AGLI

Recortes de Prensa     Martes 22 Junio 2004
CONVERGENCIA MARAGALL-IBARRETXE
ABC 22 Junio 2004

EL ENTREACTO SE ACABA

VALENTÍ PUIG ABC 22 Junio 2004

El PSOE de 1982 y el de 2004

Alberto Recarte Libertad Digital 22 Junio 2004

TE HAS PASADO, PASCUAL

Cesar ALONSO DE LOS RÍOS ABC 22 Junio 2004

Pericás y la compasión

Iñaki Ezkerra La Razón 22 Junio 2004

ESPIRITUALIDAD Y ESPIRITISMO

Manuel MARTÍN FERRAND ABC 22 Junio 2004

En el fondo, maragall

SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 22 Junio 2004

El terrorismo en Iraq

José Javaloyes Estrella Digital 22 Junio 2004

Plan Hidrológico Regional
José María CARRASCAL La Razón 22 Junio 2004

Los chotas

Tomás Cuesta La Razón 22 Junio 2004

«¿Basta Ya!» sospecha que PNV y ETA negocian un plan alternativo al de Ibarreche

Redacción La Razón 22 Junio 2004
 

CONVERGENCIA MARAGALL-IBARRETXE
ABC 22 Junio 2004

Pascual Maragall y sus declaraciones sobre la futura convergencia entre la reforma del Estatuto catalán y el Plan Ibarretxe han vuelto a situarnos en la realidad nacionalista, la que existía antes de las elecciones generales y fue momentáneamente eclipsada por la euforia y las promesas del nuevo Gobierno. Pero ahora se presenta con un problema agravado, el del insuficiente consenso entre los dos grandes partidos nacionales sobre el modelo de la España constitucional.

El PSOE debilitó las bases de ese consenso en la última etapa de la pasada legislatura cuando decidió que el conflicto nacionalista era sobre todo un problema de intransigencia del PP. No siempre había pensado eso, pero la creciente hostilidad anti-PP y las ansias de poder le llevaron a desenfocar profundamente la cuestión nacionalista. Se perdió la oportunidad de consolidar algo que había empezado en buena medida en el País Vasco con la alianza Mayor-Redondo, un nuevo consenso sobre la culminación de la España autonómica y el patriotismo constitucional.

Además, la inculpación del PP llevó al PSOE a otra equivocación importante, la de subestimar la cuestión catalana. También aquí, todo era reducido a la actitud de Aznar o a los prejuicios populares sobre una ERC con cuyo independentismo y radicalismo tan civilizado prefería entenderse el PSOE.

El PP se fue a la oposición, y no sólo el problema nacionalista vasco es exactamente el mismo con Zapatero, sino que ahora el problema nacionalista catalán ha pasado a ser liderado por Maragall. Pero, además, sus últimas declaraciones sobre la cercanía a Ibarretxe muestran otros dos aspectos del asunto que ni los socialistas ni otros muchos han querido reconocer. El primero: es cierto lo que dice Maragall. Su proyecto de reforma del Estatuto se parece mucho al de Ibarretxe, y no sólo en el contenido, basado en el vaciamiento del poder de las instituciones centrales; también en la filosofía y en las formas.

Sobre la filosofía, Maragall y los nacionalistas catalanes sostienen igualmente sus proyectos en los supuestos derechos de la nación catalana. Y sobre las formas, veo más puntos en común que diferencias. Es cierto que Maragall no quiere un status de libre asociación, pero pretende un poder comparable. Y quiere que la decisión realmente vinculante la tome el Parlamento catalán y no el nacional. Aún más, amenaza con un referéndum, igual que Ibarretxe, si las Cortes no aprueban lo que exige.

Pero hay una segunda cuestión y es que Maragall comienza a confundir el aumento de poder para Cataluña con su propio poder. La nación catalana de la España plural es, cada vez más, él mismo y su liderazgo: el nacionalismo es un instrumento del maragallismo. Y todo esto con el agravante de la dependencia que Zapatero tiene de Maragall, y, sobre todo, sin el consenso sobre la España constitucional con el que se debería afrontar.

EL ENTREACTO SE ACABA
Por VALENTÍ PUIG ABC 22 Junio 2004

LOS germanos hacían copas con los cráneos de sus enemigos muertos porque -según Plutarco- creían adquirir así, con ese uso, la valentía y el arrojo de sus adversarios. En términos analógicos, ese homenaje póstumo al arrojo del enemigo es costumbre actual en la vida política, incluso antes de que el adversario haya fallecido. La socialdemocracia ingiere sus brebajes usando del cráneo del consenso de Washington, hecho vaso. De la copa craneal de la ortodoxia fiscal europea beben incluso los ecologistas. Blair ha rendido tributo a Margaret Thatcher sorbiendo de su cráneo transformado en cáliz las tesis sobre la privatización y la liliputización del sindicalismo. Incluso Rodríguez Zapatero dijo en su día, después de echar un sorbo en alguna vasija craneal liberal-conservadora, que reducir impuestos también era de izquierdas. Un gran «cru» ideológico escanciado en la calavera del mejor enemigo, hecha copa, adquiere así su último pedigrí de cosecha.

