AGLI

Recortes de Prensa     Martes 20 Julio 2004

Sin esperanza y sin miedo
Agapito Maestre Libertad Digital 20 Julio 2004

Los testimonios del CNI

Editorial La Razón 20 Julio 2004

¿Por qué ocultan la pista etarra del 12-M

Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 20 Julio 2004

¿En manos de quién estamos
Isabel Durán Libertad Digital 20 Julio 2004

El espíritu de Madrid...
Faustino F. Álvarez La Razón 20 Julio 2004

Lo que dice y lo que calla Dezcallar

EDITORIAL Libertad Digital 20 Julio 2004

LA PASARELA
Jaime CAMPMANY ABC 20 Julio 2004

Terrorismos

José María CARRASCAL La Razón 20 Julio 2004

La universidad y los presos

Gotzone Mora y * La Razón 20 Julio 2004

El síndrome de Akiles
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  20 Julio 2004

Presos y estudios

Cartas al Director El Correo  20 Julio 2004

LA CATALUÑA DE TODOS

José Castellano ABC (Cataluña) 20 Julio 2004


Nacionalismo y Estado
Sin esperanza y sin miedo
Agapito Maestre Libertad Digital 20 Julio 2004

Porque ha llegado la hora de quitarse la careta, hay que decirle a los nacionalistas que sus planes están cumpliéndose merced a la utilización torticera y criminal de aquello que les da vida, el Estado de Derecho, España. Naturalmente, ninguno de sus miserables objetivos habrían tenido viabilidad sin la ayuda de los asesinos de ETA y, recientemente, del golpe de Estado sufrido por todos los españoles el 11-M. Desde que gobierna Zapatero, los nacionalistas, esos seres menores que no serían nada sin la negación de España, están muy crecidos, tanto que hasta los más cobardes reconocen que, después de haber manipulado la historia de España, necesitan autogobernarse utilizando a su antojo la Constitución del 78.

Así las cosas, nadie en su sano juicio negará que el nacionalismo está ganando a la democracia española. Sin embargo, esta perversa ideología aún está muy lejos de vencer a la nación que le da vida. Tengo la sensación de que no lo conseguirán, primero, porque carecen de agallas y coraje democrático para defenderlo en la calle, en el cuerpo a cuerpo, allí donde la nación se hace carne. Y, en segundo lugar, porque los defensores de la nación democrática, España, hace tiempo que se percataron de que es imposible esperar nada bueno del nacionalismo catalán y vasco. El demócrata, el ciudadano español, sabe que el diálogo es imposible con los asesinos del diálogo. Precisamente, por eso, mientras que exista un individuo en Cataluña o El País Vasco que quiera determinarse como ciudadano a través de su nacionalidad española, allí debe estar el Estado democrático para asistirlo.

Hay, además, un valor hispano que el nacionalista catalán o vasco jamás logrará vencer: el temple. Gracias a la asunción de este estoico valor, que otros llaman prudencia y discreción, los ciudadanos españoles pueden conllevar la majaderías y mentiras del nacionalismo. El temple de los ciudadanos españoles residentes en Cataluña y el País Vasco es más que un dato para el resto de los españoles, es un estro para el desarrollo de la democracia. En verdad, el demócrata español hace tiempo que aprendió la lección de Séneca: “Suprimió el temor porque previamente había suprimido la esperanza”. Por el contrario, los nacionalistas están muertos de miedo, viven como seres acorralados y encanallados, porque “esperan” que los españoles, los demócratas, los dejen separarse sin correr el riesgo de todos aquellos que han querido ser de otra nación: luchar hasta la muerte.

Los testimonios del CNI
Editorial La Razón 20 Julio 2004

El testimonio del ex director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Jorge Dezcallar, nombrado por el actual Gobierno socialista embajador de España ante la Santa Sede, ha sido ciertamente revelador del desarrollo de los acontecimientos en el plazo que medió entre el momento de la matanza del 11-M y la jornada electoral del 14-M. La declaración del entonces jefe de los espías españoles resulta especialmente significativa: no dirigía un equipo policial y su labor era, precisamente, la de recopilar información de los policías judiciales para, una vez considerada por sus expertos, elevar al Gobierno los correspondientes informes. Ello supone que, con alguna excepción (la rapidez de los acontecimientos y la presión del momento movieron al Ministerio del Interior a informar antes a la opinión pública del hallazgo de la furgoneta que al CNI), los hombres de Dezcallar contaban con los mismo datos que podría contar el Ejecutivo. Y la dirección del centro, en base a esos mismos materiales; a los datos que sobre ETA obraban en poder del CNI; a las conversaciones, infructuosas, del propio Dezcallar con una veintena de servicios secretos extranjeros; a la opinión de los expertos de la Casa en terrorismo islamista, pensó realmente, como primera hipótesis, que era ETA quien presuntamente había perpetrado los atentados, y así lo hizo llegar por escrito al Gobierno de Aznar. Lo creyeron hasta que apareció la furgoneta, y después y como guinda, la cinta de vídeo que reivindicaba los atentados.

Para Dezcallar y su sucesor, Alberto Saiz, tampoco el modo de actuar de los terroristas llevaba la firma de Al Qaida, y recordó, además, que para entonces las alertas provocadas por las amenazas directas de Ben Laden contra España ya se habían calmado. En su opinión no fue Al Qaida, ni los grupos combatientes que estarían en un segundo nivel en la organización, sino que fue obra de «grupos locales» que se inspiran en la red del saudí, de la que sólo obtienen «orientación genérica», pero no apoyo o instrucciones.

