AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 4 Julio 2004
Un error imperdonable del PP
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Julio 2004

El poder de los «barones»
Editorial La Razón 4 Julio 2004

LA APUESTA DE MONTILLA
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 4 Julio 2004

LABORDETA
Jon JUARISTI ABC 4 Julio 2004

LA YUXTAPOSICIÓN DEL PSC

José Antonio ZARZALEJOS ABC 4 Julio 2004

En el paraíso

José María Carrascal La Razón 4 Julio 2004

Ahora no

Alfonso Ussía La Razón 4 Julio 2004

Augurios y amenazas

Alejandro Muñoz-Alonso La Razón 4 Julio 2004

Lectura de verano

Amando de Miguel La Razón 4 Julio 2004

La política exterior

Gregorio Robles La Razón 4 Julio 2004

El galeusco

J. A. Álvarez Gundín La Razón 4 Julio 2004

Escuela y euskera

XABIER MENDIGUREN BEREZIARTU El Correo 4 Julio 2004

Obligación y derecho
Nota del Editor 4 Julio 2004

Educación al servicio de la ciudadanía vasca
JAVIER NOGALES
El Correo  4 Julio 2004

La falacia de la no discriminación con el bilingüísmo
Nota del Editor 4 Julio 2004

Las academias de la lengua española pactan las normas sobre el plural
Francisco Ríos redacción La Voz 4 Julio 2004

«El Cervantes es de todos»
Jesús Fraga | redacción La Voz 4 Julio 2004

Éramos pocos y parió la abuela
Nota del Editor 4 Julio 2004



 



 

Un error imperdonable del PP
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Julio 2004

El PP ha cometido el primer gran error de esta legislatura al aprobar sin negociación alguna –y, por si fuera poco, recibiendo toda clase de injurias por parte del PSOE– el envío de tropas a Afganistán y Haití. Es verdaderamente pasmosa la incapacidad de la derecha para conquistar la igualdad política con la izquierda o, cuando menos, para intentarlo. Es aún más dramático constatar que la clase política no aprende nada de la experiencia de su base social y que, apenas recabada la ayuda de la gente corriente, apenas cosechado el voto de los que no viven de la política pero sí quieren que éste sea cauce de sus inquietudes, ideas y valores, los burócratas vuelven por donde solían. Es decir, vuelven a los complejos, al atolondramiento, a la siesta, al sopor, a la crasa estupidez.

Como decía ayer en estas páginas José María Marco, el PP no debe aceptar el envío de un solo soldado español fuera de nuestras fronteras si el primer destino de ese soldado no es Irak. Resulta una tomadura de pelo para sus votantes que sus señorías populares puedan soportar cómodamente en sus escaños cómo siguen insultándolos a cuenta de las tropas en Irak mientras ellos votan ovinamente a favor de la iniciativa socialista de enviar tropas a Afganistán y a Haití, precisamente para disimular en el Exterior lo que, por lo visto, no hace falta disimular en el Interior. A Bush, finalmente, hay que tenerle algún respeto. Al PP, ninguno. Ellos piensan que no lo merece. Y el PP, tampoco.

Pero la opinión pública de centro y derecha, sí. Los casi diez millones de ciudadanos que apoyaron al PP en las elecciones del 14-M, sí. Los que acudieron a votarlos en las del 13-J, sí. Y esos ciudadanos, es decir, nosotros, no estamos dispuestos a tolerar que nuestros representantes sean tratados a puntapiés, y que su respuesta sea agradecerlo. Nosotros no aceptamos que llamen asesinos a los que legítimamente enviaron tropas a Irak y que esos mismos a los que llaman asesinos, todavía con el escupitajo en la solapa, voten dócilmente a favor del envío de tropas a otros lugares relativamente menos conflictivos precisamente para tapar la deserción de Irak. Para ayudar a la libertad fuera de España hay que empezar por ayudarla y por merecerla dentro. Mientras el PSOE no cambie radicalmente de actitud con respecto a Irak, en el pasado y en el presente, el PP debe negarse a respaldar cualquier acción militar fuera de nuestras fronteras.

Dirá algún pardillo que son “acciones humanitarias”. Mentira. La única acción que persiguen es salvar la “humanidad” política de Zapatero y el PSOE. Si es por ayudar a la humanidad, si es por ayudar a la libertad, si es por ayudar a un proceso electoral, ningún país lo necesita tanto como Irak. Así que, o van primero a Irak, o las misiones militares (“la guerra” dirían los progres) serán de la exclusiva responsabilidad del PSOE y sus aliados de Gobierno. Y el PP debe exigirles esa responsabilidad por cada euro y por cada soldado, vivo o muerto. No se puede repetir el error de la derecha en el referéndum de la OTAN, montado por González como un acto de exaltación de la ley del embudo. Fue un error votar “sí” y fue un error abstenernos por pulcritud intelectual. No se puede colaborar gratis con el PSOE, ni tampoco encogerse de hombros. La izquierda sólo entiende una palabra: No. La derecha debe aprender a decirla en voz alta. De otro modo, el futuro de ZP será el de González. Y el de Rajoy, el de Fraga en 1986.

El poder de los «barones»
Editorial La Razón 4 Julio 2004

El XXXVI Congreso Federal del PSOE ha dejado muy claro que una cosa es el partido y otra el Gobierno y que se debe establecer un renovado sistema de relaciones entre ambos. El momento dulce de la victoria electoral (nadie menciona hoy como una advertencia, quizás por no considerarla aún significativa, la remontada del PP en las Europeas), y la responsabilidad y la oportunidad que supone gobernar en los próximos años, habían eliminado cualquier peligro de disensión interna y puesto sobre la mesa el reequilibrio de los poderes reales de la Comisión Ejecutiva Federal y del Consejo Territorial. Pero los «barones» dieron ayer al traste con los primeros planes de Rodríguez Zapatero. Todavía está por ver cuál de las dos instancias tendrá mayor capacidad.

El sábado, el secretario general (y flamante presidente del Gobierno) recibió el apoyo absoluto de los delegados, sin votos en contra o abstenciones, a su informe de gestión. Al día siguiente salió reelegido, por el 96 por ciento de los votos, sin la unanimidad de la víspera. Un dato que recuerda la existencia de peligros subterráneos que podrían aflorar en un futuro próximo y dar la traste con la buena vecindad de las distintas familias y sensibilidades socialistas. José Luis Rodríguez Zapatero ha sido consagrado sin duda por su partido como nuevo gran líder, pero junto a él ha obtenido equivalente reconocimiento la figura del secretario de Organización, José Blanco, que recoge ahora el trofeo de su trabajo de cohesión y reconstrucción del PSOE heredado tras el fracaso de Joaquín Almunia y la difícil elección de Zapatero cuatro años atrás. Sólo el poder real de los «barones», y en especial de los socialistas catalanes expresado en la defensa cerrada de la presencia de Montilla en la Ejecutiva, empañó ayer su éxito.

