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Recortes de Prensa     Jueves 29 Julio 2004

Acebes y el esplendor de la verdad
EDITORIAL Libertad Digital 29 Julio 2004

Las preguntas de Acebes
Editorial La Razón 29 Julio 2004

ACEBES SE IMPONE
Editorial ABC 29 Julio 2004

EL HOMBRE SAGRADO
Jaime CAMPMANY ABC 29 Julio 2004

LA INDIGNIDAD NACIONAL
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 29 Julio 2004

La historia como fetiche
AURELIO ARTETA  El Correo 29 Julio 2004

Otro que se descuelga del PNV
Lorenzo Contreras Estrella Digital 29 Julio 2004

Bilingüismo espurio
Cartas al Director ABC 29 Julio 2004

«AHORA PREGUNTO YO QUIÉN HA SIDO»
ABC 29 Julio 2004

ETA, ríndete. Ternera, pásalo
Matías Antolín La Razón 29 Julio 2004

 


Acebes y el esplendor de la verdad
EDITORIAL Libertad Digital 29 Julio 2004

En muchas ocasiones hemos puesto de manifiesto la catarsis que provoca enunciar la verdad en un ambiente dominado -o que pretende ser dominado- por la mentira. La larguísima comparecencia de Acebes ante la comisión de investigación del 11-M ha contribuido a poner de manifiesto el brillo que desprende la enunciación de la verdad y, al tiempo, el relieve de las contradicciones e incoherencias inherentes a la mentira.

Sin embargo, Acebes no se ha contentado en demostrar con brillantez la honestidad del proceder del anterior Ejecutivo y en desmontar las mentiras que en esos días de infamia se lanzaron contra el Ejecutivo del PP. El ex ministro ha querido también dejar patente la necesidad de proseguir en la investigación, visto que “no encajan muchas piezas” en lo que se ha venido descubriendo desde el 14M y que, pasadas las elecciones, los socialistas no tienen ningún interés en poner de relieve.

Para Acebes, como para, cada vez más, más españoles "no encaja que unos delincuentes comunes, en poco tiempo, se conviertan en terroristas sin conexión alguna con Al-Qaeda. No encaja que en esas condiciones sean capaces de diseñar y ejecutar el mayor atentado de la historia de Europa y que llevó a derribar un Gobierno". Es necesario también, continuó, saber "quién planificó la secuencia de las pistas, en especial el día y hora de la reivindicación del atentado en la tarde de la jornada de reflexión". Para Acebes, existen algunos elementos que no pueden atribuirse a la casualidad.

El llegar hasta el fondo de la verdad de la masacre del 11-M no sólo pasa por dejar en claro la honestidad del anterior Gobierno a la hora de facilitar las primeras informaciones. La infamia no se reduce a las mentiras de aquellos días lanzadas contra el Gobierno. Desde el momento en que se considera que es legitimo responsabilizar a la política de un Gobierno de los atentados que puedan cometer quienes rechazan esa política, ya se ha gestado la infamia. Y esta infamia se gestó mucho tiempo antes del 11-M, por mucho que, para ser efectiva, tuviera que explotar —en todos los sentidos— poco antes del 14-M.

Todos los medios de comunicación y todas las formaciones políticas que, durante los últimos meses anteriores al 11-M, introdujeron en la opinión pública la infame tesis de que al Gobierno del PP, por culpa de su política sobre Irak, se le podría imputar responsabilidad por un eventual atentado cometido por islamistas en nuestro país, han contribuido, tan involuntaria como determinantemente, a que el atentado del 11-M, desde el punto de vista político, haya sido un éxito para los terroristas. Y esa contribución de algunos al éxito político de los terroristas, no se disipará ante nosotros por el hecho de que luego se descubriese —o incluso se contribuya a descubrir— que fue ETA, y no ninguna organización terrorista islámica, la colaboradora o incluso diseñadora de la masacre.

La infamia no está en que resulte que los galgos se disfrazaron de podencos, sino que los podencos, asesinando a casi 200 personas, hayan podido lograr lo que también buscaban los galgos pero que jamás hubieran podido obtener cometiendo esa monumental masacre sin ese disfraz.

Otro tanto habría que decir de un hipotético conocimiento previo de la preparación de los atentados islamistas por parte de una mafia político-policial interesada en perjudicar electoralmente al PP. También hay indicios para ello y razones para exigir que se investigue todo hasta el final. De la conclusión de esa investigación no dependerá, sin embargo, la infamia de presentar ante la opinión pública la autoría de tal o cual organización terrorista elevada al rango de árbitro de la política del Gobierno del PP. Si hay delitos y delincuentes por descubrir, lo que ya conocemos es esta infamia sin la cual sus delitos no hubieran obtenido la utilidad esperada y sin la cual, esa masacre a lo mejor no se hubiera llegado a producir.

Las preguntas de Acebes
Editorial La Razón 29 Julio 2004

Más allá de su reivindicación personal ante la comisión parlamentaria que investiga el 11-M, el ex-ministro del Interior Ángel Acebes puso ayer sobre la mesa una serie de interrogantes fundamentales sobre la matanza de Madrid que, pese al tiempo transcurrido, nadie parece en disposición de despejar. Preguntaba el ex-ministro cómo era posible que una banda de delincuentes comunes se conviertan en poco tiempo en terroristas, sin conexión alguna verificada con Al Qaida, y sean capaces de organizar y cometer el mayor atentado de la historia de España. ¿Quién se interrogaba Acebes está por encima y por debajo de esta trama? ¿Por qué se descarta sin mayor investigación la hipótesis de una colaboración entre grupos terroristas?

