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Recortes de Prensa     Miércoles 12 Mayo 2004
¿CAMBIO CONSTITUCIONAL CÓMO, QUIÉN Y PARA QUÉ
NICOLÁS REDONDO TERREROS ABC 12 Mayo 2004

Savater: «ETA no puede vender los atentados ni a su clientela»
J. O.  Madrid La Razón  12 Mayo 2004

DE LA GUERRA ESENCIAL
Editorial ABC 12 Mayo 2004

Una extraña ignorancia
Lucrecio Libertad Digital  12 Mayo 2004

Torturas en Irak
José Carlos Rodríguez Libertad Digital  12 Mayo 2004

La AVT se querella contra «Soziedad Alkoholika»
Marcos S. González La Razón  12 Mayo 2004

Hielo en euskadi
TONIA ETXARRI El Correo  12 Mayo 2004

El PSOE y la sucesión de Batasuna
Lorenzo Contreras Estrella Digital 12 Mayo 2004

Paletos nacionalistas
Isabel Durán Libertad Digital  12 Mayo 2004
 
¿CAMBIO CONSTITUCIONAL? CÓMO, QUIÉN Y PARA QUÉ
NICOLÁS REDONDO TERREROS ABC 12 Mayo 2004

La idea de que los acuerdos son por definición siempre buenos ha adquirido una fuerza extraordinaria en los últimos tiempos, aunque esta idea siempre ha permanecido en el ambiente político español; tal vez porque la transición —y creo que la mayoría nos sentimos orgullosos de este periodo verdaderamente histórico— fue fruto del acuerdo, del tan conocido y hasta manoseado consenso. Pienso que frecuentemente se confunden los medios, el dialogo o los acuerdos, con los objetivos, porque los pactos a mi juicio, deben ser dictados por la inteligencia de los gobernantes y por la recta interpretación de los intereses generales, y no debemos confundirlos con otros, originados por la debilidad de un gobierno o por la necesidad de lograr su estabilidad política. Esta segunda posibilidad a mí me disgusta profundamente y creo que sólo puede ser aplaudida, desde el recelo o la desconfianza en las instituciones democráticas. No comparto aquella afirmación de Azaña que equiparaba la intransigencia ideológica con la integridad personal, especialmente si nos referimos a los grandes basamentos de una sociedad democrática como lo son su arquitectura constitucional, su política exterior y la educación. Todas ellas son para mí obligadas zonas de acuerdo, libres de disputas partidarias.

Creo que en nuestro país la lucha contra el terrorismo también debe ser una de esas vigas maestras de nuestra convivencia, por ello es por lo que colaboré con José Luis Rodríguez Zapatero impulsando el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, firmado por las dos grandes formaciones nacionales y el gobierno. La firma del Pacto supuso, pese al escepticismo de muchos, un instrumento político de suma eficacia. La principal virtud del acuerdo reside en la claridad del mensaje enviado a la banda terrorista: gobierne quien gobierne ustedes no conseguirán nada mediante el terrorismo. La unidad de actuación y la voluntad de continuar juntos ha hecho posible que los terroristas pierdan toda esperanza en la victoria. Hoy podemos decir, sin triunfalismos, que el Pacto ha sido el principio del fin de la banda terrorista.

Los nacionalistas e Izquierda Unida se opusieron clara y radicalmente al Pacto por las Libertades porque creyeron y siguen creyendo que, en el mejor de los casos, es imposible derrotar a ETA y en el peor, porque siempre han estimado que el final del terrorismo etarra debe ser el producto de un gran acuerdo entre la banda y la sociedad vasca, de manera que el Estatuto de Gernika fuera superado y se fortalecieran en ese angelical abrazo las pretensiones nacionalistas. El acuerdo con los terroristas o su derrota, es la diferencia sustancial entre quienes firmaron el acuerdo y los que no lo hicieron.

Los hubo también —no nacionalistas en esta dolorosa ocasión— que se opusieron por motivos distintos. No pocos creyeron que con la firma del Pacto, José Luis Rodríguez Zapatero se entregaba atado de pies y manos al Partido Popular. Los que así pensaban, eran claramente contrarios a una política de acuerdos y proponían a la nueva dirección del PSOE más caña o una oposición más dura y radical que evitara toda posibilidad para construir consensos entre las dos grandes formaciones nacionales.

