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Recortes de Prensa     Lunes 14 Junio 2004
El PSOE ve las Orejas al lobo
Isabel Durán Libertad Digital 14 Junio 2004

EUROPA E IRAK FRENAN A ZAPATERO
Editorial ABC 14 Junio 2004

El PP recupera pulso
Editorial La Razón 14 Junio 2004

La extraordinaria base social de la Derecha
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 14 Junio 2004

Entre la indiferencia general
Luis María ANSON La Razón 14 Junio 2004

LA DISCORDIA
PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO  ABC 14 Junio 2004

EMPIEZA OTRA LEGISLATURA
ÁNGEL COLLADO ABC 14 Junio 2004

EL NUEVO CAMPO DE BATALLA
Florentino PORTERO ABC 14 Junio 2004

La maniobra nacionalista de Galeusca fracasa en su intento de castigar a PSOE y PP
MADRID. ABC 14 Junio 2004




 



 



 

Análisis del 13-J
El PSOE ve las Orejas al lobo
Isabel Durán Libertad Digital 14 Junio 2004

El Partido Socialista tenía todo a su favor para revalidar en las urnas una holgada victoria sobre el PP. Si 55 días después de su llegada a La Moncloa con la borrachera de poder y la demagógica y electoralista política realizada durante este tiempo, el PSOE sólo ha conseguido superar al Partido Popular en dos puntos, como sigan metiendo la pata como hasta ahora ya pueden ir haciendo las maletas para las próximas elecciones generales. En Ferraz se las prometían felices con las encuestas que les daban ocho puntos de diferencia aunque el perspicaz José Blanco dijera el domingo que el resultado ha sido prodigioso porque por debajo del 50 por ciento de participación estarían perdidos.

El PSOE quería reproducir la etapa negra de la derecha española. Como en los momentos más bajos de la extinta Alianza Popular, esperaba un descalabro similar al sufrido en las elecciones europeas del 15 de junio de 1991. En esa campaña, la más desastrosa del partido entonces presidido por Manuel Fraga, debido a las guerras internas de AP, otro dirigente de la formación política de Génova, Marcelino Oreja Aguirre, tío de Jaime Mayor el actual candidato del centroderecha, perdió 1.352.262 papeletas. Frente a los casi cinco millones alcanzados en los comicios anteriores, no obtuvo ni siquiera tres millones y medio de votos con lo que perdió nada menos que doce diputados. Una tremenda hecatombe.

Pero entre los socialistas, quién no se consuela es porque no quiere. La realidad es que en las elecciones del domingo cuarenta y uno de cada cien españoles ha dado su confianza al Partido Popular, consolidándolo como una alternativa de poder fiable y sólo dos españoles más de cada cien lo han hecho al PSOE, siendo la formación liderada por Mariano Rajoy la fuerza más votada nada menos que en trece comunidades autónomas. Y eso después de la vergonzante retirada de los soldados españoles de Irak y su utilización electoralista en la llegada a España, con banderita del PSOE incluida, la electoralista entrega del dinero reclamado por la comunidad autónoma andaluza, el juego sucio en la utilización de los medios públicos, la retirada del Plan Hidrológico Nacional, la apresurada venta de la ley integral contra la violencia doméstica cuestionada por el CGPJ, la retirada de la Ley de Calidad de la Enseñanza, la supuesta bajada del IVA en los precios de los libros y CDs, y las demagógicas políticas de la vivienda, las homologaciones a troche y moche de los carnés de conducir a los marroquíes o las concesiones a los nacionalistas retirando los recursos en contra del Parlamento vasco en los tribunales.

Lo que es casi un milagro, frente a lo declarado por el secretario de organización del PSOE, José Blanco, es que frente a esta catarata de actuaciones partidistas, y frente a la utilización del aparato del Estado en beneficio propio, el PP haya logrado arrumbar sus complejos que le hacían pasearse como un zombi hasta hace quince días por el Congreso de los Diputados y vuelva a situarse en el nivel político que exige una España que es la octava potencia económica del mundo y que necesita de un proyecto cohesionado y antirupturista como el alcanzado durante los ocho años de liderazgo de José María Aznar con Mariano Rajoy como vicepresidente del Gobierno.

