AGLI

Recortes de Prensa     Martes 25 Mayo 2004
CHOQUE DE CIVILIZACIONES
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 25 Mayo 2004

El talante del que no sabe lo que quiere
EDITORIAL Libertad Digital  25 Mayo 2004

Perros disfrazados
Antonio Casado El Ideal Gallego 25 Mayo 2004

Soberanía para Iraq
Editorial La Razón  25 Mayo 2004

¿FUE LA BODA DE MORATINOS
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 25 Mayo 2004

UNA PUERTA CON DOS LLAVES
Ignacio CAMACHO ABC 25 Mayo 2004

POR AHORA, SIN ACUERDO
Editorial ABC 25 Mayo 2004

Eta no pudo autoinvitarse
Lorenzo Contreras La Razón  25 Mayo 2004

Lo que es preciso hacer
GEES Libertad Digital  25 Mayo 2004

El rapto de Europa
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  25 Mayo 2004

Tiene razón Mariano Rajoy
Pablo Sebastián Estrella Digital 25 Mayo 2004

Los asimétricos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  25 Mayo 2004

Divorcio
JOSEBA ARREGI El Correo  25 Mayo 2004

El sectarismo de la sociedad española
Cartas al Director ABC 25 Mayo 2004

Por pedir... que no quede
ABC 25 Mayo 2004

El español es la primera lengua de las minorías en Estados Unidos
O. B. ABC 25 Mayo 2004

Los grupos cívicos se replantean su papel ante la victoria del PSOE y una ETA inactiva
OLATZ BARRIUSO BILBAO El Correo 25 Mayo 2004

 

CHOQUE DE CIVILIZACIONES
Por FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS de las Reales Academias Española y de la Historia ABC 25 Mayo 2004

CUENTA Demóstenes cómo, cada vez que Filipo daba un zarpazo a una ciudad amiga de Atenas, las tropas atenienses acudían allí un poco tarde, como el boxeador que, golpeado, se lleva la mano al miembro herido. Fuera de esto, poco hacían: Filipo tenía amigos que blanqueaban su imagen en la Asamblea y los atenienses preferían cerrar los ojos. Pregonaban en público sus inacciones, mientras Filipo preparaba en secreto sus golpes. A las pequeñas guerras limitadas, enviaban mercenarios. Y a Demóstenes le trataban de exagerado y belicista. Reaccionaron ya tarde: Filipo se los merendó.

¿Les recuerda esto alguna cosa?

Claro que existe el «choque de civilizaciones»: entre la nuestra, que es hoy ya la del mundo entero, y una parte de la islámica: el terrorismo.

En el siglo VII los musulmanes invadieron a griegos, romanos, godos, judíos, iranios, indios. Los consideraban decadentes, como ahora a nosotros. Traían una cultura cerrada y dogmática, una teocracia de guerreros que, si morían, iban al paraíso.

Ciertamente, las religiones que encontraron, el Cristianismo en primer término, eran igual de dogmáticas y rígidas. Sus fieles no temían, ellos tampoco, el martirio. Pero hubo un larguísimo proceso por el cual, a través del influjo de griegos y romanos, del Humanismo y de movimientos igualitarios, liberales y sociales, hemos llegado a nuestro hoy. Nuestra civilización ha absorbido a pueblos y razas diferentes, desde los germanos, celtas y eslavos. Ha creado un modelo de sociedad, de vida y de política que se extiende por el planeta. También por el mundo musulmán. Pero aquí viene la segunda parte de esta historia.

Cierto que nuestro modelo a veces provoca rechazos. Nosotros mismos podemos sentir desconcierto, añorar el pasado. Pero son los musulmanes los que, hablo abreviando mucho, han rechazado por dos veces este modelo. No todos, ciertamente.

Los califas ilustrados de Damasco, de Bagdad y de Córdoba, entre los siglos VIII y X, trataron de helenizar el Islam. Una pléyade de sabios trató de conciliarlo con Platón y Aristóteles, como en Occidente se trató de conciliar a éstos con el Cristianismo. Profundizaron las rutas de las Ciencias griegas. Pero pronto se impuso la intolerancia de los fanáticos venidos del desierto.

Y luego, desde el siglo XIX, el contacto con los pueblos de Europa creó en el mundo islámico una vasta capa de población occidentalizada. Sigue siendo importante y amplia. Ha logrado la independencia y quiere paz y prosperidad, trata de hacerlas compatibles con su religión.

Europa había reaccionado ante las invasiones con la Reconquista, las Cruzadas, el colonialismo. Esto quedaba ahora lejos, la sociedad islámica trataba de recoger los frutos que eran positivos. Pero hubo, hay, un sector que no acepta ese empuje fáustico de nuestras sociedades: el igualitarismo, el laicismo, la libertad de ideas, la globalización. A veces también a nosotros nos asusta. Pero buscamos acuerdos, no estrellamos aviones ni hacemos explotar mochilas.

Esta es la cuestión. Todos los grandes movimientos que han conquistado el mundo son obra de pequeñas minorías fanáticas. Cierto que arropadas de un modo u otro por sectores más vastos. Son los iluminados que son ya mártires, ya asesinos, ya las dos cosas. Sin mover un músculo de la cara. Me bastaría un pequeño repaso a la historia para hacerlo ver.

Ahora en el mundo musulmán el fanatismo original revive. ¿Qué es un fanático o un fundamentalista, si quieren? Alguien que cree poseer la verdad absoluta, sin condiciones, y que no acepta someterla a los votos o los consensos o las leyes. Este es el clash, el choque de civilizaciones.

Ante ese enemigo oscuro, imprevisible, implacable, Occidente está en mala posición. Rehuye las armas, ni siquiera le gustan los ejércitos profesionales, apenas produce mártires. Y si hay alguien que olvida los deberes de humanidad, esto, sabiamente explotado, se vuelve a favor del enemigo. ¡Somos iguales todos!, proclaman. Falso: existe entre ellos y nosotros un foso profundo.

Pero hay las divisiones y hay quienes aprovechan la situación para intereses personales o de partido o de nación. Somos un todo, con los errores que unos y otros tengamos: no lo ven. Domina la blandura, el creer que ya pasará todo, que son hechos aislados. ¡Paz, paz! gritan y suena, a veces, a pura capitulación. Como cuando la pedían en Atenas frente a Filipo.

Frente a un mundo insensible ante la sangre, aquí cualquier riesgo produce miedo. Manera segura de atraerse un peligro mayor, Churchill bien lo proclamó.

Pero hay el gran arte de la propaganda: consiste en poner en foco lo que se quiere, cambiar las proporciones, repartir a su gusto las cartelas de lo justo y lo injusto, olvidar cosas y contextos, poner otras a una luz falsa. Sacar, incluso, de hechos verdaderos, falsedades. En un momento dado, en España, parecía que el GAL y no ETA eran el centro del problema; cuando la guerra del Vietnam, los estudiantes que no querían ir a ella más un conglomerado de intereses que al final derribó al Presidente y ganó las elecciones, hicieron que la causa enemiga pareciera la justa y moral. Y la propia la injusta. Aprovecharon, claro, incidentes penosos y metieron la guerra en las salas de estar con ayuda de la televisión. EE.UU. hubo de retirarse.

