AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 7 Mayo 2004
Con luz y taquígrafos
Editorial La Razón  7 Mayo 2004

SANTIAGO, EN RETIRADA
SERAFÍN FANJUL  ABC 7 Mayo 2004

LA INQUISICIÓN PROFANA
M. MARTÍN FERRAND ABC 7 Mayo 2004

EL PERIODISTA ELIMINABLE
Carlos HERRERA ABC 7 Mayo 2004

PRISA, espada y escudo del PSOE
EDITORIAL Libertad Digital  7 Mayo 2004

La lista negra del Tripartito
Ignacio Villa Libertad Digital  7 Mayo 2004

Una comisión para la verdad
GEES Libertad Digital  7 Mayo 2004

Los intelectuales o el retorno de la estupidez
Alberto Acereda Libertad Digital  7 Mayo 2004

INFORME TOTALITARIO
Editorial ABC 7 Mayo 2004

El secreto de Maragall
Emilio J. González Libertad Digital  7 Mayo 2004

Lista negra de periodistas
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 7 Mayo 2004

ZP ya ha pedido a la UE que reconozca el catalán, vasco y gallego y asumirá su coste
Javier Jiménez La Razón  7 Mayo 2004

La financiación de Torre de Babel
Nota del Editor 7 Mayo 2004


 

Con luz y taquígrafos
Editorial La Razón  7 Mayo 2004

Consciente el Partido Socialista de que la futura comisión parlamentaria sobre el 11-M puede sacar a la superficie algunas actuaciones, poco edificables, por cierto, de algunos de sus más caracterizados miembros en los trágicos días que sucedieron a la matanza de Madrid, intenta circunscribir el ámbito de la investigación «a las acciones de los responsables políticos» en los días que precedieron y sucedieron al brutal atentado. Para ello, cuenta con la colaboración de Izquierda Unida y de Esquerra Republicana de Catalunya, algunas de cuyas intervenciones posteriores al atentado también están marcadas por razonables sospechas de manipulación.
De ahí que sea de la máxima importancia que el Partido Popular acuerde una reglas de juego flexibles que, sobre todo, estén presididas por el viejo aforismo de «luz y taquígrafos». Comprendemos las reticencias de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, expresadas a través de sus representantes sindicales, a que se ventilen en público algunos aspectos sensibles de la investigación policial, pero lo que está en juego no es de carácter menor. El Gobierno de José María Aznar fue acusado lisa y llanamente de mentir en un asunto tan grave como la matanza de Madrid, el atentado más sangriento que ha sufrido Europa desde la Segunda Guerra Mundial, y está en su derecho de exigir una investigación lo más amplia y abierta posible que aclare todos los puntos oscuros de unos días que terminaron con el inesperado vuelco electoral.

Porque, más allá de la búsqueda de responsables, la única intención que debe guiar a nuestros representantes parlamentarios es la de acabar con las dudas y el demoledor cruce de acusaciones e insinuaciones que tanto daño está haciendo a la confianza de los ciudadanos en su clase política.

Esta petición de luz y taquígrafos no debe, sin embargo, interpretarse torticeramente. Porque si la Comisión parlamentaria se convierte en un simple instrumento para el enfrentamiento partidista, en un campo más de la lucha electoral de cara a las próxima elecciones europeas, sería mejor que no se pusiera en marcha.
No hay que olvidar que por la naturaleza de lo investigado, una acción criminal realizada por un grupo terrorista con conexiones internacionales, es de prever que surjan diferentes interpretaciones a la hora de valorar qué informes o comparecencias pueden poner en peligro la seguridad futura de la nación y cuáles no. De la responsabilidad de nuestros representantes depende que esa necesaria cautela no se convierta en una excusa para desnaturalizar la comisión. Es, pues, aconsejable, que se alcance un pacto previo entre los dos grandes partidos nacionales sobre los documentos secretos que deben ser desclasificados. Dos partidos, el PP y el PSOE, que, en términos generales, han sabido cumplir los compromisos del Pacto por las Libertades no deberían tener dificultades para alcanzar un acuerdo que, salvaguardando los intereses del Estado, permita que los españoles conozcan la verdad, y sólo la verdad, de la terrible tragedia.

SANTIAGO, EN RETIRADA
Por SERAFÍN FANJUL Catedrático de Literatura Árabe U.A.M. ABC 7 Mayo 2004

NUNCA pudo imaginar el jinete del blanco caballo que él también sería retirado por orden superior, aunque la Iglesia Católica es muy dueña de ubicar o desubicar las imágenes de sus altares como mejor le plazca. No incurriré, pues, en la impertinencia de tantos ateos hispanos, perpetuos manifestantes de su despego y odio por el catolicismo -allá ellos con sus complejos si no han sido capaces de superarlos- pero que se consideran facultados para dictar qué debe la Iglesia hacer, u omitir, en cualquier asunto de su gusto. Así, se han cansado de reñirle por los pasos que da, o no, en torno a la canonización de Isabel la Católica, mientras guardan un silencio más culpable que táctico acerca de asuntos equivalentes -o mucho más graves- de otras confesiones. Viene esto a propósito de la retirada -las retiradas, en España, parecen haberse puesto de moda- del Santiago Matamoros existente en el crucero de su catedral, cercano a la Puerta de Azabachería. Con todo respeto, querría hacer algunas reflexiones sobre el particular, como mero producto de buena voluntad y preocupación, porque el fondo del problema nos atañe a todos.

