AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 10 Mayo 2004
Están ahí
FLORENCIO DOMÍNGUEZ  El Correo 10 Mayo 2004

Libertad de expresión en Cataluña: ¡a debatir en el Foro!
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital   10 Mayo 2004

El nacionalismo ultima el ataque a España
Carlos Dávila La Razón  10 Mayo 2004

NI DIOS NI AMO
Jorge TRIAS SAGNIER ABC 10 Mayo 2004

De Grozni a Bagdad
JOSÉ JAVALOYES La Voz 10 Mayo 2004

Musulmanes sí, al Qaida no
Iñaki EZKERRA La Razón  10 Mayo 2004

Perejil, ese estúpido islote
GEES Libertad Digital  10 Mayo 2004

La cólera del español sentado
Jorge Vilches Libertad Digital  10 Mayo 2004

Riesgos terroristas
José Javaloyes Estrella Digital 10 Mayo 2004

La yihad en internet
Pablo Molina Libertad Digital  10 Mayo 2004

Terrorismo y religión
Antonio Pérez Henares El Ideal Gallego 10 Mayo 2004

Parlamento y foralidad
PABLO MOSQUERA La Voz 10 Mayo 2004

Error e inventos
Cartas al Director El Correo  10 Mayo 2004

Sanz exige garantías para que «un ataque de locura» no los integre en el País Vasco
L. R. R. La Razón  10 Mayo 2004

 
Están ahí
FLORENCIO DOMÍNGUEZ  El Correo 10 Mayo 2004

Los atentados del 11-M han cambiado las prioridades de los responsables políticos españoles. La amenaza del fundamentalismo islámico se ha convertido en la preocupación principal del nuevo Gobierno que estos días estudia planes de seguridad para hacer frente al terrorismo global. No hay duda de que es preciso reforzar los servicios policiales y de inteligencia que se ocupan de luchar contra este fundamentalismo cuya letalidad quedó puesta de manifiesto en los atentados de Madrid. El 11-M no ha sido un hecho aislado, sino una acción más de un movimiento terrorista que lleva varios años actuando en diversos países y que va a seguir en activo durante bastante tiempo. España, por tanto, tiene que adoptar medidas para combatir la parte que le toca de ese terrorismo.

En algunos ámbitos policiales existe el temor de que el refuerzo de los dispositivos contra el islamismo violento se haga a costa de debilitar los efectivos y medios que ahora se destinan a combatir a ETA. La debilidad de esta organización puede hacer pensar que ya no son necesarios tantos recursos como hasta ahora para hacerle frente.

Este mes de mayo se cumple un año desde que se cometiera el último asesinato de ETA. El descenso de la actividad etarra hace perceptible una sensación de alivio entre el amplio colectivo de personas amenazadas que hay en el País Vasco.

La debilidad de ETA es una realidad que se refleja no sólo en su menor actividad, sino en el desgaste de sus estructuras, en la caída acelerada de dirigentes y activistas de a pie, en la menor cualificación de sus militantes y cuadros y en la incapacidad para recuperarse de los sucesivos golpes policiales. A esta situación se ha llegado gracias a la intensidad de la presión que las fuerzas de seguridad han mantenido ininterrumpidamente en los últimos años. Se ha llegado a un punto clave en el que es posible una victoria sobre ETA a medio plazo, siempre que a esta organización no se le dé la oportunidad de recuperarse. Hoy la policía se enfrenta a un grupo que tiene a un buen número de activistas con escasa preparación y sin demasiada experiencia en vida clandestina, pero si tienen tiempo adquirirán una cosa y otra.

Cualquier adaptación de los servicios policiales para enfrentarse al terrorismo islamista debe hacerse sin que ello repercuta lo más mínimo en el combate contra ETA. No hay que olvidar que los pistoleros de este grupo siguen estando ahí, a la espera de una oportunidad para volver a matar.

Libertad de expresión en Cataluña: ¡a debatir en el Foro!
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital   10 Mayo 2004

Para nada bueno parece que vaya a servir el Foro de las Culturas de Barcelona. De momento, humillación para al Rey y a todos los españoles al negarse a tocar el himno nacional, allí donde toda música tiene su asiento y su minuto, y al colocar la bandera española en lugar no más preeminente que la de San Adrián del Besós, allí, donde todo símbolo merece respeto y consideración, salvo el símbolo del país que, oficialmente, acoge tan magno evento. No está mal, para empezar.

Tampoco el discurso contra la guerra de Irak de Clos y Maragall, suponemos que para afrentar a los cincuenta países de la Coalición internacional y para ahuyentar a todos los que no comulguen con las ruedas de molino izquierdistas o no sean militantes antisistema, de los de todo a cien o de todo a cien mil euros, según sean batasunos o saramagos. Todo anuncia que estamos ante la mayor farsa progre de la historia posmoderna, una especie de feria de noticias con la excusa de la cultura donde tan cultura será el cuscús como El Quijote y donde la noticia estará en la foto del mandamás con el cobramás, famoso por lo que sea siempre que sea de izquierdas. Ya ha dicho Clos que la derecha no tiene intelectuales, que debería darle vergüenza, así que podremos comprobar todos los días la pluralidad del evento, pagado por todos los ciudadanos de sus bolsillos, el de la izquierda y el de la derecha.

Pero aún tienen ocasión los aurigas del Foro –¿o sería más adecuado decir el Forro?– de desmentir los presagios cenicientos de los aguafiestas liberales. Nada más actual en la Cataluña hodierna que el Informe sobre los medios del Gobierno Catalán, un modelo de censura en todas las direcciones, de dirigismo oficialista y de amordazamiento de la diversidad. Teniendo tan a mano a todos los responsables del informe y a muchas de sus posibles víctimas, les sugerimos que lo conviertan en el primer asunto serio de debate, nacional o internacional, a su gusto. A lo mejor así el Foro sirve para algo. Si no sirve ni para eso, en Forro se quedará.

