AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 13 Mayo 2004
Lo de Cataluña me supera
Amando de Miguel Libertad Digital  13 Mayo 2004

Lenguas en Europa
Alejandro Muñoz-Alonso La Razón  13 Mayo 2004

EL IMPERIO DE LO CORRECTO
ABC 13 Mayo 2004

EL CAMINO DE LA CORRUPCIÓN
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 13 Mayo 2004

El pacto goza de buena salud
Editorial La Razón  13 Mayo 2004

El color del cristal
GEES Libertad Digital  13 Mayo 2004

Europa musulmana
Daniel Pipes Libertad Digital  13 Mayo 2004

La Constitución y el artificiero
Lorenzo Contreras La Razón  13 Mayo 2004

El desmadre de la Europa de los pueblos
Lorenzo Contreras Estrella Digital 13 Mayo 2004

Ocho años y tres días
Ángel Cristóbal Montes La Razón  13 Mayo 2004

PP Y PSOE CAMBIAN EL TONO
Editorial ABC 13 Mayo 2004

Mayor, inquieto porque el inductor del 11-M logró el móvil político que buscaba
J. P. ABC 13 Mayo 2004

El PSOE no puede exterminar al PP
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  13 Mayo 2004

¿Quién mentía
José Javaloyes Estrella Digital 13 Mayo 2004

Nos han robado el mallorquín
Cartas al Director ABC 13 Mayo 2004

Educación y sanidad
Amando de Miguel Libertad Digital  13 Mayo 2004

Compromiso antiterrorista
Editorial El Correo  13 Mayo 2004

 
Errores y erratas
Lo de Cataluña me supera
Amando de Miguel Libertad Digital  13 Mayo 2004

Son muchos los correos en los que se me insiste en que no hay ningún problema lingüístico en Cataluña. Por ejemplo, Eduardo Millán Forn de Barcelona, sostiene que “dicho problema es un invento de los medios”. Vaya por Dios. Pero son todavía más los correos que me aseguran que la situación del idioma castellano en Cataluña es deprimente por el lado oficial. En la calle se conserva la lengua de Boscán, de Balmes o de Carlos Barral. Pero la enseñanza y el mundo oficial están laminando esa lengua. Es una ingente pérdida para Cataluña, por lo menos hasta que no haya escritores catalanes en inglés. Aporto algunos testimonios lacerantes.

Oigo también voces de lo que se llamó “la canción del Duero”, como lamento ahora de la política lingüística en Cataluña y el País Vasco. Por ejemplo, la de Javier Bocos Bajo, desde algún lugar de la Ribera del Duero. Se queja de que “Castilla ha sido arrasada”, al igual que decía Julio Senador hace cien años. Añade: “Para mayor escarnio tenemos que aguantar que nos llamen fascistas e imperialistas, y, aparte del insulto, lo único que recibimos es a nuestra buena gente jubilada cuando ya no sirve donde fueron emigrados”.

José María Gracia Sales apunta que en Cataluña la asignatura de Lengua Castellana se da en catalán, pero la de Lengua Inglesa se da en inglés. Añade que es algo que se dice, pero que falta comprobarlo. Si el rumor fuera cierto, el disparate sería mayúsculo.

Juan Carlos Antón, de Madrid, recoge otro rumor, que los estudiantes sometidos a la inmersión lingüística (vaya palabrita) en Cataluña no dominan ni el catalán ni el castellano. No le extraña después de haber oído decir a Duran i Lleida en el Congreso que “nos vamos a abstenir”. Y eso que lo leía. Bueno, se trata de una errata, más que de un error. También dijo el mismo diputado lo del “retiro de las tropas”, por la retirada de las mismas. Esa divertida errata me la señala Diego Fuster G. de la Riva.

Ismael Chanción considera, con tristeza, que es irreversible la marginalidad a la que se ve abocada la lengua castellana en Cataluña. Lo que es todavía más triste: “Los no catalanistas de Cataluña no contamos ni siquiera con el consuelo moral de sentir la solidaridad del resto de España”. Por lo menos tiene usted mi apoyo y lo que haga falta. Me consta que no soy yo solo, pero el grito de don Ismael resulta desgarrador.

Albert Sanchís, de Tarragona, aduce que su lengua materna es el catalán porque su madre es catalana (catalanoparlante, supongo). No tiene problemas en dominar también el castellano. Le felicito. Pero reconozca que son muchos los catalanes de lengua materna castellana y que no tienen el derecho de estudiar en esa lengua. Recuerdo lo obvio, que el castellano es la única lengua oficial de toda España. Por otra parte, lo de “lengua materna” hay que entenderlo de una forma amplia, como la lengua que se habla con más frecuencia en el ambiente familiar.

El conflicto lingüístico en Cataluña es tal que se da el caso de Jaume Barnola; “Mi manera de no perder el idioma castellano, entre tanta presión política y mediática, ha sido que he decidido pensar en castellano en vez de en catalán, que es mi idioma materno. Llevo ya unos meses en este menester y creo que lo estoy haciendo bastante bien. Así tengo el castellano en el único lugar donde estos inquisidores no pueden llegar: en mi mente”. Es un caso extremo, quizá no aconsejable, pero auténtico. Sin duda ilustra muy bien a qué extremos puede llegar el conflicto al que aludo.

Luis Acebal Alonso hace una observación interesante. Hace unos lustros, las personas que habían emigrado a Cataluña, cuando volvían de visita a su pueblo de origen, dejaban caer algunas palabras en catalán. De esa forma presumían de haberse integrado en Cataluña y de haber ascendido socialmente. Hoy -sigue mi comunicante- los catalanes fuera de Cataluña “evitan que se les note”. Si es así, es triste. Lo malo de la inmersión es que la gente puede tener sensación de ahogo.

Me escribe Montse sin apellido identificable. Su lengua materna es la catalana. No es de Esquerra Republicana. Tiene “un sentimiento de apego a Catalunya tranquilo y mesurado”. Pero “cada vez que cae en mis manos un escrito de usted, en el que se refleja un claro resentimiento hacia los catalanes y lo catalán, es como si entrara en mí la vena extremista… El acomplejado es usted… Lo que necesita usted es un psiquiatra”. Mire, doña Montes, sosiéguese. Créame que no tengo ningún resentimiento hacia los catalanes o lo catalán. Lea el capítulo “Mi Barcelona” de mi libro El final del franquismo (Marcial Pons). Luego, júzgueme. ¿Cómo voy a estar resentido contra lo catalán si Cataluña es parte de mi biografía, mi cultura, mi identidad? Ojalá tuviera usted ese mismo sentimiento respecto a Castilla. Lo que me preocupa es que muchos catalanes sufran a causa de la política lingüística de la Generalidad. Son principalmente los catalanes de habla castellana, que son muchos. También sufren algunos catalanoparlantes sensibles. Me alegro mucho, doña Montse, de que usted no necesite ir al psiquiatra, a pesar de que no quiera estampar su apellido. Cuando menos se piensa, nos sobresalta un acto fallido.

