AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 21 Abril 2004
Toda España no es igual
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Abril 2004

Sobre la cobardía, la infamia
José María Marco Libertad Digital  21 Abril 200

De Perpiñán a Nayaf
EDITORIAL Libertad Digital  21 Abril 2004

La lógica del enemigo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  21 Abril 2004

De quita y pon
Cristina Losada Libertad Digital  21 Abril 2004

Ni cien días, ni cien horas
Jorge Vilches Libertad Digital  21 Abril 2004

Ausentes
David Gistau La Razón  21 Abril 2004

Inteligencia en prevención del terrorismo
Andrés MONTERO GÓMEZ La Razón  21 Abril 2004

Los que huyen
Román CENDOYA La Razón  21 Abril 2004

«Tienen derecho a matarnos»
Iñaki EZKERRA La Razón  21 Abril 2004

Sobre los agujeros negros
Agapito Maestre Libertad Digital

Los misterios del 11-M
José Luis Manzanares Estrella Digital 21 Abril 2004

VALE UNO MÁS SI SABE QUE LO MIRAN
Ignacio RUIZ QUINTANO ABC 21 Abril 2004

Nuevo talante del Constitucional
Editorial La Razón  21 Abril 2004

EL «OPORTUNO» AUTO DEL TC
Editorial ABC 21 Abril 2004

Estirpe de cobardes
Cartas al Director Libertad Digital  21 Abril 2004

Carta de Ben Laden a Zapatero (ficción)
Cartas al Director Libertad Digital  21 Abril 2004

Coherencia del sistema educativo
Cartas al Director ABC 21 Abril 2004

El TSJ vasco obliga a Atucha a hacer ondear en el Parlamento regional la bandera de España
Marcos S. González La Razón  21 Abril 2004

Pasando curso
Fernando Savater  El País 21/4/2004
 
Toda España no es igual
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Abril 2004

Aunque la deserción de la coalición internacional que derribó el régimen genocida de Sadam Husein y trata de instaurar un sistema constitucional en Irak sea responsabilidad exclusiva de Zapatero, la que ha quedado ante la mayor parte de los países occidentales como un país traidor y cobarde que se ha rendido ante el terrorismo islámico es España. Por eso es conveniente, además de humanamente inevitable (esperemos que Rajoy y su séquito lo entiendan), que Aznar y otros líderes del PP hagan saber a quienes hasta ayer eran nuestros aliados que toda España no es igual, que no todos comparten la decisión del nuevo Presidente del Gobierno y que para millones de españoles esa decisión de Zapatero es algo que les abochorna y no algo que les alivia.

Por desgracia, tanto los aciertos como los errores de un Gobierno no los comete Fulánez, sino su país. Y el crédito y la solvencia que España había adquirido durante ocho años de constancia en las alianzas y seriedad en los tratos se lo ha cargado el PSOE en tres días de Gobierno. Sería conveniente que Aznar y compañía explicasen también a laboristas y demás europeos, hoy indignados por nuestra deserción iraquí, que además de romper la política exterior de España estamos ante un acto deliberadamente electoral del PSOE con el que piensa arrasar en las próximas elecciones europeas. Y que, como bien escribió Pérez Maura en el Wall Street Journal en un artículo profético, Neville Chamberlain también puede hablar español. Solana habla inglés, por ejemplo. Y, seguramente, Moratinos. A Aznar le ha bastado con el español para servir a España, sin traductor automático. Y está bien que se sepa que esto no es una tribu ni una kabila. Y que muchos millones de españoles seguimos de corazón con los que se quedan en Irak, aunque no sean españoles. Pero siguen siendo los nuestros.
Retirada de Irak

Sobre la cobardía, la infamia
José María Marco Libertad Digital  21 Abril 2004

La decisión de retirar las tropas españolas de Irak es una cobardía y es una decisión propia de cobardes. En Irak las tropas aliadas y el pueblo iraquí están sometidos al acoso de grupos de terroristas, a los que los medios de comunicación occidental llaman resistentes, que han hecho de Irak una zona estratégica para la defensa de la libertad y la democracia en el mundo. Retirar las tropas españolas es abandonar la defensa de la democracia y de la libertad. España, cuya principal aportación a la cultura occidental ha sido su proyección civilizadora y cristiana surgida de la voluntad, sostenida durante siglos, de ser un país occidental, ha sido traicionada por el gobierno socialista.

Si se confirma que el gobierno socialista pactó con la banda de delincuentes liderada por el caudillo terrorista islámico al Sadr la salida de las tropas, a la cobardía su sumará la infamia. La retirada de las tropas españolas está poniendo en peligro la integridad física de las tropas de otros países y la de los propios iraquíes en la ciudad de Nayaf, en cuyo asedio estaban participando las fuerzas españolas. Eso sí, el gobierno español habrá protegido a nuestros soldados gracias al pacto alcanzado con el enemigo, con el que se acude a negociar después de que un atentado perpetrado por otros terroristas islámicos causara en Madrid la muerte de casi 200 personas. Ni qué decir tiene que los nuevos amigos del gobierno de Zapatero se alegraron, sin la menor duda, de los atentados del 11 M. En la historia militar española hay pocos episodios más bochornosos y humillantes. En la historia moral de España, es uno de los momentos más bajos.

La decisión de retirar las tropas españolas de Irak nos retrotrae a tiempos de aislamiento. Se basa en una coartada ideológica que quiere ser de izquierdas y se basa en la recuperación del antiamericanismo primario de tiempos de la Guerra Fría. En realidad, este antiamericanismo ideológico entronca con una tradición aislacionista que siempre ha perjudicado a España, en lo económico, en su capacidad de influencia y en su vitalidad y prosperidad. Ha beneficiado, en cambio, a oligarquías caciquiles. Son las que ahora han vuelto a gobernar España, como la gobernaron durante el franquismo. En la España democrática no ha habido gesto más franquista –exceptuando la retirada de la OTAN- que este de la retirada de las tropas de Irak. The Wall Stret Journal hace bien en llamar al nuevo presidente del Gobierno “Generalísimo Zapatero”. Es lo que le gustaría ser, como franquista es la sociedad que los socialistas y sus aliados nacionalistas tienen en proyecto.

La clave de esta cobardía, esta infamia y este retroceso al franquismo es la seguridad de ganar las elecciones europeas gracias al supuesto pacifismo demostrado por la sociedad española. Puede que al electorado español no le importen demasiado los costes internacionales que para la posición de España tenga la decisión de Zapatero. Sí le importará la debilidad de la que acaba de hacer gala. El anuncio hecho por sorpresa el domingo, sin debate en las Cortes ni comunicación con el Consejo de Ministros, pretendió ser una demostración de fuerza. Es más bien la prueba de una extrema fragilidad política y de una ausencia total de principios morales. Eso sí, mejorarán las relaciones de España con el mundo árabe. Seguimos retrocediendo.

De Perpiñán a Nayaf
EDITORIAL Libertad Digital  21 Abril 2004

Aunque La Razón informa de unas supuestas negociaciones celebradas en Nayaf hace una semana entre representantes del fanático clérigo chií, Moqtada al-Sadr, y agentes del CNI próximos al PSOE, no hace falta que nadie viaje a Nayaf para comportarse como hicieron algunos en Perpiñán. O en Munich.

Lo que sí son hechos ciertos y constatables son el anuncio dominical de retirada inmediata de tropas por parte de Zapatero y la orden de Al-Sadr, quince horas después, de no cometer atentados contra el contingente español.

Eso es tan cierto como el entusiasmo que, junto al del criminal clérigo iraquí, también ha despertado el anuncio de Zapatero en el nuevo dirigente de la organización terrorista Hamas; tan cierto como el último comunicado de Ben Laden en el que el líder de Al-Qaeda precisamente señala como uno de sus objetivos esa retirada aliada de Irak; tan cierto como la esperanza de los autores del 11-M de lograr con esa masacre cambiar la política del Gobierno español y una retirada de sus tropas; tan cierto como que Zapatero ha hecho oídos sordos a las súplicas de los portavoces del gobierno provisional iraquí como a los silenciados sondeos en los que los iraquíes se muestran mayoritariamente partidarios de la presencia de las tropas aliadas en su país; tan cierto como la herida en el pundonor de los militares españoles que tienen que seguir viendo a sus compañeros, polacos, americanos o italianos en el punto de mira de unos fanáticos que ahora ordenan no tocar ni un pelo a los españoles; tan cierto como el malestar —más bien, por ahora, indignación contenida— de los socios europeos y de cuantas democracias protegen hoy con sus soldados a los iraquíes del terrorismo y del fanatismo religioso; tan cierto como que Al Sadr y sus huestes, con las que Zapatero tan bien se entiende —hable o no hable con ellas—, fueron los responsables de los secuestros de ingleses, americanos, japoneses o canadienses, por no hablar de los españoles y, sobre todo, iraquies asesinados en Irak por sus partidarios o por los de Ben Laden.

Ante tanta infamia y certeza silenciada, ante esta huida apresuradamente perpetrada por Zapatero, no es de recibo que el PP se limite a señalar las contradicciones del discurso socialista en cuanto a lo de informar al Gobierno y al parlamento antes de tomar decisiones. Bien está que se haga, como señalar el incumplimiento de no retirar las tropas hasta junio. Pero no nos engañemos. Nadie ha votado al PSOE —ni nadie le ha negado su voto— por desear que las tropas españolas estén en Irak hasta junio. Prueba de ello es que ni el PSOE ni sus medios protegen ese flanco. Lo que protegen —incluido Bono— es el verdadero telón de Aquiles de su infame y cobarde estrategia que no es otro que la coincidencia de objetivos, aunque sea temporal, con el terrorismo islámico respecto de Irak, y la grave y peligrosísima división que provoca en Occidente su capitulación. Rajoy y su partido deben hacer pedagogía política para cambiar un estado de opinión pública que ha hecho posible que el principal partido de la oposición llevara como promesa y gancho electoral algo que desea –como primer paso- la mayor amenaza terrorista a la que se enfrenta el mundo libre.