Los resultados electorales ofrecen otras valoraciones positivas. Los españoles han votado por la estabilidad de España, la Constitución como valor supremo y el abandono de las peligrosas incursiones en las reformas estatutarias sin control tal y como se deduce de la suma de los votos de las dos grandes fuerzas políticas nacionales –el bloque constitucional formado por PP y PSOE– que refleja que casi el 85 por ciento de los ciudadanos se ha inclinado por la unidad de España, a pesar del minoritario sector catalanista del PSOE.

Los españoles han puesto a cada partido en su sitio. Así deben interpretarse los dos grandes descalabros electorales: el de GALEUSCA –CiU, PNV y BNG, PSM, BNV– e Izquierda Unida y los verdes. Ignasi Guardans, nieto de Cambó y cabeza visible de Galeusca, proponía días atrás que se incluyeran todas las lenguas regionales en la constitución europea y para evitar que la UE se convirtiera en una torre de Babel, los políticos en Bruselas se expresaran en francés, inglés o alemán. A la vista de los resultados, en los que el PP les ha superado en Cataluña, parece más lógico que todos los que se apoyan en una política étnico-lingüística que pretende arrumbar al castellano, deberían empezar a aprender la lengua de Cervantes, hablada por más de 400 millones de personas en el mundo. Otro dato a resaltar es que en el País Vasco, la suma de votos obtenidos por el bloque constitucionalista supera a las papeletas de quienes apoyan el Plan Ibarretxe.

La situación de IU es mucho más patética todavía. Sin espacio político desde la caída del muro de Berlín en 1989, hace ocho años Julio Anguita y José María Aznar iban juntos frente a la corrupción del PSOE y su federación de izquierdas triplicaba sus resultados. Ahora convertidos en los bufones y marionetas del PSOE en la guerra contra Irak, han sido abducidos por ZP hasta el punto de desaparecer del mapa político español. En definitiva, IU obtiene el peor resultado de la historia y está más cerca del Partido del Cannabis –la octava fuerza política más votada– que del resto de las formaciones de ámbito nacional. De todas maneras, Llamazares se consolaba el domingo por la noche en privado: el Partido Andalucista y Coalición Canaria no han obtenido representación en Europa.

Volviendo a los socialistas, a más de uno de sus dirigentes que creía en la derrota del PP por goleada lo que constituiría la tumba de mariano Rajoy, se le atragantó el champán. Las elecciones europeas del 13-J han supuesto el fin de la borrachera de poder y empieza la hora de la verdad. A partir de hoy tendrán que demostrar que son buenos gobernantes o en poco tiempo, vistas ya las orejas al lobo, su propia política se les volverá en contra.

EUROPA E IRAK FRENAN A ZAPATERO
Editorial ABC 14 Junio 2004

LA mínima victoria del PSOE sobre el PP en las elecciones europeas no es, en absoluto, el resultado al que aspiraba Rodríguez Zapatero para alcanzar el doble objetivo estratégico que buscaba: empujar al PP a una crisis inhabilitante para el resto de la legislatura y absolver de toda duda a la victoria que obtuvo su partido el 14-M. El efecto inmediato de este resultado es una deflación del proyecto socialista, para cuyo éxito electoral no dudó Rodríguez Zapatero en desarrollar una campaña de corte populista sin reparo, cuya rentabilidad ha sido muy inferior a la prevista. El PP sale de estas elecciones reforzado como partido de la oposición, con una dirección consolidada y una militancia redimida del síndrome de culpa que sintió sobre ella tras el 11-M. Su tránsito desde el gobierno perdido a la oposición va a culminar de una forma que hace sólo unas semanas era poco menos que impensable. La brillante campaña del candidato popular, Jaime Mayor Oreja, ha contrarrestado el pesimismo de los sondeos previos y ha devuelto la ilusión a una militancia de ánimo precario. El PP ha restado tres puntos a la diferencia que le sacó el PSOE el 14-M y ha ganado en treinta y una provincias. Su capacidad de reacción ha sido espectacular.

EN esta circunstancias, el Gobierno socialista no puede juzgarse en las mismas condiciones para afrontar una legislatura con pretensiones de reformas constitucionales y estatutarias. Menos aún, teniendo en cuenta que las fuerzas nacionalistas, en su conjunto, han obtenido sólo cuatro escaños y que, por tanto, su presencia política nacional no justifica, en absoluto, una revisión del modelo de Estado ni menos aún el desprecio al PP como interlocutor para estas iniciativas. Los nacionalistas son los que son, y ni uno más. Para Rodríguez Zapatero se plantea el grave problema del día después, de cómo encarar cuatro años de compromisos asumidos sobre una previsión que no se ha cumplido. En los dos meses de gobierno, Rodríguez Zapatero ha agotado el capítulo de sus propuestas más benéficas, las que tendrían que haber dado al PSOE una victoria más amplia. Pero la repatriación de las tropas, el aumento de las becas, el incremento del salario mínimo o la promesa de miles de «soluciones habitacionales» no han sido suficientes.

