AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 22 Julio 2004

Maragall: ¿Parte del Estado o un Estado aparte
EDITORIAL Libertad Digital 22 Julio 2004

MARAGALL MARCA LA PAUTA
Editorial ABC 22 Julio 2004

Las verdades del barquero
Ignacio Villa Libertad Digital 22 Julio 2004

Otro tajo a España
Agapito Maestre Libertad Digital 22 Julio 2004

El coronel Hernando nos toma por tontos
Isabel Durán Libertad Digital 22 Julio 2004

SI CATALANES MANDASEN
Jaime CAMPMANY ABC 22 Julio 2004

Cataluña en el Estado
Editorial Heraldo de Aragón  22 Julio 2004

OCUPAR EL PODER
ABC 22 Julio 2004

Todo tan siniestro
Lucrecio Libertad Digital 22 Julio 2004

Los papeles de Aznar
Francisco Marhuenda La Razón 22 Julio 2004

No todos los guardias son iguales
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 22 Julio 2004

Cien días de sonrisas
Lorenzo Contreras La Razón 22 Julio 2004

Cataluña es parte del Estado
Lorenzo Contreras La Razón 22 Julio 2004

El televidente paga la ronda
Primo González Estrella Digital 22 Julio 2004

Gana el Estado de Derecho
Cartas al Director ABC 22 Julio 2004

Inexplicable cambio de dirección
C. Casado. Madrid. Cartas al Director ABC 22 Julio 2004

Borrell le dice a un diputado de ERC que su discurso en catalán no estará en las actas del PE
Javier Jiménez La Razón 22 Julio 2004

El PP pide que se diferencie el catalán del valenciano
La Razón 22 Julio 2004


Maragall: ¿Parte del Estado o un Estado aparte?
EDITORIAL Libertad Digital 22 Julio 2004

La visita del presidente de la Generalidad catalana, Pasqual Maragall, a la Moncloa ha servido para poner de nuevo en evidencia las disonancias y la indefinición de los socialistas respecto al modelo de Estado y respecto a las reformas constitucionales que quieren emprender. Un botón de muestra ha sido que, al término de la reunión, el presidente socialista catalán salía diciendo que Zapatero es “favorable” a su propuesta de reconocer explícitamente en la Constitución las nacionalidades históricas; afirmación que el ministro de Administraciones Públicas tardo poco en no poder “ni confirmar ni desmentir”.

Además, Margall ha hecho unas declaraciones de una calculada ambigüedad en las que ha afirmado que la Generalitat “es Estado, quiere ser considerada como Estado y va a ejercer de Estado”. Una comunidad autónoma forma parte de la organización territorial del Estado y los Gobierno autonómicos. Desde ese punto de vista lo manifestado por Maragall es algo conocido por todos, reconocido por la Constitución por lo que sobra decir que la Generalitat “va a ejercer de Estado”, porque lo viene haciendo desde su restauración.

Otra cosa muy distinta es pretender arrebatar al Estado central funciones que le son propias y exclusivas. Desde este punto de vista cabe analizar su afirmación de que Zapatero potenciará la participación de Cataluña en la conformación de la política Internacional española. La política exterior de España es competencia exclusiva del Gobierno central, y si se abre a la participación de la Generalidad de Cataluña, igualmente debería ofrecérselo al resto de los gobiernos autonómicos, pues es un principio básico de igualdad entre autonomías que ZP dijo que se comprometía a mantener.

La falta de consenso y definición de los socialistas ha quedado de nuevo sobre el tapete, y eso por no recordar la divergencia mucho más notable que protagonizó, hace escasas semanas, el presidente catalán cuando salió afirmando que el plan ibarretxe” no era asumible en la forma pero sí en el fondo”. Entonces no fue el ministro Sevilla, sino la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega la que le tuvo que salir al paso afirmando que el Plan Ibarrexe no era aceptable “ni en la forma ni en el fondo” y que esa era la opinión “tanto del Gobierno como del PSOE”.

El problema real no está en la supuesta vejez u obsolescencia de nuestro modelo constitucional sino en la inmadurez política de los socialistas que, a estas alturas, no saben lo que quieren y cuya falta de principios los hacen tan vulnerables a las presiones de los nacionalistas, incluidos los abiertamente independentistas. Las divergencias y disonancias que se dan entre las filas socialistas en un asunto tan básico y fundamental como es el modelo jurídico político del Estado, sencillamente, no tiene parangón en ningun país democrático de nuestro entorno.

Para limar asperezas, Maragall ha afirmado que ahora hay en España “un gobierno que entiende a Cataluña”. Ahora solo falta que los socialistas se entiendan entre sí. Y que los nacionalistas lo permitan.

MARAGALL MARCA LA PAUTA
Editorial ABC 22 Julio 2004

LAS conclusiones conocidas de la reunión entre José Luis Rodríguez Zapatero y Pasqual Maragall confirman que la política española va a discurrir por los cauces que marque el socialismo catalán. A falta de que el primero exponga diáfanamente un proyecto propio para España, el segundo ya lo tiene para Cataluña, lo hace valer y exige que los demás se atengan a él. Al final, es un problema de convicción y de autoestima. El presidente de la Generalitat tiene ambas cosas, en estado creciente ante ese dejarse llevar del Gobierno central, incapaz de oponer al federalismo práctico de Maragall un proyecto definido y movilizador sobre el modelo de Estado. El líder del PSC ha pasado por encima de la Declaración de Santillana y del Congreso del PSOE porque sus intereses políticos y sus compromisos de gobierno están en otro lado, y mientras Rodríguez Zapatero ofrezca las instituciones del Estado para que el federalismo se abone y funcione, Maragall nunca encontrará razones para cambiar de criterio. Ha dicho el líder catalán que «la Generalitat de Cataluña es Estado y va a ejercer de Estado». La frase, que juega con las palabras, no tendría más si no fuese porque en otras ocasiones su autor ha reclamado para Cataluña un rango de Estado.

