AGLI

 

Recortes de Prensa     Domingo 25 Abril 2004

NACIÓN ESPAÑOLA
LUIS SUÁREZ FERNÁNDEZ ABC 25 Abril 2004

La diplomacia que viene
José Javaloyes La Razón  25 Abril 2004
 

ANTISEMITAS
Jon JUARISTI ABC 25 Abril 2004

EL EJE
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 25 Abril 2004

LA DULCE VECINA
Jaime CAMPMANY ABC 25 Abril 2004

LA TÉCNICA DE LA DESMEMORIA
José Antonio ZARZALEJOS ABC 25 Abril 2004

Multiculturalismo a bombazos
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 25 Abril 2004

Vienen tiempos duros
ARTURO PÉREZ-REVERTE www.capitanalatriste.com El Semanal 25 Abril 2004

 

NACIÓN ESPAÑOLA
Por LUIS SUÁREZ FERNÁNDEZ de la Real Academia de la Historia ABC 25 Abril 2004

A principios del siglo XVI Maquiavelo advirtió que la Historia, conciencia y experiencia de los seres humanos, es el instrumento más valioso de que pueden disponer los príncipes para el gobierno de su Estado. Un consejo que en nuestros días parece que estamos dejando de tener en cuenta. Burckhardt, probablemente el mejor historiador del siglo XIX, añadió que esa conciencia se presenta como un patrimonio, riqueza que una generación entrega a la siguiente, desde la que es posible levantar el futuro. Sólo los estúpidos son capaces de tirar por la borda esa especie de capital heredado lanzándose tras ella al vacío sin fondo de un mar sin orillas. Y esto es lo que pretenden quienes queman banderas, desvinculándose del tiempo pasado, o inventan una Historia que nunca existió a fin de convocar nuevos sentimientos. Hitler fue un maestro en estas lides. Arrastraba a las gentes invocando fantasmas, pero las masas le siguieron. Tarde llegó la hora del arrepentimiento. Recuerdo la impresión que en mi conciencia dejó, pocos años después de la guerra, la visión de Hamburgo. Me decía a mí mismo que era imposible que estuviera pisando el suelo en que nació la Hansa, viendo las olas que acunaron las panzas de los barcos que movían alimentos para las naciones del Viejo Continente, en un tiempo en que también nosotros, los españoles, estábamos comenzando a tomar conciencia de que lo éramos, vuelta la mente hacia Europa.

El documento más antiguo en que aparece el término «nación española» procede del siglo XIV y aparece referido a la comunidad de marinos y de mercaderes que se instalaron en Brujas. Hacía pocos años que, con este objeto, Diego López de Haro fundara Bilbao, al fondo de una ría que era abra hacia los caminos de un golfo, casi mar, al que Vizcaya daría nombre. Pues aunque el apellido nos informa sin lugar a dudas de que se trataba de un linaje venido del interior los servicios prestados habían hecho que la Corona otorgara al linaje en régimen de herencia el gobierno de uno de los dominios más apreciados. Junto a Vizcaya, Guipúzcoa, también abierta al mar. Y un poco al sur, lindando con ambas, Álava, que iba a dar a la nobleza española algunos de sus apellidos más importantes, en los valles de Mendioz y de Ayala. Tiempo atrás Castilla y Álava habían corrido, juntas, peligros y hazañas derivados del empeño de restaurar la Hispania perdida el 711 a causa de la invasión islámica. Fernán González estaba en la memoria común. Ahora los marinos cántabros, desde Fuenterrabía -que así aparece nombrada en los documentos- hasta Castro Urdiales y Laredo, habían creado una Hansa española. La llamaban Hermandad de la marisma y en sus astilleros comenzaron a fabricar sus barcos, diciendo «cocas» porque era muy difícil pronunciarlo en alemán: «kogge».

Y llegaron a Brujas: hierro vizcaíno, vino del interior y de Francia y lana merina de la Mesta que sostenían el gran comercio lucrativo también para los flamencos. Eran sobre todo transportistas, que en esto consistía la esencia del negocio. Para los empresarios de la tierra ayuda muy preciosa ya que sin las guedejas castellanas no podía seguir progresando su industria textil. Les reconocieron como lo que eran «universidad de mercaderes» y los franciscanos les ofrecieron una capilla en su convento. A la hora de fijar un nombre pusieron el de «nación española» y buscando un emblema cogieron los lobos, que es lo que significa López, y los plantaron delante de una imagen del árbol de Guernica. Tres signos de identidad que ya no se olvidarían. Algunos años más tarde el Rey de Aragón, Pedro «el Ceremonioso», recordó a su yerno, Juan de Castilla que, a fin de cuentas, también sus súbditos eran españoles y alguna parte debían tener en aquel comercio. La propuesta fue lógicamente aceptada y en consecuencia, barcos catalanes y valencianos, pudieron unirse a la flota que, dos veces al año, cruzaba el golfo de Vizcaya. Bonita historia ¿verdad? Y muy aleccionadora pero que, desde luego, no figura en los libros con que ahora se pretende formar la mente de los niños que no deben respirar el «maloliente» olor de una bandera española.

