AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 23 Abril 2004
VIVIR PLENAMENTE EN LIBERTAD
COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN POR LA TOLERANCIA  23 Abril 2004

EL IDIOMA COMO MAZA AGRESORA
M. MARTÍN FERRAND ABC 23 Abril 2004

Salir por piernas
Aleix Vidal-Quadras La Razón  23 Abril 2004

La Europa de ZP
Emilio J. González Libertad Digital  23 Abril 2004

LAS PROMESAS ELECTORALES
Jaime CAMPMANY ABC 23 Abril 2004

EL SALVOCONDUCTO
Carlos HERRERA ABC 23 Abril 2004

Aislamiento
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  23 Abril 2004

Un candidato de convicciones
Ignacio Villa Libertad Digital  23 Abril 2004

¿Un sistema educativo nacional
Ernesto Ladrón de Guevara La Razón  23 Abril 2004

Las diferencias en la Constitución
Primo González Estrella Digital  23 Abril 2004

El cabra y el monte
Iñaki Ezkerra La Razón  23 Abril 2004

Las claves del diálogo, según Ibarretxe
Gorka Etxebarría Libertad Digital  23 Abril 2004
 

SOBRE EL PLAN LINGÜÍSTICO DE LA GENERALITAT
VIVIR PLENAMENTE EN LIBERTAD
COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN POR LA TOLERANCIA  23 Abril 2004

1.- La prioridad es la mejora de las condiciones de vida La Generalitat ha elaborado un Plan cuyo objetivo final
es «hacer fácil vivir en catalán», porque según el Conseller en cap, Josep Bargalló «el derecho a vivir en catalán es tan importante como cualquier otro de los que debe garantizar la Administración» . Para hacer efectivo el objetivo se prevén sanciones para los rebeldes y el endurecimiento de la política lingüística.

A nuestro parecer, la Administración, fundamentalmente, ha de tener como prioridad mejorar la vida de sus ciudadanos y son muchos los campos de acción. La sanidad, la educación, el acceso a una vivienda para los más desfavorecidos, entre otras muchas, son las medidas en las que procede focalizar la acción de gobierno. Por ello, no deja de resultar triste que se destinen esfuerzos y fondos públicos en pretender la consecución de
imposibles.

2.- No a una sociedad enfrentada por la lengua
El derecho a la vida es el primero de los derechos. Sin vida no hay derechos que ejercitar. Ahora bien, que esta vida tenga que hacerse en catalán, es tan absurdo como reconocer el derecho a vivir en castellano o en inglés.

 Nuestros gobernantes tienen que procurar, sobre todo, que sus ciudadanos vivan con libertad, con prosperidad, sin coacciones y con tranquilidad, y el Plan propuesto es una invitación a la confrontación. En una sociedad en la que, según la última encuesta de usos lingüísticos del año 2003, la población utiliza en un porcentaje superior el catalán (50,1%) al castellano (44,1 %) seguir apretando las tuercas para no dejar resquicio alguno a los
castellanohablantes ocasionará, a la larga, más inconvenientes que ventajas.

Hasta ahora, a pesar de las diferencias de orígenes, lenguas, culturas o religiones, la sociedad catalana ha permanecido cohesionada y no ha antepuesto el idioma, salvo excepciones, a la condición de ciudadano. Pero la obsesión por conseguir el 100% del uso lingüístico en catalán, pudiera llevar a los castellanohablantes a pensar en la conveniencia de convertirse en comunidad diferenciada dentro de Cataluña y a reivindicar su estatus de «minoría lingüística» a efectos del reconocimiento de sus derechos. El periodo de la normalización lingüística y de la discriminación positiva se tiene que acabar en una sociedad que hoy ya se reconoce con mayoría de catalanohablantes.

Franqueada la línea del 50% no hay excusas para impedir la igualdad en derechos para catalanohablantes y
castellanohablantes. Para una Administración que se marca como objetivo el absurdo «pretender que todos los ciudadanos puedan vivir plenamente en catalán», le ha de resultar mucho más edificante y sencillo lograr que éstos realmente se sientan en libertad.

En el tema de la lengua, se avanzaría sí todas las Administraciones Públicas, las que pagamos con nuestros
impuestos, asumieran el compromiso de atender en la lengua oficial de elección a sus administrados y garantizarán una enseñanza, cuanto menos, bilingüe y se olvidarán de políticas de hostigamiento público para imponer usos lingüísticos a una parte de la población nada desdeñable (el 44,1) que tienen como lengua de uso el castellano y al que este Plan sitúa en la marginalidad.

3.- La tolerancia, imprescindible en la democracia La tolerancia es reconocida como un atributo imprescindible
para las democracias y nos preocupa que nuestro propioGobierno esté preparando una sociedad en la que el individuo no pueda actuar como persona autónoma y libre, sino que se mueva bajo la inercia de ideas y necesidades impuestas. Por ello, consideramos muy negativa para Cataluña la proyección de una imagen reduccionista en la que un grupo quieraproyectar su visión a la totalidad de la sociedad. Eso es totalitarismo y ello conduce a sociedades con déficit de libertad.

