AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 16 Junio 2004
La Torre de Babel
Alberto Recarte Libertad Digital 16 Junio 2004

Espejismos

Cristina Losada Libertad Digital 16 Junio 2004

MARAGALL Y LA ESPAÑA ALTERNATIVA
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 16 Junio 2004

LAS ASIGNATURAS PENDIENTES DEL PP

Editorial ABC 16 Junio 2004

Muestras de la Justicia ZP

EDITORIAL Libertad Digital 16 Junio 2004

Deriva nacionalista
Editorial Heraldo de Aragón  16 Junio 2004

SE ACABÓ LA SIESTA

Carlos HERRERA ABC 16 Junio 2004

SE ACABÓ IRAK

EDURNE URIARTE ABC 16 Junio 2004

España y Europa
José María Carrascal La Razón 16 Junio 2004

Menos humos

TONIA ETXARRI El Correo  16 Junio 2004

La lengua de Cervantes

Cartas al Director ABC 16 Junio 2004

Casas respaldó la excarcelación de la mesa de HB y ha defendido las posiciones autonomistas
J. Rodríguez La Razón 16 Junio 2004
 

La Torre de Babel
Alberto Recarte Libertad Digital 16 Junio 2004

Los hombres, según la Biblia, intentaron llegar al cielo construyendo la Torre de Babel. Pero fue tal el desorden y la confusión que provocaron las innumerables lenguas habladas por los distintos pueblos participantes que los problemas técnicos constructivos no se solucionaron debidamente, hasta el punto que la Torre se derrumbó. Castigo de Dios a la soberbia humana y a la no aceptación de nuestras limitaciones y a olvidarse de los pactos para poder llegar a acuerdos sensatos.

Según las informaciones que poseemos, la Comisión europea emplea, como funcionarios permanentes, a 2.400 traductores, que atienden las necesidades de los gobernantes y parlamentarios de la Europa a 15. La entrada de otros 10 países obliga a aumentar la cifra de traductores funcionarios hasta, al menos 4.000; y ese número no cubre todas las necesidades de las lenguas oficiales. En este entorno aparece Zapatero y solicita la cooficialidad para el catalán, el vasco y el gallego, lo que, además, ha creado resentimientos graves entre los que hablan mallorquín, valenciano, bable y una supuesta lengua aragonesa.

La iniciativa de Zapatero es magnífica, porque retrata al personaje mejor que cualquier declaración de principios. Él quiere unirse a Europa, quiere que Europa funcione y para ello propone tres nuevas lenguas que, sin duda, facilitarán el entendimiento europeo y seguro, eso sí, que crearán empleo productivo, aquel por el que clamaban Zapatero y Miguel Sebastián (¿lo recuerdan?), cuando estaban en la oposición.

El aumento de peso de los traductores y lo que ello implica, la renuncia a la pérdida de cualquier símbolo de identidad nacional por parte de los supuestamente más europeístas como Zapatero, significa que la Unión Europea ha alcanzado su propio nivel de incompetencia, tras haber logrado importantísimos objetivos, como la libertad de movimientos de bienes y servicios, personas y capitales. A partir de aquí, las posibilidades de producir resoluciones-basura, como Kioto, en las que, con el supuesto objetivo benéfico de reducir la contaminación medioambiental, unos países –Alemania y Francia, que, por supuesto sigue apostando por la energía nuclear– se aprovechan de otros, como España, que, en 1996, con el Partido Popular en el poder pensaron, ingenuamente, al modo de Mangada, que la economía española jamás volvería a crecer significativamente, se multiplican

Volviendo a la Torre de Babel, una mayor unidad política europea tendría que pasar por un planteamiento constitucional diferente al que se está haciendo: un solo idioma –el inglés, obviamente–, un equilibrio de poderes, un presupuesto, un ejecutivo de verdad. Para qué seguir. Como ese planteamiento es impensable, el panglossianismo del PSOE, el tripartito catalán y el PNV no tiene inconveniente en pedir más lenguas y más traductores. Todo antes que reconocer que Europa, políticamente, es una unión aduanera, con reglas para impedir la competencia desleal, una moneda común para un pequeño grupo de países –a los que no está claro que beneficie a largo plazo–, una mayor cooperación en justicia y policía y poco más. Lo que obliga a pelearse para defender las posiciones nacionales, a hacer alianzas basadas en el interés propio y controlar a los más poderosos, que permanentemente –excepto Alemania– se han beneficiado del funcionamiento de la Unión Europea.

Elecciones
Espejismos
Cristina Losada Libertad Digital 16 Junio 2004

El secretario general del PSOE, José Blanco, dijo que los resultados de las europeas demostraban que el 14-M “no fue un espejismo”. No hacía falta ninguna demostración. Fue motivo de sorpresa para unos y de tristeza para otros, pero desde el principio estuvo claro que aquello no era ilusión óptica. Las urnas de marzo retrataron a una sociedad que, en su mayoría, ante un repentino ataque frontal, y un constante acoso lateral, prefería replegarse y plegarse. Las urnas de junio confirman que el espejo de marzo reflejó bien, aunque fuera de los del callejón del Gato.

Tal vez la distorsión de la imagen alimentó la ilusión de que la derecha ya iba a ser laminada en estos comicios. Por un momento, con el calor generado por alguna encuesta sin cocina, la dirección del PSOE debió de ver en el horizonte el paraíso político: un oasis a lo grande, en el que la derecha haga de bufón cuando le convenga al amo. Incluso parecía que el PP estaba predispuesto a aceptar, si no un papel tan desairado, otro igualmente subalterno. Pero su base electoral es más dura de roer que algunos de sus dirigentes. Se necesita más tiempo. El PSOE se dio demasiada prisa. El pinchazo de este espejismo lo va a pagar el CIS, culpable de hacer lo que le mandaron.

