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Recortes de Prensa     Domingo 30 Mayo 2004
El fraude de Salamanca
Jesús Laínz La Razón 30 Mayo 2004

DÍA D: POR QUÉ LUCHABA AMÉRICA, 60 AÑOS DESPUÉS
RAFAEL L. BARDAJÍ ABC 30 Mayo 2004

El rey del PNV
Editorial La Razón  30 Mayo 2004

LOCE: Aguirre tiene razón
Editorial La Razón  30 Mayo 2004

LA IZQUIERDA COMUNICA MUY BIEN
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 30 Mayo 2004

EL «SEÑOR DE LOS VASCOS»
Jaime CAMPMANY ABC 30 Mayo 2004

Se busca el centro
José María Carrascal La Razón  30 Mayo 2004

LA COARTADA TERRORISTA EN ARABIA SAUDÍ
Luis Ignacio Parada ABC 30 Mayo 2004

TERROR Y PETRÓLEO
Editorial ABC 30 Mayo 2004

Europa y Estados Unidos
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 30 Mayo 2004

Las siglas del PSOE
Cartas al Director ABC 30 Mayo 2004

Vascongadas
Cartas al Director El Correo  30 Mayo 2004

Colectivos cívicos y de víctimas piden a PSOE y PP firmar el Pacto Antiterrorista
OLATZ BARRIUSO VITORIA  El Correo 30 Mayo 2004

Mayor Oreja pinta a un PSOE débil ante Europa por sus pactos con Carod
P. DE LAS HERAS COLPISA. PALMA DE MALLORCA El Correo 30 Mayo 2004

Mariano Rajoy: «Zapatero no sabe adónde va ni qué es lo que quiere hacer con España»
ALBERTO PÉREZ GIMÉNEZ ABC 30 Mayo 2004



 

El fraude de Salamanca
Jesús Laínz es abogado La Razón 30 Mayo 2004

Para nadie es un secreto que una de las piezas esenciales de la estrategia de los diversos partidos nacionalistas, de no importa qué región, es la perpetua falsificación histórica unida al victimismo con el que siguen presentándose como imprescriptibles víctimas del franquismo.

Los efectos de esta falsificación histórica son bien conocidos por todos, y sería un error considerar que se circunscriben al limitado campo de la ciencia histórica. El más notorio e importante de estos efectos es la intoxicación ideológica en las aulas y los medios de comunicación con la que los nacionalismos han asegurado la perpetuación de su éxito político durante varias generaciones. Pero los aspectos más variados de la vida política nacional también se ven afectados por la intoxicación nacionalista.

El último de ellos ha sido la discusión parlamentaria sobre la conveniencia o no de segregar el archivo que en Salamanca centraliza la documentación relativa a la Guerra Civil. Dicho archivo acumula los documentos, de ambos bandos, que conservan para la posteridad una parte tan importante de la historia de España. Además de unificar tan ingente cantidad de documentos, continuamente se enriquece con nueva documentación llegada, sobre todo de los países en los que se concentró el exilio republicano.

Esta discusión, que en cualquier país ajeno a la paranoia nacionalista se vería limitada al campo de la utilidad y la economía, en España se convierte en un asunto espinoso, fuente de agravios y de acaloramiento. Y ello es debido a que lo que mueve a los diversos partidos nacionalistas, de izquierda y derecha ¬y, por contagio políticamente correcto, a sectores de otros partidos no nacionalistas¬, a exigir el envío a sus regiones de lo que ellos consideran patrimonio robado no es el interés por facilitar la investigación de los historiadores, sino la interpretación conscientemente maliciosa de la realidad histórica. Porque los nacionalismos vasco y catalán llevan setenta años presentando lo que fue un enfrentamiento ideológico entre españoles de todas las regiones como una guerra de agresión de España contra las naciones vasca y catalana. En los libros de texto que estudian hoy los escolares de dichas regiones se puede leer que sus «naciones» perdieron la Guerra Civil y fueron invadidas. En el País Vasco el efecto de esta «invasión» alucinada es que siguen saliendo hornadas de jóvenes descerebrados dispuestos a asesinar para conseguir la liberación de su patria oprimida por el ocupante español.

Y en Cataluña la manipulación no se queda corta. Además de los libros de texto con los que Pujol ha sembrado la cosecha electoral de ERC, existen páginas en internet en las que, por ejemplo, a los intelectuales y a otras personalidades catalanas que apoyaron al bando alzado, entre los cuales figuraban Eugenio D'Ors, Llorenç Riber, Salvador Dalí, Francesc Cambó, Federico Mompou, Joan Estelrich, Ramón d'Abadal, Josep Pla, Agustí Calvet, Llorenç Villalonga, Martín de Riquer, etc., se les califica como «ocupantes».

El nacionalismo catalán considera un agravio que los documentos de la Generalidad continúen en Salamanca, considerándolo un robo, pues, como han escrito a menudo, «fueron tomados a sus legítimos propietarios contra su voluntad». Este argumento no se comprende bien, pues lo mismo podría estimarse de los documentos de los sindicatos asturianos, de los partidos andaluces, de las prisiones madrileñas, de las tropas aragonesas, o de cualquier otra combinación.

Pero no es a la lógica donde hay que acudir en busca de una explicación, sino a la política. En agosto de 2002 el director del Arxiu Nacional de Catalunya, Josep M. Sans Travé, volvió a denunciar lo que considera un expolio a Cataluña, resumiendo la negativa del Gobierno Aznar a romper la unidad de archivo con esta curiosa afirmación:

«España actúa como país colonizador».
Eso lo explica todo. De esa concepción fraudulenta que hace de la guerra en Cataluña no una guerra civil sino una invasión de un país extranjero, nace el absurdo de que la documentación en cuestión sea considerada un botín de guerra que debería ser restituido.

Quizá sería exigible a nuestros políticos, de no importa qué partido, que tuviesen esto en cuenta a la hora de discutir y decidir sobre algo que debería ser juzgado solamente mediante criterios de lógica y utilidad para los profesionales de la Historia. Porque, de lo contrario, quizá también debieran ser enviados documentos del Archivo de Indias de Sevilla o del de Simancas a cada una de las provincias relacionadas con ellos.

Aunque lo más importante es tener presente que, de ceder a la poco sostenible reclamación nacionalista, se estaría admitiendo la aberración de que la Guerra Civil de 1936-39 fue una guerra de España contra Cataluña y el País Vasco.

Treinta años después de la muerte de Franco, ¿no habrá llegado ya la hora de poder empezar a hablar, discutir libremente y denunciar sin complejos todas estas mentiras de los nacionalismos que tan graves efectos han tenido y, lamentablemente, parece que van a seguir teniendo en el futuro?

DÍA D: POR QUÉ LUCHABA AMÉRICA, 60 AÑOS DESPUÉS
por RAFAEL L. BARDAJÍ ABC 30 Mayo 2004

STEVEN Spielberg se equivocó en su oscarizada Salvar al soldado Ryan: América no desembarcó en las playas de Normandía para salvarse a sí misma. Los soldados norteamericanos vinieron a Europa para liberarla del totalitarismo nazi. Y también a imponer lo que consideraban moralmente más justo, elevado y eficaz, la democracia de libre mercado. Y lo hicieron por la fuerza, en contra de millones de alemanes, de un Gobierno francés colaboracionista y de los fascistas italianos, entre otros. Unos nueve mil soldados dieron su vida por abrir una cabeza de playa aquel 6 de junio de 1944 y más de ciento diez mil cruces dan prueba de la dureza de los combates en una veintena de cementerios a lo largo de la costa atlántica francesa. En total, trescientos mil jóvenes estadounidenses murieron en la Segunda Guerra Mundial. Su sacrificio no pudo tener un resultado mejor. Sin América, el resultado de la guerra habría sido otro muy distinto. Nadie contaba con la capacidad industrial para sostener el esfuerzo bélico ni, sobre todo, disfrutaba de la superioridad moral de estar luchando por la victoria de la libertad y la democracia, generosamente, fuera de su propia tierra.

