AGLI

Recortes de Prensa     Martes 27 Julio 2004

¿Plan ¿Qué plan
Editorial La Razón 27 Julio 2004

La nueva Era socialista

Jorge Vilches Libertad Digital 27 Julio 2004

Suavidad en las formas, manipulación en el fondo

EDITORIAL Libertad Digital 27 Julio 2004

La comisión del 11-M y el futuro del PP
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 27 Julio 2004

EL RETORNO DE LOS BRUJOS
M. MARTÍN FERRAND ABC 27 Julio 2004

EL PLAN IBARRETXE, EN LA MONCLOA

Editorial ABC 27 Julio 2004

GOBIERNO DE COALICIÓN
Ignacio CAMACHO ABC 27 Julio 2004

Inquietud

JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 27 Julio 2004

La derrota de Zapatero
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 27 Julio 2004

El nombre hace la cosa
Amando de Miguel La Razón 27 Julio 2004

Otra vez la frivolidad

Ignacio Villa Libertad Digital 27 Julio 2004

Jaume Matas y su ‘nacionalidad histórica’
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 27 Julio 2004

A sonrisa limpia
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  27 Julio 2004

Australia reitera que España cedió ante el terrorismo al retirar sus tropas de Irak

Agencias  Libertad Digital  27 Julio 2004

Gustavo Bueno: «El nacionalismo fraccionario necesita de la mentira histórica»

Redacción La Razón 27 Julio 2004

El Gobierno pedirá la cooficialidad de catalán, gallego y euskera en la UE

Javier Jiménez La Razón 27 Julio 2004

El silbo gomero o ni son todos los que están ni están todos los que son

Nota del editor 27 Julio 2004

Un obstáculo al traslado de la CMT
Cartas al Director ABC 27 Julio 2004


 


¿Plan? ¿Qué plan?
Editorial La Razón 27 Julio 2004

De acuerdo con los comentarios realizados por el presidente del gobierno autónomo vasco, Juan José Ibarreche, y por el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, el plan soberanista impulsado por el lendakari ha estado ausente en la larguísima reunión de ayer en el palacio de La Moncloa. Muy al contrario, el dirigente autonómico expresó al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, la voluntad de buscar un espacio de acuerdo para la convivencia, que permita un proyecto de Estado en común. Aunque, por principio, nos negamos a aceptar el hecho consumado que plantea el líder nacionalista de la existencia de dos pueblos diferentes; idea que, en cualquier caso, no comparte la mayoría de la sociedad vascongada, sí debemos felicitarnos por este aparente cambio de actitud que se deja entrever, si bien venga envuelto en el siempre equívoco lenguaje del nacionalismo.
Esta apreciación de que el Lendakari Ibarreche busca una salida airosa a su compromiso personal con el «soberanismo» también es compartida por los sectores más radicales del PNV que, a través de sus voces más caracterizadas, como Arzallus, han insistido durante este fin de semana en la necesidad de llegar a un acuerdo con los ex batasunos.

Todo indica que el PSOE y el PNV buscan una fórmula para repetir un acuerdo de gobierno en el País Vasco que, necesariamente, pasaría por un adelanto de las elecciones autonómicas. De esta forma, el ejecutivo de Ibarreche tendría una razón de peso para suspender la tramitación parlamentaria de un proyecto claramente inconstitucional.
En cualquier caso, sea bienvenido ese cambio de estrategia del nacionalismo vasco, que ciertamente le abocaba a una situación institucional imposible. Dentro del marco constitucional, el PSOE está legitimado para buscar las alianzas políticas que considere convenientes. Nada hay, pues, que oponer; pero sería conveniente que no olvidara que es desde la firmeza de políticas como el Pacto Antiterrorista y por las Libertades como se debe negociar con los nacionalismos excluyentes.

Gobierno ZP
La nueva Era socialista
Jorge Vilches Libertad Digital 27 Julio 2004

Se engañan los que acusan al PSOE de no tener un proyecto político y que, como consecuencia, se ciñen al populismo naif, al talante y al diálogo. Tienen, por el contrario, un proyecto bien claro: abrir una etapa de dominio casi exclusivo, mediante un plan de gobierno abierto y la cercanía a los partidos nacionalistas. Por esto hablan de una nueva Era. El problema no es el objetivo –aferrarse al poder es legítimo- sino los medios; es decir, el populismo, el cuestionamiento territorial y el ataque constante al PP no parecen los mejores elementos para el buen gobierno democrático.

El programa abierto permite la inclusión de proposiciones de grupos minoritarios que, a pesar de su pequeña dimensión, tienen un gran eco local o en los medios de comunicación. Así se entiende la aceptación de los postulados de los grupos gays o ecologistas. Esto le asegura el aplauso de aquellos y la imagen de Gobierno inclusivo, sensible a las minorías. Poco importa que estas cuestiones no preocupen en absoluto a la mayoría de los españoles. El programa abierto es una buena muestra de cómo convertir un defecto, provocado por la sorpresa de su victoria electoral, en un instrumento de poder.

La separación del PP en la cuestión territorial también responde a su modelo de exclusividad del poder. Los partidos nacionalistas son imprescindibles para el gobierno de sus autonomías, pero también a nivel nacional. Funcionan como organizaciones muleta, capaces de sostener al Ejecutivo a pesar de tener un reducido grupo de parlamentarios. La colaboración en las autonomías proporciona al electorado una sensación de que el PSOE tiene “poder”, lo que siempre da cierto rédito electoral. Por otro lado, involucrar a los nacionalistas en la política nacional permite difuminar un tanto la responsabilidad de las acciones de gobierno, y presentarlas como resultado del diálogo y el talante.

La estrategia del PSOE comprende también acabar con el patrimonio político del PP. Los logros económicos de la etapa popular se niegan, los éxitos antiterroristas se desvalorizan, y la honradez de sus ministros se cuestiona. Los socialistas buscan caracterizar las ideas, los hechos y a los populares con dos constantes: el error y la mentira. El mensaje, en definitiva, es que el PP ha engañado a la ciudadanía, y esto les ha hecho perder el poder.

