AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 3 Junio 2004
ETA y el terror islamista
Luis María ANSON La Razón  3 Junio 2004

La punta del iceberg
Luis María ANSON La Razón  3 Junio 2004

Matrículas, selecciones deportivas y Constitución
EDITORIAL Libertad Digital   3 Junio 2004

Alerta antiterrorista en la UE
Editorial La Razón  3 Junio 2004

Nazis: islamistas y etarras
José María Marco Libertad Digital  3 Junio 2004

Selecciones nacionalistas
Editorial La Razón  3 Junio 2004

Goles en propia puerta
Juan Manuel Rodríguez Libertad Digital  3 Junio 2004

EL DEPORTE Y LA ANTI-ESPAÑA
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Junio 2004

GOL NACIONALISTA
Editorial ABC 3 Junio 2004

ROMPER ESPAÑA
Jaime CAMPMANY ABC 3 Junio 2004

BONO, EL CATALÁN Y EL ARTE DE CREAR PROBLEMAS
LUIS IGNACIO PARADA ABC 3 Junio 2004

Maragall
Cristina ALBERDI La Razón  3 Junio 2004

Ni sí ni no, sino todo lo contrario
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  3 Junio 2004

¿Ministerio inofensivo
Agapito Maestre Libertad Digital  3 Junio 2004

Terminada la Transición, que termine la Transitoria
Pascual Tamburri La Razón  3 Junio 2004

NACIONALISMO ECONÓMICO
FERNANDO FERNÁNDEZ ABC 3 Junio 2004

Ofensiva lingüística nacionalista
Lorenzo Contreras Estrella Digital 3 Junio 2004

La España de las torres de potas
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 3 Junio 2004

Élite lingüística
Cartas al Director El Correo  3 Junio 2004

Mayor advierte que España no puede mirar a Europa llena de hipotecas nacionalistas
Tate Santaeulària La Razón  3 Junio 2004
 

ETA y el terror islamista
Alejandro Muñoz-Alonso La Razón  3 Junio 2004

Se multiplican las informaciones sobre los contactos entre terroristas etarras e islamistas, incluidos planes o propuestas de colaboración entre ambos y crece la opinión de que el atentado del 11 de marzo pudo ser una muestra de esa hipotética y sanguinaria colaboración. A la vista de lo que sucedió entre el 11 y el 14 de marzo y de la repugnante manipulación de la opinión por parte de sectores próximos al partido que obtuvo el triunfo en las elecciones, esos posibles contactos tienen una gran significación política, por más que no alteren la legitimidad del veredicto de las urnas. Si en aquellos días la oposición hubiera tenido la más elemental buena fe, esta hipótesis de la colaboración ETA-islamismo la habría considerado desde el primer momento. Pero eso es pedir peras al olmo.

Las conexiones entre ETA y el mundo político del islam son muy antiguas y datan desde el mismo momento en que la primera opta por la vía del terrorismo, en su terminología «lucha armada». El texto que explica esa decisión, «La insurrección en Euskadi», se publicó en 1964 y estaba inspirado en las doctrinas del FLN argelino, entonces muy de moda. Esas conexiones no se limitaron a lo meramente doctrinal o teórico, como ya expuse en mi libro «El terrorismo en España», que apareció en 1982 y desde entonces, con diversas vicisitudes no han cesado. Entre otros contactos, ETA ha enviado observadores a una gran conferencia de grupos islamistas que tuvo lugar en Jartum, la capital de Sudán, en 1993. Por cierto que en aquella reunión se eligió un comité permanente de nueve miembros, uno de ellos Osama Ben Laden.

El barullo político de aquellos días de marzo impidió que se valoraran algunas aportaciones de expertos internacionales que, desde el primer momento, no descartaron la participación de ETA en el atentado. Nadie se hizo eco, por ejemplo, del artículo de Amir Taheri, exiliado iraní y gran conocedor de los problemas de Oriente Medio, aparecido en «The Wall Street Journal Europe» el 18 de marzo y en que bajo el título «Aliados en el terror» hacía un resumen de las conexiones ETA-islamismo, tanto viejas como nuevas. Resalta las expresiones de simpatía por «las varias causas islamistas», incluyendo la desaparición de Israel y la lucha contra EE UU que aparecen en «la literatura de ETA» y concluye que «hayan o no unido sus fuerzas para planear y ejecutar los atentados de Madrid, ETA y Al Qaida siguen siendo aliados políticos objetivos». Pero eso no le interesaba al PSOE.

La punta del iceberg
Luis María ANSON La Razón  3 Junio 2004
de la Real Academia Española

Casimiro García-Abadillo ha desvelado con documentación incontrovertible la relación, a la que me referí en una canela hace varias semanas, entre el terrorismo de Eta y el islámico. Es sólo la punta del iceberg. No sé yo si será posible profundizar aguas adentro porque algunos sectores de los servicios de inteligencia franceses, marroquíes y árabes son de sólito muy tenebrosos. Pero, desde hace un par de meses, los dirigentes españoles mejor informados hablan abiertamente de la relación entre Eta y el terrorismo fundamentalista islámico, lo que no significa que la banda etarra interviniera en el 11-M, obra atroz esencialmente de Al Qaida.

Ciertamente, mientras esta cuestión, puesta hoy sobre el tapete de la opinión pública, no se aclare en un sentido u otro, no entenderemos cabalmente el alcance del 11-M. La España política se derrama estos días en una torrentera de especulaciones. No me voy a sumar a ellas. No me haré eco ni de las que parecen más razonables. Queda a juicio del lector extraer sus propias conclusiones. Lo que resulta incontrovertible es que el terrorismo de Eta y el terrorismo fundamentalista islámico no son compartimentos estancos, sino vasos comunicantes, al margen del 11-M. Bajo las aguas que esconden el iceberg había y hay contactos profundos cuya significación y alcance es todavía difícil de analizar, aunque desde que se descubrió lo ahora publicado a Zapatero no le llega la camisa al cuerpo.

Matrículas, selecciones deportivas y Constitución
EDITORIAL Libertad Digital   3 Junio 2004

Que haya españoles que tengan como lengua propia el catalán no es ninguna “anomalía” como tampoco lo es que haya catalanes que tengan como lengua propia el español. Las lenguas, sencillamente, son de las personas, no de los territorios.

Sin embargo, la propuesta de CiU de incluir los distintivos autonómicos en las matrículas, la payasada del representante de ERC de interpelar en catalán al Gobierno en el Congreso de los Diputados, o la iniciativa para que la selección vasca, la catalana y la gallega de las distintas modalidades deportivas reciban reconocimiento internacional, no son meras ocurrencias pintorescas de grupos nacionalistas a los que no le importan poner en cuestión su sentido del ridículo. Son muestra, además, de algo mucho más grave como es su descarada negación de dos principios históricos y jurídicos fundamentales como son la unidad y la condición nacional de España.

Con demasiada frecuencia se ha dejado sin réplica a los nacionalistas que, como la cosa más natural, hablan de “nación” para referirse a sus respectivas comunidades autónomas, cuando estas ni lo son, ni lo han sido nunca. Lo grave es que ese delirio de los nacionalistas no sólo se quiere plasmar en una camiseta de fútbol, en una matricula o en una intervención parlamentaria en un Parlamento que como el español no es internacional. Lo quieren llevar también a sus Estatutos de Autonomía.

La propuesta de reforma estatutaria de Maragall —conviene recordar—define a Cataluña como nación. La cuestión planteada por el presidente catalán de qué nombre poner a la camiseta de los futbolistas que no pertenezcan a la selección gallega, vasca o catalana se la debería de hacer Maragall también a la hora de cómo pretende encajar su estatuto en nuestra Constitución. Ya no es sólo una cuestión de Derecho Constitucional, sino de la más simple lógica elemental: Si Maragall considera que España no es una nación sino que está integrada por muchas naciones, ¿podría decir, al menos, Maragall el nombre de esas supuestas naciones?