El lance se asemeja demasiado a otros acaecidos recientemente en nuestro país como para no escamarnos: un tal Pérez fue a Perpiñán a comprar seguridad para Cataluña de una banda mafiosa y la jugada le salió redonda en las elecciones (la categoría moral de sus votantes es otro tema que no afecta a la utilidad inmediata); después, Rodríguez, el socio de Pérez y digno heredero de González, ensayó la maniobra de adquirir inmunidad para España y para él mediante la espantada en Iraq (veremos cuánto dura el Cuento de la Lechera); ahora, esconden a Santiago creyendo aplacar de tal modo a los islamistas. Se equivocan de medio a medio y no sólo porque gestos así desaniman a la afición, muy apegada a tradiciones pequeñas, a rituales de siglos, a minúsculos hábitos de política local. El feligrés de abajo está en su derecho de entender la fe en su escala directa y sencilla, y siento tener que decirlo, pero temo que no sobra: no me puedo tomar en serio, y menos como representante divino, a un hombre ataviado con vaqueros y chupa que se pule una talla románica del siglo XII para construir un chamizo al que llama iglesia: los ejemplos abundan, así pues no me pidan encalcar en silos tan escabrosos. La dignidad y empaque en los templos no fue un invento gratuito, fruto del abuso de las jerarquías, sino una necesidad objetiva para organizar la religiosidad. Y así ha sido en todas las religiones determinantes de la marcha humana. Pero la dignidad no es sólo la de los edificios, también la de los actos.

Ni siquiera es lo peor que no consigan con ese gesto y otros similares preservar las iglesias, el Vaticano o la misma catedral de Santiago de eventuales atentados islámicos; o que, ante la debilidad demostrada, arrecien las pretensiones sobre la catedral-mezquita de Córdoba. Consecuencias todas que la Iglesia se habrá ganado a pulso -ojalá que no- con tanta renuncia a darse por enterada de la realidad, empezando por la que viven los cristianos en los países islámicos, por otra parte bien conocida y bien soslayada. Son problemas de la Iglesia que ésta afrontará como estime oportuno, si bien el poner la otra mejilla -hasta eso- debe tener un límite, porque entre el espíritu de Cruzada -que, obviamente, hoy nadie defiende- y meter el multiculturalismo zascandil en las sacristías, hay un largo trecho y un amplio abanico de posibilidades. El pretexto aducido -no herir la sensibilidad de los musulmanes- se sostiene muy malamente y no logra convencernos de nada. Francia está plagada de monumentos con alusiones a «la barbarie alemana» (sic), en México es difícil encontrar algún rincón sin una lápida de condena para «Cortés y los españoles» y en las mezquitas del mundo entero no existen imágenes anticristianas sencillamente porque no hay imágenes de ningún tipo, pero ganas no faltan. Es difícil ofender la sensibilidad de las enormes multitudes de musulmanes que visitarán la catedral de Santiago, por la sencilla razón de que nunca existirán tales muchedumbres. Y si algún musulmán ilustrado, por curiosidad cultural, se acerca a la ciudad y al templo, lo más probable es que disponga de la formación suficiente para contemplar las imágenes con el distanciamiento y la objetividad precisos, la perspectiva temporal y el deseo de superar sucesos históricos que, de hecho, ya están superados, al menos por nuestra parte.

En este caso el cabildo de Santiago incurre en una flagrante contradicción como miembro de la Iglesia que es: no se puede estar lamentando a todas horas la pérdida del sentido profundo y de la simbología de cuanta imaginería, lienzos, bajorrelieves, retablos, capiteles pueblan nuestros templos y museos, que son resultado de un largo proceso histórico, social y religioso de muchos siglos, y al tiempo escurrir el bulto y propiciar el olvido del origen y utilidad en su momento -momento de centurias- de uno de los pilares fundacionales de España y que tanto contribuyó en el imaginario colectivo a cohesionar nuestra nación. A estas alturas es irrelevante si hubo batalla de Clavijo o no, o cuál es la verdadera identidad del personaje allí enterrado: desde luego no me refiero a los historiadores, que sí pueden y deben investigar tales extremos, sino a los sentimientos y creencias todavía actuantes en gran parte de la población española. El cabildo de Santiago ayuda a vaciar más aún de contenido nuestra historia y la de la misma Iglesia -¿qué dirán sobre la orden militar de Santiago?-, que fue como fue, por fortuna pese a todo, y que no debemos desconocer, ni arrugarnos por ella, máxime en un país en el que todo se ha vuelto light, progre, diver y guay (en el tontorrón sentido que se ha conferido a la palabra en la actualidad). ¿Cómo ignorar que la nación española se forjó precisamente en el designio colectivo de no querer ser musulmanes y que la figura de Santiago desempeñó un papel central en ese proceso? Ya nos pareció una jaimitada que se suprimiera el carácter de fiesta nacional (para toda España) del 25 de julio, pero ahora se prosigue la tarea en el santuario mismo del Apóstol, falsificando el pasado y descafeinando el presente: ¿no comprenden que las creencias forman un todo de conjunto y que como empecemos -continuemos, de hecho- a deshilachar los flecos el lienzo entero se deshará? Ni lo comprenden ni les importa, sólo ven a corto plazo.

En España sobran confusión, oportunismo y, sobre todo, ignorancia, el peor de nuestros males: un ministro de Defensa (no éste, otro) dice «la p... Mili» para referirse al Servicio Militar; la izquierda se niega a enmendar la catástrofe educativa por ella misma creada; papanatas postmodernos y de veras provincianos eligen como mejor película española una cinta rodada en inglés y con actores extranjeros (a continuación nos piden que apoyemos al cine español); agricultores se indignan un día por la quema de sus camiones en Francia (nuestro protector actual: sálvese quien pueda) y al siguiente acuden encantados a comprar en almacenes franceses; y aun no faltan ilusos que, con la derrota electoral del PP, creen haber dado la vuelta a la Batalla del Ebro. Cada loco con su tema y cada crío con su juguete. Es grave el desmerengamiento general del país, y las pocas instituciones serias que nos van quedando -la Iglesia es una de ellas, claro- no pueden favorecer el desmadre. Todos los pueblos se han fabricado su propia mitología, que al menos vale de modelo utópico de referencia, para imaginar a través del personaje literario o del héroe anónimo cómo nos gustaría ser en realidad, puesto que algo -o mucho- hubo de verdadero en el nacimiento de los arquetipos: don Juan, don Quijote, el Cid, los majos del 2 de mayo o las diversas Agustinas de nuestra historia han sido los nuestros; pero mal asunto es que incluso los mitos, como sucede, pasen a engrosar el pelotón de los peluches de trapo de las ferias objeto de pedradas y pitorreos, o que los depositarios del espíritu arrumben a los santos en fayados y paneras, porque entonces se descubre que ni somos indómitos, ni generosos, ni abiertos, ni grandes amadores, y ni siquiera simpáticos. O unos sí y otros no y según en qué circunstancias, lo normal.