Cuando miramos hoy en derredor encontramos un panorama no disímil. Ha habido, hay, una «tragedia de errores». Sadam Husein era el autor de dos guerras y de millones de muertos y era justo deponerlo. Él y los terroristas eran, para nosotros, un todo. Pero se empezó tarde - Bush padre perdió la gran ocasión- y con falsas ilusiones: fue imposible alcanzar una unidad, se oponían los altivos nacionalismos europeos y todo el pacifismo militante. EE.UU. acudió a pretextos absurdos como el de unas armas de destrucción masiva que no existían ya. Y creía que, ante la oferta de una democracia, los iraquíes iban a bailar de gozo. Gran desconocimiento.

Y siguió la acción de los fanáticos: segundo acto tras el 11 de Septiembre. Atocha, asesinatos infinitos. Sangre para las televisiones, vía segura para desarmar a un pueblo occidental. Para los más, vino un olvido colectivo. Un suceso de verdad lamentable, el de las famosas fotos (¿quién las hizo y filtró?) se convirtió en el centro del problema. Todos gritaban: somos igual de perversos, saquemos las manos de Irak, EE.UU. es el ocupante, los iraquíes (los fanáticos) tienen razón. Aceptemos la humillación y la derrota.

Entre tanto, España abandonaba tras un cambio de gobierno (jamás se había visto cosa igual). Italianos y polacos eran acosados. La prensa americana arremetía contra todo lo que le era sagrado, al final contra su Presidente. ¿Acabará todo como en el Vietnam? ¡Qué locura! ¡Los terroristas han hecho olvidar que son ellos los que iniciaron «las manos injustas» de que hablaba Heródoto!

Sin duda Bush ha cometido errores, las cosas eran más difíciles de lo que pensaba: unas bandas de fanáticos, que son marginales en la sociedad musulmana, nos tratan de tú a tú, son más fuertes. ¡Filipo frente a los demócratas de Atenas! Una propaganda insensata convierte a los fanáticos, casi, en «los buenos». ¿Masoquismo? ¿Cobardía? ¿Deseo de hacernos ver que los medios son el verdadero poder? ¿Intereses? Y sentimos debilidad y temor siendo, como somos, infinitamente más e infinitamente más libres.

Por muchos errores que unos y otros hayan cometido (también Aznar, que creyó contar con un país con el que no contaba y creyó en una fácil, ilusoria victoria), por muchos celos y ambiciones e inconsciencias que siga habiendo, todos somos unos. Y en el choque de civilizaciones tenemos razón, aunque tal o cual suceso nos abrume. Y Occidente sigue siendo la línea maestra de la historia. Y EE.UU. es lo que nos queda para defendernos.

El "talante" del que no sabe lo que quiere
EDITORIAL Libertad Digital  25 Mayo 2004

Si Rajoy, ya en el Debate de Investidura y con la ironía que le caracteriza, advirtió a Zapatero que el “talante” había que conciliarlo con el “talento”, tras la entrevista que ambos dirigentes han mantenido este lunes, se ha constatado, no ya la falta de talento, si no la de la simple concreción de cara a lo que el presidente de Gobierno pretende reformar de la Constitución, de los Estatutos o de la financiación autonómica.

Como el secretario general del PP ha destacado con “sorpresa gallega”, no hay por parte del presidente del Gobierno "ni propuestas ni contenidos; no hay nada, estamos exactamente en la misma posición que tras el debate de investidura, sólo disposición a cambiar".

La verdad es que Rajoy no sólo ha querido —y logrado— coger a Zapatero con el pie cambiado en cuestiones de forma — la iniciativa de este entrevista ha sido del dirigente popular—, sino también en cuestiones de fondo: El líder de la oposición no se ha limitado a subrayar la falta de objetivos de la reforma por parte del Gobierno socialista, sino que ha adelantado el marco en el que el partido popular está dispuesto a negociar su imprescindible apoyo: Rajoy ha planteado cinco condiciones que debería cumplir cualquier reforma estatutaria: que tenga "perspectiva global"; que se realice "por consenso"; que cuente con el "doble acuerdo" de las Cortes y los Parlamentos autonómicos, y del Gobierno y la oposición; que preserve la solidaridad entre regiones, y que no introduzca "asimetrías".

Algunos podrán decir que estas condiciones vienen a ser simplemente las que establece nuestra Carta Magna para declarar constitucional cualquier reforma estatutaria. Pero objetar eso, sería olvidar que no es el PP, sino el Gobierno socialista, el que tiene la iniciativa de llevarlas a cabo y, por tanto, es el Gobierno el obligado a concretar para qué quiere el consenso del PP.

Sobre la reforma de la Constitución, Rajoy ha planteado que su partido "no tiene problemas" con que se incluyan los nombres de las Comunidades Autónomas, la referencia a la Constitución europea o los cambios sobre la sucesión de la Corona. Por contra, el PP considera que el Título VIII "no requiere ninguna reforma en el momento presente" y desconoce los cambios que se quieren introducir en el Senado.

Sobre el modelo de financiación autonómica, Rajoy ha planteado en esta misma línea que cualquier reforma que se quiera introducir debe ser acordada por el Consejo de Política Fiscal y Financiera "con el mismo grado de acuerdo" que el modelo vigente. Además, no debe "deteriorar" el equilibrio en las cuentas públicas del Estado, desatender las obligaciones del Estado, ni "disminuir la solidaridad interterritorial", y debe resolver "en paralelo" la financiación local.

Queda, pues, esperar a que el PSOE se aclare de una vez y nos diga qué pretende hacer. Y no nos referimos a ver cómo se ponen de acuerdo con sus socios independentistas de gobierno, sino también a las propias filas socialistas. Una victoria tan inesperada como la lograda por el PSOE tres días después del 11-M, puede encubrir las muchas discrepancias internas que ya se hicieron evidentes antes de las elecciones, pero solo temporalmente. Y si no, que se lo pregunten a Ibarra...

Perros disfrazados
Antonio Casado El Ideal Gallego 25 Mayo 2004

Hace tres o cuatro años, la reacción legal del sistema contra quien aspira a desbordarlo, en nombre de un objetivo segregacionista, hubiera sido piedra de escándalo entre quienes, de mejor o peor buena fe, y no necesariamente partidos nacionalistas, dicen actuar en nombre de los valores democráticos.

A estas alturas de la película, por suerte, la paralización de una candidatura vinculada al nacionalismo radical, pero también a una organización terrorista, está pasando bastante inadvertida en los medios de comunicación. El trámite sigue su curso. A estas horas del martes ya habrán presentado sus alegaciones la Abogacía del Estado y la Fiscalía General al recurso de HZ ante el Constitucional por la reciente decisión del Supremo que impide a esa agrupación de electores su presentación a los comicios europeos.

A última hora de mañana o a primera del jueves conoceremos el fallo definitivo del Constitucional. Como se ha reproducido la secuencia prácticamente en los mismos términos que en las pasadas elecciones autonómicas, pues los supuestos de impugnación siguen siendo los mismos (Batasuna, partido ilegalizado, pero con otro nombre), lo normal es que el Constitucional refrende la argumentación del Supremo. En consecuencia, HZ no podrá concurrir a las elecciones europeas del mes que viene.

Así ha de ser en aplicación de la Ley de Partidos y la Ley Electoral (modificada en su artículo 44), que además coincide con la voluntad política compartida del Gobierno, el PSOE y el PP. Esa voluntad de las dos grandes fuerzas políticas en las que se asienta el funcionamiento de la democracia es la de impedir que el brazo político de una organización terrorista juegue en igualdad de condiciones que los partidos respetuosos con la legalidad.