El Plan que pretende el Gobierno es intolerante porque, en definitiva, quiere AMEDRENTAR Y COACCIONAR A LA SOCIEDAD CATALANA y desprecia a los ciudadanos que no tienen como necesidad básica la de vivir en un idioma, sea el que sea. La cultura democrática se asienta en el diálogo y los que quieren imponer su lengua a la de los otros están ciegos de fanatismo.

Barcelona, 23 de abril de 2004

 

EL IDIOMA COMO MAZA AGRESORA
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 23 Abril 2004

ENTRE los muchos procedimientos que solemos emplear los españoles para incomodar la vida del vecino, gran pasión colectiva, figura por derecho propio el uso agresivo del idioma. Sea cual fuere el que cada cual tenga elegido para su uso cotidiano. Así, en ese entendimiento, la Generalitat de Catalunya, según anunciaba ayer el diario La Vanguardia, dejará de adquirir bienes y servicios a empresas que no ofrezcan sus productos en catalán. Para dejarlo bien claro, Antonio Mir, secretario de Política Lingüística del Gobierno tripartito que preside Pasqual Maragall, lo explica con un ejemplo: «Si un hospital de Cataluña compra un millón y medio de botellas de agua, tienen que estar etiquetadas en catalán».

Antes le pedíamos al agua que fuera inodora, incolora e insípida como muestra de su potabilidad; pero, en virtud del progreso de los tiempos y de la sabiduría pueblerina que sintetiza el Plan de Acción Lingüística de la Generalitat, el agua tiene idioma. Debe comprarse, según la doctrina Mir, independientemente de por sus características organolépticas y analíticas y al margen de su precio, en razón del idioma de su etiqueta. El criterio está claro: En català també i en català primer. Lo del també está en la Constitución, en la historia y en el sentido común; lo del primer es, dicho con todos los respetos a una política de campanario, un atentado contra los derechos de, más o menos, la mitad de la población catalana que se expresa cotidiana y preferentemente en castellano. En determinados ambientes de Madrid, que en todas partes cuecen habas, empieza a ser frecuente el establecimiento de una jerga finolis y cursilona, anacrónica y redicha, sin otra intención por parte de quienes la cultivan, generalmente en círculos multiraciales y pluriculturales, que la de no ser entendidos por castellanoparlantes de la inmigración, no cursados e instruidos en el manejo de cultismos. Es un fenómeno idéntico, aunque sin portavoz, al catalán: el uso traidor de los idiomas que, en esa perversión, dejan de ser instrumento para el entendimiento para tornarse en herramienta para la incomprensión. ¿Cabe mayor desprecio al objetivo fundamental de una manera de hablar?

En esas y otras parecidas cuestiones se me perdía ayer la imaginación mientras los Reyes de España presidían el solemne acto inaugural de la VIII Legislatura de nuestra democracia. Bien dice Don Juan Carlos que la Constitución es un punto de partida y que puede ser modificada con el debido consenso; pero ello exige el marco y la vivencia del sentido común. Las constituciones son para convivir y los idiomas para entenderse. Utilizar la una, o los otros, como mazas para agredir a los discrepantes o, peor aún, a los diferentes es hacer saltar por los aires los códigos de conducta que, no sin dificultades, han ido enriqueciendo la memoria colectiva y, supongo, el mismísimo genoma.

Salir por piernas
Aleix Vidal-Quadras La Razón  23 Abril 2004

El presidente del Gobierno siempre mantuvo, tanto a lo largo de la campaña electoral como durante el debate de investidura, que nuestras tropas permanecerían en Iraq hasta el 30 de junio y que si, sobrepasada esta fecha límite, las Naciones Unidas no habían recibido el control político y militar del proceso de pacificación, entonces, y sólo entonces, ordenaría la retirada. Este planteamiento tenía varias ventajas. En primer lugar, era coherente con la promesa realizada por el entonces candidato de proceder al repliegue en caso de mantenerse una situación que su partido considera incompatible con la legalidad internacional. En segundo lugar, daba un margen de maniobra de tres meses a nuestros aliados y a la propia ONU para buscar una fórmula que prestase mayor cobertura jurídica a la operación de derribo de la dictadura de Sadam Husein. En tercer lugar, suministraba un tiempo precioso a la coalición para prepararse a un eventual regreso del contingente español tomando las medidas necesarias para cubrir el hueco así producido en un área particularmente conflictiva. Y, por último, evitaba la impresión, al ralentizar la salida, de que ésta era un efecto directo del brutal ataque del 11-M.