Al menos en esto, los nacionalistas secesionistas para quienes "su nación" no es ni forma parte de España, tienen más coherencia cuando afrentan a la Constitución y a la Historia; pero los nacionalistas que, como los de CiU o los del PSC, dicen que no pretenden dejar de ser españoles, podrían al menos enumerar y nombrar la lista de naciones que, según ellos, integran España.

Muchas veces subrayamos el componente trágico del nacionalismo pues, aun dependiendo de su intensidad, siempre conlleva un menor o mayor quebranto de los derechos individuales. Pero ya va siendo hora que le saquemos punta a su componente cómico. En cuanto Maragall nos de la “lista”, veremos que también lo tiene.

Alerta antiterrorista en la UE
Editorial La Razón  3 Junio 2004

La red de Al Qaida amenaza con perpetrar nuevos atentados en Europa. Después de la resonancia alcanzada por los asesinos del 11-M, los estrategas de Ben Laden parecen haber puesto sus ojos en otros dos países, Italia y el Reino Unido, donde los expertos policiales han detectado la presencia de varias células de Ansar Al Islam, el grupo de Al Qaida que lidera el emir jordano Abu Musab Al Zarkawi. LA RAZÓN informa hoy en exclusiva sobre la alerta europea ante la nueva amenaza desatada por la presencia de células activas islamistas. Una alerta que incluye la sospecha de que otro grupo se ha infiltrado igualmente en suelo español, aunque en este caso se cree que tan solo tienen previstas misiones de logística y de apoyo. No obstante, los servicios de seguridad británicos, italianos y españoles trabajan coordinados y contra reloj para desbaratar los planes de los comandos, varios de los cuales han sido ya identificados como argelinos que recibieron en su día entrenamiento en Afganistán.

España tuvo ya su 11-M y ahora serían italianos y británicos, cuyos respectivos gobiernos se enfrentan a una contestación popular creciente por la presencia de sus tropas en Iraq, las probables víctimas de los atentados. La red de Ben Laden parece haber sacado provecho del efecto político provocado por la matanza de Atocha y no cabe, por ello, descartar que la presencia en Europa del presidente Bush o la inminencia de las elecciones al Parlamento Europeo puedan ser momento igualmente atractivos para las células activas de Al Qaida.

Terrorismo
Nazis: islamistas y etarras
José María Marco Libertad Digital  3 Junio 2004

La colaboración de ETA con los grupos terroristas y fundamentalistas islámicos no es nueva. La ideología de la que parten es la misma: el antiimperialismo nacionalista de los años 50, combinado con raíces comunistas. En otras palabras, los etarras y los islamistas son nacionalsocialistas: nazis.

Se suele decir que el fundamentalismo islámico echa sus raíces en el fracaso de los movimientos nacional-socialistas de ideología antiimperialista. No es así. El nacional-socialismo árabe consiguió todos los objetivos que se había propuesto: enriquecer a una oligarquía corrupta y despótica, y mantener a una muy amplia mayoría de la población en la pobreza, la ignorancia y el miedo, todo ello macerado en el culto a la personalidad y a la mitología panarabista.

El fundamentalismo islámico revitaliza este movimiento y le proporciona un nuevo horizonte, sobre todo a partir de 1979, cuando la revolución de los ayatolas jomeinistas triunfó en Irán. Lo que al principio parecía irreconciliable se convirtió a medio plazo en un movimiento único, como demuestra el caso paradigmático de Yasser Arafat, primero nacionalsocialista –nazi–, reconvertido luego al islamofascismo y siempre empeñado, con éxito, en mantener aterrorizado y pauperizado a unos palestinos que podrían tener ahora un Estado soberano y democrático.

ETA estableció contactos con el Frente Popular de Liberación Palestino en 1970, inmediatamente después de empezar con sus acciones terroristas en España. Terroristas etarras se entrenaron en campos del FPLP en Líbano y Libia. Al menos hasta 1986, hubo contactos entre el régimen libio y ETA, y Libia suministró armamento y dinero a ETA. Desde 1985, una delegación de ETA se ha desplazado todos los años a Teherán a participar en una reunión anual de movimientos antiimperialistas, que celebra el triunfo de los totalitarios jomeinistas.

En 1986, la policía francesa identificó a un funcionario de la embajada de Irán en París como contacto del régimen iraní con los grupos terroristas occidentales. En 1993, ETA participó en la reunión de organizaciones islámicas celebrada en Jartum, donde se eligió a un comité dirigente que incluía a Osama Ben Laden. En 1998, la policía española arrestó a un agente iraní acusado de mantener contactos con ETA. Lo soltaron por tener pasaporte diplomático.

¿Moratinos, que conoce tan íntimamente a Arafat, no sabe absolutamente nada de toda esta historia?

Selecciones nacionalistas
Editorial La Razón  3 Junio 2004

La primera sorpresa saltó el mismo martes en el Congreso de los Diputados cuando el PSOE aprobó con el peso de sus votos, sumados a los de los nacionalistas, una moción (modificada) presentada por EA para que el Gobierno impulsase la participación de selecciones deportivas autonómicas en competiciones internacionales. Los parlamentarios socialistas dijeron primero que no, para, acto seguido y tras una más probable presión interna de los diputados del PSC de Maragall, decir que sí. Sólo algunos históricos militantes del PSOE, como el madrileño Joaquín Leguina o el vasco «Txiqui» Benegas, parecieron darse cuenta de la trascendencia de lo que allí se dirimía para el futuro de España y el de su partido, rompieron la diciplina y votaron en contra. Benegas lo atribuyó después a «un error», sospechosamente coincidente con el reiterado voto de su partido contra estas selecciones en el Parlamento de Vitoria.

Pero no se acabaron las sorpresas, puesto que ayer, si nos atenemos a las declaraciones de Rodríguez Zapatero o del secretario general del grupo en el Congreso, Diego López Garrido, nadie ha sido capaz de entender el sentido real de la votación. Porque se nos dice a los españoles que no hay tal; que, al retirarse la palabra «oficial», la selección Nacional es la única representante de España y las autonómicas sólo competirán en encuentros «amistosos». Tampoco es aceptable esta «reparación». Primero, porque se crearía algo que ya existe, como los encuentros amistosos del estilo del celebrado recientemente entre las selecciones catalana y brasileña. Y, además, porque no deja de suponer que, para el partido en el Gobierno, lo que se vota en la Cámara puede, con escasa vergüenza democrática, ser rebajado o convertido en papel mojado al llegar al trámite explicatorio del Gobierno.

Con ser grave la falta de consideración hacia el Congreso, mucho más lo es la certidumbre de que este Ejecutivo tiene demasiadas hipotecas con los grupos nacionalistas que le sustentan y una especialmente gravosa con sus propios diputados catalanes, mientras muestra que carece de un modelo claro de Estado. Es más, ha sido hasta ahora incapaz de decir o entender lo que consideran que es, o debe ser, España. Los electores escuchamos otros argumentos bien diferentes, en defensa de la unidad nacional, en la campaña electoral del PSOE de Rodríguez Zapatero. Y pareció confirmarse cuando el propio presidente negó en su investidura la posibilidad de que las selecciones autonómicas participaran en competiciones internacionales. Poco o nada queda después de llegar al poder, y hasta vemos cómo el presidente habla de reforma constitucional pero se niega a proponer al primer partido de la oposición nuevos límites, y el PSOE vota lo contrario de lo que se prometió ante la Cámara, uniéndose a los nacionalistas.

Falta aún por explicarse en qué piensa nuestro Gobierno que consiste una selección española; quién puede ostentar ese nombre cuando jueguen, en una competición, vascos y catalanes contra «el resto de España» (más bien del «resto del Estado español»). O qué pasará cuando, como ya han advertido los valencianos, sean éstos u otros quienes se arrogen el orgullo de llevar la camiseta de España en los torneos en los que no participe, quizás por «no crispar la situación», la selección nacional. Sorprende además que, en plena campaña para las europeas, el PSOE confunda al electorado con hechos que transmiten inseguridad y falta de claridad sobre lo que quiere para el futuro de España.

