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Recortes de Prensa     Domingo 16 Mayo 2004
Rajoy negocia y el PP languidece
Agapito Maestre LD 16 Mayo 2004

EL PECADO ORIGINAL
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 16 Mayo 2004

Café, copa y puro
Carlos Semprún-Maura LR 16 Mayo 2004

TONI
Jon JUARISTI ABC 16 Mayo 2004

Nuevos fascistas
Alfonso Ussía LR 16 Mayo 2004

La Cinemacheca
Federico Jiménez Losantos LD 16 Mayo 2004

Chunta y Europa de los pueblos
Editorial Heraldo de Aragón 16 Mayo 2004
 
Rajoy negocia y el PP languidece
Agapito Maestre LD 16 Mayo 2004

Porque pensar es exagerar, presento aquí de hiperbólica manera mi parecer sobre la supuesta “iniciativa” de Rajoy para negociar con Zapatero. Aznar jamás negoció lo innegociable, pero Rajoy ha decidido romper con la política que llevó al PP al poder. El PP pasó de ser partido de oposición a partido alternativo y, más tarde, a partido de gobierno, porque consiguió que su programa político coincidiera con una idea clara y distinta de millones de españoles. España estaba por encima de las minorías nacionalistas y, por supuesto, fuera de cualquier negociación que se pareciese a las demandas conjuntas de terroristas, independentistas y nacionalistas. El PP basó sus éxitos en la principal debilidad del PSOE: una idea democrática y homogénea de España. Nada contra la concepción de España que recoge nuestra Constitución.

El PSOE, sin embargo, nunca dejó de coquetear con los nacionalismos, especialmente el PSC ha hecho de esta colaboración nacionalista la base de su existencia. El PSOE ha llegado al poder en condiciones trágicas, pero persiste en el error, o mejor, en llevar a cabo las exigencias de los nacionalismos y terrorismos. Si en el pasado gobernó España con arbitrariedad, porque fue incapaz de construir unos criterios homogéneos para todo el territorio español, ahora, con el PSC gobernando con los nacionalistas y comunistas en Cataluña, ha hecho de esta política su seña de identidad. En realidad, siguen a pies juntillas la política diseñada hace ya años por el PNV. La vieja y dramática cuestión de España es demasiado grande para el PSOE. Ni en el gobierno ni en la oposición fue capaz de resolverla sino era destruyendo España. Muchos no quieren enterarse, pero la cosa es clara. El PSOE vuelve al poder con la misma “política” por la que fue expulsado: dividir España en tres naciones: El País Vasco, Cataluña y España. La última respuesta de Zapatero a la pregunta de Jiménez Losantos sobre qué es una nación fue significativa...

¿Qué opciones tiene el PP ante esta propuesta nacional-socialista? Oponerse firmemente defendiendo la idea de España, que llevó a Aznar al poder, o, por el contrario, “dialogar” con el PSOE sobre cómo y cuándo terminar con España. Rajoy ha preferido ensayar la segunda opción al pedir dialogar con Zapatero. ¡Acaso el “sentido común” logre atemperar la fiebre del socialismo secesionista! Lo dudo. El paso “centrista” dado por Rajoy es muy peligroso. En primer lugar, peligra la unidad del PP, pero ahora creo que el asunto prioritario es percatarse de la trascendencia de la opción de Rajoy para quienes creen en una idea de España como nación democrática. Rajoy, seamos sinceros, no propone agenda alguna, sino que acepta la de Zapatero. Quien no se entere de que las iniciativas del PSOE ya han triunfado, no sabrá por dónde irá la política española en los próximos años. Más aún, no podrá ni siquiera sospechar que ETA muy pronto propondrá una tregua para contribuir a la ruptura de España. En fin, las diferencias entre las propuestas iniciales de Zapatero y los resultados finales, después de negociar con Rajoy, será un problema de pequeños matices, porque la iniciativa principal del PSOE, que es la idea misma de negociar todo, especialmente la desaparición de España, con talante, educación y mucho diálogo, ya ha sido aceptada por el PP. Esta conclusión no es una hipérbole, amigos lectores, sino una tragedia. Los hechos son obvios. La “iniciativa” de Rajoy de dialogar con Zapatero es retórica. Rajoy, en verdad, no asume ninguna iniciativa real. Sólo pide participar en las propuestas de Zapatero. Pide dialogar con Zapatero sobre las reformas de la Constitución, de los estatutos y de la ley de financiación autonómica.