La súbita y abrupta decisión de iniciar de inmediato la vuelta a casa destruye de golpe todas las notas positivas anteriores y nos coloca como país en una posición extraordinariamente incómoda. El desaire hecho a Naciones Unidas es considerable, porque con esta medida repentina negamos la capacidad de la máxima organización internacional de reconducir las cosas por vías más razonables o, lo que es lo mismo, la calificamos públicamente de incompetente. Por supuesto, dejamos en la estacada sin miramientos a un aliado y amigo de la envergadura de los Estados Unidos, infligiéndole un daño considerable en un momento especialmente apurado en que Iraq hierve sumergido en una ola de violencia y desórdenes de preocupantes proporciones. También herimos gravemente la sensibilidad de aquellas naciones centroamericanas que se sumaron a la coalición siguiendo nuestro ejemplo y encuadradas en nuestra zona operativa. No es extraño que Honduras ya haya anunciado a su vez que abandona Oriente Medio. La recomendación de los insurgentes de suspender las hostilidades contra las fuerzas españolas como consecuencia de la decisión de José Luis Rodríguez Zapatero transforma en inevitable la conclusión de que nuestra bandera se arría en una rendición vergonzosa frente al terrorismo, lo que arrastra por los suelos nuestra dignidad colectiva. En fin, un desastre completo.¿Por qué el presidente del Gobierno ha considerado de pronto, rectificando propósitos anteriores sin explicación alguna, que debíamos salir por piernas de Iraq? Tratándose del campeón del diálogo y la transparencia, seguro que tendrá a bien proporcionar una respuesta convincente a este interrogante. Vamos a ver.

La Europa de ZP
Emilio J. González Libertad Digital  23 Abril 2004

Al día siguiente de su victoria en las urnas, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, afirmó en rueda de prensa que el Ejecutivo socialista levantaría el veto a la Constitución europea mantenido por el PP para poder negociar con la UE en mejores condiciones los asuntos de dinero. Dicho y hecho. Hoy, nuestros socios comunitarios acaban de "agradecer" el gesto de Zapatero con una reforma de la Organización Común de Mercado del algodón, el tabaco y el aceite de oliva en la que nos las han dado todas en el mismo carrillo, en el que más duele.

En la madrugada de este jueves, el Consejo de Ministros de Agricultura de la UE aprobó en Luxemburgo una reforma de la OCM que no podía ser peor para España. Como resultado de ella, los sectores del lino y el tabaco pueden estar condenados a desaparecer en nuestro país, mientras el aceite de oliva, uno de nuestros productos más tradicionales, no ha recibido ni un euro más cuando hasta Francia, que como todo el mundo sabe es un país de rancia tradición aceitera, ha conseguido dinero para esos cuatro olivares testimoniales que crecen en su territorio. Esta es la influencia de ZP en Europa a la hora de negociar los dineros, que pone en entredicho a otros dos sectores estratégicos de la agricultura hispana, el azúcar y el vino, cuyas reformas es posible que se aborden en breve, sobre todo en el caso del elemento dulce, en donde las presiones de Estados Unidos y Latinoamérica para que el Viejo Continente derribe sus muros protectores resultan ya agobiantes. Y la Comisión Europea, respaldada por Alemania, se inclina por ceder y abrir las puertas de la fortaleza.

ZP se las prometía muy felices con aquello del acercamiento a Francia y Alemania, dos países que, en cuanto ha llegado la hora de la verdad, le han dado la espalda a España, el primero porque defiende sus ingresos por la política agrícola común con uñas y dientes y acaba de quitarse a uno de sus principales competidores de en medio y el segundo porque desea reducir como sea su aportación a las arcas comunitarias. Así es como funciona la UE: todos son muy amigos en las formas y luego las negociaciones para cualquier cosa, en especial como haya dinero de por medio, son una dura lucha para conseguir cada uno el trozo de tarta más grande que pueda lograr, sin tener el menor escrúpulo en dejar a otro país sin su ración.

Europa, además, acaba de devolverle a Zapatero la bofetada que ha propinado a alguno de sus dirigentes bajo la forma de la retirada de las tropas españolas desplegadas en Irak y la manera en que se ha hecho. Los otros Estados miembros de la UE con presencia militar en aquel país se han visto insultados por una decisión unilateral del Gobierno socialista, que no ha consultado ni comentado nada con nadie en Europa, y que les ha puesto en un brete ante sus opiniones públicas, que han empezado a preguntarse por qué se van los españoles mientras sus conciudadanos siguen allí. España, además, ha dado la sensación de ser un país traidor, poco fiable en las relaciones internacionales. Y ante esas circunstancias, nadie va a permitirle ganar peso a costa de otros europeos. Lo sucedido con el algodón, el tabaco y el azúcar es una buena prueba de ello, que se ha traducido en una sensación de aislamiento internacional como no se conocía desde los años que siguieron al final de la Guerra Civil.

Con todo ello no pretendo defender el sistema de protección de la agricultura europea, que cuesta muy caro a los ciudadanos en forma de ayudas y de precios más elevados que si los mercados estuvieran desprotegidos y liberalizados, que origina tal cantidad de producción que una buena parte de ella termina por arrojarse al mar, que impide el progreso de los países en desarrollo para los que la agricultura es un sector mucho más vital que para la UE o Estados Unidos y que deslegitima el discurso de liberalización del comercio mundial de bienes y servicios con que europeos y norteamericanos tratan de derribar las barreras a los intercambios internacionales que les interesa ver caer. Pero como dijo David Ricardo, uno de los nombres más importantes de la historia del pensamiento económico y una de las figuras que sentó las bases de la economía liberal, nadie abre sus mercados a los países que cierran los suyos y subvencionan sus productos. Esa es la realidad de la agricultura comunitaria, como lo es también de la política europea que España ni es fiable, ni cuenta. Y, por desgracia, después de que Zapatero levantara el veto a la Constitución de la UE, nuestro país ha perdido una parte importante de las armas con las que defender nuestros intereses. Esta es la Europa de ZP.