Es comprensible que los socialistas quieran demostrar que su triunfo en marzo no se debió sólo al impacto de los atentados. Pero cuando la mayoría de la población establece una relación causa-efecto entre el apoyo del gobierno Aznar a la intervención en Irak, y la masacre de Madrid, no hay forma de eludir el corolario. Ni éste deja de manifestarse en las urnas a los tres meses ni a los seis. Del 11-M se extrajo una lección breve, pero de largo alcance, tanto para la política exterior española, como para la interior: no hay que provocar al “enemigo”. Lo que significa no hacer nada que el “enemigo” pueda interpretar como una afrenta y, no digamos, como una agresión.

Los socialistas gobiernan por eso y para eso. Han sido elegidos en marzo y ratificados ahora para gestionar la cesión. También llamada talante. Y ello en todos los frentes. Las elecciones de junio han creado, posiblemente, un espejismo: el del reforzamiento de los partidos nacionales y el debilitamiento de los nacionalismos excluyentes. Pero el respaldo al PSOE no se puede interpretar como un espaldarazo al actual pacto constituyente. Menos aún, el gran avance del PSC, que es uno de los pilares de su triunfo. Y menos todavía cuando, según encuestas que parecen verosímiles, como la recientemente publicada por El Mundo, una mayoría de la población ve con buenos ojos la reforma constitucional. Son menos los que desean reformas de los estatutos de autonomía, pero ¿quién no va a comprar la mercancía de que se puede resolver con un quítame allá y dame acá soberanía, el agotador tira y afloja con los nacionalistas?

Gana, en fin, la ambigüedad. Se establece como virtud la falta de definición y de firmeza. Cada uno puede ver lo que le apetezca en el horizonte. El PSOE, de momento, es capaz de producir espejismos a gusto del consumidor.

MARAGALL Y LA ESPAÑA ALTERNATIVA
Por ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 16 Junio 2004

A finales de mayo, en el Club Siglo XXI de Madrid, Maragall pronunció un discurso que no tuve oportunidad de oír, pero que he leído con gran atención. Y me ha ocurrido lo de siempre: que sumo las cantidades que dice Maragall, y no me salen las mismas cuentas que a él. En ocasiones, me recuerda Maragall a ese personaje que conoció Goethe y del que habla Ortega en el prólogo a la edición francesa de La rebelión de las masas. Me refiero al capitán italiano que no se sentía a gusto sin padecer «una confusione nella testa». Las ideas limpias, apretadas, no le placen a Maragall. Y ello dificulta harto el trabajo de interpretarle a derechas. En su alocución de Siglo XXI, afirmó que Cataluña quiere ser un Estado. Y dijo también que los intereses materiales de Cataluña se sitúan más en Europa que en España. Estas observaciones parecen el preámbulo de una declaración de independencia. Al tiempo, sin embargo, Maragall asegura no desear la independencia de Cataluña. Anhela la reubicación de Cataluña en un proyecto abierto, un proyecto que cabría llamar «España». Esto nos deja inciertos, a medio camino entre concretísimos gestos de emancipación, y una sociabilidad de contornos indefinidos. Personalmente, me he sentido más impresionado por el tirón excéntrico del discurso maragalliano, que por su lado afable, poético, y vagamente españolista. Dentro de un momento les explico por qué. Primero, no obstante, me urge volver sobre la afirmación de que Cataluña quiere ser un Estado.

La vindicación estatalista liquida una fórmula de compromiso que disfrutó de cierta fortuna en los ochenta y noventa: la de España como «nación de naciones». La magia conciliadora de la fórmula consistía en reconocer a todo el mundo lo que pedía: a los españolistas, la nación española, y a los nacionalistas, sus naciones más pequeñas. Y aquí paz y después gloria. Pero, claro está, fue más el ruido que las nueces. Imaginen, por acudir a un asunto que ahora está muy en candelero, que se decide llamar a la selección española de fútbol «selección de selecciones», sin quitar el gentilicio «española». ¿Es presumible que fuera a contentar este arbitrio verbal a quienes solicitan que exista una selección nacional de Cataluña, o de Euskadi? Me temo que no. Lo que reclaman los nacionalistas vascos o catalanes es que las selecciones de Euskadi o de Cataluña se enfrenten, en cuanto remate deportivo de un ente político llamado «Euskadi» o «Catalunya», a los combinados de Brasil o de Alemania. No desean en modo alguno que sus selecciones queden subsumidas en una amalgama española. Mutatis mutandi, lo que piden los nacionalistas -y Maragall- es la soberanía palmaria, no formas de soberanía borrosas y subordinadas a una soberanía superior. El modo más claro, más rotundo de dar a entender esto, consiste precisamente en escribir «Estado» donde antes ponía «nación». Mientras que el concepto de «nación» es relativamente abierto, y conciliable con la idea de que una nación determinada esté inclusa en una estructura capaz de contener a otras naciones -los estados plurinacionales podrían definirse de hecho como la convivencia de varias naciones culturales bajo una autoridad política común-, el concepto de «Estado» es de naturaleza, por así decirlo, no asociativa. La construcción «Estado de estados» carece, por ejemplo, de sentido. En un «Estado de estados», mandarían varias instancias en el mismo territorio, y no de modo complementario sino estrictamente equivalente. Y esto es contradictorio. Un Estado expulsa a otro Estado. La postulación de un Estado catalán -o vasco- deja, por tanto, las cosas en su sitio. Allí donde cobre carta de naturaleza un Estado catalán, el Estado español cesará en Cataluña.