Lenguas en Europa
Alejandro Muñoz-Alonso La Razón  13 Mayo 2004

Estaba cantado. Como era de esperar, en la UE han dado calabazas a la pretensión del Gobierno socialista español de convertir en oficiales en el ámbito comunitario europeo a las otras tres lenguas españolas, distintas del español-castellano y cooficiales en las respectivas comunidades autónomas. Ninguna lengua regional europea, con independencia del estatuto que tenga en el correspondiente país, ha logrado nunca en la UE la condición de lengua oficial o de trabajo reconocida y nadie podía esperar sensatamente que se fuera a hacer una excepción con España. El momento elegido para presentar tal pretensión no podía ser, en efecto, más inoportuno. En la UE se trabaja para integrar adecuadamente como lenguas de trabajo en sus instituciones a las que son oficiales en los nuevos diez Estados miembros que se han incorporado el 1 de mayo. Se elevan así a veintiuno los idiomas que se manejan en las instituciones de la Unión. En estos momentos y ante la petición española seguro que en Bruselas algunos han pensado aquello de «tras que éramos pocos...». El problema es enorme ya que traducir las 80.000 páginas del llamado «acervo comunitario» a todas las lenguas de los nuevos miembros, buscar y formar traductores e intérpretes de todas ellas a las actuales etcétera, supone no sólo un gasto muy elevado sino complejos problemas de toda índole. Basta señalar que en algunos hemiciclos del Parlamento se ha suprimido la tribuna del público para hacer cabinas de interpretación. Por todo ello, no podía ser menos oportuna la pretensión española realizada en pago del voto de ERC favorable a la investidura de Zapatero.

Las lenguas regionales son una evidente riqueza cultural y merecen el apoyo de que ya disfrutan todas ellas. Pero convertirlas en instrumentos de batalla política es un error que raya en la memez en un caso como éste. Yo recuerdo haber oído a Jordi Pujol, hace ya muchos años, que el catalán era la lengua doméstica de Cataluña, pero que hacia fuera, su lengua de relación no podía ser otra que el castellano. Podíamos añadir que cuando esta lengua es una de las grandes lenguas del planeta. Mucho más sensatos resultan los holandeses que no vacilan en prescindir de su lengua en las reuniones que ellos organizan, con el poderoso argumento de que las lenguas son para entenderse y la suya sólo les vale para andar por casa. Una vez más resulta que nacionalismo e insensatez van juntos.

EL IMPERIO DE LO CORRECTO
ABC 13 Mayo 2004

El gobierno parece instalado en el reino de lo políticamente correcto. Tanto talante acaba aburriendo. Y no es que uno añore la crispación, pero hora va siendo ya de pasar de las musas al teatro. La intervención del presidente del Gobierno en el Senado fue una nueva declaración de bellos propósitos y palabra correctas. Pero sin sustancia. Parece difícil que pueda haber consenso en los temas de Estado sin el Partido Popular, en la anunciada reforma de la constitución y de los estatutos, por no hablar del reparto de los dineros. Y habrá que ver cómo reaccionan los partidos nacionalistas, que ya han avisado que prefieren reformas insuficientes a contraproducentes y castigaron ayer al Gobierno en el mismo Senado.

Déjenme que les ponga un ejemplo menor. El Gobierno ha propuesto ampliar el uso de las otras lenguas de España en Europa. Suena bonito, pero nadie se atreve a mencionar, por incorrecto, que tiene un coste: el de perder toda posibilidad de que el castellano, idioma de todos los españoles como dice la Constitución, pueda aumentar su espacio real en la Unión. Porque no se trata de a cuántos idiomas se traducen los documentos oficiales, sino cuántos se usan en las reuniones de trabajo. Y la pelea entre el castellano y el alemán es dura y sórdida, salvo que en aras de la corrección política renunciemos a darla.

Por su parte, la vicepresidenta repitió sus promesas electorales de regeneración democrática, que traducen en leyes poco pensadas ideas simples pero atractivas. Exigir por ley la paridad en las listas electorales o los debates en televisión raya en el despotismo ilustrado. Queda bien, pero es inmaterial y una imposición innecesaria en la libertad de los ciudadanos. Porque, ¿en qué elecciones vamos a exigir paridad?, ¿hasta qué nivel de gobierno? ¿se va aplicar sólo en las listas o también en la composición resultante de los órganos colegiados? ¿también en los nombramientos de la administración? ¿hasta qué nivel administrativo?

Me parece más democrático, aunque suene incorrecto, dejar que los partidos políticos decidan cuánto quieren avanzar en la paridad y que los electores les juzguen. Lo contrario es imponer una determinada visión del mundo. Dice Ron Suskind en el Precio de la Lealtad, que la administración Bush se caracteriza por dar primacía absoluta a la ideología sobre el análisis de los hechos. Que me perdonen los bienpensantes, pero algo de eso estoy empezando a ver en el gobierno. Menos mal que siempre queda algún economista intrépido que habla sin tapujos y pone encima de la mesa los problemas reales, como la financiación de RTVE y los límites del servicio público, o la conveniencia de alargar el período de cómputo de las cotizaciones sociales a efectos de pensiones, o la necesidad de preservar la unicidad de la administración tributaria. Claro que ya hay quien le acusa de imprudente, de hacer el juego a la oposición y de romper el clima de Disneylandia en el que algunos nos quieren instalar

EL CAMINO DE LA CORRUPCIÓN
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 13 Mayo 2004

LA democracia avanza hacia su destrucción de forma imparable cuando las denuncias a las que obligarían ciertos hechos o no pueden hacerse o no resultan creíbles. El mecanismo es tan simple como perverso: cuanto más avanza la corrupción menos aceptables son las críticas.

Pongo un ejemplo. Si yo digo que en Cataluña la libertad de prensa ha sido muy precaria en estas dos últimas décadas, tendré muy pocas posibilidades de convencer a nadie. Por un lado, a los demócratas españoles no les cabe en la cabeza que una región (perdón, nación) con tantas «ansias de libertad» como las que le acaba de atribuir Zapatero pueda ser tratada como una comunidad bananera. Por otra parte, desde el «centro» no se acaba de entender que la defensa del proyecto soberanista requiera métodos políticamente incorrectos. Por fin, ¿quién podría creer que esta flamante y ejemplar democracia española esté sufriendo una involución de tal envergadura?

Ante una crítica como ésta, el primer movimiento de un ciudadano será defensivo. Pensará mal del mensajero. Interpretará la crítica de éste como un exceso de celo, como una muestra de fundamentalismo democrático, como el signo de una sobrecarga ética.

Y si ante una crítica de este tipo el ciudadano reacciona de este modo, ¿cómo lo haría si la denuncia fuera más grave? ¿Qué pensaría si se da un paso más y se afirma de modo taxativo que «el-gobierno-tripartito-catalán-tiene-como-proyecto-el-control-absoluto-de-los-medios-de-comunicación»? Es evidente que para la mayoría de los ciudadanos españoles, especialmente progresistas y no sólo catalanes, esta afirmación será fruto de una peligrosa demagogia y de nada servirá la publicación, tal cual, del informe sobre la prensa elaborado por comisarios políticos del Gobierno tripartito con el fin de servir de base para la política de comunicación de la Generalitat, esto es, para adecuar al mercado los métodos estalinistas. De nada habrá servido tampoco que la Federación de Asociaciones de la Prensa haya denunciado el carácter «inquisitorial» de las medidas en relación con los profesionales, la opacidad de las «subvenciones» a las empresas, el conjunto de prácticas «dictatoriales» y «anticonstitucionales»...

