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Recortes de Prensa     Lunes 3 Mayo 2004
DESEOS ELECTORALES Y REALIDAD
HORACIO VÁZQUEZ-RIAL ABC 3 Mayo 2004

Si Zapatero no rectifica, Ben Laden ha triunfado
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  3 Mayo 2004

POLÍTICA PENDULAR
Jorge TRIAS SAGNIER ABC 3 Mayo 2004

UNA MISIÓN IMPORTANTE
GERMÁN YANKE ABC 3 Mayo 2004

Patologías paralelas
Cristina Losada Libertad Digital  3 Mayo 2004

Declaraciones reveladoras
José María Marco Libertad Digital  3 Mayo 2004

Las lenguas del Senado
Cartas al Director ABC 3 Mayo 2004

Gobierno decepcionante
Cartas al Director ABC 3 Mayo 2004

Objetivo, el petróleo
Opinión El País  3 Mayo 2004

¿Victoria
IÑAKI EZKERRA El Correo  3 Mayo 2004
 
DESEOS ELECTORALES Y REALIDAD
POR HORACIO VÁZQUEZ-RIAL ABC 3 Mayo 2004

AL parecer, si nos atenemos a lo que sostienen unos cuantos notables socialistas y parasocialistas, las razones por las que el PSOE ganó las elecciones del 14 de marzo son de índole variada, pero todas ellas compartidas por el electorado. Un electorado hasta cierto punto imaginario, que no les dio la mayoría absoluta, aunque ellos hablen hoy como si la tuvieran, y que en cambio otorgó cerca de diez millones de votos al PP, desmintiendo aquello del noventaytantos por ciento de la población tras las pancartas del «no a la guerra», proporción decididamente imaginaria.

¿Comparte el electorado socialista la idea de que el atentado del día 11 se debió a la participación española en las tareas de reconstrucción de Irak, ya que no en la guerra misma, tan breve como librada en exclusiva por el ejército americano? Tal vez, mientras no se pregunten por las consecuencias que se deducen de una retirada que tiene como excusa una masacre terrorista. ¿Acaso, y aplicando la misma regla de tres, convendría que España se retirara del País Vasco para que ETA dejara de matar? Y no se apresure mi esforzado lector a responderme que España se puede retirar de Irak pero no se puede retirar de España: recuerde que para muchos, de Ibarretxe a Maragall, pasando por Otegi y Carod, el País Vasco no es España, de manera que, para ellos, la pirueta lógica que une una circunstancia con otra, no es tal. Con lo cual, la pregunta debería formularse en otros términos: ¿comparte el electorado socialista la idea de que aceptar el plan del presidente autónomo vasco es un buen camino para que los etarras se llamen a cuarteles de invierno?

Evito entrar aquí en el sombrío detalle de las relaciones de ETA con el terrorismo islámico, aunque no olvido lo que el 12 de marzo pasado, a las 24 horas de los sucesos de Atocha, recordaba Magdi Allam a los lectores de Corriere della Sera: que «en el centenar de combatientes extranjeros, en su mayoría musulmanes, que llegaron a Irak en la víspera del ataque americano del 20 de marzo de 2003, había también unos ochenta militantes vascos de la ETA», entre ellos Álvaro Gorka Vidal y Badillo Izkur.

¿Comparte el electorado socialista en su totalidad la adecuación de una política económica que comienza con el anuncio de unos años de déficit, a cargo del señor Blanco? Tal vez, si no se le recuerda que asumir tal política implica autorizar el déficit alemán y el francés. Es más que probable, eso sí, que la idea cuele, en la medida en que se la presente envuelta en la imprescindible porción de antiamericanismo. De lo que se trata, según el nuevo presidente del Gobierno español, es de volver a Europa, después de un período de persistencia en el error de cultivar la amistad de los Estados Unidos, y de volver «con humildad». Y no olvidemos que Europa significa, en ese contexto, el eje francoalemán. Reformulemos, pues, la pregunta: ¿comparte el electorado socialista el propósito de retornar a la época de la desindustrialización forzada, ya sin tan siquiera la excusa de la reconversión y con el traslado de empresas a los países del Este por delante?