Goles en propia puerta
Juan Manuel Rodríguez Libertad Digital  3 Junio 2004

A Alfredo di Stéfano suelen atribuírsele la mayoría de chascarrillos y anécdotas que tienen que ver con el mundillo del fútbol. Una de esas cuenta que un día abroncó a uno de sus porteros del Boca Juniors, equipo al que luego convertiría en campeón de Argentina, de la siguiente guisa: "Bien está que no me pare usted las que van dentro, pero no me meta también las que van fuera". Al anterior secretario de Estado para el Deporte, Juan Antonio Gómez-Angulo, le pillaron cambiándole el agua al canario cuando lo de la Federación Internacional de Hockey, pero al menos no hizo como el actual, Jaime Lissavetzky, que se acaba de meter dentro una que iba clarísimamente fuera. Y como ese balón iba fuera, los "aficionados" (o sea, los ciudadanos) no podemos entender por qué el presidente del Gobierno asegura que es "imposible pensar en una competición internacional entre una selección autonómica y el resto de España", y, justamente mientras eso acontece, los portavoces de Esquerra y Eusko Alkartasuna afirman con rotundidad todo lo contrario.

El modo en cómo se llevó a cabo en el Congreso de los Diputados la votación de la moción presentada por EA nos lleva a pensar que son los portavoces de los grupos parlamentarios nacionalistas quienes llevan desgraciadamente razón en el asunto que nos ocupa. De hecho, esa de la participación internacional de las selecciones autonómicas, fue una de las banderas que ondearon con mayor virulencia los grupos políticos que hoy componen el tripartito en Cataluña. Rafael Niubó, director general de deportes de la Generalidad, ya vaticinaba allá por el mes de marzo que el objetivo final era que Cataluña pudiera competir a nivel internacional. ¿Objetivo final? ¿Alguien se cree de verdad que al señor Niubó le importa un carajo la selección catalana de hockey sobre patines?... En absoluto; las selecciones autonómicas no son el objetivo final sino el principio de algo... ¿De qué? Eso es lo que tienen la obligación de explicarnos.

¿Qué dice exactamente la moción presentada por EA?... Dice lo siguiente: "Se insta a los poderes públicos a promover la presencia de las selecciones deportivas autonómicas que lo soliciten en competición internacional". Lissavetzky podrá decir misa cantada, pero eso suena francamente mal; suena a que, desde ahora mismo, comienza una frenética carrera por parte de los nacionalistas para tratar de colar, por aquí y por allá, a sus diferentes selecciones deportivas. Y, de lograrlo, ya no podrán aducir atolondramiento o desconocimiento de la norma puesto que ésta se aprobó en el Parlamento español. ¿Seguro que no podrá verse en el futuro un partido de baloncesto entre España y el País Vasco?... ¿Seguro?... Como dice un buen amigo mío, a Seguro lo metieron preso y además nosotros tenemos unos porteros muy malos, unos porteros que se meten el balón dentro cuando estaba claro que se marchaba fuera.

EL DEPORTE Y LA ANTI-ESPAÑA
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Junio 2004

LA cuestión de las selecciones deportivas regionales es un paso más en la destrucción de la nación española. Los independentistas saben que esta apreciación no es exagerada. Y ¿cómo podrían no pensar así si ello forma parte de su estrategia? Las intenciones de los nacionalistas coinciden con mis aprensiones. Saben que les interpreto perfectamente, del mismo modo que se ríen de los «españoles» que toman a chacota sus formas de construir día a día su conciencia nacional. Ellos adoran su bandera; nosotros despreciamos la nuestra; ellos se dedican día y noche a fortalecer su conciencia nacional; nosotros, a debilitarla. Con la diferencia de que la idea nacional de España es solidaria y las ideas regional-nacionales son la ruptura y la desigualdad.

Ahora traen este proceso al mundo del deporte. Y entran en él los socialistas. Lo aprueban. ¿Para aislar al PP? Para hacer desaparecer la idea de Nación, sin la cual el Estado tiene los días contados. Pero para ellos, para los socialistas, lo que alimenta y sostiene al Estado es el partido, el PSOE. Ésa es su nación. Lo que, a su entender, dará sentido a los trozos del puzle.

Los nacionalistas saben bien lo que hacen, por supuesto, con esta propuesta de las selecciones regionales. Al recabar la creación de éstas buscan la sustitución de la nacional española o incluso el enfrentamiento. Cada uno con su bandera. Ellos saben -Zapatero, no, Zapatero no sabe nada- hasta qué punto no hay actividad tan pasional o irracional como la del deporte. ¡Qué sueño el de ganar a España, gritar contra España, odiar públicamente a España! O sencillamente sustituirla, hacerla innecesaria y desde luego no contribuir a su exaltación.

LOS que no comprenden el alcance político de esta operación, o bien tienen la inteligencia de un mosquito o bien están colaborando de modo irresponsable y vergonzoso con el bando de la anti-España. ¿Dónde colocar a Zapatero? Dejo la elección al lector.

Hablar de la anti-España puede parecer cosa de otros tiempos. Y lo es. Fue lenguaje obligado en los años treinta y resulta obligado hoy, porque vuelven a darse unos comportamientos semejantes a los de entonces. El lenguaje no se repite por capricho. De hecho, en estas dos décadas hemos pasado de hablar de nacionalismos a llamarlos independentismos y, por fin, separatismos. El cambio de tono ha sido paralelo al del radicalismo de los movimientos periféricos. ¿No está comenzando a ocurrir algo parecido con el anticlericalismo? Con razón Manuel Jiménez de Parga se ha salido de sus casillas al denunciar el resurgimiento del viejo laicismo anticlerical. Me ha gustado este arranque del presidente del Tribunal Constitucional, que me permite sospechar que, en cuanto deje su cargo, podrá entregarse de forma más libre a las grandes batallas que nos requieren todos los días.

LA anti-España está ahí. Incansable. Desde que amanece. Se alimenta con el odio. Gal-eus-ka está ahí. Los separatismos aprovechan todas las ocasiones. ¿Que no quieren enterarse de ello los españoles sin conciencia de tales? Es una desgracia, pero no por ello vamos los demás a aceptar las agresiones, la estrategia anti-española.

Con esta maniobra de las selecciones, los independentistas pretenden eliminar la española en aquellas especialidades en las que un equipo está compuesto por jugadores o deportistas de una región concreta. Se trata, en definitiva, de no luchar bajo el pabellón español. Hay una gran casuística: todo lo que permite el odio, el rencor, la frustración histórica...

GOL NACIONALISTA
Editorial ABC 3 Junio 2004

LOS nacionalistas vascos y catalanes han conseguido que el Congreso de los Diputados reconozca la participación de las selecciones autonómicas en competiciones internacionales. Una enmienda transaccional fue suficiente para que el PSOE mostrara nuevamente la fragilidad de sus criterios frente a los nacionalistas, pues hace poco más de una semana la ministra de Educación y Ciencia, María José San Segundo, se opuso a esta iniciativa apelando a la legalidad vigente, a la doctrina del Tribunal Constitucional y a la voluntad del presidente del Gobierno. Al primer envite nacionalista sobre la cuestión, el Ejecutivo ha doblado. Para más sarcasmo, la enmienda aprobada insta al Gobierno «a mantener la lealtad constitucional con el sistema de distribución competencial entre el Estado y las Comunidades Autónomas», respetando las competencias que éstas tienen atribuidas. El apoyo socialista a este texto es irresponsable porque sitúa en el Gobierno de la Nación los riesgos para «la lealtad constitucional» debida al «sistema de distribución competencial». El éxito de los grupos nacionalistas al comprometer al PSOE en esta declaración, sin ofrecer nada a cambio, es absoluto y marca un método de entendimiento entre aquéllos y los socialistas que promete resultados muy perjudiciales para los intereses generales.