Al conjunto se une la construcción de la imagen del líder. Los asesores norteamericanos le señalaron a Blanco la conveniencia de resaltar en Zapatero las cualidades que la opinión española creía percibir en él. De esta manera, ZP repite los eslóganes del programa de cercanía al pueblo, manteniéndose por encima de las mundanas discusiones intrapartidistas. Aparece entonces como algo más que un hombre de Estado; es un ser benéfico para los españoles que, con un discurso asentado en la voz de la ciudadanía, el buen talante y el diálogo ha removido las conciencias, e iniciado una nueva época en la política nacional e internacional. En consecuencia, la descoordinación gubernamental, los errores y los fracasos se achacarán a los ministros, nunca al presidente, ni a un partido que se abroga el papel de cauce de la expresión popular. Les es indiferente que el discurso sobre partidos que se convierten en altavoz casi único del pueblo entrañe un concepto del gobierno representativo superado en las democracias liberales.

Así, ahora, Zapatero ha pedido a los socialistas que no hagan propaganda en la reflexión sobre los cien días de gobierno. Pero él ya la está haciendo, porque, en definitiva, la democracia es un gobierno de opinión pública, y gobernar la opinión asegura el poder.

Suavidad en las formas, manipulación en el fondo
EDITORIAL Libertad Digital 27 Julio 2004

Por mucha “cordialidad y respeto” que se hayan brindado mutuamente Zapatero e Ibarretxe, de nada ha servido la entrevista que ambos dirigentes han mantenido en La Moncloa. Por lo menos, de nada bueno. Lo único que ha quedado de manifiesto es, por una parte, la firmeza y determinación de los nacionalistas vascos por llevar adelante su proyecto segregacionista, y por la otra, el hecho de que la sonrisa y buen talante de ZP sólo enmascaran la indefinición del PSOE ante los envites del nacionalismo, tanto en el País Vasco como en Cataluña.

El lehendakari ha explicado que "ha venido a ofrecer un proceso de diálogo, una vía de encuentro". Ha dejado claro, sin embargo, que "un Estado español en común es posible si así lo han decidido las diferentes regiones que lo componemos. Si no se respeta la voluntad de la sociedad vasca será difícil encontrar soluciones".

Por mucho que el lehendakari edulcore su propuesta soberanista con bellas palabras, lo cierto es que las suyas no llegan a ocultar que la “solución”— solución a problemas que sólo el nacionalismo ha generado— parte de la exigencia del reconocimiento previo por parte de Zapatero de ese mal llamado “derecho de autodeterminación”.

Como ya hemos señalado en tantas ocasiones, el "derecho de los pueblos" a decidir por sí mismos no puede significar en la práctica que cada minoría étnica, lingüística o religiosa disponga de un Estado independiente, sino que toda minoría —mejor dicho, todo individuo— disfrute de la protección de las leyes del Estado del que forme parte. Y esa protección y esa libertad la tienen reconocida los vascos, como el resto de los españoles, en esa Constitución del 78 que los nacionalistas quieren derribar.

El reconocimiento del falso derecho de autodeterminación no sería, pues, la “solución” sino el agravamiento del “problema” mismo, problema que en el País vasco se dispara todavía más por el hecho de que algunos de sus partidarios se dedican desde hace décadas a exterminar físicamente a quienes no comulgan con sus delirios ideológicos.

Es importante, sin embargo, dejar claro que, como todo principio mal planteado, el de la autodeterminación se contradice a sí mismo. El derecho de autodeterminación de los vascos imposibilita ese mismo supuesto derecho de los españoles, así como el de los alaveses imposibilitaría, a su vez, el de los vascos. Y así hasta alcanzar el ámbito del pueblo o la aldea.

Téngase en cuenta, además, que ni Ibarretxe ni ningún partidario de la autodeterminación nos han explicado todavía cada cuantos años la “sociedad vasca debería decidir” su relación con el resto del Estado. Es preciso recordar, en este sentido, que ya los vascos se mostraron mayoritariamente a favor de ese “Estado común” en el referéndum constitucional de 1978.

Lo que tampoco es de recibo es recurrir a la cortesía únicamente como disfraz de la debilidad moral y política de quien, como Zapatero, ni siquiera ha sido capaz de recordarle al lehendakari que no es precisamente el Estado Constitucionalista, sino el terrorismo nacionalista, el que desde hace décadas impide la libertad de los ciudadanos vascos.

Por no tener que definirse, Zapatero hasta ha renunciado a solicitar a Ibarretxe en su encuentro que retire su inconstitucional proyecto que sólo tiene por objetivo la secesión. Claro que si esta es la hora en que todavía ZP no se ha puesto de acuerdo con sus compañeros de partido respecto a las exigencias de Margall, difícilmente cabria esperar claridad del presidente del Gobierno frente a los nacionalistas vascos.

La comisión del 11-M y el futuro del PP
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 27 Julio 2004

El PSOE ha quedado retratado en la comisión del 11-M como el partido de los que tienen algo que tapar. Con doscientos muertos y un dramático cambio de Gobierno de por medio, es una auténtica losa ante la opinión pública sensibilizada, que es la que al final conforma los estados de opinión, que le costará mucho levantar. Por supuesto, esta convicción de que el PSOE oculta algo, está protegiendo bajo un manto de silencio a los que ayudaron por acción u omisión a la masacre y a los que le ayudaron a manipularla en la opinión pública, es más acusada en los electores de Derecha, pero también en los de Izquierda que antaño votaban a la IU de Anguita (y de “la pinza” con el PP) o incluso entre los que votaron al PSOE el 14-M por un impulso emocional que ahora consideran desvergonzadamente manipulado.

El golletazo final de Rubalcaba a la comisión, impidiendo, en comandita con los escombros parlamentarios de comunistas, nacionalistas y republicanos separatistas, que testimoniaran los confidentes, los periodistas y hasta el secretario de Estado de Seguridad, después de haber sometido a un auténtico baño de perjurio a la comisión, desde el Portero Automático Aleccionado hasta el Forense Indocto pasando por los arruches, cuadros, telesforos y hernandos, que más tarde o más temprano acabarán en un sumario por su actuación antes o después del 11-M y por denegación de auxilio a la Justicia, entre otros cargos. Y si no, al tiempo y a los garzones. ¡Viene en la Historia!

