AGLI

Recortes de Prensa     Martes 20 Abril 2004
TODO TIENE UN PRECIO
FLORENTINO PORTERO ABC 20 Abril 2004

La retirada de Irak:  Generalísimo Zapatero
Un editorial en WSJ Libertad Digital   20 Abril 2004

HAY MUCHA GENTE ROTA
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 20 Abril 2004

ENTRE EL HONOR Y EL POPULISMO
EDURNE URIARTE ABC 20 Abril 2004

Retirada rápida en Iraq
Editorial La Razón  20 Abril 2004

Retirada de tropas y convocatoria de elecciones
EDITORIAL Libertad Digital  20 Abril 2004

Profanación y amenaza
Editorial La Razón  20 Abril 2004

Enemigo abominable
Editorial El Ideal Gallego 20 Abril 2004

Política electoralista
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 20 Abril 2004

El diez por ciento
Ángel Cristóbal Montes La Razón  20 Abril 2004

ESPAÑA TIENE UNA GRANADA
PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO ABC 20 Abril 2004

Europa en migajas
Alejandro Muñoz Alonso La Razón  20 Abril 2004

Los nacionalistas, felices con Zapatero
Lorenzo Contreras Estrella Digital 20 Abril 2004

Carta de Don Quijote a ZP
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 20 Abril 2004

Córcega sin solución
Carlos Semprún Maura La Razón  20 Abril 2004

La unidad de España
Cartas al Director ABC 20 Abril 2004


 

POLÍTICA
TODO TIENE UN PRECIO
FLORENTINO PORTERO ABC 20 Abril 2004

La decisión tomada por el Gobierno de Rodríguez Zapatero de retirar las tropas en Iraq es un acto de importancia histórica, cuyas consecuencias podremos valorar a lo largo del tiempo. No es un hecho baladí, sino de gran trascendencia para establecer el papel de España en el mundo.

Es evidente que el nuevo gobierno tiene la legitimidad necesaria para tomar una decisión así, pero toda opción implica responsabilidad. De la misma forma que pueden hacer, deben asumir plenamente las consecuencias de sus actos. La reiterada afirmación de que la vuelta de las tropas no implica merma en el compromiso español en la lucha contra el terrorismo internacional y en favor de la reconstrucción de Iraq no se sostiene. Si el triunfo electoral socialista hubiera sido la consecuencia de una firme voluntad de la ciudadanía de dar un giro radical a nuestra política exterior no tendríamos nada que objetar. Pero no ha sido así. El día 10 de marzo los sondeos daban una clara victoria popular, con o sin mayoría absoluta, y los socialistas se conformaban con lograr que Rajoy tuviera que gobernar buscando el apoyo de otros grupos parlamentarios. Sólo el efecto psicológico del 11-M, potenciado por una vergonzosa campaña mediática, logró el vuelco en las urnas. Al Qaeda intervino en nuestro proceso electoral y, con la colaboración de fuerzas políticas y medios de comunicación, logró lo que buscaba, la retirada de las tropas y la demostración de que se puede batir a Occidente en su propio terreno, estableciendo una relación directa con la opinión pública. El combate contra el terrorismo exige firmeza, no retirada de tropas. El compromiso con la reconstrucción iraquí implica luchar contra aquellos que tratan de impedirla, los restos del baasismo y los distintos grupos radicales islamistas, no abandonar el territorio a sus gentes y hacer declaraciones bienintencionadas.

Les guste o no a nuestros nuevos dirigentes, la decisión tomada ha sido valorada en el Islam como un acto de cobardía, como la demostración de que los occidentales no somos capaces de sostener largas campañas militares de desgaste, que impliquen un alto número de bajas. Más aún, es para ellos otro ejemplo de que el terrorismo es una táctica que funciona y que les permite encontrar una alternativa a la incapacidad de sus Fuerzas Armadas para enfrentarse a las potencias occidentales. De la misma forma que en el combate contra ETA la experiencia nos ha ayudado a comprender que cualquier gesto de debilidad, comprensión o diálogo sólo fortalece sus posiciones, en la lucha contra el islamismo radical actos como el asumido por Rodríguez Zapatero animarán a realizar nuevos atentados terroristas. Estamos guiándoles por la senda del terrorismo, les estamos mostrando que vale la pena volar un tren con cientos de pasajeros porque es la vía para que una sociedad cambie de opinión sobre qué gobierno elegir.

Entre las naciones occidentales la comprensión franco-alemana no puede acallar el tremendo aislamiento en que España ha quedado. Es difícil hacer entender tanto el giro dado como consecuencia de un acto terrorista, como la falta de solidaridad con el pueblo iraquí y con el conjunto de estados presentes en aquel territorio ¿Qué credibilidad puede tener quien se compromete a una misión y al año abandona? No deja de ser paradójico que los mismos que durante décadas han echado en cara a Estados Unidos el no haber liberado España tras la II Guerra Mundial y haber pactado con Franco, hayan acabado defendiendo el mantenimiento de la dictadura de Saddam Hussein y abandonado a su pueblo cuando más ayuda necesita para construir un estado de derecho.

Con esta rápida decisión Rodríguez Zapatero podrá consolidar su plataforma electoral y evitará las presiones para encontrar una tercera vía que pudieran provenir de su propia casa o de otros gobiernos, pero tendrá que pagar un alto precio por ello. Es difícil imaginar que la generosa y discreta ayuda que Estados Unidos ha venido dándonos en la lucha contra ETA pueda mantenerse; tampoco es previsible una reacción norteamericana como la que encontramos en la crisis de Perejil, cuando la Francia de Chirac nos abandonó en beneficio de Rabat; la influencia que hemos tenido en la Casa Blanca y en el Capitolio para poder defender nuestros intereses y los de algunas repúblicas latinoamericanas se perderá como, en general, la posibilidad de tratar cualquier tema de interés —político, económico o de seguridad— desde la posición de un aliado de referencia con capacidad para acceder a los centros de toma de decisión. Volveremos a ser un estado más con representación en Washington y eso tendrá muy negativas consecuencias en nuestra política en América Latina.

En Europa Aznar logró cambiar el status de España, pasando a ser un actor de referencia en los grandes debates. La retirada de las tropas supone dejar en la estacada a la mayoría de los estados europeos, que hoy están presentes en Iraq, y no ha logrado ni siquiera el respaldo de Francia y Alemania, que se limitan a comprender. Difícilmente se podrá mantener el mismo nivel de influencia yendo contra la mayoría y haciendo ejercicio de insolidaridad.

En Oriente Medio aquellos que defienden la modernización y la democracia han podido comprobar que no pueden contar con España. Los que defienden actitudes radicales y tácticas terroristas ya saben que el viejo chantaje del terror con nosotros funciona. Los que, como Marruecos, tienen litigios históricos pendientes, habrán tomado buena nota del cambio de «talante» y volverán a la carga con el apoyo de Francia, si antes no ha habido una cesión preventiva de posición.