LAS PROMESAS ELECTORALES
Por Jaime CAMPMANY ABC 23 Abril 2004

COMO a nuestros políticos les dé por cumplir con puntualidad y escrúpulo todas sus promesas electorales, estamos frescos y saca la bota María. Los socialistas le han pedido a Ibarreche, con buenas maneras, por supuesto, que reconsidere el Plan que lleva su nombre y que lo adapte al estilo catalán, o sea, a la cuchipanda de Maragall con el tripartito. Ibarreche ha respondido muy educadamente que no le sale, y que va a mantener el Plan Ibarreche, que es una promesa electoral, igual que Zapatero ha mantenido la retirada de las tropas de Iraq. Se trata del mismo «talante» aunque con acciones contrarias. Zapatero retira las tropas mientras Ibarreche mantiene las posiciones del Plan. Lo importante para él es que las promesas electorales se cumplan.

La promesa electoral de abandonar los compromisos con Estados Unidos para echarnos en brazos de Francia y Alemania ya ha empezado a dar sus frutos. La Constitución europea nos rebajará los votos y disminuirá el peso de España en las decisiones de la Unión. Enflaqueceremos unos quilos, pero con las promesas electorales cumplidas. Y a la ministra de cuota Elena Espinosa, que lo es de Agricultura y Pesca, le han dado ya la primera enhorabuena: han dejado nuestro algodón a la luna de Valencia y el aceite de nuestros olivares, el oro de España, lo ponen con el culo en las goteras. O sea, que a más producción, los mismos euros. Como esto termine en que yo pierda mi asignación terapéutica de aceite de oliva extravirgen de Osuna, esta ministra de cuota me oye.

Total, que en vez de producir aceite lo que tenemos que hacer es matar los olivos como si fueran el árbol de Guernica. Yo creo que quien se ha cargado el árbol de Guernica ha sido Arzallus a fuerza de agitarlo fuertemente por ver si de sus ramas caían nueces. Y es que no se pueden pedir peras al olmo ni nueces al roble. Ni prudencia a Arzallus, aunque el exilio lo tiene callado durante una temporadita.

Volviendo a las promesas electorales, mi viejo y querido profesor don Enrique Tierno Galván tenía toda la razón y ofreció un buen consejo cuando dijo que las promesas electorales se hacen para no cumplirlas. Hay muchas promesas electorales que lo mejor que se puede hacer con ellas es no cumplirlas. Claro está que mi viejo y querido don Enrique era un sabio de la escuela cínica y el único socialista que había leído con idéntica atención lo mismo a Marx que a Maquiavelo. En cuanto «estos chicos», como él los llamaba, sigan cumpliendo sus promesas electorales, deroguen la Ley de Calidad de la Enseñanza y den en las aulas el aprobado general, empiecen a despilfarrar los ahorros, a convertir los Estatutos de Autonomía en constituciones soberanas, a tirar la casa por la ventana y a España por el balcón, y a usar el rodillo parlamentario mientras exaltan el diálogo y el consenso, ya estaremos instalados en el ideal «gobierno de progreso».

Porque estos socialistas nuestros, mucho hablar de diálogo, pero en cuanto se han enterado de que Aznar ha dialogado con Bush, mandan por delante a Pepiño Blanco para que le llame «chivato» y «desleal». Y Pepiño va y se lo llama. Eso es un hombre.

EL SALVOCONDUCTO
Por Carlos HERRERA ABC 23 Abril 2004

BENDITO sea el progresismo que permite a todos sus hijos sentir amparadas sus extravagancias bajo el salvoconducto de lo políticamente correcto. Si eres progresista -de izquierdas, naturalmente-, republicano y, además, vasco o catalán, ya tienes en tu mano el pase pernocta y en tu bragueta ese calorcillo íntimo que da el saberse liberado de un elemental compromiso con la vergüenza.

Un republicano puede, véase el caso, amenazar con no hacer acto de presencia en la inauguración de la legislatura aduciendo que la presencia del Rey le estorba y la audición del Himno Nacional le molesta. Y se queda tan pancho, el muy tonto. Luego hace como que consiente y, para demostrar su elástico sentido de la tolerancia o del talante, acude y perdona la vida.

Un independentista puede asegurar que no piensa ofrecer ningún tipo de renuncia o rectificación -Ibarreche dixit- pero que está abierto a «un diálogo sincero», lo cual contiene una negación en sus propios términos que, sorprendentemente, no abochorna a su autor y hace que una suerte de absortos lectores resulten incapaces de reaccionar. Pero es progresista porque es nacionalista, y defender a supuestas naciones víctimas de la nación española es un signo de progreso. Aún no entiendo bien por qué, pero es un signo de progreso.