En su discurso, Maragall enturbia estas claridades con fugas, digresiones y perífrasis simpáticas, aunque fundamentalmente retóricas. Cito un párrafo: «En esta nueva plasticidad se sitúa el problema de España, mejor, el proyecto de la España plural y diversa. Plural, que quiere decir formada por pueblos varios y diversa que quiere decir por pueblos distintos -distintos en el sentido de que lo que se comparte, se comparte de distinta manera, por ejemplo la lengua y el derecho civil» (las cursivas son mías). Olvidémonos de las lenguas, y concentrémonos en el derecho civil. En efecto, el derecho civil no es el mismo en Cataluña que, pongamos, en Asturias. No lo es, por cuanto existen pleitos que no se podrían fallar de idéntica manera, conforme a derecho, en Cataluña y en Asturias. ¿Se sigue de aquí que Asturias y Cataluña «comparten» una diferencia? Esto es pura verborrea. Ser diferentes no es compartir una diferencia. Es ser diferentes, y punto. Asturias y Cataluña comparten muchas cosas, aunque no comparten aquellas partes del derecho civil en que son diferentes. La discrepancia a que se refiere Maragall es soportable y venial. No nos tranquilizaría mucho, no obstante, saber que Asturias y Cataluña «comparten» embajadas diferentes en el extranjero, o «comparten» porciones incomunicadas de lo que antes habría sido la unidad de caja de la SS.

Más a más, que dirían en Cataluña: Maragall interpreta la reforma del Estatuto catalán en clave impecablemente soberanista. Esto es lo que dice la Constitución en su artículo 146: «El proyecto de Estatuto será elaborado por una asamblea compuesta por los miembros de la Diputación u órgano interinsular de las provincias afectadas y por los Diputados y Senadores elegidos en ellas, y será elevado a las Cortes Generales para su tramitación como ley». Formulado de otro modo: es el pueblo español, a través de sus representantes, el que aprueba un Estatuto. A esto, en economía, se le llama «acción colectiva»: los que integran una parte de la colectividad, se reconocen vinculados a lo que determine, por procedimientos convenidos, el conjunto de la colectividad. Los pensamientos de Maragall parecen orientarse en una dirección por entero distinta. Asevera Maragall: «Pero además, la reforma del Estatuto ha de suponer una renovación del pacto de convivencia entre todos los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña. En el Estatuto se plasma un compromiso colectivo para convivir de forma pacífica y democrática. En el Estatuto se encuentran las reglas de juego que Cataluña se da a sí misma para resolver civilizadamente las diferencias propias de una sociedad abierta y plural».

El «compromiso colectivo» alude a la colectividad de los catalanes. Y es Cataluña la que «se da a sí misma» esto o lo de más allá. Yo no atisbo por parte alguna lo otro que no es Cataluña. O sea, el resto de España. Se diría que, para Maragall, la reforma estatutaria debiera ser el Ersatz, el sucedáneo simbólico de una constitución de Cataluña. Si hemos de tomarle al pie de la letra, de Cataluña como Estado, o como protoestado. Me gustaría averiguar ángulos menos hirientes, o más ambiguos. Pero no los encuentro, por empeño que pongo en ello.

Dos sustantivos del acervo léxico maragalliano completan la estampa: «interdependencia» y «asimetría». La relación entre Cataluña y España sería de interdependencia, o de dependencia recíproca entre iguales. Y la estructura del conglomerado confederal sería asimétrica. O sea, no serían Andalucía o Valencia estados aliados a otros estados hispánicos: serían menos que eso. Otra vez, saben los futboleros lo que lo último significa: tendríamos una selección catalana de fútbol, pero no una andaluza o valenciana. ¿Se llamaría «española» la antigua selección española? Tampoco, según Maragall. Y es que a Maragall se le comprende cuando habla de Cataluña. Mucho menos, cuando habla de España. O del organismo sin forma que resulta de sustraer Cataluña de España.

LAS ASIGNATURAS PENDIENTES DEL PP
Editorial ABC 16 Junio 2004

EL mayor riesgo que, desde el 13-J, corren los dirigentes del PP es anteponer la satisfacción por los resultados electorales al proceso de crítica interna que se abrió tras las elecciones generales del mes de marzo. Ambas cosas son compatibles, incluso complementarias, porque la recuperación en los comicios europeos estabiliza la situación del PP y permite una mejor visión de sí mismo. El retrato del PP tras el 13-J es más alentador porque allana y acorta el camino que debe llevarle desde el poder perdido a una oposición exigente. En este sentido, después de comprobar la distribución territorial del voto socialista, el PP tiene dos tareas: una, ya en cartera, la consolidación de su actual dirección, y otra, inaplazable, que es afrontar su precariedad en Andalucía y en Cataluña, porque cuanto más cerca estuvo de la victoria el pasado 13-J, mejor pudo apreciar la descompensación de sus caudales electorales. La situación es distinta en cada Comunidad, pero a la catalana y la andaluza les une el denominador común de la hegemonía socialista, que nuevamente ha dado al PSOE la victoria como consecuencia de una concentración de voto masivo y superior al resto de partidos, en porcentajes que no se conocen en otras circunscripciones.

En Cataluña, el segundo puesto del PP, ligeramente por delante de CiU y a más cuerpos de ERC, confirma que los populares tienen márgenes de crecimiento en el nacionalismo moderado, empujado por la táctica soberanista de los convergentes hacia el catalanismo estilo Piqué, y entre los inmigrantes de otras Comunidades españolas que se sienten fuera de lugar en un escenario político monopolizado por la reivindicación nacionalista. La impresión general es que CiU no sólo no ha podido superar la pérdida del poder, sino que, además, se ha equivocado al disputar a ERC el mensaje más nacionalista, radicalizando a una parte de su electorado, que directamente ha votado a los republicanos, y asustando a otra que se está acomodando en el PP. En todo caso, los populares se encuentran en un escenario dinámico, en el que dependen en buena medida de sí mismos.

