AGLI

Recortes de Prensa     Martes 29 Junio 2004
Para atrás como los cangrejos
Ignacio Villa Libertad Digital 29 Junio 2004

Forever

SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  29 Junio 2004

Soberanía condicionada

Editorial La Razón 29 Junio 2004

IRAK SOBERANO
Editorial ABC 29 Junio 2004

LAS ALAS DE LA PALOMA
FERRAN GALLEGO ABC 29 Junio 2004

Zenón Zapatero
José María CARRASCAL La Razón 29 Junio 2004

ZP en tierra de nadie

EDITORIAL Libertad Digital 29 Junio 2004

Debate poco bizantino
José Javaloyes Estrella Digital 29 Junio 2004

El referente de María San Gil
Cartas al Director ABC 29 Junio 2004

PP, ¡Basta ya! y AVT, contrarios a que los etarras vuelvan a la Universidad vasca
C. DE LA HOZ / ABC 29 Junio 2004

Peces-Barba estima que fueron «ingenuos» al elaborar el estado de las autonomías
Redacción La Razón 29 Junio 2004

A ver quien es más nacionalista
ABC (Cataluña )  29 Junio 2004


 

Para atrás como los cangrejos
Ignacio Villa Libertad Digital 29 Junio 2004

Han sido varias semanas de recuentos y de espera, pero al final el Partido Popular ha conseguido el escaño número 24. Unos resultados que dejan a los populares a un sólo diputado de los socialistas en las recientes elecciones europeas. Sin duda en el PP se deberá respirar satisfacción por este equilibrio final; pero lo más llamativo e importante de este reparto de escaños es que el Partido Socialista -partido que está en el Gobierno- ha sufrido un durísimo retroceso en menos de tres meses después de las elecciones generales.

Los resultados del 13 de junio ya eran malos para la calle Ferraz, pero con este recorte del PP, los resultados para los socialistas son aún peores. La realidad es que el PSOE recibe de nuevo un duro golpe para su verdadera intención de cimentar el triunfo de marzo. Zapatero sabe que lo del 14 de marzo tiene unas características determinantes. Y aunque nadie pone en duda la legitimidad de esa victoria -han ganado y punto- es el propio Zapatero y su gente los que tienen la ansiedad política de demostrar que su mayoría parlamentaria tiene un respaldo de la que en realidad carece. Y es que es evidente que en Moncloa son conscientes de que sus apoyos en el Congreso, (Izquierda Unida o Esquerra Republicana) les van a llevar a situaciones límites, en muchas ocasiones, durante esta legislatura.

El análisis expuesto en estas líneas está, además, acompañado por una actitud del propio presidente Zapatero. El Jefe del Ejecutivo ha recortado al máximo su agenda internacional en este mes de julio. Dicen que quiere volcarse en la política nacional y desde luego motivos tiene para esa preocupación. Tres meses después de su triunfo electoral, Zapatero no tiene en el horizonte el panorama lógico de estas circunstancias. Por un lado ha obtenido un evidente retroceso en muy poco tiempo en las europeas; la gestión de su Ejecutivo tiene mucho que cambiar; las contradicciones, los brindis al sol y las salidas de tono son ya marca de la casa. Desde luego, la historia es para nota. Algo más de dos meses de Gobierno y la balanza es negativa. Zapatero tendría que buscar en una gestión eficaz el respaldo que no ha obtenido en las urnas; pero por el momento lo que vemos es que como los cangrejos sólo avanza para atrás. Las perspectivas no pueden ser peores, aunque las intenten pintar de rosa.

Forever
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  29 Junio 2004

No sé si ha sido buena idea, mi admirado Juan Josué, su decisión de empezar su gira por las Alemanias precisamente el día en que los sindicatos vascos coincidían en la huelga del Metal. No se había visto un portento semejante en lustros: todos los sindicatos de acuerdo en una misma acción reivindicativa y en un mismo día. Por separado, eso sí, como si fueran nacionalistas celebrando el Aberri Eguna, pero coordinados, que no es poco.

Quiero advertirle, llegados a este punto, que cuando vuelva usted de Alemania ya se habrá pasado todo, porque la huelga no es general, ni indefinida, sino de 24 horas y en el sector del Metal. Le recuerdo esto porque a veces da usted la impresión de que tropieza con conceptos espacio-temporales. Y ya sabe lo que escribió al respecto Julio Caro Baroja en 'El Laberinto Vasco': «Este país vive en tiempo de tragedia. Y la tragedia consiste en una falta de adaptación total al tiempo y al espacio en que se vive».

Viene esto a cuento, mi lehendakari, porque la semana pasada le decía usted a Jordi Sevilla que la izquierda abertzale podrá concurrir a próximas elecciones en un futuro escenario de paz «en el que, de una vez y para siempre, haya desaparecido la violencia»: «con una tregua definitiva y para siempre, todos los partidos podrán realizar sus ofertas electorales con absoluta normalidad, incluida Batasuna».

O sea, 'all at once and forever', que decimos en Irlanda. Me permito recomendarle que lo diga en inglés con el fin de que los oyentes distraídos no sean capaces de detectar el imposible lógico de yuxtaponer un concepto como tregua a esa infinita explanada temporal en que la ubica. La expresión «tregua definitiva y para siempre» encierra en cinco palabras una redundancia entre las expresiones «definitiva» y «para siempre», (ambas quieren decir lo mismo) y una contradicción entre cada una de ellas y el término «tregua».