Sorprendía que algunos de ellos —instalados en el más simple sectarismo ideológico— olvidaran el talante de consenso que posibilitó la ya mencionada y hoy reconocida como ejemplar transición política española, ignorando su pasada capacidad para el entendimiento y el esfuerzo por comprender al adversario, ejercitado durante aquel periodo que permitió alcanzar acuerdos a personas de procedencia y bagaje político tan diferente, que sólo unos pocos años antes era inimaginable. A pesar de todos el Pacto ha ido dando sus frutos; una ETA más débil que nunca, siendo sonrojante el esfuerzo que hacen los nacionalistas e Izquierda Unida para escamotear la relación entre el acuerdo y la situación actual de la banda etarra.

Si la legislatura pasada fue la de este Pacto, la recientemente inaugurada debe ser la del fortalecimiento constitucional. El PSOE ha ganado las elecciones generales del 14 de marzo proponiendo algunos cambios constitucionales. Siendo ya razón suficiente esta oferta electoral para que el PSOE y el PP se pusieran de acuerdo, el Plan Ibarretxe, que es un durísimo golpe al núcleo fundamental de la Constitución del 78, y la propuesta del Nuevo Estatuto catalán o su modificación, según los más moderados políticos catalanes, hacen que sea imprescindible encontrar ese nuevo gran pacto de mínimos.

Los mecanismos constitucionales para el cambio están claros en el propio texto constitucional. Ahora, se trataría, permítanme adentrarme en el terreno de los consejos, de acordar los mecanismos políticos para cambios de esta naturaleza; es decir, el diálogo y el posterior acuerdo versaría sobre ¿para qué cambiar?, ¿cómo hacerlo? y ¿quiénes impulsarían esos cambios?

Con este planteamiento rechazo las descalificaciones de quienes motejan de inmovilistas a los que defendemos el texto constitucional del 78. Los cambios deben ser impulsados por la voluntad de mejorar y hacer más eficaz nuestro edificio constitucional y no deben buscar la satisfacción de los nacionalistas, que no verán suficientes estos cambios hasta que coincidan con sus objetivos ideológicos.

En sintonía con esta primera afirmación debemos considerar que quienes tienen la máxima responsabilidad de conservar este espíritu son los dos grandes partidos nacionales, que deben unir la seguridad y los intereses nacionales al dinamismo que exigen los tiempos presentes. Que sean el PSOE y el PP los principales impulsores de los cambios no empece la voluntad de ampliar los acuerdos a otras fuerzas políticas, pero sabiendo todos que la fortaleza del hecho constitucional depende en nuestro país de la voluntad de los dos grandes partidos. Quien gobierna y quien puede gobernar deben ponerse de acuerdo en esos cambios de ámbito y trascendencia nacional, ya que los nacionalistas siempre que tomen la iniciativa, será para defender, y están en su pleno y legítimo derecho, sus propios objetivos, poco coincidentes a medio plazo con la Constitución. En la misma dirección, deben procurar que estas modificaciones constitucionales no sean motivo de discusión, ni de polémica electoral o partidista. En una España tan inclinada al guerra-civilismo, al cainismo o al conflicto banderizo, debemos hacer un esfuerzo adicional para discutir sobre los proyectos legítimos de cada cual -la diversidad y la pluralidad de las diversas ofertas dan la policromía política, base de todos los sistemas democráticos- y evitar la polémica sobre los fundamentos de nuestra convivencia.

Y por último, el consenso debe ampliarse a la reforma estatutaria. Desde ese dinamismo político tan proclamado es posible contemplar que el Estado traspase competencias nuevas a las Comunidades Autónomas, pero también debe verse con normalidad que el Estado recupere transferencias mal gestionadas, con voluntad de golpear al propio Estado, o que perjudiquen no solo los intereses de la comunidad autónoma sino de la sociedad española en su conjunto. Esto no debe confundirse arteramente con ninguna clase de suspensión de las diferentes autonomías, si normal es hacer traspaso de competencias, igualmente natural debe ser recuperarlas en su caso.