Mal que pese a quienes complacería volver a las viejas rencillas de oñacinos y gamboinos, el término nación española nació vinculado al árbol de Guernica como también la bandera española saca sus colores, segun intuición muy correcta de Carlos III de los de aquella senyera que «bandera nuestra antigua del Principado de Cataluña», enarboló en 1323 Jaime II cuando pisaba playas de Cerdeña emprendiendo la afirmación mediterránea. Algo que deberían saber también quienes ahora la queman. Pues que todo nació de aquella conciencia de unidad que englobaba libertades muy sólidas en la estructura de una Monarquía que invocaba también remotos antecedentes de una nación hispana, llegada hasta nosotros como una especie de síntesis entre romanidad y cristianismo que procuraba encontrar una versión del hombre como dotado de derechos naturales humanos, «derecho de gentes», de los cuales el primero se refiere a la vida.

Hace ahora poco más de quinientos años, en torno a 1470, cuando Isabel y Fernando estaban empezando a construir, con muy escasos medios, esa Unión de Reinos que llegaría a ser la Monarquía española, fueron precisamente los vizcaínos, que acababan de superar la dura prueba de Munguía, los primeros que acudieron a prestar juramento de fidelidad, junto con mis antepasados, los terribles asturianos. Treinta años después volvemos a encontrarlos juntos, pero a las órdenes del Gran Capitán, que estaba construyendo con ellos seguridad para Europa. Y, en aquella ocasión -volvemos a 1472- Fernando prometió, y cumplió, que tan pronto fuera Rey, acudiría a la sombra del árbol para jurar, en castellano, desde luego, los fueros y libertades de aquella tierra que era su patrimonio. Nombre y conciencia constituyen una profunda unidad. Si un día la perdiésemos los primeros en llorar la desgracia serían precisamente aquellos que hoy no parecen entenderlo. La miopía política se paga. Y, si no me creen, lean, despacio, las «Bienandanzas y Fortunas» de Lope García de Salazar y sabrán lo que les espera. Es tópico repetido que los pueblos que olvidan su Historia están condenados a repetirla. Con lágrimas, desde luego.

La diplomacia que viene
José Javaloyes La Razón  25 Abril 2004

Mientras en Washington no cede el escozor por el daño político producido con la decisión de retirar las tropas en Iraq, y se hace más patente la irritación de la cúpula del poder norteamericano ante la plebiscitación de la política exterior española, son difíciles de olvidar las risas de Chirac y Schröeder, en París, dos días después de la derrota electoral de Partido Popular. A la irritación de EE.UU se contrapone la reciente estampa del regodeo franco-alemán como manifiesto político. Contenía mucho esta imagen a las puertas del Elíseo de esa risa floja que aparece en la cara de quienes les ha tocado la lotería. El formidable empujón de la matanza del 11 de Marzo les había dado, a ellos también, el premio gordo: podrían culminar su maniobra, hegemonista y diárquica, en el proceso constitucional europeo. Muy poco después de la foto del regodeo, el indeseable Guiscard d Estaing, que durante su desempeño en el Elíseo hizo de Francia asilo y mesón de etarras, y que luego, en la presidencia de la Convención Constitucional, cumplió el encargo franco-alemán de olvidar el derecho establecido en el Tratado de Niza, se presentaba en Madrid para darle palmaditas a Zapatero. La nueva diplomacia ya es un hecho establecido.

   Sobre el paño verde del billar político europeo, Al Qaeda había participado en una carambola de previsibles consecuencias. Se castigó al Gobierno de Aznar, con la matanza de Madrid, por lo que Rodríguez Zapatero, durante el debate de investidura, llamó en el Congreso «la foto de las Azores». Tirando de ese mismo hilo, y ya metido en política, Ben Laden, dirigía un mensaje a los demás europeos para que se desimplicaran de Iraq. Exigía el profeta de¿ crimen catastrófico a los demás Gobiernos de la UE que hicieran lo que, en régimen de promesa electoral, había dicho el PSOE que haría, y que cumplió.