¿Comparte el electorado socialista la noción, el deseo o el propósito de una España secundaria? En un artículo reciente, Juan Luis Cebrián parece atribuir en exclusiva a José María Aznar «la idea de una España trascendente y profunda, universal y única, como corresponde a uno de los países más importantes de la Tierra». Yo no me atrevería a descartar de plano la posibilidad de que España ocupe un lugar relevante en el presente, puesto que lo ha ocupado durante siglos, pero soy consciente de que ello depende tanto del esfuerzo interior en todos los órdenes, en primer término el económico, como de las alianzas de Estado.

¿Era propósito del electorado socialista, al cabo de dos legislaturas, tras el paso de Borrell y Almunia por la secretaría general, propiciar la restauración del felipismo? Cabe dudarlo, aunque, como ha apuntado en estas páginas Jaime Campmany, la presencia en el gobierno de Fernández de la Vega, Solbes y Pérez Rubalcaba así lo demuestra, certificando que no ha habido la menor renovación en el aparato socialista y que lo que viene es más de lo mismo. Con la diferencia de que una buena porción de las cosas que se dijeron y se actuaron en el pasado se ven ahora con mayor claridad; por ejemplo, qué significaba, en los tiempos del referéndum convocado para decidir el ingreso de España en la OTAN, aquello de «reforzar el pilar europeo» de la organización atlántica, con una URSS aún viva: no se trataba de consolidar el pacto, sino de incrementar el peso del eje francoalemán frente al de los Estados Unidos. Tan sencillo, y tan difícil de interpretar antes de que José María Aznar intentara una política exterior independiente, a la que ahora, según se anuncia pomposamente, se le dará «un giro copernicano», con lo que se quiere decir que volvemos al principio, pero peor, porque es de temer que ese retroceso, además de privilegiar el papel periférico de España en la UE -sobre todo en lo tocante al texto de la Constitución europea, con lo que el cambio de política se convertirá en cambio de sistema-, reforzará lo que se ha dado en llamar «tradicionales lazos de amistad» con el mundo árabe, es decir, con las dictaduras oscurantistas del universo islámico, lazos que no fueron tan tradicionales entre 711 y 1921 -desde Musa y Tarik hasta Annual, pasando por Lepanto-. Miguel Ángel Moratinos en Exteriores y la sustitución de Jorge Dezcallar en el CNI hablan bien a las claras de ese aspecto de la cuestión, que en general escapa a la mayoría del electorado, socialista o no, alelado por una prensa que llama al jeque Yasín «líder espiritual» de Hamás -como si Josu Ternera fuera a ser proclamado mañana mismo líder espiritual de ETA- y que ha exaltado la catástrofe del 11 de marzo eludiendo en lo posible las comparaciones con la de Nueva York e ignorando capciosamente la tragedia cotidiana de Israel.

¿Comparte el electorado socialista en su conjunto el proyecto desvertebrador del tripartito catalán, el nacionalismo vasco en general y el presidente de la Junta de Andalucía, que también lo es del PSOE, aunque esto no se tenga presente? Porque a la reforma del Estatuto catalán y al plan Ibarretxe hay que sumarle el proyecto de reforma del Estatuto andaluz de Manuel Chaves: las tres cosas implican la reforma de una Constitución que ha mostrado la flexibilidad que permite a España tener hoy una estructura autonómica en que cada parte posee más competencias que las partes correspondientes en muchos Estados de carácter federal.

Tengo para mí que no, que los votantes del PSOE no tenían esos proyectos en mente en el momento de depositar su papeleta. Pero eso es lo que hay: reducción del papel de España en el mundo y en la UE, tendencia a algo más que la desvertebración, déficit anunciado, felipismo francoalemán desindustrializador. Y que Dios nos libre del hundimiento de otro petrolero, porque si alguien votó creyendo que Zapatero tendría soluciones mejores para un caso así, se equivoca: no tiene ninguna, salvo rezar para que no ocurra.