El nacionalismo ultima el ataque a España
Carlos Dávila La Razón  10 Mayo 2004

Donde esté el Rey se debe interpretar el himno español. La vergonzosa inauguración del Forum de Barcelona es el signo de la nueva España ¬si se la puede llamar así¬ que ha nacido tras el pacto del PSOE con los nacionalistas catalanes, con los independentistas catalanes, y con el que se avecina con los vascos. La Casa del Rey nunca debió aceptar la claudicación de la Ciudad Condal; es cierto que al Rey se le otorgan muy escasos poderes en la Constitución, pero los que se le reconocen son absolutamente irrenunciables, y uno de ellos es éste que parece una estúpida perogrullada: representar al Estado, o sea, a España y a sus símbolos, los gráficos y los sonoros, todos . La cesión de Barcelona, con el aditamento charro de llamar al titular de la Corona, «Joan Carles I» (John Charles se tendrá que denominar en Estados Unidos, por ejemplo), es un penoso precedente que guarda, en sí mismo, un peligro; a saber, que a partir de ahora, se vayan eliminando, uno a uno, todos los signos que se consagran asimismo en el artículo más sobresaliente de nuestra Norma Suprema: el segundo, el que inscribe a España como patria común e indivisible de todos los españoles.

Ni el Rey, ni el ministro de Defensa, José Bono, debieron sentirse cómodos en el forzado escenario de Barcelona, al menos ¬cosa imposible de imaginar¬ que hubieran aceptado de antemano y conscientemente, la supresión de cualquier nota que recordará la primacía de España. Como ello no es siquiera pensable, ¿por qué se realizó aquel acto en aquellas circunstancias de inanidad nacional?. El alcalde de Barcelona, el socialista Clos, ya ha dicho que «no fue una buena idea», pero siendo sí una pésima idea, ¿por qué programó así, ¿por qué está dando la impresión que Carod y su partidito nos están merendando a todos los españoles?

Naturalmente que este tipo de observaciones serán tildadas de anacrónicas o irrelevantes por una buena parte de los que no tienen el menor rubor en poner a España en almoneda, pero en ningún otro país de Europa ¬¿qué decir de los admirados ahora Francia y Alemania?¬ los poderes del Estado se avendrían a soportar una renuncia, una resignación como la de Barcelona. Las marcas de los nuevos tiempos que vivimos, son inapelables, y la sentencia parece definida: lo progresista, lo moderno, lo eficaz es el entendimiento, al precio que sea, con los que arriesgan la Constitución, los que incluso quieren cargársela; lo retrógrado es la defensa de unos principios como los expuestos hasta ahora, porque eso parece la resaca deleznable de una cuartelismo fascista.

Pero, nadie se engañe: los «progres» son los «regres». El presidente del Gobierno, ufano, se ha paseado este fin de semana por la Generalitat de Maragall, el presidente catalán que aguanta sin inmutarse las diarias agresiones que perpetra contra él, contra la institución que dirige y desde luego contra España, la agrupación política de Carod y su banda. Todo sea por el poder que le ha permitido a Zapatero recorrer, encantadamente, los hermosos patios y salones del Palau. Horas antes de este viajecillo turístico («no hablamos de nada, ni de todo», ¿oh, qué perfecta armonía!), el símbolo de España, de la nación que componemos los que pagamos el altísimo precio del inventado, ¿para qué?, Foro, fue apartado de la inauguración, como si fuera apestado, leproso, desdeñable. Y todo, en presencia de Su Majestad el Rey.

Aguardan momentos difíciles en los que salvaguardar todo lo que huela a España, será presentado como elemento de reacción. Los nacionalistas, así se apellidan sin ambages, ni pudores, insultan a quien aún ¬¿qué impudicia!¬ pretende preservar para sus hijos la sola idea de España. En esta legislatura, asistiremos al más virulento ataque a la unidad nacional que se haya perpetrado nunca desde las Cortes de Cádiz, y todo en atención a la reforma de unos Estatutos, el vasco y el catalán, que o están lindando con la vera misma de la secesión o están absolutamente en ella. El PSOE, a punto de pactar en Vitoria un arreglo con el PNV, hará posible el proyecto independentista de Ibarreche. Ahora mismo, el Gobierno de Ajuria Enea intenta un trueque malvado: la ruptura de la caja única por el disfraz, únicamente el disimulo, del concepto de autodeterminación. Así piensa arreglar, con diálogo, y talante, claro está, el problema el Gobierno de Zapatero. Otro sometimiento como el de Barcelona, conduce la desaparición de España como nación solidaria. La que aprueba la Constitución, la de Monarquía de todos, la que brilló por su ausencia en Barcelona. Urge pues, respetar a España.

NI DIOS NI AMO
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC 10 Mayo 2004

ESE viejo lema anarquista, que veo todos los días escrito en los muros de un puente bajo el que paso para ir a correr por la Casa de Campo, ha infectado lenta pero implacablemente nuestros corazones. Con el fin de evitar el conflicto, estamos dispuestos a aceptar que cualquier cosa nos parezca normal y que la minoría imponga su criterio sobre la abrumadora debilidad de la mayoría, que vive acosada, temerosa e inerme, ante ese nuevo fascismo que se disfraza de tolerancia. En Barcelona se inaugura el Fórum-2004 sin himnos nacionales y sólo a última hora se aceptan las banderas; se pretende, de esa forma, que nadie se moleste por los acordes de la «España antipática». Me entero, también, que el cabildo de la catedral de Santiago, en otro gesto de simpatía sin precedentes, retira del altar al emblemático Santiago Matamoros, para que no se ofendan los seguidores del Corán, esos que persiguen sañudamente el cristianismo en todos los países donde gobiernan. Y me cuentan que pronto se alzará el griterío para que desaparezca la media luna de los pies de las imágenes de la Virgen, pues aunque nada tenga que ver ese símbolo apocalíptico con el Islam podría, dicen los bobos sin fronteras, esos mismos que apoyan a sus «hermanos» musulmanes para que se comparta culto en la mezquita de Córdoba, prestarse a confusión.

