AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 25 Julio 2004

CIEN DÍAS, CIEN DUDAS
José Antonio ZARZALEJOS ABC 25 Julio 2004

Retroceso a los cien días

Editorial La Razón 25 Julio 2004


«La Generalitat es Estado»
Cartas al Director ABC 25 Julio 2004

Príncipe del español
José Apezarena El Ideal Gallego 25 Julio 2004

El matador del español.
Nota del Editor 25 Julio 2004

LA MALA CONCIENCIA

César Alonso DE LOS RÍOS ABC 25 Julio 2004

11-M, EL PSOE Y EL GOBIERNO FALLAN

Editorial ABC 25 Julio 2004

PREMIO A LA DESLEALTAD
Jaime CAMPMANY ABC 25 Julio 2004

Todos somos diferentes

José María Carrascal La Razón 25 Julio 2004

En defensa del Gobierno

Amando de Miguel La Razón 25 Julio 2004

Los vascos sí aprobaron la Constitución

PEDRO FERNÁNDEZ BARBADILLO El Correo 25 Julio 2004

Inteligencia y factor humano
Andrés Montero Gómez La Razón 25 Julio 2004

La horma de su zapato
KEPA AULESTIA El Correo 25 Julio 2004

La Policía desarticula el «comando Vizcaya» y detiene a dos de los etarras más buscados
D. MARTÍNEZ, P. MUÑOZ/MADRID ABC 25 Julio 2004


 


CIEN DÍAS, CIEN DUDAS
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 25 Julio 2004

ABC ofrece hoy a sus lectores una entrevista con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sólo quince días después de la que se publicó en estas páginas -el pasado día 11 de julio- con Pasqual Maragall. Ambas son piezas informativas interpretativamente importantes de la situación política y de los propósitos e intenciones del socialismo gobernante, tanto en la Generalitat de Cataluña como en el Gobierno de España, que, en la actual circunstancia histórica, son indisociables en cuanto a sus objetivos.

Zapatero y Maragall -más allá del simplismo del análisis obvio- tratan de construir un prototipo en el que los ejes de transmisión de España, aquellos que distribuyen la fuerza del motor a las ruedas del vehículo nacional, resulten diferentes a los actuales. No se trataría de «destruir» la Nación, sino de recrearla conforme a un argumentario por completo distinto al que se ha venido manejando incluso por el propio socialismo del PSOE. El presidente de la Generalitat realiza el diseño y el del Gobierno se apresta a ejecutarlo, cómplices los dos en el doble objetivo de modificar, a través de un nuevo régimen jurídico-constitucional para Cataluña, otras realidades que, problemáticas o no, han venido conformando el discurrir español de los últimos años.

La clave reside -y Maragall es claro al exponerlo- en que las nacionalidades ejerzan de tales mediante una atribución de poder distinto e incrementado del que ahora disponen y que las regiones hagan lo propio, en una concepción de España que sería «plural» -como ahora-, pero que alcanzaría la categoría de «diversa» -que en la actualidad no se habría logrado con la Constitución de 1978, «una gran disposición transitoria», en apreciación del presidente del PSC-PSOE.

A partir de ese presupuesto -que requiere incursiones sustanciales en la Carta Magna y en los Estatutos-, el denominado «problema vasco» tendría una dimensión y una perspectiva distintas, y se establecería una nueva paternidad constitucional que sobre el eje de Barcelona, Madrid-Moncloa y Sevilla imantaría, seguramente, un nuevo ciclo de poder electoral. Estaríamos así ante un escenario distinto en el que los actores protagonistas de la transición y del PSOE y el PP con más trayectoria resultarían inadaptados y extraños a la coreografía y el guión. Es decir, prescindibles.

Esta es, creo, la «segunda transición» que se aborda por Maragall y Zapatero con el esmero de evitar -sólo si es posible- incurrir en una operación constituyente que revise los conceptos-pilares del actual sistema, como son el de la soberanía y el de nación única. La compatibilidad de la significación de ambos conceptos con la denominada «España plural y diversa» de Maragall, avalada por Zapatero, es voluntarista y plantea contradicciones radicales que los dos dirigentes quieren ir limando para conseguir al menor coste posible lo que se proponen.

Desde un punto de vista esencial, los cien primeros días del Gobierno socialista, unidos a los varios meses del tripartito catalán, podrían asimilarse a una auscultación previa a las pruebas radiológicas para calcular luego cómo y hasta dónde será necesario utilizar el bisturí. La feracidad discursiva de Maragall, el «talante» de Zapatero, las contradicciones del Ejecutivo integrado por varios ministros buscadamente inexpertos y combativos, el ajuste brutal al que se somete al PP, especialmente en la persona y significación de José María Aznar, son maniobras de aproximación en las que se percibe duda, a veces, pero que se solventan con la determinación de seguir adelante desafiando la prudencia, aunque a menudo con el pertrecho demagógico de decir una cosa y hacer otra. Cien días de Gobierno socialista que sirven para albergar, al menos, cien inquietantes dudas de futuro que las entrevistas de ABC con Maragall y Rodríguez Zapatero han escudriñado afanosamente.

Retroceso a los cien días
Editorial La Razón 25 Julio 2004

La encuesta de «Celeste-Tel» realizada para LA RAZÓN sobre la percepción que tienen los ciudadanos sobre los primeros cien días del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero refleja una realidad mucho menos idílica de la que intentan trasladar a la opinión pública los medios más próximos al PSOE. De hecho, en sólo tres meses, y contra toda la experiencia acumulada en este tipo de investigaciones demoscópicas, los socialistas perderían hasta cinco escaños si se celebraran hoy las elecciones generales. Por contra, la oposición, que tras una derrota electoral reciente suele ser maltratada por las encuestas, habría comenzado un claro repunte y obtendría entre 4 y 5 escaños. El hecho es más significativo aún si se tiene en cuenta que la recogida de los datos se produjo entre los días 12 y 21 de este mes de julio, es decir, en plena celebración del Congreso del PSOE, con lo que significa de mayor presencia coyuntural en los medios de Comunicación.

