AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 5 Julio 2004
¡Qué error, que gran error el del PP!
GEES Libertad Digital 5 Julio 2004

No a la Guerra
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 5 Julio 2004

Guirigay multicultural
Luis González Seara La Razón 5 Julio 2004

11-M: Crónica del «gran golpe»
Carlos Dávila La Razón 5 Julio 2004

No somos idiotas
Fernando Prieto Libertad Digital 5 Julio 2004

Estados Unidos frente al acecho terrorista
Alberto Acereda Libertad Digital 5 Julio 2004

EL COSTE DEL GIRO
Editorial ABC 5 Julio 2004

Mucha publicidad, pero poca autoridad
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 5 Julio 2004

¿Va a sostener Rajoy la incoherencia de ZP
EDITORIAL Libertad Digital  5 Julio 2004

Tras la huella de ETA
Editorial La Razón  5 Julio 2004

SOCIALISTAS Y CATALANES
XAVIER PERICAY Escritor ABC 5 Julio 2004

¿EL 95, POR QUÉ
GERMÁN YANKE ABC 5 Julio 2004

Las aulas de ETA
Iñaki Ezkerra La Razón 5 Julio 2004

Rodríguez Ibarra

José María Carrascal La Razón 5 Julio 2004

La prédica de la superioridad de los nacionalismos excluyentes

Cartas al Director Libertad Digital 5 Julio 2004

Fórum en catalán

Cartas al Director ABC 5 Julio 2004

Aznar pide a los españoles que reflexionen antes de votar la Constitución europea
Agencias Libertad Digital  5 Julio 2004

Profesores de la UPV dejan las clases ante la posibilidad de que regresen los presos de ETA

Redacción La Razón 5 Julio 2004



 

El PP y la Guerra
¡Qué error, que gran error el del PP!
GEES Libertad Digital 5 Julio 2004

El PSOE lo ha entendido a la perfección. Con el tema de la guerra mantiene al PP perpetuamente contra las cuerdas, lo humilla ante su propio electorado, corroe su honorabilidad, socava incesantemente su confianza en si mismo, lo mantiene no ya a la defensiva sino en estado de rendición permanente. Teniendo al PP en esa actitud de cerviz abatida puede permitirse impunemente las desfachateces más descaradas.

Así, el partido que salió de rositas sin decir esta boca es mía de la institucionalización del pelotazo y el hundimiento de la moralidad pública en la primera mitad de los noventa, tiene el cuajo de recomendar con voz meliflua y abaciales inclinaciones de cabeza al que nos sacó de aquellos fangales que pidan perdón por defender en conciencia los intereses de España, hacer que las resoluciones del Consejo de Seguridad no sean una monumental hipocresía en amparo de la inacción y la indiferencia, apoyar el intento de sacar al Oriente Medio de la sima de opresión y estancamiento en la que se encuentra, librándolo de un agresor en serie que seguía tratando de preservar su capacidad científica y tecnológica para desarrollar lo más rápidamente posible armamento de destrucción masiva en cuanto franceses y rusos le quitasen de encima las sanciones y la vigilancia internacional y que, hasta hoy, no ha permitido saber qué sucedió con las armas y componentes que los inspectores de Naciones Unidas no llegaron nunca a destruir.

Y la cuestión de si el gobierno Aznar acertó o no en esa política, con todo lo importante que es, resulta secundaria frente a la afirmación del honor del gobierno, del partido y del electorado que le votó tres veces desde que terminó aquella guerra, hecha con nuestro apoyo diplomático pero sin nuestra participación. Esos votantes se sienten indignados de que los dirigentes rehuyan el combate, se hallen postrados por un abrumador complejo de inferioridad, encajen mansamente golpe tras golpe, respondiendo sólo con tiquis miquis formales.

La oposición tiene que hablar de muchas cosas y saber criticar los errores del gobierno en todos los campos y desarrollar muchas políticas alternativas. Pero en el campo internacional no hay tema más importante que el de Irak y lo va a seguir siendo durante mucho tiempo. Condiciona todos los demás y le proporciona una ventaja permanente al PSOE, como éste muy bien ha entendido, mientras el PP no ponga los puntos sobre las íes y enderece la situación. Cara a sus propios electores, no a los de los socialistas. Remitirlo al juicio histórico, como hizo Mayor en entrevista televisada durante la campaña de las europeas es un deprimente error que no puede hacer más que deprimir y retraer a los electores.

Sentirse satisfecho de haberse quedado sólo un 2% por debajo del partido del Gobierno cuando a lo que había que haber aspirado era a los resultados que se esperaban el 10 de Marzo, es seguir manteniendo una moral de derrota y ofendiendo a una "votancia" y una militancia que sienten que se les arrebató una victoria con malas artes –calumnias–, mientras que su dirigencia se sigue prestando a la vejación, sin duda porque nunca hizo sus deberes y continúa sin enterarse de los qués, porqués y cómos de la guerra y carece del coraje de ser coherente con sus propios principios y apostar porque ese sea a la larga un caballo ganador. Como dijo Churchill de los apaciguadores de Munich, ahora sacrifican el honor y más adelante se quedan sin la paz. En este caso sin votos y sin victoria en las guerras de dentro y de fuera.
Afganistán

No a la Guerra
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 5 Julio 2004

La foto de las Azores atenuó la imagen de unilateralismo de Bush ante el mundo. Pero, sobre todo, ante la opinión pública americana, que descontaba al Reino Unido como aliado. Mientras la superpotencia iba haciendo comprender a Francia y Alemania la lógica del poder, lo limitado de su capacidad de presión y la inevitabilidad de la bendición final de la ONU, España tuvo la oportunidad de multiplicar su peso en el escenario mundial y la aprovechó. En términos estratégicos, España jugó sus cartas con inteligencia, obteniendo la neutralización de la amenaza marroquí y la intensificación de la colaboración en la lucha contra el terrorismo interno.

Aznar nunca explicó claramente sus motivos a la ciudadanía. Creyó que el apoyo a EEUU debía justificarse únicamente en los términos de la coalición. Trampa de humo, porque, ¿qué problema había en sumar el argumentario propio al internacional?

Si las elecciones generales se hubieran celebrado cuatro meses más tarde, el elector habría visto a Chirac y a Schroeder reconciliarse con Bush y a la ONU legitimar el último tramo del plan estadounidense. Pero no fue así, y no volveremos sobre el modo en que la dirección socialista y su orquesta mediática interpretaron la patética iraquí, o sinfonía de la demagogia. Ni recordaremos la oportuna “desaparición” de tantos ministros populares. ¿Esperaba Aznar que las masas leyeran a Robert Kagan? ¿Confiaba en que una decena de columnistas, por propia convicción, haría la suficiente labor pedagógica?

Errores de comunicación aparte, de aquella posición de ventaja estratégica española no queda nada porque el PSOE tenía que llegar al poder como fuera, y ese como fuera incluyó nuestra conversión en triste satélite de Francia y la pérdida de cualquier influencia en la Casa Blanca.

Con su visión lineal del mundo, Zapatero cree en esta doble solución: subvencionando el Islam apacigua a los asesinos fundamentalistas; reforzando la presencia en Afganistán se borran los agravios a Bush. Nada más falso. Lo primero será interpretado por los interesados como una debilidad que les reafirma. Lo segundo es imposible porque lo que Bush necesitaba de España, y Aznar le dio, era apoyo político, no militar. Era la imagen de multilateralismo que la ONU le negaba. Las tropas españolas hicieron su papel, pero nadie ha creído nunca que su presencia inclinara ninguna balanza.