Si Zapatero no rectifica, Ben Laden ha triunfado
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  3 Mayo 2004

Creo que cuando Zapatero prometió que las tropas españolas abandonarían Irak si para el 30 de Junio no había una resolución de la ONU y un compromiso internacional para encargarse de la seguridad en la transición al nuevo régimen hacía como todos los progres que se esconden tras los amplios faldones y la faltriquera de Mamá Kakoffi: mentir a la gente y vender la capitulación ante el terrorismo islámico como una forma de “multilateralismo” frente al “unilateralismo” de la Administración Bush. Sucedió, sin embargo, que lo que podía ser una equivocación típica de la izquierda irresponsable se convirtió en el único proyecto político del Gobierno del 14-M para ganar las elecciones europeas. Y Zapatero, tras asegurar que había hecho todas las comprobaciones habidas y por haber, necesarias y exhaustivas, anunció al día siguiente de ganar las elecciones gracias a la masacre del 11-M que ordenaba la retirada por sorpresa de nuestras tropas.

Una semana después de la verbena pacifista montada en Extremadura para recibir a los forzados desertores, y tras proclamar Bono que España no mandará más tropas a Irak en ningún caso, entendemos el énfasis del Ministro de Defensa. A lo mejor estaba curándose en salud, porque lo cierto es que si hasta el zoco de la ONU alumbra la resolución de la ONU que pedía Zapatero, no hay ninguna razón, ni moral, ni política, ni electoral, ni de otro tipo para que el país que sufrió la tragedia del 11-M no participe en lo que desde el 11-S es y seguirá siendo la guerra contra el terrorismo islámico.

Salvo que lo que realmente sea y signifique nuestra retirada es que los terroristas del 11-M han triunfado y que lo único que pretende Zapatero es negociar con Ben Laden una especie de protectorado para el terrorismo islámico como el de Carod Rovira con la ETA para Cataluña. Ahora bien, si la capital política de España es Perpiñán, Zapatero debería llevarse allí la sede del Gobierno. Y en verano, a Marrakesh. Es lo coherente.

POLÍTICA PENDULAR
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC 3 Mayo 2004

LA llegada al poder de un nuevo partido político se asemeja más a un cambio de régimen que a un cambio de rumbo en el gobierno de la Nación. Desde la muerte de Franco los grandes cambios de ciclo político han venido determinados por circunstancias traumáticas. Así, en 1982 el socialismo triunfó después de un golpe de Estado y ahora lo hace tras una auténtica declaración de guerra, similar a la del 11 de septiembre, que el Islam -o una gran parte de él- ha hecho a Europa en nuestra piel. Los populares, a su vez, recibieron la confianza de los ciudadanos en 1996, golpeados por la corrupción y la guerra sucia, pensando que lo de la regeneración democrática iba en serio. Libremente, pues, en España se ha votado en 1979, 1986, 1989 1993 y en 2000. Es probable que nos tengamos que ir acostumbrando a este tipo de sacudidas, pero si queremos mantener un alto nivel de normalidad, es decir de continuidad, tendrían que ponerse de acuerdo las formaciones políticas mayoritarias sobre temas básicos.

El modelo constitucional, la política exterior, la de defensa y la de seguridad nacional, incluida la lucha antiterrorista, debería ser sustancialmente la misma tanto si gobiernan los socialistas como los populares, y las acciones que inicie uno tendrían que ser asumidas por el siguiente. Es lógico que cada partido tenga su personalidad, no tienen por qué ser miméticos, aunque habría que evitar la política pendular, ese deplorable espectáculo que han dado, por ejemplo, nuestras tropas a su regreso de Irak o esas incontroladas declaraciones iniciales del ministro del Interior que luego ha debido compensar con otras más prudentes y mesuradas. De todas formas, la mayoría de los ciudadanos que votaron al Partido Popular piden de sus dirigentes que acepten la realidad, se haga borrón y cuenta nueva, y que intenten, con sentido patriótico, llegar a acuerdos estables sobre las líneas maestras de las grandes cuestiones nacionales. Seguro que el ministro de Defensa ya habrá aprendido que Irak no es Guadalajara y el del Interior ya sabrá que es necesario tener otro talante si pretende ser un ministro del Interior asumido por todos. Ese patriotismo que los ciudadanos conservadores reclaman de sus dirigentes es el mismo que los ciudadanos socialistas piden de los suyos. Y, si mucho me apuran, es el mismo realismo constitucional, al menos, que a los votantes nacionalistas les gustaría que tuviesen sus líderes.