En esta línea, el testigo, que negó haber espiado a Carod Rovira, pero confirmó que el CNI informaba a Zapatero como jefe de la Oposición, coincidió con el documento que el juez de Instrucción envió ayer a la Comisión. En él en la que se alerta del peligro que representan los implicados que permanecen en libertad, ya que «aunque la célula operativa haya sido desmantelada total o parcialmente, hay que tener en cuenta que huyó del lugar una persona al menos, y la investigación ha puesto en evidencia que seguirían activos otros elementos personales o anteriores células de apoyo, que han podido participar de muy distinto modo en los atentados» y «podría generarse una actitud de sustitución». Lo que quiere decir que, teóricamente, conservan los suficientes cómplices y medios, incluidos explosivos, para reorganizarse y actuar de nuevo.

El peligro no ha pasado y, al margen de lo que pueda conocerse por los trabajos de la Comisión parlamentaria, es imprescindible que las Fuerzas de Seguridad del Estado completen cuanto antes la investigación y capturen a todos y cada uno de los que intervinieron en una matanza que no puede repetirse.

¿Por qué ocultan la pista etarra del 12-M?
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 20 Julio 2004

Jorge Dezcallar ha demostrado cómo y por qué consiguió ser sucesivamente el hombre de confianza de González y de Aznar. Sólo una capacidad milagrosa para entrar sin tener que salir y viceversa, para apuntar y no dar y dar sin apuntar, para mentir diciendo la verdad y no decir la verdad sin mentir, capacidad que no está al alcance del común de los mortales, ha permitido que su comparecencia ante la comisión del 11-M se salde con agua de borrajas, que es el menú al que se han apuntado el PSOE y el PP. Como no quieren caldo, he ahí dos tazas... de nada.

Aún así, Dezcallar ha dicho una cosa de la que se hablará poco y otra que se comentará bastante. Se hablará, sin duda, de los terroristas suicidas de la SER y de esos espías paraguayos que, sin haber estado en el lugar de los hechos (en este caso, la camioneta señalada a la policía por el “Portero Automático de Rubalcaba”), no vacilaron en seguir inventándoselos. Para alimentar, obviamente, la urgencia de la reivindicación islamista en los golpistas político-mediáticos del 13-M. Que a su vez luego los retroalimentaron.

Pero se hablará menos de un dato que ha dado Dezcallar y que posiblemente debería habernos llevado a la célula de Avilés y sus relaciones con la ETA, tan detalladamente explicadas por Fernando Múgica en El Mundo si el PSOE no se hubiera cargado la posibilidad de dar datos cuya condición secreta o no es tal o no debería serlo. Ese dato es que hasta bien entrada la noche del 12-M se seguía de cerca la pista etarra. Luego es evidente que hasta avanzado el 13-M el Gobierno tenía sólidas razones para defender esa línea, esa posible autoría, aunque para la tarde del 12-M ya se viera durante toda la manifestación que la estrategia de “provocar la mayor anormalidad posible” no era sólo la de Otegui y Rovireche sino la de Llamazares y, sobre todo, Rubalcaba y el PRISOE.

¿Por qué dice Dezcallar que sobre eso no se puede hablar? ¿Porque no quieren sus caseros romanos? ¿Y por qué no explica cómo y por qué aún se siguió la pista etarra muchos días después del 11-M, es decir, cuando ya habían pasado las elecciones y se anunciaba nuevo Gobierno? ¿Porque el que salía lo necesitaba o porque el que llegaba quería descartarlo? ¿O por ambas cosas a la vez? No sería la primera vez que La Casa es de dos amos, basta recordar el 23-F. Y como todos los espías no pueden ser tontos, bien al contrario, seguro que alguien ahí sabe mucho más de lo que nos ha contado Dezcallar. Claro que para eso ha ido, para hablar poco y no contar nada, marcando así la línea a su sucesor, el amigo y colaborador de José Bono, que no parece tener mucho que decir. Salvo sobre el Yakovlev 42, naturalmente. Ahí no habrá pilotos suicidas, seguro.

Comisión del 11-M
¿En manos de quién estamos?
Isabel Durán Libertad Digital 20 Julio 2004

Siempre he mantenido que si alguna virtualidad tuvo el programa Tómbola en sus inicios fue la de conocer en vivo y en directo a través de la pantalla del televisor a aquellos personajes que aparecían en el papel cuché. De esa manera ya no podían darle gato por liebre al público que hasta entonces desconocía cómo se movían, cómo hablaban o cómo pensaban. Y a partir de ahí, el telespectador extraía sus propias conclusiones sobre la fauna rosa, antes de que la cosa degenerara por completo. Algo parecido me ocurre con la comisión del 11-M. Si casi me da un soponcio al constatar en manos de quién se encuentra la lucha contra el terrorismo al observar en carne y hueso en su comparecencia a Telesforo Rubio, –el comisario de Chamartín ascendido por el gobierno de Zapatero a comisario general de información– la misma sensación he tenido con el máximo responsable de los espías españoles.

Alberto Saiz Cortés, llano y amable como un clon de su mentor José Bono es, en descripción del propio ministro de Defensa, “bueno y de buena familia”. En su intervención ante la comisión de investigación sobre los atentados este ingeniero de montes sin experiencia previa en terrorismo, ni en terrorismo islámico, ni en información dedicado durante más de veinte años a la administración castellanomanchega en cargos de responsabilidad de medioambiente y encumbrado ahora a la atalaya de la jefatura de los servicios secretos para velar por la seguridad de todos los españoles, soltó algunas perlas más propias de una viñeta de Mortadelo y Filemón que de el nuevo director del Centro Nacional de Inteligencia.