A Rodríguez Zapatero le esperan ahora socios impacientes, que además se harán incómodos, a los que la clara e indiscutible inflexión del PSOE probablemente empuje a exigir acciones concretas de cumplimiento de sus compromisos, empezando por el socialismo catalán, factor fundamental de la victoria socialista, nuevamente. Maragall sale reforzado con una victoria inapelable y que consolida su fuerza condicionante sobre Rodríguez Zapatero, a quien, sin embargo, no le ha producido ningún beneficio la política de entendimiento con las fuerzas nacionalistas.

LA misma contrariedad interna se va a proyectar en la estrategia europea del PSOE, porque los resultados de los Veinticinco demuestran que ni Chirac ni Schröder, ni París ni Berlín, pueden seguir reivindicando el eje motriz de la nueva Europa. Si la oferta del PSOE era volver a la Europa que representaban ambos dirigentes, el fracaso es contundente y necesariamente obligará a Rodríguez Zapatero a replantearse su posición en las negociaciones para una Constitución que ayer se vio que carece de opinión crítica suficiente para ser ofrecida a los europeos como su texto constituyente. Este panorama europeo impugna directamente el análisis previo que venían haciendo los socialistas sobre los efectos de la guerra de Irak en la unidad de los Veinticinco y evidencia el profundo error de ahondar en la denuncia del vínculo con Estados Unidos. Ha fracasado el empeño arrogante con que Francia y Alemania estaban apostando por una Europa sometida a su directorio y que pretendían trasladar al texto de la futura Constitución. En la próxima cumbre de Dublín, ningún Gobierno europeo, tampoco el español, está en condiciones de dar por cancelado el consenso de Niza, menos aún para sustituirlo por otro que, en beneficio exclusivo de París y Berlín, no refleje la complejidad de Europa, tal y como los europeos, con su abstención y con su participación, han expresado en las urnas.

El PP recupera pulso
Editorial La Razón 14 Junio 2004

No cabe duda de que estas elecciones, limitadas a la designación de eurodiputados tienen una lectura, y mucho más importante que en otras ocasiones, en clave de política interna. En sólo tres meses desde el vuelco electoral del 14-M, el PP ha pasado de la dolorosa derrota, por sorpresiva, y de reflejar una aparentemente imparable caída con respecto al PSOE, que el CIS llegó a fijar en su última encuesta en diez puntos de diferencia, a remontar posiciones hasta alcanzar los resultados de ayer, a sólo dos puntos y 300.000 votos del PSOE. Ha recuperado tres puntos porcentuales respecto a las anteriores generales y mantiene su base electoral intacta. Hay que destacar, por ello, el buen trabajo del candidato popular, Jaime Mayor Oreja, que partía en las condiciones más desfavorables. Por el contrario, el PSOE, que salía con la ventaja de haber sido claro y sorprendente ganador de unas elecciones celebradas hace tan poco tiempo, no ha podido aprovechar por completo el tirón que le proporcionaba su estreno en el poder y el viento favorable que, en estos casos, siempre favorece al vencedor, para mantener la ventaja sobre el principal partido de la oposición. Pero es, cuando menos, ganador claro de estos comicios, gracias a un electorado fiel que le ha mantenido el apoyo que le dió el 14-M.

Estamos, también, ante la menor participación en una convocatoria a urnas de la reciente historia democrática española. Quienes auguraban que estas elecciones podían convertirse en una segunda vuelta, en una revancha, se han equivocado. Los españoles, como el resto de los europeos han dado mayoritariamente la espalda a un proceso que no consideran demasiado importante para sus vidas y que, además, dado el corto lapso de tiempo transcurrido desde la última convocatoria y la toma de posesión del Gobierno socialista, no invitaba al «voto de castigo». Debe ser, sin embargo, un aviso para José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo corto ejercicio de poder le ha ahorrado las consecuencias del inevitable desgaste.