Papeles como el jugado por España en el giro libio o en la contención de Siria serán sencillamente imposibles de repetir, porque nuestra diplomacia no tendrá la posición de fuerza derivada de ser un aliado preferente de Estados Unidos, ni la firmeza de convicciones del gobierno Aznar. Volveremos a estar en la región, pero sin ser un actor relevante. España se juega mucho en la modernización del Mundo Árabe, porque somos una de las puertas de Europa y porque la geografía nos ha situado en una posición de frontera. Si la reconstrucción de Iraq fracasara la estabilidad de la región se iría a pique y con ella los tímidos procesos de modernización. Sólo resolviendo con éxito este reto será posible transformar aquellos estados y acabar con las causas de la frustración colectiva de la que se alimenta el islamismo radical. No es sólo un problema de responsabilidad colectiva o de generosidad, es cuestión de interés nacional que toda la región evolucione en un sentido positivo, porque, si no, seremos incapaces de detener las riadas de desfavorecidos que buscarán un acomodo entre nosotros. No es por lo tanto de extrañar que amigos y aliados no hayan concedido un claro apoyo a Rodríguez Zapatero.

La retirada de Irak: "Generalísimo Zapatero"
Un editorial en WSJ Libertad Digital   20 Abril 2004

"Durante meses, José Luis Rodríguez Zapatero se comprometió repetidamente a revertir el curso de la Política Exterior española. Aunque sorprende que el nuevo primer ministro quiera desandar todo el camino hasta la época de Franco". Así comienza un duro artículo editorial, titulado Generalísimo Zapatero, con el que The Wall Street Journal (WSJ) comenta este martes la orden de retirada que el presidente ha dado a las tropas españolas en Irak.

En su edición digital, WSJ denuncia la insolidaria decisión de Zapatero, que "deja en la estacada" a los aliados y devuelve a España al aislacionismo característico de la política exterior franquista. El presidente invoca un compromiso electoral, pero su "abrupto movimiento tiene que ver más con el aislacionismo y, sí, anti-europeísmo que caracterizó las cuatro décadas de Francisco Franco en el poder", interpreta el influyente diario norteamericano.

WSJ opina:
"Parece que el viejo grito del Generalísimo: 'Europa acaba en los Pirineos' puede ahora ser escuchado otra vez en Varsovia, Roma, Londres, La Haya, Copenhague y otras capitales que aportan tropas a Irak La apresurada retirada española deja a esos europeos, especialmente a los polacos, en la estacada. Las tropas españolas sirvieron honorablemente en el contingente de pacificación liderado por Polonia en el sur de Irak".

El Journal recuerda que la ruptura de filas de España se produce "exactamente dos semanas antes de que la Unión Europea se amplíe dando entrada a Polonia y a otros nueve miembros". Todos, recuerda este diario, enviaron soldados a Irak: "Incluso los diplomáticos franceses y alemanes, serenamente felices por la salida del asertivo Aznar de La Moncloa, estaban pasmados por la repentina reversión de la Política Exterior".

La retirada tendrá efectos, en primer lugar, para los propios iraquíes, que en las ciudades de Najaf y Diwaniya "estaban agradecidos por la ayuda española en proveer seguridad para la reconstrucción".

WSJ señala que los españoles, "mejor que la mayoría de europeos, deberían comprender la dificultad de una transición de la dictadura a la democracia. Después de la muerte de Franco en 1975, dispusieron de una vasta ayuda de la Unión Europea y la OTAN. Los iraquíes sólo están pidieron una ayuda similar".

Las deriva aislacionista desencadenada por la decisión de Zapatero rescata los peores prejuicios de la política exterior franquista, sostiene el Journal. Al igual que Franco, Zapatero da la impresión de pensar que "España puede retirarse al interior de una concha, lejos de los problemas del mundo. El rebrote del antiamericanismo, además, evoca los días de Franco. Las políticas de aquella era no sirvieron bien a España. Es una ilusión especialmente peligrosa en un el mundo de hoy, en el que el extremismo amenaza a todas las democracias abiertas por igual, que los países puedan considerarse a resguardo del fuego".

WSJ compara el legado exterior de Aznar con el bandazo impuesto por Zapatero. De aquél, destaca el logro de un rol sin precedentes para España en la UE, en la OTAN y en América del Norte e Hispanoamérica. Zapatero "debería explicar a sus votantes cómo conseguir que una España reducida a menos que un jugador en los asuntos del mundo sirva a sus intereses".

La orden de retirada dada por Zapatero contrasta, también, con la firmeza de los aliados japoneses e italianos. WSJ señala, no obstante, que si fuera por el ejemplo de España, "los terroristas que secuestraron recientemente a cooperadores japoneses e italianos creerían firmemente que bastará con tomar otros rehenes para que los aliados huyan".

El Journal tiene en cuenta la escasa experiencia de Zapatero, pero considera que "su primer gran movimiento de política exterior devuelve a España a una era que sus aliados pensaron equivocadamente que había sido superada".

HAY MUCHA GENTE ROTA
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 20 Abril 2004

HAY mucha gente rota, por dentro, en este país. No porque los suyos perdieran las elecciones -que son personas de buen conformar político- sino porque las cosas hayan sucedido de un modo tan extraño, tan difícil de explicar por unos sociólogos.

Porque lo que hay es abatimiento. Una inmensa tristeza, y no ya por razones personales. Se trata de España. Hay conciencia de que alguien ha conseguido torcer la buena marcha de la sociedad española y que hemos entrado en uno de esos periodos de involución, de enclaustramientos colectivos y de guerras interiores. Se teme que de esta fractura salga algo, a su vez, anormal.

Creo que interpreto los sentimientos de una parte de la calle si digo que los hechos que se produjeron a partir del 11 de marzo supusieron una desviación del proceso democrático y que sufrió una enorme violencia la voluntad popular. Extrañamente la reacción del 11 de marzo fue, en España, la inversa de la que produjo el 11 de septiembre en Estados Unidos. Claro que el pueblo norteamericano es capaz de ir a morir a Normandía por defender la civilización mientras los españoles preferimos matamos entre nosotros, en casa. Los pacifistas españoles están por la guerra en el interior y por la servidumbre en el exterior.

Se abrió el Parlamento que según Zapatero y según Marín deberá ser recuperado como el centro de la vida política y ya en esos mismos momentos se daba la espalda a la realidad. Pero ése va a ser el método de ahora en adelante. El candidato a la Presidencia, señor Zapatero, despachó la masacre más grande que ha vivido un país europeo con una mera frase de compromiso. Después de la pérdida de doscientas vidas y un trauma colectivo histórico el Parlamento español no fue capaz de hacer una reflexión, ni proponer una investigación... Tierra encima de los cadáveres. Tierra encima del dolor. Eso sí, buen talante.