Así, tras el halago por parte del diputado socialista Álvaro Cuesta “para no ser bilingüe se expresa usted muy bien”, se autopreguntó retóricamente ante los comisionados “¿saber idiomas?”. Y ni corto ni perezoso se respondió a sí mismo, “yo todavía no he tenido ninguna dificultad para comunicarme con ninguna persona de otro servicio secreto de ninguna parte del mundo”. ¡Toma del frasco! ¡Y no se trata de una sentencia de José xxx en Bienvenido Mr Marshall! Todavía hay más. Preguntado por ERC sobre las escuchas telefónicas negó que se produjeran pinchazos ilegales pero añadió, fuera de aquí, tomando un café, podría decirle otra cosa. En fin, para echarse a temblar.

Disquisiciones aparte, en esta tercera semana de la comisión que investiga los atentados del 11-M, empiezan a saltar algunas liebres. Por fin se vislumbran algunas cuestiones en claro de interés general al margen de la estricta reyerta política. Vayamos por orden:

Primero: Los atentados no fueron cosa de Al-Qaeda. Parece sorprendente pero el nuevo director del CNI Alberto Saiz Cortés así lo ha declarado solemnemente. Se trata de un grupo radical islámico de marroquíes apoyados por la trama de los confidentes asturianos, “con conexiones en el exterior”. Dato este último aportado también por el nuevo responsable de la Casa.

Segundo: A fecha de hoy, a pesar del apagón informativo del gobierno socialista cuyos representantes exigían cuatro meses antes información a tiempo real, tenemos otro importante dato: se ignora quién es el autor intelectual de los hechos. Gracias a los máximos responsables de los servicios secretos sabemos ahora que no se tiene ni idea de quién es el jefe de los “cuatro desarrapados de Lavapiés”, en palabras del ex director de la Casa, Jorge Dezcallar.

Tercero: Hay que investigar las conexiones con ETA como reconoció el propio Dezcallar ante los comisionados, así que ya puede ir tomando nota Telesforo Rubio no vaya a ser que le pille el toro.

Cuarto: Arnaldo Otegui, tras asegurar públicamente que ETA no era autora de los atentados, en un pinchazo telefónico que le hizo el CNI y que éste niega, dice exactamente lo contrario. Que fue la banda terrorista vasca y que hay que echarle la culpa a los moros (sic). El gobierno de Zapatero, en posesión del documento que no es otro que el desclasificado por el Ejecutivo de José María Aznar el 18 de marzo con el párrafo tachado, se niega a hablar del asunto porque avala la tesis de los populares de mantener la autoría de los etarras ya que hasta Otegui lo hacía en privado.

Y quinto: Aznar, que según fuentes cercanas asegura ahora haber hablado con Radio Caracol “en presente histórico”, recibía como no podía ser de otra manera los informes de inteligencia pero José Luis Rodríguez Zapatero en su calidad de jefe de la oposición, también. El actual CNI reclama los informes al ex presidente del Gobierno pero no pide cuentas al actual inquilino de La Moncloa en cuyas manos también se depositaban informes desde que se convirtió en secretario general de los socialistas.

En definitiva, y a pesar de los generales esfuerzos por esconder la verdad, los interrogatorios de los diputados populares, Jaime Ignacio del Burgo y Vicente Martínez Pujalte, esbozan nuevos horizontes sobre la posibilidad la comisión de investigación arroje por fin alguna luz. La posibilidad de la comparecencia de los confidentes tras la solicitud del propio presidente Paulino Rivero es un canto más a la esperanza de que por fin se esclarezca parte de la verdad que con tanto ahínco se intenta ocultar.

El espíritu de Madrid...
Faustino F. Álvarez La Razón 20 Julio 2004

Si los miembros de la comisión investigadora de la tragedia del 11-M y los eventuales comparecientes cerrasen los ojos un instante y se imaginasen a casi doscientos féretros en la sala, y el desconsuelo de sus viudas y de sus huérfanos, es muy probable que cambiase el tono de las intervenciones y la enmarañada estrategia de las acusaciones. «Reunión de rabadanes, oveja muerta», sentencia el dicho popular, y aquí los corderos ya han sido sacrificados previamente para que sobre sus cadáveres jueguen obscenamente a la mentira insensibles picapleitos que quieren llevar su gato al agua sin sentir que el manantial chorrea sangre. Nadie espera que se aclare lo sucedido, y una mayoría de los españoles (ver LA RAZÓN de ayer) está convencida de que nos encontramos ante una operación de maquillaje de las propias responsabilidades, y de acoso y derribo a los contrarios. Si nos damos el estatuto del fatalismo, de que las mafias terroristas con vocación suicida siempre sacarán adelante sus perversidades, aún procede más la unidad en un intento desesperado de futuras prevenciones antes que darle nuevas vueltas a la rosca del tornillo que aprisiona a una sociedad inocente y entristecida.

La experiencia nos enseña que las comisiones de investigación sólo sirven para establecer nuevas veladuras en el rostro oculto de la verdad, también para espantar cualquier intento honesto de asumir una responsabilidad colectiva. A estas alturas del dolor de casi doscientas familias, lo de menos es concluir, mediante testimonios interesados, en la influencia que haya tenido o haya dejado de tener el dolor abrumador de un pueblo en los resultados de las recientes elecciones generales. Tan legítimo es, desde un punto de vista democrático, el nuevo Gobierno de Rodríguez Zapatero como lo fueron todos los anteriores en estos casi treinta años de nueva democracia española en la que, ciertamente, siempre la oligarquía burocrática de los partidos tuvo la tentación de suplantar la soberanía popular. Pero todo sería más sencillo y auténtico, ya digo, si al menos en las paredes de la sala en que se reúne la comisión parlamentaria colgasen unas fotografías aún palpitantes de la tragedia: serían iconos que recordasen tercamente la elemental exigencia de respeto que subyace en cuanto se diga, en cuanto se oculte, en cuanto se aporte o en cuanto se tergiverse.