Es tan espeluznante el proyecto de la Generalitat y lleva necesariamente a conclusiones tan graves en relación con el Gobierno presidido por Pasqual Maragall, que el ciudadano español prefiere relativizar la denuncia, rebajar la importancia de ésta, quitarle hierro. Ya antes se había negado a aceptar el sistema de manipulación de la información que viene ejerciendo Pujol desde los primeros tiempos democráticos. ¿Cómo reconocer ahora el refinamiento del proceso de manipulación? Y sobre todo, ¿cómo achacar a la izquierda, a un gobierno «de progreso», un mal que se ha atribuido históricamente a la derecha como es la negación de la libertad de expresión?

PERO este caso es tan sólo un ejemplo más del proceso de corrupción en el que hemos entrado y frente al cual apenas sirven las denuncias. En realidad la mayoría de la sociedad está con los corruptos. Éstos le dan tranquilidad.

El pacto goza de buena salud
Editorial La Razón  13 Mayo 2004

El llamado Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo fue uno de los pocos grandes acuerdos alcanzados en la pasada legislatura entre los dos grandes partidos políticos españoles y una de las bases más firmes en la lucha contra el terror etnicista de ETA. Las convulsiones de una campaña electoral a cara de perro, marcada por la terrible tragedia del 11 de marzo en Madrid, también alcanzaron con sus sacudidas a este Pacto de Estado. Sacudidas que contaron con la indisimulada colaboración de algunos sectores del nacionalismo y de Izquierda Unida que creyeron, precipitadamente, que podían desnaturalizarlo desde su mismo seno.

De ahí que debamos felicitarnos calurosamente por el resultado de la reunión celebrada ayer entre las planas mayores de los dos grandes partidos. El Pacto por las Libertades goza de buena salud y tanto el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como el jefe de la Oposición, Mariano Rajoy, han dejado claro que, por encima de las luchas partidistas, por otra parte legítimas, están los intereses del Estado.

Quienes creyeron que con la victoria ajustada del PSOE, necesitado de apoyo parlamentario, podían desvirtuarse los principios sobre los que descansaba la lucha antiterrorista y forzar la derogación de la Ley de Partidos, deberán reconocer su error. Si se cumple lo anunciado ayer a la salida del Congreso, Batasuna y sus herederos seguirán al margen de los demócratas por más siglas que se inventen.

Como era lógico, y ante las nuevas amenazas, el Pacto por las Libertades que, en principio, fue dirigido contra ETA y su entorno, va a tener en cuenta la realidad del terrorismo integrista islámico o internacional, como prefiere denominarlo Zapatero. Esperemos que la coordinación política, bajo el principio de que el terror no puede ser un arma para la lucha entre partidos, consiga los mismos resultados que se alcanzaron contra la banda etarra. La rectificación del ministro del Interior, José Antonio Alonso, cuyas explicaciones fueron aceptadas sin reservas por Mariano Rajoy, no sólo corrige un error: abre el único camino posible a la derrota de la violencia.

Irak
El color del cristal
GEES Libertad Digital  13 Mayo 2004

Los acontecimientos en Irak se suceden y sus repercusiones en Estados Unidos, el Mundo Árabe y Europa llenan las páginas de los periódicos. En el plano operativo, algunos hechos revelan la debilidad del enemigo. Los baasistas no han parado de ceder posiciones. El dirigente radical del chiísmo Muqtada al-Sader ha abandonado la ciudad santa de Nayaf rechazado por sus habitantes, que siguen la política de moderación marcada por la jerarquía religiosa.

Sin embargo, en el plano político los islamistas radicales están cosechando grandes victorias. La retirada de Faluya, después del descuartizamiento de los guardias de seguridad norteamericanos, está siendo interpretado como una prueba más de la cobardía occidental. En su perspectiva, somos capaces de infligir daño si estamos parapetados tras nuestras poderosas tecnologías, pero cuando es nuestra vida la que está en juego, rehuimos el combate. La reacción en Estados Unidos tras el justificado escándalo ante las torturas es comprensible para nosotros, pero hilarante para ellos. Por aquellas tierras, la tortura es moneda de curso legal. El arrinconamiento del Presidente Bush, su petición de disculpas, el hecho de que la mayoría de los norteamericanos crea ahora que la Guerra de Irak fue un error, son pruebas inequívocas, a ojos de los radicales, de que su estrategia rinde, de que somos débiles y no estamos dispuestos a soportar los rigores de una guerra de desgaste durante un tiempo prolongado.

La imagen de Estados Unidos se desmorona en el Mundo Árabe por lo que ellos entienden como debilidad. Si queremos terminar el trabajo iniciado en Irak y llevar adelante una política dirigida a transformar el Mundo Árabe tenemos que ser capaces de comprender su lógica y hacerles llegar los mensajes que a nosotros nos interesan. Occidente debe presentarse como el baluarte de la democracia liberal, con todo lo que ello representa, pero también de la fortaleza en la defensa de sus posiciones. Desde Vietnam hasta Madrid hemos dado reiteradas pruebas de debilidad, que han alimentado la voluntad de nuestros enemigos. Si no comprendemos algo tan sencillo como esto y asumimos sus consecuencias es sólo cuestión de tiempo que nos impongan sus condiciones.     GEES: Grupo de Estudios Estratégicos.

Civilizaciones
Europa musulmana
Daniel Pipes Libertad Digital  13 Mayo 2004

"Europa se convierte más y más en una provincia del islam, una colonia del islam". Así lo declara Oriana Fallaci en su nuevo libro, La Forza della Ragione (La Fuerza de la Razón). La conocida periodista Italiana está en lo cierto: la antigua plaza fuerte del cristianismo, Europa, está cediendo terreno ante el islam.

Dos factores contribuyen principalmente a este avance que sacude el mundo.

– La relajación del cristianismo. Europa es cada vez más una sociedad post-cristiana, con una conexión con su tradición y sus valores históricos que disminuye. Las cifras de cristianos creyentes y observantes se han derrumbado en las últimas dos generaciones, hasta el punto de que algunos observadores lo llaman "el nuevo continente oscuro". Los analistas ya estiman que las mezquitas de Gran Bretaña reciben más fieles cada semana de los que recibe la Iglesia de Inglaterra.

– Un índice de natalidad anémico. Los europeos nativos están disminuyendo. Sostener una población implica que cada mujer debe tener como media 2,1 niños; en la Unión Europea, la tasa total se encuentra un tercio por debajo, en 1,5 niños por mujer, y bajando. Un estudio concluye que, de mantenerse las actuales tendencias de población e inmigración, la población de hoy de 375 millones podría caer hasta los 275 millones hacia el 2075. Para mantener uniforme su actual población trabajadora, la UE necesita 1,6 millones de inmigrantes al año; mantener el actual cociente empleados - jubilados requiere sorprendentemente 13,5 millones de inmigrantes anualmente.

A rellenar el vacío acuden el islam y los musulmanes. Mientras el cristianismo vacila, el islam es robusto, asertivo, y ambicioso. Mientras que los europeos se reproducen a edades avanzadas y por debajo de la media, los musulmanes lo hacen en grandes cantidades mientras son jóvenes.

En torno a un 5% de la UE, o casi 20 millones de personas, se identifican actualmente como musulmanes; de continuar la tendencia actual, esa cifra llegará al 10% antes del 2020. Si los no musulmanes huyen del nuevo orden islámico, como parece probable, el continente podría ser de mayoría musulmana en cuestión de décadas.