MALOS presagios han sido éstos para la vida democrática. Acababa de comenzar la legislatura, aún no habían tomado posesión todos los ministros y, desde luego, no había recibido aún su cartera el ministro de Defensa cuando ya estaba anunciando el señor Zapatero la retirada de las tropas de Irak: ¡un domingo por la tarde y fuera del Parlamento! ¿Qué mosca le podía haber picado a Zapatero el domingo por la mañana para verse obligado a romper las maneras democráticas con este anuncio dominical? ¿Tan grave les había parecido el informe de Fernando Múgica en «El Mundo» para tener que taparlo con esta intempestiva retirada de las tropas? Repito, éste será el método de ahora en adelante. Por supuesto, con buen talante. Zapatero dialogará con la «oposición» sobre la retirada de las tropas, una vez producida ésta.

OIGO crecer la hierba del totalitarismo. El divorcio entre el discurso y la práctica, el diálogo y los hechos consumados, la prédica de las buenas formas y la demagogia rampante. Aquí sucedió algo muy grave entre los días 11 y 14 de marzo y aún no tenemos las claves de ello, aunque sí la tristeza de muchos miles de ciudadanos. Porque hay que estar sordos y ciegos para no ver hasta qué punto hay tantas gentes rotas por dentro en este país, en estos momentos.

Desde hace tiempo vengo oyendo crecer la hierba de un nuevo totalitarismo, disimulado ciertamente aunque no exento de sus elementos sustanciales y concretamente del más característico: la demagogia. Hemos entrado en esta fase de la demagogia metódica. Las gentes lo advierten y quizá por ello el proceso que comenzó el 11 de septiembre es el de una inmensa tristeza que alcanza incluso a los vencedores.

ENTRE EL HONOR Y EL POPULISMO
EDURNE URIARTE ABC 20 Abril 2004

Hay dos elementos preocupantes en el anuncio de Zapatero de retirada inmediata de las tropas de Irak. El primero, el del extraño proceso que le lleva a tomar una decisión que no había tomado antes del debate de investidura. El segundo, el relativo a las bases de una política exterior que, en su primera decisión, parece responder más a las consignas de las manifestaciones que Zapatero repitió en el debate de investidura —«sacar a España de la foto de Azores»— que a la reflexión responsable de un hombre de Estado.

No se sabe muy bien si la decisión es una cuestión de honor, como ha repetido, o de confusión. Porque descarto de entrada la peor de las hipótesis, que Zapatero no dijera la verdad en el debate de investidura cuando fue repetidamente inquirido sobre Irak, y respondió, primero con vaguedades y, después, con la insistencia en sus intenciones de las últimas semanas, es decir, la continuación de la búsqueda de un compromiso de Naciones Unidas hasta el 30 de junio.

Parece que Zapatero tomó su decisión entre el sábado y el domingo. O ha conocido un dato relevante que no ha comunicado y que le ha llevado a adelantar la fecha y a renunciar a la búsqueda de la implicación de la ONU, o esta decisión es un reflejo de sus dudas. Zapatero la justificó como un acto de «honor a la palabra dada», pero la palabra dada era la intención de buscar la implicación de la ONU.

Me temo que el honor es la tapadera de la confusión de un presidente que nunca tuvo una idea clara sobre el conflicto de Irak; la confusión de un presidente que no está seguro de ser capaz de afrontar ocho semanas de debates sobre Irak, y la confusión de un presidente que teme enfrentarse a la opinión pública si se produce un ataque contra los españoles en Irak.

Zapatero se aferra al honor y a los ciudadanos de la misma forma que se aferra a esa foto de Azores que ha convertido en la pancarta de Azores. Cuando en el debate de investidura fue presionado con insistencia para que explicara su política, no pudo evitar escudarse tras la consigna de las manifestaciones: «Sacaré a España de la foto de las Azores». Zapatero ha simplificado el conflicto de Irak y la posición de España en una coalición internacional con numerosos socios, con la simbiosis con esos manifestantes del «No a la guerra», que cree lo han llevado al poder. Ha prescindido de las peticiones de nuestros socios, de la Resolución de Naciones Unidas sobre el papel de las tropas ocupantes y, sobre todo, ha olvidado a esos iraquíes sometidos a los fundamentalistas, a los que hace vagas promesas de esfuerzos democráticos desde la inoperante distancia. Ha preferido la seguridad inmediata del populismo al riesgo de la reflexión y la rectificación que requería la nueva situación.

Retirada rápida en Iraq
Editorial La Razón  20 Abril 2004

La noticia que hoy publica en exclusiva LA RAZÓN, en la que se da cuenta de las negociaciones secretas mantenidas por delegados del CNI afines al PSOE con representantes de la guerrilla chií extremista de Al Sadr, puede tener unas consecuencias graves en el futuro para la confianza y credibilidad de nuestra posición internacional. El hecho de que miembros del Centro Nacional de Inteligencia, actuando al margen de la cadena de mando, establecieran un contacto reservado en Iraq sin dar cuenta al Gobierno en funciones podrá y deberá sustanciarse en el ámbito de la política doméstica. Al fín y al cabo, todavía no se había producido el traspaso de poderes y era, por lo tanto, el Ejecutivo de Aznar el responsable de nuestro despliegue en la zona. Sin embargo, la cuestión más grave, a nuestro juicio, es que esa decisión de anunciar al ejército del Madhi la intención de proceder a la retirada unilateral de las tropas podía repercutir en la seguridad táctica de las unidades militares estadounidenses, polacas y centroaméricanas con las que compartimos la vigilancia del territorio chií.

A la espera de las correspondientes explicaciones del nuevo Gobierno, no se puede desligar el incidente de las prisas con las que José Luis Rodríguez Zapatero ha abordado el asunto iraquí. Más allá del deseo, vehemente, de cumplir una promesa electoral, se abre paso la certeza de que el nuevo inquilino de la Moncloa temía que una circunstancia desafortunda, como la probabilidad de sufrir muchas bajas por el esperado recrudecimiento de los combates, pudiera complicar su proceso de toma de decisión.

Frente a la coalición internacional de la que formábamos parte, la explicación de lo ocurrido no tiene más que una lectura: España llegó a un compromiso unilateral, aunque fuera de manera extraoficial, con un adversario. Lectura que verán confirmada tras el inmediato anuncio del ayatola Al Sadr, en el que pide a sus milicianos que no ataquen a las fuerzas españolas.

Los portavoces del PSOE, especialmente desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, insisten en proclamar que los miembros de la coalición ya daban por descontada la decisión de Zapatero, tras la ronda de conversaciones mantenida por el entonces ministro de Defensa de hecho, José Bono. Mantienen, incluso, que la reacción de nuestros aliados ha sido muy positiva y que comprenden las razones expuestas por el presidente del Gobierno español. Es una manera optimista de ver las cosas. Pero el lenguaje diplomático suele ocultar mucho más de lo que expresa. De hecho, ayer, el presidente de los Estados Unidos, George Bush, tras una conferencia telefónica de apenas cinco minutos con su homólogo español, calificó de «brusca» o «repentina», según la traducción que queramos hacer de sus palabras, la decisión de Madrid y, lo que es más significativo, exigió que la retirada tuviera en cuenta la seguridad de las tropas desplegadas en Nayaf y Diwaniya.