En realidad, Rajoy pide acompañar a Zapatero a pactar las exigencias de los nacionalistas, mientras observa extasiado cómo los mercaderes europeos pisotean la única lengua oficial de España en todo el territorio: el castellano. Claro que tendrá consecuencias jurídicas, como ha reconocido el diario de Polanco, el que se traduzca la Constitución europea en catalán, vasco y gallego, pero se olvida decir que estas consecuencias no serán a favor de la Europa de los ciudadanos, sino de los mercaderes que pastorean los “pueblos” de Europa como si fueran ovejas.

EL PECADO ORIGINAL
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 16 Mayo 2004

JOSÉ Borrell está perplejo. En realidad todos estamos perplejos. Es difícil entender que Zapatero haya rechazado a Madrid como sede para la celebración de la firma de la Constitución Europea. Resulta incomprensible que el propio presidente se haya negado a que la capital de España reciba el homenaje de todos los Gobiernos de la UE por haber sido la ciudad europea más castigada por el Terror. Hace bien Borrell al mostrar su extrañeza, por no decir su irritación. Al fin y al cabo él es candidato a representar a España en la UE y ni siquiera ha sido consultado. Así que sus palabras apenas pueden sofocar la indignación ante una decisión tan absurda y, por lo mismo, tan inquietante.

Porque, como todo lo que escapa a la lógica, el rechazo de Zapatero es inquietante y, quizá, siniestro.

Al elegir Madrid los Gobiernos europeos querían hacer un gesto que fuera un homenaje a la capital de España y, al tiempo, un desafío simbólico al Terror. ¿Qué menos que esta muestra de solidaridad? En realidad, un mero movimiento defensivo.

LA negativa de Zapatero es injusta con las víctimas y su memoria; con la ciudad de Madrid y con sus representantes políticos (alcalde, presidenta de la Comunidad...); con la ciudadanía madrileña; con los veinticuatro Gobiernos europeos que deseaban tener con ésta una correspondencia siquiera simbólica... Pero, además, la negativa de Zapatero es contradictoria con la reivindicación que hizo el día de su investidura como presidente del Gobierno. Entonces prometió -con ese énfasis esdrujular y huero que le es propio- que Madrid sería la sede de la firma de la Constitución. ¿Quién le metió en su discurso esa idea y quién se la quitó del guión después? Una vez más se viene a demostrar que estamos ante un político de escaparate. Alguien le ha dicho que ahora no es conveniente recordar la tragedia del 11 de Marzo. ¿Ni siquiera para recuperar la imagen de Madrid como ciudad normalizada?

Por todo es muy inquietante la negativa de Zapatero. A mi entender hay que explicarla a partir de la mala conciencia personal y partidaria que tienen muchos dirigentes socialistas ante el 11-M. Zapatero no quiere que se recuerde la masacre ni el día de la celebración de la firma de la Constitución ni en años sucesivos sencillamente porque Zapatero quiere que la tragedia pase al olvido. Quiere desvincularla de la política y, sobre todo, de su elección como presidente. Como si se hubiera tratado de una desgracia natural. Por la misma razón que no era partidario de la creación de una comisión de investigación. La dirección socialista no desea que se resuelvan los hechos. A ser posible que no se hable de ellos. A Zapatero le han recomendado que, cuando se discuta sobre los hechos que precedieron y siguieron al 11 de Marzo, no se comporte como un contrincante más sino que se mantenga por encima de todos, como alguien a quien no le afecta nada de lo que sucedió entre los días 11 y 14 de Marzo. El deseo de Zapatero y del Gobierno socialista y de muchos de los que votaron a éste, e incluso de gentes que votaron al PP pero que tienen miedo a la realidad, es que la ciudadanía salte del día 10 al 14... como si eso no hubiera tenido consecuencias políticas...

ZAPATERO se ha opuesto a la elección de Madrid para que el mundo se olvide de que él llegó al poder en unas circunstancias verdaderamente anómalas. Sin duda alguna a Zapatero le da miedo que se recuerde la masacre como si se tratara de un pecado original.

Café, copa y puro
Carlos Semprún-Maura LR 16 Mayo 2004

Están de vuelta. Los bárbaros están de vuelta, pero que las señoritas de medias grises no se alarmen, no se trata de revueltas de campesinos sedientos de tierra, que incendian castillos y ahorcan a terratenientes; no se trata de mineros y metalúrgicos que organizan huelgas insurreccionales, no se trata de nada tan romántico, ni de revoluciones, se trata de chupar del bote. Los bárbaros lo son porque no van a levantar barricadas, eso no es moderno, los bárbaros son grises funcionarios, burócratas de toda la vida, que lo invaden todo como una inundación y no como un ingenio. No se quitan la corbata salvo para alguna foto mitinera; no amenazan con guillotinas y ni siquiera tienen un programa, salvo el tradicional café, copa y puro.