La negociación previa sobre las selecciones autonómicas es un ejemplo ilustrativo de ese método de relación con los nacionalistas, en el que la Constitución sirve para una cosa y su contraria; primero para negar la legalidad de la presencia internacional de tales selecciones y, luego, para reconocerla sin reserva alguna. Con esta concepción elástica de la Constitución, las futuras reformas estatutarias no conocen límites. Además, los nacionalistas, que son absolutamente sinceros con sus objetivos soberanistas y ya han dicho que esta moción es sólo un primer paso, se encuentran con el premio de que son otros -no nacionalistas- los que les hacen la publicidad de sus éxitos, presentándolos como actos de consenso normal e inocuo. Si, como dicen los portavoces socialistas, nada ha cambiado con esta moción sobre las selecciones autonómicas, habría que preguntarse entonces para qué se aprobó. Esta matización pretende neutralizar de palabra el mismo riesgo político que subyacía en las aclaraciones dadas ayer por Rodríguez Zapatero cuando manifestó que era imposible un duelo deportivo entre una selección española y una autonómica en competición internacional. Desde luego, no habrá selección española alguna si esta moción se convierte en reforma legal. Ya dijo Maragall que, para estos casos, España tendría que buscarse nombre. Además, el texto aprobado por el Congreso no avala esa salvedad ni excluye las competiciones oficiales, por lo que las aclaraciones posteriores del Gobierno y del Grupo parlamentario socialista cumplen la función habitual de suavizar sus acuerdos con los nacionalistas y de normalizar ante la opinión pública la acumulación de avances del nacionalismo, con el correlativo deterioro de toda expresión unitaria del Estado.

Con más sinceridad por parte del Gobierno se entendería mejor esta política de convergencia con los grupos nacionalistas. Es el programa oculto del PSOE, el que Rodríguez Zapatero silenció en su investidura, para asegurar la estabilidad de su Gobierno. Los nacionalismos vasco y catalán no hacen propuestas inocentes, y no las esconden. Su táctica es hacer visible, cada vez más y de forma irreversible, que sus intereses no son los generales de España. Sean las selecciones deportivas, sea la prioridad de la lengua cooficial sobre el castellano en la Administración de Justicia, todas responden a un designio que el socialismo español no debe compartir ni promover por un simple cálculo de conservación del poder.

ROMPER ESPAÑA
Por Jaime CAMPMANY ABC 3 Junio 2004

A Felipe González, como gobernante, podemos atribuirle en justicia algunos méritos y otros tantos aciertos. También podemos hacerle responsable de varios errores, algunos de ellos graves, como el «Gal», la corrupción y el despilfarro. Pero no se le podrá acusar con mucha ni con poca razón de haber puesto en peligro desde sus gobiernos la unidad de España. Nadie puede decir que haya sido complaciente con los nacionalismos separatistas o independentistas. Tampoco llegó a construir una España realmente roja. Se detuvo o jamás pretendió llegar más allá de lo rosado o lo rojelio, así que nadie tuvo que repetir la famosa frase de Calvo-Sotelo, don José: «Prefiero una España roja a una España rota».

Esa pena parece reservarla la Historia para José Luis Rodríguez Zapatero si siguen cociéndose las habas separatistas en los pucheros gubernamentales como hasta ahora. La última preocupación, casi alarma, la ha producido el anuncio de condescendencia con la pretensión del nacionalismo palurdo de que las selecciones deportivas autonómicas acudan a competiciones internacionales. ¿Y por qué no las selecciones municipales? En un concurso internacional de construcción de torres humanas, seguro que ganaban los Xiquets de Valls. El afán de gobernar la Generalitat y de contar con los votos parlamentarios de los llamados «nacionalismos periféricos» fuerza a Rodríguez Zapatero a transigir con exigencias nacionalistas que de otra forma parecerían intolerables a nuestros sociatas, y que incluso en estas circunstancias parecen inadmisibles a muchos de ellos.

Está más claro que el agua, y lo ve todo aquél que no quiera ponerse una venda en los ojos, que los separatismos avanzan poco a poco, pero aprovechando cualquier situación propicia, en su propósito de cambiar la Autonomía en Nación, y la Nación en Estado. Incluso el socialismo catalán, convertido por necesidad del voto de ERC al nacionalismo, habla de Estado federal, aunque añade el adjetivo «asimétrico», porque de lo que se trata es de ser diferente en el privilegio.

Lo más enérgico que hace el Gobierno ante esta ofensiva múltiple y enconada es dar largas, no negar claramente, pero tomarse tiempo, e ir aplazando lo que se pueda cada nueva reivindicación, y conceder cuando ya se ve muy forzado. Ahora mismo, mientras escribo, Manuel Marín ha debido abortar el intento de introducir el idioma catalán, cooficial en Cataluña, pero no en el Congreso, en la intervención parlamentaria de un miembro de Esquerra Republicana. Un premeditado paso más.

La gloria de gobernar la Generalitat y darle el capricho a Pasqual Maragall no vale el precio de ir dejando que se rompa España a pedazos. Y ya se ve hasta dónde suben ese precio los socios republicanos, separatistas, comunistas y verdes, del peligroso tripartito. En este caso, Barcelona no vale una misa, que además sería una misa negra. Ni siquiera vale ese precio el propio Gobierno de la misma España. Los socialistas corren el riesgo de que un buen día, es decir, un mal día, se encuentren con que España está rota en sus manos y ya no es España. Habría desaparecido el objeto gobernable.

BONO, EL CATALÁN Y EL ARTE DE CREAR PROBLEMAS
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 3 Junio 2004

LA mejor manera de desviar la atención sobre los problemas reales es crear problemas imaginarios. Lo saben muy bien los matrimonios discutidores. Y los políticos con mentalidad provinciana. Así, para que nos olvidemos de la ingobernabilidad de Cataluña, en manos de un tripartito inconexo y de intereses opuestos, todo lo que se les ocurre a sus gobernantes es tan pintoresco y a la vez agresivo como hacer preguntas en catalán al Gobierno en el Congreso de los Diputados. Si lo consiguen es un triunfo aunque no sirva más que como anestésico. Si no lo logran trasmiten la idea victimista de que el centralismo yugula los más esenciales derechos de las nacionalidades. Es muy dudoso que el buen sentido de los catalanes haya forzado a sus políticos a poner sobre la mesa tan trascendental reivindicación; más razonable es pensar que la soportan pese a que saben que provoca un chocarrero rechazo en el resto de los españoles, incluidos los catalanes no nacionalistas y los que, siéndolo, aspiran a conseguir algo más sustancioso y menos delicuescente. El arte de crear problemas imaginarios lo dominan también algunos políticos populistas de plantilla como José Bono, que en su nuevo papel de ministro de Defensa está haciendo necesario que el Defensor del Pueblo nos defienda del propio ministro de Defensa.

El presidente del Congreso impidió ayer al portavoz de ERC que preguntase en catalán al Gobierno. Plausible decisión que se puede apoyar en muchos argumentos menos en que el Reglamento de la Cámara obliga a que las intervenciones de los diputados se hagan en lengua castellana. Y, casi simultáneamente, Bono renunció a la Gran Cruz al Mérito Militar que le fue otorgada en el Consejo de Ministros del pasado viernes. Mejor hubiera sido que no la hubiera aceptado. Puestos a crear problemas exijo que ERC pregunte en catalán al Gobierno por qué le dio la medallita a un ministro en ejercicio.

