AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 2 Julio 2004
LA HISTORIA Y EL TIEMPO DE LA JUSTICIA
MIKEL BUESA  ABC 2 Julio 2004

Ataques nacionalistas al euskera
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 2 Julio 2004

Antídoto contra los nacionalismos

Antonio Jiménez La Razón 2 Julio 2004

Imanol
Iñaki Ezkerra La Razón 2 Julio 2004

TERRORISMO CON DIAMANTES
Valentí PUIG ABC 2 Julio 2004

Acabáramos: Zapatero envía también tropas a Asia
Luis María ANSON La Razón 2 Julio 2004

Por higiene democrática
Editorial La Razón 2 Julio 2004

La inmadurez política de Zapatero
Lorenzo Contreras Estrella Digital 2 Julio 2004

Nunca se perdió tanto por tan poco
Juan Gillard López Libertad Digital 2 Julio 2004

El tirano en el banquillo
EDITORIAL Libertad Digital 2 Julio 2004

Tropas polacas descubren en Irak antiguos proyectiles con gas sarín y mostaza
EFE Libertad Digital 2 Julio 2004

La Fundación Blanco premia a Jon Juaristi y Santiago González

BILBAO El Correo  2 Julio 2004

Psicología del contraterrorismo
Andrés MONTERO GÓMEZ  La Razón 2 Julio 2004

De Rojos y separtistas
José Castellano ABC (Cataluña) 2 Julio 2004
 


 

LA HISTORIA Y EL TIEMPO DE LA JUSTICIA
Por MIKEL BUESA Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid ABC 2 Julio 2004

FUE Stefan Zweig quien, al evocar los terribles acontecimientos que rodearon a la persecución y asesinato de Miguel Servet, ejecutado por los esbirros de Calvino en la ciudad de Ginebra, observó que «la Historia no tiene tiempo para hacer justicia». La historia, en efecto, señala el autor vienés, no se rige por criterios morales ni se detiene en la consideración de los hombres «que sin recurrir a la fuerza sucumbieron frente al poder». Y concluye que estos son, sin embargo, «los verdaderos héroes» sobre cuya existencia destrozada se construye «un mundo que sólo ve los monumentos de los vencedores».

La reflexión de Zweig es pertinente para valorar las insinuaciones y propuestas que, en los últimos días, con el pretexto de que ETA no ha logrado cometer nuevos crímenes desde hace un año, se han vertido desde el nacionalismo vasco. Así, se ha especulado acerca de la posibilidad de que esa banda terrorista entrara en un nuevo período de tregua. Y como corolario de esas especulaciones, se ha sugerido que el gobierno de la nación debería prestarse a una negociación con ella. Con la tosquedad que le caracteriza, el cesado presidente del PNV, Xabier Arzalluz, lo ha hecho en tono sarcástico y más bien insultante al cuestionar la capacidad del presidente Zapatero para llegar a convenir el final de ETA. Por su parte, el lehendakari Ibarretxe, obviando el alma traidora de la que hizo gala con ocasión del acuerdo de Lizarra, ha evocado la particular interpretación peneuvista del Pacto de Ajuria Enea según la cual ese final sólo puede ser fruto del diálogo con los asesinos. No obstante, su consejero de Interior, gran virtuoso en el cultivo de la dialéctica y, por ello, capaz de afirmar una cosa y su contraria sin solución de continuidad, ha puntualizado que, aunque «no cabe abrir una negociación política con un delincuente, ...en una situación absolutamente consolidada de abandono de la violencia, habrá que hacer determinados movimientos, previamente consensuados entre los agentes políticos». Y, para remachar la idea, Josu Jon Imaz, con una frase llena de valores implícitos cuya significación nunca llegará a estar clara, ha sentenciado que «hay que hablar con seriedad, ...hay que alcanzar un acuerdo nacional democrático en este país para que viva un escenario democrático definitivamente».

Quienes así se expresan, no tardarán en sugerir -y seguramente en exigir- la rehabilitación política de los terroristas a través del ejercicio de medidas de gracia o de una amnistía más o menos encubierta. Señalarán entonces que ya en el pasado se refirieron a ellos como idealistas tal vez descarriados que, en ningún caso, cabía asimilar a delincuentes, pues al fin y al cabo sólo mataban por un ideal patriótico. Y, muy probablemente ayudados por algún conspicuo izquierdista convencido de que el nacionalismo sublima la expresión del progreso, invocarán la razón de Estado para dar por definitivamente acabado -y olvidado- el conflicto del que surgió todo. No habrá en ese momento argumento moral que pueda evitarlo. No se recordará que, como señaló hace ya muchos años, Jacques Monod, ni el destino ni el deber del hombre «están escritos en ninguna parte» y que, por ello, cada uno «puede escoger entre el reino y las tinieblas». Y se obviará cualquier mención a las víctimas de esos asesinos.

Son estas últimas -las víctimas- quienes, sin embargo deberían ver cómo, en una hipótesis así, prevalece su derecho. Y ello, en esencia, porque el mal que han sufrido es irreparable. Lo es, en efecto, de manera radical, la muerte, pero también las lesiones que muchos heridos deben soportar durante el resto de su vida; y lo es el daño psicológico que producen unos hechos de imposible aceptación para cualquier persona que albergue un mínimo sentimiento de empatía con sus semejantes. Pocas veces se menciona a este respecto que la investigación académica española ha dejado bien establecido que, entre todas las víctimas de delitos violentos, son las que se han visto enfrentadas a actos terroristas las que mayor probabilidad tienen de experimentar algún trastorno psiquiátrico; que esa probabilidad es alrededor de cuatro veces más elevada que la que se registra, como promedio, para el conjunto de la población; y que su valor, aunque decreciente con el transcurrir del tiempo, se mantiene muy alto hasta incluso pasados veinte años del momento en el que se produjo el daño.