Hace unos días César Alonso de los Ríos me dirigía una amable pregunta retórica: ¿cómo se dice «talante» en árabe? Por supuesto, no voy a abusar de la hospitalidad de ABC, ni a aburrir a los lectores, con una exhibición lexicográfica, pero sí señalaré que en esa lengua no existe un término que aúne los distintos matices del nuestro. Tal vez la expresión hala ruhiyya (estado anímico) sea lo más parecido, aunque tratándose de Rodríguez lo más apropiado debe ser dammu-hu jafif (sangre ligera), es decir «simpático, agradable», ese buen talante de que tanto presume y que algunos no le vemos por ningún lado, pero que tan eficaz será cuando sus amigos marroquíes lancen la próxima Marcha Verde contra Ceuta y Melilla, una vez engullido del todo el Sahara con el solícito concurso de los monaguillos hispanos, los últimos que faltaban en la foto, tan aficionados como son los socialistas a hacerse fotos (incluso delante del mapa del Gran Marruecos) o a recordar las ajenas. Rodríguez se enfrentará a la situación (es un decir) con alegría y buen talante. Y sin Santiago Matamoros, mohíno y cabreado, porque hasta en España se avergüenzan de él.

LA INQUISICIÓN PROFANA
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 7 Mayo 2004

AUN no siendo propiamente un invento español es aquí, entre nosotros, donde la Santa Inquisición adquirió mayor grandeza, lució más poderío e influencia y, hasta cumplido el primer tercio del XIX, sirvió para husmear conductas, reprimir talentos, romper conciencias, destrozar burgueses y, en suma y desde el dogmatismo, llenar de represión y miedo la vida española. Hasta fray Luis de León o San Francisco de Borja sufrieron aquí el peso y el castigo de tan portentosa máquina destructora de libertades.

Tengo la sensación de que, tras un breve reposo en tan malas costumbres como las implantadas por el Santo Oficio, a finales del XIX tomó su relevo, a manera de inquisición profana, el mismísimo PSOE, que en su primer siglo y cuarto de vida no ha perdido oportunidad de atentar contra la libertad de los españoles, aunque, eso sí, vistiendo su esterilizador esfuerzo con ropajes grandilocuentes de sentido social y servicio al común. Desde que Miguel de Unamuno, su único intelectual de respeto, salió huyendo del socialismo por considerarlo «intolerante y lleno de prejuicios» no hay un solo capítulo en su historia, en la que no faltan algunas -pocas- páginas brillantes, en donde la búsqueda de la libertad y su consagración sean un ingrediente principal. Es más, si ese afán liberticida no brilla con mayor luz es porque carece del contraste de un desarrollado amor a la libertad por parte de los restantes grupos, partidos y movimientos del mosaico español.

La última pieza, y muy notoria de la saña antiliberal socialista, procede de Cataluña, tiene el cuño del tripartito que preside Pasqual Maragall y es, directamente, un atentado contra la libertad de prensa y expresión que, aun preconizada por la Constitución vigente, tan pocos entusiasmos verdaderos produce por estos pagos. Me refiero al In-forme sobre medios de comunicación social que, desvelado por CiU, pone en evidencia la saña inquisitorial y censora, discriminadora e intervencionista, con que el PSC y sus socios de Govern se enfrentan a la realidad, nada tremendista y muy moderadamente crítica, de los medios y sus profesionales en Cataluña.

Es la inquisición laica, que, heredera de la clerical, parece inseparable de la vida española. Algo absolutamente concordante con las más enraizadas prácticas socialistas y que, por no irnos al pasado más lejano, la Junta de Andalucía puso en marcha, hace veinte años, para «castigar» al ABC de Sevilla retirándole las cuotas y cuentas de publicidad que le correspondían como primer diario de la región en difusión e influencia. Desde entonces, y sin más diferencias que las del estilo de los inquisidores de turno, el socialismo, allí donde gobierna, no ha cejado un milímetro en su permanente avance para negar la libertad de los demás en beneficio del poder propio. En ese avance, ahora les ponen el sambenito a los periodistas catalanes menos devotos.

EL PERIODISTA ELIMINABLE
Por Carlos HERRERA ABC 7 Mayo 2004

¿QUÉ es un «periodista crítico»? Dícese, tal vez, de aquél que no ríe las gracias del político seducido de estar redimiendo a su grey o del gestor convencido del dechado de bondades que le adorna. ¿Qué hacer con ese periodista?: se le puede ignorar, se le puede intentar convencer o se le puede acorralar, eliminar, atosigar. El gobierno tripartito de la Generalitat de Cataluña ha elaborado un listado de los amigos y los enemigos, y en él debemos estar un puñado de tozudos infieles incapaces de maravillarnos con las genialidades de una serie de actores inimitables de la política. La cosa no es nueva. Los periodistas que ya tenemos una edad y una cierta experiencia en el trato con los responsables públicos sabemos que éstos tienen dos formas de variar nuestro criterio, una legítima y otra ilegítima. No es ningún pecado intentar que un comentarista político varíe su opinión tratando de convencerle: se reúne uno con el gacetillero, se le explica lo bien que se están haciendo las cosas, se intercambian opiniones, se coquetea con determinadas informaciones reservadas, se brinda algún tipo de confidencialidad y se establece un canal de comunicación. Eso se hace todos los días y es legítimo, como digo.