Merece el PSOE, tras su victoria, disfrutar de su Congreso, pero no debería dejar de lado una realidad que no se ha visto en las grandes sesiones, pero podía captarse en conversaciones en los pasillos. Si el Gobierno afronta hoy una hipoteca en forma de pactos con los distintos grupos políticos que le sostienen en la Cámara, también dentro del propio partido las tensiones territoriales pueden causar más de un serio problema. El PSC de Maragall ya lo advirtió hace poco, al reclamar su propio grupo parlamentario en el Congreso y ayer los «barones» lo escenificaron con total claridad. Y quedan, debajo de la alfombra roja del Congreso, problemas tan serios como el saber qué entienden el Gobierno y su partido por límite constitucional a la hora de afrontar la reforma de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía.

LA APUESTA DE MONTILLA
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 4 Julio 2004

JAIME Gil de Biedma soñó por los años cincuenta que un buen día los chavas del sur bajarían de la periferia, romperían la pax burguesa que reinaba en los hogares y en las fábricas y tomarían Barcelona:

«Que la ciudad les pertenezca un día / Como les pertenece esta montaña, / este despedazado anfiteatro / de las nostalgias de una burguesía».

No hubo revolución. Tan sólo la integración de algunos, muy pocos, casos excepcionales como el de Montilla. Este cordobés ha sido capaz de romper el cerco de clase y cultura de uno de los mundos más cerrados para los emigrantes, como es paradójicamente el del socialismo catalán. Ni un solo charnego había conseguido entrar en uno de los reductos políticos más cerriles, más coherentemente racistas, como ha sido la dirección del PSC, donde no resultaba imaginable un apellido que no fuera Serra, Reventós, Maragall, Obiols, Molas, Rubert de Ventós. Dentro de la izquierda sólo en el PSUC -y como herencia de la guerra civil- había sido posible la mezcla y el multiculturalismo. Quizá también por eso fracasó enseguida. Aquí se daban la mano Gregorio López Raimundo y Peré Ardiaca, Antoni Gutiérrez y Rafael Ribó, Manuel Vázquez y Miquel Riera. Pero el PSC era otra cosa. Este partido se había propuesto construir la «nación catalana» sobre las espaldas de los electores charnegos, cosa que no podían hacer con la misma eficacia ni los convergentes ni los comunistas, y para alcanzar ese objetivo había que cumplir dos condiciones: por un lado, ser muy coherentes en la dirección desde el punto de vista de la pureza de sangre y, por otro lado, tener una gran base popular, cautiva.

Montilla es el representante de estos costaleros de la burguesía catalana, de «els altres catalans», es decir, de aquellos que ascenderán a la ciudadanía gracias a sacrificar su personalidad cultural en el altar de Cataluña.

LA ascensión de Montilla a la dirección del socialismo catalán no ha sido el resultado de una conspiración, sino el signo de la adaptación. La pureza del PSC era ya tan escandalosa que podía ser contraproducente. Había que meter a un chava del sur en la dirección del partido y de ese modo poder manejar con autoridad a las bases. Montilla era el hombre y se le ha pagado con generosidad. Lo han metido en el Consejo de Ministros, donde podrá defender «en castellano» el derecho del PSC a tener un grupo parlamentario propio.

MONTILLA da perfectamente la figura política y psicológica del «traidor», esto es, del nuevo tipo de lerrouxista que renuncia a los intereses de su clase y de su cultura en favor de un grupo extraño e incluso contrario. Pero la operación no termina en este emigrante cordobés, desarraigado y aculturizado. Desde el socialismo, Chaves y Rodríguez Ibarra representan el sacrificio de Andalucía y Extremadura a la hegemonía catalana, y desde fuera del socialismo, nacionalistas vascos y republicanos como el también charnego Pérez Rovira Carod... Estos son los mimbres con los que Zapatero prepara el cestillo confederal e ibérico, los nuevos Estatutos y el Senado nuevo. Todo ello sin rupturas.

La clave del arco de este proyecto será -se quiera o no se quiera- este charnego cordobés.

LABORDETA
Por Jon JUARISTI ABC 4 Julio 2004

UNO de los círculos en que se desarrolla la vida de cualquier organismo, aun de los más simples, es el de los enemigos. Von Uexkull lo estudió en el caso de la ostra jacobea y Caro Baroja aplicó el modelo biológico de aquél a la descripción histórico-etnográfica de los vascos, sujeto colectivo que debe en parte su existencia imaginaria al tío novelista de don Julio. Tanto el biólogo germano como el polígrafo español, hombres del siglo XX, no se hacían demasiadas ilusiones acerca de la naturaleza en general ni de la humana en particular. Como Popper, sabían que toda sociedad, por muy abierta que sea, cuenta con su lote de adversarios empeñados en destruirla. Acaso sea esta certeza antigua lo que más rápidamente se ha desvanecido en la cultura europea durante la transición a la nueva centuria. Me refiero, claro está, a la cultura que domina en los medios de comunicación, en la academia y en la cosa política. El pesimismo antropológico es hoy una posición moral minoritaria, estigmatizada como cavernícola y hasta puede que en breve perseguida. No resulta nada fácil persistir en las luminosas convicciones preconscientes de las honradas zamburiñas y de sus primas las vieiras. Y, sin embargo, ellas tienen razón. El tiempo se la dará, no hay prisa.

En rigor, sin enemigos no hay política que valga. Cuando la infección amorosa era apenas un brote primaveral, Alain Finkielkraut recordó a los europeos que el humanismo no es un angelismo y que el enemigo constituye nuestro patrimonio político más precioso. Quince años después, en lo peor de la epidemia y a propósito del antisemitismo de la izquierda francesa, ha escrito: «Uno se preocupa tanto por el Otro, que la figura del Otro termina por borrar la del enemigo. Los Palestinos ya no son los enemigos de los Israelíes, sino su Otro. Estar en guerra con el enemigo de uno es una posibilidad humana. Hacer la guerra al Otro es un crimen contra la humanidad. En el primer caso, la relación es política y puede, eventualmente, desembocar en un compromiso, a pesar de las tentaciones maximalistas que la trabajan. En el segundo, se trata de racismo y todo racista debe desaparecer». Y concluye: «Allí donde la moral escamotea al enemigo, éste resurge bajo la figura demoníaca del enemigo del Otro; es decir, del enemigo del género humano. Desde entonces, nada es negociable: lo inexpiable dicta su ley». Europa, horrorizada por su pasado y quizá también por su presente (Hitler escuchaba a Wagner y los pederastas belgas, que leen a Tintín, entierran a sus víctimas en el jardín de Moulinsart), se ha convertido en fácil tierra de misión de un islam incluso moderado que no ha cambiado de pautas para arreglárselas con sus Otros desde la época del Profeta. Lo ha dicho (cómo no, en el Fórum de las Culturas) el malaisio y malafollá Mahatir bin Mohamad: la culpa es de Israel y los Estados Unidos, para su desgracia, son percibidos como el gran aliado de Israel, que es el enemigo de los musulmanes. O sea, los amigos de mis enemigos son mis enemigos. Ni la ostra jacobea se habría expresado con mayor claridad sobre este asunto. Tomad nota, perros infieles.