Los alegres muchachos de ERC están que lo tiran desde que comprueban que su bronca permanente, como señalaba ayer el editorial de ABC, tiene eco inmediato: son invitados a desayunos políticos, a conferencias en diferentes partes del país, a entrevistas «divertidas», a disfrutar de los púlpitos con más repercusión; les son reídas todas las gracias, como venía pasándole a la inolvidable Pilar Rahola, que le entusiasmaba a no pocos capitalinos tontos, y se crecen en su insolencia ideológica y postural viendo que gozan del salvoconducto mentado.

Quien les censura corre el peligro de ser tachado de intolerante, pero debe aguantar la falta de tolerancia de quienes, por defender la república, no ven indecente desconsiderar a la Monarquía. La última que acaban de perpetrar es desconsiderar a los miles de andaluces -o mejor: catalanes de origen andaluz- que celebran una multitudinaria Feria de Abril en las inmediaciones de la playa barcelonesa. Según estos carcamales, los feriantes imponen una cultura ajena a la catalana y, además, le compran el cocacola al mismo distribuidor, con lo que, no sólo adulteran la sacrosanta Cataluña, sino que también se lo llevan crudo. Intolerable, demasiado para ellos. Pues dicen eso y no pasa nada: el salvoconducto. Qué no dirían estos mismos sujetos si algún andaluz pusiese pegas a que se bailasen sardanas en la Plaza de España de Sevilla.

Otros que tal: están ahora los nacionalistas vascos dándole una nueva vuelta a la máquina de inventar la historia con la que deslumbran y desvarían a nuevas generaciones y acaban de sacarse de la manga al Rey Sancho, al que consideran «el primer rey de euskalherría» (sic), que es una de las idioteces históricas más voluminosas de los últimos años. El desatino toma cuerpo y el salvoconducto les garantiza que cualquiera que les señale como perfectos indocumentados sea considerado, a su vez, un reaccionario (qué poco se imaginaba sanchito que, tantos años después, su destino era estar adscrito a la Lehendakaritza). No hay remedio, vengo a decir, es así.

La limitación verbal y postural de esta serie de tipos es tal que no acostumbran a salir de dos o tres palabras: «rancio» y «casposo» suelen ser las dos más utilizadas. Artur Mas acaba de añadir «cañí», que no está mal, vistas sus restricciones. Se habla de España e, inmediatamente, pasas a ser rancio. Hablas de otras patrias y consigues, en cambio, el aprobado general de una crema intelectual que no consigue superar sus complejos y que expende la licencia debida para cruzar los puntos «charli» de las «modernas» ideologías. Menudo chollo. Papi, yo también quiero uno.     www.carlosherrera.com

Retirada de Irak
Aislamiento
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  23 Abril 2004

Los padres de la estrategia clásica postularon que un fuerte militar, símbolo del aislamiento, lejos de proteger, expone a un riesgo mayor. Y al aislamiento de España conduce directamente la decisión con la que ZP se ha estrenado como presidente. Este punto crucial no ha escapado a la lupa del Wall Street Journal, que no lo reputa un efecto indeseado sino consciente y deliberado.

La primera consecuencia del error será la escasez del recurso crítico en la toma de decisiones, de la materia prima de las mismas: la información. El alejamiento de los centros de poder reduce considerablemente, en cantidad y en calidad, el flujo de información del exterior, indispensable para comprender situaciones complejas, con múltiples agentes interactuando en defensa de intereses plurales y no siempre evidentes.

Una vez aislados, como ya estamos, careceremos de los datos oportunos y fiables que el gobierno necesita para hacer frente al terrorismo y al antojadizo anexionismo de Marruecos. País amigo, país hermano, pero, ¿cómo olvidar la marcha verde de anteayer, el Perejil de ayer, la insostenible riada humana con que por acción u omisión nos agasaja? ¿Cómo ignorar que con menos de medio siglo de independencia invoque derechos sobre territorios que llevan quinientos años en España? Cuando el primo o sobrino –ya no sé- de nuestro rey se despierte con ganas de jaleo, Francia no moverá un dedo (o lo moverá para enseñarnos la salida de África), la OTAN recordará que su tratado no cubre el Magreb y los EEUU se preguntarán cuál de sus dos aliados es más leal. ¿Qué cree el lector que se responderán?

De Francia va a proceder a partir de ahora la información necesaria para la toma de decisiones estratégicas del gobierno español. De Francia y del CNI, es decir, de Francia. Pero, ¿ha reparado ZP en que nuestro vecino del norte lleva meses haciendo lo contrario de lo que a él le aplaude? Chirac calculó mal su capacidad de influencia en el mundo, no comprendió el cambio de paradigma en la seguridad internacional y midió rematadamente mal a George Bush. Su intento de liderar una Europa desafiante y dispuesta a bloquear una actuación que los EEUU consideraban vital, fue abortado por Aznar. Hoy, diga lo que diga la escorada prensa española, casi toda la UE está con Bush mientras Chirac trabaja para hacerse perdonar, aproximarse a la coalición e implicarse en la solución del conflicto iraquí. El de León es un regalo que le ha caído del cielo porque le sustituye en el papel de gran traidor.