Luego el columnista o informador toma sus conclusiones y actúa en consecuencia. Sin embargo, otro camino muy distinto, ilegítimo, es el de la intimidación, el de la presión. No debe de ser fácil, en el caso de un responsable público, desayunarse algunas mañanas con aceradas críticas o con informaciones desfavorables, pero ello no legitima para considerar enemigo mortal a quien difiere en el análisis: hay políticos que, efectivamente, amenazan, coartan y actúan con métodos reprobables. Los hay que tratan, directamente, de suprimirte y los hay que utilizan vericuetos de presión para condicionar tu criterio: la labor de los directores de los medios estriba, precisamente, en proteger tu independencia y en garantizar tu continuidad. En mis años empleados en la radio pública, especialmente sensible al dictado político ya que éstos se creen en la titularidad del medio -sea cual sea el partido que administre el Gobierno-, no pocas veces ha sido pedida mi cabeza o la de algún otro compañero, pero debo decir que he tenido la suerte de coincidir con excelentes profesionales que han sabido torear la cuestión con indisimulada habilidad: Diego Armario, Francis Romacho, Mercedes de Pablo, González Ferrari sacaban la muleta y lanceaban con arte al morlaco de turno evitándome la violenta situación de tener que elegir entre mi criterio o mi puesto de trabajo. Desafortunadamente, claro, no siempre es así.

Pero lo que hoy nos ocupa es el tono del estudio que los muchachotes del Gobierno de Maragall emplean para referirse a los medios no afectos, a los que pretenden «controlar y democratizar»: cuando un político de naturaleza sectaria como los que gestionan el Gobierno catalán habla de controlar y democratizar, lo que está diciendo es que todo aquél que mantenga posiciones críticas se vaya preparando para conocer el frío de la calle, y al frío de la calle se llega de muchas maneras. Ya sabemos que todo lo que no sea decir que los tripartitos son altos, guapos, listos y clarividentes supone caer en una lista negra de la que, por lo visto, se libra una parte notable del periodismo catalán, tan bondadoso él con los que tiene cerca. Los demás, los que estamos vendidos al oro enemigo, no pasamos de ser una suerte de lacayos de los poderes negros, sombríos, de la reacción. A mí, como a tantos otros, me resbala que un político me salude o no, o que me trate con desprecio o que me mire con odio, sólo faltaría, pero me desalienta notablemente que me considere eliminable. Esa es la única razón por la que a muchos periodistas les enorgullece estar en determinadas listas. Yo mismo entre ellos. 
cherrera@andalucia.net

PRISA, espada y escudo del PSOE
EDITORIAL Libertad Digital  7 Mayo 2004

El País, no contento con hacer público parte del secreto sumarial del 11-M—por cuya filtración el PP ha pedido acertadamente la comparecencia del ministro del Interior— encima lo ha presentado de forma manipulada. Como acertadamente, ha denunciado este jueves el diario ABC, el informe policial se entregó el 18 de marzo, cuando ya se había confirmado la autoría de los islamistas.

El País vuelve así a la manipuladora estratagema de enjuiciar la información que daba el ministro Aceves contrastándola con una información policial posterior, que ya incorporaba datos que el ex ministro no disponía en el momento en que comparecía ante los medios de comunicación.

A este conocido juego con el tiempo, que tanto caracterizó la manipulación político-medíática llevada a cabo por Prisa y el PSOE los días posteriores a la matanza, también se ha referido el portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana. Preguntado por las informaciones de El Mundo que apuntan a la posibilidad de que hubieran filtraciones al PSOE de las Fuerzas de Seguridad del Estado antes de informar al Gobierno durante las primeras horas después de los atentados, Zaplana ha respondió que no lo podía precisar pero que la comisión de investigación servirá para aclarar "todas esas especulaciones".

Lo que Zaplana se ha atrevido tímidamente a señalar es que el Gobierno tuvo "la sensación" de que "alguien jugaba con nosotros" y que lo que le extrañó es que "algunos manejaban una información que, de ser cierta, la manejaban con anticipación a la información que recibía el propio Gobierno.

¿Y si los socialistas dicen en la comisión que se enteraron por La SER? ¿Son conscientes ya los dirigentes del PP que cuando lleguen allí, de nada —o nada bueno para ellos— servirá la comisión de marras si no se atreven a hacer referencias directas a lo que dijeron los medios de Prisa en esos días de infamia vividos entre el 11 y el 14-M? ¿Va a ser la principal arma contra el PP la que le sirva al PSOE de escudo y de coartada? Si el PP quiere de verdad denunciar la operación político-medíatica de la que ha sido víctima, pero sólo está dispuesto a levantar su dedo acusador hacia el PSOE, sin denunciar sus complicidades mediáticas, las futuras jornadas de la comisión van a hacer buenas a las vividas tras el 11-M.

Cataluña
La lista negra del Tripartito
Ignacio Villa Libertad Digital  7 Mayo 2004

¿Alguien necesita más pruebas para saber cómo se las gasta el Gobierno tripartito catalán?. La aparición pública de una lista negra en la que se hace una descripción de muchos periodistas "militantes contrarios al régimen" destapa el verdadero fondo del Ejecutivo catalán. Esta lista de malditos deja al descubierto qué se esconde detrás de esas formas que dicen diferentes y abiertas. Desde luego, está claro que son muy diferentes. Es la vuelta a la persecución ideológica de la prensa. Una auténtica caza de brujas en el periodismo catalán. Pero en este caso, la prensa no es más que una excusa. Hoy son los periodistas, mañana les tocará el turno a otro colectivo.