Savater: «ETA no puede vender los atentados ni a su clientela»
J. O.  Madrid La Razón  12 Mayo 2004

Más allá de las palabras está el personaje. Más allá, incluso, de la obra y del propio autor. Están hechos de sueños, de aire, apenas son nada, pero, la literatura les convierte y el nombre les hace libres. Ahí esta don Quijote, Falstaff, Don Juan... «Sócrates es un personaje inventado por Platón. Nadie sabe si responde a la realidad, si era tan inteligente... a lo mejor si lo conociéra- mos nos defraudaría», dice Fernando Savater. El filósofo acaba de ree- ditar «Criaturas del aire» (Taurus), un conjunto de 31 monólogos, un apéndice, un prólogo y un envío, donde hace reflexionar a un puñado de fantasías con demasiada vida propia: Sherlock Holmes, Tarzán, Fu-Manchú, Conan, Peter Pan, Gulliver, Dulcinea, Ulises... Por aquél entonces, Savater tenía 32 años ¬«yo he sufrido el tiempo peor que ellos», bromea¬ y proseguía con este título un sendero que había abierto con «La infancia recuperada» (Taurus), donde reivindicaba las narraciones de la niñez. «Me dijeron que sólo hablaba en torno a los cuentos, de obras literarias. Por eso escribí estas páginas desde los personajes que han sido los más entrañables. Esos que puedes recortar. Esos que son más notorios que la novela en que aparecen», asegura el escritor.

Sin embargo, también aparecen Juliano el Apóstata, Nerón, Bakunin, y otras sombras del pasado, pero de carne y hueso: «Los personajes históricos los presento tomados de los libros de literatura, de la fantasía. Para mí Nerón es el que aparece en Quo vadis , y para quien haya leído Los tres mosqueteros no existe otro Cardenal Richelieu». ¿Pero qué se debe pensar cuando el último monólogo es de un tal Fernando Savater? «En el fondo todos somos personajes. Nuestra vida está recreada en la imaginación que tenemos de nosotros».

Pero no todo es imaginación. Hay mucha realidad en la actualidad. «El 11-M es el atentado más grave desde el adviento de la democracia. Nos ha mostrado que aparte de nuestros terroristas existen otros. España debe estar unida frente a esa amenaza», asegura, y después añade que en este momento «hay cosas que me preocupan, como la unidad del país y la complacencia de algunos progres con el nacionalismo y los separatistas». Considera que está ocurriendo en este momento lo que ya habían predicho algunos: «El Plan Ibarretxe no es constitucional, y no es aceptado por Zapatero, como no lo fue por Aznar. Me parece que el nacionalismo vasco no tiene ninguna esperanza por ese camino y debe rectificar». El futuro de Eta lo ve con iguales señas: «El 11-M ha cubierto España de rechazo al terrorismo. Eta ya no puede vender sus atentados ni a su propia clientela».

DE LA GUERRA ESENCIAL
Editorial ABC 12 Mayo 2004

La idea de una guerra entre el terrorismo islámico y Occidente acabará realizándose en plenitud, entre otros motivos porque en el propio Occidente existe un impulso hacia ese desenlace, nacido en momentos de regocijo, cuando se pensaba que la guerra favorecía al poder que formalmente la había desencadenado. En muchos casos la hipótesis de esa guerra universal fue presentada en libros, en artículos, en conferencias y, aún lo es, como tesis irrecusable. Pero si la guerra es la del terrorismo contra Occidente, nada tan seguro como que está encontrando su réplica en el cada vez más acuciante argumentario de «cruzada» que prospera en el área occidental. Pueden servir de muestra las opiniones velozmente repercutidas de Orianna Fallaci en «La fuerza la razón», que dedica «a los muertos de Madrid», y que sigue a «La rebeldía y el orgullo», dos libros escritos para curar lo semejante con lo semejante -«si mile similibus curantur»- y que ayudan con otras opiniones y actitudes, el horror de las torturas en las cárceles de Irak, por ejemplo, a que vaya fraguando aprisa una inquietante polaridad del mundo, un dualismo, para ser exactos, por cuanto que cada uno de los polos se define por exclusión del contrapuesto como en el caso de las dos banderas ignacianas.