De este amigo taimado se nutrirá principalmente nuestra inteligencia, que procesará la basurita manipulada en París y la enviará cómodamente empaquetada a la Moncloa en informes de tres páginas. Aislarse significa cortar fuentes de información veraces, primarias y puntuales. Eso es lo primero que ZP, a la velocidad del rayo, ha hecho con España. Un lince.

Un candidato de convicciones
Ignacio Villa Libertad Digital  23 Abril 2004

El anuncio de la candidatura de Jaime Mayor Oreja para las elecciones europeas tiene una interpretación: el Partido Popular enarbola la bandera de los principios y de las convicciones para esa cita electoral. Mayor Oreja que tiene un largo y consistente currículum en las filas del PP, es un valor del que los populares no deberían renunciar tan fácilmente. Este político vasco ha sido el principal impulsor de la lucha contra el terrorismo en la etapa Aznar; además, ha sido también el artífice de la articulación de esa lucha y, lo que es más importante, Mayor Oreja fue el primer constructor del "frente constitucionalista" en las ultimas elecciones vascas. Mayor Oreja tiene un perfil político que responde a unas ideas profundas y a unos principios claros, en un momento decisivo.

La elección de Mayor Oreja para Europa llega cuando en el Partido Socialista llevan tiempo soltando lastre a toda máquina, cuando los socialistas renuncian a principios y a estrategias nacionales pensando solamente en buscar apoyos de partidos nacionalistas y radicales a cualquier precio. El mensaje que Mayor Oreja puede transmitir de solidez y de consistencia es un mensaje que lo necesitan muchos ciudadanos en muchos puntos de España.

Mayor Oreja tiene ahora el reto de devolver el orgullo y el ánimo a muchos simpatizantes y militantes del Partido Popular después del 14 de marzo. Mayor Oreja tiene una atractiva oportunidad para reanimar las filas populares después de la derrota inesperada en las últimas generales. Dicen que Mayor Oreja puede tener problemas de apoyo en el País Vasco o en Cataluña. ¿No será el revés? Mayor Oreja se puede convertir en el candidato de la esperanza para muchos ciudadanos vascos y catalanes que ven como desde sus Gobiernos autonómicos se lamina todo vestigio del Estado y de los símbolos de España. Mayor Oreja no es simplemente un candidato para las Europeas, es algo más. Debe ser algo más. Mayor Oreja puede convertirse en un referente, en un momento, en que los principios de cohesión nacional se van dinamitando. Mayor Oreja tiene, ante sí, la posibilidad de recuperar el pulso político para los suyos. Y ese camino tiene sólo un principio: las convicciones.

¿Un sistema educativo nacional?
Ernesto Ladrón de Guevara es doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación La Razón  23 Abril 2004

El Gobierno de Zapatero ha anunciado la paralización de la puesta en práctica de la LOCE. Los nacionalistas de todo tipo ya se están frotando las manos y la portavoz del Gobierno Vasco reclama la plena capacidad para configurar un sistema educativo propio desligado del Estado, aunque no sé para qué reclama algo que ya tiene, puesto que el País Vasco ha desarrollado por la vía de los hechos un sistema educativo que apenas tiene relación ya con el de España, con la LODE, con la LOGSE, con la LOCE o con cualquier otra combinación de siglas o formatos.

Sea cual sea el modelo que se adopte, la comunidad educativa no se merece estos vaivenes de la política, y lo que exige ¬pienso yo¬ es un sistema estable que permita que no tengamos en cada legislatura un cambio profundo en las decisiones que regulen la educación de este país. Se requiere de un gran acuerdo entre los principales partidos políticos para concertar las líneas básicas de la política educativa española que impidan que profesores, padres y alumnos, editoriales, etcétera, nos veamos zarandeados por cambios de legislatura que pongan las decisiones de los diferentes gobiernos patas arriba.

Debemos aprender del pasado. La ley Villar Palasí de 1970 fue una buena ley, aunque sólo sea por haber durado un par de décadas y haber estructurado un sistema estable que permitió a generaciones de españoles haber tenido, desde que entraron en el preescolar hasta la Universidad, un modelo coherente y homogéneo de educación, inalterado y estable.

Debemos aprender del pasado, por ejemplo, retrocediendo en el tiempo a la Ley Moyano de 1857 que permaneció durante más de un siglo porque recibió las aportaciones de diferentes planes anteriores y tuvo la virtud de cohonestar dichas contribuciones en una visión unitaria y en un consenso básico de partida que permitió que los cambios múltiples de gobierno que caracterizaron el siglo XIX, incluso las asonadas y el ruido de sables, no derrumbaran ese edificio construido por el moderantismo liberal decimonónico bajo el signo del consenso básico de partida. Incluso en aquel siglo XIX tan desequilibrado e inestable no sucedía lo que ocurre en nuestros tiempos en los que se pone en solfa lo hecho por quien ha pasado por un determinado gobierno de un color político por el que le sucede. Así no hay manera de articular un sistema educativo serio y con perspectiva de duración en el tiempo, y se posibilita que quienes quieren destruir el Estado lo tengan fácil.