Mientras tanto más de mil millones de personas, bajo la égida de Alá y de su profeta Mahoma, se está armando física, religiosa y nacionalmente hasta los dientes, con himnos, ardor guerrero, banderas, promesas de vida eterna, cientos de miles de millones de euros para actividades de todo tipo, acciones terroristas incluidas, o fastuosas mezquitas -escuelas de «guerra santa»- como esa que inauguró en Granada el año pasado el emir de Sharjaj, uno de los sátrapas que gobierna en los Emiratos Árabes Unidos y que vino a darnos lecciones de «hermandad» y «tolerancia» con la complacencia de las embelesadas autoridades locales y de la Junta de Andalucía.

Frente a este pensamiento fuerte, con su Dios guerrero y vengativo y sus jefes militares con alfanjes afilados, oponemos, en el mejor de los casos, un cristianismo débil y descafeinado o, en el peor, una especie de barra libre, en expresión feliz de Alonso de los Ríos, con bebedizos como el aborto libre y gratuito, píldoras del día después para todo el mundo, permisividad con las llamadas drogas blandas, matrimonios homosexuales con adopción de niños, y suma y sigue. De ese cristianismo se nos ríen en la cara y de la barra libre se escandalizan, con cierta razón, llamándonos depravados y alimentando el proselitismo. Confundimos el amor fraterno que ayer se nos predicaba en el evangelio dominical, con la debilidad y la falta de criterio. Ya no tenemos ni Dios ni Amo, estupendo, ya todo está permitido. Todo tiene el mismo valor y lo que piensan cien, al fin y al cabo, le otorgamos el mismo peso que lo que piensan cien mil. Sobre todo que nadie se ofenda, aunque tengamos que renegar de nuestras raíces cristianas. Sin embargo, Tomás Moro ya nos enseñó que un minuto de dignidad, el tiempo suficiente para decir basta, vale más que vivir acomodados en la poltrona del poder.

De Grozni a Bagdad
JOSÉ JAVALOYES La Voz 10 Mayo 2004

LA MUERTE del presidente de Chechenia y 31 de sus acompañantes a manos del terrorismo islámico en la celebración rusa del aniversario de una importante victoria militar frente a la Alemania nazi da la medida del desafío en que permanece el separatismo checheno, hibridado con el radicalismo islamista. Es como el epílogo, para los terroristas que han dado muerte a Ahmad Kadirov, de la anterior guerra de Afganistán: librada por los musulmanes a los que la CIA arrastró a la Yihad, a la guerra santa, contra el sovietismo impío que ocupaba el ingobernable país de los patanes y otras etnias indómitas.

Allí enfermó de muerte la URSS, pero también allí, en las puertas mismas de la Ruta de la Seda, nació como precio de lo mismo, el islamismo más radical del que se tiene memoria desde la irrupción de los almohades en la Historia de la España musulmana. Aquel Afganistán fue la levadura en la que ha crecido el pan amargo del terrorismo islámico, cocido después en el horno de los errores norteamericanos en el Oriente Medio. Y en aquel Afganistán lucharon chechenos contra la URSS. Luchan ahora en su tierra contra los rusos post-soviéticos. La masacre de Grozni puede ser, sin embargo, el empujón que necesitaba Putin para cogerse del brazo de Bush y enrolarse, como apoyo mayor, en la fuerza multinacional que debe custodiar la transición de los iraquíes hacia la propia soberanía, una vez que al acabar junio entregue la coalición angloamericana el poder a un Gobierno puente que prepare las elecciones libres.

Putin, no se olvide, había dicho hace nada que Irak es un «nido de terroristas». Si este Kremlin da el paso al frente, tras del atentado de ayer, además de descolocar el tablero francés sobre el Oriente Próximo (Alemania no sería insensible a un hecho así), vendría a demostrar que si la política es capaz de hacer extraños compañeros de cama, la historia de hoy puede convertir la política de ayer en un genuino revolcadero.

Musulmanes sí, al Qaida no
Iñaki EZKERRA La Razón  10 Mayo 2004

En una de las anécdotas que Giovanni Papini puso en boca de Gog, el personaje multimillonario que usaba su dinero para satisfacer todas sus excentricidades, éste asiste en su mansión a un espectáculo de magia oriental que acaba como el rosario de la aurora cuando falla el circuito eléctrico que ocultaban hábilmente los magos para provocar sus convincentes efectos especiales. La moralizante conclusión que sacaba Gog era más o menos ¬cito de memoria¬ que aquellos elevados espíritus del hinduismo necesitaban para su magia de algo tan escasamente espiritual como la electricidad occidental. Ese relato de Papini nos brinda la clave esencial que necesitamos para entender un terrorismo que ¬como el de Al Qaida¬ pretende presentarse ante Occidente teñido de unas coloraciones étnicas, religiosas y culturales que aún no han sido debidamente desenmascaradas. Si la gran argucia de ETA fue aprovechar el carácter centralista de la represión franquista para lograr ser identificada con el País Vasco y el autonomismo, la trampa más peligrosa de Al Qaida es encarnar de una forma verosímil pero falsa el rostro de Oriente, el Islam, los países árabes, los iraquíes, los palestinos Y la lucha contra este nuevo terrorismo no puede empezar por otra cosa que por su desenmascaramiento.

Del mismo modo que contra los asesinos de Miguel Ángel Blanco resultó de una esclarecedora y definitiva eficacia el lema de «Vascos sí, ETA no», contra los asesinos del 11-M debe esgrimirse la simétrica consigna de «Musulmanes sí, Al Qaida no» porque la única salida a la vieja crisis mundial agravada con la guerra de Iraq no es caer en esa trampa maniquea de plantearla como un enfrentamiento entre el mundo cristiano y el islámico o entre Oriente y Occidente, trampa que consiguió evitarse curiosamente con la guerra de Afganistán, la única que podría llamarse «moral» o «justa» (no diré «legal» ya que ninguna lo es) porque no estaba teñida de obvios intereses económicos como lo han estado las dos que la familia Bush ha emprendido en el Golfo Pérsico, la del 2003 y la de 1990.