Pero el PP, aunque fortalecido en la medida en que se debilita su adversario, no sale tampoco fortalecido de esta prueba, porque ha quedado claro que sólo a remolque de los acontecimientos, en función de las revelaciones periodísticas de “El Mundo” y por su propia debilidad mediática y el acoso a que le somete la mayoría parlamentaria ha asumido el mandato moral de llevar hasta el final la investigación sobre el 11-M, sobre quién mató a 192 personas para cambiar el Gobierno y la política de España, con triste e indudable éxito.

Rajoy y Acebes entraron en la comisión con el único propósito de lavar el honor de Aznar, Acebes y el Gobierno del PP. No tuvieron la sensibilidad elemental de entender que el honor de unos políticos, aunque los votemos, nos importa muy poco. Por visto, a ellos les importa mucho más salvar su honorcito lastimado que averiguar lo que pasó antes y después del 11-M, al margen de que perdieran el Poder, que es lo único que, además de su honor, parece importarles. Esa falta de principios y de criterio afecta tanto a Aznar como a Rajoy, a la dirección del PP de ayer y a la de hoy. Pero, evidentemente, al que más debilita es a Rajoy, que en sintonía con Acebes y demás, ha mostrado su peor cara: la del hombre de las componendas con el pasado presente, sin ganas de renovar a fondo el partido, hacer oposición y preparar el futuro. No sale Rajoy fortalecido de esta comisión, y aunque culpe con razón al PSOE de esa “burla”, también él estaba por la labor de tomarnos moderadamente el pelo y “pasar página” cuanto antes. Eso no era posible moralmente y ahora no lo es políticamente, pero tanto bandazo ha debilitado al PP. Y también a Rajoy ante su Congreso. Las aplastantes mayorías de culiparlantes y nóminas no duran mucho en la Oposición. Rajoy no ha querido hacer de la comisión del 11-M su primera trinchera moral y política en esta guerra de desgaste contra el zapaterismo. Y se le ha notado mucho. Puede ser y es un brillantísimo jefe de la Oposición. Nos gustaría mucho más que fuera una Alternativa.

EL RETORNO DE LOS BRUJOS
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 27 Julio 2004

SI yo fuera José Luis Rodríguez Zapatero, pobrecito, viviría en un pasmo después de que, en pleno X Congreso del PSC, dijera Pasqual Maragall que «no hay cabeza política al sur de los Pirineos tan bien ordenada como la de José Montilla». ¿Serán tan luminosas las ideas del secretario general dels Socialistes de Catalunya y, simultáneamente, ministro de Industria en el Gobierno del PSOE, o de lo que se trata es de marcar distancias y escalafones? Maragall deja el talante para Zapatero y le atribuye el talento a su subordinado inmediato, lo que, sea más o menos fundado, no deja de ser un aviso para navegantes desorientados en el proceloso mar del socialismo español.

Lo que no les falta ni a Maragall ni a Montilla es el desparpajo suficiente para, en la prédica de la España plural, vender a un mismo tiempo un federalismo con ribetes soberanistas, para uso y consumo de nacionalistas devotos, y el españolismo unitario que siempre fue -¿lo sigue siendo?- santo y seña del PSOE. De ahí que puedan organizar un Congreso en el que se hable de las relaciones entre Cataluña y España como si se tratara de dos realidades diferentes y no de una parte y de su todo. Así, en ausencia del rigor, se va construyendo una entelequia nacional de difícil entendimiento y pronóstico imposible.

Aparte de las piruetas dialécticas y políticas a que se ven forzados los socialistas catalanes, en razón de su escasez en el Parlament -equivalente a la de Zapatero en el Congreso- para no desagradar a sus socios en el tripartito, lo más sobresaliente del X Congreso del PSC es el retorno a su Ejecutiva, en olor de santidad, de Josep María Sala, uno de los artistas del «caso Filesa» que, con el GAL, marcó los máximos niveles de la corrupción socialista en los días de Felipe González.

Vayan por delante mis respetos a Josep María Sala. Fue condenado a dos años de prisión por aquel turbio asunto de la financiación irregular de su partido y, siete años después, está en paz con la Justicia y ha purgado la culpa que se le atribuyó. Hasta es posible que, en su día y en beneficio de los suyos, asumiera más de lo que en puridad le hubiera correspondido. Sala merece volver a la normalidad; pero, ¿en la ejemplaridad que, se supone, cabe esperar de quienes integran el frontis de una de las dos primeras formaciones políticas españolas?

Si Montilla es la primera cabeza política al sur de los Pirineos y Sala, el modelo ejemplar para militantes socialistas, que no lo niego, todos debemos empezar a repasar el orden de valores que tenemos establecido para andar por la vida. Algo tiene el asunto de retorno de los viejos brujos del felipismo, de reconstrucción de modos que parecían pasados pero que, a la vista de los hechos, no están del todo superados. La primera cabeza política al sur de los Pirineos debiera haber previsto estos pequeños detalles.

EL PLAN IBARRETXE, EN LA MONCLOA
Editorial ABC 27 Julio 2004

LA reunión entre Zapatero e Ibarretxe, que ayer se celebró en el palacio de La Moncloa, se enmarca formalmente en la ronda de entrevistas del presidente del Gobierno con los presidentes autonómicos, pero el omnipresente recuerdo de Aznar dio al encuentro un ingenuo aire de reconciliación. La aparente cordialidad fotográfica entre ambos era tan previsible como la previa propaganda sobre la incomunicación supuestamente propiciada por el anterior Ejecutivo. Se está convirtiendo en costumbre acelerada la bonificación de los gestos de Zapatero sólo por el hecho de contrariar la situación que dejara Aznar. Sin embargo, con el nacionalismo vasco la publicidad engañosa del talante tiene poco recorrido, porque sus objetivos y procedimientos son los mismos que antes del 14-M. La última vez que Ibarretxe habló con Aznar centró su rueda de prensa en los 160 años de conflicto entre el País Vasco y España. Ayer, la opinión de Ibarretxe era la misma con distinto discurso, ajustado al ambiente creado por su anfitrión y a la literatura del plan soberanista, que se votará en el Parlamento vasco en diciembre. El lendakari habló de autodeterminación y, lo que es más importante, de su visión de una España condicionada al visto bueno de los ciudadanos vascos, es decir, la libre adhesión que articula la acción política del PNV desde los pactos con ETA y la izquierda abertzale en 1998. Nada cambia en el nacionalismo, que tiene puesta la vista en las autonómicas de 2005 y en cuyo proyecto el socialismo sólo juega un papel deambulante, con escasa o nula incidencia en la pauta nacionalista. En la medida en que Patxi López persevere en ese camino de incierto final, el PNV tendrá neutralizada a la alternativa constitucionalista, que es lo que busca. Por eso es un grave error apreciar la visita de Ibarretxe como un síntoma de normalidad institucional, porque ésta es imposible con quienes promueven un proyecto soberanista de corte confederal que viola la Constitución. Otra cosa es que Zapatero no esté dispuesto a llevar su oposición -hasta ahora inequívoca- al plan del lendakari más allá de lo que le permitan la indefinición de su modelo de Estado, controvertido en su propio partido, y la precariedad parlamentaria de su Gobierno.