En un primer análisis, parece claro que un sector de los votantes del PSOE del pasado 14-M lo fueron de manera claramente excepcional, reclutados entre un sector de la población que suele abstenerse en todas las convocatorias a las urnas. Es, pues, un reflejo claro de una realidad que los socialistas se empeñan en desdibujar: que el atentado del 11 de marzo en Madrid, y los acontecimientos ocurridos en los días posteriores, fueron un factor determinante en el vuelco electoral. La encuesta de «Celeste-Tel» calcula en cerca de novecientos mil, los electores socialistas que ya han «desertado» del PSOE, muchos de los cuales volverán a engrosar las filas de la abstención.

Por lo demás, las respuestas de los encuestados demuestran que el Gobierno de Zapatero no levanta, precisamente, grandes entusiasmos. Su acción política «estrella», la retirada de las tropas de Iraq, ni siquiera es percibida como un acierto para más del 65 por ciento de los españoles. Ocurre lo mismo con el pregonado «talante»: sólo el 1,8 por ciento ha notado una mayor cercanía a los ciudadanos, mientras que el 11,1 por ciento le reprocha su forma de gobernar. Tampoco sus grandes proyectos, como las políticas encaminadas a mejorar la situación de la mujer, se perciben como algo extraordinario. Al contrario, son más los que le acusan de no cumplir sus promesas, el 13,3 por ciento, que los que creen en su programa de gobierno, reflejado por un corto 4,8 por ciento de los encuestados.

Son datos que deberían hacer reflexionar al PSOE. Sin quitarle un ápice de legitimidad a su victoria electoral del 14-M, no se puede obviar que ésta se produjo tras un acontecimiento absolutamente trágico y excepcional como fueron los atentados de Madrid. Las encuestas reflejan, por lo tanto, la realidad de que el Partido Popular mantiene prácticamente intacta su base electoral, mientras que Zapatero no logra retener los votos prestados en las pasadas elecciones.

«La Generalitat es Estado»
Cartas al Director ABC 25 Julio 2004

En la reciente reunión entre Maragall y Zapatero dice el primero que la «Generalitat es Estado, quiere ser considerada como Estado y va a ejercer de Estado». No sé si Maragall está haciendo una declaración de exaltación nacionalista de Cataluña, o simplemente esta declaración es consecuencia del acuerdo según el cual la Agencia Estatal de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones se traslada de Madrid a Cataluña. A mí no me parece ni bien ni mal que la sede de un organismo público se traslade de un lugar geográfico a otro. No es algo que me preocupe siempre que esa decisión obedezca a criterios de racionalidad o de eficiencia y no sea una decisión basada únicamente en criterios políticos que hoy valen y mañana no.

Pero si Maragall desea que Cataluña albergue instituciones y organismos públicos del Estado español lo primero que debe hacer, en mi opinión, es renunciar a que estas instuciones de carácter estatal practiquen un favoritismo o discriminación lingüística entre el catalán y el español, ya que dan un servicio al conjunto del Estado español. Por otra parte, no entiendo cómo se pueden defender posturas de autodeterminación política y a la vez estar interesado en que órganos e instituciones del Estado español se trasladen a Cataluña. En definitiva, el traslado a Cataluña de la CMT es un ejemplo más de la incertidumbre con la que los españoles nos enfrentamos al modelo de organización territorial del Estado español que el PSOE tendrá que definir próximamente, de una forma seria y responsable.   
Roberto Menchén del Cerro.  
Tres Cantos (Madrid).

Príncipe del español
José Apezarena El Ideal Gallego 25 Julio 2004

Una de las más grandes riquezas que posee este país nuestro, llamado España, es el idioma, el castellano, el español. Y no verlo así constituiría enorme ceguera. Y cuando alguien posee un tesoro, hace dos cosas. En primer lugar, protegerlo, cuidarlo, mantenerlo, conservarlo. Y, en segundo lugar, intentar que aumente. Pues eso mismo creo yo, hay que aplicar al idioma español. Así que todos los esfuerzos que se realicen para limpiarlo, fijarlo y darle esplendor (que son los fines declarados de nuestra Real Academia), pero más aún por promoverlo, ampliarlo y difundirlo, redundará en bien de todos. En la tarea está también nuestra Monarquía. He escrito más de una vez que la Familia Real ha demostrado siempre un gran “patriotismo”. La palabra no está de moda, pero, a pesar de ello, refleja sentimientos dignos, y hasta obligados en cualquier bien nacido. Y, como parte de ese amor por lo español, muestran un aprecio hondo por el idioma. No hay viaje oficial de los Reyes fuera de nuestras fronteras que no tenga como destino, entre otros, el Instituto Cervantes de cada país. Y nunca dicen no a una sugerencia para que presidan, asistan o hablen en simposios y conferencias con ese asunto. Lo acaban de hacer los Príncipes, asistiendo en Monterrey a un magno congreso sobre la lengua. Cuentan las crónicas que los cuatro días han estado marcados por la promoción de nuestra cultura e idioma. Los Príncipes de Asturias son “Príncipes del español”.

El matador del español.
Nota del Editor 25 Julio 2004

Parece que está muy bien visto que cada cual intente llevar el ascua a su sardina, pero si preguntamos al que se queda con la sardina cruda, seguro que no le parece tambien. Por eso, siempre que los monárquicos, allá ellos con su creencia, tratan de echar alpiste a los despistados, siento que la razón se lanza contra todos sus argumentos.

De las múltiples cosas que se pueden hacer para defender el español, la más sencilla es cumplir la Constitución
española, al mismo tiempo, deshacerse de la denigrante institución del Defensor del Pueblo, que más que defensor es matador del español, pues todas sus acciones van en contra del Art. 3º de la Constitucion española, en su afán de defender las claramente anticonstitucionales imposiciones lingüísticas regionalistas que están borrando el español de muchas partes del aún mapa de España.

LA MALA CONCIENCIA
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 25 Julio 2004

VEINTITRÉS de julio. Viernes tarde. Oigo en un programa de radio que el PSOE podría demandar judicialmente a Aznar por haber conseguido la Medalla del Congreso norteamericano gracias a la campaña de relaciones públicas montada por un «lobby». Me llama mi amigo.