Sabemos que Rajoy no es Churchill, pero ya va siendo hora de ser conscientes de que la Historia situará a Zapatero al lado de Chamberlain.

Retirada de Irak
La lógica del enemigo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  21 Abril 2004

La promesa de retirar las tropas de Irak el 30 de junio si no se cumplían condiciones imposibles, que granjeó a ZP el respeto de todos nuestros enemigos, se hizo en la convicción de que la Moncloa esperaba a Rajoy. Luego ganaron, sabe Dios cómo, e insistieron en la promesa y en la fecha. Resultado evidente: el riesgo para nuestros soldados se multiplicó. Esta consecuencia de su error estratégico la admite hasta El País (19 de abril): "El riesgo de que cualquiera de los grupos terroristas que actúan en Irak tuviera la tentación de tomar a los soldados españoles como blanco de sus ataques para capitalizar una retirada ya anunciada ha sido un elemento fundamental en la decisión". La cursiva es mía.

Endiablado asunto, pues es obvio que anticipar el regreso también aumenta nuestra vulnerabilidad a medio plazo. La falta de principios conduce a estas situaciones. Para muchos, tener principios equivale a cumplir las promesas electorales que ellos más les gustan, pero no hay virtud alguna en cumplir una promesa estúpida, inmoral y perjudicial, y menos cuando se formuló como un brindis al sol. Hasta los contratos contienen la cláusula tácita rebus sic stantibus, que supedita la vigencia de las obligaciones al mantenimiento de las circunstancias que dieron lugar al vínculo. Una promesa electoral no es un contrato; a fortiori, la promesa de retirada perdió todo su sentido tras el 11 M, que alteró profundamente la posición estratégica de España desde la preguerra.

Para nuestra izquierda política y mediática, el terror islamista escogió a España por el contundente apoyo de Aznar a los EEUU. Pero esto revela un análisis simplista y lineal de los hechos. Si uno hace el esfuerzo de colocarse en el espacio lógico del terrorista (y no en su ficticio espacio moral, como tiende a hacer tanto insensato) comprenderá las ventajas de atacar con inusitada violencia a un país que tres días más tarde celebra elecciones y cuya prospectiva electoral muestra una consistente tendencia al alza de un partido entregado a una propaganda pacifista de Comintern. Con 192 muertos, al súbito vencedor sólo le quedaba una vía para no transmitir al mundo la impresión de que el terrorismo había logrado abrir una brecha en el bloque aliado: quedarse y aumentar el contingente.

Bono considera propio de miserables interpretar que España huye. El mundo debe estar lleno de miserables, a juzgar por la prensa extranjera. Curiosamente, todos estos miserables se encuentran en nuestro bando y ninguno en el opuesto. ¿Cómo calificar al ministro de Defensa cuando sostiene que la retirada española refuerza nuestra alianza con EEUU y el Reino Unido? Pero alegrémonos: el gobierno prepara un “plan especial” contra el terrorismo internacional. Aunque acabemos de perder la confianza de la única superpotencia del mundo, y con ella la estrecha colaboración de sus servicios de inteligencia, Alonso y un ex-consejero de Bono ya están buscando a alguien en “la casa” que hable árabe. Respiro tranquilo.

Retirada de Irak
De quita y pon
Cristina Losada Libertad Digital  21 Abril 2004

Aznar, en su último mandato, hizo una política exterior a sabiendas de que le perjudicaba electoralmente; Zapatero, en sus primeros momentos en la Moncloa, hace la política exterior que sabe que le beneficia electoralmente. Pero, si lo que importa no son las intenciones, sino los resultados, ¿cuál de las dos políticas velará mejor por los intereses estratégicos de España? Los analistas que a mí me merecen más crédito, juzgan que la retirada de Irak, y, por tanto, de la coalición que intenta establecer una democracia en ese país e introducir una cuña para la transformación de Oriente Próximo, le saldrá cara a España en términos de peso político, de aliados y de seguridad, asuntos, todos ellos, relacionados entre sí, y conectados con otros, como la economía.

Pero, ¿qué ocurriría si la ONU en algún momento resuelve ponerles cascos azules a los ocupantes, y entonces las tropas españolas hacen su rentrée en territorio iraquí? Seguramente, el precio que pagaría España en el zoco internacional sería menor. No es que fuera a salir gratis la espantada de ahora, pero sí más baratita. Imaginemos: los socialistas exprimen el jugo de la retirada de los soldados en el vaso de las europeas del 13 de junio y apuntalan con esa “segunda vuelta” un ascenso al poder algo minado por “agujeros negros” que llevan a universos inquietantes; pasado un tiempo, que es el que va a tardar la ONU en poner el huevo, los soldados retornan a Irak y España vuelve a tocar la flauta en el concierto de las naciones. No la flauta de Hamelin, como ahora mismo, sino, por ejemplo, la travesera.

En favor de la probabilidad de este futuro escenario llamo al estrado al diario El País, y en concreto, a su editorial del 20 de abril. “De conseguirse un nuevo y fuerte protagonismo de la ONU, no hay que excluir que España se involucre de nuevo en el futuro de Irak, pero esta vez en labores auténticas de reconstrucción y seguridad”, dice el texto. Desde luego, es admirable cómo una guerra “ilegal, inmoral e ilegítima” puede borrar ese pecado original con absoluciones de los onusinos. Máxime, habiéndole oído a Zapatero que la situación en Irak se deterioraba porque la guerra era ilegal, y lo que mal empieza, peor acaba. Pero la ONU es así, señores. No sólo absuelve, sino que transmuta, como los alquimistas: de una ocupación que encabrita a los iraquíes y no hace nada bueno, sacará una hermosa operación reconstructora. Y si no, al tiempo.

Claro que eso no tiene misterio ninguno: la ONU volverá a Irak cuando los americanos y sus aliados hayan hecho el trabajo sucio; es decir, cuando consigan reducir a los grupos y bandas que allí quieren liarla. España, entonces, podrá volver también. En el camino, nos habremos ahorrado disgustos, y sobre todo, se los habrá ahorrado el gobierno. No parece importarle al PSOE que para ello deba utilizar al ejército como una pieza de quita y pon, subordinada no sólo a las órdenes de un gobierno que mira por los intereses de la nación, lo que es legítimo, sino también a los intereses más a corto plazo del partido que lo ocupa. Cierto que ambas cosas pueden solaparse, pero con Aznar no fue así.

En suma, como bien han visto desde el exterior, empezando por el Consejo Provisional iraquí, la retirada, perdón, la salida, obedece a “asuntos internos”. Que la milicia de Al Sadr nos haya dado un respiro, y que nos vayamos después de que Ben Laden ofreciera una tregua a los europeos que “dejen de atacar a los musulmanes” no significa que claudiquemos ante el terrorismo. Es pura coincidencia. España, dijo Fernández de la Vega, “no responde nunca a terroristas”. Pedir que se replique a sus ofertas con un tajante “no”, aunque sea para guardar las apariencias, debe de ser una provocación.

Retirada de Irak
Ni cien días, ni cien horas
Jorge Vilches Libertad Digital  21 Abril 2004

La retirada de Irak de las tropas españolas no es una promesa cumplida, sino una precipitación impolítica que no nos va a quitar de encima al terrorismo islámico, pues éste va a tener la percepción de que basta un acto de fuerza para que el Gobierno Zapatero reaccione a su favor. Tampoco es fruto del diálogo, al menos con los partidos españoles, ya que, parece ser, miembros del CNI próximos al PSOE negociaron con el líder chií Moqtada al Sadr la salida pacífica de nuestro ejército. El Congreso de los Diputados no se ha convertido, en esta cuestión, en el centro de la vida política, ni se ha pedido su apoyo, pues la decisión se tomó, según Fernández de la Vega, días después de la victoria electoral del 14-M.

Zapatero no respondió en la sesión de investidura a la pregunta, sencilla y comprensible, de cuándo iba a ordenar el regreso de las tropas, quizá, por un sentido de Estado. A pesar de lo cual, no dudó en contestar a Llamazares lo mismo que había dicho durante la campaña electoral: si la gestión política y militar de la ocupación de Irak no quedaba en manos de la ONU antes del 30 de junio, mandaría que volvieran los soldados españoles. Ahora bien, dejando a un lado el que no ha esperado a tal fecha, el silencio no puede ser calificado de “silencio de Estado” porque la decisión estaba tomada mucho antes de que los ministros tomaran posesión de sus cargos, de que Bono hablará con Rumsfeld o de que Moratinos viajara a EE.UU., y, por tanto, de que tuvieran pleno conocimiento de la alianza y situación españolas.

Lo peor de todo, sin duda, es el nuevo papel que España va a jugar en el concierto mundial a partir de esta decisión. Zapatero ha ordenado la retirada y, para sorpresa de los que esperan un mínimo de coherencia en un presidente, dice que España será fiel a sus aliados, cumplirá sus compromisos internacionales y luchará contra el terrorismo internacional. ¿Cabe mayor contradicción? El mundo se cae a pedazos –sí, otra vez- y nuestro país da la espalda a la mayor potencia económica y militar. No se trata del número de soldados que deja el frente, sino el símbolo para Occidente de un país que abandona a sus aliados en plena batalla, y el balón de oxígeno que supone para los enemigos y el terrorismo islámico.

