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Recortes de Prensa     Sábado 24 Abril 2004

Los poderes del español
Editorial La Razón  24 Abril 2004


Osama, mátanos

Cristina Losada Libertad Digital  24 Abril 2004

 

Vamos a discutir un poco
Amando de Miguel Libertad Digital  24 Abril 2004

Zapatero: 100 días son demasiados

EDITORIAL  Libertad Digital  24 Abril 2004


1982-2004: De la Verja de Gibraltar a la Milla de Melilla
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  24 Abril 2004


Los siete magníficos
Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital  24 Abril 2004

 

Un partido anti-sistema
Juan Gillard López Libertad Digital  24 Abril 2004

 

España, ya ni en la mesa
Alberto Acereda Libertad Digital  24 Abril 2004

 

Nacionalismos en la UE
BARTOLOMÉ CLAVERO  El Correo  24 Abril 2004

 

El zulo, la cabra y la ofensa
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz  24 Abril 2004

 

«El Instituto Cervantes será la piedra angular de la política cultural exterior»
J. Ors La Razón  24 Abril 2004




 

 

Los poderes del español
Editorial La Razón  24 Abril 2004

El Premio Cervantes de este año, entregado ayer al poeta chileno Gonzalo Rojas, en una solemne ceremonia presidida por el Rey en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, confirma de nuevo que existe una misma cultura a uno y otro lado del Atlántico, edificada sobre la base de la lengua común. Ello se desprende de las palabras de Don Juan Carlos, así como de las del premiado, pero queda confirmado con anterioridad por la realidad de los datos: el interés por el español, por conocer la lengua de Cervantes y servirse de ella como vehículo crece en todo el mundo. Y con él, las posibilidades económicas de todo tipo que se abren, incluidas las que permitirán a la industria cultural española extenderse en forma paralela en el mercado internacional.

   Es especialmente significativo lo que sucede en Estados Unidos. En la primera economía del mundo, el interés por el español crece cuatro veces más que el francés y hasta siete veces más que el interés por estudiar alemán entre los universitarios estadounidenses. Es más, se espera que en pocos años el 80 por ciento de los alumnos de todos los niveles en EE UU estudiarán español. A esa situación debe unirse la nutrida población de origen hispano en este país y su creciente poder adquisitivo y como grupo de opinión.

   Las oportunidades que se abren para España son excelentes y es preciso saber aprovecharlas. Por eso acertará la nueva ministra de Cultura, Carmen Calvo, al apostar por desarrollar aún más el ya pujante Instituto Cervantes, y declarar incluso que será «piedra angular» de la política exterior del Ejecutivo socialista.

   En este contexto de oportunidades, se debería otorgar mayor prestigio al Premio Cervantes, ampliando la participación intelectual en sus mecanismos de concesión y recuperando el acto de entrega como cita obligada, antes que del mundo de la política española, del panorama internacional de la cultura en español.

Islam e izquierda
"Osama, mátanos"
Cristina Losada Libertad Digital  24 Abril 2004
 

La aparición de un español convertido al Islam, antes vinculado a Batasuna, y detenido tras el 11-S, en el laberinto de pistas de la masacre de Madrid, me hace retrotraerme al 2001. Unas semanas después de que USA atacara el Afganistán de los talibanes, un antiguo amigo me suscribió por su cuenta a un servicio de noticias en Internet. No recuerdo el nombre de la agencia, pero era latinoamericana. Descubrí entonces algo que me sorprendió: la conexión y la complicidad entre un sector de la izquierda occidental y el fanatismo islámico.

 

En aquellas “noticias”, se hablaba de los secuaces de Ben Laden con el lenguaje –y el arrobamiento- que treinta años antes servía para jalear a las guerrillas marxistas que pululaban por el mundo. Por supuesto, los sonsos gringos iban a morder el polvo en las montañas; los “luchadores antiimperialistas” los hostigaban sin cuartel; aquello iba a ser peor que Vietnam; tal vez, la venganza por haber obligado a los soviéticos a retirarse del país que habían invadido (para civilizarlo, naturalmente).

 

¿Cómo unos vetustos marxistas, criados en el dogma de que “la religión es el opio del pueblo”, podían encontrar algún sex-appeal político en unos fanáticos del Islam? Les unía el enemigo común, cierto, pero debía haber algo más. La alianza islamo-izquierdista se manifestaría, ya abiertamente, durante la campaña del “no a la guerra”. Los restos de la antigua izquierda comunista y sus hijos “antisistema”, más o menos legítimos, habían encontrado, al fin, a sus nuevos héroes.

 

En su libro “La Yihad”, publicado antes del 11-S, Gilles Kepel señala que en la guerra entre Irán e Irak, Jomeini envió a cientos de miles de jóvenes mal entrenados a morir en el frente, sacrificando así al grupo social más activo y motivado políticamente bajo la bandera del martirio, una idea con fuertes raíces en el chiísmo. Los iraníes llevaron esa tradición al extremo. El martirio se volvió el único posible “deber revolucionario”. Los jóvenes ya no querían cambiar el mundo; la revolución se había hecho y no había colmado sus expectativas; ahora sólo aspiraban a la muerte. Ello ratificaba, dice Kepel, el fracaso de la utopía revolucionaria.

 

Por otros vericuetos, la vieja izquierda occidental desembocaba por esas mismas fechas en un cul de sac parecido. El socialismo real daba sus últimas boqueadas. El poder de la utopía comunista se extinguía. El mundo no se podía cambiar, ergo sólo se podía –y debía- destruir. Los más fanáticos, y muchos frívolos, así lo entendieron. Grupos y movimientos “antisistema” nacieron de esa tierra quemada. Cuando desembarcó con toda su brutal potencia en la escena mundial, la violencia islamista encarnó la vía de la destrucción de un modo absoluto. No sólo por su magnitud apocalíptica, sino también porque llevaba dentro la pulsión autodestructiva, que no había formado parte de la guerrilla y el terrorismo de izquierdas. Ahora ya, para erradicar “el mal”, no quedaba otra que matar al enfermo.

