AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 29 Abril 2004
TERROR GLOBAL
Editorial ABC 29 Abril 2004

El PSOE juega con fuego
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  29 Abril 2004

Terrorismo y libertades civiles (y 2)
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ  El Correo  29 Abril 2004

Inexcusable exceso verbal
Editorial La Razón  29 Abril 2004

REVOLUCIÓN Y TERROR
CÁNDIDO ABC 29 Abril 2004

El debate
Gregorio ROBLES La Razón  29 Abril 2004

Un odio increíble
Fernando Chueca Goitia  La Razón  29 Abril 2004

¿Una comisión que investigue el PFFR
EDITORIAL Libertad Digital  29 Abril 2004

Zapatero contra la ONU
GEES Libertad Digital  29 Abril 2004

El poder es el poder
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  29 Abril 2004

El repliegue de la democracia
Jorge Vilches Libertad Digital  29 Abril 2004

La política del abandono
Alejandro Muñoz-Alonso La Razón  29 Abril 2004

Debilidades y renuncias de ZP
Francisco Marhuenda La Razón  29 Abril 2004

La culpa, de los terroristas
Carmen Gurruchaga La Razón  29 Abril 2004

No a la retirada de las tropas
Cartas al Director ABC 29 Abril 2004

Cuestión de procedimiento
Editorial El Correo  29 Abril 2004

Confidentes policiales fueron los encargados de proporcionar los explosivos utilizados en el 11-M
Libertad Digital 29 Abril 2004

Renuncia la edil socialista que ETA intentó matar en Portugalete
JOSÉ DOMÍNGUEZ BARAKALDO  El Correo  29 Abril 2004

Esfuerzo y conocimientos
FRANCESC DE CARRERAS Asociación Tolerancia  29 Abril 2004

 

TERROR GLOBAL
Editorial ABC 29 Abril 2004

EN una sola jornada como la de ayer y sin necesidad de referirse a lo que sucede en Irak, se acumulaban las noticias alarmantes sobre erupciones de violencia religiosa en el sur de Tailandia, los ataques terroristas en Damasco y de nuevo las represalias de Israel contra los radicales palestinos en Gaza. No hace ni dos meses que se produjo el atentado de Madrid y la geografía de la violencia ha alcanzado la escala planetaria.

Del mismo modo que las modas en el vestir, las canciones o las películas de cine circulan de una punta a otra del mundo, también el odio, el fanatismo y la intemperancia se propagan por todo el planeta a velocidad de vértigo. No solamente circulan los terroristas, que se esfuerzan por demostrar que son capaces de golpear en cualquier país, sino que también expanden con ellos sus ideas como si fuera un virus letal. Asistimos sin duda a la globalización del terrorismo.

Se pueden encontrar muchos argumentos para explicar los diversos orígenes de este fenómeno, pero a estas alturas no se puede ocultar que uno de los más importantes es la crisis en la que se encuentra la religión islámica, acosada por su lado más oscuro y tenebroso. Frente a los comprensibles anhelos de paz que -como se ha visto- predominan en las sociedades europeas, se alza día a día la voluntad asesina de aquéllos que han declarado la guerra al mundo, al progreso y a la civilización occidental, utilizando falsamente argumentos religiosos.

A pesar de las terroríficas evidencias que inundan la actualidad, para una parte muy importante de la sociedad española sigue siendo difícil de comprender que un capítulo fundamental de ese combate está ocurriendo en Irak, donde esa multinacional de la violencia lucha desesperadamente por ocupar el vacío que dejó la caída del régimen de Sadam Husein y la desafortunada decisión norteamericana de disolver los órganos de seguridad iraquíes.

La obstinación en creer que la retirada española de Irak contribuye a la paz, equivale a decir que uno está a salvo de las infecciones sólo con cerrar los ojos. Pero ahora muchos parecen desear que la crisis se agrave hasta hacer caer a la actual Administración norteamericana -como sucedió con el Gobierno del Partido Popular- sin querer darse cuenta de que están tratando de extinguir un incendio rociándolo con gasolina.

Juzgar la oportunidad de la invasión de Irak es un ejercicio legítimo y necesario, pero ignorar la amenaza real que en estos momentos se cierne sobre Occidente sería una actitud suicida. Como declaró en una ocasión a este diario el general norteamericano Ricardo Sánchez, comandante en jefe norteamericano en Irak, «si perdemos esta guerra, en la próxima tendremos que pelear en nuestros países».

El PSOE juega con fuego
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  29 Abril 2004

Si uno no conociera la inmensa capacidad destructiva del felipismo y el grado de sectarismo sansonita -es decir, suicida de puro criminal- al que puede llegar el PSOE en su odio a la derecha, no podríamos creernos que un ministro del Interior que sólo lleva diez días en el cargo se lance de buenas a primeras, sin mediar disputa o acaloramiento previos, a imputar al Gobierno saliente nada menos que la responsabilidad política de la masacre del 11-M. Y que lo argumente diciendo que las Fuerzas de Seguridad del Estado advirtieron reiteradamente que podía suceder lo que, finalmente, sucedió. Eso es llamar asesinos a Acebes y a Aznar y, por más que lo adverbialice el señor Alonso, un asesinato "políticamente hablando" sigue siendo un asesinato. Y, desde luego, es una imputación que el PP debe llevar de inmediato a los tribunales porque, además, Alonso no se desdijo luego de su atroz acusación, sino que insistió y machacó en la que sin duda es una de las ideas-fuerza de Rubalcaba y compañía para las elecciones europeas: el 11-M es responsabilidad del PP.

La duda es si el PSOE, que necesita del PP para su funambulismo constitucional, juega con fuego porque le gusta ver a la derecha a la defensiva o para evitar que pase a la ofensiva ante las crecientes y fundadas sospechas, tras el espeluznante informe de Fernando Múgica en El Mundo, de que agentes de la Policía al servicio del PSOE traicionaron al Gobierno legítimo al que como funcionarios deben servir para favorecer electoralmente a la oposición. Como mínimo, a partir del 11-M y hasta el 14-M. Pero eso como mínimo. Los puntos negros del 11-M se convirtieron en agujeros y ahora hay una enorme masa de antimateria político-policial que cada día convence más a la derecha de que a ciertos niveles y en determinados momentos hubo una auténtica conspiración para asaltar el poder imputándole al PP los muertos del 11-M.

Que la operación de agit-prop del PSOE y la SER no fue un simple calentón, fruto o reflejo del susto que pasaron cuando en un primer momento creyeron que el atentado era obra de ETA y que el PP podía arrasar electoralmente a Zapatero y a sus aliados de Barcelona-Perpiñán, lo prueban dos hechos a cual más escalofriante, ambos posteriores a la victoria del PSOE. El primero fue la manifestación de Leganés tras la muerte de los terroristas islámicos del 11-M, encabezada por el alcalde socialista, la vicepresidenta primera del Gobierno, sus aliados comunistas y la brigada de tiriteros totalitarios, una manifestación que no se dirigió contra el terrorismo islámico sino contra el Gobierno del PP y con pancartas del "No a la guerra de Irak". Manifestación, por cierto, que adquiere más lúgubres y deliberados tonos de provocación calculada cuando se sabe, por confesión de la propia vicepresidenta, que Zapatero ya había tomado la decisión de engañar al Parlamento y retirar nuestras tropas por sorpresa (o a traición) para que llegaran a tiempo de votar en las elecciones europeas. Aquí están.

El segundo hecho ha sido esta provocación del ministro del Interior acusando en la práctica de negligencia criminal al Gobierno de Aznar por no haber evitado el 11-M. Esto ya no son casualidades ni improvisaciones. Es una estrategia de destrucción deliberada de la derecha, de cualquier alternativa democrática y de defensa de España por parte de los que no quieren que haya alternativa de poder y de los que no quieren que haya España. El PSOE juega con fuego, porque hasta esta derecha entre pánfila y suicida puede defenderse si ve que la matan. De momento, el que está en las llamas es el PP, pero ojo al cambio del viento, que también los pirómanos pueden acabar ardiendo.

Terrorismo y libertades civiles (y 2)
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ/PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA DE LA VIOLENCIA El Correo  29 Abril 2004

El capítulo anterior de este artículo ponía el acento en la necesidad de hacer de la lucha contra el terrorismo un asunto de política criminal y no de política de guerra. Igual que ocurre con el narcotráfico, si redujéramos la demanda, es decir, el mercado de alimentación del terrorismo, lo cercaríamos en el interior de una presa.

Demasiados intelectuales han argumentado ya que las desigualdades sociales están en la raíz del terrorismo. No todas las desigualdades generan terrorismo. El diagnóstico no es tan simplista. Sin embargo, si se impulsaran los gobiernos democráticos y transparentes en todo ese mundo árabe que tan voluntariamente ha sido sometido a la oscuridad medieval de regímenes dictatoriales apoyados por un Occidente ciego y torticero, el crecimiento de una clase media entre la confesión musulmana probablemente atenuaría el caldo del cultivo terrorista. La clave es el Estado de Derecho, Estado de Derecho para el gobierno de los países árabes y Estado de Derecho para truncar el terrorismo.