-Están en el linchamiento de Aznar. Como locos. ¿Por qué si el enemigo a batir hoy debería ser Rajoy?
-Te equivocas. Los socialistas saben que la fuerza de Rajoy viene de Aznar y por lo mismo la liquidación de aquél sólo puede hacerse a través de la de éste. Piensa que no les valió de nada que Aznar anunciara su retirada de la política.

-Parece que eso les excitó aún más.
-Porque lo peor que podía sucederles es que se fuera de rositas. Podría convertirse en un mito.

-Sobre todo cuando se hacía la comparación con González. Mientras que éste había terminado su carrera envuelto en los escándalos de la corrupción económica y del terrorismo de Estado, Aznar pasaba a la Historia como un modelo.
-Tienes razón, pero lo más grave no era el problema que planteaba el paralelismo de los dos líderes, sino lo que se deducía para las fuerzas que éstos representaban. Al caer el prestigio de González y subir el de Aznar, la izquierda perdía la conciencia de superioridad moral en la que siempre ha estado instalada.

-Ese salto de lo personal a lo colectivo que señalas es muy importante y por ahí es por donde se produce la mala conciencia de toda la izquierda, incluida la comunista. Ahora bien, para librarse de ella entienden que más que reponer la fama de González hay que liquidar la de Aznar. La demonización de Aznar les liberará de los demonios propios.

AUN cuando se retirara de la carrera presidencial. El hecho es que no podía pasar a la Historia con una imagen aceptable. Si fuera así, el descrédito no sólo afectaría a González, sino a todos los que le habían votado y defendido sin ningún tipo de reservas. Todos habían sido Galindo. Todos habían sido Roldán. Todos habían sido González. Incluso el diputado -silente- Zapatero.

-Convendría estudiar mejor los efectos que produce la identificación de las masas con sus líderes y las direcciones de los partidos en los casos de corrupción. Los seguidores acríticos interiorizan los fallos de sus líderes hasta el punto de sentirse más cerca de éstos que antes de que se diera este vínculo perverso.
-Y supongo que ese efecto de adhesión en el Mal tiene su efecto inverso en relación con quienes dicen representar el Bien. Así que el Gal y la corrupción económica sirvieron de cohesión en el PSOE y de rechazo en contra del PP precisamente porque denunciaba los excesos.

SE crea una mala conciencia en los seguidores que les lleva curiosamente a la solidaridad con aquellos a los que deberían haber abandonado.

-Quizá por eso la corrupción desgasta menos de lo que generalmente creemos.
-Incluso obliga a apretar las filas.
-Es la solidaridad en el error.
-En el crimen, incluso.
-Es un proceso muy peligroso.
-El peor de todos. Puede conducir a nuevos tipos de fascismo.

-Según eso, los hechos que estamos viviendo desde el 11 de marzo pueden servir como consolidación de la izquierda.

-Por supuesto. Cuanto más evidente sea la utilización electoral de la masacre -autorías aparte- que hizo el PSOE, mayor será la mala conciencia de quienes lo votaron el 14 de marzo. Y cuanto mayor sea esa mala conciencia, más fuerte será la solidaridad con Zapatero y mayor el odio a Aznar.

-Hasta mañana.
-Hasta mañana.

11-M, EL PSOE Y EL GOBIERNO FALLAN
Editorial ABC 25 Julio 2004

LA forma en la que se está desarrollando la Comisión parlamentaria que investiga los acontecimientos trágicos del 11 de marzo resulta, a una semana de su terminación, claramente decepcionante.

Una primera objeción resulta evidente: el PSOE y el Gobierno, acompañados por sus socios, parecen haber logrado evitar que la Comisión emita un dictamen que alcance a la jornada de reflexión, el 13-M, durante la que se desarrollaron graves circunstancias, incompatibles con las normas y el espíritu democrático, y cuya peor expresión fue el acoso a las sedes del Partido Popular.

Una segunda objeción: el veto a comparecencias de singular importancia, en particular la del ex secretario de Estado de Interior Ignacio Astarloa y las de directivos de medios de comunicación que tuvieron un cuestionable protagonismo en aquellos días aciagos.

Tercera objeción: se está tratando de eludir la posibilidad de que el ex presidente José María Aznar comparezca, de modo que sean sólo los ex ministros Ángel Acebes, Eduardo Zaplana y Ana Palacio los que testifiquen, quizás para así zafarse de la proclamada disponibilidad de José Luis Rodríguez Zapatero a prestar declaración ante los comisionados si era requerido para ello.

Cuarta objeción: se han propiciado comparecencias superfluas -al margen de su interés general, no ceñido a los hechos- y otras aviesas y contradictorias, entre ellas la de los actuales comisarios generales de Policía Científica e Información, que fueron acusados -de modo indirecto pero inequívoco- por el ex director general de la Policía de «desleales», sin que ambos hayan desmentido -el que calla otorga- la preparación de sus respectivas declaraciones ante la Comisión en aparente coordinación con el PSOE, circunstancia denunciada que el Gobierno no parece dispuesto a investigar.

Quinta objeción: han aparecido nuevos hechos de relevancia -un vehículo en el que uno de los terroristas suicidas pudo haber huido tras la comisión de los atentados- sin que el Ministerio de Interior haya informado a la Comisión.

Estas objeciones que quebrantan los propósitos del PSOE y del Gobierno de atribuir al Ejecutivo de Aznar una colosal mentira que no aparece por parte alguna, junto con la literalidad de las declaraciones de mandos operativos -salvo la del comisario general, Miguel Ángel Santano- y las del director general de la Guardia Civil y la Policía y la del director del Centro Nacional de Inteligencia, acercan el resultado de la Comisión a una conclusión clara: el Gobierno no mintió -otra cosa fue su estrategia de comunicación, e incluso su obstinación-, y, en consecuencia, la acusación en contrario del PSOE resultó ser una tergiversación.

La casi seguridad de que ésa sea la percepción general ha hecho acumular a los socialistas tácticas de distracción -desde la virulencia de las responsabilidades por el accidente del Yakolev-42 hasta la filtración malévola e injusta del contrato del Ministerio de Asuntos Exteriores con el «lobby» que impulsó, entre otras misiones, la concesión de la medalla del Congreso de Estados Unidos a José María Aznar- que, sin embargo, no podrán evitar la decepción ante un «talante» y una «transparencia» que no se han hecho presentes en uno de los episodios más delicados de nuestra historia democrática. El PSOE y el Gobierno están «fallando» antes de lo que podían prever sus votantes.