La tregua, es lo que tiene, es una suspensión de hostilidades con una duración limitada. No puede ser definitiva, porque entonces se transformaría en paz. Tampoco puede ser muy corta, so pena de que se convierta en ultimátum. El tiempo que media entre la foto de Al-Qaida con uno de sus rehenes y la decapitación de éste es un ultimátum, no una tregua. O sea, que decir «tregua definitiva y para siempre» es como decir «huelga general indefinida de 24 horas en el sector del Metal».

Extender la tregua hasta el infinito podría dar lugar a equívocos. Los constitucionalistas, de suyo mal pensados, podrían llegar a creer que los nacionalistas han convertido la contradicción en oxímoron, que supera la incompatibilidad aparente de los términos para crear un sentido nuevo. Tregua definitiva podría implicar la desaparición de la violencia, pero el mantenimiento de la amenaza. Arrepentíos, pecadores, porque no sabéis el día ni la hora. Y que el miedo guarde la viña, lehendakari.

Soberanía condicionada
Editorial La Razón 29 Junio 2004

Tal vez el síntoma que mejor describe la situación de Iraq sea el modo en que se ha producido la devolución de la Soberanía al gobierno provisional iraquí. La violencia que reina en el país no sólo ha aconsejado adelantar dos días la transferencia de poderes, sino que, además, se ha llevado a cabo en un acto íntimo, sin protocolo, necesariamente cerrado a la participación popular.

Y sin embargo, lo ocurrido ayer en Bagdad es un paso de una enorme trascendencia política y estratégica que no puede verse exclusivamente reflejado desde la óptica de la coyuntura actual. En Iraq hay un Gobierno de transición, encargado de preparar las próximas elecciones generales del 2 de enero de 2005, que serán, y así hay que subrayarlo, los primeros comicios libres en la turbulenta historia del país. Iraq, pues, vuelve a ser, aunque de momento sólo lo sea parcialmente, un país soberano, con su integridad territorial garantizada por la Comunidad Internacional y con todo el futuro por delante.

Ciertamente, es una soberanía condicionada por las dramáticas circunstancias de la postguerra y, también, por una serie de medidas cautelares impuestas por Washigton, con el objetivo expreso de que el proceso de transición política no derive en el restablecimiento de un régimen incompatible con los principios que inspiran a la mayoría de las naciones democráticas. Como no podía ser de otra forma, Estados Unidos va a seguir influyendo decisivamente en la administración iraquí, a la que ha impuesto una serie de funcionarios locales, independientes del poder político, con el propósito de garantizar el respeto a las reglas de la economía de mercado, la lucha contra la corrupción y el respeto a los derechos humanos básicos. Asimismo, ha puesto en manos de los iraquíes una legislación que permite excluir de la futura contienda electoral a aquéllas persona y formaciones claramente opuestas al modelo democrático establecido por la Constitución. Son medidas, si se quiere, discutibles, pero que es preciso justificar ante la realidad de una sociedad marcada por décadas de violencia, con sus estructuras civiles destruidas y en la que se han desarrollado sectores de índole religiosa absolutamente incompatibles con las más elementales libertades públicas y de conciencia.

Comienza, pues, un proceso institucional del que hay pocos precedentes en la historia reciente de la región y, aún, del mundo. El éxito está, fundamentalmente, en las manos de los propios iraquíes, pero va a ser necesaria la colaboración de todos. Primero, en la lucha contra la violencia y, ahí, son los Estados Unidos quienes tienen la última palabra y quienes deben hacer creíble la devolución de la soberanía. Porque, desde ayer, han dejado de ser, al menos teóricamente, una potencia ocupante. De su actitud para con el nuevo Gobierno de Iraq, de las formas que empleen sus soldados, va a depender el futuro.

IRAK SOBERANO
Editorial ABC 29 Junio 2004

LA devolución anticipada de la soberanía al nuevo Gobierno provisional iraquí cierra el círculo de las condiciones más exigentes planteadas a Estados Unidos por sus aliados más críticos y obliga a una necesaria retrospección de los acontecimientos para dar todo su contenido histórico y estratégico a la caída de Sadam Husein y al proceso democrático que han iniciado los iraquíes. Es cierto que la soberanía recibida por el primer ministro Iyad Alaui de manos del ex administrador civil Paul Bremer es aún condicionada, pero responde tanto a la situación real del país como a los términos aprobados por unanimidad en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y cambia radicalmente el futuro político de Irak. Se ha puesto fin a la ocupación militar, las tropas de la coalición tienen un mandato de Naciones Unidas, el poder político es de los iraquíes y se ha iniciado el calendario para unas elecciones democráticas. Hubo países vencidos en la Segunda Guerra Mundial, hoy democracias intachables, que no tuvieron un proceso de recuperación de soberanía tan rápido ni planificado. Aún hoy siguen sometidos a cláusulas limitativas de su soberanía, como eco de su condición de perdedores. Si la conclusión a la que hoy se puede llegar es que Alaui es mejor que Sadam Husein, que la democracia es mejor que el baasismo, que la influencia de las democracias occidentales es mejor que la del terrorismo islamista, entonces la comunidad internacional no tiene motivos para hurtar a Irak todo el apoyo económico, político y militar que necesita.