Así las cosas, lo menos malo que puede hacer Zapatero es olvidarse de Afganistán. Nadie va a agradecerle que ponga en peligro a nuestras tropas. Estar o no allí nada cambia, salvo el riesgo. Por lo tanto, no hay que ir. Hace un año España se planteaba si quería estar en primera o en segunda fila. Escogió la primera. Hoy se plantea si quiere estar en la penúltima o en la última. Inútilmente, sin ninguna beneficio a la vista, el gobierno arriesgará la vida de mil soldados. No debemos tolerarlo. ¡No a la guerra!

Guirigay multicultural
Luis González Seara La Razón 5 Julio 2004

Es una obviedad hablar de la crisis cultural de Occidente, y más específicamente de la crisis de Europa. Y es comprensible la insistencia en el lamento. El fracaso político y moral de las grandes potencias europeas, tenía que reflejarse en su conciencia. Las dos guerras mundiales, la explosión de la barbarie, culminada en el holocausto judío y el exterminio del gulag; la ambivalencia de las Iglesias varias, bendiciendo a la vez a los asesinos y a las víctimas; y los silencios cómplices de sociedades, de grupos y de individuos, más o menos atemorizados, más o menos contemporizadores, fueron factores más que suficientes para extender esa conciencia de fracaso y de culpa de la vieja cultura de Europa.

El sentimiento de superioridad de esa civilización se vino abajo, agravada por el fin de la supremacía política y los imperios coloniales de los europeos, ante la emergencia de las dos grandes superpotencias vencedoras, que se enfrentaron durante medio siglo en la «guerra fría»: la democracia capitalista norteamericana y la dictadura totalitaria soviética. Es comprensible que especialmente los jóvenes, desconcertados y horrorizados ante tanta locura bélica, ante tanta destrucción ecológica, material y moral, hayan reaccionado, con el lenguaje de las flores o de la revuelta radical, contra el eurocentrismo y la prepotencia étnica y cultural de Occidente, volviendo su mirada hacia otras culturas.

A veces, incluso demasiadas veces, esa reacción ha llevado a la búsqueda de inexistentes jardines edénicos y de utópicas repúblicas inocentes entregadas a la justicia virtuosa. Pero, en cualquier caso, se trata de un legítimo impulso de reparación por el daño causado, y de búsqueda de nuevas «verdades», que den más tranquilidad de espíritu a la conciencia, aunque sea a costa de silenciar otros horrores y otras insensateces de las nuevas identidades. La moda del multiculturalismo tiene sus justificaciones, pero resulta preocupante que tal moda esté arrasando viejos valores y libertades, conquistados con mucho sufrimiento y esfuerzo, en el avance histórico de la libertad.

La exaltación del multiculturalismo y el culto de la diversidad pueden llevar a una relativización axiológica que entronice el despotismo en aras de la protección del grupo, etnia o credo que más pueda perjudicar a la libertad y dignidad de los humanos. Una ideología fundamentalista e intolerante, una identidad asesina y terrorista, una secta racista y ególatra no son una bendición multicultural, ni constituyen una diversidad enriquecedora. Son un peligro, una peste y una lacra para una sociedad que aspire a convivir en libertad. Hay que denunciar el verbalismo vacío que quiera encubrir, con referencias oscuras al pluralismo y la diversidad, las prácticas sectarias, intolerantes y antidemocráticas que puedan darse. Y hay que ensalzar el pluralismo que llegue como una promesa de luz y libertad para los ciudadanos. Sólo en este sentido cobra relevancia la España plural, invocada en mítines y discursos. Y con la nueva devoción multicultural sucede lo mismo.

11-M: Crónica del «gran golpe»
Carlos Dávila La Razón 5 Julio 2004

La investigación del Parlamento se inaugura esta semana. Desde el exterior, parece existir más y mejor información publicada que la que pueda existir en los pocos documentos que ha desclasificado el Gobierno. Por lo pronto, hay dos claves trascendentes: la primera, que Al Qaida apostaba ya en febrero por la victoria del Partido Socialista y la consecuente retirada española de Iraq; la segunda, que la Policía española, según documentos incontestables, relacionó al menos durante los días 11 y 12 a ETA con grupos terroristas islámicos. Curiosamente, este documento básico no estará en poder de los comisionados, sólo podrán examinarlo ¬lo ha querido así el Gobierno¬ en una sesión de Secretos Oficiales. ¿Qué gran casualidad, no?

Hay, además de estas dos esenciales contribuciones, otra más muy valiosa: el texto emitido por el Centro Nacional de Inteligencia tras el gran atentado, que termina con esta conclusión: «La fecha elegida no fue aleatoria». O sea, que fue elegida a posta, lo que viene a engordar la importancia de la primera clave: que los criminales monaguillos de Ben Laden mataron sabiendo que la enorme hecatombe favorecería la fuga de España de Iraq. Y así ha sido.
El Ejército español, que en estas fechas está ofreciendo una ejemplar disciplina, no está contento, ni mucho menos, con que su salida de Iraq se haya relacionado, desde el Gobierno de la Nación, con la masacre de Madrid. «Una cosa es la obediencia y otra la estupidez o la cobardía», afirmaba al cronista un alto oficial, y añadía: «Nos marchamos corriendo, mientras otros ocupaban nuestro lugar: un contingente americano de tropas ya embarcado para regresar a Estados Unidos fue apeado para sustituirnos en Diwaniya. Ésos no nos querrán nunca».

Nadie en España cree que una veintena de desgarramantas habitantes de Lavapiés, el barrio madrileño que ya está vedado para los españoles, perpetrara al buen tuntún la catástrofe de marzo. Una revista francesa ¬francesa ¿fíjense!¬ tan ponderada como el «Nouvel Observateur», ha publicado por dos veces desde marzo la hipótesis de que tras las cruentas bombas de Atocha se encontrara la voluntad de servicios muy concretos de información, por ejemplo, los marroquíes.

La publicación gala no se atreve, naturalmente, a imputar ni por asomo la autoría intelectual ni a estos servicios ni, claro, a los franceses, pero sí apunta a la buena, estrecha relación, que existe entre los dos. No es de esperar que la comisión que preside en el Congreso el bienintencionado Paulino Rivero pueda comprobar ni la vinculación, ni la influencia de los citados servicios en el atentado, pero es claro que, por una parte, España se ha marchado de Iraq, y que, por otra, se ha alejado de Estados Unidos en una de las maniobras más políticamente suicidas que se recuerdan en la política española.

El tópico latino «Quid prodest» tiene respuesta: el atentado aprovechó a los islamistas, a los rivales supuestos de Estados Unidos en el tablero internacional y, por ende, a Marruecos, más fuerte ahora que tras el incidente de Perejil. Y ¿a quién más? Sin ambages: al Partido Socialista...

José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba, hombre bueno, hombre malo, organizaron en aquellos días la más formidable operación antidemocrática de acoso y derribo desde el golpe del 81. Dos muestras. Una, la acusación de dos honrados redactores de la Ser que escribieron en la Red: «El brillante equipo de investigación (de la Ser) era sólo uno: Antonio García Farreras (director general) permanentemente conectado con dos personas: el ex secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera, y el dirigente del Partido Socialista Alfredo Pérez Rubalcaba.
Vera pasaba información, Rubalcaba la transformaba en munición contra el Gobierno y Farreras pasaba recado a Daniel Anido (director).