PREMIO A LA DESLEALTAD
Por Jaime CAMPMANY ABC 25 Julio 2004

ESTE periódico ha revelado los nombres de los dos policías desleales que pasaron al Partido Socialista información especial, privilegiada o preparada ad hoc, durante los días del 11 al 14 de marzo, y que sirvió para la campaña de difamación contra el Gobierno desarrollada en aquellos días. El ex director general de la Policía Agustín Díaz de Mera había denunciado en la Comisión del Parlamento la existencia de los dos funcionarios prevaricadores, pero no indicó sus nombres.

Por el ABC hemos sabido que se trata de Telesforo Rubio y de Miguel Ángel Santano. El hecho podría quedar circunscrito a la infidelidad de dos funcionarios públicos, si el Gobierno socialista no les hubiese ascendido en cuanto llegó al poder. Telesforo Rubio, comisario jefe de Chamartín, ha sido ascendido a comisario general de Información, y Miguel Santano, responsable provincial de la Policía Científica, aparece ahora de comisario general.

Los interesados no han desmentido hasta ahora, que yo sepa, esta grave información, así que la debemos dar por buena. Ambos interesados chivatos aguantan calladitos estas imputaciones y firman la nómina todos los meses, mientras el inefable ministro del Interior, José Antonio Alonso, se llama andana y se pone a mirar hacia la Meca, que a muchos les ha dado ahora por mirar hacia allí. Y así, una deslealtad administrativa se convierte en un escándalo político de órdago. Y eso no es todo. Añaden las informaciones que los dos funcionarios prevaricadores prepararon su comparecencia en la Comisión parlamentaria durante una larga visita en las dependencias socialistas de Gobelas. O sea, que acudieron aleccionados previamente por el eminente profesor Rubalcaba Cortadillo de Alfarache.

No creo que la noticia haya traído sorpresa alguna a los ciudadanos, ni siquiera a aquellos que veranean en las playas de Babia ni a los socialistas que crean en los Reyes Magos y en que los niños vienen de París o nacen entre las coles del huerto. Eso estaba tan claro que se decía por todas las esquinas y se insinuaba en las páginas de todos los periódicos, menos en ése que todos sabemos. Con información intencionada, policial y judicial, salió a trabajar Rubalcaba a toda prisa, dándose con los talones en el tafanario, desde la famosa cena de El Plantío.

A estas novedades, que no lo son tanto, se une el veto de los socialistas para que no declare en la Comisión un ex secretario de Estado del Ministerio del Interior, y otro veto escandaloso: no serán llamados a declarar los periodistas, precisamente los periodistas, que, como es vox populi, tanto tuvieron que ver en el zafarrancho político de aquellos días. Qué preguntas tan bonitas e interesantes se podría haber hecho a los redactores de la Ser. No es extraño que Rajoy abandone toda esperanza de que la Comisión arroje alguna luz sobre los hechos de aquellos terribles días de marzo. Y no es extraño que los socialistas hagan un esfuerzo desesperado para convencernos de que la Medalla de Oro del Congreso USA se la compró José María Aznar a los representantes del pueblo americano con dinero del Estado. O sea, que echan sobre su propio escándalo lo que yo llamo el «lobby» feroz.

Todos somos diferentes
José María Carrascal La Razón 25 Julio 2004

A mí no me ha molestado, en absoluto, que Zapatero recibiera a Maragall con la bandera catalana al lado de la española. Lo que me molestaría sería que fuese el único presidente de comunidad autónoma que fuera recibido así en la Moncloa. Por cierto, no he podido captar en las imágenes si Marcelino Iglesias, el presidente de Aragón, recibió el mismo trato. Eso espero. Del mismo modo, encuentro lógico que se traslade la CMT a Cataluña. Siempre que se haga lo mismo con otros organismos estatales. Alemania tiene el Tribunal Supremo en Karlruhe y los Estados Unidos, sus reservas de oro en Fort Knock. Otro tanto puede decirse de las visitas de nuestro presidente de gobierno a países con relaciones especiales con una de nuestras autonomías. ¿Por qué no va a acompañarle el presidente de la misma? Si vamos a descentralizar, descentralicemos de verdad.

Si hemos hecho de España un Estado de las autonomías, ¿por qué no reconocerlas como tales? Lo que sería ilógico, lo que echaría por tierra todo el costoso andamiaje que hemos montado, es que empezaran a hacerse distingos, que se admitiera que unas autonomías son más autónomas que otras, más históricas que otras, más importantes que otras.

Que lo persiga Maragall, bueno. Entra dentro de las aspiraciones del gobierno tripartido que preside, donde los nacionalistas tienen un peso muy superior a su número. Que lo acepte Zapatero, ya es otra cosa. José Luis Rodríguez Zapatero es el presidente del Gobierno español y, como tal, uno de sus primeros deberes es velar por la igualdad de todos los españoles. Concediendo a unos prioridad sobre otros, dando tratos de favor o privilegios exclusivos, no sólo demostraría que es prisionero de Maragall e, indirectamente, de Carod-Rovira, sino también que está violando las obligaciones de su cargo. Hay cosas con las que no se juega, por mucho talante que se le eche, y una de ellas es la igualdad de los ciudadanos y sus comunidades ante la ley. Si la «democracia de los ciudadanos» que Zapatero pretende imponer empieza por hacer distingos entre estos, vamos listos.

Una vez puestos de acuerdo en la pluralidad de España, reconocida su diversidad, llevemos el Estado de las autonomías a su máximo. Pero sin asimetrías, palabra de moda últimamente, para vendernos la discriminación, la ciudadanía de primera y de segunda. Una de las grandes falacias que corren por nuestro país es que unos españoles son más diferentes que otros. Todos los humanos somos diferentes. Incluso yo soy diferente de mis hermanos, pese a compartir genes, educación y tantas otras cosas. La grandeza de la democracia consiste precisamente en poner a todas las personas en el mismo nivel, reconociendo su personalidad individual. Y todo intento de establecer categorías es, humanamente, una indignidad; políticamente, un suicidio.