Se ha dejado perder la oportunidad para, desde dentro, como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU y de la coalición en Irak, tratar de involucrar más a este organismo en la reconstrucción y democratización de ese país. Los “iraquís” –en expresión del ministro Moratinos- son dejados a su suerte, y se utiliza a los militares españoles destacados en Irak, despreciando su magnífica labor, haciéndoles volver, qué casualidad, en plena campaña para el Parlamento europeo. Seguro que cabe mayor despropósito, pero no se me ocurre.

Un vistazo a la prensa norteamericana deshace de un plumazo la buena imagen que España tenía en ese país, y convierte en baladí la pretensión de que un cambio de Gobierno en Estados Unidos, esto es, Kerry en la Casa Blanca, devolverá las buenas relaciones atlánticas. Solamente pueden animar tal aserto un deseo de manipulación –ya empezamos a saber más cosas sobre el 11-M- o el desconomicimiento completo de la vida política e historia norteamericanas, de los mecanismos de formación de la opinión pública en aquel país, y de las ideas, intenciones y principios expresados por el líder demócrata. La idea, simple y llana, que quedará en los estadounidenses es que España votó por miedo tras los atentados del 11-M, y que les abandona en el momento más difícil de la guerra. ¿Cómo pensar, entonces, que nuestro país siga estando en la primera fila de los aliados de EE.UU. aunque ya no esté la Administración Bush?

No se puede, por tanto, dar ni cien días, ni cien horas de tregua política a este Gobierno. No se trata de imponer la “cultura del arrendatario”, o de un plan de ferrocarriles, o de desalinizadoras para sustituir el trasvase, o de selecciones deportivas autonómicas. Ojalá. Sino del crédito internacional de España, de su papel y peso. La política exterior no puede ser el producto de un pronto electoral; incluso González se dio cuenta de ello.

Ausentes
David Gistau La Razón  21 Abril 2004

En el último siglo, cada vez que la historia ha impuesto un desafío, ha trazado a espada una línea como la de Pizarro, España se ha quedado del lado cómodo, condenándose a sí misma a la intrascendencia. No estuvimos ni en Omaha Beach ni, con un pico para derribar el Muro, en Berlín, que son los dos episodios fundamentales en los que fue forjado nuestro tiempo. Forjado por el Sajón. Tampoco vamos a estar en Iraq, que al margen de cómo se llegó allí es, en la actualidad, el escenario en el que nuestro tiempo ¬nuestra forma de vida¬ vuelve a someterse a desafío. Otra línea trazada a espada. Otra vez España que escoge la comodidad antes que la trascendencia. Otra vez nos borramos cuando hace falta alguien que diga presente y coja el balón para tirar el penalti.

Otra vez los cagones de siempre que gozarán como invitados subalternos de un tiempo ¬de una forma de vida¬ construido y defendido por otros, capaces de cargar con el peso de la púrpura y sus incomodidades.

Para justificar nuestra vocación absentista, nuestra perpetua búsqueda de refugio en el burladero, se ha consagrado el tópico bucólico de que el pueblo español es neutral. En realidad, la neutralidad absentista a la que ahora se acoge Zetapé es idéntica a la que frecuentó Franco cuando aisló a España como a una burbuja impermeable a la que poco importaba cuanto ocurriese al otro lado de los Pirineos mientras aquí se llegara a fin de mes y hubiera fútbol los domingos.

La España de Zetapé, como la de Franco, se ensimisma porque no se siente reclamada por los desafíos históricos, y decide por tanto ausentarse de su propio tiempo y de las incomodidades que lo forjan. Es antes mediocre que cobarde, esta elección de intrascendencia con tal de no complicarse la vida, sabiendo que habrá otro, el Sajón, con huevos para tirar el penalti. Como en Omaha Beach. Como en Berlín. Creo que voy a tramitar ya mi pasaporte argentino, que con él al menos puedes presumir del gol de Maradona a los ingleses y de dos Mundiales. Mucho más de los que puedes ufanarte perteneciendo a una nación que jamás pasa de cuartos, ni en el fútbol, ni en la historia. Pero tal vez no importe, ¿no?, si de lo que se trata es de vivir cómodo.

Inteligencia en prevención del terrorismo
Andrés MONTERO GÓMEZ La Razón  21 Abril 2004

La naturaleza fundacional de la comunidad de inteligencia española es la prevención de las amenazas. No específicamente investigarlas o reprimirlas, sino esencialmente prevenirlas. La articulación de medios de observación e investigación, de análisis e interpretación de la realidad, serían subsidiarios a ese horizonte de prevención y eliminación de peligros, amenazas y agresiones. Así lo estipula la reforma que en 2002 reconvirtió al CESID en el Centro Nacional de Inteligencia. Alberto Saiz Cortés será el segundo director civil de la inteligencia española. Una inteligencia con identidad preventiva.

Los sistemas de seguridad se establecen para reducir el riesgo, pero también para esperar una amenaza. Tras los respectivos análisis de uno y otra, riesgo y amenaza, la mayoría de los dispositivos públicos de seguridad establecidos en una variada diversidad de ámbitos hasta que ocurrieron los atentados del 11 de septiembre de 2001 estaban imbuidos de un carácter netamente reactivo. Es cierto que la filosofía que respalda el detector de metales de un aeropuerto está basada en la detección preventiva de un objeto punzante, por ejemplo, para retirarlo si es localizado y evitar un incremento del riesgo para el pasaje una vez que quien portara ese objeto (amenazante) accediera a una aeronave. Sin embargo, este elemento preventivo se inscribe en modelos simples de anticipación incapaces de considerar escenarios complejos aquellos en donde varias personas con diversas alternativas para cursos de acción interaccionan con el propósito de ocasionar un resultado nocivo. Así ocurrió con Ben Laden y sus terroristas suicidas en Nueva York y Washington. Además, en estas configuraciones de seguridad, la acción prevista tras la detección de la amenaza potencial por parte del sistema es del todo reactiva suele ajustarse a un protocolo y acostumbra a dejar poco margen para la flexibilidad (si se encuentra un navaja, el protocolo dice al agente cómo debe actuar).

Diseño de acciones
Por expresarlo de modo sintético, la proactividad (de la que se lleva más de una década hablando en seguridad pública y más todavía en seguridad privada) es la concepción según la cual, una vez analizadas las amenazas potenciales en un entorno y sus cursos de comportamiento eventuales, se diseñan acciones que modifiquen esos cursos de comportamiento, anticipándose a la dinámica de la amenaza para reducir el riesgo sobre un determinado entorno. Evidentemente, a mayor complejidad en la definición de la amenaza, más dificultad albergará la previsión de su comportamiento y, por ende, menos posibilidades se presentarán de acción proactiva para minimizar o impedir el peligro latente. Actualmente, en la ya de por sí intrincada realidad internacional multipolar, las amenazas complejas para nuestras sociedades están íntimamente relacionadas bien con fenómenos delictivos bien con propuestas interestatales conflictivas, que encierran ambos la presencia de grupos de personas con intenciones hostiles, contornos grupales cerrados y excluyentes y búsquedas de beneficios personales, en términos económicos o de poder, que se sitúan por encima de la ley y de los derechos humanos.

La prevención del terrorismo en el futuro, al igual que en otras expresiones de delincuencia trasnacional, no pasa por la seguridad sino por la inteligencia o, por mejor decir, por una seguridad emanada de la inteligencia. El premier británico Tony Blair simbolizó acertadamente este planteamiento al afirmar que «si alguna lección puede extraerse del 11-S es la importancia de no esperar a que se materialice la amenaza». La clave está, pues, en la prevención basada en la inteligencia, esto es, en la comprensión adecuada de las dinámicas del fenómeno terrorista con el propósito de anticiparse proactivamente a ellas.

Politización y falta de proceso
Sin embargo, bastante antes del terrorismo en masa del 11-S, ya se advertían instaladas en la comunidad occidental de inteligencia determinadas tendencias viciadas que comprometían las capacidades de los actuales modelos de análisis de la información en los servicios de inteligencia, que llevan años adoleciendo de una rigidez que impide su evolución a un ritmo adecuado para prevenir el comportamiento de amenazas complejas. En concreto, dos patologías modernas del análisis de inteligencia eran (y continúan siendo, a mi juicio) su politización, por una parte, y su incapacidad para procesar adecuadamente escenarios de incertidumbre, por otra.

Respecto a la politización de la inteligencia, su efecto más perverso, en el lado del analista, se observa en informes que confieren más probabilidad de ocurrencia a sucesos que se consideren más probables a priori en el pensamiento dominante de la corriente política en el poder en un instante determinado (por ejemplo, los informes que pongan de manifiesto la enorme amenaza que supone Sadam Husein serán consumidos y asimilados por las autoridades de EE UU sin ninguna resistencia). En el lado del consumidor del informe, entonces, la politización de la inteligencia se traduce en conceder una mayor virtualidad y, por ende, en otorgar medios para desarrollar acciones en base a ello, a análisis que coincidan con su planteamiento respecto al asunto del que se trate.

En investigación en el área de la psicología cognitiva se han dedicado innumerables experimentos a demostrar, con éxito abrumador, que cuando un esquema mental para explicar cierto escenario social está sólidamente alojado en nuestro cerebro, si la información que procesamos de nuestro entorno no es coincidente con la perspectiva que ya hemos asumido, no modificamos nuestros esquemas para adaptarlos a la realidad, sino que por el contrario intentamos deformar la realidad para ajustarla a nuestros esquemas.

Los analistas deberían estár entrenados para evitar este efecto, aunque sus intereses personales o corporativos aconsejan a veces politizar sus conclusiones. Trasladado a la realidad, este paradigma encaja demasiado bien con el affaire de «hacer el informe más sexy», práctica atribuida al cesado asesor de comunicación del gobierno Blair respecto al reporte de la comunidad británica de inteligencia sobre la capacidades de destrucción masiva de Sadam Husein.