   El 11 -M, por poco, no vio desplomarse la cúpula de la estación de Atocha, cosa que hubiera sido posible de haber estallado también la media tonelada de explosivos etarras decomisados días antes en Cañamares, por la Guardia Civil. Pero la onda de Atocha sí alteró los equilibrios políticos en el seno de la Unión Europea y la relación de fuerzas sobre el problema de Iraq en el seno de la comunidad atlántica. Saltó por los aires la continuidad de las tropas españolas en Diwaniya y el de parte de las fuerzas iberoamericanas asociadas a ellas. Por eso mismo, como efecto de la criminal sacudida, nuestra política exterior volvía, a ritmo también tronante, a donde solía durante el felipismo; es decir, a mamar en los pechos nada próvidos de la avaricia gabacha y del atolondramiento vigente en Berlín. La restauración de la dependencia franco-alemana nos libera, según ha escrito Miguel Ángel Moratinos, de la «retórica» aznarista.

   Es en la estela del Tratado de Adhesión de 1986 -tan manifiestamente mejorable en su día como sincronizado en la firma con los cálculos electoralistas de la Moncloa de González -, donde corre a inscribirse la diplomacia emergente. Viene la nueva política exterior de un Ejecutivo, en términos nacionales, con escasa autonomía de ejecución y maniobra. Un Gobierno caracterizado más por la voluntad e intereses de sus avalistas parlamentarios, que por la solidez del patrimonio parlamentario propio. Gravitará la diplomacia nueva al sometimiento del propósito de Francia. Éste ha sido, siempre que ha podido, la férula de la diplomacia española desde el Tratado de Utrech, y de nuestra concreta relación con Marruecos, desde mucho antes del Tratado de Algeciras -.

En pro de ese riesgo convienen las proclividades socialistas y los intereses de sus avalistas parlamentarios; fundamentalmente, los nacionalistas, que se sienten ajenos a toda política exterior que no fuera la implícita en los desvaríos de su soberanismo. Al fin y al cabo, diplomacia y política de Defensa, son, descontado ahora la acuñación de moneda, atributos primordiales de la soberanía de los Estados. Pero cede la indiferencia de los nacionalistas, a- la política exterior, en casos, como el de Iraq,que ofrecen materiales muy precisos para la munición parlamentaria. En el empleo de este factor estuvo el acierto estratégico del PSOE, al instalar el «no a la guerra» como el común denominador con el de los más minoritarios. Por ahí consiguieron aislar al PP en el Congreso, encerrándolo a solas con su mayoría absoluta. Significó el empleo de esos materiales, la ratificación de la ruptura del consenso en política exterior. Fue ratificación, remache, y no la fractura misma. Ésta ya había crujido antes del embrollo iraquí.

El disenso diplomático español sobrevino previamente, por iniciativa socialista. Fue cuando en el vértice de la crisis hispano-marroquí, Rodríguez Zapatero, aun peor aconsejado entonces en política exterior que en economía, se bajó al moro y marchó a Rabat para entrevistarse con Miramamolin. Efecto inducido de tan monumental torpeza, pudo ser la decisión del Comendador de los Creyentes de añadir el Perejil al guiso de aquella grave tensión en el Estrecho de Gibraltar: uno de los puntos nodales en la línea de la seguridad estratégica de España.

No es descabellado pensar que a tal dislate no fuera ajena la insidia diplomática de París, toda vez que después, al sobrevenir la ocupación marroquí del islote por gendarmes en bañador - que remedaban así la condición «civil» delo que fue la Marcha Verde sobre el Sahara -, vetara Francia el apoyo de la Unión Europea a la postura y razones de España. Considerado lo que pasó desde esta perspectiva, la subsiguiente alineación de España con el eje anglo-americano en el asunto de Iraq, no sólo habría sido consecuencia de la sucia jugada francesa en Bruselas, cuando la crisis del Perejil, sino, fenomenológicamente, efecto de la grave torpeza del viaje de Zapatero a Rabat. Ocurrió antes de que la Francia de Chirac impidiese que nos llegara el cable que Europa nos daba, y fue la diplomacia norteamericana la que nos largó el cabo y resolvió lo peor de la crisis con Marruecos.

Desde un planteamiento causa¿, cabe preguntarse: ¿si Zapatero y Chirac se hubieran estado quietos, habrían ido a Iraq los soldados españoles? Pero como pasó lo que pasó y desde Washington se nos echó una mano, las cosas no podían llegar a otra parte que a la que llegaron. Ya montaron entonces las izquierdas el folión y la protesta por el capotazo de Colin Powell. ¿Qué cobertura o referencia de terceros tendrá ahora la relación hispano-marroquí, cuando EE.UU se traga el sapo tras del escopetazo político de Zapatero, que retira las tropas como si fuera Franco, sin reunir el órgano constitucional de decisión que es el Consejo de Ministros ¿Dará Chirac a Zapatero la solidaridad que le negó a Aznar cuando el Perejil? ¿Se avendrá Mohamed VI ahora con España, cambiando su diplomacia igual que lo hace este Gobierno?