AHORA se abre un período adecuado para ser coherente con el discurso que propugna combatir el terrorismo con armas políticas. El éxito de la democracia en Irak es la derrota más severa que podían sufrir las organizaciones terroristas islamistas y apartarse de esta convicción por el hecho de que haya sido Estados Unidos el causante del cambio revela una grave confusión de principios. Todavía ayer el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, marcaba distancias con un escenario que no podía reflejar de manera más satisfactoria las condiciones previstas en su programa electoral para mantener a las tropas en Irak. Su presencia vaporosa en Estambul ha sido imagen de la fuga de responsabilidades que emprendió el mismo día que tomó posesión, cambiando los compromisos políticos y militares de una nación en alza por el papel de conmovedor de conciencias, que apela a los aliados a conservar su «alma democrática», gracias a la cual muchos de ellos la han llevado a Irak, y a no combatir con bombas el terrorismo, desplegando un pacifismo caducado tras el 11-S, que ni la OTAN ni la ONU comparten, como se demuestra cada día en Afganistán, a donde Zapatero, por coherencia consigo mismo, no debería enviar ningún soldado más.

La amenaza actual para los iraquíes no es Estados Unidos ni los demás miembros de la coalición que ayer dejaron de ser potencias ocupantes, para ser una fuerza multinacional de seguridad y estabilidad. Al futuro de Irak sólo le amenaza el terrorismo integrista y los enfrentamientos civiles entre comunidades musulmanas.

EL nuevo orden mundial posterior al 11-S ha movido su primera ficha en una región estratégica para la seguridad colectiva, donde se ha roto la hegemonía de monarquías teocráticas, repúblicas integristas y regímenes autoritarios. Los costes de la desconfianza recíproca entre aliados han sido altos y la discrepancia de visiones sobre el equilibrio y la paz mundiales quizá perdure más tiempo, pero la comunidad internacional no puede escapar a la reflexión que obliga el nuevo Irak. Es probable que el capítulo de desafíos para la seguridad colectiva no haya terminado, porque hay Estados fallidos o convulsos sobre los que acecha el terrorismo integrista. La cooperación entre las democracias amenazadas no puede volver a fallar como en Irak, porque hay algo claro sobre el nuevo terrorismo global: que se ha militarizado y que busca el refugio de Estados, como sucedió en Afganistán. La opción militar nunca más podrá descartarse, pero debe ser realmente la última. Hay que avanzar en la coordinación de los servicios de inteligencia y en la presión diplomática sobre los gobiernos cómplices, aunque para eso es preciso que los que se llaman aliados establezcan sus prioridades comunes de defensa.

El éxito del nuevo Irak soberano concierne a toda la comunidad internacional, porque se ha demostrado que no hay otra alternativa para la seguridad colectiva que la extensión de la democracia y el aislamiento, con todas las consecuencias, de los regímenes agresivos. La coalición que derrocó a Sadam -más de treinta democracias- es criticable, y muy duramente, por la torpeza de la postguerra y la criminalidad sin matices de Abu Grahib; sin embargo, sólo gracias a ella es posible que se hagan efectivos en Irak los principios de democracia y libertad apaciblemente disfrutados en Occidente.

LAS ALAS DE LA PALOMA
por FERRAN GALLEGO. Profesor de Historia Contemporánea. Universidad Autónoma de Barcelona ABC 29 Junio 2004

CUANDO comentaba la edición de su novela Las alas de la paloma, Henry James indicaba los problemas que había tenido para dibujar al personaje principal, una enferma que se aferra a la vida y hace girar todo en torno a ese deseo efímero y voraz: «Comprendí -dice James- que no era posible presentar abiertamente a Milly Theale como presa entre los elementos donde debía debatirse, hasta que estos elementos no hubiesen sido desplegados debidamente, con todo esmero». El ciclo electoral que acabamos de cerrar parece haberse dispuesto con intenciones opuestas, de modo que podríamos afirmar algo que sonaría insultante si no estuviera movido por un impulso sinceramente piadoso: y es que, tal vez, podremos reflexionar sobre nuestros problemas a fondo después del 13 de junio. Porque antes, en el lugar que debería haber sido el espacio privilegiado para la formación de los votantes, las opciones complejas tomaron la forma de dilemas sencillos, y el minucioso bordado de los argumentos se sustituyó por el hábito tosco de los exabruptos. Nuestra educación sentimental fue destituida a una elección entre el crimen y el castigo, la guerra y la paz, el rojo y el negro. Algo que menospreció la inteligencia de la ciudadanía, rebajando la calidad de los discursos y extirpando el rigor de los matices con la excusa de una simplificación pedagógica.