Los teóricos de la geopolítica afirman que Estados Unidos luchó en defensa de sus propios intereses, que no eran otros que evitar una Europa controlada enteramente por Alemania y un Japón expansivo en el Pacífico. Y justifican sus tesis en el hecho de que Washington se mantuvo militarmente al margen hasta el ataque de Pearl Harbour en diciembre del 41. Sin embargo, olvidan algo más importante: que América nunca fue moralmente neutral y que estuvo apoyando materialmente, desde la distancia, la lucha contra Hitler. De hecho, el empeño por asegurar los Gobiernos democráticos en Europa les llevaría a un giro estratégico en su política exterior, evitando volver a encerrarse sobre ellos mismos, como sucedió tras su intervención en la Primera Guerra Mundial, y estableciendo la Alianza Atlántica, la primera institución de defensa colectiva de carácter permanente de toda la Historia.

Los Estados Unidos no sólo nos salvaron de nuestra Historia dos veces durante el Siglo XX, sino que se permitieron crear y defender un invernadero en el que dejar florecer la idea de una Europa unida. Sin las tropas americanas en Europa y sin el compromiso estratégico estadounidense durante la Guerra Fría, los europeos habríamos sucumbido a nuestros propios fantasmas o a las ambiciones de la Unión Soviética. Pero lo que obtuvimos fue, precisamente, todo lo contrario: prosperidad, libertad y el derrumbe del comunismo.

Es verdad que Estados Unidos, como cualquier nación, es capaz de lo mejor y también de cometer errores. Particularmente cuando sus elites dirigentes comulgan con los principios del realismo político, a caballo entre el pragmatismo y el cinismo. Así, por ejemplo, quienes han defendido «América lo primero», como los Henry Ford y Charles Lindberg antes del 41, o los Pat Buchanan de hoy día, querían una América aislacionista, desentendida de los problemas de los demás. Por su parte, los Kissinger, Nixon y Bush padre han preferido aliarse con el diablo con tal de preservar el status quo a sabiendas de que la coexistencia con sus enemigos les exigía concesiones ideológicas muy significativas. Afortunadamente, de cuando en cuando, los presidentes americanos también responden a los principios que dieron vida a su nación y surgen los Reagan y los Bush hijo, auténticos revolucionarios conservadores, capaces, con su visión y empuje, de cambiar el orden existente. Ronald Reagan, con su retórica beligerante contra el comunismo y una soterrada campaña contra la URSS, acabó poniendo punto final al imperio soviético, superando la confrontación Este-Oeste y el delicado equilibrio del terror al que nos habíamos acostumbrado tras décadas de un siempre posible holocausto nuclear. Bush hijo es un caso distinto. Se trata de un presidente que ha tenido que hacer frente al peor ataque sufrido por los americanos en su suelo desde la Guerra de Secesión. Pero ha sido un presidente que, lejos de contentarse en el dolor, ha comprendido que la única esperanza que tiene para garantizar la seguridad de sus ciudadanos pasa, necesariamente, por una atrevida mezcla de defensa y anticipación.

Los Estados Unidos de hoy, como los de hace 60 años, están luchando por la supervivencia de la libertad y la democracia frente a un enemigo que presenta una lucha sin cuartel. O son los terroristas islámicos o somos las democracias quienes vencemos, pero no hay convivencia posible. El acierto de George W. Bush ha sido entender que la seguridad del Siglo XXI no depende de la estabilidad si la estabilidad significa sostener regímenes despóticos por el mero hecho de ser buenos clientes. La seguridad de América y de sus aliados depende de la expansión de la democracia y el liberalismo.

Bush le prometió a su pueblo que no cejaría en su intento de llevar ante la justicia a los culpables del 11-S o de llevar la justicia a los culpables allí donde se encontraran. Pero que haría justicia. Y lo hizo atacando Afganistán y acabando con el tiránico gobierno talibán. Pero Bush sabe que el terror es una hidra de múltiples cabezas, y por eso su empeño en forzar un profundo cambio en los Gobiernos y en las sociedades donde los terroristas encuentran su particular caldo de cultivo. De ahí su Iniciativa sobre el Gran Oriente Medio encaminada a introducir allí las prácticas políticas, económicas, culturales y religiosas a las que nosotros los occidentales estamos apegados.

Hace 60 años los americanos lanzaron su ofensiva sobre una Europa sometida y la liberaron con su sangre y sus armas. Hoy América vuelve a ponerse a la ofensiva y hace de la expansión de la democracia efectiva -con todos los errores que se quiera- el centro de su política, porque frente al terror no hay mejor arma que la libertad y todas las herramientas que conlleva. El problema para Bush es que en Europa no gusta una América fuerte, decidida y con ansias de cambiar el mundo. A los europeos nos gusta mucho más una América herida, débil y retraída sobre la que poder mostrarse compasivo. Pero esa no es la América después del 11-S.

Hace una pocas semanas se inauguró en la capital estadounidense el monumento a la Segunda Guerra Mundial. Quien lo visite se dará cuenta de que su emplazamiento no es casual: está en el centro de una imaginaria línea que une el monumento a Lincoln a un lado y el de Washington a otro. Y esa línea que une al primer presidente de Estados Unidos con el presidente de su unificación, y que pasa por el sacrificio de millones y la muerte de cientos de miles, es la línea de la libertad.

Quienes sólo son capaces de ver la caricatura en el actual presidente americano afirman que el mundo de Bush es hoy más inseguro. Pero se equivocan. El mundo de mayo de 2004 no es peor que el del 10 de septiembre de 2001, sólo que entonces no sabíamos de los peligros que acechaban. Es más, este mundo no es el que Bush ha creado, sino el producto de Bin Laden y treinta años de odio acumulado en el Islam. Es más bien el mundo que Bush quiere corregir.

Hace 60 años América dio sobradas pruebas de estar dispuesta a batallar por la libertad y la democracia. Hoy Bush está haciendo lo mismo, obviamente no exento de errores. Así y todo, América es la única esperanza que nos queda, pues es el único freno real de nuestros enemigos. Europa, a base de querer ser su contrapeso, se ha convertido, en realidad, en un peso muerto.

El rey del PNV
Editorial La Razón  30 Mayo 2004

La reivindicación de Sancho III el Mayor como «primer rey de Euskal Herria» es una extravagancia más de los nacionalistas vascos y el hecho de que lo saquen del baúl de los recuerdos en este concreto momento, aprovechando el milenario de su coronación, debe interpretarse simplemente como una grotesca argucia para fortalecer, por una parte, la vieja estrategia de integrar a Navarra en el proyecto soberanista y para, por otro lado, neutralizar el tirón sentimental que tiene la monarquía en la sociedad vasca y que han demostrado tanto la calurosa acogida que los Príncipes de Asturias han tenido en San Sebastián como la atención indisimulable con la que se ha seguido su boda en todo el País Vasco, hecho indiscutible que el PNV ha vivido como una experiencia frustrante y humillante.

Con respecto a Navarra la operación abunda en la misma «línea de trabajo» que la reciente creación de Nafarroa Bai, la nueva plataforma nacionalista que se creó para presentarse a las últimas elecciones generales y que se hallaba capitaneada por Uxue Barcos, presentadora de Euskal Telebista. Con respecto a la Monarquía española, de lo que se trata es de oponer a ésta una «nobleza diferente», otra «sangre azul más autóctona» que satisfaga el etnicismo de las filas nacionalistas y la fascinación que en ellas despierta el culto a las herencias sanguíneas. La evidente paradoja es que esta rehabilitación vasca de los valores más trasnochados y superados de la realeza llega precisamente cuando la institución monárquica en España se ha despojado de esa superstición, tras una boda real que revitaliza la Corona con otros valores modernos y democráticos que no tienen que ver nada con el mito de la pureza de sangre que ya sólo hace suyo la parroquia sabiniana.