 

Según una historia rusa, Dios se le apareció a un campesino y le ofreció concederle cualquier deseo, a condición de darle el doble de lo mismo a su vecino; “sácame un ojo”, pidió el hombre. De parecida guisa, los extremistas occidentales les piden deseos a sus nuevas divinidades. “Osama, mátanos”, decía una pintada vista en mi ciudad al poco del 11-S. “I love Irak, bomb Texas”, se leía en manifestaciones en USA. Pero ese impulso suicida impersonal -contradictorio- no sólo late en unas minorías. Es una corriente subterránea que aflora cuando matan, y se remansa en la renuncia a defenderse: a combatir.

 

Errores y erratas

Vamos a discutir un poco

Amando de Miguel Libertad Digital  24 Abril 2004

 

Agradezco mucho las misivas de los que me leen, me animan o me admiran. Pero me gustan especialmente los “emilianos” discutidores. A por ellos. De la discusión dicen que sale la luz; por lo menos se ejercita el carácter. Me quedo con la acepción inglesa y latina de “discutir” (=llegar a un acuerdo), no con la española (=tirarse los trastos a la cabeza).

 

Todavía colea el asunto de México con la equis. Antonio del Junco, de Sevilla, sentencia: “No sé la causa por la que usted transige con Méjico, o sí la sé, pero me parece paupérrima”. Aduce que “en castellano decimos y escribimos Lérida y no Lleida”. Bueno, decimos y escribimos Lérida a título particular pero no de un modo público u oficial. Mi argumento de que los mexicanos dicen México no vale para lo de Lérida. El catalán es otro idioma y el mexicano podrá ser una variante del español (como el zamorano o el andaluz), pero es español. Don Antonio se niega a seguir “los dictados de nuestros co-hispanoparlantes”. De otra forma -continúa- “no podríamos llamar a nuestra Concha Velasco por su honesto nombre… ni jugaríamos a la lotería en Chile”, que llaman polla. Pues no sé por qué no. La concha o la polla pueden ser palabras soeces para unos hispanohablantes y no para otros, como coger, bolsa y muchas otras. Pero eso no es ningún problema. En todo caso provoca alguna broma cuando se comunican dos hispanoparlantes con distintos códigos respecto a esas palabras, y eso es todo. Un español ya sabe que coger en Argentina es joder, y  un argentino sabe que joder es fastidiar. No pasa nada. La gracia del español es que admite todas esas variantes, lo que provoca algunas chanzas, pero todos nos entendemos. No veo por qué no podemos aceptar esos códigos locales dentro del amplio mundo hispanoparlante. Un chileno respeta mucho a doña Concha Velasco, actriz insigne, o a don Víctor García de la Concha, director de la Academia Española, y yo también. No vamos a cambiar sus nombres por la correspondiente acepción grosera de los españoles. Por cierto, en Chile a los españoles nos llaman coños porque es la palabra que más nos distingue. Está también el ñoñismo de concho; de ahí lo tomaron los chilenos.

 

Sigue el de Sevilla con su defensa nacionalista del idioma. Se lamenta de que, si hacemos caso a los hispanoamericanos, “acabaremos llamando carpeta a la alfombra”. ¿Y qué pasaría? No veo por qué esa palabra puede venir del árabe y no del inglés (carpet). Por otra parte, en España decimos stop (impronunciable) y en México dicen pare, que por lo menos se puede pronunciar.

 

Alfredo Llaquet Alsina, de Barcelona, se queja de mi locución “posta electrónica” como una de las posibles traducciones de ese engendro de e-mail. Dice que es un “invento” mío. Era una broma, hombre. Pero la posta (italianismo) se ha empleado en español desde hace siglos. Equivalía a correo. La propuesta de don Alfredo es que nos quedemos con “mensaje” sin más. Lo de electrónico le parece adjetivo. Le doy toda la razón. Es como si dijéramos “hacha de acero” o “batidora eléctrica”. Los adjetivos sobran. Me quedo, pues, con “mensaje”. Aunque también podría ser “misiva”. Las dos palabras proceden del verbo míttere (=enviar). Del cual viene también misa o misil. Así pues, “te envío un mensaje” es un poco reduplicativo, pero está bien. El cómo te lo envío (por la posta de Correos o por la del ordenador) es lo de menos. Más de lo mismo. Manuel Sáez Arriaga propone “e-misiva” o “e-emisiva”. Se acerca a lo que yo digo, lo de misiva sin más. Esa e- flotante que ahora tanto se utiliza comercialmente, es una pedantería insufrible, una moda que pasará. ¿Podríamos llamar e-motor al del coche por más que sea de explosión, contenga un sistema eléctrico o sistemas electrónicos? Sería una gran tontería.

 

A Rogelio Sánchez Molero tampoco le gusta el italianismo de posta. ¿Y por qué sí el galicismo de ordenador? Don Rogelio sugiere lo de “carta electrónica” con el argumento de que “es más castizo, más nuestro”. Las dos palabras proceden del griego (carta = papiro, electrónica = ámbar). No sé por qué va a ser “más nuestro” el griego que el italiano. En castellano clásico llamaban “gringos” a los que hablaban griego o cosa parecida. Era un despectivo para indicar que no se les entendía. Por eso se dijo también “bárbaro” y quizá “beréber”. Dicho lo cual, sigo agradeciendo sus  misivas, postas, cartas, emilios, mensajes, electrogramas, correos o como diablos quieran ustedes llamarlos. ¿No ven que la ambigüedad es riqueza?

Zapatero: 100 días son demasiados

EDITORIAL  Libertad Digital  24 Abril 2004

 

La costumbre de conceder 100 días de gracia a los nuevos gobiernos que salen de las urnas está basada en el supuesto, razonable, de que los nuevos cargos necesitan un tiempo para ponerse al día de las circunstancias y los pormenores de sus respectivas áreas de responsabilidad antes de tomar grandes decisiones. Un tiempo necesario en el que, con frecuencia, los recién llegados, después de conocer de primera mano esas circunstancias y pormenores, adquieren sentido de la responsabilidad y desechan o modifican algunos puntos de sus promesas electorales. Bien porque esas promesas, formuladas en la calentura del mitin, son materialmente irrealizables o contraproducentes, o bien porque chocan frontalmente con los más elementales intereses nacionales.