Al haber acabado una fase electoral que ha tenido uno de sus factores cruciales en la guerra de Irak, parece conveniente proponer un debate que no ha podido hacerse en año y medio. A no ser, claro está, que alguien confunda la agitación con el intercambio de opiniones, o que se atribuya diálogo a lo que no ha sido más que un aluvión de cascotes verbales, poseedores de la calidad ético-estética atribuida por los estudiantes de mayo del 68 a los adoquines de París. Este ha sido, y no otro, el marco diseñado para expresar un desacuerdo en política internacional, sobre un tema cuya gravedad no se le escapaba a nadie, pero cuya correcta manipulación parece haber huido de todos. La cómoda distinción entre pacifistas y belicistas, por ejemplo, lleva en su misma formulación una elección de campo, fuera del cual sólo hay una estancia moralmente reprobable. A esa primera distinción se sumó, dando un giro más a torcida expresividad del gesto adoptado, la que diferencia a víctimas y a verdugos. Y se acabó en una marcha entre las fachadas inválidas de los decorados cinematográficos, indicando en qué acera del país se encontraban los demócratas y en cuál transitaban los neofranquistas. Es posible que, a muchos de los que contemplaran el espectáculo, la carencia de límites de descalificación, de degradación del disidente, de deshumanización del opositor, llegara a repugnarles. Es posible que muchos de quienes estaban contra la intervención que los Estados Unidos y la Gran Bretaña realizaron en Irak, así como el compromiso tomado por el gobierno español, pudieran creer que no era ése el camino más adecuado. Pero muy pocos dedos se levantaron. Muy pocos cumplieron con el deber cívico de defender a quien piensa de otra forma. Por no hablar de lo que debería ser una función elemental de quienes disponen de una masa crítica más voluminosa: salir al paso de un adelgazamiento de la realidad que no la simplifica para su uso generalizado, sino que se limita a acuñarla con los temblorosos semblantes de las monedas falsas.

Que no todos los que se opusieron a la intervención militar del año 2003 compartían la espesura iluminadora y cegadora de ese incendio se demostró en reiteradas citas electorales. Lo elemental de esa verdad tiene una contundencia que ni siquiera ha merecido la atención de quienes prefieren un paisaje exento de matices. Pero tal vez convenga añadir algunas consideraciones, realizadas con la legitimidad de haber criticado la posición del Gobierno -si de algo sirve para quienes se pertrechan en la sala de banderas de sus prejuicios-, aunque sin caer nunca en las actitudes de quienes se presentaron como propietarios exclusivos del interés por la paz, lo cual nada tiene que ver con el pacifismo a secas. Y, desde luego, sin tolerar que nadie negocie con el sufrimiento siempre ajeno, con las víctimas que no son suyas, con el dolor que no le pertenece.

Podría entrarse al sucio trapo de arrojar a la cara de muchos políticos e intelectuales sus complicidades previas, las incoherencias que yacen en las hemerotecas. Tal vez, esos aspectos merecen recostarse donde habita el olvido. Porque interesa señalar lo que debería aguardar en el futuro. Me interesa más, por ejemplo, la manera en que se haya podido considerar que es indigno hablar de la necesidad de un orden mundial que respete los derechos de todos señalando, a continuación, que eso no puede hacerse sin una fuerza militar de disuasión. Me preocupa que sea políticamente incorrecto indicar para qué ha servido el Consejo de Seguridad en los tiempos de la política de bloques. Me horroriza que no se señale que la amenaza de la fuerza es la garantía de un derecho, en especial para pueblos sojuzgados por sus abyectos gobernantes. Me inquieta que nadie recuerde a los pacifistas si su actitud no es más propia de los indiferentes que de los implicados, y que no parezcan saber a dónde conduce una sistemática de no intervención. Me duele que parezca grosero referirse a los intereses de una cultura democrática cuya mayor deficiencia consiste en no haberla extendido a todos los habitantes del planeta, a veces con la aviesa complicidad de un confortable relativismo cultural. Me sorprende que resulte denigrante considerar si nada nos importa que la mitad de las reservas del petróleo del que dependemos estén en una zona que debería resultar interesante para la suerte de nuestra sociedad y, por consiguiente -guste más o menos ese «por consiguiente»-, para todo el mundo.

Estas son las cuestiones incómodas a plantear. Porque solamente así un episodio concreto pierde su carácter autárquico e insignificante, para adquirir la consistencia de un hecho con el sentido de su propio relato histórico. Y, además, porque las posiciones de cada uno adquieren así su verdadera dimensión, para situarse al margen de fronteras morales caprichosas. Diciendo que no se está contra cualquier intervención militar puede ponerse en cuestión la que se produjo en marzo de 2003. De otra forma, uno se encuentra en un territorio de apariencia angelical en el que, en realidad, reinan los demonios: sometiendo a sus pueblos y vulnerando sus derechos todos los días, además de amenazar la paz de quienes no son sus súbditos directos. Para algunos, esta pasividad disfrazada del pacifismo ha podido ser el resultado de la ingenuidad. Para otros, el efecto de un cálculo perverso. Para todos, de lo que se trata es de saber si nos interesa comenzar en este tema, como en tantos otros, un debate que tenga en cuenta la complejidad del objeto y la presunción de inocencia de quienes intervienen en él.

Así, daríamos vigor a las alas de una paloma de la paz que no vuela sin recursos de seguridad. En caso contrario, seguiremos en una división de emplazamientos éticos inaceptable, un espacio donde los gestos solemnes se creen palabras y donde el brillo cortante del silencio se confunde con la agudeza de las ideas.