La guerra contra el terrorismo está incorporando, además, un efecto colateral perverso sobre las sociedades victimizadas por la criminalidad organizada. La militarización de la óptica de actuación está primando los enfoques duros de seguridad en detrimento de una seguridad simbiótica con las libertades civiles. Esta aproximación también alimenta el modelo mental del terrorista, uno de cuyos escenarios preponderantes pasa por conseguir un estado de opresión tal de la población donde actúa que sea tan insoportable para ésta que acabe reaccionando contra sus propios gobiernos, exigiendo concesiones a favor de las demandas terroristas. Es el clásico ciclo acción-represión-acción. ETA ha estado practicando este juego durante décadas, afrotunadamente sin éxito estratégico alguno por mor de la madurez de la sociedad española. El recorte de libertades civiles a la población para protegerla de la acción del terrorismo es justo uno de los objetivos estratégicos del terrorismo.

O sea, tenemos terroristas que asesinan creyéndose soldados, gobiernos que los 'guerrean' tratándolos como tales y poblaciones progresivamente sometidas a la presión de la seguridad. La solución no puede pasar únicamente por la seguridad. Por mejor decir, la seguridad no ha de ser control bruto y global sobre la población. De nuevo, la estrategia más eficiente debe pasar por dotar a la necesaria seguridad de propiedades selectivas y quirúrgicas, que no signifiquen recorte de las libertades civiles que nuestras sociedades han conquistado durante siglos y que, de estar implantadas en las sociedades árabes, habrían reducido el germen terrorista a pantanos enquistados como ETA, a la que ya segaremos la hierba bajo los pies si nuestra clase política logra finalmente entender las mínimas peculiaridades del asunto.

El ingrediente que optimiza la ecuación más eficiente contra el terrorismo no es la seguridad, sino la inteligencia. La seguridad pura y dura es eminentemente reactiva y ofrece margen a la adaptación del terrorismo. En cambio, la inteligencia es proactiva, preñada de capacidades preventivas y, circularmente, orientadora de las propias medidas de seguridad, que subsidiariamente serían racionalizadas. En los aeropuertos de EE UU están obsesionados con los zapatos de los viajeros de vuelos comerciales desde que se descubrió a un islamista en un avión, desposeído al parecer de sus facultades mentales, con un cable letal asomando por la suela de su calzado. Supongo que estarán pensando que el siguiente atentado se verificará en otro avión con un tipo llevando las bombas en sus zapatos. No quiero imaginar cuáles pueden ser las consecuencias, en correspondientes medidas de seguridad, de un atentado perpetrado por un terrorista suicida que transporte un mecanismo bomba alojado en la porción última del intestino grueso de los vertebrados. Vaselina en las maletas, por favor.

Pues bien, inversión en capacidades de inteligencia es el remedio. Una inteligencia sometida a mecanismos de control judicial y parlamentario es, por ende, la vía más sensata para compensar el recorte enloquecido de las libertades civiles que algún ánimo autoritario siempre puede tener propensión a implantar excusándose en la todopoderosa seguridad o razón de Estado. Superada la inteligencia oscura de la Guerra Fría, la inteligencia moderna es entendida como un resorte de la libertad del ciudadano. Y la inteligencia debería ser tan global como la criminalidad organizada del terrorismo que pretende revocar. Idealmente, cabría pensar en un órgano supranacional de inteligencia enclavado en la ONU. Sin embargo, en la actualidad sería tan inoperante como el propio Consejo de Seguridad para mantener la paz. Una utopía.

Habría que comenzar por la Unión Europea. El Tratado de Roma introdujo una comunidad económica, Schengen la libre circulación de personas, mercancías y capitales, y el Tratado de Ámsterdam el espacio de libertad, seguridad y justicia. Los ahora veinticinco países miembros de la Unión comparten un horizonte hacia el que se avanza, paulatinamente, para ampliar y reforzar los mecanismos del imperio de la ley como base para la contención de las amenazas, sin menoscabo del Estado del bienestar. La idea de Europa, y lo hemos podido ver en la configuración de una opinión pública volcada hacia el multilateralismo y la diplomacia con ocasión de la guerra de Irak, es consuetudinaria con las libertades civiles, con la primacía de los mecanismos de gestión muldimensional de las crisis por encima de la contumacia del uso de la fuerza. No obstante la opinión (Robert Kagan) sobre la necesidad de que la unipolaridad militar de EE UU compense la debilidad política y decisoria de la 'vieja Europa' reunida en torno a la Unión ampliada, la comunidad europea de inteligencia debería ser en un futuro una de las apuestas para encontrar un modo europeo de afrontar el terrorismo.

Si tuviera que sugerirle algo a Zapatero sobre alineamientos de acción en la Unión Europea de los próximos cuatro años, le diría que trazara la propuesta de un espacio europeo de inteligencia. Sería un buen modo de comenzar a reorientar la posición internacional española tras el impacto que, sin duda, se derivará de la decisión de retirar las tropas de Irak. Los componentes de este espacio anclarían su raíz en cinco pilares: el diseño de técnica jurídica de respaldo para el control, y la validación judicial, de los servicios de inteligencia y seguridad en el ámbito de la investigación criminal; la promoción de procedimientos avanzados de obtención de inteligencia, con un decidido envite en recursos y dinero en pro de las fuentes humanas de captación de información, multiplicando los esfuerzos de infiltración y penetración en organizaciones criminales; la potenciación del análisis prospectivo y la interpretación estratégica de inteligencia, contorno en el que Europa está 'in albis'; la inversión en tecnología; y, por último, el intercambio estable y sistemático de información e inteligencia entre agencias. El espacio europeo de inteligencia encarnaría así la articulación transversal para el espacio europeo de libertad, seguridad y justicia.

Libertad, seguridad y justicia es superación de la extradición, orden europea de busca y captura, reconocimiento mutuo de sentencias judiciales, equipos conjuntos de investigación, Europol, Eurojust, planes europeos de lucha contra la droga y la delincuencia organizada. El espacio europeo de inteligencia debería ser información para luchar contra el terrorismo, conocimiento de la delincuencia organizada de la violencia, racionalización de los sistemas de seguridad, protección de la libertad del ciudadano. Significaría estrecha cooperación entre agencias de seguridad al servicio de la ley orientadas a tratar e investigar al terrorista como un criminal pero dotadas de todos los poderes que la seguridad nacional tradicionalmente ha reservado, en una extraña sombra, a las fuerzas adscritas a la defensa del territorio. Es en este punto donde habría que conciliar el solapamiento y la ruptura de límites que la globalización ha desencadenado entre seguridad interior y exterior. No dejando que la ancestral orientación bélica destinada a defender los Estados nacionales absorba la aproximación criminológica de las agencias de seguridad interior, sino a la inversa, arbitrando poderes legales que sustenten una inteligencia para la seguridad contra el terrorismo ecológicamente amigable, valga la expresión, con los derechos civiles que el propio terrorismo quiere arrebatarnos. Inteligencia al servicio de la sociedad. Espacio europeo de inteligencia.

Inexcusable exceso verbal
Editorial La Razón  29 Abril 2004

Por encima del tenso debate parlamentario que siguió a la orden de retirada de las tropas en Iraq, de la suspensión de leyes y otros puntos de desencuentro y discusión entre el Gobierno y la oposición, es al ministro del Interior, José Antonio Alonso, a quien ha correspondido el triste protagonismo de haber encendido la primera gran polémica entre los ejecutivos entrante y saliente. Y, además, con el dudoso honor de haberlo hecho en una materia tan sensible como la lucha antiterrorista. Por eso era de esperar una reacción contundente por parte del PP, y en concreto de su ex ministro Ángel Acebes, ante unas declaraciones en las que afirmó que «hubo una clara imprevisión política» del anterior Gobierno ante los atentados del 11-M. Por el momento, el ministro ha conseguido ya poner en peligro la continuidad del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo a los pocos días de ocupar su despacho oficial.

No ayuda demasiado al retorno del sosiego y la imprescindible colaboración de todos los partidos en esta delicada materia el hecho de que el PSOE, en lugar de asumir el error, haya salido en defensa de su ministro y remache la denuncia de que «hubo imprevisión política» frente al terrorismo islamista.