 

Si esta es la costumbre con un equipo que llega al poder con un programa más o menos elaborado y coherente, habría que concluir que, en el caso de un equipo que llega al poder inesperadamente, con una incoherente y peligrosa amalgama de promesas y consignas agit prop envueltas en ese indeterminado semántico y político llamado “talante”, el plazo de 100 días se queda muy corto y tendría que ser ampliado, al menos, hasta 200 días. Los cien primeros para confeccionar un verdadero programa de gobierno que no ponga en peligro los intereses de España ni los innegables logros del anterior Ejecutivo. Y los cien segundos, de rodaje, para ensayar su puesta en práctica y adaptarlo a las circunstancias reales.

 

En definitiva, por mero sentido de la prudencia y de la responsabilidad, y también por su propio interés, el Gobierno de Zapatero tendría que haber aprovechado gran parte de la inercia del Gobierno anterior –francamente positiva en la gran mayoría de las áreas- para ganar todo el tiempo posible y convertir una estrategia de acoso y derribo al PP por métodos antidemocráticos en algo parecido -como de hecho tuvo que hacer Felipe González-, a una política y a un programa de gobierno. Máxime cuando quienes más han saludado la victoria de Zapatero han sido personajes tan poco recomendables como Castro o Chávez, o eternos antagonistas de los intereses y de la política exterior de España como Francia o Marruecos.

 

Sin embargo, y como les ocurre a la mayoría de los adolescentes, que afirman su personalidad llevando la contraria sistemáticamente a sus mayores con una mezcla de soberbia e ingenuidad, los primeros actos del nuevo Gobierno han ido encaminados a “enmendar la plana” sistemáticamente al Gobierno anterior, precisamente en las áreas donde mayor acierto había demostrado. Y los resultados están a la vista. Zapatero ha destruido en apenas una semana gran parte de lo que arduamente consiguieron los gobiernos del PP: convertir a España en un país de primer orden, tanto en el ámbito europeo como en el concierto internacional.

 

Zapatero ha conseguido irritar profundamente a nuestros aliados en la lucha contra el terrorismo, especialmente a EEUU, con la retirada precipitada de las tropas españolas en Irak que contribuían a garantizar la paz y la seguridad de los iraquíes. Y aún peor: ha intentado, por medio de Moratinos, hacer creer a la opinión pública que los EEUU y nuestros aliados están poco menos que encantados con una decisión precipitada, absurda y autoritaria -¿dónde el diálogo y el “talante”?-, que deja en la estacada a nuestros aliados, que ha provocado terribles comentarios y editoriales en toda la prensa internacional –donde se llegó a calificar al nuevo Presidente del Gobierno de “Generalísimo Zapatero”- y que lanza sobre España el estigma de la traición y la cobardía, convirtiéndonos en un aliado muy poco fiable en la lucha que más nos importa, en la lucha contra el terrorismo.

 

Y aún peor: el primer resultado del cambio de “alianzas” propugnado por Zapatero, es decir, la sumisión a los intereses de Francia y Alemania y la abusrda renuncia sin contrapartidas a la cuota de poder europeo que Aznar consiguió arrancar en Niza, nos ha proporcionado ya el primer disgusto: el estrepitoso fracaso de las negociaciones sobre el recorte de las ayudas al algodón, al tabaco y al aceite de oliva. Un fracaso que, en palabras de la Comisión Europea, sólo se debe al Gobierno de España por no saber moderar sus pretensiones. Es decir, “Bruselas no premia a los traidores”.

 

Si a esto se une el hecho de que el Gobierno de Zapatero no ha vacilado en presentarse desde el principio como rehén y colaborador de quienes quieren retocar la Constitución y los estatutos de autonomía para eliminar las cortapisas que aún les impiden desplegar a todo trapo su afanes totalitarios, hay que llegar a la conclusión de que 100 días de gobierno como los siete últimos pueden ser letales para España… y muy productivos para Marruecos, a donde Zapatero viaja este fin de semana. Quizá para repetir la foto bajo el mapa de las Canarias marroquíes, para disculparse por la falta de “talante” de Aznar y para escuchar atentamente, y con muy buen talante, las “reivindicaciones” que tenga a bien formular Mohamed VI sobre el territorio nacional.

 

1982-2004: De la Verja de Gibraltar a la Milla de Melilla

Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  24 Abril 2004

 

La política internacional nunca ha sido para la Izquierda una parte de la política nacional, su proyección natural y lógica. Como, siempre que se trate de España, carece de la idea de nación (si de trata de alguna de sus partes, especialmente catalana, vasca o gallega, entonces sí se pone nacional y hasta nacionalista), nunca ha defendido en serio sus intereses estratégicos. Naturalmente, como todos los Gobiernos del mundo, al llegar al Poder, lo intenta con mayor o peor fortuna en los intereses económicos que afectan a subvenciones sectoriales o empresariales, ya que están en juego su prestigio y sus votos. Pero como carece de una idea nacional, que supone defender unos principios morales que legitimen y proyecten España hacia fuera, lo habitual en los gobiernos de izquierda es que basen su política exterior de oposición en criterios ideológicos y de propaganda según los clásicos moldes soviéticos (antiamericanismo, anticapitalismo, complacencia con las dictaduras comunistas, tercermundismo, antiglobalización y desprecio total a las fronteras históricas, tanto en lo geográfico como en lo religioso o cultural).

 

Una vez llegados al Gobierno, lo corriente es que pasen de una primera etapa de doctrinarismo que prolonga sus eslóganes de Oposición a otra, una vez pagada la novatada, que se rige por el pragmatismo más ramplón (recuérdese la admiración de González por Deng Hsiao-Ping: “gato blanco o gato negro, lo que importa es que cace ratones”) en función de los réditos políticos y electorales que puedan obtener a corto plazo. De ahí la forma apresurada de negociar los términos de la incorporación a la UE y de aceptar hoy la Constitución de Giscard, sin tener en cuenta lo conseguido por el franquismo y UCD años atrás o por el PP más recientemente en el Tratado de Niza.

 

Lo primero que hizo el PSOE al llegar al Poder en 1982 fue abrir sin contrapartidas la verja de Gibraltar, con Morán abriendo en directo los telediarios para demostrar que con nuestra buena voluntad se iban a acabar los contenciosos absurdos mantenidos por la Derecha patriotera y cazurra. Ni que decir tiene que el resultado fue catastrófico y que, nada menos que veintidós años después, ni a las buenas con el PSOE ni a las menos buenas con el PP se ha conseguido nada. Salvo, claro está, hacerles la vida más fácil a los llanitos y proporcionarles un argumento económico sustancial para negarse a ser españoles, que es que viven de no serlo y prácticamente fuera de la ley.