Maragall
Cristina ALBERDI La Razón  3 Junio 2004

No ha podido resistirlo. Algunos hubieran preferido que hablara en Madrid después de las elecciones europeas. En el PSOE no interesa que el polémico debate sobre el modelo territorial entre en campaña. Sin embargo al PP le interesa y mucho. Una de las grandes contradicciones del gobierno Zapatero se centra en la reforma de los Estatutos de Autonomía, su alcance y sus límites. Hasta dónde se quiere llegar y si serán capaces de cumplir los acuerdos de Santillana en Agosto de 2003, que contuvieron la marea, sujetando las eventuales reformas dentro del marco constitucional. Ésa es la voluntad, reiterada desde la cúpula socialista, que contradice de plano los acuerdos firmados en Cataluña en diciembre de 2003 y que permitieron al Partido Socialista Catalán acceder a la Presidencia y Gobierno del tripartito catalán, con los votos decisivos de Esquerra Republicana de Cataluña.

Maragall lo ha recordado en el Siglo XXI, en su aparición estelar en Madrid. Habrá reforma estatutaria al margen y separada de la reforma del Senado, habrá nueva financiación autonómica, con capacidad normativa y de gestión de impuestos hasta ahora estatales, habrá Agencia Tributaria propia, los Tribunales Superiores de Justicia asumirán competencias casacionales hoy residenciadas en el Tribunal Supremo. Cataluña será una nación diferenciada de las otras regiones del Estado español, y tendrá la plena consideración de Estado. España y Cataluña serán «interdependientes». Además los socialistas catalanes defenderán su propio modelo constitucional dentro del PSOE y por supuesto tendrán grupo parlamentario propio en el Congreso de los Diputados, integrado en esta legislatura por 21 diputados que dejarán al PSOE en minoría con respecto al PP, que pasaría a ser el grupo parlamentario con mayor número de escaños en la Cámara.

¿Hay quién dé más? Pues sí. El propio Maragall se ocupó de puntualizarlo en su irrupción en la por ahora capital de España. Si todo esto no es aceptado por las Cortes Generales, el presidente de la Generalitat, haciendo caso omiso de la legalidad vigente, convocará un referéndum en Cataluña para obtener su legitimidad en el único entorno en el que cree: el ámbito de decisión catalán. Ni los nacionalistas más radicales hubieran soñado, hace apenas un año que íbamos a asistir a una proclama cuasiindependentista de esta naturaleza, defendida por un presidente socialista.

Precisamente la tradición socialista y sus posiciones programáticas han ido en la dirección contraria. Por algún lado van a saltar las costuras. No es posible soplar y sorber al mismo tiempo. La hora de la verdad llegará en breve y tal vez Pascal Maragall la acelere. ERC va a exigir el cumplimiento de los acuerdos por un «Gobierno Catalanista y de izquierdas», firmado el 14 de diciembre de 2003. Hay quien vaticina que el PSOE maniobrará desde Madrid para que el PSC suelte lastre y se desvincule de su socio nacionalista más radical.

En todo caso, Zapatero no lo tiene fácil. Si no quiere meter al país en un camino sin retorno de consecuencias imprevisibles, tiene que moderar drásticamente, las apetencias nacionalistas de sus correligionarios catalanes. Y en todo caso ahí está el PP, con 9 millones y medio de votos y 148 escaños para impedir que se ponga en almoneda la Constitución de 1978 que nos ha dado la etapa más larga de prosperidad de la historia de España. La legislatura es ya constituyente aunque algunos se empeñen en negarlo. Lo que hace falta es que además no sea de acoso y derribo del edificio que tanto esfuerzo nos costó construir.

Zapatero sostiene que defenderá las propuestas que vengan de las CCAA en una especie de propuesta «a la carta» que puede convertirse en una puja por ver quién va más lejos y en un proceso de agravios comparativos. El PP reclama que sigamos el modelo del 92 y 96. Pacto previo entre los dos partidos mayoritarios, sobre el marco en el que han de encuadrarse las reformas. Parece más sensata esta opción. No se puede jugar alegremente con un tema de esta importancia que afecta a las estructuras de nuestro sistema constitucional y al modelo territorial aceptado mayoritariamente. Lo contrario sería una irresponsabilidad, que es por donde parecen conducirse las propuestas socialistas. Se abre un proceso que no se sabe adonde puede llevar, en medio del entusiasmo de los nacionalistas más radicales que ven el camino abierto hacia el cambio de modelo, que algunos ya reclaman directamente como de República federal y plurinacional. Y que a nadie se le ocurra obstaculizar el proceso. Las amenazas ya están en marcha. Cada uno se situará en «su ámbito de decisión», los vascos, los catalanes, y tal vez los gallegos y los andaluces, en contra del art. 1.2 de la Constitución que proclama que la soberanía reside en el pueblo español. Se reclaman relaciones de igual a igual y la palabra de moda es «cosoberanía». Hasta 88 transferencias exigía hace unos días Saura, el número tres de Tripartito catalán al Ejecutivo Central. Las carreteras, los aeropuertos, el control de la Administración, gestión e inspección de la Seguridad Social. La caja única de la Seguridad Social que siempre defendieron los dos grandes partidos PP y PSOE, saltaría por los aires. Más poder político, incluido poder convocar referendos.

¿Qué le queda al Estado? Se trata de un desapoderamiento casi total. ¿Saben los ciudadanos lo que se están jugando? ¿Lo sabe Zapatero? ¿Lo sabe Maragall? Estoy segura de que sí, pero prefieren seguir gobernando en Madrid y Cataluña con el apoyo imprescindible de Esquerra Republicana de Cataluña, que plantar cara al nacionalismo radical. Maragall no para de lanzar proyectiles de grueso calibre, de insistir en sus posiciones y de exigir en Madrid el cumplimiento de los acuerdos del tripartito. Ahora queda por ver hasta dónde llevarán sus demandas y qué hará el Gobierno socialista para contenerlas. Desde luego al primero que tienen que contener es a Maragall, que ejerce de torpedo eficacísimo en la línea de flotación de la estabilidad institucional, tan necesaria para la estabilidad económica, que con este panorama puede empezar a resentirse. Las reclamaciones nacionalistas ahora también las selecciones deportivas autonómicas no tienen salida. Desbordan claramente la Constitución. El PSOE en estas elecciones debería explicar la contradicción entre estas demandas y la futura Constitución Europea.

PSOE
Ni sí ni no, sino todo lo contrario
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  3 Junio 2004

Sostendrán los socialistas que tener una “solución habitacional” es como tener un piso, serán capaces de equiparar la efectiva reducción del IVA de los discos con su melancólico deseo y llegarán a convencernos de que ocho festivos de apertura como máximo significa ocho festivos de apertura como mínimo. Alcanzarán a modificar el calendario gregoriano para que el 30 de junio caiga en mayo y, con tal motivo, Bono podrá condecorarse y descondecorarse dos veces al año. Creeremos que regalarle 70 millones de euros a Europa es bueno para la agricultura española, que Niza no nos convenía y que Acebes ha retenido a su sucesor para que no se sume al acuerdo antiterrorista europeo.

Los socialistas son capaces de estos malabarismos y de muchos más. Ahí está la operación de desconcierto de Sevilla en el tema de la financiación autonómica (¡ay que sí que sí, ay que no que no...!, dice en la famosa sevillana). O el reciente apoyo a las selecciones de Cataluña, Galicia y el País Vasco para que compitan por ahí pero que no compitan. Como en la época de los kremlinólogos, una nueva y selecta casta periodística se entregará a la hermenéutica socialista, un estimulante desafío a la lógica aristotélica que abrirá nuestras mentes, conduciendo la pesada política al ámbito de los conjuntos borrosos y de la superposición cuántica.