«Musulmanes sí» ya que es imprescindible trazar una línea entre el fundamentalismo totalitario y un Islam que tendrá que sufrir una secularización similar a la que sufrió el cristianismo porque no le queda otro camino, porque perseverar en la colisión de bloques que trata de consumar Al Qaida es suicida para las dos partes y porque la modernidad democrática es para la sociedades árabes como las células madre para las sociedades occidentales. Una vez inventadas no hay marcha atrás por muchas resistencias que oponga el integrismo católico. Porque el mapa simplón que dibujan tanto el multiculturalismo ciego y angélico denunciado por Giovanni Sartori como la xenofobia de Oriana Fallaci sólo lleva a callejones sin salida y además a callejones falsos. A ese Oriente que Al Qaida dice representar pertenece también una potencia como Japón, que es aliada de Bush. Ese Islam del que finge ser portavoz se halla también en las mezquitas de Madrid, de París y de Londres. Esos países árabes que quiere vengar no conforman un bloque monolítico y odian a menudo más al vecino que a Occidente. Esos iraquíes y esos palestinos en nombre de los que habla son las primeras víctimas del suicida y catastrófico terrorismo que practican y al cual les alientan Ben Laden o ciertos países amigos que son sus peores enemigos. Lo que caracteriza esencialmente a Al Qaida es su odio a la democracia tanto si tiene como suelo un país occidental como si intenta instaurarse en un país árabe.

De este modo, si no se debe llamar «árabe» ni «oriental» ni «islámico» a ese terrorismo, Zapatero y Llamazares tampoco son precisos cuando hablan de «terrorismo global». Tampoco ninguno de ellos ha elegido el término adecuado que responda a un certero diagnóstico. Hablar de «terrorismo global» para mentar a Al Qaida es tan inexacto como hablar de «terrorismo local» cuando se menciona a ETA. Y, como el terrorismo de ETA lleva el sello de origen genuino e ineludible del nacionalismo totalitario, el de Al Qaida es un terrorismo fundamentalista que odia lo occidental en la medida en que representa la libertad y el laicismo, pero que ¬como los falsos hindúes de Papini¬ debe a Occidente su magia. Occidental es la dinamita que usa y la tecnología audiovisual e informática en la que se publicita. Occidentales son las metralletas y el ingrediente paramilitar de sus escenografías, la espectacularidad mediática o hasta las drogas que necesitan sus kamikaces para serlo y que demuestran que la religión no les «coloca» lo suficiente. Occidental es su resentimiento político y antes cultural como su nihilismo, lúcidamente detectado por André Glucksmann. Occidentales son las universidades en las que se formaron sus verdaderos cerebros empezando por Ben Laden. En otro de los episodios que Giovanni Papini puso en el anecdotario de Gog, éste se entrevista con Ghandi y recibe de éste la confesión de que su sueño independentista se lo debe no a lo que conserva de indio sino a su paso por la universidad británica y a lo que ya tiene también de británico. Un indio no pensaría nunca por sí mismo ¬explica a Gog el místico líder con verosímil cinismo¬ en una idea tan inglesa como la de liberarse de Inglaterra.

Paradójicamente tan «envenenado de occidentalismo» está ya el legítimo sueño de llevar la industrialización, la economía de libre mercado, el sufragio universal, el estado de bienestar y la secularización religiosa a los países árabes como el sueño contrario de los fundamentalistas de hacer volver a ese mundo a una inocencia prístina de la que ya le han despertado para siempre los televisores que muestran el paraíso del desarrollo en el más suburbial de los zaguanes de Bagdad o de Rabat.

Política exterior
Perejil, ese estúpido islote
GEES Libertad Digital  10 Mayo 2004

En los casi dos últimos años, una pregunta estandard en España y sobre España ha sido por qué Aznar hizo lo que hizo, secundar la empresa americana en Irak en contra de su opinión pública. Responder que por seguidismo es atrozmente trivial e implica renunciar a comprender dos años dramáticamente decisivos de nuestra política exterior. Decir que porque consideró que estaba sirviendo a los intereses nacionales aún corriendo graves riesgos políticos es una obviedad que no hace más que enunciar el tema.

Aznar consideró que tenía que arrostrar la impopularidad por varias razones de gran peso, una de las cuales debería ser obvia para todos lo españoles, y marroquíes, de manera prácticamente automática: Tenemos que competir con Marruecos, y ellos con nosotros, por la amistad de Estados Unidos. Los litigios que tenemos con nuestro vecino del Sur, o él con nosotros, son objetivamente graves y susceptibles de crear una crisis nacional si Marruecos decide envenenarlos para ocultar una crisis interna propia.

Cuando se desarrolla una tensión entre ambas orillas del estrecho ya sabemos a quién elige nuestra amiga Francia. En esas circunstancias el apoyo de Estados Unidos puede ser decisivo. Lo que desactivó la crisis del islote de Perejil fue una carta de Colin Powell.

A pesar de que una posición proamericana no es una fuente de prestigio en el mundo árabe, Rabat ha cultivado esa carta con asiduidad y esmero, sin duda, entre otras razones, porque entiende muy bien que tiene que competir con España. Ahora que la reforma del Gran Oriente Medio, que por el Oeste empieza en Mauritania, se convierte en una gran prioridad de la política americana, Rabat pasar a ser un punto de apoyo vital para el gran sueño democratizador americano.

En ese mismo momento España abandona militarmente a su principal aliado en medio de una delicada situación de seguridad, rompiendo con una muy extendida norma de conducta internacional según la cual un nuevo gobierno no incumple unilateralmente compromisos exteriores que lesionan a terceros. Y lo hace con una precipitación equivalente al recochineo.