Segundo ataque de contrariedad del nacionalismo gobernante después de haber saludado la llegada de los socialistas al Gobierno. El primero fue la negativa de Zapatero, y del PSE, a dialogar sobre el plan Ibarretxe. Ahora los dirigentes del PNV vuelven a poner el grito en el cielo, como si la más que probable anulación de la candidatura de HZ por el Constitucional fuese un intolerable atentado a los derechos ciudadanos y no la lógica reacción del Estado frente a los mismos perros con distinto collar. Perros disfrazados que ya no engañan a nadie. El talante, la sonrisa, la mano tendida del nuevo Gobierno quedan muy bien. Pero las rayas rojas, que son esencialmente las mismas que para el desalojado Gobierno del PP, siguen estando donde estaban.

Soberanía para Iraq
Editorial La Razón  25 Mayo 2004

La violencia desatada en las últimas 48 horas en Iraq, con atentados en la norteña Mosul, bombas en el centro de Bagdad y batallas callejeras contra los milicianos de Al Sadér en los suburbios de la capital y en la ciudad de Faluya, hace difícil creer que, el próximo 30 de junio, el nuevo Gobierno iraquí ejercerá una soberanía plena sobre el país. Eso es, la devolución de la soberanía a los iraquíes, así como mantener durante al menos un año las fuerzas multinacionales, lo que pretende el proyecto de nueva resolución sobre Iraq que deberá votar ahora el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas.

El día primero de julio, si es que se aprueba el texto, habrá dejado de existir la llamada «Autoridad Provisional de la Coalición» y el nuevo Ejecutivo de Bagdad, que deberá preparar las primeras elecciones libres a finales de año, asumirá el control de las Fuerzas de Seguridad y del Ejército. También será responsable de los acuerdos económicos, de las negociaciones para la reducción de la deuda y dispondrá del dinero del programa de «Petróleo por alimentos».

La fuerza multinacional, por su parte, y en el año que deberá permanecer en Iraq, podrá tomar las medidas que considere oportunas para hacer cumplir el mandato de la ONU y garantizar que los iraquíes puedan aplicar el programa de reconstrucción y de restauración de la plena soberanía, libremente y sin intimidación. Lo que significa que, sin duda, la ONU da cobertura a la Coalición liderada por Bush. Nada se dice en concreto del mando militar que, si bien técnicamente actúa bajo la ONU, será en realidad EE UU, que aporta el grueso de las tropas, quien conserve el mando real.

La resolución pone de actualidad las promesas electorales del PSOE y lo que exigió en su momento José Luis Rodríguez Zapatero para no retirar las tropas españolas en Iraq. Precisamente cuando los últimos soldados ya han regresado a España, la ONU se muestra capaz de adoptar un mandato como el que se pedía y, además, lo hace mucho antes de culminar el plazo que el propio Zapatero había marcado como límite, antes de decidirse, por sorpresa, a acelerar el regreso de nuestros militares.

¿FUE LA BODA DE MORATINOS?
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 25 Mayo 2004

LA boda del Príncipe ha pagado el precio de la política exterior de Zapatero y Moratinos. Lo comenté el domingo. Una vez más desde un gobierno se fomenta la propensión de los españoles al ensimismamiento, al repliegue, a la insolidaridad. En esta ocasión se ha utilizado como coartada la paz en el exterior mientras se excitaba en el interior el clima guerracivilista.

Es posible que la ausencia de tantos gobiernos en la boda del Príncipe sirva para que se haga un poco de luz en las cabezas de muchos españoles en relación con nuestra situación diplomática. En primer lugar, deberíamos pensar hasta qué punto es temerario cambiar de política exterior por la simple alternancia en el poder y, de modo muy especial, cuando existen compromisos de guerra. Pagaremos caro el abandono de nuestros aliados y de la vidas de los soldados de éstos y el desinterés por el futuro de Irak. Bush, Blair y Berlusconi eran, más que amigos de Aznar, jefes de Gobierno de países aliados y los hemos dejado -los españoles, nuestro Estado- abandonados. Al primero en dificultades electorales; al segundo, en desgarro partidario, y al tercero, con la amenaza de los ataúdes.

Se me dirá que esto explica tan sólo la ausencia de Estados Unidos, Gran Bretaña e Italia. Como si eso fuera poca cosa. Chirac ha enviado a su mujer y Schröder se ha justificado con el jefe del Estado porque la ancilaridad no es menos vergonzosa que la insolidaridad. Alemanes y franceses podrán aproximarse a EE.UU. antes que España. Y a cuenta de España.

LA boda del Príncipe debe servirnos como lección. A partir de la humillación diplomática del sábado se podrá entender mejor el diseño de política exterior que hizo José María Aznar, digno de un país que ya es mucho más que el promontorio del que hablaba Ortega, que ha dejado de ser excepción en ciencia e ilustración y que se cuenta ya entre los primeros... La foto de las Azores volverá a ser el referente de una política que no pudo ser por culpa de los que se empeñan de tironear de la Nación hacia abajo. Toda la política exterior que fue avanzando Aznar desde su entendimiento con Blair, ya en su primera legislatura, y que culminó en el texto que propuso con éste y que fue firmado por ocho jefes de Estado y de Gobierno europeos en vísperas de la intervención de Irak, y al que seguiría otro firmado por diecinueve... ha sido el intento más serio, más audaz y más imaginativo que ha tenido nunca España en política exterior. No es lo malo que ladraran por ello sino que hemos dejado de cabalgar. Esa tarea la echaron abajo los autores del atentado del 11 de Marzo y eso permitió que Sancho Panza montara en su rucio.

SERÍA aventurado entrar en el análisis de las razones que han llevado a muchos Gobiernos hispanos y en general iberoamericanos a no acudir a la catedral de la Almudena, pero podemos partir de la experiencia histórica: si los movimientos independentistas comenzaron en contra del secuestro de la Nación española, ahora tampoco querrán compartir mesa con donjulianes y afrancesados.

Yo espero que si todo esto ha quedado escandalosamente explícito en la boda de Don Felipe y Doña Letizia, sea entendido también por los equipos políticos y diplomáticos que trabajan en la Casa Real y que han tenido, quizá, demasiadas dudas, durante estos últimos tiempos, en relación con la política exterior que han estado llevado a cabo los gobiernos de Aznar.

UNA PUERTA CON DOS LLAVES
Por Ignacio CAMACHO ABC 25 Mayo 2004

ANTES de las elecciones, cuando la perspectiva de la derrota socialista era una hipótesis más que razonable y José Bono afilaba en Toledo el cuchillo de la revancha, el hoy engolado ministro de Defensa decía a quien le quería escuchar que él no había oído a nadie por la calle pedirle una Agencia Tributaria para la autonomía castellano-manchega. «Me piden empleo, vivienda, seguridad, pero no me piden agencias tributarias ni reformas de Estatuto», manifestaba con venenosa lucidez frente al menú autonómico que ofrecía Rodríguez Zapatero en la precampaña. Hoy, consumado el vuelco electoral y con ZP instalado en una Presidencia eufórica, aquellas razonables palabras han pasado a un discreto olvido mientras el Gobierno del que Bono forma parte otorga prioridad política a la reforma a la carta del marco constitucional y estatutario.