La respuesta del PP abarca desde la carta que Rajoy ha enviado al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en la que le expresa su indignación, hasta las durísimas descalificaciones del portavoz parlamentario Eduardo Zaplana, en las que vincula el despropósito al «uso absolutamente ilegítimo» que se ha hecho del 11-M para «criminalizar al PP», junto a las del mayor afectado como ex ministro, Acebes, que calificó de «incompetente» a su sucesor y le exige que rectifique ante «una vileza que demuestra que tenemos un ministro del Interior que es un miserable». En cualquier caso, llama la atención que hayan sido sindicalistas de la Policía quienes lamenten esta «guerra de declaraciones» y afirmen que «nadie sabía lo que podía pasar».

No empieza con buen pie su trabajo el magistrado Alonso, el mismo que desde la muy progresista y minoritaria asociación de Jueces para la Democracia se opuso a la ley de partidos que ilegalizó Batasuna, al cumplimiento íntegro de las penas para los terroristas y a las normas legales para combatir el terrorismo callejero. Debe el ministro serenar sus posiciones, pues ya no está en la oposición política, y asumir que está al frente de un departamento donde la incontinencia verbal está fuera de lugar y, además, es tan peligrosa como insensata. Si ayer su exceso abría la puerta a oscuras tramas y a pensar que el PP tenía culpa en los atentados, mañana puede tener que dar cuenta de su propia culpa en todo crimen que se produzca en la calles, por su «imprevisión política», ya se trate de un simple robo o de un atentado terrorista que la Policía no haya podido frustrar.

REVOLUCIÓN Y TERROR
por CÁNDIDO ABC 29 Abril 2004

LA señora Shirín Ebadi, premio Nobel de la Paz, dijo en una ocasión que «la paz del mundo pasa por los derechos humanos» y que «el tiempo de las revoluciones está acabado». Hace dos años escribí aquí un artículo titulado «El tordo de Thomas Hardy» en el que iba este párrafo: ...«el 11 de septiembre del año 2001 el terror sustituyó oficialmente en el mundo a las revoluciones, cuya mitología ha concluido. Las revoluciones llevaban en su seno el terror aunque luego pudiéramos verlas como procesos hacia la modernidad. Sin embargo aquella mañana de sol en la que fueron derribadas las Torres Gemelas, la gran larva del terror consumó su última metamorfosis y abandonó el concepto de revolución que históricamente la justificaba. Aún no nos hemos familiarizado con las consecuencias de ese cambio». Quería decir que, en la práctica, el terrorismo es la nueva revolución mundial. De una manera más o menos laberíntica y mezclada desemboca en él la tradición revolucionaria que va de la Revolución francesa a la rusa pasando por las revoluciones de 1848.

Significativamente el argumento final del terror es el mismo de todas las revoluciones, los derechos humanos, que por lo demás los terroristas destruyen y degradan, y que son trasunto de aquellos Derechos del Hombre proclamados por la Revolución francesa (entre los cuales no estaban ni la igualdad ni la fraternidad) que se oponían a los derechos del rey, a los de las clases altas y a los derechos históricos. En cuanto a la Revolución rusa fue una derivación de la francesa. En el mundo árabe, sin necesidad de recordar a Robespierre y a Saint-Just, el terror es el privilegio de los virtuosos. En ese mundo la virtud cívica se funde con la religión, lo mismo en el caso de los suicidas de las Torres neoyorquinas que en el de Afganistán, Irak, Palestina... Una vez que se han frustrado como revolución las rebeliones sucesivas de las que habla Albert Camus en «L´homme revolté», pues aún no ha habido una verdadera revolución en la historia, el terrorismo islámico aborda la que «tiene que ser» definitiva, la del terror como la revolución misma.

El terror del Islam de este momento no es una excrecencia patológica y a la vez purgativa del orden institucionalizado y de las estructuras de poder occidental que garantizan aquel orden, sino el vehículo estremecedoramente sangriento de un proyecto existencial del mundo árabe que lleva en el fondo una ética radical de la utopía. Así es como la constante revolucionaria de la historia eleva a principio lo que en las dos «rebeliones» triunfantes, la francesa y la rusa, era nada más que un instrumento, el terror. Siendo de ese modo, ¿qué sentido práctico y de aclaración puede tener el adscribir el «martirio» que asumen las vanguardias coránicas, los terroristas que se inmolan, a una forma extrema de delincuencia? Por eso no avanzamos. Los primeros cristianos, que traicionaron la religión de sus padres desde el punto de vista de Roma, fueron considerados delincuentes peligrosos. No mataban a nadie sino que hacían algo peor, exigir al profundamente conservador imperio romano la liquidación de sus dioses en los que fundamentaban el destino y las leyes y la instauración de su dios como el único dios. Aquellas razones de los romanos son esencialmente las nuestras para combatir a los terroristas de Alá.

No hace mucho pregunté públicamente a Maje Dibs, presidente de la Asociación hispano /palestina «Jerusalén», por el papel que juega la religión en el contencioso palestino /israelí. Me respondió que muy secundario, lo que no dejó de sorprenderme. Como no quería amontonar contenciosos opté por callarme. Al término del coloquio se acercó a mí un periodista del diario «Al Qabas», de Kuwait, Said Alami, para decirme que la religión es la clave de ese contencioso, sobre todo, me dijo, por la parte de Israel, que achaca no obstante a los palestinos toda la carga del fanatismo. Al parecer el ejército de Israel, cuando guerrea en territorio árabe, sigue las páginas del Antiguo Testamento como si se tratase de un prontuario militar. Isaías, 19: «Destruir Egipto». Isaías, 13: «Destruid Irak». (Dicho al paso: el motivo por el cual uno de los museos más importantes del mundo, el de Bagdad, fue esmeradamente arrasado por los americanos, estuvo en que allí se exponían pruebas fehacientes de asentamientos árabes en Israel anteriores por miles de años a los asentamientos judíos. Pero dejemos esto).

Sabemos en lo que toca a los palestinos, que una buena parte de los jóvenes, concretamente una cuarta parte de los adolescentes de Gaza, quieren ser mártires, es decir, suicidas «contra» Israel. El catorce por ciento de las muchachas, también. Muchas de ellas han probado ya su fe. Otras la probarán. Van a la muerte revestidas de pureza y no distinguen entre el deseo de matar y el de morir, quizá porque ambos deseos están trascendidos.

Entonces mueren bajo el imperio de la fatalidad que tiene algo de elegancia estoica. Occidente ha olvidado esa manera absoluta de ser. Ha perdido la capacidad de delirio. Esas mujeres suicidas, Wafa Idris, Hanadi Yaradat, Rim al Reyashi, entre otras, eran estudiantes universitarias, madres de familia, tenían una profesión, no eran gente desclasada, opaca o fuera del núcleo decoroso de su pueblo. Sería difícil encontrar en esas vidas la locura o ese ingrediente destructor que suele acompañar a la necesidad patológica de reafirmación o de visibilidad personal. Su estilo era más o menos aproximado al de algunas mujeres que aparecen en la Biblia, Ester, Dalila, Berenice, Salomé, Judit, que asesinó a Holofernes. Todas ellas tienen algún rasgo terrorista y, algunas -Ester, Berenice, Judit- actuaban en nombre de minorías oprimidas. Entre otros resortes de presión usaban de la incitación de su cuerpo como las suicidas de hoy usan las bombas. Y eran igualmente letales.

Un escritor israelí, Amos Oz, adelanta la hipótesis de que el fanatismo es un gen de la naturaleza humana. Sería la mejor manera de que fuese irremediable. La raíz etimológica de fanatismo es «fanum», templo, y Rousseau, en su obra «La profesión de fe del vicario de Saboya» dice que «el fanatismo, aún siendo sanguinario y cruel, es, sin embargo, una pasión grande y fuerte que eleva el corazón del hombre, que le hace despreciar la muerte, que le da un impulso prodigioso y que sólo debe ser dirigida de la mejor manera posible para extraerle las mejores virtudes». Es un párrafo extraño, escrito seguramente contra los enciclopedistas. El hecho es que cuando las revoluciones agotan sus fanáticos, decaen y al fin se desvanecen. El fanático se jubila de romántico. Pero esta revolución del terror ha injertado el fanatismo en el temperamento religioso de sus militantes y, por eso mismo, será imposible devolverlo a su degradación natural.

El debate
Gregorio ROBLES La Razón  29 Abril 2004

En el debate sobre la retirada de las tropas españolas de Iraq, Rajoy estuvo sobrado y Zapatero, sencillamente demagógico. Los demás, salvo Durán y Lleida que apuntó algunas maneras, se acomodaron plácidamente al sol que más calienta. El presidente del Gobierno no contestó a las preguntas del líder de la oposición, quien le acusó, con razón, de mentiroso, imprudente y cerrado al diálogo. Para empezar el curso político no está nada mal. Desde el 11-M todo, o casi todo, ha cambiado en España. No sólo se ha producido un cambio electoral, eso sería lo de menos en circunstancias normales. Lo auténticamente decisivo es que ha triunfado el griterío de la calle sobre la razón, la consigna apasionada sobre el análisis frío. Es cierto que se hace muy difícil mantenerse sereno cuando las bombas asesinas han dejado un reguero de muertos. Pero es sumamente preocupante que un país reaccione arrugándose ante un ataque de esas características. Se puede comprender que mucha gente cambiara su voto, conmovida por la tragedia. Menos comprensible es que un Gobierno ya instituido responda con la huida.