En política no hay regalos ni milagros, especialmente en política exterior: la de más crudo y descarnado realismo. En todo caso, Rabat es antesala de París, a donde el presidente del Gobierno llegará dando una vuelta por Berlín. Pero lo de «los intereses europeos» merece comentario aparte, con ayudas para el aceite y el algodón.

ANTISEMITAS
Por Jon JUARISTI ABC 25 Abril 2004

ERA de temer que, tras la arrolladora Revolución de Marzo, comenzaría más temprano que tarde el desuello de los constitucionalistas vascos (me incluyo en el lote, qué remedio). Atacó primero y a tribuna abierta, desde el órgano de la progresía posnacional, un torquemada en ciernes del que, si persiste, quizá oigamos hablar en los próximos tiempos. Como no daba nombres, tampoco mencionaré el suyo (para qué andar con subterfugios: lo he olvidado). Ya entrado el abril lluvioso, el antropólogo Juan Aranzadi nos sacudía a su sabor en un periódico catalán. Había leña para todos, pero, muy en particular, para Savater y un servidor de ustedes. Permitan que me limite a glosar lo que me correspondía. No se trata, lo comprobarán enseguida, de un ejercicio de narcisismo, sino de pura pertinencia narrativa.

 Escribía Aranzadi de mí que, «convertido al judaísmo y al sionismo, bautizó a los constitucionalistas, ebrio de retórica, como los judíos de Euskadi». Nunca he afirmado tal cosa, sobra decirlo. Lo más cercano a esto que aparece entre todo lo que he escrito es: «No estoy seguro de si los socialistas terminaremos siendo los judíos de Euskadi». Pero la frase no es mía, sino una cita de un artículo del profesor y militante del PSOE Andrés de Blas.

Dicho artículo y el mío, que recoge la frase entrecomillada con mención expresa de su autor, son de 1987. No tiene demasiada importancia, pero ahí queda eso. Añadía Aranzadi que el que suscribe «no ha tenido empacho en aplaudir públicamente en artículos de prensa los asesinatos premeditados de palestinos». Como saben mis lectores, no suelo escribir de otra cosa. La primera imputación que me hace Aranzadi puede atribuirse a confusión o desmemoria, cuando no a simple ebriedad (tres dones que asisten de antiguo al benemérito antropólogo). La segunda es parte indispensable de la retórica antisemita que hoy se lleva en Europa: los judíos asesinan o aplauden asesinatos. Por eso los queremos tanto. 

En su último número, el semanario de información general (es un decir) más leído en las Casas del Pueblo y que dirige José García Abad dedica dos páginas a comentar elogiosamente el varapalo de Aranzadi a Basta ya!, en un artículo firmado por Luis G. Del Cañuelo. Se destaca en un recuadro la frase siguiente: «Asegura Juan Aranzadi que Juaristi se ha convertido al judaísmo y al sionismo». Para que no quepan dudas acerca de qué Juaristi se habla, el recuadro en cuestión aparece bajo mi fotografía. Por supuesto, no es una caracterización inocente del allí retratado. En Aranzadi, el antisemitismo tiene que ver con algo que cualquiera que le conozca o haya leído identificará fácilmente como un grave trastorno paranoico. El artículo de Cañuelo supone, por el contrario, la incorporación deliberada del antisemitismo, vía Aranzadi, al discurso mediático de la izquierda dialogante, y esto sí que representa una desagradable novedad, al menos en España (como Alain Finkielkraut ha observado, ya hace tiempo que, en Francia, la judeofobia está en el campo progresista y no en el de los fieles a Vichy).

 No es, en efecto, inocente ni casual que el antisemitismo de izquierda emerja justamente ahora, tras la incondicional rendición de la nueva mayoría a la yihad. Basta desempolvar los rudimentos de la dialéctica del amo y del esclavo para entenderlo. El odio del que se somete se dirige contra quien resiste, y quien resiste al terrorismo islámico, hoy por hoy, es Israel. La izquierda europea -y la española- ha decidido que la verdadera y única resistencia está en las bombas humanas palestinas. Error garrafal. No hay diferencia entre los terroristas suicidas de Jerusalén y los de Leganés. El empeño en distinguir entre sus móviles (que son los mismos) es correlativo a la disolución de los matices semánticos que marcan la diferencia entre los conceptos de judío e israelí. Queridos Cañuelo y demás familia: bienvenidos a la Europa antisemita. Bienvenidos a la Europa criminal. 

