AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 20 Junio 2004
¡Pobre Europa!
Agapito Maestre Libertad Digital 20 Junio 2004

EL TERROR TOTAL
Editorial ABC 20 Junio 2004

DIPLOMACIA

Jon JUARISTI ABC 20 Junio 2004

Los intereses de los españoles

Amando de Miguel La Razón 20 Junio 2004

Más europeo que español

José María Carrascal La Razón 20 Junio 2004

EL FONDO Y LAS FORMAS DE MARAGALL

Editorial ABC 20 Junio 2004

Nueva York acoge la exposición «Camino de la Lengua»
C. ORTEGA ABC 20 Junio 2004

Superar los modelos lingüísticos
GONZALO LARRUZEA El Correo  20 Junio 2004

A una joven le negaron el modelo en castellano de un examen de selectividad
BARCELONA J. GUIL ABC (Cataluña)  20 Junio 2004
 

¡Pobre Europa!
Agapito Maestre Libertad Digital 20 Junio 2004

De fracaso en fracaso, Europa está hoy más lejos de la Unión Democrática que antes de la Cumbre de Bruselas. Los “líderes” de Europa no han querido enfrentarse al déficit democrático de la Unión. Han iniciado una huida del problema aprobando un triste Tratado que llaman Constitución. En realidad, lo acordado estos días está lejos de ser un modelo de civilización. Este tratado es la confirmación de que la civilización europea ha sido reducida a un pacto de no agresión entre países vecinos. No es poco lograr un espacio de paz, aunque ya ni siquiera es modelo para las naciones más cercanas, como se demostró con la guerra de lo Balcanes. Fueron los americanos quienes ayudaron a resolver el enfrentamiento entre las partes enfrentadas.

Los ciudadanos europeos son cada vez más escépticos respecto a la unión política. No se dejan seducir por una horrible verborrea de tecnócratas y políticos de medio pelo incapaces de reconocer las radicales diferencias de las naciones que componen la UE. Los altos índices de abstención en las elecciones al parlamento de Europa son una prueba de ese fracaso. Excepto Blair, uno tiene la sensación de que los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en Bruselas no tienen ni idea de que Europa quieren. Schröder y Chirac son dos ejemplos de este fracaso. Cuestionados en sus naciones, sin embargo, quieren marcar directrices esenciales en la Unión. Algo imposible de lograr, porque han perdido el respeto de sus ciudadanos y de los países que entraron en la Unión pensando que su principal aliado era EEUU.

La actual Europa, la antiamericana y rastrera de Chirac, ya no es modelo de civilización, sino objeto de descalificación por los cambalaches y traiciones que el premier francés está dispuesto a realizar por un poco más de influencia sobre los países recién incorporados a la Unión. La cumbre europea ha fracasado. Detrás estaba el fantasma de Irak y las ambigüedades de Francia y Alemania. Mientras que las relaciones entre la UE y EEUU no sean de absoluta transparencia, olvidémonos de la unión democrática europea. La cumbre, en verdad, no ha logrado elegir un presidente de la Comisión capaz de dar estabilidad y permanencia a este nuevo espacio político al margen de las naciones que lo componen por dos motivos: primero, porque duda de que haya personas preparadas para tal menester; y segundo, porque no tiene claro cómo ha de ser ese nuevo ámbito que dé vida a una nueva realidad política.

Tampoco hay muchos motivos para alegrarse por el Acuerdo logrado, que los más optimistas y manipuladores llaman Constitución, cuando no es sino un tratado de tratados sobre el reparto de poder en la toma de decisiones. Todo un galimatías que más pronto que tarde tendrá que ser cambiado. En fin, excepto los ilusos, nadie duda de que la Unión Europea es más una promesa que una realidad, más una ficción de no agresión que un ámbito común de carácter político, más una confederación de Estados que una federación de naciones con un objetivo común: la Unión Democrática. Esperemos que la Unión Monetaria, al menos, siga funcionando con relativa eficacia.