La lista negra del Tripartito es el ejemplo más claro de los métodos que son capaces de utilizar en el Ejecutivo catalán. Es la puesta a punto de la maquinaria para el control social más exhaustivo. Es la obsesión por dominar todos los resortes del poder y de la opinión pública. Es la utilización más miserable del miedo, para tener bajo la propia bota las portadas de los periódicos y los informativos de radio y de televisión. Es, en definitiva, una cuidada elaboración de una telaraña que controle la crítica política, la libertad informativa y la oxigenación democrática.

La lista de perseguidos por el Gobierno catalán debe ser un motivo serio de preocupación entre los ciudadanos catalanes. Cuando se hace público un desmán de estas características, es previsible que sólo estemos percibiendo la punta de un iceberg profundo y pesado. Es una auténtica vergüenza para el Ejecutivo de Maragall. Y no nos engañemos, aunque ahora todos se pongan como motos desmintiendo y matizando. La realidad está ahí.

El daño está hecho. Los objetivos ya son públicos. Es la vuelta al
control, a la censura y a los castigos. Es la demolición de las maneras democráticas en sus cimientos más sagrados. ¡Es una auténtica pena!

11-M
Una comisión para la verdad
GEES Libertad Digital  7 Mayo 2004

El 18 de abril, el GEES aconsejó en estas mismas páginas al Partido Popular “exigir la apertura de una comisión de investigación que estudie y analice el 11-M con el objetivo de poner remedio a lo que parecen evidentes fallos de la inteligencia y de la policía”. 18 días más tarde, el secretario general del Partido, Mariano Rajoy, ha anunciado que propondrá su creación. Con ello el Partido Popular se apunta un gran acierto estratégico y la sociedad española se encuentra más cerca de conocer la verdad sobre el 11-M.

El PP salió de las Elecciones del 14 de marzo cornudo y apaleado. Apaleado porque perdió de forma injusta las elecciones y cornudo porque un sector mayoritario de la opinión pública española e internacional aún considera que el Gobierno Aznar mintió sobre el 11-M. Mientras el PP no sea capaz de levantar de forma plena esa acusación será difícil que pueda volver a ganar unas elecciones. Una comisión de investigación es sin duda el mejor instrumento político para clarificar las cosas.

Hay una segunda razón que quizá sea aún más importante para constituir esta Comisión. Las escandalosas informaciones aparecidas en las últimas semanas sobre los fallos en nuestros servicios de seguridad exigen necesariamente la asunción de responsabilidades. El actual Ministro del Interior se ha apresurado a exonerar toda responsabilidad a los servicios e imputarlas exclusivamente al anterior Gobierno. Eso es literalmente romper las reglas del juego. Porque si ante cualquier nuevo atentado, que esperemos no ocurra, se culpara al nuevo Gobierno, entraríamos en un juego destructivo para la democracia.

Pero los ciudadanos tienen derecho a saber que falló en nuestro sistema de seguridad y, lo que es aún más importante, qué debemos hacer para que no vuelva a ocurrir otro 11-M o incluso algo peor en el futuro. Ante un hecho de esta gravedad crear una Comisión de Investigación es una práctica común en todas las democracias y no debe interpretarse como un ataque contra las fuerzas de seguridad, sino todo lo contrario.

Existe aún una última razón por la que esta Comisión resulta ineludible: la actitud chulesca del PSOE. Rubalcaba había retado expresamente al PP a que pida esa investigación, insinuando que si se constituye, los populares tienen mucho más que perder que ganar. Pero acto seguido se había dedicado a convencer a sus socios parlamentarios para que no la pidieran, porque nos tememos que quién más tiene que ocultar sobre el 11-M es el propio PSOE. Con la iniciativa de Rajoy, el PSOE no podrá ya seguir alimentando de forma interesada la sospecha.

El PSOE ganó las pasadas elecciones encaramándose en 200 muertos para lanzar una gran calumnia. El PSOE seguía explotando la mentira mientras el PP no reaccionaba. Es posible que esta comisión pueda evidenciar algún error del Gobierno anterior. En todo caso, serán errores pagados con creces en las urnas. Sin embargo, el actual Gobierno tendrá que dar ahora explicaciones sobre porqué y cómo ganó las elecciones.

GEES: Grupo de Estudios Estratégicos.

Abusos en Irak
Los intelectuales o el retorno de la estupidez
Alberto Acereda Libertad Digital  7 Mayo 2004

Hoy ya son masa los cerebros que por el mundo habitan. Gentes veneradas y mejor pagadas que bajo manto de cultura adquirida y unos cuantos libros o unas cuantas películas acaban gozando de la sublime etiqueta de “intelectuales”. En Europa, bajo pancarta o bajo columna aprovechan cualquier descuido o error de Washington para exhibir su genético antiamericanismo, su errada memoria histórica y su limitada estima por la verdadera libertad. Los vergonzosos abusos por parte de un grupo de soldados americanos a prisioneros iraquíes sirven de excusa para el vómito diario de muchos de estos intelectuales.

En España, los ataques de estos “intelectuales” pueblan los medios de comunicación. El diario La Razón, por ejemplo, publica el 6 de mayo una columna de opinión bajo el titulo “Retorno al pasado” en la que su autor, un intelectual universitario afincado en Barcelona, pontifica sobre la cultura norteamericana y acaba echando pestes contra Bush por los abusos cometidos por sus tropas en la “injusta e ilegal” Guerra de Irak. Poco le importa a este intelectual que el mismo Bush haya expresado varias veces su rechazo total contra estos actos y su seguridad de que se castigará a los culpables. Como si lloviera. El intelectual sigue a lo suyo, y así en su “retorno al pasado”, el reconvertido columnista nos recuerda por comparación las torturas de la dictadura franquista. De ellas nos asegura sin reparos que puede dar testimonio Jordi Pujol. Al final, el intelectual enmarcado anima a sus compañeros, los “intelectuales, herederos de Europa”, a alzar su voz.