En defensa del Gobierno
Amando de Miguel La Razón 25 Julio 2004

Cuando un socialista percibe una crítica al Gobierno actual, salta como un saltamontes: «El PP lo hacía peor». O en todo caso, como condescendencia: «El PP también lo hacía mal». Da la impresión de que a los tertulianos de la radio, a los comentaristas de los otros medios, el Gobierno les han dado esa instrucción. Si se sigue la norma, uno puede esperar alguna dádiva de las muchas que puede otorgar el Gobierno. No me parece a mí que esa actitud defensiva sea buena para el Gobierno. Si una cosa que hace el Gobierno está mal, prometan sus hoplitas: «lo haremos mejor». Siempre hacia delante, en positivo, como se dice ahora. La mejor defensa es un buen ataque.
Ha concluido el plazo de los 100 días famosos que se concede como moratoria a las posibles críticas que puedan hacerse al Gobierno. ¿De dónde viene ese capricho? En su origen fue otra cosa. Cuando llegó al poder Franklin D. Roosevelt se marcó un plazo de 100 días para proponer las grandiosas reformas del «new deal» (otro juego, otras cartas). Cuando estuvieron todas juntas, que opinaran los periodistas o el público sobre ese paquete de medidas entrelazadas. Esa tradición se toma ahora como que durante los primeros 100 días no hay que criticar a un Gobierno. No señor, eso no es así.

La crítica mayor que se merece el actual Gobierno es que, durante los primeros 100 días, no ha propuesto grandes reformas. No tenemos nada equivalente al «new deal», que ahora incluiría medidas como el trasvase del Ebro. Por cierto, esa obra fue una propuesta del socialismo español de la época de F. D. Roosevelt. Es una lástima, porque, cuanto más se pegue el Gobierno al día de las elecciones, más capaz será de hacer reformas. En lugar de cambios sustanciales, el Gobierno actual se ha limitado a cuestiones cosméticas que sólo irritan (matrimonio de homosexuales, violencia de género, aborto, etcétera). Peor que eso, el Gobierno se ha dedicado a decir lo mal que lo ha hecho el PP. De tal modo que las nuevas medidas son fundamentalmente para derogar o rectificar lo que había hecho (mal) el PP. Gran error.

Voy a poner un ejemplo mínimo de lo que conozco. De momento lo escribo en la forma de un supuesto. Supongamos que un organismo público encargó hace un año un informe a un sociólogo o similar. El informe se hace y está a punto de imprimirse. En esto se produce el cambio de Gobierno. Decisión del nuevo voivoda: el informe se retira de la imprenta. Si eso ocurriera y se multiplicara estaríamos ante una gigantesca estupidez. Por lo menos sería un despilfarro de nuestro dinero, el de los contribuyentes. El Estado somos todos, no del Gobierno. No se olviden de ese principio los gobernantes, interinos que son. Los fijos somos aquí los ciudadanos. Otro día los detalles.

Los vascos sí aprobaron la Constitución
PEDRO FERNÁNDEZ BARBADILLO/PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD SAN PABLO-CEU El Correo 25 Julio 2004

En demasiadas ocasiones el debate político se reduce a la repetición de consignas con las que se trata de acallar al adversario y evitar la discusión de argumentos. Uno de los casos más característicos es la constante invocación por parte de los nacionalistas a la no aprobación por los vascos de la Constitución. El domingo 11 lo recordaba el parlamentario Fernando Maura en este periódico: «De una forma reiterada, todos los dirigentes del PNV que se han sucedido a lo largo de los últimos 25 años han proclamado que la Constitución española de 1978 no fue votada por los vascos, ya que la abstención que se produjo en el referéndum que la aprobó fue del 54,5%». Hace unos meses publiqué en la Revista de Estudios Políticos (Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, nº 122), junto con el catedrático Carlos Ruiz Miguel, un estudio titulado '¿Aprobaron los vascos la Constitución?', cuyo contenido quiero exponer a los lectores.

En el referéndum de diciembre de 1978 el sí obtuvo en las tres provincias vascas 479.205 votos y el no, 163.191. La disputa proviene de que el PNV de entonces promovió la abstención y por ella optaron 859.427 personas. Esta discusión es más política que legal, pues ninguna autoridad vasca prescinde de la Constitución. De ésta emanan el Estatuto y el Concierto, y en virtud de ella las haciendas vascas aprueban y recaudan impuestos. Pero, por honradez, se debe demostrar que la afirmación 'los vascos no aprobamos la Constitución' es mentira.

Nuestra Ley Fundamental no exige un porcentaje mínimo de votantes en los referendos para que sean válidos. Por tanto, quienes tenían la facultad de pronunciarse a favor o en contra y no lo hicieron no están legitimados para refutar el resultado final. En un exceso de sectarismo, algunos llegan a sumar la abstención, los votos negativos y los votos en blanco para proclamar que la Constitución fue rechazada por 1.073.532 vascos. Si en 1978 hubiera habido un millón de nacionalistas, habría que deducir que su número ha menguado desde entonces, puesto que en las autonómicas en las que ha habido mayor participación (mayo de 2001) PNV, EA y EH-HB rondaron los 750.000 sufragios con un censo aumentado en un 17%.

En la petición del no coincidieron la izquierda abertzale, la extrema derecha y la extrema izquierda españolas. Tres meses después del referéndum se celebraron elecciones generales y las listas vascas de la coalición de extrema derecha Unión Nacional obtuvieron los votos de casi 11.000 vascos. Aunque éstos se decantaran en igual sentido que los militantes de Acción Nacionalista Vasca, no se les puede contar en el bando de los independentistas.

La abstención del 6 de diciembre fue del 32,3% en toda España, mientras que en el País Vasco subió al 55,3%, es decir, un 23% más, que, en un primer análisis, puede identificarse con la inconcreta abstención activa. El PNV impulsó la abstención porque la Constitución no reconocía un pueblo vasco anterior a ella y con el que las Cortes debían tratar de igual a igual. Antes de proseguir, recordemos que las democracias no pueden hacer hablar a los muertos ni a los silenciosos. Sentado este principio, tratemos de averiguar cuántos de los abstencionistas lo fueron por identidad con el PNV.