Somos un pueblo de memoria frágil. Quienes, tras un atentado terrorista, se han unido ¬digamos que con incuestionable sinceridad emotiva¬ contra los asesinos etarras, muy pronto se olvidan de su compromiso y pactan y pastelean hasta devolver a las aulas de la Universidad del País Vasco a matones que atemorizan y chantajean a los profesores. A mediodía del pasado once de marzo, resultaría inimaginable esta procesión de falacias y de coartadas que se habría de escenificar en el Congreso de los Diputados. El elogiado «espíritu de Madrid» está siendo traicionado con luz y taquígrafos, y hasta me imagino que Rodríguez Zapatero sea el primero en lamentarlo.

Lo que dice y lo que calla Dezcallar
EDITORIAL Libertad Digital 20 Julio 2004

La intervención del antiguo director del CNI, Jorge Dezcallar, ante la Comisión de Investigación ha servido para poner de nuevo en evidencia la honestidad del anterior Gobierno del PP a la hora de informar sobre la masacre del 11-M y, por tanto, de la mentira de quienes le acusaban de mentir hasta el 14-M.

En primer lugar, el ex director del CNI ha declarado que no tenía dudas de la autoría de ETA el 11-M, convicción que ese mismo día trasladó al propio Zapatero, si bien esa vía fue debilitándose, sin que por ello desaparecieran “muchos elementos” —de los que Dezcallar dice no poder hablar— que llevaron al centro, “muchos días después de 11-M”, a seguir investigando la pista etarra Esta declaración avala, pues, perfectamente la transparencia del proceder del ex ministro del Interior, Ángel Acebes, al que sólo cabría reprocharle las dificultades que generaba el hecho de que —como textualmente ha descrito Dezcallar— “era una investigación en abierto, la gente sabía en tiempo real lo que estaba pasando”.

Aunque haya sido descarado su intento de no dejar en mal lugar a la SER al utilizar la palabra “aclarar” y no “desmentir”, lo cierto es que Dezcallar ha explicado que la nota del Centro emitida en la agencia EFE quería hacer frente a las “informaciones” que, desde primeras horas del día 13, aseguraban —sin ser cierto— que el CNI ya se centraba prácticamente de forma exclusiva en la pista islámica. En ese momento, como ha explicado Dezcallar, "las líneas de investigación no se centraban en un 99 por ciento hacia el terrorismo islámico y la vía de ETA todavía estaba abierta".

No menos malparada sale la cadena de Polanco respecto al asunto de los terroristas suicidas. Según Dezcallar, el informe del Centro del día 15 que filtró ERC y el PNV, no hablaba de posibles terroristas suicidas entre los cadáveres de la matanza del 11-M. Lo que en realidad no descartaba ese documento, según Dezcallar, eran “nuevas acciones terroristas en las que se suicidaran sus autores”. Al final, ha señalado Dezcallar, "se volaron por los aires en Leganés". Los independentistas de ERC y PNV, pues, no sólo cometieron un posible delito de revelación del secreto, sino que además mintieron sobre lo que en realidad decía ese documento clasificado.

Pese a todo esto, nadie se debería contentar —y menos que nadie, los portavoces del PP— con lo poco que ha contado el ex responsable de nuestros servicios secretos ante la Comisión, por mucho que haya ayudado a dejar en evidencia que el Gobierno del PP actúo de buena fe en su labor informativa. Hay que saber, además, hasta qué punto actuaron de mala fe quienes tenían por objetivo político el mismo que los autores de la matanza del 11-M, y que no era otro que llevar al PP y a su política fuera del Gobierno.

Tras conocerse la vinculación de ETA con el entorno de los confidentes de Avilés y tras descubrirse que la caravana de la muerte de ETA y la de los terroristas islámicos salieron el mismo día hacia Madrid, nadie debería dar por zanjada una posible colaboración entre los galgos y los podencos. Menos aun cuando el propio ex director del CNI nos dice que había muchos “elementos” para seguir la pista etarra “muchos días después del 11-M, aunque no pueda hablar de ellos”.

Pues, si ni Dezcallar ni su sucesor al frente del CNI pueden “hablar de ellos”, ni pueden comparecer los confidentes encarcelados, ni se pueden desclasificar los documentos secretos, ¿qué clase de farsa es esta que se nos presenta como una comisión de investigación?

LA PASARELA
Por Jaime CAMPMANY ABC 20 Julio 2004

CONFIESO casi avergonzado que todavía miro hacia la Comisión parlamentaria del 11-M con un vestigio de curiosidad. Quizá queden todavía algunas cosas raras por ver y por escuchar. En esta tierra, ya se sabe: cosas veredes, mío Cid, y conviene tener siempre el ojo medio abierto y el oído al parche. Hoy, lunes (hoy es lunes para mí y martes para ustedes), viene a declarar Su Excelencia el Embajador. La carriére entra en fuego. Como el Gobierno Zapatero se apresuró a nombrar a Jorge Dezcallar embajador en el Vaticano, a lo mejor el ex director del CNI les habla a los señores comisionados acerca de la delicada salud de Juan Pablo II.

Tendremos que reconocer que no es muy corriente que el jefe de los espías de un país, aunque sea de un país mágico y no lógico como es España, termine presentando las credenciales a Su Santidad. Puede suceder que, en vez de las credenciales, le entregue al Santo Padre los informes sobre Gescartera o las escuchas telefónicas a Carod-Rovira. Espero con cierta curiosidad la deposición del embajador Dezcallar. Lo más probable es que no revele ningún episodio interesante, porque ya le avisó el ministro Bono que tuviese mucho cuidado en no descubrir ningún secreto en la Comisión. O sea, que los secretos del CNI, o los revela Aznar, pues parecer ser que los tiene, o nos quedamos sin conocerlos, a la luna de Valencia. El pequeño Blanco ya ha exhortado a Rajoy para que le diga a Aznar que devuelva los papeles. ¿Y a quién? ¿Al embajador para que se los lleve al Papa?