Otra paradoja es que esta bufonada surja de un Gobierno vasco en el que se halla integrado un partido republicano y federalista como Ezker Batua, a su vez integrado de un modo federal en Izquierda Unida. ¿Qué puede decir Javier Madrazo de este sarampión monárquico que asola ahora a sus socios de gobierno y que le compromete tanto a él como a Llamazares? ¿Están los comunistas españoles por un federalismo monárquico en el País Vasco tan pintoresco y tan contradictorio como el federalismo asimétrico que Pasqual Maragall predica ahora en Cataluña y que sería compatible con la resurrección de la Corona de Aragón y con su pacto con Esquerra Republicana?

En un intento desesperado de avalar su descarrilado Plan del Libre Estado Asociado, el lendakari Ibarreche se ha sentado en el trono milenario del Rey de las Españas. Sólo hace falta ahora que surja algún «descendiente legítimo» por algún batzoki. Como suelen decir los historiadores, «el pasado en el País Vasco es imprevisible».

LOCE: Aguirre tiene razón
Editorial La Razón  30 Mayo 2004

Es evidente que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se ha servido de una triquiñuela legal, que no estaba prevista en el ánimo del legislador, para suspender mediante un simple decreto la aplicación de una Ley Orgánica, aprobada en el Parlamento por mayoría cualificada. Por ello, tiene razón la Comunidad de Madrid cuando, en su escrito de alegaciones, afirma que la actuación del Consejo de Ministros vulnera sus competencias y es nula de pleno derecho en cuanto a que infringe los principios constitucionales de legalidad, jerarquía normativa, seguridad jurídica e interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos, incurriendo en desviación de poder.

De hecho, con la aplicación del decreto, el Ejecutivo «reimplanta» por la puerta de atrás la vieja LOGSE; esa Ley de Enseñanza socialista que durante su vigencia ha conseguido el dudoso honor de que España ocupe los primeros puestos de Europa en el ránking del fracaso escolar, extendiendo en amplios sectores de la sociedad española el sentimiento de la desconfianza hacia la escuela pública.

Item más. Con el simple repaso de las medidas educativas, que no podrán ponerse en marcha por la aplicación del Decreto, se observa la clara intencionalidad de dar satisfacción a las demandas de los partidos nacionalistas, especialmente los de Cataluña, que habían entendido como una agresión el que la nueva Ley de Calidad exigiera la ampliación de las horas lectivas de castellano y algunas modificaciones de fondo en los temarios de Historia y Literatura. Es, sin duda, en esos aspectos de la Ley, más que en la cuestión de la asignatura de Religión, donde hay que buscar la auténtica razón de las prisas con las que el Gobierno de Zapatero ha encarado la suspensión de la LOCE.

Ahora, mientras el Constitucional decide si respalda o no la triquiñuela legal, el mundo de la Educación asiste, una vez más, al espectáculo de la utilización partidista de un derecho fundamental consagrado en nuestra Costitución.

LA IZQUIERDA COMUNICA MUY BIEN
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 30 Mayo 2004

LA derecha tiene fama de ser un desastre para la comunicación. Lo contrario de la izquierda, que borda las relaciones con la sociedad y con los medios. Durante ocho años la derecha levantó la economía española mientras la izquierda llenaba las calles con la evocación de los sueños rotos e imposibles. Por esa razón se llevó el gato al agua en las horas posteriores a la masacre.

Yo no creo que la izquierda tenga una especial cualidad para la comunicación. Sencillamente, hay una división del trabajo: unos producen bienes, y otros, ideología; unos, cosas concretas, y otros, demagogia. Pero ésta tiene unas exigencias, tremendamente costosas. La alimentación de los sueños es carísima y, por cierto, incompatible con Solbes.

Es muy interesante lo que está sucediendo con Solbes. Es un extraño en el universo socialista. En realidad es una coartada. ¿Cuánto podrá durar? ¿Aguantará por vanidad al derrumbe de la economía? Cada día tiene que hacer una advertencia: sobre la productividad, sobre los disparatados planes de vivienda, sobre la necesidad de un nuevo marco laboral... Con razón Gaspar Llamazares ha dicho que el verdadero enemigo de la izquierda no es el PP sino Solbes. Sucede que esta encarnación del viejo topo no ha acabado de entender que Zapatero quiere la cuadratura del círculo, esto es, mantener un discurso económico políticamente correcto mientras da la razón a Méndez, a Caldera, a Chaves, a Montilla... Todos los esfuerzos de Solbes se irán por el desagüe, como le sucedió a Solchaga, que terminaba todos los años con un impresionante déficit nacional mientras era escandaloso el superávit personal (de los González, se supone).

PORQUE la producción de ideología compensadora de los viejos ideales es muy cara. Y Zapatero es esto: la espuma del populismo cotidiano. Hay que contentar a las gentes del cine, a los malos escritores, a los antiguos aparceros andaluces, a los profesores del bable, y dentro de poco a los gays viudos. Hay que colocar a los que dicen que lucharon contra el franquismo después de la muerte de Franco y ahora contra el fascismo de la derechona que sigue matando retrospectivamente a Lorca y a Companys. Ahora están con Companys. Y cada poco tiempo Zapatero saca a pasear la memoria de su abuelo.

ES claro que la derecha no puede ser buena comunicadora porque, dedicada a aplicar una política económica adecuada, se limita a cumplir un programa pero no a realizar lo imposible. Sus proclamas liberales están llenas de prohibiciones que limitan la imaginación. ¿Cómo vender comunicación cuando se está en contra de la telebasura, el deterioro moral, la limitación de las relaciones sexuales, la destrucción de la familia tradicional, la selectividad biológica, la interculturalidad, el desprecio por los cánones culturales? La derecha es poco seductora. La derecha es exigente. La derecha defiende la reválida, el esfuerzo profesional, a veces la guerra...

En estos tiempos en España no podría Odiseo Elytis escribir el «canto heroico y fúnebre por el subteniente caído en Albania». Sonaría a una épica trasnochada evocar al «muchacho hermoso»... al «muchacho fuerte»... al «muchacho valiente... con su porte de hombre al marchar / y con su casco, blanco perfecto»... Hoy estamos por la retirada, por la vuelta al hogar, por las soldadas en paz...

En estas condiciones no hay que tener unas cualidades especiales para comunicar. Basta con tener una maquinaria de ideología. Y, como coartada, a Solbes.

EL «SEÑOR DE LOS VASCOS»
Por Jaime CAMPMANY ABC 30 Mayo 2004

LOS nacionalistas vascos han rendido en Fuenterrabía un homenaje a Sancho III el Mayor, a quien llaman «Señor de los vascos». Y le llaman así con toda la razón, porque Señor de los vascos fue aquel gran rey de Navarra. Y mucho más que eso. No sólo fue Señor de los vascos y rey de Navarra, sino que reinó en todo el territorio cristiano de la península hacia los comienzos del siglo XI, más algún pedazo de Francia.

Con alianzas matrimoniales, casando a hijos y a hermanos con príncipes o monarcas de otros reinos, o por fuerza de las armas, aprovechándose de la debilidad del califato después de la derrota y muerte de Almanzor, se hizo dueño de toda la España cristiana. Permitidme que lo cuente en romance, tal y como lo cuento en mi Romancero de la Historia de España: «Reinó muchos años Sancho, dicho el Mayor de Navarra, pero si años muchos más pluguiera a Dios que reinara, del Pirineo a Tarifa habría conquistado España, extensa parte de Europa y a más la mitad del África. Con pactos matrimoniales, esposando hijos y hermanas de los reyes y los condes, o por fuerza de las armas, se hizo dueño Sancho el Grande de toda corte cristiana. La ruina del califato y el poder de este monarca vieron nacer en la Historia la figura aproximada de lo que siglos después fueron los reyes de España.»