Es probable que si no nos empeñásemos en ver esto como un conflicto de culturas, las cuales nunca rectifican, sino como un conflicto de sujetos, capaces, al contrario de las culturas en las que nos guarecemos, de intentar algún consenso racional, la realidad sería más clemente. Lo cierto es que esta revolución del terror, que no tiene precedentes; no del terror como réplica en primera instancia, sino como tesis activa, como experiencia; no doctrinal, ya que no tiene intelectuales, como hasta ahora han tenido todas las revoluciones, sino existencial; no nihilista, sino trascendente, como indica la inmolación, suele ser interpretada como una estrategia de los extremismos islámicos y no movida por principios, al margen de circunstancias y oportunidades, siendo eso la clave de todo porque sólo los principios son revolucionarios.

Tendemos a no penetrar en el problema, sino a describirlo. Habermas y Derrida, por citar a dos grandes teóricos, se limitan en este caso a ponderar con precisión angustiosa la capacidad de «terrorismo global» para destruir. En cuanto a André Glucksman, que en su «Dostoyevsky en Manhattan» tuvo la humorada de comparar a Mohamed Atta y a madame Bovary, achaca la catástrofe en marcha a una «diversidad polimorfa» a la que llama tajantemente nihilismo. Es todo lo contrario. Otra cosa es que el fermento del terror islámico, cuya última referencia probablemente habría que ir a buscarla al colonialismo occidental que abatió y humilló a pueblos enteros, esté fundamentado en una ética sin esperanza, que es la esencia del fatalismo. De todos modos, el terrorista islámico no busca la libertad, sino la salvación. Y su resorte de salvación no está en las creencias, sino en el sometimiento; de ahí que en los atentados no considere la opción de sobrevivir.

Zapatero
Una extraña ignorancia
Lucrecio Libertad Digital  12 Mayo 2004

No hay, en política, negación de evidencia que resulte inocente. Negar lo que todo el mundo sabe cierto, tiene, en los proyectos medidos de un político, propósitos casi nunca confesables. No se trata tan sólo de mentir; eso puede hacerlo cualquiera, tan bien casi como un dirigente político. Se trata de reinventar el mundo a la medida de los proyectos de poder de aquel que habla.

Dos manifiestos atentados contra el principio de realidad marcan las declaraciones hechas este martes por el presidente Rodríguez Zapatero en el programa de Federico Jiménez Losantos:

1. Que no hay relación alguna entre el resultado final de las elecciones y los atentados de tres días antes, porque “si alguien cree que el voto se decide a última hora está muy equivocado”.
2. Que no existe terrorismo islamista sino “terrorismo internacional”, y que, en todo caso, debería decirse “terrorismo de Al-Qaeda, porque todo es Al-Qaeda”.

No hace falta exprimirse el cerebro para constatar la falsedad factual de ambas afirmaciones.

1. Que el voto de los electores del 14 de marzo se desplazó, como resultado de los atentados, en algo más de un 20%, es una cifra: la dan las encuestas del CIS. Cifra lógica, por lo demás. No hay una sola sociedad en la cual un acontecimiento cataclismático no desplace las intenciones de voto. Es parte del carácter vivo mismo del electorado. En nada invalida ni deslegitima el resultado electoral. Pero lo determina y permite entenderlo.

2. Que no sea correcto hablar de terrorismo islámico -- o, si se prefiere, islamista -- , sino de “terrorismo internacional”, es una necedad. Internacional es un calificativo que no significa nada preciso. Internacionales (y, más aún, “internacionalistas”) han sido prácticamente todos los movimientos terroristas del siglo XX. En cuanto a pretender que se trate sólo de “terrorismo de Al-Qaeda, porque todo es Al-Qaeda”, el Presidente Rodríguez debiera consultar a sus expertos. Que le hablarían de al menos una buena docena de organizaciones armadas islamistas, con denominaciones muy diversas, funcionando en Europa, sin otro elemento identificador de conjunto que la literalidad coránica y la red de las mezquitas (en su inmensa mayoría financiadas oficialmente por Arabia Saudí).

La negación de realidad es tan explícita que resulta misteriosa. ¿Qué pretende Rodríguez negando cualquier elemento que permita entender la realidad? Tal vez sólo eso. No hay poder político más inquebrantable que el que se asienta sobre la ignorancia ciudadana. Y la burla de la inteligencia.