En Andalucía no se puede hablar de correlación de fuerzas, porque no puede haberla en una Comunidad en la que ha funcionado de forma implacable la subordinación de la Administración autonómica al anclaje del PSOE en todos los estamentos sociales. Es difícil saber a qué se debe el estancamiento del PP, cuando se ha cambiado de líderes, de actitudes y de estrategias. Culpar a la cautividad del voto y a la red de servidumbres tejidas por el PSOE no es suficiente para explicar esas líneas rojas que el PP no puede superar impidiéndole progresar en sectores sociales -urbanos, profesionales- en los que teóricamente debería tener más audiencia. En algún apartado de su estrategia tiene que estar el fallo de esta limitación, que es un lastre de envergadura para un partido nacional que ha estado ocho años en el gobierno y que es la única alternativa al PSOE.

El PP tiene tiempo y buenas condiciones políticas para actuar con sinceridad en el próximo Congreso. El 13-J ganó en mayor número de Comunidades y provincias que el PSOE, y aunque el dato carece de cualquier efecto político material, remarca los perfiles excepcionales de su situación en Cataluña y Andalucía.

Muestras de la Justicia ZP
EDITORIAL Libertad Digital 16 Junio 2004

La elección de Maria Emilia Casas como nueva presidenta de Tribunal Constitucional, el rechazo del CGPJ a la propuesta sobre la ley integral de violencia sobre las mujeres y la designación de Mariano Fernández Bermejo como nuevo fiscal jefe de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo, son ya, en unos casos y pueden llegar a ser, en otros, motivo de preocupación ante nuestro ya debilitado estado de la Justicia.

Nuestro escepticismo ante la inesperada elección de Casas como sustituta de Jimenez de Parga no se fundamenta en que esta catedrática de Derecho Laboral, por muy “mujer y progresista” que sea, no ofrezca, ni de lejos, el bagaje profesional del prestigioso catedrático de Derecho Constitucional que ha venido a relevar; más recelo nos provoca el hecho de que se trate de una de los cuatro magistrados que votó a favor del amparo a la mesa nacional de Herri Batasuna contra la sentencia del Supremo que dictó el encarcelamiento.

Téngase en cuenta que uno de los más graves asuntos que tendrá que lidiar Casas como nueva presidenta del máximo tribunal, es el anunciado envite de los nacionalistas contra los fundamentos de nuestra Carta Magna. Que esta magistrada esté casada con Jesús Leguina Villa, ex magistrado del Constitucional también a propuesta del PSOE, asesor de este partido y del PNV y autor por encargo del Gobierno Vasco de un dictamen jurídico en contra de la Ley del Proceso Autonómico, la verdad es que tampoco nos ayuda a confiar en una imparcial y firme defensa de quien más ha de velar por nuestra Ley de Leyes.

Para colmo, la forma en que el secretario de Estado de la Justicia, Luis López Guerra, ha expresado su alegria por la elección de esta magistrada, nos hace temer que en el PSOE se siga teniendo la misma idea de división y contra peso de los poderes que se tenia en los tiempos del enterrador de Montesquieu.

Precisamente era Alfonso Guerra quien hace pocos días nos decía que “ZP ha resultado ser un bambi, no de peluche, sino de acero”. Y, ciertamente, la noción de la justicia como algo rendido al servicio del Gobierno y que tanto caracterizó la etapa de González, ya se está viendo aparecer en los escasos meses del nuevo gobierno socialista.

Este martes también se ha sabido que la comisión de estudios e informes del Consejo General del Poder Judicial ha rechazado por tres votos a dos —los dos designados por el PSOE— la propuesta de informe sobre la ley integral de violencia sobre las mujeres que excluye abiertamente a los hombres como posibles víctimas de los malos tratos. Pues bien, en lugar de esperar y aceptar posibles correcciones provenientes de un nuevo dictamen, el gobierno ha respondido de forma arrogante diciendo que el rechazo del CGPJ no es vinculante y anunciando su determinación a no esperar para aprobar la ley de marras.

Que aun haya habido dos miembros del CGPJ que hayan preferido dejar en evidencia su lealtad al partido que los nombró antes que advertir al Gobierno de algo tan jurídicamente elemental como que una ley no puede excluir de sus mecanismos de protección a victimas de malos tratos por razón de su sexo, nos muestra el uso y abuso que va hacer el PSOE de todos sus nombramientos judiciales.

Nada más revelador de este abuso partidista que nos espera, que la designación de Mariano Fernández Bermejo como nuevo fiscal jefe de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo. Los lectores ya pueden haceres una idea de la probidad e imparcialidad profesional de este fiscal que se jactó en la COPE de “ser de izquierdas y de actuar como tal”. Eso por no recordar muchos otros episodios en que este fiscal ha dejado orgullosamente acreditada su inquina anti-PP.

Pues bien. A pesar de perder la votación para el puesto en el Consejo Fiscal, Fernández Bermejo lo ha conseguido gracias al dedo del nuevo Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, quien a su vez debe su cargo al Gobierno. Y es que en este caso, la elección entre fiscales tampoco era vinculante...

En fin, que está claro que el nuevo talante de ZP nos retrotrae a los tiempos de González. El sectarismo lo quiere inundar todo, y está visto que el ámbito judicial no va a ser una excepción.