Hay etapas en la vida de las naciones en que las discrepancias pueden aflorar sin mayores traumas, pero hay otras en las que la unidad es imprescindible si queremos que la libertad, la seguridad y la prosperidad no se nos deshagan entre los dedos. ¿Qué España constitucional queremos? ¿Cuál es nuestro papel en el mundo? ¿Qué educación vamos a dar a nuestros hijos? Los partidos políticos, según la Constitución, deben expresar el pluralismo y concurrir a la formación y manifestación de la voluntad popular, nunca convertirse en maquinarias de confrontación y de disolución. Si los partidos asumen ese papel, los ciudadanos se lo agradeceremos, sobre todo en tiempos tan difíciles y complejos como los que hemos empezado a vivir.

UNA MISIÓN IMPORTANTE
GERMÁN YANKE ABC 3 Mayo 2004

Entre los argumentos utilizados para justificar la inmediata repatriación de las tropas españolas en Irak se aludió a la inutilidad de la misión que allí desempeñaban. Inutilidad teórica, al parecer, porque algunos representantes del Gobierno español vuelven a hablar de la situación actual como «una guerra de ocupación», e inutilidad práctica, ya que se pudo escuchar que, allí, la mitad de los militares españoles estaban únicamente para proteger a la otra mitad.

Volvieron los integrantes de la Brigada Plus Ultra II, se les recibió con una fiesta paradójica en la que el presidente brindó y sus segundos le jalearon (y pretendieron que se le jaleara, precisamente, entre militares), y don José Luis Rodríguez Zapatero se refirió a la importante misión que los recién llegados habían llevado a cabo con eficacia y honor. ¿Había una misión más allá de la inutilidad de defenderse entre ellos en una «injusta guerra de ocupación»?

Hay, en todo esto, una parte de ridícula y contradictoria retórica, pero hay otra parte que conviene tener en cuenta para el futuro inmediato. Entre los principales objetivos declarados del nuevo Gobierno está la lucha contra el terrorismo, el de ETA y el islamista. Más allá de la zarabanda de los días que transcurrieron entre el 11 y el 14 de marzo, las voces más sensatas del socialismo español han subrayado que ese peligro, el del terrorismo, no es una reacción a la política del Gobierno anterior, sino la amenaza de quienes, dentro y fuera, quieren acabar con el sistema de libertades reconocido en la Constitución española. Los sindicatos, en la fiesta del primero de mayo, lo recalcaron también. La amenaza, en definitiva, contra la que luchaba el Gobierno de Aznar y contra la que tendrá que luchar el de Rodríguez Zapatero.

A nadie se le oculta, por otra parte, que la batalla contra el terrorismo, que extiende sus redes por todo el mundo, no puede limitarse a medidas autárquicas, sino que implica una estrategia general en la que todos los medios (los diplomáticos y los estrictamente de seguridad) suponen la colaboración internacional. Aún dejando de lado la polémica sobre la vuelta de las tropas de Irak, la posición española -de cualquier modo, es decir, también con una particular concepción de la legalidad internacional- no puede ser ajena a la presencia y cooperación en determinados escenarios en los que nos jugamos una paz que incluya los valores elementales de la democracia.