EL EJE
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 25 Abril 2004

 «LO que es bueno para Europa es bueno para España», había dicho José Luis Rodríguez Zapatero en la sesión de investidura, con la audacia del pensador débil. Así que la nueva ministra de Agricultura se fue a Luxemburgo a «dialogar» con sus colegas europeos con una confianza ciega. ¿Cómo podría abandonar a España el Eje franco-alemán, los amigos de Moratinos? Si los socialistas habían conseguido romper la coalición con Estados Unidos, ¿cómo no iban a apoyarnos en las subvenciones a los cultivos de tabaco, aceituna y algodón?

 Tan segura de sí misma se fue Espinosa al Consejo de Ministros de Agricultura de la Unión, que ni siquiera quiso que la acompañara su antecesor Cañete, a pesar de que éste pasa por ser uno de los políticos que mejor conoce los complicadísimos entresijos de la Unión en esta materia. La nueva ministra quería cortar ella sola la cinta del éxito. 

Nos lo han negado todo. Nunca un ministro/ministra ha llegado a hacer tanto daño y de modo tan prematura a tantos miles de compatriotas, agricultores en este caso. Es el primer pago que le hacen los alemanes y los franceses al Gobierno de Rodríguez Zapatero después de su apoyo incondicional durante la guerra diplomática de Irak. 

A partir de esta experiencia, Rodríguez Zapatero debería reconocer que «lo que es bueno para Francia y Alemania no es necesariamente bueno para España». No hace falta que llegue a afirmar con Maquiavelo que «todo lo que es bueno para Francia y Alemania es malo para España». 

¿POR qué Zapatero llegó a lanzar una proclama tan ingenua y tan disparatada? Sencillamente porque quería presumir de un europeísmo independiente frante al europeísmo atlantista de José María Aznar y porque lo único que les preocupa a los socialistas es lanzar mensajes de signo contrario a todo lo que puedan parecer convicciones de la derecha. Esta obsesión explica el giro que ha dado Zapatero a la política exterior impulsada por Aznar y que intenta justificar al decir que tan sólo trata de recuperar una línea tradicional. No es verdad. González se entregó a las directrices de Bush padre con un entusiasmo tal, que llegaron a adorarse mutuamente.

Es verdad que la estrategia de José María Aznar fue mucho más ambiciosa: comenzó con unas relaciones personales e ideológicas muy fuertes con Blair y, a partir de ahí, empezó a configurar una nueva concepción del atlantismo europeo frente al Eje. Toda esta política razonable y coherente llevó a España a ocupar una posición en el mundo que no había tenido desde hacía siglos. Algo que no podía admitir el PSOE. Así que utilizó a fondo la guerra de Irak y la demagogia del pacifismo para arrastrar a toda la izquierda e identificarse con las posiciones de la «Vieja Europa». La masacre del 11-M fue decisiva para, en ese contexto, llevar al poder al PSOE y derribar al partido más peligroso para el Eje franco-alemán: el partido de Aznar. 

UNA de las desgracias que nos ha traído la rara victoria de los socialistas del 14 de marzo ha sido el giro en nuestra política exterior o, dicho de otra manera, la renuncia de España a ser alguien en el mundo y la recuperación de la hegemonía franco-alemana. Por esa razón resulta especialmente sangrante que ni siquiera aquéllos por los que ha sacrificado España su protagonismo en la escena internacional hayan querido compensarla con unos miles de millones de euros. Cornudos y apaleados. ¿Sucederá lo mismo con Marruecos? Zapatero viaja ahora al conflicto del Sur sin el apoyo de Colin Powell y sin haber leído a Maquiavelo. Estoy más que preocupado. En este caso no se trata de unos miles de millones de euros. Aquí nos jugamos Ceuta y Melilla.

LA DULCE VECINA
Por Jaime CAMPMANY ABC 25 Abril 2004

POR decirlo en lenguaje diplomático, acabamos de hacerle una higa a Estados Unidos y nos hemos dado el pico con Francia, y don Miguel Ángel Moratinos, flamante ministro de Exteriores del Gobierno de Zapatero, dice que hemos recuperado el «espíritu de familia». Lo más probable es que Moratinos se refiera, en lenguaje no sólo diplomático sino metafórico, al espíritu de la Europa Unida. Sale «afrancesado».