 

El caso de Marruecos es todavía peor, por la gravedad de su triple amenaza: terrorista, migratoria y expansionista. Zapatero, aún en la Oposición, traicionó con desvergonzado oportunismo al Gobierno y a los intereses de España prestándose a las maniobras de González y Polanco para desgastar a Aznar. Ni en la crisis de los embajadores ni en la toma de Perejil, ambas provocaciones marroquíes, tuvo el Gobierno del PP el respaldo leal del PSOE, sino todo lo contrario. Tras llegar al poder gracias al atentado islamista cometido por marroquíes el 11-M, Zapatero no ha vacilado en cursar un viaje de buena voluntad sin contenido alguno a nuestro vecino del sur y secular enemigo. Ni una palabra se nos ha dicho sobre el control de la inmigración ilegal y el narcotráfico, estrechamente ligadas entre sí y ambas protegidas por el régimen alauí. Ni una palabra sobre la base social que la inmigración marroquí en España ha prestado y presta al terrorismo islámico que hace apenas un mes ha provocado la mayor masacre de nuestra historia. Ni servicios secretos, ni mezquitas, ni resistencia a aceptar la legalidad española (por ejemplo en los derechos de la mujer), ni manipulación de los inmigrantes por colectivos oficiosos como ATIME... Nada. Al menos, nada que sepamos y que nos permita tener alguna razonable esperanza.

 

Y, por supuesto, nada sobre la pretensión de anexionarse Ceuta, Melilla y las Canarias, así como la permanente política de desestabilización en las ciudades autónomas. Esta vez no se ha fotografiado Zapatero bajo un mapa del Gran Marruecos que incluya esos territorios españoles, como en su última excursión. Tampoco Chaves ha utilizado Canal Sur para hacer un referéndum andaluz sobre la independencia del Sahara, que, inevitablemente televisado a Maruecos, provocó la crisis penúltima. Eso hemos ganado. A cambio, la presidenta en funciones nos ha obsequiado con un desliz de lo más  significativo al decir que se trataba del “reencuentro de dos naciones separadas por unas pocas millas de agua”. Desconocíamos que Ceuta y Melilla ya no estaban separadas de Marruecos por un muro o una frontera, sino cercadas por mar. Nuestra duda es si se trata de un ardid de ingeniería marina o fluvial al servicio del expansionismo marroquí o de una indeseable e involuntaria consecuencia de la LOGSE, que acaba de inventar una nueva medida de longitud, la milla de Melilla, que mide cero pulgadas. Esperamos que sea lo segundo, por el bien de España e incluso de Zapatero, que ya ha dicho que a él nunca le pasaría algo como lo de Perejil. Eso tememos. Lo que le pase, si le pasa, será mucho peor. 

 

Plan Ibarretxe

Los siete magníficos

Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital  24 Abril 2004

 

Ante el fraude constitucional del Plan Ibarretxe, esa declaración de independencia titulada Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi tramitada en el Parlamento vasco como Reforma de Estatuto, el Tribunal Constitucional podía haber elegido dos opciones. La primera es entender que como no hay ley ni norma reglamentaria que recurrir —no se crea ninguna situación jurídica nueva, en principio— no puede hacer nada. Esta es la opción que han elegido siete integrantes del Tribunal Constitucional, una mayoría muy ajustada. El resultado de esta interpretación es que el Estado —España— está asistiendo a su propia destrucción sin hacer nada por impedirlo. Se está a la espera, así, de que se materialice la existencia del Estado Libre Asociado de Euskadi, lo que formalizaría la destrucción de nuestro ordenamiento constitucional, en un abierto desafío que no ha sido contestado por el Tribunal Constitucional.

 

En cambio, la segunda opción, contestar el desafío constitucional y paralizar el debate parlamentario del Plan Ibarretxe, la opción no elegida, parte del artículo 162 de la Constitución, cuando dice: “El Gobierno podrá impugnar ante el Tribunal  Constitucional las disposiciones y  resoluciones adoptadas por los órganos de las Comunidades  Autónomas”. Entender dentro de este apartado el Acuerdo del Gobierno vasco por el que remitió el Plan Ibarretxe al Parlamento de Vitoria no hubiera sido muy difícil. El Tribunal Constitucional puede utilizar también esta vía de defensa de la Constitución de forma tal que este precepto constituya una cláusula-cierre en su defensa frente a eventuales ataques extraordinarios a la misma, como es la propia existencia del Plan Ibarretxe.

 

Pero se ha elegido la vía más cómoda de restringir esta vía constitucional tan sólo a normas formalmente existentes, con lo que no se entra en lo que en teoría no es más que un proyecto de reforma del Estatuto vasco, aunque esa formalidad encubre una declaración de independencia. Es una lástima, porque el Tribunal Constitucional tenía precedentes contrarios a esta interpretación restrictiva, como la sentencia de ese mismo TC nº 16/84, respecto a la resolución del presidente del Parlamento de Navarra proponiendo a S. M. el Rey la designación de don José Ángel Zubiaur Alegre como presidente del Gobierno Foral, un supuesto que, evidentemente, no puede considerarse como impugnación de norma jurídica alguna, sino de una mera declaración de voluntad que en un futuro puede concretarse en una norma jurídica.

 

Y si en este caso se utilizó una tesis contraria a la actual, con mayor sentido se podría haber aplicado en el momento presente, cuando lo que se intenta es romper la Constitución. Porque el Plan Ibarretxe es, ni más ni menos, que iniciar un nuevo proceso constituyente, pero de ámbito vasco únicamente, como le gusta decir al PNV, olvidándose de las reglas elegidas por todos los españoles en 1978. Así, el Gobierno vasco, por la simple presentación de este plan independentista a su Parlamento viola la propia Constitución, y dentro de ella, preceptos tan fundamentales como el artículo 9 (que establece que los ciudadanos y los poderes públicos están sometidos a la Constitución), obligando a la realización de un proceso constituyente que no puede finalizar más que de una forma fácilmente imaginable, la ruptura de nuestro ordenamiento constitucional.