Entre las elecciones generales del 14 de marzo y las europeas del 13 de junio ha transcurrido para España el más inesperado y el más ilusorio de los entreactos porque, aunque hubiese bajado el telón, en el escenario de la Historia continuaba la tragedia del 11-M. Tardaremos en saber con aproximación lo que pasó por la conciencia de los electores en aquellas jornadas pero ya sabemos que a la larga nadie podrá expresarse en el terreno de la razón política sin darse cuenta de todo lo que ha cambiado. Por ejemplo: en las elecciones europeas se enfrentaron un PSOE que antes del 11-M iba como perdedor y no tenía un liderazgo perfectamente indiscutido y un PP que hubiese tenido probabilidades de ganar y de reforzar a su nuevo líder, después de la retirada voluntaria de Aznar. Antes del 11-M el análisis más generalizado atribuía al PSOE la carencia de una fermentación conceptual interna: había cambiado el rostro del liderazgo pero todavía tenía por delante un tramo de travesía del desierto, como le ocurrió al laborismo británico. Por su parte, el PP iba a las elecciones con el activo de sus logros económicos y la efectividad de la ofensiva contra ETA, con el añadido de un candidato como Rajoy, capaz -según aquellas hipótesis- de truncar la animadversión que Aznar hubiese ido generando. En definitiva, al PSOE le correspondía avituallarse de métodos e ideas para entrar luego en la política del siglo XXI y al PP le quedaba un tiempo para gobernar, hasta agotarse y ceder el paso a una victoria socialista. Con el 11-M, a unos el poder les llegó como una visita no por deseada menos inesperada; a otros, se les fue de las manos de forma súbita y cruel. Cambian los cráneos, cambian las libaciones.

Ahora el entreacto se acaba. Decrece el murmullo de espectadores que apuran su copa en el bar del vestíbulo. Se van ya para la platea. Comienza otro acto del drama. Entre las elecciones generales y las elecciones europeas, el tiempo de intermedio ha sido consumido y suenan los timbrazos mientras el regidor da la última llamada en los camerinos. Errarán quienes de un lado piensen que es mejor no pensar en el 11-M y errarán del otro los que se obcequen en circunscribir al 11-M todo lo que venga. Algún día, con o sin comisiones, sabremos lo que cada cual hizo en las horas posteriores al atentado de Madrid, sabremos más o menos lo que pasó, pero tardaremos mucho más en saber lo que «nos» pasó, cuál fue la refracción del dolor colectivo en la conciencia de lo político, de qué manera actuaron nuestros instintos o hasta que punto predominó la razón.

Después de los resultados niveladores de las elecciones europeas, reaparece el menú de todos los días: la persecución de Al Qaida, los atisbos inflacionarios, el precio del crudo, los pros y contras de ir anulando leyes sin legislar, las deslocalizaciones, vaivenes en la política exterior, el activismo en temas como el aborto o los matrimonios entre homosexuales, el reparto del poder en la Unión Europea y todas las iniciativas que quiera tener el gobierno de Rodríguez Zapatero, ya bien sean globos-sonda o compromisos con los partidos que le dan sostén parlamentario. Pasado el verano, llegarán las escaramuzas a bayoneta calada en las Cortes y el cuerpo a cuerpo para la captación mediática de las opiniones públicas. Puede ser ahí donde el PP tenga que volcar su experiencia si quiere que despunten de nuevo su canon y su estrategia. Frente a la política de amoldamiento que identifica a Zapatero, sentir la necesidad de una política de carácter y de convicciones no sería del todo un capricho. Lo razonable como oposición: tal vez sea pedir mucho.

En otra lontananza, bate las alas aquella ave del Plioceno tardío que conocemos como plan Ibarretxe. En Cataluña, si primero Maragall y consecuentemente CiU habían reclamado un nuevo estatuto de autonomía se debía a que daban por sentado que el PP seguiría gobernando y que en tales circunstancias el victimismo estatutario resultaba un buen agarradero. Para Maragall hoy el problema consiste en que tanto su propio tripartito como el ejecutivo de Rodríguez Zapatero requieren en distinta manera de «Esquerra Republicana» y de los eco-comunistas. Es bastante previsible, dados los precedentes, que la reforma estatutaria en Cataluña se tome tiempo por delante, con acelerones y frenazos consecutivos. Hoy el concierto económico, mañana la concordia hispánica. Hoy soberanismo, mañana genuflexión ante el grial pujolista. Por parte de Maragall, le es propio alternar los entreactos con un exceso de frentes abiertos. Ayer se expuso a Zapatero en el balcón de la Generalitat, hoy el PSC pide grupo parlamentario. Esa sería teóricamente la ocasión de un buen dibujo estratégico para el PP: una apuesta definida por la Constitución frente a lo indefinido, frente a una imbricación sin prioridades de reformas estatutarias y cambios constitucionales. En definitiva: frente a un descosido.