Pero bueno, han llegado, ocupan todos los cargos, compran abrigos de piel a sus esposas, pijamas de seda a sus maridos, cambian de restaurantes, envían a sus hijos a cursar estudios en el extranjero ¬si es posible a EE UU, sino a Oxford, Inglaterra¬, se instalan en sus butacas, cambian de secretarias, cambian los floreros, cambian de coche, cambian de queridas o amantes, ¿cómo se pueden tener los mismos en la oposición y en el poder?
Quieren reformar la Constitución para que el PP no pueda volver jamás a formar gobierno en nombre de la democracia; reforman los estatutos de autonomía para que ERC, que representa un puñado de catalanes, se convierta en la vanguardia republicana del país; exigen que el pluralismo signifique que sólo la izquierda tenga derecho de voz y voto; cambian arbitrariamente los directores de museos, de cadenas de radio y televisión, la Magistratura, el responsable de la Guardia Civil, el responsable del Retiro, el director de los baños turcos; instalan una pareja de la Guardia Civil en cada hogar, para saber quién pega a quién; instalan una pareja de guardias municipales en cada autobús, para controlar si hay el mismo número de pasajeros varones y hembras;

refuerzan el «planning» familiar para que nazca el mismo número de niños y niñas cada año; reforman democráticamente la enseñanza para que, del Bachillerato para arriba, todos los diplomas se obtengan sin exámenes sobre la base del mérito, o sea del carné del PSOE, de ERC y de Batasuna; suprimen los cursos de religión, salvo el Corán, que es de izquierdas; aumentan considerablemente las subvenciones a las asociaciones ciudadanas, de vecinos, de coros y danzas socialistas, de ETA, de mujeres liberadas, de mujeres lesbianas, de gays, de curas comunistas, de sastres, de aficionados al billar japonés, de ecologistas, de pescadores de truchas; imponen el matrimonio homosexual; socializan la Cultura, las artes, las editoriales, el cine, el teatro, el «striptease», la música, imponiendo la música proletaria y la excepción cultural francesa; crean una investigación científica socialista y la genética de sangre pura; aumentan las subvenciones a partidos y sindicatos de izquierdas, y las suprimen para el PP porque es carca; aumentan los impuestos para los viejos ricos, y los suprimen para los nuevos, a condición de que sean políticos de izquierda y familiares; suprimen el Premio Príncipe de Asturias y lo sustituyen por el premio Pablo Iglesias ¬con cursos acelerados para que los concursantes se enteren de quién era ese señor¬; prohíben los vuelos a California y lanzan una línea directa Madrid-La Meca.

Estos pocos ejemplos bastan, creo, para demostrar que se trata de una revolución tranquila, de una verdadera sociedad de bienestar, con café, copa y puro. En política exterior, las cosas son aún más positivas. Nuestras tropas se retiran victoriosamente de Iraq, cantando el «Himno a la alegría», y abandonando el caos iraquí para volver a la madre patria, y cepillarse los dientes porque la higiene constituye la fuerza principal de nuestro ejército.

En su primera gira europea, Rodríguez Zapatero, que no tiene costumbre de viajes oficiales, se equivocó de billetes de avión: quería ir primero a París y se encontró en Berlín, y lo justificó declarando que Alemania era el país más importante de Europa, y que siempre se ha portado muy bien con España, sin precisar si aludía a Hitler con Franco, o a Willy Brandt con Felipe González, no es lo mismo, desde luego. Los franceses, tan arrogantes, no se lo echaron en cara, como ha prometido ser chico bueno y decir que sí a todo lo que decida el eje del mal francoalemán, hacen la vista gorda. Pero Rodríguez Zapatero puede llevarse otro chasco, porque esta unidad francoalemana, que no pasa de ser una mera fachada oportunista, va a tener nuevos problemas con la ampliación europea, porque Alemania está infinitamente mejor situada en Europa del Este que Francia, y eso a París no le va a gustar nada. ¿Pero qué sabe de eso Zapatero? ¿Qué mala pata tiene España con sus ministros de Exteriores, desde Abel Matutes fueron catastróficos, pero este Miguel Ángel Moratinos los supera a todos, con creces. Habla por los codos, expresando la más absoluta incoherencia, las más evidentes contradicciones y tan contento. Desde luego, si alguien goza de su cartera de ministro es él. Pues lo dicho, todo va bien, y sobre todo, bajo control. España se hunde, pero ¿qué más da? Mientras los socialistas y los nacionalistas siguen tomando café, copa y puro.