Lo cierto es que desde la operación de Leganés poco o nada se ha avanzado, que sepamos, en la investigación de la autoría de la tragedia del 11 de marzo. Pasadas las urgencias electorales, pareciera que ya no es preciso seguir exigiendo respuestas rápidas y demandando transparencia informativa. El actual Gobierno ya no se cree en la obligación de dar cuenta puntual, hora a hora, minuto a minuto, del estado de las investigaciones, de cada pista o indicio que surge, como se le exigió, en medio de una campaña de acusaciones infamantes, al Gobierno de José María Aznar.

De todo esto habló ayer el ex-ministro ante la Comisión, desgranando, una vez más, las razones que le llevaron a creer que ETA estaba detrás del atentado y a no descartar esa posibilidad hasta la tarde del sábado 13 de marzo, víspera de la jornada electoral, cuando la tarjeta de un teléfono móvil llevó a las primeras detenciones. Acebes hizo no sólo una defensa inteligente y plausible de su comportamiento, sino que también pasó al ataque al exigir que se averiguara quiénes estuvieron detrás de la campaña de calumnias y desinformaciones que culminaron con las movilizaciones callejeras frente a las sedes del PP el día de reflexión. Pero, insistimos, lo importante fueron sus preguntas.

Mucho nos tememos, sin embargo, que la comisión parlamentaria seguirá anclada en ese duelo maniqueo del cruce de acusaciones que difícilmente puede interesar a una ciudadanía que hace tiempo que sacó ya sus propias conclusiones sobre lo sucedido en España tras la matanza de Atocha. Mientras, lo fundamental, que es precisamente la investigación para saber quién está detrás de lo ocurrido el 11-M, de cómo y con qué complicidades actuaron los islamistas, se diluye en la pugna política. Todos los expertos coinciden en que no ha desaparecido la amenaza integrista, pero nuestros parlamentarios no parecen darle mucha importancia.

ACEBES SE IMPONE
Editorial ABC 29 Julio 2004

LA Comisión de investigación del 11-M llegó ayer al punto de inflexión de sus comparecencias con la declaración del ex ministro del Interior Ángel Acebes, quien, desde el primer momento, trazó un discurso directo y nada defensivo, convirtiendo cada pregunta de los Grupos parlamentarios en un mano a mano sin concesiones. Acebes reivindicó la actuación de su Gobierno durante las jornadas del 11 al 13 de marzo, aprovechando que, a estas alturas de la investigación, ni el PSOE ni los partidos que se movilizaron contra el PP en la jornada electoral han encontrado la prueba de cargo contra el Gobierno de Aznar, la acreditación, aun indiciaria, de las supuestas mentiras sobre la autoría de los atentados. Esta era, sin duda, la «etapa reina» de la Comisión de investigación, en la que Acebes se ha impuesto haciendo gala de unas formas contundentes y unos argumentos de sentido común sobre la prioridad que se dio a la autoría etarra. Ayer se puso en evidencia el distinto idioma con que se enfrentan las dos versiones sobre la actuación política del Gobierno del PP. Hay trampa en juzgar a Acebes por su comportamiento de entonces con los datos que se conocen ahora, porque esta retrospección, que es un puro ventajismo, implica un falseamiento de las razones por las que se constituyó la Comisión investigadora. Y Acebes supo hacer valer en su declaración que lo que se dijo desde el Gobierno entre el 11 y el 13 estaba avalado por los informes de las Fuerzas de Seguridad del Estado y el Centro Nacional de Inteligencia, porque lo que algunos mandos y funcionarios policiales pensaban internamente no tiene ningún valor sino que formaba parte de la información transmitida a la cúpula de Interior. No sería extraño que, ante la magnitud de lo sucedido y la agresividad política que recibe cualquier testimonio favorable al PP, algunos hayan caído en la tentación de rescribir su propia historia personal.

LA comparecencia de Acebes dejó planteados otros interrogantes que la mayoría parlamentaria del PSOE y sus aliados no permitirá resolver. Si algún significado político tuvieron aquellas desgraciadas fechas fue el que se reflejó en las acusaciones lanzadas contra el Gobierno popular y las movilizaciones ilegales ante las sedes del PP durante la víspera electoral. Negar, tapar o simplemente ignorar las discursos políticos y las mentiras que alimentaron este acoso contra el Gobierno de Aznar que se desató el día 13 es un golpe mortal contra el crédito de la Comisión y la validez de sus conclusiones. No hubo terroristas suicidas, no se conocía la existencia de la furgoneta en la mañana de los atentados, no hubo vídeo de reivindicación hasta la tarde del día 13 y no hubo propuesta de suspensión de las elecciones o de adopción de medidas de excepción. Y todo esto se dijo y se retransmitió de forma inveraz e irresponsable, empujando a la sociedad española a debatirse entre la angustia del atentado terrorista y la incertidumbre sobre la fiabilidad de las instituciones.

Sería un error afirmar que el daño político causado por esta gran manipulación quedó limitado al Gobierno del PP, porque, cuando se acusa de mentir al Poder Ejecutivo en la situación terrorista más crítica vivida por el país en su historia, es toda la arquitectura del sistema la que se resiente. Pero no será en esta Comisión donde queden señalados aquéllos que, según Acebes, «no ayudaron absolutamente nada a quienes teníamos en ese momento la difícil responsabilidad de aclarar la causa de tantas muertes». El cambio de Gobierno bien valió para algunos una fractura social y una crisis de confianza en las instituciones, expuesta crudamente en el calvario que han recorrido mandos y responsables de las Fuerzas de Seguridad del Estado y del servicio de inteligencia a su paso por la Comisión.