En cuanto a la segunda patología de la inteligencia, la lucha contra lo increíble, las cosas son más complejas si cabe, pues se relacionan íntimamente con la previsión cualitativa y con los escenarios culturalmente aceptables.
Este tipo de previsiones, que a diferencia de las predicciones meteorológicas no están basadas en cálculos matemáticos, están dedicadas a conocer futuros probables y posibles a partir de análisis conceptuales y de significados, es decir, a describir el comportamiento de un fenómeno complejo y a trazar su evolución y tendencia.

El objetivo sería, de esta manera, anticiparse a un punto determinado de la tendencia evolutiva de un problema, i.e. el terrorismo, cortocircuitando su desarrollo. Sin embargo, la utilización de herramientas para el análisis cualitativo era tan precaria en 2001 como ahora.

A pesar de que desde mucho antes se cuenta con técnicas como la de escenarios, que permite construir futuribles a partir de una combinación precisa de indicadores, son del todo escasos los analistas realmente capacitados para implementarla y los políticos preparados para consumir los informes de ella derivados. A ello añadimos la dificultad de los propios analistas para valorizar piezas de información muy novedosas (por ejemplo, contextualizar adecuadamente indicios que le decían al FBI que cierto número de personas tomaban clases de vuelo dentro de los propios EE UU) cuya ecuación analítica resulta en combinaciones concluyentes que resultan increíbles (estrellar aviones contra las Torres Gemelas) para los modelos mentales sesgados del propio analista, incapaz de liberarse de sus creencias sobre cómo debe funcionar el mundo y hasta dónde es capaz de llegar la conducta humana.

Contra el crimen organizado
En suma, estamos ante un reto formidable para las instituciones de inteligencia y seguridad de los estados, que deben hacer uso de medios de obtención de información más potentes e incisivos como las operaciones de infiltración a largo plazo, pero también multiplicar el esfuerzo de sus órganos de análisis para liberarlos de viejas patologías que cronifican rigideces estructurales.

La garantía de una seguridad efectiva contra el terrorismo y el crimen organizado transnacional, ambos fenómenos complejos, depende hoy más que nunca de sistemas de inteligencia legítimos, contrapesados en los poderes legislativo y judicial, flexibles y libres de anclajes racionales disfuncionales y tutelas partidistas o interesadas.

Los que huyen
Román CENDOYA La Razón  21 Abril 2004

Es verdad, «el Ejército español nunca huye», obedece órdenes. Los que huyen son el presidente Rodríguez y el ministro Bono. Para claudicar de esta forma ante el terrorismo islamista y dar la orden de huir a nuestro Ejército mejor que Bono no hubiera cruzado el Tajo. El presidente Rodríguez ha comenzado engañando a todos los españoles en su discurso de investidura. El nuevo talante es personalismo de especial informativo. Ni manda, ni lidera. Obedece la exigencia que le hicieron comunistas y nazionalistas para que no esperara al 30 de junio. Su incapacidad para liderar y negociar en el escenario internacional es total. Ni una visita para intentar forzar una nueva resolución de la ONU. Autismo.

Los más cobardes celebran la decisión por la orden de Al Sadr de que no se ataque a los españoles en su retirada. Ya lo dice el refrán «a enemigo que huye puente de plata». El presidente Rodríguez ha claudicado ante el terrorismo. La realidad es que la amenaza terrorista continúa y que tenemos muchos menos aliados. Hay que saber distinguir claramente la responsabilidad de cada uno. Las fuerzas armadas españolas no huyen, los que las están huyendo son el presidente Rodríguez y el ministro Bono. Sólo falta, en plena campaña de las europeas, el desfile de bienvenida para mayor humillación.

«Tienen derecho a matarnos»
Iñaki EZKERRA La Razón  21 Abril 2004

De nada sirve negarlo. Lo que hay que hacer es reflexionar sobre ello. Los atentados del 11-M y sus consecuencias han demostrado de una forma poco edificante que la ciudadanía española no responde del mismo modo ante el terrorismo de Al Qaida que ante el de ETA. Ante los asesinatos de ETA esa ciudadanía entiende mayoritariamente que los gobiernos no deben ceder al chantaje mientras que ante los asesinatos de Al Qaida cambia su voto y cambia de gobierno para que ceda al chantaje, precisamente.

Ante el horror de ETA dirige su indignación hacia los responsables directos y hacia sus cómplices políticos mientras que ante el horror de Al Qaida esa indignación se diluye cuando no se desvía hacia terceros, o sea hacia Aznar y su partido. Mientras contra ETA reclama el mayor esfuerzo policial es capaz luego de ignorar éste hasta el punto de homenajear con velas a todas las víctimas casuales de Al Qaida menos a la única que lo fue voluntariamente y que evitó que hubiera otros dos centenares.

¿Cuántas concentraciones cívicas se han organizado y cuantas velas se han colocado sobre los escombros del edificio siniestrado de Leganés en memoria del GEO Francisco Javier Torronteras Gadea? ¿Se han puesto esas velas y se han convocado esas concentraciones pero lo ocultan unánimemente los telediarios por alguna extraña razón? ¿No es una dolorosa paradoja que el «reconocimiento» a la gran importancia de su labor haya venido de los terroristas que han profanado su tumba y no de la sociedad democrática?

Mientras ante los asesinos de ETA, en fin, se reclama la respuesta del Estado de Derecho ante los asesinos de Al Qaida se suscriben las razones de su comunicado, ese tergiversador y perverso «¿vale vuestra sangre más que la nuestra?». Se justifica como lógica de guerra el genocidio de la población civil que en un contexto bélico sería también un crimen de guerra. Se está diciendo de un modo tácito o explícito que «tienen el derecho moral a matarnos».

Reflexionemos, sí, sobre las causas de esas reacciones tan divergentes frente a uno y otro terrorismo porque sólo así ¬y no negando lo evidente con retórica hueca, demagogia interesada y populismo barato¬ podremos ver el camino para encarar el problema. La primera y principal causa de estas divergencias reside en que carecemos de un discurso elaborado ante un terror que, como el de Al Qaida, es nuevo para nosotros y justamente porque es nuevo.

Sin embargo, lo que no es nuevo para nosotros es la experiencia de este tipo de vacío. Fue esto mismo exactamente lo que nos ocurrió a los españoles ante el fenómeno de ETA hace tres décadas, cuando salíamos de una dictadura que ¬como tal¬ no había sabido darnos un discurso presentable, democrático y válido ante el terrorismo de esa banda o ¬mejor dicho¬ cuando el discurso que nos dejaba en herencia esa dictadura recién finiquitada no nos servía y cuando el que, por otra parte, nos ofrecía la España democrática y recién legalizada era favorable a la propia ETA porque se había elaborado en un contexto anterior y distinto: el de la clandestinidad compartida.

Fue necesaria una década para que comenzara a articularse un verdadero discurso ideológico de respuesta al nacionalismo totalitario que aún hoy está en elaboración y que tuvo que atravesar la fase de un pacifismo gandhiano, cristiano y preilustrado hasta llegar al reciente movimiento cívico de raíz intelectual y laica, a la revalidación civil del Estado de Derecho.

Las fisuras que el nacionalismo vasco halla para burlar la legalidad vienen de que ese discurso no ha sido debidamente ultimado, difundido e interiorizado por la sociedad española. Y la carencia de discurso que padeció la España de los setenta frente a ETA es de la misma naturaleza que la carencia discursiva que padece hoy frente a Al Qaida.

Si ETA supo aprovecharse de la culpa española por la dictadura franquista y de esa otra culpa judeo-cristiana que sugiere que «ETA existe porque no somos lo bastante buenos», Al Qaida ahora se aprovecha de una culpa aún mayor, más arraigada y elaborada incluso: la culpa occidental por el propio progreso económico.

Como sucedió entonces, la izquierda tradicional no se halla en disposición de colaborar a la creación de ese discurso porque el que tiene abunda en esa misma culpa precisamente y la agrava hasta la autoflagelación más desaconsejable. Como también sucedió entonces, la derecha ofrece hoy un discurso que no es moderno ni democrático ni presentable. Su paradigma son los gritos de Oriana Fallaci que claman por una resurrección de las cruzadas instigando al cristianismo a que «se defienda». En esa misma dirección se está intentando presentar como razonable el cierre de las mezquitas en los países occidentales mientras no se puedan abrir iglesias en los islámicos.

Pero tal argumento incurre en el reduccionismo de los terroristas, en el maniqueo, falso y ciertamente efectivo planteamiento de que ésta es una guerra del islamismo contra el cristianismo como si en Estados Unidos y en Europa todos fuéramos cristianos o ¬peor aún¬ como si las naciones occidentales fueran confesionales y las iglesias católica o protestante tuvieran facultades políticas para plantear semejante desafío; como si el Occidente que ha abierto las puertas a los musulmanes y les deja levantar sus templos no fuera el del laicismo y la Ilustración, que no es precisamente el Occidente cristiano de la Reconquista y la Inquisición que echó de España a los árabes y a los judíos sin distinguir a unos de otros.

El Occidente que hay que salvar es el de las democracias, ése que se suicidaría si abriera sólo su paraíso de libertades y las mezquitas en virtud de una reciprocidad tercermundista que hoy es imposible. El problema de una respuesta desajustada (la represión o la guerra) a Al Qaida no es que traiga otros 11-M sino que nos socave moralmente para la lucha contra su terrorismo.