El resultado de esa acción tendrá una larga cola. La primera manifestación se presenta con caracteres casi pintorescos pero que no por eso dejan de ser escalofriantes. En una entrevista de Powell en una obscura revista americana sobre los grandes problemas actuales de su política exterior curiosa, curiosísimamente, el periodista le pregunta por el más que olvidado, para el publico americano, incidente de Perejil. El secretario de estado responde que se trata de una pequeña y tonta isla a la que tuvo que dedicar dos días de su vida. No hace falta ser muy buen entendedor para captar el mensaje. Seguro que en Rabat lo entienden perfectamente.

El gobierno tiene una opción para evitar una nueva crisis. Dárselo. Al fin y al cabo ya lo ha hecho con el Sahara, abandonando a los saharauis lo mismo que a los irquíes y contraviniendo absolutamente todas las resoluciones de Naciones Unidas al respecto, aunque eso sí, contentando a Francia. Y aún queda mucho por dar que el reino alauita no olvidará pedir. Pero si esa es la política del gobierno, dado su amor por la verdad y la transparencia y su respeto al parlamento y la opinión pública, debería decirlo. Y si no lo es, entonces tendría que explicarnos la lógica de su política, que en ese caso sería bastante más difícil de entender que el diáfano mensaje de Powell.

GEES: Grupo de Estudios Estratégicos.

Comisión del 11-M
La cólera del español sentado
Jorge Vilches Libertad Digital  10 Mayo 2004

A contrapié. Los socialistas no se esperaban que el PP, lento pero contundente, pidiera la formación de una comisión de investigación. Y no salió Rubalcaba a responder a Rajoy, a desdecirse de la comisión de estudio con la que pretendía despachar los bochornosos acontecimientos del 12 al 14 de marzo. Tuvo que salir López Garrido, amenazando a los populares con ir en la investigación mucho más allá, "antes, durante y después" del 11-M, y reconociendo, al decir que las "responsabilidades políticas" las cobró el pueblo con su voto el 14-M, que el PSOE ganó por el efecto de los atentados.
A regañadientes. Los socialistas dan la sensación de que les disgusta que la comisión funcione antes de las elecciones europeas. A la amenaza de López Garrido se ha unido el laconismo de Manuel Marín, presidente del Congreso, asegurando que todo aconseja que es mejor que la comisión empiece sus trabajos después de los comicios europeos de junio. Esta aparente desidia para investigar qué ocurrió no encaja con el paroxismo dominguero de Zapatero para ordenar la retirada de las tropas.

La comisión es necesaria, aunque no se saque nada, como vimos con la que se formó en la Comunidad de Madrid con el asunto de Tamayo y Saez. Y es que hoy se sabe menos "¿quién ha sido?" que el 13 de marzo. Los acontecimientos, sus enlaces, orígenes y beneficiarios indirectos, así como la propia investigación policial se han enturbiado tanto desde el 11-M que es imprescindible que la comisión de investigación desentrañe, al menos, el papel que desempeñaron cuatro actores: el Gobierno Aznar, las Fuerzas de Seguridad, el PSOE y el grupo PRISA.

El Gabinete popular cometió errores, como reconoció el propio Aznar, por centrar su trabajo en el terrorismo etarra y desatender el islámico. No obstante, el atentado se urdió a finales del año 2002, antes de que España apoyara la invasión de Irak, por lo que no existe esa pretendida "responsabilidad política". Y, como esto se sabe, la acusación de la izquierda se centra en que el Gobierno mintió al decir que había sido ETA, como escribió Felipe González, con un silogismo sanchopancesco, en un artículo el sábado 8 de mayo en El País. No merece la pena entrar en las detenciones previas de comandos etarras, o en la coincidencia general e inmediata, el mismo 11 de marzo, en señalar a la banda asesina como autora de los atentados. Sin embargo, la comisión sí debe incidir en si Acebes recibió informaciones falsas, por qué y quién las dio. Cada vez es más común creer que hubo una trama, una mano negra, alguien, que engañó al Gobierno. ¿Quién mintió?

Y aquí entra el triángulo que forman el PSOE, el grupo PRISA y un grupo de las Fuerzas de Seguridad. La connivencia entre los dos primeros no le cabe duda a nadie, ni su comunidad de intereses y estrategia. Pero, ¿existe un grupo en el CNI, o en la Policia Nacional, o en los Tedax, simpatizante del PSOE o confidente de PRISA? Es obligatorio que la comisión investigue las filtraciones, falsas o no, de las que hizo gala la Cadena Ser, y la campaña que llevó a cabo entre el 12 y el 14 de marzo para inducir a un cambio en la intención del voto. Debe también aclararse el papel del PSOE, y en especial de su jefe de campaña electoral, Rubalcaba, que en la noche del 13 al 14, coincidiendo con la invasión callejera, las consignas radiofónicas y televisivas, y el movimiento de rumores interesados, dijo airadamente, y saltándose la ley, que el Gobierno mentía.

Lo trascendental no es que el Gabinete de Aznar quede limpio de las calumnias, sino que los ciudadanos nos enteremos de cuántos errores cometió aquel Gobierno y cuántos de aquellos fueron inducidos; qué miembros de las Fuerzas de Seguridad mintieron y por qué, y si hubo traición; quién diseñó en el PSOE la estrategia para conseguir un voto emotivo cercando al PP, física y moralmente; o por qué la Cadena Ser supo antes que el Gobierno algunos detalles, incluso los que se revelaron como falsos, y qué intereses se esconden detrás de las filtraciones.

Porque debemos saber si la victoria electoral de los socialistas se debió a un voto emotivo, manipulado y mentiroso, o a una decisión madura. Y esto es lo que se juega el PSOE, su legitimidad moral, y por eso quiere que la comisión de investigación no empieza sus trabajos hasta después de las elecciones del 13 de junio. Busca una revalida que aleje ese fantasma. Dos cosas quedarán ocultas, con toda seguridad: todo lo referido a la orquestación de la campaña del grupo PRISA que desembocó en la ilegalidad del 13 de marzo, y, por otro lado, si participó en los atentados algún servicio de inteligencia extranjero.