EL TERROR TOTAL
Editorial ABC 20 Junio 2004

DETRÁS del brutal asesinato del rehén estadounidense Paul Marshall Johnson, se muestra toda la complejidad de la doctrina criminal de Al Qaida, un entramado al que le beneficia tanto el terror que causan sus asesinatos como la confusión de ideas que aún persiste en algunos sectores de la sociedad occidental, anclados en la teoría de que este terrorismo integrista es la respuesta a la pobreza del mundo musulmán y a la arrogancia de Estados Unidos. Sin duda, ambos argumentos son parcialmente ciertos como coartada para favorecer la comprensión del terrorismo en las capas sociales más desfavorecidas y vulnerables a la propaganda antioccidental, pero ni los orígenes de los grupos terroristas musulmanes -menos aún el de Al Qaida- ni su objetivo fundamental de implantar una comunidad islámica sin identidades políticas o nacionales autónomas avalan lo que únicamente sigue siendo un síndrome antiamericano netamente europeo.

La reiteración de atentados en Arabia Saudí es coherente con la hostilidad de Al Qaida hacia la monarquía reinante, a la que acusa, entre denuncias de corrupción, de permitir la presencia de tropas extranjeras en suelo santo. Al Qaida está empeñada en la desestabilización de la región, no dudando en atacar a Turquía, incendiar Irak, amenazar a Jordania o aterrorizar en Arabia. El entramado criminal de Bin Laden ha diseñado su estrategia para lograr un cambio de civilización y no para alcanzar objetivos políticos concretos. Su plan de guerra religiosa hace enemigos a millones de musulmanes -demócratas, laicos, chiítas- y a los extranjeros infieles. El mapa de su «yihad» comprende desde Marruecos a Indonesia y es incompatible con cualquier intento de democracia, con los derechos individuales y con unas relaciones abiertas con Occidente.

Así están planteadas las disyuntivas entre el terrorismo integrista y las sociedades democráticas, sin términos medios. No es un problema que se resuelva con más multiculturalismo en las capitales de Europa, donde no hay ningún déficit de libertades, a pesar de lo que sugiere el complejo de culpa que arrostran algunos intelectuales y políticos, sino con menos fanatismo religioso en el mundo musulmán. EE.UU., al margen de quien haya sido su presidente -Bush padre, Clinton o Bush hijo- y con más o menos acierto, siempre ha percibido que el terror islamista es una amenaza a la seguridad colectiva de las democracias. Europa ha de asumir cuanto antes esta realidad. Puede que no exista el manido choque de civilizaciones, pero es indudable que sí existe una civilización amenazada que tiene que defenderse.

DIPLOMACIA
Por Jon JUARISTI ABC 20 Junio 2004

EL diplomático Fidel Sendagorta lamenta (en ABC del pasado 16 de junio) que Serafín Fanjul y un servidor de ustedes retengamos del mito de al-Andalus solamente su aspecto de distorsión de la Historia, sin reparar en lo que el mismo tiene de «legítima aspiración» a un ideal de convivencia entre civilizaciones diversas en un mundo globalizado. Salvando la injusticia que supone situar en un mismo plano a un arabista consumado como el profesor Fanjul y a un lego en la materia, creo que Sendagorta no se equivoca al caracterizar nuestra posición ante dicho mito (pues el propio Fidel Sendagorta reconoce que tanto él como nosotros hablamos de un mito y no de una realidad histórica). Pero lo que realmente deplora es nuestra resistencia -la de Fanjul y la mía- a distinguir entre musulmanes moderados («esa mayoría de musulmanes que quieren vivir en paz») e inmoderados. Por mi parte, me gustaría exponer algunos motivos por los que discrepo de dicha crítica.

