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Recortes de Prensa     Domingo 9 Mayo 2004
LA BABEL EUROPEA
Editorial ABC 9 Mayo 2004

La bandera y el himno, abofeteados por Carod-Rovira
Luis María ANSON La Razón  9 Mayo 2004

LA PELEA
José Antonio ZARZALEJOS ABC 9 Mayo 2004

Una larga guerra de nervios
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  9 Mayo 2004

JUBILACIÓN
Jon JUARISTI ABC 9 Mayo 2004

LO QUE PASA EN BARCELONA
Jaime CAMPMANY ABC 9 Mayo 2004

Los cien días de Zapatero
Amando de Miguel La Razón  9 Mayo 2004

Forest
Alfonso Ussía La Razón  9 Mayo 2004

Hechos y diálogo
Cartas al Director El Correo 9 Mayo 2004

El triunfo de los fariseos
ALBERT BOADELLA ABC (Cataluña) 9 Mayo 2004

LA BABEL EUROPEA
Editorial ABC 9 Mayo 2004

AHORA que la Unión Europea ha consumado su ampliación a diez nuevos países, y que las instituciones europeas empiezan a recibir las primeras oleadas de nuevos funcionarios, se va a poner a prueba la capacidad real de mantener en términos prácticos los niveles de pluralidad lingüística que los Gobiernos han ido construyendo a lo largo de la historia comunitaria. En la nueva Europa a 25, casi todos los nuevos miembros aportan la suya propia al ya extenso catálogo idiomático de la Unión, hasta elevarlo a la cifra de 20 lenguas oficiales. Probablemente no exista en el mundo organización oficial o estatal en la que se mantenga una situación similar; y si existe no será conocida por su eficacia.

Los nuevos países miembros, incluso Polonia que tiene 40 millones de habitantes, parecen ser conscientes de las limitaciones de sus respectivas lenguas y a efectos prácticos han pasado del ruso al inglés -con acento norteamericano, por cierto- sin escalas intermedias. La venerable lengua de Molière se encamina sin remedio hacia una posición secundaria en el marco institucional del Viejo Continente, mientras los nuevos funcionarios que vienen del Este parecen más interesados en meterse en harina, que en preguntarse en qué lengua van a hacerlo.

Hasta ahora en Europa se ha aplicado el principio fundacional que establece una rigurosa igualdad entre los países, sin el cual la UE no se habría podido construir, y todos los socios han venido aplicando su derecho a exigir que la lengua que hablan sus ciudadanos sea considerada como oficial. Sin embargo, y con el ánimo de facilitar las cosas, muchos de ellos han renunciado a ejercer al pie de la letra esa prerrogativa, en lo que puede considerarse como gestos prácticos y en cierto modo de sentido común.

La única excepción por ahora ha sido la isla de Malta, que ha reclamado que el maltés figurase entre las lenguas oficiales, a pesar de que su medio millón escaso de habitantes hablan perfectamente inglés, que también es lengua oficial. La situación es tan ridícula que no se han podido ni encontrar traductores disponibles entre los cuatro o cinco que debe de haber en todo el mundo.

El caso maltés puede ser considerado un agravio comparativo en Cataluña, donde éste es un tema muy sensible, teniendo en cuenta que el catalán es una lengua que tiene millones de hablantes y sin embargo carece de reconocimiento europeo. Ésta es la realidad, pero si para complacer a sus fatigosos aliados políticos el nuevo Gobierno socialista desea hacer del reconocimiento de las demás lenguas españolas una de sus reclamaciones en la Constitución Europea, puede contribuir a que se abra una caja de Pandora que otros países quieren -también con sólidas razones- mantener bien cerrada. Aplicar el principio al que aspiran muchos catalanes obligaría a hacer lo mismo con el ruso o el turco, incluso el árabe, por no hablar de las decenas de lenguas regionales de otros países europeos y sus incómodas combinaciones a través de las fronteras nacionales. Seguramente, a estas alturas José Luis Rodríguez Zapatero ya ha comprendido que si esta cuestión no se había resuelto antes no era por que el Gobierno que firmó y negoció el ingreso en la UE -socialista por cierto- lo hubiese olvidado, ni por las tendencias «centralistas» que le atribuye al de José María Aznar. La diversidad de lenguas es una de las riquezas de Europa, pero en aras de la eficacia y la unidad (que no la uniformidad) todos los países y comunidades lingüísticas harían bien en hacer uso del sentido común y velar por el interés general. Lo que Europa necesita son lenguas que sirvan para entenderse, no para diferenciarse.