Además, las víctimas del terrorismo afrontan una experiencia de frustración con respecto a sus victimarios, pues no pueden albergar un sentimiento de perdón hacia ellos. Tal impedimento se deriva del hecho constatable de que, con muy pocas excepciones, los terroristas jamás se arrepienten de sus delitos. Un destacado estudioso de este asunto, Luis Rojas Marcos, ha señalado que lo que les caracteriza es la falta de compasión, pues «no sienten el dolor ajeno, no tienen remordimiento ni sentido de culpa». Y, por ese motivo, son de imposible rehabilitación, pues las personas que al llegar a la juventud no han adquirido «la capacidad de compasión y de culpa, no pueden aprenderla», siendo entonces merecedoras sólo del castigo.

Fue Primo Levi quien, después de sobrevivir al universo concentracionario, otra de las experiencias radicales del mal, mejor ha sabido expresar la única demanda que, en ausencia de perdón, puede satisfacer a la víctima. En Los hundidos y los salvados, después de confesar que «nunca he perdonado a nuestros enemigos ... porque no sé de ningún acto humano que pueda borrar una culpa», reclama escuetamente: «pido justicia».

La justicia es, en efecto, la reivindicación esencial de las víctimas del terrorismo. La justicia hace imposible el olvido del daño causado y, sobre todo, de su iniquidad, pues señala que no se corresponde con ninguna culpa o merecimiento por parte de quien lo ha sufrido. La justicia restituye así la memoria colectiva de la sociedad con respecto a aquellos de sus miembros que, inesperada y gratuitamente, fueron alcanzados por quienes aspiran a deshacer el orden democrático amedrentando a todos. La justicia es también manifestación de la verdad; una verdad que no por simple es menos radical: la que señala que ninguna razón, ningún argumento o situación, justifica el mal que causa el terror. Por todo ello, cuando ahora nos enfrentamos a la posibilidad de que, pasadas más de cuatro décadas desde su inicio, la pesadilla de ETA termine definitivamente, es el momento de decir que esta vez sí, la Historia tiene que dar ocasión a que se haga la justicia; y que, para satisfacción de los derechos de sus víctimas, los terroristas, en cumplimiento de las leyes que nos hemos dado, han de afrontar en toda su integridad las penas a las que fueron condenados.

Ataques nacionalistas al euskera
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 2 Julio 2004

MÁS DE un centenar de profesores de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) y de Bachillerato, que hasta ahora impartían clases en la Comunidad Autónoma vasca, serán apartados de la docencia por no haber alcanzado el nivel de conocimiento de euskera exigido por el Gobierno nacionalista vasco. El nivel de conocimiento del euskera de estos profesores es, en el peor de los casos, infinitamente mejor que el nulo nivel de euskera que tienen: Emilo Olavaria, portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados; Iñaki Anasagasti, portavoz del PNV en el Senado; Josu Ortuondo, eurodiputado del PNV; Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao; Joseba Azkarraga (EA), consejero de Justicia del Gobierno de la CAV y un larguísimo etcétera que no les voy a enumerar para no aburrirles. Ninguno de los citados tiene ni la menor noción de euskera, no lo habla, no lo estudia y no lo va a hablar en su vida, a tenor de lo dicho por alguno de ellos: «loro viejo no aprende idiomas», ha escrito inefable Anasagasti. El nivel de euskera de esos profesores es infinitamente más alto también que el que emplean a diario el periódico del PNV -íntegramente escrito en español-, el periódico de ETA -escrito en su inmensa mayoría en español- el segundo canal de la televisión controlada por el PNV -íntegramente en español- o el de los diversos canales de radio controlados por el PNV y pagados por todos. Los profesores que el gobierno nacionalista quiere desterrar de la docencia han estudiado euskera durante años, tienen más de cuarenta en su mayoría y se quedan, si no se remedia el atropello, marginados, dolidos y estigmatizados.

En los años que llevamos de democracia se han empleado ingentes cantidades de dinero en la enseñanza del vascuence en la Comunidad Autónoma vasca; así, miles de profesores han sido «liberados» de sus tareas docentes para estudiar euskera como alumnos a jornada completa, con resultados que van desde los que han sacado el título que les autoriza a ejercer la docencia en esa lengua hasta los que se han quedado agotados en el camino después de haber invertido centenares de horas y de haberse aplicado con intensidad. Hay profesores que han obtenido el título pero reconocen la dificultad de impartir las clases en euskera después de toda una vida haciéndolo en el español, y que subrayan el rechazo, cuando no las chanzas e ironías, que ven en sus alumnos ante sus esfuerzos por expresarse en una lengua que jamás dominarán como los que tienen el vascuence de lengua materna.

Según la asociación de profesores Pío Baroja, en los últimos veinte años han abandonado la Comunidad Autónoma vasca más de diez mil profesores, que han sido expulsados del sistema educativo o se han ido hartos de la presión a la que se les ha sometido para estudiar esta lengua. Hoy es habitual la imagen de decenas de profesores que viajan todos los días desde Vizcaya a la contigua Cantabria para dar clase en esta comunidad.

La manera brutal, atropellada, injusta, llena de arbitrariedad, con la que los nacionalistas están aplicando su llamada política lingüística no está creando ningún clima de cariño -indispensable para su progreso- hacia la lengua, está suscitando un ambiente de abierto rechazo en muchos sectores y ha llevado a la conclusión de que saber vascuence es un requisito que facilita encontrar trabajo pero que no es necesario si uno tiene los carnets nacionalistas en regla. En poco tiempo hemos pasado de apoyar la discriminación positiva de esta lengua a esbozar un rictus de rechazo o rabia al ver los atropellos, enchufismos y mangoneos que se hacen en su nombre. No hay peor enemigo para una lengua que el que la emplea como arma arrojadiza, la utiliza como tapadera para llevar a cabo una limpieza ideológica o la somete a escandalosas dobles varas de medir.