Carta desde Manhattan
Torturas en Irak
José Carlos Rodríguez Libertad Digital  12 Mayo 2004

La opinión pública mundial está indignada por las noticias que informan de prácticas abusivas, cuando no de torturas, de presos iraquíes en las prisiones estadounidenses y británicas en la zona. Las imágenes ilustran estas prácticas y golpean las conciencias. El asunto es muy grave, ya que se refiere a la violación de los derechos de la persona. Y tiene en este caso una especial relevancia, ya que el ataque a la dictadura de Sadam Huseín se ha hecho en nombre de la lucha contra el terrorismo y la defensa de la democracia y los valores de Occidente, que se contienen esencialmente en los Derechos Humanos. Precisamente los que han sido violados en las cárceles de Estados Unidos y Gran Bretaña en Irak.

La lucha contra el terrorismo se libra en actuaciones policiales y militares y George W. Bush ha hablado de Irak como el “teatro de operaciones” de la misma. Pero hay un aspecto de esa lucha que es al menos tan importante, si no más. Y es la ética. La administración Bush está en lo cierto cuando piensa que estamos en una guerra que no hemos elegido. El terrorismo odia a Occidente por lo que es, y no por lo que hace. No depende de ninguna actuación en Oriente Próximo o cualquier parte del mundo, porque ese odio se fundamenta en el desprecio y la condena de valores como el individualismo, la libertad, los derechos, la igualdad ante la ley. Pero es precisamente ahí donde está la fuerza ética de Occidente y es basándose en estos valores como se puede llegar a justificar nada menos que una guerra.

Por eso las noticias sobre las torturas son tan graves, y por eso urge una política decidida de aclaración de lo sucedido y sometimiento de los culpables a la Ley. Quienes nunca se indignaron por los sistemáticos ataques a los Derechos Humanos llevados a cabo por Sadan Husein, quienes no mostraron su alegría sin reservas por su caída y posterior detención se rasgan las vestiduras ante las imágenes y utilizan hechos tan condenables para extender su crítica al gobierno de los Estados Unidos, a su actuación en Irak e incluso al mismo país presidido por George W. Bush. Esta actitud es hipócrita, porque muestra una indignación que se diluye o se torna justificación cuando quienes atropellan los derechos del individuo son otros.

A ello hay que añadir algunas consideraciones. Los condenables hechos se han producido de forma esporádica, como se han dado en otras ocasiones con otros ejércitos. Su conocimiento ha dado lugar a una investigación oficial que está ya en marcha y el Secretario de Estado de Defensa, Donald Rumsfeld, ha comparecido ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado y de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Las informaciones que han llevado a su conocimiento proceden de organismos internacionales que actuaban con libertad en la zona, como la Cruz Roja Internacional, o Naciones Unidas. La democracia no cambia la naturaleza humana; pero ofrece controles para que sus peores manifestaciones no vayan muy lejos, en lo posible. Todo este desgraciado asunto no resta credibilidad al sistema que representan los Estados Unidos, sino que es una prueba más de su valía.

Pero la hipocresía de algunos, de quienes no se puede esperar más, no debe servir de excusa para una clara, firme decisión de aclarar el asunto y depurar las responsabilidades, judiciales y de otro tipo. Precisamente son las políticas las que han centrado el debate, en torno a la conveniencia o no de dimisión del Secretario de Estado de Defensa, Donald Rumsfeld. Recientemente ha comparecido el Presidente Bush con Rumsfeld a su izquierda, declarando que Nuestro país tiene con él una deuda de gratitud. Bush mantiene así toda su firmeza en la política seguida hasta ahora, y que pasa por la pronta democratización de Irak. Una pretensión muy complicada, pero que si se corona con éxito puede inaugurar una forma de entender las relaciones internacionales con un alcance enorme.

La AVT se querella contra «Soziedad Alkoholika»
Marcos S. González La Razón  12 Mayo 2004

Madrid- La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha presentado una querella contra los componentes del grupo musical «Soziedad Alkoholika» por considerar que algunas de sus letras vulneran el artículo 578 del Código Penal, en el que se hace referencia a los actos de «enaltecimiento» o «justificación» de actos terroristas o «que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares».