 Los besuqueos con Francia, entendidos como «espíritu de familia» no han llegado en un momento especialmente oportuno, por más que el propio Moratinos haya avisado en el orgasmo político de su toma de posesión de que «Moratinos rima con tino». Pase lo de la rima, aunque para que la rima sea consonante sobra una ese, y para que sea asonante falta la elegancia de que sean desiguales las consonantes de las dos sílabas rimadas. Pero pasar por lo del tino resulta más fuerte.

 Después de muchos años de «santuario francés» para la banda etarra, Francia nos ayuda muy eficaz y diligentemente en nuestra larga lucha contra el terrorismo. Por ello merece nuestra gratitud más encendida, por más que la impagable colaboración haya tardado tanto en llegar y por más que llegue cuando los etarras empezaron a reivindicar con más fuerza las provincias francesas de su mapa del País Vasco y a hacer fechorías en tierra francesa. Por allí se han paseado durante años como Pedro por su casa y allí han terminado por organizar movimientos independentistas, por montar polvorines, fabricar bombas y robar explosivos.

 Por lo demás, en nuestras relaciones con Marruecos, siempre difíciles, mucho más desde la «marcha verde» y con la eterna reivindicación de dos ciudades secularmente españolas y carne de España misma, Ceuta y Melilla, Francia siempre, siempre, siempre, se ha inclinado a favor de Marruecos. Ayer, en estas mismas páginas, Luis Ayllón nos ofrecía un recordatorio del desvío y la esquivez de nuestra dulce vecina hacia nosotros y en beneficio de Marruecos, donde de antiguo ha querido tener más influencia que España y gozar de mayor predilección que ella.

 Y eso ha sido así siempre, desde los años de «la guerra del moro» hasta la peripecia de Perejil, pasando por los forcejeos sobre la pesca, por la falta de acuerdos sobre la inmigración ilegal y por el enredado conflicto del Sahara español. Cuando se produjo el episodio del islote de Perejil, y España buscó apoyo en Europa, Francia fue la primera que dijo que eso era asunto exclusivamente nuestro y no europeo. «Allá te las compongas tú con los marroquíes, y lo mejor es ceder, hermano», nos dijo con evidente y tierno «espíritu de familia».

 Y ahora, cuando la torpeza y la soberbia de una ministra novata, que no sólo ignoraba la «espinosa» cuestión que se debatía y la importancia de lo que se disputaba, sino que rechazaba el asesoramiento leal de su antecesor en el Ministerio de Agricultura, dejaba a España a la luna de Valencia en la producción de aceite y de algodón, Francia terminó por llevarse las ayudas que a España habrían correspondido. Pues, querida y entrañable hermana francesa: zuréate todo cuanto quieras con Moratinos, pero no nos mandes más pruebas de cariño familiar como hasta ahora.

LA TÉCNICA DE LA DESMEMORIA
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 25 Abril 2004

SE ha escrito que somos lo que recordamos. Pero la memoria es casi siempre un proceso intencional, selectivo, que procura la salvación personal o colectiva, adaptándola a lo conveniente, a un presente que no se quiere interferir con la sombra del pasado. El alcance retrospectivo de la memoria es directamente proporcional al deseo de olvido, y de ahí que muchos en España se hayan acostado el día 13 de marzo pasado como adalides de los populares y el 14 hayan regresado al sueño nocturno transformados en entusiastas zapateristas. El valor de la coherencia -por no hablar de la lealtad- se ha relativizado en un grado tan extremo que llega a distorsionar el pasado reciente de tal manera que, para alucinación general, protagonistas privilegiados de las legislaturas anteriores se presentan ahora públicamente como perseguidos por sus otrora amigos, y no faltan consejeros áulicos que lo fueron de Aznar que cumplen, sin transición ni pudor, la misma función con el nuevo presidente del Gobierno.

Se trata de clamorosos casos de amnesia, de supresión fulminante del recuerdo para que el pasado próximo no les incomode en un presente que contempla la labilidad de sus convicciones y lealtades. Claro que, de prosperar su propósito de acomodo en la nueva situación, la responsabilidad será mayor de los lisonjeados que la de los halagadores, porque ¿quién garantiza a los nuevos poderosos que, cuando cambien las tornas, quien traicionó no vuelva a perpetrar el engaño? Nadie, pero en esta etapa inicial del Gobierno socialista hasta de los equilibristas se saca partido, teniendo en cuenta que los vencedores son los más interesados en que se borre el recuerdo de lo que prometieron. Es una connivencia interesada y provechosa para ambos. Al menos, por el momento.