Afortunadamente, la naturaleza humana es como es y ni siquiera en la España del ansia infinita de paz a cualquier precio soportará por muchos años más la represión de sus legítimas pulsiones. Me alegra que haya sido Labordeta, un tipo al que aprecio, el primero en desafiar la doctrina oficial del buen talante, y me alegra sobre todo que lo haya hecho introduciendo en el hemiciclo un palabro compuesto que viene a ser algo así como el grado cero castizo de la hostilidad a la española. Un vocablo justamente dignificado por la tradición popular. Recordará Labordeta, por ejemplo, aquella estupenda copla baturra en octosílabos capados, dedicada a los cantautores de su tierra, que rezaba más o menos así: «Para cantar bien la jo-, / amárrate el cachirú- / y no muevas tanto el cu-, / pedazo de gilipó-». Por algo se empieza.

LA YUXTAPOSICIÓN DEL PSC
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 4 Julio 2004

La relación entre el PSOE y el PSC no es de simbiosis sino de yuxtaposición, porque ambos partidos no ponen en común sus energías políticas, sino que las sitúan unas junto a las otras, con objetivos sólo parcialmente coincidentes. Y es esta circunstancia de raíz histórica y de naturaleza orgánica e ideológica la que arroja sobre el socialismo ahora gobernante un determinado grado de incertidumbre porque introduce en su funcionamiento una tensión interna que no es de influencia, sino de poder y de proyecto. Sin el salto cualitativo y cuantitativo del PSC, estratégico y electoral, Rodríguez Zapatero no estaría hoy en el Gobierno de España y, al ser consciente de este peaje, el presidente y secretario general del PSOE no tiene más alternativa que subordinarse, a veces con discreción, otras abiertamente, a los criterios del socialismo catalán. No se trata sólo ni principalmente de una hipoteca anotada en el registro político del actual PSOE, sino de un dato de la realidad nada cuestionable que condiciona el desenvolvimiento del Gobierno y del propio Partido Socialista. Un factor, pues, decisivo para analizar con el suficiente realismo los derroteros por los que discurrirá esta legislatura y los del propio PSOE.

La gran transformación del partido en el Gobierno se explica por la mutación casi radical de los planteamientos que adoptó en la transición con los que ahora propugna. En los años ochenta, el socialismo español hundía su identidad en la concepción del partido y de la Nación que propugnaban vascos y andaluces. Eran «jóvenes turcos», neonacionalistas de progreso, con un proyecto estatal comandado por líderes forjados en la adversidad vasca -Nicolás Redondo, Ramón Rubial- y por la agudeza ideológica y táctica que brotaba de la Andalucía de Felipe González y Alfonso Guerra. España no se ha visto nunca igual desde el constitucionalismo vasco y desde el irredentismo andaluz que desde la Barcelona catalanista de Maragall. Pero los meandros de la historia reciente de España han acendrado la mistificación del socialismo y de determinadas formas de nacionalismo interior, como fórmula alternativa a una derecha democrática que durante ocho años se ha encontrado en el sistema constitucional y autonómico de 1978 como pez en el agua. En puridad, quienes han derrotado al PP son los socialistas catalanes mediante la instrumentación atrevida de un tripartito en Cataluña que ha servido de plantilla para que el PSOE escribiera con buena letra un fragilísimo proyecto para una «España plural» cuyo contenido conceptual, jurídico, económico y cultural sólo parece tenerlo claro el presidente Maragall.

Sus dos decenas de diputados en el Congreso, su asociación, también decisiva, con ERC en la Generalitat de Cataluña, su aportación fundamental al PSOE en las recientes elecciones europeas, el peso demográfico de la Comunidad catalana, su contundencia económico-social, disminuida pero aún con buen marchamo y que cuenta con complicidades financieras de gran dimensión, y su discurso eufemístico pero de una estética progresista insuperable, hacen de un PSC yuxtapuesto pero no simbiótico con el PSOE, un poder interno que no debe confundirse con el que puedan disponer las «tendencias» o las «familias» partidarias. Tampoco con el de las denominadas «baronías». De tal suerte que el proyecto del PSOE es, quiérase o no reconocerlo, aquí y ahora, tributario del que pretende el PSC. Que así se entienda -y en lo posible, se reconozca por los propios dirigentes del PSOE- es cuestión previa para adivinar por dónde van a ir las cosas en los próximos años.

En el paraíso
José María Carrascal La Razón 4 Julio 2004

Nada tiene más éxito que el éxito, dicen los anglosajones, que de eso saben un montón. Le ha bastado a José Luis Rodríguez Zapatero haber ganado inesperadamente unas elecciones para que el congreso de su partido, que tan problemático se le presentaba hace un año, se haya convertido en un estanque apacible. Se acabaron los barones altaneros, los guerristas revoltosos, los felipistas agazapados, los pepitos grillos disonantes. Hasta los catalanes han dejado para mejor ocasión su demanda de grupo parlamentario propio. ZP manda, Pepiño Blanco oficia y los demás, a obedecer y aplaudir. Hay muchas prebendas que repartir y con esas cosas no se juega. El XXXVI Congreso del PSOE pasará a la historia por la tranquilidad, el buen ánimo y la satisfacción que lo ha presidido. Porque eso de «escuchar a la ciudadanía» no es que sea viejo. Es que se dice en todos los congresos, no importa de qué partido. Al que se escucha es al jefe. Y es que hay algunos que todavía no lo creen.

¿Significa esto que las diferencias internas dentro del PSOE se han disipado? Ni mucho menos. Simplemente, se han metido bajo la alfombra. Pero todas ellas siguen ahí, afilando sus uñas. Empezando por las de los catalanes que, contra toda previsión, han impuesto su hombre, Montilla, en la ejecutiva, para advertir que no puede ignorárseles ni olvidar sus reivindicaciones. Algo que no ha sentado demasiado bien al resto, que se han para aplaudir. Eso sí, con los tambores de fondo de la reforma de los estatutos de autonomía, un asunto con más dinamita que la que llevan los camiones que estallan a diario en Bagdad. Se le ha dado una larga cambiada, invocando la Declaración de Santillana del Mar, que da la razón a tirios y troyanos al aceptar dichas reformas siempre se que adapten a la Constitución. Algo así como la cuadratura del círculo, a la vista de las exigencias de los nacionalistas con quienes gobiernan en algunas autonomías. Por no hablar de Maragall, que tan pronto parece el mejor de los amigos como el peor de los enemigos, con su propuesta diaria y sus giros inesperados. Hay otros asuntos menos trascendentes, pero tanto o más puñeteros, como el de atender a las demandas de las distintas regiones, el cumplir todas las promesas electorales, el encontrar un sitio en la escena internacional ahora que Bush se ha reamigado con los europeos o el definir una estrategia frente al PP que sea algo más que recordarle su intervención en la guerra de Iraq. Sobre todo ello se ha pasado de puntillas, para no levantar polvareda. Ya llegarán momentos difíciles y tragos amargos. Suena la hora de celebrar la victoria caída del cielo, y los socialistas la están celebrando como se merece y a quién se merece. Aunque si fueran sinceros harían un aparte para rendir homenaje al teléfono móvil. Fue el que, detonando las bombas y convocando las manifestaciones, les llevó al paraíso en que se encuentran.