Cuando los comisionados se aproximan a alguien que puede decir algo interesante y desconocido en relación con el 11-M, siempre salta alguien dispuesto a cerrarle la boca. No sé yo cuáles serán los méritos que Jorge Dezcallar haya acumulado en la dirección del CNI para ser nombrado por el Gobierno Zapatero embajador en la Santa Sede, pero lo que sí sabemos es que el ministro de Defensa le ha recomendado que no se vaya de la muí. Están discutiendo los políticos si llaman o no llaman a testificar al confidente Rafá Zouhier, que a lo que se ve tiene cosas que contar y está deseando contarlas. Es curioso que el único que tiene obligación de guardar confidencialidad sea el que esté deseando hablar, y eso hace dudar de si está queriendo decir las verdades del barquero o las mentiras del confidente.

También es curioso que los ilustres parlamentarios comisionados lleven dos semanas investigando las circunstancias del Once de Marzo y tengan que enterarse por los periódicos de que las dos furgonetas con explosivos, la que fue detenida en Cuenca y la que llegó a su destino para hacer volar los trenes, salieron hacia Madrid al mismo tiempo, aunque por rutas distintas. En cambio, no salen de la otra furgoneta, la Renault con los detonadores y la cinta de canciones coránicas, que parece abandonada allí adrede para ser encontrada enseguida. Se ve que los portadores de detonadores eran hombres muy piadosos. Todo suras del Corán y ni un zortzico. Bueno, de momento sigue el desfile por la pasarela. A ver si llega la moda de las transparencias.

Terrorismos
José María CARRASCAL La Razón 20 Julio 2004

¿Qué quiere decir José Luis Rodríguez Zapatero cuando dice que «hay que distinguir entre el terrorismo de Eta y el terrorismo internacional»? ¿Que hay que combatirlos de distinta forma? ¿Que son diferentes sus métodos y objetivos? ¿Que uno está más justificado que el otro? ¿O tal vez lo único que pretende es marcar diferencias con Aznar, que no establecía diferencias entre el terrorismo nacional y el internacional? Todo eso cabe en la ambigua frase de nuestro presidente, cuya acción de gobierno desde que llegó a La Moncloa parece regirse por la norma de hacer justo lo contrario que su predecesor, tuviese o no razón.

Pero el tema es demasiado importante para dejarlo pasar como una de tantas frases huecas que se dicen en los cursos de verano. Nos estamos jugando no ya el pan, sino la vida de muchos españoles, tal vez la nuestra. Así que analicémosla. Uno de los mayores éxitos de Aznar, puede que el mayor, y ahí está el año largo sin atentados y la práctica desaparición de la kale borroka, ha sido el acorralamiento de ETA. Algo que consiguió no dando tregua policial y jurídica a la banda y a su entorno. Pero a lo que tampoco ha sido ajeno el haberla ilegalizado en todas las instancias internacionales. Cosa nada fácil como demuestra que, todavía, buena parte de la prensa extranjera, cuando informa sobre atentados en nuestro país, identifica a los miembros de ETA como «separatistas», «independentistas», «nacionalistas vascos», pero no como terroristas. Y algo parecido ocurría con los gobiernos.

Había como un recelo a colgar ese sambenito, incluso a los que dejan tras de sí una estela de carne inocente machacada. ¿Por qué? Supongo que la experiencia histórica hacía de freno. Muchos independentistas, nacionalistas y separatistas que empezaron poniendo bombas, ya contra una potencia ocupante, ya contra la oligarquía de su propio país, han terminado como políticos e incluso como jefes de gobierno. El caso más destacado es el de Israel. Prácticamente la primera hornada de su clase política como nación independiente comenzó poniendo bombas contra los ingleses, cuando estos controlaban Palestina.

Aznar aprovechó la conmoción provocada por el 11-S para borrar las diferencias entre el terrorismo doméstico y el internacional, sosteniendo que terrorismo sólo hay uno, no importa quién, dónde, qué motivos alegara o qué fines buscase. Y logrando que ETA fuera incluida en todas las listas de organizaciones terroristas, empezando por las del Departamento de Estado norteamericano. A más de que países que se venían mostrando renuentes a extraditar etarras empezaran a hacerlo. Estén seguros de que buena parte de los últimos éxitos de nuestras fuerzas de seguridad contra los mafiosos vascos se debe a ello. Jessica Stern, profesora de Harvard y autora del libro «The Ultimate Terrorist», define a éste como «aquel que de forma deliberada ataca a no combatientes, con el objetivo de infundir terror en la entera sociedad para tenerla a su merced y alcanzar así sus objetivos». Una definición que se adapta igual a terroristas del 11-M como a los de ETA. Seguir, pues, llamando a los miembros de ésta nacionalistas o separatistas es una ofensa al lenguaje y a la política. Algo que deberían tener en cuenta los periodistas extranjeros al hablar de ella, muy en especial los corresponsales en España, que conocen, o deberían conocer, a fondo el tema. Es como si los corresponsales españoles en Estados Unidos llamaran a los perpetradores del 11-S «nacionalistas árabes».

Pero me he alejado del hilo inicial de mi discurso. Las declaraciones de Rodríguez Zapatero diferenciando entre terrorismo doméstico e internacional, y añadiendo que el «terrorismo de ETA es de distinta naturaleza al terrorismo islámico», ¿qué querían decir, que los terroristas islámicos matan en masa, que actúan en grupo e incluyen el suicidio? Pues sepa que ETA también ha perpetrado masacres con decenas de muertos ¬piénsense en la masacre de Hipercor en Barcelona y en la que preparaban los terroristas detenidos en Cuenca¬, que si actúa en pequeños comandos es por constituir un grupo minúsculo comparado con el de los fundamentalistas islámicos y que si no cometen atentados suicidas es por faltarles las agallas para hacerlo y viven, incluso en la cárcel, bastante mejor que aquellos. Esas son diferencias accidentales, no fundamentales.