En primer lugar, no me preocupa tanto el mito de al-Andalus como el de las Tres Culturas, relacionado indudablemente con aquél pero sin que pueda hablarse de una coincidencia estricta entre ambos. El mito de al-Andalus está, hoy por hoy, al servicio de una visión meliorativa del islam y de un acercamiento político de España a los Estados árabes. El de las Tres Culturas tiene, además, otra función (y sigo hablando en presente absoluto): proporcionar a los proyectos de desintegración pacífica del Estado español un asidero pseudohistórico. Una imagen (el término es de Sendagorta, aunque lo hago mío sin el menor reparo) de España como mero ámbito geográfico de convivencia igualitaria de gentes de distinta ley. En efecto, lo de las Tres Culturas no es sino un eufemismo laicista de las Tres Religiones o, lo que en la España medieval era lo mismo, de las tres Leyes diferentes por las que se regían judíos, moros y cristianos. Esa imagen es la que, convertida en metáfora de una utópica confederación de fraternales Estados ibéricos, avala los sueños independentistas de los nacionalismos y tranquiliza a una izquierda claudicante. En rigor, vale tanto invocar el mito de las Tres Culturas como apelar directamente a la balcanización de España. ¿Acaso la balcanización de los Balcanes no ha sido consecuencia -y me refiero a las guerras de la pasada década- de la politización de las Tres Culturas (o Tres Religiones) presentes desde antiguo en la ex Yugoslavia? Curiosamente, al final de su artículo, Sendagorta se desliza del mito de al-Andalus a la delicuescencia amorosa de las Tres Culturas: «¿Y qué imagen más potente que la del sepulcro de Fernando III el Santo con sus cuatro lápidas en latín, castellano, árabe y hebreo?». A veces, la fascinación del poliglotismo obnubila a los diplomáticos: ¿se da cuenta Sendagorta de que habla de un sepulcro?

En cuanto a la mayoría pacífica del islam, me encantaría creer en su existencia. No fue, desgraciadamente, la que se dejó ver y oír en las capitales de los países musulmanes tras el atentado contra las Torres Gemelas (la distinción entre moderados e inmoderados, por cierto, recuerda otra muy parecida e igualmente fláccida que suele aplicarse a los nacionalistas vascos). Por supuesto, sería sencillamente criminal plantearse una «lucha sin cuartel» (la expresión es de Sendagorta) contra los musulmanes moderados, incluso contra los fundamentalistas moderados, mientras persistan en su moderación. Sin embargo, no creo que esta cualidad, la moderación, sea condición suficiente para ver en ellos los aliados naturales de las sociedades democráticas contra la yihad terrorista. Éstos se encontrarían más bien entre los demócratas musulmanes, un grupo -según algunos de sus representantes más conocidos- no precisamente mayoritario en el conjunto de la población islámica y del que puedo asegurar que cuenta con toda mi simpatía, incluso si se manifiesta de forma inmoderada, como en Afganistán o Irak. Cuando nuestros diplomáticos in partibus aprendan a distinguir a los demócratas de las mayorías supuestamente pacíficas, se convertirán quizá en algo más que organizadores de veladas de música andalusí.

Los intereses de los españoles
Amando de Miguel La Razón 20 Junio 2004

Me parece admirable la disposición de Pepe Borrell y de Jaime Mayor al declarar ambos que en las instituciones de la Unión Europea van a defender sobre todo «los intereses de los españoles». Se agradece igualmente que, al decirlo así, den a entender que «los españoles» es el genérico que incluye a todos los sexos. Pero esa solemne afirmación plantea algunos interrogantes. ¿Es que alguien podía pensar que uno u otro no iban a defender los intereses de los españoles? Otra pregunta menos retórica: ¿Cómo sabe cada uno de los dos grandes partidos cuáles son los intereses de los españoles? El PP lo tiene más claro, pero el PSOE es una amalgama de pactos con distintos partidos, alguno de los cuales está claramente en contra de España y de su Constitución. No estaría mal que, aprovechando la circunstancia de la representación europea, el PP y el PSOE se pusieran un poco de acuerdo en ver cuáles son los intereses de los españoles. No se llegará al consenso, pero al menos se avanzará en esa dirección.
La operación anterior requeriría que al menos el PP y el PSOE coincidieran en las grandes líneas de la política exterior. Pero ahí está el detalle, que decía Cantinflas. Resulta que el Gobierno del PSOE ha insistido mucho en diseñar una política exterior que es la opuesta a la que había marcado el PP. ¿Cómo dar marcha atrás ahora a esos grandes desatinos?