Zenón Zapatero
José María CARRASCAL La Razón 29 Junio 2004

¿Se puede sostener una cosa y su contraria? Teóricamente, sí. Era el deporte favorito de los sofistas, como aquel Zenón de Elea que le demostraba a usted que Aquiles, el de «los pies ligeros», nunca podría alcanzar a la tortuga, o que una flecha volando por los aires, en realidad, está quieta. Algo que divertía mucho a los griegos y aún divierte a los amantes del juego intelectual. Pero en la práctica es otra cosa. Los hechos son muy tozudos y no entienden de paradojas. Una hecho es un hecho, por muchas vueltas que se le den, y un corredor, no hace falta que sea excepcional, ganará siempre a una tortuga, como una flecha lanzada por el arco se mueve, y como no se aparte usted de su camino, le causará un disgusto.

Pero José Luis Rodríguez Zapatero parece haber hecho de la paradoja su norma de gobierno, afirmando y negando una cosa al mismo tiempo. Mientras se mantiene en el plano de la palabra, siempre encontrará recursos para ello. Lo malo es que se gobierna con hechos no con palabras. Y ahí se da de bruces con la testaruda realidad, que le impide actuar al mismo tiempo de una forma y de su contraria. Por ejemplo, queda muy bien oponerse a la política de Bush en Iraq, pero ¿y si la ONU y la OTAN deciden apoyarla, como ha terminado ocurriendo? ¿qué se hace, decir que sí y salir pitando como ha hecho nuestro presidente de Estambul? o apoyar la participación de selecciones deportivas autonómicas en competiciones internacionales, para encontrarse con que tarde o temprano dichas selecciones tendrán que enfrentarse con la selección española. Una de dos, o se deja en un limbo a aquéllas, o se deja en casa ésta. Las dos se auto excluyen, al menos en el ordenamiento legal y deportivo vigente en nuestro país. O las unas o la otra. O se apoya el plan de Bush para Iraq o se rechaza. Lo que no puede hacerse es apoyarlo y rechazarlo al mismo tiempo.

La paradoja internacional y deportiva no es nada comparada con la que se plantea en un terreno mucho más trascendental. Me refiero a las reformas de los estatutos de autonomía y de la propia Constitución, aceptadas en principio por José Luis Rodríguez Zapatero. Que los estatutos pueden reformarse para irlos adaptando a la natural evolución de nuestras comunidades parece lógico. Que esas reformas deben ajustarse a nuestro ordenamiento constitucional, también. Entonces, ¿para qué cambiar la Constitución? Los retoque que ésta necesita, la sucesión en la Corona y la conversión del Senado en una Cámara territorial, nada afectan a los estatutos de autonomías. A no ser que lo que realmente se intente sea dinamitar el marco constitucional vigente a través de la reforma de los estatutos. Algo que niega el gobierno, pero a lo que ha dado pie dejando que las Autonomías tomen la iniciativa de los cambios. Y una cosa u otra. O se respeta la Constitución actual o no se la respeta O se acepta que la representación internacional corresponde únicamente al gobierno de la nación o se divide entre sus comunidades. Zapatero puede hacer todos los malabarismos lingüísticos que quiera, pero no puede gobernar haciendo una cosa y su contraria, porque la propia realidad se lo impide. «Lo que no puede ser, no puede ser, y además, es imposible,» decía el torero.

Pero es la norma de gobierno que ha adoptado el nuevo inquilino de la Moncloa: estar en ambos lados de cada cuestión candente. Aceptarlas y rechazarlas al mismo tiempo, intentar torear los mihuras que le salen dándoles primero un pase por la derecha y a continuación, otro por la izquierda. Esa puede ser una forma de torear, pero no de gobernar. E incluso el torear no se reduce a dar pases. Al final, hay que ponerse frente al toro y matarle de una estocada, sin que valgan subterfugios. La «hora de la verdad» no puede enmascararse con paradojas, porque lo más probable es que la verdad, llámenla realidad si quieren, se lo lleve a uno por delante.

Todos esos vaivenes y contradicciones de nuestro gobierno tienen una explicación: el deseo de contentar a todos. O, mejor que deseo, la necesidad. El gobierno Zapatero necesita contentar al común del electorado para legitimar su condición de gobierno español. Pero al mismo tiempo, necesita contentar a sus socios de gobierno para poder seguir gobernando. Unos socios con un programa, métodos y fines distintos, si no opuestos, a los de cualquier gobierno nacional español de izquierda, derecha o centro. Si Rodríguez Zapatero cree poder contentarles con golosinas, retórica y sofismas, se va a llevar una gran desilusión. Lo malo es que quienes vamos a pagar esa desilusión somos nosotros. Esas golosinas, esa retórica, esos sofismas no hacen más que aumentar su apetito, al tiempo que les permiten avanzar posiciones. En la vida, y la política forma parte de ella, no se puede contentar a todos. A menudo hay que elegir entre dos bienes, el mejor, o entre dos males, el menor. Naturalmente, bueno y malo, mejor y peor son conceptos subjetivos, que varían según los individuos. Y José Luis Rodríguez Zapatero, al menos hasta el momento, parece pensar que es mejor seguir gobernando a decir no a quienes le permiten gobernar a base de paradoja diaria. No estaría mal que recordase que Zenón se reía en su vejez de los que en su juventud le habían tomado en serio. Claro que también es verdad que sus coñas le obligaron a exilarse. Pero me temo estar desvariando. Zenón de Elea ya no se estudia en el bachillerato. Puede que ni en la universidad. Aunque se practique en la Moncloa.