TONI
Por Jon JUARISTI ABC 16 Mayo 2004

TARDE o temprano, tenía que aparecer en la sardana del tripartito el inefable Batista, y no me refiero a Fulgencio, famoso chusquero caribeño derrocado por otro sátrapa que hizo pronto añorarlo, sino a Antoni Batista, a quien CiU señala como el autor, instigador, inspirador, procesador o manipulador del informe sobre los medios de comunicación. Dios los cría: ignoro si Batista está o no afiliado a ERC, pero, andando Carod por medio, era inevitable que aquél emergiera en los aledaños de la Generalitat. Da el tipo. Quizá pasara desapercibido a los espectadores de la peliculilla de Medem, donde soltaba unas cuantas paridas redundantes y manifiestamente prescindibles. Pero ahora puede interpretarse su debut estelar en la farándula como un aperitivo de lo que ya por entonces debía haber comenzado a guisar.

La metáfora culinaria no es aquí improcedente, porque Batista es, ante todo, un estómago muy agradecido. Basta hojear su Diario de la guerra del cerdo -perdón: su Diario privado de la guerra vasca (en qué estaría yo pensando)- para percatarse de la gratitud que en él despiertan las cuchipandas de gorra. Su viaje por las chimeneas y cocinas de Vascolandia, generosamente financiado por capital abertzale, no sólo le arrancó rugidos líricos de admiración por la gastronomía éuscara mientras ETA sembraba de muertos el insípido paisaje humano, sino que lo convirtió además en un ferviente apologista del Acuerdo de Estella. A la comprensión del Otro se llega muchas veces por la andorga, como bien saben los organizadores del Fórum de las Culturas, que han vetado con acierto el contrabando de pá amb tomaca en el recinto sacro para que los visitantes reflexionen sobre los misterios de lo crudo y lo cocido y los orígenes de las maneras de mesa ante los chiringuitos yanomamis del área de esparcimiento. Antoni Batista parece, a juzgar por su testimonio, un sujeto particularmente inclinado a este tipo de investigaciones antropológicas (siempre que le den una beca).

Hay, con todo, un tipo de alteridad a la que Batista ha permanecido insensible. Digámoslo concisamente: Antoni, Toni para los amigos, detesta a los charnegos que han mestizado la cepa catalana. He aquí una de las tesis histórico-sociológicas incluidas en su mencionado Diario (de 1999): «El franquismo fue especialmente cruel con el País Vasco. Los humillaron en Guernica. Los ocuparon militarmente y trataron de colonizarlos, salvando tiempos y distancias, como hicieron los norteamericanos del Este con sus vecinos del Oeste, llamados indios, con planes de inmigraciones masivas, que dejaron escritos sin ningún pudor, incluyendo también a Catalunya.

En una ponencia del Consejo Nacional del Movimiento, órgano de la dirección del partido único del fascismo español, fechada el 16 de enero de 1971 y titulada Defensa de la unidad de España, se decía: Prestar una atención especial en cuanto a información y asistencia, a la vez que la puesta en práctica de medidas para elevar el nivel material de las masas de emigrantes del campo a otras regiones de los centros industriales vascos y catalanes parece de urgente necesidad». Produce, en efecto, una indignación difícilmente reprimible comprobar hasta dónde llegaba la perfidia del Régimen: no contentos con hundir en la miseria a Murcia y Extremadura, por ejemplo, y desviar todo el ahorro de la España agraria hacia las desdichadas y oprimidas colonias de Euskadi y Catalunya, los esbirros de Franco se empeñaban en que los inmigrantes invasores alcanzaran el nivel de vida de los comanches donostiarras o de los dakotas de la reserva de Palafrugell. Menos mal que contamos con Toni Batista para mantener viva la memoria de aquella infamia. Un hombre como éste todavía puede dar días de gloria a la Federación Catalanoaragonesa y es lástima que sus naturales disposiciones para las ciencias humanas en toda su amplitud se malgasten en la redacción de intrascendentes memoriales a sueldo del Secretari Sellarès. Yo que Maragall le concedería ya mismo una bolsa de viaje para que estudie sobre el terreno la cultura de la trufa en los merenderos del Perigord.