Tres décadas largas reinó este monarca singular que se empeñó en reunir bajo su Corona todos esos territorios que ahora algunos nacionalistas rabiosos se empeñan en separar y desunir. Y aunque algunos españoles se escuecen un poco en esa denominación de «Señor de los vascos» con la que acaban de saludar los nacionalistas de allí a Sancho el Mayor, a mí me llena de regocijo que haya vascos tan españoles y tan españolistas que, tal vez creyéndose todo lo contrario, reconozcan que fue un «Señor de los vascos» quien lograra reunir bajo su cetro por vez primera en la Historia las tierras que ya podían llamarse España.

Fueron muchas esas tierras y habían permanecido durante largo tiempo separadas. Si no os incomoda, escuchad de nuevo los versos de mi romance. «Los condes aragoneses, los de tierras catalanas y los vascones ariscos su soberanía acatan, así que pronto fue dueño de Asturias, León, Cantabria, Aragón y Cataluña, El Bierzo, Segorbe y Ávila, el condado de Castilla y su reino de Navarra. Muchos nobles y plebeyos por emperador le aclaman y aunque quedan por el sur muchas taifas musulmanas, bien puede llamarse Sancho el rey primero de España».

Lástima grande fue que todo lo que reunió en vida Sancho el Mayor, lo deshiciera a su muerte al distribuirlo entre sus cuatro hijos. A su hijo mayor, García, dejó Navarra. A Fernando dio Castilla junto a tierras arrancadas a León entre el Cea y el Pisuerga. Al bastardo Ramiro le hace conde de Aragón. Y a Gonzalo, el más pequeño, porque no quede sin nada, le deja en herencia Segorbe y Ribagorza.

Oíd la queja del romance. «Lo que Sancho embastó vivo, al morir lo desbarata, que es destino muy frecuente en el suceso de España». Sancho III el Mayor, Señor de los vascos. Pues, claro. De los vascos y de todos los demás españoles.

Se busca el centro
José María Carrascal La Razón  30 Mayo 2004

Falta uno de España dos meses y se la encuentra totalmente cambiada. Ha cambiado no sólo el Gobierno, sino también el clima, la atmósfera, la gente. La polarización se masca. En el congreso, en la justicia, en las aulas, en la calle, en los medios de comunicación sobre todo. Juzgan unos excelente cuanto hace el gobierno, los otros, un desastre. Además, sin argumentos, sin análisis. Excusado es decir que los más críticos con el gobierno anterior son hoy los más entusiastas defensores del nuevo. Cualquier decisión sobre vivienda, justicia, educación, energía, agua, tráfico, relaciones internacionales o política doméstica es motivo de interpretaciones tan dispares que uno duda si están hablando de lo mismo. O si los españoles conservamos la facultad de razonar.

Puede que lo segundo esté más cerca de la realidad. Los españoles volvemos a pasar otro de esos periodos de desgarro interior, de personalidad esquizofrénica, que tantas desgracias nos han traído en los tres últimos siglos. Nos alejamos del mundo más allá de nuestras fronteras para volver a nuestro deporte favorito, que no es el fútbol, sino pelearnos entre nosotros. Y en vez de una España surgen dos, que pronto serán diecisiete, si se cumple el plan del nuevo Gobierno de dar a las Comunidades Autónomas la potestad de reformar sus estatutos, que es tanto como cambiar la configuración de nuestro Estado. Eso es como poner la cabra a guardar las lechugas. Pues ya sabemos el concepto de Estado español que tienen Ibarretxe y Maragall, a los que se unirán pronto los demás reyezuelos autonómicos, aunque sólo sea por no ser menos en esta especie de almoneda de España.

Todo esto tiene sólo un nombre: la de- saparición del centro. Aquel centro que protagonizó la transición y del que tan orgullosos estábamos, pues suponía que, finalmente, éramos un país moderno, desarrollado, tranquilo, ha desaparecido para dejar paso a los extremos, cuya única obsesión es combatirse a muerte, negar al otro cualquier idea provechosa o intención buena, y pensar que lo más urgente es aplastarlo. Volvemos no ya a las «izquierdas» y «derechas», palabras cada vez más usadas, sino a los tristemente famosos «frentes», a las movilizaciones, a los odios cainitas, como si todo, la guerra civil, la dictadura, la transición, los 25 años de democracia, hubieran sido en vano y nada hubiéramos aprendido. Las causas de ello son demasiado complejas para abordar en una mera columna como ésta. Yo sólo quería hacer de ella un aviso perentorio: «Se busca el centro», quiero decir la moderación, la cordura, la templanza, la renuncia a tener la exclusiva de la verdad y la modestia de admitir que también nosotros podemos estar equivocados. Todo eso que tanto se echa en falta en esta primavera lluviosa y hermosa pos-once de marzo.

LA COARTADA TERRORISTA EN ARABIA SAUDÍ
Por Luis Ignacio Parada ABC 30 Mayo 2004

EN Arabia Saudí están censados 35.000 estadounidenses y 12.000 británicos, casi todos ellos ligados a intereses petroleros. No puede sorprender, por tanto, que sean objetivo de ataques del integrismo islámista como los que se produjeron ayer en Riad y otras ciudades saudíes, donde murieron al menos dieciséis personas y otras cincuenta fueron víctimas de un secuestro. Lo que sorprende es que Al Qaeda se haya atribuido la organización de los atentados. En primer lugar porque la organización suele tomarse más tiempo para reivindicar sus acciones. En segundo, porque Arabia Saudí, que no comparte los medios de Al Qaeda. Alimenta una ideología islamista y para ello financia mezquitas, imames y escuelas en medio mundo que se han convertido en centros del integrismo chií, pero esa no es, precisamente, la rama del Islam que impone la monarquía saudita, basada en el rito Hanbalí.

Cuna histórica del Islam, el país ha financiado con 140 millones de dólares los atentados de Hamas y la Yihad islámica según ´Die Welt´ y apoya económicamente a las familias de los suicidas. Pero Al Qaeda, frente a lo que querría el poder saudí es una idea, más que un grupo terrorista, una franquicia más que una estructura, que persigue la implantación de un califato islamista al estilo de los Omeyas en los países musulmanes, para alcanzar, después, la islamización del mundo. Desde 1992, los saudíes tienen una Constitución y un Parlamento. Pero son ficticios y el país es gobernado mediante la sharia por un consejo consultivo de noventa miembros designados por el monarca. El futuro del país, teórico aliado de Occidente, estará en el aire el día que Estados Unidos deje de protegerlo como aliado estratégico y abastecedor de petróleo, es decir, cuando se arregle lo de Irak. Por tanto, el terrorismo sigue actuando. Aunque, en cierto modo, pueda morder de vez en cuando, como coartada, la mano que lo alimenta.

TERROR Y PETRÓLEO
Editorial ABC 30 Mayo 2004

LOS atentados contra la comunidad de trabajadores extranjeros en Arabia Saudí son cualquier cosa menos superficiales. Se dirigen muy certeramente hacia el nervio económico del país -el petróleo- en un momento de especial sensibilidad en los mercados mundiales, debido al alza del precio del crudo y a la amenaza de repercusiones graves en la economía mundial. Los terroristas de Al Qaida que están detrás de estos mortíferos ataques y secuestros vuelven a recordarnos lo vulnerable que puede ser la sociedad occidental frente a crímenes cometidos con medios relativamente simples.

Arabia Saudí es un país que se encuentra en una situación muy delicada. La inestabilidad institucional que pudiera causar el proceso sucesorio es el menor de los problemas si se compara con las tensiones político-religiosas que bullen en la sociedad, avivadas constantemente por las convulsiones en su entorno geográfico inmediato. Que una ofensiva terrorista pudiera incendiar la península arábiga parece una perspectiva que nadie descarta.

La paradoja para Occidente es que la mayor parte de los movimientos radicales islámicos, que se convirtieron luego al terrorismo florecieron gracias a la generosidad de los saudíes, es decir, los mismos dirigentes a los que se considera los principales aliados en la zona, porque son los mayores productores de petróleo y tienen la llave de la estabilidad económica mundial. En este momento, además, la industria petrolera saudí se considera como la única esperanza de intentar saciar los mercados petroleros y evitar que siga aumentando el precio del barril. Los expertos habían advertido que en caso de que los saudíes se acercaran al límite de su capacidad de producción, el aprovisionamiento se podría volver más vulnerable, porque el resto de miembros de la OPEP carece de capacidad de maniobra para aumentar la suya. Los terroristas están intentando ponernos en este caso.