Antídoto contra los nacionalismos
Antonio Jiménez La Razón 2 Julio 2004

El último ensayo del antropólogo navarro José Antonio Jauregui, «España Vertebrada» (Belacqua), es un escrito de esperanza y confianza en la fortaleza de una España sólidamente vertebrada para afrontar los proyectos y estrategias de los nacionalistas que persiguen destruirla. Cuenta Jauregui, con un estilo ameno y ágil, que no hay más elementos comunes y, por tanto, vertebradores de España que la tortilla de patatas, «los españoles nos peleamos en la política, pero nos reconciliamos en la tortilla de patatas», el jamón ibérico, el gazpacho, la paella y hasta la jota, de origen musulmán. ¿Acaso hacen ascos los nazionalistas antiespañoles más acérrimos a alguno de estos productos que tanto nos igualan e identifican? Lo mismo sucede con las ciudades españolas, que, según el autor, son el mejor escaparate de España: «¿Hay una ciudad más española y madrileña que San Sebastián?», se pregunta Jauregui, quien subraya el hecho, entre otros aspectos, con la obra del compositor donostiarra Pablo Sorozabal. Bilbaíno fue Unamuno, uno de los grandes descubridores de España y citado varias veces en el libro para recordar algunos de sus consejos: «No hablen ligeramente de España sin conocerla». En contra del pesimismo orteguiano de que España se va deshaciendo desde el siglo XVI, Jauregui sostiene que sigue haciéndose, a pesar de los nazionalistas, intencionados ignorantes de nuestros orígenes e historia.

Imanol
Iñaki Ezkerra La Razón 2 Julio 2004

Fue en una cafetería de San Sebastián, el 11 de septiembre de 1993 y una hora antes de que comenzara una multitudinaria manifestación contra el secuestro del empresario Julio Iglesias Zamora. Yo había ido con unos amigos que saludaron en ese bar al hermano de Paco Ibáñez, quien nos explicó con expresión de «vasco de paz desgarrado por las grandes contradicciones interiores» que no pensaba acudir a la manifestación porque «dividía a nuestro pueblo». Uno de mis amigos le comentó que nos acabábamos de topar con el cantante Imanol y que éste sí iba a manifestarse. En ese momento al hermano de Paco Ibáñez se le resolvieron de golpe todas las contradicciones internas y se le mudó la expresión de «vasco de paz apesadumbrado» por otra sencillamente vengativa y rabiosa que debía responder a su verdadera naturaleza y que le hizo olvidar por un instante con quiénes estaba hablando: «¿Con que con ésas anda Imanol, eh? Ya voy a hablar yo con Paco para que le cierre todos los grifos en París. ¿A ver qué dice cuando se le acabe el chollo! ¿Ya me gustará verle a Imanol cuando le vaya luego llorando a mi hermano para que le monte otro conciertito en el Olimpia!»

No. No me gustó el hermano de Paco Ibáñez. Me pareció demasiado evidente y patético ese papel de «hermanísimo» sin talento, de comisario ideológico y bocazas mafioso que hacía con entusiasmo por las tabernas donostiarras. Fue en el 93. Ocho años después, Imanol dejó el País Vasco explicando por una emisora de radio que se iba no sólo por las amenazas de ETA sino porque estaba cansado de los insultos y de que no se le reconociera su trabajo por pensar de determinada forma. Estos días, con motivo de su muerte, se ha hablado de su exilio y de su gran amistad con Paco Ibáñez. Y yo me he acordado de aquellas palabras del representante de Paco en La Concha y de los de Dios en la Tierra, de todos los hermanísimos que han hecho de Euskadi un lugar insoportable, una patria que no es de los vascos sino de la Mafia, una boñiga amoral custodiada por moscones verdosos. A los del PNV les gusta hablar del Ulster, de Puerto Rico y de Quebec, pero su modelo auténtico es el siciliano. En sus campañas electorales ese partido se presenta como «lo nuestro» y tiene razón. Es la «cosa nostra». La «cosa suya» quiero decir, porque no es ni mía ni siquiera de la peña que, aunque es nacionalista, va a su bola como Imanol.

La bola de Imanol era como la del preso. Era un hombre tristísimo, como si llevara el drama vasco a sus espaldas y militara en Euskadiko Ezkerra. Más que independiente, fue un tipo pendiente de sus contradicciones. Él sí tenía contradicciones y no como las del hermano de Paco Ibáñez. Apostó por un mundo pequeño y hermético que se volvió contra él por ideología y por estética, porque los lirismos tampoco venden en la Euskal Herria épica, étnica y euskérica. En esa lengua una vez me cantó una canción carlista muy bonita y muy sencilla.

TERRORISMO CON DIAMANTES
Por Valentí PUIG ABC 2 Julio 2004

DEGOLLAR al rehén ante las cámaras de televisión está siendo una de las claves de este principio de siglo. Sentó precedente la rama turca de Hizbolá -según Walter Laqueur en su historia del terrorismo- a finales de los años ochenta. Secuestraba a sus víctimas y las torturaba ante una cámara de vídeo. Una feminista turca fue torturada y filmada así, durante treinta y cinco horas. Ahora Al Qaida secuestra a quien sea y le corta la cabeza de un tajo, para que la televisión «Al Jazira» distribuya las imágenes. No en vano terroristas de la red de Osama Bin Laden fueron entrenados en los campamentos de la Hizbolá en el Líbano. Por las declaraciones de algunos de los detenidos después del 11-S se sabe que Bin Laden tuvo un encuentro con la Hizbolá en el Sudán. En Europa todavía hay quien considera a los terroristas de Hizbolá como luchadores por la libertad del Líbano, tutelados por mando a distancia desde Teherán.