Los nacionalistas, en su sitio
Pero si otra virtud han tenido estos comicios europeos es que, al celebrarse por el sistema de distrito electoral único, reflejan la realidad a nivel nacional del peso específico de cada partido o coalición que se presenta. Esto es evidente en el caso de las formaciones nacionalistas, a las que nuestro sistema electoral, proporcional y por circunscripciones territoriales, prima en el reparto de escaños muy por encima de los partidos con vocación estatal. Un simple vistazo comparativo a los resultados de este domingo con los de las pasadas elecciones del 14-M, demuestran como, reunidos todos los votos de los partidos nacionalistas, e incluso los regionalistas, su presencia en el Parlamento Europeo será prácticamente testimonial, pese a que con un porcentaje similar de sufragios tengan una influencia decisiva en la política española. Un asunto que, en todo caso, dejamos para la reflexión de posteriores reformas constitucionales.

También se ha convertido en un partido testimonial, al menos en lo que se refiere a esta convocatoria europea, la formación que lidera Gaspar Llamazares. Izquierda Unida, demasiado fragmentada en sus mensajes y en su composición, sigue siendo un semillero de voto útil para el PSOE. La izquierda radical española, que lidera las movilizaciones contra el centroderecha con notable constancia y éxito, parece condenada a no recoger nunca el fruto de sus esfuerzos mediáticos.

Castigo a los Gobiernos de la UE
En el resto de la UE los resultados dicen muy poco en favor del entusiasmo de los electores por la participación ciudadana en la conformación política de la Unión. La participación, que no ha llegado al 45 por ciento, ha sido mucho más baja que anteriores ocasiones y se ha visto lastrada especialmente por la elevadísima abstención de los diez nuevos países miembros, en su mayoría del Este, donde la participación electoral no ha llegado al 29 por ciento. Tampoco los resultados tienen una lectura netamente europea y se deben interpretar, en la mayoría de los casos, como un voto de castigo a los respectivos partidos en Gobierno. Así ocurre en el Reino Unido, en Francia, en Alemania, en Italia, en Austria o en Hungría. Y no pude decirse que la guerra de Iraq sea una buena vara de medir, pues Chirac y Schröeder, los mayores opositores a la guerra, han sufrido un varapalo del mismo estilo del cosechado por Blair. Son los llamados «mensajes de corrección» de los electores a sus gobernantes, mucho más acentuados a medida que la convocatoria europea se celebra distanciada en el tiempo de sus elecciones nacionales.

Sin embargo es significativa, y preocupante por lo que significa, la baja participación de los países recién ingresados en la UE el pasado mayo, aunque quizás habría que considerar que sus ciudadanos todavía no han tenido tiempo de contrastar resultados positivos de su adhesión a Bruselas y sí, en cambio, han visto cómo los grandes de la vieja Europa, especialmente Alemania o Francia, se han arrogado el papel de árbitros. Para unos países que no hace mucho que han superado la dictadura del comunismo, y donde la desconfianza hacia Alemania tiene raíces históricas, el euroescepticismo encuentra un terreno especialmente abonado para el triunfo de la abstención.

La extraordinaria base social de la Derecha
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 14 Junio 2004

Excelente, por no decir extraordinario, es el resultado del PP en las elecciones europeas. Si dura la campaña una semana más, las gana. Aún así, dos puntos justos y trescientos mil votos es escaso botín para un PSOE cuyo líder Rodríguez Zapatero, de creer a las encuestas, está aún en estado de gracia, cuyo Gobierno no ha tenido aún tiempo para desgastarse y cuya abrumadora mayoría mediática debería haberle permitido horadar la base electoral del PP. Ha sucedido lo contrario: el PP ha demostrado que tiene una base social extraordinaria, que se crece en la adversidad y a la que la estancia en el Gobierno le importa bastante menos que a sus dirigentes políticos. La Derecha sociológica tiene una solidez, una fortaleza ideológica y moral que para sí la quisieran esos politicastros carquiprogres que se pasan la vida pidiendo perdón por los que les votan. Deberían pasarse la mitad, al menos, dando gracias por tener unos votantes que no se merecen.