El problema radica en la ausencia de contrapeso, en la sensación de vacío político que presenta el Gobierno central frente al empuje de una acción que está haciendo efectivo el proceso constituyente que tantas veces ha anunciado Maragall. No basta con que la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, afirme que discrepa del presidente de la Generalitat en este propósito revisionista. Son necesarios hechos concretos de una política que exponga cuál es la idea de España que tiene Rodríguez Zapatero, dejando a un lado las frases electorales sobre la pluralidad y la tolerante. Algunos empiezan a sentir la presión de las reivindicaciones de Maragall y a mostrar una incipiente intolerancia hacia el temor de agravios comparativos. Hace unos días, destacadas figuras del andalucismo advertían del riesgo de quedar preteridos por una asimetría insolidaria. Por su parte, el presidente de Aragón, el socialista Marcelino Iglesias, preparó la visita que hoy hará a Zapatero en La Moncloa con unas declaraciones a beneficio de inventario sobre algunas Comunidades a las que «se les ha tratado más por su dimensión económica y capacidad de radicalismo que por su permanencia en el conjunto».

Sin embargo, no parece que el curso de los acontecimientos vaya a satisfacer a Iglesias ni a quienes perciben con inquietud la consolidación de la inferioridad política del PSOE y del Gobierno de Rodríguez Zapatero frente a la determinación y la influencia decisivas del socialismo catalán. El traslado de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones a Barcelona y la nueva configuración de política exterior, con asistencia personal de los presidentes de las Autonomías a los viajes de Rodríguez Zapatero o la inclusión de funcionarios de la Generalitat en los gabinetes desde donde se diseña la política exterior, no parecen hechos ajenos a la capacidad directiva de Maragall sobre el conjunto de la política nacional. Podrá decirse que todas las Autonomías van a recibir el mismo trato, pero el argumento es engañoso porque no todas quieren participar en esta desviación del sistema constitucional, ni todas encuentran beneficio alguno para sus ciudadanos -sino, posiblemente, perjuicios de mayor calado- en la exaltación diferenciadora de la lengua, de la cultura o de la nacionalidad. Este igualitarismo ficticio parece una pantalla para la asimetría confederal, porque España y su condición de entidad nacional, unida y solidaria, sigue siendo la referencia insustituible de la inmensa mayoría de los españoles.
Zapatero y Maragall

Las verdades del barquero
Ignacio Villa Libertad Digital 22 Julio 2004

La presencia de Pascual Maragall en el Palacio de la Moncloa ha colocado de nuevo al presidente Zapatero ante la dura realidad, ante su dura realidad. Zapatero es un Jefe de un Gobierno con una gran dependencia del Ejecutivo catalán. Si Maragall guiña un ojo, en Moncloa se preguntan de inmediato las razones de un simple "tic" nervioso, si Maragall estornuda en Moncloa se inquietan ante un posible catarro del político catalán. Por ello a nadie puede extrañar que Maragall haya estado en la Presidencia del Gobierno como dueño y señor de la situación.

Pascual Maragall ha estado dos horas, cara a cara, con Zapatero. Un auténtico paseo militar lleno de exigencias y ante las que Zapatero se ha limitado a "torear" como ha podido esas peticiones: desde la Constitución a los Estatutos, pasando por la financiación o incluso afectando a la política exterior española. Pero no ha acabado ahí todo. Maragall posteriormente ha ofrecido una rueda de prensa no como un invitado al uso de Moncloa, más bien como alguien que pisa territorio propio y conquistado. Una comparecencia sin pudores y sin vergüenzas en la que ha cantado a Zapatero "las verdades del barquero".

Zapatero desde luego no ha pasado este miércoles un trago de gusto. Para nada. Zapatero se ha encontrado de bruces con sus verdaderas limitaciones, se ha encontrado con quién le marca las pautas de su política en muchos terrenos; pero Maragall es quién le recuerda permanentemente que sin él, el PSOE no tendrá mayoría suficiente en el Congreso de Madrid. Primero porque siempre está la amenaza de que los diputados del PSC formen grupo parlamentario independiente o incluso que rompieran la disciplina de voto de forma sistemática. Segundo, Maragall recuerda a Zapatero que de su entendimiento en Barcelona con ERC depende en buena parte la estabilidad del Ejecutivo central. En fin, las cosas son como son; y Zapatero se va de vacaciones sabiendo donde termina su capacidad de maniobra. Y esa frontera pasa por Barcelona.

Zapatero y Maragall
Otro tajo a España
Agapito Maestre Libertad Digital 22 Julio 2004

Ha comenzado el ocaso de la agricultura competitiva, no subvencionada y de excelente calidad, del Levante español. El principal responsable de este ocaso es Maragall y Zapatero que han impedido la ejecución del Plan Hidrológico Nacional. Otras muchas consecuencias se derivan de la suspensión del este Plan Hidrológico por parte del Gobierno del PSOE. He aquí dos fatales para el desarrollo de la nación española: la primera es la puesta en práctica de unas políticas insolidarias del gobierno del PSOE, que tienden a premiar la Comunidad Autónoma Catalana frente a las de Valencia, Murcia y la provincia de Almería. Y, en segundo lugar, da un tajo más a la idea de España nación diversa, plural y solidaria, pues este plan era, sin duda alguna, el último proyecto genuinamente nacional, porque estaban implicadas varias comunidades y provincias.

Después de la suspensión de este Plan Nacional, cualquier Comunidad Autónoma está “legitimada” para asestarle otro tajo a España. Un ejemplo basta: hace un par de días el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, le ha pedido a Zapatero, presidente del Gobierno de España, que suspenda inmediatamente el trasvase del Tajo al Segura, porque sin el agua de este río es imposible el desarrollo de su región. Siguiendo las pautas de insolidaridad que Maragall le ha impuesto a Zapatero para “gobernar” una España plurinacional y asimétrica, o sea, un conjunto de “reinos” con intereses inconciliables, Barreda le ha dicho a Zapatero que él no quiere reformar el Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha, pero a cambio tiene que paralizar, primero, las obras de infraestructuras hidráulicas proyectadas para ampliar el trasvase Tajo-Segura y, después, terminar con los trasvases de la cabecera del Tajo al Levante español.

El argumento utilizado por Barreda está copiado de su jefe político, Zapatero, a saber, no debe salir agua del Ebro, en este caso del Tajo, para regadíos u otros usos que no sean prioritarios según la Ley del Agua, que establece claramente que la prioridad es el consumo humano y el abastecimiento. De acuerdo con esta política hidrológica, ha dicho Barreda, reflejada en la derogación del trasvase del Ebro, la hipoteca del trasvase Tajo-Segura tiene que cancelarse rápidamente. El razonamiento de Barreda es impecable dentro de la lógica insolidaria impuesta por Maragall-Zapatero contra el Levante español. Barreda ha dado un genuino corte, o sea un tajo, a Zapatero con el instrumento criminal de Maragall: nacionalismo e insolidaridad.