En la mejor de las hipótesis, PSOE y PP alcanzarán una suerte de entendimiento concreto y básico sobre cómo administrar los tiempos para la desactivación conjunta del «imbroglio» del cambio constitucional, pero hoy por hoy parece inevitable una ardua batalla por el lenguaje político porque alguien tiene la responsabilidad de deslindar lo que en su caso corresponde a la naturaleza propia de ensanches o matices estatutarios y lo que corresponde a una mutación radical y eliminatoria del concepto de Estado que fue el gran logro de la reconciliación culminada en 1978 y aprobada en referéndum. Alguien tiene que trocear razonablemente los dispositivos retóricos al uso y revelar en su desnudez regresiva una versión contrapuesta de la soberanía y de sus atributos.

Apuntes
El PSOE de 1982 y el de 2004
Alberto Recarte Libertad Digital 22 Junio 2004

El socialismo real ha desaparecido en todo el mundo, excepto en algunos países que viven, por esta causa, en la miseria, como Cuba y Vietnam del Norte. Este hecho, unido al fracaso de las políticas keynesianas, con su intento de manejar la demanda global de la economía utilizando como herramienta básica el gasto público, han situado a los partidos socialistas de los países democráticos –incluso a los que habían renunciado formalmente al marxismo, como el PSOE– en una situación de incertidumbre respecto a su política económica, lo cual provoca los planteamientos más dispares posibles entre los dirigentes de esas organizaciones, sobre todo si alcanzan el poder.

El PSOE de 1982 creía tener claras las ideas. Pero inmediatamente surgió la diferencia entre los planteamientos de Boyer y lo que pretendía el resto del equipo gubernamental. Boyer tuvo que gestionar la tremenda crisis de principios de los ochenta –con el cercano ejemplo del fracaso de la política económica socialista que impuso Maurois en Francia en el primer gobierno de Miterrand. Con la ayuda de Miguel Ángel Fernández Ordóñez, Boyer puso las bases para la recuperación de la segunda parte de los ochenta, muy impulsada, además, por la caída de los precios del petróleo que, a partir de 1986, nos devolvió la capacidad de financiación y de crecimiento que nos había quitado la subida de los diez años anteriores. Pero, una vez saneadas las cuentas, comenzaron los conflictos ideológicos, la rebelión de los sindicatos –que pretendieron controlar toda la economía–, las ambiciones de Solchaga, el despilfarro, la incompetencia del Banco de España de la época y, por si fuera poco, se extendió la corrupción, se hicieron públicos los crímenes de estado y todo ello desembocó en una terrible crisis económica, que situó el paro en el 24,5% de la población activa en 1994.

El PSOE de 2004 tiene las ideas mucho menos claras que el de 1982 y, además, se ha hecho nacionalista, en la medida en que depende de ERC, de Izquierda Unida y del propio PSC. El resultado va a ser una confusión mayor y más rápida de lo que los más pesimistas habían previsto, pues Zapatero ya ha comenzado a hablar de economía, y lo primero que ha hecho es llevar la contraria a Solbes, cosa que jamás hizo Felipe González con Boyer ni con Solchaga, en relación con una posible reforma fiscal, tema en el que hay tres posturas diferentes: la de Solbes, la del partido –representado por Jordi Sevilla– y la de Miguel Sebastián, que es, en principio, la que figura en el programa electoral. Y nos falta lo más importante, saber qué quiere Zapatero, que, oh sorpresa, quizá incluso sea diferente de lo que quiere su vicepresidente económico.

La precariedad de Solbes ha quedado patente la semana pasada, cuando ha tenido que cambiar la ley de estabilidad presupuestaria, lo que permite déficits a la carta para las distintas autonomías, aunque en este momento no está clara ni la cuantía del exceso permitido, ni si hay negociación previa, ni si se exige plan de reequilibrio. Otro pequeño gran galimatías.

TE HAS PASADO, PASCUAL
Por Cesar ALONSO DE LOS RÍOS ABC 22 Junio 2004

PASCUAL Maragall ha anunciado que, en cualquier momento, el PSC puede crear un grupo parlamentario propio. En la dirección del PSOE no se lo quieren creer. Nunca se quieren tomar en serio las advertencias o amenazas que les hacen los nacionalistas. Más aún, se muestran sorprendidos como si no se tratara de algo cansino, aburrido, desesperante. Pero, sobre todo, no se imaginan que los planes de los nacionalistas puedan pasar no sólo por encima de los intereses españoles, sino de los propios, de los partidarios.