En las generales del 77 se abstuvieron 310.406 vascos. Éste podría ser el mínimo, pero hay que desecharlo porque esas elecciones se realizaron año y medio antes del referéndum y en ellas sólo votaron los mayores de 21 años. Es más adecuado comparar la abstención de diciembre de 1978 con la producida en las consultas celebradas a lo largo de 1979 -generales de marzo, municipales de abril y referéndum sobre el Estatuto de octubre-, todas con un censo similar. En las generales de 1979 se abstuvieron 526.679 personas, en las municipales, 587.663, y en el referéndum de octubre, 644.105. Por tanto, la llamada abstención técnica del País Vasco en aquel momento estaba entre los 526.000 de las generales y los 644.000 del referéndum del Estatuto. En todas esas consultas, el PNV se movilizó contra la abstención, pues defendió el sí (Estatuto) y pidió el voto para sus propias candidaturas (generales y municipales).

Procede entonces hacer la resta entre los abstencionistas del referéndum de la Constitución (859.427) y los de las consultas de 1979 (526.292 votos de las generales de marzo, por coger, de las tres posibles, la cifra más cercana y más pequeña de abstenciones). El resultado da 332.748 personas, lo cual quiere decir que si el PNV en marzo recibió 275.292 votos, los abstencionistas de la Constitución logrados de verdad por el PNV fueron esos 275.000 votantes propios y 50.000 más. Según nuestra interpretación, el número de síes a la Constitución rebasó la abstención propiciada por el PNV.

Por último, la abstención en el País Vasco no fue excepcional ese día, pues Galicia ganó el puesto de región más abstencionista de España. Orense (59,4%) superó a Guipúzcoa (56,5%), Lugo (56,4%) a Vizcaya (56%) y La Coruña (45,5%) y Pontevedra (44,7%) a Álava (40,7%). Y en 1978 el terrorismo etarra aumentó su actividad, lo que en muchos lugares vascos pudo inducir a grupos de electores a abstenerse para no quedar señalados. En resumen, quienes insistan en que la Constitución no cuenta con la aprobación de los vascos están ilegitimando a todos los gobiernos autonómicos. El formado por el PNV en 1980 estaba en minoría en el Parlamento de Vitoria (24 escaños frente a 60) y obtuvo menos del 22,5% del censo. Ni con tres partidos el lehendakari Ibarretxe dispone de la mayoría absoluta en la Cámara; además, la suma de PNV-EA y de EB-IU sólo abarca el 37,6% del censo de 2001. De igual manera que se afirma que la Constitución española se ha impuesto a los vascos, se puede replicar que Ibarretxe gobierna contra la mayoría de los ciudadanos.

Inteligencia y factor humano
Andrés Montero Gómez La Razón 25 Julio 2004

Algunas veces se escucha que la inteligencia dejó de existir tras la segunda guerra mundial. Bromeando. Que los servicios de inteligencia dejaron de hacerla coincidiendo con la creación de la CIA norteamericana. Es cierto que la lucha entre la civilización y el totalitarismo nazi engendró operaciones de inteligencia brillantes, llevadas a cabo por seres humanos comprometidos, la mayoría de ellos no profesionales y depositarios, tanto en planificación como en ejecución, de habilidades y capacidades que poco o nada tenían que ver con la tecnología. Podríamos calificar ese estadio de desarrollo de la inteligencia como su etapa romántica. Aunque para ser honestos, la inteligencia no se quedó allí, en los términos de la segunda guerra mundial, estancada en el nacimiento de la CIA.

En verdad, la inteligencia se benefició de una época dorada hasta la década de los ochenta, como capacidad de los Estados para enfrentar otro totalitarismo, el soviético. En cualquier historia de los servicios de inteligencia se encontrarán capítulos memorables sobre operaciones en donde la destreza y un particular sentido humano del deber llevaron a gestas gloriosas. Otra buena parte, la mayoría, de esas operaciones quedaron a resguardo de la memoria del silencio. Servicios de inteligencia británicos, franceses, también soviéticos, de una multitud de países en la órbita de unos y de otros, de los EE UU, italianos y a veces españoles, diseñaban operaciones de información sustentadas en el factor humano. Después llegaría la tecnología.

La revolución tecnológica y la aparición de la aldea global tras la caída del muro de Berlín supusieron un verdadero cambio de paradigma en los servicios de inteligencia. No sólo tenían que adaptarse a las nuevas amenazas, tras la dilución del mundo de bloques, sino que la aplicación de instrumental avanzado en los sistemas de transporte, comunicación e información significó un avance exponencial en la conformación de la realidad de los escenarios, que pasó a ser multimedia. Avance cualitativo, porque los modos de producir y procesar la información tendían a ser más rápidos e inmediatos, basados en la imagen y el sonido. Era posible ver, posible oír, incluso oler o medir presencia humana, sin importar distancias. Avance cuantitativo, pues la cantidad de información a obtener y a procesar en cada escenario de observación o de análisis se disparaba hacia el infinito. El mundo se tecnificaba y, en su seno, el comportamiento de las amenazas. Los servicios de inteligencia recurrieron a la tecnología para obtener información sobre riesgos y también a la tecnología para procesar y analizar los ingentes volúmenes de elementos de información que se obtenían.

De algún modo, en alguna parte del camino, comenzó a pasarse por alto que las más importantes y decisivas amenazas a la seguridad global son humanas, o producidas por humanos. Desde el calentamiento invernadero hasta por supuesto el terrorismo.

La inversión en tecnología de inteligencia y seguridad se disparó desde los EE UU. Su extensión y asimilación por el resto de los países tiene un componente de dominancia cultural evidente, igual que la expansión del «American way of life». También existe un «American way of life» de la inteligencia. De hecho, los paralelismos que se conocen entre las imprevisiones de la inteligencia contraterrorista norteamericana y de la europea en los atentados terroristas de los onces son tan asombrosos como miméticos.

Los cuadros humanos de los servicios de inteligencia también han modificado su naturaleza, composición y filosofía a la par que los recursos tecnológicos. Progresivamente la inteligencia militar ha dado paso a la civil y la profesionalización a la vocación. La estructura organizacional de los servicios se ha parcelado jerárquicamente tomando como referencia requisitos educativos formales, adoptando igual orientación que las instituciones públicas en las que se aloja la inteligencia.