El control del tiempo y la claridad de objetivos son dos virtudes esenciales del PNV, cuyo Gobierno no ha hecho otra cosa desde las autonómicas de 2001 que vivir del plan de libre adhesión, y ese tiempo será el que demuestre, por enésima vez, la inutilidad de políticas contemplativas con el nacionalismo. Si ha habido un presidente de Gobierno pactista con el PNV fue Aznar, quien logró un acuerdo de investidura y un desarrollo autonómico que llevó a Arzalluz a decir aquello de que «en tres meses hemos conseguido más que en trece años de Gobiernos socialistas»; baste el ejemplo de la última renovación del Concierto Económico vasco, cuya duración es indefinida por ley aprobada por la mayoría absoluta del PP. Ciertamente hubo incomunicación entre ambos Gobiernos, pero de las razones de aquella ruptura es el socialismo vasco, mucho más que el PP, el que puede ser convincente, porque por ellas -por negociar a hurtadillas con ETA para oponerse al Espíritu de Ermua- rompió un Gobierno de coalición con el PNV, que se inició en 1986. Siempre es posible la reanudación de unas relaciones leales y constructivas, pero por el momento, y a pesar de las expectativas que suscitó la llegada de Josu Jon Imaz, el proyecto del PNV frustrará de antemano cualquier intento de normalización.

GOBIERNO DE COALICIÓN
Por Ignacio CAMACHO ABC 27 Julio 2004

LOS cien días de un Gobierno fueron un invento de Rooselvelt, que quería un plazo para demostrar al pueblo su voluntad de sacar al país de la depresión del crack del 29. Zapatero, que llegó al poder de rebote y en medio de otra depresión colectiva, la de las bombas de marzo, ha convertido sus primeros cien días en un «New Deal», un contrato social que gestiona con la sonrisa como escudo, el talante como disfraz y la firmeza de un iluminado. Cuando ganó las elecciones estaba tan aturdido que se fijó como meta el cumplimiento de sus promesas, y ahora que está asentado en La Moncloa se ha empezado a dar cuenta de que algunas incluso se pueden cumplir antes de que el poder le atrape en sus lazos sinuosos y le marchite la frescura a base de servirle sapos en el desayuno.

Este hombre parece sinceramente convencido de que la política sirve para cambiar las cosas, un estado de ánimo que suele ser común en los gobernantes que empiezan, pero además cree con pasión de fundamentalista que la virtud consiste en cumplir la palabra dada. Ocurre que la mayor parte de las ofertas que realizó en una campaña pensada para perder dignamente consistían en desmontar las medidas del aznarismo, y así en estos primeros tres meses el Gobierno se ha convertido en una empresa de demoliciones que utiliza el BOE como dinamita y el Consejo de Ministros como martillo rompedor. El presidente, que es un posmoderno, se ha apuntado a la tendencia deconstructiva, un atributo de la cultura posindustrial.

Hasta ahora, toda esa política de piqueta le ha salido barata, por no decir gratis, porque le bastaba con derogar leyes y dar contraórdenes con gran respaldo popular. Empero, falta poco para que se le acabe el margen de las decisiones gratuitas, y pronto tendrá que repartir negativas y contraer gastos, que es una forma de decir que no en la medida en que los recursos siempre son escasos y es menester determinar prioridades. Cuando eso ocurre comienza el desgaste y arranca la cuenta atrás del estado de gracia, que tiene un límite y un crédito tasado en la conciencia de la opinión pública.

Ese momento ingrato de soledad empezará probablemente en otoño, cuando Zapatero tenga que abordar su programa a base de equilibrios con todas las fuerzas con las que anda coaligado. Éste es un Gobierno de coalición en un doble sentido; por un lado se apoya en un vasto abanico de partidos cuya única cohesión es la que proporciona la alianza contra el PP; por otro, vive de un pacto con los socialistas catalanes, que van por libre y tiran con todas sus fuerzas, hasta el punto de que el presidente está aceptando un modelo territorial que él no ha diseñado.

En el primer caso, llegará un momento en que toda esa gente conglomerada a base de antiaznarismo se convencerá de que el PP ya no manda y se preocupará del presente y hasta del futuro, y en el segundo se da una particularidad que tarde o temprano pasará factura, y es que el político más influyente del momento, Pasqual Maragall, no ha ganado unas elecciones y es rehén de unos socios poco recomendables. Zapatero es consciente de que este recorrido común tiene un límite, que acaso cifre en el instante en que tenga que disolver el Parlamento y atacar el examen de la mayoría absoluta; la cuestión consiste en adivinar hasta dónde puede estirar las alianzas mediante componendas, palmaditas y concesiones.

Para un político de raza, todo este ajuste fino constituye un desafío de primer orden, un encaje de bolillos en el que probar la agudeza del desempeño público. Pero también se trata de un recorrido en el alambre. Por el momento, la ventaja del presidente neófito es que la oposición está aún zumbada tras la derrota, y no ha encontrado los alicates con que empezar a cortarle los cables al funambulista.      icamacho@abc.es

Inquietud
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 27 Julio 2004

EN MENOS de una semana, la bullidora actualidad dejó sobre la pantalla de mi ordenador, ni televisión ni mancontro tengo, dos noticias que me inquietan. No es que sean especialmente graves, visto lo visto, ni tampoco inesperadas, pues en alguna ocasión ya traté cuestiones conexas en estas mismas páginas, lo inquietante es que resultan banalmente habituales.