Todo lo que está pasando tiene dos lecturas: una en clave interna y otra en calve externa. Desde la primera perspectiva, la interna, la retirada responde a la necesidad de cumplir la promesa que tantas y tantas veces se hizo, en todo género de manifestaciones y mítines, cuando se pensaba que no habría ocasión de cumplirla. Si no se hubiese puesto tanto énfasis, si no se hubiera exagerado tanto, el ambiente ahora sería diferente. Pero estaban en la lucha electoral, pensando en sus votos antes que en el bien del país. Ya en el poder, después de la que habían armado no les quedaba otra.

Si Aznar no supo explicar que la alianza con EE UU tenía razones estratégicas muy claras, entre las que sobresalen nuestras relaciones con los vecinos del sur y la necesidad de encontrar un camino distinto del tradicional en nuestra política internacional, en el futuro le toca a Zapatero justificar su precipitada decisión cuando tenga reveses en el exterior. Esto enlaza con la segunda perspectiva, que se refiere a cómo nos ven los demás países después de la espantada de Iraq. Creo que nos consideran un país poco fiable, inmaduro, capaz de dar bandazos y de desdecirse de la noche a la mañana.

El cambio de Zapatero en horas venticuatro, del 30 de junio a ya mismo, ha dejado a muchos países con la boca abierta. Uno no puede irse de los sitios cuando caen chuzos. Todo hace pensar que el Gobierno no habría retirado las tropas si éstas se hubiesen encontrado en una situación placentera y sin disparos en la «apacible zona hortofrutícola», que dijo Trillo. Habría aplicado entonces la doctrina de la reconstrucción de Iraq. Las cosas se complicaron y bien es sabido que el miedo es libre y el huir es de valientes. Así que, en lugar de aplicar la doctrina de la reconstrucción han aplicado la del sálvese quien pueda. Una postura que no dice nada bueno de nosotros como país, porque este tipo de decisiones no se atribuyen desde fuera a un tipo de Gobierno determinado sino a la Nación como conjunto. Quien sale perdiendo, es España. Veremos en el próximo futuro lo maravillosamente bien que se portan con nosotros los vecinos del norte y los del sur.

Un odio increíble
Fernando Chueca Goitia, de la Real Academia de la Historia La Razón  29 Abril 2004

¿Por qué se ha despertado ese odio en determinados grupos islámicos a la civilización occidental?
No es fácil de explicar sino es por un complejo de inferioridad que engendra envidia y como consecuencia de esta envidia engendra un odio que diríamos africano.

No se dan cuenta los fundamentalistas y demás ralea, de aquellos que creen en la guerra santa, en el famoso Yihad que tanto les alucina, no se dan cuenta en su delirum tremens, repito, no se dan cuenta que destruyendo la civilización occidental se destruyen a sí mismos.

Vayamos por partes: el Islam, en un tiempo creativo y civilizado, ha caído en una postración inverosímil. Hoy es un grupo étnico muy numeroso, pero muy infradesarrollado que vive en la indigencia moral e intelectual, que lo único que es capaz de alimentar es la rabia que les produce su inverosímil postración.

En consecuencia se rebelan contra aquellos pueblos que envidian por su desarrollo y vitalidad y sólo saben atentar contra su bienestar tratando de hacerles todo el daño posible.

En esta situación se refugian en una religión excluyente que legitima su conducta amparándose en la Guerra Santa, que, según ellos, avala esta conducta. Volvamos pues a esta consideración: ¿cómo es posible que exista una religión que justifique el terror y la santa barbarie contra el infiel?

Se nos dirá que los cristianos, en un tiempo, fueron los que crearon la «Inquisición» y llevaron a la hoguera a seres humanos por motivos religiosos. Pero eran otros tiempos y además, cosa importante, los mismos que organizaron los procesos inquisitoriales luego los condenaron clamorosamente, mientras que los musulmanes siguen pensando en lo legítimo de esta actitud cuando los occidentales han superado estas actitudes medievales y han enarbolado la bandera de la libertad y el progreso.

Los cristianos tienen y han tenido muchos defectos, pero tienen la virtud de confesar sus yerros y de aceptar una penitencia que lleva consigo el propósito de enmienda, cosa que no pasa con los fundamentalistas musulmanes. El propósito de enmienda no va con ellos.
¿Qué ocurriría si en su vesania los fundamentalistas lograran acabar con la civilización occidental? Algo terrible e inimaginable. Se me podrá decir que también cayó Roma a manos de los bárbaros y que el mundo entró en un período de postración del que tardó mucho en recuperarse. Pero la cuestión, puestos a imaginar lo imposible, es muy distinta. Roma, heredera de Grecia, no había alcanzado el desarrollo técnico alcanzado en nuestros días. No existía el teléfono, ni la radio, ni la aviación, ni la medicina y la cirugía actuales ni tantas y tantas cosas que se destruirían con la nueva invasión de los bárbaros por mucho que invocaran a Alá el todopoderoso que no nos dejó más ley que un inquietante Corán. Este texto sólo nos ofrece una cosa: un increíble más allá y un imposible paraíso de jardines y huríes estremecidas y purificadas.

Y mientras tanto, en estas tierras de Dios los hombres habríamos caído en la más desoladora postración y en un abismo que superaría lo que pudo imaginar Dante Alighieri en la descripción del infierno en la «Divina Comedia».

Infierno para nosotros y para ellos mismos que en su pecado llevarían la penitencia. Porque el mal sólo puede engendrar el mal, aunque lo bendiga Alá todopoderoso.

¿Una comisión que investigue el PFFR?
EDITORIAL Libertad Digital  29 Abril 2004

Si ni siquiera Aznar —no digamos ya Rajoy, no digamos ya Zaplana— se ha atrevido a denunciar por su nombre a la SER y su infame y descarada manipulación mediática en torno al 11-M, sino que se ha referido a ella y al resto de PRISA como a un "poder fáctico fácilmente reconocible" (PFFR)—, ¿creemos que la más que justificada indignación que ha provocado en Acebes la bajeza del nuevo ministro del Interior podría llegar a traducirse en una petición por parte del PP de una comisión de investigación entorno a "quien mintió y manipuló" a los españoles tras esa masacre? Por mucho que celebremos la rápida y contundente reacción de Acebes ante las declaraciones de Alonso —que venían, nada menos, que a responsabilizar del 11-M a la incompetencia y falta de control de su antecesor en el cargo—, la comisión de investigación de marras tendría más probabilidad de convertirse en un amplificador de esta nueva infamia que en hacerse eco de las denuncias contra las ya perpetradas por el PSOE y PRISA entre el 11-M y el 14-M.

El PSOE tiene todos los resortes del poder y toda la desvergüenza necesaria para convertir esa "comisión de investigación" en un nuevo y manipulador linchamiento contra el PP similar al que espléndidamente descubria en El Mundo Fernando Múgica, pero que lamentablemente no encontró eco editorial en ese diario, que, por el contrario, terminó el pasado miércoles reclamado editorialmente la comisión de investigación para esclarecer "los errores políticos y la negligencia policial que condujeron a la catástrofe", en la oportunista línea seguida este miércoles por el nuevo ministro del Interior.

Venir a decir que el Gobierno del PP no dedicó los suficientes medios para impedir la masacre del 11-M no es sólo una obviedad tan vacua como la que se podría decir de cualquier política antiterrorista tras la comisión de cualquier atentado; es fundamentalmente una bajeza que trata de responsabilizar de la masacre, no a los que la perpetraron, sino al Gobierno que los terroristas trataban de desalojar del poder.

Podríamos hablar de la traición que supone al Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, sino fuera porque es la enésima vez que lo apuñala un dirigente socialista. Pero que encima la perpetre un ministro del Interior recién nombrado en el cargo era algo que no nos podíamos esperar ni siquiera de este Alonso, cuya trayectoria, enfermizamente sectaria al frente de Jueces por la Democracia, no nos hacía esperar nada bueno. Ahora recordamos que ni siquiera miró a los ojos a Acebes cuando éste le estrechaba la mano en el momento que le traspasaba la cartera del Ministerio. Y es que hay gestos que valen todo un editorial...

En cualquier caso, es el colmo de la bajeza que unos dirigentes políticos y unos medios de comunicación que se han caracterizado por oponerse y denigrar como xenófobo a cualquier intento de estrechar el control sobre la población de origen musulmán y que denigraban a Aznar de "paranoico" por señalar que el terrorismo islámico también era una amenaza para los españoles, vengan ahora a dar lecciones.