La bandera y el himno, abofeteados por Carod-Rovira
Luis María ANSON La Razón  9 Mayo 2004
de la Real Academia Española

¿No se le cae la cara de vergüenza a nuestro flamante presidente del Gobierno? ¿No se les cae la cara de vergüenza a su titular de Defensa y a los nuevos y parlanchines ministros? ¿El talante y el diálogo significan arriar los pantalones para favorecer el trato con aquellas que vejan la dignidad nacional?

Que en un acto importantísimo y de alcance internacional al que asiste el Rey no se pueda interpretar el himno nacional y se regatee hasta el último momento la presencia de la bandera que simboliza la unidad de España, es algo tan deleznable que existen pocos calificativos para expresar la estupefacción indignada del ciudadano medio.

Ciertamente, el alcalde socialista de Barcelona depende del apoyo de Carod-Rovira. Ciertamente, el presidente socialista de la Generalidad depende del apoyo de Carod-Rovira. Ciertamente, el presidente socialista del Gobierno español depende del apoyo de Carod-Rovira. Este caballerete, con el quince por ciento de los votos de Cataluña, se ha convertido en árbitro del Ayuntamiento de Barcelona y del Gobierno regional y, además, del Gobierno de la nación. A Carod-Rovira le revienta con j de joder el himno nacional, la bandera constitucional y todo lo que simbolice o recuerde a nuestra gran nación, de la que Cataluña es una de sus regiones más relevantes. Pero que en un acontecimiento del alcance del Fórum de Barcelona se margine el himno nacional y se regateen la presencia y la preferencia de la bandera de todos, eso no tiene nombre.

Así es que hoy corresponde a esta columna enrojecer de vergüenza, cosa que no han sabido hacer ni el presidente del Gobierno ni sus ministros, como tampoco han sido capaces de imponer la dignidad de España, abofeteada impunemente por Carod-Rovira que negoció con Josu Ternera, ese hombre de Estado, que los terroristas siguieran matando en España, si ésa era su estrategia, pero no en Cataluña porque Cataluña no es España.

LA PELEA
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 9 Mayo 2004

EL pesimismo noventayochista y el guerracivilismo son conceptos exclusivos de nuestra historia. La increencia en los españoles como colectivo nacional tenía en los intelectuales de principios del siglo pasado una comprobación empírica, y el conflicto fratricida se convirtió en un trauma colectivo que, a veces, da la entera impresión de no haberse superado. Excelsos tantas veces en lo individual, los españoles, como comunidad, tenemos un pasado demasiado nutrido de fracasos que nos ha hecho llegar tarde a muchas citas históricas. Podría dar la impresión de que, tras más de un cuarto de siglo de vigencia de un sistema constitucional que garantiza los derechos y libertades, volvemos por donde solíamos, es decir, a la fatiga que provoca en los españoles la normalidad, a esa especie de necesidad instintiva de excepcionalidad, a la quiebra, casi ritual, de las reglas del juego, a la revisión obsesiva y esencialista de nuestra procedencia y de nuestro destino juntos, a ese reflejo bronquista en el que tantas veces se ha basado nuestra manera de mal convivir.

La tragedia del 11-M, lejos de aunarnos, nos despedaza, como si pretendiéramos una penitencia común todavía más lacerante. Nos ataca de nuevo la insensatez del riesgo descontrolado a que se rompa otra vez la baraja y retornemos a los comportamientos desgarrados. Lo cierto es que, ganadas las elecciones por el PSOE el 14-M en unas circunstancias emocionalmente alteradas pero que no restan legitimidad a los resultados, el nuevo Gobierno debió apostar por el sosiego. Se podrá aducir -y cada cual tendrá razones para ello- que la oposición del PP ha cometido torpezas en igual medida que el Ejecutivo. Aun admitiendo que así sea -a efectos dialécticos-, cuando una situación como la actual amenaza descontrolarse, las consecuencias son mucho más graves para el Gobierno que para la oposición, por más que ésta sufra también otras no menos importantes. Porque siempre pierde más el que más tiene: el Gobierno tiene el poder, la oposición sólo aspira a ostentarlo.