Preveo un escollo, sin embargo. Porque una cosa es torear a las simpáticas formaciones nacionalistas que amenizan la vida del Congreso, calentándolos un poquito para después rechazar coquetamente la coyunda, y otra muy distinta culminar el proceso de reforma estatutaria donde se juega la cabeza uno de los suyos, don Pasqual Maragall, presidente del PSC y jefe natural (antes que Zapatero, que nadie se engañe) de un montón de diputados nacionales. Sevilla podrá seguir cantando sevillanas, la Trujillo agotará los diccionarios, Bono pondrá un puesto de medallas y la Calvo revolucionará los impuestos indirectos con la fuerza del deseo, pero la tomadura de pelo tiene un límite y la hermenéutica débil otro. Los límites se resumen en que, del mismo modo que a Adolfo Domínguez no le puedes vender que la arruga es bella, a Maragall no lo puedes contentar con volutas de humo porque él es el rey de los efectos especiales. El tiempo pasará, el nuevo estatuto, de tintes soberanistas, se redactará en los términos del PSC y llegará el momento de la verdad. Desconstrucción contra pensamiento débil. Derrida contra Vattimo. Como diríamos Marín y yo, N'hi ha per a llogar-hi cadires. Y para perder escaños.

Cartas abiertas a la ministra de Cultura de España
¿Ministerio inofensivo?
Agapito Maestre Libertad Digital  3 Junio 2004

Mi buena amiga: Hace semanas que tengo ganas de escribirle. Mi candorosa voluntad, sin embargo, siempre halló alguna coartada racionalista para retrasar esta primera carta. Ya sabe, Carmen, alevosas excusas que nos buscamos para no escribir, en cierto sentido para no trabajar, quienes amamos la escritura pero no hasta el punto de confundirla con la grafomanía. Así me fui demorando en satisfacer mis deseos, castigándome con vagos e insulsos “argumentos” del tipo: “No debo hacerle perder el tiempo a toda una ministra de España con cartitas de un intelectual ocioso”. “No tengo tiempo suficiente para sintetizar todo lo que quiero transmitirle sobre la cultura española”.

Aparte de que esas frases eran excusas para rendirme a mi pereza, también reconozco que me daba cierto miedo escribir y no recibir respuesta. “Otra excusa”, me dirá usted con su lógica egabrense. Quizá tenga razón, pero no me negará que tiene algún fundamento para reprimir mis deseos. Pues nadie está a salvo de que satisfecha una necesidad no se genere otra aún más difícil de calmar. Pocos nos hemos librado, alguna vez en nuestras vidas, de la melancolía que produce haber escrito una carta y no recibir respuesta. Acaso para no caer en la tristeza melancólica de quien escribe cartas sin ser correspondido, satisfecho, me atrevo a utilizar este género literario de modo abierto, tentativo y ensayístico. O sea, escribiré estas cartas sin esperar respuestas que no sean creadas por mi imaginación.

En todo caso, no puedo dejar de confesarle en esta primera carta que he vencido mis temores a escribirle, porque considero injustos, incluso de mala educación, algunos de los comentarios que usted, como persona más que como ministra, ha recibido de algunos de sus adversarios políticos. Acepte, pues, todos mis respetos, e incluso mi solidaridad, si se siente ofendida por esas malvadas críticas. También yo, y se lo digo de corazón, me sentí ofendido, cuando el domingo pasado leí una crítica tan resentida como poco elegante a algunas de sus “actuaciones” en la cartera de cultura. Entonces comprendí que era urgente escribirle a la ministra diciéndole que no compartía algunas de sus propuestas, pero que tenía todo el derecho del mundo a defenderlas y a exigir a sus contrincantes ideológicos respeto hacia su persona. Y, sobre todo, tuve la necesidad de decirle que debe tomarse muy en serio que alguien le haya reprochado que ha sido “aparcada en una cartera inofensiva”. Antes al contrario, cualquiera que tenga respeto por la cultura de España sabe que este ministerio es, hoy más que nunca, fundamental para la continuidad de España como nación. Precisamente, por eso, usted, ministra de Cultura de España, tiene que contestar, si en verdad sabe lo que tiene entre manos, a quien considera a esa cartera un instrumento menor e inofensivo.

En fin, gracias a esos desgraciados espumarajos contra usted y contra el ministerio de Cultura de España, no hay mal que por bien no venga, he logrado separar el respeto hacia su persona con la animadversión que me producían algunas de sus declaraciones al frente del ministerio. Acerca de estas últimas espero comentarle en la próxima las que más me preocupan. Vale.

Recuérdeme.

Terminada la Transición, que termine la Transitoria
Pascual Tamburri es doctor en Historia y vicepresidente de la Fundación Leyre La Razón  3 Junio 2004

Desde 1978, y en realidad desde el inicio de la transición a la democracia, el debate político en Navarra ha tenido un argumento fundamental, sobre el que el resto de asuntos ha ido pasando sin llegar a ocultarlo jamás. Una parte de los navarros y de sus representantes políticos desea la desaparición de Navarra como Comunidad y su incorporación a una de las vecinas, el País Vasco. Otra parte, siempre abrumadoramente mayoritaria, ha rechazado sin fisuras esa posibilidad.

Si los hechos fuesen sólo estos, el caso no tendría mayor gravedad. Al fin y al cabo, tanto la Constitución como las leyes anteriores habían previsto unos mecanismos ordinarios para variar los límites entre las provincias y entre las regiones; y a nadie se oculta, por ejemplo, que algunos extremos del mapa autonómico de la Transición serán debatidos de nuevo antes o después, con la calma que antes no existió. Que las provincias de Santander y de Logroño estén separadas de Castilla responde a circunstancias muy concretas de un momento político, el mismo en el que surgió de la nada Madrid como región en medio de una Castilla la Nueva a la que se compensó con Albacete, Reino de Murcia durante siglos.

De todo esto puede hablarse, dentro de la normalidad democrática, y teniendo siempre presente el principio de igualdad y de equidad que deben guiar las relaciones entre los españoles. De hecho, tales principios, y la posibilidad de toda reorganización razonable que respete la libertad de los ciudadanos, las tradiciones históricas y la unidad esencial de una nación que existe con más antigüedad y dignidad que cualquiera de sus actuales regiones, son premisas más que milenarias de la vida española.

En el caso navarro se ha planteado en las últimas décadas una ruptura de esas premisas y de esa unidad. En la negociación que llevó al actual texto constitucional hubo una amplia voluntad de consenso, de crear un marco aceptable para todos o casi todos. Y una comprensión débil, desequilibrada y acobardada de la idea de consenso ¬que llevada a su extremo es antidemocrática, porque excluye las alternativas y la alternancia¬ se puso en cuestión el destino de Navarra.

En efecto, el gran miedo de la Transición hace tres décadas fue la ruptura. Y en el ánimo de algunos de los defensores de la disposición transitoria cuarta, en aquel entonces, estuvo evitar tal ruptura. ¿Cómo? Creando un camino legal, aunque de discutible legitimidad, para que el nacionalismo vasco apoyase la instauración constitucional, haciendo viable la anexión de Navarra. En determinados foros preocupaba más una negativa del nacionalismo vasco ¬armado o desarmado¬ que la voluntad de los navarros, ya entonces evidente, o que los derechos de éstos en el seno de la comunidad nacional española.

La disposición transitoria que afecta a Navarra fue un prodigio de equilibrios imposibles, entre el deseo casi servil de contentar a unos ¬los nacionalistas¬ y la necesidad, evidente en las calles y en las urnas, de no abusar de la paciencia de otros ¬los navarros¬.

Y entre tanto equilibrio, la disposición transitoria fracasó en su propósito esencial, ya que ni el nacionalismo vasco apoyó la Constitución ¬porque era y es radicalmente antiespañol e independentista, en todas sus ramas y variantes- ni se consiguió evitar el malestar del pueblo navarro.

Un pueblo, el navarro, por lo demás muy acostumbrado desde su eclosión en la Edad Media a defender por todos los medios su libertad y su identidad foral y española.

Terminada ya la transición, y abierta de nuevo para bien o para mal la posibilidad de reformas constitucionales, ha regresado a Navarra el debate sobre la disposición transitoria y su contenido. Y el debate no es estéril, porque si bien el debate sobre las reformas se ha abierto a instancias de fuerzas que se dicen ajenas a la nación española, a la que odian, no es menos cierto que será el pueblo español quien deba decidir. Y los navarros dentro de ese pueblo, al que pertenecen orgánicamente desde su albor histórico.