Hoy adquiere una especial oportunidad el consejo del profesor Juergen B. Donges en la Tercera de ayer: «Debemos reducir en lo posible la dependencia del petróleo», entre otras razones porque es previsible que en los próximos años se convierta en objeto del chantaje de los terroristas, no solamente en Arabia Saudí, sino también en Irak, donde los sabotajes contra los oleoductos están a la orden del día.

Pero en ningún caso debe perderse de vista que detrás de los problemas energéticos hay una amenaza que debemos combatir sin tregua con los medios más eficaces que estén a nuestro alcance. La única conclusión razonable que cabe deducir de estos atentados es que la lucha contra el terrorismo se puede convertir en una cuestión de supervivencia para la economía mundial.

Europa y Estados Unidos
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 30 Mayo 2004

EN EUROPA se supone que nacemos virtuosos, una tierra ideal en la que apuntarse a una ONG lleva directamente al paraíso. En Estados Unidos se parte del reconocimiento de nuestra potencial maldad, de la capacidad objetiva de dañar a los demás. De ahí su obsesión con los contrapoderes; debemos controlarnos mutuamente porque en nombre de la razón o de la utopía podemos engendrar monstruos.

Con el idealismo formal en la boca, los europeos anduvimos matándonos sin tregua en una guerra civil permanente; consúltese a cualquier historiador. Para escarnio de nuestras soberbias solo paramos la gresca cuando miles de palurdos americanos vinieron a luchar y a morir en nuestras tierras para establecer la altiva democracia europea. En la I Guerra Mundial nos libraron de las estúpidas y criminales monarquías centroeuropeas. En la segunda, sus sacrificios fueron decisivos para terminar con algunos de nuestros dictadores más brutales. También le hicieron el mismo favor a Japón. Con el ejemplo eficaz de su economía, sociedad, ciencia y cultura, derrotaron al sistema comunista, el socialismo realmente existente, el Gulag silenciado, el mayor engaño moral del siglo XX. Y hasta Vietnam pidió el apoyo americano para salvar su posguerra. De nuevo consultar a historiadores. Aunque estas cosas ya no interesan, la memoria es muy selectiva.

Europa se enderezó cuando copió a los Estados Unidos. Tras recibir la ayuda a la reconstrucción del Plan Marshall, alemanes y franceses decidieron que era mejor hacer negocios que invadirse mutuamente. Y juntaron a otros cuatro para montar la Comunidad Económica Europea en 1957. Fue una humillación creadora: renunciaron a parte de la soberanía nacional en aranceles, movilidad de personas y capitales. Pero funcionó como tiro y luego se apuntaron muchos más. Después nuevas renuncias, al autogobierno monetario, a la soberanía fiscal y al desbocado déficit presupuestario. Europa seguía el modelo más americano. ¡Dios mío, caminaba hacia el pensamiento único del Imperio!

Algunos franceses y alemanes no se resignaban a seguir el liderazgo yanqui. Les gusta ser diferentes. En Francia ni siquiera se puede juzgar al presidente por manifiesta corrupción; en Alemania el canciller puede mentir sobre el presupuesto sin que pase nada; y en España... ¿qué se puede decir de España? En fin, nuestros gobernantes quieren que sigamos el antiamericanismo de los tramposos de la clase. Pero también mandan a sus hijos a las universidades americanas, de donde salen los malvados neoconservadores y donde demócratas y republicanos comparten la estrategia básica contra el terrorismo. Así, mientras la élite del poder se capitaliza con titulaciones yanquis para la competencia social interna, se manipula electoralmente la guerra antiterrorista y se condena al pueblo español a la basura televisiva e intelectual, a la ignorancia histórica. Vieja hipocresía europea.

Las siglas del PSOE
Cartas al Director ABC 30 Mayo 2004

Me gustaría analizar la incoherencia de un partido que se presenta a las próximas elecciones. Voy a ceñirme a sus siglas: PSOE. Comenzamos con la P de partido, la cual pretende manifestar un conjunto de personas que trabajan unidas para desempeñar un determinado fin. Éstas deben coincidir en sus principios e ideales. En este partido tenemos personajes de todas las características que se desautorizan entre ellos. ¿Cuántas veces hemos visto discrepancias en el seno socialista? Ibarra dice A, Maragall le critica con dureza, Caldera dice B pero Bono secunda la A. No hay que olvidar la política económica dividida entre Jordi Sevilla, Miguel Sebastián o Solbes. Política de izquierdas o de derechas, depende del personaje.

Continuamos por la S de socialista. ¿Es socialista la política del PSOE? Preguntemos a Llamazares, quien ha criticado numerosas veces a sus «vecinos» por acercarse a la derecha. La letra O pretende representar que es un partido dirigido a la clase obrera. No veo más que falsedades del tipo «180.000 actuaciones». No hay más que observar el sueldo de Maragall, 147.958 euros brutos, que supera con creces al que tenía Aznar. También hay que recordar que del PSOE partió la idea de ampliar las nóminas de los diputados del Congreso. ¿Y lo del sueldo mínimo? Buena jugada días antes de las elecciones, pero escasísima si la comparamos con lo que pone en su programa electoral de marzo.

Por último, la letra E, que implica que es español. ¿Es español? ¿O tal vez español un día, catalán al día siguiente y vasco al otro? Recordemos que este partido mantiene pactos con partidos independentistas. Incluso representantes de su partido en Cataluña y País Vasco no buscan más que la mayor separación posible con España. Al menos sé a que partido no voy a votar.    Mariana Huerta Huerta.     Madrid.

Vascongadas
Juan Antonio Zárate P. de Arrilucea/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo  30 Mayo 2004

Las manifestaciones del Rey en su reciente visita a Araca, en las que utilizó la expresión 'Provincias Vascongadas', han creado una pequeña polémica sobre si estos términos tienen o no una tradición histórica. Henrike Knörr manifestaba en carta a este diario que esta expresión «aparece por primera vez en la Ley de 25 de octubre de 1839, abolitoria de los Fueros». Aunque esta ley, confirmatoria para otros, no es una página de gloria del país, al menos sirve para contradecir la ocurrente manifestación del consejero Azkárraga de que 'Provincias Vascongadas' es una expresión «franquista». Tampoco hace falta revolver demasiado las bibliotecas para encontrar estos términos, con antecedentes mucho más allá de 1839. La expresión 'Provincias Vascongadas' la utiliza José Joaquín de Landázuri en su 'Historia de Álava' (Libro primero, Geografía de Álava, capítulo I, página 7) en 1798. También esta expresión era usada por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País ya en 1764, al fijar en sus estatutos como uno de los objetivos de la entidad el de «...y estrechar más la unión de las tres Provincias Bascongadas de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa».

Por tanto, Henrike Knörr ya puede convencerse de que sí estamos hablando de una expresión con siglos de antigüedad. Hay que recordar, también, que nuestros hoy territorios históricos, eran conocidos como 'Las Provincias' por antonomasia hasta que Javier de Burgos utilizó estos términos para la división provincial que se realizó en el siglo XIX.

Colectivos cívicos y de víctimas piden a PSOE y PP firmar el Pacto Antiterrorista
Los participantes en el 'Encuentro Cívico para la Libertad', reunidos ayer en Vitoria, exigen la retirada del plan Ibarretxe y apuestan por quedar al margen «de la pugna partidista»
«No podemos relajarnos, ahora es el momento de acabar para siempre con ETA»
«Para mí esto no se acabará hasta que la banda pida perdón»
OLATZ BARRIUSO/VITORIA  El Correo 30 Mayo 2004

ENCUENTRO CÍVICO
Las conclusiones: Potenciar encuentros para compartir experiencias, fomentar la creación de nuevas plataformas cívicas, reafirmar el compromiso con la lucha antiterrorista, exigir la retirada del plan Ibarretxe y denunciar las «medidas dilatorias» de la Presidencia del Parlamento vasco para no disolver a Batasuna, solicitar la incorporación al Pacto Antiterrorista.