La segunda, el alegato de asonada del propio Rubalcaba en Televisión: «Los ciudadanos españoles se merecen un Gobierno que no les mienta» y... lo más grave: «Nosotros conocíamos las líneas de trabajo de las Fuerzas de Seguridad». Confesión de parte. El gran golpe electoral, la partida diseñada, como escribe Consuelo Álvarez de Toledo, en «4 Días de marzo» por Rubalcaba (únicamente un peón necesario, no se le da tanta importancia) estaba servido.

Clases de religión islámica
No somos idiotas
Fernando Prieto Libertad Digital 5 Julio 2004

“Somos idiotas” es el atractivo título de una igualmente atractiva columna que publica Isabel San Sebastián en El Mundo del sábado 3 de julio. Es una reflexión crítica, muy crítica y muy atinada, sobre el anuncio del ministro de Justicia referente la financiación de las clases de religión islámica.

Comparto el artículo en todos sus extremos, unos con más rotundidad que otros, pero creo que el nivel en que se mueve esta reflexión es el de puertas afuera. Hay más enjundia dentro. Entiendo que la razón de fondo de esta iniciativa del Ministerio de Justicia no es satisfacer unos hipotéticos y discutibles derechos, sino intentar conseguir un pacto implícito (o incluso explícito, pero secreto) con el mundo islámico, figurar como sus mejores amigos en Europa, en definitiva, volver a la política de Franco, para salvar a España de la amenaza terrorista. La enseñanza del Islam es la oferta que hace el Gobierno español para apaciguar al terrorismo. Es posible que el Gobierno maneje datos reservados que hagan esta amenaza muy creíble y temible. Si se produjera otro atentado, además de las terribles consecuencias físicas, quedaría reforzada la profunda duda sobre la legitimidad de los resultados de aquellas elecciones, y consiguientemente del Gobierno, tras el atentado del 11 M.

Las tropas volvieron de Irak antes de lo prometido por Rodríguez Zapatero porque ese regreso era una muy eficaz baza electoral para las elecciones del 13-J. Pero las prisas también tendrían mucho sentido si el Gobierno hubiera sabido algo sobre posibles atentados islamistas. Ahora el PSOE va a hacer todo lo posible por responsabilizar al Gobierno anterior por negligencias en la prevención de los atentados. El Gobierno actual tiene que evitar a toda costa que algo semejante le pueda caer. La retirada fue un mensaje claro a los islamistas fanáticos: los españoles no tenemos nada que ver con esa guerra.

La amenaza del terrorismo islámico sigue en pie para toda Europa y el Gobierno entiende que la mejor manera de anularla es dar pasos en la apertura hacia el Islam, avanzando incluso por delante de los otros Estados europeos, dejando en mal lugar —dicho sea en sentido irónico— al Estado laico francés que tanto citan como ejemplo. El Gobierno sabe lo que hace: ceder mientras sea posible ante el terrorismo, como está cediendo ante otras demandas políticas. El Gobierno podría decir a los españoles: esto lo hacemos porque no queremos problemas, lo hacemos precisamente porque NO SOMOS IDIOTAS: es el pago de lo equivalente a un impuesto terrorista.

Día de la Independencia
Estados Unidos frente al acecho terrorista
Alberto Acereda Libertad Digital 5 Julio 2004

El 4 de julio Estados Unidos celebra su Día de la Independencia. Para los enemigos de la civilización occidental, o sea los terroristas islámicos a los que Zapatero niega el adjetivo, no hay descanso estival ni calor que los detenga en su obsesión por atentar contra el país que mejor encarna la democracia liberal: Estados Unidos. Irak ya está dando sus primeros pasos como país soberano y quienes auguraban un infierno imperial norteamericano tienen ya su respuesta con el gobierno interino de un Irak que aspira de verdad a la democracia. Sadam Hussein y sus once matarifes empiezan ya a rendir cuenta de sus asesinatos ante los tribunales. En estos próximos meses presenciaremos el sepulcral silencio de la izquierda antiamericana ante los crímenes del régimen de Hussein contra la humanidad y, en especial, contra el pueblo que lo juzga: el iraquí.

Mientras el gobierno socialista de Zapatero pierde el rumbo en la política internacional, Estados Unidos se prepara una vez más –y ya van 228- a celebrar su gran día. Entretanto, Europa sigue a lo suyo: pan y circo, playa y fútbol para alimentar el seso, que así luego corre el viento por la UE y así de bien se sabe distinguir entre las bondades de Yaser Arafat y los miserables yanquis, amigos de los perros de Ariel Sharon. Y en esas andamos mientras cada vez resulta más nauseabundo escuchar al sustituto de la Rodicio en TVE relatar lo de la valla de Israel, que ahora llaman “muro”…, cada vez produce más sonrojo leer las crónicas sobre Irak del enviado de ABC a Bagdad, por no decir nada de los gaiteros de El País.

Gracias a estos notarios de la falsedad y gracias a esta Europa tan poco democrática y tan antiamericana, el acecho de los terroristas islámicos sigue vivo: porque Europa continúa dormida, sigue sin aclararse de cómo defender la auténtica libertad, persiste babeando con las mentiras de un manipulador como Michael Moore, sigue elogiando y abrazando al terrorismo palestino e insiste en acusar a Israel de ocupación, de asentamientos, de muros y otros mitos de la propaganda antisemítica. Y es que, a pesar de la decisión de la Suprema Corte de Justicia de Israel, esa valla defiende a los ciudadanos israelitas de la amenaza terrorista y de los fanáticos que cruzan con varias bombas a la cintura para matar a todo perro judío que se cruce. Mientras, claro, la Sra. de Arafat sigue usando el capital palestino en París.

Los servicios de inteligencia norteamericano continúan recibiendo informes desde distintas fuentes de la inminencia de otro gran ataque terrorista en el corazón de su sociedad. Las Torres Gemelas se atacaron sin fortuna en 1993 y se volvieron a atacar el 11-S. El Capitolio y la Casa Blanca fueron dianas que siguen hoy en pie. Por eso en uno de los varios informes, se previene a la administración de la inminencia de más ataques de Al-Qaeda. Según han informado las cadenas CBS y FOX News, seis aeropuertos norteamericanos están siendo registrados estos días de arriba abajo en Newark, Washington Dulles, Nueva York (JFK), Detroit, Chicago O’Hare y Los Angeles (LAX). Se ha informado también que miembros del Departamento de Seguridad Interior cuentan con una lista de 38 terroristas que pudieran haber entrado ya en los Estados Unidos. El acecho terrorista continúa y mientras Estados Unidos e Israel velan armas, Europa duerme la siesta.

Otros informes, procedentes de los servicios de inteligencia de Pakistán, apuntan que miembros de Al-Qaida están infiltrados ya en territorio americano y planean con extremo cuidado un nuevo ataque. En Bagdad, otro informe destaca estos mismos días como los del inicio de esa amenaza y acecho terrorista. El tipo de ataque se plantea con misiles y cabezas bioquímicas con sarín y explosivos pesados contra las bases de las fuerzas de coalición, hoteles y lugares gubernamentales.