Al menos habría que pedir que cada uno de los dos grandes partidos reconociera al otro. Difícil lo veo. Para empezar, no recuerdo que en la noche electoral el PP felicitara enfáticamente al PSOE por ser el ganador de las elecciones. Tampoco estuvo claro que el PSOE reconociera el hecho de que su auténtica fuerza está en la posible alianza con el PP en las cuestiones verdaderamente nacionales. Nada de eso se produjo en la noche electoral. ¿Es que no hay un manual de cortesía política? Elección tras elección cada partido felicita a los suyos pero no al principal adversario. En este caso la reprimenda va para el PP.

Un hecho sorprendente es que las propuestas de cambio que hasta ahora ha hecho el Gobierno del PSOE van en la dirección de cumplir las exigencias de IU o de paralizar la legislación del PP. Ante esa doble vía, caben pocas opciones para llegar a la política primordial de defender los intereses de los españoles.

En la estrategia electoral de los dos grandes partidos ha faltado grandeza. Cada uno de ellos apelaba a que los que les habían votado en las elecciones generales volvieron a hacerlo en las europeas. El PP es el que más ha insistido en esa estrategia de cortos vuelos. No hay que extrañarse, por tanto, de que al final la participación de los electores haya sido la más baja de nuestra Historia. El duelo electoral ha sido entre militantes, simpatizantes y adheridos. El grueso del electorado se fue de campo y playa. Cuidado, porque en esa abstención están ocultos también los intereses de los españoles.

Más europeo que español
José María Carrascal La Razón 20 Junio 2004

Ya puede ZP echar mano de su retórica más engolada con su voz meliflua de barítono. Ya pueden sus amigos mediáticos jalear el triunfo español en Bruselas. La realidad es muy burra, como demuestra un simple dato: España tenía en Niza sólo dos puntos menos que los «cuatro grandes», Alemania, Francia, el Reino Unido e Italia. En Bruselas se ha quedado con la mitad de los alemanes y a 30 puntos de los italianos. Ni siquiera ha logrado el 55,5-66,6 por ciento que se buscaba. Hemos tenido que conformarnos con el 55-65 propuesto por la presidencia irlandesa, y gracias. A esto le llama ZP «dejar huella» en Europa. Más apropiado hubiese sido «dejar hueco». Un hueco que otros ocupan. Su única excusa es que ha sacrificado los intereses de España para que Europa tenga una constitución. Pero es una constitución que tiene que ser ratificada por todos los países miembros, cosa ni mucho menos segura. O sea que ha soltado un pájaro en mano por 25 volando.

Zapatero se ha mostrado más europeo que español, cuando todos los demás se han mostrado más franceses, alemanes, italianos o británicos que europeos. Esperemos que algún día no tengamos que llorar por ello, como tantas veces a lo largo de nuestra historia.
Aunque lo más triste de esta nueva «victoria Zapatero» no es que no haya conseguido lo que buscaba. Es que ni siquiera ha luchado por ello. Acudió a Bruselas vencido de antemano, al haber renunciado a su mejor carta, el Tratado de Niza, que si bien sabíamos estaba superado, al menos podía haberle servido como baza de negociación, para obtener algo a cambio. Pero no, prefirió ser el chico bueno, simpático obediente y sonriente. Con el resultado de que España ya no figura en el grupo de cabeza de la nueva Europa, aquel que incluye a Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido, contentándose con el papel de segundón, gregarios les llaman en ciclismo, listos siempre a prestar su rueda al cabeza de equipo si éste pincha.