TAMBIÉN ETA queda en el tintero, según Acebes, y su petición de que no se descarte la implicación de los etarras es, por principio, una pauta de simple prudencia para cualquier Gobierno que tenga a esta banda terrorista como primera amenaza contra el Estado. Ciertamente, la investigación policial no ha avanzado por esta hipótesis, pero el argumento de Acebes sería igualmente válido aun cuando no hubiera descrito a los presuntos autores como «delincuentes comunes» metidos a terroristas de la noche a la mañana, e incapaces de planificar el atentado con el cálculo político que se acreditó en las jornadas posteriores al 11-M.

Acebes se impuso en la disputa que le esperaba en su declaración, y su buen hacer personal ante la Comisión no sólo le ha reivindicado eficazmente, sino también ha supuesto un servicio esencial para su partido, en estos momentos complicados de recomposición interna y reubicación política. El PP ha vivido los últimos días una terapia de autoestima -cierre de filas en torno a Aznar, denuncia del revanchismo del PSOE-, que Acebes, un político esencialmente íntegro, ha rematado con un fuerte golpe de moral.

EL HOMBRE SAGRADO
Por Jaime CAMPMANY ABC 29 Julio 2004

ACUDAMOS a los padres de la Revolución. Bakunin al canto. Me chifla esta cita de Bakunin. «El revolucionario es un hombre sagrado. Su misión es destruir». Helo Zapatero. Lo más granado de su programa ha consistido hasta el día de hoy en destruir. Anda dedicado a destruir todo cuanto construyó José María Aznar. Podría haberse dedicado a remendar lo que Aznar había dejado agujereado o roto y hacer de Zapatero remendón, pero no; prefiere destruir.

Lo único que se ha aplicado a remendar a estas alturas de la película es la relación con algunos presidentes de Comunidad autonómica, verbigracia, Ibarreche y Maragall. Hay que reconocer que Aznar no se llevaba especialmente bien con el vasco ni con el catalán. No se daban el pico, que es lo que ahora hace Zapatero. Más bien se tomaban el chocolate de espaldas. Las relaciones con el lehendakari estaban deterioradas desde el primer intento de poner fuera de la ley a las diversas especies de batasunos, quizá porque esa es una jugada política que molesta más a los nacionalistas del PNV que a los propios radicales de Batasuna.

El empeño de Aznar en pelear con todos los medios legales del Estado contra el amparo de Ibarreche y Atucha a los batasunos, contra el Plan Ibarreche y contra el intento de someter la autodeterminación a referéndum en el País Vasco fue una actitud de coherencia y de energía que tenía que deteriorar necesariamente las relaciones entre los dos Gobiernos, el autonómico y el del Estado. Recuerdo que cuando apareció Ibarreche en la escena política vasca reproduje aquí para mis lectores la opinión de quien le conoce muy bien: «Es una persona honrada y valiosa, pero no es español». ¿Cómo puede entenderse lealmente el presidente del Gobierno de España con un presidente autonómico que no quiere ser español? Pues, eso: malamente.

Ya lo habrá comprobado Zapatero si comprobarlo quisiera. Para resolver el enfrentamiento entre España y Euskadi, la solución ha de pasar por la aprobación de la «sociedad vasca». La «sociedad vasca» se supone que viene exclusivamente representada por los nacionalistas, y el vasco que no esté conforme, que se vaya y ya no hay caso. Para Ibarreche, la relación que une al País Vasco con España es una relación de «adhesión libre». Se acepta de España aquello que parezca bien, y se rechaza todo lo que no parezca tan bien.

Es decir, para Ibarreche la soberanía nacional española no es una. En todo caso será una para los territorios que no sean el País Vasco y para los españoles que no residan en el País Vasco. Allá ellos, o sea, allá nosotros. La soberanía del pueblo de España será soberanía en Vasconia solamente en tanto en cuanto sea también soberanía de la «sociedad vasca», o sea, voluntad de los nacionalistas. Porque allí todo lo que no es nacionalismo es antivasquismo y, en el peor de los casos, «objetivo». Bien, la cortesía ha quedado rebasada. La cordialidad se refleja en las imágenes de la entrevista de La Moncloa. El «talante» está a salvo. La antigua crispación de las relaciones con Aznar ha desaparecido. Los dos líderes se han entendido bajo las dos banderas. Bueno, y ahora ¿qué? ¿Plan, referéndum, adhesión libre?

LA INDIGNIDAD NACIONAL
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 29 Julio 2004

PASÓ a la historia el sentido de orgullo de los españoles. En unos meses hemos dejado el primer plano de la escena internacional y nos hemos ido a los arrabales; hemos cambiado la misión de Irak donde se juega el futuro de Oriente Próximo por la de Haití, donde prosigue el reino cainita de los esclavos; hemos abandonado la coalición con Bush y Blair para hacer pandilla con Mohamed VI y Lula.