El coronel Hernando nos toma por tontos
Isabel Durán Libertad Digital 22 Julio 2004

Con su deposición, el jefe máximo de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, considerada una unidad de élite destinada a realizar las investigaciones más delicadas encomendadas al Cuerpo, ha conseguido que, si la UCO no es culpable, lo parezca definitivamente. Y es que, que su responsable, el coronel Félix Hernando, se atreviera a decir que el confidente Rafá Zouhier se reunió con los miembros de su unidad el día después de los atentados para desarticular una red de falsificación de tarjetas de crédito y que ni siquiera le preguntaron por la masacre es que nos toma a todos, pero especialmente a los familiares de los muertos y a los heridos, por tontos profundos. Y eso, la verdad sea dicha, pasa de castaño oscuro y hasta ofende.

Lo cierto es que tal y como el coronel no tuvo más remedio que reconocer, el confidente Zouhier, al que calificó genéricamente como “estiércol”, y los agentes del cuerpo identificados como Víctor, Rafa y Paco conocían desde un año antes la existencia del “clan de los asturianos” y estaban al tanto de que disponían de cerca de 300 kilos de Goma-2 sustraída en la cuenca minera. Incluso llegaron a tener en sus manos una muestra de la dinamita. En lugar de proceder a su detención como era su obligación al tratarse de una cantidad tal de explosivos con la que se podía volar un edificio de veinte plantas, por oscuras razones todavía no aclaradas, los dejaron en libertad hasta que los delincuentes entraron en contacto con los terroristas marroquíes y les vendieron su mortífera carga de muerte. A pesar de que no se trataba de un “asunto de trapicheo”, Hernando excusó su sospechosa falta de cumplimiento con el deber asegurando que comunicó los hechos a la comandancia de Asturias y que después se cruzó de brazos.

En su increíble e inverosímil explicación insistió en que, únicamente, a requerimiento de una investigación sobre una red de tarjetas de crédito llevada a cabo en Barcelona, son los agentes de la UCO quienes 24 horas después de los atentados se ponen en contacto con Zouhier, pero no para nada que tuviera que ver con la brutal masacre. ¿No tenía otra cosa que hacer la unidad de élite de la Guardia civil que pasearse con Rafá Zouhier por la capital de España para ayudar a sus colegas de Barcelona en el esclarecimiento de una red de tarjetas de crédito con 192 muertos encima de la mesa y casi dos millares de heridos?

Las mentiras tienen las patas muy cortas. Fue el propio Hernando quien se delató. Sometido a un duro interrogatorio por el diputado Vicente Martínez Pujalte se le escapó “le puedo decir que las llamadas de Zouhier a Víctor –el agente de la UCO– se produjeron también los días 4, 9, y 10 de marzo". Por lo tanto, la realidad fue que Rafá Zouhier y los agentes de la UCO estuvieron en contacto casi permanente los días previos y posteriores a la brutal masacre. Y encima pretendía hacernos creer que cuando toda la policía española y de parte del extranjero se dedicaba a capturar a los terroristas ellos estaban tras un simple falsificador de tarjetas.

La guinda se produjo al final. A preguntas de un comisionado, Hernando afirmó sin inmutarse que el confidente corría peligro de muerte por su participación en las operaciones Hierro y Merlín destinadas a desarticular dos tramas de delincuencia organizada. Para algunos de los presentes la alusión sonó a algo parecido a una amenaza del jefe de la Guardia Civil hacia su contacto en el mundo del hampa.

La esperpéntica declaración del coronel acusado de llevar los maletines de la trama del Gal a Suiza, y la penosa y patética intervención de los representantes de la soberanía popular, salvo el PP, otrora ansiosos de saber la verdad y sumidos ahora en la más vergonzante complicidad con la trama negra del 11-M ha producido, como augurábamos desde esta columna, uno de los episodios más escandalosos de la democracia parlamentaria española.

SI CATALANES MANDASEN
Por Jaime CAMPMANY ABC 22 Julio 2004

PASQUAL Maragall, a quien Dios guarde pero que el Espíritu Santo ilumine, acaba de hacer una afirmación que a mí me ha parecido injusta, casi estoy por decir que frenéticamente injusta. A veces, al nieto del poeta le niegan las musas y los dioses la inspiración que regalaban con frecuencia al abuelo. Ha dicho Pasqual Maragall que «España no quiere que los catalanes manden». Entiendo que lo que ha querido decir Maragall es que España no quiere que los catalanes manden en ella, porque si se refiere a su pueblo, su ciudad, su provincia o su comunidad, nacionalidad, nación o como él quiera decirlo, la afirmación tendría aún menos sentido del que tiene. En Cataluña mandan los catalanes, como es natural.

Sospecho que sucede exactamente lo contrario de lo que dice el presidente de la Generalitat. Son los catalanes los que en general rehúyen mandar en España, «mandar en Madrid», como allí muchos dicen. Especialmente, rechazan su colaboración en puestos del Gobierno de la Nación, de la Nación española, claro, los catalanes nacionalistas. Si algunos políticos de Convergencia i Unió no han desempeñado un Ministerio en el Gobierno español habrá sido porque hayan rechazado la invitación más que porque no se les haya hecho. Y no una sola vez, sino varias, y desde todos los gobiernos, centrista, socialista o popular.

Si lo que quiere decir Maragall es que España no tiene ningún capricho de que mande, aquí, allí o en cualquier sitio, Carod-Rovira, el visitante e interlocutor de Josu Ternera, entonces a Maragall hay que concederle toda la razón. Ya es bastante desdicha que esté mandando en Cataluña gracias a la necesidad que de sus votos tiene Pasqual Maragall. Bromas pesadas que gastan las urnas, donde a veces se crían sapos y culebras, y con todo, benditas sean. Ahora, a este pintoresco socio de Maragall se le ha ocurrido votar que nones a la Constitución europea, o sea, que Maragall, en el pecado lleva tanto el placer como la penitencia.

