruta hacia camino a Madrid, una furgoneta cargada con media tonelada de explosivos.

Y una prueba de que la labor de Acebes en sus dos años escasos al frente del Ministerio del Interior ha sido realmente sobresaliente es que los primeros en reconocer su gestión y sus méritos son los dirigentes del SUP, el sindicato mayoritario en el Cuerpo Nacional de Policía, que se ha mostrado siempre muy crítico con los ministros de Interior. Su secretario general, José Manuel Sánchez Fornet, en una carta dirigida a Acebes tras las Elecciones del 14 de marzo, quiso expresarle el respeto del sindicato y transmitirle que, aun a pesar de que han discrepado de sus decisiones en bastantes momentos, lo consideran como “el mejor ministro de Interior de la democracia”, y que, desde el punto de vista sindical, su gestión se ha caracterizado por su “talante de diálogo, respeto a la función de los sindicatos y el cumplimiento de todos los compromisos adquiridos con los mismos para mejorar las condiciones de trabajo y la eficacia del Cuerpo Nacional de Policía”.

Una vez que el tiempo disipe las nieblas de la infamia que el PSOE y PRISA aventaron contra Acebes y contra el gobierno de Aznar en los días más terribles de la historia reciente de España, todos los españoles de bien, independientemente de su filiación política, echarán de menos la honradez, la firmeza, la eficacia y la claridad de ideas del mejor ministro de Interior de la democracia. Un ministro y un Gobierno que, en palabras del propio Acebes, dos semanas después de la derrota electoral del PP, sólo pensaron en que en el fatídico 11-M “había que contar la verdad. Hicimos lo que teníamos que hacer sin pensar en las consecuencias que podía tener en las elecciones”.

Ángel Acebes se despide del Gobierno y del Ministerio con un nuevo golpe demoledor a la ETA. Y quizá aún más importante. Acebes se va después de desmantelar, aniquilar y encarcelar a la práctica totalidad de la célula de Al Qaeda que perpetró la masacre del 11-M, que ya preparaba en Leganés nuevas atrocidades. Es decir, se va con la satisfacción del deber cumplido. Sólo queda desear que su sucesor, José Antonio Alonso Suárez, el juez “progresista” responsable de la absolución de “los Albertos” en el caso Urbanor –revocada en el Supremo‑, que en su día se opuso a la Ley de Partidos, consiga aproximarse al acierto, la firmeza, la honradez, la transparencia y la claridad de ideas de Acebes. Por desgracia, la experiencia habida con los jueces “progresistas” que devienen políticos (Garzón, Belloch) no es nada alentadora.

Bin Laden amenaza
Opinión El País  17 Abril 2004

El último mensaje de Osama Bin Laden está dirigido a crear confusión y división entre los occidentales, incluidas las amenazas a empresas que trabajan en Irak o fabrican armamentos. Ofrece una "tregua", que es a la vez un ultimátum, consistente en no atentar durante tres meses contra los países que retiren sus tropas de Irak, Afganistán y otros territorios musulmanes. La reacción europea ha sido de rotundo rechazo de cualquier negociación con este criminal o su red. Pero Bin Laden no ofrece negociar. Este terrorismo no busca la negociación ni la permite. El mensaje es una operación de propaganda que si no logra sembrar la cizaña entre Gobiernos pretende inculcar el miedo a las poblaciones.

El mensaje contiene novedades en la manera de comunicarse de Al Qaeda. Es reciente, pues recoge referencias al asesinato del jeque Yassin el 22 de marzo y al atentado del 11-M en Madrid, que no reivindica, sino que asume -como hizo con el 11-S-, por la política española "en Irak, Afganistán y Palestina". Al Qaeda es muchas cosas, entre ellas una organización de dudosa centralidad. Pero es, sobre todo, una marca, una especie de sello de siniestra garantía respecto a la ideología islamista que dice representar.

En los siete minutos de la grabación, que los expertos dan como auténtica, Bin Laden no cita una sola vez el Corán, lo que indica que su objetivo, esta vez, no es que le sigan los musulmanes, sino que le teman los occidentales. El plazo de tres meses también parece cuidadosamente diseñado para cumplirse dos semanas después del 30 de junio, la fecha señalada para el cambio de estatus en Irak, con la creación de un Gobierno provisional, y de caducidad del mandato del Ejecutivo del PP para el despliegue de las tropas españolas.

No hay que responder a este mensaje. Sacar las tropas de Irak no protegerá a España de posibles nuevos atentados. Es más que posible que Bin Laden tenga poco o nulo control de las distintas tramas que usan su nombre y el de Al Qaeda como franquicias. El regreso de las tropas españoles no tiene que ver con Bin Laden, sino con la legalidad y eficacia de la ocupación militar extranjera de Irak. En paralelo, el yihadismo de Bin Laden debe ser combatido con toda suerte de medios policiales, de inteligencia y militares, pero también políticos, sociales, ideológicos y económicos.