Ahora no
Alfonso Ussía La Razón 4 Julio 2004

El Gobierno que ha ordenado la retirada de nuestras tropas en Iraq, se dispone a enviar otros mil militares españoles a Afganistán. Las pancartas están guardadas en los armarios. Las pegatinas han desaparecido. A «la gente de la Cultura», que es como se llaman a ellos mismos los pancarteros y pegatineros oficiales del sistema, no les preocupa la guerra de Afganistán. El «No a la Guerra» sólo sirve cuando es el Partido Popular el que decide movilizar a las Fuerzas Armadas. Si lo hacen los socialistas, el «No a la Guerra» se convierte en un silencio dependiente de las subvenciones de dinero público. El antimilitarismo pseudomental de los «intelectuales» jamás ha reparado en que Fidel Castro lleva cuarenta años vestido de militar. Decenas de miles de soldados cubanos han matado y han muerto en Angola, por poner un ejemplo, pero estos de aquí no se han enterado todavía. Sonrisas y más sonrisas. Abandonamos a nuestros aliados en Iraq y nos ponemos a su entera disposión en Afganistán.

Renunciamos a defender a los iraquíes y nos sumamos a combatir contra los talibanes. Todo se resume en un enemigo común, que es el terrorismo islámico. Pero a los de la pancarta les dolía lo de Iraq y lo de Afganistán les importa un rábano. Sonrisas y más sonrisas, como la esplendorosa de Concha Velasco en el Congreso del Partido Socialista. Conozco y quiero a Concha Velasco y no me gusta que pierda su independencia. Afganistán está en guerra, y enviar tropas a un lugar en guerra equivale a gritar «Sí a la Guerra». A ver qué hacen ahora los bardemes, querejetas, medemes, barrosillos, sánchez-gijones, tejeruelos, paredillas, sampietros, armendarices, tosares y demás buscadores de excepciones subvencionables. De la guerra en Afganistán no se habla, es la consigna. Sólo se podrá opinar cuando se reciba el dinero. Mientras no se lleven a cabo las transferencias bancarias, las pancartas y las pegatinas en los armarios. Sonrisas y todo sonrisas. ¿Tú me pagas? «Sí a la guerra».

A ver cómo explican Zapatero y Bono que Iraq no era nuestra guerra y Afganistán sí es nuestra guerra. Los soldados son los mismos y sus vidas, igual de valiosas. Los enemigos son los mismos, y las vidas de los iraquíes y de los afganos no merecen una valoración diferente. El niño muerto por las bombas americanas en Iraq y que tanto aparece en los informativos de TVE y de Tele-5 está igual de muerto que el niño muerto afgano que nunca vamos a ver. Nuestros militares cumplen órdenes, y aplican la disciplina hasta el máximo, pero no entienden porqué los quitan de ahí para llevarlos allá, y que lo de allá sea más progresista que lo de ahí. Los pancarteros callan. Esperan con la mano tendida. Ahora no sirve el «No a la Guerra». Todo ha cambiado. «Sí a la Guerra. Pero pagarnos pronto».

Augurios y amenazas
Alejandro Muñoz-Alonso La Razón 4 Julio 2004

Como se informaba ayer en LA RAZÓN, uno de los múltiples grupos que constituyen la «galaxia Al Qaida» ha amenazado a los países europeos con terribles atentados si las tropas europeas no abandonan inmediatamente Iraq y Afganistán. Recuerdan los terroristas que el día 15 se cumple el plazo de tres meses fijado por un comunicado oral de la red terrorista, en el que los expertos reconocieron la voz del propio Ben Laden y que casi todo el mundo había olvidado. Como es natural, los servicios de seguridad han tomado muy en serio la amenaza, porque otra cosa sería imprudente, aunque agentes de inteligencia británicos no la conceden credibilidad porque el grupo que ha lanzado el ultimátum, las «Brigadas de Abu Hafs Al Masri» se atribuyó ya la matanza del 11 de marzo en Madrid lo que, según estos agentes, no era en absoluto cierto. La amenaza, en todo caso, nos recuerda que una parte del islam ha declarado la guerra a Occidente y que los europeos no estamos exentos, salvo que nos pleguemos a las exigencias de los terroristas que, tras expulsar a los europeos de sus territorios, trataría ¬ya lo hacen¬ de ganar influencia en nuestros propios países. Las «pacíficas» reivindicaciones de los musulmanes pueden ser razonables hasta un límite, más allá del cual forman parte de la estrategia arrogante y despectiva con que los integristas tratan a los «infieles». Mal le va a ir a Europa si se empeña en ignorar dónde está el enemigo que trata de sabotear nuestros valores y forma de vida.

Esto ocurre en un momento en el que el nuevo secretario general de la OTAN, Hoop Scheffer, acaba de dar la voz de alarma por la fría respuesta que ha obtenido su petición de más tropas bajo mando OTAN para Afganistán. Ni Francia ni España, por ejemplo, quieren que sus tropas queden allí bajo mando de la OTAN que, desde hace meses, viene intentando realizar una meritoria tarea de estabilización de todo el país, por medio de los llamados PRT (equipos provinciales de reconstrucción). En Francia no puede extrañar esa actitud porque es la suya tradicional, pero en el caso español es un sin sentido. Mandar tropas para que no salgan de Kabul no vale para nada. Ante esta situación Hoop Scheffer ha advertido que tanto Iraq como Afganistán pueden convertirse en «Estados fallidos». No se descarta la vuelta de un régimen talibán a este último país y, en el caso de Iraq, la amenaza de la guerra civil no es descartable.

Lectura de verano
Amando de Miguel La Razón 4 Julio 2004

Hay lecturas que reconfortan, especialmente en el verano, por lo mismo que se agradecen las ensaladas, los helados o el tinto con gaseosa. Pues bien, una de esas lecturas refrescantes es el reciente librito de Gregorio Salvador, «El destrozo educativo». Para empezar, la letra es de un cuerpo tan generoso que supone un descanso para los que tenemos la vista y la mente fatigadas. Podían tomar ejemplo las editoriales y los periódicos. Se dice que la sociedad española envejece, pero el cuerpo de letra de los impresos es cada vez más pequeña. Áteme usted esa mosca por el rabo. El título ya lo dice. España ha avanzado por el camino del desarrollo y la complejidad, pero el sistema educativo ha sido destrozado. No ya la piquete, se ha utilizado la apisonadora para machacar los escombros. Ruina y desolación es el paisaje de la enseñanza, sobre todo el de la pública. Yo soy más bien optimista respecto a la capacidad adaptativa de los españoles, su evolución como sociedad, pero tengo que compartir el lacerante pesimismo de Gregorio Salvador respecto a la enseñanza. El libro que comento proporciona suficientes muestras para concluir que el destrozo ha sido vandálico. Del edificio educativo no queda piedra sobre piedra. Y eso que, por razones editoriales, no le ha dado tiempo a recoger el último episodio. El tímido intento de reconstrucción que fue la nonata ley de calidad de la enseñanza ha sido abortado por decreto.

No hay que confundir la tala con la poda. Hubo que acometer la poda en la estructura fabril, lo que se llamó la «reconversión industrial»; horrorosa etiqueta, por cierto. Supuso un duro quebranto para una generación, el paro ingente de los últimos decenios. Pero, gracias a ese sacrificio, la economía española se preparó para dar el salto hacia una estructura de servicios. Ahora bien, en el caso de la enseñanza, no ha sido poda sino tala inmisericorde. No habrá recuperación posible más que al cabo de varias generaciones. ¿Por qué se ha perpetrado esa catástrofe? Gregorio Salvador nos da una respuesta: para dar poder a los rábulas del poder autonómico.