ZP en tierra de nadie
EDITORIAL Libertad Digital 29 Junio 2004

Baste comprobar la gélida acogida que ha recibido José Luis Rodríguez Zapatero de los demás presidentes y primeros ministros de la Alianza Atlántica durante la Cumbre de Estambul, para constatar el aislamiento y la soledad en la que se encuentra nuestro país por culpa del Gobierno surgido del vuelco electoral provocado en nuestro país entre el 11M y el 14M. La verdad es que ni siquiera los mandatarios franceses y alemanes le han brindado ahora a Zapatero esas palmaditas en la espalda con las que hace unas semanas le premiaban por repudiar la firme defensa de los intereses españoles que venía haciendo Aznar en el seno de la UE. Chirac y Scröder se han mostrado, sin embargo, ahora bastante fríos y distantes en la cumbre de la OTAN con el nuevo presidente español, a pesar del servilismo que ha mostrado Zapatero en todo momento para con el eje franco-alemán.

Aunque nada le borre la sonrisa, lo cierto es que a Zapatero le ha debido resultar bastante incomodo ver como Francia y Alemania intentaban recomponer sus relaciones con EE UU justo en un momento en el que él acababa de dejar en la estacada al aliado americano y a todos los socios europeos que tienen destacadas tropas en Irak. Zapatero, por no dejar en evidencia el aislamiento internacional al que nos ha abocado su deseo de dañar al PP haciendo gala de un irresponsable y demagógico antiamericanismo, corrió hace unas semanas tras Chirac y Schröder a dar su voto favorable a la resolución que sobre Irak presentaron recientemente Bush y Blair en la ONU.

Vistos los pocos frutos —más bien reveses— que está cosechando para nuestro país su política exterior, Zapatero hasta ha querido este lunes lucir una foto con Bush y tratar, así de convencernos de que las relaciones hispano-americanas vuelven a gozar de buena salud. Lo cierto es que Bush le ha negado esa entrevista y lo único que nuestra diplomacia ha obtenido del presidente americano son siete minutos de charla en lo que más que un encuentro, parecería un encontronazo...

No hay, pues, que extrañarse que Zapatero haya utilizado la excusa de la candidatura de Durao Barroso al frente de la Comisión de la UE, para eludir declaraciones y salir precipitadamente de la reunión de la OTAN. Eso sí, después de hacer un vacío discurso sobre el “alma democrática” que debe conservar la Alianza Atlántica, mientras negaba, al tiempo, cualquier tipo de apoyo a las tareas de democratización y pacificación que Irak reclama para no volver a caer en la tiranía del terror.

Si tenemos en cuenta que el otro gran objetivo de esta reunión en Estambul era el reforzamiento de tropas destacadas en Afganistán, y Zapatero, tampoco en esto, ha terminado de definirse, ya nos dirán ustedes en qué ha consistido la contribución española a esta cumbre con nuestros aliados...

Debate poco bizantino
José Javaloyes Estrella Digital 29 Junio 2004

Nada parecido a la discusión sobre el sexo de los ángeles – paradigma de lo bizantino de una discusión – el debate en la Cumbre atlántica de Estambul sobre si la eventual instrucción por la OTAN del nuevo Ejército iraquí se habría de realizar dentro del propio Iraq, como plantea la coalición angloamericana, o fuera de tan crítico escenario, tal como sostienen Alemania y Francia, y, al rebufo de ellas, la nueva política española exterior y de defensa. Tampoco discurren las discusiones en el Bizancio deglutido por el Islam, sobre la levedad de la irrelevancia diplomática en la que comparecen retrepados, y tan a gusto, el presidente Rodríguez y el ministro Moratinos. Con OTAN o sin ella, de la pieza iraquí, se seguirá cortando en lo venidero mucha tela; especialmente a partir de ahora mismo, al haberse anticipado la transferencia de soberanía.

Si a propósito de Turquía, y respecto de su cobertura, se abrió la última gran crisis atlántica, en la capital de Turquía se viene a suturar el desgarrón aquel, aunque parezca que algunas de las puntadas van sin hilo. Todas lo tienen sin embargo. Los repliegues diplomáticos tienen a veces logísticas igual de complejas que los repliegues militares, como, por ejemplo, el de los soldados españoles. Desandar los desacuerdos de antes es cosa que se debe hacer paso a paso, buscando las líneas de menos pendiente, puesto que se trata de materia intensamente publicitada y poco menos que plebisicitada. Envainar la espada es cosa más lenta que desenvainarla , y en el envaine se afanan alemanes y franceses, mientras que los españoles, en medio de este cambio, no sabemos dónde guardar el filo de nuestra defección abrupta y de nuestra diplomacia desistida.