Los socialistas madrileños piensan que Maragall puede negar la Nación española; decir que hay que cambiar el modelo de Estado por otro en el que se sientan más cómodos; que hay que convertir el Senado en una Cámara que sea la expresión de la nueva Confederación Ibérica; que, a partir de ahí, hay que formar unos Países Catalanes que engloben la actual Comunidad Valenciana, las Islas Baleares y un trozo de la Francia meridional; que todos los estudiantes españoles de secundaria tengan como asignatura el catalán y, en fin, que Cataluña tenga federaciones deportivas que puedan enfrentarse a las españolas, aunque a éstas debamos llamarlas castellanas, ibéricas, celtibéricas, hispánicas... En definitiva, Zapatero y toda la Ejecutiva y todo el Partido Socialista Obrero Español y todos los intelectuales de izquierdas, orgánicos e inorgánicos, están dispuestos a concederle a Maragall todo lo que pida, todo, excepto romper el Partido, dividir el Partido, fraccionar el Partido. Porque una cosa es España, antipática, esencial, peligrosa, y otra es el Partido, el PSOE, necesario, patria verdadera, racionalidad última... El partido, no, eso no, ahí te estás pasando, Pascual; no nos lo toques.

LOS nacionalistas amagan, no dan, se retiran después de haber alarmado, después de haber desgastado y, luego, vuelven a la carga y de nuevo se retiran, y cada vez con más daño. Lo extraordinario de este proceso es que a pesar de su recurrencia y su carencia de imaginación es tomado siempre como algo nuevo, en cierto modo como algo increíble: «que ha dicho Maragall que el PSC quiere tener grupo propio». Y ¿qué era Entesa Dels Cataláns? Pero, ¿acaso no ha dicho Maragall infinidad de veces que el PSC es un partido socialista independiente del PSOE? Y ¿acaso no ha amenazado más de una vez con demostrarlo? El PSUC arrastró al PCE hasta no dejar de él más que a Rafael Ribó y a Raimón. En el País Vasco, el proceso de desnacionalización de los comunistas ha dejado el recuelo de Madrazo. En Galicia ni eso. Por su parte, los socialistas vascos han ido cortando cabezas, sustituyendo a Redondos por Eguigurenes. Ahora levantan la bandera de aquel mal ensayista y peor ciudadano que fue Fuster para arruinar el socialismo valenciano. Aún más, para impedir la hegemonía de la Comunidad de Valencia en el Mediterráneo. Porque todo se hace en nombre de territorios, no de ideas.

EL PSC ha convertido al PSOE en un fantasma y a Zapatero en un pelele. ¿Cuándo Maragall consumará el proceso? Ha vuelto a amagar y se retirará de nuevo. Hasta que el secuestro sea definitivo. No se han enterado en la Ejecutiva socialista de que la destrucción de España pasará por la del PSOE y que, por tanto, esto terminará por suceder. Quiero decir que intentarán que esto suceda. A no ser que haya alguien que con autoridad consiga levantar al partido contra Montilla y le diga a Maragall: «Te has pasado, Pascual».

Pericás y la compasión
Iñaki Ezkerra La Razón 22 Junio 2004

Ayer, lunes, un amplio grupo de amigos despedimos en el crematorio del cementerio vizcaíno de Derio al magistrado Antonio Giménez Pericás, alguien que supo conciliar de forma natural en su biografía la lucha contra la dictadura de Franco y la que después tuvo que encarar contra ETA y ese nacionalismo totalitario que le obligó a vivir durante los últimos años de su vida escoltado, sin poder disfrutar de esa libertad que él se había ganado a pulso como otros compañeros de generación. Hay un aspecto que no suele mentarse cuando se habla de la actual situación vasca y es lo que ha tenido de dura prueba para determinados «históricos» de la izquierda que de repente, en plena etapa democrática, se han visto en el dilema de callar ante el chantaje del nacionalismo, de sus Lizarras, sus planes Ardanza e Ibarretxe o levantar la voz y jorobarse los paseos de su tercera edad teniendo que llevar guardaespaldas. Prueba del todo humillante sobre todo para quien se pasó años contando batallitas de la clandestinidad y hoy ha tenido que comprobar que mientras él guardaba silencio daban la cara los concejales veinteañeros, los «niñatos» del PP. Pues bien, Antonio Giménez Pericás es de los que superó esa dura prueba antes de morir.

Había conocido las cárceles franquistas de la década de los sesenta tras un consejo de guerra en el que tuvo la osadía de solicitar su ingreso en el PCE aprovechando que en esa sala también estaba siendo juzgado Ramón Ormazábal, el secretario general de los comunistas vascos en aquella época de miedos que quisiéramos menos cercanos y menos parecidos a los que ahora marcan la conducta de algunos de nuestros políticos o de nuestros simples conciudadanos. Antonio Giménez Pericás fue uno de los fundadores de Jueces para la Democracia y del Foro Ermua, dos entidades cuyos principios sólo consideran irreconciliables quienes nunca han entendido ni el sentido que tiene el asociacionismo en la vida civil (los foros en la Euskadi que ETA y el nacionalismo quisieran militarizada) ni el sentido de la revolución democrática de Ermua ni tampoco el sentido de la Justicia y de la propia Democracia. En el acto que tuvo lugar ayer en ese crematorio próximo a la capital bilbaína, Antonio Beristain, otro estigmatizado de la Euskadi de hoy que fundó el Instituto Vasco de Criminología y cuyo delito ha sido trabajar para que llegue a esa parte de la Unión Europea el Estado de Derecho, habló de las relaciones de la Justicia con la compasión, dos conceptos que tampoco eran irreconciliables en el corazón de Giménez Pericás. A él le gustaba mucho una cita del Talmud: «Si sois piadosos con los crueles terminaréis siendo crueles con los piadosos». En esa cita está la clave de la Euskadi sin compasión que hemos conocido en los últimos años y de esa España que la está imitando y que hemos empezado a conocer.