Para sentar las bases del discurso que necesitamos ante él debemos eludir esos reduccionismos semejantes a los que tuvimos que superar frente a ETA. Si la lucha contra ETA no era una lucha de España contra Euskadi ni del nacionalismo español contra el vasco, tampoco ésta es una guerra del islam con el Vaticano ni de Oriente con Occidente. Del mismo modo que ayer entendimos que la causa de ETA es la del totalitarismo nacionalista contra la libertad hoy debemos entender que la guerra de Al Qaida es la del totalitarismo integrista contra todas las democracias, las occidentales y las que cambiarán a los países árabes.

Asuntos internos
Sobre los agujeros negros
Agapito Maestre Libertad Digital

El agujero negro de la prensa del lunes fue esconder el trabajo periodístico de Fernando Múgica sobre “quién está detrás del 11-M”. Si fuera verdad que Zapatero adelantó la noticia sobre el regreso de las tropas españolas de Irak para dejar en segundo plano una investigación ejemplar para el desarrollo de la democracia, sería para salir corriendo de este país. Lo cierto es que el trabajo ha quedado en segundo plano, a pesar de que el análisis político de Fernando Múgica sobre “los agujeros negros de los crímenes del 11-M” será un texto clásico para estudiar en las facultades de Ciencias Políticas. No hay concesiones a la imaginación. Tampoco concede crédito a las asociaciones de ideas que no estén contrastadas con lo real. Menos aún entra en hipótesis de carácter contrafáctico. Estamos ante una pieza estrictamente política, porque se limita a describir con inteligencia sin par los datos derivados de la investigación policial sobre quiénes son los verdaderos responsables, especialmente desde el punto de vista de la planificación, de los atentados.

A la par la investigación muestra, con perspicacia de Maquiavelo, que es imposible delimitar y distinguir con claridad conceptual entre los cerebros de los terroristas por un lado, y quiénes los investigan por otro. Cuando los lectores se percatan de este último asunto, o sea, de lo difícil que resulta separar a quienes planifican los atentados de la dirección de quienes llevan a cabo las primeras investigaciones, que concluyen en el suicidio colectivo de Leganés, se les hace un nudo en el estómago, y optan por abandonar la lectura. No quieren seguir leyendo para no sentir lástima de la condición humana. Otros, optan por volver a leer el texto por si hubiera intención, mala fe, por parte del investigador; en realidad, buscan contradicciones para rechazarlo. No existen, sin embargo, incoherencias en este texto, porque es una descripción grandiosa de los sucesos. Responde a un lenguaje significativo de la realidad. Lejos de tapar la realidad, la significa.

El informe pone ante nuestros ojos con lenguaje verdadero, o sea significativo, las opacidades “políticas” del criminal atentado de Madrid contra la democracia. Enumerar algunas de las cualidades de este texto no es sino invitar a un debate público sobre quién está detrás del 11M; valga, pues, recordar algunas de ellas: primero, queda en evidencia la falta de colaboración entre las diferentes fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado a la hora de la investigación, especialmente, es alarmante la marginación de la Guardia Civil de la investigación; segundo, es obvia la mala información que se le transmite en un primer momento al Gobierno por parte de la policía; tercero, las reticencias de nuestros investigadores a recibir ayuda de EEUU o Israel; cuarto, la falta de diligencia y en otros la aparición como por arte de magia de “pruebas” de películas; quinto, la falta de pericia para distinguir entre diferentes tipos de explosivos. Etcétera, etc.

Los misterios del 11-M
José Luis Manzanares Estrella Digital 21 Abril 2004

A veces resulta imposible conocer la realidad de los hechos, pero eso no obsta para que el espectador perciba que la versión que se le ofrece no es cierta. Las piezas del puzzle no ajustan, sea porque no están completas, sea porque en el juego se han introducido —con intención o sin ella— otras que no vienen al caso. Aunque quizá nunca se alcance la solución de un determinado enigma, cabe detectar los desajustes de una pretendida verdad que permitiría pasar la página. Lo ocurrido el 11-M y en días posteriores puede servir de ejemplo. La organización Al Qaeda y la presencia de tropas españolas en Iraq explicarían suficientemente la matanza, pero sólo si el relato no presentara tantos puntos oscuros y tantas coincidencias con el terrorismo doméstico de ETA.

Ya es casualidad que pocas semanas antes de aquella fecha fuesen interceptados camino de Madrid —precisamente en el Corredor del Henares— varios etarras que transportaban una cantidad de explosivos superior a la utilizada después por sus colegas islámicos. Se supone que el esfuerzo logístico no culminaría con la exhibición de fuerza en un descampado. Y llama la atención el fino instinto de estos fanáticos para orientar nuestro proceso electoral conforme a sus deseos. Sucede también que la rápida reivindicación de los atentados no se compadece con las prácticas de Al Qaeda. Surge, además, el nombre de un grupo marroquí autónomo (aunque se cobije bajo aquella acreditada marca internacional) y pronto se descubre un reguero de indicios delictivos (entre ellos, huellas dactilares, escritos coránicos, restos de teléfonos móviles, tarjetas clonadas, mochilas y bolsas prestas para explosionar), como si la identificación de los autores fuese un pasatiempo para aficionados.

En escasos días se detiene a una veintena de presuntos miembros de la banda, mientras que seis o siete se suicidan para no seguir igual suerte. Lo más sorprendente es, sin embargo, que se trata, en buena parte, de viejos conocidos de la Policía, inmigrantes que viven a salto de mata y han de costearse la masacre con el tráfico de hachís y otras actividades delictivas. Y luego compran el material explosivo a un ex minero poco fiable mentalmente y que ya tuvo problemas con la Policía y los tribunales. Un oscuro episodio que no ha suscitado los comentarios críticos que se prodigan cuando los explosivos se consiguen en Francia. La mano del maestro Bin Laden no aparece por ninguna parte en este monumento a la chapuza. Así las cosas, asombra que la red y sus preparativos pasaran inadvertidos a nuestras fuerzas de seguridad, las mismas que han sido tan eficaces “a posteriori”.

Añádanse la milagrosa frustración del atentado en la línea del AVE Madrid-Sevilla y el suicidio múltiple en la vivienda de Leganés. Súmense las contradicciones oficiales y las falsas informaciones periodísticas de estos días. Recuérdense los intereses políticos en juego. Y Dios bendiga a quien crea que el puzzle se ha cerrado definitivamente.

ZAPATERO ES PIGMALIÓN
por ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 21 Abril 2004

EN el mundo de la política, y también en el del periodismo, cada hecho es una lápida bajo la que quedan sepultados hechos anteriores. El debate de investidura ha sepultado a las elecciones, y las últimas han sepultado a la campaña electoral. Esto es desafortunado, puesto que, con frecuencia, sólo es posible medir el alcance de un acontecimiento político a trasmano. El acontecimiento nos revela su significado en orden inverso al tiempo, según ocurre en esos filmes que arrancan con la muerte del protagonista y se remontan luego a las causas que la provocaron. No tomen la analogía al pie de la letra. No se ha muerto nadie, ni está escrito en lugar alguno que la legislatura de Zapatero vaya a tener un fin infausto. Todo lo que quiero decir, es que el debate de investidura nos permite evaluar mejor los últimos meses de vida política española. Y que proyecta una luz tardía, aunque muy interesante, sobre la índole de nuestra democracia. Procedamos paso a paso.

El PSOE ha insistido en la tesis de que el 11-M no determinó la victoria de su candidato. Creo que el debate de investidura desmiente esta interpretación risueña. La falta de ilación que se pudo percibir en el discurso de Zapatero manifiesta claramente que éste no tenía armado un programa de gobierno, ni en lo que se refiere a los contenidos, ni en lo que hace a las alianzas que permiten sacar adelante políticas concretas. Nos enfrentamos a una legislatura incierta, en que los socialistas tendrán que recabar apoyos ocasionales a cambios de pactos ocasionales. En teoría, esto no tiene por qué ser malo. En la coyuntura presente, es muy expuesto. Lo es, por cuanto esos apoyos vendrán de formaciones nacionalistas a las que únicamente se podrá contentar con cesiones que afectan a la preservación del Estado. La estructura autonómica complica aún más el proceso. Será difícil no extender a Andalucía o Valencia, o incluso a Madrid, las franquías que se reconozcan a Cataluña o el País Vasco. Y no está claro cómo se va a poder organizar esta desorganización. Ni desde el punto de vista fiscal, ni administrativo. ¿Han intervenido estas consideraciones en la actitud de quienes votaron socialista el 14-M?

Una observación en passant. Se sigue incurriendo en la tontería de afirmar que el pueblo vota este gobierno o el de más allá. Pero esto, como he dicho, es una tontería. Se vota esto o lo de más allá en un referéndum. A la pregunta formulada en el referéndum, se contesta «sí» o «no», ineluctablemente. Por el contrario, en unas elecciones normales, lo que pasa es que el ciudadano premia o castiga a los partidos, por razones diversas y en ocasiones recónditas. Los partidos apañan luego una mayoría, o la van improvisando en los umbrales de cada acto legislativo. En consecuencia, en una democracia parlamentaria, el gobierno no opera como testaferro o fiduciario de una presunta voluntad popular. Éstas son supercherías, o resacas de un entendimiento arcaico de la democracia. Lo que en rigor parece haber sucedido el 14-M, es que el trastorno ocasionado por el atentado, y en medida menor -menor de lo que se ha dicho-, los errores imperdonables del Gobierno, movilizaron en proporciones gigantescas a unos votantes habitualmente abstencionistas. Falta todavía depurar los datos. Pero el votante movilizado parece responder al perfil siguiente: menor de 29 años, y poco interesado por la política. O sea, por cuestiones tales como el equilibrio territorial, la integridad de la Constitución, o la financiación autonómica.