Han tentado los socialistas mucho la suerte y el PP, emparedado entre las acusaciones y la indignación de sus militantes y cuadros, ha echado el órdago. Si por el Gobierno fuera, no habría comisión de investigación. Jamás lo admitirá, pero es así. Y es lógico, porque ¿qué Gobierno está dispuesto a que la seguridad del Estado se abra en canal, los servicios de inteligencia sean puestos en la picota pública, los medios de comunicación citados e interrogados? Ni aun en el supuesto de que ese proceso parlamentario «triturase» a la oposición, el resultado sería rentable para el Ejecutivo. La factura diferida que le pasaría al cobro sería alta si, como ocurre ahora, el PSOE se hace acompañar de grupos parlamentarios que en cualquier momento primarán sus intereses sobre los del proyecto gubernamental.

Parece razonable que, en estas circunstancias, y si la colisión entre el PSOE y el PP es inevitable, se avengan sus responsables a establecer unas reglas para la pelea que eviten en lo posible más daño del que ya se ha producido al Estado y a su solvencia. La pretensión de verdad es una pretenciosidad. No hay verdad, hay verdades; no hay razón, hay razones. Y como recordaba en ABC (6.5.04) Ignacio Camacho citando al clásico, quienes buscan la verdad (esa absoluta que no existe en política) merecen el castigo de encontrarla. El gran problema de España en su historia reciente es que los unos y los otros han pretendido que «su» verdad, sea «la» verdad y la han querido imponer a garrotazos. Como esos inmisericordes que se propinan, enterrados los combatientes bárbaros para que los golpes sean certeros y brutales, que Francisco de Goya y Lucientes relató en su cuadro, una fotografía de lo que somos y que el aragonés genial, quizás, volvería hoy a pintar.

Una larga guerra de nervios
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  9 Mayo 2004

Ángel Acebes no está dispuesto a que el PSOE cave su tumba política, y por si su partido no lo defiende, ha decidido defenderse solo y que lo siga el que quiera. Sabia decisión. La generosidad no es la virtud más característica del político profesional y en el PP hay mucha gente que lo que quiere es que pasen cuanto antes las europeas. Luego, Dios dirá. O más bien, Alá, en cuyo nombre se cometió la masacre del 11-M y de cuya sombra no nos vamos a librar en mucho tiempo.

La impresión que hasta ahora produce lo publicado acerca de los agujeros negros de la masacre y su manipulación posterior es que la mafia policial del PSOE, incrustada en las Fuerzas de Seguridad desde el felipismo tardío y mantenida en sus puestos e incluso ascendida por la ingenua estupidez típica de la derecha, trabajó para el PSOE entre el 11-M y el 14-M. Lo que está publicándose desde hace una semana en El Mundo permite temer que trabajara en el área de preparación de la masacre varios meses antes, lo cual le habría permitido tener una información de primera mano que tal vez nunca llegó al Gobierno.

Pero son aún muchos los cabos sueltos en una investigación que sigue suponiendo para el PSOE un arma arrojadiza contra el PP. Es esto lo que convierte en inevitable que el PP promueva la comisión de investigación y es esa voluntad cainita de rematar el golpe del 13-M con la demolición electoral del PP lo que obliga a la Derecha a defenderse. Sin embargo, de momento es más el ruido que las nueces. Hasta que no veamos citados a declarar en la Comisión a la plana mayor de PRISA y el PSOE a petición del PP, los esfuerzos de Acebes serán, como hasta ahora, un meritorio esfuerzo vocal en solitario. Y, en esta larga guerra de nervios, con peligro de quedarse afónico.

JUBILACIÓN
Por Jon JUARISTI ABC 9 Mayo 2004

LAS salvajadas más repugnantes son las que se cometen en nuestro nombre, y por eso espero sinceramente que los sádicos de Abu Ghraib terminen, como poco, en las jaulas de Guantánamo. Pero me habría tranquilizado advertir una indignación semejante a la hoy despertada en la prensa del buen corazón cuando se conocieron las imágenes de la decapitación, grabada morosamente en video, del periodista americano Daniel Pearl o las del simulacro de degollina de los rehenes japoneses por sus secuestradores iraquíes. Al parecer, nuestros multiculturalistas consideran tan loable el pudor varonil islámico como la tendencia, también islámica, a tratar a los infieles como los cristianos tratan a los cerdos por San Martín. No capto la sutileza antropológica del asunto, y eso me inquieta.