Hace algunos días, el ex director general de la Guardia Civil, Santiago López Valdivielso, descartó ante la comisión parlamentaria que investiga los atentados del 11-M que el objetivo de los terroristas fuera que el PP perdiera las elecciones. Para avalar esta afirmación recordó que tras esos comicios los mismos terroristas intentaron atentar contra el AVE, el 2 de abril, y que en esa fecha ya se sabía que Zapatero había decidido retirar las tropas de Irak. Bueno, pues que Dios le conserve la vista al ex director de marras. Porque si hay algo en lo que los servicios de inteligencia son expertos es, precisamente, en manipular la acción de los autores directos de los atentados que comandan en la sombra, al tiempo que embrollan las pistas y siembran el escenario físico y el intertemporal de indicios que lleven a oscuros callejones sin salida. Cuando los servicios secretos de un país cualquiera, belicosamente opuesto a la política exterior de otro, quieren influir en un proceso electoral, atentado mediante, sobra decir que después de conseguirlo seguirán perseverando temporalmente para dar la impresión que todavía no lo han alcanzado. Esto es el abc de las cortinas de humo, del sentido común y de la lucha antiterrorista. Que lo ignore el ciudadano de a pie -modesto peatón político sobre el que se ejercen informaciones, contrainformaciones y desinformaciones de toda laya y condición para influir en su voto- entra en el orden natural de las cosas, pero que todo un director general de uno de los cuerpos de seguridad más eficaces del mundo caiga en la trampa de la intoxicación terrorista es para inquietarse retroactivamente. Y mucho. Tanto más si a renglón seguido, sin que nadie se lo pidiese, pero para que el personal constatase sus amplias y selectas lecturas, el susodicho se marca un discurso muy a lo Samuel P. Huntington subrayando que tanto los atentados de Madrid como los del 11-S se producen en un contexto de guerra religiosa y cultural del Islam fundamentalista que ataca a la sociedad occidental. Lo cual es cierto y asimismo lo es que en un armario la parte más alta es la de arriba y que para informarse de semejantes trivialidades sale más barato desembolsar un euro en la compra de un periódico.

Con esos precedentes, mi inquietud es aun mucho mayor temiendo que los actuales responsables de los cuerpos de seguridad del Estado interpreten al pie de la letra la reciente advertencia de Marruecos a España de que hay cuatrocientos activistas marroquíes de Al Qaida fuera de control. Generosa información que yo, en buen gallego desconfiadamente paranoico, leería como una velada amenaza. De hecho, la Iglesia, siempre con mejor olfato que cualquier servicio secreto, ha visto por donde van a ir los tiros, nunca mejor dicho, y ya ha retirado a Santiago Matamoros de la catedral. Y esa es otra de mis inquietudes: por nuestra cobardía hemos estimulado una dinámica de chantajes que nadie intenta frenar.

A lo que habría que añadir, pero no deseo insistir a fin de no amargarle el día al lector, lo que por su cuenta nos reservan el lendakari y el president .

Comisión 11-M
La derrota de Zapatero
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 27 Julio 2004

La increíble y triste historia del cándido Moratinos, urdidor de fantasías mediadoras, no desdeña el tráfico de documentos. A partir de la última hazaña de su ministerio trazaremos en el mapa la derrota de Zapatero, es decir, el camino que ha seguido su barco para acabar tan cerca de Cuba, con la tripulación ebria de poder y con el pabellón pirata agitándose al viento.

De Aznar, una vez caricaturizado, bestializado y cosificado, la SER puede decir cualquier cosa, y el resto de los medios del pesebre la dará por buena. El complejo mediático industrial de la izquierda y aledaños podría resumirse en La SER y la nada, ahora que el sartriano Haro nos regala su columna La náusea en El País lamentando que la Comisión del 11 M no se centre en el modo en que “el PP entró en guerra sin permiso, y contra el pueblo en la calle”. Que le den una biodramina, que el Caribe es muy traidor.

Pero Haro tiene algo de razón. Porque si remontamos sobre el mapa la derrota de la nave de Zapatero, acabamos en la guerra y en el Prestige. Estas son las etapas de la travesía: la medalla de oro del Congreso de EEUU es una cortina de humo que durará unos días. Los suficientes para disimular una evidencia: el PSOE está saliendo muy malparado de la Comisión. Está a la vista quién quería luz y taquígrafos y quién quería oscuridad. Quién está abierto a comparecencias sin límite y quién obstruye la investigación impidiendo la presencia de confidentes, de periodistas y hasta del ex Secretario de Estado de Seguridad. Y, sobre todo, rompiendo prefabricados esquemas, quién no quiere que declare Aznar.

¿Pero qué es lo que los socialistas tratan de tapar en la Comisión? Lo que hicieron el 13 M. Que se olvide la violación de la jornada de reflexión, que se olviden las mentiras de los medios que alentaron las algaradas. Que se olvide la espontánea repetición, a la misma hora, de las mismas consignas bajo las mismas pancartas. Que se olvide el asedio a las sedes del PP y a Rubalcaba apagando el fuego con gasolina. Que se olvide que sucedió lo inconcebible.

¿Y cómo pudo suceder? El 13 M fue posible porque dos años antes el PSOE había cambiado los argumentos por las consignas y el parlamento por la calle con motivo del hundimiento de un petrolero. Y porque luego reforzó la estrategia antidemocrática en la segunda parte de una guerra a la que Felipe González había enviado soldados de reemplazo. Y centenares de sedes del PP fueron asaltadas, y se acorraló socialmente a su militancia.

¿Y por qué pudo funcionar semejante estrategia, ajena a las formas de una democracia occidental? Porque el gobierno de Aznar no proporcionó argumentos nacionales a los suyos, no explicó las razones estrictamente españolas para ponerse al lado de los EEUU. Y así, relevantes generadores de opinión con los que Aznar creía contar, no sé por qué, estrellaron su champán contra el casco del Zetapé y bendijeron su viaje.

El nombre hace la cosa
Amando de Miguel La Razón 27 Julio 2004

La polémica medieval del nominalismo no está superada. Definitivamente el nombre hace a la cosa, es parte fundamental de esa misma cosa. Los ejemplos nos rodean por todas partes.