Y es en ese contexto en el que deben prepararse las tropas españolas y en el que, como por el momento se comienza a advertir, no tiene sentido una concepción unitaria de los papeles de la Policía Nacional y la Guardia Civil, llamada a misiones internacionales (como ya ha venido desarrollando) tan importantes como la que, al fin, el presidente del Gobierno reconoció a la Brigada Plus Ultra II en Irak. Lo que es inútil es irse de allí y no darse cuenta de que tendremos que estar en muchos sitios. Y lo que ya no puede esperar mucho tiempo es que se explique a la opinión pública la disposición y los medios para hacerlo.

El caso del Matamoros
Patologías paralelas
Cristina Losada Libertad Digital  3 Mayo 2004

Venía yo a decir aquí que el mundo islámico muere de fracaso y Occidente de éxito, y que estas enfermedades paralelas se juntan en los extremos en el abrazo de los fanáticos de las dos partes, cuando el cabildo de la catedral compostelana anunció la retirada de una imagen de Santiago Matamoros. El cabildo no forma entre los fanáticos, por supuesto, sino entre la multitud de bienintencionados que cree que a los que derribaron las Torres Gemelas, asesinan masivamente siempre que pueden, quieren islamizar Al Andalus, que es España, y amenazan con atentar contra la catedral santiaguesa, se les puede apaciguar con gestos de buena voluntad. Que, ante todo, no hay que exacerbar su ira.

La basílica, dijo el cabildo, recibe visitantes de toda clase y al retirar la imagen se evita "ofender a personas de otras culturas". Sería interesante saber cuántos musulmanes visitan la catedral; aunque el dato esencial ya lo conocemos: los lugares de culto islámicos no están abiertos a personas de "otras culturas" y en los países musulmanes, los católicos son minoría arrinconada y castigada. Parece que les ha servido de poco la actitud genuflexa ante el Islam. Aunque no buscarán con ella compensación material, sino espiritual. En el fondo, la patología suicida que sufre Occidente conecta con nuestras raíces religiosas; también figura en ellas el solaz del martirio.

En su libro Entre los creyentes, V. S. Naipaul cuenta que en una visita al Irán "revolucionario" fue recibido por un clérigo que ejercía de líder espiritual, y que le habló de la superioridad del Islam, la corrupción y el ocaso de Occidente, y demás tópicos habituales de los islamistas. En su segunda visita, el escritor se enteró de que el clérigo había fallecido, pero que antes había viajado a un centro médico de Estados Unidos en busca de una cura para su enfermedad. La anécdota, que se repite con variaciones en otros lugares de su viaje, lleva el dedo a la llaga del mundo islámico: el fracaso.

El fanatismo islámico es, en gran medida, fruto del fracaso de los regímenes árabes instalados con la descolonización. Su corrupción, sus políticas erradas, su falta de democracia, crearon la base social del islamismo. Algunos, en especial, el saudí, alimentaron deliberadamente a "los barbudos". Esos regímenes descubrieron que podían librarse del estallido de la cólera proyectando el resentimiento hacia otros: hacia Occidente. Así lo hicieron y lo siguen haciendo. Les va en ello la supervivencia; como les va también en que no surja una nación democrática y próspera en Irak.

Tanto ellos como sus peones asesinos captaron pronto y bien los puntos débiles de su enemigo. El triunfador tiene los talones de mantequilla. La molicie y el sentido de culpa lo paralizan. Veinte años de ataques terroristas sin respuestas contundentes, dice Bernard Lewis, produjeron el 11-S. Se crecieron. Se dieron cuenta de que Occidente purgaba su éxito dejándose desangrar. Durante la Reconquista, cuando el Matamoros se aparecía en las batallas para ayudar a los cristianos, los musulmanes demostraron que eran los mejores soldados cuando iban ganando, y los peores cuando iban perdiendo. La victoria los enardecía y la derrota los desmoralizaba; al avance cristiano seguían las conversiones y defecciones. La retirada del Matamoros, dice el cabildo, ya estaba prevista. Pero se produce ahora, igual que el otro repliegue: después del 11-M. Y bajo esa luz será interpretada. Como una cesión más que no nos sacará del punto de mira de los terroristas; al contrario, los envalentonará.