Desmantelado en Francia el taller de electrónica de ETA
Los pistoleros manipulaban teléfonos móviles con el fin de usarlos para activar bombas, el mismo sistema utilizado por los terroristas islamistas el 11-M También fabricaban aparatos de detección de las balizas de seguimiento
La Policía francesa, con información aportada por la Guardia Civil, desmanteló ayer, en la localidad de Chatellerault, a unos 200 kilómetros al sur de París, el taller de electrónica de ETA y arrestó a su responsable, Iñigo Elicegui Erviti, de 33 años, natural de Goizueta (Navarra). En esta misma vivienda, fueron también detenidos José Luis Campo Barandiaran, de 46 años, de San Sebastián; e Inocente Soria Valderrana, de 54 años, nacido en Cabeza de Buey (Badajoz), que se ocupaban de la adquisición de los materiales con los que la banda criminal fabricaba los explosivos y los artefactos que utiliza para sus atentados. Todos ellos pertenecían al «aparato de logística», que lleva camino de ser desmantelado en su totalidad.
J. M. Zuloaga La Razón  17 Abril 2004

Madrid.-Tras la detención, el pasado día 2, del coordinador general de ETA, Félix Esparza Luri, «Navarro»; del máximo cabecilla del «aparato de logística», Félix López, «Mobutu», y del posterior hallazgo, en la localidad de Saint Michel, cerca de la frontera, del arsenal y la fábrica de artefactos explosivos de la banda, la Guardia Civil asestó ayer un nuevo golpe a la la infraestructura etarra en suelo galo.

El taller se encontraba oculto en una vivienda situada en el casco urbano de Chatellerault. La operación se desarrolló a primera hora de la mañana por agentes de la Policía Judicial que irrumpieron en la casa y detuvieron a los tres presuntos etarras que se encontraban en su interior y estaban armados.

En España, efectivos de la Guardia Civil arrestaron, en Goizueta, a María Idoia Albistur Huici, esposa de Elicegui; y, en Urrechu, Guipúzcoa, a María Ángeles Ostiza Mendia, mujer de Soria. Campo y Soria, según fuentes antiterroristas consultadas por LA RAZÓN, se dedicaban, desde hace unos cinco años, a las compras del material necesario para la fabricación de artefactos, mientras que Elicegui era el responsable directo del taller que se encargaba de la manipulación y elaboración de los componentes electrónicos utilizados en las bombas.
En este taller, se hacían unos artilugios con los que los pistoleros pretenden detectar las balizas que las Fuerzas de Seguridad colocan en los coches de los terroristas y que permiten hacer los seguimientos a una distancia de seguridad que impide que los agentes sean descubiertos.

Las «chicharras», denominadas así en el argot policial, se han convertido en una auténtica obsesión para los etarras que «revisan», una y otra vez, un automóvil antes de emprender la marcha. Los telemandos, con los que se activan a distancia las bombas que se ocultan en coches, motocicletas o en otros lugares, también se confeccionaban en este lugar, así como los componentes para hacer las conexiones de los artefactos. Asimismo, había unops diez teléfonos móviles manipulados susceptibles de ser utilizados como temporizadores para las bombas, el mismo sistema utilizados por los terroristas islamistas en Madrid el 11-M.

La Policía ha encontrado varios manuales con los que los nuevos etarras aprenden a hacer los artefactos y cierta cantidad de cordón detonante. También había varios recipientes de plástico de los que se utilizan para alojar las bombas-lapa, que se adosan con imanes a los bajos de los automóviles y que se activan al menor movimiento.
Elicegui está considerado por las Fuerzas de Seguridad como el sucesor de Ignacio Santesteban Goicoechea, «Einstein», cabecilla del «aparato electrónico» hasta su detención, en septiembre de 2000. A José Luis Campo Barandiaran se le imputa haber formado parte de un comando «legal» denominado «Ernio» en 1981. Los miembros de esta célula criminal huyeron a Francia en 1982 sin haber llegado a cometer ningún atentado. Tanto Campo como Soria, están acusados de haber sido los encargados, durante algún tiempo, de los «taldes» (grupos) de reserva en Francia, de los que se nutren los «comandos» de la banda, antes de convertirse en responsables de compras de material para la organización criminal, informa Vasco Press.

Las fuentes consultadas por este periódico han subrayado que la operación antiterrorista de ayer, fruto de la colaboración de los servicios de información de la Policía gala (Renseignements Generaux) y la Guardia Civil, forma parte de amplio dispositivo que, en poco tiempo, puede dejar desmantelada por completo la «logística» de ETA en Francia. Por ello, no se descartan nuevas detenciones en las próximas semanas. Este operativo reviste especial importancia si se tiene en cuenta que, según todos los datos de que se disponen, ETA podría tratar de hacer notar su macabra presencia en las próximas semanas, tras la toma de posesión del nuevo Gobierno nacional que presidirá José Luis Rodríguez Zapatero y ante la proximidad de la fecha de la boda del Príncipe Don Felipe. De hecho, las Fuerzas de Seguridad se mantienen en estado de alerta ante la posibilidad de un atentado de la banda criminal.

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