A lo peor se trata sólo de un anhelo infinito de paz. Instalados en un nuevo Absoluto, los apaciguadores a ultranza piensan con la misma lógica de la bondad congénita que algunos contemporáneos del más famoso judío de Galilea: si hubiésemos vivido en tiempos de nuestros padres, no habríamos perseguido como ellos a los profetas. Habríamos hecho buenas migas con la morisma, parecen decirse los canónigos de Santiago. Total, lo de robar campanas no pasaba de ser una característica cultural del pueblo andalusí, y hay que ser respetuoso con la Diferencia, incluso retrospectivamente.

Adiós, por tanto, a Santiago el Matamoros, ubicuo como el toro de Osborne (que a este paso va a ser lo único que quede de España en el páramo anhelado de la paz perpetua). ¿De qué color era el caballo blanco de Santiago?: verde perejil, por supuesto. Verde Marcha Verde. Verde salafí, verde wahabí, verde malekí, verde coránico en suma, verde que te quiero verde. «Figura identificada por entero no con una idea nacional, sino con un casticismo inquisitorial, habría de evolucionar en sus avatares ultramarinos de Santiago Matamoros a Santiago Mataindios y hasta en los días de la emancipación, Santiago Matapatriotas», escribe Francisco Márquez Villanueva (y, por no dejarle solo, lo suscribe Goytisolo). Se le olvida el Santiago Matafranceses, a caballo (siempre) entre los dos últimos. ¿Qué leches ni que Vía Láctea tiene que ver esto con la Inquisición? Santiago Matamoros fue, ante todo, mito guerrero, militar, como lo demuestran todos sus alias. Entiendo que conturbe a pacifistas cuyos vástagos lo confundirían a estas alturas con Gandalf el Blanco, o sea, con Gandalf Mataorcos. Pero, aunque Márquez Villanueva se empeñe en lo contrario, no se le expulsa ahora a Santiago Mataloquesea de las catedrales ni de la memoria de España por ser símbolo de un casticismo inquisitorial que a nadie ya preocupa, sino por constituir el más incómodo recuerdo de nuestro origen nacional. Todos los testimonios históricos de la forja de la nación española se han vuelto incómodos desde el 14 de marzo. El pobre Santiago, particularmente insoportable.

Y no porque remita a una improbada batalla, sino porque su iconografía legendaria apunta a un hecho irreversible: España nació de la denodada lucha contra el islam, un islam belicoso y totalitario. No de mestizajes culturales a lo Carmen Calvo. Al contrario que el cabildo compostelano, el obispo de Córdoba, Francisco Javier Martínez, sabe muy bien lo que supuso el islam para los cristianos a él sometidos en el viejo mundo mediterráneo: lo mismo que supone hoy para lo poco que queda de la cristiandad árabe, tanto para católicos y ortodoxos como para las iglesias jacobitas que se dicen fundadas por el Hijo del Trueno. Magnífico trabajo el de don Francisco sobre la conciencia apocalíptica de esas primeras comunidades esclavizadas y expoliadas por los tolerantes musulmanes árabes, que acaba de publicar la Real Academia de la Historia. No muy distintas debieron ser las tribulaciones y las esperanzas de aquellos cristianos ibéricos que comenzaron a hacerse españoles resistiendo al terror islámico. Casi como sus descendientes de hoy. Casi como el cabildo catedralicio de Santiago, que celebra jubilosamente el jacobeo jubilando a su santo epónimo. ¿De qué color era, sino verde, el caballo blanco de Santiago?

LO QUE PASA EN BARCELONA
Por Jaime CAMPMANY ABC 9 Mayo 2004

PASAN cosas raras en Barcelona. De pronto, aparece un informe sobre los medios de comunicación que es más bien un proyecto para acabar con la libertad de prensa y poner los «mass media», que dicen los expertos, a las órdenes de los políticos, o sea, de la Generalitat. Lo más curioso de esta «historia para no dormir» es que nadie conoce al autor del «Informe». Se trata del autor de un informe oficial que permanece en el anonimato. A ver, vayamos a los clásicos. «-¿Quién mato al Comendador? -Fuenteovejuna, señor».