Aun siendo esto desesperanzador, nos jugamos mucho más en este envite; hablamos de la madurez democrática del electorado. ¿Cuántos votantes populares dieron su voto al PSOE tapándose las entendederas, movidos por la emoción, presionados por la campaña que se desencadenó del 12 al 14 de marzo, con un sentimiento de culpa por haber votado en su día a los "asesinos" del PP?

El español siempre ha querido conocer la verdad, y cuanto antes mejor. Lope de Vega impuso el teatro de corrala porque entendió que "como las paga el vulgo, es justo/ hablarle en necio para darle gusto". Y cambio la estructura de la tragedia, le introdujo la nota cómica, y acortó las obras de cinco a tres actos. Y era que el espectador, el español de acera y taberna, de sol y corrillo, no podía aguantar tanto tiempo hasta el desenlace, quería saber de forma imperiosa, con ansia inmediata, la verdad. Era la cólera del español sentado. Y así, en esto, el espectáculo de la comisión de investigación, con toda su escenografía y tramoya, debe apuntar algo que aleje la cólera.

Riesgos terroristas
José Javaloyes Estrella Digital 10 Mayo 2004

El terrorismo islámico que en Grozni, la capital chechenia, se ha llevado por delante al presidente Ajmad Kadirov y a 31 de sus acompañantes, durante la celebración del aniversario de una victoria decisiva sobre los alemanes en la última guerra mundial, corresponde a un riesgo específico ruso, igual que el que ha golpeado repetidamente en Moscú: junto a un hotel próximo al Kremlin; en el metro de la capital rusa y el asalto a un teatro moscovita, con la toma masiva de rehenes; con la voladura de bloques de apartamentos, etc. Ese terrorismo islámico de los chechenos no cabe entenderlo de otra forma que como riesgo específico ruso. Sin embargo, ese mismo terrorismo musulmán es sólo un riesgo genérico para el mundo occidental, tanto en un sentido geográfico que podría incluir desde Turquía hacia Poniente hasta todo el norte de África, especialmente Argelia y Marruecos, como en un sentido político, abarcador de la comunidad euroamericana del Atlántico, y también del propio Japón.

En ese tipo de riesgo tenía España una cuota, como tantas naciones de su universo político y geográfico. Puede admitirse que incluso podría España padecer una prima de peligrosidad por su protagonismo político en el conflicto de Iraq. Pero nada más. Lo específico de su riesgo terrorista, histórica y políticamente, procedía y está en el terrorismo etarra: desde agosto de 1968, con más de mil muertes a sus espaldas. Y desde mediados del pasado mes de febrero, con el intento de perpetrar un atentado de grandes dimensiones en el Corredor del Henares, tal como certificó la media tonelada de explosivos y la documentación que llevaban en una furgoneta dos etarras detenidos en la provincia de Cuenca

El terrorismo etarra era el riesgo específico que seguía soportando España, como el terrorismo islámico —reiterado ayer en la capital de Chechenia— era y sigue siendo el riesgo específico de Rusia. No era ni es, aun después del 11-M, el terrorismo islámico un riesgo específico para España. Las cosas son así, por más vueltas que en la manipulación política se les quiera dar. Y el que todo resulte de tal manera significa mucho. Es trascendente en todos los órdenes. Afecta a la realidad de las cosas en sí y concierne a la actitud mental de quienes reaccionan frente a ellas, tanto da que sea el hombre de la calle como los servidores del orden público, y quienes, en cualquier caso, tienen por mandato democrático la responsabilidad política de enfrentar los acontecimientos. Se puede activar la alerta respecto de un riesgo o respecto del otro; cabe estar alertados también, simultáneamente, ante los dos; pero, en cualquier caso, incluso cuando sobreviene la simultaneidad de las alertas y los avisos, siempre recaerá mayor atención y se dará más preferencia al riesgo específico que al riesgo genérico.

En las vísperas del 11-M fueron cancelados vuelos franceses, británicos y norteamericanos por alertas derivadas del riesgo genérico procedente del terrorismo islámico. Por esas fechas se había frustrado en Cuenca la preparación del sabido atentado de grandes dimensiones, disparándose así la alerta frente a nuestro riesgo específico, el etarra; aunque éste no excluyera, sobre el papel, el riesgo genérico del terrorismo islámico. También sobre el papel no cabe excluir la posibilidad de que esos dos riesgos, el etarra y el islámico, pudieran haberse cruzado y reconducido a una unidad de propósito, aunque el resultado se hubiera imputado a sólo uno de ellos. De esta suerte, aunque las insistencias políticamente interesadas en sesgar el problema se mantengan en señalar que hubo alertas sobre el riesgo genérico de lo islámico, se mantiene y sobrepone la pregunta del clásico cui prodest. Los beneficiados por la hazaña monstruosa del riesgo terrorista genérico, del peligro islamista, parecen hasta el momento los beneficiarios del riesgo terrorista específicamente nuestro, del bestiario etarra. No sería la primera vez que los ahora poscomunistas han hecho el trabajo de campo a quienes pasan por demócratas de toda la vida. Demasiada dinamita y demasiados versículos del Corán borrando o induciendo huellas. Y, quien sabe, si precipitando conclusiones. Veremos qué sale de la comisión parlamentaria.        jose@javaloyes.net

Blogoscopio
La yihad en internet
Pablo Molina Libertad Digital  10 Mayo 2004

Un grupo de radicales islámicos se manifiestan en público con cánticos tales como “bomb London, bomb New York”, o el más explícito “we are terrorists”, mientras agitan grandes fotografías con la imagen de las torres gemelas ardiendo con la leyenda “Recordad el 11 de septiembre”. ¿Las calles de Gaza?, ¿Teherán?, ¿Faluya? Nada de eso. La escena, absolutamente real, se desarrolló el pasado 4 de mayo a las puertas del número 10 de Downing Street, tras hacerse públicas las imágenes de las vejaciones cometidas contra prisioneros iraquíes en una cárcel de Irak. Y éste es sólo uno de los miles de ejemplos que se pueden encontrar en webs creadas como observatorios de la Jihad en tierras occidentales, uno de cuyos principales exponentes es jihadwatch.