En lo fundamental, ambos terrorismos son exactamente iguales. Y si nuestro presidente de Gobierno empieza a hacer distingos entre ellos, se equivoca, aparte de hacerles un gran favor. Como se lo hace ignorando a los Estados Unidos en la lucha antiterrorista, limitándola, con infantil antinorteamericanismo, a la colaboración con Francia y Marruecos. Tanto o más peligroso es que diga que «el terrorismo no se combate con guerras, como la de Iraq». Al terrorismo se le combate en todos los frentes, por la sencilla razón de que nos ha declarado la guerra sin cuartel. Eso sí, nosotros lo combatiremos ajustándonos a la ley. Es lo que nos diferencia de ellos. Y da la casualidad de que los únicos que utilizaron la guerra sucia fueron los socialistas antecesores de Rodríguez Zapatero en el cargo. Algo que él olvida. En cualquier caso, de continuar por esta senda tortuosa, pronto notaremos en nuestras carnes su torpeza. Se comprende que le duelan los éxitos de Aznar, pero eso no justifica en modo alguno que revierta una política que había demostrado ser eficaz. Así que atención a su deriva en este tema. Rodríguez Zapatero puede traicionar a los saharauis, como empieza a hacer, y a los iraquíes, como ya ha hecho. Lo que no podemos consentir es que nos traicione a los españoles en algo tan trascendental como la lucha antiterrorista sólo para demostrar que hace las cosas distinto a Aznar.

La universidad y los presos
Gotzone Mora y * La Razón 20 Julio 2004

*  Aurelio Arteta, Marisol Cruz, Joaquín de Paúl, Francisco Doñate, Enrique Echeburúa, Marisol Estaban, Mikel Iriondo, Ignacio Martínez de Churiaque, Francisco Llera, Carlos Martínez Gorriaran, César San Juan, Felipe Serrano, Víctor Urruela y Eduardo Vírgala, todos profesores de la Universidad del País Vasco (UPV).

Recientemente, el Parlamento Vasco aprobó una Proposición-No de Ley sobre el «derecho de los alumnos y alumnas presos a cursar estudios» universitarios. Esta propuesta, presentada por el grupo de socialista, fue aprobada con los votos de todos los grupos parlamentarios a excepción del PP. Las declaraciones de la directora de Instituciones Penitenciarias confirman que el Gobierno de España está dispuesto a que los presos de ETA vuelvan a ser alumnos de la UPV. Mercedes Gallizo quiere que todas las personas encarceladas en España tengan derecho a estudiar cualquier carrera universitaria y no sólo las que se ofertan en la UNED. Para ello, pretende firmar convenios con todas las universidades españolas para que los presos que lo deseen puedan cursar estudios no ofertados por la UNED. Se preguntará cualquier ciudadano que trabaja entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde para ganarse un sueldo con el que mantenerse a sí mismo y su familia y poder contribuir al bienestar de todos los ciudadanos, si también tendrá el derecho a estudiar cualquier carrera en la universidad más cercana a su casa y no necesariamente en la UNED. En definitiva, parece que nos encontramos ante el desarrollo de un procedimiento que permita «discriminar de manera positiva» a las personas encarceladas en España de manera que las universidades, como señala el acuerdo del Parlamento Vasco, deban «adaptar, en lo que sea preciso, la metodología pedagógica a las especiales circunstancias de los internos». Hay cosas que deberían quedar más claras para los ciudadanos y sería recomendable que los responsables gubernamentales no retuerzan la realidad para que les cuadren las cosas, es decir, para deshacer la decisión que obligaba a los presos de ETA que lo desearan a cursar estudios universitarios en la UNED.

El objetivo de todo este asunto es que los presos de ETA puedan volver a matricularse en la UPV. La estrategia parece que está hace tiempo diseñada, el acuerdo del Parlamento Vasco lo promueve y la inexplicable política del Gobierno español lo va a permitir. Muchos presos de ETA van a decir que quieren cursar sus estudios en euskera. Esto les eximirá de la obligación de cursar los estudios en la UNED. Es importante dejar claro que en la UPV no es requisito demostrar que se domina la lengua vasca para matricularse en los grupos en los que se imparte docencia en euskera.

Recordarán la mayoría de los ciudadanos la polémica desatada hace unos meses por las condiciones en que cursaban estudios en la UPV algunos presos recluidos en cárceles españolas y francesas por su pertenencia a ETA. En aquella época el PSOE compartía con el Gobierno del PP la opinión de que las condiciones en que los alumnos de ETA, matriculados en la UPV, desarrollaban sus estudios no eran las adecuadas para garantizar la calidad de las enseñanzas recibidas, ni los conocimientos y las competencias que adquirían.

La actual directora de Instituciones Penitenciarias y otros representantes del PSOE han afirmado que a partir de ahora se darán todas las garantías para que no se pueda tener ninguna duda de la objetividad del proceso de docencia y de evaluación. El acuerdo del Parlamento Vasco dice que se debe «adaptar, en lo que sea preciso, la metodología pedagógica a las especiales circunstancias de los internos». Hacer esas afirmaciones supone o un desconocimiento del funcionamiento de la universidad o un intento de salir como sea de este trago que algún tipo de pacto de más alto nivel está haciendo pasar a algunos cargos del Gobierno. ¿Alguien puede explicar cómo un profesor universitario que imparte clases presenciales a sus alumnos, que les dirige sus trabajos y proyectos, que les imparte sus clases prácticas en grupos reducidos en los correspondientes laboratorios, va a impartir las mismas clases a un preso que se encuentra en su celda y que no puede salir del recinto penitenciario? ¿Se va a desplazar a las cárceles tres veces a la semana para dar clases particulares?, ¿va a venir el preso a las aulas custodiado por la Policía?