Resulta difícil pensar en una persona conocida, en uno mismo, incluso, prescindiendo del nombre. Da igual que sea el nombre propio, el apellido o todo entero. El nombre con que se ve reconocida esa persona es lo que funciona. Muchas veces el grupo íntimo (la familia, la pareja) consigue rebautizar a algunos de sus componentes. Es el hipocorístico, como se llama de forma divertida ese otro nombre cuasi secreto. Hay profesiones que permiten un alias: boxeadores, ladrones y demás gente del hampa, terroristas. La lucha terrorista es también un combate semántico. A toda costa los terroristas pretenden hacernos creer que son otra cosa, que son legítimos. Se autodenominan con nombres excelsos: mártires, ejército, guerrilleros. En la medida en que se autodenominan así con nombre propio, al describir esas organizaciones, ya se les está concediendo un plus de legitimidad. Si los terroristas se convierten en resistentes, nacionalistas o independentistas ya han avanzado medio camino para su aceptación. Incluso cuando a los terroristas de la ETA se les quita el «la», se les añade ese sutil reconocimiento como si fuera una estructura legítima. En cambio, no privamos al IRA del artículo. Eso está bien.

El caso más reciente y escandaloso es lo de la «violencia de género» para designar a la crueldad doméstica. Se supone que «violencia de género» es la de los varones sobre las mujeres. No hay ninguna razón para excluir a los niños o los viejos de uno u otro sexo como víctimas. Es más, ni a los novios varones o a los maridos. Si se produce ese ocultamiento, el problema no se plantea bien y no se resuelve. Hay que ver los esfuerzos que hacen las empresas para convertirse en firmas, razones sociales, marcas, etiquetas, logotipos. Es decir, lo que nos venden es la exclusividad o primacía de ciertos nombres. Incluso las llamadas «marcas blancas» se ofrecen, tentadoras, con el nombre de los supermercados en cuestión. Por todas partes se nos cuela el ejército de los nombres. Estamos en un mundo en el que lo anónimo no vende. Es más, mucha gente ostenta gratis la marca del producto en la ropa o el coche como un símbolo de bienestar, de saber elegir. Vaya si el nombre hace a la cosa. Intenten quitar el logotipo de la marca del coche.

Ministerio del Interior
Otra vez la frivolidad
Ignacio Villa Libertad Digital 27 Julio 2004

Estarán conmigo que no es fácil asimilar la situación, cuando uno percibe, que día tras día, el actual ministro del Interior vive imbuido en un permanente desconcierto. Sin seguridad, sin credibilidad, sin coherencia desde Castellana 5 un día se dice una cosa, y al día siguiente se dice lo contrario. Y cuando Alonso se siente acorralado, la solución es soltar globos sonda como la única defensa posible. Una auténtica pena para un Ministerio que debe de ser un referente obligado en cualquier Ejecutivo estable y constructivo.

Dicho esto, la lista de errores es larga; además de un buen ramillete de omisiones e infundios que empezaron cuando a los pocos días de asumir la cartera de Interior se dedicó a insultar a su antecesor -Ángel Acebes- por una ¿imprevisión política?, que más tarde tuvo que rectificar en privado; o de la penúltima entrega como es el segundo coche de Alcalá relacionado con los atentados del 11-M de cuya existencia el Ministerio del Interior no había informado a nadie. Pero bueno ahí no acaba todo.

Resulta que a José Antonio Alonso no se le ha ocurrido nada mejor que proponer la reforma del Pacto Antiterrorista en un curso de verano, como quién habla de flores y pájaros. Desde luego esta propuesta, independientemente de su conveniencia, se convierte en una propuesta frívola y realizada fuera de lugar. Sí realmente la mantiene en serio no es para lanzarla al aire en un ambiente asambleario. Nadie pone en duda la posibilidad de que en el texto y en el espíritu del Pacto se recoja de alguna manera el terrorismo islámico, pero esa novedad no puede ser una excusa para sondear -entre risas- que pasaría sí se abre la puerta a algunos partidos nacionalistas que buscan la desaparición del Pacto.

José Antonio Alonso nos ha vuelto a dar una lección de lo que no hay que hacer. Hablar con un talante partidista y mezquino de la lucha contra el terrorismo. No puede seguir dando bocanadas al aire en una cuestión de la importancia de la lucha contra el terrorismo. Alonso ya ha cometido demasiados errores en estos cien días como para seguir equivocándose. El Pacto antiterrorista ha sido muy útil en esta lucha, por lo que Alonso deberá recoger velas, dejar la frivolidad para las vacaciones y no jugar con fuego. Sí quiere abordar alguna cuestión sobre el Pacto, el consejo es hacerlo en privado con el Partido Popular cara a cara, con sentido común y poniendo por encima de todo el bien común. Una actitud, que por el momento, brilla por su ausencia.

Jaume Matas y su ‘nacionalidad histórica’
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 27 Julio 2004

Como está demostrado que hasta los gatos quieren zapatos, Jaume Matas, ilustre militante del PP y presidente del Gobierno balear, también quiere que el Estatuto de Autonomía de las islas Baleares, en trámite de reforma, incluya explícitamente la calificación de “nacionalidad histórica” para su territorio.

Habrá algo en España que no sea “histórico”? Una nación como la nuestra, remota en sus orígenes, larga en su pasado, ancha en sus horizontes y cuajada en mil vicisitudes sucesivas es, toda ella, “histórica”. Tan “histórica” que nada se diferencia por eso de ser histórico.

Un territorio con ciudades trimilenarias y sedimentos sociales y culturales que se pierden en la noche de los tiempos es histórico, dígalo o no cualquiera de sus Estatutos de Autonomía. De ahí que resulte especialmente divertido, y en cierto modo aclaratorio de la situación, que quienes más hinchan su pecho regional para recordar, reivindicar y clamar por su condición histórica no sean los más históricos de todos.

Aquí, si nos tomamos la Historia en serio, los más históricos son los castellanos y los aragoneses. De ahí viene el Estado moderno que sucede al viejo concepto de la Hispania; pero, en una de esas paradojas que le gusta jugar al destino, da la puñetera casualidad que esos paladines que tanto reclaman su historicidad son los únicos que no están representados en el escudo nacional. Galicia, el País Vasco no están en ese escudo, como no lo están Cataluña o —ahora— Baleares, salvo que sea a través del símbolo cuatribarrado aragonés. Y no lo están no por descuido o desconsideración, sino porque, cuando el reparto de los símbolos, su presencia era mínima y subordinada a otras realidades históricas de más rancio abolengo.