“Miren los carteles que llevan los manifestantes. Son de Al-Muhajiroun, el más notorio grupo radical musulmán pro-Osama en Gran Bretaña, que ha estado pidiendo “bomb London, bomb New York” mucho antes de que esos prisioneros fueran vejados, y mucho antes incluso de que hubiera cualquier clase de tropa norteamericana en Irak. Su “recordad el 11 de septiembre” no es una conmemoración; es una amenaza. Se puede leer acerca de ellos en varias publicaciones, en las que podemos encontrar, entre otras cosas, el discurso del líder del grupo Omar Bakri, en el que afirma que están trabajando para el día en el que la bandera negra del Islam —la bandera de la Jihad— ondee en el número 10 de Downing Street. Los prisioneros iraquíes sólo son el último pretexto”.

También la BBC, que en algunos ámbitos de intenet es conocida como Baathist Broadcast Corporation quizá con cierta exageración, ilustra a su audiencia de vez en cuando con elevados ejemplos de la forma en la que el Islam, una religión de paz, influye en la cosmovisión de sus seguidores más ortodoxos. Hassan Butt quiere ser un mártir. Este creyente musulmán, que declaró públicamente su apoyo a los terroristas de Madrid y afirmó que quería ser un mártir, está siendo investigado por la policía. Hassan Butt, de 24 años y procedente de Manchester, apareció en un programa de TV afirmando que los musulmanes británicos están preparándose para tomar las armas, a pesar de los esfuerzos de la policía y las fuerzas de seguridad.

Pues bien, para regocijo de los fieles seguidores del Profeta, en la mayoría de los casos encuentran como única oposición ejemplos de sumisión vergonzante, que en ocasiones rayan en la estupidez. Como el caso de los dirigentes de la Iglesia de Noruega, que están intentando convertir en mezquitas algunos templos hoy en desuso. En concreto, el sacerdote Einar Gelius sugiere que la venerable iglesia de Gronland, en el centro de Oslo debería convertirse en una mezquita. El asunto es tan pintoresco, que hasta el líder del Partido Progresista, Carl I. Hagen, afirmó el miércoles pasado que convertir templos ruinosos en mezquitas no sería nada adecuado. Por otra parte, al otro lado del atlántico Susan L. Douglass, una musulmana norteamericana encargada de supervisar los libros de texto con los que, con toda libertad, se da a conocer el Islam entre los millones de escolares norteamericanos, incluye entre su material didáctico ejemplos de tolerancia religiosa como el que sigue: “Uno de los signos del Día del Juicio Final será cuando los musulmanes ataquen y maten judíos, quienes se esconderán detrás de los árboles los cuales gritarán: Oh musulmán, oh sirviente de Dios, hay un judío escondido detrás de mí. Ven aquí y mátalo”.

El 11 de septiembre fue el inicio de una guerra no declarada, querámoslo o no, en la que el fundamentalismo islámico designó manifiestamente a occidente como su “enemigo”. Los integristas musulmanes desprecian profundamente nuestro sistema de vida moderno, abierto, tolerante y laico y están dispuestos a aprovechar la debilidad de nuestra excesiva sensibilidad hedonista para forzarnos a aceptar, mediante la violencia y el terror, un “nuevo orden mundial” que permita someter a mil millones de personas al fanatismo totalitario de una fe impuesta como la única ley admisible. Si no somos capaces de entender algo tan elemental, y continuamos aferrándonos a nuestras “ansias infinitas de paz” a cualquier precio, como única arma para enfrentarnos a los enemigos de occidente, puede que cuando finalmente despertemos a la realidad, sea, por desgracia, demasiado tarde. De momento, Occidente pierde en la batalla de la propaganda: asesinar a un rehén italiano de un tiro en la nuca es, para los europeos progresistas, un acto de venganza reparadora; curiosamente, no respetar el estatuto de unos prisioneros de guerra —que por otro lado son combatientes irregulares—, resulta, para estos mismos bellos espíritus, un pecado político irreparable. ¿Qué pensarán entonces, preocupados ellos por los atropellos de las reglas de la guerra, de que la yihad haya puesto precio a la vida de unos cuantos norteamericanos destinados en Irak?

Terrorismo y religión
Antonio Pérez Henares El Ideal Gallego 10 Mayo 2004

La disputa es tan falsa y estéril como peligrosa. Y lo es porque el terrorismo islámico sí es un hecho verdadero y el arraigo del fanatismo entre la población musulmana residente en España, un fenómeno creciente. Porque la cuestión no es en absoluto de libertad religiosa.

A mí me importa un pimiento la fe que profesen estos o aquellos, es cosa suya y sólo suya y que se enteren de una vez que nos importa un rábano mientras no transgredan las leyes y normas de convivencia cívica. ¡Como si se quieren hacer adoradores de Baal! ¡Que se enteren de una puñetera vez todos que aquí lo que importa es que somos ciudadanos!. Simplemente, hermosamente, libremente ciudadanos.

Y como ciudadanos lo que no podemos tolerar es que so pretexto de lo que sea, religión o nacionalismo, se predique, se ampare, se cobije y se de alas al terrorismo. Y me es indiferente que sea en una mezquita, en una carnicería, en una herriko-taberna o en una ikastola. Simplemente hay que perseguir el hecho del terrorismo y sus difusores. Se hizo con ETA y hay que hacerlo en este nuevo terrorismo. Porque si no a lo que nos exponemos es a otro 11-M a la vuelta de la esquina y entonces a ver quien le explica a nuestro pueblo que como aquello se había preparado bajo no sé qué paraguas de libertad religiosa pues que nada, que aguantar y entonces vamos a ver qué dice el pueblo español.