José Luis Rodríguez Zapatero está, pues, obligado a hacer un gesto que respalde claramente su intención de seguir combatiendo al terrorismo internacional. Tal vez, un refuerzo significativo en Afganistán, donde los talibanes ganan cada día más fuerza, tuviera esa virtud. Aunque, eso sí, aceptando el riesgo de un nuevo ataque de los integristas de Al Qaida.

Retirada de tropas y convocatoria de elecciones
EDITORIAL Libertad Digital  20 Abril 2004

Trece de los dieciséis ministros del nuevo Gobierno socialista han tomado este lunes posesión de sus cargos. A excepción del vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, del titular de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, y de la ministra de Agricultura y Pesca, Elena Espinosa, los miembros del Ejecutivo se incorporaron a sus respectivos despachos antes de la primera reunión del Consejo de ministros.

La primera decisión del Consejo de Ministros de Zapatero ha sido la de convocar las elecciones europeas para el próximo 13 de junio. De hecho ayer era el último día del plazo legal que tenía el nuevo presidente del Gobierno para hacerlo. El último Ejecutivo de Aznar tenía previsto celebrar un consejo de Ministros extraordinario el miércoles de la semana pasada, pero Zapatero exigió de forma tajante que fuera el Gobierno entrante quien aprobara ese decreto.

¿Nos tenemos aun que sorprender de las prisas de Zapatero por anunciar este domingo la inmediata retirada de las tropas de Irak? Nadie denunciará hoy que Bono ha faltado a la verdad en su comparecencia de este lunes al justificar la retirada de nuestras tropas señalando que “el Gobierno de España no dará la espalda a la ONU”, como si esa presencia de tropas españolas no hubieran tenido desde el primer momento el aval de Naciones Unidas. Pero lo interesante – lo interesantemente infame— es que esta afirmación de Bono de que el gobierno socialista “no dará la espalda” a sus aliados y a Naciones Unidas podrá ser utilizada en el futuro para justificar el regreso de las tropas en Irak, siempre —claro está— que sea después de las elecciones europeas y que sea Koffi Anan sea el que las reclame. Esperemos que Bush y sus aliados lo consigan como, desde hace unas semanas, empezaba a apuntarse.

Lo que debería estar claro -y no lo está- es que una mentira por otra mentira no harán verdad lo que nos está vendiendo y nos venderá el Partido Socialista y su batalladora compañía mediática. Aunque la alegría y el entusiasmo con la que acaban de recibir los terroristas islámicos de medio mundo la noticia de esta retirada, se tornasen en decepción con un hipotético y futuro regreso de tropas españolas a Irak, jamás olvidaremos cómo los terroristas islámicos y el Gobierno del PSOE están haciendo —aunque sólo sea hasta pasadas las europeas— uso conjunto de una misma estrategia.

Profanación y amenaza
Editorial La Razón  20 Abril 2004

La profanación de la sepultura del oficial de la Policía Francisco Javier Torronteras, muerto el pasado día 3 durante la operación de Leganés, es un hecho estremecedor que debe ser considerado en toda su importancia. A la espera del resultado de las investigaciones policiales en curso, parece claro que la profanación, mutilación y posterior incineración del cadáver había sido cuidadosamente planificada y que no se trata, por lo tanto, de uno de esos incalificables actos vandálicos que sufren con cierta frecuencia nuestros cementerios y que añaden un dolor innecesario y gratuito a los deudos.

Es forzoso, pues, partir de la hipótesis de que los autores del macabro asalto tienen algún tipo de relación con la banda islamista causante de la matanza de Madrid, siete de cuyos integrantes se suicidaron con explosivos al verse sorprendidos por la Policía, y que la saña con la que han tratado el cuerpo sin vida del agente de los GEO significa una clara amenaza a toda la sociedad española. Vienen a decirnos que siguen aquí y que van a seguir matando.

No hay, que sepamos, más precedentes recientes de algo similar que la mutilación de los cadáveres de occidentales practicada por las turbas iraquíes. Y es, igualmente, muy significativo que el asalto al cementerio Sur de Madrid se haya producido muchas horas después de que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hubiera anunciado la retirada inmediata de nuestras tropas en Iraq.

Como era de esperar, para el terror islámico la cuestión no está zanjada.

Enemigo abominable
Editorial El Ideal Gallego 20 Abril 2004

Si la abominación tiene una cara, seguro que se semejará bastante a la de los malnacidos que en la madrugada de ayer profanaron la tumba y quemaron el cuerpo del geo que murió en la explosión de Leganés en la que se inmolaron siete terroristas integristas. Es suceso sigue siendo un misterio y la Policía no descarta ninguna hipótesis. Lo que ha quedado claro es que no sólo prendieron fuego a los restos del agente, sino que, antes de hacerlo, lo golpearon brutalmente con un pico y una pala y lo trasladaron cerca de seiscientos metros del nicho que ocupaba. Curiosamente, lo primero que se le ocurre a quien escucha la noticia es que la acción tiene que ser la “venganza” de los radicales islámicos. Sin embargo, el Islam condena y prohíbe expresamente la profanación de los cadáveres. Es evidente que eso no exime de posibles responsabilidades a los terroristas integristas, puesto que son muchas las ramas de musulmanes que, tras analizar el Corán detenidamente, aseguran que en ningún punto se justifican atentados como el de Madrid. Pese a todo, el brutal ataque contra el cadáver del policía da una idea de cuál es el enemigo al que se enfrenta España e, incluso, los propios iraquíes, esos que pretenden forjar su futuro una vez que ha desaparecido la figura del dictador Sadam. No deja de resultar paradójico que la resistencia armada, que las revueltas religiosas, hayan comenzado ahora, cuando la represión que pueden padecer es infinitamente menor a la que sufrirían bajo el régimen de Hussein. Sólo así se puede comprender que actualmente protesten quienes, por miedo, estuvieron callados durante décadas.