Otros, sí se lo merecen. Y Mayor Oreja está entre ellos. El líder vasco y español logra un resultado de los que pueden aspirar al término taurino “salir por la puerta grande”. Mayor sale a hombros de la política nacional, como merece su trayectoria, y entra en la gestión europea de los asuntos nacionales con un respaldo moral indiscutible. Tras la lógica amargura de no haber sido designado por Aznar para aspirar a la Moncloa, y tras unos comienzos de campaña que parecían de la que no había podido librar más que de la que debía dar, el número uno del PP se ha venido arriba, sin duda contagiado por el entusiasmo de la organización del partido, de sus afiliados, simpatizantes y votantes. No había nada nuevo en el PP, salvo la más que notable revelación política de Luis Herrero. Podía haber sido una campaña de lamentaciones o, lo que es peor, de disimulos. Ha sido de reivindicación de la Derecha española, la que estuvo en el Gobierno, la que está en la Oposición y la que está en la calle. Y ese decir “aquí estamos”, ha obtenido su fruto.

Al triunfo personal y político de Mayor, al éxito de Acebes en el partido y al refrendo que sin duda supondrá este resultado para el liderazgo nacional de Mariano Rajoy, hay que añadir lo que también tiene de consuelo y confortamiento moral para José María Aznar. No podrá decir que los suyos le negaron tres veces. Una y muy poco. Para el PP, este resultado constituye una base extraordinaria para cerrar heridas y disponerse a hacer oposición en serio, para crear o encontrar nuevos cauces de comunicación con su base social, en especial los más jóvenes, y para perfilarse como alternativa de Gobierno. En rigor, alternativa ya lo es, pero las terribles circunstancias de la caída del Poder y el invierno mediático que cuidadosamente se ha labrado obligan al partido de Rajoy y de Acebes, que sigue siendo el de Aznar y Mayor Oreja, a trabajar para renovarse y para consolidarse como opción no sólo de Gobierno sino de cambio. Por suerte, no parten de cero. Viendo cómo reacciona la derecha social casi podría decirse que parten de infinito.

Entre la indiferencia general
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 14 Junio 2004

Zapatero retiró nuestras tropas de Iraq porque no quería llegar al 13-J con soldados españoles en la Babilonia histórica. La reciente resolución de la ONU le dejó en ridículo. La detención de El Egipcio demostró además la gran falacia: Aznar no era el responsable indirecto de los doscientos muertos del 11-M; la persecución a miembros de Al Qaida motivaron la venganza que El Egipcio llevó a cabo en los trenes madrileños y proyectó en el metro de París.

La opinión pública ha empezado a darse cuenta de la manipulación a la que fue sometida entre el 11 y el 14 de marzo. Y de ahí el resultado electoral de ayer que vuelve a encauzar las cosas, entre la indiferencia general, con un resultado favorable a los socialistas pero en la frontera del empate técnico. Ante los nuevos datos de las urnas, de la ONU y de El Egipcio, la verdad es que, democráticamente, José Luis Rodríguez Zapatero debería ir pensando en convocar elecciones anticipadas. Gobernar con el apoyo de Carod Rovira y sobre la intoxicación del 11 al 14-M no es de recibo. Unas elecciones anticipadas purificarían la atmósfera enrarecida de la política española. No me parece, en todo caso, que el PSOE sienta un entusiasmo indescriptible porque se clarifiquen las cosas a pesar del resultado de ayer que favorece discretamente a los socialistas.

LA DISCORDIA
POR PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO. Rector de la Universidad Rey Juan Carlos ABC 14 Junio 2004

LOS soberanos del siglo XVI, nos recuerdan Jonathan Brown y John Elliot en su reeditada obra Un Palacio para el Rey. El Buen Retiro y la Corte de Felipe IV, se enfrentaron con sangrientos e interminables conflictos políticos y religiosos, a la par que con una cierta dubitativa lealtad de sus súbditos, lo que llevó a considerar la discordia como uno de los peligros principales de la época. No es extraño, por tanto, que cuando Cesare Ripa publicó su enciclopedia dedicada a los emblemas, su afamada Iconología (1603), la temible discordia que acampaba por los predios del continente europeo, como un demonio infernal (furia infernale), ataviada con serpientes en el pelo, tuviera que ser vencida, ni más ni menos, que por el mismísimo Hércules. Recordemos, por ejemplo, las diez escenas del hijo de Zeus y Alcmena encargadas a Zurbarán para decorar el mentado Palacio o la posterior representación de Rubens en su versión de Hércules vencedor de la Discordia del techo del Banqueting House de Whitehall.

Viene esta artística invocación a los peligros de la discordia en un tiempo, el actual, que no sufre, desde luego, los avatares de entonces, pero que sí reviste en la España constitucional algunos tintes preocupantes. Por ello, y frente a la disgregadora discordia de algunos, que pone en entredicho la pervivencia nacional, su vertebración territorial y la articulación del modelo de Estado, esto es, los cimientos nucleares del sistema constitucional, nos parece apropiada la reafirmación de: a) nuestro compartido modelo común de convivencia política y b) la defensa de una política de Estado conjunta.