Tanto la tecnificación estructural como la reorientación de las políticas de recursos humanos son avances indudables y necesarios en los servicios de inteligencia modernos. Es indiscutible que la asimilación de cada renovado componente en el nuevo paradigma global del conocimiento tiene sus efectos colaterales. Sin embargo, también es evidente que ante grupos criminales siempre en la última etapa del desarrollo tecnológico, los servicios públicos de inteligencia no pueden más que invertir en tecnología. Y, con todo, la tecnificación de los servicios encuentra muchas dificultades para adaptarse adecuadamente al ritmo que la criminalidad organizada y el terrorismo imponen como resultado de la conectividad de las comunicaciones, el transporte y la información.

En algún momento del camino hemos desenfocado. Ocurre casi siempre cuando la vertiginosidad de los procesos demanda ejercicios de adaptación muy rápidos. Los seres humanos y las organizaciones que los seres humanos crean toleran y asimilan el cambio con dificultad. Aunque el cambio sea el resultado de la acción humana.
En el desenfoque de los servicios de inteligencia han tenido que ver mucho los nuevos modos de aplicar el monopolio estatal de la fuerza ante las amenazas violentas. En las guerras modernas, por ejemplo, uno de los objetivos estratégicos es limitar al máximo el número de bajas humanas propias, e incluso ajenas. Igual ocurre en inteligencia. Si sembramos aparatos de escucha y vídeo, sensores y dispositivos guía, no infiltramos a un agente en la organización criminal. Si programamos una red de computadores para apresar de entre un flujo de comunicación aquellas señales que respondan a unos patrones preestablecidos, podremos escuchar millones de frecuencias en miles de lugares objetivo. Después llega un tipo con turbante y estética de cabrero de los montes afganos, con su Kalashnikov al hombro, y nos percatamos de que las innumerables señales que captamos nos sirven poco para encontrarle; que no hay forma de que nadie a su alrededor nos informe de sus intenciones; y de que la tecnología de análisis no es capaz de decirnos, porque hemos limitado la creatividad de analistas a quienes también hemos compartimentado la información, de qué modo ejecutará sus asesinatos masivos. Resulta que los patrones que habíamos programado en nuestros computadores para capturar, de entre miles de conversaciones, frases o palabras relacionadas con las amenazas, son sobrepasados porque las comunicaciones de los humanos que componen esas amenazas se realizan en idiomas que no conocemos o con palabras neutras, que no significan nada para nuestro software.

Es necesario reinvertir en el ser humano. Recuperar el foco adaptativo desde el desenfoque extremo al que nos ha llevado un proceso en donde hemos perdido, globalmente, el ritmo de ajuste. Hay que repensar la cultura y estructuras de los servicios de inteligencia, sobre todo en unidades contraterroristas. No puede ser que no exista nadie que sea capaz de ver el mapa completo de la amenaza en un país, porque sus servicios, dispersos y en competencia, se disputan el control de una información que pertenece al Estado y no a sus agentes. Hay que revitalizar el análisis, instituyendo centros integrales y multiagencia con la seguridad suficiente para que tengan acceso a toda la información disponible, con capacitación de sus analistas en metodologías avanzadas de procesamiento de esa información. Hay que promover las actividades de inteligencia humana, refinando las capacidades de captación de informadores y promoviendo la infiltración de grupos criminales. Unos desarrollos son más fáciles que otros, no deseo ser demagógico. No obstante, ¿cómo es posible oír decir a Jorge Dezcallar que el CNI estaba fuera de juego en el post 11-M o que los servicios contraterroristas de la policía no tengan acceso a los análisis e informaciones del CNI? En ocasiones, la salud de un esquema de inteligencia o seguridad sólo depende de que la persona adecuada tome las decisiones oportunas.      Andrés Montero Gómez es presidente de la Asociación Española de Psicología de la Violencia

La horma de su zapato
POR KEPA AULESTIA El Correo 25 Julio 2004

La entrevista que mañana mantendrán Rodríguez Zapatero e Ibarretxe en La Moncloa restablecerá la comunicación formal entre el Gobierno central y el autonómico al más alto nivel. Pero es dudoso que sirva para propiciar la complicidad de fondo que precisa toda relación institucional para que pueda considerarse normalizada. Desde que adelantara los fundamentos de su plan, el lehendakari se ha erigido en adalid del diálogo «sin límites ni condiciones», papel que le resultaba fácil de interpretar frente a la indisposición mostrada por Aznar a la comunicación con el nacionalismo. Pero el ademán cortés y paciente del nuevo inquilino de La Moncloa se asemeja tanto al Ibarretxe presto a conversar hasta el amanecer que es probable que mañana el lehendakari experimente la sensación de quien se topa con la horma de su zapato.

En un país en el que el insufrible deterioro del clima político convierte el diálogo más insulso en noticia, la cita de mañana adquiere la categoría de acontecimiento. El hartazgo por la confrontación hace que ver reunidos a los representantes públicos constituya un alivio. Pero sería conveniente que Rodríguez Zapatero e Ibarretxe, además de mostrarnos su mejor cara, expliquen públicamente a qué distancia se encuentran sus respectivas orillas. De forma que la ciudadanía pueda sacar sus conclusiones sobre si es posible o no la construcción de un puente que las una.

El pasado 31 de mayo, en un encuentro organizado por el Círculo de Empresarios, el lehendakari dio a conocer tres de sus propósitos: agotar la presente legislatura, someter dentro de la misma su plan a votación del Parlamento y tratar de que la fórmula del tripartito (PNV-EA-EB) continúe gobernando Euskadi tras los comicios autonómicos.

La continuidad en la política de alianzas del nacionalismo y el mantenimiento del proyecto soberanista como fuerza de arrastre hacen más que improbable el entendimiento de fondo con el PSE y con el PSOE, cuyo secretario general y presidente de Gobierno ha condicionado la eventual reforma de los estatutos de autonomía al previo logro de un consenso en cada comunidad y a su sujeción al marco constitucional.