Política cultural
Declaraciones reveladoras
José María Marco Libertad Digital  3 Mayo 2004

En política cultural, el Gobierno del PSOE se ha estrenado volviendo a crear el Ministerio de Cultura. En las dos legislaturas del PP, unir este Ministerio con el de Educación llevó seis años porque la voluntad política no puede modelar a su antojo la realidad, ni siquiera la realidad administrativa. Veremos lo que sale de la nueva operación.

Pero la ministra ya ha indicado por dónde van a ir las cosas. Ha hecho declaraciones sobre el Museo del Ejército, sobre el Instituto Cervantes, sobre los precios de los museos nacionales. Dijo con toda claridad que iba a bajar el IVA de los discos y los libros. No era la expresión de un deseo. Era una decisión firme. Pues bien, el Ministerio de Cultura no tiene competencias en ninguno de estos campos. El IVA está regulado por Bruselas. El precio de la entrada a los Museos es competencia del Consejo de Ministros. El Cervantes depende de Asuntos Exteriores y el Museo del Ejército, de Defensa.

Parece que la ministra de Cultura no sabe bien de lo que está hablando, ni cuáles son las competencias que le corresponden. Tampoco habla de un detalle importante. Por ley, el uno por ciento de toda la obra pública se dedica a inversión en compra y conservación de patrimonio. Ese dinero estaba gestionado por un departamento de Fomento que, en comisión con la Secretaría de Estado de Cultura, realizaba y hacía públicas las inversiones. Este departamento ha pasado al nuevo Ministerio de Vivienda, que no tiene capacidad administrativa para gestionar estos fondos. ¿Qué pasará ahora con ese dinero? La ministra de Cultura lo querrá gestionar por su cuenta. ¿Se lo cederá Magdalena Álvarez, con quien la nueva ministra lleva muchos años de enfrentamiento enconado? ¿Lo cederá el gobierno a las Comunidades Autónomas? ¿Volverán los antiguos y añorados tiempos de opacidad y caciquismo?

El PP mantuvo una política cultural muy consistente en cuanto a inversiones en conservación y difusión del patrimonio y los museos nacionales. El volumen de compra fue mayor que el de ningún otro gobierno gracias a una buena gestión del uno por ciento cultural, pero también al déficit cero. Si vuelve la falta de disciplina presupuestaria, ya veremos lo que pasa.

La nueva ministra quiere importar el modelo de excepción cultural francés, que consiste en medidas proteccionistas y de apoyo a la cultura propia. También en este punto omite un detalle relevante. Los españoles tenemos el privilegio de expresarnos en una lengua internacional (la única, con el inglés). Nuestros productos culturales tienen un mercado natural de unos 400 millones de personas, además de todos los que conocen y hablan el español como segunda lengua. Esa es nuestra excepción cultural. Lo que a los españoles les conviene no son barreras ni subvenciones, sino salir a hacerse con este mercado, como ya han hecho los músicos.

Claro que la proclamación de la excepción cultural, tan destructiva para la cultura española, tiene otros objetivos. Primero, siembra la falta de seguridad y fomenta la envidia hacia quien es capaz de triunfar por su cuenta. Es la base misma del socialismo. Segundo, es un mensaje fuerte para las clientelas culturales del PSOE.

Aunque el PP integró el Ministerio de Cultura en el de Educación, no se atrevió a suprimir los programas y departamentos destinados a la propaganda (en particular el cine, el teatro y actividades recreativas y folklóricas varias). Como el sesgo político de estos departamentos es inevitablemente progresista, los gobiernos del PP pusieron al frente a personas que habían abdicado previamente de marcar la agenda cultural según un programa propio. Su único cometido era ganarse la simpatía del progresismo. No lo consiguieron nunca, como es natural. Estaban destinados a hacer de figurones simpáticos. Los depredadores progresistas los despreciaban, pero los halagaban para conseguir dinero o favores. Alguien tendrá que hacer algún día la psicología moral de los personajes de la política menuda dispuestos a aceptar este papel.