Mientras todo esto ocurre, Zapatero sigue a lo suyo, Moratinos a lo otro, Llamazares acordándose del cuaderno azul de Aznar, y la comisión del 11-M sin fotocopiadora. Pero en Estados Unidos este fin de semana se lanzarán fuegos artificiales para celebrar su independencia y su libertad, que es la de Europa también, aunque a muchos les pese. Como cada 4 de julio, a pesar de las amenazas, pase lo que pase y digan lo que digan los envidiosos de la media Europa cainita, las banderas norteamericanas cubrirán las casas y vecindarios en Estados Unidos. La vida sigue porque la libertad se defiende plantando cara a los terroristas con el Estado de Derecho y no capitulando ante el acecho terrorista. Eso es lo que diferencia a Estados Unidos de la Europa acobardada, la de Zapatero.

EL COSTE DEL GIRO
Editorial ABC 5 Julio 2004

DIRECTIVOS de algunas de las más importantes empresas de Estados Unidos han expresado al ministro Pedro Solbes su inquietud por el giro efectuado por el Gobierno español en su política exterior y el temor a que pueda afectar negativamente a las relaciones económicas entre los dos países. A pesar de que el vicepresidente les pidió calma y les confirmó que las inversiones extranjeras son bienvenidas, lo cierto es que no faltan los motivos para la inquietud y el temor. No deja de ser lamentable que el ministro español de Economía se vea en la necesidad de pedir calma y dar la bienvenida a las inversiones de un país amigo.

Descontado el componente antinorteamericano de parte de la izquierda española, incluida la socialista, parece que el PSOE en la oposición, acaso no contando con la minoritaria victoria electoral que le ha llevado al poder, midió mal las consecuencias exteriores de sus críticas a la actitud de Aznar hacia la guerra de Irak. Porque una cosa era criticar la posición del Gobierno y otra hacerlo en compañías radicales y con argumentos plagados de insultos y descalificaciones. No sólo el Gobierno de Bush, sino la mayoría de la sociedad estadounidense perciben esta actitud como signo de hostilidad, aunque la diplomacia atempere las apariencias. Y ahora Zapatero tiene que gobernar, entre otros, con este pesado lastre y con una opinión dividida en el seno de su partido y del Gobierno entre quienes insisten en subrayar el desmarque frente a Washington y quienes intentan recuperar en lo posible su confianza. Y, mientras tanto, alguna firma estadounidense se piensa dos veces realizar nuevas inversiones en Cataluña. Una cosa es la amistad y otra los negocios. Pero la hostilidad y la desconfianza impiden los negocios. Y no es éste el único precio que verosímilmente tendrá que pagar nuestra Nación por una posición poco responsable del socialismo opositor, que acaso no contó con la posibilidad de tener que formar Gobierno en este último envite electoral. Por lo demás, los anteriores excesos en la oposición podrían haber sido atemperados si el Gobierno no hubiera ordenado la retirada precipitada de nuestras tropas de Irak de la manera apresurada en que lo hizo y sin esperar al cumplimiento del plazo anunciado. Los errores nunca son gratis. Por lo menos, cuestan el precio de la rectificación, siempre mucho más lenta que la equivocación. De momento, Solbes se ve obligado a dar garantías y a transmitir confianza inversora a los empresarios de un país que debe seguir siendo amigo y aliado.

Mucha publicidad, pero poca autoridad
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 5 Julio 2004

El XXXVI congreso del PSOE ha sido, como era de esperar, el congreso de Zapatero. Sin embargo, no puede decirse que el congreso de Zapatero haya sido el congreso del PSOE. Al contrario, el partido sale de este cónclave precariamente unido en torno a un líder que sólo lo es, y de modo indiscutido, a condición de que no ejerza el liderazgo. También se consagra en este congreso la separación estructural del PSC de lo que una vez fue partido común, aunque la ficción jurídica proclamase lo contrario, pero que en esta ocasión se ha convertido en lo más parecido a los socialcristianos de Baviera con respecto a los cristianodemócratas alemanes, bien que con una diferencia esencial; los bávaros son leales al proyecto nacional alemán; los catalanes del PSC son radicalmente insolidarios con respecto al proyecto nacional español. En rigor, aunque no sean los más violentos ni los más radicales, son sus más peligrosos enemigos. Y la razón es obvia: ni la ETA, ni el PNV ni ERC ni el BNG rompen la condición nacional española del PP y del PSOE, las dos ruedas sobre las que marcha la democracia española. El PSC, sí. Ha roto los radios de una de las ruedas y, evidentemente, no se sabe dónde acabará el vehículo. En la cuneta, quizás.

Lo que objetivamente era un desastre político nacional y una total capitulación del flamante líder socialista, fue sin embargo presentado en RTVE con estilo más propio de vídeo clip de estrella del pop que de un partido que tiene las responsabilidades de Gobierno, hasta el punto de que, en algunos pasajes de la filmación propagandística, no sabíamos si estábamos ante la noticia del congreso de un partido político o ante la nueva formación del grupo Camela. Camelancia, desde luego, no le faltan ni a ZP ni a Caffarel, que montaron un espectáculo digno de la OTI. Pero lo peor, con serlo tanto, no son los excesos propagandísticos ni el entusiasmo sectario, sino la deriva paralela hacia el radicalismo antioccidental que pudo observarse en el mismo telediario de las tres de la tarde. Fran Sevilla, los hermanos Sacaluga y el soviet izquierdista que tradicionalmente ha controlado la información internacional de RTVE, aprovechó este sábado que no había más preocupación que ZP y la Eurocopa para convertir el noticiario en un engendro digno de Calviño, de Al Yazira o de la televisión cubana. Los vídeo clips de propaganda palestina (manipulando los datos de las cárceles israelíes) y de propaganda castrista (manipulando la realidad del exilio cubano) fueron digno colofón al vídeo clip de propaganda zapateril. Todos igualmente falsos. Pero la realidad suele vengarse de los que la desprecian. Al tiempo.

¿Va a sostener Rajoy la incoherencia de ZP?
EDITORIAL Libertad Digital  5 Julio 2004

En varias ocasiones hemos criticado el perfil bajo y gallardonizante que caracteriza al discurso de Rajoy respecto a Irak, al terrorismo islámico o respecto a la infamia, terrorista pero también política y mediática, que padecieron su partido y sus votantes del 11 al 14 M. Si bien es cierto que la semana pasada Rajoy no dejó pasar de largo algunas de las contradicciones del PSOE respecto al envío de tropas a Afganistán, resulta, sin embargo, lamentable que el líder del PP, por no afrontar ni hacer que se afronte con mayor valentía el discurso que se supone que su partido sigue defendiendo en estos asuntos, deje en el tintero las no menos clamorosas contradicciones de ZP respecto a Irak. Si verdaderamente hay un campo en el terreno de las ideas donde se debe demostrar y ejercer el liderazgo político, aunque sea en la oposición, es ante el combate que al mundo libre le ha tocado librar en estos albores del siglo XXI.

Zapatero acaba de suscribir en la ONU una resolución que textualmente “Pide a los Estados Miembros y a las organizaciones internacionales y regionales que presten asistencia a la fuerza multinacional, en particular con fuerzas militares, según se convenga con el Gobierno del Iraq, para ayudar a satisfacer las necesidades del pueblo iraquí en materia de seguridad y estabilidad, de asistencia humanitaria y para la reconstrucción y para apoyar la labor de la UNAMI”.

¿A qué se debe que Rajoy no se haya animado, un día sí y el otro también, a sacar los colores a ZP leyendo pública y textualmente la resolución 1546 defendida y desatendida al tiempo por los socialistas? ¿Se cree de verdad Rajoy que la cuestión de Irak es agua pasada o esto es sólo una ridícula excusa para no tener que hacer pedagogía frente a la guerra que al mundo libre le ha declarado el terror islámico?