No sólo los nacionalistas son los que huyen ante la posibilidad de mandar en España. Y a mi juicio, es una resistencia lamentable, porque los catalanes aportarían al Gobierno las virtudes que sin duda poseen, sensatez, moderación, equilibrio, inteligencia, laboriosidad y buena administración. Sólo les falta entender y amar a España entera, y no sólo a su trozo de España. Yo creo que para gobernar España hay que prescindir del amor excluyente, y amarla en su integridad, sin poner la propia tierra siempre por encima de las demás. Y los catalanes en general suelen dar algunas muestras de que les es difícil entender esto.

Con frecuencia los políticos catalanes quieren tener su partido aparte, su programa aparte, hacer su «rancho» aparte. Ahí tiene el señor Maragall el ejemplo de sí mismo. Apenas se ha visto empinado a la presidencia de la Generalitat, ya quiere tener su Grupo Parlamentario aparte, pensar aparte, decidir aparte y votar aparte. ¿Qué desea Maragall? ¿Gobernar España sólo para Cataluña, o que Cataluña contribuya a gobernar mejor España, toda España? Ojalá mandasen los catalanes en una España donde todos, hombres y comunidades, seamos iguales, también para ellos.

Cataluña en el Estado
Editorial Heraldo de Aragón  22 Julio 2004

LO MEJOR de la entrevista entre Zapatero y Maragall es que "ven con optimismo" el futuro de España. Los acuerdos alcanzados son modestos, pero representativos. Que la Generalidad de Cataluña "es" Estado y actúa como tal, es doctrina constitucional y el busilis reside, evidentemente, no en que sea Estado, sino en que sea "un" Estado o una Administración que haga innecesario el Estado español, salvo a meros efectos inevitables (Corona y Defensa, por ejemplo). Las críticas son reveladoras: para un nacionalista como Artus Mas, los acuerdos son irrelevantes. Para el PP de la Comunidad de Madrid, una demasía y un despojo. Pero que Barcelona sea sede del ente estatal -con notable futuro- para el Mercado de Telecomunicaciones ni debe asombrar, ni ser considerado asunto baladí: Milán, Fráncfort o Amsterdam no son capitales estatales y es hora de que en España se tomen con naturalidad decisiones de esa naturaleza, que no sólo deberían dirigirse a Barcelona.

Más reveladora es la discrepancia sobre la reforma constitucional y el reconocimiento expreso de las llamadas "nacionalidades históricas", en donde las obligaciones de Maragall con sus socios de gobierno y la perspectiva de una acción concertada a medio plazo entre CiU y ERC estrechan mucho sus márgenes de maniobra. Ambos presidentes hablaron sobre todo del modelo de Estado, de la financiación autonómica y, por su fuerza simbólica, de la lengua catalana. Maragall dijo tener la "sensación" de que hay un Gobierno de España que "entiende a Cataluña" y eso, en sí, es una apreciable toma de postura. Pero la falta de precisiones y el cúmulo de incógnitas -como las reformas estatutarias, el plan Ibarretxe y la vinculación del apoyo a la Constitución europea a criterios nacionalistas- siguen en el aire. Zapatero y Maragall han querido evidenciar su sintonía básica sin dejar de mencionar ciertas discrepancias que creen podrán superarse. Y así sería si uno y otro estuvieran solos en el escenario. Pero no lo están, y bien que lo saben.

OCUPAR EL PODER
ABC 22 Julio 2004

El presidente Zapatero se enorgulleció ante los suyos de haber acabado en noventa días con el clima de odio y rencor que existía en la sociedad española. O sea que antes de irnos de vacaciones, hemos vuelto a ser todos buenos y cariñosos. Loable éxito. Pero a mí me parece más bien que esto del talante se ha convertido en una especial dedicación a ocupar todo espacio de poder político y económico. Como si hubiera leído al estratega militar chino que citan en todas las escuelas de negocios, cree firmemente el presidente que el territorio se ocupa o nos lo ocupan.

La primera pista de lo que nos esperaba ya la dio Simancas cuando, después de perder las elecciones, insistía tenazmente a Caja Madrid a que tomara buena nota de los resultados. Lo que por cierto parece que finalmente va a hacer, pues el poder económico nunca ha sido especialmente beligerante con el gobierno de turno. Y más en este país que traduce la persuasión moral anglosajona por un ¡y si no, te vas a enterar!. El presidente no quiere propaganda, pero ¿qué es si no afirmar, por ejemplo, que trasladar la comisión del Mercado de Telecomunicaciones a Barcelona es apostar por la España plural, en vez de pagar los servicios prestados a Maragall?.

Legitima el Gobierno socialista su injustificada actitud en que los populares hacían lo mismo. Aún aceptando que así fuera, sólo serviría para poner en evidencia que las promesas de regeneración política, vinculadas a la concepción republicanista del profesor Pettit, eran mero marketing electoral. Claro que el presidente, como buen profesor universitario en su origen, habrá sin duda leído «Cuando el tiempo nos alcanza» y la defensa que hace Alfonso Guerra de la superioridad moral de la izquierda. Lectura que habrá calmado sus dudas morales al denunciar el error de la izquierda por su manía de vestirse de monaguillo y no utilizar los resortes del poder. Exactamente lo mismo que dicen ahora en el Partido Popular para justificar su derrota. Y lo contrario de lo que ambos hacen o hicieron.

Anda entrampado el Poder Judicial entre conservadores y progresistas, andan liadas las grandes empresas buscando socialistas que incorporar a su nómina de consejeros, anda el Gobierno buscando progresistas para ocupar algunos cargos institucionales. Sin embargo, casi nadie habla de los méritos profesionales, sólo de lealtades e historiales políticos.

Mucho ha cambiado este país desde la Transición, y para bien. Pero permanece instalado en el grito de Basora ¡a mí los míos! y en el desprecio por los profesionales independientes, por el distanciamiento crítico respecto al poder. En eso somos cada vez menos europeos, o lamentablemente más si miramos lo que pasa en Francia o en Italia. El Gobierno socialista nos había prometido profundizar en la democracia y recuperar el debate político y económico.

Pero empieza a cundir la decepción porque sólo se ve un Ejecutivo obsesionado por ocupar el poder y repartirlo entre los suyos. Las palabras del presidente son siempre bonitas, pero los hechos empiezan a desmentirle con demasiada frecuencia.