Lo más reciente sobre la Hizbolá es la financiación que obtiene del tráfico de diamantes en Sierra Leona. Fundamentalmente, extorsiona a la comunidad libanesa que se dedica al comercio de diamantes, no siempre legal. En siniestro paralelo, el atentado del 11-M se financió con el tráfico de droga. Del desayuno con diamantes a la pipa de Kif, un terrorismo tecnológicamente descentralizado opera a sus anchas, a modo de una mano negra invisible. Con un presupuesto anual de treinta millones de dólares, la otra cara de Hizbolá está en sus bancos, escuelas, hospitales, estadios. Ahí van a parar los beneficios que rinden los diamantes de Sierra Leona y así se explica la implantación de Hizbolá en tierras palestinas, como una suerte de Estado del bienestar que transmite los mensajes del totalitarismo islamista por el canal de televisión «Al-Manar», desde Beirut. En la conexión chiíta-libanesa-palestina cuentan mucho los diamantes sin pulir.

SADAM Husein comparece ante los jueces en un Irak amenazado por un contingente todavía no cuantificado de «jihadistas» dispuestos a desestabilizar cualquier alternativa institucional al Irak de las fosas, invasor de Kuwait. Según un experto como Alexis Debat, del Instituto Montaigne, la segunda oleada de «jihadistas» extranjeros en Irak procede de la organización terrorista Ansar-Al-Islam, conectada de algún modo a Al Qaida y con «modus operandi» similar. Sadam Husein había perseguido a los miembros de Ansar-Al-Islam. Se reorganizaron en Georgia, Turquía y Europa para reaparecer ahora en el campo de batalla iraquí. Estamos ante tramas terroristas de extremada capilaridad y creadas a imagen y semejanza de los sistemas de red. Unos roban diamantes, otros falsifican pasaportes y otros decapitan a los rehenes, como Al-Zarqawi decapitó a Nicholas Berg hace unos pocos meses. Al-Zarqawi es considerado el principal estratega del terror en Irak y heredero de Bin Laden. La hipótesis de un Al-Zarqawi de reciente aproximación a las estrategias de Irán sería como descubrir un arenal nuclear en el armario. La entrada en el paraíso de Alá se compra de muy diversas maneras.

EN Irak, el turno es para esa tan citada clase media que padeció el terror del régimen de Sadam Husein y tiene ahora que facilitar pacientemente el camino hacia la estabilidad y el orden. El «jihadismo» va a hacer todo lo que pueda para interponerse entre las gentes de Irak y el bienestar que pudieran alcanzar con el esfuerzo y con la ayuda internacional. Toda una generación de iraquíes se juega su destino ahora mismo. Para que ese destino les sea adverso otros andan extorsionando a comerciantes libaneses en Sierra Leona o todavía conspirando a la sombra de Irán.      vpuig@drac.com

Acabáramos: Zapatero envía también tropas a Asia
Luis María ANSON La Razón 2 Julio 2004
de la Real Academia Española

Ningún soldado español disparó un tiro en la guerra de Iraq ni participó en la invasión de la antigua Babilonia. España se limitó a enviar un buque auxiliar con equipos sanitarios. Ésa es la verdad. Después, cuando el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad que las naciones del mundo enviaran tropas para la reconstrucción de Iraq, España y otros treinta y dos países desplazaron efectivos a las tierras del Eufrates y el Tigris. Un millar de soldados es todo lo que envió nuestra nación.

La campaña del «No a la guerra» ha sido una operación electorera planeada por un político sabio: Alfredo Pérez Rubalcaba. Nadie o casi nadie quiere la guerra. Situar al Partido Popular en favor de la guerra y al Partido Socialista en contra era una maniobra de réditos suculentos, que el think tank aznarí despreció desde su olimpo de Moncloa. El 11-M permitió amplificar la operación. Bastaba con activar el aparato mediático adicto e intoxicar a la opinión pública para hacerla creer que los 192 muertos eran consecuencia de la altanería de Aznar al meternos en la guerra de Iraq. La gigantesca manipulación de aquellos días ha quedado al descubierto cuando su organizador, El egipcio, ha declarado que llevaba dos años preparando la operación y, además, reveló que otra similar estaba proyectada en el Metro de París, cuando Francia era el adalid del «no a la guerra».

Todo lo relacionado con Iraq ha sido puro electoralismo. Zapatero, que no puede sustraerse a las exigencias del mundo internacional, se ha visto obligado a enviar nuevas tropas a Afganistán. Nuestros soldados acuden a aquel territorio, por cierto, con la misma cobertura legal de la ONU que amparaba la presencia española en Iraq junto a otras treinta y dos naciones.

Acabáramos: ganadas las elecciones, donde dije digo digo Diego y aquí guerra y después gloria. Bueno, no sé si tanta gloria, así es que recemos para que ningún soldado español muera en Afganistán, para que Ben Laden no se vengue con un atentado en nuestra nación. Si eso ocurriera, ¿qué difícil sería para Zapatero justificar su cambio de actitud y su bajada de pantalones ante las exigencias de la OTAN! Porque en España somos muchos los que, al margen de electoralismos bastardos, estamos de verdad contra la guerra. Contra todas las guerras.

Por higiene democrática
Editorial La Razón 2 Julio 2004

El 13 de marzo, jornada de reflexión, se produjeron manifestaciones de protesta y otros actos, algunos vandálicos, contra las sedes del PP en la práctica totalidad de las capitales de provincia y en una docena de grandes localidades. Según el recuento de los atestados policiales, que obra en poder de la Comisión, al menos veinticuatro mil personas participaron en las concentraciones, jaleadas con mensajes a móviles y desde algunos medios de comunicación audiovisuales. Aunque los informes facilitados por el Gobierno, como advertíamos ayer, carecen de las necesarias precisiones sobre las personas o instituciones que organizaron y participaron en las protestas, es un buen punto de partida para que los miembros de la Comisión lleguen al fondo de un hecho grave, sin precedentes en la reciente historia de la democracia española, como fue la violación de la jornada de reflexión.

Si bien es cierto que en diversas instancias judiciales se ha considerado que la movilización de acoso al PP no podía considerarse un delito electoral, interpretación, por otro lado, muy discutible; lo que se ventila en el Parlamento no son las incidencias penales de unos determinados actos, sino las consecuencias políticas de unos hechos que fueron vistos por toda España.