La disposición transitoria es, tanto por su nombre como por su propio origen, algo pasajero y caduco. Se trató de una componenda fallida que trató de satisfacer a algunos a costa de la justicia debida a los navarros. Si se reforma la Constitución, nada más lógico que devolver a Navarra la plena libertad que nunca debió perder, eliminando una hipoteca que los navarros no solicitaron y que sólo sirve para que siga cultivándose el ensueño subversivo de romper la unidad de España.

Eliminar de la Constitución la Transitoria no quita a nadie nada que le corresponda legítimamente. Navarra, con su régimen foral actualizado, quedará como es: una Comunidad Foral nacida de España y partícipe de España desde el pasado hacia el futuro. Eliminar la Transitoria no crea tensiones o fracturas fuera de los ambientes donde se cultivan con gusto las rupturas.

Suprimir la Transitoria devolverá a los navarros, dentro del hecho inmutable en los siglos y en los milenios de que Navarra es España, su plena libertad de actuar, hermanada con todas las regiones que le son vecinas y con las que no lo son. Dentro de esas premisas, Navarra podrá marchar libremente con quien quiera y como quiera, pero sin servir de moneda de cambio para ninguna maniobra oscura a espaldas del pueblo.

NACIONALISMO ECONÓMICO
FERNANDO FERNÁNDEZ ABC 3 Junio 2004

Repite el presidente que lo que es bueno para Europa es bueno para España. Pero va a tener que utilizar todos sus encantos para convencer al comisario Monti, o a quien le suceda al frente de la política de defensa de la competencia, de que lo que es bueno para Cataluña es bueno para Europa. Aunque es verdad que en ese viaje estará bien acompañado. Francia y Alemania siguen anteponiendo las necesidades de sus grandes empresas industriales a los intereses de los consumidores y a las posibilidades de crecimiento económico y liderazgo mundial.

En los tiempos de la Transición, cuando casi todos éramos antiimperialistas, hizo fortuna entre los economistas un artículo titulado «La vía nacionalista del capitalismo español» que enlazaba el pensamiento económico de la oposición al franquismo con la experiencia francesa de intervención estatal. Se argumentaba que los poderes públicos debían incentivar la creación de grandes campeones nacionales mediante la fusión de empresas. Como en muchas otros aspectos de la política, el franquismo, en su vertiente caciquil y autárquica, pervive en alguna de nuestras autonomías y, sin duda, en la anunciada fusión de Endesa y Gas Natural, auspiciada por la Caixa con el visto bueno del Gobierno. Tanto que es posible hoy hablar de la vía nacionalista catalana al desarrollo español. En eso se está quedando la España plural, en una bicefalia que amenaza con extenderse al sector de las telecomunicaciones.

La posible fusión será una buena noticia para las empresas afectadas, pero, desde luego, no lo es para los consumidores ni para aquellos socialistas que acertadamente pensaban que la mejor política industrial es la que no existe. Puede ser una buena noticia para la Caixa que, exenta de la disciplina de los accionistas, puede adentrarse en aventuras industriales vetadas a los bancos porque verían penalizada inmediatamente su cotización bursátil. Puede ser una buena noticia para aquellos que creen en la necesidad de controlar la globalización, de limitar el ámbito del mercado, de someter la economía al predominio de la política. Porque de política nacionalista se trata, de crear la gran empresa catalana que evite la pérdida de pujanza, de un proteccionismo encubierto, refinado y culto. Pero ya hemos visto en otras Autonomías los problemas en que se meten las Cajas de Ahorros cuando se ponen al servicio de los intereses políticos. Se nos promete volver a Europa, pero se nos ofrece la Europa fortaleza, la Europa esclerotizada de las grandes empresas intervenidas por el sector público. Precisamente la Europa que nos ha conducido a la parálisis económica, al estancamiento y a la irrelevancia. Pero una Europa en la que España, a diferencia de los grandes países que se han asegurado el derecho de veto para defender sus intereses nacionales, juega con las cartas marcadas por viejas ideas económicas de la transición y con la autoridad dividida entre poderes autonómicos que no tienen claro si son Estado o son otro Estado.

Ofensiva lingüística nacionalista
Lorenzo Contreras Estrella Digital 3 Junio 2004

La ofensiva lingüística está conociendo notables manifestaciones. No se recuerda que en el Parlamento central, por ejemplo, se haya dado nunca el caso de que en una sesión del Ejecutivo un portavoz de grupo nacionalista, en este caso el catalán, haya formulado, o intentado formular, su pregunta en idioma vernáculo. Pero eso ocurrió ayer en el Congreso de los Diputados cuando el representante de Esquerra Republicana de Catalunya inició su intervención en catalán y tuvo que ser interrumpido, también por cierto en catalán, por el presidente de la Cámara, Manuel Marín, que le interrumpió y llamó al orden en nombre del reglamento.

Desde que llegó al poder el PSOE y con él alcanzaron representación parlamentaria otros grupos de raíz nacionalista, la tendencia a romper con antiguas inhibiciones o, si se prefiere, miramientos en el uso de los idiomas legales que en sus comunidades gozan de cooficialidad, pero no en la Cámara representativa central, donde es el castellano el que impera, se ha disparado. Por eso se ha producido, en virtud de esa tentativa de imponer fácticamente la vigencia o la práctica de tales usos, este episodio. El señor Marín, presidente del Congreso de los Diputados, ha querido suavizar su negativa a permitir que el diputado catalán desarrollara su discruso en lengua no castellana. Y esa matización ha consistido, paradójicamente, en utilizar él mismo el idioma que prohibía, en una especie de condescendencia un tanto sospechosa, como si experimentara un sentimiento de mala conciencia, ciertamente improcedente a todas luces.

Va a ser difícil contener esta marea nacionalista manifestada a través del idioma, del mismo modo que va rompiendo diques a la expresión, fuera de contextos tradicionales, de las presencias deportivas y culturales. Ya no es fácilmente reprimible la corriente que desborda la representación nacional de las selecciones deportivas, de tal manera que dentro de poco tiempo, si no se remedia o se frena el impulso, cobrará carta de naturaleza algo más que oficiosa la afirmación diferencial de las nacionalidades en competiciones difícilmente catalogables como españolas.

Nada se diga del País Vasco, donde el Observatorio de Derechos Lingüísticos (Bahatokia) acaba de presentar un tercer informe anual para el ejercicio del 2003 en el que ha tramitado nada menos que 737 casos, de los cuales 642 formulan quejas de ciudadanos en reclamación personal de sus derehos a “vivir en euskara”, sobre todo en sus relaciones con las diferentes administraciones “implantadas” en Euskal Herria.

El representante de Bahatokia, Juan Ignacio Arsuaga (escrito Jon Inazio Hartsuaga) ha manifestado que los derechos lingüísticos de los vascófonos “son vulnerados en todos los herrialdes vascos y en todos los niveles de la administración”. Incluso ha llegado a sostener que “en la mayoría de los casos las administraciones no cumplen la legislación lingüística aprobada por ellas mismas” y que si una persona, ante un trámite administrativo, reclama su derecho a usar la lengua vasca, sufre “retrasos y malas caras”, pudiendo aducir incluso la existencia de “indicios de delito por parte de la Administración”.

La España de las torres de potas
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 3 Junio 2004

UN GOBIERNO de amplia representación territorial puede ser algo macanudo. Pero también algo desastroso. Depende de que los ministros asuman que, tras ser nombrados, experimentan -como la niña de El exorcista, pero en bueno- un cambio que los transforma interiormente.

Si sucede así, la diversidad territorial de los miembros del Gobierno es una riqueza extraordinaria, que facilita ver España como es en realidad: rica en su pluralidad, pero plagada de desequilibrios y contrastes. Ahora bien, si la transformación interior no se produce, el Gobierno corre el riesgo de dar en un cártel de posiciones regionales, donde cada uno va o lo suyo y donde la política estatal no es el resultado de esa síntesis de intereses diferentes que todo gobierno debe realizar, sino sólo la cruda manifestación de la capacidad de presión de los territorios que han conseguido colocar en el ejecutivo a sus ministros.