Comisión 11-M
Todo tan siniestro
Lucrecio Libertad Digital 22 Julio 2004

Extraño espectáculo. Sólo el no ser retransmitido en directo ha salvado al Parlamento español del bochorno colectivo que cayó sobre el de Madrid hace un año. Pero es infinitamente más vergonzoso lo que está pasando en la Comisión parlamentaria sobre el 11 de marzo de cuanto lo fuera, en su día, aquella otra dedicada al escándalo de los tránsfugas y la trama inmobiliaria de la Federación Socialista madrileña. De gravedad, ni hablo.

Ningún Parlamento – ninguna Comisión parlamentaria – que se respetara a sí mismo toleraría que un funcionario de seguridad del máximo nivel le tomara el pelo con el cínico descaro con que lo hizo el hoy mando de la Unidad Central Operativo de la Guardia Civil y antaño portador de maletines entre Vera y Amedo.

Pregunta: ¿Conocía la UCO el tráfico de dinamita que concluyó en los 190 asesinatos de Madrid? Respuesta, fantástica respuesta: “En enero de 2003, Zouhier apunta una información sobre Antonio Toro. Una tercera persona, Emilio Trashorras, quería vender explosivos. Se comprobó la veracidad, se identifica a las personas y sus vehículos. Pero nunca se habló de un comprador”. Punto. Final. Algunos llamarían a eso insulto a la inteligencia.

Pregunta: ¿Informó Zouhier acerca de los compradores de la dinamita? Respuesta, fantástica respuesta: “Zouhier debería llamarse chivato más que confidente”, y “esa gente suele mezclar ficción con realidad”, porque no son más que “delincuentes oportunistas, chivatos, que mienten”.

¿”Chivato”, Zouhier? Sí. Como Amedo. Lo cual no impidió al entonces hombre de confianza de Rafael Vera servir de correo para pagar su silencio. ¿”Delincuente oportunista” y mitómano, Zouhier? Sí, probablemente. Aunque probablemente no tanto como Amedo. Lo cual no impidió que el testimonio de Amedo fuera decisivo – una vez su veracidad judicialmente comprobada – para llevar a la cárcel al Secretario de Estado Vera y a su ministro Barrionuevo. Entre otras cosas, porque no hay juez que ignore que, en materia de delincuencia organizada, no hay otra vía de acción eficaz que el uso de los “oportunistas delincuentes” que aceptan ser chivatos – o, si son muy delicados, confidentes, exquisito matiz léxico de fijación dudosa – contra sus colegas de negocio y, sobre todo, sus jefes.

Todo cuanto concierne al atentado del 11 de marzo parece reducirse, para el asombroso alto mando de la UCO, a una serie infinita de casualidades y coincidencias. El asombroso alto mando de la UCO no ha leído – ni tiene por qué – al clásico que escribió una vez que la casualidad es el refugio de los ignorantes. Pero el clásico era excesivamente benévolo. Lo que está pasando en esa Comisión no es ignorancia. Tiene un nombre muchísimo más feo.

Los papeles de Aznar
Francisco Marhuenda La Razón 22 Julio 2004

No sé qué papeles se llevó Aznar, pero como le tengo por una persona inteligente espero que todos. La ignorancia socialista, incluidos algunos juristas, produce un cierto estupor. Una cosa es guardar el secreto y otra muy distinta que no se pueda llevar sus documentos. Lo más importante es que el comportamiento de los dirigentes socialistas, desde los antecedentes del felipismo a la manipulación del 11 al 14 de marzo, hace necesario contar con toda la documentación para que no la manipulen o la hagan desaparecer. Nadie en su sano juicio podría fiarse de esta tropa.

Los socialistas no pueden dar ninguna lección de ética. Tardarán mucho tiempo en poder hacerlo, como mínimo hasta que no quede en el hemiciclo ningún diputado que lo hubiera sido hasta la VI Legislatura. No pueden porque fueron altos cargos del PSOE los que organizaron crímenes de Estado o robaron a manos llena. No recuerdo que Zapatero, un presidente cuya única profesión ha sido ser diputado, o Caldera dijeran nada mientras se cometían aquellas atrocidades. Una cosa es que miremos hacia adelante y otra muy distinta esa amnesia impúdica.

Aznar está en su derecho a disponer de sus documentos y correspondencia como presidente, pero también lo está a la hora de advertirles que no está en Babia. Me parece insólito así como una auténtica indignidad de que la secretaría general del CNI se dirija a un ex presidente del Gobierno. Si yo fuera Aznar tiraría el oficio a la papelera. Lo mejor es ignorar a Bono, «napoleoncín de Castilla-La Mancha», y a ese indocumentado que ha nombrado para dirigir el CNI, cuyo único mérito conocido es ser su amigote. No puede ser que un grupo de comunicación, que siempre ha sido el fiel portavoz del PSOE, marque los ritmos al PP. Nos hemos acostumbrado a que la política de comunicación de los populares brille por su ausencia, que sea desordenada y caótica como el ejército de Pancho Villa. No basta con que Rajoy sea un gran candidato. Ahora es el momento de sumar y no restar, por lo que no hay que renunciar a Aznar, como quisiera la izquierda, sino plantar cara y sacar pecho.

No todos los guardias son iguales
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 22 Julio 2004

Los sindicatos policiales no tienen precisamente buena prensa. Al tradicional sesgo ideológico izquierdista se añaden todo tipo de rumores más o menos fundamentados sobre las presiones a que someten de forma sorda pero efectiva el funcionamiento jerárquico del Ministerio del Interior. Nada distinto a lo que sucede con otros sindicatos y otros ministerios, pero con la diferencia de que Interior no es un ministerio más. Ni mucho menos.

Pero esos sindicatos tan poco prestigiados han dado una soberana lección política a los diputados, especialmente a los de la Izquierda, al pedir la comparecencia del confidente Zuhier en la Comisión del 11-M y al explicar que debe hacerse, entre otras cosas, porque se está transmitiendo la impresión de que los cuerpos y fuerzas de la seguridad del Estado tienen algo que ocultar. Y eso, dicen, no puede admitirse. Han estado piadosos, porque ya no es una impresión, es una certeza. Y después de la deposición del coronel Hernando una escandalosa certeza, que coloca a la Guardia Civil en la opinión de demasiada gente cerca de la época mafiosa de Roldán. Por supuesto que en aquellos años aciagos la gente del común supo distinguir entre la cabeza podrida del pescado y la centenaria y humilde sardina en cubo de tiempos del Duque de Ahumada, pero el daño para la Benemérita fue terrible. Poco a poco, eso sí, reparado por el sacrificio de tantos guardias anónimos y honrados que se juegan la vida por los ciudadanos, por nosotros.