Se me permitirá una ilustración personal. Yo suelo hacer los exámentes con libros, apuntes y todo tipo de materiales, incluyendo diccionarios. Pues bien, de unos años a esta parte, los alumnos ya no traen libros a los exámenes, ni siquiera diccionarios. El texto de Gregorio Salvador me da la pista para entender esa ausencia. Al parecer, los alumnos de bachillerato ya no saben manejar el orden alfabético. Sin esa habilidad sobran los diccionarios. Tampoco saben muchos bachilleres la regla de tres. Pocos serán los que tengan en la cabeza una mínima escala de la secuencia cronológica de la humanidad, de la Historia de España. Sin todos esos saberes básicos ¬esencialmente memorísiticos¬ no es posible que se instale ciencia alguna. Sí, memorísticos, Gregorio Salvador encabeza la cruzada para salvar por lo menos la memoria en la tarea educativa. Si él es el San Bernardo yo seré el escudero del último de los caballeros.

La política exterior
Gregorio Robles La Razón 4 Julio 2004

Todos los problemas, y los acontecimientos de ellos derivados, que estamos viviendo en España en los últimos tiempos tienen que ser entendidos en una clave: la de la relación e íntima conexión entre la política interior y la política exterior. La primera se refiere, obviamente, a lo que pasa dentro de casa; mientras que la segunda viene definida por el conjunto de las relaciones de nuestro país con el resto de los países del mundo. Se equivocan quienes piensan o tratan de hacer creer que estas dos esferas son independientes, y que tan sólo interesa mantener una buena gestión de puertas adentro.

A medio y largo plazo, los aciertos o desaciertos en lo exterior se convierten en aciertos o desaciertos en lo interior. Nuestra retirada de Iraq nos ha debilitado profundamente en las relaciones internacionales, y no sólo con EE UU, sino también con el resto de las naciones, que han podido ver que España no posee una inequívoca orientación de Estado en esta materia. A todos ha sido perceptible que nuestro país se caracteriza por el hecho de que en cuestiones internacionales los dos partidos principales han mantenido posiciones antagónicas. Para los entendidos no cabe dudar, sin embargo, que la postura radical de los socialistas cuando estaban en la oposición se va a transformar ahora paulatina pero elocuentemente.

 Los compromisos de España con la OTAN y, en general, con la comunidad internacional no permiten sostener posiciones de aislacionismo. Ahora el Gobierno de Zapatero se va a tener que enfrentar a la propia opinión pública que antes de las elecciones fue alimentada con pura demagogia antibelicista. Claro que para enfrentarse a ella cuenta con unas bases muy obedientes y con una IU en plena crisis. Además, tiene la suerte de que la oposición no va a mantener posiciones que no sean razonables. El giro ya ha comenzado, y el Gobierno tendrá que hacer los malabares necesarios para que se note lo menos posible. La tan denostada foto de las Azores no ha sido obstáculo para que el primer ministro portugués, que fue el anfitrión, sea nombrado Presidente de la Comisión de la UE. Los esfuerzos de la diplomacia española para retomar el pulso se están viendo frenados por la imagen de falta de credibilidad y de seriedad.

Zapatero sigue jugando con la semántica, cuando dice que a Afganistán se enviará un contingente de tropas «limitado». Curiosa palabra, pues es difícil de imaginar unas tropas que sean «ilimitadas». Este Gobierno ha llegado al poder instrumentalizando las catástrofes (Prestige, accidente aéreo militar, atentado del 11-M), haciendo un ejercicio muy insolidario de sus propias capacidades. Por eso, desgraciadamente nuestra política interior está dominada por un clima de desazón. España, con la llegada del PSOE al poder, ha perdido en influencia en la UE y en presencia en la escena internacional. Han ganado las elecciones, pero el país ha salido perdiendo. El Gobierno de Aznar cometió algunos errores en sus gestos, más que en la política de fondo. Estos de ahora han echado por tierra la situación conseguida en el Tratado de Niza, cediendo posiciones a cambio de nada, y la relación privilegiada con los EE UU, justo en el momento en que en la actual reestructuración de las relaciones internacionales todos parecen ir en la misma dirección. Todos, menos nosotros. La otra foto, la de Estambul, así lo revela.

El galeusco
J. A. Álvarez Gundín La Razón 4 Julio 2004

Acabo de enterarme, por boca de Pascual Maragall, que los leoneses somos unos pobres indocumentados: ni tenemos nacionalidad, ni tenemos historia propia ni, en el colmo de la orfandad, tenemos asimetría. Si además has nacido en el Bierzo, entonces ya puedes ponerte a la cola de los sin papeles. Maragall ha dicho, y el leonés Zapatero no le ha tapado la boca, que no se puede comparar al catalán, al vasco o al gallego con el resto de los habitantes del Estado español. Los primeros pertenecen a nacionalidades históricas de sólida tradición y robusta cultura. Por consiguiente, deben tener un tratamiento constitucional, político y económico acorde a su rango. Y los demás, pobrecillos, que se busquen la vida o, llegado el caso, que hagan oposiciones a «galeusco» antes de que exijan el análisis de sangre. Maragall finge no saberlo, pero sus palabras plantean verdaderos dramas familiares, celos y desgarros fratricidas. Por ejemplo, yo me alegro por mi primo el de Barrantes, que ahora además de gallego también es asimétrico y le ha salido una nacionalidad histórica como para enseñar a las visitas. A mi cuñada de Córdoba, sin embargo, no sabré cómo consolarla cuando se entere de que las chicas de Amurrio, por poner un ejemplo, tienen la cultura más robusta y la tradición mejor puesta que las andaluzas.

Tampoco correrá mejor suerte mi sobrino, que es nacionalista histórico por parte de madre, aunque ha tenido la desgracia de nacer en Madrid y de vivir en Nueva York. Temo que en su desesperación acabe abrazando el islam, que ahora va a ser muy promocionado por ZP.

En suma, que de salir lo que quiere Maragall ¬como es habitual desde marzo¬, en las familias españolas habrá parientes constitucionalmente de primera y desarrapados de segunda. O sea, galeuscos y españoles. Ya se pueden imaginar quién pagará la factura del restaurante en las fiestas familiares. Que esto es lo que realmente les importa a los nacionalistas, que paguen los otros, no la tontería esa de la cultura robusta y la sólida tradición.

Escuela y euskera
XABIER MENDIGUREN BEREZIARTU /SECRETARIO GENERAL DE KONTSEILUA  El Correo 4 Julio 2004

Recientemente he leído un artículo de la consejera de Educación, titulado 'Hezkuntzaren onerako erabakiak', en el que resuenan los ecos del debate en torno al acuerdo de estabilidad y los profesores interinos. Se la acusa de haber logrado un acuerdo con los sindicatos antes de debatir el tema en el Parlamento vasco. El camino recorrido por Anjeles Iztueta demuestra que el gran esfuerzo realizado por la consejera ha sido un intento sincero para tener en cuenta los intereses de toda las partes y mejorar la enseñanza en euskera, a pesar de que algunos sindicatos hayan quedado fuera en el último momento. Y por eso no le falta razón cuando pregunta «si el diálogo es el método básico más importante, y, además, si ese diálogo concluye con el acuerdo de ambas partes, ¿por qué es criticado ese método?». Estamos ante la eterna cuestión: hay quienes anteponen el interés del grupito, del partido, al de la mayoría de la sociedad. Es evidente que si se pretende llegar a algo hay que partir de una lectura lo más objetiva posible de la realidad; si no, se corre el riesgo de embarcarse en naves que no llegarán nunca al mismo puerto.