Por eso la disputa ahora establecida sobre conveniencia o no del control sobre las actividades en esos centros es absolutamente estéril. Como lo es siempre que se pretende poner algún supuesto derecho étnico, cultural o religioso por encima de los Derechos Humanos y de la Constitución. Usted será de donde quiera y con la religión que quiera pero aquí vive en un Estado laico y se atiene a sus leyes. ¡Y punto! El colmo y lo que ya me ha llevado a la perplejidad es que un ministro de asuntos islámicos de Marruecos, con el que se entrevistaron el otro día un trío de conversos españoles, meta sus muy marroquíes y musulmanas narices en nuestros asuntos internos diciendo ayer en ABC que está abierto al dialogo con nuestro gobierno sobre las mezquitas en España. ¿Se puede saber el que? O es que hemos de considerar cada uno de esos centros tierra no española, algo así como si fuera una embajada marroquí, o saudí o de donde quiera que sean quienes la han pagado y puesto un imán. Estamos llegando al esperpento y cuando la gente estalle algunos encima van a acusar a los que han soportado en su carne los muertos, a ese pueblo tolerante y prudente que aguanta muchas intolerancias y quiebras de sus costumbres en su propio territorio, de ser unos racistas. Al tiempo20

Parlamento y foralidad
PABLO MOSQUERA La Voz 10 Mayo 2004

HISTORIA de pactos, libertades y soberanía. El 7 de mayo pasado, celebré las bodas de plata de las Juntas Generales de Álava. Un Parlamento Foral que convive, en la capital de Euskadi, con el Parlamento Vasco.

En estos momentos, la política parece haber elegido el camino de las reformas, a causa de la regeneración del sistema democrático que inició su ciclo con el actual bloque formado por la Constitución Española, los Estatutos de Autonomía, y los reglamentos que permiten a actividad parlamentara.

Las cuestiones son apasionantes: Listas abiertas para las elecciones parlamentarias; compromisos de sus señorías con la circunscripción electoral que les ha elegido; iniciativa popular capaz de ser ejercida sin las trabas actuales; Senado con vocación para ser la voz de la multinacionalidad que constituye el Estado de las Autonomías; comisiones de investigación; equilibrio y respeto entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Mientras, en el Parlamento Foral de Álava, dónde fui portavoz durante tres legislaturas y miembro del gobierno en otra, tuve la oportunidad de encontrarme a personalidades de la vida pública que empezaron en aquel histórico lugar, formado al amparo de los fueros (pacto y libertad): Ibarreche, que se hizo político nacionalista entre las Juntas y la alcaldía de Llodio; Víctor García Hidalgo, actual directos general de la Policía; Emilio Guevara, actualmete en el grupo de los socialistas alaveses, portavoz histórico del PNV cuando la escisión entre Carlos Garaicoechea y Arzalluz; Javier Rojo, presidente de Senado.

Faltaban por fallecimiento: Chus Viana, dirigente de la UCD; Fernando Buesa, que lo fue todo y pudo haber sido el máximo dirigente de socialismo vasco, si ETA no lo hubiera truncado.

Y, un reconocimiento formal. Antes del Estatuto de Autonomía vasco, ya existía la foralidad alavesa con sus Juntas; sin embargo, ni existía el Parlamento Vasco, ni la unidad entre Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. Así se lo recordó, Guevara al lendakari en el acto del aniversario, como una advertencia basada en la verdad histórica y en los derechos de Álava.

La ruptura del pacto estatutario, supone dejar libre la foralidad alavesa para decidir su futuro al margen del que elijan guipuzcoanos y vizcaínos; se puede decir más fuerte, pero no más claro.

Espero que el ex-juntero Ibarreche tomara buena nota.

Error e inventos
Francisco Aguirre/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo  10 Mayo 2004

El consejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkarraga, está molesto por el uso de la palabra Vascongadas por parte del Rey y dice que «es un error hablar de esta forma de Euskadi». Pues habrá sido un error cometido durante siglos. Vascongadas se utiliza desde tiempo inmemorial, documentado como mínimo desde el siglo XVI, mientras la palabra Euskadi fue inventada por Sabino Arana, fundador del PNV, en 1896. De hecho, en el 'pack' de inventos de don Sabino también se hallan la ikurriña, de 1894, calcada a la bandera inglesa -salvo el color- o la historia de la 'opresión española' -literatura ficticia y que no resiste un mínimo análisis histórico-. El nacionalismo, desde su origen, trata de imponer a la sociedad vasca símbolos, terminología y una historia absolutamente artificiales, pero necesarios para justificar su separación de España.

Sanz exige garantías para que «un ataque de locura» no los integre en el País Vasco
L. R. R. La Razón  10 Mayo 2004

El presidente navarro, Miguel Sanz aseguró ayer que hay que aprovechar la reforma de la Constitución española para suprimir la Disposición Transitoria Cuarta, que contempla la incorporación de esta comunidad al País Vasco tras la previa aprobación por parte del órgano foral competente y de la ciudadanía navarra en referéndum. Sanz argumentó que es necesario suprimir esta disposición transitoria de la Carta Magna para evitar que, en caso de que la ciudadanía «pueda volverse loca», se apruebe la integración de la comunidad foral en «otra realidad política: Euskadi».

Ante unos 300 militantes de Unión del Pueblo Navarro, destacó que ni conviene ni se puede consentir que esta comunidad esté «sometida permanentemente a una espada de Damocles», puesto que podría suceder que, en un momento determinado ¬que él espera que no llegue «nunca»¬, tras aprobarse esta iniciativa en el Parlamento foral por mayoría absoluta, la ciudadanía decidiera ratificarla en referéndum. No obstante, quiso tranquilizar a sus compañeros de partido asegurando que los navarros se han venido expresando «con rotundidad» en las urnas en contra de esta posibilidad.

El presidente navarro recibió por estas palabras el segundo gran aplauso obtenido durante su discurso.

Recortes de Prensa   Página Inicial