Cuando eso suceda, las magníficas catedrales aparecerán como vestigios de una civilización anterior –al menos hasta que un régimen de corte saudí las transforme en mezquitas o uno al estilo talibán las vuele en pedazos. Las grandes culturas nacionales –italiana, francesa, inglesa y otras– posiblemente se marchitarán, sustituidas por una nueva identidad musulmana transnacional que combine elementos norteafricanos, turcos, asiáticos y otros.

Esta predicción no es nueva. En 1968, el político Británico Enoch Powell pronunció su afamado discurso "ríos de sangre", en el cual advertía que al permitir la inmigración excesiva, el Reino Unido estaba "preparando su propia pira funeraria". (Aquellas palabras atascaron una hasta entonces carrera prometedora). En 1973, el escritor francés Jean Raspail publicó El campamento de los santos, una novela que retrata una Europa hundiéndose ante la inmigración masiva y sin control del subcontinente hindú. La transformación pacífica de una civilización principal en otra, ahora en curso, no tiene precedente alguno en la historia de la humanidad, siendo fácil ignorar tales voces.

Todavía hay posibilidades de que la transformación no se dé, pero las perspectivas se difuminan con el tiempo. He aquí varios modos de detenerla:

– Cambios en Europa que conduzcan a un resurgimiento de la fe cristiana, a un aumento de los nacimientos, o a la asimilación cultural de los inmigrantes; tales avances pueden ocurrir teóricamente pero es difícil de imaginar qué los puede provocar.

– Modernización musulmana. Por razones que nadie ha calculado (¿educación de las mujeres?, ¿aborto a voluntad?, ¿adultos demasiado ensimismados como para tener hijos?), la modernidad conduce a una reducción drástica de la tasa de natalidad. También, de modernizarse el mundo musulmán, la atracción de mudarse a Europa se disiparía.

– Inmigración de otras procedencias. Los latinoamericanos, al ser cristianos, permitirían a Europa más o menos mantenerse sobre su identidad histórica. Los hindúes y los chinos aumentarían la diversidad cultural, haciendo menos probable que el Islam dominase.

Las tendencias actuales sugieren que la islamización seguirá avanzando mientras los europeos sigan encontrando tan abrumador tener hijos, detener la inmigración ilegal y hasta diversificar la procedencia de los inmigrantes. En lugar de esto, prefieren sentarse infelizmente en la senilidad de la civilización.

Europa ha alcanzado simultáneamente niveles de prosperidad y paz sin precedentes y ha demostrado una incapacidad única de mantenerse a sí misma. Un demógrafo, Wolfgang Lutz, observa "El ímpetu negativo nunca se ha experimentado a tamaña escala en la historia del mundo".

¿Es inevitable que la sociedad con éxito más brillante también sea la primera en amenazar ruina debido a la falta de confianza cultural y de descendencia? Irónicamente, crear un lugar enormemente deseable para vivir parece ser también una receta para el suicidio. La comedia humana continúa.

La Constitución y el artificiero
Lorenzo Contreras La Razón  13 Mayo 2004

Los tiempos cambian que es una barbaridad. Ya se decía esto en la famosa zarzuela. Quien haya vivido lo suficiente para tener en la memoria algún pequeño archivo de experiencias podrá reflexionar sobre lo que acabó ocurriendo con el «atado y bien atado» del régimen franquista. Con los años vino la Constitución de 1978, esa Carta innominada que algunos han querido llamar la Constitución del consenso. Parecía una Constitución semipétrea, difícil de remover en sus fundamentos de concordia. Daba la impresión de que guardaba un depósito de estabilidad, y todavía piensan algunos que «eso» está garantizado. Puede ser, pero va a ser difícil.

En su comparecencia ante el pleno del Senado, José Luis Rodríguez Zapatero ha dado a entender que se avecinan importantes reformas, si bien el presidente del Gobierno ha procurado tranquilizar a la oposición popular con constantes referencias a la garantía del modelo «atado y bien atado» en 1978. No lo dijo con estas palabras, pero casi. Nada sustancial sería alterado. El portavoz del PP, Pío García Escudero, apuntó alguna reserva. Vino a decirle a Zapatero que no abra mucho lo que no esté seguro de cerrar. O sea, que, como en «La venganza de Don Mendo», malo es no llegar, pero es peor pasarse. O como recomendaba Eugenio d Ors a un imprudente joven que abrió a lo loco, y dilapidó, una botella de Don Perignon, «los experimentos, con gaseosa».
La verdad es que a ZP se le ha otorgado un escalofriante margen de confianza. El público asiste asombrado a sus evoluciones, unos con ilusión y otros con inquietud. Se ha puesto delante de las autonomías y de los estatutos más aviesos como Don Tancredo ante el toro. La fiera escarba en el albero y el respetable reprime «¿uy!» en espera de no tener que lanzar un «¿ay!». Deseable es que así sea y que el experimento reformador salga bien frente al astifino nacionalista.

Lo peligroso de la Constitución, a la hora de remover sus mecanismos, es que algo tiene de titadyne en sus entrañas. Si hay que desmontar algunas de sus piezas, sería aconsejable que el artificiero tomara algunas lecciones en academias muy solventes. Hay una llamada «Carod-Rovira y cía.», que no es recomendable, aunque tenga cerca otra llamada «Maragall, SL», tampoco libre de sospecha. Nada se diga de la «Politécnica Euskadi», especializada en explosivos jurídicos. Se trata de centros de ingeniería política avanzada, con sucursales en Galicia, cuyos activistas, en colaboración con vascos y catalanes, han montado una plataforma denominada «Galeusca», todavía en estado casi centenario, pero bastante viable. Del antiguo «café para todos» se podría pasar al irlandés diferencial.

El desmadre de la Europa de los pueblos
Lorenzo Contreras Estrella Digital 13 Mayo 2004

Cualquiera puede pensar hasta dónde llegará la reforma del Senado, y en consecuencia de la Constitución, a manos del PSOE de Zapatero. Pero cuando al líder socialista, en su comparecencia ante el pleno del Senado, le advierte el portavoz del PP, Pío García Escudero, de que tenga cuidado no vaya a ocurrir que no pueda controlar el proceso cuya apertura anuncia, se nota la existencia de una desconfianza. Zapatero puede estar seguro del control de la empresa que promueve, pero no es tan cierto que crean los demás en la buena fortuna de su empeño. A este hombre se le puede escapar el derrotero de la aventura reformista. En San Sebastián acaba de firmarse un acuerdo programático entre siete formaciones políticas adscritas al proyecto de la Europa de los Pueblos, aspirantes todas ellas a constituir una coalición con vistas a concurrir a las elecciones al Parlamento europeo, fechadas de antemano para el 13 de junio. No es que este proyecto se encuentre relacionado de manera directa con el reformismo de Zapatero, pero sí indica que, al margen de los borradores socialistas, los cursos políticos fluviales aparecen desbordados. Josep-Lluís Carod Rovira, secretario general de Esquerra Republicana de Cataluña, en la reunión de San Sebastián, ha manifestado que el sistema democrático español, o del Estado español como ellos gustan decir, “nació deficitario en lo que respecta a los derechos colectivos de los pueblos, y ninguno de los gobiernos que ha habido ha dado pasos reales y efectivos para profundizar en el reconocimiento de la diversidad lingüística, cultural y nacional de los pueblos del Estado”.