Si ya es lamentable que Rajoy eluda denunciar en toda su magnitud las irresponsables contradicciones de ZP, lo que ya resulta suicida es que el líder del PP se preste a sostenerlas respaldando a sus oponentes en un envío de tropas a Afganistán, sin que el PSOE se retracte de su difamación respecto al anterior apoyo del PP al envío de tropas a Irak. Rajoy debe respaldar una política coherente, y una política que brinda a los afganos una ayuda militar que se niega a los iraquíes, no lo es. Mucho más cuando geoestratégicamente Irak es mucho más importante para la causa de la libertad que lo pueda ser Afganistán.

Rajoy debe negarse a apoyar el envio de tropas a Afganistán mientras el PSOE no pida disculpas a su partido y a sus votantes por toda la infamia lanzada contra ellos y mientras no pase a aceptar y a defender públicamente que lo que se está librando y tratando de conseguir en Afganistán es lo mismo que se libra en Irak.

Y como no hay perdón sin animo de enmienda, si el PSOE de verdad quiere el apoyo del PP para enviar soldados al extranjero, que el primer destino de nuestros soldados sea Irak. De otra forma, que sus incoherencias se las paguen ellos solos.

Tras la huella de ETA
Editorial La Razón  5 Julio 2004

La sospecha de que ETA estuviera detrás de la matanza del 11-M no fue un mero capricho del Ministerio del Interior, de sus dirigentes políticos, por más que hoy el grueso de los documentos enviados por el Gobierno a la comisión parlamentaria que deberá estudiar el asunto se refieren a alertas sobre terrorismo de origen islamista. Pero, entre ellos, también hay alguno que permite recordar que la pista de ETA fue la primera opción contemplada por los profesionales de la Brigada Provincial de Información de la Jefatura Superior de Policía de Madrid. Se sabe incluso, del estudio de las diligencias instruidas, que fueron agentes expertos en la lucha contra la banda etarra quienes se mantuvieron al frente de la investigación de los atentados de Atocha, e incluso se mostraron a diversos testigos fotografías de etarras como sospechosos de la matanza, y que no fue hasta la mañana del día 13 cuando se sumaron otros funcionarios de Información, especializados en la lucha contra el terrorismo de origen islámico.
Conviene recordar estos datos porque hoy, meses después y con una comisión parlamentaria a punto de iniciar sus trabajos, parece que la pista de los terroristas musulmanes estaba presente desde el primer momento en la mente de todos. La realidad es que sí es cierto que existían las amenazas que hoy todos destacan, lo es también que ese día era a ETA a quien temían los expertos antiterroristas, avalados por las incautaciones de explosivos de semanas anteriores y la captura de terroristas con planes de acción iguales o similares al perpetrado el 11-M.

SOCIALISTAS Y CATALANES
Por XAVIER PERICAY Escritor ABC 5 Julio 2004

UNA de las letanías que más han podido oírse estos últimos tiempos es la que proclama que las elecciones del pasado 13 de junio sirvieron, entre otras muchas cosas, para reforzar la posición de los socialistas catalanes en el conjunto del socialismo español. Quienes así discurren suelen añadir que nunca estos votos han pesado tanto. No seré yo quien sostenga lo contrario. Pero, como la carga de la prueba aducida son los propios resultados electorales, que vendrían a sumarse a los ya obtenidos por las huestes de Maragall el 14 de marzo, bueno será, antes de nada, echarles un vistazo.

Lo primero que merece la pena destacar es que el comportamiento del votante socialista en Cataluña con respecto al del conjunto de España no ha variado demasiado en tres meses. Si en las elecciones generales de marzo, con una participación altísima, representó el 14,39 por ciento del total socialista nacional, en las de junio, con una participación bajísima, ha supuesto un 13,56 por ciento, diferencia que, dadas las circunstancias -harto distintas a pesar de la proximidad electoral-, no parece muy significativa. Pero aún resulta más relevante la comparación de estos comportamientos electorales con los de los comicios precedentes. Así, en las generales de marzo de 2000 el peso del voto socialista catalán fue del 14,52 por ciento, mientras que en las europeas de 1999 había sido del 13,33 por ciento, de lo que cabe deducir, al cotejar los ciclos, que el peso de este voto en el socialismo español es prácticamente el mismo ahora que hace cuatro o cinco años, y ello con independencia de la naturaleza de las elecciones, de los índices de participación, de los candidatos respectivos, y hasta de los sucesos colaterales. O dicho de otro modo: que el tándem Maragall-Montilla puede pesar lo suyo, e incluso hacerse pesado, pero el apoyo electoral que aporta al conjunto del socialismo patrio sigue siendo, en términos relativos, el que le aportó Narcís Serra hace cuatro años en su última batalla como secretario general del Partido de los Socialistas de Cataluña y cabeza de lista electoral.

¿Qué ha cambiado, pues, para que no cesen estas letanías a las que aludía al principio? Ya les oigo: «Hombre, ha cambiado el Gobierno de España. No es lo mismo sumar sus propios votos a los de un partido que gobierna que sumarlos a los del primer partido de la oposición». Es cierto. No es lo mismo. Pero lo que ya no está tan claro es que la influencia que puedan llegar a ejercer estos votos sea necesariamente mayor en el primer caso. Veamos. Lo que los socialistas catalanes han cosechado hasta la fecha gracias a la generosidad de su hermano mayor son unos cuantos símbolos. Y casi todos permanecen, por el momento, en el limbo de las promesas: las selecciones deportivas, las pegatinas en las matrículas, los papeles de Salamanca, la lengua catalana en Europa, el grupo parlamentario propio en el Congreso. La única concreción es un castillo. Un castillo simbólico, en una montaña simbólica. Pero ni siquiera la entrega del castillo a la ciudad de Barcelona está libre de sospecha. Y no porque vaya a quedarse en el limbo, como el resto de los iconos, sino porque difícilmente puede entregarse a una ciudad lo que ya le pertenece desde que en 1960 el general Franco se lo devolviera. Lo que el Gobierno español va a entregar en todo caso a la capital de Cataluña es la tutela que todavía conservaba sobre sus usos. Algo es algo. Aunque el precio acabe siendo que el Ayuntamiento barcelonés levante allí otro símbolo: un museo de la paz.

No, decididamente, no es el cambio de Gobierno en España lo que justifica este peso del componente catalán en el socialismo hispánico. O, cuando menos, no es este el factor decisivo. La sensación de que Maragall -y lo que él representa- influye cada vez más en la política española tiene que ver sobre todo con su condición de catalán, y muy poco con su condición de socialista. Quiero decir que el progresivo declive electoral de Convergència i Unió desde la retirada de Jordi Pujol, el hecho de que en las tres últimas elecciones en que ha tomado parte -autonómicas catalanas, generales y europeas- sus resultados hayan ido de mal en peor, así en votos como en porcentaje, y en especial el que ello se haya traducido en una triple pérdida: la del Gobierno de la Generalitat, la de su capacidad de influencia en los asuntos del Estado y la de su propia credibilidad política, respectivamente; todo esto no ha hecho sino ensanchar la distancia electoral entre los socialistas catalanes y las demás fuerzas que compiten en Cataluña. Es cierto que Esquerra Republicana ha sabido pescar en las aguas de CiU, lo que le ha supuesto un crecimiento espectacular; pero también lo es que este crecimiento no le basta, de momento, para convertirse en el heredero de Pujol, ni en Barcelona ni en Madrid, y que incluso en los últimos comicios europeos sus marcas estuvieron muy por debajo de lo previsto, como si esta legión de filólogos catalanes empeñados en confundir la política con la sociolingüística se hubiera tomado un respiro en su carrera.