El nombre del autor de ese «Informe» es un misterio tan insondable que el President Pasqual Maragall ha encargado una investigación especial del asunto a Josep Bargalló, de Esquerra Republicana, y a Joaquim Nadal, del partido socialista catalán, que lo mismo podría encargarles descubrir la piedra filosofal. Parece que en Cataluña se avecinan malos tiempos para la libertad de prensa, para los medios de comunicación. Alguien allí quiere tratarnos a los periodistas más o menos como el ministro Alonso a los imanes islámicos. A lo mejor, es que ERC quiere inventar otra Ley de Defensa de la República.

Más cosas extrañas. Ayer se inauguró en Barcelona el Fórum Universal de las Culturas. Presidió el Rey Don Juan Carlos acompañado del Príncipe y otros miembros de la Familia Real. Bueno, pues allí no iban a poner una bandera de España (después han rectificado y han sacado las banderas), ni sonaría el Himno Nacional, que no sonó. El protocolo del acto había sido decidido no se sabe por quién, negociado o pactado por no sabemos quiénes y en definitiva ordenado por un delegado del Fórum.

Alguien ha explicado que, al no tratarse de un encuentro de Estados sino de Culturas, sobran las banderas y sobran los himnos. O sea, alguien cree en Barcelona y en Cataluña que en un acto presidido por el Rey de España no debe figurar la bandera española ni puede sonar el himno español. Pues que toquen con trompeta el Himno de Riego como en el tenis de Australia. Nadie ha hecho la pregunta lógica. «Y entonces, ¿por qué preside el Rey? Que lo presida una estatua de Minerva, que es la diosa de la Inteligencia, o una lechuza, que es el símbolo de la Sabiduría. ¿Acaso el Rey de España no representa a España, o resulta que Don Juan Carlos es el representante etéreo de la Cultura Universal?»

Bendita sea la Moreneta y bendito sea San Jordi, y cuántas mentecateces se inventan los separatistas para que no aparezca por tierras de Cataluña algo que sea símbolo de España. Más bien parece que los socialistas de Maragall han cometido la imprudencia de abrir los salones del poder a los «quatre gats» de la Esquerra, y los «quatre gats» se han creído que son el ejército de Carlomagno o el de Napoleón y que se han apoderado de España.

Porque da la impresión de que en Cataluña, donde ya no manda Jordi Pujol, tampoco manda Maragall, ni en Barcelona manda Joan Clos. Allí, quien parece que manda ahora es ese Josep Lluis Pérez Carod-Rovira o como se llame. Y ése es el que quiere dominar los medios de comunicación, dictarles a los periodistas, negociar con los etarras en nombre de Cataluña y recibir al Rey sin himnos y sin banderas.

Los cien días de Zapatero
Amando de Miguel La Razón  9 Mayo 2004

Hay ritos políticos resueltamente tontos, como el de conceder cien días de gracia a un nuevo Gobierno antes de empezar a criticarlo. Está el precedente de los cien días (ciento y poco) que transcurrieron para Napoleón entre la huida de la prisión de Elba y la batalla de Waterloo. Pero los cien días que crearon el estilo actual fueron los del 73° Congreso de los Estados Unidos, en 1933, los que supusieron el mayor ímpetu legislativo de toda su Historia. Fue el famoso New Deal de F. D. Roosevelt. La expresión la tomó luego J. F. Kennedy para indicar que necesitaría, no ya 100 días, sino 1.000 días o muchos más para llevar a cabo su política. Pero en ningún caso aparece en EE UU la noción de que, durante esa época inicial de un Gobierno, se establezca la cortesía de no criticarlo. Esa interpretación se ha metido en España creyendo que importamos una tradición, pero es un invento arbitrario y absurdo.