Como Acebes ha señalado, "la mentira y la manipulación no puede ser el eje permanente de la vida pública pero esto ha rebasado todos los límites de la decencia". Hasta tal punto la mentira ha rebasado todo límite que puede hasta inundar una comisión de investigación, lo cual no quiere decir que haga falta una para denunciar la manipulación con nombres y apellidos.

Irak
Zapatero contra la ONU
GEES Libertad Digital  29 Abril 2004

No es de extrañar que el PSOE decidiera, siguiendo el ejemplo de la SER, borrar de su página web el programa electoral, no sabrían cómo explicar tanta y tan rápida desviación del mismo. Por ejemplo, en materia de la ONU. Las promesas electorales apuntaban a introducir en nuestra política exterior la defensa del "multilateralismo efectivo" y el refuerzo institucional de las Naciones Unidas como la única institución internacional legítimamente autorizada para discutir y actuar sobre la paz y la estabilidad en el mundo. A tenor de la práctica de José Luis Rodríguez Zapatero, queda en patente evidencia que aquel programa electoral era una mentira, pues Zapatero nunca creyó en la ONU ni pensaba someterse a su dictum.

La primera ocasión que tuvo para apoyar a la ONU, cuando se discutía la aplicación de la resolución 1441 sobre Irak y la posibilidad de otra nueva resolución que autorizase el recurso a la fuerza, Zapatero ya lo avisó: el PSOE nunca apoyaría una intervención contra Saddam, con o sin resolución de la ONU, lo que automáticamente le colocaba en una situación rayando en los antiglobalización y antisistema. Ya entonces, en otoño de 2002 se entrevía que la distancia entre sus ideas y palabras y la retórica oficial del PSOE era insalvable.

Se ha visto de nuevo con motivo de su decisión de retirar las tropas españolas desplegadas en Irak si haber esperado antes, tal y como se exigió él mismo en el Congreso de Diputados, a que la ONU dijera si tomaba el control de la situación en Irak. Koffi Annan ha rechazado dicha posibilidad el miércoles 28, 10 días después de que Zapatero anunciase su unilateral medida. Si tanto ama a las Naciones Unidas es inexplicable el desprecio al que las somete.

Y se ha vuelto a ver otra vez con su visita de pleitesía al rey de Marruecos, donde, por no romper la sonrisa de sus interlocutores ni la suya misma, ha preferido olvidar la posición tradicional española sobre el conflicto del Sáhara, fundamentada en las resoluciones de las propias Naciones Unidas y que pide, ante todo, un acuerdo entre las partes. Por miedo a Marruecos o por miedo a Chirac, el gobierno español se olvida de los acuerdos labrados en la ONU y le promete a Rabat la aquiescencia española hacia su postura de anexión en contra de la comunidad internacional.

Tres asuntos tan importantes, tan espinosos por la actuación del actual gobierno, pasarán a la Historia como los momentos en los que José Luis Rodríguez Zapatero condenó a la ONU a la nada. Eso sí, de momento ha borrado su programa electoral, es de esperar que a partir de ahora acometa lo que tiene que hacer, por pura coherencia: dar instrucciones a su nuevo embajador en la de sede de Nueva York y que congele nuestra contribución a la ONU y organismos derivados de la misma hasta que se reforme según sus deseos. Podría, incluso, como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, llegar a presentar un borrador de resolución al respecto. O que retire al embajador, total, ¿para qué incurrir en gastos en un organismo en el que no se cree por mucho que se repita alto y fuerte lo contrario?    GEES: Grupo de Estudios Estratégicos

PSOE
El poder es el poder
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  29 Abril 2004

Izquierdas y nacionalistas se siguen comportando como si el PP aún gobernara, al punto que Rajoy tuvo que recordar en el parlamento que no había ido a debatir con Llamazares sino con el presidente. Aznar unió tanto a los grupos de oposición que todavía se creen que están juntos... y que son oposición.

Tienen los librillos contra Aznar, ese molino de viento. Rajoy no les pone tanto, y los reproches retrospectivos y vicarios no son lo mismo. Mucho se ha de vender aún La Aznaridad y otros escupitajos, pero los días de vino y rosas se han acabado casi antes de empezar. Alonso le carga el 11-M a la derecha y Zapatero mete al ejército español en el calendario electoral anti PP; son las últimas burbujas del brindis frentepopulista. A los socialistas beneficiarán estas felonías. O no, como diría aquél. Pero sepan sus amigos centrífugos que, a la hora de la verdad, a la hora de consumar, no obtendrán del gobierno más que excusas y aplazamientos. Carod, el más astuto, ya teme el gatillazo zapateril.

¡La que armaron con un nuevo sistema de financiación! Pues de lo dicho, nada: ya hablaremos sin prisas en la segunda parte de la legislatura. Sólo que esta legislatura no tendrá segunda parte. El PSOE prometió el oro y el moro (sobre todo el moro) a los enemigos periféricos del PP para calentar el ambiente y dejar a Rajoy con mayoría simple. Ganar les ha puesto en la tesitura de mantener el discurso en lo general para incumplirlo en lo particular. A estas alturas, hasta el proyecto de nuevo estatuto del PSC, el menos montaraz, suena increíble. La reforma constitucional (que no harán) no se plantea tocar el poder judicial ni descentralizar la representación exterior.

Cuentan los aliados de Zapatero con unos meses para llamar a Bono casposo y falangista. Un desahogo. Y el PSOE con otros tantos para seguir tirando de “No a la guerra” y agitar al espantajo de la derecha, para dialogar y crear observatorios, usar a fondo a los gays y sonreír. Hasta que los nacionalistas internos y externos se cansen y empiecen a exigir al gobierno lo que este no piensa darles si quiere ganar las siguientes generales por mayoría absoluta. Entonces será el momento de disolver.

Este va a ser el gobierno de los alegres aplazamientos, de la felicidad diferida. Todo lo relevante en política interna será pospuesto. Si los socialistas saben lo que hacen, acabamos de empezar una de las legislaturas más cortas de la democracia. El nuevo poder crece a ojos vista en influencia y los intereses mejor defendidos (la banca, mayormente) corren a fundirse con él. No lo van a echar todo por la borda para que Maragall continúe jugando a Matrix y a la desconstrucción.

Las cosas han cambiado en un sentido que nadie imaginaba; el president ya no está en condiciones de echarle un pulso a la Moncloa, donde Montilla, el hombre fuerte, es un subordinado. El poder es el poder y tiene su propia lógica. Raro será si acaba el año sin que Artur Mas reciba la ansiada llamada Carod.

Retirada de Irak
El repliegue de la democracia
Jorge Vilches Libertad Digital  29 Abril 2004

Nos hemos quedado sin una política exterior. Esta es la evidencia del falso debate sobre la retirada de las tropas españolas de Irak. Zapatero insiste en contestar con política restrospectiva a preguntas sobre el futuro internacional. Las buenas intenciones y las frases hechas pueden valer para una campaña electoral que evite la responsabilidad y apele al voto emotivo, pero no son el contenido de una política internacional.

La alianza con los EE.UU. que llevó a cabo el Gobierno Aznar supuso, en cambio, la definición de unos objetivos internacionales que marcaban firmemente la posición de España ante la democracia, el terrorismo y la implicación sincera y directa en su resolución. El compromiso de aquel Gobierno para criticar y obstaculizar a las dictaduras en defensa de los derechos individuales, fue sólida, y convirtió a nuestro país en aliado preferente de los EE.UU. La democracia no se entendió como un fin en sí mismo, sino como el medio imprescindible para el reconocimiento y garantía de los derechos de la persona. El terrorismo se interpretó, sobre todo a partir del 11 de septiembre, como la prueba final del desafío del totalitarismo a la democracia, y la actuación práctica, no retórica, fue la consecuencia natural de tal pensamiento.

Implantar la democracia en Irak, como lo fue en Japón tras la Segunda guerra mundial, no era cuestión de ganar una batalla, de unos meses o de una fecha; sino de establecer los mecanismos necesarios para el funcionamiento de dicho régimen, en un país que carecía de historia liberal y democrática. El nacionalismo y el socialismo fracasaron en Oriente Medio –sí, también allí– en el establecimiento de democracias, alimentando, por el contrario, el surgimiento de un nuevo totalitarismo enemigo de la libertad dentro y fuera de sus fronteras: el islamismo integrista. Este planteamiento político y religioso sustenta al terrorismo internacional y, si bien Sadam Husein no estaba relacionado directamente con Ben Laden, sí cobijaba y financiaba el terror palestino. Y Palestina se ha convertido en el símbolo y el origen de este movimiento. Democratizar Irak era una primera fase en un plan más ambicioso, que consistía en cambiar los regímenes de Oriente Medio. Se esperaba un efecto en cadena, a medio plazo, para que Siria y Jordania, principalmente por ser los países más moderados, iniciaran transiciones a la democracia. La democratización de la vida política en aquella zona, se pensaba, sería un elemento más para acabar con el terrorismo islámico. Esto exigía un esfuerzo militar y material constante, un esfuerzo real en la reconstrucción del país y un apoyo a los sectores demócraticos iraquíes.