Lo cual no significa que no incordien lo suyo. Incordian, y Maragall, en poco más de seis meses, ha tenido ocasión de comprobarlo varias veces. Pero incordian en casa, donde unos y otros tienen unos intereses muy concretos que defender tras casi un cuarto de siglo de ingrata espera. Poco importa, por otra parte, que sus respectivos representantes en el Gobierno de la Generalitat no hayan hecho nada en este medio año -nada más que pelearse entre sí, se entiende-. Hoy por hoy, este Gobierno no tiene alternativa, puesto que la fuerza de la federación nacionalista en el Parlamento catalán, donde sigue siendo el principal grupo parlamentario, aunque en la oposición, parece a estas alturas más ficticia que real. Y el otro grupo opositor, el Partido Popular de Cataluña, que podría asimismo beneficiarse de la descomposición de CiU y de la progresiva decantación del PSC hacia posturas cada vez más nacionalistas, y tratar de erigirse en una opción de poder, no consigue dar el paso adelante requerido.

Mientras, los socialistas catalanes, con su presidente a la cabeza, parecen encantados de interpretar en Madrid el papel que durante años interpretó CiU y que ellos tanto criticaron. El de pedigüeños. Otra cosa, siguiendo con las comparaciones, es que Maragall llegue a conseguir de los suyos lo que Pujol de los de Maragall y de los otros. Que llegue a pesar, en suma, lo que dicen que pesa. Ahora todo son símbolos. Y, aparte algún castillo, muchos proyectos. Pronto llegará la hora del símbolo mayor, el nuevo Estatuto catalán, que el presidente del Gobierno español se ha comprometido a asumir tal cual se lo entregue el Parlamento catalán. Veremos en qué queda la cosa. Del dinero, lo único que tiene un valor real, nada se sabe. O muy poco. Lo poco lo ha dicho un ministro: ni hablar, por el momento, de Agencia Tributaria Catalana. Suerte tiene Maragall que los de ERC sólo piensan ya en las vacaciones. Lo malo es que luego viene el 11 de septiembre, la Diada. Y allí todo son exigencias.

¿EL 95, POR QUÉ?
GERMÁN YANKE ABC 5 Julio 2004

José Luis Rodríguez Zapatero ha obtenido algo más del 95 por ciento de los votos de los compromisarios del 36º Congreso del PSOE. La cifra no es sorprendente porque los grandes partidos españoles suelen generar, cuando están en el poder, «unanimidades» de ese tipo. El PP quizá la tenga incluso estando en la oposición. Nada tiene que ver este Congreso con el anterior, en el que fue elegido secretario general el actual presidente, ni con el desconcierto de la «dulce derrota» del 96 con la pugna entre Joaquín Almunia y Josep Borrell. El poder da tranquilidad.

Tranquilidad era precisamente lo que Rodríguez Zapatero buscaba en los meses anteriores a las últimas elecciones generales, en las que ni él mismo esperaba conseguir los resultados que obtuvo. Una tranquilidad que pasaba por acompasar a líderes regionales del partido y a algunas de las viejas voces del mismo con las pretensiones políticas de Maragall (una formulación vaporosa e incoherente de España que nadie ha logrado concretar, y aún menos exponer con sentido constitucional). No era fácil y, si los socialistas catalanes pedían —y había que atenderles—, se concedía asimismo lo que pidieran los demás. Era un liderazgo por agregación, que ahora queda subsumido en un liderazgo por haber ganado las elecciones y detentar el poder político.

Pero el secretario general contaba entonces —cuando estaba en la oposición— con algo que sigue ahora vigente. Las presiones que recibía no eran del mismo tipo: Rodríguez Ibarra clamaba, pero se colocaba detrás de él; Patxi López quería reivindicarse y eliminar la estela de Nicolás Redondo, pero no apretaba el acelerador; Francisco Vázquez exponía su visión de España, pero no exigía un trato preferencial; José Bono esperaba, pero con un realismo poco amigo de las algaradas. La tranquilidad consistía en hacer carantoñas a todos ellos y repartir la bolsa con Maragall. Como ahora.

En el Congreso en el que fue elegido Rodríguez Zapatero, el PSOE reconoció que las contradicciones de algunas manifestaciones sobre la cuestión nacional y el modelo territorial eran un peligro que se debía evitar. En éste, los documentos han elegido el humo y el compromiso más o menos vacío, ya que las voces siguen formando un coro incoherente. En ese escenario, la inclusión de Montilla en la ejecutiva es más significativa que la doctrina política.

Eran muchos los que querían colocar en ella a sus líderes regionales, más allá de la representación nominal de las autonomías, pero quienes lo han logrado han sido los socialistas catalanes.

En esta ocasión, el apoyo de Maragall no era tan necesario como hace cuatro años, pero la discrepancia con él tenía un inconveniente que, a mi juicio, revela lo que no dice el texto aprobado en el congreso de este fin de semana sobre política autonómica y modelo territorial. Los socialistas catalanes, con su Gobierno tripartito, sus exigencias competenciales y su formulación un tanto estrambótica de las relaciones con el nacionalismo y la asunción de sus modos, son la garantía de que, en estas cuestiones, el PSOE se diferencia del PP, que parece todavía, a pesar de haber ganado las elecciones, una suerte de asignatura pendiente del presidente del Gobierno. El asunto tiene sus consecuencias. De este modo, el Congreso, con la resignación de unos y el aplauso de otros, resuelve la tranquilidad socialista y de su Gobierno. ¿Pero atiende esta fórmula al deseo de escuchar a los ciudadanos? Porque son los resignados los que saben que, en la calle, lo que preocupan son otras cosas.

Las aulas de ETA
Iñaki Ezkerra La Razón 5 Julio 2004

Durante años ha sido un rumor generalizado ¬algo que se sabía pero que se dejaba pasar con resignación, como si no hubiera otro remedio¬ la presión de ETA sobre la universidad vasca y las coacciones a profesores para que les dieran buenas calificaciones a los presos de esa banda. No hay que ser vasco ni profesor para deducir que, si ETA se dedica a extorsionar a los empresarios y a amedrentar a toda una sociedad, lo raro y lo extraordinario sería que no intentara chantajear a quienes examinan a su gente. No hay que ser una lumbrera ¬ni siquiera alguien concienciado en la lucha política contra el terror¬ para imaginar la presión que supone para un docente el mero hecho de vérselas con un alumno que carga con varios asesinatos a la espalda, que no se arrepiente de ello y que tiene tanto a sus «compañeros de armas» en activo como a sus cómplices en la impunidad. Si, además de todo eso, uno se anima a visitar la Facultad de Periodismo de Lejona, que es donde ¬de un modo misteriosamente masivo¬ se vienen matriculando desde hace años los presos de ETA, comprende lo que es el terror de un modo físico: unos bloques de cemento y hormigón situados en medio del campo así como recorridos por docenas de galerías y escaleras interminables, laberínticas y despobladas. Imagine el lector simplemente la posibilidad del asesinato en ese marco incomparable y estará nada más y nada menos que en la película «El resplandor» de Kubrick, en aquel hotel inmenso y vacío que un niño recorría a toda velocidad en un triciclo.