Más grave que la fragilidad de memoria biográfica de algunos es la amnesia del propio Gobierno del PSOE, que parece haberse negado a sí mismo el beneficio de los cien días. En apenas una semana ha incumplido en el fondo y en la forma sus solemnes compromisos beatíficos. El caso de la retirada de las tropas de Irak es una impostura porque no se atuvo ni al plazo comprometido ni a la búsqueda del amparo onusiano, procurando para España una crisis de imagen y credibilidad de graves aunque diferidas consecuencias.

Suspender la Ley de Calidad -ley vigente en plenitud- ¿qué tiene que ver con el consenso y el sentido institucional? El cese fulminante del fiscal general del Estado, no sólo ha infringido el procedimiento establecido, sino que, innecesariamente, ha sido lesivo para la honorabilidad de Jesús Cardenal, casi tanto como la despedida del embajador de España en Marruecos, Fernando Arias Salgado.

Anunciar que el capítulo de la Ley del PHN relativo al trasvase del Ebro se suspenderá por decreto-ley, desmiente el papel que se pretende para el Parlamento y sentencia una decisión en la que Levante y la Andalucía más oriental no han sido ni siquiera considerados, en tanto que se mantiene el trasvase del Ródano para las necesidades de Barcelona. ¿Qué decir del nombramiento del director del CNI tras proclamar que se producirían los nombramientos con la máxima idoneidad de los designados? ¿Y con la supresión manu militari de la Dirección General de Protocolo o el galimatías del mando único para Policía y Guardia Civil?

Los intereses de España en el sector del olivar, el algodón y el tabaco parece que hubiesen requerido menor grado de soberbia para obtener un resultado razonable mediante la unidad de esfuerzos negociadores con el equipo anterior ante la UE. Pues tampoco. Ítem más: la ministra de Sanidad anuncia que la investigación con células madre sólo tendrá el «límite de la Constitución», despreciando el debate y reflexión sobre su carácter ético que viene de tiempo atrás, aquí y en todos los países occidentales. En la misma línea, la liberalización del aborto, el matrimonio de los homosexuales y la supresión del carácter opcional y evaluable de la asignatura de Religión, parecen materias exentas de ese talante de diálogo y consenso que se proclama hasta el hartazgo.

Si se empieza desmintiendo con hechos rotundos las formulaciones verbales, ¿qué posibilidades existen para que, desde la discrepancia normal, sea posible la benignidad crítica en los tradicionales cien días? Pocas, salvo que ese centenar de jornadas sea la añagaza formal para perpetrar con despotismo una política de hechos consumados, amparados en las buenas palabras, sobre los que recaería, como es típico en España, una amnesia general. La memoria, sin embargo, llama a tres principios no declinables: a la lealtad y la coherencia personales; a la exigencia del cumplimiento de las promesas formuladas y al sentido crítico. Por incómodos que en estos tiempos de euforia -más antiaznarista que otra cosa- resulte mantenerlos.

Multiculturalismo a bombazos
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 25 Abril 2004

LOS TERRIBLES acontecimientos que estamos viviendo en las últimas semanas resaltan nuevamente el gran interés del libro de José Manuel Romay Lecturas para estos tiempos sobre sociedad abierta, globalización, inmigración y multiculturalismo, que es un catálogo de los planteamientos liberales propios de la sociedad abierta que propugna. De dramática actualidad, su resumen de las cuestiones que plantea Sartori acerca de la inmigración y el multiculturalismo: el problema no se puede resolver, ni siquiera atenuar, acogiendo a más inmigrantes. El multiculturalismo también resulta diferente del pluralismo propio de las sociedades abiertas popperianas , pues sería una variedad y multiplicidad que se exigiría fomentar y proteger. Los inspiradores de esta ideología multiculturalista serían un grupo de neomarxistas británicos y americanos que, quizás conscientemente, sustituyen la lucha de clases por otra «cultural» antisistema. El pluralismo no refuerza sino atenúa las identidades con las que se encuentra, mientras que el multiculturalismo crea identidades reforzadas, aisladas y condenadas más pronto o más tarde a la confrontación latente o violenta. ¿Qué tolerancia del pluralismo sería la deseable o, al menos, la que permitiría subsistir al sistema democrático occidental? Sartori expone tres criterios: la tolerancia prohíbe el dogmatismo, no consentir comportamientos que nos hacen daño, el principio de reciprocidad. Y hasta aquí la exquisita corrección expositiva del político liberal coruñés.

 En España, además del multiculturalismo nacionalista desde el siglo XIX, tenemos otra amenaza. Parece evidente que el actual Islam, que utiliza a la inmigración ignorante y desarrapada como caballo de Troya del fanatismo y la destrucción, tan lejos del civilizador Abentofail en la Granada del siglo XII, constituye una grave amenaza para la sociedad abierta española.