¿Por qué? ¿Por inexperiencia tal vez? ¿Por ese complejo de inferioridad que nos asalta a los españoles al cruzar los Pirineos? ¿Por la esperanza de ganarse las simpatías de Francia y Alemania? ¿O, simplemente, porque Niza era un proyecto de Aznar? Puede haber algo de todo eso, pero para mí, que la última, y a la vez más inmediata explicación es otra: porque nuestro presidente ha asumido, puede incluso que sin darse cuenta, la tesis de nuestros nacionalistas internos, de los que depende para gobernar. Y a nuestros nacionalistas internos no les interesa que España sea fuerte y figure entre los grandes de Europa. Al revés, les interesa que sea débil, secundaria, marginal, para poder sacar de ella el máximo posible. Aunque lo que realmente interesa a nuestros nacionalistas es que España no exista. Pero ésta es otra cuestión. ¿O es la misma?

EL FONDO Y LAS FORMAS DE MARAGALL
Editorial ABC 20 Junio 2004

COMO paradoja bien expresiva de dónde está el Gobierno y dónde está el poder en España, mientras José Luis Rodríguez Zapatero discutía con el resto de líderes europeos una constitución otorgada para Europa, Pasqual Maragall y Juan José Ibarretxe interpretaban sus papeles de corte estatal en un escenario anticipado de la España federal o confederal, que el federalismo parece que empieza a quedarse corto de acuerdo con algunos de los discursos políticos que circulan en esta legislatura. Ambos presidentes autonómicos se reunieron anteayer en Vitoria y por sus declaraciones al término del encuentro es evidente que abordaron a su manera, es decir, sin eufemismos, el proceso constituyente que el PSOE ha comprometido para acceder y mantenerse en el poder.

Maragall está muy seguro de sí mismo y de su inmunidad en el seno del socialismo. El arranque de esta Legislatura ha deparado sustanciosos e ilustrativos ejemplos de esta especie de bula. Por eso el presidente de la Generalitat se permitió el viernes desmontar con una sola frase la actitud oficial de su partido frente al plan del lendakari. Según Maragall, su propuesta de reforma estatutaria y la del Gobierno vasco «están sustancialmente de acuerdo en el contenido». La diferencia, como siempre, en las formas, es decir, en la vertiente siempre subsanable de cualquier problema político. Especialmente para un Gobierno como el de Zapatero, que ha convertido el talante y el consenso en fines en sí mismos, al margen del resultado. Tomada la palabra al presidente del Gobierno -«apoyaré cualquier propuesta de reforma que salga del Parlamento catalán», dijo Zapatero en la campaña electoral de las catalanas-, Pasqual Maragall pone la objeción al plan Ibarretxe en una cuestión de procedimiento, pero no al fondo de la propuesta de nación libre asociada, y señala a su partido un punto tibio de encuentro con el nacionalismo. Otra cosa es que al PNV le interesen puntos de encuentro con los socialistas, salvo para apoyar en bloque el plan soberanista. El PSE ya ofreció a los nacionalistas discutir una propuesta intermedia entre el Estatuto y el Plan, y fue rechazada con la dosis de desdén que el nacionalismo dedica habitualmente a los socialistas.

Al lendakari le viene bien, porque le sale gratis, que Maragall, como portavoz de esta mancomunidad federalista que anteayer anunciaron en nombre de sus respectivos gobiernos, haga de portavoz apuntador, acotando los reproches al plan Ibarretxe en el terreno procedimental. Sitúa el debate en una divergencia digerible para un socialismo que cada día tiene más claro que, pacte lo que pacte, prefiere a cualquiera antes que al PP. Las palabras del presidente de la Generalitat de Cataluña, asociando su proyecto de reforma estatutaria al del nacionalismo vasco, tendrían un efecto favorable si obligaran a su partido a una cierta y aún pendiente clarificación de sus límites a las reformas estatutarias.