Los participantes: Fundación para la Libertad, Ciudadanía y Libertad, Basta Ya, Foro Ermua, Plataforma para la Unidad y la Libertad, Libertad Ya, Asociación por la Tolerancia, Iniciativa Ciudadana Convive, Fundación Víctimas del Terrorismo, Convivencia Cívica Catalana, Asociación Víctimas del Terrorismo, Covite, Fundaciones Miguel Ángel Blanco, José Luis López de Lacalle, Tomás Caballero, Manuel Broseta, Maite Torrano, Gregorio Ordóñez, Sociedad El Sitio, Papeles de Ermua, Asociación Jienense de Víctimas 'Verde Esperanza'.

Una veintena de colectivos cívicos y de víctimas solicitaron ayer a PSOE y PP su incorporación como firmantes al «trascendental» Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo que las dos principales formaciones políticas españolas rubricaron en diciembre de 2000. La petición se hace «respetando el criterio de los partidos promotores» y se basa en el punto octavo del Pacto, que exigía el «compromiso activo de todos, instituciones, gobiernos y ciudadanos» en la «afirmación constante de los valores cívicos y democráticos».

Según explicaron fuentes de la organización, se trata de una iniciativa esbozada poco después de la firma del acuerdo que entonces no llegó a cuajar y que ahora serviría para dar impulso al Pacto Antiterrorista, en el que socialistas y populares se han reafirmado tras la llegada del PSOE al Gobierno.

Es una de las conclusiones del manifiesto consensuado en el 'Encuentro cívico para la libertad', un escrito de un folio de extensión que resume el trabajo realizado durante toda la jornada de ayer por los grupos reunidos en el Palacio Europa de Vitoria -entre ellos, la Fundación para la Libertad, Basta Ya, Foro Ermua y más de una decena de agrupaciones de víctimas- y recoge la posición común del «asociacionismo cívico español» en una coyuntura política marcada por el vuelco electoral a favor del PSOE y la ausencia de atentados de ETA.

La cita pretendía marcar un punto de inflexión en la trayectoria de los colectivos comprometidos con la defensa de la libertad y, en cierta manera, «lanzar» de nuevo el movimiento, en palabras del gerente de la Fundación, Teo Uriarte, que también apostó por convertir las plataformas ciudadanas en «organismos vivos, críticos y autocríticos, libres de la pugna partidista» en su intervención en el acto de apertura, ante una representación política e institucional mucho menos nutrida que en actos anteriores auspiciados desde la órbita del constitucionalismo.

Acudieron el diputado general de Álava, Ramón Rabanera, acompañado de otros altos cargos del Ejecutivo foral, el secretario general del PP vasco, Carmelo Barrio, y el teniente de alcalde de Vitoria, José Antonio Pizarro, que dio la bienvenida a los asistentes en nombre del máximo responsable de la Corporación, Alfonso Alonso, que no pudo asistir. No acudió ningún representante del sector 'redondista' del PSE salvo el propio Nicolás Redondo, que participó como ponente en uno de los ocho debates, en concreto el centrado en los «planes secesionistas».

Precisamente, y pese a que los organizadores reconocieron en días precedentes que no era el momento de cargar las tintas contra el nacionalismo, el manifiesto sí recoge la exigencia de que se retire el plan Ibarretxe, por su «naturaleza traumática» y por ser una propuesta «profundamente contraria a la convivencia democrática y favorecedora de una situación de crispación social enaltecedora de todo tipo de radicalismo». También denuncia las «medidas dilatorias» amparadas desde «la Presidencia del Parlamento vasco» para evitar la disolución del grupo de Batasuna.

El documento subraya asimismo la necesidad de potenciar encuentros similares al de ayer -de hecho, los asistentes ya se emplazaron para una nueva cita, que aún no tiene fecha- y aboga por fomentar la creación de nuevas asociaciones «brindando nuestros medios y experiencia» a su promoción.

Aunque se insistió en la necesidad de respetar las «particularidades» de cada grupo y se descartó crear un colectivo único, sí se alcanzó un acuerdo «unánime», según fuentes de la Fundación, para promover una «comisión» en la que estarían representadas las diversas plataformas y que se encargaría de organizar actos conjuntos. El primero sería un homenaje a la Constitución y al Estatuto en la festividad de la Carta Magna en diciembre.

Mayor Oreja pinta a un PSOE débil ante Europa por sus pactos con Carod
El candidato popular apela al orgullo nacional en su segunda jornada de campaña
P. DE LAS HERAS COLPISA. PALMA DE MALLORCA El Correo 30 Mayo 2004

«¿Qué queremos llevar a la Unión Europea: una fortaleza constitucional o una España debilitada por los pactos del PSOE con las minorías nacionalistas?». Jaime Mayor Oreja fue fiel a su estilo en su segundo día de campaña. El cabeza de lista del PP para las elecciones europeas aprovechó ayer otro de los grandes feudos regionales de su partido, Baleares, para meter en el campo de batalla una de las cuestiones que más solivianta a su electorado: el de un supuesto peligro para la unidad y la fuerza del Estado. «¿Qué España quieren representar (los socialistas) en la Unión Europea, la España constitucional o la falta de España que significa Carod-Rovira?».

El aspirante popular buscó, una vez más, despertar en sus votantes un cierto ánimo revanchista capaz de hacer frente a la desidia con la que, habitualmente, afronta la ciudadanía unos comicios como los que tendrán lugar el 13 de junio. Y para ello, pulsó dos teclas: la del orgullo patrio y la del temor a una pérdida de poder y capacidad de desarrollo que, según dijo, sólo será capaz de mantener el PP.

Como ya hiciera Mariano Rajoy en múltiples ocasiones durante la campaña de las generales, Mayor Oreja presentó a un PSOE «hipotecado» por su relación con los independentistas de Esquerra Republicana en Cataluña y atado de pies y manos para defender ante las instituciones comunitarias los intereses de todos los españoles. «Cuando pactas con los que no creen en España -sentenció- no te atreves nunca a decir la verdad». «Nosotros -insistió después- tenemos que desterrar la mentira y el complejo de España».

Pero en su discurso no sólo apeló al sentimiento nacional. También hizo una llamada al sentido de corresponsabilidad de la militancia, a la que encomendó la tarea de hacer resurgir al partido tras la debacle del 14 de marzo «Ellos -dijo en referencia a los socialistas- quieren tener un ciclo largo, un felipismo de segunda generación y eso nos lo jugamos en Europa; de vosotros depende que veamos que este partido tiene las fortalezas y convicciones que algunos creemos».

Éxitos de Gobierno
En su intento por encender los ánimos de sus seguidores, Mayor recurrió al que, a juicio de los estrategas del PP, es aún uno de los principales ganchos electorales: los logros económicos de los Gobiernos de Aznar. «Una vez más -reiteró- tenemos que saber decir la verdad; Borrell ha hablado de la soledad del señor Aznar y ha dicho que ha impugnado todas las directrices europeas. Él siendo ministro sí impugnó todas las directrices europeas, retrasó el desarrollo de las infraestructuras e hizo un daño enorme a la modernización del sector inmobiliario».

Como en la jornada anterior en Murcia, el candidato popular contó en Baleares con un público convencido, aunque también como en Murcia entrado en años. La táctica, sin embargo, está clara: el PP quiere encender a los suyos y para ello recorrerá, fundamentalmente, los lugares en los que cuenta con mayor número de seguidores.