Como señala el profesor Dr. Manuel de Puelles Benítez «[...] un Estado débil produce un sistema educativo débil. Las dificultades que encontró la burguesía para construir un Estado liberal sobre las ruinas del absolutismo ¬una guerra civil, una Hacienda en quiebra, una monarquía celosa de sus viejos poderes, unos estamentos preocupados, primero, por sobrevivir, y después, por influir¬ explicarían la tardanza en la construcción del sistema educativo pero no la deficiente calidad de su rendimiento posterior. Ya vimos, sin embargo, que no puede achacarse a los moderados [se refiere a los liberales] desinterés por la educación pública pero, posiblemente, la pregunta que deberíamos formularnos ahora tendría que ser ésta: ¿hubo en la clase gobernante, en la clase que verdaderamente mandaba en España, un interés real por construir un sistema educativo liberal y eficiente?»

Pues bien. Esta reflexión y pregunta es perfectamente adaptable y actualizable al momento presente. Cabría plantear a los grandes partidos políticos españoles si están dispuestos, de una vez por todas, a poner las bases para un sistema educativo estable y fuerte en España; puesto que no habrá un Estado fuerte sin un sistema educativo igualmente bien consolidado.

Las diferencias en la Constitución
Primo González Estrella Digital  23 Abril 2004

La reforma de la Constitución está ya abierta y dispuesta a convertirse en tarea política estelar para esta nueva legislatura recién comenzada. El cambio político que acabamos de presenciar está indisolublemente unido a un firme compromiso de someter a la Carta Magna a una reforma bastante amplia pero que tiene una sola urgencia, de gran profundidad, la de buscarle nuevo encaje a las aspiraciones de las dos Autonomías más beligerantes con los deseos de autogobierno, la vasca y la catalana. La amplitud de la reforma en este punto concreto, el encaje de los nuevos límites y techos del autogobierno es lo que puede convertir la reforma constitucional en una auténtica batalla campal, a la que se van a incorporar previsiblemente más actores de los previstos. Varias Autonomías han anunciado ya oficialmente (la de Andalucía esta misma semana) su propósito de renegociar la reforma de los Estatutos de Autonomía para dar nuevos pasos por la vía del autogobierno.

Es comprensible el temor que existe en algunos medios (los económicos, en primera línea de fuego) ante el inicio de un proceso de alcance difícil de precisar. El propio PSOE expresaba hace unos años, a principios de los años 90, sus recelos ante la apertura de una nueva etapa constituyente, aunque por entonces no se habían cumplido aún los 25 años de vida de la Constitución. La Carta Magna tiene ahora algo más de madurez y arraigo, pero ello no la hace menos vulnerable. Para algunos, su propia vetustez es, incluso, un motivo más de reforma. La puesta en marcha de este proceso puede convertirse en una auténtica siembra de reivindicaciones que puede salpicar la vida política española en el curso de los próximos cuatro años, una siembra que todos desearíamos lo más apacible y consensuada posible para llevar a buen puerto las legítimas aspiraciones de la totalidad de las Autonomías españolas. De la totalidad, ya que las primeras impresiones que estamos observando aluden claramente a la necesidad de que todo el proceso de búsqueda de un mayor grado de autonomía esté dotado de una simetría entre los territorios del país.

Y en esta carrera que ahora se abre nadie querrá quedarse atrás, tanto si se trata de regiones con raigambre nacionalista como si no. A lo que aspiran catalanes y vascos, cuyas aspiraciones básicamente se asientan en la necesidad perentoria de acentuar las diferencias con el resto de las regiones españolas, es una pretensión posiblemente incompatible con la generalización de la reforma de los Estatutos de Autonomía del resto. Ese será posiblemente uno de los principales obstáculos para que la profundización del Estado de las Autonomías hacia un modelo más bien de tipo federalista (en absoluto reconocible en nuestra Historia) sea un proceso llamado a vivir notables convulsiones.

Pero, al margen de la vertiente política, la negociación de los Estatutos de Autonomía tiene una indudable vertiente económica. No en vano la demanda de una Agencia Tributaria propia y diferenciada del resto es una de las exigencias que se están convirtiendo en la primera piedra de toda profundización en el autogobierno que se precie. La extrapolación del modelo foral vasco y navarro no es sólo la aspiración explícita de los catalanes. Es también la aspiración más o menos secreta, más o menos confesada, de buena parte del resto de los territorios autonómicos y, posiblemente, a medida que entremos en las negociaciones de los primeros Estatutos de Autonomía, acabe por convertirse en una pretensión generalizada. A medida que las demandas de autogobierno vayan siendo formuladas y puestas sobre el papel tras los necesarios debates en los respectivos Parlamentos regionales nos iremos encontrando con bastante probabilidad con una plasmación más explícita de todas estas aspiraciones, que la propia dinámica de las negociaciones irá agudizando.

La puesta en marcha de la reforma constitucional y el encaje de los Estatutos va a tener, según manifestación explícita de los líderes socialistas, el límite de la Constitución. Pero en el plano económico sería deseable que se contemplaran algunos otros encuadres, sobre todo pensando en los imperativos de nuestra pertenencia a la Unión Europea, a la existencia de un mercado único también en España (asunto del que cabe dudar en algunos momentos, a la vista por ejemplo de las numerosas regulaciones diferenciales de ámbito regional) y a las exigencias propias de un espacio fiscal único, sin incentivos para los movimientos de capital o del ahorro en función de agravios impositivos. Mucho tendrá que rodar el sentido común económico para que los nuevos Estatutos, además de respetar la Constitución, sean también coherentes con nuestra pertenencia a la UE, algo que quizás no todos los impulsores de la reforma tienen presente.