En la década de los 80 se crearon dos sistemas educativos autonómicos: uno en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa; y otro en Navarra. Y a la hora de diseñar la política lingüística se implantó el sistema de modelos A, B, C que no garantizaba la euskaldunización de todos los alumnos, dadas la situación y limitaciones de entonces. No ocurrió así en Cataluña, por ejemplo. No obstante, por lo que concierne a los padres y madres, año tras año han mostrado su compromiso con el euskera, optando cada vez con mayor decisión por el único modelo que garantiza la euskaldunización. Pero todavía son muchos los que desconocen que los modelos A y la mayoría de los B no logran euskaldunizar, y se trata de una explicación que se les debe.

Por lo que respecta al profesorado, ha resultado muy positivo el gran esfuerzo realizado durante los últimos 20 años, logrando que varios miles impartan con dignidad y eficacia las clases en euskera. Por ello, resultan tanto más rechazables el ruido y la propaganda en torno a los profesores interinos; se dice que «sólo se han concedido tres años de aprendizaje cuando serían necesarios seis o siete» o que «por encima de los trabajadores se priman los intereses del proyecto de construcción nacional». Por lo que se refiere a lo primero, uno se pregunta cómo han podido aprender euskera en ese plazo todos los que han logrado el perfil; en cuanto a lo segundo, sólo cabe recordar la doctrina del Tribunal Constitucional: «Todos los habitantes de Euskadi tienen el derecho a conocer y a usar ambas lenguas (artículo 6.1 del Estatuto). Ello supone que ambas lenguas han de ser enseñadas en los centros escolares de la comunidad con la intensidad que permita alcanzar ese objetivo. Y es de observar que tal deber no deriva sólo del Estatuto, sino de la misma Constitución (...). De estos preceptos resulta que el Estado en su conjunto (incluidas las comunidades autónomas) tiene el deber constitucional de asegurar tanto el conocimiento del castellano como de la lengua propia de la comunidad, que tiene carácter de lengua oficial. Una regulación de los horarios mínimos que no permita una enseñanza eficaz de ambas lenguas incumpliría este deber constitucional».

Los profesores que no han aprendido euskera después de todos esos años y sus valedores, ¿ qué tipo de 'construcción nacional' pueden objetar al texto anterior? A tenor del TC, los modelos que no garantizan la obligación constitucional de asegurar la enseñanza eficaz necesitan alternativas y corresponderá a los responsables adoptar las medidas pertinentes. ¿Cabe pensar razonablemente que quienes llevan quince años en la enseñanza, liberados durante tres años con su sueldo, y no han logrado el perfil, vayan a hacer en lo sucesivo lo que no han hecho hasta el presente? ¿Cómo cabe atribuir a Educación un criterio político por haber puesto una fecha tope? Educación ha asignado suficientes tiempo y recursos como para tener que prolongar una situación difícilmente aceptable. Está en juego el cumplimiento de un derecho lingüístico, y al funcionario le corresponde prestar un servicio a la sociedad. Y entiendo que esta obligación ha sido pactada sobradamente.

En este momento en que sólo el 38% del alumnado de la CAV está estudiando en el modelo D, el único que garantiza la euskaldunización, cuando la mayoría de los inmigrantes son orientados a los modelos menos eficaces, y, tal como dice Behatokia, los derechos lingüísticos son vulnerados a todos los niveles administrativos, las manifestaciones de algunos docentes y sindicalistas resultan difícilmente justificables. Al Gobierno de Lakua hay que pedirle audacia para superar el sistema de modelos. Para conseguir la euskaldunización de las nuevas generaciones es preciso superar los modelos actuales. Hemos oído demasiadas veces mencionar el miedo al revuelo político que se suscitaría. Se alargan demasidas veces los plazos, se cede demasiadas veces a la hora de aplicar las políticas necesarias para garantizar los derechos de la ciudadanía. Es preciso euskaldunizar la escuela para que a su vez la escuela euskaldunice y pedimos a la Administración que actúe con valentía.

Kontseilua trabajará sin desaliento para que el sistema educativo euskaldunice. Se necesita el compromiso de todos para superar los obstáculos. Kontseilua está dispuesto a colaborar con padres, profesores, sindicatos y Administración pero, al mismo tiempo, quiere dejar claro que no aceptará ninguna actitud, conportamiento, propuesta o política que implique la vulneración de los derechos lingüísticos.

Obligación y derecho
Nota del Editor 4 Julio 2004

Resulta muy expresivo que para intoxicar al personal con la falsa "obligación" del vascuence tengan que utilizar el idioma común español. Y encima pretenden que el personal confunda derecho con obligación. El único idioma que como ciudadanos tenemos la obligación de conocer es el idoma español (C.E.: Artículo 3. 1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.).

Si se trata de reclamar derechos, también dice la C.E. que el ciudadano tiene derecho a un trabajo y una vivienda digna (Artículo 47. Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Artículo 35
1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo.)

Y mire Vd. por donde, de esos derechos, nada de nada.

Educación al servicio de la ciudadanía vasca
JAVIER NOGALES/SECRETARIO GENERAL DE CC OO IRAKASKUNTZA
El Correo  4 Julio 2004

La articulación del sistema educativo vasco no es un logro de la actual consejera, sino producto de un acuerdo político entre las dos fuerzas más vertebradoras de la compleja realidad de este país, PNV y PSE-EE, que en el 92 fueron capaces de extender dicho acuerdo y elevarlo a la categoría de Pacto escolar al abrirlo al conjunto de la sociedad y de sus órganos institucionales y de participación. Fue el partido de la consejera, junto a los hoy 'ilegalizados', el que adujo «déficit democrático» en aquel pacto para no apoyarlo ni votar favorablemente la Ley de Escuela pública vasca y la Ley de Cuerpos docentes. Ha sido EA el que desde 1996 ha tenido la responsabilidad de desarrollarlo y lo ha hecho en una línea de confrontación, minoración de la red pública que dice defender, apoyándose en los tres sindicatos que han decidido poner en práctica lo que habían firmado en el Acuerdo Regulador del 98 y de 2002: dejar en la calle, en una primera fase, a los interinos estables que no se presentaron a oposiciones (48) -muchos no tenían especialidad ni perfil para poder hacerlo- y ahora a 44 que no han acreditado PL 1, pese a que lo han intentado.