Sé que esto que digo no es políticamente correcto ni adecuado al ambiente caciquil que nos gusta reinventar en estos tiempos; pero, lo confieso, lo de Jaume Matas ha saciado mi hartura en la materia. ¿No hay asuntos de mayor enjundia en el panorama balear que estos ejercicios históricos de la señorita Pepis? La lectura, y no frecuente, de Última Hora y Diario de Mallorca me informan de multitud de problemas económicos y sociales que conforman la demanda social de tan hermoso lugar; pero no van por ahí los tiros de Matas. Lo que quiere es potestad para disolver el Parlamento y otras prerrogativas de menor cuantía que le enrasen en “importancia” con Fraga, Maragall e Ibarretxe.

No será por ese camino, híbrido entre las manías de grandeza y la política del avestruz, como el PP consiga recuperar la fuerza social que ha perdido, no sin esfuerzo, en los últimos tiempos. Cuando preocupa más el estatus que la función, mal asunto.

A sonrisa limpia
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  27 Julio 2004

Tres años hacía que Ibarretxe acudió por última vez a La Moncloa. Tres horas duró la reunión con Zapatero. Tres veces se estrecharon las manos ante los periodistas entre las dos banderas dispuestas para la ocasión en la entrada principal. Se sonrieron muchas más. Acuerdos, propiamente dichos, no hubo. La lista de los asuntos pendientes entre los gobiernos que encabezan estaba tan pendiente al terminar la reunión como tres horas antes. Durante la entrevista no se habló de las indemnizaciones por los vertidos del 'Prestige', la ampliación de la Ertzaintza, los 32 millones del Cupo, las transferencias pendientes o el plan Ibarretxe.

La rueda de prensa por el bando español la dio el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, y eso ya hacía presumir que no había fruto del encuentro, porque no compareció el propio Zapatero. A la salida, Ibarretxe enunció lo que hoy, con toda probabilidad alimentaría los titulares de los diarios: «Los vascos y las vascas estamos dispuestos a participar en un proyecto de Estado si, lógicamente, nosotros así lo decidimos».

El lehendakari de todos los vascos y las vascas de uno y otro sexo (¿o hay que decir género?) hace una propuesta conciliadora, pero sólo en apariencia, porque es rigurosamente contradictoria en sus propios términos. Esa participación pasa por la derrota de los nacionalistas, bien en unas elecciones autonómicas, bien en 'la consulta'. Sólo cuando pierdan Ajuria Enea o el referéndum aceptarán la reforma del Estatuto que les ofrece Rodríguez Zapatero.

¿De qué hablaron entonces? Misterio. Pero se sonrieron. Lo único que probablemente comparte este dúo de milicia es la sonrisa. Se sonreían junto a las banderas y eso está muy bien, aunque Zapatero ya sabe que en la devolución de la visita no habrá bandera española en Ajuria Enea. «Por un mirada, un mundo,/por una sonrisa, un cielo», escribió Bécquer en una de sus rimas, pero en toda sonrisa hay una amenaza risueña que muestra los dientes como sin querer. La sonrisa, con permiso de Von Clausewitz, es la continuación del ensimismamiento político con otros medios. Xabier Arzalluz, el gran timonel que no navega, lo había anunciado el domingo sin sonreír: «Estoy seguro de que Ibarretxe y Zapatero no llegarán a ningún acuerdo en lo fundamental». Pero los aludidos sonríen y ese es un detalle que inquieta y conforta al mismo tiempo, al igual que la sonrisa de la Gioconda. Como ella, ambos manejan la sonrisa como un arma de confusión masiva.

EL GOBIERNO CONVOCA A LA EMBAJADORA AUSTRALIANA
Australia reitera que España cedió ante el terrorismo al retirar sus tropas de Irak
El Gobierno australiano ha rechazado emitir una disculpa por las declaraciones de su ministro de Defensa, Alexander Downer, quien afirmó que la administración de José Luis Rodríguez Zapatero cedió ante el chantaje terrorista al ordenar el retiro de sus tropas de Irak. Camberra mantiene que el único camino para frenar el terror en el mundo es mantener una postura firme. En caso contrario, Downer considera que continuará la ola de secuestros en territorio iraquí.
Agencias  Libertad Digital  27 Julio 2004

En una entrevista con la emisora de radio australiana ABC, el ministro de Defensa australiano, Alexander Downer, rechazó que deba disculparse por sus declaraciones en las que dijo que España cedió a la presión terrorista al retirar sus tropas de Irak. "No, no nos vamos a disculpar; lo pasado, pasado está", respondió Downer tras afirmar que el Gobierno de Camberra mantiene sus posturas.

Downer subrayó que entre países aliados "no debemos preocuparnos en exceso cuando otros países nos critiquen de vez en cuando". Incluso, destacó la importancia de que se envíe un fuerte mensaje a los terroristas en el que afirmen que no se dejarán intimidar por ellos. "Tienes que hacer frente a esta gente, si no, les harás más fuertes", afirmó.

El ministro inició la polémica el domingo, tras la publicación en Internet de una amenaza específica contra Australia e Italia, al afirmar que la decisión de Filipinas y España de replegar sus tropas de Irak ha animado a los terroristas a seguir con las amenazas, lo que ha originado una queja del Gobierno de Madrid. En un mensaje por Internet, el autodenomiando "Grupo Islámico Tawhid", que asegura pertenecer a la red Al Qaeda-Europa, promete convertir a Australia en un "baño de sangre".

El lunes, el subsecretario español de Asuntos Exteriores, Luis Calvo Merino, convocó a la embajadora de Australia en Madrid, Susan Elisabeth Tanner, para expresarle el "firme rechazo" del Ejecutivo a las palabras de Downer. En un comunicado, Exteriores indica que "el Gobierno español, que ha establecido la lucha contra el terrorismo como una clara prioridad de su política exterior, considera inaceptables estas declaraciones, especialmente viniendo de un país amigo como Australia".