ESPIRITUALIDAD Y ESPIRITISMO
Por Manuel MARTÍN FERRAND ABC 22 Junio 2004

ME ocurre con José Luis Rodríguez Zapatero lo que a Homero le pasaba con Odiseo, que sentado me parece tan alto como los demás; pero, de pie, algo más pequeño. Debe ser un efecto óptico provocado por sus constantes contradicciones. Es natural, por ejemplo, que un líder socialista, instalado en la izquierda y agnóstico según su propia confesión, defienda el matrimonio entre homosexuales, propugne la total despenalización del aborto y, al hacer que la LOCE salte por los aires, niegue la obligatoriedad de la clase de Religión y, más aún, que ésta sea una asignatura evaluable. Por ahí viene la elevada estatura del hombre sentado en la butaca del poder; pero lo que le convierte en bajito, en poco más que un niño crecedero, es que al mismo tiempo aspire a unas relaciones idílicas con la Santa Sede. Como en las fiestas de moros y cristianos, tan mediterráneas y ruidosas, es preciso escoger bando antes de cargar el trabuco.

Zapatero viajó ayer a Roma, al Vaticano, en aromas de espiritualidad; pero, vistas como están las cosas, lo suyo habrá de ser el espiritismo. El fantasma del PSC, que con sus 21 diputados en el Congreso, quiere volver por donde solía antes de que Felipe González, más pragmático que sonriente, pusiera orden entre los herederos de Pablo Iglesias y agrupara bajo una sola voz de mando todas las familias del socialismo español. Pasqual Maragall, no contento con tener, con su tripartito, la llave del «Gobierno de Madrid», aspira a que sea su espíritu federal y asimétrico el que se instale en la Carrera de San Jerónimo y eso, para evitarlo, exige conjuras y talismanes.

De hecho, la presión nacionalista, perseverante y creciente, tiene al Gobierno enfrascado en lo accesorio y formal sin apenas fuerzas y resuello para consagrarse a lo fundamental, y la casa española está sin barrer. Aun diluyéndolo todo en sonrisas, ¿cuánto tiempo podrá soportar Zapatero una tan incómoda presión? Si al Grupo Socialista, que sólo tiene 164 diputados sentados en el Congreso se le restan los 21 que Maragall reclama como propios -¿lo son?-, el castillo de poder en el que se instala el PSOE pasará a ser una torre tan frágil como si estuviera construida con naipes de Fournier. Mera entelequia.

Lo que ya es más difícil de saber es hasta dónde llega la voluntad actora de Maragall, débil a su vez frente a ERC en sus dominios catalanes. Si se trata de una maniobra táctica en vísperas del Congreso de los socialistas, esto es sólo una tormenta más de las muchas que trae el verano; pero, a poco calado que se le añada a la intentona, el asunto pasaría a mayores y al líder del talante no le quedaría más remedio que adelantar las elecciones. González resolvió semejante problema en un pacto con Narcís Serra, pero el andaluz, independientemente de otras consideraciones, era mucho más alto de pie que sentado.

En el fondo, maragall
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 22 Junio 2004

Reclamaba usted el domingo, mi muy honorable president, un grupo parlamentario propio en el Congreso, apoyándose en lo que debe de ser su versión canónica de nuestra historia reciente. El PSC ya tuvo su propio grupo, que perdió como consecuencia del 23-F, un «golpe de estado de la derecha que representaba el pasado». ¿El PP, quizá? Lamento muy de veras que entre tanto hermano y tanto lingüista como los que ocupan los altos cargos de la Generalitat no le haya quedado sitio para algún catedrático de Historia Contemporánea. Verá, president, su partido dispuso de grupo parlamentario en la legislatura comprendida entre 1979 y 1982. El PSOE tenía tres grupos y tres portavoces, lo que levantó ampollas en el resto de los grupos parlamentarios, especialmente durante la moción de censura contra Suárez (28-30 de mayo de 1980), que permitió lucirse, no sólo al candidato alternativo, Felipe González, sino a los portavoces de los partidos socialistas de Euskadi y Cataluña, Carlos Solchaga y Ernest Lluch. Unos días más tarde, el 11 de junio del 80, se presentó el anteproyecto de Reforma del Reglamento del Congreso, que fue informado en abril de 1981, dos meses después del golpe de Tejero. Las enmiendas se debatieron entre abril y junio del 81. El nuevo Reglamento fue aprobado en pleno en febrero de 1982.