Pues bien, se acabó incluso esa pequeña molestia. Con sus declaraciones, en apariencia tan poco pertinentes, la ministra está marcando con claridad el terreno.

Las lenguas del Senado
Cartas al Director ABC 3 Mayo 2004

Oigo asombrado la noticia de que Javier Rojo, presidente del Senado, apoyará que se usen las distintas lenguas autonómicas en esta Cámara. En el colmo de la «progresía» y de lo «políticamente correcto»; puede que dentro de no mucho tiempo tengamos que asistir al lamentable espectáculo de ver cómo sus señorías tienen que recurrir a aparatos de traducción simultánea cuando quieran entender a sus colegas nacionalistas de Cataluña, Galicia y País Vasco. No es cuestión de discriminación de las diferentes lenguas de España, es simplemente sentido común.

¿Por qué los españoles vamos a tener que aguantar que se encarezca y ralentice aún más el funcionamiento del Senado? ¿Sólo porque a unos «iluminados» se les haya ocurrido que es mejor no diferenciarse de los demás que hacerse entender en la lengua que todos conocemos? ¿De veras creen que con eso apoyan las lenguas de sus respectivas Comunidades?

Si Valle-Inclán viviera en nuestros días hubiera tenido que inventar otro género literario, pues el esperpento ya existe y se llama «Sus Señorías y la Traducción Simultánea». Se desarrollará en el Senado en próximas fechas.

Fernando Ausín Iglesias. Palencia.

Gobierno decepcionante
Cartas al Director ABC 3 Mayo 2004

Despues de unos días, la primera impresión que ofrece el Gobierno no puede más que resumirse en esta palabra: decepcionante. Y no sólo por la retirada de nuestras tropas de Irak, en un plazo de apenas 48 horas tras la toma de posesión de Rodríguez Zapatero, cuando éste había anunciado que esperaría hasta el 30 de junio, y que deja a los iraquíes a su propia suerte y muestra a los terroristas que con sus atentados pueden cambiar la política de un país entero, sino por el nuevo talante. Un talante de equivocaciones y de errores que se suceden en cascada. Primero, la pésima negociación de la ministra Espinosa en Bruselas, que deja sin recursos el campo español. Luego, el ministro del Interior, que acusa al PP de irresponsabilidad en los atentados de Madrid. Luego, la ministra de Medio Ambiente, que logra concitar contra la paralización del Plan Hidrológico Nacional a todo el Levante, y finalmente la ministra de Cultura, Carmen Calvo, que se tira de la moto y propone unas rebajas en el IVA de libros y material musical que la Comisión de Bruselas se apresura a desaconsejar. Y la paralización de la reforma de la enseñanza, que va a favorecer que el cretinismo y la apatía se apodere de la gente joven. Por no hablar de la táctica de hechos consumados en el Parlamento frente al diálogo prometido, tan cacareado.

Lamentables primeros días de Gobierno socialista. Y esto es solo el aperitivo.
Pedro Pérez de la Blanca Sales. Granada.

Objetivo, el petróleo
Opinión El País  3 Mayo 2004

Arabia Saudí ha pasado en poco tiempo desde una confortable oscuridad informativa a ser uno de los vértices del terrorismo islamista, un fenómeno en expansión con cada vez menos excepciones en el mundo árabe y que recientemente apunta hacia algunas de las ciudades de Oriente Próximo, desde Ammán a Damasco, que se consideraban a salvo del azote. El reino feudal de los Saud, que por su condición fundamentalista se consideraba lejos del punto de mira de la dinamita, conoce desde el año pasado una escalada del terror que sólo en Riad ha provocado más de medio centenar de muertos. El último episodio es el asesinato, este sábado, en la ciudad de Yanbun, en el mar Rojo, de cinco empleados occidentales de una firma petrolífera suiza.