La pregunta clave es conocer de qué manera se va a evitar que las cosas sean como antes. ¿Se van a seguir mandando gratuitamente (pagado por todos los ciudadanos) todos los libros y materiales de cada asignatura?, ¿una o dos veces al año, un grupo de profesores visitará a cada preso durante 30 minutos y responderá a todas las preguntas que tenga con respecto a todas las asignaturas matriculadas?, ¿durante el curso se podrán poner en contacto con los profesores por carta y al final se les pedirá que hagan un «trabajo escrito» o se les remitirá un examen para que lo cumplimenten y lo devuelvan por correo? ¿Cómo se va a garantizar una enseñanza de calidad en las condiciones especiales en las que se encuentra una persona privada de libertad por parte de una universidad no diseñada para ello?

Debe quedar claro que, a pesar de estas circunstancias, y de que muchos profesores de la UPV se encuentran en situación de especial amenaza por la organización a la que pertenecen estos potenciales alumnos, ningún profesor universitario niega el derecho de cualquier persona privada de libertad a cursar estudios universitarios. Pero también debe quedar claro que la función de la universidad es la formación de profesionales capacitados para ejercer una función social en beneficio de todos los ciudadanos que la financian con sus impuestos. La universidad debe garantizar que la formación de los alumnos se hace con las máximas garantías de calidad. Y eso significa que no todo el mundo, en todas las condiciones, está preparado para cursar cualquier tipo de estudios ni para malgastar fondos públicos ocupando plazas que sólo pueden ser limitadas.

Las plazas limitadas se destinan a los alumnos con mejor rendimiento en el bachiller y a quienes tienen la capacidad de dedicar una inmensa cantidad de horas durante muchos años a formarse intensivamente y a rendir ante los sistemas de evaluación diseñados. No todas las personas pueden cursar los estudios que desean en el sitio que quieran. Y las cosas son así para todos. Es decir, el derecho al estudio tiene ligeras limitaciones relacionadas con la elección de los estudios deseados y del lugar de estudio. Y eso es lo que les pasa a las personas privadas de libertad. Nada más grave que a las personas no encarceladas. Para quienes no tienen posibilidades de asistir a las clases se diseñó y creó, en su día, una universidad que tiene un enorme prestigio, que es la UNED. ¿Se han dado cuenta los responsables del Gobierno que, en la práctica, están diciendo que van a tenerse que crear pequeñas «universidades a distancia» en todas las universidades que hagan que los presos puedan estudiar las titulaciones que la UNED no oferta, cuando no las oferta precisamente porque no se pueden cursar a distancia?

El síndrome de Akiles
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  20 Julio 2004

Bastaba leer la entrevista con la portavoz del Gobierno vasco para comprender la dificultad de un acuerdo amplio en este país, por básico que sea. Defendía la necesidad de debatir una y otra vez el proyecto Ibarretxe para ver si supera esa barrera de 36 escaños en los que lleva dos años estancado. Es un decir. Para poder contar con 36 escaños cuando transformen la propuesta en proyecto de ley, Ibarretxe tendrá que negociar con sus socios, EA y lo de Madrazo. Una cosa es que ambos aceptasen el paripé de la presentación parlamentaria en plan Fuenteovejuna y otra que EA, un suponer, vaya a aceptar que «la propuesta que hoy hace el Gobierno (Ibarretxe) es la de permanecer dentro del Estado», según afirmaba Miren Azkarate.

Patxi López destacaba justamente ayer el cortísimo recorrido que en los dos últimos años ha efectuado el plan Ibarretxe: «en lo fundamental el PNV no se ha movido ni un milímetro de la política que estaba aplicando, y tampoco lo ha hecho el Gobierno vasco. En dos años no se han movido ni un ápice y sus planteamientos no han conseguido una sola nueva adhesión. Los socialistas estamos haciendo todos los esfuerzos de flexibilidad: antes reclamábamos más Estatuto y ahora abogamos por su reforma».

Tiene razón. El PNV no se ha movido y los socialistas no han parado. En seis meses han pasado de la primera reivindicación, más de lo mismo, a pedir otro Estatuto, a plantear su reforma. En sus últimas palabras podría estar la clave del inmovilismo que tan atinadamente aprecia Patxi López en el partido-guía y en el Gobierno vasco. ¿Por qué van a cambiar ellos si los demás se muestran tan dispuestos a hacer «todos los esfuerzos de flexibilidad?». A los ojos de los espectadores más desapasionados, el plan Ibarretxe es un cadáver, pero la información que sus proponentes reciben de los movimientos ajenos pueden llevarles a pensar que todo es cuestión de esperar: cuando tenían la ocasión, racanearon las transferencias; después abogaron por profundizar en el autogobierno, propusieron más estatuto y luego su modificación. Ya vendrán a nuestro plan.

La portavoz Azkarate explicaba una verdad como un batzoki al comentar la confianza de la vicepresidenta De la Vega y otros ministros en que Ibarretxe retire el famoso plan que lleva su nombre: «¿Les diría que no conocen lo suficiente al lehendakari!». Los nacionalistas son unos maestros en la adaptación política de la vieja aporía de Aquiles y la tortuga. Ellos son la tortuga y les basta con que de cuando en cuando aparezca alguien con el síndrome de Aquiles, que sueñe con alcanzar en un pispás a su contrincante. Nunca comprende el de los pies ligeros que mientras él recorre los cien metros, la tortuga va a dar unos pasitos, lo justo para ponerse fuera de su alcance.