Para hablar claro, desde el día en que tomaron posesión de sus carteras, Magdalena Álvarez, José Bono o José Montilla no están en el Gobierno en su respectiva condición de andaluza, castellano-manchego o catalán, sino en la común de ministros españoles. Aunque para escándalo de algunos, las cosas son así: y no pueden ser de otra manera, a riesgo de que el gobierno de España no deje de ser sólo lo último, sino incluso lo primero: un gobierno. Que no es lo mismo que un sindicato de ministros.

Por eso, visto lo visto en estos días, a nadie debería de extrañar -y menos que a nadie a los dirigentes gallegos del PSOE- que desde Galicia se contemple con zozobra ese vaivén de declaraciones, decisiones y silencios del Gobierno, que parecen colocarnos en el furgón de cola del tren que transporta los dineros del Estado.

Y más cuando la lógica que va instalándose en España es la de una obsesión por lo propio en exclusión de lo común: pintoresca en su individualidad, pero alarmante en su conjunto, tal lógica resulta coherente con la tentación de algunos ministros de verse a sí mismos como delegados de su territorio en el gobierno de Madrid.

Anteayer se aprobó en el Congreso el apoyo estatal a las selecciones deportivas autonómicas, y ayer los diputados de Esquerra preguntaron allí al Gobierno, como si tal cosa, en catalán. Hace unos días desde Aragón se exigía a Cataluña la devolución de ciertas piezas de arte sacro; y desde Cataluña al Ministerio de Cultura la devolución de un cuadro de Dalí. Es como si, de pronto, este país fuera una gran tómbola y nadie quisiera irse sin su torre de potas para casa. O quizá es que muchos han visto que ésta era su ocasión. «Dádivas quebrantan peñas», escribía Cervantes: y, por lo que parece, en eso estamos.

Élite lingüística
Carmen Lourdes Blanc/Algorta, Getxo. Vizcaya Cartas al Director El Correo  3 Junio 2004

La política lingüística en este país es elitista. Si usted tiene el suficiente dinero puede llevar a sus hijos a un colegio bilingüe como el alemán, el americano o el francés. Allí no tienen obligación de estudiar euskera -lo que dicho sea de paso me parece estupendo, ya que cada cual en su casa hace lo que le da la gana, y éstas son escuelas privadas-. Pero lo que a me alucina es que exista la posibilidad de que los padres pueden sacar a su hijo de estos centros escolares cuando empieza la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), mandarle a un instituto y, sin más prolegónemos, ya está exento de volver a estudiar el idioma aludido. Esto ocurre no sólo durante los cuatro años de la ESO y los dos cursos de Bachiller sino que, además, no tendrán que examinarse en la selectividad de esta asignatura. ¿Viva la igualdad de oportunidades! ¿Por qué no puede mi hijo quitarse de encima esta asignatura lingüística? Seguramente porque yo no tengo la suerte de enviarle a un colegio bilingüe; mala suerte.

Mayor advierte que España no puede mirar a Europa llena de hipotecas nacionalistas
Vidal-Quadras asegura que el tripartito es «incapaz de ver más allá de sus horizontes mezquinos»
Mitin central del PP en Cataluña. En plena polémica sobre las selecciones deportivas catalanas. El auditorio esperaba oír respuestas contundentes por parte de los líderes del PP. Y así fue. El candidato del PP para las elecciones europeas, Jaime Mayor Oreja, afirmó que el PP «no quiere acercarse a Europa desde hipotecas nacionalistas», que «sobran hoy en Cataluña y sobre todo en España» e instó a «atreverse a decir la verdad de lo que está pasando en Cataluña». Momentos antes, Aleix Vidal-Quadras, caldeó el ambiente al asegurar que el tripartito es «incapaz de ver más allá de sus horizontes mezquinos».
Tate Santaeulària La Razón  3 Junio 2004

Barcelona- «Gracias Cataluña». Así empezó el mitin electoral el candidato del PP, Jaime Mayor Oreja en Barcelona. Gracias, afirmó, por haber demostrado en muchas ocasiones estar contra ETA. De esta forma, Jaime Mayor Oreja, entraba en una de las cuestiones más susceptibles para Cataluña, la anunciada tregua catalana. El candidato del PP subrayó que no se trata de una «tregua catalana» porque de ser así sería un gesto cobarde, y Cataluña sin duda no es cobarde.

No obstante, esto no era lo que más le preocupaba al candidato del PP. O por lo menos, no lo que venía a pedir a Barcelona. Lo importante para Mayor era advertir de la necesidad de la unión entre las comunidades autonómicas y el Estado en un marco europeo. Con las miras puestas a Europa, «ni Cataluña ni España pueden ir llenas de hipotecas», sentenció durante su discurso. El candidato de origen vasco remarcó que el PP «no puede acercarse a Europa desde hipotecas nacionalistas», que «sobran hoy en Cataluña y sobre todo en España». Se refirió a estas hipotecas a modo de apunte: «No queremos ir a Europa con una España débil, y sí con una selección española». Por ello, Mayor instó a atreverse a decir la verdad que es el patrimonio principal del PP», y al hilo de esta argumentación sostuvo que «hay que atreverse a decir la verdad de lo que esta pasando en Cataluña».

Mayor cerró el mitin central de campaña en Barcelona donde algunos militantes y simpatizantes se desmelenaron hasta el punto de insultar al presidente de la Generalitat y a los miembros del tripartito al grito de «chorizos».
Y es que no hay nadie mejor para calentar un auditorio que el candidato del PPC al Parlamento Europeo, Aleix Vidal-Quadras. El que fuera líder del partido en Cataluña hace ya dos legislaturas, se mostró especialmente crítico con los miembros del tripartito que comparó a un taburete que tiembla bajo tres patas mal hechas. Pero lo peor, a su juicio, es el proyecto separatista que intenta liderar Pasqual Maragall, del que dijo ¬con artículo en mano e ironía contenida¬ que no era precisamente el que defendió Winston Churchill.

La radiografía del nuevo gobierno catalán fue impecable y beligerante en boca de Vidal-Quadras. «Este gobierno compuesto de nacionalistas socialistas, nacionalistas independentistas y nacionalistas eco no se sabe qué, siembra la división e impulsa la discordia», explicó. Para añadir, a renglón seguido: «Se trata de gente negativa incapaces de ver más allá de sus horizontes mezquinos».

La contundencia de Vidal-Quadras calentó, aún más si cabe el ambiente, y prosiguió: «Defienden un proyecto que pretende separarnos de España que quiere la caja única de la seguridad social». Una cuestión que quiso explicar con detalle al entender que la gente debía saber qué significaba la reivindicación de Pasqual Maragall y sus socios de gobierno. «Lo que pretenden es liquidar el Estado de Cataluña». Y una de sus consecuencias más inmediatas, afirmó, es que «la gente de Andalucía o Castilla León se quedarán sin pensiones, y les dejarán en la miseria». Lo sorprendente, a su juicio, es que sea un gobierno de izquierdas cuya premisa ideológica principal es la solidaridad quien abandere un proyecto de esta índole. «Si ésta es la sensibilidad de la izquierda yo soy de extrema izquierda», concluyó. En fin, que «suerte que Maragall es economista que si fuese filólogo como el exconseller en cap ¬Carod-Rovira¬ no se dónde iríamos a parar», sentenció con sarcasmo.

Tras la contundente intervención de Vidal-Quadras, Piqué cogió el testigo y tomó la palabra para advertir que «no podemos volver a Europa para ser subordinados o ninguneados que es la Unión Europea que nos propone el PSOE». Aunque lo hagan con simpatía y sonrisas, concluyó. Ficha del mitin Palacio de Congresos (Barcelona)
Recortes de Prensa   Página Inicial