Imagínese el lector lo que es para ese profesor apacible y tranquilo tener que recorrer todos los días ese laberinto de pasillos después de haber puesto un suspenso a un tipo que se ha cargado sin pestañear a varias personas y que tiene entre sus planes sacarse una carrera en esa Facultad. No es preciso ni siquiera imaginar el momento explícito del chantaje. Basta con ponerse en el lugar del examinador que, por el mero hecho de cumplir honestamente con su trabajo y dar un suspenso a ese alumno, se va a convertir en un «contratiempo» para los planes académicos de un asesino convicto que está orgulloso de serlo y tiene detrás una organización dispuesta a vengarlo.

Imagínese ahora el lector a una mujer que se rebela ante esa situación públicamente, a una profesora también apacible y tranquila que, por denunciar esas coacciones vividas en su propia carne y por sacar a la luz las notas de sobresalientes dadas a terroristas en situación de busca y captura (ahí está el caso de las etarras Belén González Peñalba y Elena Beloki) aparece repetidamente en los documentos incautados a los comandos de ETA y llega incluso a leer en uno de esos papeles los cálculos centimétricos que los terroristas han podido hacer sobre su miopía y su capacidad de reaccionar en un atentado que fuera dirigido a ella, es decir sobre los segundos que tardaría en volverse si alguien en el interior de su propio despacho le estuviera apuntando a la nuca con una pistola. Sobra decir que tales cálculos sólo han sido posibles gracias a la ayuda de alguien necesariamente próximo a esa profesora en esa universidad. Imagine el lector qué ambientazo de trabajo, de estudio y de libertad se respira en ese centro académico.

Imagínese que esa mujer ¬al ver cómo le dan la plaza de docente a un preso llamado Joseba Mikel Garmendia, conocido por haber sido el responsable de las finanzas de ETA y por haber justificado ante las cámaras de televisión de todo el país un asesinato¬ se decide a crear una plataforma, «Profesores por la Libertad», cuyo manifiesto fundacional lee una mañana a cara descubierta pero rodeada de compañeros encapuchados. Siga imaginándose el lector que un año después de ese paso adelante esa mujer y ese grupo de profesores consigue que el Gobierno introduzca una modificación en el Artículo 56 de la Ley General Penitenciaria por la cual se intente poner fin a esa situación de privilegio que disfruta el colectivo de los presos de ETA si bien garantizándoles en todo momento el derecho a la educación pero a través de la UNED. Imagínense que esa mujer es una veterana socialista que podía haberse ido a otro lugar de España y a otra universidad donde no fuera insultada cada vez que atraviesa, escoltada, el campus o podía haber pedido la baja dada su situación y como han hecho muchos de sus compañeros engrosando unas cifras de las que no informan los periódicos. Imagínense que el partido en el que milita esa mujer ¬el PSE-EE¬ como concejala del conflictivo ayuntamiento de Getxo ayuda a los nacionalistas en el Parlamento vasco a cargarse esa modificación legal con el fin de que los presos de ETA puedan volver a esa Facultad y recuperar sus privilegios.

Pues bien. Me dejaré ya de imaginaciones. Esa mujer es Gotzone Mora y eso que he contado es exactamente lo que ha sucedido: que su propio partido, el presidido en el País Vasco por Patxi López, la ha dejado sola en medio de la escenografía de «El resplandor», sin verduguillo que la cubra el rostro y ante un tipo que se parece mucho a Jack Nicholson y que lleva, junto al hacha, la serpiente y un diploma de licenciado. Y ha sucedido porque ésa es la factura que a ese partido le parece más barata de pagar al PNV para que lo acepte como socio. Una factura cara, sin embargo, porque sería también una fractura, la primera que lograría hacer el nacionalismo en la estrategia legal de acoso a ETA y en el Pacto por las Libertades. Por ahora y detrás de Gotzone Mora ya se han opuesto estos días al pago de ese recibo la AVT, el PP y el Basta ya. Esta semana lo harán más grupos cívicos. Lo haremos todos los que podamos. Este no sólo ha sido el año en que ETA no ha podido matar. Ha sido el año en el que sus matrículas, que podían seguir cursándose en la UNED, han disminuido vertiginosamente. El año en el que ETA no se ha paseado por las aulas y los estudiantes no han tenido que ligar con la pregunta de «¿estudias o amenazas?».

Rodríguez Ibarra
José María Carrascal La Razón 5 Julio 2004

Su frase «El no nos falles que dijeron los jóvenes a Zapatero tras su victoria electoral no fue para que modificara los Estatutos de Autonomía o discutiera sobre la esencia de España» salva el congreso. El resto fue autocomplacencia, culto al líder, juegos florales y pellizcos cariñosos para convencerse de que, en efecto, habían ganado. Pero, según costumbre, la frase del presidente extremeño fue directa al blanco, para quedarse allí clavada en medio de tanto parabién y discursos algodonosos, que más trataban de ocultar la realidad que resaltarla.

Rodríguez Ibarra queda así como la única garantía de que el PSOE de Rodríguez Zapatero va a mantener la E en sus siglas. De que no va a vender su españolidad por un plato de poder en Cataluña ni su identidad porque en el País Vasco le perdonen literal y políticamente la vida. Pues el resto de los tenidos por hombres fuertes del partido, aquellos que tanto presumían de plantar cara al jefe si era necesario, han mostrado una falta de espinazo, un ánimo tan borreguil y acomodaticio que les hace indignos de la v en su condición de barones. Empezando por Bono, convertido en chico de los recados de su presidente, y terminando por Chaves, dispuesto a pactar hasta lo más sagrado con cualquiera con tal de seguir al frente de una Andalucía que se eterniza en el subdesarrollo bajo su mando, tal vez porque a él le interesa mantenerla en la mal llamada cultura de la subvención y el seguidismo. El resto, simplemente, no existen. Son correas de transmisión de las órdenes y favores desde arriba, incluidos aquellos que ni siquiera son capaces de defender los intereses de su región, como los valencianos y murcianos.

En este panorama de sumisión y palmadas en la espalda, sólo Rodríguez Ibarra parece dispuesto a sostener que hay valores por encima del partido, que España es más importante que alcanzar el poder. Su presencia en la Ejecutiva socialista es una garantía de que no van a hacerse transacciones ignominiosas ni traicionarse principios que no pertenecen al PSOE, sino a todos los españoles. El día que le veamos salir de ella, que ojalá no llegue, tendrán que sonar todos los timbres de alarma, siempre que los españoles, adormecidos por el pancismo, el consumo y la indiferencia hacia toda acción pública, todavía los oigamos.

Dice José Blanco, gran maestro de escena de este congreso, «somos la fuerza que más se parece a la España actual». Hay que darle la razón, hasta cierto punto. El PSOE engloba las muy diversas fuerzas que forcejean en nuestro país, algunas centrífugas, otras centrípetas, todas ellas dignas de tenerse en cuenta. Lo que olvida Blanco es que, según mostraron las elecciones europeas, las centrífugas representan apenas el diez por ciento de la población. Y sin embargo están teniendo, incluso dentro de su propio partido, un poder desmesurado. Rodríguez Ibarra es la única garantía de que no se conviertan en hegemónicas.