Podrá considerarse que esta actitud no pasa de ser una expresión retórica, pero la llamada Alianza Libre Europea (ALE), una ensalada de siglas, tiende a ser algo más que una ensalada. El asalto que sus representantes preparan al Parlamento europeo, con sus complicaciones lingüísticas, políticas y culturales, forma parte del lío que se organiza con las peores intenciones para España. No para el Estado español, como prefieren formular, sino para la esencia de lo que todavía somos o aspiramos a seguir siendo.

La teoría de una Europa donde tengan voz las “naciones sin Estado” no es un problema, tal vez, para Francia ni para un Reino Unido consolidado, ni para una Alemania federal, ni para las naciones escandinavas con solera histórica, ni tampoco para el conjunto de países con un destino históricamente diseñado dentro del marco de la Unión Europea, pero sí para nosotros, por desgracia. Se está cuestionando sin pausa nuestra propia identidad. La Francia despedazada en la Baja Edad Media por la Guerra de los Cien años superó su problema, pero España no acaba de resolver la herencia de sus reinos de taifas y de sus reinos peninsulares apuntados a la reconquista, aglutinados por Castilla y Aragón y constructores de todo un imperio poderoso y al mismo tiempo frágil.

Cuando uno oye decir a Pedro Pacheco, antiguo alcalde de Jerez y “coordinador” del Partido Socialista de Andalucía, que “con la victoria del presidente Rodríguez Zapatero se inicia una segunda transición” y que “en esa transición tenemos mucho que decir”, uno no sabe si reír o llorar. Si además Pacheco añade que el Plan Ibarretxe “tiene altas dosis de racionalidad”, aunque tenga “algún punto de irracionalidad” (menos mal), ¿qué se puede pensar? El andalucismo nacionalista carece de futuro. Sin embargo, como el grano que no hace granero, ayuda al compañero. Y ya sabemos quién es ése.

Ocho años y tres días
Ángel Cristóbal Montes es catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza La Razón  13 Mayo 2004

El día siguiente de las elecciones generales españolas, el importante periódico italiano «La Repubblica» titulaba su información sobre el evento: «Ocho años desbaratados en tres días». Es difícil sintetizar en menos palabras lo que acaba de ocurrir en España, porque una en apariencia sólida edificación, que sitúa a nuestro país en unas coordenadas económico-políticas largamente suspiradas, era abatida sin contemplaciones por el votante español mayoritario que se dejaba captar por un golpe de emotividad y apostaba por el futuro dejando al margen el presente. Algo, por lo demás, perfectamente lícito en política y no por completo ajeno a la capacidad de sorpresa que en democracia siempre entrañan las elecciones, ya que el elector y las corrientes últimas que forman su voto tienen algo de arcano y hasta de irracional.

¿Se había cansado realmente el pueblo español del modelo político que comandaba Aznar y que, al parecer, iba a ser continuado por Rajoy? Ocho años de lo mismo pueden cansar y ocho años con determinado gesto y talante permiten pensar en el cambio, pero siempre que la mutación no suponga riesgo estimable y siempre que los nuevos gobernantes ofrezcan la mínima garantía que ex natura exige la alternancia. ¿Es ése el caso español del momento? Salvo que unos españoles estemos viviendo en un país y otros en otro, no parece tal la situación.
La solidez económica, política y social que trabajosamente, tras ocho años de gobierno del PP, había conseguido España no era ignorada ni menospreciada por la mayoría de los españoles, y es de suponer que la misma quería ser preservada, ya que no es lícito pensar que los pueblos decidan electoralmente contra su interés colectivo.

Pero, entonces, ¿qué pasó? Se mire por donde se mire, diga ahora el PSOE lo que diga y aunque se reordenen ad gustum los ingredientes de la cuestión, el resultado electoral del 14-M no es posible desvincularlo del impacto emocional que produjo el salvaje atentado de tres días antes. Por más que incidental, resulta significativo que Jamal Zugam pregunte al salir de la incomunicación, «¿quién ha ganado las elecciones?»; y no es absurdo considerar que cuando conociese la respuesta, pudiera estimar para sus adentros, «misión cumplida».
Cubierta la urgencia explicativa y rastreada la causa última de la gran mutación, no por ello se diluyen los grandes interrogantes ni se evaden las serias preocupaciones que la misma suscita. Esos españoles que cambiaron el sentido de su voto en el último momento o que decidieron ir a votar in extremis para castigar al PP, ¿valoraron en profundidad lo que su actitud electoral podía provocar, y de hecho provocó? Es lícito dudarlo, porque si no habría que concluir que lo circunstancial puede más que lo esencial y que el impulso cordial se impone al argumento de razón, y ello en democracia no es admisible, ya que en la misma no cabe prescindir de la racionalidad: «Aunque la voluntad de la mayoría debe prevalecer en todos los casos ¬decía Jefferson¬, esa voluntad, para ser justa, debe ser razonable».

Y aquí y ahora cabe pensar que no ha sido razonable. Tirar por la borda una obra valiosa de ocho años y apostar por un proyecto ni siquiera diseñado y por unos protagonistas que suscitan grandes recelos e interrogantes, es un raro ejercicio electoral que pone a prueba la capacidad de argumentación y de respuesta. El PSOE entra a gobernar antes de lo prudente, pues no ha regenerado todavía tanta célula muerta que ocasionaron sus últimos años de locura gubernamental, y el PP deja de gobernar antes de lo conveniente, ya que ni había consumado su proyecto ni agotado sus fuerzas; por lo que ha tenido lugar lo que con tanto acierto sentencia «La Repubblica», «ocho años desbaratados en tres días». Con una apreciación final, ya que si, en palabras del maestro Sartori, «el principio democrático es que el pueblo soberano también tiene el derecho de equivocarse..., es deshonesto inducirlo a equivocarse».

PP Y PSOE CAMBIAN EL TONO
Editorial ABC 13 Mayo 2004

LA mejor noticia que el Gobierno y el PP podían dar a la sociedad española era la ratificación del Pacto Antiterrorista y la recuperación de un tono sosegado en la comunicación que deben mantener sobre este acuerdo. La crispación política que siguió al 11-M y la escalada de acusaciones contra el Gobierno de Aznar, que empezaron con el reproche de imprevisión que lanzó el ministro del Interior, José Antonio Alonso, habían dibujado un panorama nada optimista para el futuro de la unidad de PP y PSOE en la lucha antiterrorista. La comisión de seguimiento del Pacto, que tuvo lugar ayer en el Congreso de los Diputados, permitió aclarar los excesos verbales del ministro Alonso y centrar nuevamente el interés de ambas formaciones en conservar el Acuerdo de diciembre de 2000. El resultado de esta sesión es, por tanto, muy positivo, porque ha confirmado el impulso político generador del Pacto: asegurar la continuidad de la política antiterrorista, al margen de los cambios de gobierno y de los resultados electorales. El compromiso de que se reunirá dos veces al año y siempre que una parte lo solicite garantiza además una comunicación que nunca debió perderse. No hay que caer ahora en el fácil ventajismo de los juicios retrospectivos, pero sí aprender de los errores a los que conduce la falta de interlocución entre los dos únicos partidos que están en condiciones de gobernar España, porque, además, subsisten íntegramente los motivos que aconsejaron firmar aquel acuerdo: el terrorismo de ETA y la actitud rupturista del nacionalismo vasco, perfectamente definida en el preámbulo del Pacto.