Deriva nacionalista
Editorial Heraldo de Aragón  16 Junio 2004

Bélgica obtuvo su independencia en 1831. Es un Estado joven y sus dos grandes comunidades, flamenca (de lengua neerlandesa) y valona (de lengua francesa), viven insistiendo en sus diferencias y en situación que, episódicamente, se encona. La fórmula federal, tan acariciada por muchos nacionalistas, ha desembocado en una lucha por la hegemonía entre hablantes de francés y flamenco, con excesos como la trágica división de la Universidad de Lovaina y de su prodigiosa biblioteca.

El Bloque, partido nacionalista y ultra, gana terreno en Flandes y dificulta, cada día más, el acercamiento entre belgas. El signo más claro del federalismo belga no es, hoy, que haya remediado males, sino que la unidad del país es más frágil que antes, porque ha acentuado las distancias y estimulado a quienes subrayan las diferencias y hacen de ellas cuestiones esenciales para convivir. En cambio, el territorio mixto de la región de Bruselas resiste al predominio de los nacionalistas y, en cierto modo, salva con ello el equilibrio del país. El propósito de Vlaams Blok es acentuar la asimetría, emancipar Flandes y considerar extranjeros a los valones. Un feo síntoma.
La división de los conservadores lleva a una progresista a la Presidencia del TC

SE ACABÓ LA SIESTA
Por Carlos HERRERA ABC 16 Junio 2004

CONCLUIDO este encuentro electoral en el que nadie acaba de ponerse de acuerdo acerca de si se refrendan resultados anteriores o se vota sólo en clave europea, al Gobierno de Rodríguez no le queda más remedio que ponerse a trabajar; a trabajar de verdad, no a colocar mensajes contradictorios en los medios de comunicación y a coleccionar una serie de gestos tan estudiados como vacíos de contenido. Acabamos de volver a Europa, según el lema del partido vencedor -por los pelos, pero vencedor- en estas elecciones en la circunscripción española, y conviene que se empiece a definir cuál va a ser nuestro papel en el nuevo escenario que se vislumbra tras el beso en los labios de la «vieja Europa» con el eterno Imperio del Mal Menor, los Estados Unidos. El bocadillo entre franceses y marroquíes tal vez nos deje en nuestro eterno papel de comparsas y, ante eso, sólo cabe desarrollar una política internacional menos de pancarta antigua. El asunto de Iraq ya se le ha acabado como argumento de confrontación electoral al Partido Socialista, al menos hasta las elecciones vascas o gallegas, en el que serán capaces de volver a utilizarlo, y no cabe achacarle a la decisión de Aznar de apoyar la acción armada norteamericana ningún contratiempo mundial más: las tropas han vuelto, entre el cacareo de sus compañeros de armas internacionales, y ahora la pelota de las responsabilidades se encuentra en el otro lado del tejado. Toca administrar la medida.

Toca, también, empezar a decirle no a Maragall, si es que hay valor: no a las selecciones, si se piensa que lo mejor es que sigan las cosas como están, no a una reforma fiscal que establezca privilegios asimétricos, no a la reforma absoluta de la Constitución. De la tensión que surja entre ambas formaciones dependerá la duración de una legislatura en la que el Gobierno debe esforzarse por no mostrar excesiva dependencia de formaciones nacionalistas radicales. Toca decidir qué Constitución europea nos interesa más, la que propugna la momia francesa de Giscard, la que brota del reparto de Niza o la que se adivina detrás de la victoria general en toda la Unión de los partidos conservadores. Toca afinar en el reparto de las inversiones en infraestructuras y decidir cuáles van a ser las Comunidades desfavorecidas en el reparto -¿Valencia, quizás?- y cuáles van a cobrarse los apoyos manifiestos. Toca enfrentarse con aplomo y eficacia al «Plan Ibarreche», que está ahí, a la vuelta de la esquina, y que no parece vaya a ser motivo de negociación alguna por parte de sus impulsores. Toca advertir a algunos ministros que su eficacia no está en relación directa con la exposición repetida de fraseologías de colegial y continuas contradicciones elementales. Toca enfrentarse a la realidad del flanco sur, que entra ya en el apartado de socio preferencial y socio armamentístico de los norteamericanos y que, aunque no le preocupe nada a Moratinos, a los demás sí. Toca, en una palabra, dejar de ser un aspirante a gobernante bueno y convertirse en un buen gobernante que sabe tomar duras decisiones para algunos.

El Gobierno de Rodríguez, por mucho que diga su propaganda más repetida, ha optado por elaborar una política gestual en sus primeros días de ejercicio: las elecciones europeas no podían significar un bofetón a los tres meses de haber obtenido sorprendentemente el poder y, en consecuencia, se prefirieron guardar los afilados lápices que firman los decretos. Ya no se le puede decir que sí a todos los sectores y limitarse a repetir consignas electorales una vez se pisa la mullida moqueta de palacio. Bien está eso del talante, pero ha sonado el despertador con el agudo y un tanto impertinente sonido de la alarma y hay que dejar la cama. Se acabó la siesta.    www.carlosherrera.com

SE ACABÓ IRAK
EDURNE URIARTE ABC 16 Junio 2004

El partido Socialista puede dar por agotado el argumento de la guerra de Irak. Comenzó a notarse al final de la campaña electoral, y si ésta se hubiera prolongado un poco más, los socialistas incluso habrían corrido el riesgo de ser devorados por él. Porque si el PP ha recortado la gran distancia que predecían todas las encuestas hace dos semanas se debe a dos razones, a que los logros de Zapatero en Irak han dejado de interesar a los españoles y a la fortaleza del liderazgo de Jaime Mayor. Y a estas horas, ambas razones deben de preocupar considerablemente al Gobierno socialista.