Como las personas, los presidentes deben saber «estar», y el nuestro no lo sabe. Zapatero prefiere hacerse la foto con un mapa de Marruecos que incluye Ceuta, Melilla y las Islas Canarias a poner los zapatos sobre una mesa en las Azores. ¡Ah, la reunión de las Azores! Jamás se la perdonarán a Aznar los socialistas, como jamás le perdonarán los aplausos y la medalla que le dedicó el Congreso de los Estados Unidos. En vez de hacer de ella patrimonio nacional le han buscado las vueltas económicas de un «lobby». Alguien ha recordado los tiempos en los que Julio Feo sabía cuánto costaba vender en Estados Unidos la figura del joven nacionalista español, aunque lo que en realidad le gustaba a González era darse chapuzones en Cayo Largo con el compañero Fidel o trasnochar en Guayaquil con Febres Cordero...

¿HASTA dónde vamos a descender de la mano de Moratinos y de este presidente al que viajar a San Juan de Luz le parece ya una aventura indescriptible? No contento con buscar a Chirac con sonrisa de alelado en las reuniones de los jefes europeos, después de haberle regalado la representación que habíamos conseguido en Niza, Zapatero considera un honor mendigar la amistad del teócrata Mohamed VI. Nos estamos convirtiendo en la chica para todo de Francia. Con la misión de Haití volvemos a ocupar el subordinado papel que le corresponde a un país del Sur (con todo lo que arrastra ese término). En la cuestión saharaui, ni siquiera vamos a ser capaces de soportar la carga de haber sido la metrópoli. Dispuesto a ser absolutamente irresponsable, el Gobierno de Zapatero ha cerrado los ojos ante el futuro de nuestro protectorado, ha renunciado al Plan Baker, ha traicionado al Polisario, ha abandonado la última causa tercermundista que le quedaba a la izquierda española y que tenía no sólo una razón de ser, sino una obligación moral, la obligación propia de una nación con sentido de la dignidad.

¿Hasta dónde vamos a descender? El primer ministro marroquí ha recordado hace unos días que las buenas relaciones entre su país y España no pasan por la renuncia a Ceuta y Melilla. ¿Se le ha ocurrido responder a Moratinos? ¿Se le ha pasado por la imaginación a Zapatero que una declaración de ese tipo exige una respuesta inmediata? Así que la cesión del Sahara será el aperitivo del verdadero festín que es Ceuta y Melilla. Cualquier día tendremos diálogo. Como dirá la vicepresidenta, obligarán razones de buena vecindad. Por otra parte, si España es para los socialistas una entelequia, ¿cómo habría que calificar a las plazas africanas?

ESTAMOS tocando fondo en nuestro descenso a la indignidad nacional. La que venimos padeciendo en nuestra propia casa, en el interior de nuestras fronteras, tenía que reflejarse necesariamente en el plano internacional. Estos días hemos vivido la humillación de la bandera española en La Moncloa misma. Una humillación ciertamente simbólica. Es decir, gravísima. Es la bandera que se retiró de Irak, que va con la marroquí a Haití y que un día puede ser arriada en Ceuta y Melilla.

La historia como fetiche
AURELIO ARTETA/CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA DE LA UPV-EHU El Correo 29 Julio 2004

A decir verdad, la concepción nacionalista de la historia (con las tareas que nos encomienda) requiere unas cuantas operaciones tan ocultas como fraudulentas. Conviene, desde luego, eliminar de esa historia todo aquello que desentone del ideal narcisista colectivo o desdiga de nuestros magníficos orígenes. Al contrario, conviene acentuar los hechos que aumenten hasta el paroxismo la conciencia de la afrenta sufrida y nuestra condición acreedora de víctimas. Si la realidad histórica no se adecua al esquema previsto, peor para esa realidad: si no fue así, 'debió' haberlo sido y se enmienda lo que haga falta.

No suele repararse en el contrasentido en el que aquí incurre el nacionalismo. Y es que, mientras el recurso a la historia presupone evolución y cambio, eso valdrá para todos menos para el Pueblo y las instituciones del nacionalista. Si hay que borrar los desvíos y errores del tiempo lineal, es para así recuperar circularmente el tiempo primordial, para repetirlo cuanto sea necesario. Que cambien los otros, los carentes de ese momento fundacional y de un Pueblo originario, pero no nosotros. En definitiva, por lo que concierne al Pueblo del nacionalismo, ha habido historia, pero ya no la hay o no debe haberla. Lo nuestro habrá de ser siempre lo Mismo.

Un Sujeto persistente
De hecho el primer presupuesto de esa historia es la permanencia de su Sujeto, o sea, de Euskal Herria. No habría derechos históricos ejercidos o demandados por los vascos presentes si no se creyera -o se fingiera creer- en su identidad profunda, por encima o debajo de los siglos, con los vascos prehistóricos. Algo así es lo que pronunció sin ruborizarse hace unos días el lehendakari al conmemorar al rey Sancho de Navarra como «el señor de los vascos», a saber: que el cielo y la tierra pasarán, pero que Euskal Herria seguirá en su sitio dentro de otros mil años. La continuidad que a lo más sería razonable suponer para las pocas generaciones acunadas por parecidas circunstancias, se extiende a todos los tiempos pretéritos y futuros. Es creencia complementaria, por cierto, de la que en materia lingüística sostiene que el proto-vasco se corresponde más o menos directamente con la lengua vasca moderna.

Pero el paralelismo exige que, así como permanece idéntico en el correr imparable del tiempo el Pueblo vasco, permanezca también idéntico el Estado español. Todo cambia salvo nosotros y el agravio que se cometió con nosotros. El lado del Bien requiere que el otro lado encarne siempre el Mal, pues ¿qué sería de nuestra causa como nos quedásemos sin enemigo? De modo que hablamos de sujetos míticos y supratemporales, ajenos del todo a los sujetos reales y temporales, tal como aquel B. de Jouvenel lo expresó: «La Historia se convierte en la novela de la persona Nación». Tales Entes metafísicos han decidido ya con independencia de lo que decidan sus sujetos actuales. Navarra, por ejemplo, ha resuelto desde siempre por los navarros su pertenencia a la Vasconia eterna.