Presos y estudios
Juan Luis de León Azcárate Bilbao Cartas al Director El Correo  20 Julio 2004

Comparto la preocupación y el rechazo de determinados profesores y colectivos contra el terrorismo ante la posibilidad de que los presos de ETA vuelvan a estudiar en la UPV-EHU. No parece que esta posibilidad, auspiciada sorprendentemente por los socialistas vascos, además de por el tripartito, cómo no, surja por la defensa de los derechos de los presos (derechos nunca violados al poder cursar estudios en la Uned), sino más bien por intereses políticos no explicitados, pero no difíciles de entrever. No es coherente que el PSOE dé marcha atrás a lo que hasta hace poco consideraba bueno en la lucha contraterrorista. El Gobierno de la nación se equivocará si finalmente permite este privilegio.

LA CATALUÑA DE TODOS
¿Que hace o dice la sociedad civil al margen de los partidos políticos?. Casi nada porque casi nada escapa a la influencia de los partidos o de las administraciones ni a las poderosas razones de los fondos o empleos que tan sectariamente administran en este mal llamado oasis catalán.
José Castellano ABC (Cataluña) 20 Julio 2004

El futuro de Catalunya es nacionalista. La frase no es mía sino de Xavier Bru de Sala  quien días atrás (Futuro Nacionalista. La Vanguardia, 10 de Julio) afirmaba  que "si hoy no se habla de otra cosa que de selecciones, devolución de papeles, falta de inversiones, Estatut y financiación, déficit de infraestructuras y fiscal, es imposible imaginar un mañana en el que estos objetivos no vayan aparejados al liderazgo del nacionalismo". O sea que, en palabras de quien fuera miembro del primer gobierno de Jordi Pujol, viene a afirmarse, con notoria  complacencia, la misma realidad que yo he ido lamentando en no pocos de mis escritos.

Más no acaban aquí las coincidencias en el análisis porque el Sr. Bru de Sala, refiriéndose a Maragall, añadía que... "Si ha llegado donde está no es porque encarne un proyecto de izquierdas para Catalunya, sino como vicario o administrador de las pretensiones puestas en circulación por el nacionalismo catalán", al tiempo que atribuía al actual Presidente de la Generalitat una supuesta función histórica consistente  "en irrigar la izquierda con caudales trasvasados desde las cuencas del nacionalismo"  lo que no es sino una manera de elevar a la categoría de sublime lo que otros muchos entendemos  como pura y simple dejación de los principios socialistas cuando no traición expresa a cientos de miles de electores y militantes.

Pero aunque estos párrafos han venido a confirmar, desde el espacio sociovergente, las tesis que algunos hemos mantenido desde el campo de las izquierdas, lo verdaderamente preocupante del texto que comentamos es cuando X. Bru, luego de definir al nacionalismo como inagotable, sentenciaba que " se le puede vencer, como tantas veces ha ocurrido, pero nunca ha sido por las urnas" de donde necesariamente se desprendería que si ese "futuro de Cataluña",  democráticamente invencible se convirtiera en presente,  estaríamos asistiendo definitivamente al final de la propia democracia, atrapados en esa nueva especie de régimen al que me he referido otras veces. Pero como se hace muy duro admitir  tan tenebroso escenario, prefiero trivializarlo reproduciendo aquí la anécdota o, como lo denominaba su anónimo autor, el panfleto que hace unos días se nos colaba por el correo electrónico y que rezaba así:

¿Estás convencido de que los partidos de izquierda catalanes se han olvidado de sus electores?
¿Estás harto de oír hablar del Estatut y no de tus problemas?
¿Crees que más autogobierno es sinónimo de más discordia, no de más soluciones?
¿Te fastidia que en nombre de la lengua propia de Cataluña te arrebaten tu propia lengua?
¿Quieres una Cataluña leal y solidaria con el resto de España?
¿Quieres que las Instituciones catalanas respeten la pluralidad lingüística, social y cultural de los ciudadanos?
¿Quieres un partido y un gobierno que se olviden del victimismo y la identidad y se preocupen por el bienestar y el progreso social de los ciudadanos?

Vota PINN (Partido de la Izquierda No Nacionalista)

Evidentemente, las bromas sobre el -por ahora- supuesto partido no nos ocultan las mas que razonadas y razonables dudas que plantean cada una de las preguntas anteriores como tampoco podemos olvidar la absoluta hegemonía actual del nacionalismo y nuestra justificadísima preocupación e indignación por la impunidad con la que desde sus propias filas se declaran electoralmente invencibles, admitiendo sin complejos que se han instalado en un nuevo movimiento nacional en el que se revuelcan alborozados todos los partidos políticos con excepción del escasamente significativo PP catalán.

Y mientras tanto, ¿Que hace o dice la sociedad civil al margen de los partidos políticos?. Casi nada porque casi nada escapa a la influencia de los partidos o de las administraciones ni a las poderosas razones de los fondos o empleos que tan sectariamente administran en este mal llamado oasis catalán bajo cuya sombra y cobijo  dormitan el otrora combativo movimiento vecinal, los sindicatos de clase convertidos en esta clase de sindicatos, la nutrida vanguardia cultural de aquellos tiempos, las antiguas casas y federaciones regionales y otros tantos colectivos sin que nadie, salvo contadas y honrosas excepciones, se atreva a exigir la restitución de la normalidad democrática a riesgo de verse también en la inmensa lista de los que nos tememos exiliados en este país del que algunos se
sienten los amos ignorando que esta es la Cataluña de todos porque entre todos la hemos hecho posible. 

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