Fijadas las elecciones al Parlamento vasco para la próxima primavera, es más que probable que mientras tanto cambien sólo las formas. Porque del mismo modo que para el Gobierno central resulta difícil transferir las competencias pendientes contempladas en el Estatuto a favor de una administración empeñada en la superación inmediata de éste, para el Gobierno vasco sería comprometido asumir esas eventuales transferencias a riesgo de que contribuyan a apuntalar el Estatuto vigente frente a su sustitución por la «libre asociación» de Euskadi con el Estado constitucional. Horma por horma, nadie debería pensar que los protagonistas de mañana acuden a la reunión dispuestos a engañarse a sí mismos. De ahí que pueda exigírseles que a la salida se refieran al fondo de sus discrepancias y no a la forma de su mutua amabilidad.

La Policía desarticula el «comando Vizcaya» y detiene a dos de los etarras más buscados
D. MARTÍNEZ, P. MUÑOZ/MADRID ABC 25 Julio 2004

La Comisaría General de Información, en colaboración con sus compañeros de Vizcaya, asestaron ayer un duro golpe a la banda terrorista ETA al desarticular el nuevo «comando Vizcaya». La operación , dirigida por el comisario general Telesforo Rubio, y que aún permanece abierta, ha permitido detener a dos de los terroristas más buscados -Josune Oña Ispuzua, natural de Baracaldo, de 28 años, y Asier Mardones Esteban, nacido en la misma localidad, de 25- y a otras dos personas: Atxarte Salvador Navarro, de 27 años, miembro de Segi y que podría quedar en breve en libertad tras ser interrogada, y otro individuo, identificado como Aritz López Anda, de 23 años. Los dos «liberados» de la banda iban armados, la mujer con una pistola del calibre 9 milímetros corto, y el segundo con una HS del mismo calibre.

Las detenciones, según las fuentes consultadas por ABC, se produjeron a primeras horas de la tarde y los terroristas -que formaban parte del comando que tendió una emboscada a la Ertzaintza el 15 de septiembre del año pasado en el puerto de Herrera, a treinta kilómetros de Vitoria- no pudieron oponer resistencia a los agentes. Los criminales habían logrado huir después de aquel atentado, en el que el tercer integrante del grupo asesino murió en el enfrentamiento con los ertzainas.

La pista de las armas
La Policía trabajaba anoche en dos direcciones: por una parte, se intentaba averiguar si los dos terroristas tenían pensado cometer un atentado de una forma inminente, como parece indicar el hecho de que habían llegado hacía poco tiempo a España desde su refugio francés; en segundo término, se habían comenzado a realizar los pertinentes analisis de las armas intervenidas para determinar si ya han sido utilizadas en alguna acción criminal.

Las investigaciones realizadas hasta el momento por la Policía hacen pensar que la operación, calificada de «muy importante», ha permitido desarticular un grupo operativo y algunas fuentes apuntaban anoche a que se trataba del nuevo «comando Vizcaya» que tenía pensado actuar en «cualquier momento».

La investigación de la Comisaría General de Información supone el primer gran golpe a los comandos operativos de ETA en España desde la llegada del PSOE al poder. Fuentes de la lucha antiterrorista recuerdan que en el seno de la banda se había abierto un debate sobre la conveniencia de reanudar los atentados, posibilidad que defiende el sector más duro, encabezado en estos momentos por el jefe del aparato militar, Garikoitz Aspiazu. Los arrestos indican que así ha sido.

Josune Oña Ispizua y Asier Mardones Esteban se dieron a la fuga a raíz de la citada emboscada, perpetrada el 14 de septiembre, en la que resultó muerto el miembro del comando Arkaitz Otazua Aboitiz. Los dos agentes contra los que iba dirigida la acción criminal resultaron heridos.

Las investigaciones desarrolladas por la Ertzaintza por aquel atentado, informa Vasco Press, llevaron a la identificación de estos dos individuos como los otros dos integrantes de la célula terrorista.A partir de ese momento pasaron a figurar en la lista de los terroristas más buscados y el Ministerio del Interior difundió sus fotografías.

Josune Oña, estudiante de Derecho en la Universidad del País Vasco, había estado vinculada con anterioridad a actos de violencia callejera, según informó entonces el Departamento de Interior del Gobierno vasco. El 24 de septiembre, la Ertzaintza registró su domicilio en la localidad vizcaína de Etxebarri. Asier Mardones carecía de antecedentes policiales.

Además del atentado de La Herrera, la Policía sospecha que los dos arrestados puedan estar detrás de la bomba colocada el 18 de febrero del pasado año en un camino vecinal de Murueta. El artefacto, que iba dirigido contra un ertzaina, no llegó a estallar y pudo ser desactivado por la Policía, ya que el agente contra el que iba dirigido lo localizó tras ser alertado por un vecino de la presencia de unos individuos sospechosos.

El rastro
Los dos etarras permanecieron varios meses escondidos en algún piso antes de lograr pasar a territorio francés. A raíz de la captura del dirigente del «aparato logístico» de ETA Luis Enrique Gárate Galarza, el pasado mes de febrero, la Policía francesa se incautó de documentación de la banda terrorista en la que figuraban las fechas de dos citas pendientes con los miembros huidos del comando que atentó en el alto de la Herrera. Los encuentros previstos tenían por objeto que los huidos realizaran el paso de la frontera a territorio francés, lo que evidencia que a mediados de febrero, cinco meses después del atentado, los etarras todavía no habían logrado cruzar la frontera y se encontraban escondidos en algún punto del norte de España.

La Policía francesa vigiló los lugares de las citas por si acudían los fugados, pero éstos no se presentaron, por lo que debieron continuar más tiempo ocultos a este lado de la frontera sin poder ponerse en contacto con sus jefes en Francia.

Sin embargo, en abril, apareció otra pista de Josune Oña, ya en territorio francés. En una vivienda de la localidad de Bagneres de Bigorre, la Policía francesa encontró el 3 de abril varias mochilas con explosivos preparadas para ser entregadas a los comandos de ETA. Antes de la llegada de los agentes al piso, dos supuestos etarras lograron darse a la fuga. Uno de los huidos fue identificado como Josune Oña por la Policía francesa.
 

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