Política electoralista
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 20 Abril 2004

CON MOTIVO de la Guerra del Golfo, publiqué en un periódico del sur de Galicia, en marzo de 1990, algunos artículos en los que intentaba demostrar que en realidad las hostilidades no habían comenzado con la invasión de Kuwait sino en 1947 y que se extenderían en el tiempo, batalla tras batalla. También dejé claro que Sadam Huseín no hizo más que proseguir la dinámica de la política exterior de su país, que nunca identificó la soberanía kuwaití con la dinastía Al Sabah, entronizada por Inglaterra en 1962 contra la tradición histórica de Irak. En sendas colaboraciones probé que si nos ateníamos al killing ratio (KR, en la jerga militar, designa el cociente entre las bajas enemigas y las propias), entre el 16 y el 19 de enero de 1991 se había registrado el KR más elevado de la historia de la humanidad. A día de hoy, suscribo de la cruz a la fecha todo lo que afirmé por entonces. También es cierto que en la actualidad resulta mucho menos arriesgado solidarizarse públicamente con el pueblo iraquí habida cuenta del oportunista vaivén electoralista que experimentó el PSOE y del ambiente de libertad de opinión que se respira, aunque, me temo, no va a durar demasiado.

Apoyado por un grupo mediático al que sólo le interesaba el país como empresa, en 1991 mandaba en España -¡y cómo mandaba!- un mediocre laboralista sevillano que utilizaba todos los resortes del Estado en su privativo beneficio y en el de su partido. Televisión, Banco de España, Cesid, gobiernos autonómicos y municipales, cuerpos de seguridad, instituciones judiciales, todo, absolutamente todo, funcionaba a la manera peronista con el único objetivo de perdurar en el poder y sacarle el mayor rendimiento posible. Por supuesto, al enemigo ni agua. Incluso la prensa de provincias, en general, estaba atenta a las consignas implícitas del poder y los intelectuales orgánicos nos trataban a los cuatro gatos que militábamos en la ardorosa disidencia de «neostalinistas al servicio del oro de Bagdad». Aquel sistema dejó un paro del 22%, un retroceso de cuatro puntos en la convergencia de renta per cápita con el resto de Europa y unos despilfarros presupuestarios colosales. En cuanto al mediocre laboralista sevillano, asociado con sus amigos del grupo mediático, se hizo multimillonario gracias a su agenda de direcciones, actuando como comisionista del rey de Marruecos (y por tanto de su consejero especial, Azoulay, nombrado por Chirac) y de empresarios sudamericanos, retóricamente enemigos de EE.?UU. pero que bautizan John y Rachel a sus hijos.

Con el PSOE ya en la oposición, escribí en este diario (20-03-2003): «Incluso aceptando que la guerra contra Irak es una violación flagrante del derecho internacional, Zapatero, en lugar de tratar a Aznar como un missi dominici, debería profundizar en las razones que subyacen en los comportamientos estratégicos que los estadistas de fuste tienen que envidar, porque, en cualquier caso, no depende de España cambiar el rumbo de los acontecimientos. Mientras Francia no se decante por una inquebrantable solidaridad intraeuropea, España debe inclinarse sin complejos europeístas hacia EE.?UU. e Inglaterra». En fin, temo que la decisión de Zapatero concerniente a nuestros soldados en Irak obedezca una vez más a cálculos bajamente electoralistas de perpetuación en el poder, condicionados por los comicios europeos de junio, con gravísimo riesgo para los intereses de España. A menos que, y eso sería aun peor, estemos en manos de un iluminado que quiera hacer realidad «un ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes».

El diez por ciento
Ángel Cristóbal Montes es catedrático de Derecho Civil en la Universidad de Zaragoza La Razón  20 Abril 2004

El diez por ciento del cuerpo electoral español es lo que representa aproximadamente el voto de los nacionalismos locales. No es poco, pero tampoco es mucho si se relaciona con el impacto que produce en nuestra política y las severas distorsiones que imprime a la misma. Uno de cada diez españoles vota a un partido nacionalista territorial y ese hecho está provocando entre nosotros una variada gama de efectos negativos que no es posible rastrear en ningún otro país occidental democrático. Forma parte de nuestra singularidad política, no sabemos bien a qué responde y genera tensiones adicionales importantes en una España que accedió tarde y mal al modo de vida democrático.

Sin duda, los hechos de que nuestros sistema electoral sea proporcional y de que la provincia constituya la circunscripción electoral tienen bastante que ver con la circunstancia de que en el Congreso de los Diputados existan cuatro grupos parlamentarios nacionalistas (CiU, PNV, ERC y CC) y un abigarrado Grupo Mixto en el que pululan BNG, EA, NB y CHA. La guinda de tan peculiar situación la pone el dato de que si alguno de los dos grandes partidos nacionales (PSOE) y PP no obtiene mayoría absoluta, su destino es gobernar bajo el apoyo-precio (1993 y 1996) que brinden los nacionalistas catalanes, vascos y canarios. Algo que hace de nuestro bipartidismo imperfecto un bipartidismo anómalo, extraño y profundamente peligroso.

La fría realidad nos revela que en Euskadi el PNV lleva gobernando más de veinte años, y tan peculiar situación en lugar de aquietarlo ha servido para hacer de él una fuerza radical que brega por la independencia vasca. En Cataluña la salida de CiU de su larga gobernación ha dado lugar a un gobierno de coalición comandado por el PSOE, pero en el que el factor nacionalista se acrecienta y aun exaspera. En Galicia, el BNG espera agazapado la salida de Fraga para intentar aventura similar. En Aragón la CHA ya ha asentado sus reales en el vital Ayuntamiento de Zaragoza y prepara el asalto a la DGA. En Cantabria el PRC ha alcanzado la Presidencia de la Comunidad por extraña concesión del PSOE. Y, en general, el espectáculo no está cerrado, sino se halla en estados de suma y sigue.

¿Tiene sentido que tan menguadas fuerzas y tan ralo diez por ciento produzca un efecto tan distorsionador y aun demoledor en la política española? Difícilmente. Algo no está funcionando bien entre nosotros y algo no estamos sabiendo ordenar de manera adecuada en nuestra vida política. En algo están fallando los dos grandes partidos nacionales cuando, pese a su abrumador respaldo electoral, no se muestran capaces de poner orden y de marcar una dirección sensata y de garantía en un panorama político que a todas luces se muestra disparatado y en trance de continuar incrementando su incongruencia.

Cuando frente al noventa por ciento el diez por ciento restante es el que imprime la pauta, marca los momentos, provoca las crisis y señala los objetivos, el solo dato de la razón, el más elemental «sensus communis» y la mera comparación política nos indican que las cosas no pueden, no deben seguir así. Y es que, quizá, estamos desconociendo o prestando escasa atención a un hecho clave: los procesos de profunda descentralización política (federal o autonómica) sólo llegan a buen puerto cuando la fuerza centrífuga que encierran encuentra adecuada y precisa neutralización en la fuerza centrípeta contraria.

Cual sea ésta puede resultar del juego combinado de partidos estatales fuertes y responsables, sentimiento nacional operativo, lealtad federal o autonómica y patriotismo constitucional. Si en el panorama político español actual y en el que con escasa duda se avizora se estudian objetivamente esas variables, será muy difícil evitar la desazón, eludir el escalofrío y dar la espalda al pesimismo, ese pesimismo que el finado Norberto Bobbio juzgaba deber cívico imprescindible en la degradada vida política italiana.