Naturalmente, la ficción que otorga personalidad humana y vida histórica a esos Entes no consigue disimular la tramoya que la apuntala. Euskal Herria tiene su historia propia más allá de la biografía de los individuos singulares, muy bien; pero no todos los vascos conocen esa historia, el destino inexorable que la guía y los deberes que nos impone a sus portadores. Sólo unos pocos, los nacionalistas, están en su secreto y sólo esos pocos se erigen en intépretes y administradores de la voluntad histórica de Euskal Herria. Euskal Herria y su historia hablan por su boca, a los demás nos toca escuchar sus veredictos y obedecer sus órdenes. No son los ciudadanos, sino los naturales los que tienen en este punto el protagonismo, porque sólo los creyentes pueden entender la voz de su dios.

Seguir siendo lo que se fue
Si lo histórico vale por sí mismo, se viene entonces a pregonar el castizo principio de que 'quien tuvo, retuvo'. Que también puede traducirse así: lo que fue (una institución, un derecho, una norma) 'debe' seguir siendo; mejor dicho, hay que presumir que debe ser ya solamente 'porque' fue. No es cosa de ponerse a examinar los títulos de legitimidad de tales instituciones cuando surgieron, ni tampoco en el momento en que hoy se invocan para ser restauradas. Ese principio prohistórico transporta ya consigo la última legitimidad, porque es el que otorga su legitimidad a todo. Es la 'creencia' en el valor de la historia como creadora y justificadora de derechos.

Ese criterio sirve hoy a menudo para consagrar o rechazar el presente y ese futuro que el nacionalismo nos prepara desde el presente. Será propio de sociedades políticamente primitivas, las que se rigen por un criterio de 'legitimación tradicional', esto es, por el principio de que el fundamento de una institución o el sustento de la autoridad radica en el hecho de que 'así ha sido desde hace mucho tiempo'. En definitiva: para saber qué y cómo debe ser o hacerse, o simplemente 'si' algo debe ser o hacerse, váyase a la historia y localícese el hecho, la institución o la norma en cuestión. Con eso basta y nada más hay que buscar.

Para probarlo, bastaría referirse al constante recurso a la historia como la principal piedra de toque de validez de algo. Ahí está el puesto privilegiado que todo nacionalismo concede a la enseñanza de la historia local, en detrimento no sólo de otras materias con mayor impronta crítica y de la historia general, sino de la mera aproximación a la verdad. Por lo que nos afecta, el dictamen de la Academia Española de la Historia en el año 2000 no dejaba lugar a dudas: «A los centros de enseñanza media del País Vasco asisten alumnos formados en las ikastolas, en las que la historia que se enseña es de contenido parcial y tendencioso, inspirado en ideas nacionalistas favorecedoras del racismo y de la exclusión de cuanto signifiquen lazos comunes». Ya ven, minucias... Pero la adopción del punto de vista histórico como criterio legitimador definitivo se echa de ver en políticas tan básicas para la construcción nacional como la lingüística. ¿O se hace otra cosa cada vez que se trata de reponer el término supuestamente más antiguo como el acertado, el topónimo más remoto como el más auténtico? En general, las enconadas discusiones en torno a si algo fue o dejó de ser como lo cuenta el nacionalismo, son otro modo de aceptar el prestigio nacionalista de lo histórico, sea ello en cada caso lo que se quiera. El historiador, que sabe de hechos pasados, queda así elevado a juez acerca de derechos presentes.

Una vez más, la historia se ha convertido en 'alguien' y alguien 'con capacidad para discernir lo verdadero de lo falso, lo justo de lo injusto'. Y, en su nombre, con ayuda del historiador (y a ratos del filólogo y del jurista), actúa el político nacionalista. Todo ocurre como si el pasado nos atenazara sin dejar margen a nuestro propio juicio práctico (moral y político), como si en estas materias las generaciones anteriores hubieran marcado a las actuales su conducta, como si los vivos estuviéramos en deuda de gratitud eterna hacia los muertos. En definitiva, como si la historia misma tuviera derecho a atribuir derechos y a decidir en cosas de derechos...

Otro que se descuelga del PNV
Lorenzo Contreras Estrella Digital 29 Julio 2004

Ha sido más significativo que importante el abandono del PNV por parte de Joseba Arregi (que no Agirre), ex consejero de Cultura del Gobierno vasco en tiempos de José Antonio Ardanza y portavoz también. Nadie que haya mantenido un mínimo, aunque suficiente, contacto con el político que ha pedido la baja en el partido nacionalista puede sorprenderse de su decisión. Arregi mantenía notables diferencias de opinión y de actitud con el PNV. Era y es nacionalista, pero absolutamente refractario al tono y al estilo de su antiguo grupo. Se incorporó a la colaboración directa con el partido gobernante en Euskadi cuando se produjo la caída de Garaicoetxea, pero la línea que Arzalluz imponía al nacionalismo, nunca demasiado diferente de la que mantuvo el lehendakari navarro, rebasaba las posibilidades de aguante ideológico-político del portavoz en los tiempos de Ardanza. La posterior llegada de Ibarretxe tuvo que colmar la capacidad de aguante en la militancia del culto y moderado ex portavoz, uno de esos nacionalistas capaces de hacer incluso simpático el perfil de los peneuvistas conectados al modus operandi de aquellos demócratas que arrastraban como una herencia difícil de preservar la mentalidad de Ajuriaguerra, legatario a su vez de José Antonio Agirre, el gran histórico del PNV en los difíciles y fugaces tiempos del primer Estatuto vasco, ya en los albores y comienzos de la Guerra Civil española.