Empero, el argumento sigue siendo válido. Los ciudadanos españoles no parecen situar entre sus problemas más perentorios la redacción de diecisiete nuevos estatutos de autonomía. Salvo en el País Vasco, por razones simbólicas -en la práctica Euskadi dispone de un autogobierno casi federal-, y en Cataluña por motivos económicos, la preocupación por un nuevo modelo territorial es un asunto perfectamente marginal y prescindible. Tampoco puede decirse que exista un clamor popular en demanda de la reforma de la Constitución: la igualdad hombre-mujer en la línea sucesoria de la Corona puede esperar una generación, y el Senado lleva dos décadas y media funcionando con inoperancia tan absoluta como inocua.

La única urgencia de este envite en la agenda política viene determinada por las alianzas que ha suscrito el presidente Zapatero para llegar al poder de la mano de los nacionalistas, que creen llegada la hora y, sobre todo, la coyuntura de redibujar a su gusto el mapa del Estado para acabar con la simetría regional diseñada en el modelo del 78 y cerrada con el pacto autonómico de 1992. Y por esa razón son los nacionalistas los únicos que tienen clara la dirección de esta nueva etapa. Su brújula es muy sencilla: más para ellos, menos para los demás. Frente al «café para todos» de la transición, café bien cargado para unos y descafeinado para el resto.

Ante ese envite diáfano, Zapatero carece de un modelo concreto. Lo que digan los Parlamentos regionales, le vino a decir ayer a Mariano Rajoy. Con la Constitución como frontera, faltaría más. ¿Y en qué se diferencia eso de lo que existe ahora mismo? ¿Queda mucho margen en la Constitución para avanzar en la autonomía vasca o catalana? Porque no parece que el problema sea el techo competencial de las Comunidades de Murcia o La Rioja...

Con la Constitución como frontera, el margen es tan estrecho que no justifica la prioridad política. Con esta Constitución, claro. Porque si se abren al mismo tiempo los dos melones, el constitucional y el autonómico, a ver quién va a impedir a los voraces nacionalistas servirse de uno y de otro. Lo podría evitar un consenso entre los dos grandes partidos, PSOE y PP, pero Zapatero tendrá que conciliar los intereses de Estado con su propia estabilidad parlamentaria, y ocurre que el Partido Popular es su adversario, mientras los nacionalistas son sus aliados. Complicada tesitura para abordarla sin un modelo previo.

Lo que pretende Zapatero es abrir una puerta de dos hojas, cada una de las cuales tiene una llave distinta que está en diferentes manos. Esa puerta es fácil de abrir y difícil, muy difícil, de cerrar. Y mientras permanezca abierta se estará escapando el calor de dos décadas largas de cohesión nacional.     icamacho@abc.es

POR AHORA, SIN ACUERDO
Editorial ABC 25 Mayo 2004

LA primera reunión de Rodríguez Zapatero con Mariano Rajoy, que ayer tuvo lugar en el Palacio de la Moncloa, inaugura el nuevo estilo que el presidente del Gobierno anunció para sus relaciones con la oposición. En medio de tanta contradicción entre ministros y tanta rectificación urgente, el cumplimiento del compromiso electoral por Rodríguez Zapatero debe ser puesto debidamente en valor, porque sí puede ser una contribución sustancial para crear un nuevo clima político, sin tener que rebajar el nivel de las diferencias ni la firmeza de las posiciones. Zapatero dijo que se reuniría con Rajoy en cuanto éste se lo pidiera y lo ha hecho puntualmente. Además, falta hará que se reúnan a menudo (lo previsto son dos veces al año) porque las ofertas recíprocas de diálogo y acuerdo no han cuajado en este primer asalto, a pesar de que están sobre la mesa reformas constitucionales y estatutarias. Zapatero ha de hacer de la necesidad virtud porque sin el PP no se puede tocar una coma de la Constitución y Rajoy tiene la responsabilidad de hacer oír a sus casi diez millones de votantes en un proceso de confrontación política con propuestas que pueden afectar al núcleo del consenso constitucional.

Las diferencias reconocidas por ambos líderes al término de la reunión no son menores, porque afectan a prioridades y métodos. En la discusión, el PP apuesta por situar a las instituciones centrales del Estado -el Gobierno y el Parlamento- al frente de cualquier iniciativa. Dejarlas a la espera de que, como pretende Zapatero, las asambleas autonómicas hagan sus propuestas de reformas estatutarias puede ser una actitud de respeto meramente burocrático por el procedimiento, pero políticamente no es lo más aconsejable. En el PP y el PSOE están concentrados el 78 por ciento del electorado y cerca del 90 por ciento del Congreso de los Diputados. Semejante control del devenir de cualquier proyecto de reforma estatutaria debe concretarse anticipadamente en lo que, con sentido común, pide Rajoy: contenidos, límites y plazos. La vaporosa apelación a la Constitución, mensaje monocorde de Zapatero, no es, en las actuales circunstancias, una garantía que no precise de mayor concreción, precisamente por parte de un partido que no puede presentar una voz homogénea sobre los límites constitucionales al modelo territorial del Estado.

En el PSOE conviven el centralismo, el autonomismo y el federalismo -con últimas tendencias confederales-, y todos sus partidarios dicen moverse dentro de la Constitución. Así es difícil que Zapatero tranquilice las futuras tensiones de las reformas estatutarias con la simple invocación de la Carta Magna, pues, realmente, en su partido es complicado saber a qué se está refiriendo. El PP poco tiene que hacer ahora distinto de recordarle a Zapatero que el Estado no es lo queda después de que las Comunidades Autónomas se hayan servido y eso exige comprometer al Gobierno socialista en una mayor precisión de sus objetivos y de sus criterios de actuación. El método de la ambigüedad no es rentable, ni siquiera para buscar pareja en el Parlamento, pues sería ilusorio que el Gobierno y el PSOE pensaran en aliados asimétricos para cada reforma, unos para retocar la Constitución, y otros, para modificaciones estatutarias y aprobación de leyes orgánicas, para las que no es necesario el concurso del PP. Los socialistas no deberían intentar ninguna aventura constitucional -aunque no implique la reforma de la Constitución- sin buscar y alcanzar el acuerdo del PP, porque todo es cuestión de Estado, consenso fundamental para el sistema político, y la satisfacción de grupos nacionalistas minoritarios -en el conjunto nacional- o de facciones federalistas del PSOE no compensaría la ruptura política con el primer partido de la oposición.

Eta no pudo autoinvitarse
Lorenzo Contreras La Razón  25 Mayo 2004

ETA se ha resignado mal ¬o sea, no se ha resignado¬ a ser excluida de la boda del siglo. La banda terrorista siempre se autoinvitó a las grandes celebraciones. A su manera pero se autoinvitó. Estuvo presente, de un modo o de otro, pero siempre con ruido, con sustancia política.

No hace falta decir que la boda por antonomasia era más golosa para ETA que todas las maravillas de la repostería monumental. De ahí que uno de los grandes éxitos del acontecimiento nupcial haya sido el sistema de seguridad creado.

El nuevo ministro del Interior, completamente novicio en la materia, ha podido vanagloriarse de ello sin otra aportación que aprovechar lo que otros, antes que él, habían previsto. La seguridad, por tanto, estaba en marcha y todos los resortes y requisitos figuraban, perfectamente orquestados, en el manual de instrucciones.
De paso, el alcalde de Madrid se anotaba, con razón o sin ella, un mérito especial. Madrid ha dado ejemplo al mundo de que la seguridad, cuando de verdad importa, no tiene secretos para sus autoridades. Otra cosa son los trenes de cercanías, cuyos itinerarios ya no están en el ámbito de sus competencias directas. Sí, por ejemplo, el transporte urbano, con el metro en primerísimo término. Todo lo cual significa que, con vistas a la candidatura para la gran solemnidad deportiva del año 2012, Madrid, también conocida como capital de España, ha hecho una importante oferta al mundo olímpico.