Hasta tal punto la cuna de Osama Bin Laden ha pasado a ser blanco declarado de los propósitos de desestabilización del integrismo armado de Al Qaeda que EE UU ha aconsejado recientemente a sus 35.000 nacionales que abandonen inmediatamente el país. Y no cabe argumentar ya que la sucesión de atentados busca exclusivamente castigar a los infieles occidentales invasores de la tierra sagrada. A finales de abril, un ataque suicida mató a cinco personas y redujo a escombros un edificio de seis plantas usado por la policía en una fortificada zona de la capital que alberga otros varios centros oficiales.

Más allá de su insania intrínseca, los asesinatos de Yanbun son los primeros destinados a aterrorizar a los técnicos e interrumpir el suministro de la industria petrolera más poderosa del mundo. Similar estrategia acaba de ser ensayada en Basora, en el sur de Irak, donde fanáticos suicidas lanzaron sus lanchas-bomba hace poco más de una semana contra una terminal exportadora. El hecho de que el golfo Pérsico produzca la mitad del crudo que consume el planeta explica la inquietud creciente de los Gobiernos de la región ante el nuevo frente. En la coyuntura actual, con precios en ascenso y alta tensión política, un ataque contra una gran instalación podría tener consecuencias económicas de alcance global.

¿Victoria?
IÑAKI EZKERRA El Correo  3 Mayo 2004

La foto la sacó este periódico en su portada del miércoles. Un grupo de soldados españoles subido a un vehículo que salía de Diwaniya sonreía mirando a la cámara y haciendo con los dedos el signo de la victoria. Le doy vueltas a esa imagen y no me libro de la quisquillosa sensación de que había en ella algo que chirriaba aún más que los rodamientos de los tanques y las camionetas. Entiendo que esos soldados se quisieran ir a casa. Entiendo que no les gustara esa guerra. Entiendo incluso que haya en sus mentes una confusa mezcla de rechazo moral a la permanencia en Irak -como antes a la intervención- y de terror amoral al riesgo que corrían así como que no sepan muy bien dónde acaba uno y comienza el otro. Entiendo el júbilo de los familiares porque ellos son los eternos y sufrientes testigos de ésta y de todas las guerras. Lo que no acabo de entender por más vueltas que le doy es esa uve de la victoria dibujándose en unos dedos refractarios a los gatillos de las armas.

¿Victoria ante quién? ¿Ante los levantiscos milicianos chiíes que seguían disparándoles pese a estar informados con pelos y señales de que esas tropas se hallaban en retirada? ¿Victoria quizá ante los soldados de la coalición que se quedaban allí y a los que hasta entonces habían tenido de compañeros? ¿Victoria ante los pacifistas de España y de todo el mundo? ¿Hacen los pacifistas el mismo signo que hacen los vencedores de las guerras? ¿Victoria ante los partidos que han hecho su propia guerra electoral oponiéndose a esa guerra? ¿Victoria política? No sé, había en esa foto, en esas sonrisas, más que sardónicas 'sardánicas' (o sea como de Sardá), en esos ángulos dactilares demasiada carga ideológica que no pega con el oficio castrense y hasta demasiado pacifismo militante que se da de tortas con el ordenancismo militar. Entiéndase, esos muchachos cobran y nadie les forzó a entrar en el Ejército. Si estás tan ideologizado no te metes a soldado sino a Ezker Batua. Si eres antimilitarista no te haces militar profesional. Los antimilitaristas de antes hacían objeción de conciencia y los que no lo teníamos tan teorizado pero veíamos que sencillamente no era lo nuestro nos hacíamos los locos o los miopes para librarnos.

Se entiende que uno se arrugue ante una amenaza. Lo que no se entiende o queda patético es que al desaparecer la amenaza saque pechito. Entre esconder los féretros como Bush y hacer la victoria cuando te retiras hay un punto medio, como entre el ejército profesional y las Crónicas Marcianas. Hay pacifistas que gritan «¿Muera la inteligencia!» como Millán Astray.
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