En el baile diplomático de la Alianza a propósito de Iraq, todos están donde estaban, excepto el presidente Rodríguez, que al final se ha encontrado sin pareja, dado que Francia y Alemania han cambiado el compás y ya no se encuentran allí donde solían: en aquella foto fija sobre la que ha trabajado el equipo de la nueva Moncloa. Al trasvase de lealtades le ha venido a pasar finalmente lo que al trasvase del Ebro: de reciprocidad por parte de los supuestos beneficiarios, como Pascual Maragall diría, “ni una gota”. De la política exterior “retórica” que Meternich-Moratinos dijo, se ha pasado a la última fila, por los espejos otánicos de Estambul y en la imagen de la última cena celebrada. Pero quien sí avanza hacia la primera fila, aunque sea sobre una alfombra de muertos preparada por Al Qaeda, es Iyad Alaui, el primer ministro del Gobierno interino de Iraq, ya con la transferencia de soberanía en el bolsillo, y en su propuesta de una amnistía global a la Resistencia iraquí; amnistía de la que sólo excluye a los terroristas extranjeros que colaboran con ella y a los delincuentes comunes que carroñean entre los despojos y el desorden generados por la posguerra.

La intensificación de los atentados durante estos días llevan el sello de Al Qaeda y definen un género de interés progresivamente diferenciado del propio de los nacionalistas y patriotas iraquíes que combaten a las fuerzas de ocupación. El movimiento de Muqtada Sadar hacia la política civil, el abandono de la beligerancia y su oferta de colaboración para estabilizar el país, es suceso de significación muy clara y absolutamente en la línea de propósitos definida por Iyad Alaui. A la ofensiva terrorista contra la transferencia de soberanía al Gobierno provisional, que parecía carecer de respuesta política, le han sucedido, con la transferencia misma, estas iniciativas. El ayatolá Sadar representa el chiísmo que se había pasado a la disidencia, abriendo su propia guerra contra la coalición. La oferta de amnistía hecha por Alaui va dirigida primordialmente al sunismo nucleado por el Baas. Si esa convergencia prospera, podría resultar irrelevante a medio plazo, bizantino, el debate de Estambul sobre si la OTAN instruye al nuevo Ejército fuera o dentro de Iraq. Algo deben contar las dos últimas Resoluciones de la ONU.     jose@javaloyes.net

El referente de María San Gil
Cartas al Director ABC 29 Junio 2004

Al autodenominado nacionalismo democrático le ha sentado muy mal la primera declaración de intenciones de María San Gil. Esta carismática dirigente del PP guipuzcoano -elegida como líder del partido en todo el territorio vasco- ha proclamado su intención de combatir directamente a ETA y al nacionalismo «excluyente», postulándose además como primera mujer lendakari.

Lo sorprendente del malestar radica en que ningún nacionalista cree que su doctrina sea excluyente, ya que considera absolutamente normal que todo lo que le rodea, desde los grandes clubes de fútbol hasta las nuevas toponimias locales, estén manejadas por nacionalistas, amén de la Educación, la cultura pública, la mayoría de los Ayuntamientos y hasta la ideología del clero. «Siempre ha sido así», dicen, olvidando que casi todas sus prebendas arrancan en 1978 de una Constitución española y un Estatuto que ni respetan ni quieren cumplir.

Este pringue sabiniano es el que quiere combatir María, amiga de un Gregorio Ordóñez que dijo: «este país será más libre el día en que se pueda llevar la bandera constitucional por el Casco Viejo sin riesgo físico.Y de momento,ni en la solapa...». Gregorio fue asesinado por esas ideas, pero San Gil y sus compañeros lucharán por conseguirlo. ¡Ánimo, María!     Alfonso Cordero Emparan.   Guecho (Vizcaya).

PP, ¡Basta ya! y AVT, contrarios a que los etarras vuelvan a la Universidad vasca
Denuncian que se repetirán los mismos abusos si a los presos de ETA se les permite volver a cursar estudios en la Universidad del País Vasco en lugar de en la UNED
C. DE LA HOZ / ABC 29 Junio 2004

MADRID. El Partido Popular, la plataforma ciudadana ¡Basta Ya! y la Asociación Víctimas del Terrorismo coincidieron ayer en expresar su rechazo a la posibilidad de que los presos etarras vuelvan a estudiar en la Universidad del País Vasco (UPV) y abandonen la UNED, propuesta hecha por los partidos que sustentan al Gobierno vasco y que cuenta con la opinión favorable del PSE. Así, PP, ¡Basta ya! y la AVT destacan la necesidad de mantener la reforma de la pasada legislatura, frente al debate abierto en la Cámara vasca por PNV, EA e IU, que han presentando una iniciativa al respecto. Esta propuesta ha sido enmendada por el PSE, que plantea la firma de un convenio que permitiría a los terroristas volver a la UPV.

El secretario general adjunto del PP, Ángel Acebes, recordó ayer que cualquier modificación legal que permita a los presos etarras volver a estudiar en la Universidad del País Vasco deberá ser tratada en el Pacto Antiterrorista. En todo caso, Acebes, que tiene intención de reunirse esta misma semana con representantes de la AVT para tratar la cuestión, expresó el rechazo de su partido a cambiar la actual legislación, que obliga a los etarras a elegir la UNED, como a cualquier otro ciudadano, si quieren estudiar a distancia.