 

Otra cosa es entender que la Constitución de 1978 posibilita, mediante la utilización de unas formas legales fraudulentas, destruir España, lo que evidentemente no podía preverse por el Poder Constituyente en el año 78 en todas sus facetas, como es obvio. Pero la inexistencia de una previsión específica no significa la inexistencia de una falta absoluta de mecanismos legales para defender nuestro ordenamiento constitucional ante un ataque como el actual a la Constitución, que se debe defender con las armas del ordenamiento jurídico que ella misma ha originado. Como no puede ser de otra forma, con todas esas armas jurídicas. Pero parece ser que siete integrantes del Tribunal Constitucional no opinan lo mismo.

 

PSOE

Un partido anti-sistema

Juan Gillard López Libertad Digital  24 Abril 2004

 

Produce vértigo ver los informativos y comprobar el protagonismo adquirido por una serie de personajes que nunca debieron abandonar la marginalidad y que ahora sientan cátedra a diario. Si bien en toda Europa existen formaciones radicales, filoterroristas, o independentistas, con excepción de España no tocan pelota. La triste diferencia es que aquí tenemos a uno de los dos partidos hegemónicos dispuesto a legitimarlos para gobernar. Todavía quedan observadores que se sorprenden del subidón electoral de ERC, cuando no se apenan al constatar las tendencias de la que fue la sociedad civil más culta de España. Sin embargo, este ascenso de un partido con tanta cercanía a los violentos fue la lógica consecuencia tras comprobar que ERC se convertía en un fuerza que llegaba al poder autonómico de la mano de los socialistas. Nada “dopa” más a un partido que sus expectativas de gobernar.

 

Uno de los condicionantes de la democracia española radica en el tan cercano pasado marxista de las fuerzas de izquierda, empezando por el PSOE. Tampoco es que en el resto de Europa abunden los partidos que asumieron la socialdemocracia desde su constitución, pero su conversión es mucho más lejana y los que la vivieron suelen estar bajo tierra o en el asilo.

 

En España el PSOE no nos llegó totalitario a los 80 por unos meses, y lo hizo a rastras. Este reproche puede sonar a pataleta de abuelo achacoso, pero el análisis de las motivaciones de cualquier partido no puede aislarse de sus antecedentes, sobre todo si son tan recientes. Tanto es así que lo primero que hizo el propio interesado fue levantar acta del pasado del que se consideraban herederos con sus inefables “100 años de honradez”. Que no habían sido tales, sino más bien un recorrido poco democrático y muy violento. Partido que se merece más que ninguno que lo relacionen con sus pecados de juventud por cuanto que nada gusta más al socialismo que el ejercicio de vinculación entre el PP y el franquismo.

 

Y es que la otra decepción de la transición fue la elección de sus representantes por los electores de izquierda. Los votantes conservadores postergaron a los partidos que “tenían pasado” o que se reclamaban depositarios del franquismo, y se volcó mayoritariamente en fórmulas balsámicas como la UCD o AP. Enfrente quedaron relegados sus equivalentes de nuevo cuño como podía ser el PSP de Tierno, echándose a los brazos de un PSOE de historia nada recomendable.

 

Incluso dentro del PSOE existen algunos bien intencionados que llegaron a la política directamente de la mano de la social-democracia y que todos tenemos en la mente. Pero son los menos, y la cantera no promete si hacemos caso a las cosas que se pueden oír en cualquier reunión de las Juventudes Socialistas. ¡Le pegan un susto al miedo!

 

Cuando llegó la hora de pactar la Constitución, al PSOE le quedaban demasiados reflejos adquiridos de años presididos por la doctrina de ofensiva contra el sistema establecido, que inspiraban a toda fuerza de izquierda radical. El Título VIII de nuestra carta magna no es otra cosa que un ejercicio de minado del Estado. Esa simiente que ahora cosechamos, hubiera sido otra si la UCD hubiera tenido un interlocutor honesto y con sentido de Estado, impidiendo la legitimación de partidos que nunca debieron salir de la caverna ideológica en que maceraban. El centro, como siempre, pecó de debilidad por acomplejamiento, pero la izquierda hizo lo que siempre había hecho y nada más.

 

Obviamente, el roce del poder durante más de una década puso agua en su vino y aburguesó sus prioridades. Incluso Felipe González aplicó una política económica relativamente ortodoxa a la vista del batacazo de Mitterand en 1981. Sin embargo, las actitudes bárbaras con las que regularmente nos obsequian solo se entienden mirando atrás. Tras ocho años de oposición, hemos visto con amargura como al olor de un poder posible han pisado el acelerador a costa de dividir a los españoles en su hora más trágica, y de la mano de una panda de locos. Cuando ZP llegó a la política escenificó una maneras sosegadas muy aliviadoras que, sin embargo, acabaron contradiciéndose con lo que luego fue su línea opositora.

 

Hace algo más de un año, Juan Pablo Fusi en una “tercera” memorable de ABC (4.12.2002), tras reconocer la ausencia de debate sobre los 100 millones de muertos en la cuenta del socialismo real, negaba asqueado al “anticomunismo de la derecha” del derecho “moral” a dicha revisión, que solo debía concederse a “la intelectualidad de izquierda”. Ahora hemos comprobado cuanta voluntad de revisión tiene la izquierda española. A la primera de cambio han vuelto a su ejercicio más tradicional, la criminalización del oponente democrático. Han convertido al PP en “asesinos”, mejor imposible. Solo queda esperar que las caras nuevas del gobierno traigan talantes nuevos, que ya es hora.

 

Un artículo en "The Miami Herald"

España, ya ni en la mesa

Alberto Acereda Libertad Digital  24 Abril 2004

 

La inteligente y renovadora política del nuevo gobierno socialista está dando ya sus primeros grandes frutos en la vida pública norteamericana. Tras el zapatazo de la retirada de las tropas españolas de Irak y la heroica visita de “Curro” a Washington, España tiene su futuro internacional asegurado. Los norteamericanos se sienten tan felices que hasta en sus más importantes periódicos dedican columnas enteras de opinión a la nueva España: esa de la que los socialistas han extirpado el autoritarismo arrogante para devolverle el diálogo y el talante democrático que llevaba ocho años sin poder disfrutar.