El cabra y el monte
Iñaki Ezkerra La Razón  23 Abril 2004

El Gobierno de Ibarretxe y todos los partidos vascos han condenado la grotesca iniciativa de crear en la localidad de Artea un museo de ETA que ha sido llevada a cabo hasta el final por el antiguo militante de la banda terrorista Xabier Zumalde, apodado El Cabra. Dicha condena ¬que no se puede llamar unánime porque al consejero y gamberro Azkárraga le ha parecido buena la idea¬ indica que en Euskadi aún quedan algunos residuos de sensatez ante lo que sería considerado una broma macabra si no tuviera aspiraciones científicas como las que tiene. No hay más que observar el tono doctoral con el que el padre de la ocurrencia se refiere a su antigua militancia. En El País Vasco abunda mucho ese particular tipo de catedráticos de la pistola y la morcilla. Esa es precisamente la cuestión, la clave del problema. Lo que ha ocurrido no es un hecho aislado.

Por mucho que el Gobierno vasco (a excepción del citado Azkárraga) la condene y que el alcalde peneuvista de ese pueblo diga desconocer el contenido de una exposición tan memorable, ésta no es más que la esperpéntica consecuencia de una cultura social que reina en la vida cotidiana y por la cual ha llegado a pasar como normal esa contradictoria mezcla de arrepentimiento y orgullo por su pasado etarra que exhibe «el comisario de la muestra». El Cabra ¬que, como indica su alias, está como una cabra y por lo tanto tira al monte¬ no ha hecho más que exteriorizar una mentalidad muy interiorizada en el colectivo de los ex etarras, en la comunidad nacionalista, en la sociedad vasca y ¬me atrevería a decir¬ en la ciudadanía española aunque de una manera gradualmente distinta en cada caso. Quiero decir que hay otras cabras que no son tan cabra-locas como Zumalde y que, sencillamente, lo saben disimular un poco mejor y de una manera más rentable. Quiero decir que hay un país entero que, de alguna modo, consideró y considera un suerte de máster moral haber estado en ETA, una especie de licenciatura democrática hasta el punto de haber participado no hace mucho tiempo de la superstición de que sólo se tenía derecho a hablar contra ETA si se había militado en esa banda.

Hablo, sí, de cierta «Unión General de Ex Combatientes» que manifiestan contradicciones muy parecidas ¬esa mezcla de rectificación y reivindicación de su pasado criminal¬ aunque en dosis más discretas, cierto inconfundible humor negro que se libera entre los bastidores de la vida política, la cultureta y el propio constitucionalismo vascos. La asimilación en Madrid de esa «sensibilidad» no es de hoy sino de ayer. Gracias a ella son posibles productos como la célebre película «Yoyes» en la cual no aparece una sola víctima de ETA y se habla con una respetabilidad y una fascinación de «la lucha armada» que sólo la labor de sensibilización realizada en estos últimos años pone en evidencia. A El Cabra lo que le pasa sólo es que es el más tonto o el más chalado de la secta y se le ha ido la mano.

País Vasco
Las claves del diálogo, según Ibarretxe
Gorka Etxebarría Libertad Digital  23 Abril 2004

El nacionalismo ha salido beneficiado de las últimas elecciones. A pesar de que Zapatero dijera en su discurso de investidura que debe retirarse el Plan Ibarretxe, el lehendakari vasco ha pedido al nuevo presidente que si habla de diálogo debe empezar por eliminar la palabra retirar el Plan Ibarretxe de su vocabulario.

El vocabulario nacionalista es mucho más pulcro que el de Zapatero. Diálogo significa aceptar las condiciones del contrario. Diálogo significa olvidarse de los principios propios y entender que los del contrario son los correctos aun no siéndolo.

Por ello, Ibarretxe vuelve a repetir la cantinela nacionalista: diálogo no sólo para aceptar el Plan Ibarretxe sino también para solucionar el “conflicto vasco”. Está claro que los nacionalistas opinan, y así lo ha reiterado el lehendakari, que para acabar con ETA no basta la policía y la justicia sino que hay que evitar los malos tratos (torturas) a los presos y apostar por dialogar con ETA. De nuevo, Ibarretxe apunta a los supuestos (y desmentidos) malos tratos al director del diario Egunkaria.

Si Ibarretxe tiene razón en asegurar que en el nuevo gobierno hay muchos que apuestan por el diálogo, entonces preparémonos para una próxima amnistia y probablemente a que se acepte el Plan Ibarretxe aunque en una versión más edulcorada.

El diálogo es el talento y el talante, la forma de gobernar de Zapatero. Los riesgos que entraña están a la vista de todos. ¿No querer verlo es ser dialogante?.

Recortes de Prensa   Página Inicial