Los hechos que se omiten son significativos: tras las alegaciones de malos tratos, el Ejército norteamericano comenzó inmediatamente, y por iniciativa propia, una investigación. El general Antonio Tabula reunió un informe con los datos de los supuestos abusos en la prisión de Abu Ghraib. Hasta ahora son ya seis los soldados que van a ser juzgados y castigados y el número puede crecer. El general a cargo de la prisión, Manis Karpinski, está ahora mismo bajo investigación. Todos deploramos estos episodios porque constituyen la violación más flagrante de los derechos humanos. Esos soldados no representan el talante de los norteamericanos ni de los ciudadanos libres a los que representan. A su vez, este escándalo pone en tela de juicio el encomiable sacrificio del resto de los soldados en Irak. Sabemos con seguridad que esos individuos corruptos serán juzgados y castigados. Pero no tenemos tan claro que tan rápida reacción hubiera sido la misma en otros países del mundo. El escándalo, por tanto, muestra la diferencia entre un sistema democrático como el que representa los Estados Unidos y otro antiliberal y opresor como el que defienden los terroristas.

Utilizar estos casos aislados para atacar abyectamente a Estados Unidos y a su presidente para luego realizar un retorno al pasado con alusiones al franquismo es propio del estilo de estos intelectuales reconvertidos en cronistas. Gran servicio a la libertad harían muchos de ellos en estar callados o, en todo caso, en dedicar sus esfuerzos en defender los derechos que no tienen sus conciudadanos: esos que, por ejemplo, viviendo en Barcelona sufren la abusiva imposición lingüística en Cataluña. En la de antes, gracias al torturado Jordi Pujol. En la de ahora, gracias al tripartito inquisitorial que desde la Generalitat tiene una lista negra de periodistas a los que hay que erradicar. ¿Qué tal una columna de opinión sobre ese nuevo modelo soviético en su ciudad, señor intelectual?

INFORME TOTALITARIO
Editorial ABC 7 Mayo 2004

EL documento sobre medios de comunicación social, supuestamente encargado por el Gobierno tripartito de la Generalitat de Cataluña (PSC, ERC e IC), posee un contenido genuinamente maniqueo y totalitario, tanto en sus análisis como en las intenciones que manifiesta. Discierne entre medios hostiles y favorables, comenta de forma tendenciosa sus líneas editoriales y la evolución seguida por ellos después del cambio de Gobierno, y sugiere la adopción de medidas para torcer voluntades y granjearse adhesiones. El texto -además de los comentarios de evidente sectarismo que reparten elogios y desdenes puramente partidistas- contiene la referencia a la «absoluta modificación del ecosistema comunicacional del Estado español». La degradación de tan desdichada expresión no es menor que la bajeza moral del contenido y supone un retrato perfecto de su autor o patrocinador, por ahora anónimos. Puro totalitarismo y patente desprecio a las libertades de expresión y de Prensa. El documento, con una clara vocación de control antidemocrático, censura a determinados profesionales del periodismo, considerados hostiles por el presunto «analista». Todo ello, naturalmente, en nombre del «pluralismo». Urge la investigación sobre la autoría y la determinación consiguiente de responsabilidades.

El inquietante informe, más propio del mundo totalitario que describió George Orwell que de una sociedad abierta, ha sido filtrado a CiU, que acusa al Ejecutivo que encabeza Pasqual Maragall y, especialmente, al PSC de poner en peligro la «calidad democrática del sistema y la independencia de los medios de comunicación». Según el líder de la coalición nacionalista, Artur Mas, el documento, que carece de firma y membrete, habría sido encargado por la Consejería de Presidencia del Ejecutivo y filtrado por algunos de los miembros del tripartito escandalizados en secreto ante su contenido. Por el contrario, su consejero jefe negaba haberlo encargado, ni recibido, ni tener noticia alguna de él. Se trata, al parecer, de un texto anónimo y fantasma. No es verosímil que se trate de un espontáneo análisis ofrecido a los responsables del Ejecutivo regional, a modo de privadas sugerencias y recomendaciones. Es tal la gravedad del asunto que se hace preciso investigar hasta el final el origen y la autoría, así como las eventuales responsabilidades que pudieran recaer sobre el tripartito catalán por lo que sólo puede ser tenido como un escándalo que atenta contra uno de los pilares fundamentales de la democracia y del Estado de Derecho.

El "secreto" de Maragall
Emilio J. González Libertad Digital  7 Mayo 2004

¿Qué hay detrás de la insistencia del presidente de la Generalitat catalana, Pasqual Maragall, para que se reforme el sistema de financiación autonómica? El ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, había dicho en varias ocasiones que esta reforma se quedaría para la próxima legislatura. Sin embargo, después de reunirse con Maragall, ha cambiado de opinión. La pregunta es detrás de todo ello se encuentran circunstancias económicas, que las hay, o si también existen motivaciones políticas, que es lo más probable.

La situación presupuestaria catalana está para pocas bromas. Los años de CiU en el poder han dejado tras de sí una comunidad muy endeudada, la que más lo está de España, con un gasto público autonómico muy elevado y, por su propia naturaleza, difícil de recortar a corto plazo. El problema de base no es que Cataluña cuente con pocos recursos para financiar sus políticas. Todo lo contrario. La cuestión es que lo que hizo Jordi Pujol fue subirse al carro del derroche. La sanidad pública catalana, por ejemplo, es la más cara de España, por decisión de la propia Generalitat, y no es precisamente la mejor. La política presupuestaria de los convergentes, por tanto, fue la de gastar y gastar hasta verse metidos de lleno en serias dificultades financieras. En este sentido, es oportuno recordar que fue precisamente CiU quien propuso, en la última reforma del sistema de financiación autonómica, la inclusión de la famosa peseta por cada litro de gasolina para financiar la sanidad pública.