En primer lugar, el Gobierno no sólo ha agotado las rentas de la retirada de las tropas, sino que ahora está obligado a abordar los aspectos más complicados de sus objetivos de gobierno, sobre todo, la reforma de la Constitución y la satisfacción nacionalista. Por si alguien persiste en la tentación de Irak, el resto de Europa ha mostrado que ese debate ha entrado en una nueva dimensión. Para los que esperaban la caída de los participantes en la Coalición tras José María Aznar, resulta que en estas elecciones ha caído todo el mundo, los de Azores y los de la paz.

Pero, además, el argumento de la identificación del pacifismo con la retirada de Irak ya no se puede sostener por más tiempo. José Luis Rodríguez Zapatero aún pidió en su último mitin el voto «por la paz y no por los que quieren llevarnos de nuevo a la guerra». Pero ahora es él mismo el que no podrá retrasar por más tiempo las decisiones de guerra, a no ser que pretenda hacer desaparecer a España del panorama internacional. Le esperan las peticiones de los aliados sobre Irak, sobre Afganistán o sobre Haití, y todo eso significa soldados, riesgo, violencia y guerra. Se acabó Irak y se acabó el pacifismo. Y lo que es aún más complicado para el Gobierno, llega la hora de poner en marcha la reforma de la Constitución y su pretendida solución del problema nacionalista. Se acabaron también las medidas populares (tropas, ley contra la violencia doméstica, salario mínimo) y llegan las decisiones difíciles. Y las expectativas creadas sobre los nacionalismos son tan osadas y tan irreales, que el futuro se presenta turbulento para quienes las han alimentado.

Pero, en segundo lugar, la mirada postelectoral tiene otro ingrediente incómodo para el PSOE: Jaime Mayor Oreja. Porque muchos socialistas llevaron tan lejos la interpretación del 14-M que, al argumento pacifista, le añadieron el del fracaso de la idea de España del PP, especialmente representada por Mayor Oreja. Y he aquí que el 13-J pone en cuestión ambas cosas: Irak ya no vale y Mayor Oreja y su idea de España reciben el 41,3% de los votos. En tres meses, ya nada es lo que parecía, y, sin embargo, es ahora cuando los socialistas están obligados a demostrar su acierto en el diagnóstico del 14-M.

España y Europa
José María Carrascal La Razón 16 Junio 2004

¿Cómo se defienden mejor los intereses de España en Europa? ¿Echando un pulso a los «grandes», Francia y Alemania, para sacarles el mayor beneficio posible, o plegándose a ellos, para que nos concedan su gracia? La estrategia del PP es la primera. La del PSOE, la segunda. A cara de perro, Aznar consiguió en Niza una cuota de poder europeo en la que nadie había soñado antes: sólo dos puntos por debajo de la de Alemania y Francia. Hasta que éstas decidieron rebajarnos la cuota, iniciándose un forcejeo que dura hasta hoy, víspera del encuentro que debe decidir el reparto de poderes y la nueva Constitución.

Aznar había amenazado incluso con el veto si no se respetaba lo acordado en Niza. Pero Aznar ya es una página de la historia. Quien gobierna hoy en España es Rodríguez Zapatero, y Rodríguez Zapatero mantiene un, vamos a usar su palabra favorita, «talante» completamente distinto hacia Europa. En vez de confrontación, transacción. Bueno, él la llama transacción, pero en realidad es concesión. Admite que España había obtenido una cuota de poder desproporcionada en Niza y está dispuesto a negociarla a la baja, con la esperanza de obtener concesiones en otros terrenos. En el fondo, es admitir el liderato franco-alemán en la Comunidad y convertirse en sus leales vasallos y mejores aliados en Europa, un poco como Aznar hizo con Bush.

¿Quién acierta, quién se equivoca? Lo vamos a saber muy pronto, pues mañana y pasado tienen lugar las reuniones decisivas para decidir el futuro de la Europa ampliada, incluido el diseño final de su Constitución. Nuestros representantes acuden, aseguran, dispuestos a sacar el máximo beneficio para España, pero admitiendo de antemano que lo obtenido en Niza era excesivo. «Con la mitad de la población de Alemania ¬dicen¬, no podemos pretender el mismo poder de ella.» Es un argumento válido en todo menos en política. La política, incluida la política democrática, está llena de situaciones en las que un voto vale más que otro.

En España mismo tenemos unos partidos nacionalistas con un peso en el Congreso muy superior al número de sus votos, debido a una ley electoral que les favorece. ¿Y se imaginan ustedes a Carod-Rovira diciendo: «Renuncio a la mitad de mis escaños en Madrid porque, proporcionalmente, no me corresponden»? ¿Se lo imaginan? ¿A que ni siquiera se plantea? Bueno, pues nuestros nuevos gobernantes están dispuestos a un sacrificio parecido en aras «de la unidad de Europa», según dicen. Un gesto tan quijotesco no se ha visto ni volverá a verse en Bruselas y seguro que nos traerá elogios de los dos grandes. ¿Nos traerá algo más? Lo dudo. En política internacional no privan los «talantes», sino los intereses. Pero Zapatero y Moratinos siempre podrán decir a Europa aquello de «España y yo somos así, señora», no oído desde los Tercios de Flandes.