No cabe duda de que en la víspera de las elecciones generales, en medio de la conmoción general por la tragedia de Madrid, se produjo un movimiento coordinado para responsabilizar ideológicamente a los populares de lo ocurrido. Es sólo una más de las cuestiones pendientes por aclarar, pero, por higiene democrática, se debe hacer luz sobre una actuación que rompió con todos los usos de la convivencia.

La inmadurez política de Zapatero
Lorenzo Contreras Estrella Digital 2 Julio 2004

Zapatero se está revelando aficionado a las sorpresas. Su serie empezó con el anuncio de retirada inmediata de las tropas de Iraq, anticipando fechas sobre el calendario previsto. Luego vino su aviso de que el Gobierno enviaría un contingente militar de refuerzo a Afganistán. Ahora sorprende de nuevo con la aceptación de su comparecencia parlamentaria para discutir el envío de esos soldados. Con estas y otras decisiones inesperadas,que a veces se contradicen con anteriores actitudes, tiende a demostrar que sus criterios no son demasiado sólidos. La política económica también soporta sus vacilaciones. Ahí tenemos, por ejemplo, a Solbes, vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía, teniendo que retroceder sobre sus pasos en la delicada cuestión del Pacto de Estabilidad. En efecto, cuando era comisario europeo, fue un enérgico defensor de ese principio, manteniéndose en una línea muy parecida, por no decir idéntica, a la de Rodrigo Rato. Solbes no dejó doblegar en ese sentido por los poderosos de Europa. Despues, ya en la vicepresidencia del Gobierno, mantuvo durante algún tiempo su postura. Incluso elaboró un Plan de Estabilidad para el período 2005-2007, con un techo de gastos del Estado para el primero de esos años, que precisaban el apoyo de partidos pequeños como ERC e IU a los efectos de su aprobación en el Congreso. Entonces Zapatero habló con Puigcercós, el portavoz de ERC, y arregló el asunto. Fue cuando la exigencia de déficit cero a las autonomías pasó a mejor vida. Era otra demostración de la capacidad de Zapatero no sólo para oscilar en sus determinaciones, sino también para hacer oscilar a sus colaboradores en las suyas propias. En el Senado, que exige otro juego de votos por la existencia de distinta relación de fuerzas, el líder socialisa, requirió el apoyo de CiU y del PNV a base de nuevas concesiones.

Todo ello, por consiguiente, viene a significar que Zapatero no está precisamente maduro. Solbes tuvo que dar algunas explicaciones con vistas a las deduciones que pudieran formular los observadores. Por ejemplo, dijo: "No debemos aplicar las cosas por imposición sino por convencimiento." Y se quedó tan fresco.

Esto significa que a partir de ahora el Estado negociará con cada autonomía el déficit en que se pueda incurrir. Además, CiU logró de Zapatero no sólo que para Cataluña exista independencia presupuestaria, sino también autonomía financiera, lo que implica mayores atribuciones para decidir sus propios impuestos. El PNV, po su parte, se incorporó al coro de los agraciados, logrando que se deduzca del Cupo a pagar, el gasto por ampliación de la plantilla de la Ertzaintza y algún que otro regalo.

En consecuencia cabe establecer algunas conclusiones. Primero, que Zapatero, para lograr éxitos menores, es capaz de socavar los cimientos de un buen gobierno. Segunda, que la vulnerabilidad de Solbes ha quedado patente. De esta manera el Gobierno está logrando generar bastante desconfianza en asuntos importantes. Seguramente Zapatero está mal aconsejado. O simplemente sucede que ha de sucumbir a las deudas políticas que asumió con actitueds prometedoras caundo él mismo no contaba con la victoria electoral

Política exterior
Nunca se perdió tanto por tan poco
Juan Gillard López Libertad Digital 2 Julio 2004

Kissinger solía decir que los dirigentes deben aplicar a su política exterior la regla universal de la proporcionalidad entre los medios empleados y los resultados a conseguir. Lo hacía refiriéndose a la intervención estadounidense en Vietnam. Si bien aquella guerra se antojaba justa en cuanto a sus fines, la teoría del dominó se confirmó en toda la península indochina, cabía dudar que aquellas fichas caídas valiesen la vida de casi 60.000 jóvenes americanos.

La aplicación de la doctrina de la proporción de medios por la política exterior de Aznar resulta de libro. Nunca se consiguió tanto con tan poco. Bastó con ofrecer un rácano regimiento, por mucho que se le llamase brigada, patrullando por Diwaniya. A cambio España vio desaparecer de un plumazo el único peligro de conflicto armado en sus fronteras que atormenta a nuestros estados mayores desde hace décadas, amén de reforzar como nunca nuestro peso político en la escena diplomática. Todavía guardo con añoranza un Paris-Match en el que el redactor, en orden a resaltar la actividad pacificadora de Chirac en vísperas de la guerra, señalaba que se mantenía en contacto permanente con Washington, Moscú, Berlín, Londres y... Madrid. Todavía me estoy frotando los ojos.

A sensu contrario, el querido ZP ha conseguido invertir la regla kissingeriana. Se ha superado, nunca se perdió tanto a cambio de menos. Por retirar en estampida a unos profesionales que estaban felices de realizar ejemplarmente el trabajo para el que se alistaron, nos hemos puesto por montera a la mayor democracia del mundo, y el vecino marroquí está que se sale. Pone un circo y le crecen los Duraos Barrosos. El espectáculo de la cumbre UE/OTAN produce una mezcla de azoro y amargura para los que a pesar de todo sentimos que nos representa.