El caso es que ETA no se ha podido colocar en el censo de participantes del día 22. Y es de temer que intente tomarse la revancha. Ya ha formulado su aviso como predeclaración de sangre. Hasta el PNV queda advertido. Dada la circunstancia de que Herritarren Zerrenda ha sido apartada, por decisión del Supremo, de las elecciones europeas (13 de junio), la banda terrorista da a entender que prepara su tarjeta de visita. ¿Qué mejor ocasión venidera? Eso significaría trabajo extra para Defensa e Interior, con Bono y Alonso repartiéndose la vigilancia.

Lo de Alonso no deja de ser curioso. Sabido es que el nuevo ministro de Interior, cuando era miembro en activo de la carrera judicial, se opuso desde el Consejo General correspondiente a los contenidos precisos de la Ley de Partidos Políticos, que es la normativa aplicada contra la existencia legal de Batasuna y ahora contra su prolongación trucada a través de HZ. Este hombre, Alonso, sufre en su currículum y en su trayectoria la traición del tiempo. En su época de Justicia Democrática (JD) llevaba fama de mirar con simpatía ciertas atenuaciones de rigores legales aplicados a la represión de algunas costumbres humeantes.

Irak
Lo que es preciso hacer
GEES Libertad Digital  25 Mayo 2004

El Gobierno americano parece haber llegado a una importante decisión: o forma y desarrolla una clara estrategia de victoria en Irak o la simple gestión del día a día se le puede volver en contra. Hay demasiada gente, dentro y fuera de Irak, que desea vehemente que Bush y Norteamérica fracasen allí. El propio presidente Bush comenzará esta misma noche la primera de una serie de intervenciones públicas donde la Administración republicana piensa elaborar y defender sus posiciones. Ya era tiempo, pues en las última semanas la política americana en Irak se movía entre la confusión y el retraimiento.

Efectivamente, desde finales de febrero, la actividad de los autodenominados rejectionists, esto es, los remanentes del régimen de Sadam, en paralelo a las milicias de Al Sader y a los terroristas vinculados a Al Qaeda, no ha dejado de hacerse más patente y, sobre todo, atrevida. La muerte y posterior brutal exhibición de los cadáveres de cuatro americanos en Faluya desató una reacción de las tropas estadounidenses que, sorprendentemente, nunca llegó a consumarse. Al contrario: tras cuatro semanas de cerco de la ciudad se quiso resolver la crisis con un general de las filas sunníes de Sadam, opción que no condujo a nada, más que a su destitución en menos de 48 horas, y, finalmente, al diálogo con los líderes de la ciudad para encontrar una salida pacífica. Cualquier cosa antes que causar un baño de sangre en la población iraquí.

La intención era loable, pero el resultado no ha podido ser peor. Aunque ya no se combate abiertamente en Faluya, tampoco se ha capturado a los autores de la matanza ni, aún peor, la ciudad ha dejado de servir de enclave para los terroristas. Nadie ha entregado sus armas a las tropas de la coalición. Es más, de esa actuación táctica de los americanos, la lectura que los insurgentes han sacado no puede ser más negativa: los EE UU no están dispuestos a todo por Irak. Y ese es un mensaje equivocado y peligroso.

El presidente Bush va a anunciar que un fracaso en Irak no entra en sus planes y que su compromiso con un Irak democrático no está en juego. Pero necesita algo más. Es necesaria una estrategia clara de victoria y esa estrategia debe construirse sobre victorias tácticas en el terreno. Ben Laden dijo en una ocasión que a cualquiera que se le preguntase elegiría el caballo fuerte sobre el débil. Ha llegado el momento de que los estados Unidos dejen de contemporizar con las facciones iraquíes, con los regímenes del Golfo, con los gobiernos de la Vieja Europa y con la opinión pública contraria a la intervención y hagan lo que tienen que hacer, una acción militar decisiva que acabe con los insurgentes. O que muestre a todos que ponen todos los medios militares a su alcance para lograrlo. Sólo así, con golpes estratégicos contra los terroristas, las milicias de Al Sader y los sunníes pro Sadam será posible hacer realidad el calendario de transferencia de soberanía al pueblo iraquí y, en su día, unas elecciones libres. Hoy eso no es posible más que sobre el papel por culpa de la inseguridad. Y sólo la fuerza de los americanos, debidamente aplicada, sin conmiseración, puede acabar con ella. Sólo desde la paz América podrá preocuparse de caer bien a unos y otros y hacer amigos en el país, en la región y en el resto del mundo. Desde la debilidad y el titubeo sólo encontrará falsas promesas y montones de enemigos.    GEES: Grupo de Estudios Estratégicos

Moore, palma de oro
El rapto de Europa
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  25 Mayo 2004

En Cannes nunca hubiera triunfado una película dedicada a denunciar las estrechas relaciones entre Sadam y Chirac, que a fin de cuentas estaba más cerca que Bush de los entusiastas que aplaudieron a rabiar el producto del nuevo apóstol de la izquierda. En París, donde lleva la esposa de Arafat una vida de lujo con el dinero que le regalamos los europeos al líder de las brigadas de los mártires de Al Aqsa. El París que gusta de acoger a tiranos comeniños del África. El París donde aprobaba las ejecuciones de los miembros del FLN argelino el entonces ministro de Justicia Mitterrand, el mismo que, siendo presidente, decidió la muerte de varios activistas de Greenpeace. El París donde se arrojaba de noche al Sena a los magrebíes que cazaban los gendarmes. Tierra de libertad.

Los que se dejaron las manos aplaudiendo el documental de Michael Moore representan, mal que nos pese, a la opinión pública europea, o al menos a la parte que más se oye. Es una lástima que la Europa de la abundancia, que se cree estupenda porque tiene en casa cubos de basura de varios colores y compra ladrillos de Saramago, no disponga ahora mismo de más imágenes del horror que las de las soldados americanas vejando cadáveres e inertes cuerpos desnudos de encapuchados. EEUU haría bien en sacar a la luz de una vez la sangre del 11-S. El mundo tiene derecho a ver –también– los cadáveres de Nueva York, la carne quemada, los miembros mutilados. Y las amputaciones de iraquíes a las que se refiere el extraordinario artículo de Daniel Henninger. Pero que sea en las portadas de los diarios, en los informativos de televisión del mediodía.

No creo que Sadam, responsable del exterminio de pueblos indefensos y de incontables torturas y asesinatos, en muchos casos con sus propias manos, haya dejado muchas fotografías de las sesiones del horror. Pintores hiperrealistas deberían recrearlas. Esta Europa que consagra sus escasas energías vitales a abominar de sí misma está perdiendo el sentido de la realidad y ha llegado a creer que, odiada y amenazada por tantos, no sólo no necesita defenderse sino que debe autoinculparse. Entregados a cualquier lógica siempre que ataque nuestros intereses, huérfanos de conocimientos históricos, respondemos ya sólo a las fotografías.