Lógicamente, los primeros días del gobierno de un nuevo partido son de intensa actividad legislativa. Cuanto más nos alejemos del big bang del día de la elección, más difícil será proponer innovaciones con éxito. De momento, los primeros días de la era de Zapatero han consistido en medidas negativas, deshacer lo anterior. Se retiran las tropas de Iraq, se desmantela el trasvase del Ebro, se suprime la Religión de la enseñanza obligatoria, se deja de aplicar la ley de Educación. Da la impresión de que los esfuerzos del nuevo Gobierno se concentran para triturar al anterior más que para impulsar nuevos desarrollos. Es un gran error. No es suficiente el argumento de que esas medidas negativas eran promesas electorales. También lo era la transformación del Ministerio del Interior en el de Seguridad con el mando único de la Policía y la Guardia Civil. Pero el Gobierno ha reculado de esa promesa, tan discutible. Incluso el refuerzo del famoso Pacto contra el Terrorismo se ha dejado para las calendas griegas. La impresión que da es que está tan vigente como el Tratado de Tordesillas o el Compromiso de Caspe. Es decir, es cosa de la Historia. La lucha contra el terrorismo se ha convertido en una expresión vacía. Lo malo es que es el principal problema que acucia a los españoles.

Puestos a proponer acciones positivas y plausibles (en los dos sentidos de lo plausible), el nuevo Gobierno tendría que modernizar la enseñanza y la sanidad. Pero resulta que esas dos funciones están casi totalmente transferidas a las comunidades autónomas. En consecuencia el Gobierno central se ve atado de pies y manos ante las dos cuestiones más necesarias de transformación. Por ejemplo, es imprescindible que todos los escolares españoles dominen la escritura del castellano y del inglés. De otra forma nos quedaremos a la cola de los países desarrollados. Desgraciadamente, cada vez estamos más lejos de esa necesidad educativa, que, por otra parte, no es la única. La sanidad debe adaptarse a dos grandes dificultades: atender bien a los inmigrantes y a los viejos. ¿Dialogarán los gobernantes sobre esas preocupaciones?

Forest
Alfonso Ussía La Razón  9 Mayo 2004

Eva Forest y su marido, el dramaturgo. Alfonso Sastre, figuran en la lista de «Herritarren Zerrenda», un sucedáneo de Batasuna que pretende presentarse a las elecciones al Parlamento Europeo. Sastre es un notable y un tanto tostón autor de teatro que tuvo la desgracia de enamorarse de una tipa de la calaña de Genoveva Forest, eficaz cómplice de la ETA en el atentado de la cafetería «Rolando» sita en la calle del Correo, junto a la Puerta del Sol. Murieron decenas de inocentes, y Genoveva Forest fue condenada a pasar una larga temporada en la cárcel. Pero se benefició de la Amnistía General y recuperó su sitio en la pirámide del odio. Bajo el seudónimo de Julen Aguirre escribió el libro que narraba el asesinato del Almirante Carrero Blanco, con toda la información que le proporcionó la ETA. Genoveva Forest está muy bien vista en el entorno del terrorismo.

Años más tarde cometió otro crimen, esta vez cultural. Se aprovechó del rencor invencible de un buen poeta y se lo llevó a Fuenterrabía a hacer el ganso. Triste final para José Bergamín, enterrado en San Sebastián entre hachas, serpientes y oriflamas manchadas de sangre. Bergamín fue un buen segundón de la fantástica y gongorina Generación del Veintisiete. Muy inferior como poeta a Lorca, Alberti, Aleixandre, Guillén, Dámaso o Gerardo. Pero sus poemas tenían gracia y donaire. Se vistió de miliciano para defender Madrid en la Guerra Civil y consiguió lo que se había propuesto. Que le hicieran la foto. Era un hombre pequeño agigantado por el rencor.

Coincidimos en el «Sábado Gráfico» de Eugenio Suárez. En el trato personal era agradable y frívolo, descomunal viejo verde. Pellizcaba el culo a las periodistas, secretarias y administrativas de la empresa editora. No encontró su lugar en la España libre y democrática. Bergamín no era demócrata. Añoraba el buen trato que le dispensaban los Gobiernos del Frente Popular, y su héroe era Líster. En aquella España ilusionada y nueva, Bergamín sobraba. Y se abrazó a lo único que pudo encontrar para satisfacer su desamor por la libertad. El terrorismo vasco y su entorno político. Aquel señorito de Madrid con luminosidades malagueñas, se hizo de Herri Batasuna. Su esperpéntico final fue consecuencia de la influencia venenosa de Genoveva Forest.