Tras las generales del 28-0, los 202 diputados del PSOE formaron un solo grupo, cosa natural. Lo que había sido una eficaz martingala para multiplicar las intervenciones parlamentarias de los socialistas en la oposición tampoco tenía sentido para tiempos de Gobierno. Los gobiernos monocolores, es lo que tienen, prefieren expresarse con voz unívoca. Algo de eso va a pasar ahora con su propuesta. ¿No se da cuenta, hombre de Dios, que si le quita sus 21 diputados catalanes al PSOE, el grupo mayoritario del Congreso pasará a ser el popular? José Blanco ha dicho que el tema no está encima de la mesa. El buen rollito no dará tanto de sí. Afortunadamente.

Mire, 'honorable', desde que el asunto vasco ha pasado a un discreto segundo plano en la política nacional, desplazado por el empuje de lo catalán, estamos entre maravillados y atónitos ante su actuación política. La Generalitat, más que gobierno, parece un espectáculo de La Fura dels Baus. Lo suyo se entiende todo al leer el texto de un anuncio del Fórum que parece haberle tomado a usted como destinatario: «Catalunya le sienta bien a tu ego».

También he comprendido en qué consiste su concepto de la asimetría. Un drama para los socialistas vascos, oiga. Tanto esfuerzo por parecerse a sus compañeros catalanes y viene usted a Ajuria Enea para recalcar que a quien se parece de verdad, en el fondo, es a Ibarretxe. La vida es un desencuentro permanente. Como para intentar la micción y no echar gota, qué quiere que le diga.

El terrorismo en Iraq
José Javaloyes Estrella Digital 22 Junio 2004

Al menos a escala local, Sadam Husein —reducido ahora a simple materia de jurisdicción— cumplió su promesa de que la de Iraq sería la madre de todas las guerras. Allí subsisten, mezcladas, la convencional, la de liberación y la del terrorismo islámico contra la alianza angloamericana; también se solapan episodios y componentes de guerra civil, además de tensiones secesionistas en el norte, donde los kurdos apoyan sus reivindicaciones de siempre en la función cooperante de sus pesmergas o milicianos, con la coalición, durante la primera fase de la guerra. La caldera iraquí hierve a toda presión, en progresión paralela a la de las transferencias de poder. Pero entre todos los componentes actuales del conflicto iraquí es el terrorismo islámico el que parece presentar más largo aliento, tanto por su peso operativo como por su mostrada capacidad de asumir un protagonismo preferente, superior incluso al del nacionalismo árabe. Éste aparece constreñido al escenario iraquí y al ámbito de la lucha de los palestinos con Israel. El terrorismo islámico, sin embargo, ha probado sus posiciones en el norte de África, definido sus propósitos en Europa, después del atentado de Madrid el 11 de marzo, y entrado en el escenario del petróleo con su presumible participación en la voladura de oleoductos y de otras instalaciones iraquíes. A ese mismo orden de actuaciones corresponde la iniciada presión de Al Qaeda sobre los técnicos extranjeros que trabajan en el universo saudí del sector petrolero; presión que, en cualquier momento, podría extenderse a Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar.

El terrorismo en Iraq, en las actuales circunstancias, amenaza con derramarse por todo el Oriente Próximo para constituirse en factor de presión estratégica sobre el mundo del petróleo árabe. Pero en lo que concierne al escenario iraquí, el reciente bombardeo de una casa en Faluya por la aviación norteamericana, en la que murieron numerosos civiles, viene a ilustrar otra progresión estratégica del terrorismo islamista en Iraq. Es el salto desde las tácticas terroristas que implican por necesidad fuertes daños colaterales, al género de actuaciones que buscan directamente esos mismos daños para, de seguido, atribuirlos a la responsabilidad de las fuerzas ocupantes. La teología del terrorismo integrista vadea el problema, tal como demostró durante el pasado reciente en Argelia, con la reserva teológica y la conclusión escatológica de que los inocentes sacrificados van pasaportados directamente al Paraíso. Es decir, concluyen esos talibanes que no pasa absolutamente nada por pasaportar a sus hermanos en la fe de Mahoma, puesto que su sangre ha sido derramada en el curso de Yihad contra los infieles y los blasfemos.    jose@javaloyes.net

Plan Hidrológico Regional
José María CARRASCAL La Razón 22 Junio 2004

¿Por qué hay catalanes que propugnan un trasvase desde el Ródano ¬CiU fue la madre del proyecto¬ y se oponen a un trasvase des-de el Ebro, que tienen mucho más cerca? Es una pregunta que no he visto formu- lada en parte alguna y sin embargo con-sidero fundamental en esta gravísima confrontación del agua, que esta toman-do aspecto de guerra entre comunidades. La única explicación que le encuentro es que el trasvase del Ebro es algo más que un trasvase, como el Plan Hidrológico Nacional es, o era ya que acaba de ser derogado, bastante más que un plan hidrológico. Era un proyecto superautonómico, un esquema suprarregional, una especie de sistema circulatorio, con agua en vez de sangre, destinado a mostrar la unidad y solidaridad del entero cuerpo nacional español, al tiempo que le vitalizaba. Algo que no está bien visto hoy en determinadas comunidades ni, por lo que vemos, en el presente liderato socialista. Lo que hoy priva en España es marcar las diferencias territoriales, distanciar unas autonomías de otras, hacer cada una de ellas lo más parecido posible a una nación. Si Valencia o Murcia quieren agua, que se la agencien por su cuenta con desaladoras o sacando los santos para que llueva, pero que no se la pidan a Aragón. Tal actitud, de por sí, no sería nueva. Nada más español que la insolidaridad e incluso el alegrarnos de los males del vecino. Lo nuevo es que el gobierno central, que debería ser el promotor de la solidaridad y la cooperación a escala na- cional, se preste a tal política disgregadora. Por este camino, pronto veremos planes de carreteras, ferrocarriles y líneas aéreas «autonómicos», que ni siquiera compaginen entre sí. ¿O los estamos ya teniendo?