Las atrocidades propias sólo las juzgan y castigan los sistema democráticos, de acuerdo con los valores que defiende la coalición que acabamos de abandonar. En el Irak de Sadam y en el Afganistán de los talibanes, los dos regímenes que Bush decidió derrocar tras el 11-S, se torturaba y asesinaba sin tregua. Sin opinión pública, sin fotos, y sin el rechazo de la gente guapa de Cannes. Y sin ninguna posibilidad de juicio y de castigo.

Tiene razón Mariano Rajoy
Pablo Sebastián Estrella Digital 25 Mayo 2004

Tiene razón el líder de la oposición, Mariano Rajoy, cuando subraya los riesgos de abrir el “melón constitucional” a expensas de lo que decidan los parlamentos autonómicos (o algunos de ellos) para condicionar el texto de la reforma de la Constitución a las pretensiones de autogobierno o soberanía de algunas cámaras autonómicas como la vasca o la catalana.

Ya lo advirtió Rajoy en el debate de investidura de José Luis Rodríguez Zapatero cuando le recordó al presidente del Gobierno los riesgos de comprometer una reforma constitucional sin tener de antemano los apoyos políticos necesarios para ello. Y se lo ha vuelto a repetir en el día de ayer cuando el presidente le insistió en su deseo de abordar la reforma constitucional en lo que al Senado, los estatutos de autonomía y el derecho sucesorio de las mujeres a la Corona se refiere.

La posición del PP, cuya potencia parlamentaria es imprescindible para la reforma de la Carta Magna, es conocida de antemano: no consideran oportuna la reforma constitucional, ni de los estatutos y su sistema de financiación, ni ven urgente la revisión de las normas sucesorias de la Corona. Sin embargo, el PP se muestra propicio a abrir un debate de todo ello a la espera de saber cuál sería el definitivo alcance de las reformas e invita al Gobierno a definir previamente el marco constitucional que ha de dar paso a los nuevos estatutos, en vez de ser éstos los que pretendan condicionar la anunciada reforma de la Constitución.

En respuesta a todo ello, Zapatero habla de una operación simultánea y para ello pretende buscar el consenso de los nacionalistas y del PP antes de dar pasos mayores. Pero el problema del jefe del Gobierno está en sus compromisos preelectorales, en los que incluyó su apoyo a la reforma del Estatuto de Cataluña que apruebe el Parlamento catalán, sin conocer previamente el alcance de dicha reforma. Y ahí está el meollo de la cuestión, porque es sabido que tanto ERC, desde dentro del Gobierno de la Generalitat, como el PSC de Maragall y CiU desde la oposición, intentarán las más altas cotas de autogobierno, camino de la soberanía. Y le va a ser muy difícil a Zapatero cuadrar el círculo de sus compromisos en el territorio catalán con la oposición inicial del PP.

A sabiendas de que en el País Vasco la situación es aún mucho más difícil y complicada por cuanto los nacionalistas han puesto mucho más alto el listón de sus reivindicaciones en pos de una cosoberanía entre el País Vasco y el Estado español, algo hoy difícil de imaginar. Lo que no cuenta ni con el suficiente apoyo social ni político, como podría ser el caso de la reforma catalana.

Apoyos que sí pueden ser reales en Cataluña, aunque si el PSC catalán sigue la ruta y el ritmo de ERC y CiU, el gran acuerdo político y social de Cataluña podrá acabar chocando con el PP. E incluso con la dirección central del PSOE, abriendo paso a una profunda crisis tanto política como institucional. La que Zapatero quiere evitar por su bien, por el de su partido y en pos de un nuevo marco estable institucional.

Conseguir un acuerdo razonable en Cataluña y aceptable por el PP es el objetivo de Zapatero, un empeño difícil de alcanzar que serviría de marco y de techo a otras reivindicaciones autonómicas como la vasca. Pero estamos muy lejos de ese logro. Zapatero ha puesto muy alto su propio listón y de ese salto dependerán muchas cosas, entre ellas su posible continuidad al frente del Gobierno nacional. El Partido Popular lo sabe y probablemente hará coincidir su labor de oposición con sus convicciones políticas y su programa electoral, intentando, eso sí, no quedar aislado en este nuevo y segundo periodo “constituyente” que el Gobierno del PSOE espera consolidar.

Los asimétricos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  25 Mayo 2004

Durante todo el mes pasado, la Fundación Sabino Arana puso en marcha un ciclo de conferencias, 'Lau gizon, lau nazio' (Cuatro hombres, cuatro naciones). Los hombres y las naciones eran: el 'president' de la Generalitat, Lluis Companys, por Cataluña; el pintor, escritor y político, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, por Galicia; el primer lehendakari vasco, José Antonio Aguirre, por Euskadi y por España ¿tacháaan!: Francisco Franco.

La propuesta era grosera y desaprensiva. Lo que une a los tres hombres de Galeuzca es haber presidido sus respectivos gobiernos autonómicos, en los casos de Companys y Aguirre, y haber participado en la asamblea que redactó las bases de un Estatuto federal de Galicia que nunca llegó a ver la luz, en el de Castelao. Parece evidente que la figura histórica correspondiente debería haber sido Manuel Azaña, presidente de la República española mientras Euskadi y Cataluña tuvieron autonomía. ¿Por qué Franco? Por la misma sinrazón que llevaba a Arzalluz a llamar al castellano «la lengua de Franco», en vez de la lengua de Cervantes, o de Lope, o de Calderón.

En este plan, cómo extrañarse de que Joan Puigcercós, el portavoz del grupo de Esquerra en el Congreso, haya exigido al Gobierno (español, por supuesto) que pida perdón por el fusilamiento de Lluis Companys. Puigcercós está llamado a ser estrella en esta legislatura con sansiroladas como ésta. Tiene, además, si me permiten los lectores la zafiedad en aras de la claridad, una cara de español que te cagas, viva moneda a medio camino entre Fernando VII y el lugarteniente del Tempranillo. Como se sabe, Companys, junto al socialista Julián Zugazagoitia, fue entregado a Franco por la Gestapo. Ambos fueron fusilados. ¿A quien debe pedir perdón el Gobierno socialista por el fusilamiento de Zugazagoitia? ¿Debe pedir perdón Zapatero por el fusilamiento de su propio abuelo? En esta rencorosa y surrealista contabilidad de los agravios, ¿debería pedir perdón el gobierno de la Generalitat por los asesinatos de Barcelona cuando la presidía Lluís Companys?

Es la asimetría, nombre con que 'Maragall et alii' (...y otros) han rebautizado la eterna ley del embudo. La Generalitat reclamaba la semana pasada el archivo de la guerra, pero se niega en redondo a devolverle a Aragón el arte sacro. También han reivindicado para Cataluña 'El gran masturbador', famoso cuadro de Dalí, y ésta sí me parece una reclamación aún más turbadora, con lo sobrados que andan en el tema. Nuestro Odón Elorza fue el gran precursor teórico: «la masturbación es algo necesario que los políticos deberían practicar con más frecuencia. Deberían masturbarse más. Les aliviaría de muchas tensiones». Justo es reivindicarlo. Onán es nuestro.

Divorcio
JOSEBA ARREGI El Correo  25 Mayo 2004

No se trata de ser pájaro de mal agüero y mentar la desgracia en el momento de dicha. Tampoco se trata de revolver en el pasado de determinadas personas y de sus familias. Se trata de hilar algunas humildes reflexiones de la mano del uso de este término 'divorcio' por parte de algunos líderes del nacionalismo vasco.