Para terminar un dato revelador para el que así lo quiera. Hace unas semanas ha pasado totalmente desapercibida la rueda de prensa del Jefe del Estado Mayor francés, General Henri Bentegeat, contando que sus fuerzas especiales habían tenido a “portée de mains” a Ben Laden. ¿No lo sabían? La creme del ejercito galo está pegando tiros en las montañas de Afganistán. ZP debiera empezar a comprender que a estas alturas la riña franco-americana tiene mucho más de maquillaje cara a sus electores de lo que uno pudiera pensar, y mientras nosotros tocando el “Don Nicanor”.

El tirano en el banquillo
EDITORIAL Libertad Digital 2 Julio 2004

La comparecencia este jueves de Sadam Husein ante el Tribunal encargado de juzgarle junto a once de sus altos cargos y en la que el tirano ha rechazado firmar el acta de acusación, supone el primer paso del proceso judicial contra uno de los mayores criminales que haya conocido el siglo XX. Ese terrorista que durante tantas décadas ocupó la jefatura de un Estado, se sienta por fin en el banquillo acusado de varios crímenes contra la humanidad como fueron el gaseamiento de los kurdos en Halabja, el exterminio de la oposición chií, las fosas comunes, la guerra contra Irak y la invasión de Kuwait.

Sólo la ignorancia, la necedad o la hipocresía podían sostener que la impune continuidad en la jefatura de un Estado de un psicópata criminal de la envergadura de Sadam Husein no hubiera constituído un riesgo para la humanidad tan cierto como la prolongación de la opresión que, para los propios iraquíes, hubiera supuesto el triunfo de aquel cínico “no a la guerra”.

Si en el momento de su derrocamiento celebramos el fin de su amenaza, hoy celebramos el fin de su impunidad, mientras seguimos lamentando y denunciando la hipocresía de muchos medios que, con tal de dar rienda suelta a su visceral antiamericanismo, se opusieron al único medio en que era posible dar fin a semejante tiranía.

Incluso ahora no faltan quienes hablan de un supuesto riesgo de imparcialidad y de falta de garantías judiciales a la hora de juzgar al dictador por el hecho de que el encargado de hacerlo sea un tribunal creado por el propio Consejo de Gobierno erigido por los aliados tras la “ocupación”. Vamos, como si alguna vez en la historia alguna potencia democrática que hubiera derrocado una tiranía hubiera consensuado con ella la composición del tribunal encargado de juzgarla.

El hecho es que los críticos de EEUU y, por contagio, de la propia transición iraquí reconocen que la mayoría de los iraquíes quieren ver muerto a Sadam, pero en lugar de reconocer la labor de quienes han logrado que sea un tribunal digno de ese nombre, y no la ira desatada de las masas, el que se haga cargo de Sadam, denigran al nuevo Irak por admitir la pena de muerte. En el colmo de la impostura moral e intelectual, estos progresistas del antiamericanismo utilizan este hecho para cuestionar la verdad de que en Irak esté surgiendo un orden distinto y mejor al que imponía Sadam y que todavía tratan de imponer esos terroristas que nuestros progres, tras calificarlos de “resistentes”, llaman ahora “insurgentes”.

Precisamente por ser un evidente disparate, flaco favor se hace a la causa de la derogación de la pena capital cuando su aceptación legal en el nuevo Irak se la equipara al uso sistematico e implacable del terror en el que se basaba la dictadura de Sadam.

En cualquier caso, si algo hay que reprochar a la imparcialidad del tribunal iraquí encargado de juzgar al tirano es que entre los cargos que se han dirigido contra él no se haya incluido los crímenes contra la humanidad que supuso la utilización de misiles contra la población israelí así como la financiación y el entrenamiento de numerosas organizaciones fundamentalistas dedicadas al exterminio judío. Pero ya se sabe que el antisemitismo allí —y aquí— es tan fuerte que cuando se trata de víctimas judias nunca se repara ni en las amenazas ni en su sangre derramada.

FECHADOS ANTES DE LA INVASIÓN DE KUWAIT EN 1990
Tropas polacas descubren en Irak antiguos proyectiles con gas sarín y mostaza
Según ha informado este jueves una fuente del Gobierno de los EEUU, las tropas militares de Polonia han encontrado unos 16 antiguos proyectiles con residuos de gas sarín y mostaza. Tras analizar los artefactos descubiertos, las pruebas preliminares efectuadas por las fuerzas polacas han confirmado la presencia del sarín, un gas que afecta al sistema nervioso de las personas.
EFE Libertad Digital 2 Julio 2004

El secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, declaró el pasado miércoles a la emisora de radio KOGO, que emite desde la ciudad californiana de San Diego, que su homólogo de Polonia le comunicó este hallazgo durante la reunión de la OTAN celebrada en la ciudad turca de Estambul la semana pasada.

El ministro polaco de exteriores, Wodzimierz Cimoszewicz, le comentó a Rumsfeld que las tropas de su país habían encontrado en Irak 16 ó 17 ojivas que contenían gas sarín y gas mostaza. Estos artefactos están fechados antes de la invasión de Kuwait por parte de Irak en el mes de agosto de 1990.

Rumsfeld aseguró en la emisora KOGO que esas son armas que el Pentágono siempre supo que tenía el ex director iraquí Sadam Husein, y que éste no las había declarado ante los inspectores de armas de la ONU.

Además, ya se ha confirmado que otros dos artefactos descubiertos hace varios meses en suelo iraquí contenían gas sarín.

La Fundación Blanco premia a Jon Juaristi y Santiago González
BILBAO El Correo  2 Julio 2004

El escritor Jon Juaristi y el periodista y articulista de EL CORREO Santiago González han sido galardonados con el VII Premio a la Convivencia que la Fundación Miguel Ángel Blanco concede cada año. La entrega se realizará en Bilbao el próximo 12 de julio, aniversario del asesinato del concejal popular.

El galardón reconoce la labor cotidiana de los premiados en defensa de la democracia, su entrega y su compromiso personal y social en favor de los derechos humanosy y su solidaridad con las víctimas del terrorismo. Juaristi y González suceden al presidente del Foro Ermua, Vidal de Nicolás, y al antiguo párroco de Maruri Jaime Larrínaga.