Me atrevo a decir que lo del altanero jefe de la UCO es, para menos gente pero más preparada o politizada, peor que lo de Roldán. Mucha gente ha entendido lo que uno de los sindicatos ha denunciado: que se ha dado la impresión de amenazar a un confidente. Exactamente ha sido así, y es vergonzoso para los representantes de la soberanía nacional que tenga que venir un sindicato uniformado a recordar que eso es intolerable en una democracia. Y es que sus señorías, con la sensibilidad de un adoquín, ni se enteraban de la humillación a que los estaba sometiendo el hombre de confianza de Vera, imputado en el tráfico de 200 millones de dinero negro para comprar el silencio de Amedo y Domínguez. Como bien ha dicho otro sindicato, hay que aventar la idea de que existe una mafia policial, porque eso es letal para la policía y para la democracia. ¿Pero cómo hacerlo cuando una persona con esos antecedentes sigue en ese cargo y hace unas declaraciones que son un insulto a la inteligencia y las remata con lo que todos entendimos como una amenaza al Zuhier que ha hablado y al Trashorras que no lo ha hecho? ¿Cómo no creer en la existencia de una mafia policial ante ese espectáculo de insolvencia intelectual y matonería barata en el propio Congreso de los Diputados?

Los sindicatos han demostrado que están mucho más en contacto con la sensibilidad de la calle que los propios diputados, que cobran por eso: por representar a los ciudadanos. Han hecho bien en hablar claro porque todos los policías y todos los guardias no son iguales, porque hay una mayoría de gente que cobra poco y trabaja mucho y duramente. Y esa gente no merece que se les tome por alevines de personajes como Hernando, ni que se les enfrente a la base del pueblo con la que conviven y a la que sirven. Lo triste es que lo que ven estos sindicatos policiales –porque está perfectamente a la vista– no lo vean o no lo quieran ver Rubalcaba, ni Alonso, ni ZP. Pagaremos muy cara esa miopía.

Cien días de sonrisas
Lorenzo Contreras La Razón 22 Julio 2004

El Gobierno del señor Zapatero cumple cien días y la sensación es que está encantado de haberse conocido. Zapatero y el Gobierno. Los dos. Ni sombra de autocrítica. Todo un puro acierto. Y encima habla de los peligros de la autocomplacencia. Pues en eso está. Difícil de entender porque la verdad es que en cien días, que suele ser el tiempo mínimo para aterrizar políticamente, el Gobierno ha actuado con tal precipitación que parece al borde de unas elecciones en vez de tenerlas recién ganadas.

Zapatero cumplió su promesa electoral de retirar las tropas de Iraq, pero en cuanto pudo, sin tardanza, comprometió un refuerzo de la presencia militar española en Afganistán, que mientras no se demuestre lo contrario sigue siendo un escenario de guerra, con la sombra de Ben Laden vagando por sus montañas y los talibanes emboscados en ciudades y campos. Quienes, con el voto joven en mano, le pidieron «no nos falles», acaso no estén ahora muy persuadidos de que los rumbos emprendidos por Zapatero sean tan prometedores.

En política exterior, desde el punto de vista diplomático, lo primero que hizo fue intensificar los contactos con Marruecos, enviando de emisario a Bono y dando la impresión de que los saharauis han quedado con la mosca en la oreja, igual que Buteflika con el propio Zapatero en Argelia. O sea, cualquier cosa menos progresismo, a menos que por progresismo se entienda el semiplantón que dio en Estambul a los socios de la OTAN, anticipando su regreso a Madrid como si «aquello» le interesara más bien poco.

Fallos de estilo, traspiés de novato, salvo que su diplomacia de la sonrisa resulte seductora. Lo mismo cabe desear de sus maneras en política interior, donde madrugó cargándose el Plan Hidrológico Nacional sin que el sistema de las desaladoras suscite entusiasmo entre los expertos. Para qué hablar del desmontaje de la Ley de Calidad de la Educación, cuando, por lo que se ve, la enseñanza no emprende derroteros más convincentes que la garantía lastimosa del fracaso escolar. A fin de cuentas, no todo se cura con laicismo a la hora de reducir la tasa de semianalfabetos.

Una precipitada iniciativa de ley contra la llamada violencia de género plantea dificultades de ortodoxia constitucional, porque está en juego la igualdad entre hombres, mujeres, niños y ancianos. Y hasta es posible que los agravios lleguen al mundo de las parejas de hecho. En todo caso, un proyecto mal estudiado, falto de consultas, entre otras la que podría haberse realizado con la Confederación de madres y padres separados.
Muchas más podrían ser las observaciones sobre la trayectoria de Zapatero en este imperio de los cien días. Cien días de sonrisas y ademanes. Esperemos.

Cataluña es parte del Estado
Pablo Sebastián Estrella Digital 22 Julio 2004

El presidente del Gobierno de Cataluña, Pasqual Maragall, ha hecho hoy un juego de palabras, no se sabe bien con qué intención, para decir que Cataluña es “Estado”, añadiendo que actúa como Estado en referencia, se supone, al Estado español y como guiño a su pretensión de soberanismo, no sabemos si camino de un Estado independiente como lo proponen sus socios de Gobierno de la Esquerra Republicana de Cataluña.

Cataluña lo que es, de verdad, es parte de España y del Estado español, y parece mentira que Maragall se niegue a hacer estas precisiones para permanecer en el campo de la ambigüedad creándole problemas a su partido y al propio Zapatero, que lo acababa de recibir en el palacio de la Moncloa, donde le ha regalado la Comisión Nacional del Mercado de Telecomunicaciones a Maragall en pago por su visita, y ya van dos regalos si recordamos aquel otro, de José Bono, del Castillo de Montjuic.