Nuevos fascistas
Alfonso Ussía LR 16 Mayo 2004

A la revolución y tiranía del proletariado, el comunismo, respondió la revolución y tiranía de la burguesía, el fascismo. Extremos que se unían en la dictadura, el partido único, la negación de la libertad y el sometimiento a los ciudadanos. Posteriormente, las democracias europeas permitieron entrar en el juego a los comunistas, mientras que las dictaduras marxistas permanecieron estáticas. Los regímenes fascistas desaparecieron y la caída del muro desconsoló a los partidarios del comunismo, que además de una mentira social resultó ser un fracaso económico. Pero con suprema habilidad, los comunistas consiguieron desterrar de la costumbre su afinidad con el autoritarismo, y dominaron la perversión del lenguaje. Para ellos, todo el que no sea de izquierdas es un fascista. Todo demócrata que no vote a comunistas o socialistas es un fascista. Todo ciudadano que repruebe la incoherencia de comunistas y socialistas es un fascista. Ignoran que son ellos los nuevos fascistas, es decir, los partidarios de las depuraciones y el abuso de la autoridad.

Pero el mundo ha cambiado, y el marxismo-leninismo se ha convertido en un esnobismo presumiblemente intelectual. A los llamados «representantes de la Cultura» de la izquierda española, sólo les interesa el poder, el dinero y el beneficio personal. Y a todo aquel que los critique o ponga en solfa sus integridades, se le intenta callar o desdeñar desde su fascismo imperante. Muchos de ellos, además, son hijos y nietos de fascistas puros y duros, como Elías Querejeta, Javier Pradera, o el mismo Juan Luis Cebrián, que fue el director de los Servicios Informativos de Televisión Española con Franco en el máximo poder y Carlos Árias Navarro en la Presidencia del Gobierno. Pero son tan hábiles los nuevos fascistas que borran sus biografías y las de los suyos con eficacia pasmosa. Ellos son y han sido siempre «personas decentes de la izquierda».

A los que estuvimos siempre contra el régimen anterior desde posiciones liberales también nos llaman fascistas. El nuevo fascismo está en la dictadura del pensamiento, en la depuración de los disidentes, en la subvención del dinero público y en el esnobismo estalinista. Me temo mucho que Elías Querejeta sea uno de los conductores del nuevo fascismo.

«Como nosotros somos los representantes de la Cultura, el dinero de los españoles tiene la obligación de llegar a nuestros bolsillos para ayudar a los ciudadanos a compartir nuestra sabiduría y nuestros valores».

Afortunadamente son pocos, porque nos quedaríamos con el culo al aire y la mano tendida durante una larga temporada. Pero no tengan duda. Los nuevos fascistas del Cine, de la Canción, de la Dramaturgia, de los espacios culturales amparados por los nacionalismos, que son exponentes máximos del fascismo, se van a llevar nuestro dinero a chorros. No se atreven a arriesgar el suyo. Viven del Estado. Fascismo cultural. Bandarras.

La Cinemacheca
Federico Jiménez Losantos LD 16 Mayo 2004

Después del escandaloso “Informe sobre los medios” del Gobierno Tripartito de Cataluña (socialistas, comunistas y separatistas compitiendo en designios fraternales), nadie puede tomarse a broma episodios como el que al parecer han protagonizado algunos famosos cineastas pidiéndole a la ministra de Cultura, Carmen Calvo, que el Gobierno elimine de los medios de comunicación nacionales a los periodistas incómodos para sus cogitaciones, que además del dinero público que los ciudadanos se niegan a dar libremente en las taquillas, por lo visto necesitan de un silencio crítico absoluto, sepulcral. Nadie debe tomarlo a la ligera porque lo hicieron cuando estaban en el Gobierno de España, porque es público y notorio que piensan hacerlo todavía con mayor intensidad en Cataluña, donde toda censura y corrupción tienen asiento, y que quieren y pueden volver a hacerlo desde Madrid, donde el espíritu de la Checa de Bellas Artes, la checa más atroz de la guerra civil y sin duda más célebre por el protagonismo de los intelectuales comunistas en ella, retoña en estos añejos comisarios empeñados en reconstruir algo así como la Cinemacheca. Una sórdida instancia donde se decidiría el futuro profesional de actores, directores, productores y hasta opinadores o columnistas.