Siguiendo con la construcción discursiva de que todo lo que no está de acuerdo con los planteamientos del nacionalismo vasco pertenece al negro entorno del Partido Popular y de su ya retirado líder Aznar, siendo así parte del pasado malo -en contra del pasado esencialmente bueno del pueblo vasco, que obliga por ello mismo a dotarle de eternidad histórica- y reminiscencia, cuando no revivificación, del mismísimo franquismo, a ese nacionalismo le es incomprensible que un partido, como el socialista, en el Gobierno haya impulsado la declaración por la justicia como ilegal de la candidatura europea de HZ, aunque actuando así no haga más que ser coherente con su propia actuación previa y con los principios que nunca ha ocultado ni puesto en duda.

Por esa razón el nuevo Gobierno español y el partido que lo apoya están en divorcio con la realidad vasca, con la sociedad vasca, dicen algunos líderes nacionalistas. La decisión que han adoptado es una decisión de divorcio para con los vascos. Otro líder nacionalista decía también recientemente que la sociedad vasca se encontraba decepcionada por la iniciativa de impulsar la ilegalización de la candidatura de HZ. No era un partido político, los militantes de ese partido, el mundo nacionalista, parte de la sociedad vasca, si se quiere la mayoría de la sociedad vasca. No. Era la sociedad vasca en su conjunto la que estaba decepcionada. Y es con respecto al conjunto de la sociedad vasca con la que se produce el divorcio del Gobierno del PSOE.

Para entender debidamente la fuerza de este discurso del nacionalismo vasco es preciso tener en mente otro argumento engarzado en el discurso de ese mismo nacionalismo, la referencia al pensamiento único de quienes creen que se puede luchar contra ETA policial, legislativa y judicialmente. No son los nacionalistas quienes pretenden, ¿las apariencias engañan y las evidencias no son tales!, asumir la representación de toda la sociedad vasca. Son los demás los que pretenden imponer el pensamiento único.

Recordando el mínimo necesario de la historia vasca reciente, es absolutamente normal que el nacionalismo siga con su discurso, pues estuvo desde un principio en contra del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, contra su desarrollo legislativo en forma de Ley de Partidos Políticos y contra las sentencias judiciales que se siguieron. El discurso actual es totalmente coherente con todo ello.

Pero volvamos a los del divorcio. No sé si serán muchos o no tantos los que estén dispuestos a decirlo de forma pública, pero quien esto suscribe se ha encontrado a lo largo de los últimos meses con innumerables personas que coinciden en que la ilegalización de Batasuna ha sido un factor de normalización de la vida social y política vasca de primer orden, cuya importancia no puede ser ocultada. Es posible, aunque creo que bastante improbable, que algunos estemos totalmente ciegos, pero exige una capacidad de contorsionismo mental impresionante para no ver que la sociedad vasca vive hoy más tranquila, más normal, menos crispada que hace algunos meses.

Es cierto que algunos, bastantes, muchos se hayan quedado sin su candidatura preferida para darle el voto. Pero conviene no olvidar algunas verdades primarias y básicas: basta con que cada candidatura electoral manifieste su condena de la violencia terrorista para que ese problema se resuelva. El derecho de voto, derecho político por excelencia, no incluye el derecho a votar una candidatura que no muestra ninguna disposición a condenar la violencia terrorista de ETA. Sería una noticia de primer orden el que todos los vascos pudieran votar lo que quisieran, y no sólo en las próximas elecciones europeas, pues ello significaría que todas las candidaturas que se presentan son democráticas y que ninguna juega con la doble valencia de participar en el juego político y además apoyarse en el juego del uso ilegítimo de la violencia.

Es probable, pues, que haya divorcio entre la decisión del Gobierno del PSOE de impulsar la ilegalización de la candidatura de HZ para las europeas, y la sentencia posterior del Tribunal Supremo, y una parte de la sociedad vasca, y muchos vascos. Pero si se habla de divorcio, no es el único divorcio que existe. También hay divorcio entre quienes eso afirman y otra parte de la sociedad vasca que no está representada por los líderes nacionalistas, ni siquiera por el Gobierno vasco, lo cual ya es más grave, pues, por definición, el Gobierno no es un partido sino una institución de toda la sociedad.

De haber divorcio, lo hay entre una parte de la sociedad vasca y otra parte de la sociedad vasca. Y este es el divorcio que realmente debiera preocupar si el discurso de la construcción nacional quiere y puede tener algún sentido para el conjunto de la sociedad vasca. Mucho me temo, sin embargo, que ese discurso ha dejado ya hace mucho tiempo, por exageración o por reduccionismo, de tener sentido alguno.

Plantear estas cuestiones y dar paso a este tipo de reflexiones no es reflejo de un acendrado españolismo, no es voluntad de criticar exclusivamente al nacionalismo vasco -todo lo dicho vale exactamente igual para todas las pretensiones de apropiarse de la sociedad vasca desde otras perspectivas, o de la sociedad española en su caso-, no es un aferramiento miedoso a la sacralidad de los marcos jurídicos existentes -aunque quizá podríamos aprender algo de los discursos de los políticos alemanes con ocasión de la reciente elección del nuevo presidente de Alemania, el noveno si no me equivoco, en el día de la aprobación de su Ley Fundamental, apuntando todos ellos al valor de la continuidad en el tiempo-.

No. Se trata de defender la libertad de los ciudadanos vascos, la libertad a ser diferentes dentro de la sociedad vasca, a no tener que identificarse con un sentimiento determinado de pertenencia, a ser plurales precisamente en ese sentimiento de pertenencia y en sus formas, y a gestionar dicha pluralidad, pero no a través de la búsqueda de un marco institucional definido precisamente desde su negación, sino desde la voluntad de hacer de dicha pluralidad elemento constitutivo y definitorio del mismo.

El discurso del cambio y del diálogo dejan de tener plausibilidad alguna, dejan de ser creíbles, de significar algo, si implican que son los otros los que deben cambiar, siempre y en todo, mientras que para uno mismo se reclama el derecho a la no renuncia a nada. Para quien está ciego nunca hay cambio de colores, para quien está sordo nunca hay cambio de melodías, para quien se entiende desde la identidad con su misma eternidad todos los cambios son aparentes hasta que se produzca la identificación de todos y de todo consigo mismo. Es decir, nunca.

El sectarismo de la sociedad española
Cartas al Director ABC 25 Mayo 2004

Los últimos acontecimientos producidos en la vida nacional (el «pásalo», la manipulación, el jugar con los muertos del 11-M, etcétera) han creado un grado de sectarismo en los medios de comunicación, en la vida política y en las mismas conversaciones privadas, que se está haciendo asfixiante, profundamente incómodo y, desde luego, peligroso para la salud democrática. Todo esto es debido a que los planteamientos políticos se basan en la mala fe (destruir todo lo que hayan hecho los otros); porque nos hemos instalado en la perversión moral y en la manipulación.

Esto es gravísimo porque desterramos de la vida pública la honradez intelectual. Es una falsificación del maquiavelismo, pues supone sustituir la razón de Estado por los intereses de unos partidos que arrastran como ideología la adaptación moral a la realidad y, como sus programas no tienen contenido «nacional», sólo defienden sus intereses partidistas y se alían con el diablo con tal de ocupar el poder.

Los que se proclamaban constitucionalistas no se han dado cuenta que el giro a la independencia -de los partidos separatistas- se ha movido de forma pendular y ahora es el momento de los secionistas camuflados en el eufemismo irritante del soberanismo, aprovechándose del apoyo prestado en el momento de la investidura del actual presidente del Gobierno de España.      A. Ramírez Díaz.    La Granja de Torrehermosa (Badajoz).