Uno ha hecho propuestas para que la medida tuviera los menores efectos nocivos; no ha habido forma. Ya para el 9 de junio tenían cerrada una propuesta que se nos presentó como objeto de negociación pero no se modificó ni en una coma. Se ha dado por cerrada una negociación en mesa sectorial sin haber aportado los datos de los afectados; no es manera de materializar el diálogo, menos una negociación, sobre un tema en el que la consejera ya contaba con una parte sindical dispuesta incluso a ir más allá: que todos los que no tengan el perfil 2 pierdan la estabilidad; es lo que se anuncia para 2006. Es curioso que la negativa a que se nos dé la relación de los afectados parta de un viceconsejero que desautoriza a la directora de Gestión de Personal que estaba dispuesta a hacerlo. Debemos recordar que la negociación de materias de personal compete a los sindicatos, y al mayoritario del sector, CC OO (37% en mesa sectorial), aún no se le ha hecho llegar esta información. No ha habido manera de entrar en la relación de afectados por sectores, territorios y especialidades. Nos alegramos de que, según la consejera, sean 121 los que puedan continuar en el Irale, lo que no les salva de caer de la lista de estables.

Entremos en materia. Supongamos que, de estos 44 sin PL1, más de la mitad son de secundaria y, en un porcentaje muy significativo, de especialidades como lengua castellana, inglés o alguna de FP, de ésas que se imparten en castellano como demanda el 80% de la sociedad vasca. Supongamos que una gran parte de ellos pertenecen a Bizkaia y Araba, los territorios menos euskaldunizados, y que los pocos de Gipuzkoa son de Lengua castellana e inglés. Supongamos que un porcentaje importante ha intentado obtener el perfil y no lo ha logrado; supongamos que la Administración conoce la normativa de exención, y la aplica no sólo a los que tenían 45 años en el 93 sino también a los que han intentado obtener el perfil y demostrado incapacidad para lograrlo, como recoge el decreto de perfiles vigente. Habríamos minimizado el 'problema' tanto, que no existiría. Supongamos que, durante su interminable periodo de gestión, EA hubiera sido más prudente al perfilar las plazas, y jugado con las fechas de preceptividad para no llegar a callejones sin salida. Por lo menos, tan prudente como ha sido la Consejería al perfilar la plaza del responsable de Renovación Pedagógica de Gipuzkoa, ocupada por un hombre de su partido, Xabier Agirre, que no tenía acreditado el perfil y se ha esperado a que se jubilara para hacerlo. Supongamos que se hubiera convocado un número razonable de OPEs y que no se hubiera disparado exponencialmente el número de interinos -desde el 94 sólo han convocado una OPE-, convirtiendo el cupo de interinos en ingobernable y reduciendo al mínimo las posibilidades de los más antiguos. Supongamos, en fin, que durante este período EA no hubiera convertido en papel mojado el PL1, desacreditándolo en contra incluso de lo que el decreto de perfiles establece, y lo hubiera considerado como suficiente para determinadas plazas. Supongamos que las plazas de 'refuerzo lingüístico' para alumnado inmigrante en el modelo A no vienen con la exigencia del PL2. Supongamos que hubieran impedido las 'malas prácticas' de algunas direcciones que convertían plazas de PL1 en plazas de PL2 añadiéndoles una hora de tutoría en euskera, o una hora de música. Supongamos, en definitiva, que no se utiliza el euskara como elemento de discriminación para quitar el puesto de trabajo a unos y dárselo a otros.

Este último argumento es de una perversión tal que merece un comentario más desarrollado; en primer lugar, para los sindicatos y en segundo lugar para quien alardea de ser la portavoz gubernamental de la socialdemocracia vasca. A los sindicatos que practican tanto 'anjelismo' les diría que es cierto que hay 185 profesores que reúnen los requisitos de perfilación y están llamando a la puerta de la estabilidad, pero en coherencia deberían defender en otros ámbitos el pase a la reserva de los mayores de 40 años y con más de tres trienios y la contratación de otro personal más barato, con euskara, inglés y destrezas básicas en tecnologías de la información y la comunicación. Seguro que no encuentran resistencia en la patronal; eso sí, igual peligra su integridad física. A la portavoz gubernamental de la socialdemocracia vasca le decimos que esta medida recuerda a las que adoptaban Reagan y Thacher cuando las huelgas de los controladores aéreos y los servicios públicos británicos (a la calle y nuevas contrataciones). Hay una relación contractual que genera compromisos con los trabajadores para la parte contratante. ¿Un hurra por la socialdemocracia vasca y los sindicatos abertzales¿

Desde el punto de vista de la normalización lingüística, estas actuaciones van en la línea de quebrar consensos y abren un panorama más que preocupante para la necesaria suma de voluntades que precisa nuestro euskera. Flaco favor hacia la lengua minoritaria, que ha avanzado espectacularmente en estos últimos 20 años en el ámbito escolar, pero cuyo uso fuera de él dista de ser el que corresponde a los esfuerzos personales realizados y las ingentes partidas presupuestarias gastadas.

Los que venimos trabajando a favor del euskara y de su proceso de normalización no lo tenemos fácil, pues esta medida provoca actuaciones reactivas en las que todos perdemos. El bilingüismo es nuestra apuesta, porque es parte del pacto de convivencia. Compartimos el horizonte de un profesorado bilingüe. Pero no a costa de nadie. No se puede, en nombre del euskara, discriminar, limitar el desarrollo profesional y vital de las personas, no se puede dar por buena esta medida porque es injusta, aunque pueda ser legal. Como dice Saramago, y aunque no tenemos muchos motivos para la esperanza, resistir sin esperanza es la suprema dignidad del ser humano. Por dignidad, hay que resistir con la esperanza de que haya un mínimo de sensibilidad en los otros socios de Gobierno, en la mayoría del profesorado y la sociedad para parar semejante discriminación.

La falacia de la no discriminación con el bilingüísmo
Nota del Editor 4 Julio 2004

Los defensores del bilingüísmo, mejor aclarar como los aprovechados del bilingüísmo, con descaro e irracionalidad absoluta dicen que defienden la no discriminación, claro que lo dicen mirándose al ombligo, pues en cuanto aparece por medio cualquier ciudadano español que no cumple los parámetros bilingüistas, salta automáticamente la discriminación.

Las academias de la lengua española pactan las normas sobre el plural
Los extranjerismos asentados deben atenerse a ellas: píxeles, másteres, pines...
No serán oficiales hasta que aparezcan en el «Diccionario panhispánico de dudas».
Los latinismos: déficits, nomenclátores y vademécums
Cáterin y pantis en el ferri
Francisco Ríos | redacción La Voz 4 Julio 2004

En el Diccionario panhispánico de dudas aparecerán reordenadas y actualizadas las normas sobre la formación del plural de los sustantivos y los adjetivos. El nuevo texto es uno de los que ya han pactado las academias de la lengua española. La norma actualiza la última de la Academia, contenida en el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, editado en 1973. Todavía no ha sido publicada con carácter oficial, por lo que no es descartable alguna modificación. Las reglas coinciden básicamente con las anteriores. Así, señalan que los sustantivos y adjetivos acabados en vocal átona o en -e tónica forman el plural con -s: casas, taxis, comités... Los acabados en -a o en -o tónicas lo forman con -s: papás, sofás, bajás... Con las excepciones de faralá y albalá (faralaes, albalaes), el adverbio no en función sustantiva (noes) y yo cuando se emplea como sustantivo, que admite los plurales yoes y yos.