La AVT ha interpuesto la querella ante el Juzgado Central de Instrucción de la Audiencia Nacional ya que entiende que con la canción «Explota Zerdo» de dicho grupo «se ha producido el enaltecimiento». Según la denuncia, a la que ha tenido acceso LA RAZÓN, se asegura que en dicha letra «aparecen claramente hilvanadas el hecho de la explosión (coche bomba), con las referencias a zipaio (apelativo que es comúnmente aplicable a los miembros de la erchaina, de tal forma que se justicia el asesinato mediante coche bomba de los miembros de la policía autónoma vasca».

Asimismo, la desde la AVT entienden que «se ha producido a través de las otras dos canciones Síndrome del Norte y Stop Criminalización , actos con difusión en los que se produce la humillación y desprecio de las víctimas del terrorismo». Según afirman, «en la primera de las canciones señaladas, no se limita a plantear una situación, sino que hace escarnio de los problemas de convivencia que tienen y han tenido los miembros de las fuerzas de orden público y sus familias en el País Vasco, problemas de convivencia que han generado en situaciones con problemas psicológicos».

Hielo en euskadi
TONIA ETXARRI El Correo  12 Mayo 2004

Contrasta la imagen de la 'pasarela Madrid' que están ofreciendo nuestros interlocutores del Gobierno vasco en las últimas horas (el consejero Balza con el ministro Alonso, el titular de Justicia, Azkárraga, con el ministro López Aguilar), con el escaso entusiasmo mostrado, con este cambio, por los máximos dirigentes nacionalistas vascos. En Ajuria Enea y en Sabin Etxea. Negar que el nuevo Gobierno de Zapatero está haciendo gestos con toda celeridad para contribuir al deshielo autonómico y para desmarcarse, de paso, del estilo del PP, sería propio de los interesados en la confrontación. Quizá por eso sorprende que los nacionalistas gobernantes, con la excepción del consejero Balza, que dijo que no había acudido a Madrid «a pedir», se muestren tan recelosos.

No es de recibo admitir que estos años de incomunicación han sido 'traumáticos' mientras se reconoce, como hizo Urkullu, que no espera gran cosa del nuevo Gobierno. Zapatero empieza a reconocer su decepción con la cerrazón del lehendakari. Se han producido gestos de los socialistas que, de momento, no encuentran eco entre los nacionalistas. Como si no estuviera pasando nada. No es que el PNV tenga que hacerle la ola a la vicepresidenta Fernández de la Vega, en agradecimiento al anuncio de la derogación de la reforma penal que castiga con cárcel la convocatoria de referendos ilegales; pero como es de bien nacidos ser agradecidos, habría sido oportuno el anuncio de una contraprestación.

Ya se sabe que la política normalizada tiene mucho de intercambio y que, de esa 'relación amable' de la que tanto suele hablar Ibarretxe cuando se refiere a España y Euskadi, se espera que haya cesión por todas partes. Y que el contador a cero también le afecta. A él y a su plan, que no acaba de lograr ni un apoyo más a pesar de que lleva más de un año en el escaparate. Quizá por ese inmovilismo, los socialistas vascos no se fían del presidente del Parlamento vasco. Y cuando le oyeron decir que se sometería el proyecto del lehendakari sólo para ganar, lo interpretaron como un desafío, como el reflejo de una actitud poco democrática. Seguramente Atutxa querría decir que sigue aspirando a lograr más apoyos para que el plan soberanista salga adelante. Pero de entrada y ante la inexistencia de ese diálogo que tanto se predica, los socialistas de Patxi López empiezan a señalar con el dedo al partido que antes se escudaba en el desentendimiento con el Gobierno del PP para justificar la confrontación entre Madrid y Vitoria.

De los prejuicios tampoco se libra el pacto antiterrorista que se reúne hoy. Si se hubiese convocado inmediatamente después del 11-M, la desconfianza mutua no habría hecho mella entre los dos principales partidos. Pero los intereses electorales jugaron una mala pasada al necesario consenso antiterrorista.