Pues si ya se sabe lo que quieren, en el fondo, Maragall e Ibarretxe, queda por conocer lo que a este respecto persigue Rodríguez Zapatero, que debe aclarar cuanto antes qué le parece esa convergencia de fines anunciada en la reunión de Vitoria. Fernández de la Vega discrepó ayer mismo de Maragall y dijo que para el Gobierno y el PSOE el Plan del PNV no es asumible ni en el fondo ni en el procedimiento. Nuevo desmentido y nuevo ejemplo de incoherencia doctrinal dentro del socialismo. Pero en este caso, y dada la naturaleza esencial del asunto, debe ser el propio Zapatero el que fije la posición del Gobierno de España. Aquí no valen silencios ni sentarse, sonriente, a esperar qué pasa.

Nueva York acoge la exposición «Camino de la Lengua»
C. ORTEGA ABC 20 Junio 2004

LOGROÑO. El Queen Sofia Spanish Institute de Nueva York acoge desde esta semana la exposición itinerante «Camino de la Lengua Castellana», una muestra que ya ha sido contemplada por 100.000 personas en lugares como San Millán de la Cogolla, Alcalá de Henares, Salamanca, Bruselas o México D.F. La muestra, que ofrece en seis espacios diferenciados los ambientes, piezas artísticas y lugares por los que transcurrió el balbuceante nacimiento de esta lengua (San Millán de la Cogolla, Santo Domingo de Silos, Valladolid, Salamanca, Ávila y Alcalá de Henares) contribuirá a que el español «sea una lengua respetada en Estados Unidos, una lengua útil, influyente y en crecimiento, una lengua que triunfe en los territorios de la ciencia, la literatura y las nuevas tecnologías», en palabras del presidente del Gobierno de La Rioja, Pedro Sanz, durante la inauguración.

Sanz encabeza una misión institucional y empresarial a EE.UU. y México con el idioma como bandera de una Comunidad donde se halla la cuna del castellano. El pasado miércoles se donó a la Biblioteca de Nueva York un facsímil de las Glosas Emilianenses -donde figuran las primeras palabras escritas en español-, que fue acogida por los responsables del centro como «una joya» para sus ya valiosos fondos. La entrega del I Premio San Millán de la Cogolla a la hispanista mexicana Margit Frenk cerraban anoche el contenido cultural del viaje.

Superar los modelos lingüísticos
GONZALO LARRUZEA/MIEMBRO DEL CONSEJO ASESOR DEL EUSKERA Y REPRESENTANTE DE CC OO EN LA C. PERMANENTE DEL CJO. ESCOLAR DE EUSKADI El Correo  20 Junio 2004

El pasado mes de mayo compareció la consejera Iztueta ante la Comisión de Educación del Parlamento vasco para hablar sobre los modelos lingüísticos, en lo que fue una ocasión perdida por nuestros representantes políticos para hacerse cargo de una evidencia que es cada vez más compartida en el mundo de la enseñanza: la obsolescencia del actual sistema de modelos lingüísticos. A cambio se propusieron una serie de medidas en clave de continuismo, entre las que se encuentra la 'imaginativa' fórmula de poder añadir más asignaturas en euskera en el modelo A. Me interesa el trasfondo lingüístico de esta cuestión, pero también el social, que siempre queda aparcado pese a que tanto el partido de la consejera como otros que participan de dicha comisión hagan gala de progresismo social.

El año 1983 fueron puestos en marcha los modelos lingüísticos, como una fórmula de pacto y respeto que buscaba salvaguardar dos derechos que pudieran entenderse como opuestos: el derecho de todo ciudadano de poder matricular a sus hijos para que cursen sus estudios en su lengua materna y, a la vez, hacer esto compatible con un país realmente bilingüe, de forma que el sistema educativo asegurase que al final de la enseñanza obligatoria cualquier alumno sea competente en nuestros dos idiomas oficiales.