Nos referimos así, en primer término, a la presencia de una forma coparticipada de ciudadanía, y a la postulación de un ligado sostenimiento paralelo de los rasgos inequívocos de nuestra Historia y de nuestro presente. Un régimen de convivencia que, por ser y estar estructurado, precisamente, de conformidad con las exigencias y anhelos de la mayoritaria colectividad, ha finalizado por decantarse en parámetro político de actuación. Un arquetipo de organización que integra, de manera coetánea, las hondas raíces devenidas como transversales para la generalidad de los ciudadanos. Una aleccionadora convivencia política modélica que ha permitido, y seguirá haciendo posible, el mejor desarrollo social, político y económico del país.

a) Un compartido modelo común de convivencia política desglosado en tres básicos aglutinantes:

- Un modelo de Estado, expresión política única y superior de la Nación española, que se adecua a los imperativos de modernidad y progreso. De aquí que nuestra forma de organización constitucional se delimite según los rasgos de un Estado social y democrático de Derecho, y de acuerdo con los valores referentes de libertad, justicia, igualdad y pluralismo. Un orden político trabado sobre una Monarquía parlamentaria, símbolo de su unidad y permanencia, al tiempo que arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones.

- Un modelo soberano que se construye desde la única soberanía real: la que descansa en la universalidad de todos y cada uno de los españoles y pueblos de España. La presencia de un poder constituyente exclusivo, el del pueblo español, autor material de nuestro supremo marco de convivencia: la Constitución de 1978. Y que por ser, precisamente única, asegura su lógica irrenunciable unidad, aunque, eso sí, desde su reconocida e indiscutible diversidad autonómica.

- Un modelo constitucional edificado sobre la Carta Magna de 1978, la Lex superior, que sirve de basamento y cima al resto de las normas de nuestro orden jurídico. Una Norma normarum, matriz y centro de toda imputación normativa e institucional, a la que ciudadanos y poderes públicos estamos sujetos.

Una llamada de atención que se justifica por el conocimiento de la complejidad de la construcción de la España constitucional, la fragilidad de los equilibrios humanos y los ímprobos esfuerzos políticos realizados. Y a tal efecto no está de más, en tiempo de confusión, un tripartito recordatorio. Primero: la supremacía de la estabilidad institucional frente a la contingente excepcionalidad de lo fáctico. Segundo: la imprescindible valoración de lo legítimo y complejamente logrado frente a una suicida atracción por una nihilista autoliquidación. Y tercero: la excelencia de la individualidad compartida frente a la aislada singularidad. Persistamos, pues, en nuestros éxitos colectivos y en la defensa de unas reglas políticas de juego que siguen siendo, ¡no lo dudemos más!, empírica y contrastadamente válidas.

Por ello, estamos constreñidos a salvaguardar, además del irrenunciable compartido modelo común de convivencia política, b) una política de Estado conjunta, un mínimo denominador en materias troncales, alejándonos de perniciosos efectos pendulares. Me refiero, en primer término, a la exigencia de definir una política educativa que asegure el acceso y la igualdad de oportunidades de todos a la educación, pero que auspicie también su inexcusable calidad. Los cambios legislativos sin respaldo parlamentario mayoritario están abocados al fracaso de su segura modificación por futuros y excluidos grupos. Tengámoslo en cuenta ahora que se anuncia una reforma de la Ley Orgánica de Universidades y la suspensión parcial de la Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza.

Algo también predicable respecto de la política internacional, que debe ser la del Estado in integrum. O qué decir de la política en materia de seguridad, especialmente en el frente antiterrorista; en materia de defensa, dada nuestra posición estratégica y cercanía al mundo árabe; en política económica (desarrollo sostenido, creación de empleo, reducción del déficit e impulso de las infraestructuras); y, por supuesto, en política social (desempleo, sanidad, educación, inmigración y pensiones). Antepongamos la grandeza de los intereses nacionales a los alicientes más partidistas. Impulsemos, por tanto, la adiumenta hominum, la colaboración entre los hombres, frente al parricidium patriae, el asesinato de la patria.