El repliegue de las tropas españolas no sólo rompe esta política y da al traste con la credibilidad de España y la alianza preferente con los EE.UU, sino que es un pasó atrás en la democratización de Irak, de Oriente Medio, y, en definitiva, en la lucha por el respeto a los derechos individuales. Este vacío, y este retroceso, no se pueden llenar con la nueva pretendida política exterior socialista. La paz y el “diálogo entre los pueblos” no son fines, son medios para mejorar la vida de las personas. Y a estos medios, además, los socialistas no los han definido ni han dado un mínimo contenido.

El debate sobre el repliegue de las tropas debía haber servido para que el nuevo Gobierno detallara, no solamente las razones de tal decisión, sino su futura política exterior. ¿Cómo, a partir de ahora, se va luchar contra el terrorismo internacional? ¿Qué acuerdos internacionales va a proponer el nuevo Ejecutivo y en qué foro, después de haber perdido la posición privilegiada y fuerte que se tenía con la anterior política exterior? ¿Qué hará el Gobierno si hay una resolución de la ONU en el sentido que Zapatero exigía antes de las elecciones? ¿Qué postura se va a adoptar frente al conflicto que existe en Irak? ¿Hasta cuándo van a estar las tropas españolas en Afganistán? La respuesta a todo esto no puede ser, sin más, sin contenido ni postura propia, “diálogo entre los pueblos”.

Zapatero insiste en que tiene un Gobierno soberano, que ha actuado por y para los españoles. Esto es, es el viejo eslogan que en nuestro país compartieron los intransigentes y exclusivistas: “España para los españoles”. Volvemos a la introversión de tiempos pretéritos y peores, que se tradujó en un rancio ensimismamiento, o un desempeño, modesto, del papel de escribano del ministro de Asuntos Exteriores francés. Sólo falta la manifestación en la Plaza de Oriente, convocada por la “Plataforma Cultura Contra la Guerra”, con aquello que se decía en la España franquista de principios de los años cincuenta: “Si ellos tienen UNO –la ONU en inglés–, nosotros tenemos DOS”.

La política del abandono
Alejandro Muñoz-Alonso La Razón  29 Abril 2004

La precipitada retirada del contingente español en Iraq ¬decidida apenas 48 horas después de que Zapatero afirmara en el Congreso que estaban trabajando para conseguir una resolución de Naciones Unidas que cumpliera sus condiciones¬ se ha convertido en un puro instrumento electoral. Así lo muestra el anuncio hecho el martes por el presidente de que el 27 de mayo, fecha en que se inicia la campaña de las elecciones europeas, no quedará ningún soldado español en aquel país. Sin duda, muchos de los que votaron al PSOE estarán felices con este anuncio, pero otros muchos empiezan a sentirse perplejos, por no decir avergonzados, por este gesto insolidario que está recibiendo muchas más críticas que elogios en los medios internacionales. Como escribía el martes el prestigioso columnista John Vinocur, «Zapatero cumple su palabra pero pocos se apresuran a agradecérselo». Y citaba a algunas personalidades que han manifestado su crítica del abandonismo español.

Como el cardenal Martino que ha afirmado que no comparte «el pensamiento que hay detrás del nuevo Gobierno español». Entre los que han aplaudido habría que citar a Prodi, aún presidente de la Comisión Europea que, actuando como futuro candidato de la izquierda italiana, ha aprovechado para distanciarse del actual Gobierno italiano, que aprobó la intervención en Iraq. Juego sucio e irresponsable.

Los más sensatos comentaristas se preguntan qué pasaría si los otros gobiernos que tienen tropas en Iraq adoptaran la misma política y concluyen que tal cosa condenaría a aquel país a una cruenta guerra civil. Con independencia de que hace un año estuvieran a favor o en contra de la intervención, la mayor parte piensa que no es éste momento para abandonar a los iraquíes a su (mala) suerte. Y nadie acepta las razones de seguridad que ha aducido Zapatero que, por cierto, a quienes más molestan es a los militares que no quieren ser tratados como adolescentes de excursión. Todo viene de esa nefasta idea de convertir a las Fuerzas Armadas en una especie de Cruz Roja con escopetas. Por otra parte, debe destacarse que nunca nuestras tropas habían sido objeto de más ataques que desde que se anunció su retirada. Y es que la debilidad abandonista es siempre una incitación para los agresores. Menos mal que nuestros militares se defienden muy bien por sí solos. Para eso no necesitan a quienes quieren cínicamente protegerles desde sus cómodos despachos de Madrid.

Debilidades y renuncias de ZP
Francisco Marhuenda La Razón  29 Abril 2004

Los habitantes de las ciudades españolas, aunque veremos por cuánto tiempo, de Ceuta y Melilla pueden estar tranquilos porque el sátrapa marroquí tardará algo en reclamarlas formalmente o en montar una «marcha verde». No hay nada mejor que tener como interlocutor a un gobierno débil y contemporizador que además cuenta con un notable apoyo popular. Las sociedades occidentales son muy cómodas y están dispuestas a mirar hacia otro lado o financiar ONG's con tal de no asumir responsabilidades. Mohamed VI ofreció a Zapatero un trato excepcional, algo que siempre funciona, y se salió con la suya. El rey tuvo en su padre un gran maestro en el difícil arte de sobrevivir. Ceutíes y melillenses han ganado una legislatura, porque a Mohamed le basta, de momento, con el Sáhara.
A la precipitada retirada de las tropas en Iraq, que culminará el día antes del comienzo de las europeas, se une la sumisión de Zapatero a los deseos marroquíes. En Europa bailaremos al ritmo del eje franco-alemán y en Marruecos al de Mohamed. Eso sí, pasamos de Estados Unidos. Todo se puede vestir, pero la realidad es que el pueblo saharaui quedará tirado en la cuneta y la vergonzosa maniobra se enmascarará con un plan que, en definitiva, consagrará la ignominia. A la izquierda le preocupa mucho Iraq, pero le trae al pairo que el Sáhara sea otro feudo del monarca marroquí. ¿Qué importan unos pocos saharauis?

Zapatero se está desembarazando de problemas con el fin de lograr una victoria en las europeas. ¿Qué hubiera dicho la izquierda y sus medios de comunicación si un líder del PP hubiera culminado la retirada el día antes de una campaña electoral? Es el estilo del «buen rollo», que se traduce en la sumisión frente a Francia y Alemania, dejar en la estacada a Estados Unidos y olvidarse de los saharauis. Dentro de un tiempo, volverán las exigencias sobre Ceuta y Melilla, con el problema del crecimiento de la población de origen marroquí en esas ciudades. Esto servirá para aumentar la presión. ¿Hará lo mismo con los nacionalistas y finalmente transigirá ante las exigencias de Ibarreche y Carod? Los antecedentes de los últimos días son tan inquietantes como premonitorios, aunque todos muy contentos y felices en casa.

La culpa, de los terroristas
Carmen Gurruchaga La Razón  29 Abril 2004

Hacía muchos meses o varios barómetros del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) que el terrorismo no era la primera preocupación de los españoles. Desde septiembre de 2002, afortunadamente, había sido desbancado por el paro, que aunque es una inquietud grave para muchas familias, no supone el choque socialmente terrible del asesinato. Sin embargo, según la última encuesta de este organismo, realizada una semana después de los atentados del 11 de marzo, el 77% de las personas consultadas vuelve a situarlo a la cabeza en el ránking de los problemas que sufre la ciudadanía.

No cabe la menor duda de que la fecha en que ha sido realizado el trabajo demoscópico ha tenido influencia en el resultado final. Y esa tendencia tardará en cambiar, después de casi doscientos muertos y la clara amenaza de los islamistas radicales contra España. El desempleo ha pasado a segundo lugar y la vivienda a tercero. Los éxitos del Gobierno del PP en la lucha contra ETA y la consecuente y casi obligada inactividad de la organización terrorista vasca había logrado que los españoles desterraran de su cabeza la alarma cotidiana por el terror. También influyó el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, firmado por PP y PSOE, en el año 2000, que convergió en un trabajo conjunto de los dos partidos más importantes en la lucha contra esta lacra. La violencia quedaba fuera del debate político. Y, contra todo pronóstico, el Acuerdo ha funcionado.

Estas dos formaciones políticas han respetado este pacto de Estado hasta el día de la masacre de Madrid en que socialistas y «populares», es de suponer que involuntariamente, transmitieron a los españoles algo tan deprimente como que los muertos eran susceptibles de ser traducidos a votos. Aunque enseguida se dieron cuenta del terrible error y trataron de rectificar y reconducir esa sensación tan dañina socialmente, pero con escaso éxito.