Por pedir... que no quede
ABC 25 Mayo 2004

Entre las primeras alusiones de la ministra, el reconocimiento de la diversidad cultural. Palabras que levantaron tanto el ánimo nacionalista de Sus Señorías que le cayó a Carmen Calvo un aluvión de peticiones -algunas en catalán y en euskera- tan copioso como la tromba de agua que caía fuera del hemiciclo. Se reclamó más cantantes en euskera y gallego en TVE, y exposiciones de arte catalán, gallego y vasco en el Reina Sofía. Un museo al que acusan de llevarse él solito nueve de cada diez daciones. Sólo el 0,5 por ciento de ellas, añaden, va para Cataluña. Se pidió insistentemente que todas las lenguas de España fueran oficiales en el Congreso y que el Cervantes se ocupe de promocionar todas ellas igual que se hace con el castellano. De momento, la ministra comentó que el Portal Informático de la Biblioteca Nacional «debe ser modernizado abriéndolo a las cuatro lenguas oficiales del Estado». No pareció contentar a los diputados, que hasta reclamaron, ante Carmen Calvo, la desaparición del Ministerio de Cultura o, de no ser posible, que pasara a llamarse Ministerio de las Culturas. Al mal tiempo, buena cara. « No me inquieta la diversidad», afirmó la ministra.

El español es la primera lengua de las minorías en Estados Unidos
O. B. ABC 25 Mayo 2004

MADRID. Bajo el auspicio de la Fundación Ortega y Gasset y la Fundación Wellington, Madrid y Toledo acogen sendas jornadas en las que literatos y profesores analizan la influencia del idioma español en la sociedad y la cultura norteamericanas. Las continuas remesas de inmigrantes van acompañadas por la creciente importancia de escritores criados a caballo entre el norte y el sur del continente, fusionando dos mundos y sus lenguas.

Ayer tuvo lugar en la Fundación Ortega y Gasset una mesa redonda que, con el título «El español como lengua de creación literaria en los Estados Unidos», contó con la participación del chileno Jorge Edwards, el puertorriqueño Edgardo Rodríguez Juliá y el peruano Julio Ortega, así como el director de Blanco y Negro Cultural, Fernando R. Lafuente. Este último destacó cómo la expansión de la lengua de Cervantes por el país de las barras y estrellas ha permitido la creación de «una comunidad cultural verdaderamente extraordinaria». Edwards subrayó que «la mejor crítica literaria es la que se hace en los Departamentos de Español de las universidades americanas», algo que se traduce en la mejora de la «larga y azarosa historia» de la literatura hispana en Estados Unidos.

Los grupos cívicos se replantean su papel ante la victoria del PSOE y una ETA inactiva
Una veintena de organizaciones se reunirán el sábado en Vitoria e intentarán consensuar un manifiesto «de mínimos»
OLATZ BARRIUSO/BILBAO El Correo 25 Mayo 2004

Los drásticos cambios políticos en Euskadi y en el conjunto de España, la prácticamente nula actividad de ETA y la 'kale borroka' y la violenta irrupción del terrorismo islámico en la lista de preocupaciones sociales han obligado a los movimientos cívicos constitucionalistas a replantearse su línea tradicional de actuación y a buscar nuevas vías para canalizar su actividad, limitada en los últimos meses a charlas, conferencias y presentaciones de libros. Descartada «por completo» la opción de disolverse, veintiuna organizaciones ciudadanas y de víctimas se reunirán el sábado en el Palacio Europa de Vitoria en un «encuentro cívico» que, promovido por la Fundación para la Libertad, pretende propiciar una «reflexión colectiva» sobre la estructura organizativa y la estrategia más adecuadas para afrontar esta nueva etapa.

Los distintos grupos convocantes -entre los que, además de la Fundación, se encuentran Basta Ya, el Foro Ermua, asociaciones cívicas de Navarra, Cantabria o Cataluña y más de una decena de colectivos de damnificados por ETA- han mantenido ya contactos para preparar el acto de Vitoria, una «continuación» de la jornada organizada en diciembre pasado en Bilbao, en la que, con la presencia de dos ministros del anterior Gobierno, la plana mayor del PP vasco y representantes del denominado sector 'redondista' del PSE, la Fundación instó a populares y socialistas a articular «una oferta de gobierno sólida» capaz de relevar al nacionalismo vasco en el poder.

No obstante, en apenas cinco meses, el vuelco electoral en favor del PSOE y el PSE -contrarios a la unidad de acción constitucionalista y ciertamente distanciados de estos grupos en los últimos tiempos- y la sacudida del 11-M han contribuido a 'envejecer' sin remedio un mensaje que los participantes en el encuentro del sábado se proponen «unificar» y actualizar y que recogerán, si es posible, en un manifiesto «de mínimos». Se trata, según explica Cristina Cuesta, portavoz de las víctimas vascas, de impulsar una «voz común» articulada precisamente desde Euskadi que logre convertirse en una «referencia social fuerte y coordinada».

El debate se estructurará en ocho talleres - centrados en el contexto, los principios, la estrategia y la articulación del movimiento constitucionalista-, moderados por ponentes pertenecientes a las asociaciones convocantes, entre ellos Carlos Martínez Gorriarán, de Basta Ya, o el ex secretario general del PSE Nicolás Redondo, que coordinará la reflexión sobre «los planes secesionistas». En los textos base, ya elaborados, se aprecia un enfoque algo más despegado de la crítica del soberanismo -que, no obstante, continúa presente- y más centrado en la promoción de valores democráticos y la recomposición de un «tejido social» no nacionalista.

Plataforma única
También se subraya que al constitucionalismo le interesa aprovechar «los recursos humanos y materiales» de los que dispone, algo que hace «imprescindible» la «coordinación y cooperación en actividades conjuntas o simultáneas». De hecho, según admiten en la Fundación, la creación de una «estructura común» que pudiera reunir en una plataforma única a los distintos colectivos de la órbita constitucionalista se cuenta entre las posibilidades que se pondrán sobre la mesa. No obstante, aunque, según las fuentes consultadas, esta opción tiene sus defensores entre los participantes, es difícil que prospere, ya que Basta Ya y Foro Ermua, por ejemplo, la descartan de plano, convencidos de que es preferible respetar la «idiosincrasia» de cada grupo y no intentar crear «una especie de partido político paralelo».

«Fundar algo nuevo con un nombre más o menos ambicioso no es útil», subraya Martínez Gorriarán, que cree que una iniciativa de este tipo «restaría en vez de sumar» y que es más acuciante evitar que el constitucionalismo se fragmente como ocurrió, por ejemplo, con las distintas candidaturas a rector de la UPV. Basta Ya es partidaria de mantener su mensaje aunque reconoce que, tras un intenso debate en el seno de la plataforma -y apaciguados los ánimos al comprobar que el cambio de gobierno no ha debilitado el Pacto Antiterrorista ni la Ley de Partidos-, ha optado por abrir un «obligado compás de espera» que evolucionará en función de factores como el devenir del plan Ibarretxe, el resultado de la «apuesta» de José Luis Rodríguez Zapatero por reformar los Estatutos y el posible cese definitivo de la violencia etarra. Mientras tanto, descarta organizar «grandes iniciativas» y se centrará en apoyar a las asociaciones de víctimas.

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