Han transcurrido más de veinticinco años desde la aprobación de la Constitución. No saben lo que me «pesa», y de qué manera, parecer Sísifo, rey de Corinto, condenado en los infiernos a subir eternamente una piedra, aquí la de nuestro ejemplar consenso político-constitucional, a la cima de la montaña. No le demos nunca más la razón al gran poeta irlandés William Yeats, cuando afirmaba en The second Coming, «que las cosas se deshacen, el centro no puede aguantar». Este no es hoy nuestro caso. La España constitucional ha sabido poner término al descreimiento pesimista, al conflicto volcánico, al fracaso de lo común y a la imposibilidad de la estabilidad constitucional.

EMPIEZA OTRA LEGISLATURA
Por ÁNGEL COLLADO ABC 14 Junio 2004

La abstención casi europea por abultada, la concentración del voto en los dos partidos de ámbito nacional, el retroceso de todos los grupos nacionalistas, la recuperación del PP tras el golpe del 14-M y el fracaso del PSOE en su objetivo de aplastar al principal partido de la oposición son los datos más trascendentes de los comicios europeos en España.

Los resultados del macrosondeo real que son los comicios del 13-J no dejan evidencia clara ni oscura de la revancha que hubiera deseado el PP, pero menos aún del plebiscito que pretendía Rodríguez Zapatero para su indefinido proyecto político. La legislatura empieza ahora de verdad con una oposición de moral recuperada.

El PP ha subido cuatro puntos en porcentaje de voto sobre las elecciones de marzo y confirma la fortaleza de sus feudos territoriales como Madrid, Comunidad Valenciana o Castilla-León. Perdió el 14-M por cinco puntos, los sondeos al principio de la campaña le pronosticaban perder por casi diez puntos y, al final, la distancia con el PSOE se queda en menos de la mitad de la mitad. El PP se recupera a sólo dos meses de la derrota y alcanza su mejor resultado en unos comicios europeos. Arrancaron el proyecto de sobrevivir como alternativa y selen reforzados. Objetivo más que cumplido.

El PSOE quería un aval para su arranque en el poder, una victoria abrumadora que le sirviera para combatir la idea de que llegó al Gobierno gracias al atentado y su posterior utilización política. Ha ganado por trescientos mil votos y en sólo tres meses el PP le ha recortado tres puntos. Y eso que el imparable derrumbe de IU le deja el monopolio en el terreno de la izquierda. Victoria por los pelos que es un medio fracaso para un Rodríguez Zapatero que parecía en gracia con la opinión pública. Mucho desgaste en tan poco tiempo.

Los demás socios parlamentarios del PSOE, los grupos nacionalistas, ha recibido otro varapalo. Casi el noventa por ciento de los españoles han votado opciones de ámbito nacional. Los distintos partidos independentistas no han pasado del nueve por ciento de los votos frente a casi el 13 que alcanzaron hace cinco años. Retrocen en todos las circunscripciones. Son minorías muy exiguas para imponer la reforma o voladura del modelo de Estado.

EL NUEVO CAMPO DE BATALLA
Por Florentino PORTERO ABC 14 Junio 2004

POR encima del carácter salvaje y morboso del frío asesinato de una persona y la grabación de su ejecución, hay una lógica estratégica tan inteligente como eficaz.

Las cadenas de televisión de todo el mundo reproducen las imágenes gentilmente ofrecidas por los terroristas y hacen llegar hasta el último rincón del planeta su mensaje: mientras continuéis interviniendo en los asuntos del Islam tendréis que soportar imágenes como éstas desde vuestros propios hogares. Pero para ellos intervenir no es sólo actuar militarmente en lugares como Afganistán o Irak. Es, sobre todo, ser modelo de desarrollo a imitar por muchos dirigentes musulmanes. Desde su punto de vista, la convivencia entre civilizaciones «corrompe» el Islam, por lo que no queda más opción que lograr nuestra humillación y derrota.

La estrategia funciona. Rehúyen el enfrentamiento directo y buscan la acción terrorista y el chantaje moral. Parten de la idea, muy extendida en el Mundo Árabe, de nuestra cobardía, resultado de la decadente sociedad de consumo. Y los hechos, día a día, les confirman en su prejuicio. El asesinato de este ciudadano norteamericano será condenado en casi todas partes, pero sutilmente se acabará «comprendiendo»: si los norteamericanos no se metieran donde nadie les llama nos les ocurrirían estas cosas... Hasta el punto de que seguirán provocando más rechazo moral los malos tratos de la cárcel iraquí que la ejecución filmada de un ciudadano norteamericano.