Estamos a la espera de que el ministro Bono regale instalaciones militares a todas las autonomías y que el Gobierno de Zapatero reparta también en todas las autonomías instituciones de funcionamiento estatal. Y ello por más que le pese a Maragall, que está empeñado en el llamado “hecho diferencial”, que consiste en pedir más para los catalanes que para el resto de las Comunidades españolas y en dar menos a la solidaridad nacional que el resto de las Comunidades españolas, en aras de una historia propia y de una lengua, que también tienen otras Comunidades y, por supuesto, mucha más historia, como es el caso de Andalucía, porque una vez que nos remontamos a la historia podemos llegar a la dominación árabe y al califato de Córdoba para reivindicar el título de nacionalidad o de nación y pedir para Andalucía, como lo recuerdan Rojas Marcos, Clavero Arévalo y Escuredo, un trato igual o incluso mayor que el que se le conceda a Cataluña desde el Estado central.

A Zapatero le pasa con Maragall lo que a Rajoy le pasa con Aznar; cada vez que hablan Maragall y Aznar, en vez de crear problemas políticos o polémicas con sus adversarios, abren crisis en su propios partidos políticos.

Aunque el asunto de Maragall todavía no ha hecho nada más que empezar, y llegará a mayores en el momento en el que el Parlamento catalán abra el debate sobre la reforma del Estatuto y se organice una subasta al alza entre los partidos nacionalistas y catalanistas a ver quién pide más, para luego llegar a Madrid con una propuesta que ya veremos hasta dónde llega y que seguramente van a querer igualar todas las Comunidades salvo que rompa el marco constitucional, en cuyo caso no será admitida en el Parlamento nacional.

Maragall, como los ciclistas en la montaña, hace la goma con Zapatero, sonríe, dice que todo va muy bien, pero cuando el presidente se da la espalda le lanza una andanada para que luego algún ministro tenga que salir a rectificar al presidente de la Generalitat. Esta vez sólo ha sido una cuestión de semántica, pero esos gestos señalan por dónde va el camino que quiere recorrer Maragall.

El televidente paga la ronda
Primo González Estrella Digital 22 Julio 2004

El coste de las televisiones públicas para el contribuyente español no cesa de aumentar desde hace unos años. No contentos con sufragar la subsistencia de Televisión Española al margen de toda lógica empresarial, las Autonomías están tomando de unos años a esta parte el relevo del despropósito televisivo. Y las cifras del disparate crecen sin cesar, en un ejercicio de claro olvido de las prioridades de la política.

Mientras en Cataluña estudian la forma de rascar los bolsillos de los pacientes de la sanidad pública para disuadirles de que realicen tantas visitas a los médicos, el ente público correspondiente no tiene reparos a la hora de tirar del presupuesto para mantener un ente audiovisual con un déficit de unos 80 millones de euros anuales y una deuda que supera los 700 millones de euros, cifras que serían imposibles de asumir desde una óptica de empresa privada. Es sólo un ejemplo, quizás el de mayor dimensión por ser el más mastodóntico y el más añejo (24 años de vida) de los entes públicos audiovisuales, junto al vasco.

La suma de esta colección casi interminable de despropósitos la acaba de resumir, sin afán de plena exactitud, el presidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, Carlos Bustelo, al estimar en algo más de 1.400 millones de euros la suma de las subvenciones públicas que percibieron el pasado año las cadenas públicas de televisión, que siguen creciendo como hongos en número y en necesidades. Ya casi no queda Autonomía que se precie que no disponga de su propia televisión pública, y las que aún no se han enrolado en el descabellado circuito están en trance de hacerlo o pensándoselo muy seriamente. Los ayuntamientos constituyen, en algunos casos, el segundo eslabón de esta pintoresca cadena de despilfarros. El propio Bustelo ha señalado que las cifras reales de subvención posiblemente estén más cerca de los 1.800 millones de euros.

Dicho de otra forma, la red de emisoras públicas de televisión (en realidad, más que red, es una colección de reinos de taifas, ya que si verdaderamente funcionaran en red podrían optimizar mucho los costes y mejorar la calidad del servicio), alimentada por los dos grandes partidos políticos en proporciones similares aunque cambiantes según el turno político, está a punto de alcanzar una situación de equilibrio (en el peor sentido de la palabra) entre lo que estos organismos perciben por vía de las subvenciones respecto a lo que ingresan por la vía comercial, es decir, por la publicidad. Dando por válido que la totalidad de estos últimos ingresos refleja realmente una demanda “de mercado” (es decir, corresponde a anunciantes que buscan únicamente anunciarse y llegar a los televidentes con sus mensajes), se podría decir que un plan de reconversión del sector de la televisión pública debería reducir más o menos a la mitad su tamaño para que dejara de costarle dinero a los contribuyentes. Ni siquiera constituye un consuelo el hecho de que la pujante industria televisiva esté contribuyendo a la “excepción cultural” ni del país ni de alguna de sus Autonomías o nacionalidades. Un somero repaso a las programaciones o algún vistazo simplemente superficial a lo que se puede ver a cualquier hora en pantalla refleja pronto cómo la verdadera “excepción cultural” que están financiando las televisiones españolas es la de la industria americana del telefilme, básicamente. Ello complementado con programas de “creación” propia que, por lo general, constituyen una colección de puestas en escena de mal gusto y que escasamente contribuyen a eso que los medios de comunicación tienen como una de sus principales guías, la de entretener y enriquecer a su audiencia. Nada más lejos. Las televisiones públicas del país, del Estado como dirían los ideólogos del nuevo estado de cosas, más parecen empeñadas en una costosa labor de embrutecimiento colectivo y de alienación que ni en tiempos del denostado régimen anterior se perfilaban con tanta munición desgastada y en desuso.

Cómo salir de una dinámica tan perversa sin más daño para las arcas públicas y con algo más de provecho para la audiencia? Esa es la cuestión. Una de tantas que requeriría de un pacto de Estado entre los dos grandes protagonistas de la vida pública. Es de temer que en el actual estado de dispersión de responsabilidades y competencias al que nos encaminamos, el colectivo de las televisiones públicas va a seguir en una deriva similar o agravada en la medida en que la oferta de espacios y la búsqueda de clientelas seguirán siendo objetivos de difícil o imposible renuncia. El televidente paga la ronda.

Gana el Estado de Derecho
Cartas al Director ABC 22 Julio 2004

Hemos visto en las últimas horas las imágenes de dos asesinos: Idoia López Riaño y su compañero de matanzas «Santi Potros», puestos a disposición de la Justicia. Los veíamos muy risueños a los dos, estos dos asesinos parece que estaban muy contentos de estar donde estaban. Pues si ellos estaban contentos, yo lo estaba mucho más. El sitio común de estos asesinos es la cárcel, para que paguen entre rejas todo el sufrimiento que han sembrado en miles de familias.