Menos humos
TONIA ETXARRI El Correo  16 Junio 2004

Acaso sea por deformación profesional, pero la reacción de la mayoría de los representantes políticos a los resultados electorales no puede ser más altiva. Se detecta un porcentaje de abstención sin precedentes y, en lugar de preguntarse qué han hecho mal para empujar al electorado a las playas, desmotivados frente a las urnas, siguen echando balones fuera. Ni Izquierda Unida, después de su impresionante batacazo es capaz de reconocer lo mal que lo ha hecho. Será por apego a la poltrona de la imagen de los 'guiñoles' (¿con lo que le costó a Llamazares que le hicieran un 'teleñeco'!) el caso es que el coordinador general de IU quiere preguntar a los que no le han votado por qué le han castigado mientras insinúa que los fallos en su formación ya existían antes de que él llegara. Qué cruz. Tendría que presentar la dimisión, pero espíritus autocríticos ya apenas quedan por esos pagos.

Claro que, puestos a sacar pecho, nadie le gana a Galeusca. Que tienen a gala decir que han quedado los terceros, que eso está muy bien como recurso de propaganda para animar la moral de la tropa, pero el hábil Imaz habrá reconocido ya, entra las bambalinas de los batzokis que la obtención de tres escaños entre los tres partidos de la coalición no es un resultado como para irse de verbena. Bien es verdad que haber pasado por delante al fracasado Llamazares tiene su mérito, teniendo en cuenta que las minorías nacionalistas no tienen implantación en todo el mapa electoral. Parece lógico que el PNV, que desde que no se presenta junto a EA le van mejor las cosas, esté satisfecho de sus resultados particulares. Tanto es así que quiere que se visualice su club en el Congreso de los Diputados. ¿Gora Galeusca! Total, que al presidente Manuel Marín le van a marear un poco. El PNV gobierna en Vitoria con EA y los de IU, pero en el Congreso se entiende con CiU y BNG . Ahora bien, a la hora de presentarse como la coalición de la interlocución «imprescindible» con el Estado, hay que ser un poco más humildes. Y si la diferencia entre la segunda fuerza, el PP, y Galeusca es nada menos de que de 20 escaños, tendrá que darse, justamente, la importancia que se tiene. Ni más ni menos.

Desde el PP, dice Iturgaiz que quizá ganen un escaño más en perjuicio de esta coalición. Un dato del que el grupo popular que lidera Mayor estará muy pendiente para poder decir que le están pisando los talones al PSOE. En fin, que sin cuadrar los datos ya ha empezado la campaña del Parlamento vasco. No por casualidad, desde el PNV se empuja al PSE a que se arrimen al PP. Y a Imaz, como no le gusta que el nuevo talante del Gobierno socialista vaya acompañado de una firmeza exquisita a la hora de hacer cumplir las normas, les llama «antiguos». Los aludidos, ni caso. Si el PNV les quiere hacer entrar por la derogación de la Ley de Partidos, por ejemplo, habrán pinchado en hueso.

La lengua de Cervantes
Cartas al Director ABC 16 Junio 2004

En los medios de comunicación se lee: «Un día sí y otro también, Pedro Sobes rectifica a Montilla, a Trujillo, a Caldera... y a los demás». Se ha puesto el traje de bombero para apagar los fuegos de los distintos ministros. Le pido, señor ministro, como español y maestro de escuela que he sido durante casi 40 años, que se ponga el traje de bombero de Lengua y Literatura Española y acabe con esta situación, pues la lengua de Cervantes, «el español», se está tratando de quitar como lengua oficial del Parlamento catalán y de los negocios judiciales. Dice Rodolfo Rodríguez Calderón, en ABC del 5/6/2004, en su artículo: «El español en América», Virginia Beach (EE.UU.): «Me parece insólito que en nuestra madre Patria suceda esto y aquí, en EE.UU., hay Universidades, como la de Yale, que afirman que la lengua española será mayoría en 2020, por encima del inglés, y en Virginia, en las escuelas públicas y privadas, se estudia «el español» desde el 7º grado de Secundaria».

Señor Rodríguez Calderón, dice usted que en Virginia (EE.UU.) todas las empresas de servicio público tienen atención al cliente en español, y también en las tiendas. Aquí se les multa a los dueños si ponen rótulos en español. Dice que hay CC.AA. que quieren eliminar el español. Claro que sí, que se lo digan a los maestros que trabajan en el País Vasco y, en especial, en Cataluña. La causa está en que la ideología no es sino una batalla miserable por el poder. Esto es lo que han demostrado los Gobiernos de la UCD, PSOE y PP durante los 25 años de partitocracia, ¡señor Rodríguez! Ellos no se dieron cuenta de que el día que los españoles transferimos, alegremente, la enseñanza al País Vasco y Cataluña pusimos en marcha los Altos Hornos del odio a España, a su Historia y a los españoles. Sólo miran estas palabras: «Votos y Poder».   A. Ramírez Díaz.   La Granja de Torrehermosa.

Casas respaldó la excarcelación de la mesa de HB y ha defendido las posiciones autonomistas
La catedrática María Emilia Casas, adscrita al sector progresista del Tribunal Constitucional, se convirtió ayer, en contra de todos los pronósticos, en la primera mujer que accede a su Presidencia. Su elección, que contó con siete votos a favor, fue propiciada por la división del sector conservador del Alto Tribunal. El también catedrático Guillermo Jiménez, a quien se atribuye el voto que inclinó la balanza en favor de Casas, fue elegido vicepresidente del TC. Casas se ha caracterizado por su sensibilidad hacia las posiciones autonomistas y respaldó la excarcelación de la mesa de HB.
J. Rodríguez La Razón 16 Junio 2004

Madrid- La elección de María Emilia Casas necesitó dos votaciones, ambas secretas. En la primera, concurrieron, además de ella, otros dos candidatos, ambos del sector conservador, los magistrados Vicente Conde Martín de Hijas y Jorge Rodríguez-Zapata, lo que dividió el voto de ese grupo. En esa primera ronda, Casas consiguió seis votos, Conde, cinco y Rodríguez Zapata, uno. Al no obtener ninguno de los candidatos mayoría absoluta, se procedió a una segunda votación en la que Conde perdió un nuevo apoyo. María Emilia Casas consiguió siete votos a favor, que le daban la mayoría absoluta, frente a los de cuatro magistrados que apoyaron a Conde. La votación registró además una abstención.