Aparecía disminuído y ridículo entre energúmenos y asesinos. Final terrible para un poeta deshabitado de alma. Se la robaron entre Eva Forest y sus cómplices en el resentimiento. Ahora reaparece la tía con pretensiones democráticas europeas. Ella, precisamente, que quiso crear una Albania estalisnista en las provincias vascongadas, establecida a sangre y fuego, a golpes de terror y de vilezas. Espero, para bien de Europa, que no lo consiga. Su marido, pobre hombre, no tiene culpa ni de la mitad de sus errores. Es ella la culpable. No titubeó en colaborar con una masacre y convirtió a un buen poeta español en un despojo batasuno.

Hechos y diálogo
Nino Muñoz/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 9 Mayo 2004

Por sus hechos los reconoceréis, dice Zenarruzabeitia. Sí claro, no es lo mismo el talante que los hechos, pedir diálogo que ser dialogante, admitir la pluralidad que ser consecuente, salir guapo en la foto que serlo, predicar que dar trigo, ser víctima o hacerse la víctima. Con el cambio en el Gobierno central y el nuevo talante de Josu Imaz se habían creado expectativas para realmente dialogar, pero declaraciones y posicionamientos recientes dejan poco espacio para la esperanza.

Es un hecho que en algunos centros se ha 'educado' en el resentimiento, el victimismo y la denominación y que se ha 'enseñado' tergiversando la historia, la verdad y la realidad. Así, durante muchos años se ha 'comprendido' a los terroristas, culpando de los asesinatos al franquismo, a la UCD o al gobierno socialista. Se sabe también quienes, cómo y porqué fijan el listón lingüístico, cómo y porqué ahogan el modelo A, quienes y porqué discriminan al profesorado y cómo y porqué se valora el conocimiento o no del euskera. Es un hecho y se conoce a quienes y cómo se seleccionó a las primeras promociones de ertzainas, cómo les formó el comandante 'Bruno Sumalde', cómo han venido actuando realmente.

Son hechos la expulsión de los socialistas del Gobierno vasco, el pacto de imposición, exclusión y de confrontación con los etarras, el olvido y abandono de las víctimas y la exaltación al lehendakari, el rechazo a la Constitución y de tiempo acá al Estatuto, el no colocar la bandera española junto a la ikurriña del PNV y la de la ciudad, la negación a asumir las normas y sentencias judiciales, la oposición al pacto contra el terrorismo y por la libertad y a expulsar del Parlamento a los ayudantes de los terroristas.

Dialogar para algunos es pedir cínicamente que se diga sí a su plan partidista, insolidario e ilegal, es imponerlo 'democráticamente' y oponerse a otros consensuados para la convivencia y para que todos tengamos los mismos derechos, libertades y obligaciones. Es ceder a su intento de eliminar la vía autonomista e imponer al vía soberanista.

Es evidente que tanto Ibarretxe como su Gobierno hace tiempo que han perdido el patrimonio del diálogo, que no se podrá emprender sin el reconocimiento de responsabilidades y sin rectificación. Sin duda que por los hechos y también por 'el diálogo' les conoceréis.

El triunfo de los fariseos
POR ALBERT BOADELLA ABC (Cataluña) 9 Mayo 2004

Parece lógico que a quien no ha vivido muy de cerca la evolución de la sociedad catalana durante las últimas décadas puedan resultarle algo enigmáticas algunas de sus actitudes recientes. Una comunidad que lleva tanto tiempo asumiendo y rentabilizando el complejo de persecución no es extraño que haya construido un intrincado código de subterfugios para conseguir un día la tierra prometida sin alertar al adversario. Hoy, una gran mayoría de españoles parecen sorprendidos al descubrir esta nueva Cataluña vehemente, cuya exhibición de rasgos secesionistas nada tiene que ver con aquel territorio de gente aparentemente taimada y dialogante del reinado
pujolista. Sin embargo, dicha sorpresa revela de nuevo una errónea interpretación de nuestro pasado reciente. Precisamente, durante las dos últimas décadas, en las instituciones catalanas se ha venido tejiendo con sutil tenacidad una trama de mensajes subliminales bajo un objetivo muy preciso. Se trataba de transmitir desde cualquier medio público, ya fueran emisoras, colegios, asociaciones o clubes, los maleficios de todo aquello que desprendiera tufo español. Así de sencillo. Lo hemos comprobado a diario en infinidad de tertulias, en
los humoristas de la TV3, en el servicio meteorológico, en los libros de texto, en el deporte, en la obstinada cruzada del ejército de filólogos, etc.