ESPAÑA TIENE UNA GRANADA
por PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO. Rector de la Universidad Rey Juan Carlos ABC 20 Abril 2004

¡ESPAÑA tiene una granada! Y no sólo nos referimos, que también, a Granada, a la bellísima ciudad nazarí de los ríos Darro y Genil, la Damasco del Al-Andalus, sino que deseamos hacer hincapié en el simbolismo concreto de la granada (punica granatum). Una fruta que los Reyes Católicos adoptan como una de sus divisas, junto al yugo, el haz de flechas y el nudo gordiano cortado, y que como tal se recoge hoy en el Escudo de España, de acuerdo con la Ley 33/1981, de 5 de octubre, del Escudo de España, que describe la traza de «una granada al natural, rajada de gules o rojo, tallada y hojada de dos hojas, de sinople o verde».

Una referencia que nos brinda la cobertura para la argumentación, no tanto sobre su impronta en la gestación de los reinos españoles, que se puede rastrear, como bien describe Faustino Menéndez Pidal en el libro Símbolos de España, ya en tiempos del Rey Enrique IV, reproduciéndose en el anverso de algunas monedas y en edificios como el Palacio de San Martín de Segovia, la portada de San Jerónimo de Madrid o la Casa de los Condestables en Burgos, sino en lo que supone de función de integración simbólica del Estado de la España constitucional. Una granada que disfrutó de una sobresaliente significación representativa, dado el valor territorial y simbólico del fin de la Reconquista, y la consiguiente unión, a partir de entonces, indisoluble, por más que se reconozcan las peculiaridades culturales y políticas de los reinos hispánicos.

Pero además de la personificación emblemática referida, la granada es objeto de frecuente representación en la imaginería estatal, como, por ejemplo, en la Alemania del Emperador Maximiliano I, que la porta de forma habitual en sus manos, como muy bien atestigua, entre muchos, el extraordinario lienzo pintado el mismo año de su muerte, en 1519, por el gran Albert Durero. Una granada que vendría a resaltar, y esto es lo que hacemos ahora, la presencia plural de los territorios, según atestiguaba ya la iconografía del rey persa Darío, pero que se ligaban todos ellos, al unísono, a su persona, a la que quedaban de este modo leal y firmemente unidos.

Pues bien, hoy que se alzan voces que reclaman el reconocimiento de irredentas competencias y ficticios autogobiernos independientes, que reivindican ámbitos de soberanías particulares y excluyentes, que excitan conciencias históricas falseadas, transpirándose un extraño poder taumatúrgico de lo más particular y diferenciador, es acertada la realización de una reflexión construida desde la conveniencia de la preservación de los elementos aglutinadores, de los valores compartidos y de los rasgos comunes. La convicción, basada en la verdad histórica, la superioridad del razonamiento y el impulso del sentimiento más noble, de sustentar los principios estructurales del único y vigente régimen constitucional, además de legítimo y legal. El que se edifica, por decisión soberana y constituyente de la ciudadanía, en la Constitución de 1978. Un sistema político forjado sobre la soberanía del pueblo español y la indisoluble unidad de la Nación española, la única que se conforma como una verdadera forma de organización jurídico política soberana: el Estado español.

La vertebración de la cohesión nacional se estructura, no está de más recordarlo, sobre los cuatro siguientes postulados. En primer término, la presencia del sujeto constituyente español. El único y exclusivo poder constituyente, el primigenio y último hacedor de nuestro régimen constitucional, tanto originario -que felizmente aprobó la Norma Fundamental de 1978-, como derivado -puede instar su reforma-. Un poder constituyente que corresponde al conjunto del pueblo español y, de ninguna manera, a insolventes fraccionadas partes de su integridad colectiva o territorial.

En segundo término, la formalización del marco político y jurídico de convivencia, la Constitución de 1978, el referente determinante de cualquier parámetro de legitimidad y legalidad. Una Ley Básica construida sobre el esencial acatamiento de la indisolubilidad de la Nación española. Como apuntó, y además muy pronto, el propio Tribunal Constitucional: «la Constitución parte de la unidad de la Nación española que se conforma en un Estado social y democrático de Derecho, cuyos poderes emanan del pueblo español, en el que reside la soberanía nacional. Esta unidad se traduce en una organización, el Estado, para todo el territorio nacional»(STC 25/1981). Esto lleva aparejado una indefectible proyección normativa que se hilvana sobre la existencia de un único, aunque también plural, ordenamiento jurídico positivo común para todos y cada uno de los territorios de España (dimensión territorial), y para todos y cada uno de sus ciudadanos (dimensión personal).

En tercer lugar, la realidad de la única forma de organización jurídico política soberana, el Estado español, que se cimenta, de conformidad con una línea ideológica progresista, en el mentado Estado social y democrático de Derecho. Un Estado, con más de quinientos años de heredada historia coparticipada, que hemos sido capaces, otra vez por obra de la Constitución, de descentralizar de forma extraordinaria, para satisfacer hoy la rica pluralidad cultural y de autónomo gobierno, que no de fingidas soberanías, de nuestras regiones y nacionalidades. Un centro de imputación política a cuya cabeza se sitúa una ejemplar Monarquía parlamentaria, símbolo de su unidad y permanencia, y árbitro y moderador del funcionamiento regular de sus instituciones.

Y, por último, el disfrute de un ámbito territorial de libertad de circulación y residencia, sin trabas en las personas y en las cosas, por la totalidad del territorio nacional. El aseguramiento de un solo, aunque no desde luego uniformizado, régimen económico para el territorio del Estado, la persistencia de un sistema igual, al tiempo que solidario, de derechos y obligaciones básicas ante la ley en todo lugar, y la garantía de un minimum de unidad económica (personas, bienes, servicios y capitales). En palabras del Tribunal Constitucional, la España constitucional se erige sobre una unidad política, jurídica, económica y social incompatible con comportamientos estancos.

Y finalizo. Señalaba Armand-Jean du Plessis, el cardenal Richelieu, artífice del Estado francés, que «era cosa segura que los españoles nos superan en constancia, firmeza, celo y fidelidad hacia su rey y su patria». Nada me gustaría más, al margen del juego retórico de la comparación, que seguir pensando que tal juicio permanece vigente.

Europa en migajas
Alejandro Muñoz Alonso La Razón  20 Abril 2004

El próximo 1 de nayo la UE culminará el proceso de ampliación más grande de toda su historia y pasará de sus actuales 15 miembros a 25. Pero lo más notable de esta ampliación es que ¬salvo el case de Polonia, país comparable a España por su población, territorio, historia y cultura¬ los demás son todos mni-Estados, resultado de la desmembración de los grandes imperios europeos o euro-asiáticos que, en pleno auge de los nacionalismos étnicos, tuvo lugar después de la I Guerra Mundial. Se incrementa así en la UE el fuerte desequilibrio, entre grandes y pequeños Estados que, necesariamente, planteará en el futuro problemas de funcionamiento. No hay que perder de vista que muchos de estos pequeños Estados habrían sido totalmente inviables en el mundo westfafiano de los Estado-nación que si ahora han alcanzado el status de Estados soberanos a parte entera es, precisamente, gracias al paraguas de la UE, fuera de la cual serían difícilmente concebibles.