Ahora bien, la lealtad al Acuerdo Antiterrorista implica mayores compromisos que el de observar un protocolo de relaciones entre Gobierno y oposición. En otro caso, será un simple espejismo. Si realmente tras la renovación de intenciones expresada ayer por ambos partidos hay algo más que un parche paliativo de la crispación actual, el PSOE no puede seguir ofreciendo la incorporación al Pacto a partidos políticos que repudian su letra y su espíritu y que se han opuesto activamente -en el Tribunal Constitucional, en Estrasburgo, con querellas al juez Garzón, con desobediencias al Supremo- a leyes aprobadas por consenso de populares y socialistas en el marco del Acuerdo. El valor político del compromiso que ayer renovaron PP y PSOE también se encuentra en la decepción de los que esperaban la ruptura del Pacto Antiterrorista y debe prolongarse a todos los ámbitos en que se plantee la lucha antiterrorista, como las nuevas medidas que se adopten contra el terrorismo islamista, la Comisión de Secretos Oficiales y la Comisión de Investigación del 11-M. No es cierto que se pueda alcanzar un consenso general para combatir el terrorismo y el PSOE se equivoca -y equivoca a la sociedad- insistiendo en lo contrario. Hay partidos que han demostrado con creces su oposición a la derrota incondicional de ETA o a la deslegitimación absoluta de cualquier clase de terrorismo. El aliado natural del Gobierno socialista en esta cuestión de Estado seguirá siendo el PP, con aquellos partidos que ya se unieron en su momento al Acuerdo Antiterrorista, tal y como fue suscrito.

PP y PSOE han actuado con sensatez al frenar la agresividad de su enfrentamiento, pero sería un error que se distorsionaran sus responsabilidades como oposición y Gobierno. La cita de la comisión de investigación del 11-M es inaplazable y el nuevo clima creado ayer en el Congreso debe contribuir a que esa verdad que todos quieren conocer se alcance íntegramente. Eso sí, con buen tono.

Mayor, inquieto porque el inductor del 11-M logró el móvil político que buscaba
El cabeza de lista del PP al Parlamento Europeo advierte de que el PSOE quiere la derrota de los populares para que España «sólo sea una suma de izquierdas»
J. P. ABC 13 Mayo 2004

MADRID. El cabeza de lista del PP al Parlamento de Europa, Jaime Mayor Oreja, mostró ayer su preocupación porque el responsable de la matanza del 11-M perseguía un «móvil político» y hacer «vulnerable» un país como España, objetivo que «lamentablemente no le ha salido mal», a la vista de la victoria de PSOE y las primeras medidas del Gobierno, como la retirada inmediata de las tropas españolas de Irak. «Eso es lo que me inquieta», enfatizó.

Durante su intervención en el Forum Europa, que organizan Nueva Economía y Europa Press, Mayor defendió la actitud que mantuvo tras la tragedia el ex ministro Ángel Acebes, hasta el punto de que no imagina que pudiera haberse dado «una respuesta distinta a la que se dio desde el Gobierno en ese momento». Es más, «creo que si soy ministro de Interior en esa fecha,hago exactamente lo mismo que Ángel Acebes», aunque «peor».

Se mostró seguro de que Acebes dijo «la verdad en cada minuto», Pero, con todo, lo preocupante de aquella dramática fecha fue que quien planificó los atentados «esté evaluando ahora» las consecuencias políticas conseguidas: la derrota en las urnas del PP.

Mayor no cree que los comicios europeos supongan una reválida para Rajoy, ya que, aseguró, lo que hoy «tiene más claro» el PP es que su líder es Rajoy, algo que «nadie pone en duda», con independencia de los resultados que arroje el 14-J. «Creo que el que quiera especular con el resultado de junio pinchará en hueso».

Asimismo, mostró su «disposición plena y total» a hacer varios debates «a dos» con el candidato del PSOE, Josep Borrell. En este sentido, instó a los socialistas a que designen a un intermediario para negociar con tiempo suficiente las condiciones. Dijo no estar cerrado, a priori, a «otras fórmulas», aunque insistió en que es «indispensable» un «cara a cara» con Borrell.

Advirtió que los socialistas van a utilizar como reclamo electoral, «banderín de enganche para sus votantes», la retirada de las tropas españolas de Irak. En su opinión, el PSOE no sólo busca buenos resultados el 13-J, sino «la derrota del PP para que no haya contrapoderes y contrabalances, y que España sólo sea una suma de izquierdas». Un escenario, según su análisis, en el que los casi 10 millones de votantes del PP «queden orillados», sin capacidad de influencia.

Asimismo, subrayó que Zapatero no cree en un Estado plurinacional, ni quiere que el catalán, el gallego y el euskera estén reconocidos en la Constitución europea por «convicción», sino porque está tratando de dar «satisfacción» a los nacionalistas, siguiendo una «necesidad táctica y estratégica». Hasta el punto de que, en su opinión, los socialistas están dispuestos a llevar «el modelo catalán» a Europa.

Dicho esto, instó al PSOE a aclarar qué modelo de Estado es el que piensan defender en la UE, ¿acaso el que propone Carod Rovira?, se planteó. Consideró que hacer una política exterior basada en lo contrario a lo que hizo Aznar supone «un suicidio».
Desde el 11-M hasta el 13-J

El PSOE no puede exterminar al PP
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  13 Mayo 2004

La tentación totalitaria que anida siempre en la Izquierda, la vocación cainita que se ha convertido casi en su única razón de ser en los últimos años de la vida española ha llevado al PSOE al Gobierno sin merecerlo, pero cometería un grave error si quisiera ir más allá. El argumentario de campaña para el 13-J acredita la vocación de exterminio del socialismo español, que ni ha sabido nunca perder ni está sabiendo administrar una escuálida victoria. Dos episodios recientes deberían hacerles tascar el freno en su afán de destruir a la derecha española: la derrota en el Senado pese al juego sucio de Javier Rojo (menuda pieza) y la obligada disculpa del ministro del Interior por las intolerables imputaciones al PP de responsabilidad en el 11-M, hechas en el clásico calentón de seradicto con aquella conciencia de impunidad absoluta de tiempos de Filesa y el GAL que tan malos resultados produjeron en la vida española y en el propio PSOE.

La gran diferencia con los años 80 del primer felipismo, no digamos ya con los de los últimos años, no estriba en que la izquierda se haya civilizado, bien al contrario, sino en que la derecha se ha reconstruido. Y con casi diez millones de votos, un programa coherente, una excelente ejecutoria de Gobierno y un líder de primera clase como Rajoy, el PP es mucho PP para este PSOE que sigue siendo muy poco PSOE. Zapatero hace muy bien de bueno: hace muy bien, lo hace muy bien y acredita inteligencia. Pero no se puede mantener a la vez el discurso del buen talante democrático de ZP y la mala baba golpista y cainita del profesional Rubalcaba o del aficionado Alonso. Es natural que ZP quiera ampliar su base electoral a costa del PP y es normal que aproveche las circunstancias que le favorecen, pero cometería un grave error pensando que el PP es liquidable sin que a la vez se hunda el sistema pillando al PSOE dentro.