La prédica de la superioridad de los nacionalismos excluyentes
Cartas al Director Libertad Digital 5 Julio 2004

Los nacionalistas excluyentes pontifican que ellos son mejores, más listos y hacen mejor las cosas que los demás. "Los vascos somos la leche", me pontificaba un amigo nacionalista, con ese afán de verse superior en colectividad. La prédica del nacionalismo vasco del PNV y compañía es que son más listos y más de todo que el resto de los españoles. También el nacional-socialismo alemán se proclamaba superior en raza. También desde el nacionalismo catalán se da una imagen de que son superiores al resto de los españoles. Se manifiesta sobre todo en los medios de comunicación. Incluso en sus programas de humor. Es prédica de la "superioridad" de los nacionalismos excluyentes

Viajando y conociendo otras culturas y a otros se nos quita el virus nacionalista. En esto lleva razón el vasco Joseba Koldo Labarka en su carta "Las distintas medidas". Esperemos que los de las demás regiones de España estemos libres de estas ínfulas de superioridad. Que no nos consideremos ni más ni menos que el otro, de aquí o de allí. Y que no se discrimine a ningún político por ser de ideología diferente. Vaya mi solidaridad con los vascos que han de llevar escolta cuando salen a pasear por su barrios, y además son ridiculizados por los humoristas de la "causa" nacionalista excluyente vasca.    Ana M. Carvajal Becerra -Granada

Fórum en catalán
Cartas al Director ABC 5 Julio 2004

He acudido a visitar el Fórum de Barcelona 2004, que tanto suena en los medios de comunicación como un lugar de encuentro, de apertura a la diversidad y de atención a todas las culturas. Me quedé pasmado al acudir al espectáculo de Els Comediants, «El árbol de la memoria», porque, como madrileño ajeno a la lengua que allí se habla, no entendí nada de lo que decían. Creo que estaban hablando en catalán. Ahora, eso sí, en todo momento se encontraba una traductora simultánea para los sordos que seguían el espectáculo que, dicho sea de paso, no sé si alguno habría. Lo que sí hay son hispanohablantes cabreados por no entender la lengua de un espectáculo mediocre. Se supone que la diversidad de las culturas, la atención a las minorías, empieza con el ejemplo. Máxime cuando los hispanohablantes que diariamente acudimos al Fórum me parece que somos mayoría. Como comprenderán, no tengo nada contra los sordos. Creo que cada día tenemos que hacer un esfuerzo mayor por integrar a todas las personas que sufren alguna discapacidad y que debe ser preocupación de todos elevar su calidad de vida. Pero sí tengo mucho contra la demagogia de unas personas que ponen traductores para sordos, que es muy correcto políticamente y queda fenomenal, mientras discriminan a una mayoría de personas que no comparten el idioma de los organizadores. Ya se ve que una cosa es predicar y otra muy distinta dar trigo.   Alfredo Fernández Fernández.  
Villaviciosa de Odón (Madrid).

RECUERDA QUE EL PSOE GANÓ LAS ELECCIONES GRACIAS AL 11-M
Aznar pide a los españoles que "reflexionen" antes de votar la Constitución europea
El ex presidente del Gobierno se ha desmarcado de la línea oficial del PP y ha advertido de que los los españoles "harían muy bien en reflexionar qué van a hacer antes de tomar una decisión". También alertó sobre el peligro de reformar la Constitución española. Respecto las elecciones del 14-M, Aznar recordó que el PSOE llegó al poder gracias a los atentados de Madrid. "Y ellos lo saben y los demás también", añadió.
Agencias Libertad Digital  5 Julio 2004

El ex presidente del Gobierno, José María Aznar, ha realizado un repaso de las primeras actuaciones del Ejecutivo socialista y concluyó que perjudicará la "estabilidad, progreso y convivencia" de España, tanto nacional como internacional, por la falta de convicciones y la debilidad "que ahora se llama talante", informa EFE.

En su conferencia inaugural de la escuela de verano organizada por la Fundación FAES, Aznar expresó su preocupación por que los socialistas sigan sin un proyecto de gobierno tres meses después de las elecciones, y advirtió de que "sin principios ni valores sólo queda el oportunismo, el marketing y la demagogia, o eso que ahora se llama talante".

El ex presidente del Gobierno declaró que el Partido Socialista llegó al Ejecutivo "como consecuencia" del 11 de marzo, "y ellos lo saben y los demás también"; antes del 11-M no tenían "ningún" proyecto, "ellos lo sabían y los demás también" y, en tercer lugar, "no esperaban gobernar ellos, y los demás tampoco". "Pero lo más llamativo es que tres meses después se sigue igual, es decir, no hay un proyecto político que sirva como punto de orientación y de acción de gobierno, con el agravante de que ahora son ellos los que gobiernan", añadió Aznar según informa Europa Press.

Así, el presidente de FAES recordó que en un país en que "se dan simultáneamente el secesionismo político y la amenaza del terrorismo separatista", el Gobierno "cometería el mayor error imaginable si emprendiera una reforma constitucional". "Se podrán poner todos los paños calientes que se quieran, pero en el momento en el que se tome el bisturí y se empiece a hacer cirugía constitucional, creo yo que vamos a ver de cerca algunos riesgos que quedaron finalmente superados en la Transición democrática", añadió.

Aseguró que en materia de política exterior y de seguridad, "salir corriendo no es una política, es sencillamente la mejor fórmula para perder la confianza de los amigos y el respeto de los adversarios", y subrayó que, en la negociación de la Constitución europea, España se fue voluntariamente de la "mesa de los grandes" a la "mesa de los niños, donde no se decide nada", y subrayó que "lo peor es que no nos han echado, nos hemos ido voluntariamente". Sobre esta cuestión, y a diferencia de la línea marcada por Mariano Rajoy, Aznar cree que los españoles "harían muy bien en reflexionar qué van a hacer antes de tomar una decisión. Reflexionar y después tomar una decisión".

Profesores de la UPV dejan las clases ante la posibilidad de que regresen los presos de ETA
Redacción La Razón 5 Julio 2004

Madrid- Profesores de la Universidad del País Vasco (UPV) amenazados por ETA o no simpatizantes con las tesis nacionalistas están dejando de dar clases ante la posibilidad de que los presos de la banda terrorista vuelvan a estudiar en la comunidad vasca, algo que el Parlamento autonómico ha pedido al Gobierno central con el voto favorable de PNV, EA, IU-EB y PSE.

Según informó a Servimedia Goztone Mora, portavoz de la plataforma Profesores por la Libertad, el posible regreso de los presos etarras a la UPV ha provocado un aumento del número de docentes eximidos de dar clase debido a su difícil situación o al temor a que sean objeto de atentados. Mora aseguró que esta exención, contemplada por la universidad vasca para profesores en peligro, es utilizada por miembros del claustro que temen que volver a ocuparse de los reclusos de la banda empeore aún más su situación.

Al mismo tiempo, la representante de Profesores por la Libertad sostuvo que en la UPV no se dan «condiciones de objetividad» para que tenga efecto el convenio entre la Universidad e Instituciones Penitenciarias que el PSE ha planteado como instrumento para someter los estudios de los etarras a mayor control. En este sentido, Mora sostuvo que las condiciones del País Vasco y de su universidad hacen imposible que este control puedan ejercerse «con un mínimo rigor», ya que los docentes no nacionalistas sufren una «presión continua». A este respecto, se refirió a que los profesores amenazados o los que no simpatizan con el nacionalismo ven a menudo su nombre en dianas pintadas en las paredes de la universidad o encuentran pasquines en sus buzones demandándoles un trato ventajoso a los presos .

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