Sin embargo, el pasado martes, el nuevo ministro del Interior, José Antonio Alonso, se supone que por bisoñez o irreflexión, cometió la torpeza de mezclar la política con aquella tragedia. No debía haber dicho que el Gobierno de Aznar «no tuvo previsión en el 11-M» y que «la policía avisó con reiteración». Cierto que las alarmas estaban centradas en ETA y de ahí la desactivación de dos atentados que podían haber sido gravísimos en los últimos meses y cierto que el peligro del radicalismo extremista estaba infravalorado. Pero cuando se comete un atentado terrorista la responsabilidad es de quienes pegan los tiros o ponen las bombas y esto es algo que José Antonio Alonso ha de tener claro. Entre demócratas, es una elementalidad de catón. Seguro que cuando ETA asesinó en Hipercor, pese a que había avisado de la colocación de la bomba, el actual ministro fue de los que pensó que los responsables de la matanza eran los etarras y no el Gobierno del PSOE por no ordenar el desalojo. Tanto en un caso como en otro, la culpa es de los mismos: los terroristas.

No a la retirada de las tropas
Cartas al Director ABC 29 Abril 2004

Pues sí, yo soy uno de los muchos españoles que se sienten avergonzados por la retirada de las tropas españolas de Irak. Respeto a aquellos que se manifestaron en contra de la famosa guerra de Irak o, lo que es lo mismo, del derrocamiento de un dictador sanguinario y amenaza para Occidente, como era Sadam. Lo que no entiendo es que esa gente desee que EE.UU. y sus aliados pierdan la posguerra, porque no les gusta que EE.UU. tenga éxito en democratizar Irak. Si fueron a la guerra por el petróleo no lo sabemos. Eso lo veremos con el transcurso del tiempo. Hasta entonces deberíamos apoyarles, ya que, si pierden, todos perderemos.

Muchos justificaron el atentado del 11-M por la famosa foto de Aznar en las Azores. Pero que yo sepa, Bali no estuvo en esa foto y mataron a 200 personas en una discoteca. Creo que Jordania tampoco salió en la foto y Al-Qaida quería asesinar a miles de jordanos. Y así muchos países más. Por último, me parece increíble que los nacionalistas separatistas, tales como ERC, PNV, CiU y BNG, que tanto odian a España, hayan pedido y apoyado posteriormente el regreso de las tropas españolas. ¿Pero qué les importan a ellos nuestras tropas si no se sienten españoles? En fin, realmente la demagogia en este país, hasta ahora llamado España, debería ser castigada algún día por los electores. Confiemos en ello. La esperanza es lo último que se pierde.    Jorge David Lleyda Abós.   Zaragoza.

Cuestión de procedimiento
Editorial El Correo  29 Abril 2004

El Tribunal Constitucional (TC) ha desestimado la impugnación presentada por el Gobierno Aznar frente a los primeros pasos dados por el plan Ibarretxe, negándose a establecer un «remedio jurisdiccional preventivo» ante la eventual aprobación parlamentaria de una norma infractora, rehusando enjuiciar «el simple enunciado de una proposición contraria a la Constitución», rechazando considerar las iniciativas impugnadas como «resoluciones» sujetas a lo previsto en el artículo 161.2 de la Constitución, advirtiendo además de que «el Parlamento es la sede natural del debate político y el Gobierno, uno de los sujetos habilitados para propiciarlo». La resolución del Constitucional resulta tan inapelable como fundada en derecho, y permite que el Parlamento vasco prosiga con la discusión del texto elaborado por el Ejecutivo autonómico. El TC ha validado jurídicamente el procedimiento auspiciado por el lehendakari Ibarretxe y los partidos que sostienen al Gabinete de Vitoria. Pero ello no obsta para que dicho procedimiento pueda ser severamente criticado en cuanto a la intencionalidad política que entraña.

La 'propuesta de estatuto político' no es tanto un proyecto de reforma estatutaria como un intento de sustituir el vigente marco de autogobierno por otro que no tendría cabida en la actual Constitución. El contenido de la propuesta no podría llevarse a efecto sin una modificación en profundidad de la Carta Magna. Con su iniciativa, el Gobierno vasco ha eludido proponer al Parlamento de Vitoria algo para lo que éste se encuentra plenamente legitimado: la elaboración de una proposición a elevar a las Cortes Generales para la reforma de la Constitución. Es ahí donde radica una de las anomalías del procedimiento adoptado por el nacionalismo gobernante: tratar de inducir un cambio en el núcleo mismo de la Constitución mediante la sustitución del Estatuto de Gernika. Entre otros objetivos, para dar por supuesto que la soberanía reside en el pueblo vasco, de modo que las instituciones representativas de la voluntad de todos los españoles no tendrían más que acatar sus decisiones.

La otra anomalía procedimental en la que incurre la iniciativa del Ejecutivo Ibarretxe tiene que ver con el diálogo y el consenso. Desde septiembre de 2002, son tres las ocasiones en las que el lehendakari ha sometido su proyecto a la consideración del Pleno de la Cámara vasca. Además han sido innumerables las oportunidades en las que Ibarretxe ha podido defender públicamente su plan, como también las veces en las que socialistas y populares han expresado su rotunda discrepancia respecto al mismo. El hecho de que los promotores de la 'propuesta de estatuto político' hagan caso omiso al desacuerdo suscitado, negándose a modificar su contenido y el procedimiento habilitado mientras simulan estar abiertos al debate, no permite albergar esperanza alguna respecto al buen fin del trámite parlamentario en marcha. Porque si de verdad estuvieran dispuestos a consensuar en fondo y forma su proyecto, habrían optado ya por la 'vía catalana', partiendo de una lectura común del Estatuto de Gernika para su eventual reforma.

RAFÁ ZUHER (GUARDIA CIVIL), SUÁREZ TRASHORRAS (POLICÍA NACIONAL)
Confidentes policiales fueron los encargados de proporcionar los explosivos utilizados en el 11-M
Cuarenta y ocho horas después de que el ministro del Interior culpara al PP de la masacre del 11-M y dijera que "hay que confiar plenamente en la Policía y la Guardia Civil", una investigación del diario El Mundo descubre nuevos agujeros negros sobre la investigación de los atentados. Dos detenidos por conseguir la Goma 2 a los terroristas, Rafá Zuher y el ex minero Emilio Suárez Trashorras, eran confidentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional, respectivamente.
Libertad Digital 29 Abril 2004

El ministro del Interior, José Antonio Alonso, dijo el martes en la Cadena SER –en su primera entrevista ya en el cargo– que "hubo una clara imprevisión política" en el atentado islamista del 11 de marzo. Según su opinión, esa imprevisión no se produjo "desde las fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado que incluso llegaron a avisar con cierta reiteración de que esto podría ocurrir". Alonso tuvo mucho interés en reiterar que la investigación sobre el 11-M ha sido "buena" y que "hay que confiar plenamente en la Policía y la Guardia Civil".

Además de la acusación al Gobierno del PP de la matanza de Madrid, Alonso dedicó sus primeras palabras como ministro a defender la actuación de la Policía Nacional y la Guardia Civil en la investigación del 11-M. Un día después, el miércoles, su antecesor en el cargo, Ángel Acebes, respondió con contundencia a Alonso – "tenemos un ministro del Interior que desgraciadamente es un miserable"– y adelantó que cuando se levante el secreto del sumario los españoles sabrán "quien les mintió y manipuló".

Este jueves, una investigación del diario El Mundo puede ayudar a entender las palabras del ex ministro. Según la información de Antonio Rubio, dos de los detenidos por el 11-M –claves para que se pudiera cometer la matanza de Madrid– eran confidentes policiales. En concreto, el marroquí Rafá Zuher –conocido como Rafael en los ambientes delictivos– era confidente de un capitán de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. Eso fue lo primero que dijo Zuher cuando fue detenido el 20 de marzo por ser presuntamente quien hizo de enlace entre la Goma 2 y el grupo de terroristas encabezado por Jamal Zougam.

Y es que Rafá Zuher conoció en la cárcel de Villabona –a donde llegó tras sus trapicheos con hachís– a Antonio Castro, el cuñado del ex minero Emilio Suárez Trashorras. Zuher –amigo también de Jamal Ahmidan El Chino– puso en contacto a Trashorras con los terroristas, que pagaron 6.000 euros y 25 kilos de hachís a cambio de los explosivos que utilizarían para matar a casi 200 personas en Madrid.

Resulta que Suárez Trashorras –según la investigación de El Mundo– también era confidente de las Fuerzas de Seguridad y se dedicaba a pasar información a un Policía Nacional de Avilés sobre el tráfico de droga y la venta de armas y explosivos.