El Estado de Derecho gana cuando un terrorista es detenido y encarcelado. Las leyes en los últimos años han mejorado en este aspecto. Parece que hay a quien le rechinan los dientes cuando tiene que reconocer que gracias al Gobierno anterior las leyes son menos permisivas, que hoy se lucha contra el terrorismo con las únicas armas de la ley, del Estado de Derecho, cosa que no se hizo siempre. Esperemos que esto, que es claramente lo prioritario, también lo tenga claro este nuevo Gobierno del presidente Rodríguez. Ésta debe ser la táctica a seguir: unidad inquebrantable de los demócratas en contra del terrorismo y sus inductores; convicción profunda de que el Estado de Derecho, la democracia y los que luchan por la libertad y en contra de estos asesinos están en posesión de toda la razón; utilizar todas las armas democráticas a nuestro alcance como se ha venido haciendo en estos últimos años y, por último, ser perseverantes, no bajarnos del tren de la lucha por la libertad.

Estos dos asesinos encarcelados se ríen, pero van a pagar sus penas entre barrotes, por tanto que se rían todo lo que quieran, porque mientras nosotros, los amantes del Estado de Derecho y de la libertad, nos reímos más. Así gana el Estado de Derecho.     Álvaro Lodares Pérez. Madrid.

Inexplicable cambio de dirección
C. Casado. Madrid. Cartas al Director ABC 22 Julio 2004

Madrid. Desde aquí quiero denunciar, anticipando mi respeto hacia la lengua catalana, la originalidad de algunos que tienen ciertas «ocurrencias inteligentes» y la de otros que no saben controlar las extravagancias de sus subordinados, permitiendo que las mismas sean achacables a instituciones, en este caso bancarias, que no debían permitirlo.

Hemos recibido últimamente varios miembros de mi familia cartas de movimientos de nuestras cuentas en el BBVA, en las que ha sido cambiado nuestro domicilio en la calle Lérida, en Madrid, por el de calle Lleida. Mi reacción inmediata ha sido la de pensar en la torpeza humana, y la segunda, la de indignación, por dos razones: cambiar mi domicilio sin mi autorización y asignarme un domicilio que no existe, ya que en Madrid, en su callejero y en la esquina de la calle, figura Lérida.

No me extiendo sobre el hecho de que mi indignación ha ido en aumento cuando, para modificar su error, me meten en un tinglado burocrático para poder «cambiar» mi domicilio, sin entender que no ha sido así y que la única torpeza proviene de alguien de ese Banco, al que espero que se le llame la debida atención por quien corresponda. Por supuesto, cuando voy a Cataluña digo «Lleida» para que me entiendan, como cuando voy a Londres pronuncio «London». 

Borrell le dice a un diputado de ERC que su discurso en catalán no estará en las actas del PE
Javier Jiménez La Razón 22 Julio 2004

Madrid- El eurodiputado Bernat Joan, de ERC, empleó ayer el catalán durante un debate en el Parlamento Europeo en el que se discutía sobre la candidatura del ex Primer Ministro portugués José Manuel Durao Barroso para presidir la Comisión Europea. Puesto que el catalán no es una de las lenguas oficiales de la UE, el presidente del Parlamento, Borrell, precisó que las palabras pronunciadas en esa lengua no constarán en el acta de la sesión.

Durante su intervención, Joan alternó el catalán con el inglés y empezó con una frase en catalán ¬«por favor señor Barroso, de a los catalanes la oportunidad de votar sí a la Constitución europea»- que tradujo al inglés. Joan siguió hablando en inglés y pidió para Cataluña «la misma autonomía de la que goza Portugal dentro de Europa». «Podríamos votar favorablemente la Constitución europea», «si la lengua catalana obtuviera un reconocimiento oficial».

La Constitución europea a la que aludió Joan fue aprobada el mes pasado por los 25 Gobiernos europeos y en ella se incluye, a petición del Gobierno español, la posibilidad de que ese texto sea traducido a las tres lenguas cooficiales españolas ¬catalán, gallego y euskera-. El Gobierno de Rodríguez Zapatero también defendió que los ciudadanos pudieran dirigirse a las diversas instituciones europeas en esas tres lenguas, pero la demanda no fue aceptada.

Bernat Joan concluyó su intervención con una nueva frase en catalán, y el presidente del Parlamento Europeo aclaró que las palabras en catalán no se incluirían en el acta de la sesión.

El PP pide que se diferencie el catalán del valenciano
Presenta una proposición no de ley en el Congreso
La Razón 22 Julio 2004

Madrid- El PP reclama que el Congreso haga llegar a las instituciones del Estado, «a los efectos oportunos y para su traslado a los organismos dependientes de ellos», que «no renuncia, ni renunciará a exigir y defender ante quien proceda el derecho constitucional de igualdad de trato de la lengua autóctona y el idioma valenciano con el resto de lenguas españolas». La iniciativa subraya que la utilización de una misma nomenclatura para los libros en valenciano, «lengua legítima de la Comunidad Valenciana» y para «los de otra lengua autóctona» ¬en alusión al catalán¬ supone «ignorar o, en su caso, vulnerar, los derechos que la Constitución Española confiere al pueblo valenciano».

La propuesta solicita además que el Congreso exija «el máximo respeto a los derechos históricos y constitucionales del pueblo valenciano» establecidos en el Estatuto de Autonomía y que se «reafirme» en el contenido del artículo 7 de esta norma, «en el que se proclama que la lengua o idioma que, junto con el castellano, se habla en la Comunidad Valenciana es el idioma valenciano». El texto de la proposición no de ley señala que el Estatuto de Autonomía «denomina idioma valenciano a la lengua propia de los valencianos» y que, por tanto, éste término «debe ser utilizado en el marco institucional» y no debe ser «objeto de cuestionamiento o polémica». «La lengua valenciana forma parte del patrimonio cultural de la nacionalidad histórica valenciana y es un derecho constitucional incuestionable para el pueblo valenciano», defiende. Según subraya, «que alguna institución del Estado o cualquier departamento dependiente de él ignore este derecho constitucional es, como mínimo, un desprecio a la historia, cultura y derechos constitucionales del pueblo valenciano».
 

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