Repetir los tratos de favor
«No entenderíamos ningún tipo de modificación en el espíritu de esas reformas», advirtió el «número dos» del PP, en referencia al acuerdo que el entonces Gobierno del PP llegó con el PSOE para impedir que los etarras se beneficiaran de un trato de favor en la Universidad del País Vasco. Acebes no quiso aventurar si su partido pedirá una reunión del Pacto Antiterrorista, pero llegó a considerar «prioritaria» esta cuestión.

Carlos Martínez Gorriarán, portavoz de ¡Basta Ya!, afirmó que «no hay ninguna razón» para que los presos etarras vuelvan a estudiar en la Universidad del País Vasco (UPV) y agregó que en estos momentos no existen garantías de que no se vayan a repetir los «abusos» que había antes de la reforma en los estudios de los presos de la banda. Argumentó que volver a la situación anterior sería un «error» y que «alguien tendrá que explicar qué ha cambiado si quiere cambiar esa norma». Dijo que «por la misma razón que no se podía permitir que hubiera un partido político de ETA», en referencia a Batasuna, «no debería existir un trato privilegiado a los presos de ETA en materia educativa», afirmó.

Para abordar este asunto, Francisco José Alcaraz, presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo, ha solicitado reunirse con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y con el ministro del Interior, José Antonio Alonso. El posible regreso de los presos de ETA a la UPV ha provocado en la AVT su «más rotundo rechazo», por cuanto se trataría de «un paso atrás muy importante». Alcaraz expresó su deseo de que el debate en la comisión de Educación de la Cámara vasca «se quede sólo en palabras».

Peces-Barba estima que fueron «ingenuos» al elaborar el estado de las autonomías
Redacción La Razón 29 Junio 2004

El Escorial (Madrid)- El rector de la Universidad Carlos III, Gregorio Peces-Barba, consideró ayer que «los constituyentes fuimos muy generosos» e «ingenuos» en las cuestiones relativas al estado de las autonomías porque las minorías nacionalistas han «utilizado» este asunto «llevando las cosas al límite». Peces-Barba participó en el curso de verano «La elaboración de la Constitución de 1978» que se celebra en El Escorial, donde afirmó que el PNV contribuyó a «mejorar y en algunos casos a empeorar» el debate constitucional y «ahí quedó como reliquia indeseable el artículo 150.2». Peces-Barba aseguró que durante la ponencia constitucional, los derechos históricos fueron «el referente del interés del Partido Nacionalista Vasco en la Constitución» y que «hicieron algunas peticiones que todos pensábamos que eran para poder aceptar la Constitución», pero que «no tenían ese sentido», y citó como ejemplo el artículo 150.2, relativo a la transferencia de competencias estatales.

Reformas. El rector de la Carlos III discrepó con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, al apostar por eliminar de la Carta Magna la referencia a la Iglesia que se hace en el artículo 16, puesto que, a su juicio, es «innecesaria» y ha supuesto problemas a lo largo de los años con la jerarquía eclesiástica.
El ponente de la Constitución sí se mostró de acuerdo con la mayoría de las reformas que ha propuesto Zapatero. En el caso de la inclusión de los nombres de las 17 comunidades, a su juicio, debería ir acompañada por la eliminación de los artículos relacionados con el acceso a la autonomía «porque no tiene sentido ya». «Quizás sí dejar alguna puerta a posibles modificaciones de los límites de alguna comunidad, esperando que siempre sea en el límite de integrar más y no de romper más», precisó.

La reforma constitucional, dijo Peces-Barba, necesita de condiciones materiales y formales. En cuanto a las primeras, recordó que debe haber un gran apoyo social y político. Y en cuanto a las formales, recordó que no puede haber «ninguna reforma de Estatuto que implique una reforma constitucional», lo que constituye, a su juicio, «el reproche fundamental al Plan Ibarreche».

A ver quien es más nacionalista
ABC (Cataluña )  29 Junio 2004

Con motivo del debate organizado el día 29 de junio en el Salón de actos del Colegio de Periodistas con los catedráticos de Derecho Constitucional Francesc de Carreras, de la Universidad Autónoma de Barcelona, y Juan José Solozabal, de la Universidad Autónoma de Madrid, sobre la necesidad de la reforma de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía, moderado por el vicepresidente de la Asociación por la Tolerancia José Domingo, el diario ABC, en su edidición catalana, ha publicado la siguiente noticia:

" La Asociación por la Tolerancia organizó ayer un debate sobre la necesidad de que se reforme la Constitución y de que se apruebe un nuevo Estatuto. Francesc de Carreras y Juan José Solozabal, ambos catedráticos de Derecho Constitucional, coincidieron en cuestionar dicha necesidad. Además, Carreras criticó que desde algunos sectores "se combate la Constitucion por ser española", y respecto al Estatut acusó a los políticos catalanes de pedir uno "para ver quien es más nacionalista". Por su parte, el catedrático vasco vio plausible que exista la posibilidad de cambiar la Constitución, a pesar de que se mostró contrario a que "cada generación tenga quie hacer la suya".
Francesc de Carreras calificó de "pura demagogia" las condiciones que el tripartito quiere incluir en el Estatut, aunque cree que la reforma del Senado puede "favorecer la integración de las Comunidades Autónomas en el Estado",

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