De ser esta composición de lugar correcta, y tiene todos los visos de serlo, nos encontraríamos con que Zapatero no ha llegado al poder con el encargo de hacer nada específico en lo que toca a asuntos muy importantes, sino que ha sido exaltado a la Moncloa por efecto de la simpleza, astucia culpable, o mal fario de los populares en un momento decisivo -escoja el lector la entrada que más le guste del menú-. De nuevo, nada irregular dentro de lo que es una democracia indirecta. Pero existen, otra vez, circunstancias agravantes. Uno, Zapatero tendrá que decidir sobre problemas de una trascendencia fuera de lo común. Dos, su ventaja relativa ha procedido de votantes especialmente volátiles, y especialmente poco enterados sobre el contenido de los grandes problemas nacionales. La responsabilidad de Zapatero es, en fin, enorme. Pocas veces han dependido tantas cosas de una sola persona.

Voy a un último punto, el más intrigante de todos. Sobre el papel, la causa que menos ha pesado en la voluntad de un porcentaje decisivo del censo, es eso que se llama «España». Si la causa española hubiese prevalecido en la proporción que muchos pronosticábamos, la tragedia del 11-M habría sido mucho menos decisiva de lo que ha resultado ser. En efecto, varios factores colocan a Zapatero en una posición difícil para resistir la presión de que probablemente será objeto el Estado. Uno, Maragall. Maragall, ¡ay!, es un nacionalista que persigue un modelo confederal. Dos, el compromiso con Esquerra, abiertamente independentista. Tres, la falta de claridad del PSOE sobre la horma en que quiere encajar a España. Estas cuestiones son relativamente técnicas. No tienen por qué llegar al electorado con la fuerza y el impacto que objetivamente les asiste. Pero produce cierta perplejidad que no se hayan traducido, aunque sólo sea de forma imprecisa, en una sensación. La sensación... de que aquí nos jugamos mucho.

¿Por qué no ha echado raíces esta sensación? En esencia, cabe barajar dos hipótesis distintas y mutuamente excluyentes. Según la primera, los españoles no se arredran frente a la idea de recomponer el Estado, en términos potencialmente radicales. Según la segunda, los españoles no han terminado de entender que esa recomposición podría ser un hecho quizá próximo. No vislumbran lo que entrañaría esa recomposición, ni están por tanto en grado de extraer conclusiones sobre el modo como, caso de producirse, se verían afectados sus proyectos personales de vida.

Me inclino, con vacilaciones, por la segunda hipótesis. En todo caso, la clase política ha hecho muy poco por orientar al electorado. De atender a los mensajes de CiU o Maragall, resultaría que España se podría confederar tranquilamente, sin que ello fuera a conmover la esfera pública y, dentro de ella, las oportunidades y horizontes de los ciudadanos singulares. El PSOE ha hecho cuanto ha podido por velar o confundir la cuestión. Allá por el mes de julio, redactó un papel en que se querían hacer compatibles la manumisión económica y política de las regiones -agencias tributarias propias, tribunales de última instancia, etc...-, con la solidaridad social. Lo que implica una contradictio in terminis desde el punto de vista práctico. Y el PP tampoco ha hablado claro. No lo ha hecho, porque ha sido, en muchas cosas, terriblemente amarrón. Ondeaba en la Plaza de Colón, eso sí, una bandera española mastodóntica. Y Rajoy nos ha estado diciendo, en su fase de candidato -¡cuánto mejor parlamentario que candidato!- que era un peligro votar a un partido que tendría que juntar garbanzos con Esquerra o el BNG. Pero era un recado oblicuo, teñido de cautelas y premoniciones para profesionales. En mi opinión, el PP no encontró el tono, los acentos, las maneras. Osciló entre el gesto arriscado, y el acertijo. De resultas, estamos todos un poco en Babia. Una responsabilidad añadida... para Zapatero.

VALE UNO MÁS SI SABE QUE LO MIRAN
Por Ignacio RUIZ QUINTANO ABC 21 Abril 2004

VALE uno más si sabe que lo miran. Eso decía Victor Hugo, que hasta Hugo hemos de ir para penetrar en la psique del hombre que ha ordenado una desbandada militar, o «espantá», para hacer las paces -¡ah, esa ansia infinita de paz!- con sus socios de progreso Llamazares, Puigcercós y el clérigo Muqtada al Sadr, que se sulfuraba porque el nombre de la base española se llamase Al Andalus, es decir, España.

El hombre -«brave homme»- es Zapatero. Él sabía que lo estaban mirando -los anglosajones, mayormente- y, como esos camareros pasmados que dejan caer la bandeja para llamar la atención, cogió una corneta, la que tiene Caldera de cuando era turuta, y tocó a retirada. ¿Acaso no cogió Alcibíades y le cortó el rabo a su perro para que se hablase de él en las plazas de Atenas?

Y vio Zapatero que el ejército se retiraba. Por este hecho de armas, el «Wall Street Journal» lo ha nombrado Generalísimo. No es para menos. Un simple, zalamero, toque de corneta ha servido para hacernos colegas de Muqtada al Sadr, y el buen clérigo, clérigo de progreso, nos ha bendecido pidiendo a sus militantes que no nos tiren cantos.

La hombrada de Zapatero lo ha pillado a uno por sorpresa, pero el Gobierno sostiene que «todos los actores» implicados fueron avisados. La prueba está en la presencia de la Bardem y el Algarrobo en la Puerta del Sol, portando banderas victoriosas al paso alegre de la paz. Ellos formaron junto a sus compañeros, que hacen guardia sobre los luceros, impasible el ademán, y están presentes en nuestro afán.

Volverá a reír la primavera, vienen a recordarnos a los españoles los del «Wall Street Journal», que por cielo, tierra y mar se espera. Normal. No hay más que ver cómo ansiamos la paz, cómo amamos el bien y cómo mejoramos a los humildes. Dado el éxito popular de la «espantá» en el Iraq, ya sólo queda coger la corneta y volver a Perpiñán y a Perejil, no a pelear, sino a tocar. ¡Tócala otra vez, Sam!

SI será humilde Ternera que, pudiendo vivir en España, vive en Perpiñán. Hombre de progreso, al fin y al cabo, Ternera gusta del diálogo. Los de la Esquerra le dieron un par de horas de cháchara, que es lo único que dan, y consiguieron que el tal Ternera -Vedella, en vaso de agua clara- no se pase por Cataluña a matar. Para reconducir a Ternera tiene Zapatero de ministro a un señor que en los ambientes de progreso es conocido como Toño, en cuyo discurso de toma de posesión un amigo mío reconoció la espléndida coyunda entre lo viejo y lo nuevo. Lo viejo: habló de las «condiciones objetivas», ésas que ponía Marta Hannecker en sus manualitos de marxismo en diez lecciones con preguntas de catecismo al final de cada capítulo. Y lo nuevo: habló de las «sinergias» que se producirán unificando el mando de los nacionales y los civiles. O sea, que este Toño se mueve entre el viejo marxismo de los sesenta y las presentaciones de «power point» de McKinsey. Un alma gemela de Zapatero.

EN la isla de Perejil vivía Calipso, que puede considerarse, simbólicamente, como la primera española, y para volver a Perejil está Bono, que aporta al hecho militar el machete de su «j». A su toma de posesión asistió la mitad del pacifismo manchego, Antonio Gala, y la otra mitad, Almodóvar, estuvo en espíritu. Después de todo, con esta defensa, cualquiera de ellos podía ser ministro. «Ya veréis cómo la gente va a volver a los desfiles», declaró Bono, que debe negociar con Puigcercós el modo de hacer el de la victoria -del Iraq- en Barcelona.

Nuevo talante del Constitucional
Editorial La Razón  21 Abril 2004

El Tribunal Constitucional ha considerado que no debe admitir a trámite el recurso de inconstitucionalidad que presentó en su día el Gobierno de la Nación contra el Plan Ibarreche y su correspondiente admisión a trámite por la Mesa del Parlamento vasco. La postura de los magistrados, por siete votos a favor y cinco en contra de la inadmisión, parece haber mudado con el paso de los meses, desde una primitiva opinión que se predecía más favorable a la admisión de al menos uno de los puntos del recurso, y cabe resaltar, sobre todo, el hecho de que la decisión fuese retrasada «hasta después de las elecciones».

Habrá que esperar a conocer las razones concretas que soportan la decisión del Tribunal Constitucional, pero sean las que sean, sí cabe afirmar que el garante del ordenamiento constitucional considera que no es rechazable que un Parlamento admita a trámite una norma que supondría, de hecho, una reforma constitucional por una vía improcedente.

Era muy discutible que fuese inconstitucional una propuesta política del Gobierno vasco, el Plan Ibarreche, pues siempre quedará al amparo del amplio margen de las propias libertades garantizadas por la Carta Magna y no pueden entrar los magistrados en la deslealtad que supone la iniciativa nacionalista. Lo que ya no parece tan sencillo es que siete intérpretes de la Constitución consideren que no es cosa de su competencia que una Cámara regional pueda ejecutar una acto administrativo como es la admisión para su debate de un texto que conllevaría, en caso de ser aprobado, no ya un cambio del Estatuto de Autonomía, sino una reforma de la Constitución. Insistimos en que es preciso llamar a la prudencia y leer con detenimiento los considerandos de los magistrados pero, por lo que hemos podido conocer, todo parece indicar que nos hallamos ante un nuevo «talante» constitucional. Es, cuando menos, curioso que la decisión coincida en el tiempo con el vuelco electoral del 14-M y con la necesidad de renovar a dos de los magistrados.

En cualquier caso, no parece de sentido común aceptar que un Ejecutivo regional (que es parte del Estado) pueda redactar, discutir, y validar en su parlamento autonómico, una norma contra la Constitución, ya sea el plan Ibarreche o la implantación de la pena de muerte, con la idea de que ya se declarará inconstitucional en su momento, cuando haya sido aprobada por los diputados autonómicos.