Pero volvamos al trasvase del Ródano. Dado que sigue pareciéndole bien a algunos políticos catalanes que rechazan el trasvase del Ebro es lícito preguntarse si, detrás de todo hay más política que agua. Hablando en plata, que estamos ante un nuevo intento de poner en marcha los Países Catalanes de Pujol o el Reino de Aragón de Maragall, a uno y otro lado de los Pirineos, con el Principado como eje y guía de los territorios un día bajo la Corona aragonesa. No siendo temerario suponer que si Valencia y Murcia se hubieran unido al proyecto hubieran recibido un trato muy distinto al que acaban de tener y que los mismos que les niegan hoy el agua del Ebro se la hubieran ofrecido encantados. Pues está visto que no son trasvases lo que rechazan. Es un determinado trasvase a unos determinados recipientes. Hay que castigar a Murcia y a Valencia por su decisión de mantenerse en el «proyecto español» en vez de en el «proyecto catalán», y se las ha castigado donde más les duele. Repito que no me extraña ni siquiera critico que los nacio- nalistas catalanes piensen y actúen de esta forma. Ellos tratan de construir la nación catalana y, a ser posible, el Estado catalán, como han dicho no una vez, sino mil. Lo que me llena de pesadumbre es ver al PSOE participar en este proyecto de dividir España en compartimentos estancos, de desmantelar los proyectos interregionales, de promover una especie de autarquía de cada una de sus distintas comunidades. Que España es plural no cabe la menor duda. Pero lo que tratamos no tiene nada que ver con la pluralidad y mucho, con el cuarteamiento sistemático de nuestro país, aprovechando cada oportunidad para distanciar sus distintas partes, aflojar los lazos entre ellas y difuminar el proyecto común que suele constituir la base de toda nación.

Que España padece un déficit crónico de agua es de sobra conocido. Ya menos, en cambio, lo es que los españoles despilfarramos agua, particular y colectivamente, en mucha mayor proporción que los demás europeos, pese a tener bastante menos que la mayoría de ellos. Necesitamos, por tanto, un Plan Hidrológico Nacional. Un Plan que tenga en cuenta todos los factores, empezando por el derroche del agua y terminando por fijar a ésta el precio adecuado. Pues contra lo que creemos los españoles, el agua no es gratis, ni barata siquiera. Es un bien precioso y escaso. O sea que hay que pagarla, y además, a buen precio, que es alto. Las comunidades que la reciban deben abonarlo, y las que la aporten, recibirlo. Todas saldrían beneficiadas con ello y se paliaría el rechazo que originan los trasvases, ya que, como dice el refrán, los duelos con pan son menos. Aparte de atacarse el otro problema: el derroche. En cuanto el agua empezara a costar lo que realmente vale, ya verían ustedes cómo los que la utilizan se andarían con mucho más tiento a la hora de gastarla.

Lo que no parece práctico ni juicioso es convertir el Plan Hidrológico Nacional en una serie de Planes Hidrológicos Regionales. Y lo que ya parece desatino digno de psiquiatra es verter el agua potable al mar para, unos kilómetros más abajo, desalarla para convertirla en potable, con todos los problemas energéticos y medioambientales que traería consigo. A no ser, naturalmente, que, como les decía al principio, no sea el agua lo que se busque, sino la redistribución de las riquezas naturales de nuestro país, de forma que sean cada vez más autonómicas y menos españolas. O sea, ir desmontando España poco a poco, labor de piqueta en la que están empeñados todos aquellos que lo dicen y otros tantos que no lo dicen, ya por darles vergüenza, ya por no darse siquiera cuenta de ello. Pero lo están.

Los chotas
Tomás Cuesta La Razón 22 Junio 2004

Cuando los chotas, los chivatos, los confites, los delatores y demás ralea, desertan de las alcantarillas del estado para asomarse a los titulares de la prensa es que no cabe ya ninguna duda de que sobrevivimos con la mierda al cuello. La sociedad es un gigante emputecido que asienta sus reales en medio de la ciénaga y, en lugar de tener los pies de barro, los tiene amalgamados de excrementos. Que existe el inframundo, es evidente. Pero hay que andar con tiento cuando lo sumergido emerge. Primo: porque si se derrumban las cloacas no va a haber quien pare con la peste. Secundo: porque las ratas siempre son molestas, sobre todo si tienen un aire de familia, te miran con tus ojos y hablan en tu lengua. Tertio: porque esto parece un «remake» de «El tercer hombre», no ya de serie B, sino de serie Z (de serie ZP, naturalmente).