Particularmente notable es el caso de Eslovenia, seguramente el más próspero de los nuevos socios de la UE, que estos días debate si mantiene o no su bandera ¬casi idéntica a la del país donde se quieren instalar todos los constructores de autornóviles¬ con el que se confunde también por el nombre, como está a la vista. El anecdotario entre ambos pequeños y dignos países, en plena crisis de identidad, es muy abundante y hasta se dice que los diplomáticos de esos dos Estados en alguna capital europea se tienen que reunir de vez en cuando para intercambiar la correspondencia que les ha sido entregada equivocadamente. La confusión entre Eslovenia y Eslovaquia se hace todavía más aguda si recordamos que la parte oriental de otro Estado de la zona, Croacia, se llama Eslavonia, región que estuvo de actualidad durante las guerras de la antigua Yugoslavia. Estos Estados son, precisamente, consecuencias del desmembramiento del último país que, sobre las ruinas de la desintegración, la de Austria-Hungría, intentó reunir en una única entidad política a todos los eslavos del sur, pueblos tan próximos por lengua e historia. El nacionalismo desintegrador y excluyente ha producido esta Europa en migajas, que va en sentido contrario a las tendencias integradoras, que han sido las predominantes en la historia europea, aunque, paradójicamente, sólo pueden afirmarse, como hemos dicho, al amparo de ese gran proyecto que es la UE.

Los nacionalistas, felices con Zapatero
Lorenzo Contreras Estrella Digital 20 Abril 2004

Es significativo que, entre las reacciones provocadas por la decisión de tetirar las tropas españolas destacadas en Iraq, se hayan producido, en términos de elogio e incluso alborozo, las de algunas formaciones nacionalistas. Es probable que Zapatero no contara con tales entusiasmos. Todo lo que ofrece de aceptable y racional la postura del nuevo presidente del Gobierno español cambia de enfoque cuando se repara en reacciones como ésta de Joseba Álvarez, parlamentario de Sozialista Abertzaleak, el grupo o formación que dirige o representa más que a nadie Arnaldo Otegi: “Hay que recordar a Zapatero, además de felicitarle, que esa misma legislación y ese mismo derecho internacional (invocados por el presidente para respaldar argumentalmente su posición) también reconoce otros derechos como el de los pueblos, y esperamos que Zapatero, con la misma valentía, tenga también la capacidad de abordar la resolución del conflicto que existe en Euskal Herria”.

Es evidente que aquí el que no corre vuela. Es el caso también de Patxi Zabaleta, el coordinador general de Aralar, cuando, después de celebrar muy positivamente la rapidez de Zapatero porque entiende que la situación era insostenible, dice que “se empieza a borrar la afrenta moral y política que supuso la actuación de Aznar”.

La satisfacción racional se mezcla, evidentemente, con los intereses políticos de los “satisfechos”. La presidenta de Eusko Alkartasuna, Begoña Errazti, parlamentaria por Navarra, celebra que Zapatero haya cumplido su palabra, y añade con perfecta intención que “no hay que estar ni un solo día más en Iraq”, porque se trataba de una “guerra de ocupación y el Gobierno español no puede mantener ni un día más a su Ejército”. Son palabras que buscan subrayar un paralelismo de situaciones entre la ocupación del país árabe y la supuesta “ocupación” del País Vasco, naturalmente por el Ejército español o unas fuerzas equivalentes.

Algo semejante apunta Joan Puigcercós, representante parlamentario de Esquerra Republicana de Cataluña, cuando considera la salida de las tropas españolas destacadas en Iraq como la “única salida” posible de una situación cerrada. En parecidos términos intencionales se expresa el moderado nacionalista Íñigo Urkullu, presidente del PNV de Vizcaya, cuando habla de lógica, refiriéndose a la salida de las tropas españolas, de “la voluntad mayoritaria de la sociedad” y manifiesta su confianza de que “en otros casos también se respete esa voluntad mayoritaria”.

No cabe duda sobre la plural interpretación de la actitud de Zapatero. Precisamente la situación creada por esta línea de independencia en la política diplomática del nuevo Gobierno está lógicamente condenada a suscitar reacciones pro domo sua en el conjunto de la opinión nacionalista, que no se solidariza en el fondo, y ni siquiera en la forma, según el entusiasmo patriótico de signo español. Todo lo que se relacione, o guarde un mínimo parentesco, con el interés de las actitudes nacionalistas, aunque se trate de las más alejadas de la sensibilidad vasca o catalana, por ejemplo, son sistemáticamnte aprovechadas para fomentar los sentimientos de separatismo o distancia de la sensibilidad patriótica oficial. Nada nuevo, por supuesto, pero de imprescindible recordatorio en casos tan patentes como los que se vienen produciendo.

Carta de Don Quijote a ZP
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 20 Abril 2004

QUERIDO ESCUDERO José Luis:

Me has invocado repetidamente y yo, siguiendo la fraternidad caballeresca, no puedo dejar de ayudarte. Pero no me verás como el colega Lohengrin por el Escalda en una patera tirada por dos cisnes, ni menos animándote en el error como tantos malos compañeros que te lisonjearán como antes hicieran con tu ilustre antecesor en el cargo de presidente del Gobierno de España y luego en la desgracia si te he visto no me acuerdo. Pero yo atendí a mi fiel escudero Sancho, que fue un más que digno gobernador mientras duró su aventura, y otro tal me dispongo a hacer contigo. Te estoy agradecido, en primer lugar, por recordarle que existo al pueblo español, en buena parte ignaro y embrutecido gracias a los titiriteros que tú jaleas, que apenas permite que brille dentro de sí la estrella del ideal, lo que demuestra riéndose cuando me aludes. En palabras de Lao Tse, eso de que por la sonrisa del necio se conoce la grandeza del Tao.