La situación financiera que se encontró el tripartito de izquierdas que gobierna ahora Cataluña, en consecuencia, no es precisamente la mejor posible. La Hacienda catalana está endeudada hasta las cejas y sus ingresos apenas alcanzan a cubrir unos gastos desorbitados. La situación es por sí misma preocupante y, por supuesto, nada agradable para quien llega de nuevas al poder. Pero el Ejecutivo catalán, le guste o no le guste, debería asumirla tal cual, como tuvo que hacer el PP cuando ganó las elecciones generales de 1996 con el desastre económico que heredó de los socialistas. Es el sentido de continuidad con la gestión anterior que debe tener todo Gobierno regional porque la existencia misma de la autonomía trasciende a los mandatos temporales de quienes la gobiernan. El Gabinete de Maragall, además, tiene medios para poder encarrilar la situación. Puede, por ejemplo, reformar el gasto público catalán; puede, también, subir los impuestos cedidos, una medida que, a pesar de su impopularidad, tiene la gran ventaja de informar a los ciudadanos de lo que realmente les cuestan sus servicios públicos y, a partir de ese conocimiento, poder valorar adecuadamente la gestión de los políticos catalanes.

Maragall, sin embargo, no quiere hacer ni lo uno ni lo otro. Por el contrario, pretende obtener más dinero con un nuevo modelo de financiación autonómica basado estrictamente en el criterio poblacional. Aquí empieza el problema porque si el número de habitantes es el único parámetro para establecer la cantidad de dinero que recibe anualmente cada una de las diecisiete comunidades autónomas, entonces las regiones con mayores niveles de renta –Madrid, Cataluña, Navarra y Baleares– obtendrían, proporcionalmente, más recursos que el resto, con lo que las desigualdades regionales se ampliarían. Además, ese sistema sería el tiro de gracia para uno de los pilares básicos de la vertebración del Estado español: la solidaridad interterritorial a través de las transferencias de renta entre las distintas autonomías.

En la vertebración del Estado se encuentra, precisamente, el nudo gordiano de todo este asunto. Maragall quiere más dinero porque tiene que resolver sus propios problemas presupuestarios, pero también porque quiere gastar más. Y quiere gastar más porque el programa del tripartito catalán habla de aumentar el peso del sector público y, sobre todo, porque quiere para Cataluña tal grado de competencias que, de conseguirlo, convertiría a España en una especie de Estado confederal. Pero esas competencias, que sólo puede asumirlas a través de la reforma del Estatuto catalán, son papel mojado si no vienen acompañadas de dinero para financiarlas.

El sistema de financiación autonómica, de esta manera, se presenta como el elemento clave para definir el modelo de Estado. Maragall, cuando pide la reforma de las finanzas regionales, lo que tiene en realidad en mente es la desvertebración de la España actual para crear a partir de ella un nuevo modelo de Estado. Esto es lo que de verdad se esconde detrás de todo este asunto, por mucho que se vista con los ropajes de las dificultades financieras catalanas, que son reales aunque se pueden tratar de otra manera. Por este motivo, la reforma de la financiación autonómica, que, hoy por hoy es innecesaria desde el punto de vista económico, debe aplazarse.

Lista negra de periodistas
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 7 Mayo 2004

HAY UN TUFO franquista, censor y profundamente antidemocrático en el informe elaborado por la Secretaría de Comunicación del Gobierno autonómico de Cataluña respecto de los medios de comunicación.

Se habla en este texto -de vocación soviética- de la necesidad de que periódicos, radios y televisiones transmitan «una forma catalana de ver el mundo». Es esta una barbaridad estereofónica; primero, porque da a entender que hay una única forma catalana de ver el mundo y, segundo, porque entiende que esa supuesta forma debe ser propagada por tierra mar y aire al resto de la humanidad, a la que se supone pendiente sin descanso de saber lo que piensan los nacionalistas catalanes. El informe es, al parecer, responsabilidad de un tal Miquel Sellarés, secretario de Comunicación de la Generalitat, que fue puesto en el cargo por Josep Lluis Carod Rovira, gran timonel de ERC.

En esta acta de acusación se desmenuza la situación de cada uno de los medios; se evalúa, con nombres y apellidos, a los adictos y a los contrarios al régimen nacionalista y se pone de relieve el estado financiero, de ventas y de apoyos de dinero público recibidos por esos medios, para subrayar así sus puntos débiles.

Como informe infamante y censor que es, se habla en él de «favorecer una transición democrática en la redacción de La Vanguardia » (sic); es decir, se anuncia la intención de la Secretaría de Comunicación de la Generalitat de cortarle la cabeza al director de un medio al parecer no adicto al régimen nacionalista.

El panfleto en cuestión es sencillamente repugnante, demuestra la vocación profundamente autoritaria que domina a ERC y abre un nuevo boquete a Pasqual Maragall, que se añade al sufrido tras la conversación de Carod con los criminales de ETA.

Hacer listas negras de periodistas, clasificar a los medios de comunicación como enemigos a someter, o como aduladores a apoyar, decretar la existencia de un espacio catalán de comunicación... todo ello traduce una posición más propia del franquismo que de la democracia y demuestra hasta el aburrimiento que toda la verborrea sobre el diálogo, las nuevas formas de hacer política y otras expresiones semejantes esconden en realidad una conducta incompatible con las libertades.