Mariano Rajoy: «Zapatero no sabe adónde va ni qué es lo que quiere hacer con España»
El líder del PP concede a ABC la primera entrevista en prensa desde su derrota del 14 de marzo y promete que, pase lo que pase el 13-J, se presentará al Congreso popular de septiembre
ALBERTO PÉREZ GIMÉNEZ ABC 30 Mayo 2004

MADRID. Mariano Rajoy recibe a ABC en el mismo escenario, la mesa de su despacho de la séptima planta de Génova, donde habló con este periódico sólo unos días antes de que se produjeran los brutales atentados de Madrid. Entonces, las encuestas le sonreían y muy pocos dudaban de su victoria: si acaso, si se produciría por mayoría absoluta o relativa. El 11-M lo cambió todo -«cualquier persona que se acerque con un mínimo de objetividad a lo que es la realidad es absolutamente consciente de que los atentados del 11-M fueron un factor totalmente decisivo en la conformación de la voluntad nacional», nos dice ahora- y afronta las europeas del 13 de junio como una segunda oportunidad. Aunque, eso sí, hace una clara promesa política, sea cual sea el resultado de estas europeas: «Me presentaré al Congreso Nacional del Partido Popular el próximo septiembre».

-¿Llegan muy pronto estas elecciones para intentar cambiar la deriva de los acontecimientos?
-Llegan cuando tocaba, y nosotros vamos a hacer una campaña con las mismas ganas, ilusión y fuerza que siempre. Y vamos a hacer un gran esfuerzo para hacer una buena campaña. Y desde luego las vamos a intentar ganar. Nosotros ya hemos decidido mirar hacia el futuro y el futuro está ahí, en el 13-J, donde los españoles tendrán la oportunidad de decir lo que sientan, para votar con sentimiento, porque el voto puede ser también la expresión de un sentimiento, y para dar su apoyo a unas determinadas políticas.

-Durante la precampaña y en el arranque de la misma, el PSOE ha recurrido al recuerdo de la guerra y a la actual situación en Irak. ¿La foto de las Azores es el póster electoral del PSOE?
-Sin duda. El PSOE no tiene más argumento en esta campaña europea que hablar de Irak y la retirada de las tropas, que, por otra parte, es la única decisión que ha adoptado desde que es Gobierno, lo demás son anuncios. Nosotros intentaremos hablar de temas que les importan mucho a los españoles, como la Constitución europea, el debate sobre los fondos, la necesidad de hacer políticas europeas en materia de inmigración, los problemas de la deslocalización industrial y la competencia de los nuevos países que se acaban de incorporar a la UE, la lucha contra el terrorismo... Pero es evidente, basta con oír a sus candidatos, que la campaña del PSOE es Irak, como Irak fue el monotema de la campaña en las generales.Lo que al final acaba importando en cualquier faceta de la vida es el futuro, y el futuro es qué vamos a hacer en Europa ahora. Creo que el PP es profundamente europeísta, que ha hecho aportaciones muy importantes en los últimos años a la construcción europea, defendiendo el euro, promoviendo la Agenda de Lisboa -que contenía un amplio paquete de reformas económicas que han sido muy útiles en España para crear empleo y riqueza-, estando en la vanguardia de las decisiones europeas en la lucha contra el terrorismo, pilotando la creación de una política de inmigración común dentro de la UE y, desde luego, siendo el Gobierno europeo que con más fuerza ha apostado por la solidaridad y la cohesión entre los europeos. En estos planteamientos, miramos al futuro.

-Volviendo al tema de Irak y al interés del PP por pasar página: por primera vez en más de veinte años, José María Aznar no va a participar en una campaña electoral del partido. ¿Qué significa esto?
-Aznar es aún el presidente del partido, pero ha delegado todas las funciones de esa presidencia en el secretario general y él ha dicho que abandonaba la política activa. Por tanto, su decisión es plenamente coherente con lo que en su día dijo: que no iba a ser candidato a la Presidencia del Gobierno.

-Y la decisión de no participar en esta campaña la toma Aznar de manera individual...
-Esa decisión es del señor Aznar.

-Sin embargo, y siguiendo con la comparación entre PSOE y PP con el pasado y el futuro, Felipe González sí va a participar en varios mítines, incluso en Madrid...
-Son decisiones que hay que respetar. Las dos.

-¿Fue afortunado, por parte de Jaime Mayor Oreja, sacar a relucir las torturas de los GAL para responder a José Borrell y su insistencia en las torturas en Irak?
-Lo que creo es que fue enormemente desafortunado que el PSOE utilizara el tema de las torturas de Irak, que por cierto es un hecho absolutamente deleznable, para intentar mezclar al Partido Popular en esto. Al final, cuando no se tienen otros argumentos, sólo se usa Irak, y es lamentable que el PSOE haya optado por ello.

-¿Qué puede ofrecer Mayor Oreja como candidato frente a Borrell?
-Jaime es el mejor candidato que tiene el PP. Tiene experiencia política, conocimiento, principios y convicciones, y para defender los intereses de España es el más adecuado. El señor Borrell es un candidato que en su día fue elegido por las bases del Partido Socialista para ser candidato a la Presidencia del Gobierno y que luego tuvo que abandonar asumiendo su responsabilidad política por unas actuaciones de corrupción de parte de sus colaboradores más íntimos. Eso, sin duda alguna, no es una buena tarjeta para presentarse a unas elecciones.

-¿Qué errores hubo en la gestión de la guerra de Irak?
-Yo creo que hubo muy mala suerte. La operación de Irak, en la que por cierto estaban la mayoría los países de la UE ampliada -hay más países europeos que llevaron tropas a Irak que los que decidieron no llevarlas-, era una operación de lucha contra el terrorismo internacional de difícil gestión que, evidentemente, ha tenido puntos negros como el tema de las torturas. Lograr hacer de Irak un país libre para sus ciudadanos no es fácil, pero lo que no es solución es abandonar ahora a los iraquíes a su suerte, y los países que están allí trabajando, entre los que ya no está España, están haciendo el mayor esfuerzo del que son capaces para que vuelva la normalidad. Y no hay que olvidarlo, están allí con el respaldo de Naciones Unidas, que está trabajando también una nueva resolución para fortalecer ese trabajo.

-¿No es paradójico que el PSOE, que acusó al PP de imprevisión sobre el terrorismo islámico, saque ahora a todos los agentes españoles del CNI de Irak?
-Más que paradójico, me parece lamentable que se cuente que hay espías y que se cuente que se sacan. Estas cosas no deben darse a conocer a la opinión pública porque entonces no estamos hablando de espías.

-Hace menos de tres meses, en este mismo despacho de Génova, le preguntaba qué esperaba Mariano Rajoy de las elecciones del 14 de marzo y si consideraría un fracaso una victoria por mayoría relativa. Luego, el 11-M lo cambió todo. ¿Cuál es hoy el resultado que busca en el 13-J, teniendo en cuenta lo que dicen las encuestas?
-Ganar. Ése es el único resultado que busco y no me planteo otro.

-Dando la vuelta a la pregunta, ¿por debajo de qué resultado considerará Rajoy que ha fracasado?
-Rajoy no se plantea si va a fracasar o no porque lo único que me planteo es ganar. No contemplo otra posibilidad.

-¿Pensó en algún momento tras el 14-M dejar paso a otros?
-No.

-Pase lo que pase en el 13-J, ¿seguirá al frente del PP?
-Yo me presentaré al Congreso Nacional del partido a la vuelta del verano y así se lo he dicho ya a mis compañeros. Lo conocen y la gente me anima a que lo haga. Y me presentaré.

-Se habla mucho con este nuevo Gobierno de «talante». Para alguien que ya había imprimido desde antes su propio sello de diálogo, el llamado «estilo Rajoy» por contraposición al de Aznar, ¿qué le parece el llamado «talante Zapatero»?
-A mí, todo lo que sea el talante, el diálogo y la buena educación, me parece muy bien, y nadie me podrá decir que yo no lo he practicado a lo largo de toda mi vida política. El problema es que sólo con el «talante» no se llega. En política se necesitan también eficacia y resultados. Y tengo mis dudas de que eso lo pueda conseguir el PSOE, a la vista sobre todo de muchas cosas a las que hemos asistido en estas primeras semanas.