La escuela de Ardanza era el último reducto que Joseba Arregi, civilizado y dialogante, podía habitar. Nunca se recató, por otra parte, de criticar en los ambientes nacionalistas el talante del partido, mucho antes de los pactos de Lizarra (Estella) que en 1998 comprometiron su línea con las exigencias maximalistas de la mentalidad etarra. De todos modos, ese momento sirvió para que Joseba Arregi se desconectara por completo, aunque se mantuviera como miembro de la organización, de un mundo tan ajeno a su manera de concebir el nacionalismo vasco. Con respecto a Xavier Arzalluz fue especialmente reluctante a su mentalidad y estrategia. Si ahora ha emprendido la “fuga” hay que reconocer que lo ha hecho tardíamente. Cómo pudo resistir tanto en unas trincheras que le eran insoportables forma parte de esas rarezas que la política produce en quienes hacen de la inercia política casi una religión. Se había retirado de la política activa, sin romper la ficha del partido, cuando en el 2001 renunció a formar parte de la candidatura del PNV por Guipúzcoa al Parlamento de Vitoria. Ahora, según sus declaraciones de despedida, ha querido “poner las cosas claras” porque, según sus palabras, el partido nacionalista siempre tuvo “dos almas” hasta perder en los últimos años el mínimo equilibrio que mantuvo a lo largo de su historia.

Según el batasuno Joseba Permach, Arregi tenía odio insuperable a la izquierda abertzale, con “clara agresión y renuncia” del independentismo. Se supone, por otra parte, que el ex portavoz del Gobierno Ardanza no tardará en firmar “contrato” con alguna otra formación, probablemente el PSE. María San Gil, atenta a lo que ocurre en su entorno político y candidata a lehendakari por el PP, parece creer que el paso de Arzalluz a Imaz no implica, como se está demostrando a través del Plan Ibarretxe, una ruptura verdadera con Batasuna y el entorno de ETA. La moderación de la actitud de Rodolfo Ares, cabeza visible del PSE, a la hora de valorar respetuosamente la retirada de Arregi, puede significar un síntoma de la basculación del ex portavoz nacionalista hacia el Partido Socialista Vasco y la plataforma electoral de apoyo al propio Ares.

Bilingüismo espurio
Cartas al Director ABC 29 Julio 2004

Los partidos y agrupaciones políticas suelen coaligarse o unir sus fuerzas en objetivos que les son más o menos comunes. Nada que objetar, por ejemplo, a que ERC y la CHA (Chunta Aragonesista) defiendan un proyecto republicano.

Lo que ya no parece tan normal, lógico y legítimo es que el «señor de la mochila», aragonés de nacimiento y supuestamente también de sentimientos, muestre plena identidad (aunque a veces lo niegue) con el señor Carod-Rovira (también aragonés, pero éste renunció formalmente a sus orígenes, incluido el apellido paterno) en el proyecto colonialista consistente en implantar en Aragón un bilingüismo espurio, absurdo y ligeramente fascista: castellano y catalán. ¿Por qué catalán, señor Labordeta? ¿Es que las lenguas que se hablan en múltiples zonas de las provincias de Huesca y Teruel pueden ser catalogadas, con un mínimo de rigor, como catalán? No es catalán lo que hablamos en Tamarite, La Litera y demás poblaciones del Cinca, ni del Ribagorza, ni en el bajo Maestrazgo, ni en la zona del Mezquín, tampoco en la emblemática zona del Matarraña con exclusión expresa, si usted quiere, de Calaceite, en donde hay catalanistas, cosa a la que tienen pleno derecho. Usted sabe, perfectamente, que muchos vocablos, verbos e inflexiones sintácticas de estas lenguas tienen su origen en el castellano antiguo, pero no en el catalán. Seamos honestos y dejemos de crear más confusión. No se debe, aunque se pueda, tragar sapos, aunque con ello se pretenda poder acceder a otros manjares o algunas prebendas políticas.     Raúl Vallés Labanda.  Alcañiz (Teruel).

«AHORA PREGUNTO YO QUIÉN HA SIDO»
Extracto de la intervención inicial de Ángel Acebes ante la comisión del 11-m
ABC 29 Julio 2004

«Me parece que no es el del 11-M uno más de los cientos de ataques terroristas que hemos sufrido desde hace décadas. Por su dimensión, que ha afectado a tantas vidas, por el momento buscado para producir la conmoción y por sus efectos políticos evidentes, que incluyen un cambio en la mayoría de Gobierno, hay un antes y un después en nuestra historia moderna y bueno será que todos tengamos el máximo sentido de la responsabilidad para, a partir de un análisis veraz y minucioso de los hechos, sacar las consecuencias de lo que hay que hacer en el futuro y de lo que nunca debe repetirse.

Producidas las explosiones a primera hora de la mañana del día 11, nos fijamos cuatro prioridades inmediatas. La primera, atender a la multitud de víctimas y a sus familiares; la segunda, evitar nuevas acciones de los terroristas; la tercera, descubrir a los autores y tomar todas las medidas posibles para detenerlos y la cuarta, informar con la máxima transparencia a la opinión pública en un momento crítico.