Tabúes o tabús
«Los sustantivos y adjetivos terminados en -i o en -u tónicas -dice el texto- admiten dos formas de plural, una con -es y otra con -s, aunque en la lengua culta suele preferirse la primera: bisturíes o bisturís; carmesíes o carmesís; tisúes o tisús; tabúes o tabús . En los gentilicios, aunque no se consideran incorrectos los plurales en -s, se utilizan casi exclusivamente en la lengua culta los plurales en -es: israelíes, marroquíes, hindúes, bantúes, etcétera».

Recuerda en este punto que ciertas voces coloquiales o procedentes de otras lenguas sólo forman el plural con -s: gachís, champús, menús, vermús.. . El plural de sí, cuando se utiliza como sustantivo, es síes.

La norma sobre las palabras agudas terminadas en un diptongo o un triptongo cuyo último elemento es -y se mantiene: en voces tradicionales se forma el plural añadiendo -es (rey, reyes; buey, bueyes; convoy, convoyes) y en las más recientes, casi siempre procedentes de otros idiomas, se añade -s y se cambia la y por i: coy, cois; gay, gais; jersey, jerséis. Se precisa que, excepcionalmente, admiten ambos plurales las palabras estay ( estayes o estáis ), noray ( norayes o noráis ) y guirigay ( guirigayes o guirigáis ), con preferencia hoy por las formas con -s . Los monosílabos y los polisílabos agudos acabados en -s o en -x forman el plural añadiendo -es: gas, plural gases; fax, plural faxes; francés, plural franceses, etcétera. Son excepción aquellos cuyo segundo elemento es ya un plural: ciempiés, plural ciempiés; pasapurés, plural pasapurés ... Los polisílabos no agudos con aquellas terminaciones ( -s o -x ) permanecen invariables: crisis, plural crisis; tórax, plural tórax; etcétera.

Interfaces
Las palabras terminadas en -l, -r, -n, -d, -z, -j, no precedidas de otra consonante, forman el plural con -es: dócil, plural dóciles; color, plural colores; pan, plural panes; césped, plural céspedes; cáliz, plural cálices; reloj, plural relojes. Si son extranjerismos asentados en el español deben seguir esta misma regla: píxel, plural píxeles; máster, plural másteres; pin, plural pines; interfaz, plural interfaces. Un ejemplo que junto con estos emplean las academias, el de sij ­- plural sijes -, choca con el uso: en el banco de datos de la Academia Española aparecen 85 casos de empleo de sijs y ninguno de sijes . Se exceptúan las palabras esdrújulas, que permanecen invariables en plural: polisíndeton, (los) polisíndeton; cáterin, (los) cáterin; trávelin, (los) trávelin, etcétera. De los sustantivos y adjetivos acabados en una consonante distinta de -l, -r, -n, -d, -z, -j, se trate de onomatopeyas o de voces procedentes de otras lenguas, se dice que hacen el plural en -s: crac, plural cracs; zigzag, plural zigzags; esnob, plural esnobs; chip, plural chips; zum, plural zums; cómic, plural cómics, etcétera. Se exceptúa club, que admite dos plurales, clubs y clubes . Se mantienen invariables en plural los sustantivos y adjetivos acabados en -ch: (los) cróm­lech, (los) zarévich, etcétera. Se exceptúan las voces tomadas del inglés, que forman el plural con -es: sándwich, plural sándwiches .

Los gongs, pero los test
Aquellas palabras que terminan en consonante precedida al menos por otra forman el plural con -s: gong, plural gongs; iceberg, plural icebergs, etcétera. Las academias fijan las siguientes excepciones: compost, karst, test, trust y kibutz . Todas ellas permanecen invariables en plural. También son excepción los anglicismos lord y milord, cuyos plurales asentados en español son lores y milores, y vals (plural, valses ).

ENTREVISTA | César Antonio Molina
«El Cervantes es de todos»
César Antonio Molina subraya la intención de pluralidad que marcará su etapa al frente del Cervantes: tanto en lenguas como en apertura a ideas e iniciativas.
El cuarto centenario del «Quijote», una cita de referencia
Jesús Fraga | redacción La Voz 4 Julio 2004

Poco más de un mes después de su toma de posesión como director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina (A Coruña, 1952) ha visitado Galicia, un viaje que ya ha dado dos frutos: la cesión de su biblioteca personal a la Diputación coruñesa y un principio de colaboración con la Real Academia Galega para difundir el conocimiento del gallego a través del Cervantes y su presencia en Internet, además de contribuir al campo de las traducciones.

-Una de las ideas más destaca de su discurso en la toma de posesión fue que el Cervantes debía divulgar la pluralidad lingüística de España.
-El Cervantes son cuarenta y tantos centros en todo el mundo. Son de todos y tiene derecho a utilizarlo todo el mundo. Por lo tanto, se darán clases de todas las lenguas siempre que haya peticiones, evidentemente, y se harán actividades culturales de todas las autonomías siempre que haya un requerimiento. Para eso yo he ido hablando con el Ramon Llul, de Cataluña, estos días aquí con el presidente de la Real Academia Galega, haciéndoles este ofrecimiento: si pueden, al menos en las ciudades más importantes, profesores que a la vez hagan actividades culturales, incluso llegar a un acuerdo entre lectores de gallego que están en otras ciudades que se podrían adherir al Instituto Cervantes. Y también animarles que a través de ellos entablaran relaciones con fundaciones y empresas para ayudar económicamente para llevar a cabo alguna de estas iniciativas.

-No es incompatible la promoción de las otras lenguas de España con la presencia internacional del español.
-En absoluto. Todo es compatible y perfectamente asumible. Este es un país así y no va a cambiar ahora. La manera de que no haya conflictos ni problemas está en que se mantenga esa idea de que aquí hay varias lenguas, una de ellas es mayoritaria y las demás minoritarias, pero todas son importantes y todas tienen su demanda y sus características y sus consumidores.

-Es que esa noción de pluralidad está dentro del propio castellano.
-España es una provincia. Hay que pensar que México tiene cien millones de hablantes y por tanto España tiene que compartir con el resto de Hispanoamérica el idioma y sus modos, eso que hemos llamado panhispanismo. Los matices, los acentos, los significados tienen que ser comunes para unos y otros.

-El Cervantes es una creación reciente si se compara con el British Council o el Goethe, muy asentados. ¿Qué se puede hacer para ponerse al día?
-Va a ser difícil porque los años no se pueden poner. Tenemos que ir progresivamente avanzando, poco a poco. Es muy difícil porque el Goethe lleva ochenta años y el British lleva toda la vida. Pero hay que ir poco a poco dando pasos adelante, no tener complejos e irnos afianzando en los lugares en los que estamos y en los otros que se van a abrir.

Éramos pocos y parió la abuela
Nota del Editor 4 Julio 2004

En cuanto tenga un rato libre, voy a dedicarme a aprender bien caló, o cheli a ver si consigo una plaza de profesor titular del Instituto Cervantes en New York, y recordar viejos viajes y estancias. Lo curioso del caso es que ya hace un buen montón de años, en muchos negocios y calles de Manhattan, el idioma español tenía mejor y mayor estatus que hoy en Cataluña. Y no se preocupen, con Internet accesible prácticamente en cualquier parte del ancho mundo, podremos seguir poniendo piedrecitas en los zapatos de los nazionalistas.
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