Estados Unidos no está presente en aquellas tierras por casualidad. Las tropas asentadas en Arabia fueron solicitadas por el Rey para defenderse de Sadam Husein. Los técnicos trabajan en empresas para beneficio de la economía saudí. Y, sobre todo, la persecución a Al Qaida es respuesta a varios actos terroristas contra intereses norteamericanos, incluidos las Torres Gemelas y el edificio del Pentágono.

Una parte importante de Occidente está dispuesta a no querer ver lo que tiene ante sí. Está en su derecho. Puede buscar cuantas excusas y argumentos quiera, empezando por la guerra de Irak. Pero el problema sigue creciendo y si no actuamos con decisión las consecuencias serán mucho peores. Por ahora Al Qaida puede apuntarse otro éxito en su política de sometimiento de la conciencia colectiva de un número nada despreciable de occidentales.

La maniobra nacionalista de Galeusca fracasa en su intento de castigar a PSOE y PP
CiU se derrumba en Cataluña, donde perdió casi medio millón de votos y fue la tercera fuerza política tras el PSC y el PP; el PNV fue la primera fuerza en el País Vasco
MADRID. ABC 14 Junio 2004

La coalición Galeusca, con la que los partidos nacionalistas firmantes de la Declaración de Barcelona -CiU, PNV y BNG- más el PSM balear y el Bloc Valenciano han concurrido a los comicios, no consiguió ayer la representación a la que aspiraba en Europa. El alto nivel de abstención y la convergencia del voto hacia los dos partidos mayoritarios -PSOE y PP- apenas permitió a Galeusca lograr 790.000 votos y un total de tres escaños, con el más que tímido respaldo del 5,17 por ciento del electorado.

Difícilmente estos datos son extrapolables, para su análisis, a los resultados de 1999, cuando CiU, PNV y BNG concurrían a las urnas por separado y cuando España contaba con diez escaños más en Estrasburgo. Entonces lograron cinco escaños. Sin embargo, resulta reseñable que en los comicios de ayer Galeusca apenas ha alcanzado 800.000 votos en total, cuando hace cinco años sólo uno de los tres partidos, los nacionalistas catalanes de CiU, obtuvieron casi 850.000. De hecho, los votos sumados de BNG, PNV y CiU en 1999 se acercaron mucho a 1.600.000, frente a los apenas 800.000 de ayer.

Con estos resultados, la coalición Galeusca fracasó en su pretensión de conformar un bloque homogéneo de carácter nacionalista con el que aglutinar al electorado catalán, vasco y gallego y oponerlo, como teórica alternativa rentable a los dos partidos mayoritarios.

Evidencias significativas del desánimo con el que los dirigentes de los partidos de Galeusca acogieron los resultados lo ofreció la secretaria del EBB (PNV), Josune Ariztondo, al poco de cerrar los colegios electorales y sin que se conociesen más que encuestas. Sin ningún dato oficial en la mano y lejos de cualquier asomo de autocrítica, Ariztondo expuso la teoría de que la «bajísima» participación tiene que hacer reflexionar a las instituciones europeas acerca de la «lejanía» que muestran hacia la sociedad, y achacó a la reducción del número de escaños en España la imposibilidad de los nacionalistas de «tener una presencia importante». En la misma línea autoexculpatoria se pronunciaron Pere Macías, de CiU, quien hizo recaer en PSOE y PP la culpa de haber «españolizado» la campaña, y Francisco Jorquera, del BNG, quien responsabilizó a los dos principales partidos de «desvirtuar» la campaña para transformarla en una «reválida» del 14-M.

En el País Vasco, el PNV fue ayer la primera fuerza, muy próxima al 36 por ciento de los votos (casi 247.000 frente a los 392.800 logrados en 1999). En Cataluña, el derrumbe de CiU fue notable y pasó a ser la tercera fuerza más votada, por detrás del PSC-PSOE y el PP. CiU apenas alcanzó los 366.000 votos frente a los 843.021 de hace cinco años. Y en Galicia, el BNG sufrió un serio retroceso al obtener casi 139.000 votos, cuando en 1999 consiguió 335.193. El Bloc no llegó a los 16.000 votos en la Comunidad Valenciana y el PSM tuvo 9.375 en Baleares. Los tres eurodiputados de Galeusca serán Ignasi Guardans (CiU), Josu Ortuondo (PNV) y Camilo Nogueira (BNG).

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