Con la perspectiva del tiempo transcurrido digo, con la rotundidad propia de quien dice lo que cree, que dentro de las dificultades extraordinarias de aquellas horas y de los días posteriores, en la insólita situación de un Gobierno en funciones, esos cuatro objetivos pudieron ser en gran parte cubiertos, antes de ceder la responsabilidad al nuevo Gobierno. (...)

¿Cómo hablar de manipulación, retraso u ocultación cuando la única instrucción que recibieron las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, según ha reconocido uno tras otro de sus miembros ante esta comisión, fue la de actuar con toda celeridad para aclarar la autoría del atentado? (...)

Afirmo solemnemente en esta Cámara que el Gobierno contó a los ciudadanos en cada momento los datos relevantes que la Policía iba poniendo en su conocimiento, cuya reserva no fuese indispensable para proseguir la investigación. Ninguna investigación, ningún hecho colateral o menor para desviar la atención, ninguna valoración política añadida, ninguna invención de palabra o de obra para impulsar una determinada tesis o apariencia. Sólo la verdad en tiempo real. (...)

Lo cierto es que mientras yo informaba honesta, personal y fielmente de lo que conocía, al tiempo que lo conocía y en los términos en que me lo trasladaban los servicios policiales y de información -tal y como han reconocido los propios mandos policiales ante esta comisión-, personas y entidades fácilmente identificables desarrollaron una campaña para socavar la fiabilidad del Gobierno, explotando la sacudida emocional provocada por el atentado y multiplicando temeraria e irresponsablemente las dificultades ya muy graves en ese momento».

Ya en las primeras horas se hablaba de una llamada de reivindicación al Ministerio del Interior por parte de terroristas islámicos. No había tal, pero alguno lo llevó a la portada de su edición digital. Afirmaron que al Gobierno nunca se le dijo que fuera un atentado de ETA, ni que el explosivo era Titadyne. Dijeron que el contenido de la furgoneta se conocía en la mañana del 11 y que el Gobierno lo ocultaba. Afirmaron que el Gobierno también ocultaba la existencia de terroristas suicidas. Se dijo que se conocía el vídeo de la noche del 13 desde buena mañana, cuando lo cierto es que los análisis científicos han demostrado que fue grabado a media tarde, poco antes de su entrega. Todo ello sin entrar en detalle sobre los infames que llegaron a acusarnos de presentar a Su Majestad el Rey decretos de suspensión de las elecciones, de golpes de Estado o de inmediatas medidas extraordinarias de emergencia como la suspensión de autonomías o las detenciones masivas.

Todo era falso y se propagó insidiosamente a sabiendas de que era falso. «España -se concluyó con la misma mala intención- no se merece un Gobierno que mienta». (...)

Yo celebro que esta comisión haya servido, de momento, para confirmar que eran falsedades y desautorizar a quienes pusieron en duda nuestra actuación y nos acusaron de mentir. Ustedes han tenido ocasión de constatar que la información que los servicios de seguridad -Policía Nacional, Guardia Civil y CNI- transmitieron al Gobierno desde el primer momento es que se trataba de un atentado de ETA; que no se conoció el contenido de la furgoneta hasta la tarde del día 11 y nunca esa mañana; que no existieron terroristas suicidas, aunque algunas informaciones sostuvieran que había dos y que el Gobierno lo ocultaba; que los acontecimientos determinantes para orientar la investigación hacia el terrorismo islámico, se produjeron en la tarde del sábado. Las primeras detenciones a partir de las cuatro de la tarde y la cinta de vídeo que reivindicaba el atentado a las ocho menos veinte (...)

A nosotros se nos exigió que contestáramos en 24 horas a la pregunta ¿quién ha sido?

Ahora pregunto yo, junto a millones de españoles, ¿quién ha sido, señorías? No me refiero, claro es, a los autores materiales. Siendo yo ministro y gracias a la eficacia policial logramos conocerlos en pocos días. Pero falta saber, en palabras del anterior comisario general de Información, don Jesús de la Morena, «quién hay por arriba y por abajo». Porque en mi opinión (...), no encajan las piezas. No encaja que unos delincuentes comunes, en poco tiempo, se conviertan en terroristas sin conexión alguna con Al Qaida. No encaja que en esas condiciones sean capaces de diseñar y ejecutar el mayor atentado de la historia de Europa -con 192 muertos, 1.500 heridos- y que llevó a derribar a un Gobierno.

En mi opinión, habría que investigar otras conexiones, dirección, colaboración e inspiraciones que necesariamente tuvieron que existir. Saber, por ejemplo, quién decidió la fecha y determinó incidir, tan brutalmente, en nuestras elecciones generales; saber quién diseñó el atentado; saber quién programó al detalle la sucesión precisa de los acontecimientos en aquellas horas; saber quién planificó la secuencia de las pistas, en especial el día y la hora de la reivindicación del atentado en la tarde de la jornada de reflexión; saber los vínculos y colaboraciones externas de los autores materiales; saber el alcance real de la sombra de ETA que aún planea sobre aquellas horas y saber el exacto papel que representó cada quién, sea éste confidente policial, manifestante ante la sede del Partido Popular o agitador deseoso de réditos políticos derivados de la situación de incertidumbre existente sobre la autoría del atentado, el más horrendo de España.