Aunque con amplias reservas, en medios del Constitucional se asegura que el voto que en la segunda votación inclinó la balanza en favor de Casas pudo proceder del catedrático Guillermo Jiménez, que llegó al Tribunal a propuesta del Senado como candidato de consenso entre el Partido Popular y el PSOE, y considerado de posiciones moderadamente conservadoras.

Esa tesis se vio favorecida por el hecho de que el propio Jiménez fuera elegido horas más tarde también por mayoría absoluta vicepresidente del TC, para lo que fue necesario contar con los votos favorables de magistrados del sector progresista.

Guillermo Jiménez fue el primer ponente de la resolución del Constitucional sobre el plan Ibarreche. En ese escrito se mostraba a favor de que se admitiera a trámite la impugnación presentada contra la propuesta soberanista por el Gobierno de José María Aznar, lo que hubiera llevado a la paralización de los debates parlamentarios.

Su posición quedó en minoría, por lo que el asunto cambio de ponente. Los magistrados que le sustituyeron y que elaboraron el escrito que sirvió de base a la resolución del TC que inadmitió a trámite el recurso contra el plan Ibarreche fueron Javier Delgado y Vicente Conde.

La nueva presidenta del Tribunal Constitucional, cuya elección causó sorpresa ya que todos los pronósticos apuntaban al magistrado Vicente Conde Martín de Hijas como el candidato con más posibilidades para ocupar ese cargo, llegó al TC el 18 de diciembre de 1998 en el turno correspondiente al Senado, a propuesta del PSOE.
Durante su etapa de magistrada, María Emilia Casas se ha caracterizado por su sensibilidad a las posiciones autonómicas. Apoyó la excarcelación de los miembros de la mesa nacional de HB que habían sido condenados por el Tribunal Supremo y la confirmación de la condena dictada por ese Tribunal contra el ex ministro del Interior José Barrionuevo y el ex secretario de Estado para la Seguridad Rafael Vera en el «caso Marey».

Asimismo, votó en contra del recurso de amparo presentado por el ex general Enrique Rodríguez Galindo y se mostró a favor de rechazar el amparo solicitado por el juez Javier Gómez de Liaño.

María Emilia Casas ha defendido con ahinco sus posiciones, como prueban los numerosos votos particulares discrepantes o concurrentes que ha presentado durante los seis años que lleva en el Tribunal Constitucional.
Uno de sus últimos votos particulares concurrentes fue el emitido en la sentencia por la que se confirmó la decisión del Supremo que impidió que se presentara a las elecciones europeas la candidatura de HZ. En esa ocasión, como ya lo había hecho cuando se tomó una decisión similar con las listas electorales auspiciadas por miembros de Batasuna que intentaban concurrir a las elecciones municipales, María Emilia Casas aseguró estar de acuerdo con la decisión del Tribunal, pero hizo constar que, en su opinión, se había vulnerado el derecho a la tutela judicial efectiva de los candidatos porque los breves plazos que fija la ley para resolver esos recursos les impiden preparar adecuadamente sus alegatos de defensa.

En numerosas ocasiones se alineó con el ex vicepresidente del TC Tomás S. Vives, que fue hasta su reciente relevo uno de los hombres fuertes del sector progresista en el Alto Tribunal, y que con frecuencia se encontraba en posiciones enfrentadas con el anterior presidente, Manuel Jiménez de Parga.

La nueva presidenta, que tomará hoy posesión de su cargo, tiene 54 años y es catedrática de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Su trayectoria profesional ha estado siempre vinculada a las relaciones laborales desde el ámbito jurídico. Además, ha sido miembro del Colegio Arbitral del Acuerdo para las Empresas del Sector Metal del INI-TENEO de 22 de junio de 1993. Participó como asesora en la elaboración del reglamento de funcionamiento del Sistema de Solución Extrajudicial de Conflictos de Trabajo y del Instituto Laboral de la Comunidad de Madrid.

Durante los tres años de mandato que tiene por delante uno de sus principales retos será el de poner fin a la situación de «atasco» que padece el Constitucional, prácticamente colapsado con cerca de 8.000 asuntos pendientes de resolver.

El PP recomendará a sus afiliados recusar al nuevo fiscal
Madrid- El Partido Popular reaccionó anoche con verdadera indignación a la propuesta de nombramientos que no tuvieron el respaldo de la mayoría del Consejo Fiscal, y, especialmente, en lo que se refiere a Mariano Fernández Bermejo. Por ello, el PP, según confirmaron a LA RAZÓN fuentes de esta formación política, recomendará a sus afiliados y simpatizantes que recusen a Bermejo cuando se vean involucrados en un procedimiento en que éste actúe como fiscal. «Hay que recordar que en junio de 2003 dijo que nosotros ya hicimos la guerra contra los papás de quienes nos gobiernan y ahora lo hacemos contra sus hijos », señalaron para acreditar la «manifiesta enemistad que tiene hacia el PP».

Las críticas del Partido Popular también se dirigen especialmente al fiscal general, Cándido Conde-Pumpido, por las cuatro propuestas de candidatos que quedaron en minoría. «Se vuelve al felipismo judicial, al período de instrumentalizar la Justicia, y se quiebra el principio de respeto a la independencia del Consejo Fiscal, lo que se ha respetado en los últimos años».
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