 

LD ya dio cuenta hace unos días de una columna de opinión que el Wall Street Journal dedicaba al nuevo presidente del gobierno español, calificándolo de “generalísimo”. Tanta es, en fin, la fama que nuestro país está alcanzando en Estados Unidos que incluso en los espacios de prensa sobre sociedad, reaparece inefablemente esta nueva España del cambio. Baste para comprobarlo la columna que el jueves 22 de abril publica en el diario The Miami Herald la periodista Susan Ager con el aclarador título: “La comida española fuera de las cocinas norteamericanas”.

 

Hay que advertir que el pasado año, tras la negativa de Francia de ayudar a Estados Unidos en Irak, los norteamericanos sustituyeron sus “patatas fritas a la francesa” (“French fries”) por “patatas fritas a la libertad” (“Freedom Fries”); dejaron mayoritariamente de beber café francés, vino francés, y todo cuanto viniera de Francia como respuesta popular a un país negado a ayudar a Estados Unidos en Irak. Lo de España ahora resulta aún más cobarde, por inesperado y tornadizo. Por eso, la columna de Susan Ager para el Miami Herald satiriza implacablemente a España y lanza esta consigna a sus lectores: “Es imperativo castigar a esa nación veleidosa poniendo sus exportaciones en la lista de alimentos tabú”. A renglón seguido, y a modo de lista negra de la compra para todo buen ciudadano norteamericano, la columnista incluye varios de esos manjares de compra prohibida: las aceitunas rellenas con pimiento, las sabrosas almendras españolas, el vino español–que según confiesa la columnista “es mejor que el de la mayoría de los otros países”-, el Jerez, el queso manchego, las anchoas, las alcaparras, el pimentón o el aceite de oliva. Ager prosigue ironizando al decir que “puestos a fastidiar a los españoles, en lugar de comprar el azafrán de España, será mejor desde ahora comprarlo de Cachemira que, además, sale más barato”. Y al final concluye la columnista apuntando que, bien mirada, la cuestión del dinero no debería ser un problema para los norteamericanos ya que el gobierno de Estados Unidos está poniendo semanalmente un billón de dólares para sacar adelante la necesaria Guerra de Irak. En definitiva –recomienda Susan Ager- “mejor será desde ahora tomarse un buen Chianti italiano acompañado de una pasta carbonara”.

 

Tras la sátira y la ironía de este artículo del Miami Herald hay un hecho constatable que cualquier español que vive hoy en Estados Unidos empieza ya a notar: la decepción y el enfado de la población norteamericana con España y ante el gesto cobarde de su nuevo gobierno. Lo peor de todo esto es que para el norteamericano medio España es toda lo mismo. No sabe, ni tampoco le importa, que son casi diez millones los ciudadanos que no votaron a este gobierno. No sabe que tal retirada se ha saltado todas las reglas del diálogo parlamentario y ni se imagina que pudiera haber previos contactos con chiítas en Nijaf. No sabe, porque tampoco le importa, de los hechos que rodearon al 11-M. Ni lo sabe, ni lo quiere saber porque el norteamericano es un ser práctico que ama, sobre todo, la libertad y que sólo puede valorar la retirada de Irak como una traición de España a su país en un momento clave para la seguridad del mundo libre. Por eso, a los españoles que no olvidamos ni a España ni a sus gentes nos duele ver el paulatino deterioro de nuestra imagen.

 

La única satisfacción tras leer este artículo es constatar que una parte de los impuestos de quien esto escribe se emplean en ayudar a unas tropas norteamericanas que siguen luchando para devolver al pueblo iraquí su libertad: justo la misma que desde hace unos días le niega ya el gobierno de España.

 

Nacionalismos en la UE

BARTOLOMÉ CLAVERO/CATEDRÁTICO DE HISTORIA DEL DERECHO EN LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA El Correo  24 Abril 2004

En Europa, a estas alturas, los nacionalismos de pueblos sin Estado propio y con vocación de constituirlo no suelen contemplar un horizonte de independencia para la satisfacción debida de sus aspiraciones legítimas. El momento se caracteriza por el acelerón constituyente de Europa entre 2000 (Carta Europea de Derechos Fundamentales) y 2003 (Proyecto de Tratado por el que se instituye una Constitución para Europa). He aquí la novedad de un verdadero constitucionalismo europeo en cuyo escenario, aunque todavía haya resistencias y demoras, se nos está situando.

 

Valga como muestra del actual horizonte nacionalista para pueblos sin Estado un testimonio producido en la Convención Europea que ha preparado ese proyecto de Tratado-Constitución. El vicepresidente del Partido Nacional Escocés y parlamentario europeo por Escocia, Neil MacCormick, profesor con obra acreditada de pensamiento jurídico, ha representado dentro de dicha asamblea una voz nacionalista que no estaba prevista en la misma. Presentó propuestas en una doble línea complementaria de defensa de intereses específicos de Escocia en el seno de Europa y de reforma del propio edificio europeo para dar entrada digna a dichos pueblos sin Estado propio. Comenzaba por proponer una depuración precisa del lenguaje para que 'nación' y 'nacional' dejasen de significar en el ámbito europeo 'Estado' y 'del Estado'.

 

Son propuestas cuyo fracaso estaba en realidad cantado. La Convención Europea sólo convoca a representación de instituciones de Estado, las dichas 'nacionales', y de las europeas mismas, de algunas de entre ellas. El Comité de las Regiones, el organismo que representa en Europa lo que se denomina en ella 'nivel regional y local', ni siquiera consiguió que sus delegados fueran admitidos como miembros de pleno derecho de la Convención, quedándose en observadores, bien que muy activos. Aunque evitando cuidadosamente la cuestión 'nacional' de lenguaje y de fondo, reiteraron propuestas en una dirección con la que podía sintonizar un nacionalismo como el escocés que tan inesperadamente accedía por la vía de representación del Parlamento europeo. He aquí, de presente, una frustración de aspiraciones y, de futuro, un horizonte de posibilidades.