Los resultados de aquella persistente y sagaz política de intoxicación han empezado a emerger en los últimos tiempos, pero nadie debe rasgarse las vestiduras porque la comedia sólo acaba de levantar el telón. Toda una generación ha sido instruida en estos precarios principios y obviamente tratarán de ponerlos en práctica.

Otra cosa es que el espectáculo, por sus tintes de provincianismo castizo, acabe resultando hasta divertido y algunos incluso nos lo tomemos a pitorreo.

Bajo este prisma, la decisión del Ayuntamiento de Barcelona declarándose ciudad antitaurina no debería sorprender a nadie. Las motivaciones «humanitarias» con relación a los bichos no son más que una cortina de humo. Tampoco es cuestión de entrar en razonamientos y polémicas culturales sobre el arraigo de la tauromaquia o la supuesta alma de los animales. El asunto es de otra naturaleza. Aquí sólo se quiere demostrar al resto de la península que los catalanes no somos unos salvajes practicantes de la tortura y el asesinato a un pobre animal indefenso, mientras nos divertimos al son del pasodoble «Suspiros de España». Por consecuencia, cualquier otra
consideración del hecho siempre resultará incoherente y enigmática.

De lo contrario, ¿cómo podríamos explicarnos que el concejal de ERC señor Portabella, uno de los paladines de la decisión, sea el presidente del zoo barcelonés? El espacio ciudadano donde se atropella con mayor escarnio público la dignidad de los animales. Cuando se quiere imponer una realidad artificial en la que los catalanes representamos los modernos y cívicos, mientras que el resto de España arrastra la herencia salvaje, casposa e intolerante, hay que hacer lo que sea para que cuadre el invento. Naturalmente, se recurre con el mayor cinismo a lo que Arcadi Espada llama la caja B de la moral, y si conviene se afirma que los toros poseen: «...un sistema nervioso de similares características a la especie humana».

Todo ello, mientras en la impoluta Cataluña se crían nada menos que diez millones de cerdos en régimen intensivo. Si esta definición les resulta abstracta, me permito informarles que el procedimiento intensivo significa diez millones de cerdos viviendo toda su existencia en apenas dos metros cuadrados, mientras intentan
equilibrar constantemente sus patas sobre unas rejas por las que fluyen los excrementos. Su único movimiento posible se reduce a inclinar ligeramente la cabeza para comer pienso, ya que el transporte al matadero se efectúa en idénticas condiciones.

Cataluña es hoy la pionera en España y Europa para esta clase de tortura a la especie animal. Una tortura, dicho sea de paso, muy rentable. Aunque tampoco debería sorprendernos si encontramos mañana algún pseudo científico, especialista en rasgos diferenciales, argumentando que eso ocurre, porque el cerdo no posee el mismo
sistema nervioso del toro, tan parecido al humano. Bajo semejantes ocurrencias, ¿dónde pondremos el límite de la sensibilidad? ¿En las bacterias? ¿En los mosquitos?

Cuando las decisiones de los dirigentes públicos se inscriben en la pura virtualidad, fuera de toda noción de un país real, todo es posible. Pero aun puede ser peor si estas decisiones intentan además promover los envites de un resentimiento maquillado bajo grandes conceptos humanísticos. Entonces, eliminada toda referencia real y
la hipocresía convertida en lenguaje corriente, el caos está servido.

No importa que el toro sea el animal salvaje que mejor vive hoy en Europa, porque no creo que el asunto merezca ninguna polémica cultural o científica. En todo caso, el debate es ético, pero no del lado de la tauromaquia. Se trata simplemente del fraude de un notable consistorio que, ante la legítima opinión de algunos
ciudadanos contrarios a las corridas, aprovecha la circunstancia para lanzar un mensaje institucional, cuya aparente intención encubre un objetivo muy distinto. En definitiva, se busca un subterfugio filantrópico porque todavía no hay agallas suficientes para declarar «Barcelona ciudad antiespañola». Todo llegará.

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