Se conocen algunos elementos que no pueden atribuirse sin más a la casualidad o a la coincidencia. En terrorismo son muy raras las coincidencias y en investigación atribuir los hechos a la casualidad, sin más, es una forma de no querer saber. Y vuelvo a repetirlo: saber toda la verdad es nuestra primera obligación con las víctimas, pero es también la mejor garantía de que en el futuro estaremos en mejores concidiones de evitar que un atentado semejante se repita.

Les digo que tras el atentado hicimos las cosas con honestidad, pensando en las víctimas, en sus familias y en la seguridad de los españoles sin regatear ningún esfuerzo. Fueron momentos muy difíciles. Es en esos momentos donde cada uno demuestra lo que de verdad lleva dentro. Percibí en muchas personas gestos de grandeza que rondaron el heroísmo y, junto a ellos, no puedo negarlo, algunas miserias y un afán mezquino por sacar partido a un dolor que merecía algo más que demagogia y oportunismo».

ETA, ríndete. Ternera, pásalo
Matías Antolín La Razón 29 Julio 2004

Quizá la perra que parió a ETA aún sigue en celo, pero, insisto, la banda asesina etarra no se ha manchado de sangre el 11-M. Nada conduce a ETA. No hallo ese «punto siniestro de encuentro» entre el terrorismo islámico y ETA, aunque algunos se empeñen en conectarlos. ETA no viajaba en ese tren. ¿Cómo va a delegar en una célula islámica la ejecución de una masacre así? Claro que entrenaron en Argelia, pero porque les dio hospitalidad un régimen marxista, nunca por estar confabulados con fundamentalistas islámicos. En ETA la mayoría son católicos, no pintan nada en la «lucha contra los infieles».

Estos días leo en algunas primeras páginas una presunta frase de Josu Ternera. Es de bochorno crónico. Hay quienes se han propuesto endilgar a ETA la autoría del mayor atentado que hemos sufrido en España, caiga quien caiga, aunque sea su propia credibilidad. Acabarán cayendo todos en el pozo del ridículo. No entiendo que pase desapercibido que ningún detenido, ni puesto en libertad, por el caso, ha implicado a ETA. No hay pruebas. Solo sospechas subjetivas. El árabe por naturaleza, por cultura, es chivato y traicionero, pero nadie ha relacionado a ETA. Hemos de huir del sensacionalismo gratuito, pero debemos apoyar sin fisuras el derecho a dar y recibir una información veraz, estricta y concisa sobre el terrorismo.

La Prensa hemos magnificado a ETA, la hemos mitificado, sin embargo, la mayoría de etarras están en la banda porque no tienen otra cosa que hacer. Me consta que ETA tiene fecha de caducidad. Aunque se hayan escuchado últimamente gritos de «Gora ETA» tras el suicidio de una militante etarra; aunque siga chantajeando con cartas a empresarios, dudo que este verano ETA cometa atentado alguno. Sí pensé en algún momento que iba a cometerlo (sin muertos) para desmarcarse del 11-M. Con el Plan Ibarreche a ETA sólo le queda el adiós a las armas. No tiene vuelta atrás. La libertad es para soñarla.

De ETA, no hablo de oído. Conozco a Josu Ternera. Le he visto tomando vinos por los bares y he cruzado con él la mirada varias veces en el penal de Nanclares de la Oca cuando iba a a visitar a Juanma Soares Gamboa (uno de los ex etarras que más ha hecho para que el peso de la ley caiga sobre ese impresentable sujeto). Josu Ternera es tipo de mente fría, de forzada sonrisa, de mirada huidiza-cobarde; es un criminal que condenó a muerte a cientos de ciudadanos. A los verdugos como Ternera se les reconoce fácilmente, tienen cara de miedo. Este pistolero de ETA no tiene talento político, pero me consta que este canalla ya no está por la lucha armada.

Con loable intención, Gemma Zabaleta y Denis Itxaso han escrito un libro «Con mano izquierda». Es lo mejor que he leído para acabar con ETA. Porque pensar que la derrota de ETA es imposible, o actuar como si lo fuera, es renunciar a la política. Urge pasar la página más triste de nuestra historia. No podemos legar este perpetuo drama, esta historia interminable.

Los batasunos y los batasotros son unos «okupas» que han usurpado la identidad vasca y se han apropiado con descaro de todo un pueblo. El mayor error es dar un papel político a ETA. Nos recuerdan Zabaleta e Itxaso que ETA ha existido como organización que practica el terror y el crimen desde antes de la configuración de su brazo político. No es descartable, por tanto, que pueda seguir existiendo a pesar de la ilegalización o incluso desaparición del mismo. «Existe una solución y tenemos que encontrarla», dicen que fue el leit-motiv irlandés para acabar con el IRA. Era peliagudo este conflicto norirlandés y se abordó con éxito desde la política. Dejó dicho Gerry Adams que es más difícil matar a aquel al que conoces y con el que hablas.

La lucha contra ETA es la asignatura pendiente de todos los gobiernos. Los etarras tienen cierta semejanza al pescado, al que lo primero que se le pudre es la cabeza. Sin la correcta articulación cerebral es incapaz de sincronizar dos movimientos sucesivos, con lo que la degeneración se acrecienta. ETA es basura, pero reciclable. Está dando los últimos coletazos del sin oxígeno, cabezadas sin sentido, angustia del perdedor, y como colofón, el final. No hay más, se acabó. Su empeño en seguir sin entregar las armas se convierte en mera vanidad intelectual. ETA, ríndete. Josu Ternera, pásalo.

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