Es indudable que hoy día los actuales modelos lingüísticos no producen (a veces ni el modelo D) ciudadanos lingüísticamente competentes en euskera, y, aunque parezca extraño, en más de un caso, tampoco en castellano, pese a que reconozca que esto es menos frecuente. Pero existe un segundo efecto perverso que hay que corregir y en el que nunca repara la consejera Iztueta: los modelos lingüísticos hoy son modelos de segregación social. Y también objeto de distinta planificación por redes, donde hay una privada que mantiene una oferta nada residual en el modelo A, adonde acuden muchos padres y madres que huyen de lo que entienden serían 'compañías poco recomendables' para sus criaturas en colegios públicos con dicho modelo. Un ejemplo palmario, el último, de lo antedicho es la polémica reorganización escolar de la zona Zabala, San Francisco y Miribilla, con motivo de los cambios urbanísticos que se están produciendo en esta zona de Bilbao. Ha quedado patente que los modelos lingüísticos consolidan las diferencias y prejuicios sociales, creándose un centro de modelo A al que de modo 'natural' acudirá la población más desfavorecida de la zona y otro de modelo D, más 'acorde' para los nuevos residentes de Miribilla, todo con el añadido de previsibles fugas a los centros concertados de la zona.

Pero además de esta cuestión social nada baladí que planteo, también soy sensible a la situación de diglosia del euskera y deseo su normalización. Por ello mismo quiero reflexionar sobre la falacia que es suponer, sin más, que aumentar las horas en euskera en el modelo A va a traer mayor adhesión y conocimientos de la lengua de Axular. Si el bilingüismo que consagra la Ley de la Escuela Pública Vasca no se consigue en la medida que sería de desear, ello merece una reflexión que reconozca una multicausalidad que debe contemplar aspectos tales como la falta de un tratamiento integrado en la enseñanza de las lenguas, los enfoques didácticos excesivamente gramaticalistas en detrimento de los comunicativos, el descuido de la motivación, la menor importancia que se da a los usos lingüísticos fuera del aula, la enorme influencia del entorno sociolingüístico real en que se mueve cada alumno, la todopoderosa influencia de los medios de comunicación en castellano y, guste o no, la libertad de cada hablante para expresarse en la lengua que le resulta más cómoda. Todo ello, y algunas cosas más, forma parte del conjunto de factores a considerar para repensar y encaminar adecuadamente una política de normalización del euskera al finalizar la enseñanza obligatoria. Desearía que la consejera los tuviera en cuenta a la hora de llevar a cabo otra de sus propuestas: la de establecer más precisamente los niveles de aprendizaje que deben alcanzarse en cada etapa, pues ello no garantiza por sí solo su logro.

Parece, pues, llegado el momento de un replanteamiento a fondo de algo que fue útil en su momento, pero que ha generado unas disfunciones que hay que corregir. Esto exige capacidad de iniciativa y propuesta, capacidad de dialogar y acordar. A cambio de esto el Departamento de Educación, en éste como en otros temas, prefiere el continuismo, pero arrimando de facto con sucesivas vueltas de tuerca el ascua a su sardina ideológica. En el caso que nos ocupa, esta política consiste en mantener por un lado el discurso de la legalidad, diciendo que los padres y madres pueden elegir con libertad cualquiera de los modelos lingüísticos en vigor, pero en la práctica conducir al sistema educativo por medio de campañas y diversas medidas de planificación a un único modelo de inmersión en euskera.

Creo que es necesario un planteamiento más rico en su análisis y resolución, y también más acorde a los nuevos tiempos de una presencia creciente de inmigrantes en nuestro país y de un mundo cada vez más interrelacionado para el que hay que preparar de forma plurilingüe a nuestras futuras generaciones. Esto pasa por una superación de la estructura de segregación del alumnado que supone el actual sistema de modelos lingüísticos. Preparemos un futuro integrador y pluringüe. En eso estaremos de acuerdo, así como en que no debe hacerse en detrimento del euskera. Pactemos la alternativa, que, en mi opinión, ha de pasar por una implantación temprana para todos de una tercera lengua, por un acuerdo básico entre los agentes sociales y políticos de los mínimos que deben impartirse en cada lengua y por una cesión a la autonomía de los centros para que, desde ella y en el respeto a los mínimos acordados, puedan elaborar su propio proyecto lingüístico que, entre otras cosas, habrá de contemplar la realidad sociolingüística de su entorno.