Amén de esos zombis policiales que infestan el albañal del 11-M, el lado más siniestro de la actualidad nos vuelve a conducir a ETA. Zuloaga ha desvelado en estas páginas que dos industriales chantajeados por la banda han comprado una ración de impunidad a cambio de pasar información para que expriman con eficiencia a sus colegas. El nazismo, otra vez, se quita la capucha y descubre su monda calavera. La indignidad moral desborda la política y desmadra los límites de la convivencia. Hemos vuelto a Auswitzch y a Dachau, a aquellos prisioneros que, como describe con una sencillez aterradora el testigo de cargo Primo Levi, apaleaban a otros prisioneros por un poco más de sopa, por un día más de vida, por un mendrugo extra de pan negro. Es un billete de vuelta a lo inhumano. A nuestra esencia.

Algo huele a podrido en un país en el que la gente trafica con la vida y hace cambalaches con el miedo. Donde prospera el síndrome de Judas y se pone a subasta tu existencia. Donde no sabes si tu vecino es tu vecino o es el vecino de los que están enfrente. Donde los miserables se llevan el botín, la buena gente sufre y la gente sestea. En un país en el que señalar no está mal visto y además tiene premio. Un país en el que a las víctimas de los pistoleros hay que sumar a todos aquellos que son víctimas de su propia mezquindad y de su miseria. Un país así es un país muerto.

«¿Basta Ya!» sospecha que PNV y ETA negocian un plan alternativo al de Ibarreche
Redacción La Razón 22 Junio 2004

Madrid- La plataforma ciudadana «¿Basta Ya!» sugirió ayer que los contactos del PNV con el entorno de ETA, reconocidos por el presidente peneuvista, Josu Jon Imaz, pueden ser un indicio de que ambas partes negocian algún tipo de «plan B» que sustituya a la iniciativa soberanista del lendakari, Juan José Ibarreche.

El portavoz de «¿Basta Ya!», Carlos Martínez Gorriarán, recordó a Servimedia que no son nuevos estos contactos de los peneuvistas con la llamada izquierda abertzale, y que la novedad en este caso es saber qué pueden estar negociando. En este sentido, sugirió que este diálogo puede referirse a un «plan B», a alguna nueva estrategia que el PNV todavía «no ha sacado del sombrero», pero consistiría en algún tipo de acuerdo entre los nacionalistas.
Con estas valoraciones, Martínez Gorriarán hacía referencia a lo dicho por Josu Jon Imaz en una entrevista publicada este domingo en el diario «El Correo», en la que aseguraba que «estamos hablando con la izquierda abertzale, pero no habrá acuerdos si no desaparece ETA».

En ese sentido, el representante de «¿Basta Ya!» añadió que los contactos de los peneuvistas con Batasuna y su entorno pueden ir dirigidos a «ofrecerles algún tipo de acuerdo con vistas a conseguir que ETA declare una tregua». No obstante, este portavoz destacó que este diálogo del PNV con la izquierda nacionalista no constituye ninguna novedad respecto a lo sucedido desde la llegada de la democracia. «Es la murga de todos los años desde hace ya más de veinte», afirmó.

«Oxígeno a los terroristas». La reacción del Foro de Ermua a las declaraciones Josu Jon Imaz no se hicieron ayer esperar. Así, consideraron que el PNV y su presidente «están dando oxígeno a los terroristas» al reconocer que mantienen contactos con Batasuna y la llamada izquierda abertzale, aunque hayan precisado que no habrá acuerdos mientras ETA siga existiendo.

El portavoz del Foro, Rubén Múgica, dijo a Servimedia que conversaciones como las reconocidas por Imaz entre los peneuvistas y el entorno de ETA «son la tónica de los últimos treinta años de pretendida democracia en el País Vasco».

Al mismo tiempo, Múgica destacó que al dejar constancia de que existe este diálogo con la izquierda abertzale, «el partido gobernante (por el PNV) reconoce abiertamente que mantiene lazos de comunicación con los terroristas, los mismos terroristas que nunca atentan contra sus interlocutores, sino siempre contra quien ejerce la oposición en el País Vasco».

En ese sentido, Ruben Múgica añadió que estas manifestaciones dan idea «del concepto de democracia que tiene el nacionalismo vasco», al tiempo que aludió a que «alguien en el mundo de ETA debe estar encantado de que el poder político hable con ellos».

Para el PP vasco, el reconcoimiento de Imaz supone que los peneuvistas «están legitimando a ETA- Batasuna» para tratar de imponerse en las próximas elecciones autonómicas. El portavoz de los populares en el Parlamento vasco, Leopoldo Barreda, declaró a Servimedia que lo manifestado por Imaz significa que el PNV «sigue privilegiando la relación con ETA-Batasuna», sin asumir que en la izquierda nacionalista fuera de la banda criminal «no hay nada».

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