 

No es un horizonte de independencia de pueblos por la sencilla razón de que ni siquiera ellos se lo plantean con respecto a Europa, a cuyas puertas llaman enseguida los mismos que se han independizado. La doble línea complementaria del nacionalismo escocés resulta bien significativa. No constituyen dos objetivos divergentes el acomodo de Escocia en Europa, defendiéndose desde ya derechos específicos como en materia de recursos pesqueros y energéticos, y el reacomodo de los Estados para que dejen espacio propio a los pueblos, a todos ellos. Ante la actual cerrazón europea, la que representa ahora el proyecto de Tratado-Constitución considerando el susodicho 'nivel regional y local' como cuestión interna de los Estados, alguno de entre éstos puede ir por delante contemplando una articulación más integral de la Europa en construcción.

 

Véase el caso planteado entre Finlandia y las Islas Aaland, región autónoma de población sueca. Desde que se produce el ingreso en Europa, las cosas se replantean. Al tiempo de la incorporación finlandesa, en 1995, el Estatuto de Autonomía aalandés se reforma con vistas a la garantía de la propia posición. Siempre habrá un representante de Aaland en el Comité de las Regiones europeo. Finlandia también se compromete a no ejercer competencias en Europa ni a permitir que se desarrollen de forma que redunde en detrimento de la autonomía aalandesa. Para registrar tales garantías, Finlandia renueva su Constitución en el año 2000. Mediante iniciativa aalandesa que se formaliza ante la Convención Europea por el Parlamento de Finlandia, el propio 'Proyecto de Tratado por el que se instituye una Constitución para Europa' contiene una cláusula de reconocimiento y garantía de la autonomía de Aaland.

 

La autonomía radical de las Islas Aaland tiene además la fuerza de origen de haberse establecido por el derecho internacional. Allá por los años veinte del siglo pasado, fue condición requerida por la Sociedad de Naciones, la organización que precedió a las Naciones Unidas, para reconocer definitivamente la independencia de Finlandia respecto a Rusia, a la que había pertenecido a lo largo del XIX, y frente también a Suecia, en la que había estado comprendida hasta principios de dicho siglo. ¿Es el caso de Aaland tan particular? Según como se mire. No todas las otras autonomías regionales europeas dependen de la determinación constitucional del correspondiente Estado como el propio Tratado-Constitución presume.

 

Sin ir más lejos, aquí se encuentran las autonomías vasca y navarra con un título de derecho histórico reconocido incluso por la propia Constitución española. Ingenuamente me pregunto por qué no se han producido las reformas precisas de Constitución como de Estatutos desde la incorporación a Europa, ni tampoco se han introducido las advertencias y cautelas pertinentes en el momento de diseñarse la Constitución europea, tal y como todo ello se ha hecho entre Finlandia y las Aalands. Pueden añadirse a estas alturas otras preguntas ingenuas. por supuesto. ¿Por qué el Tratado-Constitución acentúa las distancias entre Estados y regiones llegando incluso al extremo de proscribir la alteración de fronteras por deferencia con los primeros? La parte española, que ha jugado un papel importante en estos planteamientos, pretendió a continuación que Europa condenase formalmente la iniciativa nacionalista de nuevo Estatuto del País Vasco. ¿Por qué no se empieza proponiendo la expulsión de las Islas Aaland y, si se opone, de Finlandia? De paso, denígrese al parlamentario que ha representado en la Convención a Escocia en vez de a Europa. Si la defensa es de España, como lo ha sido, sígase con el empeño de que el asunto es de Estado.

 

Si hay para el caso de este Estado falta de previsión y fallo de lealtad, creo que son imputables de entrada a las partes en plural, a cada cual según su responsabilidad. Ni las actuales comunidades autónomas vasca y navarra, éstas en concreto, ni las instituciones constitucionales españolas, por sí mismas y para el entramado que encabezan, han hecho por situarse conjuntamente y articularse debidamente en el escenario europeo. No se lo plantean ni siquiera ahora que el mismo se constitucionaliza afectando severamente a constituciones y a estatutos. Las propias previsiones de reforma son inútiles ante algo tan imprevisto como un verdadero constitucionalismo europeo. El reto es nuevo. Sin embargo, se prefiere la prosecución forzada de una historia en términos de Estados y además entre poderes, como si no estuviéramos en tiempos de constitucionalismo de derechos y de constitucionalidad europea.

 

Parece que por unas partes nacionalistas, la vasca y la española, lo que se está acariciando es la idea de una confrontación directa para conquistarse terreno o para recobrarse el perdido. De esta dialéctica no parece que salga la actual propuesta de nuevo Estatuto por parte del Gobierno vasco ni las reacciones de otras partes. Tras unas elecciones generales cuyo esperanzador resultado podría estar creando condiciones para la apertura de otro horizonte, parece que se prepara una nueva escenificación de la misma confrontación bilateral entre nacionalismo vasco beligerante y nacionalismo español inconfeso a espaldas del escenario constitucional común que Europa ofrece.

 

Por si faltara algo, los dos partidos mayoritarios españoles, los que han acaparado la representación en la Convención Europea, parecen de acuerdo en eludir la reforma de la Constitución para la recepción del Tratado-Constitución, para la asunción de este constitucionalismo que, entre otros detalles, incorpora dentro de la misma estructura institucional de Europa a los parlamentos de Estado, los dichos 'nacionales', pero no a otros, no a los reducidos a 'regionales'. Por estos y otros varios pormenores, si no se produce la adaptación, el propio valor normativo de la Constitución española va a sufrir seriamente, pero prefiere mirarse a otro lado. Ni la reforma se emprende ni el debate se aborda.

 

Reformas concretas que comienzan a tomarse en consideración y parecen más plausibles tras las últimas elecciones resultan de mero registro paralítico que no le entran al reto. En vez de aprovecharse la afortunada coincidencia entre proyecto europeo y propuesta vasca para superarse la coyuntura suicida de la confrontación bilateral entre nacionalismos desiguales, pues uno es de Estado, se pretende que la novedad del constitucionalismo europeo no plantea problema. Se transmite el mensaje de que no hay nada sustantivo que reformar para la ubicación constitucional en Europa.

 

Quienes cierran filas tras Constitución y Estatuto para parar los pies en seco al calculado desafío del nacionalismo vasco no parecen percibir que el enroque defensivo agudiza la fatiga de sus instrumentos. Quienes se ensimisman en el propio nicho de un nacionalismo autista puede que estén situándose todavía en mayor medida fuera de la Historia. Quienes yugulan el debate, intentan expulsarnos de nuestro tiempo. Por medio, en tierra de nadie, se hallan quienes no entienden por qué no pueden los retos afrontarse, las reformas examinarse, las divergencias formalizarse y los tiempos sintonizarse.