El PSOE y la sucesión de Batasuna
Lorenzo Contreras Estrella Digital 12 Mayo 2004

Ahora que tanto se alegran unos y otros de la muerte política del radical Arzalluz, convendría dirigir alguna miradita al comportamiento de su sucesor al frente del PNV, Josu Jon Imaz, con su cara de sacristán dispuesto tal vez a superar los gestos del ex jesuita que fue su predecesor. Con esto de los cambios en cargos fundamentales de los partidos, incluidos los liderazgos, siempre resulta prudente mantener un respeto hacia la vieja sentencia que avisa de lo preferible que puede ser lo malo conocido sobre lo bueno por conocer. En realidad “lo bueno” ya ha quedado instalado en Sabin Etxea, la sede nacionalista por excelencia, allá en el Bilbao, Bilbo, ex liberal, cuyo cerco carlista levantó Espartero hace siglo y medio en mitad de una ventisca. Ahora Josu Jon Imaz parece que entretiene la perdiz del Plan Ibarretxe, pero ésa es una conjetura de Arnaldo Otegi, siempre temeroso, como buen batasuno proetarra, de que el PNV le coma definitivamente y de manera irreversible el terreno a la formación abertzale. De momento, Imaz se ha puesto al frente de la manifestación que defiende la posibilidad legal —aunque sea ilegal— de que Batasuna pueda concurrir a las elecciones europeas con otro nombre, en este caso el muy sonoro e intrigante de Herritarren Zerrenda.

Los tribunales tendrán que decidir, aunque Otegi proclame que HZ no es pariente político e ideológico de Batasuna, sobre la viabilidad de la candidatura formalizada ante la Junta Electoral Central, con cuarenta mil firmas de apoyo. Ya se sabe que Imaz da luz verde con su criterio favorable, pero el delegado del Gobierno en el País vasco, Paulino Luesma, ha declarado a la cadena SER que será preciso “analizar si esta candidatura es continuadora de Batasuna, porque en este caso sería impugnada ante los tribunales”. Imaz es mucho menos complaciente, como se sabe. Ha dicho que “en una Europa democrática no es concebible que puedan existir proyectos políticos y candidaturas que no tengan una vía o cauce de expresión electoral”.

Naturalmente, el sucesor de Arzalluz no se plantea que esa ilegalización de HZ como continuadora de Batasuna no sería consecuencia de su ideología política, sino de los apoyos que el modelo batasuno, en el que se subroga, ha venido prestando a la causa etarra, con su terorismo rampante.

Pero no hay que mirar sólo hacia Imaz y su entorno, sino también hacia el PSE, la versión vasca del PSOE. Valga recordar que la ley de partidos, que expulsó de la legalidad a Batasuna, contó en su día con el respaldo del partido que hoy dirige Zapatero. Sin embargo, el clima ha cambiado y no sólo meteorológicamente. De ahí que el socialista vasco Rodolfo Ares haya manifestado que su partido “será respetuoso con la decisión que adopten la Junta Electoral y los tribunales”. Y si esa decisión va contra la Ley de Partidos, adiós ley. Porque además Ares, en cuanto portavoz del PSE, añade de su cosecha esta consideración: “Es necesario tratar el tema con mucha normalidad y respeto a los órganos competentes”, pero siempre sin olvidar que “hacer una polémica u opinar desde la política simplemente sería una injerencia intolerable”.

La “era Zapatero” va adquiriendo sus acusados perfiles. Veremos qué sucede con la “mínima” reforma de la Constitución y en qué cambios desemboca. Procede permanecer atentos a la pantalla.

La boda del Príncipe
Paletos nacionalistas
Isabel Durán Libertad Digital  12 Mayo 2004

Alguien dijo que el nacionalismo se cura viajando. Pues nada, los nuestros, perdón, los periféricos de la península Ibérica, ni con el Foro de las Culturas. Hace falta ser paleto para rechazar la invitación a un acto histórico como la boda del Príncipe de Asturias, futuro jefe del Estado español. El PNV, ERC y el Grupo Mixto (es decir, BNG, Chunta Aragonesista, Eusko Alkartasuna y Nafarroa Bai) han rechazado la invitación de la Casa Real para acudir al enlace el próximo 22 de mayo. Pero claro, la negativa de los nacionalistas es de distintas tendencias que para eso estamos en la España plural.