EL «OPORTUNO» AUTO DEL TC
Editorial ABC 21 Abril 2004

CUANDO el Gobierno del PP decidió impugnar ante el Tribunal Constitucional los acuerdos que iniciaban la tramitación parlamentaria del Plan Ibarretxe, hubo una coincidencia general sobre dos aspectos de este litigio: que el proyecto soberanista era intrínsecamente inconstitucional y que, a pesar de esa certeza, los dos acuerdos impugnados -el del Gobierno vasco y el de la Mesa de la Cámara- merecían diferentes valoraciones. El TC ha decidido mediante auto -del que sólo se conoce el fallo y algún dato parcial- rechazar la impugnación de ambos acuerdos, dando vía libre a la tramitación parlamentaria del proyecto de asociación del País Vasco con España.

La razón decisiva del auto es que la iniciativa del Gobierno popular fue «extemporánea», lo que quiere decir que se presentó antes de que hubiera una ley o propuesta de ley aprobada por la Cámara. Sólo entonces, a juicio del TC, existirá materia impugnable. Pero el auto, avalado por siete magistrados frente a cinco, contiene la afirmación de que el Plan Ibarretxe es inconstitucional, introduciendo así la duda de cómo es posible certificar la inconstitucionalidad absoluta de un proyecto o propuesta pero no de los acuerdos que han actuado como condición sine qua non para emprender su tramitación parlamentaria.

Si había dudas razonables en torno a la nulidad del acuerdo de remisión del proyecto adoptado por el Gobierno vasco, era casi unánime la convicción de que la Mesa de la Cámara vasca había incurrido en un fraude de ley -mejor dicho, de Constitución- al tramitar como proyecto de reforma estatutaria un texto atípico que contenía una propuesta constituyente para el País Vasco.

La decisión del TC conduce a la peligrosa conclusión de que los procedimientos y las instituciones parlamentarias son mecanismos neutrales que deben soportar el tránsito de cualquier proyecto o iniciativa, por inconstitucional que resulte su propósito y su tenor literal, como si la constitucionalidad fuera una condición terminal, no inicial, de la actividad legislativa.

Este planteamiento priva a los Parlamentos y al Estado mismo de cualquier defensa constitucional previa frente a procedimientos en los que, a rebufo de los principios democráticos, se persigue la suplantación del régimen institucional. Por eso, las mesas de las cámaras tienen poder de calificación de los proyectos legislativos y pueden rechazar la tramitación de los que resulten manifiestamente inconstitucionales. Por eso, el acuerdo de la Cámara vasca estaba viciado por la misma inconstitucionalidad que el TC ha diagnosticado en el Plan Ibarretxe, pero sin aplicar la consecuencia única de esta constatación que era la nulidad de todo el procedimiento parlamentario.

La fractura del TC no es óbice para el acatamiento de su resolución. Tampoco el respeto debido a la alta función del TC obliga a silenciar la crítica que merece una resolución cuyo oportunismo político, esté o no buscado de propósito, viene dado por la secuencia de acontecimientos de los últimos días, empezando por la investidura de Rodríguez Zapatero y la formación del nuevo Gobierno.

De la misma manera que en las deliberaciones previas a la excarcelación de la Mesa Nacional de Herri Batasuna hubo un magistrado que pensó en voz alta sobre la aportación del TC a la solución del «conflicto» vasco con la absolución de los condenados, tras el conocimiento del auto que rechaza la impugnación del Plan Ibarretxe es inevitable apreciar la agradable coincidencia de la decisión con el indisimulado interés del nuevo Gobierno en dulcificar las relaciones con el nacionalismo vasco.

Zapatero mantuvo el tipo exigiendo la retirada de la propuesta soberanista durante el debate de investidura y, ahora, sin apearse de sus palabras, tiene despejado el camino para que el PSE ofrezca al PNV fórmulas de importación del tripartito catalán, que, por otro lado, saque del atolladero a los nacionalistas vascos. El auto no ha podido ser más estratégicamente oportuno.

Estirpe de cobardes
Cartas al Director Libertad Digital  21 Abril 2004

Nunca me llegué a creer del todo que el nuevo Gobierno de ZP fuera a consumar el mayor acto de felonía y cobardía que yo recuerde, tras la cesión del Sahara a Marruecos por la Marcha Verde. Estoy desolado por lo que considero el mayor error político que puede tomar un Gobierno, y es aquél que afecta, no solo a la seguridad interior, sino a la nefasta y patética imagen proyectada al exterior.

¿A quién nos ha vendido ZP? ¿A los progres intelectuales y cineastas pancarteros? ¿A Francia y Marruecos? ¿Ha dado un golpe de estupidez supina al elevar a decisión una pancartada? Ya lo veremos. No sabemos las consecuencias que puede traernos a corto o largo plazo una decisión tan provocativa, ni los efectos, seguramente devastadores, que nos va a ocasionar una provocación de tal calibre a la mayoría de países implicados en la defensa de las libertades y en la lucha de verdad, y no de boquilla y con palabras hueras, contra el terrorismo.

Ya sabemos, por segunda vez (la primera fue Rumasa), que las primeras decisiones de los socialistas suponen una auténtico terremoto del que un país tarda en recuperarse. Ahora los españoles nos enteraremos de verdad lo que es dar la vara de mando al PSOE. Esta decisión va a condicionar la vida política del país para muchos años. No es cierto que la gran mayoría de españoles queramos esto. No quisimos la guerra como nadie la quiere; pero esto es otra cosa. Debíamos colaborar con la comunidad internacional y nuestros aliados democráticos. España estaba en el mundo, ahora la han arrancado ignominiosamente.   

Comienza el reinado de la estirpe de cobardes.
Alá nos lo recompensará.                                   Abilio Jesús Maestro Barreda -Valladolid

Carta de Ben Laden a Zapatero (ficción)
Cartas al Director Libertad Digital  21 Abril 2004

En el nombre de Alá, el grande, el misericordioso. Yo, Osama Ben Laden, te agradezco, Zapatero, tu prontitud en obedecer mis primeras órdenes retirando tus tropas de Irak.

A continuación tienes las siguientes: retira tus tropas de Afganistán, Ceuta, Melilla y Granada. Reforma tu Constitución para imponer como forma de Estado el Califato islámico. Echa a las mujeres de tu Gobierno y nombra otro verdaderamente paritario: el mismo número de suníes que de chiíes.

Tienes un mes para obedecer, y ya sabes lo que pasará si no lo haces. Y no te quejes del trato que te damos, perro cristiano. Nosotros los terroristas islámicos tenemos tanto cariño a Al-Andalus que siempre le damos lo que su Gobierno nos pide. Tu antecesor, el bravo Aznar, quiso ganarse nuestro respeto al precio que fuese y lo consiguió. Tú y tus seguidores habéis pedido tener nuestra "paz" y desde el 11-M ya la tenéis. De modo que espero de ti que, cuando en alguna ocasión nos obligues a castigaros, no llores como mujer lo que no has sabido defender como hombre.

¡Alá akbar!¡Alá es grande!                             Bartolomé Cuerda -Madrid

Coherencia del sistema educativo
Cartas al Director ABC 21 Abril 2004

Ante las manifestaciones de algunas Consejerías de Educación, como la catalana, la vasca, y el propio Partido Socialista antes de la toma de posesión del Gobierno y en el debate de investidura, de paralizar la aplicación de la Loce, me parece que está claro que estos intentos de no respetar la legalidad vigente están provocando un desconcierto en la comunidad educativa que influye negativamente en la mejora de la calidad de la enseñanza que todos pretendemos. Pienso que es muy conveniente que la nueva ministra de Educación presente cuanto antes las reformas que considere pertinentes y ponga orden para tratar de favorecer a los alumnos y orientar a padres y profesores, que todos encuentren la integración y obtengan el máximo rendimiento posible.

La educación no debe ser utilizada como moneda de cambio en la pugna partidista. Deben hacerse compatibles los principios de unidad y autonomía del sistema educativo, siendo obligación de cualquier Gobierno asegurar la coherencia de las Administraciones públicas, su coordinación y colaboración. Desde algunas organizaciones están pidiendo a los Gobiernos que se trabaje en la búsqueda del consenso necesario para un pacto por la educación que libere a ésta de los vaivenes de la política y que garantice los medios y los recursos necesarios para lograr una educación de la máxima calidad compatible con los principios de libertad de trato entre la red dual de centros sostenidos con fondos públicos (públicos y privados concertados).        Jesús Domingo Martínez.    Gerona.

El TSJ vasco obliga a Atucha a hacer ondear en el Parlamento regional la bandera de España
Doble varapalo para el PNV: se les muere el Árbol de Guernica (en la imagen) y les obligan a que ondee la enseña nacional en el Parlamento
Marcos S. González La Razón  21 Abril 2004

Madrid- La enseña española deberá ondear en el Parlamento de Vitoria a pesar de la continua negativa de Juan María Atucha a llevarlo a cabo. Así se desprende de la sentencia dictada ayer por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV), en la que se estima el recurso interpuesto por el Abogado del Estado contra la «desestimación táctica» que hizo la Cámara vasca ante un requerimiento de la Delegación del Gobierno a este respecto.

En el auto, al que ha tenido acceso LA RAZÓN, se dispone que «en el exterior del Parlamento y en un lugar preferente del interior ondee de manera permanente la bandera de España, condenando a la Administración parlamentaria demandada a estar y pasar por dicha declaración». A pesar de que es probable que la Cámara que preside Atucha decida recurrir el auto ante el Tribunal Supremo para retrasar la instalación de la Enseña española, la Abogacía del Estado ha solicitado la ejecución provisional de la sentencia dictada ayer.