Psicología del contraterrorismo
Andrés MONTERO GÓMEZ, es presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia La Razón 2 Julio 2004

Lo ha escrito Walter Laqueur, director del prestigioso Instituto de Estudios Estratégicos de Washington. En la cultura de los servicios de inteligencia debe operarse un cambio psicológico que introduzca la innovación y el atrevimiento, desbancando a la burocracia y a la rutina. Laqueur es un especialista en el holocausto judío y sus ensayos han producido excelentes volúmenes sobre fanatismo y terrorismo. Las pesquisas posteriores al 11-S en los EE UU han confirmado la imprevisión de los servicios de inteligencia acerca de la naturaleza y del comportamiento de la amenaza terrorista. También revelaron que las capacidades de análisis de los servicios de inteligencia sobre los elementos informativos presentes en el entorno estaban comprometidas. Imprevisión, precaria gestión de las fuentes humanas de información y análisis e interpretación de información a un nivel de parvulario. España dispone de unos excelentes servicios contraterroristas. En numerosos esquemas operativos, sobresalientes. Geniales en algunas planificaciones estratégicas. Tenemos problemas de integración de los diferentes elementos de inteligencia en un verdadero esquema nacional, igual que en otros países. El CNI se habla poco con los servicios de información de las Fuerzas de Seguridad del Estado.

En las naciones de nuestro entorno ocurre algo similar entre diversas instituciones de inteligencia, aunque hay casos peores que el nuestro y también mejores. Sin embargo, el principal obstáculo de la inteligencia de este período de globalización no es estructural, sino, como apunta lúcidamente Laqueur, cultural. El nuevo terrorismo reclama una nueva cultura de inteligencia, una nueva psicología contraterrorista. La cultura institucional o personalidad corporativa determina el comportamiento de las organizaciones. Igual que la personalidad individual marca la conducta del ser humano. La orientación de los servicios de información de las fuerzas de seguridad está muy influida por la identidad policial de sus miembros. Por lo que respecta al CNI, predomina una cultura militar heredada de sus organizaciones matrices, desde el SECED de Carrero Blanco hasta el reciente CESID, aun a pesar de la entrada entre sus directivos de personal civil universitario. Gran parte de estos cuadros civiles asimilan los estilos comportamentales que empapan la personalidad organizacional en la que se integran. Pues bien, la identidad policial o militar de los agentes de inteligencia contraterrorista no es negativa, pero imprime ciertos condicionantes.

En primera instancia, una mezcla de código moral, jerarquización y sentido de la obediencia que conforman la propia identidad grupal de la que participan la mayoría de los agentes contraterroristas. En todas las organizaciones existen responsables directivos y supervisores que gobiernan a personal subordinado. Es cierto e indispensable. Sin embargo, en la comunidad contraterrorista la relación entre jefe y subalterno está sobredimensionada hacia la dependencia, atrofiada hacia el hiperconservadurismo. De esta manera, la personalidad corporativa imprime falta de iniciativa e innovación, conformismo y tendencia al paternalismo, al bloqueo, a la búsqueda constante de aprobación. Penaliza la divergencia, el pensamiento alternativo y la creatividad. El modelo interno de dependencia piramidal es positivo para el mantenimiento y la cohesión de la organización policial. Hay que mantenerlo y defenderlo. En cambio, en el ámbito contraterrorista debería ser posible combinarlo con la gestión de fenómenos que requieren estilos de pensamiento dinámicos y disidentes.

Otra cuestión, presente en la comunidad de inteligencia en medida variable, es la rigidez en el razonamiento analítico. Esta rigidez se nutre de tres tapones, uno estructural, otro metodológico y un último procedimental. El estructural procede de una estructura muy burocratizada. El formato del sistema absorbe cualquier desviación. Excesiva protocolización, formas estereotipadas sin concesiones imaginativas y preponderancia de las formas en detrimento de la creatividad de contenidos. Innumerables informes se redactan tomando como plantilla otros anteriores. Es la práctica habitual. Anticiparse al terrorismo requiere capacidad de proyectar escenarios, de ruptura, de manejar con soltura el pensamiento divergente. De nuevo, otra vía en que la cultura institucional de los servicios de inteligencia sanciona la creatividad en beneficio de la burocracia.

El obstáculo metodológico procede de una deficiente especialización en herramientas de procesamiento analítico de la información. Aunque parezca sorprendente, los centros de conocimiento por excelencia, institutos de investigación o universidad no transfieren con el dinamismo deseable todo el saber instrumental sobre herramientas para pensar, para extraer conclusiones. Son pocos los analistas de contraterrorismo capaces de extraer hipótesis y conclusiones como si fueran científicos. Se trata de una orientación cultural no demasiado bien vista por la personalidad institucional. Progresivamente se están abriendo puentes de comunicación entre ambos mundos, pero continúan lentos y desconfiados.

En cuanto al tapón procedimental, que intima con la identidad policial de la mayoría de los analistas, está imbricado en la excesiva dependencia de los hechos a la hora de interpretar la realidad. La dependencia de los hechos es el eje medular, sin duda, de las investigaciones policiales. Lo que ocurre es que esta dependencia se ha alojado en la personalidad grupal de los servicios contraterroristas de manera que a sus analistas les provoca verdadero pánico razonar, y mucho más hablar, en términos de probabilidad de ocurrencia. El grueso de los análisis se detienen en cuanto el especialista que los redacta se encuentra ante escenarios cargados de incertidumbre. El analista no se atreverá a extraer conclusiones y, probablemente si en una pulsión de osadía lo hace, no encontrará los medios para transmitir con eficacia el escenario a sus superiores.