 

El zulo, la cabra y la ofensa

JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz  24 Abril 2004

 

LA BRILLANTE idea de abrir un museo del zulo en Artea (Vizcaya), como si de un picnic de animosos boy scouts se tratara, refleja hasta qué punto está arraigada en determinados sectores de la población de la comunidad autónoma vasca la idea según la cual los etarras son una especie de chicos traviesos, que tienen sus cosas, sí; pero que están llenos de generosidad y entusiasmo en una lucha no suficientemente reconocida.

 

No ha hecho falta que la organización terrorista -a la que pertenece el inspirador de este caserío de los horrores- desaparezca para que se empiece a edulcorar su realidad, para que se nos quiera mentir una vez más, para que se pretenda presentar a los criminales como simpáticos activistas. Esta organización terrorista ha asesinado a casi mil personas, ha herido a cerca de cuatro mil, ha provocado el exilio de decenas de miles de personas, que hoy viven fuera de la comunidad autónoma por culpa del terror. Esta organización criminal tiene en su haber la profanación, en tres ocasiones, de la tumba del concejal del PP en San Sebastián Gregorio Ordóñez, es responsable de las llamadas que durante años han realizado a viudas de víctimas del terrorismo con reclamaciones del tipo «devuélvenos la bala», y así. La lista de sus crímenes y de sus abyecciones es interminable, por eso duele especialmente que alguien que contribuyó a engordar al monstruo, quiera ahora hacer negocio a costa de falsear la realidad y presentar a una banda de criminales como si de una promoción de la tuna se tratara.

 

El ex-etarra que ha puesto en pie esta infamia, Xavier Zumalde, tiene por apodo El cabra, lo que debería ahorrar cualquier otra explicación sobre su entidad y carácter, y estaba encargado, en principio, de organizar una especie de muestra, no sé si antropológica, sobre el caserío, algo excitante desde el punto de vista intelectual, sin duda. El Cabra ha aprovechado esa omnicomprensión que practica el nacionalismo gobernante respecto de los nacionalistas descarriados para montar un restaurante y un miniparque temático con la pretensión de explicarnos que hubo una dictadura, impuesta por la organización criminal a la que él perteneció, que asesina, provoca el exilio y somete a la clandestinidad a decenas de miles de vascos. Esta otra muestra sí hubiera sido un síntoma de reinserción del antiguo etarra. Antiguo etarra que trabajó para el PNV en la organización de la Ertzaintza, en concreto en la puesta en funcionamiento de una de sus secciones más cuidadas, los llamados berrozis, unidad especial que actúa en estrechísima relación con el PNV.

 

El zulo del horror se ha instalado en la localidad vizcaína de Artea, que no es precisamente la más poblada del planeta: 607 habitantes. A pesar de las reducidas dimensiones del pueblo, su alcalde, Javier Beitia, del PNV, dice que no se ha enterado de la existencia de la exposición: problemas de agenda, sin duda.

 

Juan Fernando López Aguilar, el recién estrenado ministro de Justicia del Gobierno socialista, ha dicho que existen instrumentos legales para combatir este atropello. Ojalá. Estamos ante una ignominia que insulta a las víctimas, falsea la realidad y agrede la sensibilidad de los demócratas. No debería llegar al próximo fin de semana.

 

«El Instituto Cervantes será la piedra angular de la política cultural exterior»

La ministra de Cultura aboga en su discurso por la paz y «El Quijote»

J. Ors La Razón  24 Abril 2004

Alcalá de Henares- «¿De qué se podía hablar después de escuchar a Gonzalo Rojas!». La nueva titular de la cartera de Cultura, Carmen Calvo, reconoció con estas palabras el valor emotivo y lírico del espléndido discurso que el poeta chileno leyó ayer en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. «Ha sido muy sincero y muy honesto ¬declaró a este diario la ministra¬. Me ha gustado la defensa que ha hecho de nuestra cultura y nuestra lengua». Quizá por eso, ella abogó por un discurso más «protocolario», como lo definió, «pero no light », añadió bromeando y haciendo un guiño a la lectura de Rojas ¬«no pensaremos en inglés como dijo Darío, leeremos otra vez a los griegos,...», dijo el galardonado en el aula magna de la lengua¬. «No soy una especialista en literatura, pero tampoco quería algo vacío», declaró. Y no lo fue. Su intervención hizo hincapié en la importancia de la paz, en el papel vital de la cultura para unir sociedades y en la necesidad de impulsar el Instituto Cervantes para divulgar la cultura y el español en el exterior.

  

   Hambre de cultura. La ministra aclaró que uno de los ejes de la proyección de la cultura española será el Instituto Cervantes, ya que, como subrayó «hay hambre de cultura hispana». «Uno de los instrumentos básicos para esa operación será el Ins- tituto Cervantes, llamado a ser la verdadera piedra angular de nuestra política cultural en el exterior». Carmen Calvo declaró cuál debe ser su objetivo: «La labor de sus centros debe concentrarse en presentar una imagen diversa de España y de Hispanoamérica que muestre sus múltiples facetas». Para alcanzar estas metas, la ministra mencionó la necesidad de dar más protagonismo este organismo: «En un revitalizado Instituto Cervantes se aplicará la máxima de Umberto Eco según la cual la fuerza de la cultura puede evitar el choque de civilizaciones , y defenderá que el intercambio cultural es el medio más eficaz para comprender la naturaleza del otro». Un alegato de la diversidad de culturas y la necesidad de trazar puentes, que explicó: «En tiempos convulsos de grandes transformaciones, el Instituto tiene la capacidad de mantener abiertos canales de comunicación que suelen cerrarse a propuestas políticas o económicas». Su última referencia a la lengua fue como herencia cultural de un país: «Alejémonos de dicotomías ficticias y forzadas y entendamos como indisocia- bles la cultura y la lengua, apreciemos ésta como nuestro principal medio para transmitir una visión del mundo». Calvo, poco después, dijo: «El próximo año 2005 celebraremos el IV Centenario de la primera edición de El Quijote , una fecha que no estamos dispuestos a dejar pasar. Convertiremos este recordatorio en uno de los ejes de la política del Gobierno».

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