Este informe se conoce después de que ERC haya puesto en cuestión la existencia de una Feria de Abril en Cataluña. Una feria que tiene una larga tradición, goza del apoyo masivo de decenas de miles de catalanes -los organizadores hablan de dos millones de visitantes- y expresa la pluralidad que todavía existe en la comunidad autónoma de Cataluña y que ERC persigue.

Este franquista informe no puede quedar impune. Su responsable debe dimitir; quienes lo hayan encargado deberán irse a sus casas y el Gobierno de la Generalitat está obligado a pedir perdón a todos los ciudadanos catalanes y del resto de España por un atropello que enlaza con la forma más rancia de hacer política: la totalitaria.

ZP ya ha pedido a la UE que reconozca el catalán, vasco y gallego y asumirá su coste
La medida supondrá que la futura Constitución europea también será redactada en esas lenguas
El Gobierno español pidió el martes al resto de países de la Unión Europea (UE) que el catalán, el gallego y el euskera sean reconocidos por la organización. De ser aceptada la propuesta, los principales textos jurídicos comunitarios ¬como el Tratado de la UE y, cuando sea aprobada, la Constitución europea¬ serían traducidos a esas lenguas, además de al resto de las oficiales, entre ellas el español. La otra gran implicación sería que los ciudadanos tendrían el derecho a dirigirse a las instituciones europeas en catalán, gallego o euskera y el de ser respondidos por ellas en el mismo idioma.
Javier Jiménez La Razón  7 Mayo 2004

Bruselas- En cambio, las tres lenguas no serían consideradas de trabajo. Por ejemplo, no se emplearían en los debates del Parlamento Europeo, en los que los diputados tienen derecho a expresarse en cualquiera de las lenguas oficiales de la Unión Europea, que tras la ampliación el 1 de mayo a diez países del Este y del Mediterráneo han pasado de 11 a 20. La única lengua que actualmente disfruta de un estatus similar al que España ha pedido para el catalán, el gallego y el euskera es el gaélico, un idioma empleado en Irlanda.

Financiación del proyecto. Para facilitar el respaldo del resto de socios europeos, el Gobierno de Zapatero se ha ofrecido a colaborar en la financiación del coste económico que supondría el reconocimiento de las tres lenguas. Fuentes comunitarias explicaron ayer que no se espera un rechazo de la propuesta, ya que solventado el tema económico, no tendría ninguna implicación para otros países. Para que la propuesta española se haga realidad, debería recibir un respaldo unánime de los 25 países europeos.

La iniciativa del Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero fue presentada al resto de países de la Unión Europea durante una reunión técnica celebrada el pasado martes en Dublín para avanzar hacia un acuerdo sobre la Constitución de la UE, aunque ya había sido anticipada en las últimas semanas por el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos.

El próximo encuentro sobre este asunto está previsto para el 17 de mayo en Bruselas, ya a nivel de ministros de Exteriores de la Unión. Con el objetivo de solventar los principales asuntos que dificultan un acuerdo sobre la Constitución, en especial el reparto de poder entre los países, la presidencia irlandesa de la UE podría convocar otra reunión el día 24 del mismo mes.

Si se cumplen las previsiones, la primera Constitución europea, en la que se recogería el nuevo estatus de el catalán, el gallego y el euskera, quedará aprobada en la Cumbre que los lideres de la Unión celebrarán en Bruselas el 17 y 18 de junio.

La financiación de Torre de Babel
Nota del Editor 7 Mayo 2004

El poder que tiene el PSOE para condicionar mi voto es tremendo. Hacía mucho tiempo que no podía permitirme el lujo de votar, pues el PP había abandonado la defensa de los derechos constitucionales de los hispanohablantes desde el inicio de su gobierno, cuando tuvo que firmar los pactos secretos con los nacionalistas catalanes, pero al ver la que se nos venía encima el 14-M, no tuve mas remedio que ir a depositar mi voto junto a los otros nueve millones y medio de españoles que al menos preferimos al PP que teníamos que al aterrador PSOE que descubrimos poco después de haberles dado nuestra esperanza hace ya algunos años.

Ahora el Sr. Rodríguez, presidente de España y Portugal (al ser presidente de españoles ilusos), se compromete de momento, a añadir tres idiomas más a la Torre de Babel, estupenda idea, después vendrán  valenciano, ibicenco, panocho, bable, astur, fabla, silbo gomero, el de mi pueblo (tenemos nuestra peculiar forma de hablar y nuestro vocabulario, aunque aquí no lo muestre, como cualquier otro pueblo, y dotarlo de una gramática sería trivial), el de al lado, el de más allá, con lo que todos los recursos del estado (no olviden Vds que salen de nuestros bolsillos) irán a parar a financiar traductores y funcionarios próximos a los regímenes nacionalistas de turno (permanente); mientras tanto, los países con sentido común, se dedicarán a fomentar la educación, infraestructuras, investigación y desarrollo, y los españoles a tomar el sol todos los días de la semana, a falta de ocupación remunerada.

No me extraña que el Sr. Rodríguez sea tan generoso con el dinero de los demás, cada vez que compro cualquier cosa, resto lo que hacienda me despoja directamente con el IRPF, resto  IVA, y la presión fiscal salta por las nubes; si pudiese comprar un piso, sería peor: IRPF, IVA, y asalto del ayuntamiento correspondiente para que con el precio que me hace pagar por el trocito de solar necesario para construir el piso, puedan decir después que regalan terreno para construir viviendas de protección oficial que conceden a sus amiguetes y enchufados; vaya con el regalo, el regalo se lo han robado al que compra el piso, quien regala por tanto no es el estado sino el sufrido contribuyente, con lo que su presión fiscal ya no se mide en milibares sino en bazokazos.

Recortes de Prensa   Página Inicial