El juez Juan del Olmo fue informado puntualmente de estas sorprendentes revelaciones y por ello ordenó que Rafá Zuher y Trashorras fueran enviados a prisiones diferentes a la de Soto del Real (Madrid), donde habían ingresado los terroristas del Grupo Lavapiés. Curiosamente, algunas de las declaraciones de Zuher sobre la visita de los terroristas islamistas a Asturias no aparecen, según Antonio Rubio, en el sumario del juez Del Olmo.

Sin abandonar la cuestión judicial, El Mundo también se hace eco de las quejas surgidas desde la policía por el hecho de que hasta tres magistrados de la Audiencia Nacional –Del Olmo, Baltasar Garzón y Teresa Palacios– se estén encargando de los casos abiertos por los atentados del 11-S y el 11-M. La policía quiere que sea un solo juez el que lleve el caso. Pero parece ser que Palacios no está dispuesta a ceder la investigación sobre el atentado de Leganés a Del Olmo, y Garzón –que el mismo día del 11-M se presentó en el lugar de los hechos a pesar de que no le correspondía estar allí– ha procesado (la noticia se conoció este miércoles) a Amer Azizi, uno de los enlaces entre el 11-S y el 11-M.

POLÍTICA
Renuncia la edil socialista que ETA intentó matar en Portugalete
JOSÉ DOMÍNGUEZ/BARAKALDO  El Correo  29 Abril 2004

La socialista Esther Cabezudo renunciará hoy de forma oficial al cargo de concejal que ocupa en el Ayuntamiento de Portugalete desde hace 17 años. La edil alega motivos personales para abandonar la actividad política; pero en el fondo de la decisión descansan las secuelas físicas y psíquicas que han marcado su vida desde que el 28 de febrero de 2002 la organización terrorista ETA intentara asesinarla con un carrito bomba cargado con 30 kilogramos de dinamita cuando se dirigía al despacho de la Casa Consistorial junto a su escolta, Iñaki Torres.

La dirigente del PSE y ex sindicalista por UGT, natural del baracaldés barrio de Lutxana, remarca, en el escrito presentado al Ayuntamiento, su voluntad de renunciar como concejala tras ser declarada por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales en situación de «incapacidad permanente total derivada de un accidente laboral». Como si quisiera quitar hierro a su marcha, Cabezudo oculta bajo esta justificación contractual los efectos de la onda expansiva del artefacto que buscaba acabar con ella: tímpanos severamente afectados, mareos habituales y, sobre todo, un macabro recuerdo del que es incapaz de desprenderse.

Y eso que lo ha intentado. Después de aquel 28 de febrero de hace dos años, Cabezudo insistió en reiniciar lo antes posible su actividad en el Ayuntamiento para que la normalidad le devolviese el optimismo que ha prevalecido en todas las facetas de su vida. Sin embargo, nunca ha llegado a recuperarse totalmente, a pesar de que sus compañeros de partido hicieron todo lo posible para descargarla de responsabilidades y facilitarle la labor. «Voy tirando, un día mejor y otro peor, pero tirando», bromeaba hace apenas dos meses en el homenaje organizado en la villa, en su nombre y en el de su escolta «y amigo». En su lugar pasará a representar al PSE en la Corporación Italia Canna Castro.

Esfuerzo y conocimientos
ESPERO QUE LAS modificaciones en la LOCE sean sensatas:
que se mantenga la posibilidad de suspender y se realice una
reválida final
FRANCESC DE CARRERAS Asociación Tolerancia  29 Abril 2004

Una amiga, inmigrante ecuatoriana en Barcelona, me contó hace unos días que lamentaba la educación que recibían sus dos hijas en una escuela pública de Barcelona. Por un lado, me decía, su hija de cuatro años –que llegó a España con sólo dos– únicamente sabía hablar en catalán, reñía a su madre por no utilizar nuestra lengua y, además, su profesora le decía que por el hecho de vivir aquí no debían considerarse ecuatorianos porque ya eran catalanes. Por otro lado, estaba asombrada de que su hija de doce años no hubiera alcanzado todavía, en los dos cursos que llevaba en Barcelona, el nivel de matemáticas que había aprendido en Ecuador. Además, le parecía mal que la escuela nunca encargara a la niña trabajos para hacer en casa: en Ecuador, me decía la madre, pasaba dos horas cada tarde haciendo deberes. ¡Sí, está muy mal la enseñanza en España!, concluía con naturalidad.

No comentaremos hoy el caso de la hija pequeña: se trata de un ejemplo más del sectarismo nacionalista de tantos maestros, auspiciado desde la Generalitat y amparado en una errónea política lingüística. Trataremos sólo de aquello que refleja lo que me contó de su hija mayor: la situación de nuestra enseñanza secundaria, situación que puedo comprobar personalmente en los estudiantes que ingresan en la universidad. En efecto, desde hace años una gran parte de los estudiantes llegan a la enseñanza superior con una inmadurez intelectual impropia de su edad, desmotivados para el estudio de una carrera, sorprendidos y desorientados ante las normales exigencias académicas y, además, con graves dificultades para comprender un texto, seguir un razonamiento o expresar, verbalmente y por escrito, conceptos abstractos.

Las causas de esta situación son, sin duda, muchas y muy complejas, como suele decirse hoy en día de casi todo. Pero esta abundancia y complejidad no debe llevarnos a la inacción, a la renuncia a resolver los problemas ni, en sentido inverso, a pensar que en una materia como ésta las soluciones son fáciles y rápidas. Nos hallamos por tanto con un tema complicado que, entre otras cosas, refleja también el nivel cultural de la sociedad. Ahora bien, no deja de ser significativo que todo ello se haya acentuado de manera alarmante en los cuatro o cinco últimos años, precisamente el periodo durante el cual han ingresado en la enseñanza universitaria los alumnos que cursaron todos los ciclos de la Logse, la ley de educación secundaria vigente hasta hoy desde 1990. Por tanto, cabe pensar que esta ley algo tiene que ver con la gravedad de la situación actual y que, probablemente, rectificando algunos aspectos de la misma, se podría no solucionar pero sí mejorar dicha situación.

En efecto, esta ley es la mejor expresión de tendencias pedagógicas que, progresivamente, han sido las dominantes en España desde los años de la transición. Estas tendencias tienen como tronco central un principio básico común: los niños y los jóvenes deben ser educados en la creencia de que el esfuerzo individual y los conocimientos no constituyen un elemento esencial del proceso de aprendizaje. En la escuela, el niño debe ser ante todo feliz, debe socializarse como persona; en el instituto el joven debe adiestrarse en saber razonar y en
"aprender a aprender", es decir, en prepararse para obtener las capacidades necesarias para seguir estudiando a lo largo de la vida. Por tanto, y ahí está el error, en la escuela y en el instituto deben realizarse sólo tareas y ejercicios encaminados a lograr estos objetivos sin dedicar el tiempo al estudio de conocimientos substantivos y menos aún a memorizar conceptos, nombres, fechas y datos.

A primera vista, este planteamiento es aceptable porque supone un cambio necesario respecto a la educación anterior, autoritaria y formalista, memorística y poco dada a enseñar a razonar y argumentar. Sin embargo, pensándolo bien, el método tiene evidentes defectos, el principal de los cuales es que sin disciplina de trabajo –sólo pensando en no agobiar al niño para que sea feliz– no se trasmite el valor del esfuerzo personal, y sin
adquirir conocimientos substantivos, sin dominar los conceptos ni saber nombre, fechas y datos, es imposible aprender a razonar y argumentar porque uno carece de los elementos necesarios para hacerlo. Esfuerzo y conocimiento son dos valores ausentes o secundarios en los actuales métodos
pedagógicos.

La Logse contribuyó poderosamente a que ello fuera así, sobre todo por dos razones. Primera, permitió que el alumno pasara al curso siguiente sin haber aprobado el anterior, es decir, sin tomar conciencia de que podía ser suspendido. Segunda, no había una prueba general y final que permitiera homologar el nivel de aprendizaje en todo tipo de centros al haber sido suprimida, ya con anterioridad a dicha ley, la prueba de reválida.

La LOCE, la nueva norma aprobada hace unos meses que derogaba la Logse, ponía remedio a esta situación: no se podía pasar de curso con más de dos asignaturas suspendidas y se volvía a implantar el examen de reválida. Dos medidas que iban en la buena dirección.

El Gobierno Zapatero se ha comprometido a modificar esta nueva ley. Esperemos que las modificaciones sean sensatas: que se mantenga esta posibilidad de suspender y se realice una reválida al final de los estudios. Dos pequeñas medidas que supondrían un giro hacia una nueva pedagogía que volviera a exigir y valorar el esfuerzo y los conocimientos: a igualarnos, en estos aspectos, con el nivel educativo de Ecuador.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

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