Vienen tiempos duros
ARTURO PÉREZ-REVERTE www.capitanalatriste.com El Semanal 25 Abril 2004

El problema de escribir esta puñetera página es que hay que hacerlo con dos o tres semanas de antelación, y nunca sabes qué ocurrirá mientras tanto. Aun así, en España no resultan difíciles ciertas predicciones: te apuntas a lo peor y aciertas siempre. O casi. Para eso los militares tienen una fórmula: dispuestos para la hipótesis más probable pero preparados para la más peligrosa. Razonable, ¿verdad?… Pues no. Aquí nadie se prepara para nada. Nos adaptamos sobre la marcha, y que salga el sol por Antequera. Y claro. Todo nos pilla de sorpresa: la nevada, el apagón, las lluvias, la operación salida, la operación retorno, el terrorismo islámico. O sea, todo. Nadie lo ve venir. Manda huevos.

Lo del terrorismo islámico, por ejemplo. En los últimos treinta años, desde el Pesoe al Pepé sin olvidar a la Ucedé y vuelta al Pesoe, o sea, desde que palmó Franco hasta el 11-M, el asunto musulmán se la estuvo trayendo floja a todo cristo con mando en plaza: desidia, incapacidad, falta de medios operativos, ignorancia extrema de la realidad árabe, ausencia de política magrebí, marginación de los especialistas, etcétera. Lo que, en un país con la tradición y experiencia moruna del nuestro, clama al cielo. A eso hay que añadir, como guinda, una inmigración masiva cuya regulación, asentamiento e integración se basa en la indiferencia del Estado, la codicia de los empresarios y la demagogia absoluta de tanto cantamañanas que confunde la realidad con la canción del negrito y la ucraniana de –por otra parte inmenso– Joaquín Sabina.

Así que voy a hacer un par de predicciones. Y no digo que las voy a hacer gratis, porque este artículo lo cobro: Aramís Reverte Fuster, pero sin tetas. Previsiones, por cierto, que podría hacer cualquier idiota. El terrorismo moderno, para abreviar, sólo se combate con leña; y sus principales aliadas son las leyes mismas, unidas a la demagogia y la falta de agallas. Hoy, el arma clave del terrorismo en Europa son precisamente las garantías legales, los derechos ciudadanos adquiridos durante siglos con esfuerzo y sacrificio: el delincuente y el terrorista se protegen con ellos mientras los vulneran o destruyen. Conseguir el delicado equilibrio entre libertad y seguridad no se improvisa; hace falta decisión política, honradez e inteligencia. Controlar ciertas libertades individuales es peligroso, pero también lo es cerrar los ojos a la realidad, y que, por ejemplo, los expertos franceses y británicos alucinen preguntándonos cómo carajo queremos combatir el terrorismo con demagogia y la puntita nada más. Por cierto: seguro que a nadie se le ha ocurrido estos días darse un garbeo por los barrios de población inmigrante magrebí y ver lo preocupada que está la gente mayor y lo envalentonados que andan algunos chiquillos con tanto islam y tanta Palestina en la tele y tanto americano linchado en Iraq. Pero claro. Mirar hacia otro lado es más socialmente correcto y no le complica a uno la vida. Ni te llaman fascista.

Por eso dudo que nuestra –con las excepciones de rigor– infame clase política, acostumbrada a abalanzarse cada mañana sobre los periódicos para ver si sale su foto, tenga la firmeza democrática, la falta de complejos y los cojones suficientes para encarar los nuevos desafíos. Y como hacer terrorismo de mochila está chupado, y los jueces, por si acaso, seguirán cogiéndosela con papel de fumar hasta para pincharle el teléfono a Bin Laden, y cada investigación policial será detallada en conferencia de prensa por el ministro del ramo, alertando a los malos sobre sus aciertos y errores a fin de demostrar que para transparencia democrática la que tenemos en este país de gilipollas, resulta, señoras y señores, que vienen tiempos muy duros. Y que aunque durante los próximos cuatro años el Gobierno no va a estar todo el día meando agua bendita, porque de momento se les acabó el chollo a los Legionarios de Cristo, a Kiko Argüello y a las Siervas de San Apapucio, me temo que los nuevos gobernantes seguirán practicando la cristiana propensión a poner la otra mejilla. Quiero decir que nos las seguirán dando ahí. A todos. Va a ser divino de la muerte, oigan: Alá ajbar por un tubo, los geos cascando por las prisas, los infelices magrebíes inocentes –hasta que los hagamos dejar de serlo– pagando el pato de la xenofobia y el cainismo hispanos, y los nacionalistas, allá en su pueblo de Astérix, cobrándoselo en carne, como siempre.

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