-Por ejemplo...
-Pues que el balance de estas primeras semanas se puede resumir en una sola decisión que tiene efectos jurídicos de verdad, que es la de retirar las tropas de Irak. En lo demás, hemos visto muchísimos anuncios, pero muy pocas concreciones.

-¿Y qué le preocupa especialmente?
-Me preocupan sobre todo tres cosas. En primer lugar, que se haya abierto el proceso de reforma de la Constitución, los Estatutos y la financiación autonómica, que es un tema capital para España, y que el Gobierno no tenga ningún criterio. Por eso, le preguntaré al presidente del Gobierno en el próximo Pleno qué es lo que quiere hacer con España. Es absolutamente incomprensible que se pueda abrir un proceso de reformas de estas características sin saber a dónde se va. Es algo muy difícil de entender y que supone una clara irresponsabilidad. En segundo lugar, otro asunto que me preocupa sobremanera es la política exterior.

El PP ha hecho una enorme aportación a la construcción europea y la ha sabido conciliar con la defensa de los intereses de España. Sin embargo, el PSOE, hasta ahora, ha tomado dos decisiones que han sido negativas para esos intereses: una, la negociación agrícola, que desgraciadamente se ha saldado con un clamoroso fracaso, y otra, ceder, a cambio de nada y faltando a la palabra que dio Zapatero en el debate de Investidura, la firma de la Constitución Europea al señor Berlusconi.

Y será aún peor lo que va a pasar con la Constitución Europea, porque después de que hicimos una muy buena negociación en Niza -cuando conseguimos que los cuatro grandes países por población, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia, tuvieran un número de votos equivalentes al 8,43 por ciento y España, con mucha menos población, un 7,88-, ahora, con la propuesta que hay encima de la mesa y sobre la que negocia el PSOE en este momento, España tendrá un 8 por ciento de poder, prácticamente lo mismo que logramos en Niza, mientras que Alemania pasa a tener más del doble, un 17 por ciento, y los otros tres países un cincuenta por ciento de poder más que España. Con esta propuesta, Alemania y Francia, que en Niza sumaban juntas menos de un 17 por ciento de los votos de la Unión, pasan ahora a tener prácticamente un 30 por ciento.

Y esto no es un tema menor, sino un asunto muy importante, porque las grandes materias que le interesan a España en Europa, como la agricultura mediterránea, los problemas medioambientales o las políticas de solidaridad y cohesión, con este nuevo modelo, nos deja sin capacidad de veto aunque nos sumemos a los países que tienen los mismos intereses que nosotros, algo que sí teníamos con el modelo que el Gobierno del PP logró en la Cumbre de Niza.

-Y su tercera preocupación...
-Las declaraciones, que no toma de decisiones, que se están produciendo en política económica. Creo que anunciar al llegar al Gobierno un aumento del déficit de 0,5 puntos es un gravísimo error; las discrepancias entre ministros sobre los horarios comerciales y las aperturas, otro enorme error; las discrepancias entre el vicepresidente económico y la ministra de la Vivienda, sobre la supresión de las desgravaciones a las hipotecas, más de lo mismo; las declaraciones de Borrell diciendo que el Pacto de Estabilidad está muerto y bien muerto, nuevo gravísimo error; las del señor Solbes hablando de flexibilidad sin concretar nada, otro tanto; las declaraciones contradictorias sobre lo que se va a hacer con la financiación autonómica, otro... Se está generando muchísima incertidumbre y la economía requiere, ante todo, confianza, y para dar confianza hay que tener las ideas muy claras, hay que ser previsible, muy seguro, y la gente tiene que percibir con claridad hacia dónde se quiere ir.

-Y el PP, ¿hasta dónde está dispuesto a discutir esos planes de reformas que está lanzando el Gobierno del PSOE?
-Entre nuestras prioridades de programa no estaban ni la reforma de la Constitución ni la de los Estatutos ni la reforma de la financiación. Tenemos que actuar con responsabilidad y por ello decidimos decirle al presidente del Gobierno que, aunque no era nuestra prioridad, pero ya que él había abierto ese proceso, el PP estaba dispuesto a construir y ayudar, siempre que las cosas se hicieran de manera razonable, y por eso pedí una audiencia con el señor Rodríguez Zapatero. Pero en ella no me dijo lo que quería hacer. Luego, nos hemos enterado de que le vale cualquier reforma estatutaria con tal de que no sobrepase los límites de la Constitución. Pero es que yo no estoy de acuerdo con que las competencias del Estado las fijen las Autonomías: las competencias de las Cortes Generales las fijan las Cortes Generales, que son las que representan la Soberanía del pueblo español, como dice la Constitución. Por tanto, el Gobierno debe tener un criterio porque él ha sido el que ha promovido esta reforma. Pero, de momento, no se nos ha propuesto nada.

-¿Ve peligrar los logros económicos de 8 años de Gobierno popular?
-Nosotros, a principios de este año, presentamos nuestro Plan de Estabilidad y Crecimiento para el próximo cuatrienio a la Comisión Europea, y ésta informó favorablemente. Y el comisario era quien hoy es vicepresidente económico del Gobierno español, el señor Solbes. En ese informe se decía que España crecería a un ritmo del 3 por ciento en los próximos años y que se crearían dos millones de puestos de trabajo y la inflación bajaría a niveles similares a los de la media de la UE. Ése es el reto que tiene ahora por delante el PSOE, y particularmente el vicepresidente económico, que fue el que dio el visto bueno a ese programa del Gobierno del Partido Popular.

-También se esperaba la actuación del PSOE con TVE, verdadero caballo de batalla en la campaña de las generales por la continua acusación de manipulación al Gobierno del PP. ¿Cómo valora la gestión tras estas semanas?
-Muy mala. Yo no creo en el llamado comité de sabios. Si el señor Zapatero quiere hacer una televisión que no dependa del Gobierno, simplemente tiene que cumplir su programa electoral, que dice que al director general lo elegirán las Cortes con el voto de dos tercios de los diputados. Sólo con eso ya tiene arreglado el problema y no precisaba de ningún comité de sabios. Y en cuanto a los problemas económicos de TVE, requieren, sin dudarlo, el concurso de la SEPI y de la Secretaría de Estado de Hacienda, porque la situación es muy grave y hay que tomar medidas en ningún caso simpáticas.

-Tras las europeas comenzará a trabajar la Comisión de Investigación del 11-M. ¿Teme que sólo sirva para debilitar a las Fuerzas de Seguridad?
-Espero que no, y yo actuaré con responsabilidad para que no sea así. Por fortuna, el ministro del Interior ya rectificó aquellas declaraciones donde achacaba al Gobierno del PP imprevisión política en este tema. Yo nunca imputaré responsabilidad al Gobierno socialista cuando se produzca un atentado, lo que haré será animarle y ayudarle a que ponga más medios. A partir de ahí, quiero que la Comisión muestre lo que en nuestra opinión está demostrado: que el Gobierno actuó correctamente y que hubo una serie de fuerzas políticas que utilizaron claramente los atentados contra el Gobierno. Todas las sedes del PP, en la jornada de reflexión, fueron sitiadas por personas convocadas de manera conveniente y quiero saber quién dijo la verdad y quién no.

-¿Y la posibilidad de dejar al margen a Zapatero y Aznar?
-No hemos hablado de ese asunto. Debemos hacer lo posible para conocer lo que les interesa saber a los españoles. Pero no hemos hablado, por lo menos yo, de Zapatero y Aznar. Tenemos ahora unos días para intentar acordar las comparecencias que sean oportunas.

-¿Y a qué actores llamará el PP?
-Todavía no lo tenemos decidido, pero desde luego una de las cosas que queremos averiguar es quién convocó las manifestaciones ante nuestras sedes. Y otra, quién nos acusó nada menos que de intentar suspender las elecciones, algo increíble.

-Eso significa que no sólo se intentará llamar a sectores y responsables políticos...
-No descartamos ninguna posibilidad en este momento.

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