A saber. A los nacionalistas vascos, que llevan más de un siglo con la obsesión por crear un Estado independiente en el que el único vínculo con España fuera lo que ellos llaman el “pacto bilateral con la Corona”, ahora, de momento, hasta que no se resuelva lo suyo, a la Monarquía, ni agua. Ellos que pretenden conseguir un estatus semejante a las relaciones que mantiene Australia con el Reino Unido sólo se sentirán satisfechos cuando el rey de España jure los fueros bajo el árbol de Guernika. Sólo entonces acatarán su reinado plenamente bajo la denominación de un estatus de libre asociación. Es decir, el lehendakari y su gobierno, seres superiores puros entre los puros, creados de la costilla de Tubal, hijo de Yafet y nieto de Noé, tratarían directamente de Estado a Estado a través de un rey. ¡Qué tiempos aquellos en que Iñaki Anasagasti corría a deleitarse en Corte del Rey Juan Carlos! Con lo apenado que anda él estos días porque la Zarzuela no ha invitado a la mesa del Senado, ya que, por cierto, nunca lo hace. Su sustituto, Josu Erkoreka, guardián de las esencias de la ortodoxia sabiniana de Ibarretxe en Madrid no va a la boda por mera cuestión de principios.

Nada comparable a la negativa de los independentistas republicanos por excelencia, o sea de la Esquerra Republicana. Desde que Pilar Rahola cogiera la costumbre de irse por otro pasillo en el Congreso de los Diputados para evitar el besamanos a los Monarcas, en los tiempos que corren con su actual socio Pasqual Maragall, los nacionalistas independentistas de la ultraizquierda republicana aspiran tan solo a una Cataluña que abarque Aragón, Baleares, Valencia y parte del Rosellón francés. Lo que en román paladino significa volver a los tiempos de Jaume I. A Joan Puigcercós o a Josep Lluis Carod Rovira –que no soportan que les “españolicen” el nombre porque les parece una de las mayores ofensas que se les puede hacer y que vuelven locas a las secretarias obligándoles a explicar por activa y por pasiva que no son Juan Puigcercos ni José Luis Carod Rovira– le han dado al ciudadano Juan Carlos parte de su propia medicina. En la placa conmemorativa descubierta durante la inauguración del Foro de las Culturas, el nombre del Monarca aparece como Joan Carles I. Justo lo que ellos detestan que hagan con ellos.

En cuanto a la empanada real de los nacionalistas gallegos los argumentos son de verdadero peso, es decir, que no fueron a las otras dos bodas reales. Y es que, aunque no quieren por ahora la independencia de Galicia porque no es viable sí insisten fervorosamente en conseguir a toda costa el derecho de autodeterminación. Ellos lo llaman su derecho a “hacer un país”. Hasta donde yo sé tampoco se declaraban expresamente republicanos para no perder votos. Su voz, la de Olaya Fernández Davila, portavoz del grupo mixto este mes representa también a la de las minoritarias restantes formaciones del grupo mixto que tampoco consideran relevante acudir a la boda del Príncipe Felipe con Letizia Ortiz. Sólo un ejemplo de la coherencia y rigor que caracterizan a tales grupos. Antes de incorporarse al Senado por el PNV, Xavier Albistur tránsfuga de Eusko Alkartasuna en la extraña coalición EuE se tomó, eso sí, la molestia de acudir a Sevilla a la boda de la infanta Elena.

Ahora no quiere que se lo recuerden. Coherencia que se dice. Como la del PNV que pretende imponer el euskera como lengua oficial en la Comunidad Europea pasando por alto un pequeño detalle: su único diputado en el Parlamento Europeo, Josu Ortuondo, no habla ni entiende la “lengua más antigua del mundo”. Y luego se molestan si les llaman gañanes.

Al final, en la boda que nos atañe, los únicos sensatos del corifeo nacionalista son los representantes de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida y de Coalición Canaria cuyo portavoz, Paulino Rivero ha obsequiado a los contrayentes con una venus esteatopigia, de nombre Tara, diosa de la fertilidad por excelencia en las islas y ni siquiera pide que el primer Mencey descendiente de la pareja se llame Gara o Jonay.

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