Pero vamos a lo nuestro. Mis dos consejos principales a Sancho cuando iba a ser nombrado gobernador de Barataria son, como recordarás, el del temor de Dios y el del conócete a ti mismo. Y te los voy a aclarar en estos tiempos modernos. Donde dice temor de Dios bien podrías emplear ahora la palabra ley moral universal o su plasmación histórica concreta como marco constitucional. Porque un gobernante ha de atenerse siempre en sus actos a los principios de orden superior que han de informar en todo momento su conducta. Pero el sentido que los cabalistas le dábamos en mi época es el bíblico «el temor del señor es el principio de la sabiduría» o bien «está escrito, el secreto del señor es para los que le temen». Y lo de la sabiduría aquí te sonará de cuando Platón se decidió a ayudar con sus consejos a su amigo gobernador de Siracusa y proponía si no un gobierno al menos un consejo de sabios, siendo así que los poderosos, en cuanto que tales, es casi imposible que sean filósofos. Y me gustaría que me explicases, pero después que tú mismo te lo preguntaras, si crees, por ventura, que los Maragales, Felipes, Rubalcabas, por no decir el ayatolá Llamazares, puedan pertenecer al escaso número de filósofos que en el mundo han sido, o si algunas de sus más que escondidas virtudes pueden encajar dentro del ideal caballeresco. Y aquí iba mi segundo consejo a Sancho: conócete a ti mismo. Y ahora quizás puedas recordar las palabras del gran Lincoln: «Declaro que nunca he ejercido un control real sobre los acontecimientos, y confieso llanamente, en cambio, que son ellos los que han gobernado mis actos».

Pero ya que un acontecimiento terrible ha cambiado la suerte de España, como otros importantes atentados, los de Prim y Carrero, lo hicieron también en su momento, no olvides la trágica precariedad de las circunstancias que te han aupado al Gobierno. Y tampoco el ejemplo de tu abuelo, cuya memoria no puedes traicionar, pues la libertad, por la que se debe arriesgar la vida, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos, con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra. Cuidado con sus enemigos que ahora también coinciden con los de España, como el felón tan poco gallardo vizcaíno Ibarreche y el bellaco Rovireche o esos agarenos malandrines tan distintos del admirable morisco Ricote. Ah, y la Cultura se dirige a la promoción del Espíritu, se parece más a lo que yo le explicaba al hijo del caballero del verde gabán que a las zafiedades embrutecedoras de muchos de tus contemporáneos.

Para ejercer el ideal caballeresco es preciso preparar la voluntad para ser fuerte. Y con esa fortaleza de ánimo dimitir como hiciera mi leal Sancho, si acaso compruebas que la situación deviene insostenible. Pero no te traiciones como yo tampoco lo hice en Barcelona cuando fui vencido. Porque la verdadera victoria para un caballero está en ser vencedor de sí mismo.     D.Q. (A. de la Vega por la transcripción).

Carta de París
Córcega sin solución
Carlos Semprún Maura La Razón  20 Abril 2004

Sólo tres días fue detenido Jean-Louis Talamoni, interrogado por la brigada financiera de la policía y el juez Courroye, y el domingo por la tarde salió libre, pero “bajo control judicial”, volvió a Córcega, en donde le esperaba en el aeropuerto un grupo de amigos que le vitorearon como a un héroe, víctima de la “represión colonial”.

El sábado por la tarde ya se habían producido violentos disturbios en Bastia, siempre contra esa “represión colonial”, cuando en resumidas cuentas todo es asunto de pelas, de bandidos con su “impuesto patriótico”. Talamoni, presidente de Córsica Nazione, es como Otegui, chez nous, el escaparate legal de los clandestinos, el portavoz de los terroristas. Desempeñó cierto papel en las negociaciones de Matignon, con el gobierno Jospin, que terminaron en agua de borrajas, luego fue uno de los protagonistas del “si” en el referéndum sobre la autonomía de la isla, montado por Sarkosy, siguiendo en este caso, los pasos de Jospin, pero ganó el “no”.

Antes de ir a Bercy (Ministerio de Economía y Finanzas), para terminar de arruinar a todos los franceses, Sarkosy, tras los desastres de su política corsa, aún Ministro de Interior, se encaró con el entramado nacionalista gangsterial, encarcelando a Charles Pietri, “capo mafioso”, y amigo, bueno patrón de Talamoni. Este lunes 19, la prensa finge descubrir que “con los nacionalistas corsos, la política sólo es la coartada de las maguouilles (trampas, desfalcos, dinero sucio), como escribe Charles Lambroschini en su comentario de Le Figaro. ¡A buenas horas mangas verdes”.

Yo, que no he pisado Córcega en mi vida, que no soy experto de nada, y aún menos de los asuntos de la isla, pero que sé leer y escuchar, ya lo había escrito en diferentes ocasiones y hace años. En el caso de Talamoni, sirvieron ésta vez de testigos a cargo, dos ex dirigentes de Nouvelles Frontiéres: Jacques Maillot y Jean-Christophe Pinot, quienes desvelaron ante el juez, como se dinamitaban sus hoteles cuando no cedían al chantaje del “impuesto patriótico”, exigido por la mafia, y por lo visto por el propio Talamoni.

Cabe preguntarse por qué esos señores han esperado tanto tiempo, ya que los hechos que denuncian comenzaron a principios de los noventa, para denunciarlos. Resulta que fueron a la vez víctimas y cómplices de la mafia corsa. Seguro que echando cuentas han considerado que pese a las mordidas de los terroristas corsos, sus negocios en la isla (viajes y hoteles) seguían siendo rentables, y por lo tanto ¡adelante y todo para bien!.

Resulta, además, que parecía encantarles tener citas clandestinas en el maquis con encapuchados terroristas, que les ordenaban a quien tenían que pagar. No cabe la menor duda de que jamás hubieran aceptado ese tipo de negociaciones comerciales con metralleta, tratándose de Holanda, o Suecia, pero es que Córcega es diferente... Y es cierto, es una mafia repelente. Tendrían que devolverla a Génova, pidiendo disculpas.

La unidad de España
Cartas al Director ABC 20 Abril 2004

César Alonso de los Ríos, en su artículo «Necesitan odiar», dice: «Hasta ahora la dirección del PSOE disimulaba desde la oposición su deserción como partido nacional, pero ¿cómo podrá justificarla cuando traicione desde el poder?...».

También Jaime Campmany, en su artículo «¡Dios te ampare presidente!», dice: «Maragall se ha calado en la Corona de Aragón y se rebela contra las leyes del Estado. Anuncia a los catalanes y a la nación española que deja en suspenso la Ley de Calidad de la Enseñanza...». Los felicito, y me adhiero a sus manifestaciones. El Gobierno se ha nutrido con programas de poco contenido nacional. Defiende sus intereses partidistas y se alía con «cualquiera» parapetándose en su ideología al silenciar las declaraciones de Maragall, Rafael Niubo, Ibarretxe, de las consejeras de Educación del País Vasco y Cataluña, etcétera, y, al mismo tiempo, desprecia y odia que diez millones de españoles sigamos esperanzados en mantener la unidad de España.

Sigue creyendo que los españoles que no comulgamos con sus ideas vamos a seguir siendo las perchas de sus errores. Creo que España es una Penélope esquizofrénica, que se ha convertido por arte de los nacionalistas en un concepto geográfico. Antaño fue nación, luego Estado, ahora península, pura geografía.    Antonio Ramírez Díaz.     La Granja de Torrehermosa (Badajoz).

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