Gustavo Bueno: «El nacionalismo fraccionario necesita de la mentira histórica»
Redacción La Razón 27 Julio 2004

Castro Urdiales- Dentro del curso «Nacionalismo y totalitarismo» que dirige el escritor Iñaki Ezquerra, el filósofo Gustavo Bueno constató que la idea de nación «no es unívoca, sino que tiene muchos significados, según los distintos conceptos que manejan unos y otros». Las tesis que maneja el filósofo, que según Ezquerra siempre aborda la realidad desde ángulos incómodos, le llevó a afirmar que «el nacionalismo fraccionario no añade nada nuevo, sino que fragmenta lo que ya está dado y para ello utiliza la falsificación: necesita la mentira histórica». El filósofo apuntó a que si la vertiente biológica, antropológica y cultural se ensamblan dan una idea de nación, que Bueno considera «peligrosa».

Además, explicó que «las naciones étnicas, que confluyen para formar los Estados, no son excluyentes, pero cuando la idea de nación se transforma para ser política, sí lo es». Según Gustavo Bueno, este concepto de nación política apareció por primera vez en la Revolución Francesa. «Es una idea moderna y revolucionaria, posterior al Estado», dijo.

Artillería metafísica. Con su tesis, el filósofo se une a la «artillería metafísica» contra el nacionalismo que considera es el curso dirigido por Iñaki Ezkerra. El escritor bilbaíno fue el encargado de abrir el seminario con una sesión en la que introdujo el concepto de totalitarismo que, hoy en día, «vive una enorme contradicción». A pesar de que cree que vivimos «un momento de precariedad de las ideologías», Ezkerra considera que «es difícil que el totalitarismo cuaje en una sociedad que vive bien».

El escritor calificó al nacionalismo vasco de «totalitarismo del corazón», se vale de la «educación sentimental». «La euskaldunización contradice las tesis de Arana, para quien sería una aberración que gente sin sangre vasca aprendiera euskera». Esta pretensión, según el escritor, «no responde a la apertura del nacionalismo, sino a coger de Arana lo que conviene. La pureza de sangre no existe», dijo.

El Gobierno pedirá la cooficialidad de catalán, gallego y euskera en la UE
Aprovechará para presionar que Irlanda haga lo mismo con el gaélico
El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero está dispuesto a pedir en otoño el reconocimiento del catalán, el gallego y el euskera en la UE aprovechando que Irlanda se dispone a defender que el gaélico (o irlandés) adquiera el status de lengua oficial y de trabajo europea. Irlanda anunció el pasado 15 de julio su intención de hacer esa petición, aunque todavía no la ha concretado formalmente ante el resto de países de la UE.
Javier Jiménez La Razón 27 Julio 2004

Bruselas- Si la petición formal de Irlanda se produce, aseguró ayer el Secretario de Estado para Asuntos Europeos, Alberto Navarro, el Gobierno español hará lo mismo e intentará que las tres lenguas cooficiales españolas sean declaradas también oficiales en la UE.

Esto implicaría que los documentos comunitarios y las reuniones de instituciones como el Parlamento se traduzcan también a ellas. Actualmente, y tras la reciente ampliación al Este y el Mediterráneo, la UE cuenta con 20 lenguas oficiales, entre ellas el español. El gaélico o irlandés tiene un status particular que permite que los documentos principales de la Unión Europea se traduzcan a esta lengua y también que los ciudadanos que lo deseen puedan utilizarla para dirigirse a las instituciones europeas.

El Gobierno de Zapatero obtuvo en la recta final de la negociación sobre la primera Constitución europea, aprobada en junio, un reconocimiento parcial para las tres lenguas cooficiales que consiste en que esa Constitución sea traducida a ellas. En cambio la UE no aceptó que la pretensión española de que los ciudadanos puedan emplearla en su contacto con las instituciones. Ahora España se dispone a aprovechar la más que previsible petición del Gobierno irlandés.

No obstante, Navarro admitió que será difícil conseguir ese reconocimiento para las lenguas porque muchos países platearán «una feroz oposición». «Hasta ahora no se ha planteado esta cuestión porque somos conscientes de que es muy difícil conseguirlo», añadió el secretario de Estado para Asuntos Europeos.

El silbo gomero o ni son todos los que están ni están todos los que son
Nota del editor 27 Julio 2004

"El Gobierno de Zapatero obtuvo en la recta final de la negociación sobre la primera Constitución europea, aprobada en junio, un reconocimiento parcial para las tres lenguas cooficiales que consiste en que esa Constitución sea traducida a ellas"....

El "gobierno" de Rodríguez, tambien puede apuntarse en su haber que la Constitución Europea, por cierto, que no es constitución ni es ná, será tambien traducida al swahili y a otros cientos de lenguas (para que los ciudadanos del mundo vean la estulticia que tenemos que financiar los ciudadanos europeos).

No hace mucho glosaba las ventajas de utilizar el silbo gomero (con todo mi respeto y admiración) en el congreso y senado y a partir de ahora incluso en el Parlamento europeo, y al menos con los mismos derechos que el catalán, gallego y vasco hay montones de idiomas en España que tambien tendrán que ser oficializados en la Unión Europea, y lo mismo para los demás países. Puestos a pedir, tambien habrá que incluir las variantes históricas de cada lengua, para no perder la identidad y coservar la historia.

Un obstáculo al traslado de la CMT
J. García Fernández./Barcelona. Cartas al Director ABC 27 Julio 2004

La Generalitat de Cataluña exige que haya organismos, como la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), que se trasladen de Madrid a Barcelona, pero las políticas de la propia Generalitat lo dificultan. Como muestra, un botón. Los empleados de la CMT que sean trasladados a Barcelona vendrán con sus familias y aquéllos que tengan hijos en edad escolar se van a encontrar con la polémica -y de dudosa contitucionalidad- inmersión lingüística, que utiliza el catalán como única lengua de la enseñanza. ¿Es así como se pretende facilitar que vengan directivos y trabajadores del resto de España? Un sistema educativo que tratase por igual a catalán y castellano reflejaría la pluralidad lingüística real de Cataluña y dejaría de ser un obstáculo -más importante de lo que se cree- para el traslado de empresas y trabajadores del resto de España a nuestra autonomía.
 

Recortes de Prensa   Página Inicial