El 8 de mayo de 2002 el delegado del Gobierno en la Comunidad Autónoma del País Vasco realizó un requerimiento a la Cámara para que cumpliese «el deber de hacer ondear la bandera de España en el exterior del edificio del Parlamento y ocupar un lugar preferente en el interior del mismo, de conformidad con lo previsto por la Ley».

En los fundamentos jurídicos de la sentencia se relata que el Abogado del Estado interpuso el recurso ante «la desestimación tácita por el Parlamento vasco» de dicho requerimiento. Por otra parte, el Tribunal Superior de Justicia Vasco asegura que «es claro» que la ley «impone un deber público que incumbe a la Administración parlamentaria, que es de carácter permanente».

Asimismo, el tribunal recuerda que «la bandera de España simboliza la nación, es signo de soberanía, independencia, unidad e integridad de la patria y representa los valores superiores expresados en la Constitución».

Además subraya que la ley especifica que «la bandera de España deberá ondear en el exterior y ocupar el lugar preferente en el interior de todos los edificios y establecimientos de la Administración Central, Institucional, Autonómica, Provincial o Insular y Municipal del Estado».

Pasando curso
Fernando Savater, catedrático de Filosofía de la Uni. Complutense Madrid. E País Fernando Savater, catedrático de Filosofía de la Uni. Complutense Madrid. El País 21/4/2004

Los nacionalistas exigen la asimetría entre las autonomías. Aún más importante que lo que se les conceda es que no se conceda lo mismo a otros; mantener para sus comunidades el carácter de incrustaciones en el conjunto. Si la pluralidad del país no implica desigualdad, no vale: a eso se le llama estar "cómodos" en el conjunto.

En los cuentos de nuestra infancia -que algunos nunca hemos renunciado a releer- siempre se inclinan por lo menos tres hadas sobre la cuna de los recién nacidos. Y les profetizan venturas o desventuras, según la calaña de las susodichas y los contenciosos que tienen abiertos con los padres de la inocente criatura. En realidad, tales augurios no son simples anticipaciones de lo porvenir, sino bendiciones o maldiciones activadas por las hechiceras que se cumplirán años después por arte de magia. Claro, que el cuento también demuestra, triunfalmente, que, pese al augurio de las videntes y la mala idea de las brujas, el pequeño príncipe o la inocente princesita pueden lograr finalmente derrotar a lo peor de su destino, a veces gracias al coraje de la espada, a la amistad inesperada
de un genio o al beso certero de un pretendiente que no retrocede ante los dragones. Son muy tonificantes los cuentos bien leídos: ¡ya quisiéramos poder decir lo mismo de las estadísticas!

Sobre la cuna del nuevo Ejecutivo socialista mosconean también hadas y brujas mediáticas, bastantes más de tres aun calculando muy por lo bajo. Y lanzan vaticinios ominosos o favorables según sus intereses, que esperan ayudar a ver cumplidos por la simple fuerza de enunciarlos. En las sociedades democráticas, la opinión pública es una magia sumamente poderosa y cualquier abracadabra que alcance relevantes titulares puede llegar a ser un muy eficaz encantamiento para volver batracio al más gallardo de los paladines o revestir de apariencia humana y hasta humanista al más irremediable de los sapos. En tal capacidad mágica estriban gran parte de la grandeza y de la miseria de nuestro sistema político, así como la responsabilidad de cuantos aprendices de brujo intervenimos públicamente en él. Cabe esperar que Zapatero, como los sastrecillos valientes de antaño, logre zafarse finalmente del mal de ojo de quienes no le quieren bien y también de las adulaciones de los que sólo se quieren a sí mismos fingiendo quererle a él. Al menos tal es el don que yo quisiera propiciarle, inclinado también sobre la cuna de su nuevo Gobierno.

Hay un extendido alivio porque las pasadas elecciones nos han librado del aznarismo (que no de Aznar, pues éste se ha ido por propia voluntad en un gesto notable probatorio de que su conocida inflexibilidad se la aplica a sí mismo tanto como a los demás). Yo sinceramente espero que ahora nos veamos también aligerados del antiaznarismo, una dolencia ideológica que ha llegado a hacerse insufrible entre políticos y medios de comunicación en los últimos meses, hasta transformarse en un culto de la personalidad al revés que ha terminado por reducir el análisis de los problemas del país a una interminable diatriba personalizada y empeñada en convertir los modos poco conciliadores de un gobernante electo con millones de votos en un nuevo trasunto de la dictadura franquista. Sin duda no ha sido Aznar receptivo ni generoso con sus adversarios políticos, pero tampoco es común que tras un atentado como el del 11-M hubiera masas teledirigidas dispuestas a acudir para llamarle asesino a él en lugar de a los verdaderos terroristas..., y eso en vísperas electorales. No quiero ni pensar lo que hubiera ocurrido si ETA llega a confirmarse como autora de los crímenes y las turbas hubieran acudido a Ferraz ese mismo día para acusar a los socios de Carod Rovira. Menos mal que gracias a Toni Negri sabemos que el incidente fue un acontecimiento leninista: nos quita un peso de encima.

En un libro de entrevistas dice Peter Sloterdijk que la principal ocupación de los intelectuales europeos actuales es comentar críticamente -a favor o en contra- lo que hacen los norteamericanos. En España ha solido acompañarse esa difícil tarea con el estudio de lo que hacía o dejaba de hacer Aznar.

Supongo que ya podremos prescindir próximamente de este segundo empeño y comenzar a centrarnos en cómo afrontar la realidad que nos urge. Aunque, claro, como la realidad no suele llevar bigote, es más difícil de caracterizar y caricaturizar que el socorrido dirigente que ahora se despide. En fin, que lo que toca ahora es saber qué hacer, pregunta, por cierto, que también tiene ilustre raigambre leninista.

En el debate de investidura predominaron, como tanto se ha destacado, los buenos modos y la disposición casi afectuosa de los intervinientes, salvo en las referencias de algunos de ellos al pasado próximo inmediato. En asuntos de intendencia, la situación del país que recibe Zapatero no debe ser mala, porque de lo que menos se discutió fue de economía, y eso siempre es buena señal. Resultaron muy interesantes las llamadas del nuevo presidente a la humildad, que no es un rasgo franciscano de su carácter, sino un elemento constitutivo del sistema democrático, según señaló con su habitual nitidez y nobleza Albert Camus: "El demócrata es modesto. Confiesa una
parte de ignorancia, reconoce en parte el carácter aventurado de su esfuerzo y que todo no le es dado. Y a partir de esa confesión, reconoce que tiene necesidad de consultar a los otros, de completar lo que sabe con lo que saben ellos". Por cierto, que, al día siguiente, los mismos opinantes que tanto habían regañado a Zapatero por mostrar esta conciliadora actitud cuando estaba en la oposición, reprochándole que tanta blandura le regalaba el poder al PP, se la celebraron y atacaron a Rajoy por proponerse hacer la oposición "dura" que antes recomendaban: ¡quieren crucificar a Zapatero sin dejarle gobernar! En fin, mira que llevo años asistiendo a su coherencia sectaria, pero aún logran desagradarme como el primer día.

Que desde luego no todo se arreglará con disposición al diálogo y apertura de miras por parte del nuevo presidente,
quedó claro en las intervenciones nacionalistas. Fue notable la insistencia de todos ellos, incluso del sensato Duran i Lleida, en la exigencia de asimetría entre las autonomías del Estado.

Por lo visto, aún más importante que lo que se les conceda es que no se conceda lo mismo a otros: hay que fabricar diferencia a toda costa. Lo esencial es mantener para sus comunidades el carácter de incrustaciones en el conjunto, de aerolitos llegados del espacio exterior y que no deben ser confundidas con el resto del planeta España. Si la pluralidad del país no implica desigualdad, no vale: a eso se le llama estar "cómodos" en el conjunto. Los representantes del nacionalismo vasco destacaron en este planteamiento, como es lógico. El del PNV hizo una descripción del Gobierno en los últimos años basado en el autismo del Ejecutivo y el desprecio a las posiciones del contrario, que correspondía mucho mejor a lo que hemos padecido en el País Vasco que a lo vivido en el resto de España.

Siguen insistiendo en el "recorte de libertades", aunque no logren dar un solo ejemplo de tal fechoría: a no ser que se refieran a la "libertad" de que grupos políticos apoyen, legitimen y financien encubiertamente el terrorismo, lo cual no es una libertad, sino un abuso cuya abolición favorece las libertades de los demás. Pero el momento culminante fue cuando el señor Erkoreka recomendó al nuevo Ejecutivo una visión más laica de la política. ¡El PNV promocionando el laicismo político! Es como la patrona del burdel predicando castidad a las niñas del coro...

El mismo Erkoreka mostró su perplejidad ante la respuesta excelente de Zapatero, firme sin agresividad. Y es que yo creo que la confusión entre una actitud abierta y una actitud vacía puede llevarles a más de una sorpresa, como le ocurrió al hijo pequeño de unos amigos míos. El chaval siempre suspendía en matemáticas y me hacía confidente de sus cuitas, con las que yo simpatizaba por haberlas también padecido. Según él, el profesor era antipático, aburridísimo y le tenía mucha manía. Pasó finalmente curso a trancas y barrancas: el nuevo profesor de matemáticas era un dechado de bonhomía y amigo de la familia además, pero, para su desolación, siguió suspendiéndole. A pesar de ser tan simpático, seguía pensando que dos y dos son cuatro, como el malencarado del curso anterior... O sea, que pasamos curso, pero sigue siendo obligado que cada cual ponga algo de su parte y sobre todo que no olvidemos que hay materias con las que no se puede trampear. Porque se han documentado ampliamente los males
del fundamentalismo democrático, pero no debe olvidarse que peor que cualquiera de ellos sería el mal de una democracia sin fundamento.

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