La derecha está todavía un poco aturdida, no ha creado un equipo de verdadera oposición y tiene a dos o tres zascandiles esperando un estrepitoso fracaso el 13-J para tratar de liquidar a Rajoy. Pero ni la base social y electoral del PP ni los pocos medios que nos identificamos con la derecha liberal estamos por la labor. Sea cual sea el saldo del 13-J, el PP es necesario para que el PSOE, de la mano de sus socios radicales, esos que presumen de no acudir a la boda del Príncipe de Asturias (otro motivo de meditación sobre los errores de la institución en sus tratos con los separatistas) no se carguen el sistema político que ha proporcionado los años de mayor prosperidad de nuestra historia al mayor número de españoles. El PP es el gran defensor de la Nación y, por ende, de la Constitución. Y en cuanto se acabe el champán del 14-M y la demagogia antibelicista y de sumisión gabacha, en cuanto se produzca el primer bombazo etarra o islámico, se verá la fragilidad ideológica y política del Gobierno del PSOE y la necesidad esencial que tiene del PP. Una cosa es que Rajoy no juegue al golpismo callejero y otra que perdone la ocasión de pasarle a Zapatero la factura del 13-M. La derecha no puede negarse a pactar algo, siquiera algo, con el PSOE. Pero el PSOE tiene necesidad de pactarlo todo con el PP. Cuanto antes se instale esta evidencia en la vida nacional, antes empezará a estabilizarse la situación. Que buena falta hace.

¿Quién mentía?
José Javaloyes Estrella Digital 13 Mayo 2004

El paso de José Bono por Iraq, con las informaciones afloradas a su aire, ha tenido virtudes esclarecedoras cuyo significado se remonta a los enteros precedentes parlamentarios del 14-M. Si los atentados de tres días antes, por las circunstancias de todos sabidas, se pudieron enganchar con toda la batalla en el Congreso de Diputados sobre la guerra de Iraq, y fue la acusación desde la izquierda de que el Gobierno del Partido Popular había mentido en su política de alianza con la coalición, resulta ahora, como el propio Ministerio de Defensa certifica, que las fuerzas españolas desplegadas en suelo iraquí nunca operaron como fuerzas ocupantes, sino como fuerzas de pacificación, ajenas a actuaciones represivas y de beligerancia contra los resistentes. La propia muerte de un oficial español sobrevino a causa de las heridas sufridas en una acción de policía, al ser alcanzado por disparos de delincuentes comunes. ¿De dónde colgar, por tanto, el epíteto de “asesinos”, que tanto juego dio, adosado a la estrategia parlamentaria, en aquella prórroga ilegítima y perturbadora de la campaña electoral?

La resistencia de los mandos militares españoles a las presiones norteamericanas para que se participara en operaciones bélicas fue una actitud fundamentada y definida antes de las elecciones. Estaban en desacuerdo tales demandas con los términos del mandato recibido y de las instrucciones que les fueron dadas. No sobrevino tal resistencia al cabo, por efecto de instrucciones nuevas, surgidas del cambio de Gobierno. Consecuentemente, la retirada de las tropas españolas, que puede concluir antes del próximo 27, sólo está soportada por un criterio político muy concreto, el del Gobierno actual; criterio ajeno a las condiciones operativas asignadas a nuestros soldados en el comienzo de su misión. Algo esencialmente ajeno a la función pacificadora a que fueron adscritas y para lo que fueron enviadas. Ni en ningún momento fue “asesina” su función, ni en el mandato que recibieron del anterior Gobierno se incluían misiones de beligerancia y represión militar y política de la resistencia iraquí.

Habiéndose autentificado el genuino perfil de las responsabilidades que se confirieron a nuestras tropas desde la política de Aznar sobre Iraq, y habiéndose probado que ello nunca pudo significar participación en la guerra, ¿qué consecuencias hay que sacar ahora, electoralmente también, si resulta que la fuerza primera y la premisa mayor del silogismo aplicado en la última campaña fue la insistida afirmación de lo contrario, de que nos habíamos involucrado en la campaña? Las tropas españolas que ahora regresan de Iraq no fueron, como Mambrú, a la guerra para hacerla, ni tampoco quienes las mandaron actuaron contra el sentir de la opinión pública, que era lógicamente opuesta a la entrada de España en la contienda. Fueron, las que se les asignaron, misiones —y casi canciones— para después de una guerra.

Pero en política, nos guste o no, suele pesar menos lo que es que aquello otro que parece. De ahí lo que se dice de la mujer del césar: no le basta su honestidad, necesita también aparentarla. Convendría, por tanto, deslindar el problema de la responsabilidad política del debate sobre la incompetencia gestora en materia tan crucial, para los regímenes democráticos de opinión pública, como es la de la información sobre lo que se hace y la transparencia de lo que se quiere trasmitir.      jose@javaloyes.net

Nos han robado el mallorquín
Cartas al Director ABC 13 Mayo 2004

El latrocinio se ha realizado con premeditación, nocturnidad y alevosía. Lo más preocupante es que se ha procedido de forma legal pero de espaldas al buen pueblo balear, tan pacífico, tan trabajador, tan sufrido, tan confiado, tan calmoso. Unos políticos interesados o ignorantes le han quitado su auténtica lengua multisecular.

En Baleares el dominio pancatalanista se ha hecho insoportable. Un grupo de mallorquines, surgido espontáneamente del pueblo llano y sencillo, ha creado la asociación «Ets amigs de sa Lléngo Baléà» (los amigos de la lengua balear), en defensa de sus genuinas señas de identidad amenazadas. Presentaron en la oficina correspondiente los preceptivos estatutos para su registro como entidad cultural. La sorpresa ha sido alucinante. No han sido admitidos porque estaban escritos en mallorquín. ¡El mallorquín ancestral ha sido eliminado!

Como presidente de la Academia de la Lengua Balear, he de denunciar ante España entera este incalificable atropello cultural. Me consta que los españoles que nos sentimos tales amamos entrañablemente la multisecularidad cultural de nuestras bellas tierras hispanas. Ninguna de estas personas puede quedar insensible ante este vil ultraje a la lengua balear. Transcribo, traducido al español porque el original, como no, está en catalán, la parte más significativa del escrito de rechazo: «...de acuerdo con las leyes 3/1986, 30/1992 y 3/2003 los escritos deben presentarse en una de las lenguas oficiales de la Comunidad Autónoma: español o catalán ¡?! De no proceder a esta subsanación, en el plazo establecido, se procederá al archivo de su petición, sin más trámites». Reg. Salida 1305 de 03/03/04. Más claro agua: el mallorquín no existe oficialmente, ¡nos lo han robado! Con esta increíble medida, el Gobierno balear pisotea despectivamente la Historia, la Filología, la Constitución y la Razón. Estudien la Historia y descubrirán que Cataluña en el primer tercio del siglo XIII no tenía ni siquiera territorio configurado y, por consiguiente, no constituía, a la sazón, ningún estado soberano. ¿Cómo entonces Cataluña, en el 1229 pudo conquistar otros reinos y legarles su lengua? Estudien Historia y comprobarán que las Baleares y Valencia ya tenían nombre e historia muchísimo antes de Jesucristo. Sin embargo Cataluña no puede presumir de este honor. Estudien Historia y sabrán que mallorquines y valencianos ya hablaban su propia lengua romance a partir del siglo VIII, mucho antes de su reconquista por Jaime I de Aragón. «Romanç valencià y romànç mallorquí» los llama el catedrático medievalista Gómez Bayarri.