"PLATON SÓLO HABLÓ EN CATALÁN
A una joven le negaron el modelo en castellano de un examen de selectividad
BARCELONA J. GUIL ABC (Cataluña)  20 Junio 2004

A vueltas con los conflictos por discriminación lingüística del castellano en las pruebas de acceso a la universidad
catalanas (PAAU), la selectividad. La Asociación por la Tolerancia ha destapado el caso de una alumna del Instituto Francesc Ferrer i Guàrdia, a la que, siempre según la versión de esta entidad, se le negó la posibilidad de hacer el examen de Filosofía de la "sele" con la versión castellana del cuestionario, pese a que le asiste el derecho y así consta en las instrucciones que el Departamento de Universidades de la Generalitat traslada a los tribunales de las PAAU.

Según relató a ABC Abel Ceña, que imparte la asignatura de Filosofía en el Ferrer i Guàrdia, una de sus alumnas vio "atropellados sus derechos lingüísticos" cuando el pasado miércoles se disponía a hacer el examen de Filosofía de la selectividad en el tribunal 001060 del aulario 5 de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).

Consultada por este mismo rotativo, la alumna confirmó los hechos.
Según relatan ambos, la alumna, que siempre ha vivido y estudiado en Cataluña, se dirigió a la profesora vocal de su aula y le pidió el modelo en castellano del examen de Filosofía, que este año incluía textos de Platón y Karl Marx. Alegó que en su instituto habían impartido la asignatura en castellano, libro de texto incluido.

Formuló su prédica en catalán, y la profesora vocal, según la chica y su profesor, dijo, también en catalán: "Ah! Pero si hablas muy bien el catalán, no te hace falta", y añadió que era mejor reservar los exámenes en castellano para los que realmente lo necesitaran, "por ejemplo los que están exentos de catalán" (como aquellos que
llevan poco tiempo en Cataluña).

Resignada, la alumna cogió el examen en catalán y lo hizo, eso sí, respondiendo en castellano, como la ley permite. Visto lo visto, otra chica de la misma aula que también iba a pedir el modelo en castellano, desistió. Al día siguiente, la alumna afectada comentó su incidente a su profesor, Abel Ceña, y éste, miembro de la Asociación
por la Tolerancia, decidió desvelar el caso. Ahora esta asociación medita si lo denuncia ante el Sindic de Greuges y ante el Defensor del Pueblo, según confirmó a ABC su vicepresidente, José Domingo. Para ello, sin embargo, dependerán de la implicación de la alumna, quien, por ahora, prefiere esperar a tener las notas de selectividad, el 1
de julio, y no tiene nada claro si denunciará el caso y cómo. No saben ni el nombre de la profesora que le negó su petición.

A ella el examen de Filosofía le fue muy bien, "y no quiero problemas". El resto de exámenes de la "sele" los hizo con el modelo en catalán. Sólo pidió la versión castellana en Filosofía.

"Si es cierto, tiene razón"
Abrumada por la situación, ella solo desea pasar la selectividad y hacer la carrera de Comunicación Audiovisual o estudiar para periodista. Mientras, desde la Asociación por la Tolerancia, se denuncia que cada año suceden casos como estos, aunque también les consta que ese mismo día de autos en otras aulas del mismo tribunal de la UPC se repartieron exámenes en castellano a los que pidieron.

A la llamada de ABC, fuentes del Departamento de Universidades, Investigación y Sociedad de la Información de la Generalitat (DURSI), recordaron que las normas existentes permiten pedir un examen de la selectividad en castellano. Además señalaron que de momento no les ha llegado ninguna reclamación. Así, concluyeron: "Si la versión de la chica es cierta, tiene razón""

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