La personalidad organizacional de los servicios contraterroristas es un lastre que se corresponde mal con la innovación inherente al terrorismo global. La solución no pasa por fracturar la actual personalidad. Como bien saben los psicólogos, la personalidad es una estructura estable complicada de modificar. La alternativa vendría de introducir, en el interior mismo de los servicios de inteligencia, mecanismos de corrección para compensar las derivas contraproducentes que pudieran tener esas personalidades organizacionales para el manejo de escenarios de cambio e incertidumbre elevados. Una propuesta interesante es la institución de equipos creativos, dotados de alta funcionalidad interpretativa y prospectiva, en los servicios de inteligencia. Estructuralmente no serían nada costosos. Media docena de personas adscritas a los directores de inteligencia en cada una de las instituciones.

Habilitación máxima de seguridad y acceso a toda la información operativa y de inteligencia. Perfecta interiorización de la cultura de su propia organización y conocimiento enciclopédico e íntimo del fenómeno terrorista. Capacitación especializada en todo tipo de análisis, técnicas de razonamiento, de control de sesgos, de interpretación de realidades complejas, de construcción de escenarios prospectivos. Dentro de esos equipos, la innovación y pensar sobre lo «aparentemente» imposible estarían incentivados. El control sobre la excesiva teorización que, a modo de efecto colateral, pudieran generar esos equipos debería caer bajo la supervisión de un alto directivo tan preparado en esas técnicas como los propios analistas, pero además dotado de un pulso de sensatez que espero no sea quimérico encontrar. Tres por seis, dieciocho personas dedicadas a pensar sobre terrorismo de esa manera. Un complemento adicional a los resultados clásicos de la personalidad institucional, que se han revelado muy eficaces hasta ahora, aunque limitados cuando nos encontramos con escenarios extremos. Extremos como el 11-M o lo que está por llegar.

De Rojos y separtistas
José Castellano ABC (Cataluña) 2 Julio 2004

Días atrás y organizado por la Asociación por la Tolerancia se celebraba un acto en el que los eminentes catedráticos De Carreras y Solozàbal analizaron los procesos e iniciativas relacionados con las anunciadas modificaciones de la Contituciòn española y los Estatutos de diversas comunidades autónomas, con especial referencia a Cataluña donde, según la mayoría de las intervenciones, los intereses partidistas habrían acabado por hacer un problema de aquello que nunca debiera haber sido sino la normal y simple actualización de unos textos fundamentales cuyos contenidos y origen temporal aconsejaban su puesta al día.

Efectivamente en Cataluña, la irresponsable subasta estatutaria de todos los grupos políticos, excepto el Partido Popular, ha sido claramente asumida por el gobierno tripartito que materialmente se ha volcado en la preparación de un nuevo Estatuto que preocupa y ocupa los afanes y trabajos de la llamada clase política así como una parte importante de la opinión publicada a pesar de que su necesidad es mínima y escasamente percibida por la ciudadanía, hasta el extremo de que han tenido que montar una costosísima campaña de propaganda institucional disfrazada con vacíos mensajes de participación y debate de un proyecto en el que –según un malicioso y conocido dirigente de Convergencia- todos los promotores dicen estar de acuerdo aunque nadie conoce sus contenidos.

Pero sin embargo, pendientes de que finalmente se concrete el articulado del nuevo Estatuto, lo cierto es que los grupos que respaldan al gobierno de la Generalitat, con el añadido de CiU como principal partido de la oposición, continúan en su escalada verbal a cuatro patas, poniendo cada vez más alto un listón que hace tiempo había ya superado los límites de la Constitución. Se está creando así el falso espejismo de un Estatuto como verdadera pieza
constituyente que al chocar con la dura realidad solo nos puede acarrear gravísimos desencuentros institucionales y una considerable frustración entre los ciudadanos que de buena fe hubiesen llegado a interiorizar expectativas tan artificiosamente alimentadas.

Pero, volviendo de nuevo al acto que describíamos al principio de la presente tribuna, mi intervención en el turno de debate empezó por recordar como, durante la gestación de nuestra Constitución, los sectores más aperturistas del régimen anterior tuvieron que negociar su texto con aquellos que representaban a las bestias negras de la dictadura, los catalogados por el propio franquismo como "rojos y separatistas".

Pues bien, concluía en aquella intervención, a mi entender, el verdadero problema que afecta a la Constitución y a los Estatutos -fundamentalmente los de Euskadi y Cataluña- es que aquellos "rojos" habían sido absorbidos por el sistema y por el estado al que se han integrado con armas y bagajes mientras que, por el contrario, los separatistas no solo no se han integrado sino que viven política y literalmente a expensas de las partes del estado que ellos mismos pretenden desintegrar por lo que ese problema no podrá solucionarse sino tras el necesario acuerdo de PSOE y PP, los dos partidos mayoritarios cada vez mas necesitados y obligados a remover los obstáculos y recelos que hasta ahora les han impedido trabajar juntos para neutralizar las deslealtades y la desmedida ambición de
los nacionalismos porque de estos, sabiendo que sin la reivindicación permanente no son nada, no podemos esperar otra cosa que la consabida espiral soberanista.

De ahí se deriva la enorme importancia del congreso del PP previsto para el próximo otoño y la del inminente 36 Congreso del Partido Socialista Obrero Español al que Rodríguez Zapatero y su Ejecutiva comparecen después de tres victorias electorales consecutivas lo que en el contexto federal representa sin duda un aval tan excelente como insuficiente cuando se contempla desde el egocéntrico y atípico socialismo catalán que acude al Congreso lastrado por la cada vez más irrefrenable deriva nacionalista de Pascual Maragall quien desde la Presidencia de la Generalitat y del PSC es fuente permanente de conflictos para el Gobierno socialista y para el propio PSOE a los
que exigimos firmeza, amparo y patriotismo constitucional sus numerosos huérfanos y desencantados seguidores en Cataluña y todos aquellos que, por ejercer de rojos no separatistas nos vemos mermados en nuestra militancia y nuestra ciudadanía y en cierto modo abocados a la clandestinidad que tantos años después, teníamos casi olvidada.

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