Estudien Filología y aprenderán que el verdadero creador, amo y protagonista de una lengua es el propio pueblo que la usa. Los filólogos no cambiamos, marginamos o fabricamos una lengua; eso lo hace el Pueblo. Nosotros la estudiamos y analizamos. Un verdadero filólogo investigará por qué las voces latinas «nos alteros» han dado «nosatros» en valenciano, «nòltros» en balear y «nosaltres» en catalán. Vocablos todos igual de cultos. Estudien los orígenes y la evolución del balear y valenciano, y comprobarán que son lenguas científicas propias, más antiguas que el catalán.

El que seamos un Pueblo pequeño no autoriza a que Cataluña pueda anularnos y sumarnos a sus ambiciones nacionalistas.

El 26 de noviembre de 1926 el Rey Don Alfonso XIII decretó que en la Real Academia Española de la Lengua hubiese ocho académicos numerarios en representación de las lenguas españolas diferentes de la castellana. Determina que sean dos por el idioma gallego, dos para el catalán, uno para el mallorquín, uno para el valenciano y dos para el vascuence. El ilustre don Lorenzo Riber fue el académico mallorquín. En 1926 el mallorquín era lengua española, hoy en 2004 no existe ¡?!

El Bocaib de 10 de noviembre de 1995 en su punto once resuelve: «En los proyectos educativos referentes a la lengua propia de las Islas Baleares se tendrá especial cuidado en proteger, defender y difundir nuestras modalidades, de acuerdo con el artículo 3.3 y 148.1, 17 de la Constitución Española». En primer lugar, el uso oficial y práctico de «nustras modalidades» brilla por su ausencia. Se ha ignorado vergonzosamente esta disposición oficial, al rechazar los susodichos estatutos de la mentada asociación cultural.

Como actual presidente de la Academia de la Lengua Balear, me consideraría un traidor y un impostor si no denunciara públicamente tan vil suplantación cultural.     Juan Vanrell Nadal, presidente de la Academia de la Lengua Balear.    Valencia.

Educación y sanidad
Amando de Miguel Libertad Digital  13 Mayo 2004

Los dos grandes pilares en los que se asienta el actual Estado de bienestar son la educación y la sanidad. Ambos se dirigen a satisfacer necesidades básicas que promuevan la igualdad. Pero, a partir del nivel en el que está España, hay que atender un segundo principio áureo: el de la calidad. Un gobierno socialista tendría que cuidar primorosamente esos dos grandes rubros de la actividad pública sin molestar a la parte privada, que cada vez es mayor. Desgraciadamente, son dos grandes funciones que están casi completamente transferidas a las comunidades autónomas. Pero algo se puede hacer desde el centro. Desde luego, lo que no se debe hacer es dejar en suspenso la legislación anterior.

Ese camino es el de las revoluciones, y el cuerpo social español no está para revoluciones. Hoy la revolución es el caos, que parece lo mismo, pero es aproximadamente lo contrario. Una primera comparación muy general con nuestros vecinos europeos arroja esta conclusión. En el capítulo educativo nos gastamos mucho y nos luce poco. El resultado de la creación cultural y científica es más bien escuálido. Desde Ramón y Cajal, hace un siglo, no hemos tenido más premios Nobel de tipo científico. También es curioso que don Santiago fuera de Medicina. En la parte sanitaria nos gastamos más bien poco, pero el estado de salud de la población es bastante aceptable. Es más, cabe avanzar sustancialmente en la salud de los españoles por la parte que toca al consumo: por ejemplo, tabaco o drogas. Más que grandes hospitales, se impone la buena gestión de pequeños centros ambulatorios. En ambos casos, educación y sanidad, lo fundamental es contar con los profesionales respectivos, que son excelentes.

No deja de ser llamativo que el público esté satisfecho con los centros educativos o sanitarios. En cambio, las personas que trabajan en ellos se encuentran resabiadas. Aunque parezca raro, en ambos tipos de centros quien «manda» realmente son los sindicatos. Esa situación resulta prepóstera. Está de moda lo del «pacto de Estado» para cualquier cosa, sea la violencia doméstica o los horarios comerciales. Otro día podemos hablar de esas cuestiones que generan noticias. Pero la educación o la sanidad no dan lugar a grandes titulares periodísticos, pero afectan a la vida cotidiana de millones de españoles. Ahí sí que se necesitan generosos «pactos de Estado», sobre todo porque, como digo, las competencias son regionales (ahora se dice autonómicas, como si el Estado no fuera todavía más autonómico). En la enseñanza obligatoria lo fundamental es que haya más disciplina y más esfuerzo. Pero eso es hoy como pedir cotufas en el golfo. Los alumnos todos tendrían que llegar a dominar por escrito al menos dos idiomas de comunicación, español e inglés. Estamos muy lejos de ese parvo objetivo, en algunas partes, cada vez más lejos. Tanto en los centros educativos como en los sanitarios hay que extender los procedimientos de la gestión privada. Hay tela para cortar en esta misión sartorial.

Compromiso antiterrorista
Editorial El Correo  13 Mayo 2004

La ratificación del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, suscrito el 8 de diciembre de 2000 por el PSOE y por el PP, certificó ayer lo que dicho acuerdo establece en su punto primero: que el terrorismo es un problema de Estado. El cruce de acusaciones previo a la reunión y los reproches al parecer intercambiados durante la misma no impidieron que ambas formaciones recuperaran la sintonía a la que les obliga su mutuo compromiso. La solicitud de comparecencia del ministro de Interior ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso permitirá, además, extender el clima de unidad al conjunto de fuerzas parlamentarias. Por eso, sería deseable que las lógicas discrepancias que han de mantener Gobierno y oposición no vuelvan a empañar el entendimiento que precisa el combate contra el terrorismo.

Hace tres años y medio el partido del Gobierno y la primera fuerza de la oposición formalizaron un pacto que trataba de responder al desafío que ETA lanzaba al Estado de Derecho y a la sociedad con la ruptura de su alto el fuego. Aquel acuerdo resultaba urgente en plena ofensiva terrorista. Pero además la unidad de criterios establecida a partir del mismo se ha mostrado eficaz a la hora de sustraer a ETA el oxígeno que la banda requería y que tantas veces obtenía de la disposición nacionalista a demandar réditos políticos como condición para la paz. La ilegalización de Batasuna -que ambos partidos desean hacer extensiva a la candidatura Herritarren Zerrenda como su nueva expresión- ha contribuido al paulatino desmantelamiento de una trama que hace no tanto tiempo ejercía una presión implacable sobre la vida y la libertad en Euskadi y en el resto de España.

El debilitamiento de ETA no ha hecho desaparecer su amenaza, y resulta especialmente importante que el empeño conjunto de partidos e instituciones impida que se recupere. Pero la sanguinaria irrupción del terrorismo de origen islámico exige que el Estado de Derecho multiplique sus esfuerzos para evitar que los españoles sean sus víctimas y que España continúe siendo una de las plataformas desde la que la violencia fundamentalista amenace al mundo. También por eso es necesario que la próxima constitución de una comisión parlamentaria de investigación sobre antecedentes y consecuencias del 11-M no enturbie el clima de entendimiento en materia antiterrorista, sino que contribuya a clarificar los fundamentos sobre los que la sociedad democrática ha de combatir la nueva amenaza. Resulta necesario y urgente que el Gobierno socialista y el resto de formaciones parlamentarias -comenzando por el PP- acuerden aquellas modificaciones legislativas que puedan contribuir a la adecuación de los mecanismos con que cuenta el Estado de Derecho para enfrentarse con garantías a tan pavoroso desafío.

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