Según denuncia el más pugnaz de los plumíferos liquidables, Alfonso Ussía (los otros dos serían Jon Juaristi e Ignacio Ruiz Quintano), fueron media docena de talentos de la producción y la dirección cinematográficas, encabezados por el patriarca Elías Querejeta, los que tras celebrar la supuesta liquidación de Ussía como columnista de ABC, pidieron a la ministra que lo eche también de La Razón. Entre los más distinguidos en pedir la liquidación de las voces molestas figuraba, cómo no, Fernando Trueba, acaso resentido aún con los USA por haber premiado con un “oscar” una mediocre película suya y cuya penúltima hazaña, antes de la guerra de Irak contra el PP, fue ir a provocar a los manifestantes anticastristas en la Puerta del Sol. Sin embargo, siempre según el aludido, fue el cineasta veterocomunista García Sánchez el que más directamente pidió la eliminación del “fascista de Ussía”, sin que otros directores y productores protestasen ante estos alardes dictatoriales, calcados de los del senador Mc Carthy que estos nostálgicos del Gulag suelen recordar entre subvención y subvención.

Lo malo de este hecho no es que sea cierto, sino que es perfectamente verosímil. Nos gustaría verlo desmentido por los protagonistas que con nombres y apellidos denuncia Ussía y, sobre todo, por esta ministra de Cultura, empeñada en conjugar una incompetencia política casi absoluta con la más sórdida y paleta disposición represiva. Nos gustaría verlo desmentido, aun siendo cierto, porque eso denotaría cierta mala conciencia y un mínimo de rubor al descubrirse estos comportamientos incompatibles con la democracia, no digamos ya con la política de pluralismo y con la “democracia deliberativa” propugnada (y en algunos lances recientes, personalmente demostrada) por Zapatero. Pero el desprecio y el odio por quienes no piensan lo que ella manda es típico, estructural, fatal, definitorio de la Izquierda. Y encaja a la perfección en la trayectoria de este sindicato audiovisual, sectario hasta la náusea, que en los últimos dos años se ha proclamado conciencia moral de todos los ciudadanos españoles para acabar al modo peronista, piquetero y pancartero, con el Gobierno legítimo que esos ciudadanos habían votado por mayoría absoluta. Ahora, dispuestos a cobrar favores a un Gobierno que sólo puede debérselos a las urnas, no sólo pretenden que les paguemos las películas que no queremos ver sino que no leamos a los columnistas que sí queremos leer. Si la ministra de Cultura (y Censura) no reniega de la Cinemacheca, el espectáculo puede comenzar.

Chunta y "Europa de los pueblos"
Editorial Heraldo de Aragón 16 Mayo 2004

EUROPA de los Pueblos es la coalición en la que los aragoneses pueden votar a Chunta Aragonesista (CHA) para el Parlamento Europeo, a la vez que a dos partidos independentistas, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Eusko Alkartasuna (EA), que encabezan la candidatura. Ambos luchan abiertamente contra el Estado de las Autonomías y rechazan la España plural que nació en la Constitución de 1978, a la que consideran país extranjero y opresor. El partido de Carod-Rovira mantiene como principio "irrenunciable" la independencia de una "nación catalana", que incluye el Aragón Oriental, al que llama "Franja de Ponent". Extremos que, según cuándo y dónde, niega diciendo que su nacionalismo es sólo "cultural".

Pero ERC ha anunciado esta misma semana que, en 2014, quiere obtener la "plena soberanía nacional" de Cataluña y constituirla en un Estado libre distinto de España. Por su parte, EA, partido independentista que Garaikoetxea desgajó del PNV, tilda diariamente a España de Estado artificioso y opresor, del que hay que segregar Navarra y el País Vasco. Ése es su discurso constante y fundacional.

La Chunta defenderá con ellos parte del ideario común: la autodeterminación de los "pueblos sin Estado" de España y un Senado europeo donde, sin mayor precisión, estén los "Estados", las "naciones sin Estado", los "pueblos" y las "regiones". Esos fines son legítimos, pero netamente opuestos a uno de los pilares de nuestra democracia constitucional: que la soberanía reside en el conjunto de los españoles y no en una fracción.

CHA y sus socios subrayan lo que hoy les une; pero eluden mencionar el neto independentismo de los dos partidos principales. ERC y EA, con todo derecho, se apropiarán de los votos que reciban en Aragón, tierra que consideran parte de otra nación. Mientras, frente a la insistencia en la Europa de los Pueblos, se difumina la necesidad de una Europa basada en los tangibles y prioritarios derechos del individuo.

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